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Caminando con Jesús Pedro Sergio Antonio Donoso Brant Edición especial comentada para ayudar a
comprender mejor las Sagradas Escrituras |
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La palabra del Señor
llegó a Natán en estos términos: "Ve a decirle a mi
servidor David: Así habla el Señor: Yo elevaré después de
ti a uno de tus descendientes, a uno que saldrá de tus
entrañas, y afianzaré su realeza. Tu casa y tu reino
durarán eternamente delante de mí, y tu trono será estable
para siempre". 2 Sam. 7. 4-5, 12, 16 ¡Les aseguro que muchos
profetas y reyes quisieron ver lo que
ustedes ven y no lo vieron, oír lo que ustedes oyen
y no lo oyeron! Lc. 10. 24 La palabra del Señor
llegó a mí en estos términos: "Antes de formarte
en el vientre materno, yo te conocía; antes de que salieras
del seno, yo te había consagrado, te había constituido
profeta para las naciones". El Señor extendió su
mano, tocó mi boca y me dijo: "Yo pongo mis
palabras en tu boca. Yo te establezco en
este día sobre las naciones y
sobre los reinos, para arrancar y
derribar, para perder y demoler, para edificar y
plantar". Jer. 1. 4-5, 9-10 Moisés dijo: "El Señor Dios
suscitará para ustedes, de entre sus hermanos, un profeta semejante a
mí, y ustedes obedecerán a
todo lo que él les diga. El que no escuche a ese
profeta será excluido del pueblo". Y todos los profetas
que han hablado a partir de Samuel, anunciaron también
estos días. Ustedes son los
herederos de los profetas y de Hech. 3. 22-25 La historia
profética Después de la "Ley", Tal vez pueda parecer extraño que varios Libros de
contenido "histórico" -como los de Josué, Jueces, Samuel y Reyes-
hayan sido incluidos entre los escritos "proféticos". Pero esta
vinculación de "historia" y "profecía" se manifiesta
llena de sentido, si tenemos en cuenta la imagen que Cuando se emplea la palabra "profeta", se
suele pensar en alguien dotado de una clarividencia tal que lo capacita para predecir hechos futuros o lejanos. Sin embargo,
esta idea corresponde muy imperfectamente a lo que fueron en realidad los
Profetas de Israel. Ellos se presentaron como portavoces del Señor.
Vivieron intensamente los problemas de su tiempo y hablaron a sus
contemporáneos por el mandato y la autoridad que habían recibido de Dios. Con
la mirada puesta en el momento presente, discernían la presencia y la
acción del Señor en la vida de Israel y del mundo. Para confirmar el carácter
divino de su misión, anunciaban eventualmente el futuro, pero lo
hacían siempre con la intención de iluminar una situación determinada y de
provocar un cambio de actitud en los destinatarios de su mensaje. La lucidez
para descubrir la voz de Dios, que habla a través de los acontecimientos, es
la característica de la interpretación profética de la historia. Esta visión que los Profetas tenían de la historia
no sólo se encuentra en sus propios escritos, sino que también se trasluce en
los libros de Además, los Libros históricos atestiguan la
extensión y vitalidad del movimiento profético en Israel. Estos textos
presentan a los Profetas en acción, plenamente solidarios con las luchas de
su Pueblo, y a la vez, siempre dispuestos a reprocharles sus injusticias y su
idolatría. En ellos se conserva el recuerdo de grandes figuras proféticas,
como las de Samuel, Natán, Elías y Eliseo. Pero también se menciona a otros
Profetas, muchos de ellos anónimos, como aquellos que en tiempos de Ajab y
Jezabel prefirieron morir antes que renegar de su fe en el Señor (1 Rey. 18.
4; 19. 14). Ciertas formas de profetismo aparecen también fuera
de Israel. Tanto en Por otra parte, en los libros de Josué, Jueces,
Samuel y Reyes, se encuentran muchas páginas que presentan una gran afinidad
con las ideas y el estilo del Deuteronomio. Esta afinidad espiritual y
literaria permite afirmar que la colección de los "Profetas
anteriores", en su redacción definitiva, es la obra de una escuela de
escribas "deuteronomistas", que meditan sobre el pasado de Israel con
el fin de extraer una enseñanza para el presente. La actividad de esta
escuela comenzó en los últimos años de la monarquía y continuó durante el
exilio. Precisamente cuando Israel estaba disperso en el exilio, se hacía
necesario recordarle que la raíz de todos sus males era la infidelidad a Josué El libro de JOSUÉ describe la conquista de Una vez conquistado el territorio, Josué procede a
distribuirlo entre los israelitas. Los caps. 14-19 señalan los límites
asignados a cada tribu. A modo de complemento, el cap. 20 enumera las
ciudades de refugio, y el cap. 21 da una lista de las ciudades levíticas. El final del Libro relata el regreso de las tribus
de Una primera lectura de este Libro deja la impresión
de que los israelitas, bajo la conducción de Josué, conquistaron el
territorio cananeo de una manera rápida y total. Sin embargo, un análisis más
cuidadoso del texto muestra que la conquista quedó incompleta (13. 1-6), que
algunos grupos actuaron por cuenta propia (14. 6-13) y que hubo algunos
retrocesos (19. 47). Además, la alianza con los gabaonitas (9. 3-27) indica
que no todos los cananeos fueron exterminados. Estas reservas se acentúan si
se tienen en cuenta otros textos bíblicos, en particular el comienzo del
libro de los Jueces. De la comparación resulta que la "conquista"
fue un proceso lento y difícil, en el que cada tribu luchó por su propio
territorio y fue a menudo derrotada. Sólo en tiempos de David los israelitas
se apoderaron definitivamente del país de Canaán. Parece evidente, entonces, que el libro de Josué
presenta un cuadro idealizado y simplificado de una realidad histórica mucho
más compleja. Este hecho es explicable porque la historia quiere convertirse
en soporte de una enseñanza. Su intención es mostrar a Dios actuando en la
historia, para entregar a su Pueblo Después del memorable
Éxodo de Egipto y de El paso del Jordán es
la réplica del paso del Mar Rojo (4. 23-24). Este marcó la frontera entre la
servidumbre y el camino hacia la libertad. Aquel traza el límite entre la
dura marcha por el desierto y la posesión de la "herencia"
prometida por el Señor a los Patriarcas. La trascendencia simbólica de este
acontecimiento es evocada de manera grandiosa en el relato que describe la
travesía del Jordán: allí el verdadero protagonista no es el Pueblo ni Josué,
sino el Arca de Los éxitos iniciales de
Josué no podían destruir por completo a un enemigo más poderoso, que se hacía
fuerte al amparo de ciudades amuralladas. Sus campañas abrieron a los
israelitas las puertas de Canaán, pero al término de su vida todavía quedaban
muchos territorios sin ocupar (13. 1). Esto nos recuerda que Los preparativos para la conquista 1 1
Después de la muerte de Moisés, el servidor del Señor, el Señor dijo a Josué,
hijo de Nun y ayudante de Moisés: 2 "Mi servidor Moisés ha muerto. Ahora
levántate y cruza el Jordán con todo este pueblo, para ir hacia la tierra que
yo daré a los israelitas. 3 Yo les entrego todos los lugares donde ustedes
pondrán la planta de sus pies, como se lo prometí a Moisés. 4 El territorio
de ustedes se extenderá desde el desierto y desde el Líbano hasta el Gran
Río, el río Éufrates, y hasta el Gran Mar, al occidente. 5 Mientras vivas,
nadie resistirá delante de ti; yo estaré contigo como estuve con Moisés: no
te dejaré ni te abandonaré. 6 Sé valiente y firme: tú vas a poner a este
pueblo en posesión del país que yo les daré, porque así lo juré a sus padres.
7 Basta que seas fuerte y valiente, para obrar en todo según Colaboración de las tribus de 10 Entonces Josué dio a los escribas del pueblo la
siguiente orden: 11 "Recorran el campamento y manden al pueblo que haga
provisión de víveres, porque dentro de tres días pasarán el Jordán para ir a
ocupar la tierra que el Señor, su Dios, les da en posesión". 12 Luego
dijo a los rubenitas, a los gaditas y a la mitad de la tribu de Manasés: 13
"Recuerden la orden que les dio Moisés, el servidor del Señor, cuando
dijo: ‘El Señor, su Dios, les concede el descanso y les da este territorio.
14 Sus mujeres, sus niños y sus rebaños se quedarán en el territorio que les
dio Moisés, al otro lado del Jordán. Pero ustedes, todos los guerreros,
cruzarán equipados con sus armas al frente de sus hermanos, para prestarles
ayuda, 15 hasta que el Señor les conceda el descanso lo mismo que a ustedes,
y también ellos tomen posesión de la tierra que les da el Señor, su Dios.
Entonces volverán al territorio que les pertenece, aquel que les dio Moisés,
el servidor del Señor, al otro lado del Jordán, hacia el oriente’". 16
Ellos respondieron a Josué: "Haremos todo lo que nos ordenes e iremos
adonde nos mandes. 17 Así como obedecimos en todo a Moisés, también te
obedeceremos a ti. Basta que el Señor esté contigo como estuvo con él. 18
Cualquiera que se rebele contra tus órdenes y no te obedezca en todo lo que
nos mandes, será castigado con la muerte. Tú, por tu parte, sé fuerte y
valiente". Los espías de Josué en Jericó 2 1 Josué,
hijo de Nun, envió clandestinamente desde Sitím a dos espías, con la
siguiente consigna: "Vayan a observar el terreno". Ellos partieron
y, al llegar a Jericó, entraron en casa de una prostituta llamada Rajab,
donde se alojaron. 2 Cuando se notificó al rey de Jericó que unos hombres
israelitas habían llegado durante la noche para observar el terreno, 3 mandó
decir a Rajab: "Saca afuera a esos hombres que vinieron a verte, los que
entraron en tu casa, porque han venido únicamente para observar todo el
país". 4 Pero la mujer tomó a los dos hombres, los escondió y declaró:
"Es verdad que esos hombres vinieron aquí, pero yo no sabía de dónde
eran. 5 Se fueron al caer la noche, cuando estaban por cerrarse las puertas
de la ciudad, y no sé adónde habrán ido. Salgan en seguida detrás de ellos,
porque todavía pueden alcanzarlos". 6 En realidad, los había hecho subir
a la terraza, ocultándolos entre unos haces de lino extendidos allí. 7
Entonces unos hombres salieron a perseguirlos en dirección al Jordán, hacia
los vados; e inmediatamente después que los perseguidores salieron detrás de
ellos, se cerraron las puertas de la ciudad. El pacto entre Rajab y los espías 8 Cuando Rajab subió a la terraza, donde estaban los
espías, estos aún no se habían acostado. 9 Ella les dijo: "Yo sé que el
Señor les ha entregado este país, porque el terror que ustedes inspiran se ha
apoderado de nosotros, y todos los habitantes han quedado espantados a la
vista de ustedes. 10 Nosotros hemos oído cómo el Señor secó las aguas del Mar
Rojo cuando ustedes salían de Egipto, y cómo ustedes trataron a Sijón y a Og,
los dos reyes amorreos que estaban al otro lado del Jordán y que ustedes
condenaron al exterminio. 11 Al enterarnos de eso, nuestro corazón
desfalleció, y ya no hay nadie que tenga ánimo para oponerles resistencia,
porque el Señor, su Dios, es Dios allá arriba, en el cielo, y aquí abajo, en
la tierra. 12 Por eso, júrenme ahora mismo por el Señor, que así como yo los
traté con bondad, ustedes tratarán de la misma manera a mi familia. Denme una
señal segura 13 de que dejarán con vida a mi padre, a mi madre, a mis
hermanos y a mis hermanas, y a todo cuanto les pertenece, y que nos librarán
de la muerte". 14 Los hombres le respondieron: "Nosotros
responderemos por ustedes con nuestra vida, con tal que no nos delates.
