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Caminando con Jesús Pedro Sergio Antonio Donoso Brant Edición especial comentada para ayudar a
comprender mejor las Sagradas Escrituras |
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Los libros de SAMUEL formaban originariamente una
sola obra, que luego fue dividida en dos partes, debido a la considerable extensión
de la misma. Esta obra abarca un amplio e importante período de la historia
de Israel. Es el que transcurre entre el fin de la época de los Jueces y los
últimos años del reinado de David, o sea, entre el 1050 y el Los hechos que aquí se relatan están centrados en
torno a tres figuras protagónicas: Samuel, el profeta austero; Saúl,
el primer rey de Israel, y David, el elegido del Señor. Aunque de muy
diversa manera, los tres tuvieron una parte muy activa en la agitada vida de
su Pueblo y ejercieron sobre ella una influencia decisiva. Samuel fue
el guía espiritual de la nación en los días oscuros de la opresión filistea.
Firmemente arraigado en las tradiciones religiosas de Israel, luchó más que
ningún otro por mantener viva la fe en el Señor, estimulando al mismo tiempo
el fervor patriótico de los israelitas y la voluntad de resistir a la
dominación extranjera. Una vez instaurada la realeza, le prestó su apoyo,
pero nunca dejó de afirmar que por encima de la autoridad del rey está Saúl fue,
ante todo, un rey guerrero. El relato bíblico ha conservado ciertos episodios
que nos hacen entrever, al mismo tiempo, la importancia histórica de Saúl y
la tragedia de su reinado. Hacia el año David
restauró las ruinas del reino en franco proceso de desintegración. La más
significativa de sus hazañas fue ganarse la adhesión de todas las tribus de
Israel. Los filisteos fueron rechazados definitivamente y las plazas fuertes
cananeas quedaron sometidas al dominio israelita, lográndose así la unidad
territorial. Después de la conquista de Jerusalén, el reino davídico tuvo su
capital política y religiosa, y las victorias de David sobre los pueblos
vecinos aseguraron su hegemonía sobre Basta una somera lectura de los libros de Samuel
para descubrir en ellos la presencia de elementos heterogéneos. Fuera de la
"Crónica de la sucesión al trono de David" (2 Sam. 9-20), que se
caracteriza por su notable unidad, el resto de la obra fue compuesto a partir
de tradiciones y documentos de índole bastante diversa. De allí las frecuentes
repeticiones y las divergencias en la presentación de los mismos hechos,
particularmente en los relatos sobre los orígenes de la monarquía. En la
redacción final de la obra se percibe la influencia del Deuteronomio, aunque
en menor medida que en los libros de Josué, de los Jueces y de los Reyes. Los libros de Samuel relatan una historia que llega
a su etapa de madurez con la formación del reino de David. En el centro de la
narración, el oráculo de Natán (2 Sam. 7. 1-17) asegura la continuidad de la
dinastía davídica en el trono de Israel. Así la historia de David adquiere un
significado profético y mesiánico. El recuerdo de esta historia fue
perfilando en Israel la figura ideal de un descendiente de David, de un
"nuevo" David, el Ungido del Señor, el Mesías. Y "cuando se
cumplió el tiempo establecido" (Gál. 4. 4), "de la
descendencia de David, como lo había prometido, Dios hizo surgir para Israel
un Salvador, que es Jesús" (Hech. 13. 23). PRIMER LIBRO DE
SAMUEL INFANCIA Y VOCACIÓN
DE SAMUEL La historia de Samuel,
el primero de los grandes profetas que dejaron una huella indeleble en la
vida de Israel, comienza con el relato de su nacimiento, su infancia y su
vocación profética. Estas narraciones, desbordantes de frescura y de unción
religiosa, figuran entre las más conmovedoras de toda La tradición bíblica
nos da de Samuel una imagen polifacética, ya que lo presenta ejerciendo las
funciones de "juez", de sacerdote, de vidente y de profeta. Su acción
se desarrolla en una época de profunda transformación social, cuando ya las
viejas instituciones israelitas no ofrecen una respuesta válida a la crisis
provocada por el desafío filisteo. Al comienzo, Samuel se resiste al cambio,
porque ve los peligros e inconvenientes de la monarquía. Pero al fin renuncia
a sus propios criterios, y así prepara el advenimiento de una nueva era para
el Pueblo de Dios. La peregrinación de Elcanáal santuario de Silo 1 1 Había
un hombre de Ramataim, un sufita de la montaña de Efraím, que se llamaba
Elcaná, hijo de Ierojám, hijo de Eliú, hijo de Toju, hijo de Suf, efraimita.
2 El tenía dos mujeres: una se llamaba Ana y la otra Peniná. Peniná tenía
hijos, pero Ana no tenía ninguno. 3 Este hombre subía cada año desde su ciudad,
para adorar y ofrecer sacrificios al Señor en Silo. Allí eran sacerdotes del
Señor, Jofní y Pinjás, los dos hijos de Elí. 4 El día en que Elcaná ofrecía su sacrificio, daba a
su esposa Peniná, y a todos sus hijos e hijas, porciones de la víctima. 5
Pero a Ana le daba una porción especial, porque la amaba, aunque el Señor la
había hecho estéril. 6 Su rival la afligía constantemente para humillarla,
porque el Señor la había hecho estéril. 7 Así sucedía año tras año: cada vez
que ella subía a La súplica y el voto de Ana 9 Después que comieron y bebieron en Silo, Ana se
levantó. Mientras tanto, el sacerdote Elí estaba sentado en su silla a la
puerta del Templo del Señor. 10 Entonces Ana, con el alma llena de amargura,
oró al Señor y lloró desconsoladamente. 11 Luego hizo este voto: "Señor
de los ejércitos, si miras la miseria de tu servidora y te acuerdas de mí, si
no te olvidas de tu servidora y le das un hijo varón, yo lo entregaré al
Señor para toda su vida, y la navaja no pasará por su cabeza". 12 Mientras ella prolongaba su oración delante del
Señor, Elí miraba atentamente su boca. 13 Ana oraba en silencio; sólo se
movían sus labios, pero no se oía su voz. Elí pensó que estaba ebria, 14 y le
dijo: "¿Hasta cuándo te va a durar la borrachera? ¡Ve a que se te pase
el efecto del vino!". 15 Ana respondió: "No, mi señor; yo soy una
mujer que sufre mucho. No he bebido vino ni nada que pueda embriagar; sólo me
estaba desahogando delante del Señor. 16 No tomes a tu servidora por una
mujer cualquiera; si he estado hablando hasta ahora, ha sido por el exceso de
mi congoja y mi dolor". 17 "Vete en paz, le respondió Elí, y que el
Dios de Israel te conceda lo que tanto le has pedido". 18 Ana le dijo
entonces: "¡Que tu servidora pueda gozar siempre de tu favor!".
Luego la mujer se fue por su camino, comió algo y cambió de semblante. El nacimiento y la consagración de Samuel 21 El marido, Elcaná, subió con toda su familia para
ofrecer al Señor el sacrificio anual y cumplir su voto. 22 Pero Ana no subió,
porque dijo a su marido: "No iré hasta que el niño deje de mamar.
