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Caminando con Jesús Pedro Sergio Antonio Donoso Brant Edición especial comentada para ayudar a
comprender mejor las Sagradas Escrituras |
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El libro de los JUECES nos presenta a Israel en una
de las etapas más críticas de su historia. Es el tiempo que transcurre entre
la penetración de las tribus hebreas en Canaán y la instauración de la
monarquía, es decir, entre los años 1200 y En este clima de inseguridad y anarquía, se ve
surgir a los héroes llamados "Jueces". Este título tiene un sentido
más amplio que el habitual entre nosotros. Los Jueces de Israel son
"caudillos", que se constituyen en defensores de la
"justicia" para hacer valer el derecho conculcado. Bajo la presión
de un grave peligro, se ponen al frente de una o varias tribus y liberan a
sus hermanos de la opresión a que estos han sido sometidos. Su autoridad no
es estable, sino transitoria y excepcional. Una vez concluida la acción
militar, vuelven a su vida ordinaria, aunque el prestigio adquirido con sus
hazañas les asegura a veces una cierta preeminencia sobre las tribus
liberadas. Por su origen, su carácter y su condición social,
estos caudillos y libertadores difieren considerablemente unos de otros. Pero
tienen un rasgo común: todos actúan bajo el impulso del "espíritu".
El espíritu del Señor se manifiesta siempre como una fuerza divina, que
irrumpe súbitamente, se posesiona de ellos y los mueve a realizar proezas que
están por encima de sus capacidades naturales. De allí que a los
protagonistas de estas gestas guerreras se los pueda llamar con razón líderes
"carismáticos". Los héroes del libro de los Jueces viven en una
época de costumbres rudas e incluso bárbaras. La traición de Ejud, el
asesinato de Sísara, la masacre de Abimélec, el sacrificio de la hija de
Jefté y las aventuras amorosas de Sansón reflejan una moral que no es la del
Evangelio. Pero estos viejos relatos no están exentos de grandeza. En ellos
se vislumbra la pujanza de un pueblo que lucha por sobrevivir y mantener su
identidad en medio de circunstancias adversas. Y se descubre, sobre todo, la
acción del Señor, que guía y defiende a Israel, a pesar de sus miserias y
claudicaciones. INTRODUCCIONES Dos Introducciones
sirven de prólogo a la historia de los Jueces propiamente dicha. La primera, de
carácter histórico, describe sumariamente la instalación de las tribus
israelitas en Canaán. La ocupación es lenta, las tribus actúan casi siempre
separadamente y los triunfos se alternan con las derrotas. Esta presentación
de los hechos completa y matiza la "epopeya" relatada en el libro
de Josué, donde la penetración de todo Israel en La segunda Introducción
–inspirada en la enseñanza del Deuteronomio– expone una visión de conjunto
sobre la época de los Jueces, desde una perspectiva religiosa. Dicha visión
es presentada mediante un esquema cíclico, que se desarrolla en cuatro
tiempos: Israel cae en la idolatría y el Señor lo entrega en manos de sus
enemigos; la opresión lleva al arrepentimiento y el Señor responde al clamor
de su Pueblo, suscitando un "salvador". Una vez completado el
ciclo, el proceso vuelve a repetirse con la misma regularidad (6. 1-6; 10.
6-16). A pesar de su
esquematismo, esta sucesión de infidelidad y castigo, de súplica y
liberación, pone bien de relieve la crisis que sacudió a Israel al entrar en
contacto con los pueblos cananeos. Muchos israelitas, sin renunciar por
completo a la fe en el Dios de sus padres, comenzaron a rendir culto a los
dioses del país. Este sincretismo religioso ponía en peligro la unidad
nacional y hacía a Israel más vulnerable a los ataques de sus enemigos. La ocupación
progresiva de Canaán:la campaña de Judá contra los cananeos 1 1
Después de la muerte de Josué, los israelitas consultaron al Señor, diciendo:
"¿Quién de nosotros será el primero en subir a luchar contra los
cananeos?". 2 El Señor respondió: "Que suba Judá, porque yo he
puesto el país en sus manos". 3 Entonces Judá dijo a su hermano Simeón:
"Sube conmigo al territorio que me ha tocado en suerte. Atacaremos a los
cananeos, y después yo iré contigo al territorio que te ha sido
asignado". Y Simeón lo acompañó. 4 Cuando Judá subió, el Señor puso en sus manos a
los cananeos y a los perizitas, y derrotaron en Bézec a diez mil hombres. 5
Allí se encontraron con Adoní Bézec, combatieron contra él y derrotaron a los
cananeos y a los perizitas. 6 Adoní Bézec trató de escapar, pero ellos lo
persiguieron, lo capturaron y le cortaron el dedo pulgar de las manos y de
los pies. 7 Entonces Adoní Bézec exclamó: "Setenta reyes, con los
pulgares de sus manos y de sus pies cortados, recogían migajas debajo de mi
mesa. Y ahora Dios me retribuye de acuerdo con lo que hice". Luego lo llevaron a Jerusalén, y allí murió. 8 La
tribu de Judá atacó a Jerusalén; la tomaron, pasaron a sus habitantes al filo
de la espada e incendiaron la ciudad. La conquista de Hebrón 9 Luego la tribu de Judá fue a combatir contra los
cananeos que habitaban en Fracaso de Judáen el litoral marítimo 16 Los del clan de Jobab, el quenita, que había sido
suegro de Moisés, subieron con la tribu de Judá desde la ciudad de las
Palmeras hasta el desierto de Judá, al sur de Arad, y se establecieron entre
los amalecitas. 17 Judá, por su parte, se fue con su hermano Simeón. Ellos
derrotaron a los cananeos que habitaban en Sefat y consagraron la ciudad al
exterminio total; por eso, la ciudad se llamó Jormá. 18 Pero Judá no pudo apoderarse
de Gaza y su territorio, ni de Ascalón y su territorio, ni de Ecrón y su
territorio. 19 El Señor estaba con Judá, y este pudo ocupar 20 De acuerdo con lo establecido por Moisés, Hebrón
fue asignada a Caleb, y él expulsó de allí a los tres hijos de Anac. 21 La
tribu de Benjamín, en cambio, no pudo desposeer a los jebuseos que habitaban
en Jerusalén. Por eso los jebuseos continúan habitando en Jerusalén con la
tribu de Benjamín, hasta el día de hoy. La conquista de Betel 22 La casa de José, por su parte, subió contra
Betel, y el Señor estaba con ella. 23 La casa de José envió espías a Betel
–la ciudad que antiguamente se llamaba Luz– 24 y cuando los espías vieron a
un hombre que salía de la ciudad, le dijeron: "Muéstranos el acceso a la
ciudad, y te perdonaremos la vida". 25 Él les indicó el acceso a la
ciudad, y ellos pasaron a sus habitantes al filo de la espada, pero dejaron
ir a aquel hombre con toda su familia. 26 El hombre se dirigió al país de los
hititas, y fundó una ciudad, a la que llamó Luz. Este es el nombre que tiene
hasta el día de hoy. Conquistas y fracasosde las tribus del Norte 27 Manasés, en cambio, no pudo adueñarse de Bet Seán
y de Tanac con sus respectivas ciudades dependientes. Tampoco desposeyó a los
habitantes de Dor, de Ibleám y de Meguido, con sus respectivas ciudades
dependientes, sino que los cananeos continuaron ocupando ese territorio. 28
Pero cuando Israel se hizo más fuerte, obligó a los cananeos a pagar tributo,
aunque no llegó a desposeerlos. 29 Efraím no pudo desposeer a los cananeos que
habitaban en Guézer, de manera que estos continuaron viviendo en medio de él,
en Guézer. 30 Zabulón no desposeyó a los habitantes de Quitrón
ni a los de Nahalol: los cananeos continuaron viviendo en medio de él, pero
fueron obligados a pagar tributo. 31 Aser no pudo desposeer a los habitantes de Acó,
de Sidón, de Majleb, de Aczib, de Afric y de Rejob. 32 Por eso la tribu de
Aser se estableció en medio de los cananeos que ocupaban el país, ya que no
pudieron desposeerlos. 33 Tampoco Neftalí pudo desposeer a los habitantes
de Bet Semes, ni a los de Bet Anát, y se estableció en medio de los cananeos
que habitaban en el país. Pero los habitantes de Bet Semes y de Bet Anát
fueron obligados a pagar tributo. 34 Los amorreos obligaron a la tribu de Dan a
replegarse hacia la región montañosa, impidiéndole bajar hasta el llano. 35
Los amorreos pudieron permanecer en Har Jéres, en Aialón y en Salbím, pero
cuando la casa de José afianzó su poder, fueron obligados a pagar tributo. 36
En cuanto a los edomitas, su frontera se extiende desde la cuesta de Acrabím,
a partir de Oráculo del Señor en Bojím 2 1 El
Ángel del Señor subió de Guilgal a Bojím y dijo: "Yo los hice subir de
Egipto y los introduje en la tierra que prometí a sus padres con un
juramento. También dije: ‘Jamás quebrantaré mi alianza con ustedes. 2 Pero
ustedes no harán ninguna alianza con los habitantes de este país y destruirán
sus altares’. A pesar de eso, no escucharon mi voz. ¿Por qué han obrado así?
3 Por eso les digo: ‘No expulsaré a esos pueblos delante de ustedes: ellos no
dejarán de hostigarlos, y sus dioses serán una trampa para ustedes’". 4
Y mientras el Ángel del Señor dirigía estas palabras a los israelitas, el
pueblo se puso a llorar a gritos. 5 Por eso llamaron a aquel lugar Bojím –que
significa "los que lloran"– y ofrecieron allí sacrificios al Señor. VISIÓN DE CONJUNTO
SOBRE EL PERÍODO DE LOS JUECES La muerte de Josuéy de su generación 6 Josué despidió al pueblo, y los israelitas se
fueron cada uno a su herencia, para tomar posesión del país. 7 El pueblo
sirvió al Señor mientras vivió Josué, y durante toda la vida de los ancianos
que le sobrevivieron y que habían visto las hazañas del Señor en favor de
Israel. 8 Josué, hijo de Nun, el servidor del Señor, murió a la edad de
ciento diez años. 9 Lo enterraron en el territorio de su propiedad, en Timnat
Séraj, en la montaña de Efraím, al norte del monte Gaás. 10 Y cuando toda aquella generación fue a reunirse
con sus padres, surgió una nueva generación que no conocía al Señor ni la
obra que había hecho en favor de Israel. El castigo divinoa la infidelidad de Israel 11 Los israelitas hicieron lo que es malo a los ojos
del Señor y sirvieron a los Baales. 12 Abandonaron al Señor, el Dios de sus
padres, que los había hecho salir de Egipto; fueron detrás de otros dioses
–los dioses de los pueblos vecinos– y se postraron delante de ellos, provocando
así la indignación del Señor. 13 Abandonaron al Señor para servir a Baal y a
Astarté. 14 Por eso, la ira del Señor se encendió contra
Israel: él los puso en manos de salteadores, que los despojaron; los entregó
a los enemigos que tenían a su alrededor, y no pudieron oponerles
resistencia. 15 En todas las campañas, la mano del Señor se ponía en contra
de ellos para hacerles mal, como el mismo Señor lo había dicho y jurado. Así
se encontraron en una situación muy angustiosa. Los Jueces, salvadores de Israel 16 Entonces el Señor suscitaba jueces, que salvaban
a los israelitas del poder de los salteadores. 17 Pero los israelitas no
escuchaban a sus jueces, sino que se prostituían, yendo detrás de otros
dioses y postrándose delante de ellos. Se desviaban muy pronto del camino
seguido por sus padres, que habían obedecido los mandamientos del Señor.
Ellos, en cambio, no hacían lo mismo. 18 Cuando el Señor les suscitaba jueces, estaba con
el juez y los salvaba de las manos de sus enemigos mientras vivía el juez,
porque se compadecía de los gemidos que les provocaban sus opresores y
perseguidores. 19 Pero cuando moría el juez, volvían a pervertirse más aún
que sus antepasados: iban detrás de otros dioses para servirlos y postrarse
delante de ellos, sin renunciar en nada a sus malas acciones y a su conducta
obstinada. La permanencia de las naciones paganas 20 La ira del Señor se encendió contra Israel, y él
dijo: "Ya que este pueblo ha quebrantado mi alianza, la que yo prescribí
a sus padres, y no ha escuchado mi voz, 21 tampoco yo arrojaré de su
presencia a ninguna de las naciones que dejó Josué cuando murió". 22
Esto lo hacía para probar a Israel por medio de ellas, y para ver si seguían
el camino del Señor, como lo habían seguido sus padres. 23 Por eso el Señor,
en lugar de expulsar inmediatamente a esas naciones, las dejó en paz y no las
entregó en manos de Josué. Los pueblos que subsistieron 3 1 El
Señor dejó que sobrevivieran algunas naciones, para poner a prueba por medio
de ellas a Israel, a todos aquellos que no habían intervenido en las guerras
de Canaán. 2 Lo hizo solamente para enseñar a combatir a los que no lo habían
hecho antes, es decir, a las nuevas generaciones de israelitas. 3 Esas
naciones son las siguientes: los filisteos con sus cinco príncipes y todos
los cananeos, los sidonios y los hititas que habitaban en la montaña del
Líbano, desde el monte de Baal Hermón hasta HISTORIA
FRAGMENTARIA Y ANECDÓTICA DE LOS JUECES Después de su llegada a
Canaán, las tribus israelitas tuvieron que afrontar una larga lucha para
afianzar su dominio sobre los territorios ocupados. En los momentos más
críticos de esa lucha lenta y penosa, surgieron los "salvadores"
suscitados por el espíritu del Señor. El recuerdo de sus hazañas impresionó
vivamente la imaginación del pueblo, y dio origen a las tradiciones que luego
fueron recopiladas en el libro de los Jueces. La índole de estas
tradiciones es bastante diversa. A veces relatan una acción militar de cierta
envergadura, como la llevada a cabo por Débora y Barac; otras se refieren a
episodios aislados, en el ámbito de un clan, de una tribu o de un grupo reducido
de tribus vecinas. Merecidamente célebres por su calidad literaria son las
tradiciones relativas a Sansón, el héroe fabuloso de fuerza sobrehumana, a
quien los filisteos no lograron vencer ni en la vida ni en la muerte. En la redacción final
del Libro, los hechos relatados ilustran la verdad que se trata de inculcar
una y otra vez a lo largo de la obra: cuando Israel es infiel al Dios de Otniel, vencedor de Edóm 7 Los israelitas hicieron lo que es malo a los ojos
del Señor: se olvidaron del Señor, su Dios, y sirvieron a los Baales y a las
Aserás. 8 La ira del Señor se encendió contra Israel, y los entregó a Cusán
Riseataim, rey de Edóm, a quien estuvieron sometidos durante ocho años. 9 Los
israelitas clamaron al Señor, y él hizo surgir un salvador que los libró.
