|
volver |
Caminando con Jesús Pedro Sergio Antonio Donoso Brant Edición especial comentada para ayudar a
comprender mejor las Sagradas Escrituras |
|
|
Nº |
Libros |
|
|
Génesis Éxodo Levítico Números Deuteronomio Josué Jueces Ruth Samuel I Samuel II Reyes I Reyes II Crónicas I Cronicas II Esdras Nehemías Tobías Judit Ester Macabeos I Macabeos II Job Salmos Proverbios Eclesiástes Cantares Sabiduria Eclesiástico Isaias Jeremías Lamentaciones Baruc Ezequiel Daniel Oseas Joel Amós Abdías Jonás Miqueas Nahum Habacuc Sofonías Ageo Zacarías Malaquías Mateo Marcos Lucas Juan Hechos Romanos I Corintios II Corintios Galátas Efesios Filipenses Colosenses TesalonicensesI
TesalonicensesII
I Timoteo II Timoteo Tito Filemon Hebreos Santiago I Pedro II Pedro I Juan II Juan III Juan Judas Apocalipsis |
El libro de los JUECES nos presenta a Israel en una
de las etapas más críticas de su historia. Es el tiempo que transcurre entre
la penetración de las tribus hebreas en Canaán y la instauración de la
monarquía, es decir, entre los años 1200 y En este clima de inseguridad y anarquía, se ve
surgir a los héroes llamados "Jueces". Este título tiene un sentido
más amplio que el habitual entre nosotros. Los Jueces de Israel son
"caudillos", que se constituyen en defensores de la
"justicia" para hacer valer el derecho conculcado. Bajo la presión
de un grave peligro, se ponen al frente de una o varias tribus y liberan a
sus hermanos de la opresión a que estos han sido sometidos. Su autoridad no
es estable, sino transitoria y excepcional. Una vez concluida la acción
militar, vuelven a su vida ordinaria, aunque el prestigio adquirido con sus
hazañas les asegura a veces una cierta preeminencia sobre las tribus
liberadas. Por su origen, su carácter y su condición social,
estos caudillos y libertadores difieren considerablemente unos de otros. Pero
tienen un rasgo común: todos actúan bajo el impulso del "espíritu".
El espíritu del Señor se manifiesta siempre como una fuerza divina, que
irrumpe súbitamente, se posesiona de ellos y los mueve a realizar proezas que
están por encima de sus capacidades naturales. De allí que a los
protagonistas de estas gestas guerreras se los pueda llamar con razón líderes
"carismáticos". Los héroes del libro de los Jueces viven en una
época de costumbres rudas e incluso bárbaras. La traición de Ejud, el
asesinato de Sísara, la masacre de Abimélec, el sacrificio de la hija de
Jefté y las aventuras amorosas de Sansón reflejan una moral que no es la del
Evangelio. Pero estos viejos relatos no están exentos de grandeza. En ellos
se vislumbra la pujanza de un pueblo que lucha por sobrevivir y mantener su
identidad en medio de circunstancias adversas. Y se descubre, sobre todo, la
acción del Señor, que guía y defiende a Israel, a pesar de sus miserias y
claudicaciones. INTRODUCCIONES Dos Introducciones
sirven de prólogo a la historia de los Jueces propiamente dicha. La primera, de
carácter histórico, describe sumariamente la instalación de las tribus
israelitas en Canaán. La ocupación es lenta, las tribus actúan casi siempre
separadamente y los triunfos se alternan con las derrotas. Esta presentación
de los hechos completa y matiza la "epopeya" relatada en el libro
de Josué, donde la penetración de todo Israel en La segunda Introducción
–inspirada en la enseñanza del Deuteronomio– expone una visión de conjunto
sobre la época de los Jueces, desde una perspectiva religiosa. Dicha visión
es presentada mediante un esquema cíclico, que se desarrolla en cuatro
tiempos: Israel cae en la idolatría y el Señor lo entrega en manos de sus
enemigos; la opresión lleva al arrepentimiento y el Señor responde al clamor
de su Pueblo, suscitando un "salvador". Una vez completado el
ciclo, el proceso vuelve a repetirse con la misma regularidad (6. 1-6; 10.