Cuando el Señor nos entregue este país, te trataremos con bondad y
lealtad". 15 Entonces la mujer los descolgó por la ventana con una
cuerda, porque su casa daba contra el muro de la ciudad, y ella vivía junto a
él. 16 Y les hizo esta recomendación: "Vayan hacia
la montaña para que sus perseguidores no puedan alcanzarlos. Manténganse
ocultos allí durante tres días, hasta que ellos estén de regreso, y después
podrán seguir viaje". 17 Los hombres le respondieron: 18 "Cuando
nosotros entremos en el país, tú atarás este cordón escarlata a la ventana
por la que nos hiciste bajar, y reunirás contigo, dentro de la casa, a tu
padre, a tu madre, a tus hermanos y a toda tu familia. 19 Si alguno sale
fuera de las puertas de tu casa, su sangre caerá sobre su cabeza y nosotros
seremos inocentes. Pero la sangre de todos los que estén contigo dentro de la
casa, caerá sobre nuestras cabezas, si alguien pone su mano sobre alguno de
ellos. 20 En cambio, si nos delatas, quedaremos libres del juramento que nos
has exigido". 21 "Que se cumpla lo que acaban de decir",
replicó ella, y los dejó partir. Apenas se fueron, la mujer ató a la ventana
el cordón escarlata. El regreso de los espías 22 Los hombres se fueron a la montaña y se quedaron
allí tres días, hasta que regresaron los perseguidores, que los habían
buscado por todas partes sin encontrarlos. 23 Entonces los dos hombres
volvieron a bajar de la montaña, cruzaron el río, y cuando estuvieron de
nuevo con Josué, hijo de Nun, lo informaron de todo lo que les había ocurrido.
24 "No hay duda, le dijeron, que el Señor nos ha entregado el país,
porque todos sus habitantes están espantados delante de nosotros". Las instrucciones de Josuéa los israelitas 3 5 Josué dijo al pueblo: "Purifíquense, porque
mañana el Señor va a obrar maravillas en medio de ustedes". 6 Después
dijo a los sacerdotes: "Levanten el Arca de 7 Entonces el Señor dijo a Josué: "Hoy empezaré
a engrandecerte a los ojos de todo Israel, para que sepan que yo estoy
contigo como estuve con Moisés. 8 Ahora ordena a los sacerdotes que llevan el
Arca de El paso del Jordán 14 Cuando el pueblo levantó sus carpas para cruzar
el Jordán, los sacerdotes que llevaban el Arca de Los doce piedras conmemorativas 4 1 Cuando
todo el pueblo terminó de pasar el Jordán, el Señor dijo a Josué: 2
"Elijan a doce hombres del pueblo, uno por cada tribu, 3 y ordénenles lo
siguiente: ‘Retiren de aquí doce piedras, tómenlas de en medio del Jordán,
del mismo lugar donde estaban apoyados los pies de los sacerdotes; llévenlas
con ustedes y deposítenlas en el lugar donde hoy van a pasar la noche’".
4 Entonces Josué llamó a los doce hombres que había hecho designar entre los
israelitas, un hombre por cada tribu, 5 y les dijo: "Vayan hasta el
medio del Jordán, ante el Arca del Señor, su Dios, y cargue cada uno sobre
sus espaldas una piedra, conforme al número de las tribus de Israel, 6 para
que esto quede como un signo en medio de ustedes. Porque el día de mañana sus
hijos les preguntarán: ‘¿Qué significan para ustedes estas piedras?’. 7 Y
ustedes les responderán: ‘Las aguas del Jordán se abrieron ante el Arca de 8 Los israelitas cumplieron la orden de Josué:
retiraron doce piedras de en medio del Jordán, según el número de las tribus
de Israel, como el Señor se lo había ordenado a Josué; las trasladaron hasta
el lugar donde iban a pasar la noche, y las depositaron allí. 9 Después Josué
hizo erigir doce piedras en medio del Jordán, en el lugar donde se habían
apoyado los pies de los sacerdotes que llevaban el Arca de Fin del paso del Jordán 10 Los sacerdotes que llevaban el Arca permanecieron
de pie en medio del Jordán, hasta que se cumplió todo lo que Josué comunicó
al pueblo por orden del Señor, conforme a las instrucciones que Moisés había
dado a Josué. El pueblo se apresuró a pasar, 11 y cuando terminó de hacerlo,
también pasó el Arca del Señor, con los sacerdotes al frente del pueblo. 12
Delante de los israelitas cruzaron los rubenitas, los gaditas y la mitad de
la tribu de Manasés, equipados con sus armas, como lo había dispuesto Moisés.
13 Eran cerca de cuarenta mil guerreros adiestrados, que avanzaban delante
del Señor, preparados para combatir en la llanura de Jericó. 14 Aquel día, el
Señor engrandeció a Josué a los ojos de todo Israel, y desde entonces lo
respetaron como habían respetado a Moisés durante toda su vida. 15 Luego el Señor dijo a Josué: 16 "Ordena a
los sacerdotes que llevan el Arca del Testimonio que salgan del Jordán".
17 Entonces Josué ordenó a los sacerdotes que llevaban el Arca: "Salgan
del Jordán". 18 Y cuando estos salieron, apenas sus pies tocaron el
suelo firme, las aguas del Jordán volvieron a su cauce y prosiguieron su
curso como antes, por encima de sus bordes. La llegada a Guilgal 19 El pueblo salió del Jordán el día diez del primer
mes, y estableció su campamento en Guilgal, en el extremo oriental de Jericó.
20 Josué hizo erigir en Guilgal las doce piedras que habían sacado del
Jordán, 21 y dijo a los israelitas: "Cuando los hijos de ustedes, el día
de mañana, pregunten a sus padres qué significan estas piedras, 22 ustedes
les darán la siguiente explicación: ‘Israel pasó por el cauce seco del
Jordán, 23 porque el Señor, su Dios, secó las aguas del Jordán delante de
ustedes, hasta que pasaron, como había secado las aguas del Mar Rojo delante
de nosotros, hasta que terminamos de pasar. 24 Lo hizo así, para que todos
los pueblos de la tierra reconozcan qué poderosa es la mano del Señor, y
ustedes teman siempre al Señor, su Dios’". El pánico de las poblacionesal oeste del Jordán 5 1 Cuando
todos los reyes de los amorreos que ocupaban la región situada al oeste del
Jordán y todos los reyes de los cananeos que estaban junto al mar, oyeron que
el Señor había secado las aguas del Jordán delante de los israelitas, hasta
que ellos pasaron, su corazón desfalleció y nadie tuvo ánimo para oponerles
resistencia. La circuncisión de los israelitas en Guilgal 2 En aquel tiempo, el Señor dijo a Josué:
"Fabrícate unos cuchillos de piedra y vuelve a circuncidar a los
israelitas". 3 Josué hizo entonces unos cuchillos de piedra y circuncidó
a los israelitas en La celebración de 10 Los israelitas acamparon en Guilgal, y el catorce
del mes, por la tarde, celebraron La aparición del jefe del ejército del Señor 13 Mientras Josué estaba cerca de Jericó, alzó los
ojos y vio a un hombre que estaba de pie frente a él, con la espada
desenvainada en su mano. Josué avanzó hacia él y le preguntó: "¿Eres de
los nuestros o de nuestros enemigos?". 14 Él respondió: "No, yo soy
el jefe del ejército del Señor y ahora he venido". Josué cayó con el
rostro en tierra, se postró y exclamó: "Señor, ¿qué tienes que decir a
tu servidor?". 15 El jefe del ejército del Señor le respondió: "Quítate
las sandalias de tus pies, porque el lugar donde estás parado es santo".
Y Josué así lo hizo. El sitio y la caída de Jericó 6 1 Jericó
estaba herméticamente cerrada por temor a los israelitas: nadie salía ni
entraba. 2 Entonces el Señor dijo a Josué: "Yo he puesto en tus manos a
Jericó y a su rey. 3 Por eso ustedes, todos los hombres de guerra, darán una
sola vuelta alrededor de la ciudad, formando un círculo en torno a ella. Así
lo harán durante seis días. 4 Además, siete sacerdotes irán delante del Arca
llevando siete trompetas de cuerno. El séptimo día, en cambio, ustedes darán
siete vueltas alrededor de la ciudad, y los sacerdotes harán sonar las
trompetas. 6 Josué, hijo de Nun, convocó a los sacerdotes y les
dijo: "Levanten el Arca de 15 El séptimo día se levantaron al despuntar el alba
y dieron siete vueltas alrededor de la ciudad, de la manera acostumbrada:
sólo ese día dieron siete vueltas alrededor de la ciudad. 16 Al dar la
séptima vuelta, los sacerdotes tocaron con más fuerza las trompetas, y Josué
dijo al pueblo: "Lancen el grito de guerra, porque el Señor les entrega
la ciudad. 17 Ustedes consagrarán al Señor la ciudad con todo lo que hay en
ella, exterminándola por completo. Quedarán con vida solamente Rajab, la
prostituta, y todos los que estén con ella en su casa, porque ella ocultó a
los emisarios que nosotros habíamos enviado. 18 En cuanto a ustedes, tengan
mucho cuidado con lo que está consagrado al exterminio, no sea que, llevados
por la codicia, se adueñen de alguna cosa prohibida. Porque entonces pondrían
en entredicho al campamento de Israel y le atraerían una desgracia. 19 Todo
el oro, la plata y los objetos de bronce y de hierro serán consagrados al
Señor y pasarán a formar parte de su tesoro". 20 Entonces el pueblo lanzó un fuerte grito y se
tocaron las trompetas. Al oir el sonido de las trompetas, el pueblo
prorrumpió en un griterío ensordecedor, y el muro se desplomó sobre sí mismo.
En seguida el pueblo acometió contra la ciudad, cada uno contra lo que tenía
adelante, y la tomaron. 21 Luego consagraron al exterminio todo lo que había
en ella, pasando al filo de la espada a hombres y mujeres, niños y ancianos,
vacas, ovejas y asnos. La familia de Rajab 22 Josué dijo a los dos hombres que habían explorado
el país: "Entren en la casa de la prostituta y hagan salir a esa mujer
con todo lo que le pertenece, como se lo han jurado". 23 Aquellos
jóvenes espías fueron e hicieron salir a Rajab, a su padre, a su madre, a sus
hermanos y todo lo que le pertenecía. También hicieron salir a sus otros
parientes, y los instalaron fuera del campamento de Israel. 24 Después
incendiaron la ciudad y todo lo que había en ella, salvando únicamente la
plata, el oro y los objetos de bronce y de hierro, que fueron depositados en
el tesoro de 25 Josué dejó con vida a Rajab, la prostituta, a su
familia y a todo lo que le pertenecía, y ella habitó en medio de Israel hasta
el día de hoy, por haber ocultado a los emisarios que Josué había enviado
para explorar Jericó. La maldición sobre Jericó 26 En aquel tiempo Josué hizo pronunciar el
siguiente juramento delante del Señor: "¡Maldito el hombre que intente reconstruir
esta ciudadde Jericó! ¡Pondrá los cimientos sobre
su primogénito, y colocará las puertas
sobre su hijo menor!". 27 El Señor acompañó a Josué, y su fama se extendió
por toda la tierra. El pecado de Acán 7 1 Pero
los israelitas cometieron una infidelidad con las cosas que debían ser consagradas
al exterminio. En efecto, Acán –hijo de Carmí, hijo de Zabdí, hijo de Zéraj,
de la tribu de Judá– se reservó algunas de esas cosas, y la ira del Señor se
encendió contra los israelitas. La derrota de los israelitas en Ai 2 Desde Jericó, Josué envió unos hombres a Ai, que
está cerca de Bet Aven, al este de Betel, con esta consigna: "Suban a
explorar la región". Los hombres subieron hasta Ai, la exploraron, 3 y
cuando estuvieron de regreso, dijeron a Josué: "No es necesario que se
movilice toda la gente. Dos o tres mil hombres bastan para derrotar a Ai. No
fatigues a todos haciéndolos ir hasta allá, porque ellos son unos
pocos". 4 Entonces subieron contra Ai unos tres mil hombres del pueblo,
pero tuvieron que huir ante los hombres de Ai, 5 que mataron a unos treinta y
seis israelitas, los persiguieron desde la puerta de la ciudad hasta Sebarím
y los derrotaron en la bajada. Ante esto, el pueblo quedó deprimido y se
sintió desfallecer. La queja de Josué 6 Josué desgarró sus vestiduras y se postró hasta la
tarde delante del Arca del Señor, con el rostro en tierra. Los ancianos de
Israel hicieron lo mismo, y todos esparcieron polvo sobre sus cabezas. 7
Mientras tanto, Josué decía: "¡Señor! ¿Para qué hiciste pasar el Jordán
a este pueblo? ¿Sólo para ponernos en manos de los amorreos y hacernos
desaparecer? ¡Ojalá nos hubiéramos decidido a quedarnos al otro lado del
Jordán! 8 ¡Señor! ¿Qué más puedo decir, ahora que Israel ha tenido que volver
las espaldas a sus enemigos? 9 Apenas se enteren los cananeos y todos los
habitantes del país, estrecharán un círculo contra nosotros y borrarán
nuestro nombre de la tierra. Y entonces, ¿Qué harás tú por tu Nombre
glorioso?". La respuesta del Señor 10 El Señor respondió a Josué: "¡Levántate!