Entonces lo llevaré, y él se presentará delante del Señor y se quedará allí
para siempre". 23 Elcaná, su marido, le dijo: "Puedes hacer lo que
mejor te parezca. Quédate hasta que lo hayas destetado, y ojalá que el Señor
cumpla su palabra". La mujer se quedó, y crió a su hijo hasta que lo
destetó. 24 Cuando el niño dejó de mamar, lo subió con ella,
llevando además un novillo de tres años, una medida de harina y un odre de
vino, y lo condujo a El canto de Ana 2 1
Entonces Ana oró, diciendo: "Mi corazón se regocija en el Señor, tengo la frente erguida gracias a mi Dios. Mi boca se ríe de mis enemigos, porque tu salvación me ha llenadode alegría. 2 No hay Santo como el Señor, porque no hay nadie fuera de ti, y no hay Roca como nuestro Dios. 3 No hablen con tanta arrogancia, que la insolencia no les brote de la boca, porque el Señor es el Dios que lo sabe todo, y es él quien valora las acciones. 4 El arco de los valientes se ha quebrado, y los vacilantes se ciñen de vigor; 5 los satisfechos se contratanpor un pedazo de pan, y los hambrientos dejan de fatigarse; la mujer estéril da a luz siete veces, y la madre de muchos hijos se marchita. 6 El Señor da la muerte y la vida, hunde en el Abismo y levanta de él. 7 El Señor da la pobreza y la riqueza, humilla y también enaltece. 8 Él levanta del polvo al desvalido y alza al pobre de la miseria, para hacerlos sentar con los príncipes y darles en herencia un trono de gloria; porque del Señor son las columnas de la tierra y sobre ellas afianzó el mundo. 9 Él protege los pasos de sus fieles, pero los malvados desaparecerán en las tinieblas, porque el hombre no triunfa por su fuerza. 10 Los rivales del Señor quedan aterrados, el Altísimo truena desde el cielo. El Señor juzga los confines de la tierra; él fortalece a su rey y exalta la frente de su Ungido". 11 Luego Elcaná se fue a su casa en Ramá, y el niño
quedó al servicio del Señor, a las órdenes del sacerdote Elí. Los abusos de los hijos de Elí 12 Los hijos de Elí eran unos canallas, que no
reconocían al Señor 13 ni respetaban los deberes de los sacerdotes para con
el pueblo. Cada vez que alguien ofrecía un sacrificio, venía el servidor del
sacerdote con un tenedor de tres dientes en la mano, mientras se cocía la
carne. 14 Entonces lo metía en la olla o el caldero, en la cacerola o el
tazón, y todo lo que recogía el tenedor, se lo guardaba el sacerdote para él.
Así hacían con todos los israelitas que iban a Silo. 15 Incluso antes que se
quemara la grasa, venía el servidor del sacerdote y decía a la persona que
ofrecía el sacrificio: "Dale al sacerdote carne para asar; él no
aceptará de ti carne cocida, sino sólo cruda". 16 Y si el hombre le
decía: "Primero hay que quemar la grasa; después, llévate lo que
quieras", el servidor replicaba: "No, o me la das ahora mismo, o me
la llevo por la fuerza". 17 El pecado de esos ayudantes era muy grave
delante del Señor, porque deshonraban las ofrendas del Señor. Samuel en el Templo de Silo 18 Samuel servía en la presencia del Señor; era un
niño, y llevaba ceñido el efod de lino. 19 Su madre le hacía un pequeño
manto, y se lo traía cada año, cuando subía con su marido a ofrecer el
sacrificio anual. 20 Entonces Elí bendecía a Elcaná y a su mujer, diciendo:
"Que el Señor te conceda una descendencia de esta mujer, a cambio de
aquel que fue cedido al Señor". Luego se volvían a su casa. 21 El Señor
intervino en favor de Ana, y ella concibió y dio a luz tres hijos y dos
hijas. Mientras tanto, el joven Samuel crecía junto al Señor. Los reproches de Elí a sus hijos 22 Elí era ya muy viejo, y oyó hablar de todo lo que
hacían sus hijos a Israel, y cómo se acostaban con las mujeres que prestaban
servicio a la entrada de 26 En cambio, el joven Samuel iba creciendo, y era
apreciado por Dios y por los hombres. Anuncio proféticocontra los descendientes de Elí 27 Un hombre de Dios se presentó a Elí y le dijo:
"Así habla el Señor: Yo me revelé a la familia de tu padre, cuando ellos
estaban en Egipto, bajo el poder de la casa del Faraón. 28 Elegí a tu padre
entre todas las tribus de Israel, para que fuera mi sacerdote y subiera a mi
altar, para que hiciera arder el incienso y llevara el efod en mi presencia.
Y asigné a la familia de tu padre todas las ofrendas que hacen quemar los
israelitas. 29 ¿Por qué entonces pisotean mi sacrificio y mi ofrenda, que yo
prescribí para mi Morada? ¿Por qué honras a tus hijos más que a mí,
haciéndolos engordar con lo mejor de todas las ofrendas de mi pueblo Israel? 30 Por eso, el Señor, el Dios de Israel, pronuncia
este oráculo: Yo había dicho que tu familia caminaría siempre en mi
presencia. Pero ahora –oráculo del Señor– ¡lejos de mí todo eso! Porque yo
honro a los que me honran, pero los que me desprecian son humillados. 31
Llegan los días en que amputaré tu brazo y el de la familia de tu padre, de
manera que no habrá más ancianos en tu casa. 32 Tú verás un rival en 35 En cambio, yo me suscitaré un sacerdote fiel, que
obrará conforme a mi corazón y a mis deseos. Yo le edificaré una casa
duradera, y él caminará en presencia de mi Ungido todos los días de su vida.
36 Y todos los que subsistan de tu casa irán a postrarse delante de él por
una moneda de plata y una miga de pan, y le dirán: Admíteme, por favor, a
cualquiera de las funciones sacerdotales, para que tenga un pedazo de pan que
comer". La vocación de Samuel 3 1 El
joven Samuel servía al Señor en la presencia de Elí. La palabra del Señor era
rara en aquellos días, y la visión no era frecuente. 2 Un día, Elí estaba acostado en su habitación. Sus
ojos comenzaban a debilitarse y no podía ver. 3 La lámpara de Dios aún no se
había apagado, y Samuel estaba acostado en el Templo del Señor, donde se
encontraba el Arca de Dios. 4 El Señor llamó a Samuel, y él respondió:
"Aquí estoy". 5 Samuel fue corriendo adonde estaba Elí y le dijo:
"Aquí estoy, porque me has llamado". Pero Elí le dijo: "Yo no
te llamé; vuelve a acostarte". Y él se fue a acostar. 6 El Señor llamó a Samuel una vez más. Él se
levantó, fue adonde estaba Elí y le dijo: "Aquí estoy, porque me has
llamado". Elí le respondió: "Yo no te llamé, hijo mío; vuelve a
acostarte". 7 Samuel aún no conocía al Señor, y la palabra del Señor
todavía no le había sido revelada. 8 El Señor llamó a Samuel por tercera vez. Él se
levantó, fue adonde estaba Elí y le dijo: "Aquí estoy, porque me has
llamado". Entonces Elí comprendió que era el Señor el que llamaba al
joven, 9 y dijo a Samuel: "Ve a acostarte, y si alguien te llama, tú
dirás: Habla, Señor, porque tu servidor escucha". Y Samuel fue a
acostarse en su sitio. 10 Entonces vino el Señor, se detuvo, y llamó como
las otras veces: "¡Samuel, Samuel!". Él respondió: "Habla,
porque tu servidor escucha". 11 El Señor dijo a Samuel: "Mira, voy a
hacer una cosa en Israel, que a todo el que la oiga le zumbarán los oídos. 12
Aquel día, realizaré contra Elí todo lo que dije acerca de su casa, desde el
comienzo hasta el fin. 13 Yo le anuncio que condeno a su casa para siempre a
causa de su iniquidad, porque él sabía que sus hijos maldecían a Dios, y no
los reprendió. 14 Por eso, juro a la casa de Elí: jamás será expiada la falta
de su casa, ni con sacrificios ni con oblaciones". 15 Samuel se quedó acostado hasta la mañana. Después
abrió las puertas de El prestigio de Samuel como profeta 19 Samuel creció; el Señor estaba con él, y no dejó
que cayera por tierra ninguna de sus palabras. 20 Todo Israel, desde Dan
hasta Berseba, supo que Samuel estaba acreditado como profeta del Señor. 21
El Señor continuó apareciéndose en Silo, porque era allí donde él se revelaba
a Samuel. 4 1 Y la
palabra de Samuel llegó a todo Israel. EL ARCA DE Hacia el año Una vez recuperada la
paz, las aventuras del Arca de La derrota de Israelfrente a los filisteos En aquellos días, los filisteos se reunieron para
combatir contra Israel. Israel les salió al encuentro para el combate, y
acamparon en Eben Ezer, mientras los filisteos acampaban en Afec. 2 Los
filisteos se alinearon en orden de batalla frente a Israel, y se entabló un
duro combate. Israel cayó derrotado delante de los filisteos, y unos cuatro
mil hombres fueron muertos en el frente de batalla, en campo abierto. 3
Cuando el pueblo regresó al campamento, los ancianos de Israel dijeron: "¿Por
qué el Señor nos ha derrotado hoy delante de los filisteos? Vayamos a buscar
a Silo el Arca de Nueva derrota de los israelitasy captura del Arca 5 Cuando el Arca de 10 Los filisteos libraron batalla. Israel fue
derrotado y cada uno huyó a sus campamentos. La derrota fue muy grande, y
cayeron entre los israelitas treinta mil hombres de a pie. 11 El Arca del
Señor fue capturada, y murieron Jofní y Pinjás, los dos hijos de Elí. La muerte de Elí 12 Un hombre de Benjamín escapó del frente de
batalla y llegó a Silo ese mismo día, con la ropa desgarrada y la cabeza
cubierta de polvo. 13 Cuando llegó, Elí estaba sentado en una silla al borde
del camino, a la expectativa, porque su corazón temblaba por el Arca de Dios.