6-16). A pesar de su
esquematismo, esta sucesión de infidelidad y castigo, de súplica y
liberación, pone bien de relieve la crisis que sacudió a Israel al entrar en
contacto con los pueblos cananeos. Muchos israelitas, sin renunciar por
completo a la fe en el Dios de sus padres, comenzaron a rendir culto a los
dioses del país. Este sincretismo religioso ponía en peligro la unidad
nacional y hacía a Israel más vulnerable a los ataques de sus enemigos. La ocupación
progresiva de Canaán:la campaña de Judá contra los cananeos 1 1
Después de la muerte de Josué, los israelitas consultaron al Señor, diciendo:
"¿Quién de nosotros será el primero en subir a luchar contra los
cananeos?". 2 El Señor respondió: "Que suba Judá, porque yo he
puesto el país en sus manos". 3 Entonces Judá dijo a su hermano Simeón:
"Sube conmigo al territorio que me ha tocado en suerte. Atacaremos a los
cananeos, y después yo iré contigo al territorio que te ha sido
asignado". Y Simeón lo acompañó. 4 Cuando Judá subió, el Señor puso en sus manos a
los cananeos y a los perizitas, y derrotaron en Bézec a diez mil hombres. 5
Allí se encontraron con Adoní Bézec, combatieron contra él y derrotaron a los
cananeos y a los perizitas. 6 Adoní Bézec trató de escapar, pero ellos lo
persiguieron, lo capturaron y le cortaron el dedo pulgar de las manos y de
los pies. 7 Entonces Adoní Bézec exclamó: "Setenta reyes, con los
pulgares de sus manos y de sus pies cortados, recogían migajas debajo de mi
mesa. Y ahora Dios me retribuye de acuerdo con lo que hice". Luego lo llevaron a Jerusalén, y allí murió. 8 La
tribu de Judá atacó a Jerusalén; la tomaron, pasaron a sus habitantes al filo
de la espada e incendiaron la ciudad. La conquista de Hebrón 9 Luego la tribu de Judá fue a combatir contra los
cananeos que habitaban en Fracaso de Judáen el litoral marítimo 16 Los del clan de Jobab, el quenita, que había sido
suegro de Moisés, subieron con la tribu de Judá desde la ciudad de las
Palmeras hasta el desierto de Judá, al sur de Arad, y se establecieron entre
los amalecitas. 17 Judá, por su parte, se fue con su hermano Simeón. Ellos
derrotaron a los cananeos que habitaban en Sefat y consagraron la ciudad al
exterminio total; por eso, la ciudad se llamó Jormá. 18 Pero Judá no pudo apoderarse
de Gaza y su territorio, ni de Ascalón y su territorio, ni de Ecrón y su
territorio. 19 El Señor estaba con Judá, y este pudo ocupar 20 De acuerdo con lo establecido por Moisés, Hebrón
fue asignada a Caleb, y él expulsó de allí a los tres hijos de Anac. 21 La
tribu de Benjamín, en cambio, no pudo desposeer a los jebuseos que habitaban
en Jerusalén. Por eso los jebuseos continúan habitando en Jerusalén con la
tribu de Benjamín, hasta el día de hoy. La conquista de Betel 22 La casa de José, por su parte, subió contra
Betel, y el Señor estaba con ella. 23 La casa de José envió espías a Betel
–la ciudad que antiguamente se llamaba Luz– 24 y cuando los espías vieron a
un hombre que salía de la ciudad, le dijeron: "Muéstranos el acceso a la
ciudad, y te perdonaremos la vida". 25 Él les indicó el acceso a la
ciudad, y ellos pasaron a sus habitantes al filo de la espada, pero dejaron
ir a aquel hombre con toda su familia. 26 El hombre se dirigió al país de los
hititas, y fundó una ciudad, a la que llamó Luz. Este es el nombre que tiene
hasta el día de hoy. Conquistas y fracasosde las tribus del Norte 27 Manasés, en cambio, no pudo adueñarse de Bet Seán
y de Tanac con sus respectivas ciudades dependientes. Tampoco desposeyó a los
habitantes de Dor, de Ibleám y de Meguido, con sus respectivas ciudades
dependientes, sino que los cananeos continuaron ocupando ese territorio. 28
Pero cuando Israel se hizo más fuerte, obligó a los cananeos a pagar tributo,
aunque no llegó a desposeerlos. 29 Efraím no pudo desposeer a los cananeos que