¿Por qué estás ahí postrado sobre tu rostro? 11 Israel ha pecado: ellos han
transgredido mi alianza, la que yo les impuse. Se han quedado con algo que
debía ser consagrado al exterminio: se han atrevido a robarlo, a esconderlo y
a reservarlo para su uso personal. 12 Por eso los israelitas no podrán hacer
frente a sus enemigos, sino que tendrán que volver las espaldas ante sus
adversarios, por haberse convertido ellos mismos en algo que debe ser
consagrado al exterminio. Yo no estaré más con ustedes si no eliminan lo que
debió ser consagrado al exterminio. 13 Ahora levántate y purifica al pueblo.
Tú dirás: ‘Purifíquense para mañana, porque así habla el Señor, el Dios de
Israel: En medio de ti, Israel, hay algo que debió ser consagrado al
exterminio, y tú no podrás hacer frente a tus enemigos hasta que lo hayas
extirpado’. 14 Mañana por la mañana ustedes comparecerán por tribus; la tribu
que el Señor señale por medio de la suerte comparecerá por clanes; el clan
que el Señor señale comparecerá por familias; y la familia que el Señor señale,
comparecerá hombre por hombre. 15 El que sea sorprendido en posesión de los
objetos condenados al exterminio, será quemado con todos sus bienes porque ha
quebrantado la alianza del Señor y ha cometido una infamia en Israel". El descubrimiento y el castigo del culpable 19 Josué dijo a Acán: "Hijo mío, da gloria al
Señor, el Dios de Israel, y tribútale homenaje. Dime lo que has hecho, sin
ocultarme nada". 20 Acán respondió a Josué: "Es verdad, he pecado
contra el Señor, el Dios de Israel. Esto es lo que hice: 21 Yo vi entre el
botín un hermoso manto de Senaar, doscientos siclos de plata y un lingote de
oro que pesa cincuenta siclos; me gustaron y los guardé. Ahora están
escondidos en la tierra, en medio de mi carpa, y la plata está debajo". 22 Josué envío a dos emisarios, que fueron corriendo
a la carpa, y encontraron el manto que estaba escondido en ella, y la plata
debajo de él. 23 En seguida retiraron las cosas de la carpa, se las
presentaron a Josué y a todos los israelitas, y las extendieron delante del
Señor. 24 Entonces Josué tomó a Acán, hijo de Zéraj, con la
plata, el manto y el lingote de oro, a sus hijos y sus hijas, sus vacas, sus
ovejas y sus asnos, su carpa y todo lo que poseía, y los condujo hasta el
valle de Acor, acompañado de todo Israel. 25 Allí le dijo Josué: "¿Por qué
nos has traído la desgracia? Que el Señor te haga desgraciado en este
día". Y todo Israel lo mató a pedradas; también apedrearon a los suyos y
los quemaron. 26 Encima de él pusieron un gran montón de piedras,
que ha quedado hasta el presente. Así el Señor aplacó su indignación. Por eso
aquel lugar se llama valle de Acor, hasta el día de hoy. La campaña contra Ai 8 1 El
Señor dijo a Josué: "¡No temas ni te acobardes! Reúne a todos los
combatientes y prepárate para subir contra Ai. Yo te entrego al rey de Ai, a su
pueblo, su ciudad y su territorio. 2 Trátalos como trataste a Jericó y a su
rey. Sin embargo, ustedes podrán retener como botín los despojos y el ganado.
Además, tiende una emboscada detrás de la ciudad". 3 Josué se preparó con todos los combatientes, para
subir contra Ai. Eligió treinta mil guerreros valerosos y los hizo salir de
noche, 4 dándoles esta orden: "¡Presten atención! Ustedes estarán
emboscados detrás de la ciudad. No se alejen demasiado de ella y manténganse
alerta. 5 Yo y toda la gente que irá conmigo nos acercaremos a la ciudad, y
cuando ellos salgan contra nosotros, como lo hicieron la primera vez,
nosotros huiremos. 6 Ellos nos seguirán, porque pensarán que huimos como la
vez anterior, y así los apartaremos de la ciudad. Nosotros huiremos delante
de ellos. 7 Entonces ustedes saldrán del lugar donde estaban emboscados y
ocuparán la ciudad. El Señor, nuestro Dios, la pondrá en sus manos. 8 Y
apenas la tomen, la incendiarán. Ustedes actuarán conforme a la palabra del
Señor, y tengan en cuenta que les he dado una orden". 9 Josué los envió,
y ellos fueron a apostarse en el lugar de la emboscada, entre Betel y Ai, al
oeste de Ai. Josué, por su parte, pasó aquella noche en medio de la tropa. La batalla de Ai 14 Al ver esto, el rey de Ai se apresuró a salir con
toda su gente para combatir contra Israel en la bajada, frente a 18 Entonces el Señor dijo a Josué: "Apunta
hacia Ai con la jabalina que tienes en la mano, porque yo te entrego la
ciudad". Josué apuntó contra la ciudad con la jabalina que tenía en la
mano; 19 y tan pronto como extendió su brazo, los hombres que estaban
emboscados salieron rápidamente de su escondite, entraron a la carrera en la
ciudad, la tomaron y la incendiaron sin perder un instante. La victoria de los israelitas 20 Cuando los hombres de Ai volvieron la vista hacia
atrás y vieron la humareda que subía de la ciudad hacia el cielo, ya no
pudieron escapar ni por un lado ni por el otro, porque la gente que huía
hacia el desierto se volvió contra sus perseguidores. 21 En efecto, al ver
que los hombres emboscados habían tomado la ciudad y que el humo subía de
ella, Josué y todo Israel volvieron atrás y acometieron contra los hombres de
Ai. 22 Los que habían tendido la emboscada también salieron de la ciudad para
atacarlos, de manera que la gente de Ai quedó atrapada en medio de los
israelitas, que avanzaban unos por un lado y otros por el otro. Así los
derrotaron sin dejar ningún sobreviviente o fugitivo. 23 Al rey de Ai, en
cambio, lo capturaron vivo y lo condujeron ante Josué. 24 Cuando Israel
terminó de matar a los habitantes de Ai en campo abierto, en el desierto
donde los habían perseguido, y cuando cayó hasta el último de ellos bajo los
golpes de las espadas, todo Israel se volvió contra Ai y la pasó al filo de
la espada. 25 Los que murieron aquel día, entre hombres y mujeres, fueron
doce mil, o sea, todos los habitantes de Ai. 26 Y Josué no retiró la mano con
que sostenía la jabalina hasta que consagró al exterminio a todos los
habitantes de Ai. 27 Israel retuvo como botín solamente el ganado y
los despojos de la ciudad, según la orden que el Señor había dado a Josué. 28
Este, por su parte, puso fuego sobre Ai y la redujo para siempre a un montón
de ruinas, a una devastación, que permanece hasta el día de hoy. 29 Al rey de
Ai lo hizo colgar de un árbol hasta la tarde. Al ponerse el sol, Josué mandó
que descolgaran el cadáver. Lo arrojaron cerca de la puerta de la ciudad y
levantaron sobre él un gran montón de piedras, que está todavía hoy. El sacrificio y la lectura de 30 Entonces Josué erigió un altar al Señor, el Dios
de Israel, en el monte Ebal, 31 como Moisés, el servidor del Señor, lo había
ordenado a los israelitas y como está escrito en el libro de 32 Josué escribió allí mismo, sobre las piedras, una
copia de La coalición contra Israel 9 1 Al
enterarse de esto, todos los reyes que estaban de este lado del Jordán, en La astucia de los gabaonitas 3 También los habitantes de Gabaón se enteraron de
lo que había hecho Josué con Jericó y con Ai, 4 y entonces decidieron
recurrir a la astucia. Reunieron provisiones para el viaje, tomaron alforjas
viejas para sus asnos y unos odres viejos, rotos y vueltos a coser; 5 se
calzaron sandalias viejas y remendadas, y se vistieron con ropa gastada. Todo
el pan que llevaban como alimento estaba reseco y reducido a migajas. 6 Así fueron hasta el campamento de Josué, en
Guilgal, y le dijeron, a él y a los hombres de Israel: "Venimos de un
país lejano; por eso, hagan una alianza con nosotros". 7 Pero los
hombres de Israel respondieron a aquellos jivitas: "Tal vez ustedes
habitan por aquí, entre nosotros. ¿Cómo vamos a hacer una alianza con
ustedes?". 8 Ellos dijeron a Josué: "Nosotros somos tus
servidores". "¿Quiénes son ustedes?, les preguntó Josué, ¿de dónde
vienen?". 9 Ellos le respondieron: "Nosotros, tus servidores,
venimos de un país muy lejano, atraídos por el renombre del Señor, tu Dios.
Porque hemos oído hablar de él, de todo lo que hizo en Egipto, 10 y de la
manera cómo trató a los dos reyes amorreos que estaban al otro lado del
Jordán: a Sijón, el rey de Jesbón, y a Og, el rey de Basán que residía en
Astarot. 11 Por eso nuestros ancianos y todos los habitantes de nuestro país
nos dijeron: ‘Provéanse de víveres para el camino, vayan a su encuentro y
díganles: somos sus servidores, hagan por lo tanto una alianza con nosotros’.
12 Este es nuestro pan: todavía estaba caliente cuando nos proveímos de él en
nuestras casas, el día en que salimos al encuentro de ustedes; ahora está
reseco y convertido en migajas. 13 Estos son los odres de vino: eran nuevos
cuando los llenamos, y ahora están aquí, todos rotos. Y estas son nuestra
ropa y nuestras sandalias, gastadas por un viaje excesivamente largo".