Este fue Otniel, hijo de Quenaz y hermano menor de Caleb. 10 El espíritu del
Señor descendió sobre Otniel: él fue juez en Israel y salió a combatir. El
Señor entregó en sus manos a Cusán Riseataim, rey de Edóm, y su mano
prevaleció sobre él. 11 Así hubo paz en el país durante cuarenta años.
Después murió Otniel, hijo de Quenaz. Ehúd, vencedor de Moab 12 Los israelitas volvieron a hacer lo que es malo a
los ojos del Señor. Entonces el Señor dio poder a Eglón, rey de Moab, sobre
Israel, porque ellos hacían lo que es malo a los ojos del Señor. 13 Después
de aliarse con los amonitas y los amalecitas, Eglón atacó y derrotó a Israel,
y se apoderó de la ciudad de las Palmeras. 14 Así los israelitas estuvieron
sometidos a Eglón, rey de Moab, durante dieciocho años. 15 Los israelitas clamaron al Señor, y él hizo
surgir como salvador a Ehúd, hijo de Guerá, de la tribu de Benjamín, que era
zurdo. Ellos le encargaron que llevara el tributo a Eglón, rey de Moab. 16
Ehúd se hizo un puñal de doble filo de un codo de largo, y se lo ciñó debajo
de la ropa, sobre el lado derecho. 17 Luego fue a presentar el tributo a
Eglón, rey de Moab, que era un hombre muy obeso. 18 Apenas terminó de
presentar el tributo, Ehúd despidió a la gente que había transportado la
carga, 19 y él, al llegar a los Ídolos que están junto a Guilgal, volvió a
presentarse delante del rey y le dijo: "Rey, tengo que comunicarte un
asunto confidencial". El rey dijo: "Retírense todos". Y todos
los que estaban con él salieron de su presencia. 20 Cuando entró Ehúd, el rey
se encontraba en la habitación de arriba, que era más fresca y estaba
reservada para él solo. Ehúd le dijo: "Tengo que comunicarte un oráculo
divino". El rey se levantó de su trono. 21 Entonces Ehúd extendió su
mano izquierda, tomó el puñal que llevaba sobre el lado derecho, y lo clavó
en el vientre del rey. 22 La hoja se hundió hasta le empuñadura y quedó
totalmente cubierta por la grasa, porque Ehúd no extrajo el puñal del
vientre. 23 Después de atrancar las puertas de la habitación
alta, Ehúd salió por la ventana. 24 En seguida, llegaron los servidores y
vieron que las puertas de la habitación alta estaban atrancadas. Entonces
dijeron: "Seguramente está haciendo sus necesidades en la habitación
ventilada". 25 Esperaron hasta cansarse y al ver que no abría la puerta,
tomaron la llave, abrieron y encontraron a su señor muerto en el suelo. 26 Mientras ellos esperaban ansiosamente, Ehúd había
logrado escapar: después de pasar por el lugar llamado los Ídolos, se había
puesto a salvo en Seirá. 27 Apenas llegó al territorio de Israel, tocó el
cuerno en la montaña de Efraím y los israelitas bajaron de la montaña junto
con él. Ehúd iba al frente, 28 y les dijo: "Síganme, porque el Señor les
ha entregado a Moab, el enemigo de ustedes". Ellos lo siguieron,
ocuparon los vados del Jordán que estaban en Moab, y no dejaron pasar a
nadie. 29 En aquella ocasión derrotaron a los moabitas, que eran cerca de
diez mil hombres, todos fuertes y aguerridos. No pudo escapar ni uno solo. 30
Así fue humillado Moab bajo la mano de Israel, y hubo paz en el país durante
ochenta años. Samgar, vencedor de los filisteos 31 Después de él vino Samgar, hijo de Anat, que
derrotó a seiscientos filisteos con una picana de bueyes. Él también salvó a
Israel. Débora y Barac:la opresión de los cananeos 4 1
Después que murió Ehúd, los israelitas volvieron a hacer lo que es malo a los
ojos del Señor, 2 y él los entregó en manos de Iabín, rey de Canaán, que
reinaba en Jasor. El jefe de su ejército era Sísara, que vivía en Jaróset Ha
Goím. 3 Los israelitas clamaron al Señor, porque Iabín tenía novecientos
carros de hierro y había oprimido duramente a los israelitas durante veinte
años. 4 En aquel tiempo, juzgaba a Israel una profetisa
llamada Débora, esposa de Lapidot. 5 Ella se sentaba debajo de la palmera de
Débora, entre Ramá y Betel, en la montaña de Efraím, y los israelitas acudían
a ella para resolver sus litigios. 6 Débora mandó llamar de Quédes de Neftalí
a Barac, hijo de Abi-nóam, y le dijo: "El Señor, el Dios de Israel, te
ordena lo siguiente: ‘Ve a reunir en el monte Tabor a diez mil hombres de la
tribu de Neftalí y de la tribu de Zabulón. 7 Yo atraeré hacia ti, al torrente
Quisón, a Sísara, jefe del ejército de Iabín, con sus carros y sus tropas, y
los pondré en tus manos’". 8 Barac le respondió: "Si tú vienes
conmigo, iré; pero si no vienes, no iré". 9 Ella le dijo: "Yo iré
contigo; pero entonces la gloria de la campaña que vas a emprender no será
para ti, porque el Señor pondrá a Sísara en manos de una mujer". Débora
fue a Quédes junto con Barac, 10 y él convocó en Quédes a Zabulón y a
Neftalí. Lo siguieron diez mil hombres, y también Débora subió con él. 11 Jéber, el quenita, se había separado de Caín, de
los descendientes de Jobab, el suegro de Moisés, y había extendido su
campamento hasta la encina de Saananím, cerca de Quédes. La derrota y la muerte de Sísara 12 Cuando informaron a Sísara que Barac, hijo de
Abinóam, había subido al monte Tabor, 13 aquel reunió todos sus carros de
guerra –novecientos carros de hierro– y a toda la gente de que disponía, y
los condujo desde Jaróset Ha Goím hasta el torrente de Quisón. 14 Débora dijo
a Barac: "Levántate, porque ha llegado el día en que el Señor pondrá en
tus manos a Sísara. El Señor va delante de ti". Entonces Barac bajó del
monte Tabor, al frente de los diez mil hombres, 15 y el Señor hizo que
Sísara, todos sus carros y todo su ejército huyeran despavoridos delante de
Barac. Sísara se bajó de su carro de guerra y huyó a pie. 16 Barac persiguió
a los carros y al ejército hasta Jaróset Ha Goím, y todo el ejército de
Sísara cayó al filo de la espada. No quedó ni un solo sobreviviente. 17 Mientras tanto, Sísara huyó a pie hasta la carpa
de Jael, la esposa de Jéber, el quenita, porque Iabín, rey de Jasor, y el
clan de Jéber, el quenita, estaban en buenas relaciones. 18 Jael le salió al
encuentro y le dijo: "Ven, señor mío, pasa por aquí. No temas". Él
entró en su carpa, y ella lo tapó con una manta. 19 Él le dijo: "Por
favor, dame un poco de agua, porque tengo sed". Ella abrió un recipiente
donde había leche y le dio de beber. Luego lo volvió a cubrir. 20 Él le
siguió diciendo: "Quédate a la entrada de la carpa, y si viene alguien y
te pregunta: ‘¿Hay aquí algún hombre?’, respóndele que no". 21 Pero
Jael, la esposa de Jéber, sacó una estaca de la carpa, tomó en su mano un
martillo y, acercándose a él sigilosamente, le clavó la estaca en la sien,
hasta hundirla en la tierra. Sísara estaba profundamente dormido, agotado por
el cansancio. Cuando ya estaba muerto, 22 llegó Barac, que venía persiguiendo
a Sísara. Jael le salió al encuentro y le dijo: "Ven y te mostraré al
hombre que buscas". Él entró junto con ella, y vio a Sísara que yacía
muerto, con la estaca clavada en la sien. 23 Así humilló Dios aquel día a Iabín, rey de
Canaán, delante de los israelitas. 24 El dominio de los israelitas sobre
Iabín, rey de Canaán, se fue haciendo cada vez más fuerte, hasta que lo
exterminaron por completo. El canto de Débora y Barac: Preludio 5 1 Aquel
día, Débora y Barac entonaron este canto: 2 "Porque en Israel van con los cabellos
sueltos, porque el pueblo se ofreció voluntariamente, ¡bendigan al Señor! 3 ¡Escuchen, reyes! ¡Presten oído, príncipes! Yo voy a cantar, voy a cantar al Señor, celebraré al Señor, el Dios de Israel. 4 Señor, cuando tú saliste de Seír, cuando avanzabas desde las estepas de Edóm, tembló la tierra, fluyeron los cielos, y hasta las nubes se deshicieronen torrentes; 5 se diluyeron las montañas, delante del Señor –el del Sinaí– delante del Señor, el Dios de Israel. La situación de Israel antes de la batalla 6 En los días de Samgar, hijo de Anat, en los días de Jael, estaban desiertos los caminos; los que antes iban por los senderos tomaban por sendas desviadas. 7 Ya no había más jefes, no había ni uno solo en Israel, hasta que te levantaste tú, Débora, hasta que te levantaste tú, madre en Israel. 8 La gente elegía dioses nuevos, la guerra ya estaba a las puertas; no se veía ni un escudo ni una lanza entre cuarenta mil hombres de Israel. Invitación a celebrar la victoria con los voluntarios del pueblo. ¡Bendigan al Señor! 10 Ustedes, los que cabalganen asnas blancas, montados sobre tapices, y los que marchan por el camino, ¡atiendan bien! 11 ¡Escuchen a los arqueros
junto a los pozos de agua! Allí se narran los actos de justiciadel Señor, las gestas de su dominio en Israel, cuando el pueblo del Señor bajó a las Puertas. Las tribus reunidas para el combate 12 ¡Despierta, Débora, despierta! ¡Sí, despierta, entona un canto! ¡Arriba, Barac, llévate a tus cautivos, hijo de Abinóam! 13 Entonces bajó el resto de los nobles, el pueblo del Señor bajó en mi defensa con los
héroes. 14 Lo mejor de Efraím está en el valle, detrás de ti va Benjamín, entre tus tropas. De Maquir bajaron los caudillos, y de Zabulón, los que empuñanel bastón de mando. 15 Los príncipes de Isacarestán con Débora: sí, Isacar, firme junto a Barac, se lanza tras sus pasos en el valle. Reproches contra las tribus no combatientes Junto a los arroyos de Rubén hay grandes deliberaciones. 16 ¿Por qué estás sentado entre los corrales, oyendo los silbidos de los que arrean los rebaños? Junto a los arroyos de Rubén se hacen muchas indagaciones. 17 Galaad vive tranquilo al otro lado del Jordán y Dan ¿por qué se queda en las naves? Aser habita a la orilla del mar y vive tranquilo en sus embarcaderos. Elogio de Zabulón y Neftalí 18 Zabulón es un pueblo que desafía a la muerte, igual que Neftalí, sobre las alturas del campo. El relato de la batalla 19 Llegaron los reyes al combate: entonces combatieron los reyes de Canaán, en Taanac, junto a las aguas de Meguido, pero no recogieron plata como botín. 20 Desde el cielo combatieron las estrellas, desde sus órbitas combatieroncontra Sísara. 21 ¡El torrente Quisón los arrastró, el antiguo torrente, el torrente Quisón! ¡Avanza, alma mía, con denuedo! 22 Los cascos de los caballos
martillaron el suelo, al galope, al galope de sus corceles. 23 ¡Maldigan a Meroz, dice el Ángel del Señor, sí, maldigan a sus habitantes! Porque no acudieron en auxilio del Señor, en auxilio del Señor, junto a los héroes. La muerte de Sísara 24 ¡Bendita entre las mujeres sea Jael, la mujer de Jéber, el quenita! ¡Bendita entre las mujeres que habitan en carpas! 25 Sísara pidió agua, ella le dio leche, le ofreció cuajada en taza de príncipes. 26 Extendió su mano hacia la estaca, y su derecha, hacia el martillo de los trabajadores; martilló a Sísara, le partió la cabeza, le machacó y le atravesó la sien. 27 Él se desplomó a sus pies, cayó y quedó tendido; se desplomó, cayó a sus pies, allí donde se desplomó, yace aniquilado. La consternación de la madre de Sísara 28 La madre de Sísara se asoma por la ventana, a través del enrejado, y se lamenta: ‘¿Por qué tarda en llegar su carro? ¿Por qué se han retrasado sus carros de combate?’. 29 La más sagaz de sus princesas le responde, y ella misma se repite estas palabras: 30 ‘Seguro que están recogiendo y repartiendo el
botín; una cautiva, dos cautivaspara cada guerrero, paños de colores como botínpara Sísara, una tela, dos telas recamadas para mi cuello’. Conclusión 31 ¡Que así desaparezcan todos tus enemigos, Señor, y los que te aman sean como el sol cuando despunta con toda su fuerza!". Y hubo paz en el país durante cuarenta años. Gedeón y Abimélec:la opresión de los madianitas 6 1 Los
israelitas hicieron lo que es malo a los ojos del Señor, y él los entregó en
manos de Madián durante siete años. 2 Los madianitas oprimieron a Israel, y
para librarse de ellos, los israelitas se hicieron escondites en las cuevas
de las montañas, en las cavernas y en los lugares escarpados. 3 Cada vez que
Israel sembraba, venían los madianitas, los amalecitas y los Orientales, y
los invadían. 4 Acampaban frente a ellos y destruían los productos del suelo
hasta los confines de Gaza. No dejaban víveres, ovejas, bueyes ni asnos en
Israel, 5 porque subían con su ganado y sus tiendas de campaña, y eran
numerosos como langostas. Tanto ellos como sus camellos eran incontables, y
entraban en el país para devastarlo. 6 Israel quedó muy debilitado a causa de
Madián, y los israelitas clamaron al Señor. Intervención de un profeta 7 Cuando los israelitas clamaron al Señor a causa de
Madián, 8 el Señor les envió un profeta, que les habló en estos términos:
"Así habla el Señor, el Dios de Israel: Yo los hice subir de Egipto y
los saqué de un lugar de esclavitud; 9 los libré del poder de los egipcios y
de las manos de sus opresores. Los expulsé a ellos para entregarles a ustedes
su territorio. 10 Y también les dije: ‘Yo soy el Señor, su Dios. No adoren a
los dioses de los amorreos, en cuyo territorio habitan’. Pero ustedes no
escucharon mi voz". Vocación de Gedeón 11 El Ángel del Señor fue a sentarse bajo la encina
de Ofrá, que pertenecía a Joás de Abiézer. Su hijo Gedeón estaba moliendo
trigo en el lagar, para ocultárselo a los madianitas. 12 El Ángel del Señor
se le apareció y le dijo: "El Señor está contigo, valiente
guerrero". 13 "Perdón, señor, le respondió Gedeón; pero si el Señor
está con nosotros, ¿por qué nos sucede todo esto? ¿Dónde están todas esas
maravillas que nos contaron nuestros padres, cuando nos decían: ‘El Señor nos