habitaban en Guézer, de manera que estos continuaron viviendo en medio de él,
en Guézer. 30 Zabulón no desposeyó a los habitantes de Quitrón
ni a los de Nahalol: los cananeos continuaron viviendo en medio de él, pero
fueron obligados a pagar tributo. 31 Aser no pudo desposeer a los habitantes de Acó,
de Sidón, de Majleb, de Aczib, de Afric y de Rejob. 32 Por eso la tribu de
Aser se estableció en medio de los cananeos que ocupaban el país, ya que no
pudieron desposeerlos. 33 Tampoco Neftalí pudo desposeer a los habitantes
de Bet Semes, ni a los de Bet Anát, y se estableció en medio de los cananeos
que habitaban en el país. Pero los habitantes de Bet Semes y de Bet Anát
fueron obligados a pagar tributo. 34 Los amorreos obligaron a la tribu de Dan a
replegarse hacia la región montañosa, impidiéndole bajar hasta el llano. 35
Los amorreos pudieron permanecer en Har Jéres, en Aialón y en Salbím, pero
cuando la casa de José afianzó su poder, fueron obligados a pagar tributo. 36
En cuanto a los edomitas, su frontera se extiende desde la cuesta de Acrabím,
a partir de Oráculo del Señor en Bojím 2 1 El
Ángel del Señor subió de Guilgal a Bojím y dijo: "Yo los hice subir de
Egipto y los introduje en la tierra que prometí a sus padres con un
juramento. También dije: ‘Jamás quebrantaré mi alianza con ustedes. 2 Pero
ustedes no harán ninguna alianza con los habitantes de este país y destruirán
sus altares’. A pesar de eso, no escucharon mi voz. ¿Por qué han obrado así?
3 Por eso les digo: ‘No expulsaré a esos pueblos delante de ustedes: ellos no
dejarán de hostigarlos, y sus dioses serán una trampa para ustedes’". 4
Y mientras el Ángel del Señor dirigía estas palabras a los israelitas, el
pueblo se puso a llorar a gritos. 5 Por eso llamaron a aquel lugar Bojím –que
significa "los que lloran"– y ofrecieron allí sacrificios al Señor. VISIÓN DE CONJUNTO
SOBRE EL PERÍODO DE LOS JUECES La muerte de Josuéy de su generación 6 Josué despidió al pueblo, y los israelitas se
fueron cada uno a su herencia, para tomar posesión del país. 7 El pueblo
sirvió al Señor mientras vivió Josué, y durante toda la vida de los ancianos
que le sobrevivieron y que habían visto las hazañas del Señor en favor de
Israel. 8 Josué, hijo de Nun, el servidor del Señor, murió a la edad de
ciento diez años. 9 Lo enterraron en el territorio de su propiedad, en Timnat
Séraj, en la montaña de Efraím, al norte del monte Gaás. 10 Y cuando toda aquella generación fue a reunirse
con sus padres, surgió una nueva generación que no conocía al Señor ni la
obra que había hecho en favor de Israel. El castigo divinoa la infidelidad de Israel 11 Los israelitas hicieron lo que es malo a los ojos
del Señor y sirvieron a los Baales. 12 Abandonaron al Señor, el Dios de sus
padres, que los había hecho salir de Egipto; fueron detrás de otros dioses
–los dioses de los pueblos vecinos– y se postraron delante de ellos, provocando
así la indignación del Señor. 13 Abandonaron al Señor para servir a Baal y a
Astarté. 14 Por eso, la ira del Señor se encendió contra
Israel: él los puso en manos de salteadores, que los despojaron; los entregó
a los enemigos que tenían a su alrededor, y no pudieron oponerles
resistencia. 15 En todas las campañas, la mano del Señor se ponía en contra
de ellos para hacerles mal, como el mismo Señor lo había dicho y jurado. Así
se encontraron en una situación muy angustiosa. Los Jueces, salvadores de Israel 16 Entonces el Señor suscitaba jueces, que salvaban
a los israelitas del poder de los salteadores. 17 Pero los israelitas no
escuchaban a sus jueces, sino que se prostituían, yendo detrás de otros
dioses y postrándose delante de ellos. Se desviaban muy pronto del camino
seguido por sus padres, que habían obedecido los mandamientos del Señor.