14 Entonces los israelitas comieron de sus provisiones sin consultar la
decisión del Señor. 15 Josué hizo las paces con ellos y también el pacto de
conservarles la vida; los jefes de la comunidad, por su parte, les hicieron
un juramento. 16 Pero tres días después de haber concluido este
pacto, los israelitas se enteraron de que aquellos hombres eran de un pueblo
vecino y que vivían en las inmediaciones. 17 Entonces levantaron sus carpas,
y en tres días llegaron a las ciudades que ellos habitaban. Estas eran
Gabaón, Quefirá, Beerot y Quiriat Iearím. 18 Los israelitas no los mataron,
porque los jefes de la comunidad les habían hecho un juramento por el Señor,
el Dios de Israel. Pero toda la comunidad murmuró contra sus jefes. Las condiciones impuestasa los gabaonitas 19 Los jefes declararon a la comunidad en pleno:
"Nosotros les hemos prestado un juramento por el Señor, el Dios de
Israel, y ahora no podemos tocarlos. 20 Haremos con ellos lo siguiente: los
dejaremos vivir para no atraer sobre nosotros la ira del Señor, a causa del
juramento que les hemos hecho". 21 Luego los jefes les dijeron:
"¡Qué vivan! Pero estarán al servicio de la comunidad como leñadores y
aguateros". Y la comunidad obró de acuerdo con lo que habían dicho los
jefes. 22 Josué hizo comparecer a los gabaonitas y les
dijo: "¿Por qué ustedes nos han engañado asegurando que vivían muy lejos
de nosotros, cuando en realidad viven aquí, en las inmediaciones? 23 Ahora
pesa sobre ustedes una maldición, y por eso nunca faltarán entre ustedes
esclavos, que sirvan como leñadores y aguateros en La coalición de los cinco reyes amorreos 10 1
Adonisedec, rey de Jerusalén, se enteró de que Josué se había apoderado de Ai
y la había consagrado al exterminio, tratando a Ai y a su rey como antes
había tratado a Jericó y a su rey. También se enteró de que los gabaonitas
habían hecho las paces con Israel y se le habían sometido. 2 Esto le produjo
un gran temor, porque Gabaón era tan importante como una ciudad real y más
grande aún que Ai. Además, todos sus habitantes eran aguerridos. 3 Entonces
Adonisedec, rey de Jerusalén, hizo llegar a Hohán, rey de Hebrón, a Pirán,
rey de Iarmut, a Iafia, rey de Laquís, y a Debir, rey de Eglón, el siguiente
mensaje: 4 "Vengan conmigo y derrotemos a Gabaón, porque ellos han hecho
las paces con Josué y con los israelitas". 5 Una vez reunidos, los cinco
reyes amorreos –los reyes de Jerusalén, de Hebrón, de Iarmut, de Laquís y de
Eglón– marcharon con sus tropas, acamparon frente a Gabaón, y se dispusieron
a atacarla. La victoria de Gabaón 6 Entonces los gabaonitas mandaron decir a Josué,
que estaba en el campamento de Guilgal: "No dejes solos a tus
servidores. Ven a salvarnos lo antes posible. Ayúdanos, porque todos los
reyes amorreos que habitan en El auxilio divino 11 Mientras huían delante de Israel –precisamente
cuando estaban en la bajada de Bet Jorón– el Señor arrojó sobre ellos desde
el cielo, hasta la altura de Azecá, unas piedras tan grandes que les
provocaban la muerte. Fueron más los que murieron a causa del granizo que los
que mató Israel al filo de la espada. 12 Aquella vez, cuando el Señor puso a los amorreos
en manos de los israelitas, Josué se dirigió al Señor y exclamó, en presencia
de Israel: "Detente, sol, en
Gabaón, y tú, luna, en el valle de
Aialón". 13 Y el sol se detuvo,y la
luna permaneció inmóvil, hasta que el pueblo se
vengó de sus enemigos. ¿No está eso escrito en el libro del Justo? El sol
se mantuvo inmóvil en medio del cielo y dejó de correr hacia el poniente casi
un día entero. 14 Jamás hubo otro día, ni antes ni después, en que el Señor
obedeciera a la voz de un hombre. Realmente, el Señor combatía en favor de
Israel. 15 Luego Josué regresó al campamento de Guilgal,
acompañado de todo Israel. El fin de los cinco reyes amorreos 16 Aquellos cinco reyes, por su parte, habían
logrado escapar, refugiándose en una caverna, cerca de Maquedá. 17 Cuando se
notificó a Josué que habían encontrado a los cinco reyes escondidos en esa
caverna, 18 él ordenó: "Hagan rodar unas piedras bien grandes hasta la
entrada de la caverna, y dejen allí apostados a unos cuantos hombres para que
los vigilen. 19 Pero ustedes no se detengan: persigan a sus enemigos y
córtenles la retirada, para impedirles que entren en sus ciudades. Porque el
Señor se los ha entregado". 20 Y cuando Josué y los israelitas los
derrotaron por completo, hasta aniquilarlos –sólo algunos fugitivos habían
escapado de ellos y se habían refugiado en las ciudades fortificadas– 21 todo
el ejército regresó sano y salvo al campamento de Josué, en Maquedá. Nadie
había podido causar el menor daño a los israelitas. 22 Entonces Josué dijo: "Despejen la abertura
de la caverna, hagan salir a esos cinco reyes, y tráiganlos aquí". 23
Así lo hicieron: sacaron de la caverna a los cinco reyes –los reyes de
Jerusalén, de Hebrón, de Iarmut, de Laquís y de Eglón– 24 y una vez que los
tuvieron afuera, se los llevaron a Josué. Este convocó a todos los hombres de
Israel y dijo a los oficiales que lo habían acompañado: "Acérquense y
pongan sus pies sobre la nuca de estos reyes". Ellos se acercaron y les
pusieron el pie sobre la nuca. 25 Luego continuó diciéndoles: "No tengan
miedo ni se acobarden; sean fuertes y valientes, porque el Señor hará lo
mismo con todos los enemigos, contra los que ustedes tengan que luchar".
26 Después de esto, Josué los mandó matar y los hizo colgar de cinco árboles.
Allí quedaron suspendidos hasta la tarde, 27 y a la puesta del sol, Josué
mandó que los descolgaran de los árboles. Luego los arrojaron en la cueva
donde habían estado escondidos, y a la entrada de la misma, pusieron grandes
piedras que todavía están allí. La conquista del sur de Canaán: Maquedá 28 Aquel mismo día, Josué se apoderó de Maquedá y
pasó al filo de la espada a la ciudad y a su rey, consagrándolos al
exterminio junto con todos los seres vivientes que había en ella. No dejó a
nadie con vida, y trató al rey de Maquedá como había tratado al rey de
Jericó. Libná 29 Luego Josué, con todo Israel, pasó de Maquedá a
Libná y la atacó. 30 El Señor puso a la ciudad y al rey en manos de Israel,
que la pasó al filo de la espada con todos los seres vivientes que había en
ella. No dejó a nadie con vida, y trató a su rey como había tratado al rey de
Jericó. Laquís 31 Después Josué, con todo Israel, pasó de Libná a
Laquís, la asedió y la atacó. 32 El Señor puso también a Laquís en manos de
Israel, que la conquistó al segundo día, y la pasó al filo de la espada con
todos los seres vivientes que había en ella, exactamente como había hecho con
Libná. 33 Mientras tanto, Horám, rey de Guézer, subió en ayuda de Laquís;
pero Josué lo derrotó, a él y a su ejército, hasta no dejar ningún
sobreviviente. Eglón 34 Luego Josué, con todo Israel, pasó de Laquís a
Eglón. La sitiaron, la atacaron, 35 y ese mismo día la tomaron y la pasaron
al filo de la espada. Aquel día Josué consagró al exterminio a todos los
seres vivientes que había en la ciudad, exactamente como había hecho con
Laquís. Hebrón 36 Después Josué, con todo Israel, subió de Eglón a
Hebrón. La atacaron, 37 la tomaron, y pasaron al filo de la espada a la
ciudad, a su rey, a sus otras ciudades y a todos los seres vivientes que
había en ella. Josué no dejó a nadie con vida, sino que hizo con ella lo
mismo que había hecho con Eglón: consagró al exterminio a la ciudad y a todos
los seres vivientes que había en ella. Debir 38 Luego Josué, con todo Israel, volvió atrás hasta
Debir, la atacó, 39 y se apoderó de la ciudad, de su rey y de todas sus otras
ciudades. Los israelitas los pasaron al filo de la espada, y consagraron al
exterminio a todos los seres vivientes que había en la ciudad, sin dejar a
nadie con vida. Josué trató a Debir como había tratado a Hebrón y a su rey, y
como había tratado a Libná y a su rey. Recapitulación de las conquistasrealizadas en el Sur 40 Así Josué conquistó toda la región: 43 Finalmente, Josué regresó al campamento de
Guilgal, acompañado de todo Israel. La coalición de los cinco reyes del Norte 11 1
Cuando Iabín, rey de Jasor, se enteró de lo que había sucedido, envió
mensajeros al rey Iobab de Madón, al rey de Simrón y al de Acsaf; La victoria de Meróm 7 Entonces Josué, con todos sus combatientes, marchó
contra ellos hasta las aguas de Meróm, atacándolos sorpresivamente. 8 El
Señor los puso en manos de Israel, que los derrotó y los persiguió hasta
Sidón – La toma de Jasor y de otras ciudades del norte 10 En aquel tiempo, Josué volvió atrás, se apoderó
de Jasor y mató a su rey con la espada, porque Jasor había sido antiguamente
la cabeza de todos aquellos reinos. 11 También pasó al filo de la espada a
todos los seres vivientes que había en ella, consagrándolos al exterminio
total. No quedó nada con vida, y Jasor fue incendiada. 12 Josué tomó asimismo
todas las ciudades de aquellos reyes, y a estos últimos los capturó y los
pasó al filo de la espada, consagrándolos al exterminio, como Moisés, el
servidor del Señor, se lo había ordenado. 13 Pero Israel no quemó ninguna de
las ciudades que ahora vuelven a alzarse sobre sus ruinas, a excepción de
Jasor, que fue la única incendiada por Josué. 14 El botín de estas ciudades,
incluido el ganado, se lo repartieron los israelitas; a las personas, en
cambio, las pasaron al filo de la espada, hasta acabar con todos. No dejaron
a nadie con vida. 15 Josué se atuvo exactamente a las órdenes que le había
dado Moisés –el servidor del Señor– órdenes que este, a su vez, había
recibido del Señor. Y al ejecutarlas, no descuidó nada de lo que el Señor
había ordenado a Moisés. Resumen de la conquista 16 Así Josué conquistó todo este territorio, El exterminio de los anaquitas 21 En aquel tiempo, Josué hizo una campaña contra
los anaquitas y los exterminó de 23 Así Josué se apoderó de todo el país, de acuerdo
con lo que el Señor le había dicho a Moisés, y lo entregó como propiedad
hereditaria a cada una de las tribus de Israel. Y ya no hubo más guerra en el
país. Recapitulación: los reyes derrotadosal este y al oeste
del Jordán 12 1 Estos
son los reyes del país que los israelitas derrotaron y despojaron de su
territorio en la parte oriental del Jordán, desde el torrente Arnón hasta el
monte Hermón, con toda 2 Sijón, rey de los amorreos que residía en Jesbón y
dominaba desde Aroer –a orillas del torrente Arnón– hasta el torrente laboc
–que sirve de frontera con los amonitas– incluyendo la cuenca del torrente
Arnón, la mitad de Galaad, 3 y el lado oriental de 4 Y Og, rey de Basán –uno de los últimos
sobrevivientes de los Gigantes– que residía en Astarot y en Edrei 5 y
dominaba en el monte Hermón, en Salcá, en todo el Basán hasta las fronteras
de los guesuritas y de los maacatitas, y en la mitad de Galaad hasta las
fronteras de Sijón, rey de Jesbón. 6 Moisés, el servidor del Señor, y los israelitas habían
derrotado a estos reyes, y Moisés había dado el territorio en propiedad a los
rubenitas, a los gaditas y a la mitad de la tribu de Manasés. 7 Estos son los reyes que Josué y los israelitas
derrotaron en el lado occidental del Jordán –desde Baal Gad, en el valle del
Líbano, hasta la montaña Desnuda, que sube hacia Seir– cuyos territorios
Josué entregó en posesión a cada una de las tribus de Israel, 8 en 9 el rey de Jericó y el
rey de Ai, junto a Betel; 10 el rey de Jerusalén y
el de Hebrón; 11 el rey de Iarmut y el
rey de Laquís; 12 el rey de Eglón y el
rey de Guézer; 13 el rey de Debir y el rey
de Guéder; 14 el rey de Jormá y el
rey de Arad; 15 el rey de Libná y el
rey de Adulám; 16 el rey de Maquedá y el
rey de Betel; 17 el rey de Tapúaj y el
rey de Jéfer; 18 el rey de Afec y el rey
de Sarón; 19 el rey de Madón y el
rey de Jasor; 20 el rey de Sirmón Meroón
y el rey de Acsaf; 21 el rey de Taanac y el
rey de Meguido; 22 el rey de Quedes y el
rey de Iocneam, en el Carmelo; 23 el rey de Dor, en la
región de Dor; 24 el rey de los Goím, en
Galilea, y el rey de Tirsá. En total, fueron treinta y un reyes. La posesión de un
territorio estable fue de vital importancia para el Pueblo de Dios en los
comienzos de su historia. Antes de entrar en Canaán, Israel no era más que un
grupo de tribus seminómadas, sin raíces que le dieran estabilidad. Sólo la
posesión exclusiva de Entre las poblaciones
incluidas en el reparto, figuran algunas que los israelitas nunca llegaron a ocupar
realmente. Esto indica que aquí se presenta una geografía idealizada de Exhortación del Señor a Josué 13 1
Cuando Josué ya era de edad muy avanzada, el Señor le dijo: "Tú eres un anciano
muy entrado en años, y todavía queda por conquistar una gran parte del país.