El hombre fue a dar la noticia por la ciudad, y toda la ciudad se puso a
gritar. 14 Al oír el clamor, Elí preguntó: "¿Qué significa ese
tumulto?". Entonces el hombre fue rápidamente a comunicar la noticia a
Elí. 15 Este tenía noventa y ocho años; había perdido la vista y no podía
ver. 16 El hombre le dijo: "Vengo del frente de batalla; hoy mismo he
escapado de allí". Elí le preguntó: "¿Qué ha pasado, hijo
mío?". 17 El mensajero respondió: "Israel huyó delante de los
filisteos, y el pueblo ha sufrido un gran desastre; han muerto tus hijos
Jofní y Pinjás, y el Arca de Dios ha sido capturada". 18 Apenas el
hombre mencionó el Arca de Dios, Elí cayó de su silla hacia atrás, al lado de
la puerta; así se rompió la nunca y murió, porque era viejo y pesado. Había
juzgado a Israel durante cuarenta años. La muerte de la nuera de Elí 19 Su nuera, la mujer de Pinjás, estaba embarazada,
próxima a dar a luz. Cuando oyó la noticia de la captura del Arca de Dios, y
de la muerte de su suegro y de su marido, se encorvó y dio a luz, porque le
sobrevinieron los dolores del parto. 20 Como estaba a punto de morir, las
mujeres que la asistían le dijeron: "No temas, has tenido un
varón". Pero ella no respondió ni prestó atención. 21 Y puso al niño el
nombre de Icabod, diciendo: "La gloria ha sido desterrada de
Israel", en alusión a la captura del Arca de Dios y a la muerte de su
suegro y de su marido. Los estragos causados por el Arca 5 1 Los
filisteos capturaron el Arca de Dios y la trasladaron de Eben Ezer a Asdod. 2
Allí tomaron el Arca de Dios, la introdujeron en el templo de Dagón y la
expusieron al lado de Dagón. 6 La mano del Señor se hizo sentir pesadamente sobre
los asdoditas y los devastó, hiriéndolos con tumores por todo el territorio
de Asdod. 7 Al ver lo que sucedía, los asdoditas dijeron: "Que el Arca
del Señor no se quede entre nosotros, porque su mano es dura contra nosotros
y contra Dagón, nuestro dios". 8 Entonces invitaron a todos los
príncipes de los filisteos a reunirse con ellos, y dijeron: "¿Qué
podemos hacer con el Arca del Dios de Israel?". Ellos respondieron:
"Hay que trasladarla a Gat". Así trasladaron el Arca del Dios de
Israel. 9 Pero una vez que fue trasladada, la mano del Señor
se hizo sentir sobre la ciudad y cundió un pánico terrible, porque el Señor
hirió a la gente de la ciudad, del más pequeño al más grande, y les brotaron
tumores. 10 Entonces enviaron el Arca de Dios a Ecrón. Pero apenas el Arca
llegó a Ecrón, los ecronitas gritaron: "Han trasladado aquí el Arca del
Dios de Israel, para hacerme morir a mí y a mi pueblo". 11 Luego
invitaron a reunirse a todos los príncipes de los filisteos, y estos decían:
"Devuelvan el Arca del Dios de Israel; que regrese al lugar donde
estaba, y no me haga morir a mí y a mi pueblo". Porque reinaba un pánico
mortal en toda la ciudad, tal era el peso con que se hacía sentir la mano del
Señor. La devolución del Arca 6 1 El
Arca del Señor permaneció siete meses en territorio filisteo. 2 Luego los
filisteos convocaron a los sacerdotes y adivinos, y les preguntaron:
"¿Qué haremos con el Arca del Señor? Indíquennos cómo podemos enviarla
al lugar donde estaba". 3 Ellos respondieron: "Si devuelven el Arca
del Dios de Israel, no la envíen sin nada, sino que deberán ofrecerle una
reparación. Si así logran curarse, sabrán por qué su mano no se apartaba de
ustedes". 4 "¿Qué reparación debemos ofrecerle?", preguntaron
los filisteos. Ellos respondieron: "Cinco tumores de oro y cinco ratones
de oro, uno por cada uno de los príncipes filisteos. Porque la misma plaga la
han padecido ustedes y ellos. 5 Hagan unas imágenes de los tumores y de los
ratones que devastan el país, y den gloria al Dios de Israel. Tal vez así su
mano no pese tanto sobre ustedes, sobre sus dioses y sobre su país. 6 ¿Por
qué se van a obstinar como lo hicieron Egipto y el Faraón? ¿No tuvieron acaso
que dejarlos partir cuando el Señor se ensañó con ellos? 7 Hagan ahora mismo
un carro nuevo y tomen dos vacas que estén criando y que no hayan llevado el
yugo. Aten las vacas al carro, dejando a sus crías encerradas en el establo.
8 Luego tomarán el Arca del Señor y la pondrán sobre el carro. Al lado de
ella, en un cofre, colocarán los objetos de oro que le ofrecen en reparación.
Después, la dejarán partir. 9 Fíjense bien: si ella sube en dirección a su
territorio, hacia Bet Semes, quiere decir que el Señor nos ha infligido esta
gran calamidad; en caso contrario, sabremos que no fue su mano la que nos
golpeó, sino que esto nos ha sucedido por casualidad". 10 Así lo hicieron: tomaron dos vacas que estaban
criando y las ataron al carro, pero encerraron a sus crías en el establo. 11
Luego pusieron sobre el carro el Arca del Señor y el cofre con los ratones de
oro y las imágenes de los tumores. 12 Las vacas se fueron derecho por el
camino de Bet Semes; iban mugiendo, siempre por el mismo sendero, sin
desviarse ni a la derecha ni a la izquierda. Y los príncipes de los filisteos
las siguieron hasta la frontera de Bet Semes. El Arca en Bet Semes 13 La gente de Bet Semes estaba cosechando el trigo
en el valle. Al levantar los ojos, divisaron el Arca y se alegraron de verla.