Ellos, en cambio, no hacían lo mismo. 18 Cuando el Señor les suscitaba jueces, estaba con
el juez y los salvaba de las manos de sus enemigos mientras vivía el juez,
porque se compadecía de los gemidos que les provocaban sus opresores y
perseguidores. 19 Pero cuando moría el juez, volvían a pervertirse más aún
que sus antepasados: iban detrás de otros dioses para servirlos y postrarse
delante de ellos, sin renunciar en nada a sus malas acciones y a su conducta
obstinada. La permanencia de las naciones paganas 20 La ira del Señor se encendió contra Israel, y él
dijo: "Ya que este pueblo ha quebrantado mi alianza, la que yo prescribí
a sus padres, y no ha escuchado mi voz, 21 tampoco yo arrojaré de su
presencia a ninguna de las naciones que dejó Josué cuando murió". 22
Esto lo hacía para probar a Israel por medio de ellas, y para ver si seguían
el camino del Señor, como lo habían seguido sus padres. 23 Por eso el Señor,
en lugar de expulsar inmediatamente a esas naciones, las dejó en paz y no las
entregó en manos de Josué. Los pueblos que subsistieron 3 1 El
Señor dejó que sobrevivieran algunas naciones, para poner a prueba por medio
de ellas a Israel, a todos aquellos que no habían intervenido en las guerras
de Canaán. 2 Lo hizo solamente para enseñar a combatir a los que no lo habían
hecho antes, es decir, a las nuevas generaciones de israelitas. 3 Esas
naciones son las siguientes: los filisteos con sus cinco príncipes y todos
los cananeos, los sidonios y los hititas que habitaban en la montaña del
Líbano, desde el monte de Baal Hermón hasta HISTORIA
FRAGMENTARIA Y ANECDÓTICA DE LOS JUECES Después de su llegada a
Canaán, las tribus israelitas tuvieron que afrontar una larga lucha para
afianzar su dominio sobre los territorios ocupados. En los momentos más
críticos de esa lucha lenta y penosa, surgieron los "salvadores"
suscitados por el espíritu del Señor. El recuerdo de sus hazañas impresionó
vivamente la imaginación del pueblo, y dio origen a las tradiciones que luego
fueron recopiladas en el libro de los Jueces. La índole de estas
tradiciones es bastante diversa. A veces relatan una acción militar de cierta
envergadura, como la llevada a cabo por Débora y Barac; otras se refieren a
episodios aislados, en el ámbito de un clan, de una tribu o de un grupo reducido
de tribus vecinas. Merecidamente célebres por su calidad literaria son las
tradiciones relativas a Sansón, el héroe fabuloso de fuerza sobrehumana, a
quien los filisteos no lograron vencer ni en la vida ni en la muerte. En la redacción final
del Libro, los hechos relatados ilustran la verdad que se trata de inculcar
una y otra vez a lo largo de la obra: cuando Israel es infiel al Dios de Otniel, vencedor de Edóm 7 Los israelitas hicieron lo que es malo a los ojos
del Señor: se olvidaron del Señor, su Dios, y sirvieron a los Baales y a las
Aserás. 8 La ira del Señor se encendió contra Israel, y los entregó a Cusán
Riseataim, rey de Edóm, a quien estuvieron sometidos durante ocho años. 9 Los
israelitas clamaron al Señor, y él hizo surgir un salvador que los libró.