2 El territorio que falta conquistar es el siguiente: todos los distritos de
los filisteos y todo el país de los guesuritas, 3 o sea, desde el Sijor, que
está sobre la frontera de Egipto, hasta el límite de Ecrón por el norte. Esta
región se considera como perteneciente a los cananeos. Allí están los cinco
príncipes de los filisteos –el de Gaza, el de Asdod, el de Ascalón, el de Gat
y el de Ecrón– y también los avitas, 4 que están al sur. Además queda todo el
país de los cananeos, desde Ará de los sidonios hasta Afec y hasta la
frontera de los amorreos. 5 Y por último, el país de los guiblitas con todo
el Líbano hacia oriente, desde Baal Gad, que está al pie del monte Hermón,
hasta El territorio asignadoa las tribus de En efecto, Moisés, el servidor del Señor, había
asignado a esas tribus, 9 el territorio que va desde Aroer, a orillas del
torrente Arnón, con la ciudad que está en medio del valle; todo el altiplano,
desde Medbá hasta Dibón, 10 y todas las ciudades de Sijón –el rey de los
amorreos que había reinado en Jesbón– hasta la frontera de los amonitas. 11
Además, les había asignado Galaad y el territorio de los guesuritas y de los
maacatitas, con toda la montaña del Hermón y todo Basán hasta Salcá. 12 Y en
Basán, todo el territorio de Og –que había reinado en Astarot y Edrei, y era
uno de los últimos sobrevivientes de los Gigantes– a quien Moisés venció y
despojó de sus dominios. 13 Pero los israelitas no expulsaron a los
guesuritas y a los maacatitas, que por eso continúan viviendo en medio de
Israel hasta el día de hoy. La tribu de Rubén 15 Moisés ya había dado una parte a los clanes de la
tribu de los rubenitas. La tribu de Gad 24 Moisés también había dado una parte a los clanes
de los gaditas. 25 Su territorio comprendía Iázer, todas las ciudades de
Galaad y la mitad del país de los amonitas, hasta Aroer, que está enfrente de
Rabbá. 26 Además, desde Jesbón hasta Ramat Ha Mispá y Betoním, y desde
Majanaim hasta el territorio de Lo Debar. 27 Y en el valle, Bet Jarám, Bet
Mimrá, Sucot y Safón, el resto del reino de Sijón, rey de Jesbón. Y el lado
oriental del Jordán, hasta el extremo del mar de Genesaret, les servía de
límite. 28 Esta fue la herencia de los clanes de los gaditas: las ciudades y
sus poblados. La mitad de la tribu de Manasés 29 Moisés también había dado una parte a los clanes
de la mitad de la tribu de Manasés. 30 Su territorio, partiendo de Majanaim,
comprendía todo Basán, todo el territorio de Og, rey de Basán, y todas las
poblaciones de Iair, en Basán: en total, sesenta ciudades. 31 La mitad de
Galaad, Astarot y Edrei, ciudades del reino de Og en Basán, pasaron a los
clanes de los hijos de Maquir, hijo de Manasés. 32 Este fue el reparto que hizo Moisés en las
Estepas de Moab, al otro lado del Jordán, al este de Jericó. 33 Pero Moisés
no asignó ninguna herencia a la tribu de Leví, porque el Señor, el Dios de
Israel, es su herencia, como él mismo se lo había declarado. El territorio asignado alas tribus de 14 1 Estos
son los territorios que los israelitas recibieron como herencia en el país de
Canaán, o sea, los territorios que les asignaron el sacerdote Eleazar, Josué
hijo de Nun, y los jefes de familia de las tribus de Israel. 2 Ellos los
distribuyeron mediante un sorteo –como el Señor lo había mandado por medio de
Moisés– entre las nueve tribus y media que faltaban. 3 Porque a las otras dos
tribus y media, Moisés ya les había asignado una herencia al otro lado del
Jordán, pero a los levitas no les había dado ninguna herencia en medio de
ellos. 4 Los hijos de José, por su parte, habían formado dos tribus: la de
Efraím y la de Manasés; pero a los levitas no se les dio ningún territorio
dentro del país, sino solamente algunas ciudades de residencia, con los
correspondientes campos de pastoreo para su ganado y sus rebaños. 5 En la
distribución de la tierra los israelitas hicieron exactamente lo que el Señor
había ordenado a Moisés. La parte de Caleb 6 Los hijos de Judá fueron a Guilgal, donde estaba
Josué; y Caleb, hijo de Iefuné, el quenizita, le dijo: "Tú sabes muy bien
lo que el Señor dijo a Moisés, el hombre de Dios, acerca de mí y de ti, en
Cades Barné. 7 Yo tenía cuarenta años cuando Moisés, el servidor del Señor,
me envió de Cades Barné a explorar el país, y yo lo informé con toda
franqueza. 8 Mientras los compañeros que habían ido conmigo desalentaban al
pueblo, yo me mantuve plenamente fiel al Señor, mi Dios. 9 Aquel día, Moisés
hizo esta promesa, ratificándola con un juramento: ‘La tierra que pisaron tus
pies será herencia tuya y de tus hijos para siempre, porque te has mantenido
plenamente fiel al Señor, mi Dios’. 10 Ahora ves que el Señor me ha
conservado la vida conforme a su promesa. Ya han pasado cuarenta y cinco años
desde que el Señor dirigió esta palabra a Moisés, cuando todavía Israel iba
por el desierto. Ahora tengo ochenta y cinco años, 11 pero todavía estoy tan
fuerte como el día en que Moisés me envió. Hoy tengo la misma fuerza que
tenía entonces, tanto para combatir como para ir de un lado a otro. 12 Por
eso, dame esta montaña que el Señor me prometió aquel día. Tú mismo oíste ese
día que allí se encuentran los anaquitas, y que las ciudades son grandes y
amuralladas. Pero sin duda el Señor estará conmigo, y yo los expulsaré como
él me lo prometió". 13 Entonces Josué bendijo a Caleb, hijo de Iefuné, y
le dio Hebrón como herencia. 14 Por eso Hebrón ha sido hasta el día de hoy la
herencia de Caleb, hijo de Iefuné, el quenizita, ya que él se había mantenido
plenamente fiel al Señor, el Dios de Israel. 15 El nombre primitivo de Hebrón
fue Quiriat Arbá, y Arbá fue el más grande de los anaquitas. Después cesó la guerra en el país. La tribu de Judá 15 1 El
territorio que tocó en suerte a la tribu de los hijos de Judá, limitaba en su
extremo meridional, hacia el sur, con Edóm y el desierto de Cin. 2 Su frontera
sur se extendía desde los bordes del mar de Estos eran los límites que bordeaban el territorio
asignado a los clanes de los hijos de Judá. Caleb en Hebrón Las ciudades de la tribu de Judá 20 Esta fue la herencia de los clanes de la tribu de
Judá. 21 Las ciudades fronterizas pertenecientes a la
tribu de los hijos de Judá, hacia la frontera de Edóm, en el Négueb, eran las
siguientes: Cabseel, Eder, Iagur, 22 Quiná, Dimoná, Adadá, 23
Quedes, Jasor, Itnam, 24 Zif, Télem, Bealot, 25 Jasor Jadatá, Queriot, Jesrón
–o sea Jasor– 26 Amám, Semá, Moladá, 27 Jasar Gadá, Jesmón, Bet Pélet, 28
Jasar Sual, Berseba, Biziotiá, 29 Baalá, Iyim, Esem, 30 Eltolad, Quesil,
Jormá, 31 Siquelag, Madmaná, Sansaná; 32 Lebaot, Siljím, En Rimón: en total,
veintinueve ciudades con sus poblados. 33 En 37 Senan, Jadasá, Migdal Gad, 38 Dilán, Ha Mispá,
Iocteel, 39 Laquís, Boscat, Eglón, 40 Cabón, Lajmás, Quitlís, 41 Guederot,
Bet Dagón, Naamá, Maquedá: en total, dieciséis ciudades con sus poblados. 42 Libná, Eter, Asán, 43 Iftaj, Asná, Nesib, 44
Queilá, Aczib, Maresá: en total, nueve ciudades con sus poblados. 45 Ecrón, con las ciudades dependientes y sus
poblados, 46 y a partir de Ecrón, hacia el mar, todas aquellas ciudades que
están al lado de Asdod, con sus poblados: 47 Asdod con las ciudades
dependientes y sus poblados, Gaza con las ciudades dependientes y sus
poblados, hasta el Torrente de Egipto, limitando con el mar Grande. 48 En 52 Arab, Dumá, Esán, 53 Ianúm, Bet Tapúaj, Afec, 54
Jumtá, Quiriat Arbá –o sea, Hebrón– y Sior: en total, nueve ciudades con sus
poblados. 55 Maón, Carmel, Zif, Iutá, 56 Izreel, Zanoaj, 58 Jaljul, Bet Sur, Guedor, 59 Maarat, Bet Anot,
Eltecón: en total, seis ciudades con sus poblados. Técoa, Efratá –o sea Belén– Peor, Etám, Culón,
Tatám, Sores, Carem, Galím, Beter, Manaj: en total, once ciudades con sus
poblados. 60 Quiriat Baal –o sea, Quiriat Iearim– y Ha Rabá:
en total, dos ciudades con sus poblados. 61 En el desierto: Bet Ha Arabá, Midím, Secacá, 62
Nigsán, la ciudad de 63 Pero los hijos de Judá no pudieron desposeer a
los jebuseos, que ocupaban Jerusalén. Por eso los jebuseos viven todavía hoy
en Jerusalén, junto a los hijos de Judá. La tribu de Efraím 16 1 La
parte que tocó en suerte a los hijos de José se extendía desde el Jordán, a
la altura de Jericó, hasta las aguas de Jericó, por el este; luego venía el
desierto, que desde Jericó sube por la montaña hasta Betel; 2 siguiendo de
Betel hasta Luz, pasaba por Atarot, o sea, por el territorio de los arquitas;
3 después bajaba al oeste, hacia el territorio de los iafletitas, hasta la
región de Bet Jorón de Abajo y hasta Guézer, y terminaba en el mar. 4 Esta es
la parte que recibieron como herencia Manasés y Efraím, los hijos de José. 5 El territorio correspondiente a los clanes de los
efraimitas fue el siguiente: el límite de su herencia, por el lado oriental,
era Atarot Adar hasta Bet Jorón de Arriba, 6 y llegaba hasta el mar. Al norte
estaba Micmetat, y al este, el límite doblaba hacia Taanat Silo, pasando al
este de Ianóaj. 7 Después bajaba de Ianóaj a Atarot y a Naará, y tocaba
Jericó, para terminar en el Jordán. 8 Desde Tapúaj, la frontera iba hacia el
oeste por el torrente de Caná, y terminaba en el mar. Esta es la herencia asignada a los clanes de los