hizo subir de Egipto’? Pero ahora él nos ha desamparado y nos ha entregado en
manos de Madián". 14 El Señor se volvió hacia él y le dijo: "Ve,
y con tu fuerza salvarás a Israel del poder de los madianitas. Soy yo el que
te envío". 15 Gedeón le respondió: "Perdón, Señor, pero ¿cómo voy a
salvar yo a Israel, si mi clan es el más humilde de Manasés y yo soy el más
joven en la casa de mi padre?". 16 "Yo estaré contigo, le dijo el
Señor, y tú derrotarás a Madián como si fuera un solo hombre". 17
Entonces Gedeón respondió: "Señor, si he alcanzado tu favor, dame una
señal de que eres realmente tú el que está hablando conmigo. 18 Te ruego que
no te muevas de aquí hasta que yo regrese. En seguida traeré mi ofrenda y la
pondré delante de ti". El Señor le respondió: "Me quedaré hasta que
vuelvas". 19 Gedeón fue a cocinar un cabrito y preparó unos
panes sin levadura con una medida de harina. Luego puso la carne en una
canasta y el caldo en una olla; los llevó debajo de la encina y se los
presentó. 20 El Ángel del Señor le dijo: "Toma la carne y los panes
ácimos, deposítalos sobre esta roca y derrama sobre ellos el caldo". Así
lo hizo Gedeón. 21 Entonces el Ángel del Señor tocó la carne y los panes
ácimos con la punta del bastón que llevaba en la mano, y salió de la roca un
fuego que los consumió. En seguida el Ángel del Señor desapareció de su
vista. 22 Gedeón reconoció entonces que era el Ángel del Señor, y exclamó:
"¡Ay de mí, Señor, porque he visto cara a cara al Ángel del
Señor!". 23 Pero el Señor le respondió: "Quédate en paz. No temas,
no morirás". 24 Gedeón erigió allí un altar al Señor y lo llamó:
"El Señor es la paz". Todavía hoy se encuentra ese altar en Ofrá de
Abiézer. Destrucción del altar del Baal 25 Aquella misma noche, el Señor dijo a Gedeón:
"Toma el novillo de tu padre y otro toro de siete años. Luego destruirás
el altar del Baal que pertenece a tu padre y cortarás el poste sagrado que
está junto a él. 26 Después edificarás al Señor, tu Dios, en la cima de esta
altura escarpada, un altar muy bien construido. Entonces tomarás el otro toro
y lo ofrecerás en holocausto, con la leña del poste sagrado". 27 Gedeón reunió a diez de sus servidores e hizo lo
que el Señor le había dicho. Pero por temor a su familia y a la gente de la
ciudad, en lugar de hacerlo de día, lo hizo durante la noche. Preparativos para el combate 33 Todo Madián, Amalec y los Orientales se reunieron
de común acuerdo, cruzaron el Jordán y acamparon en la llanura de Izreel. 34
Entonces el espíritu del Señor descendió sobre Gedeón: él tocó la trompeta, y
los de Abiézer se reunieron detrás de él. 35 Envió mensajeros por todo el
territorio de Manasés, y ellos también se le unieron. Lo mismo hizo en Aser,
en Zabulón y en Neftalí, y todos ellos acudieron al encuentro. La prueba del vellón de lana 36 Gedeón dijo a Dios: "Si realmente vas a
salvar a Israel por mi intermedio, como lo has prometido, concédeme esto: 37
Yo voy a tender un vellón de lana sobre la era; si cae rocío solamente sobre
el vellón, y todo el resto queda seco, sabré que tú salvarás a Israel por mi
intermedio, como lo has dicho". 38 Así sucedió: Gedeón se levantó de
madrugada, exprimió el vellón para sacarle el rocío y llenó con él una copa
de agua. 39 Después dijo a Dios: "No te enojes conmigo si me atrevo a
hablarte nuevamente. Quisiera hacer otra prueba con el vellón: Que sólo el vellón
quede seco y todo el suelo se cubra de rocío". 40 Así lo hizo Dios
aquella noche: sólo el vellón quedó seco, mientras que el suelo estaba
cubierto de rocío. La reducción del ejército de Gedeón 7 4 Luego el Señor dijo a Gedeón: "Hay todavía
demasiada gente; ordénales que bajen hasta el borde del agua, y allí te los
pondré a prueba. Irán contigo solamente los que yo te indique; los otros no
te acompañarán". 5 Gedeón hizo que la gente bajara hasta el agua, y el
Señor le dijo: "A todos los que beban con la lengua, como lamen los
perros, los pondrás de un lado; y a todos los que se arrodillen para beber,
los pondrás del otro". 6 Los que lamieron el agua llevándosela a la
boca, fueron trescientos; el resto de la tropa, en cambio, se arrodilló para
beber. 7 El Señor dijo a Gedeón: "Yo los voy a salvar con estos
trescientos hombres y pondré a Madián en tus manos. Que el grueso de la tropa
regrese cada uno a su casa". 8 Los trescientos hombres recogieron los
cántaros de toda la tropa, y también sus trompetas, mientras Gedeón despedía
a los otros israelitas, quedándose sólo con esos trescientos. El campamento
de Madián estaba en el valle, debajo del suyo. Presagio de la victoria 9 Aquella noche, el Señor dijo a Gedeón: "Baja
ahora mismo contra el campamento de Madián, porque lo he puesto en tus manos.
10 Si tienes miedo de atacar, baja tú primero con tu servidor Purá 11 y
escucha lo que dicen. Así tendrás valor y atacarás el campamento".
Gedeón bajó acompañado de Purá, su servidor, hasta el extremo del campamento,
donde estaban los puestos de guardia. 12 Madián, Amalec y todos los Orientales que habían
irrumpido en el valle eran numerosos como langostas, y sus camellos eran
incontables, como la arena de la playa. 13 Cuando llegó Gedeón, oyó que un
hombre le estaba contando un sueño a su compañero. "Tuve un sueño, le
decía; vi que una galleta de cebada venía rodando por el campamento de
Madián. Al llegar a una carpa, chocó contra ella y la volteó, de manera que
la carpa cayó por tierra". 14 Su compañero le respondió: "Esto no
significa otra cosa que la espada de Gedeón, hijo de Joás, el hombre de
Israel. Dios ha puesto en sus manos a Madián y todo su campamento". 15
Cuando Gedeón oyó el relato del sueño y su interpretación, se postró para
adorar. Luego regresó al campamento de Israel, y dijo: "¡Arriba! El
Señor ha puesto en manos de ustedes el campamento de Madián". Derrota y persecución de Madián 16 Gedeón dividió a los trescientos hombres en tres
cuerpos, y distribuyó entre ellos trompetas y cántaros vacíos, con antorchas
dentro de los cántaros. 17 Después dijo: "Fíjense bien en lo que yo
hago, y hagan ustedes lo mismo. Cuando llegue al extremo del campamento,
hagan lo mismo que yo. 18 Yo y todos mis compañeros tocaremos las trompetas;
entonces también ustedes tocarán las trompetas alrededor del campamento y
gritarán: ‘¡Por el Señor y por Gedeón!’". 19 Gedeón y los cien hombres que lo acompañaban
llegaron al extremo del campamento al comienzo de la guardia de la
medianoche. Cuando se acababa de hacer el relevo de los centinelas, ellos
tocaron las trompetas y rompieron los cántaros que llevaban en la mano. 20
Los tres cuerpos de la tropa hicieron lo mismo. Tenían las antorchas en la mano
izquierda, y con la derecha tocaban las trompetas. Y todos gritaban:
"¡Por el Señor y por Gedeón!". 21 Cada uno permanecía quieto en su
respectivo lugar, alrededor del campamento. Entonces se despertó todo el
campamento, y se dieron a la fuga lanzando alaridos. 22 Mientras los
trescientos hombres tocaban las trompetas, el Señor hizo que en todo el
campamento volvieran la espada unos contra otros. La tropa huyó hasta Bet
Sitá, hacia Sartán, hasta la orilla de Abel Mejolá, frente a Tabat. 23 Entonces se reunieron los hombres de Israel,
procedentes de Neftalí, de Aser y de todo Manasés, y persiguieron a Madián.
24 Gedeón envió mensajeros por toda la montaña de Efraím, para que dijeran:
"Bajen al encuentro de Madián y ocupen antes que ellos los vados hasta
Bet Bará y el Jordán". Los hombres de Efraím se reunieron y ocuparon los
vados hasta Bet Bará y el Jordán. 25 Así tomaron prisioneros a los dos jefes
madianitas, Oreb y Zeeb; al primero lo mataron en la peña de Oreb, y al
segundo, en el lagar de Zeeb. Luego de perseguir a Madián, presentaron a
Gedeón, que estaba al otro lado del Jordán, las cabezas de Oreb y Zeeb. Reproche de Efraím a Gedeón 8 1 La
gente de Efraím dijo a Gedeón: "¿Qué nos has hecho? ¿Por qué no nos
llamaste cuando fuiste a combatir contra Madián?". Y se lo reprocharon
violentamente. 2 Pero él les respondió: "¿Qué hice yo comparado con lo
que hicieron ustedes? Un solo racimo de Efraím vale más que toda la vendimia
de Abiézer. 3 Dios puso en manos de ustedes a los jefes de Madián, Oreb y
Zeeb. Comparado con esto, ¿qué he logrado hacer yo?". Después que les
dijo estas palabras, se calmó su animosidad contra él. Persecución y derrotade Zébaj y Salmuná 4 Gedeón llegó hasta el Jordán y lo cruzó. Él y los
trescientos hombres que lo acompañaban estaban cansados y hambrientos. 5
Entonces dijo a la gente de Sucot: "Por favor, traigan un poco de pan
para la tropa que me acompaña, porque están agotados de cansancio, y yo estoy
persiguiendo a Zébaj y a Salmuná, reyes de Madián". 6 Pero los jefes de
Sucot le respondieron: "¿Acaso tienes prisioneros a Zébaj y a Salmuná
para que le demos pan a tu ejército?". 7 "Está bien, respondió
Gedeón; cuando el Señor ponga en mis manos a Zébaj y a Salmuná, desgarraré la
carne de ustedes con espinas y cardos del desierto". 8 De allí subió a
Penuel y les hizo el mismo pedido. Pero la gente de Penuel le respondió lo
mismo que la gente de Sucot. 9 Entonces Gedeón dijo a los de Penuel:
"Cuando vuelva victorioso, derribaré esta torre". 10 Zébaj y Salmuná estaban en Carcor con su ejército.
Eran unos quince mil hombres, es decir, todos los sobrevivientes del
campamento de los Orientales. Los que habían caído eran ciento veinte mil
armados de espada. 11 Gedeón subió por el camino de los nómadas, al este de
Nóbaj y de Iogbohá, y derrotó al ejército, cuando ya se creían seguros. 12
Zébaj y Salmuná, reyes de Madián, trataron de huir, pero Gedeón los
persiguió, los capturó a los dos y sembró el pánico en todo el ejército. La venganza de Gedeón 13 Después del combate, Gedeón, hijo de Joás,
regresó por la pendiente de Jares. 14 Entonces detuvo a un joven de Sucot, lo
interrogó, y él le dio por escrito los nombres de los jefes y los ancianos de
Sucot. Eran setenta y siete hombres. 15 Luego se presentó ante los hombres de
Sucot y les dijo: "Aquí están Zébaj y Salmuná, los hombres por los que
ustedes se burlaron de mí, diciendo: ‘¿Acaso ya tienes en tu poder a Zébaj y
Salmuná para que les demos pan a tus tropas hambrientas?’". 16 Después
tomó a los ancianos de la ciudad, recogió espinas y cardos del desierto e
hirió con ellos a los hombres de Sucot. 17 También derribó la torre de Penuel
y mató a los hombres de la ciudad. 18 Gedeón dijo a Zébaj y a Salmuná: "¿Cómo eran
los hombres que ustedes mataron en el Tabor?". "Se parecían a ti,
respondieron ellos; todos tenían aspecto de príncipes". 19 Gedeón les
respondió: "Ellos eran mis hermanos, hijos de mi madre. ¡Juro por la
vida del Señor, que si ustedes les hubieran perdonado la vida, ahora no los
mataría!". 20 Entonces dijo a Iéter, su hijo mayor: "Mátalos aquí
mismo". Pero el muchacho tuvo miedo de sacar la espada, porque todavía
era muy joven. 21 Zébaj y Salmuná dijeron: "Mátanos tú, porque un hombre
se mide por su valor". Gedeón se levantó, mató a Zébaj y a Salmuná, y se
guardó los adornos que sus camellos llevaban en el cuello. Propuesta de los israelitas a Gedeón 22 Los hombres de Israel dijeron a Gedeón:
"Gobiérnanos tú, y que después de ti nos gobiernen tu hijo y tu nieto,
porque nos salvaste del poder de Madián". 23 Pero Gedeón les respondió: "Ni yo los
gobernaré ni tampoco mi hijo; sólo el Señor los gobernará". 24 Luego
añadió: "Les voy a pedir una cosa: que cada uno me dé un anillo de lo
que le ha tocado como botín". Porque los vencidos eran ismaelitas, y por
eso tenían anillos de oro. 25 "Te los daremos con mucho gusto",
respondieron ellos. Entonces él extendió su manto, y cada israelita depositó
en él un anillo de su botín. 26 El peso de los anillos que recogió fue de mil
setecientos siclos de oro, sin contar los prendedores, los aros y los vestidos
de púrpura que llevaban los reyes de Madián, y sin contar tampoco los
collares de los camellos. 27 Con todo eso, Gedeón hizo un efod, y lo instaló
en su ciudad, en Ofrá. Todo Israel fue a prostituirse allí, delante del efod,
que se convirtió en una trampa para Gedeón y su familia. Muerte de Gedeón 28 Madián quedó humillado delante de los israelitas,
y no volvió a levantar cabeza. El país estuvo tranquilo durante cuarenta
años, mientras vivió Gedeón. 29 Ierubaal, hijo de Joás, se fue y permaneció
en su casa. 30 Gedeón tuvo setenta hijos propios, porque tenía muchas
mujeres. 31 La concubina que tenía en Siquém también le dio un hijo, a quien
puso el nombre de Abimélec. 32 Gedeón, hijo de Joás, murió después de una
feliz vejez, y fue enterrado en la tumba de su padre Joás, en Ofrá de
Abiézer. Nuevas infidelidades de Israel 33 Después de la muerte de Gedeón, los israelitas
volvieron a prostituirse ante los Baales y tomaron como dios a Baal Berit. 34
Así se olvidaron del Señor, su Dios, que los había librado de todos los
enemigos de alrededor. 35 Y no agradecieron a la casa de Ierubaal Gedeón todo
el bien que él había hecho a Israel. La coronación de Abimélec 9 1
Abimélec, hijo de Ierubaal, fue a Siquém, donde estaban los hermanos de su
madre, y les dijo a ellos y a todo el clan de la casa paterna de su madre: 2
"Digan a todos los señores de Siquém: ‘¿Qué es mejor para ustedes, que
los gobiernen setenta hombres –todos los hijos de Ierubaal– o que los gobierne
uno solo? Recuerden además que yo soy de la misma sangre que ustedes’".