Este fue Otniel, hijo de Quenaz y hermano menor de Caleb. 10 El espíritu del
Señor descendió sobre Otniel: él fue juez en Israel y salió a combatir. El
Señor entregó en sus manos a Cusán Riseataim, rey de Edóm, y su mano
prevaleció sobre él. 11 Así hubo paz en el país durante cuarenta años.
Después murió Otniel, hijo de Quenaz. Ehúd, vencedor de Moab 12 Los israelitas volvieron a hacer lo que es malo a
los ojos del Señor. Entonces el Señor dio poder a Eglón, rey de Moab, sobre
Israel, porque ellos hacían lo que es malo a los ojos del Señor. 13 Después
de aliarse con los amonitas y los amalecitas, Eglón atacó y derrotó a Israel,
y se apoderó de la ciudad de las Palmeras. 14 Así los israelitas estuvieron
sometidos a Eglón, rey de Moab, durante dieciocho años. 15 Los israelitas clamaron al Señor, y él hizo
surgir como salvador a Ehúd, hijo de Guerá, de la tribu de Benjamín, que era
zurdo. Ellos le encargaron que llevara el tributo a Eglón, rey de Moab. 16
Ehúd se hizo un puñal de doble filo de un codo de largo, y se lo ciñó debajo
de la ropa, sobre el lado derecho. 17 Luego fue a presentar el tributo a
Eglón, rey de Moab, que era un hombre muy obeso. 18 Apenas terminó de
presentar el tributo, Ehúd despidió a la gente que había transportado la
carga, 19 y él, al llegar a los Ídolos que están junto a Guilgal, volvió a
presentarse delante del rey y le dijo: "Rey, tengo que comunicarte un
asunto confidencial". El rey dijo: "Retírense todos". Y todos
los que estaban con él salieron de su presencia. 20 Cuando entró Ehúd, el rey
se encontraba en la habitación de arriba, que era más fresca y estaba
reservada para él solo. Ehúd le dijo: "Tengo que comunicarte un oráculo
divino". El rey se levantó de su trono. 21 Entonces Ehúd extendió su
mano izquierda, tomó el puñal que llevaba sobre el lado derecho, y lo clavó
en el vientre del rey. 22 La hoja se hundió hasta le empuñadura y quedó
totalmente cubierta por la grasa, porque Ehúd no extrajo el puñal del
vientre. 23 Después de atrancar las puertas de la habitación
alta, Ehúd salió por la ventana. 24 En seguida, llegaron los servidores y
vieron que las puertas de la habitación alta estaban atrancadas. Entonces
dijeron: "Seguramente está haciendo sus necesidades en la habitación
ventilada". 25 Esperaron hasta cansarse y al ver que no abría la puerta,
tomaron la llave, abrieron y encontraron a su señor muerto en el suelo. 26 Mientras ellos esperaban ansiosamente, Ehúd había
logrado escapar: después de pasar por el lugar llamado los Ídolos, se había
puesto a salvo en Seirá. 27 Apenas llegó al territorio de Israel, tocó el
cuerno en la montaña de Efraím y los israelitas bajaron de la montaña junto
con él. Ehúd iba al frente, 28 y les dijo: "Síganme, porque el Señor les
ha entregado a Moab, el enemigo de ustedes". Ellos lo siguieron,
ocuparon los vados del Jordán que estaban en Moab, y no dejaron pasar a
nadie. 29 En aquella ocasión derrotaron a los moabitas, que eran cerca de
diez mil hombres, todos fuertes y aguerridos. No pudo escapar ni uno solo. 30
Así fue humillado Moab bajo la mano de Israel, y hubo paz en el país durante
ochenta años. Samgar, vencedor de los filisteos 31 Después de él vino Samgar, hijo de Anat, que