efraimitas, 9 además de las ciudades distribuidas a ellos dentro de las
posesiones de los hijos de Manasés, todas las ciudades con sus poblados. 10
Pero ellos no pudieron desposeer a los cananeos que habitaban en Guézer, y
por eso siguen viviendo en medio de Efraím hasta el día de hoy, aunque tienen
que pagar tributo. La tribu de Manasés 17 1
También a la tribu de Manasés le tocó en suerte una parte del territorio, porque
él era el primogénito de José. Pero Maquir, primogénito de Manasés y padre de
Galaad, como era un hombre belicoso, ya había recibido la región de Galaad y
la de Basán, 2 y por eso la suerte correspondió a los otros clanes de los
hijos de Manasés, a saber: a los hijos de Abiézer, a los hijos de Jelec, a
los hijos de Asriel, a los hijos de Sequém, a los hijos de Semidá. Estos eran
los hijos varones de Manasés, hijo de José, con sus respectivos clanes. 3
Pero Selofjad –hijo de Jéfer, hijo de Galaad, hijo de Maquir, hijo de
Manasés– no tenía hijos varones. Sus hijas se llamaban: Majlá, Noá, Joglá,
Milcá y Tirsá. 4 Estas se presentaron al sacerdote Eleazar, a Josué hijo de
Nun, y a los jefes, y les dijeron: "El Señor ordenó a Moisés que nos
diera una herencia entre nuestros hermanos". Y conforme a la orden del
Señor, se les dio una herencia entre los hermanos de su padre. 5 Así Manasés
obtuvo en suerte diez porciones de territorio, además de la región de Galaad
y de Basán, que está al otro lado del Jordán, 6 ya que las hijas de Manasés
recibieron una herencia entre sus hijos. La región de Galaad pertenecía a los
otros hijos de Manasés. 7 La frontera de Manasés, por el lado de Aser, era
Micmetat, que está enfrente de Siquém; luego seguía hacia el sur, hasta Iasib,
la fuente de Tapúaj. 8 El territorio de Tapúaj pertenecía a Manasés, mientras
que Tapúaj –en los límites de Manasés– pertenecía a los efraimitas. 9 Luego
la frontera bajaba al torrente de Caná e iba a terminar en el mar. Al sur del
torrente hay unas ciudades de Efraím en medio de las ciudades de Manasés, y
el territorio de Manasés se encuentra al norte del torrente. 10 Al sur el
territorio pertenecía a Efraím y al norte a Manasés; el mar les servía de
frontera, y lindaban con Aser por el norte, y con Isacar por el este. 11
Además, Manasés tenía en Isacar y en Aser a Bet Seán, Ibleám y Dor, con sus
respectivas ciudades dependientes; y a los habitantes de En Dor, de Taanac y
de Meguido –las tres alturas– con sus respectivas ciudades dependientes. 12
Los hijos de Manasés no lograron conquistar esas ciudades, y los cananeos
pudieron permanecer en aquella región. 13 Pero después, cuando los israelitas
se hicieron más fuertes, obligaron a los cananeos a pagar tributo, aunque no
llegaron a desposeerlos. 14 Los hijos de José dijeron a Josué: "¿Por qué
nos has asignado como herencia en el sorteo una sola porción de territorio,
siendo nosotros un pueblo numeroso, ya que el Señor nos ha bendecido
tanto?". 15 Entonces Josué les respondió: "Si son un pueblo tan
numeroso, suban a los bosques y talen allí a su gusto en la región de los
perizitas y de los refaítas, porque la montaña de Efraím es demasiado
estrecha para ustedes". 16 Los hijos de José dijeron: "La montaña
no nos basta, y en las llanuras todos los cananeos tienen carros de hierro,
tanto los de Bet Seán y sus ciudades dependientes, como los de la llanura de
Izreel". 17 Josué respondió a la casa de José, es decir, a Efraím y
Manasés: "Ustedes son un pueblo numeroso y tienen mucha fuerza. No
tendrán solamente una porción, 18 porque la montaña les pertenecerá. Y si
ella está cubierta de bosques, la talarán y será de ustedes hasta sus
límites, ya que desposeerán a los cananeos, por más que tengan carros de
hierro y sean muy fuertes. La distribución del territorio en Silo 18 1 Toda
la comunidad de los israelitas se reunió en Silo, y allí fue instalada 8 Cuando los hombres que iban a hacer la descripción
del país se disponían a partir, Josué les dio esta orden: "Vayan a
recorrer el país, descríbanlo, y luego regresen. Después yo lo sortearé entre
ustedes delante del Señor, aquí mismo, en Silo". 9 Los hombres
partieron, recorrieron el país y registraron por escrito las ciudades,
dividiéndolas en siete grupos. Después regresaron al campamento de Silo, donde
estaba Josué. 10 Allí Josué echó las suertes entre los israelitas, delante
del Señor, y repartió el territorio a cada una de las tribus de Israel. La tribu de Benjamín 11 Se extrajo la suerte correspondiente a los clanes
de la tribu de Benjamín, y a ellos les tocó el territorio comprendido entre
el de los hijos de Judá y el de los hijos de José. 12 Por el lado
septentrional, el límite partía del Jordán y subía por la pendiente norte de
Jericó; luego subía por la montaña hacia el oeste, para terminar en el desierto
de Bet Aven. 13 De allí el límite pasaba a Luz, hacia la pendiente meridional
de Luz –o sea, de Betel– y después descendía hasta Atarot Adar, sobre el
monte que está al sur de Bet Jorón de Abajo. 14 Luego el límite daba vuelta,
girando por el lado oeste, hacia el sur, y saliendo de la montaña que se
encuentra frente a Bet Jorón, al sur, iba a terminar en Quiriat Baal –o sea,
en Quiriat Iearím– ciudad que pertenece a los hijos de Judá. Este era el
límite occidental. 15 Por el lado meridional, el límite partía del
extremo de Quiriat Iearím, seguía hacia Gasín y salía cerca de las aguas de
la fuente de Neftóaj. 16 Luego bajaba hasta el extremo del monte que está
frente al valle de Ben Hinnóm, al norte del valle de los Refaím; seguía
bajando por el valle de Hinnóm, al sur del flanco de los jebuseos, y
descendía hasta En Roguel. 17 Desde allí doblaba hacia el norte y llegaba a
En Semes; luego se dirigía hacia Guelilot, que está frente a la subida de
Adumím, y bajaba en el Peñasco de Boján, el rubenita. 18 Después pasaba por
la pendiente que hay frente a Bet Araba, al norte, y bajaba hasta Esta fue la herencia de los clanes de Benjamín, con
los límites que la rodean. Las ciudades de Benjamín 21 Las ciudades asignadas a los clanes de la tribu
de Benjamín fueron las siguientes: Jericó, Bet Joglá, Emec Quesís, 22 Bet Ha
Arabá, Semaraim, Betel, 23 Avím, Pará, Ofrá, 24 Quefar Ha Amoní, Ofní, Gueba:
en total, doce ciudades con sus poblados. 25 Además, Gabaón, Ramá, Beerot, 26
Mispé, Quefirá, Mosá, 27 Réquem, Irpeel, Taralá, 28 Selá, Elef, Jerusalén –la
ciudad jebusea– Guibeá y Quiriat: en total, catorce ciudades con sus
poblados. Esta fue la herencia que recibieron los clanes de la
tribu de Benjamín. La tribu de Simeón 19 1 La
segunda suerte le tocó a Simeón, o sea, a la tribu de los hijos de Simeón con
sus clanes. La herencia que se les asignó estaba en medio del territorio de
los hijos de Judá. 2 Ellos recibieron como herencia: Berseba, Semá, Moladá, 3
Jasar Sual, Balá Esem, 4 Eltolad, Betul, Jormá, 5 Siquelag, Bet Ha Marcabot,
Jasar Susá, 6 Bet Lebaot y Serujén: en total, trece ciudades con sus
poblados. 7 Además, Ayín, Rimón, Eter y Asán: en total, cuatro ciudades con
sus poblados. 8 También recibieron todos los poblados de los alrededores de
estas ciudades, hasta Baalat Beer y Ramat Négueb. Esta era la herencia de los
hijos de Simeón con sus clanes, 9 la que se tomó de la porción de territorio
asignada a los hijos de Judá, porque la parte de estos últimos era demasiado
grande. Así los hijos de Simeón recibieron su herencia en
medio de los hijos de Judá. La tribu de Zabulón 10 La tercera suerte le tocó a los hijos de Zabulón
con sus clanes. El límite de su herencia se extendía hasta Sarid; 11 después
subía al oeste, hacia Maaralá, y llegaba hasta Dabéset y hasta el torrente
que está frente a Iocneám. 12 Partiendo nuevamente de Sarid, el límite iba al
este, hacia el levante, hasta llegar a Quislot Tabor; luego llegaba a Daberat
y subía a Iafia. 13 Desde allí, yendo hacia el este, pasaba a Guita Jéfer, y
a Itá Casín; después llegaba a Rimón y doblaba hacia Neá. 14 En seguida el
límite doblaba hacia el norte, hacia Janatón, para ir a terminar en el valle
de Iftajel. 15 Su territorio incluía, además, Catat, Nahalal, Simeón, Idalá y
Belén: en total, doce ciudades con sus poblados. 16 Esta fue la herencia asignada a los clanes de los
hijos de Zabulón: las ciudades y sus poblados. La tribu de Isacar 17 La cuarta suerte le tocó a Isacar, o sea, a los
hijos de Isacar con sus clanes. 18 En su territorio estaba Izreel, Ha
Quesulot, Suném, 19 Jafaraim, Sión, Anajarat, 20 Rabit, Quisión, Ebes, 21
Rémet, En Gamín, En Jadá y Bet Pasés. 22 El límite tocaba el Tabor, Sajasím,
Bet Semes y terminaba en el Jordán: en total, dieciséis ciudades con sus
poblados. 23 Esta fue la herencia asignada a los clanes de los
hijos de Isacar: las ciudades y sus poblados. La tribu de Aser 24 La quinta suerte le tocó a la tribu de los hijos
de Aser con sus clanes. 25 Su territorio comprendía: Jelcat, Jalí, Beten,
Acsaf, 26 Alamélec, Amad y Misal, y hacia el oeste la frontera tocaba el
Carmelo y Sijor Libnat. 27 Luego daba vuelta hacia el oriente, hasta Bet
Dagón, y remontando hacia el norte, tocaba Zabulón y el valle de Iftajel.