14 El carro llegó al campo de Josué de Bet Semes y se detuvo. Allí había una
gran piedra. Entonces hicieron astillas la madera del carro y ofrecieron las
vacas en holocausto al Señor. 15 Mientras tanto, los levitas habían bajado el
Arca del Señor y el cofre que estaba con ella, donde se encontraban los objetos
de oro, y los depositaron sobre la piedra grande. La gente de Bet Semes
ofreció aquel día holocaustos y sacrificios al Señor. 16 Al ver esto, los
príncipes de los filisteos regresaron a Ecrón aquel mismo día. 17 Los tumores de oro que los filisteos presentaron
como reparación al Señor fueron uno por Asdod, uno por Gaza, uno por Ascalón,
uno por Gat y uno por Ecrón. 18 Y el número de los ratones de oro
correspondía al de todas las ciudades de los filisteos, gobernadas por los
cinco príncipes, desde las ciudades fortificadas hasta los poblados
desguarnecidos. Testigo de esto es la piedra grande sobre la que depositaron
el Arca del Señor, y que hasta el día de hoy está en el campo de Josué de Bet
Semes. El Arca en Quiriat Iearím 19 El Señor castigó a la gente de Bet Semes, porque
habían mirado el Arca del Señor. Como él hirió a setenta hombres, el pueblo
estuvo de duelo porque el Señor les había infligido un castigo tan grande. 20
Los hombres de Bet Semes dijeron: "¿Quién podrá resistir en la presencia
del Señor, este Dios tan santo? ¿A quién enviársela, para que esté lejos de
nosotros?". 21 En seguida mandaron unos mensajeros a los habitantes de
Quiriat Iearím, para decirles: "Los filisteos han devuelto el Arca del
Señor. Bajen y súbanla con ustedes". 7 1
Entonces llegaron los de Quiriat Iearím y se llevaron el Arca del Señor. La
introdujeron en la casa de Abinadab, sobre la colina, y consagraron a su hijo
Eliezer para que la cuidara. La intercesión de Samuely la victoria sobre los
filisteos 2 Desde el día en que el Arca fue instalada en
Quiriat Iearím pasó mucho tiempo –veinte años– y todo Israel suspiraba por el
Señor. 3 Samuel dijo entonces a toda la casa de Israel: "Si ustedes se
vuelven al Señor de todo corazón, dejen de lado a los dioses extraños y a las
Astartés que hay en medio de ustedes; dirijan sus corazones hacia el Señor y
sírvanlo sólo a él. Así el Señor los librará del poder de los
filisteos". 4 Los israelitas retiraron a los Baales y las Astartés, y
sirvieron sólo al Señor. 5 Luego dijo Samuel: "Reúnan a todo Israel en
Mispá, y yo rogaré al Señor por ustedes". 6 Ellos se reunieron en Mispá,
sacaron agua y la derramaron delante del Señor; allí ayunaron aquel día, y
dijeron: "¡Hemos pecado contra el Señor!". Y Samuel juzgó a los
israelitas en Mispá. 7 Los filisteos oyeron que los israelitas se habían
reunido en Mispá, y sus príncipes subieron contra Israel. Al enterarse, los
israelitas tuvieron miedo de los filisteos 8 y dijeron a Samuel: "No
ceses de clamar por nosotros al Señor, nuestro Dios, para que nos salve del
poder de los filisteos". 9 Entonces Samuel tomó un corderito y lo
ofreció entero en holocausto al Señor. Luego clamó al Señor en favor de
Israel, y el Señor lo escuchó. 10 Mientras Samuel ofrecía el holocausto, los
filisteos se acercaron a combatir contra Israel. Pero aquel día, el Señor
lanzó sus truenos con gran fragor sobre los filisteos. Así sembró la
confusión entre ellos, y fueron desbaratados por Israel. 11 Los hombres de
Israel salieron de Mispá, persiguieron a los filisteos y los derrotaron hasta
más abajo de Betcar. 12 Samuel tomó una piedra, la colocó entre Mispá y El
Diente, y la llamó Eben Ezer –que significa "Piedra del socorro"–
porque dijo: "Hasta aquí nos ha socorrido el Señor". 13 Así fueron abatidos los filisteos, y ya no
volvieron a incursionar en territorio de Israel. Mientras vivió Samuel, la
mano del Señor se hizo sentir sobre los filisteos. 14 Las ciudades que los
filisteos habían tomado a Israel fueron reconquistadas, desde Ecrón hasta
Gat, e Israel libró su territorio del poder de los filisteos. También hubo
paz entre Israel y los amorreos. Samuel, Juez de Israel 15 Samuel juzgó a Israel todos los días de su vida.
16 Cada año hacía un recorrido por Betel, Guilgal y Mispá, y juzgaba a Israel
en todos esos sitios. 17 Luego volvía a Ramá, donde estaba su casa. Allí
juzgaba a Israel, y también allí erigió un altar al Señor. LOS COMIENZOS DE EL REINADO DE SAÚL El primer libro de
Samuel ha conservado dos tradiciones paralelas sobre la institución de la monarquía.
Ambas coinciden en reconocer a Saúl como el primer rey de Israel, pero
manifiestan actitudes opuestas con respecto a la realeza. Según la primera
tradición, la iniciativa de instituir un rey proviene del Señor, que elige a
Saúl como libertador de Israel (9. 16). La segunda, en cambio, condena el
deseo del pueblo de tener un rey "como
todas las naciones" (8. 5, 20), aunque indica al mismo tiempo que el
Señor termina por acceder a los reclamos de los israelitas. En un primer momento,
Saúl aparece como el continuador de las acciones guerreras de los Jueces. Lo
mismo que ellos, es invadido por el "espíritu" del Señor y emprende
una guerra de liberación contra los amonitas (11. 1-13). Pero a esta elección
divina se añade, por primera vez, el reconocimiento de todo el pueblo:
después de su victoria, Saúl es aclamado rey (11. 15), y así el líder
carismático queda investido de una autoridad estable. Durante todo el reinado
de Saúl, la institución monárquica tiene un carácter bastante rudimentario,
reducido casi exclusivamente al ámbito militar. La monarquía propiamente
dicha sólo comienza con David. El pueblo pide un rey 8 1 Cuando
Samuel envejeció, puso a sus hijos como jueces de Israel. 2 Su hijo mayor se llamaba
Joel, y el segundo, Abías; ambos eran jueces en Berseba. 3 Pero ellos no
siguieron sus pasos, sino que se dejaron llevar por el afán de lucro,
aceptaron regalos y pervirtieron el derecho. 4 Entonces se reunieron todos los ancianos de Israel
y acudieron a Samuel en Ramá. 5 "Tú ya eres viejo, le dijeron, y tus
hijos no siguen tus pasos. Ahora danos un rey para que nos gobierne, como lo
tienen todas las naciones". 7 El Señor dijo a Samuel: "Escucha al pueblo en
todo lo que ellos digan, porque no es a ti a quien rechazan: me rechazan a
mí, para que no reine más sobre ellos. 8 Como se comportaron conmigo desde el
día en que los hice subir de Egipto hasta el día de hoy, abandonándome a mí
para servir a otros dioses, así se comportan también contigo. 9 Por eso,
escucha su reclamo. Pero les harás una solemne advertencia y les explicarás
cuál es el derecho del rey que reinará sobre ellos". El derecho del rey 10 Samuel comunicó todas las palabras del Señor al
pueblo que le pedía un rey, 11 diciendo: "Este será el derecho del rey
que reinará sobre ustedes. Él tomará a los hijos de ustedes, los destinará a
sus carros de guerra y a su caballería, y ellos correrán delante de su carro.