derrotó a seiscientos filisteos con una picana de bueyes. Él también salvó a
Israel. Débora y Barac:la opresión de los cananeos 4 1
Después que murió Ehúd, los israelitas volvieron a hacer lo que es malo a los
ojos del Señor, 2 y él los entregó en manos de Iabín, rey de Canaán, que
reinaba en Jasor. El jefe de su ejército era Sísara, que vivía en Jaróset Ha
Goím. 3 Los israelitas clamaron al Señor, porque Iabín tenía novecientos
carros de hierro y había oprimido duramente a los israelitas durante veinte
años. 4 En aquel tiempo, juzgaba a Israel una profetisa
llamada Débora, esposa de Lapidot. 5 Ella se sentaba debajo de la palmera de
Débora, entre Ramá y Betel, en la montaña de Efraím, y los israelitas acudían
a ella para resolver sus litigios. 6 Débora mandó llamar de Quédes de Neftalí
a Barac, hijo de Abi-nóam, y le dijo: "El Señor, el Dios de Israel, te
ordena lo siguiente: ‘Ve a reunir en el monte Tabor a diez mil hombres de la
tribu de Neftalí y de la tribu de Zabulón. 7 Yo atraeré hacia ti, al torrente
Quisón, a Sísara, jefe del ejército de Iabín, con sus carros y sus tropas, y
los pondré en tus manos’". 8 Barac le respondió: "Si tú vienes
conmigo, iré; pero si no vienes, no iré". 9 Ella le dijo: "Yo iré
contigo; pero entonces la gloria de la campaña que vas a emprender no será
para ti, porque el Señor pondrá a Sísara en manos de una mujer". Débora
fue a Quédes junto con Barac, 10 y él convocó en Quédes a Zabulón y a
Neftalí. Lo siguieron diez mil hombres, y también Débora subió con él. 11 Jéber, el quenita, se había separado de Caín, de
los descendientes de Jobab, el suegro de Moisés, y había extendido su
campamento hasta la encina de Saananím, cerca de Quédes. La derrota y la muerte de Sísara 12 Cuando informaron a Sísara que Barac, hijo de
Abinóam, había subido al monte Tabor, 13 aquel reunió todos sus carros de
guerra –novecientos carros de hierro– y a toda la gente de que disponía, y
los condujo desde Jaróset Ha Goím hasta el torrente de Quisón. 14 Débora dijo
a Barac: "Levántate, porque ha llegado el día en que el Señor pondrá en
tus manos a Sísara. El Señor va delante de ti". Entonces Barac bajó del
monte Tabor, al frente de los diez mil hombres, 15 y el Señor hizo que
Sísara, todos sus carros y todo su ejército huyeran despavoridos delante de
Barac. Sísara se bajó de su carro de guerra y huyó a pie. 16 Barac persiguió
a los carros y al ejército hasta Jaróset Ha Goím, y todo el ejército de
Sísara cayó al filo de la espada. No quedó ni un solo sobreviviente. 17 Mientras tanto, Sísara huyó a pie hasta la carpa
de Jael, la esposa de Jéber, el quenita, porque Iabín, rey de Jasor, y el
clan de Jéber, el quenita, estaban en buenas relaciones. 18 Jael le salió al
encuentro y le dijo: "Ven, señor mío, pasa por aquí. No temas". Él
entró en su carpa, y ella lo tapó con una manta. 19 Él le dijo: "Por
favor, dame un poco de agua, porque tengo sed". Ella abrió un recipiente
donde había leche y le dio de beber. Luego lo volvió a cubrir. 20 Él le
siguió diciendo: "Quédate a la entrada de la carpa, y si viene alguien y
te pregunta: ‘¿Hay aquí algún hombre?’, respóndele que no". 21 Pero
Jael, la esposa de Jéber, sacó una estaca de la carpa, tomó en su mano un
martillo y, acercándose a él sigilosamente, le clavó la estaca en la sien,