Después continuaba hasta Bet Emec y Neiel, e iba a terminar en Cabul. Al
norte, el territorio comprendía 28 Abdón, Rejob, Jammón y Caná, hasta Sidón, 31 Esta fue la herencia asignada a los clanes de los
hijos de Aser: las ciudades y sus poblados. La tribu de Neftalí 32 La sexta suerte le tocó a los clanes de la tribu
de Neftalí. 33 Su frontera partía de Jélef y de Elón Besaananím, y pasando
por Adamí Ha Néqueb y Iabnel, hasta Lacúm, terminaba en el Jordán. 34 Hacia
el oeste, el límite doblaba hasta Aznot Tabor; de allí llegaba a Jucoc, y
tocaba Zabulón por el sur, Aser por el oeste y el Jordán por el este. 35 Las
ciudades fortificadas eran las siguientes: Siddím, Ser, Jamat, Racat,
Genesaret, 36 Adamá, Ramá, Jasor, 37 Quedes, Edrei, En Jasor, 38 Irón, Migdal
El, Jorém, Bet Anat, Bet Semes: en total, diecinueve ciudades con sus
poblados. 39 Esta fue la herencia asignada a los clanes de los
hijos de Neftalí: las ciudades y sus poblados. La tribu de Dan 40 La séptima suerte le tocó a los clanes de la
tribu de Dan. 41 El territorio de su herencia comprendía Sorá, Estaol, Ir Semes,
42 Salbím, Aialón, Itlá, 43 Elón, Timná, Ecrón, 44 Eltequé, Guibetón, Baalat,
45 Iehud, Bené Berac, Gat Rimón, 46 Me Ha Iarcón y Racón, con el territorio
que está enfrente de Jope. 47 Pero aquel territorio resultaba demasiado
estrecho para los hijos de Dan, y por eso subieron a atacar a Lesem. La
tomaron y la pasaron al filo de la espada; y una vez que la ocuparon, se
establecieron en ella, llamándola Dan, por el nombre de su padre. 48 Esta fue la herencia de los clanes de la tribu de
Dan: las ciudades y sus poblados. La propiedad hereditaria de Josué 49 Cuando los israelitas terminaron de repartirse el
territorio y de marcar sus límites, dieron una herencia en medio de ellos a
Josué, hijo de Nun. 50 Como el Señor lo había ordenado, le asignaron la ciudad
que él pidió, es decir, Timnat Séraj en la montaña de Efraím. Él la reedificó
y se estableció en ella. 51 Estas son las posesiones que el sacerdote
Eleazar, Josué hijo de Nun y los jefes de familia de las tribus israelitas
distribuyeron mediante un sorteo en Silo, en la presencia del Señor, a la
entrada de Así se puso término a la repartición del país. Las ciudades de refugio 20 1 El
Señor dijo a Josué: 2 Habla en estos términos a los israelitas: Determinen cuáles serán las ciudades de refugio
–esas de las que yo les hablé por medio de Moisés– 3 para que allí puedan
encontrar asilo los homicidas que hayan matado a una persona sin
premeditación e inadvertidamente. Así ustedes tendrán un refugio contra el
vengador del homicidio. 4 El homicida huirá a una de estas ciudades, se
detendrá a la entrada de la puerta, y expondrá su caso a los ancianos de la
ciudad. Estos lo admitirán, y le asignarán un lugar para que habite con
ellos. 5 Y si el vengador del homicidio lo persigue, no lo pondrán en sus
manos, porque mató a su prójimo inadvertidamente, sin haberlo odiado antes. 6
Después de comparecer delante de la comunidad para ser juzgado, el homicida
permanecerá en aquella ciudad hasta la muerte del Sumo Sacerdote que esté en
funciones en aquellos días. Entonces podrá entrar de nuevo en la ciudad y en
su casa, en la ciudad de donde había huido. 7 Con este fin, los israelitas consagraron las
siguientes ciudades: Quedes, en Galilea, en la montaña de Neftalí; Siquém, en
la montaña de Efraím; Quiriat Arba –o sea Hebrón– en la montaña de Judá. 8 Y
al otro lado del Jordán, al este de Jericó, se designó a Béser –de la tribu
de Rubén, que estaba situada en el desierto, sobre el altiplano– a Ramot de
Galaad, de la tribu de Gad, y a Golán, situada en Basán y perteneciente a la
tribu de Manasés. 9 Estas fueron las ciudades asignadas a todos los
israelitas y a los extranjeros que residían en medio de ellos, para que todo
el que matara sin premeditación a una persona pudiera refugiarse en ellas, y
así no muriera en manos del vengador del homicidio, antes de comparecer
delante de la comunidad. Las ciudades levíticas 21 1 Los
jefes de familia de los levitas se acercaron al sacerdote Eleazar, a Josué,
hijo de Nun, y a los jefes de familia de las tribus israelitas, 2 que estaban
en Silo, en el país de Canaán, y les dijeron: "El Señor ordenó por medio
de Moisés que se nos asignaran algunas ciudades, a fin de que residiéramos en
ellas, y también sus campos de pastoreo para nuestros ganados". 3
Entonces los israelitas, conforme a la orden del Señor, dieron a los levitas
las siguientes ciudades con sus campos de pastoreo, tomándolas de sus propias
posesiones. 4 Se hizo el sorteo para los clanes de los
quehatitas; y a los levitas descendientes de Aarón, el sacerdote, les tocaron
en suerte trece ciudades de las tribus de Judá, de Simeón y de Benjamín; Las ciudades de los quehatitas 9 Ellos les entregaron las ciudades de la tribu de
Judá y de la tribu de Simeón que se nombran más adelante. 10 Y como la
primera suerte les tocó a los levitas que pertenecían a los clanes de los
quehatitas y eran descendientes de Aarón, Las ciudades de los gersonitas Las ciudades de los meraritas 34 Al resto de los levitas, o sea, a los clanes de
los meraritas les dieron: de la tribu de Zabulón, Iocneam, Cartá, 35 Rimón y
Nahalal, cada una con sus campos de pastoreo: cuatro ciudades. 36 De la tribu
de Rubén, al otro lado del Jordán les dieron Beser –la ciudad de refugio para
los homicidas– que está situada en el desierto, sobre el altiplano, y además,
Iahás, 37 Quedemot y Mefaat, cada una con sus campos de pastoreo: cuatro
ciudades. 38 De la tribu de Gad, les dieron Ramot de Galaad –la ciudad de
refugio para los homicidas– y además, Majanaim, 39 Jesbón y Iázer, cada una con
sus campos de pastoreo: cuatro ciudades. 40 En total, eran doce las ciudades
asignadas mediante un sorteo al resto de los clanes levíticos, o sea, a los
meraritas. 41 Por lo tanto, las ciudades levíticas en medio de
las posesiones de los israelitas eran cuarenta y ocho en total, con sus
campos de pastoreo. 42 Cada una de estas ciudades incluía, además de la
ciudad, los campos de pastoreo que tenían a su alrededor. Lo mismo sucedía
con todas las ciudades mencionadas. Conclusión general 43 Así el Señor entregó a Israel todo el territorio
que había jurado dar a sus padres. Los israelitas tomaron posesión de él y lo
habitaron. 44 El Señor les dio la paz en todas sus fronteras, como lo había
jurado a sus padres, y ninguno de sus enemigos pudo resistirles, porque el
Señor se los entregó a todos. 45 Ni una sola de las admirables promesas que
el Señor había hecho a los israelitas cayó en el vacío: todas se cumplieron. ÚLTIMOS
ACONTECIMIENTOS Y ADVERTENCIAS FINALES Cuando los israelitas penetraron
en Canaán, bajo la guía de Josué, encontraron allí algunos grupos con los que
tenían un origen común, pero que no habían participado del Éxodo ni habían
estado en el Sinaí. Al entrar en contacto con ellos, los invitaron a que
fueran sus aliados en la lucha contra los cananeos. El relato que describe El relato de La despedida de las tribusde 22 1
Entonces Josué convocó a los rubenitas, a los gaditas y a la mitad de la
tribu de Manasés, 2 y les dijo: "Ustedes han observado íntegramente las
órdenes que les dio Moisés, el servidor del Señor, y me han obedecido en todo
lo que yo les mandé. 3 No han abandonado a sus hermanos durante el largo
tiempo transcurrido hasta el día de hoy, y han permanecido en la observancia
del mandamiento del Señor, su Dios. 4 Ahora sus hermanos han obtenido el
descanso que les concedió el Señor, su Dios, conforme a la promesa que él les
había hecho. Por lo tanto, regresen a sus campamentos, al territorio que les
pertenece, a esa tierra que Moisés, el servidor del Señor, les dio al otro
lado del Jordán. 5 Pero pongan mucho cuidado en practicar los mandamientos y 7 Moisés había dado a la mitad de la tribu de
Manasés un territorio en Basán, mientras que a la otra mitad, Josué le había
asignado una parte junto a sus hermanos, en el lado occidental del Jordán.
Además, cuando Josué los envió a sus campamentos, los bendijo, 8 diciéndoles:
"Vuelvan a sus campamentos con grandes riquezas, con muchísimo ganado,
con plata, oro, bronce, hierro, y con una gran cantidad de ropa. Pero
compartan con sus hermanos los despojos de sus enemigos". El altar levantadoa orillas del Jordán 9 Así los rubenitas, los gaditas y la mitad de la
tribu de Manasés dejaron a los israelitas en Silo, en territorio de Canaán,
para regresar a Galaad. Esta era la tierra de su propiedad, donde se habían
establecido conforme a la orden que el Señor había dado por intermedio de
Moisés. 10 Pero al llegar a los distritos del Jordán, que están en territorio
de Canaán, los rubenitas, los gaditas y la mitad de la tribu de Manasés
levantaron a orillas del Jordán un altar de aspecto imponente. 11 Cuando los israelitas se enteraron de lo
sucedido, dijeron: "Los rubenitas, los gaditas y la mitad de la tribu de
Manasés han erigido ese altar frente al territorio de Canaán, en los
distritos del Jordán, más allá del territorio de los israelitas". 12 Y
una vez informados del hecho, toda la comunidad de los israelitas se reunió
en Silo para ir a combatir contra ellos. 13 Pero antes enviaron al sacerdote
Pinjás, hijo del sacerdote Eleazar, 14 y a otros diez jefes, uno por cada
tribu, para que se entrevistaran con los rubenitas, los gaditas y la mitad de
la tribu de Manasés, en el territorio de Galaad. Todos ellos eran jefes de
familia en los clanes de Israel. 15 Cuando llegaron a Galaad, donde estaban los
rubenitas, los gaditas y la mitad de la tribu de Manasés, les hablaron en
estos términos: 16 "Toda la comunidad del Señor dice lo siguiente: ¿Cómo
se explica esta infidelidad que ustedes han cometido contra el Dios de
Israel, al erigir un altar? Así ustedes hoy se han apartado del Señor y se
han rebelado contra él. 17 ¿No teníamos bastante con el delito de Peor, del
que todavía no estamos purificados y por el cual se desencadenó aquella
masacre contra la comunidad del Señor? 18 ¡Hoy ustedes se han apartado del
Señor! Y si hoy se rebelan contra él mañana él se irritará contra toda la
comunidad de Israel. 19 Si la tierra que les pertenece es impura, pásense a
la tierra que pertenece al Señor, donde reside su Morada, y establézcanse
entre nosotros. Pero no se rebelen contra él ni nos hagan cómplices de la
rebeldía de ustedes, erigiendo un altar aparte del altar del Señor, nuestro
Dios. 20 Cuando Acán, hijo de Zéraj, cometió una infidelidad respecto del
anatema, ¿Acaso la ira del Señor no alcanzó a toda la comunidad de Israel? No
fue él solo el que murió por su delito". La respuesta de las tribusde 21 Los rubenitas, los gaditas y la mitad de la tribu
de Manasés respondieron a los jefes de los clanes de Israel: 22 "¡El
Dios de los dioses, el Señor, lo sabe perfectamente, y que también lo sepa
Israel! Si ha habido de nuestra parte rebelión contra el Señor o infidelidad
hacia él, que él no nos salve en este día. 23 Si nos construimos un altar
para alejarnos del Señor o para ofrecer en él holocaustos, oblaciones y
sacrificios de comunión, que el mismo Señor nos pida cuenta. 24 En realidad,
lo hicimos por temor, pensando que el día de mañana los hijos de ustedes
podrían decir a los nuestros: ‘¿Qué tienen que ver ustedes con el Señor, el
Dios de Israel? 25 ¡Rubenitas y gaditas! El Señor ha puesto un límite entre
nosotros y ustedes: el Jordán. Por lo tanto, ustedes no tienen parte con el
Señor’. Y de esa manera, sus hijos apartarían a los nuestros del temor del
Señor. 26 Entonces resolvimos construir este altar, no para ofrecer
holocaustos y sacrificios, 27 sino para que esté como testigo entre nosotros
y ustedes, y también entre nuestros descendientes, de que rendimos culto al
Señor en su presencia, con nuestros holocaustos, nuestras víctimas y nuestros
sacrificios de comunión. Así, el día de mañana, los hijos de ustedes no
podrán decir a los nuestros: ‘Ustedes no tienen parte con el Señor’. 28 Por
eso pensamos que si algún día nos llegan a hacer ese reproche, a nosotros o a
nuestros descendientes, les podremos responder: ‘Miren la figura del altar
del Señor que hicieron nuestros padres, no para ofrecer holocaustos y
sacrificios, sino para que esté como testigo entre nosotros y ustedes’. 29
Lejos de nosotros, entonces, el deseo de rebelarnos contra el Señor o de
querer apartarnos de él, erigiendo un altar para ofrecer holocaustos,
oblaciones o sacrificios, fuera del altar del Señor, nuestro Dios, que está delante
de su Morada". El restablecimiento de la pazentre las tribus 30 Cuando el sacerdote Pinjás, los jefes de la
comunidad y los jefes de los clanes de Israel escucharon las palabras que les
dijeron los rubenitas, los gaditas y la mitad de la tribu de Manasés,
quedaron conformes. 31 Y Pinjás, el hijo del sacerdote Eleazar, les
respondió: "Ahora reconocemos que el Señor está en medio de nosotros,
porque ustedes no han cometido esa infidelidad contra él; de esa manera,
ustedes han librado a los israelitas de la mano del Señor". 32 Entonces el sacerdote Pinjás, hijo de Eleazar, y
los jefes, dejando a los rubenitas y a los gaditas, partieron de Galaad y
regresaron a Canaán, donde estaban los israelitas. Cuando les transmitieron
la noticia, 33 los israelitas quedaron conformes, bendijeron al Señor, y ya
no pensaron más en hacerles la guerra ni en asolar el país donde habitaban
los rubenitas y los gaditas. 34 Estos últimos, por su parte, dieron al altar
el nombre de "Testigo", porque dijeron: "Este será un testigo,
entre nosotros, de que el Señor es Dios". Las últimas recomendacionesde Josué al pueblo 23 1
Cuando ya hacía mucho tiempo que el Señor había concedido la paz a Israel,
librándolo de todos los enemigos que tenía a su alrededor, Josué –que era un
anciano de edad muy avanzada– 2 convocó a todo Israel, a sus ancianos, a sus
jefes, a sus jueces y a sus escribas, y les dijo: "Yo estoy viejo; ya tengo muchos años. 3
Ustedes han visto cómo trató el Señor, su Dios, a todos esos pueblos a causa
de ustedes, porque era el Señor, su Dios, el que combatía por ustedes. 4
Ahora miren bien: yo les he sorteado como herencia para cada tribu tanto a
las naciones que todavía quedan como a las que yo mismo exterminé, desde el
Jordán hasta el gran mar Occidental. 5 El Señor, su Dios, las dispersará
delante de ustedes y las desposeerá de sus dominios, para que ustedes puedan
tomar posesión de su tierra, conforme a la promesa que les hizo el Señor, su
Dios. 6 Por eso, sean cada vez más constantes en observar
y en cumplir todo lo que está escrito en el libro de 12 Pero si se vuelven atrás y se unen al resto de
esos pueblos que todavía quedan con ustedes; si establecen con ellos lazos de
parentesco, mezclándose ustedes con ellos y ellos con ustedes, 13 entonces,
tengan la plena seguridad de que el Señor, su Dios, no seguirá desposeyendo a
esas naciones delante de ustedes, y ellos serán para ustedes una red, un
lazo, un látigo sobre sus costados, y aguijones en sus ojos, hasta que por
fin desaparecerán de esta hermosa tierra que les dio el Señor, su Dios. 14 Ya estoy a punto de irme por el camino que les
toca recorrer a todos. Reconozcan entonces con todo su corazón y con toda su
alma, que ni una sola de todas esas admirables promesas que les hizo el
Señor, ha caído en el vacío: todas se han cumplido, y no falló ni una sola.