3 Los hermanos de su madre comunicaron estas palabras de Abimélec a los
señores de Siquém, y estos se pusieron de parte de él, porque decían:
"Es nuestro hermano". 4 Luego le dieron setenta siclos de plata del
templo de Baal Berit, con los que Abimélec contrató a unos hombres vagos y
aventureros, que le sirvieron de escolta. 5 En seguida entró en la casa de su
padre, en Ofrá, y mató a sus hermanos, los setenta hijos de Ierubaal, sobre
una misma piedra. Sólo escapó Jotám, el hijo menor de Ierubaal, porque logró
esconderse. 6 Entonces se reunieron todos los señores de Siquém y todo Bet
Miló, y fueron a proclamar rey a Abimélec, junto a la encina de la piedra
conmemorativa que está en Siquém. La fábula de Jotám 7 Cuando le llevaron la noticia a Jotám, este se
puso en la cima del monte Garizím, y gritó con voz potente: "Escúchenme,
señores de Siquém, y que Dios los escuche a ustedes: 8 Los árboles se pusieron en camino para ungir a un rey que los gobernara. Entonces dijeron al olivo: ‘Sé tú nuestro rey’. 9 Pero el olivo les respondió: ‘¿Voy a renunciar a mi aceite con el que se honra a los dioses y a los hombres, para ir a mecerme por encima de los árboles?’. 10 Los árboles dijeron a la higuera: ‘Ven tú a reinar sobre nosotros’. 11 Pero la higuera les respondió: ‘¿Voy a renunciar a mi dulzura y a mi sabroso fruto, para ir a mecerme por encima de los árboles?’. 12 Los árboles le dijeron a la vid: ‘Ven tú a reinar
sobre nosotros’. 13 Pero la vid les respondió: ‘¿Voy a renunciar a mi mosto que alegra a los dioses y a los hombres, para ir a mecerme por encima de los árboles?’. 14 Entonces, todos los árboles dijeron a la zarza: ‘Ven tú a reinar sobre nosotros’. 15 Pero la zarza respondió a los árboles: ‘Si de veras quieren ungirme para que reine sobre ustedes, vengan a cobijarse bajo mi sombra; de lo contrario, saldrá fuego de la zarza y consumirá los cedros del Líbano’. 16 Y ahora, díganme: ¿Han obrado ustedes con
sinceridad y lealtad al proclamar rey a Abimélec? ¿Se han portado bien con
Ierubaal y con su familia, y lo han tratado como se merecía? 21 Después Jotám huyó para ponerse a salvo, y se
estableció en Beer, lejos de su hermano Abimélec. Rebelión de los siquemitascontra Abimélec 22 Abimélec gobernó tres años en Israel. 23 Pero
Dios envió un espíritu de discordia entre Abimélec y los señores de Siquém, y
estos traicionaron a Abimélec. 24 Así debía ser castigado el crimen cometido
contra los setenta hijos de Ierubaal, y su sangre debía recaer sobre su
hermano Abimélec, que los había matado, y sobre los señores de Siquém, que
habían sido cómplices en la matanza de sus hermanos. 25 Por eso, los señores
de Siquém preparaban emboscadas contra él en las cimas de los montes, y
saqueaban a todos los que pasaban por allí. Abimélec fue informado de todo
esto. 26 Una vez, Gaal, hijo de Ebed, pasó por Siquém
junto con sus hermanos, y se ganó la confianza de los señores de Siquém. 27
Estos salieron al campo a vendimiar, pisaron las uvas, hicieron festejos y
entraron en el templo de su dios. Después de comer y beber, maldijeron a
Abimélec. 28 Entonces Gaal, hijo de Ebed, exclamó: "¿Qué autoridad tiene
Abimélec sobre Siquém para que le estemos sometidos? ¿El hijo de Ierubaal, y
Zebul, su lugarteniente, no han estado sometidos a la gente de Jamor, el
padre de Siquém? ¿Por qué tenemos que estar sometidos a ellos? 29 ¡Si
pusieran a este pueblo en mis manos, yo expulsaría a Abimélec, desafiándolo a
que refuerce su ejército y salga a combatir!". 30 Zebul, el gobernador de la ciudad, al enterarse
de las palabras de Gaal, hijo de Ebed, se enfureció 31 y envió disimuladamente
mensajeros a Arumá, donde estaba Abimélec, para avisarle: "Gaal, hijo de
Ebed, ha llegado a Siquém con sus hermanos, y está sublevando la ciudad
contra ti. 32 Por eso, ven durante la noche con toda la gente que tienes
contigo y quédate al acecho en campo abierto. 33 Por la mañana temprano,
apenas brille el sol, irrumpirás contra la ciudad. Y cuando Gaal con su gente
salga a enfrentarse contigo, lo tratarás como más convenga". 34 Abimélec salió durante la noche con toda su gente
y se puso al acecho cerca de Siquém, con su tropa dividida en cuatro grupos.
35 Cuando Gaal, hijo de Ebed, salió y se detuvo a las puertas de la ciudad,
Abimélec y la tropa que lo acompañaba salieron de los lugares donde estaban
al acecho. 36 Al ver las tropas, Gaal dijo a Zebul: "Mira esa gente que
baja de la cima de los montes". "Es la sombra de los montes, y a ti
te parecen hombres", le respondió Zebul. 37 Pero Gaal insistió: "Es
gente que baja por la ladera del Ombligo de 39 Gaal salió al frente de los señores de Siquém y
presentó batalla a Abimélec. 40 Abimélec lo persiguió: Gaal emprendió la
retirada y muchos cayeron muertos antes de llegar a la puerta de la ciudad.
41 Abimélec regresó a Arumá, y Zebul expulsó de Siquém a Gaal y a sus
hermanos, impidiéndoles habitar allí. Destrucción de Siquém 42 Al día siguiente, la gente de Siquém se puso en
campaña. Cuando Abimélec recibió la noticia, 43 reunió sus tropas, las
dividió en tres grupos y se puso al acecho en el campo. Al ver que la gente
salía de la ciudad, irrumpió contra ellos y los derrotó. 44 Después, Abimélec
y el grupo que lo acompañaba volvieron a atacar, y tomaron posiciones frente
a la puerta de la ciudad. Mientras tanto, los otros dos grupos se lanzaron
contra los que estaban en el campo y los derrotaron. 45 Abimélec atacó la
ciudad durante todo el día. Cuando la tomó, mató a la población, arrasó la
ciudad y esparció sal sobre ella. Destrucción de Migdal Siquém 46 Al enterarse, los señores de Migdal Siquém, se
refugiaron en la cripta del templo de El Berit. 47 Cuando Abimélec recibió la
noticia de que todos los señores de Migdal Siquém estaban en un solo lugar,
48 subió al monte Salmón con todas sus tropas; y tomando un hacha, cortó una
rama de árbol, se la puso al hombro, y dijo a las tropas que lo acompañaban:
"¡Apúrense! Hagan lo mismo que yo". 49 Cada uno de sus hombres
cortó una rama y todos fueron detrás de Abimélec. Después cubrieron la cripta
con las ramas y les prendieron fuego. Así murieron también los habitantes de
Migdal Siquém, unos mil hombres y mujeres. Asedio de Tebes y muerte de Abimélec 50 Luego Abimélec marchó contra Tebes, la asedió y
la conquistó. 51 En medio de la ciudad había una torre fortificada, y todos
los habitantes de la ciudad, hombres y mujeres, se refugiaron en ella. La
cerraron por dentro y se subieron a la parte más alta de la torre. 52
Abimélec se adelantó para atacar la torre y llegó hasta la puerta con la
intención de prenderle fuego. 53 Pero una mujer le arrojó una rueda de molino
sobre la cabeza y le partió el cráneo. 54 Él llamó en seguida a su escudero y
le dijo: "Desenvaina tu espada y mátame, para que no se pueda decir que
me mató una mujer". Entonces el escudero lo atravesó con su espada y él
murió. 55 Al ver que Abimélec estaba muerto, los hombres de Israel regresaron
cada uno a su lugar. 56 Dios hizo recaer sobre Abimélec el crimen que
había cometido contra su padre, cuando mató a sus setenta hermanos. 57 Y
también hizo que toda la maldad de la gente de Siquém recayera sobre ellos
mismos. Así se cumplió la maldición que Jotám, hijo de Ierubaal, había
pronunciado contra ellos. Los Jueces menores: Tolá 10 1
Después de Abimélec, surgió Tolá, hijo de Puá, hijo de Dodó, para salvar a
Israel. Era de Isacar, pero vivía en Samir, en la montaña de Efraím. 2 Él
juzgó a Israel durante veintitrés años. Cuando murió, fue sepultado en Samir. Iaír 3 Después de él, surgió Iaír, de Galaad. Él juzgó a
Israel durante veintidós años. 4 Tenía treinta hijos, que iban montados en
treinta asnos y tenían treinta ciudades. Estas últimas se llaman todavía hoy
los Poblados de Iaír, y se encuentran en el territorio de Galaad. 5 Cuando
murió Iaír, lo sepultaron en Camón. La guerra de los amonitascontra Israel 6 Los israelitas volvieron a hacer lo que es malo a
los ojos del Señor, sirviendo a los Baales y a las Astartés, a los dioses de
Arám, de Sidón y de Moab, y a los dioses de los amonitas y de los filisteos.
Así abandonaron al Señor y dejaron de servirlo. 7 Entonces la ira del Señor
se encendió contra Israel, y él los entregó en manos de los filisteos y de
los amonitas. El arrepentimiento de los israelitas 10 Entonces los israelitas clamaron al Señor,
diciendo: "Hemos pecado contra ti, nuestro Dios, porque te hemos
abandonado para servir a los Baales". 11 Y el Señor dijo a los
israelitas: "Cuando los oprimieron los egipcios, los amorreos, los
amonitas, los filisteos, 12 los sidonios, los amalecitas y los madianitas,
ustedes clamaron hacia mí, y yo los salvé de su poder. Preparativos de Israel para combatir contra los
amonitas 17 Los amonitas se concentraron y fueron a acampar
en Galaad. También se reunieron los israelitas y pusieron su campamento en
Mispá. 18 Entonces el pueblo y los jefes de Galaad se dijeron unos a otros:
"¿Quién es el hombre que dirigirá el combate contra los amonitas? Él
quedará al frente de todos los habitantes de Galaad". Jefté 11 1
Jefté, el galaadita, era un guerrero valeroso. Galaad, su padre, lo había
tenido con una prostituta. 2 Pero como Galaad también tuvo hijos con su
esposa, estos, cuando se hicieron grandes, echaron a Jefté, diciéndole:
"Tú no participarás de la herencia en la casa de nuestro padre, porque
eres hijo de otra mujer". 3 Entonces Jefté huyó lejos de sus hermanos, y
se estableció en la región de Tob. Allí se le juntaron unos cuantos
aventureros, que lo acompañaban en sus correrías. 4 Al cabo de un tiempo, los amonitas hicieron la
guerra a Israel. 5 Y cuando iban a atacarlo, los ancianos de Galaad fueron a
la región de Tob a buscar a Jefté. 6 "Ven, le dijeron; tú serás nuestro
comandante en la lucha contra los amonitas". 7 Jefté les respondió:
"¿No son ustedes los que me odiaron hasta el punto de echarme de la casa
de mi padre? ¿Por qué acuden a mí ahora que están en un aprieto?". 8 Los
ancianos de Galaad dijeron a Jefté: "Si, de acuerdo. Pero ahora
recurrimos a ti para que vengas con nosotros a combatir contra los amonitas.
Tú serás nuestro jefe y el de todos los habitantes de Galaad". 9 Jefté les
respondió: "Si me hacen volver para luchar contra los amonitas y el
Señor me los entrega, yo seré el jefe de ustedes". 10 "El Señor nos
está escuchando, le respondieron los ancianos de Galaad. ¡Ay de nosotros si
no hacemos lo que tú has dicho!". 11 Jefté partió entonces con los
ancianos de Galaad, y el pueblo lo proclamó su jefe y comandante. En Mispá,
delante del Señor, Jefté reiteró todas las condiciones que había puesto. Tratativas de Jefté con los amonitas 12 Después, Jefté envió mensajeros al rey de los
amonitas, para decirle: "¿Qué tenemos que ver tú y yo, para que vengas a
atacarme en mi propio país?". 13 El rey de los amonitas respondió a los
mensajeros de Jefté: "Lo que pasa es que Israel, cuando subía de Egipto,
se apoderó de mi territorio desde el Arnón hasta el Iaboc y el Jordán. Ahora,
devuélvemelo por las buenas". 14 Jefté volvió a enviar mensajeros al rey de los
amonitas, 15 para decirle: "Así habla Jefté: Israel no se apoderó del
país de Moab ni del país de los amonitas. 16 Cuando subía de Egipto, caminó
por el desierto hasta el Mar Rojo y después llegó a Cades. 17 Entonces envió
mensajeros para que dijeran al rey de Edóm: ‘Por favor, déjame pasar por tu
país’. Pero el rey de Edóm no les hizo caso. También envió mensajeros al rey
de Moab; pero tampoco este quiso acceder, y entonces Israel se quedó en
Cades. 18 Luego tomó por el desierto, bordeando el territorio de Edóm y de
Moab, y así llegó hasta la parte oriental del país de Moab. Acampó al otro
lado del Arnón, sin violar la frontera de Moab, porque el Arnón está en el
límite de Moab. 19 Luego envió mensajeros a Sijón, el rey de los amorreos que
reinaba en Jesbón, y le dijo: ‘Por favor, déjame pasar por tu país hasta
llegar a mi destino’. 20 Pero Sijón, que desconfiaba de Israel, no lo dejó pasar
por su territorio, sino que reunió a toda su gente, acampó en Iahsá y atacó a
Israel. 21 El Señor, el Dios de Israel, entregó en manos de los israelitas a
Sijón con todas sus tropas. Israel los derrotó y ocupó todo el país de los
amorreos que habitaban en esa región. 22 Así ocuparon todo el territorio de
los amorreos, desde el Arnón hasta el Iaboc y desde el desierto hasta el
Jordán. 23 Y ahora que el Señor, el Dios de Israel, ha desposeído a los
amorreos delante de su pueblo Israel, ¿lo vas a desposeer tú a él? 24 ¿No
tienes acaso lo que te dio en posesión tu dios Quemós? Así también nosotros
tenemos todo lo que nos ha dado en posesión el Señor, nuestro Dios. 25 ¿Vas a
ser tú más que Balac, hijo de Sipor, rey de Moab? ¿Se atrevió él a entrar en
litigio con Israel o le hizo la guerra? 26 Cuando Israel se estableció en
Jesbón y sus poblados, en Aroer y sus poblados, y en todas las ciudades que
están a orillas del Arnón, hace ya trescientos años, ¿por qué ustedes no las
recuperaron? 27 Yo no te ofendí: eres tú el que procede mal conmigo si me
atacas. Que el Señor, el Juez, juzgue hoy quién tiene razón, si los
israelitas o los amonitas". 28 Pero el rey de los amonitas no tuvo en
cuenta lo que Jefté le había mandado decir. El voto y la victoria de Jefté 29 El espíritu del Señor descendió sobre Jefté, y
este recorrió Galaad y Manasés, pasó por Mispá de Galaad y desde allí avanzó
hasta el país de los amonitas. 30 Entonces hizo al Señor el siguiente voto:
"Si entregas a los amonitas en mis manos, 31 el primero que salga de la
puerta de mi casa a recibirme, cuando yo vuelva victorioso, pertenecerá al
Señor y lo ofreceré en holocausto". 32 Luego atacó a los amonitas, y el
Señor los entregó en sus manos. 33 Jefté los derrotó, desde Aroer hasta cerca
de Minit –eran en total veinte ciudades– y hasta Abel Queramím. Les infligió
una gran derrota, y así los amonitas quedaron sometidos a los israelitas. La inmolación de la hija de Jefté 34 Cuando Jefté regresó a su casa, en Mispá, le
salió al encuentro su hija, bailando al son de panderetas. Era su única hija;
fuera de ella, Jefté no tenía hijos ni hijas. 35 Al verla, rasgó sus
vestiduras y exclamó: "¡Hija mía, me has destrozado! ¿Tenías que ser tú
la causa de mi desgracia? Yo hice una promesa al Señor, y ahora no puedo retractarme".