12 Los empleará como jefes de mil y de cincuenta hombres, y les hará cultivar
sus campos, recoger sus cosechas, y fabricar sus armas de guerra y los
arneses de sus carros. 13 Tomará a las hijas de ustedes como perfumistas,
cocineras y panaderas. 14 Les quitará a ustedes los mejores campos, viñedos y
olivares, para dárselos a sus servidores. 15 Exigirá el diezmo de los
sembrados y las viñas, para entregarlo a sus eunucos y a sus servidores. 16
Les quitará sus mejores esclavos, sus bueyes y sus asnos, para emplearlos en
sus propios trabajos. 17 Exigirá el diezmo de los rebaños, y ustedes mismos
serán sus esclavos. 18 Entonces, ustedes clamarán a causa del rey que se han
elegido, pero aquel día el Señor no les responderá". 19 El pueblo se negó a escuchar la voz de Samuel, e
insistió: "¡No! Habrá un rey sobre nosotros, 20 y así seremos como todas
las naciones. Nuestro rey nos juzgará, saldrá al frente de nosotros y
combatirá en nuestros combates". 21 Samuel escuchó todas las palabras
del pueblo y las repitió en presencia del Señor. 22 El Señor dijo a Samuel:
"Escúchalos y dales un rey". Entonces Samuel dijo a los hombres de
Israel: "Vuelvan cada uno a su ciudad". Saúl y las asnas de su padre 9 1 Había
un hombre de Benjamín llamado Quis, hijo de Abiel, hijo de Seror, hijo de
Becorat, hijo de Afiaj, hijo de un benjaminita. El hombre estaba en muy buena
posición, 2 y tenía un hijo llamado Saúl, que era joven y apuesto. No había
entre los israelitas otro más apuesto que él; de los hombros para arriba, sobresalía
por encima de todos los demás. 3 Una vez, se le extraviaron las asnas a Quis, el
padre de Saúl. Quis dijo entonces a su hijo Saúl: "Lleva contigo a uno
de los servidores y ve a buscar las asnas". 4 Ellos recorrieron la
montaña de Efraím y atravesaron la región de Salisá, sin encontrar nada.
Cruzaron por la región de Saalém, pero no estaban allí. Recorrieron el
territorio de Benjamín, y tampoco las hallaron. 5 Cuando llegaron a la región de Suf, Saúl dijo al
servidor que lo acompañaba: "Volvámonos, no sea que mi padre ya no
piense más en las asnas y esté inquieto por nosotros". 6 Pero el
servidor le respondió: "En esta ciudad hay un hombre de Dios. Es un
hombre muy respetado: todo lo que él dice sucede infaliblemente. Vamos allá;
a lo mejor él nos indica el camino que debemos tomar". 7 Saúl dijo a su
servidor: "Vamos, ¿pero qué podemos llevarle a ese hombre? Ya no queda
pan en nuestras alforjas, y tampoco tenemos un regalo para ofrecérselo al
hombre de Dios. ¿Qué tenemos?". 8 El servidor volvió a tomar la palabra,
y respondió a Saúl: "Mira, aquí tengo un cuarto de siclo de plata; se lo
daré al hombre de Dios, y él nos indicará el camino". 10 Saúl dijo a su
servidor: "Está bien, vamos". Y se fueron a la ciudad donde estaba
el hombre de Dios. El encuentro de Saúl con Samuel 11 Mientras subían por la cuesta de la ciudad,
encontraron a unas jóvenes que salían a sacar agua, y les preguntaron:
"¿Está por aquí el vidente?". 9 –Antiguamente, en Israel, cuando
alguien iba a consultar a Dios, decía: "Acudamos al vidente".
Porque antes se llamaba "vidente" al que hoy se llama
"profeta"–. 12 Ellas les respondieron: "Sí, por ahí derecho,
pero apúrense. Precisamente acaba de llegar a la ciudad, porque hoy se ofrece
un sacrificio público en el lugar alto. 13 Apenas entren en la ciudad, lo
encontrarán antes que suba al lugar alto para el banquete. El pueblo no
comerá hasta que él llegue, porque a él le corresponde bendecir el
sacrificio, y después comen los invitados. Suban ahora mismo, porque seguro
que hoy lo encontrarán". 14 Ellos subieron a la ciudad. Mientras entraban,
les salió al encuentro Samuel, que subía al lugar alto. 15 Un día antes de la
llegada de Saúl, el Señor había hecho a Samuel esta revelación: 16
"Mañana, a la misma hora, te enviaré a un hombre del país de Benjamín;
tú lo ungirás como jefe de mi pueblo Israel, y él salvará a mi pueblo del
poder de los filisteos. Porque yo he visto la aflicción de mi pueblo, y su
clamor ha llegado hasta mí". 17 Cuando Samuel divisó a Saúl, el Señor le
advirtió: "Este es el hombre de quien te dije que regirá a mi
pueblo". 18 Saúl se acercó a Samuel en medio de la puerta de la ciudad,
y le dijo: "Por favor, indícame dónde está la casa del vidente". 19
"El vidente soy yo, respondió Samuel a Saúl; sube delante de mí al lugar
alto. Hoy ustedes comerán conmigo. Mañana temprano te dejaré partir y
responderé a todo lo que te preocupa. 20 Por las asnas que perdiste hace tres
días, no te inquietes: ya las han encontrado. Además, ¿de quién va a ser todo
lo que hay de valioso en Israel? ¿No será tuyo y de toda la casa de tu
padre?". 21 Saúl respondió: "¿No soy un benjaminita, de la más
pequeña entre las tribus de Israel? Y mi clan, ¿no es el menor entre todos
los clanes de Benjamín? ¿Por qué me hablas así?". 22 Samuel llevó consigo a Saúl y a su servidor, los
hizo entrar en la sala y les asignó un puesto especial, a la cabecera de los
invitados, que eran unos treinta. 23 Samuel dijo entonces al cocinero:
"Sírvele la porción que te di para que la pusieras aparte". 24 El
cocinero extrajo el muslo y la cola, y los puso delante de Saúl. Samuel dijo:
"Ahí, tienes servida tu ración. Come, porque la han reservado para ti,
cuando yo invité al pueblo a la fiesta". Así Saúl comió con Samuel aquel
día. 25 En seguida bajaron del lugar alto a la ciudad, y Samuel conversó con
Saúl en la azotea. 26 Por la mañana, se levantaron de madrugada. Apenas
despuntó el alba, Samuel llamó a Saúl en la azotea y le dijo:
"Levántate, voy a dejarte partir". Saúl se levantó, y los dos, él y
Samuel, salieron afuera. 27 Cuando habían bajado hasta las afueras de la
ciudad, Samuel le dijo: "Dile al servidor que se nos adelante". Él
se adelantó, y Samuel añadió: "Detente un momento, y te haré oír la
palabra de Dios". La unción de Saúl como rey 10 1
Samuel tomó el frasco de aceite y lo derramó sobre la cabeza de Saúl. Luego lo besó y dijo: "¡El Señor te ha ungido
como jefe de su herencia! 2 Hoy mismo, cuando te hayas alejado de mí,
encontrarás a dos hombres cerca de la tumba de Raquel, en territorio de
Benjamín, en Selsáj. Ellos te dirán: ‘Han hallado las asnas que habías ido a
buscar. Ahora tu padre ya no piensa más en ese asunto, y está inquieto por
ustedes, diciendo: ¿Qué puedo hacer por mi hijo?’. 3 Más adelante, cuando
llegues a El regreso de Saúl 9 Apenas Saúl se dio vuelta para alejarse de Samuel,
Dios le cambió el corazón, y aquel mismo día se cumplieron las señales. 10 Desde
allí, se dirigieron a Guibeá, y se encontraron con un grupo de profetas.
Entonces lo invadió el espíritu de Dios y entró en trance en medio de ellos.
11 Todos los que lo conocían de antes, al verlo en trance en medio de los
profetas, se decían unos a otros: "¿Qué le ha sucedido al hijo de Quis?