15 Pero así como se han cumplido todas las admirables promesas que les hizo
el Señor, su Dios, también él atraerá sobre ustedes todas las amenazas, hasta
exterminarlos de esta hermosa tierra que les dio el Señor, su Dios. 16 Si
quebrantan la alianza del Señor, su Dios, la que él les impuso, y van a
servir a otros dioses y a postrarse delante de ellos, la ira del Señor arderá
contra ustedes, y desaparecerán muy pronto de la hermosa tierra que él les
dio". La asamblea de Siquém 24 1 Josué
reunió en Siquém a todas las tribus de Israel, y convocó a los ancianos de
Israel, a sus jefes, a sus jueces y a sus escribas, y ellos se presentaron
delante del Señor. 2 Entonces Josué dijo a todo el pueblo: "Así habla el Señor, el Dios de Israel: Sus
antepasados, Téraj, el padre de Abraham y de Najor, vivían desde tiempos antiguos
al otro lado del Río, y servían a otros dioses. 3 Pero yo tomé a Abraham, el
padre de ustedes, del otro lado del Río, y le hice recorrer todo el país de
Canaán. Multipliqué su descendencia, y le di como hijo a Isaac. Luego permanecieron en el desierto durante largo
tiempo, 8 y después los introduje en el país de los amorreos, que habitaban
al otro lado del Jordán. Cuando ellos les hicieron la guerra, yo los entregué
en sus manos, y así pudieron tomar posesión de su país, porque los exterminé
delante de ustedes. 9 Entonces Balac –hijo de Sipor, rey de Moab– se levantó
para combatir contra Israel, y mandó llamar a Balaam, hijo de Beor, para que los
maldijera. 10 Pero yo no quise escuchar a Balaam, y él tuvo que bendecirlos.
Así los libré de su mano. 11 Después ustedes cruzaron el Jordán y llegaron a
Jericó. La gente de Jericó les hizo la guerra, y lo mismo hicieron los
amorreos, los perizitas, los cananeos, los hititas, los guirgasitas, los
jivitas y los jebuseos; pero yo los entregué en sus manos. 12 Hice cundir
delante de ustedes el pánico, que puso en fuga a toda esa gente y a los dos
reyes amorreos. Esto no se lo debes ni a tu espada ni a tu arco. 13 Así les
di una tierra que no cultivaron, y ciudades que no edificaron, donde ahora
habitan; y ustedes comen los frutos de viñas y olivares que no plantaron. 14 Por lo tanto, teman al Señor y sírvanlo con
integridad y lealtad; dejen de lado a los dioses que sirvieron sus
antepasados al otro lado del Río y en Egipto, y sirvan al Señor. 15 Y si no
están dispuestos a servir al Señor, elijan hoy a quién quieren servir: si a
los dioses a quienes sirvieron sus antepasados al otro lado del Río, o a los
dioses de los amorreos, en cuyo país ustedes ahora habitan. Yo y mi familia
serviremos al Señor". 16 El pueblo respondió: "Lejos de nosotros
abandonar al Señor para servir a otros dioses. 17 Porque el Señor, nuestro
Dios, es el que nos hizo salir de Egipto, de ese lugar de esclavitud, a
nosotros y a nuestros padres, y el que realizó ante nuestros ojos aquellos
grandes prodigios. Él nos protegió en todo el camino que recorrimos y en
todos los pueblos por donde pasamos. 18 Además, el Señor expulsó delante de
nosotros a todos esos pueblos y a los amorreos que habitaban en el país. Por
eso, también nosotros serviremos al Señor, ya que él es nuestro Dios". 19 Entonces Josué dijo al pueblo: "Ustedes no
podrán servir al Señor, porque él es un Dios santo, un Dios celoso, que no
soportará ni las rebeldías ni los pecados de ustedes. 20 Si abandonan al
Señor para servir a dioses extraños, él, a su vez, los maltratará y los
aniquilará, después de haberles hecho tanto bien". 21 Pero el pueblo
respondió a Josué: "No; nosotros serviremos al Señor". 22 Josué
dijo al pueblo: "Son testigos contra ustedes mismos, de que han elegido
al Señor para servirlo". "Somos testigos", respondieron ellos.
23 "Entonces dejen de lado los dioses extraños que hay en medio de
ustedes, e inclinen sus corazones al Señor, el Dios de Israel". 24 El
pueblo respondió a Josué: "Nosotros serviremos al Señor, nuestro Dios y
escucharemos su voz". La alianza de Siquém 25 Aquel día Josué estableció una alianza para el
pueblo, y les impuso una legislación y un derecho, en Siquém. 26 Después puso
por escrito estas palabras en el libro de 28 Finalmente, Josué despidió a todo el pueblo, y
cada uno volvió a su herencia. La muerte de Josué 29 Después de un tiempo, Josué, hijo de Nun, el
servidor del Señor, murió a la edad de ciento diez años. 30 Lo enterraron en
el territorio que había recibido en herencia, en Timnat Séraj, en la montaña
de Efraím, al norte del monte Gaás. 31 Israel sirvió al Señor mientras vivió Josué, y
durante toda la vida de los ancianos que le sobrevivieron y que habían
experimentado las obras del Señor en favor de Israel. Los restos de José 32 Los huesos de José, que los israelitas
trasladaron desde Egipto, fueron enterrados en Siquém, en la parcela de campo
que Jacob había comprado a los hijos de Jamor, padre de Siquém, por cien
monedas de plata, y que había pasado a ser propiedad de los hijos de José. 33 También murió Eleazar, hijo de Aarón, y lo
enterraron en Guibeá, ciudad situada en la montaña de Efraím, que había sido
entregada a su hijo Pinjás. 1 4.
Estos son los límites "ideales" de 2 17.
El texto hebreo añade inmediatamente: "Nosotros quedaremos libres del
juramento que nos has exigido". Esta frase se vuelve a repetir
textualmente en el v. 20, y parece estar fuera de lugar en el v. 17. 4 3.
La narración yuxtapone dos tradiciones relativas a las "doce
piedras". Según la primera, las piedras fueron puestas en Guilgal (v.
20), antiguo santuario situado entre el Jordán y Jericó, a unos cuatro
kilómetros del río, cuyo nombre significa "círculo de piedras". Más
tarde, el culto de este santuario fue reprobado por 5 2.
Ver nota Gn. 17. 10-14. 9. El
texto relaciona artificialmente el nombre de "Guilgal" con un verbo
hebreo que significa "quitar". Ver nota 4. 3. 13-15.
Antes de iniciar la guerra contra las ciudades de Canaán, Josué recibe una
revelación divina, similar a la de Moisés en el Sinaí (Éx. 3. 5). Como la
respuesta del v. 14 se interrumpe bruscamente, es probable que el relato, en
su forma actual, contenga sólo restos de una tradición más extensa, que se
refería a la misión de Josué y a la conquista de 6 Las
excavaciones arqueológicas han demostrado que durante el siglo XIII a. C.
-época de la "conquista" de Canaán- la ciudad de Jericó se
encontraba en ruinas y estaba totalmente deshabitada. En consecuencia, no
pudo ser destruida a la llegada de los invasores israelitas. Este hecho
-sumado al carácter litúrgico de la acción que describe el relato- indica que
la narración bíblica no es la crónica de un acontecimiento histórico, sino la
expresión simbólica de la manera cómo los israelitas interpretaron su entrada
en 26. El
cumplimiento de esta maldición de Josué se encuentra en 1 Rey 16.34.. 7 2. En
este pasaje, "Betel" parece ser un lugar distinto de "Bet
Aven", mientras que en Os. 4. 15; 5. 8; 10. 5, "Bet Aven" -que
significa "Casa de vanidad"- es un nombre despectivo de Betel. 26. En
este pasaje, el nombre "Acor" es relacionado artificialmente con un
verbo hebreo que significa "provocar una desgracia". 8 33.
Ver Deut. 27. 12-13. 9 7. Los
gabaonitas son considerados aquí como un grupo de jivitas, mientras que en 2
Sam. 21. 2 se los considera "un resto de los amorreos". 18. La
alianza creaba un vínculo sagrado e inviolable. Por eso los israelitas no
pueden retractarse de su juramento, ni siquiera después de descubierto el
engaño. Este episodio tiene un gran interés histórico, porque muestra que el
establecimiento de los israelitas en Canaán no siempre fue una conquista a
mano armada. 10 13.
"EI sol se detuvo": fundados en el carácter poético de este texto,
casi todos los intérpretes modernos consideran que el mismo no es más que un
audaz recurso literario para expresar el carácter maravilloso de la victoria
obtenida por Josué. Una interpretación -apoyada en el estudio de los
concepciones astrológicas del Antiguo Oriente- sostiene que el poema, en el
v. 12, contiene una súplica de Josué para obtener una "conjunción"
favorable a Israel en el momento de la batalla. De allí la mención no sólo
del sol, sino también de la luna, y la oposición entre la ciudad de Gabaón y
el valle de Aialón, situados una al este y otro al oeste. En tal caso, el v.
13 indicaría que el Señor escuchó la suplica de Josué, haciendo que la
batalla se realizara en un momento favorable para Israel. "EI libro del Justo" era una colección de
cantos donde se celebraban las hazañas de los héroes de Israel. A la misma
colección perteneció originariamente la elegía de David por la muerte de
Jonatán (2 Sam. 1. 18). 15 32.
El total no corresponde a la enumeración, que suma treinta y cinco ciudades.
Esta notable diferencia se explica, probablemente, porque a la parte de la
tribu de Judá se añadieron las ciudades de la tribu de Simeón. Ver nota Jc.
1. 3. 20 Ver
nota Núm. 35. 9-29. 21 Ver
Núm. 35. 1-8. 24 32.
Ver Gn. 33. 19. |
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Texto Biblico suministrado desde la
pagina de www.clerus.org edición para el estudio en Internet de
Pedro Sergio Antonio Donoso Brant |
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