36 Ella le respondió: "Padre, si has prometido algo al Señor, tienes que
hacer conmigo lo que prometiste, ya que el Señor te ha permitido vengarte de
tus enemigos, los amonitas". 37 Después añadió: "Sólo te pido un
favor: dame un plazo de dos meses para ir por las montañas a llorar con mis
amigas por no haber tenido hijos". 38 Su padre le respondió:
"Puedes hacerlo". Ella se fue a las montañas con sus amigas, y se
lamentó por haber quedado virgen. 39 Al cabo de los dos meses regresó, y su
padre cumplió con ella el voto que había hecho. La joven no había tenido
relaciones con ningún hombre. De allí procede una costumbre, que se hizo
común en Israel: 40 todos los años, las mujeres israelitas van a lamentarse
durante cuatro días por la hija de Jefté, el galaadita. La guerra entre Efraím y Galaad 12 1 Los
hombres de Efraím se reunieron, cruzaron el Jordán en dirección a Safón, y
dijeron a Jefté: "¿Por qué fuiste a combatir contra los amonitas y no
nos llamaste para que fuéramos contigo? Ahora vamos a prenderle fuego a tu
casa contigo adentro". 2 Pero Jefté les respondió: "Mi pueblo y yo
estábamos en un grave conflicto con los amonitas. Yo les pedí ayuda a
ustedes, pero no vinieron a salvarme. 3 Al ver que nadie venía en mi ayuda,
marché contra los amonitas arriesgando mi propia vida, y el Señor los entregó
en mis manos. ¿Por qué entonces han subido hoy a hacerme la guerra?". 4 Jefté reunió a todos los hombres de Galaad y atacó
a Efraím. Y los de Galaad derrotaron a los efraimitas, que decían despectivamente:
"Ustedes, los de Galaad, son fugitivos de Efraím, en medio de
Manasés". 5 Galaad ocupó los vados del Jordán para cortarle el paso a
los efraimitas. Y cuando un fugitivo de Efraím intentaba pasar, los hombres
de Galaad le preguntaban: "¿Tú eres de Efraím?". Si él respondía
que no, 6 lo obligaban a pronunciar la palabra "Shibólet". Pero él
decía "Sibólet", porque no podía pronunciar correctamente. Entonces
lo tomaban y lo degollaban junto a los vados del Jordán. En aquella ocasión,
murieron cuarenta y dos mil hombres de Efraím. 7 Jefté juzgó a Israel durante seis años. Cuando
murió, lo sepultaron en Mispá de Galaad, que era su ciudad. Otros Jueces menores: Ibsán 8 Después de Jefté, juzgó a Israel Ibsán, que era de
Belén. 9 Tenía treinta hijos y treinta hijas. El casó a sus hijas con
extranjeros, y trajo treinta mujeres extranjeras para sus hijos. Fue juez en
Israel durante siete años. 10 Cuando Ibsán murió, lo sepultaron en Belén. Elón 11 Después de él, juzgó a Israel Elón, que era de
Zabulón. Fue juez en Israel durante diez años. 12 Cuando murió Elón, el
zabulonita, lo sepultaron en Aialón, en territorio de Zabulón. Abdón 13 Después de él, juzgó a Israel Abdón, hijo de
Hilel, que era de Pireatón. 14 Tenía cuarenta hijos y treinta nietos, que iban
montados en setenta asnos, y fue juez en Israel durante ocho años. 15 Cuando
murió Abdón, hijo de Hilel, lo sepultaron en Pireatón, en la montaña de
Efraím, en territorio de Saalím. El anuncio del nacimiento de Sansón 13 1 Los
israelitas volvieron a hacer lo que es malo a los ojos del Señor, y el Señor
los entregó en manos de los filisteos durante cuarenta años. 2 Había un hombre de Sorá, del clan de los danitas,
que se llamaba Manóaj. Su mujer era estéril y no tenía hijos. 3 El Ángel del
Señor se apareció a la mujer y le dijo: "Tú eres estéril y no has tenido
hijos, pero vas a concebir y a dar a luz un hijo. 4 Ahora, deja de beber vino
o cualquier bebida fermentada, y no comas nada impuro. 5 Porque concebirás y
darás a luz un hijo. La navaja nunca pasará por su cabeza, porque el niño
estará consagrado a Dios desde el seno materno. Él comenzará a salvar a
Israel del poder de los filisteos". 6 La mujer fue a decir a su marido: "Un hombre
de Dios ha venido a verme. Su aspecto era tan imponente, que parecía un ángel
de Dios. Yo no le pregunté de dónde era, ni él me dio a conocer su nombre. 7
Pero me dijo: ’Concebirás y darás a luz un hijo. En adelante, no bebas vino,
ni bebida fermentada, ni comas nada impuro, porque el niño estará consagrado
a Dios desde el seno de su madre hasta el día de su muerte’". 8 Entonces Manóaj oró a Dios, diciendo: "Te
ruego, Señor, que vuelva el hombre que tú nos has enviado y nos indique qué
debemos hacer con el niño, cuando haya nacido". 9 Dios escuchó la voz de
Manóaj, y el Ángel de Dios se presentó otra vez a la mujer, mientras se
encontraba en el campo y su marido no estaba con ella. 10 La mujer corrió en
seguida a avisarle a su marido: "Se me apareció el hombre que vino a
verme el otro día". 11 Manóaj se levantó y fue detrás de su mujer. Y al
llegar adonde estaba el hombre, le dijo: "¿Eres tú el que le ha hablado
a esta mujer?". "Sí, soy yo", respondió él. 12 Entonces Manóaj
le preguntó: "Cuando suceda lo que tú has dicho, ¿qué forma de vida
tendrá que llevar el niño y cuál será su conducta?". 13 El Ángel del
Señor dijo a Manóaj: "Él tendrá que abstenerse de todo lo que le dije a
esta mujer: 14 no probará el fruto de la vid, ni beberá vino ni bebida
fermentada; no comerá nada impuro, y observará todo lo que le he mandado a
esta mujer". 15 Manóaj dijo al Ángel del Señor: "Quédate
aquí y te prepararemos un cabrito". 16 Pero el Ángel del Señor le
respondió: "Aunque me obligues a quedarme, no probaré tu comida. Si
quieres hacer un holocausto, ofrécelo al Señor". Manóaj no se había dado
cuenta de que aquel hombre era el Ángel del Señor. 17 Entonces Manóaj le preguntó: "¿Cuál es tu
nombre, para que podamos honrarte cuando suceda lo que tú has dicho?".
18 Pero el Ángel del Señor le dijo: "¿Por qué me preguntas mi nombre? Él
es misterioso". 19 Manóaj tomó el cabrito y la oblación, y los
ofreció sobre la roca en holocausto al Señor, que es misterioso en sus
acciones. Manóaj y su mujer estaban mirando. 20 Y cuando la llama subía del altar
hacia el cielo, el Ángel del Señor subía en la llama del altar, a la vista de
Manóaj y de su mujer, que cayeron con el rostro en tierra. 21 El Ángel del
Señor ya no se volvió a aparecer a Manóaj ni a su mujer. Entonces Manóaj
reconoció que aquel hombre era el Ángel del Señor, 22 y dijo a su mujer:
"¡Vamos a morir, porque hemos visto a Dios!". 23 Pero su mujer le
respondió: "Si el Señor quisiera hacernos morir, no habría aceptado de
nuestras manos el holocausto y la oblación; tampoco nos habría mostrado todo
esto, ni nos habría comunicado una cosa así". 24 La mujer dio a luz un hijo y lo llamó Sansón. El
niño creció y el Señor lo bendijo. 25 Y el espíritu del Señor comenzó a
actuar sobre él en el Campamento de Dan, entre Sorá y Estaol. El matrimonio de Sansón 14 1
Sansón bajó a Timná, y allí le llamó la atención una mujer filistea. 2
Entonces fue a decir a su padre y a su madre: "He visto en Timná a una
mujer filistea; tráiganmela para que sea mi esposa". 3 Su padre y su
madre le replicaron: "¿No hay ninguna mujer entre las hijas de tus
hermanos y en todo tu pueblo, para que vayas a buscarte una mujer entre esos
filisteos incircuncisos?". Pero Sansón dijo a su padres: "Tráemela,
porque esa es la que a mí me gusta". 4 Su padre y su madre no sabían que
esto procedía del Señor. El Señor, en efecto, buscaba un pretexto contra los
filisteos, porque en ese tiempo los filisteos dominaban a Israel. 5 Sansón bajó a Timná, y al llegar a las viñas de
Timná, un cachorro de león le salió al paso rugiendo. 6 El espíritu del Señor
se apoderó de él, y Sansón, sin tener nada en la mano, despedazó al león como
se despedaza un cabrito. Pero él no contó ni a su padre ni a su madre lo que
había hecho. 7 Luego bajó, conversó con la mujer y ella le gustó. 8 Al cabo
de un tiempo, Sansón volvió para casarse con ella. Se desvió del camino para
ver el cadáver del león, y vio que en su cuerpo había un enjambre de abejas y
un panal de miel. 9 Lo recogió con su mano, y fue comiendo miel mientras
caminaba. Cuando llegó adonde estaban su padre y su madre, les ofreció miel,
y ellos comieron; pero no les dijo que la había sacado del cadáver del león.
10 Luego Sansón bajó para encontrarse con su mujer, y allí ofreció un
banquete de siete días, como suelen hacerlo los jóvenes. 11 Al verlo, los
filisteos designaron treinta muchachos para que estuvieran con él. La adivinanza propuesta por Sansón 12 Entonces Sansón les dijo: "Les voy a
proponer una adivinanza. Si me dan la solución correcta dentro de los siete
días que dura el banquete, yo les daré treinta prendas de lino y treinta
trajes de fiesta. 13 En caso contrario, ustedes me los darán a mí".