¿También Saúl está entre los profetas?". 12 Uno de los presentes
intervino, diciendo: "¿Quién es el padre de estos?". Así se hizo
proverbial la frase: "¿También Saúl está entre los profetas?". 13 Cuando salió de su trance profético, Saúl regresó
a su casa. 14 Su tío les preguntó a él y a su servidor: "¿A dónde
fueron?". "A buscar las asnas, respondió; pero como no aparecían
por ninguna parte, acudimos a Samuel". 15 El tío de Saúl dijo: "Cuéntame
lo que les dijo Samuel". 16 Saúl respondió a su tío: "Nos dijo
solamente que las asnas habían sido halladas". Pero no le contó nada de
lo que había dicho Samuel sobre el asunto del reino. Saúl designado y aclamado rey 17 Samuel convocó a todo el pueblo delante del Señor
en Mispá, 18 y dijo a los israelitas: "Así habla el Señor, el Dios de
Israel: Yo hice subir a Israel de Egipto, y los libré a ustedes de la mano de
los egipcios y de la mano de todos los reinos que los oprimían. 19 Pero
ustedes han rechazado hoy a su Dios, a él, que los libra de todos sus males y
angustias, y le han dicho: ‘¡No! ¡Tú nos darás un rey!’. Por eso preséntense
ahora delante del Señor por tribus y por clanes". 20 Samuel hizo que se
acercaran todas las tribus de Israel, y la suerte cayó sobre la tribu de
Benjamín. 21 Luego hizo que se acercara la tribu de Benjamín por clanes, y la
suerte cayó sobre el clan de Matrí. Después hizo que se acercara el clan de
Matrí, hombre por hombre, y la suerte cayó sobre Saúl, hijo de Quis. Pero lo
buscaron y no lo encontraron. 22 Entonces volvieron a consultar al Señor:
"¿Ha venido aquí ese hombre?". El Señor respondió: "Está allí,
escondido entre los equipajes". 23 Fueron corriendo a sacarlo de allí; y
cuando se presentó en medio del pueblo, sobresalía por encima de todos, de
los hombros para arriba. 24 Samuel dijo a todo el pueblo: "¿Vieron al
que ha elegido el Señor? No hay nadie como él en todo el pueblo". Y todo
el pueblo lanzó una ovación, gritando: "¡Viva el rey!". 25 Samuel expuso al pueblo el derecho de la realeza,
y lo escribió en un libro que depositó delante del Señor. Luego Samuel
despidió a todo el pueblo, y se fue cada uno a su casa. 26 También Saúl se
fue a su casa, a Guibeá, y lo acompañaron los valientes a quienes Dios había
tocado el corazón. 27 Pero algunos hombres ruines dijeron: "¡Qué va a
salvarnos este!". Así lo despreciaron y no le ofrecieron ningún
presente. Victoria de Saúl sobre los amonitas 11 Cerca
de un mes más tarde, 1 Najás, el amonita, subió contra Iabés en Galaad y la
sitió. Todos los hombres de Iabés dijeron a Najás: "Pacta con nosotros y
te serviremos". 2 Pero Najás, el amonita, les respondió: "Pactaré
con ustedes a condición de arrancarles a cada uno el ojo derecho, e infligir
así un oprobio a todo Israel". 3 Los ancianos de Iabés le dijeron:
"Danos una tregua de siete días para enviar mensajeros por todo el
territorio de Israel. Si nadie nos socorre, nos rendiremos a ti". 4
Cuando los mensajeros llegaron a Guibeá de Saúl y comunicaron la noticia en
presencia del pueblo, todos se pusieron a llorar a gritos. 5 En ese momento, Saúl volvía del campo detrás de
sus bueyes, y preguntó: "¿Qué le pasa al pueblo para llorar así?".
Entonces le contaron lo que habían dicho los hombres de Iabés. 6 El espíritu
de Dios irrumpió sobre Saúl cuando este oyó esas palabras, y una violenta ira
se apoderó de él. 7 Tomó una yunta de bueyes, los despedazó y envió los
pedazos por todo el territorio de Israel, con este mensaje: "Así serán
tratados los bueyes del que no salga a combatir detrás de Saúl". El terror
del Señor invadió al pueblo, y todos se pusieron en marcha como un solo
hombre. 8 Saúl les pasó revista en Bézec: eran trescientos mil israelitas y
treinta mil hombres de Judá. 9 Luego dijo a los mensajeros que habían venido:
"Así hablarán a los hombres de Iabés en Galaad: ‘Mañana, a la hora en
que más calienta el sol, serán socorridos’". Los mensajeros llevaron la
noticia a los hombres de Iabés, y estos se llenaron de alegría. 10 Entonces los hombres de Iabés dijeron a Najás:
"Mañana nos rendiremos a ustedes, y ustedes nos tratarán como mejor les
parezca". Saúl reconocido por todo el pueblo 12 El pueblo dijo a Samuel: "¿Quiénes son los
que preguntaban si Saúl reinaría sobre nosotros? Entreguen a esos hombres y
los mataremos". 13 Pero Saúl intervino, diciendo: "Nadie morirá en
este día, porque hoy el Señor ha obtenido una victoria en Israel". 14 Y
Samuel dijo al pueblo: "Vengan, vamos a Guilgal y allí renovaremos la
realeza". 15 Todo el pueblo fue a Guilgal, y proclamaron rey a Saúl
delante del Señor. Allí ofrecieron sacrificios de comunión, y Saúl y todos
los hombres de Israel se alegraron sobremanera. El discurso de despedida de Samuel 12 1
Samuel dijo a todo Israel: "Yo les hice caso en todo lo que me dijeron y
les he dado un rey. 2 Ahora, ahí tienen al rey que marcha al frente de
ustedes. En cuanto a mí, ya estoy viejo y lleno de canas, y ahí están mis
hijos, como unos más entre ustedes. Yo estuve al frente de ustedes desde mi
juventud hasta el día de hoy. 3 ¡Aquí me tienen! Declaren contra mí delante
del Señor y delante de su ungido: ¿A quién le he quitado un buey? ¿A quién le
he quitado un asno? ¿A quién lo he oprimido o perjudicado? ¿Por quién me he
dejado sobornar para cerrar los ojos? Díganlo, y yo les restituiré". 4
Ellos respondieron: "Nunca nos has oprimido ni perjudicado, ni has
aceptado nada de nadie". 5 Él les dijo: "El Señor es testigo contra
ustedes, y también su ungido es testigo en este día, de que nunca me han
sorprendido con nada en la mano". Ellos le dijeron: "¡Sí, es
testigo!". 6 Samuel dijo al pueblo: "Es testigo el Señor,
que suscitó a Moisés y a Aarón, e hizo subir de Egipto a los padres de
ustedes. 7 Ahora, preséntense para que entable un juicio con ustedes delante
del Señor, evocando los actos de justicia que el Señor hizo en favor de
ustedes y de sus padres. 8 Después que Jacob llegó a Egipto, los egipcios los
avasallaron, y los padres de ustedes clamaron al Señor. El Señor envió
entonces a Moisés y a Aarón, que hicieron salir a sus padres de Egipto y los
establecieron en este lugar. 9 Pero ellos olvidaron al Señor, su Dios, y él
los entregó en manos de Sísara, el jefe del ejército de Jasor, y en manos de
los filisteos y del rey de Moab, que les hicieron la guerra. 10 Ellos
clamaron al Señor, diciendo: ‘Hemos pecado, porque abandonamos al Señor y
servimos a los Baales y a las Astartés. ¡Líbranos ahora de las manos de
nuestros enemigos, y te serviremos!’. 11 El Señor envió entonces a Ierubaal,
a Bedán, a Jefté y a Samuel; así los libró de sus enemigos de alrededor, y
ustedes vivieron seguros. 12 Pero cuando vieron que los atacaba Najás, el rey
de los amonitas, ustedes me dijeron: ‘¡No! ¡Que reine un rey sobre
nosotros!’, siendo así que tienen como rey al Señor, su Dios. 13 Ahora, ahí
está el rey que se han elegido y que han pedido: ya ven que el Señor les ha
dado un rey. 14 Si ustedes temen al Señor y lo sirven, si escuchan su voz y
no se muestran rebeldes a las órdenes del Señor, si ustedes mismos y el rey
que reina sobre ustedes siguen al Señor, todo irá bien. 15 Pero si no
escuchan la voz del Señor, y si son rebeldes a sus órdenes, la mano del Señor