hasta hundirla en la tierra. Sísara estaba profundamente dormido, agotado por
el cansancio. Cuando ya estaba muerto, 22 llegó Barac, que venía persiguiendo
a Sísara. Jael le salió al encuentro y le dijo: "Ven y te mostraré al
hombre que buscas". Él entró junto con ella, y vio a Sísara que yacía
muerto, con la estaca clavada en la sien. 23 Así humilló Dios aquel día a Iabín, rey de
Canaán, delante de los israelitas. 24 El dominio de los israelitas sobre
Iabín, rey de Canaán, se fue haciendo cada vez más fuerte, hasta que lo
exterminaron por completo. El canto de Débora y Barac: Preludio 5 1 Aquel
día, Débora y Barac entonaron este canto: 2 "Porque en Israel van con los cabellos
sueltos, porque el pueblo se ofreció voluntariamente, ¡bendigan al Señor! 3 ¡Escuchen, reyes! ¡Presten oído, príncipes! Yo voy a cantar, voy a cantar al Señor, celebraré al Señor, el Dios de Israel. 4 Señor, cuando tú saliste de Seír, cuando avanzabas desde las estepas de Edóm, tembló la tierra, fluyeron los cielos, y hasta las nubes se deshicieronen torrentes; 5 se diluyeron las montañas, delante del Señor –el del Sinaí– delante del Señor, el Dios de Israel. La situación de Israel antes de la batalla 6 En los días de Samgar, hijo de Anat, en los días de Jael, estaban desiertos los caminos; los que antes iban por los senderos tomaban por sendas desviadas. 7 Ya no había más jefes, no había ni uno solo en Israel, hasta que te levantaste tú, Débora, hasta que te levantaste tú, madre en Israel. 8 La gente elegía dioses nuevos, la guerra ya estaba a las puertas; no se veía ni un escudo ni una lanza entre cuarenta mil hombres de Israel. Invitación a celebrar la victoria con los voluntarios del pueblo. ¡Bendigan al Señor! 10 Ustedes, los que cabalganen asnas blancas, montados sobre tapices, y los que marchan por el camino, ¡atiendan bien! 11 ¡Escuchen a los arqueros
junto a los pozos de agua! Allí se narran los actos de justiciadel Señor, las gestas de su dominio en Israel, cuando el pueblo del Señor bajó a las Puertas. Las tribus reunidas para el combate 12 ¡Despierta, Débora, despierta! ¡Sí, despierta, entona un canto! ¡Arriba, Barac, llévate a tus cautivos, hijo de Abinóam! 13 Entonces bajó el resto de los nobles, el pueblo del Señor bajó en mi defensa con los
héroes. 14 Lo mejor de Efraím está en el valle, detrás de ti va Benjamín, entre tus tropas. De Maquir bajaron los caudillos, y de Zabulón, los que empuñanel bastón de mando. 15 Los príncipes de Isacarestán con Débora: sí, Isacar, firme junto a Barac, se lanza tras sus pasos en el valle. Reproches contra las tribus no combatientes Junto a los arroyos de Rubén hay grandes deliberaciones. 16 ¿Por qué estás sentado entre los corrales, oyendo los silbidos de los que arrean los rebaños? Junto a los arroyos de Rubén se hacen muchas indagaciones. 17 Galaad vive tranquilo al otro lado del Jordán y Dan ¿por qué se queda en las naves? Aser habita a la orilla del mar y vive tranquilo en sus embarcaderos. Elogio de Zabulón y Neftalí 18 Zabulón es un pueblo que desafía a la muerte, igual que Neftalí, sobre las alturas del campo. El relato de la batalla 19 Llegaron los reyes al combate: entonces combatieron los reyes de Canaán, en Taanac, junto |