Ellos le respondieron: "Dinos tu adivinanza, porque te estamos
oyendo". 14 Entonces él les dijo: "Del que come salió
comida,y del fuerte salió dulzura". Y al cabo de tres días, aún no habían resuelto la
adivinanza. La solución de la adivinanza 15 Al cuarto día, dijeron a la mujer de Sansón:
"Seduce a tu marido para que nos resuelva la adivinanza. De lo
contrario, te quemaremos a ti y a toda tu familia. ¿O es que nos han invitado
para quitarnos lo que es nuestro?". 16 La mujer se puso a llorar en
brazos de Sansón, y le dijo: "Tú no sientes ningún cariño por mí. Has
propuesto una adivinanza a mis compatriotas, y no has querido darme la
solución". "No se la di a mi padre ni a mi madre, le respondió él,
¿y te la voy a dar a ti?". 17 Pero ella le estuvo encima llorando los
siete días que duró la fiesta, y él, ante tanta insistencia, al séptimo día
le dio la solución. Ella se la comunicó a sus compatriotas. 18 El séptimo día, antes que Sansón entrara en la
habitación matrimonial, la gente del pueblo le dijo: "¿Qué hay más dulce
que la miel y más fuerte que el
león?". Y él les respondió: "Si no hubieran arado
con mi ternera, no habrían resuelto mi
adivinanza". 19 Luego el espíritu del Señor se apoderó de Sansón;
él bajó a Ascalón y allí mató a treinta hombres. Después de recoger sus
despojos, entregó la ropa a los que habían acertado la adivinanza, y regresó
furioso a la casa de su padre. 20 Uno de los compañeros que habían estado con
él se quedó con su esposa. Las represalias de Sansón 15 1
Después de un tiempo, mientras se cosechaba el trigo, Sansón fue a visitar a
su mujer, llevando un cabrito, y dijo: "Quiero estar a solas con mi
mujer en la habitación". Pero el padre de ella no lo dejó entrar, 2
diciendo: "Pensé que ya no la querías y se la di a tu compañero. Quédate
en cambio con su hermana menor, que es más hermosa". 3 Sansón le
replicó: "Esta vez seré inocente del daño que voy a causar a los filisteos". 4 Sansón se fue y cazó trescientos chacales; luego
tomó unas antorchas, ató a los animales por la cola, de dos en dos, y les
colgó una antorcha entre las colas. 5 Prendió fuego a las antorchas y soltó a
los chacales por los sembrados de los filisteos. Así les quemó las gavillas,
el trigo todavía en pie, y hasta los viñedos y olivares. 6 "¿Quién ha
hecho esto?", preguntaron entonces los filisteos. "Fue Sansón, el
yerno del timnita, les respondieron; lo hizo porque su suegro le quitó a su
mujer y se la dio a su compañero". Entonces los filisteos subieron y
quemaron a aquella mujer y a su familia. 7 Sansón les dijo: "Ya que me
hacen esto, no voy a parar hasta vengarme de ustedes". 8 Y los golpeó a
más no poder, dejándolos maltrechos. Después bajó a la cueva de la roca de
Etám y se quedó allí. Sansón entregado a los filisteos 9 Los filisteos subieron a acampar en Judá e
hicieron una incursión por Lejí. 10 Los hombres de Judá les preguntaron:
"¿Por qué han subido contra nosotros?". Ellos les respondieron:
"Subimos para llevar atado a Sansón y hacer con él lo que él hizo con
nosotros". 11 Entonces tres mil hombres de Judá bajaron hasta la cueva
de la roca de Etám y dijeron a Sansón: "¿No sabes que los filisteos nos
tienen dominados? ¿Qué nos has hecho?". Él les respondió: "Yo los
traté como ellos me trataron a mí". 12 Ellos replicaron: "Bajamos
para entregarte atado en manos de los filisteos". Sansón les dijo:
"Júrenme que no son ustedes los que me van a matar". 13 "No,
no te mataremos, le respondieron; sólo queremos llevarte atado y entregarte a
los filisteos". Entonces lo ataron con dos cuerdas nuevas y lo sacaron
de entre las rocas. Victoria de Sansóncon la quijada de un asno 14 Cuando estaban por llegar a Lejí, los filisteos
le salieron al encuentro dando gritos de triunfo. Entonces el espíritu del
Señor se apoderó de él: las cuerdas que sujetaban sus brazos fueron como
hilos de lino quemados por el fuego y las ataduras se deshicieron entre sus
manos. 15 Allí mismo encontró una quijada de asno, todavía fresca, extendió su
mano, la tomó y mató con ella a mil hombres. 16 Entonces Sansón exclamó: "Con la quijada de un asno hice dos pilas de
cadáveres;con la quijada de un asnodejé tendidos a mil hombres". 17 Cuando terminó de hablar, Sansón arrojó la quijada
del asno. Por eso, aquel lugar se llamó Ramat Lejí, que significa
"Altura de 20 Sansón juzgó a Israel, en tiempos de los
filisteos, por espacio de veinte años. Hazaña de Sansón en Gaza 16 1
Sansón se dirigió a Gaza. Allí vio a una prostituta y entró en su casa. 2
Cuando anunciaron a la gente de Gaza: "¡Ha llegado Sansón!", lo
cercaron y se pusieron al acecho junto a Sansón y Dalila 4 Después de esto, Sansón se enamoró en el valle de
Sorec de una mujer llamada Dalila. 5 Los príncipes de los filisteos fueron a
verla y le dijeron: "Sedúcelo y averigua de dónde le viene esa fuerza
tan enorme, y qué podríamos hacer para atarlo y tenerlo sometido. Te daremos
cada uno mil cien siclos de plata". Sansón traicionado por Dalila 6 Dalila dijo a Sansón: "Vamos, dime de dónde
sacas tanta fuerza y con qué habría que atarte para tenerte sometido". 7
Sansón le respondió: "Si me atan con siete cuerdas de arco todavía
frescas, que no se han dejado secar, yo me debilitaría y sería un hombre como
cualquiera". 8 Los príncipes de los filisteos le mandaron siete cuerdas
de arco frescas, sin dejarlas secar, y Dalila lo ató con esas cuerdas. 9 Y
como ella tenía a unos hombres emboscados en la habitación, le gritó:
"¡Sansón, los filisteos se te vienen encima!". Pero él rompió las
cuerdas de arco como se rompe un cordón de estopa al primer contacto con el
fuego. Y no se descubrió el secreto de su fuerza. 10 Entonces Dalila dijo a Sansón: "Me has
engañado y no me has dicho más que mentiras. Ahora dime con qué habría que
atarte". 11 Él le respondió: "Si me atan fuertemente con cuerdas
nuevas y sin usar, yo me debilitaría y sería como un hombre cualquiera".
12 Dalila tomó unas cuerdas nuevas y lo ató con ellas. Luego gritó:
"¡Sansón, los filisteos se te vienen encima!". En la habitación
había gente emboscada, pero el rompió las cuerdas de sus brazos como si
fueran un hilo. 13 Dalila dijo a Sansón: "Hasta ahora me has
estado engañando; no me has dicho más que mentiras. Vamos, dime con qué
habría que atarte". Sansón le respondió: "Si entretejes las siete
trenzas de mi cabellera con la urdimbre de un tejido, y las fijas con una
clavija de telar, yo me debilitaría y sería como un hombre cualquiera".
14 Entonces ella lo hizo dormir, entretejió las siete trenzas de su cabellera
con la urdimbre de un tejido y las fijó con la clavija. Luego le gritó:
"¡Sansón, los filisteos se te vienen encima!". Él se despertó de su
sueño, y arrancó la clavija y el tejido. Y no se descubrió el secreto de su
fuerza. 15 Entonces ella le dijo: "¿Cómo puedes decir
que me quieres, si tu corazón no está conmigo? Ya me has engañado tres veces
y no me has revelado de dónde sacas tanta fuerza". 16 Y como todos los
días lo acosaba con sus palabras y no dejaba de importunarlo, fastidiado ya
hasta de la vida, 17 él le abrió todo su corazón y le dijo: "La navaja
no ha pasado nunca por mi cabeza, porque estoy consagrado a Dios desde el
seno de mi madre. Si me cortaran el cabello, mi fuerza se apartaría de mí, me
debilitaría y sería como los demás hombres." Sansón en poder de los filisteos 18 Dalila comprendió que él le había abierto todo su
corazón, y mandó llamar a los príncipes de los filisteos, diciendo:
"Suban esta vez, porque me ha revelado todo su secreto". Los
príncipes de los filisteos fueron a verla, llevando el dinero convenido. 19
Luego ella durmió a Sansón sobre sus rodillas, y llamó a un hombre, que le
cortó las siete trenzas de su cabellera. Así él comenzó a debilitarse y su
fuerza se apartó de él. 20 Dalila gritó: "¡Sansón, los filisteos se te
vienen encima!". Al despertar de su sueño, Sansón pensó: "Saldré
del paso como las otras veces y me libraré". Pero no sabía que el Señor
se había apartado de él. 21 Los filisteos lo tomaron prisionero, le vaciaron
los ojos y lo hicieron bajar a Gaza. Allí lo ataron con una doble cadena de
bronce, y él hacía rodar el molino en la cárcel. 22 Pero su cabello comenzó a
crecer apenas cortado. Los festejos de los filisteos 23 Los príncipes de los filisteos se reunieron para
ofrecer un gran sacrificio a Dagón, su dios, y para hacer grandes festejos.
Ellos decían: "Nuestro dios nos ha puesto en
las manos a
Sansón, nuestro enemigo". 24 Y al verlo, la gente alababa a su dios, diciendo: "Nuestro dios nos ha puesto en las manos
a Sansón, nuestro enemigo,
al que devastaba nuestro
país y multiplicaba nuestras víctimas". 25 Cuando todos estuvieron muy alegres, dijeron:
"Llamen a Sansón para que nos divierta". Entonces trajeron a Sansón
de la cárcel, y él estuvo haciendo piruetas delante de todos. Después lo
pusieron de pie entre las columnas. Venganza y muerte de Sansón 26 Sansón dijo al niño que lo llevaba de la mano:
"Déjame palpar las columnas que sostienen la casa, para apoyarme en
ellas". 27 El edificio estaba repleto de hombres y mujeres. Allí estaban
todos los príncipes de los filisteos, y en la azotea había unos tres mil
hombres y mujeres que se divertían mirando a Sansón. 28 Entonces Sansón
invocó al Señor, con estas palabras: "Señor, acuérdate de mí y
devuélveme la fuerza por esta sola vez, para que pueda vengarme de los
filisteos, de un solo golpe, por la pérdida de mis dos ojos". 29 Luego
palpó las dos columnas centrales que sostenían el edificio, y se apoyó contra
ellas, poniendo sobre una su brazo derecho y sobre la otra su brazo
izquierdo. 30 Y exclamó: "¡Muera yo junto con los filisteos!".
Después empujó con toda su fuerza, y el edificio se desplomó sobre los
príncipes y sobre toda la gente allí reunida. ¡Los que él mató al morir fueron
más numerosos que los que había matado en toda su vida! 31 Sus hermanos y toda la familia de su padre
bajaron y se llevaron el cadáver. Luego subieron de nuevo y lo sepultaron en
la tumba de su padre Manóaj, entre Sorá y Estaol. Él había juzgado a Israel
durante veinte años. APÉNDICES Cuando el libro de los
Jueces ya estaba concluido, se le añadieron dos Apéndices, que presentan el
período anterior a la monarquía como una época de anarquía política y
religiosa. El primero relata la migración de los danitas hacia el norte de
Palestina y la fundación del santuario de Dan. La narración se apoya en una
tradición muy antigua, pero un redactor postexílico –ferviente partidario del
Templo de Jerusalén y de la monarquía davídica– reelaboró todo el relato con
fines polémicos. Su intención era poner de manifiesto el origen espurio y un
poco ridículo de aquel santuario cismático, donde Jeroboám I, rey de Israel,
erigió uno de los terneros de oro (1 Rey. 12. 29-30). El segundo Apéndice relata
la guerra emprendida por todo Israel contra sus hermanos de Benjamín, que se
negaban a castigar a los culpables de un crimen gravísimo. También en este
caso se trata de una antigua tradición, que fue sometida a sucesivos
retoques. La unidad de los israelitas en el tiempo de los Jueces está
fuertemente idealizada. Israel aparece como una "asamblea"
político-religiosa, que toma decisiones por unanimidad y emprende acciones
conjuntas para restaurar el orden interno y reprimir los abusos. La utilización
de diversas fuentes ha dado lugar a repeticiones y ampliaciones, que
dificultan a veces la reconstrucción exacta de los hechos. El santuario y el ídolo de Micá 17 1 Había
un hombre de la montaña de Efraím, llamado Miqueas. 2 Él dijo a su madre:
"Esos mil cien siclos de plata que te quitaron, y por los que te oí
proferir una imprecación, están en mi poder; yo te los quité, pero ahora te
los devuelvo". Su madre exclamó: "¡Que el Señor te bendiga, hijo
mío!". 3 Él le devolvió los mil cien siclos de plata, y su
madre dijo: "Yo había consagrado solemnemente esa plata al Señor, en
favor de mi hijo, para hacer una estatua revestida de metal fundido". 4
Así, cuando él devolvió la plata a su madre, ella tomó doscientos siclos de
plata y se los entregó al orfebre. Este hizo una estatua revestida de metal
fundido, y la pusieron en la casa de Miqueas. 5 Y como este hombre tenía un
lugar de culto, se hizo un efod y unos ídolos familiares, e invistió a uno de
sus hijos para que fuera su sacerdote. 6 En aquel tiempo no había rey en
Israel, y cada uno hacía lo que le parecía bien. El levita de Belén, sacerdote de Micá 7 Había un hombre joven de Belén de Judá, del clan
de Judá, que era levita y residía allí como forastero. 8 Este hombre había dejado
la ciudad de Belén de Judá, tratando de encontrar un sitio donde residir.
Llegó a la montaña de Judá y, mientras iba de camino, dio con la casa de
Micá. 9 Este le preguntó: "¿De dónde vienes?". "Soy un levita
de Belén de Judá, le respondió él, y estoy tratando de encontrar un sitio
donde residir". 10 Entonces Micá le dijo: "Quédate conmigo, y serás
para mí un padre y un sacerdote. Yo te daré diez siclos de plata al año,
además de la ropa y la comida". Ante su insistencia, 11 el levita accedió
a quedarse con aquel hombre, y el joven fue para él como uno de sus hijos. 12
Micá invistió al levita, y así el joven se convirtió en su sacerdote y se
quedó en casa de Micá. 13 Entonces Micá exclamó: "¡Ahora sé que el Señor
me hará prosperar, porque tengo a este levita como sacerdote!". La tribu de Danen busca de un territorio 18 1 En
aquel tiempo no había rey en Israel. Y por aquel entonces, la tribu de Dan
buscaba un territorio donde establecerse, porque hasta ese momento no le
había tocado ninguna herencia entre las tribus de Israel. 2 Por eso los
danitas enviaron a cinco hombres de sus clanes, hombres valientes de Sorá y
Estaol, para recorrer y explorar el país. "Vayan a explorar el
país", les dijeron. Los hombres llegaron a la montaña de Efraím, hasta
la casa de Micá, y se quedaron allí a pasar la noche. 3 Como estaban cerca de
la casa de Micá, reconocieron la voz del joven levita. Entonces se le
acercaron y le dijeron: "¿Quién te ha traído por aquí? ¿Qué haces en
este lugar? ¿Qué es lo que tienes aquí?". 4 Él les respondió: "Micá
me ha tratado así y así; me ha tomado a sueldo y yo soy su sacerdote". 5
Ellos le dijeron: "Consulta entonces a Dios, para que sepamos si este
viaje llegará a feliz término". 6 El sacerdote les respondió: "Vayan
en paz, porque el viaje que han emprendido está bajo la mirada del
Señor". 7 Los cinco hombres partieron y llegaron a Lais.