se hará sentir sobre ustedes y sobre su rey. 16 Y ahora, preséntense para ver este gran prodigio
que realizará el Señor a la vista de ustedes. 17 ¿No estamos en la época de
cosechar el trigo? Yo voy a invocar al Señor y él enviará truenos y lluvia;
así ustedes reconocerán y verán qué grande es el mal que han cometido a los
ojos del Señor, al pedir para ustedes un rey". 18 Samuel invocó al Señor, y aquel día el Señor
envió truenos y lluvia. Todo el pueblo sintió un gran temor del Señor y de
Samuel. 19 Y todo el pueblo dijo a Samuel: "Ruega al Señor, tu Dios, por
tus servidores, y así no moriremos; porque a todos nuestros pecados hemos
añadido la maldad de pedir para nosotros un rey". 20 Pero Samuel dijo al pueblo: "¡No teman! Por
más que hayan cometido todo este mal, no se aparten del Señor, y sírvanlo de
todo corazón. 21 No se aparten siguiendo a dioses falsos, que ni ayudan ni
pueden librar, porque no son nada. 22 No, el Señor no rechazará a su pueblo,
por el honor de su gran Nombre, porque él ha querido hacer de ustedes su
pueblo. 23 En lo que a mí respecta, ¡lejos de mi pecar contra el Señor,
dejando de rogar por ustedes! Yo les enseñaré el camino bueno y recto. 24
Basta que teman al Señor y lo sirvan fielmente de todo corazón. Miren qué
grandes cosas ha hecho el Señor con ustedes. 25 Pero si persisten en hacer el
mal, perecerán ustedes junto con su rey". La rebelión contra los filisteos 13 1 Saúl
tenía... años cuando comenzó a reinar, y reinó... años sobre Israel. 2 Saúl seleccionó a tres mil hombres de Israel: dos
mil estaban con él en Micmás y en la montaña de Betel, y mil con Jonatán en
Guibeá de Benjamín. Al resto del pueblo lo envió a sus campamentos. 3 Jonatán derrotó al destacamento filisteo apostado
en Gueba, y los filisteos se enteraron. Entonces Saúl hizo tocar la trompeta
por todo el país, diciendo: "¡Que oigan los hebreos!". 4 Cuando
todo Israel oyó que Saúl había derrotado al destacamento filisteo y que hasta
el nombre de Israel causaba repulsión entre los filisteos, el pueblo acudió a
la convocatoria de Saúl en Guilgal. 5 Los filisteos se reunieron para combatir contra
Israel: tenían tres mil carros, seis mil guerreros y una tropa numerosa como
la arena que está a la orilla del mar. Luego subieron y acamparon en Micmás,
al este de Bet Aven. 6 Al verse en un grave aprieto, porque estaban cercados,
los hombres de Israel fueron a esconderse en las cuevas, entre los
matorrales, en las peñas, en los huecos y en las cisternas. 7 Y algunos
hebreos cruzaron el Jordán, hacia el país de Gad y de Galaad. Saúl estaba todavía en Guilgal, y todo el pueblo
temblaba de miedo detrás de él. 8 Así esperó siete días, según el plazo
fijado por Samuel. Pero Samuel no llegaba a Guilgal y el pueblo se le comenzó
a desbandar. 9 Entonces Saúl dijo: "Tráiganme el holocausto y los
sacrificios de comunión", y él mismo ofreció el holocausto. La ruptura de Samuel con Saúl 10 Apenas terminó de ofrecer el holocausto, llegó
Samuel, y Saúl salió a su encuentro para saludarlo. 11 Pero Samuel le dijo:
"¿Qué has hecho?". Saúl respondió: "Como vi que el pueblo se
me desbandaba, que tú no llegabas en el plazo fijado y que los filisteos
estaban reunidos en Micmás, 12 pensé: ‘Ahora los filisteos bajarán a atacarme
en Guilgal, y yo no he aplacado el rostro del Señor’. Así que me vi obligado
a ofrecer el holocausto". 13 Entonces Samuel replicó a Saúl: "¡Has
obrado neciamente! Si hubieras observado el mandamiento que te dio el Señor,
tu Dios, él habría afianzado para siempre tu reinado sobre Israel. 14 Pero
ahora tu reino no subsistirá. El Señor se ha buscado un hombre según su
corazón y lo ha constituido jefe de su pueblo, porque tú no has observado lo
que el Señor te mandó". 15 En seguida, Samuel partió de Guilgal. Los preparativos para la guerra En Guibeá de Benjamín, Saúl pasó revista a la tropa
que estaba con él: eran unos seiscientos hombres. 16 Saúl, su hijo Jonatán y
la tropa que estaba con él se apostaron en Gueba de Benjamín, y los filisteos
acamparon en Micmás. 17 Del campamento filisteo salió un cuerpo de asalto
dividido en tres grupos: uno tomó la dirección de Ofrá, hacia el país de
Sual; 18 otro se dirigió a Bet Jorón, y otro a la altura que domina el valle
de las Hienas, hacia el desierto. 19 No había entonces ningún herrero en Israel,
porque los filisteos decían: "Hay que evitar que los hebreos se forjen
espadas y lanzas". 20 Por eso, todos los israelitas tenían que acudir a
los filisteos para reparar sus azadas, sus rejas de arado, sus hachas y sus
hoces. 21 Había que pagar dos tercios de siclo por las azadas y las rejas de
arado, y un tercio de siclo por afilar las hachas y reparar las picanas. 22
Así, el día de la batalla de Micmás, nadie del ejército que estaba con Saúl y
Jonatán tenía en la mano una espada o una lanza. Sólo la tenían Saúl y su
hijo Jonatán. 23 Un destacamento de los filisteos partió para el
paso de Micmás. La hazaña de Jonatán 14 1 Un
día, Jonatán, hijo de Saúl, dijo a su escudero: "Vamos a cruzarnos hasta
la guarnición de los filisteos que está allí, al otro lado". Pero no le
comunicó nada a su padre. 2 Mientras tanto, Saúl estaba sentado en las
afueras de Guibeá, bajo el Granado de Migrón, y tenía con él cerca de
seiscientos hombres. 3 Ajías, hijo de Ajitub, hermano de Icabod, hijo de
Pinjás, hijo de Elí, el sacerdote del Señor en Silo, llevaba el efod. La
tropa tampoco sabía que Jonatán había partido. 4 En uno de los desfiladeros por los que Jonatán
trataba de abrirse paso hasta la guarnición de los filisteos, hay dos grandes
peñascos, uno a cada lado; el primero se llama Bosés y el otro Sené. 5 Uno de
esos peñascos se alza hacia el norte, frente a Micmás, y el otro hacia el
sur, frente a Gueba. 6 Jonatán dijo a su escudero: "Vamos a cruzarnos a
la guarnición de esos incircuncisos. Pueda ser que el Señor intervenga a
favor nuestro, ya que nada le impide dar la victoria, sea con muchos o con
pocos". 7 Su escudero le respondió: "Actúa como mejor te parezca;
puedes contar conmigo para lo que quieras". 8 Jonatán añadió: "Avanzaremos
hasta donde están esos hombres y dejaremos que nos descubran. 9 Si nos dicen:
‘¡Alto ahí, hasta que los alcancemos!’, nos quedaremos en nuestro puesto, sin
subir adonde están ellos. 10 Pero si nos dicen: ‘¡Suban!’, entonces
subiremos, porque el Señor los entrega en nuestras manos. Esta será la
contraseña". 11 En seguida se hicieron ver de la guarnición
filistea, y los filisteos, al descubrirlos, exclamaron: "Miren, son unos
hebreos que salen de las cuevas donde se habían escondido". 12 Luego,
dirigiéndose a Jonatán y a su escudero, los hombres de la guarnición dijeron:
"¡Suban, y les haremos saber una cosa!". Jonatán dijo a su
escudero: "Sube detrás de mí, porque el Señor los ha entregado en manos
de Israel". 13 Jonatán trepó valiéndose de las manos y los pies, seguido
de su escudero. Y a medida que los filisteos caían bajo los golpes de
Jonatán, su escudero, que iba detrás, acababa con ellos. 14 En esta primera incursión, Jonatán y su escudero
ultimaron a unos veinte hombres, como quien abre un surco en media parcela de
campo. 15 El pánico cundió en el campamento, en la campaña y entre todo el
pueblo; la guarnición y el cuerpo de asalto también quedaron aterrorizados.