Allí vieron que la gente del lugar vivía segura, tranquila y confiada, a la
manera de los sidonios; nadie infligía el menor agravio a la población,
ejerciendo la autoridad despóticamente; además, estaban alejados de los
sidonios y no dependían de nadie. 8 Al regresar a Sorá y Estaol, donde
estaban sus hermanos, estos les dijeron: "¿Qué noticias traen?". 9
"Subamos ahora mismo contra ellos, les respondieron, porque la región
que acabamos de ver es excelente. ¿Por qué se quedan quietos? No duden ni un
instante en ir a conquistar aquel país. 10 Apenas lleguen, encontrarán gente
tranquila y un terreno espacioso. Sí, Dios les ha puesto en las manos un país
donde no falta nada de lo que puede haber sobre la tierra". La migración de los danitas 11 Así partieron de Sorá y Estaol seiscientos
hombres del clan de los danitas, cada uno equipado con armas de guerra. 12
Ellos subieron a acampar cerca de Quiriat Iearím, en Judá, y por eso aquel
lugar, que se encuentra al oeste de Quiriat Iearím, se llama hasta el día de
hoy "Campamento de Dan". 13 De allí pasaron a la montaña de Efraím
y llegaron a la casa de Micá. 14 Entonces tomaron la palabra los cinco hombres que
habían ido a explorar la región de Lais, y dijeron a sus hermanos:
"¿Saben lo que hay en esas casas? Hay un efod, unos ídolos familiares y
una estatua de metal fundido. Ahora vean lo que tienen que hacer". 15
Ellos se acercaron hasta allí, entraron en la casa de Micá, donde estaba el
joven levita, y lo saludaron. 16 Y mientras los seiscientos hombres armados
se quedaban de guardia ante la puerta de entrada, 17 los cinco hombres que
habían ido a explorar el país se introdujeron en la casa y tomaron la estatua
de metal fundido, el efod y los ídolos familiares. Mientras tanto, el
sacerdote permanecía de pie junto a la puerta de entrada, con los seiscientos
hombres armados. 18 Al ver que habían entrado en la casa de Micá y habían
tomado la estatua de metal fundido, el efod y los ídolos familiares, el
sacerdote les dijo: "¿Qué están haciendo?". 19 Pero ellos
replicaron: "¡Silencio! No digas una sola palabra y acompáñanos: tú
serás para nosotros un padre y un sacerdote. ¿Qué vale más para ti, ser
sacerdote de la casa de un solo hombre o serlo de una tribu y un clan en
Israel?". 20 El sacerdote se puso muy contento; tomó el efod, los ídolos
familiares y la estatua, y se incorporó a la tropa. 21 Así reanudaron la marcha y se fueron, luego de
poner al frente a las mujeres, los niños, los rebaños y el equipaje. 22 Ya se
habían alejado de la casa de Micá, cuando este y sus vecinos dieron la alarma
y persiguieron de cerca a los danitas. 23 Como les iban gritando detrás, los
danitas se dieron vuelta y preguntaron a Micá: "¿Qué te pasa para gritar
de esa manera?". 24 Él replicó: "Me quitan a mi dios, el que yo me
hice, y se llevan a mi sacerdote; se van sin dejarme nada, ¡y encima me
preguntan qué me pasa!". 25 Pero los danitas respondieron: "¡No nos
levantes la voz! De lo contrario, algunos hombres irascibles acometerán
contra ustedes y entonces perderán la vida, tú y tu familia". 26 Luego
los danitas siguieron su camino, y Micá, viendo que eran más fuertes que él,
dio la vuelta y se volvió a su casa. Fundación de la ciudad de Dany de su santuario 27 Los danitas, por su parte, tomaron lo que había
hecho Micá, junto con el sacerdote que él tenía a su servicio, y avanzaron
contra Lais, contra una población tranquila y confiada. La pasaron al filo de
la espada y prendieron fuego a la ciudad. 28 No había nadie que pudiera
librarla, porque estaba lejos de Sidón y no dependía de nadie. La ciudad se
encontraba en el valle de Bet Rejob. Los danitas la reconstruyeron y se
establecieron en ella. 29 Y le pusieron el nombre de Dan, en memoria de su
antepasado Dan, que había nacido de Israel. Pero al principio la ciudad se
llamaba Lais. 30 Los danitas erigieron la estatua, y Jonatán, hijo
de Gersón, hijo de Moisés, y sus hijos después de él, fueron los sacerdotes
de la tribu de Dan, hasta el día en que fue deportada del país. 31 Ellos
instalaron la estatua que había hecho Micá, y allí permaneció todo el tiempo
que El levita de Efraím y su concubina 19 1 En
aquel tiempo, cuando no había rey en Israel, un levita que vivía como
forastero en los confines de la montaña de Efraím, tomó por concubina a una
mujer de Belén de Judá. 2 Pero su concubina le fue infiel y lo abandonó,
yéndose a la casa de su padre en Belén de Judá, donde permaneció unos cuatro
meses. 3 Entonces su marido fue detrás de ella, para hablarle al corazón y
hacerla volver. Él llevaba consigo un servidor y dos asnos. La joven lo hizo entrar en la casa de su padre, y
este, al verlo, le salió al encuentro lleno de alegría. 4 Su suegro, el padre
de la joven, lo retuvo en su casa, y el levita se quedó con él tres días:
comieron, bebieron y pasaron la noche allí. 5 Al cuarto día, se levantaron de
madrugada y el levita se dispuso a partir. Pero el padre de la joven dijo a
su yerno: "Repara tus fuerzas con un pedazo de pan, y luego
partirán". 6 Entonces se sentaron a comer y beber los dos juntos. El
padre de la joven le dijo: "Te invito a quedarte esta noche, para pasar
un momento agradable". 7 El hombre se levantó para ponerse en camino,
pero su suegro le insistió tanto, que él cambió de parecer y pasó la noche
allí. 8 Al quinto día, se dispuso a partir de madrugada, pero su suegro le
dijo: "Repara antes tus fuerzas". Y se entretuvieron, comiendo los
dos juntos hasta muy avanzado el día. 9 Cuando el levita se levantó para
partir con su concubina y su servidor, el padre de la joven le dijo: "Ya
se está haciendo tarde. Quédate aquí esta noche y pasarás un momento
agradable. Mañana de madrugada se pondrán en camino y regresarás a tu casa".
10 Pero el hombre no quiso quedarse, sino que se levantó y partió. Así llegó
frente a Jebús –o sea, Jerusalén– llevando consigo los dos asnos cargados,
además de su concubina y su servidor. La llegada del levita a Guibeá 11 Cuando estaban cerca de Jebús, ya era muy tarde,
y el servidor dijo a su señor: "Apartémonos del camino para entrar en
esta ciudad jebusea y pasar la noche allí". 12 Pero su señor le
respondió: "No nos apartemos para entrar en una ciudad extranjera, que
no pertenece a los israelitas. Sigamos de largo hasta Guibeá". 13 Luego
dijo a su servidor: "Vamos a acercarnos a uno de esos poblados;
pasaremos la noche en Guibeá o en Ramá". 14 Siguieron de largo, y a la
puesta del sol estuvieron frente en Guibeá de Benjamín. 15 Entonces se
apartaron del camino para ir a pasar la noche en Guibeá. Al llegar, el hombre
se quedó en la plaza de la ciudad, pero nadie los invitó a su casa para pasar
la noche. 16 Entonces llegó un anciano, que al atardecer volvía
de trabajar en el campo. Era un hombre de la montaña de Efraím y residía en
Guibeá como forastero, porque la gente del lugar era benjaminita. 17 El
anciano alzó los ojos y vio al viajero que estaba en la plaza de la ciudad.
"¿De dónde vienes y adónde vas?" le preguntó. 18 "Estamos de
paso, le respondió él; venimos de Belén de Judá y vamos hasta los confines de
la montaña de Efraím, porque yo soy de allí. Fui a Belén de Judá, y ahora
estoy de regreso. Pero no hay nadie que me reciba en su casa, 19 aunque
tenemos paja y forraje para nuestros asnos, y también pan y vino para mí,
para mi mujer y para el servidor que me acompaña. No nos falta nada". 20
El anciano le dijo: "La paz esté contigo. Yo proveeré a todas tus
necesidades. No pases la noche en la plaza". 21 Entonces lo llevó a su
casa y dio de comer a los asnos. Y ellos se lavaron los pies, comieron y
bebieron. El crimen de los habitantes de Guibeá 22 Estaban pasando un momento agradable, cuando los
hombres de la ciudad, gente pervertida, rodearon la casa y comenzaron a
golpear la puerta, diciendo al anciano dueño de casa: "Trae afuera al
hombre que entró en tu casa para que tengamos relaciones con él". 23
Pero el dueño de casa se presentó ante ellos y les dijo: "No, hermanos
míos, no obren tan perversamente, porque ese hombre es mi huésped. ¡No
cometan esa infamia! 24 Yo tengo a mi hija, que es virgen: se la traeré
afuera, para que ustedes abusen de ella y la traten como mejor les parezca.
Pero no cometan semejante infamia con ese hombre". 25 Sin embargo, ellos
no quisieron escucharlo. Entonces el levita tomó a su concubina y la llevó
afuera. Los hombres se aprovecharon de ella y la maltrataron toda la noche
hasta la madrugada, y al amanecer, la abandonaron. 26 La mujer llegó de madrugada y se cayó a la
entrada de la casa del hombre donde estaba su marido. Allí quedó hasta que
fue el día. 27 Por la mañana, su marido se levantó, abrió la puerta de la
casa y salió para continuar su camino. Al ver a la mujer, su concubina, que
estaba tendida a la puerta de la casa, con la mano sobre el umbral, 28 le
dijo: "Levántate, vamos". Pero no obtuvo respuesta. Entonces el
hombre la cargó sobre su asno y emprendió el camino hacia su pueblo. 29
Cuando llegó a su casa, tomó el cuchillo y partió en doce pedazos el cuerpo
de su concubina. Luego los envió a todo el territorio de Israel. 30 El levita
había dado esta orden a sus emisarios: "Digan esto a todos los hombres
de Israel: ‘¿Ha sucedido una cosa igual desde que los israelitas subieron del
país de Egipto hasta el día de hoy? Reflexionen, deliberen y decidan’".
Y todos los que lo veían, exclamaban: "¡Nunca ha sucedido ni se ha visto
una cosa semejante, desde que los israelitas subieron de Egipto hasta el día
de hoy!". La venganza de los israelitas 20 1
Entonces todos los israelitas salieron como un solo hombre, desde Dan hasta
Berseba y hasta la región de Galaad, y la comunidad se reunió delante del
Señor, en Mispá. 2 Los dignatarios de todo el pueblo y todas las tribus
acudieron a la asamblea del pueblo de Dios: eran cuatrocientos mil hombres de
a pie, armados de espada. 3 Los benjaminitas, por su parte, oyeron que los
israelitas habían subido a Mispá. Los israelitas dijeron: "Cuéntennos cómo ha
sucedido el crimen". 4 Entonces el levita, el marido de la mujer
asesinada, tomó la palabra y dijo: "Yo y mi concubina llegamos a Guibeá
de Benjamín para pasar la noche, 5 y los vecinos de Guibeá se levantaron
contra mí: durante la noche, rodearon la casa, intentaron matarme y abusaron
de mi concubina hasta hacerla morir. 6 Yo tomé a mi concubina, la corté en
pedazos y envié esos pedazos a todo el territorio de la herencia de Israel,
porque se había cometido una depravación y una infamia en Israel. 7 Ahora les
toca a ustedes, israelitas, tomar aquí mismo una determinación". 8 Todo el pueblo se levantó como un solo hombre y
exclamó: "Ninguno de nosotros irá a su campamento; nadie volverá a su
casa. 9 Y con Guibeá haremos lo siguiente: sortearemos a los que subirán a
atacarla; 10 de entre todas las tribus de Israel, tomaremos a diez hombres de
cada cien, a cien de cada mil, y a mil de cada diez mil. Ellos recogerán
víveres para la tropa, es decir, para los que irán a dar su merecido a Guibeá
de Benjamín por la infamia que ha cometido en Israel". 11 Así, todos los
hombres de Israel quedaron unidos como un solo hombre contra aquella ciudad. El empecinamiento de los benjaminitas 12 Las tribus de Israel enviaron emisarios a toda la
tribu de Benjamín para decirle: "¿Qué explicación dan del crimen que se
ha cometido entre ustedes? 13 Entreguen a esos hombres pervertidos de Guibeá,
para que los matemos y hagamos desaparecer el mal de Israel". Pero los
benjaminitas no quisieron escuchar la demanda de sus hermanos israelitas. Los preparativos para el combate 14 Los benjaminitas de todas las ciudades se
reunieron en Guibeá para salir a combatir contra los israelitas. 15 Aquel
mismo día se hizo el recuento de los benjaminitas provenientes de las
diversas ciudades, y resultaron en total veinticinco mil hombres armados de
espada, sin contar a los habitantes de Guibeá. 16 De toda esa tropa,
setecientos hombres eran guerreros adiestrados, ambidextros, y capaces de
arrojar la piedra de su honda contra un cabello, sin errar el tiro. 17 La gente de Israel también hizo un recuento:
descontando a Benjamín, eran cuatrocientos mil hombres armados de espada,
todos guerreros. 18 En seguida subieron a Betel y consultaron a Dios para
preguntarle: "¿Quién de nosotros será el primero en subir a luchar
contra los benjaminitas?". Y el Señor respondió: "Judá será el primero". Victoria inicial de los benjaminitas 19 Los israelitas avanzaron de madrugada para
acampar frente a Guibeá 20 y salir a luchar contra Benjamín. Los hombres de
Israel se dispusieron en orden de batalla frente a la ciudad, 21 pero los
benjaminitas salieron de Guibeá y dejaron tendidos por tierra aquel día a
veintidós mil hombres de Israel. 23 Entonces los israelitas subieron a
lamentarse delante del Señor hasta la tarde. Luego consultaron al Señor,
diciendo: "¿Tenemos que entablar un nuevo combate con los hijos de
nuestro hermano Benjamín?". Y el Señor respondió: "Suban a
atacarlo". 22 De esta manera, la tropa israelita recobró el valor y
volvió a disponer sus filas para el combate en el mismo lugar que el primer
día. 24 Los israelitas se acercaron por segunda vez a los benjaminitas, 25
pero también aquel segundo día Benjamín les salió al encuentro desde Guibeá,
y dejó tendidos por tierra a dieciocho mil israelitas, todos ellos armados de
espada. 26 Entonces los israelitas subieron a Betel con todo
el pueblo y allí se lamentaron, sentados delante del Señor: ayunaron todo el
día hasta la tarde y ofrecieron al Señor holocaustos y sacrificios de
comunión. 27 Después consultaron al Señor, porque en aquel tiempo el Arca de La derrota de Benjamín 29 Israel tendió una emboscada alrededor de Guibeá.
30 Al tercer día, los israelitas avanzaron contra Benjamín, y dispusieron sus
filas contra Guibeá, como las otras veces. 31 Los benjaminitas les salieron al
encuentro, dejándose arrastrar lejos de la ciudad, y comenzaron como las
otras veces a matar gente por los senderos que suben, uno a Betel y el otro a
Gabaón. Así mataron a unos treinta hombres de Israel, sobre el campo raso. 32
Entonces los benjaminitas pensaron: "Ya los tenemos derrotados como la
primera vez". Pero los israelitas habían dicho: "Vamos a simular
que huimos, para atraerlos hasta los caminos, lejos de la ciudad". 33
Todos los hombres de Israel se levantaron de sus puestos y tomaron posiciones
en Baal Tamar. Los israelitas que estaban emboscados, atacaron desde sus
posiciones al oeste de Gueba. 34 Diez mil guerreros adiestrados de todo
Israel llegaron frente a Guibeá. El combate se hizo muy encarnizado, sin que
los benjaminitas advirtieran el desastre que se les venía encima. 35 El Señor
hizo que Benjamín cayera derrotado delante de Israel, y aquel día los
israelitas mataron a veinticinco mil cien hombres de Benjamín, todos ellos
armados de espada. 36b Los hombres de Israel habían cedido terreno a
Benjamín, porque contaban con el apoyo de los que estaban emboscados contra
Guibeá. 37 Estos, por su parte, se desplegaron rápidamente y atacaron a
Guibeá, pasando a todos sus habitantes al filo de la espada. 38 La gente de
Israel se había puesto de acuerdo con los que estaban emboscados, para que
estos levantaran una humareda desde la ciudad, 39 y entonces ellos
presentarían batalla. Cuando Benjamín comenzó a matar a algunos israelitas,
unos treinta hombres en total, pensó: "Ya los tenemos completamente
derrotados, como en el primer combate". 40 Pero la columna de humo
empezó a levantarse desde la ciudad, y Benjamín, al mirar atrás, vio que la
ciudad entera subía en llamas hacia el cielo. 41 Entonces los hombres de
Israel presentaron batalla, y los benjaminitas temblaron al ver el desastre
que se les venía encima. 42 Los benjaminitas retrocedieron ante los hombres
de Israel en dirección al desierto, pero se vieron acosados por los
combatientes, y los que venían de la ciudad los atacaron tomándolos entre dos
frentes. 43 Así encerraron a Benjamín, lo persiguieron sin darle tregua y
siguieron derrotándolo hasta llegar a Gueba por el oriente. 44 Cayeron
dieciocho mil guerreros de Benjamín. 36a Los benjaminitas vieron que habían
sido derrotados, 45 y los sobrevivientes volvieron la espalda y huyeron al
desierto, hacia 47 Seiscientos hombres, en cambio, pudieron escapar
al desierto, hasta 48 Los israelitas se volvieron contra los
benjaminitas y pasaron al filo de la espada a los varones de las ciudades, al
ganado y a todo lo que encontraron, y también incendiaron a su paso todas las
ciudades. Compasión de los israelitaspor la tribu de Benjamín 21 1 Los
hombres de Israel habían pronunciado este juramento en Mispá: "Ninguno
de nosotros dará su hija en matrimonio a un benjaminita". 2 El pueblo se dirigió a Betel, y allí estuvieron
sentados delante del Señor hasta la tarde, sollozando y derramando abundantes
lágrimas. 3 "Señor, Dios de Israel, decían, ¿por qué ha sucedido esto en
Israel? ¡Hoy le falta a Israel una de sus tribus!". 4 Al día siguiente,
el pueblo se levantó de madrugada, erigieron allí un altar y ofrecieron
holocaustos y sacrificios de comunión. 5 Luego los israelitas dijeron:
"¿Cuál entre todas las tribus de Israel no ha subido a la asamblea
delante del Señor?". Porque contra el que no se presentara ante el Señor
en Mispá, se había pronunciado este juramento solemne: "Morirá
irremediablemente". Las jóvenes de Iabés de Galaadentregadas a los
benjaminitas 6 Los israelitas se compadecieron de su hermano
Benjamín, y dijeron: "Hoy le ha sido arrancada una tribu a Israel. 7
¿Qué haremos para proveer de mujeres a los que han sobrevivido, siendo así
que hemos jurado por el Señor no darles como esposas a nuestras hijas?".
8 Por eso preguntaron: "¿Hay alguna entre las tribus de Israel que no ha
subido a presentarse ante el Señor en Mispá?". Y resultó que ningún
hombre de Iabés de Galaad había venido al campamento para la asamblea. 9 En
efecto, cuando se pasó revista al pueblo, vieron que allí no había ningún
habitante de Iabés de Galaad. 10 Entonces la comunidad envió a doce mil de
los guerreros, con esta orden: "Vayan y pasen al filo de la espada a los
habitantes de Iabés de Galaad, incluidas las mujeres y los niños. 11 Ustedes
actuarán de esta manera: consagrarán al exterminio a todos los varones y a
las mujeres que hayan convivido con hombres, pero dejarán con vida a las
vírgenes". Así lo hicieron. 12 Entre los habitantes de Iabés de Galaad
encontraron cuatrocientas jóvenes vírgenes, que no habían convivido con
ningún hombre, y las llevaron al campamento de Silo, que está en el país de
Canaán. 13 Toda la comunidad de Israel envió emisarios a los
benjaminitas, que estaban en El rapto de las jóvenes de Silo 15 El pueblo se compadeció de Benjamín, porque el
Señor había abierto una brecha entre las tribus de Israel. 16 Los ancianos de
la comunidad dijeron: "¿Qué haremos para proveer de mujeres a los que
han sobrevivido, ya que las mujeres de Benjamín han sido exterminadas?".
17 Y agregaron: "¡Que los sobrevivientes de Benjamín tengan herederos,
para que no desaparezca una tribu de Israel! 18 Porque nosotros no podemos
darles como esposas a nuestras hijas". Los israelitas, en efecto, habían
hecho este juramento: "¡Maldito sea el que entregue una mujer a
Benjamín!". 19 Entonces dijeron: "Está cerca la fiesta del
Señor que se celebra todos los años en Silo, al norte de Betel, al este de la
ruta que sube de Betel a Siquém, y al sur de Leboná". 20 Y dieron estas
instrucciones a los Benjaminitas: "Vayan y tiendan una celada entre las
viñas. 21 Estén alerta, y cuando las jóvenes de Silo salgan a danzar en
coros, ustedes saldrán de las viñas y raptarán cada uno a una de las jóvenes
de Silo. Luego se irán al país de Benjamín. 22 Y si sus padres o hermanos
vienen a protestar contra nosotros, les diremos: ‘Sean condescendientes con
ellos, ya que no hemos podido capturar en la guerra una mujer para cada uno.
Además, ustedes no hubieran podido dárselas, porque en ese caso se habrían
hecho culpables’". 23 Así lo hicieron los benjaminitas: entre las
jóvenes danzantes que habían secuestrado, tomaron las mujeres que
necesitaban. Después se fueron de vuelta a su herencia, reedificaron las
ciudades y se establecieron en ellas. 24 Al mismo tiempo, los israelitas se reintegraron
cada uno a su tribu y a su clan; partieron de allí, y se fue cada uno a su
herencia. 25 En aquel tiempo no había rey en Israel, y cada
uno hacía lo que le parecía bien. 1 3.
La tribu de "Simeón" tenía al comienzo su propio territorio al sur
de Judá (Jos. 19. 1-9), pero paulatinamente fue absorbida por esta última.
Esta integración se produjo definitivamente en tiempos de David, cuando la
tribu de Judá adquirió una posición preeminente. 8. En realidad,
la conquista de "Jerusalén" se produjo mucho tiempo después,
durante el reinado de David (Jos. 15. 63; 2 Sam. 5. 6-9). 11-15. Ver
Jos. 15. 16-19. 17. Ver
nota Núm. 21. 3. 22. La
"casa de José" incluía a las tribus de Efraím y Manasés. 2 1-5. Este
pasaje, de inspiración deuteronómica, da una interpretación religiosa de los
fracasos sufridos por Israel durante la conquista de Canaán. La persistencia
de los pueblos nativos del país es a la vez un castigo y una tentación (v.
3). Sobre el "Ángel del Señor", ver nota Gn. 16. 7. 6-10. Ver
Jos. 24. 28-31. 11. Baal
era el dios cananeo de las tormentas. Según la mitología, este dios renacía
cada año, al comenzar la época de las lluvias, asegurando así la fertilidad
del suelo. Como se le rendía culto en numerosos santuarios, y se le atribuían
títulos diversos, 13. "Astarté",
divinidad femenina asociada frecuentemente a "Baal", era la diosa
del amor y la fecundidad. 22. Según
este pasaje, el Señor deja sobrevivir a las naciones paganas para poner a
prueba la fidelidad de Israel. En 3. 2 se afirma, por el contrario, que el
Señor lo hizo para que los jóvenes pudieran adiestrarse en el arte de la
guerra. Cada uno de estos puntos de vista, lo mismo que el expresado en 2.
1-5, trata de explicar por qué Israel tuvo que afrontar tantas luchas para
tomar posesión de 3 7. "Aserá"
es el nombre de una diosa cananea. Esta misma expresión se emplea
habitualmente para designar los "postes sagrados" que se erigían
junto a los santuarios, como símbolo de fecundidad (Deut. 16. 21; 2 Rey. 17.
10). 9. Según
1. 11-13 y Jos. 15. 15-17, "Otniel" fue el conquistador de Debir,
población situada al sur de Judá y expuesta por eso mismo a los ataques de
Edóm. 11. "Cuarenta
años" es una cifra convencional que corresponde a una generación. 4 La
historia de Débora y Barac relata la acción conjunta de más envergadura
llevada a cabo por las tribus de Israel durante el periodo de los Jueces. El
recuerdo de esta resonante victoria quedó consignado en dos versiones: la
narración en prosa del cap. 4 y el poema del cap. 5. 4. En este
momento de grave crisis, es una mujer la que toma la iniciativa de lanzarse
al combate. "Débora", cuyo nombre significa "Abeja", era
profetisa, como lo fueron otras mujeres en Israel (Éx. 15. 20; 2 Rey. 22.
14). Sentada debajo de una palmera, recibía las consultas y solucionaba los
pleitos en Israel. 7. El
escenario del enfrentamiento es la llanura de Izreel o de Esdrelón, extenso
valle que está entre las montañas de Galilea y las de Efraím. El
"torrente Quisón" recorre la llanura, al pie del monte Carmelo,
hasta desembocar en el Mediterráneo. 5 El
relato se interrumpe para dar lugar a este canto de triunfo, compuesto bajo
la impresión inmediata de la resonante victoria de Israel. El poema desborda
de entusiasmo patriótico y religioso. En él se pone bien de manifiesto la
reacción de las diversas tribus frente al peligro común. Unas son elogiadas
por su heroica respuesta a la convocatoria de Débora; a otras se les reprocha
su indolencia y falta de solidaridad. Debido a la gran antigüedad del texto,
la traducción es dudosa en varios pasajes. 2. "Van
con los cabellos sueltos": probablemente se alude a un rito de la guerra
santa. Los guerreros hacían el voto de dejarse crecer el cabello hasta el día
de la victoria. 4-5. Ver
Sal. 68. 8-9. 6. Sobre
"Samgar", ver 3. 31. 10. En el
Antiguo Oriente, las "asnas" eran la cabalgadura preferida de los
jefes y los altos dignatarios. 6 3.
"Los Orientales": esta expresión designa a las tribus nómadas que
se desplazaban al este del Jordán y del Mar Muerto. 11. El
clan de "Abiézer" pertenecía a la tribu de Manasés (Jos. 17. 2). 8 23.
En 1 Sam. 8. 7; 12. 12 se encuentra este mismo argumento contra la institución
de un rey. Sin embargo, aunque Gedeón rehusó la dignidad real, el resto del
relato muestra que comenzó a ejercer ciertos derechos inherentes a la
realeza, transmitidos luego a sus hijos (9. 1-2). 27. El
"efod" era un objeto de culto, cuyas características no siempre se
describen con claridad. Aquí se trataba probablemente de un ídolo o una
imagen. Ver nota Éx. 28. 6. 33. "Baal
Berit", que significa "Señor del pacto", era el dios de los
cananeos de Siquém. 9 6. "Bet
Miló": con esta expresión, que significa "Casa del terraplén",
se designaba la parte mejor defendida de la ciudad. En los vs. 46-49 este
mismo lugar recibe el nombre de "Migdal Siquém", es decir,
"Torre de Siquém". Ver nota 2 Rey. 12. 21. 7-15. Jotám
se vale de esta fábula para dirigir una violenta invectiva contra la
institución de la monarquía. 28. Ver
Gn. 34. 37. El
"Ombligo de 11 15-22. Ver
Núm. 20. 14-21; 21. 21-31; Deut. 2. 26-37. 25. Ver
Núm. 22-24. 30-31. Los
sacrificios humanos siempre fueron reprobados en Israel (Lev. 18. 21; 20. 2-5;
Deut. 12. 31; 18. 10). Sin embargo, los israelitas los practicaron
ocasionalmente (2 Rey. 3. 27; 16. 3), y por eso los profetas tuvieron que
condenarlos (Jer. 7. 31; 19. 5; Ez. 16. 20-21; 23. 39; Miq. 6. 7). 39. La
hazaña de Jefté tiene un desenlace trágico. El narrador presenta esta escena
sangrienta con extrema sobriedad, sin pronunciarse sobre el valor moral del
acto y sin buscarle ningún atenuante. 12 6. "Shibólet"
significa "espiga de trigo". 8. "Belén",
no la de Judá, sino la de Zabulón (Jos. 19. 15), al noroeste de Nazaret. 13. "Pireatón"
se encontraba a unos diez kilómetros al sudoeste de Siquém (2 Sam. 23. 30; 1
Crón. 11. 31). 13 Con una
serie de anécdotas del más puro estilo popular, donde no faltan las notas de
humor y fina ironía, se narra la gesta de Sansón. Su figura legendaria tiene
pocos rasgos comunes con los demás Jueces. La tradición lo presenta como un
héroe local, dotado de fuerza extraordinaria y desenfrenado en sus pasiones,
que mantiene a raya a los filisteos actuando por cuenta propia. 2. "Sorá"
estaba situada a unos veinte kilómetros al oeste de Jerusalén. Esta población
pertenecía originariamente a la tribu de Dan (Jos. 19. 41). Pero después que
los danitas emigraron hacia el norte (18. 11-31), Sorá pasó a formar parte de
Judá. 4-5. Ver
Núm. 6. 2-21. 14 1. Los
"filisteos" eran un grupo de los llamados "Pueblos del
mar", procedentes de las islas y costas del mar Egeo. Poco después del 18 1. Ver
1. 34; Jos. 19. 40-48. 7. "Lais"
estaba situada en el extremo norte del territorio israelita, cerca de una de
las vertientes del Jordán. Sus habitantes vivían "a la manera de los
sidonios", es decir dedicados a las actividades comerciales, como los
fenicios de Tiro y Sidón. 14. "Efod":
ver nota 8. 27. 30. Por
primera vez en todo el relato se dice que el joven levita se llamaba Jonatán
y era descendiente de Moisés, por la línea de Gersón (Éx. 2. 22; 18. 3). La deportación
aquí mencionada fue probablemente la que realizó Tiglat Pileser III, rey de
Asiria, hacia el año 19 10. Antes
de ser conquistada por David, Jerusalén era la ciudad de los jebuseos (2 Sam.
5. 6). De allí que los Israelitas la llamaran a veces con el nombre de
"Jebús". 12. "Guibeá",
llamada también Guibeá de Benjamín (1 Sam. 13. 2) y Guibeá de Saúl (1 Sam.
11. 4), se encontraba unos seis kilómetros al norte de Jerusalén. 22-24. Ver
Gn. 19. 5-8. 29. Ver 1
Sam. 11. 7. 20 1.
"Mispá" estaba a unos trece kilómetros al norte de Jerusalén. |
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Pedro Sergio Antonio Donoso Brant |
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