Tembló la tierra, y reinó el terror de Dios. La derrota de los filisteos 16 Los centinelas de Saúl, en Guibeá de Benjamín,
vieron cómo la multitud se agitaba y corría de aquí para allá. 17 Entonces
Saúl dijo a la tropa que estaba con él: "Pasen revista, a ver si falta
alguno de los nuestros". Pasaron revista, y faltaban Jonatán y su escudero.
18 Saúl dijo a Ajías: "Trae aquí el efod". Porque, en ese tiempo,
era él quien llevaba el efod delante de Israel. 19 Mientras Saúl le hablaba
al sacerdote, el tumulto crecía cada vez más en el campamento de los
filisteos. Saúl dijo al sacerdote: "Retira tu mano". 20 Luego Saúl
y toda la tropa que lo acompañaba se reunieron y avanzaron hacia el lugar del
combate: allí los filisteos habían desenvainado la espada unos contra otros,
y la confusión era total. 21 Los hebreos que antes habían estado al servicio
de los filisteos, y que habían subido con ellos al campamento, también se
plegaron a los israelitas que estaban con Saúl y Jonatán. 22 Y todos los
hombres de Israel que estaban escondidos en la montaña de Efraím, al
enterarse de la huida de los filisteos, se pusieron igualmente a
perseguirlos. 23 Aquel día, el Señor dio la victoria a Israel, y el combate
se extendió hasta más allá de Bet Aven. El juramento de Saúly la reacción de Jonatán 24 Los israelitas estaban exhaustos aquel día,
porque Saúl había pronunciado sobre el pueblo esta imprecación: "Maldito
el hombre que coma algo hasta la tarde, antes que me haya vengado de mis
enemigos". Y nadie comió un solo bocado. 25 Así la gente llegó a un
bosque donde había miel en el suelo. 26 Al entrar en el bosque, vieron que
allí corría la miel, pero nadie se atrevió a probarla por temor al juramento.
27 Sin embargo, Jonatán no había oído cuando su padre imponía al pueblo el
juramento. Por eso, alargó el bastón que tenía en la mano, hundió la punta en
la miel y se la llevó a la boca. Entonces se le iluminó la mirada. 28 Pero
uno de la tropa intervino, diciendo: "Tu padre ha impuesto al pueblo
este juramento solemne: ‘Maldito el hombre que coma algo hoy’, y eso que la
gente está agotada". 29 Jonatán replicó: "Mi padre ha traído la
desgracia al país. ¡Miren cómo se han iluminado mis ojos con sólo probar un
poco de esta miel! 30 Si hoy la tropa hubiera comido del botín arrebatado al
enemigo, ¡cuánto mayor habría sido la derrota de los filisteos!". La transgresión de un precepto ritual 31 Aquel día, ellos derrotaron a los filisteos desde
Micmás hasta Aialón, y el pueblo quedó completamente agotado. 32 La tropa se
lanzó sobre el botín y tomó ovejas, bueyes y terneros; los degollaron sobre
el suelo, y el pueblo los comió con la sangre. 33 Entonces le avisaron a
Saúl: "El pueblo está pecando contra el Señor, porque come carne con
sangre". Él replicó: "¡Ustedes son unos traidores! Hagan rodar
hasta aquí, ahora mismo, una piedra bien grande". 34 Luego añadió:
"Dispérsense entre el pueblo y díganle que me traiga cada uno su buey o
su oveja. Degüéllenlos aquí y coman; pero no pequen contra el Señor comiendo
carne con sangre". Esa noche, cada uno llevó el buey que tenía a mano y
lo degollaron en aquel lugar. 35 Saúl edificó un altar al Señor, y ese fue el
primer altar erigido por él. Jonatán salvado por el pueblo 36 Saúl dijo a la tropa: "Bajemos esta noche a
perseguir a los filisteos; los saquearemos hasta que despunte el alba y no
les dejaremos ni un solo hombre". Ellos respondieron: "Obra como
mejor te parezca". Pero el sacerdote dijo: "Consultemos a Dios aquí
mismo". 37 Entonces Saúl interrogó a Dios: "¿Debo bajar a perseguir
a los filisteos? ¿Los entregarás en manos de Israel?". Pero Dios no le
respondió nada aquel día. 38 Saúl dijo entonces: "¡Adelántense, ustedes,
todos los dignatarios del pueblo! Infórmense y vean en qué consiste el pecado
cometido hoy. 39 Porque, ¡por la vida del Señor, el salvador de Israel!,
aunque se trate de mi hijo Jonatán, morirá seguramente". Pero nadie le
respondió nada. 40 Saúl dijo a todo Israel: "Ustedes se quedarán de un
lado, y yo y mi hijo Jonatán del otro". El pueblo dijo a Saúl:
"Obra como mejor te parezca". 41 Saúl dijo al Señor: "Dios de Israel, danos
una respuesta exacta". La suerte cayó sobre Saúl y Jonatán, mientras que
el pueblo quedó libre. 42 "Ahora, añadió Saúl, echen la suerte entre mi
hijo Jonatán y yo". Y la suerte cayó sobre Jonatán. 43 Saúl dijo a
Jonatán: "Cuéntame lo que has hecho". Él le respondió: "Simplemente,
he probado un poco de miel con la punta del bastón que tenía en la mano. Aquí
estoy dispuesto a morir". 44 Saúl dijo: "¡Que Dios me castigue, si
tú no mueres, Jonatán!". 45 Pero el pueblo replicó a Saúl: "¡Cómo
va a morir Jonatán, que ha obtenido esta gran victoria en Israel! ¡De ninguna
manera! ¡Por la vida del Señor, no caerá por tierra ni un solo cabello de su
cabeza, porque él ha actuado hoy con la ayuda de Dios!". Así el pueblo
libró a Jonatán, y él no murió. 46 Saúl dejó de perseguir a los filisteos, y estos
se fueron a su tierra. Vista de conjuntosobre el reinado de Saúl 47 Una vez que Saúl asumió el poder real sobre
Israel, hizo la guerra a todos sus enemigos de alrededor: a Moab, a los
amonitas, a Edóm, a los reyes de Sobá y a los filisteos. Dondequiera que iba,
salía victorioso. 48 Hizo proezas, derrotó a Amalec y libró a Israel de
aquellos que lo saqueaban. 49 Sus hijos fueron Jonatán, Isví y Malquisúa. Sus
dos hijas se llamaban, la mayor Merab y la menor Mical. 50 La mujer de Saúl
se llamaba Ajinóam, hija de Ajimáas. El jefe de su ejército se llamaba Abner,
hijo de Ner, tío de Saúl. 51 Quis, el padre de Saúl, y Ner, el padre de
Abner, eran hijos de Abiel. 52 La guerra contra los filisteos fue muy
encarnizada durante toda la vida de Saúl. Y siempre que él veía a un hombre
valiente y aguerrido, lo incorporaba a sus filas La guerra contra Amalec 15 1
Samuel dijo a Saúl: "Fue el Señor el que me envió a ungirte rey de mi
pueblo Israel. Por eso, escucha ahora las palabras del Señor. 2 Así habla el
Señor de los ejércitos: Voy a pedir cuenta a Amalec de lo que hizo a Israel,
al cortarle el camino cuando este subía de Egipto. 3 Ahora ve y derrota a
Amalec. Conságralo al exterminio con todo lo que posee y no lo perdones, mata
a hombres y mujeres, niños y pequeños, vacas y ovejas, camellos y
asnos". 4 Saúl convocó al pueblo y le pasó revista en Telam:
eran doscientos mil hombres de a pie y diez mil hombres de Judá. 5 Luego
avanzó hasta la ciudad de Amalec y tendió una emboscada en el barranco. 6
Entonces Saúl avisó a los quenitas: "¡Vamos, retírense de en medio de
los amalecitas y bajen, no sea que los trate igual que a ellos! Porque
ustedes han sido benévolos con todos los israelitas, cuando bajaban de
Egipto". Así los quenitas se retiraron de en medio de Amalec. La desobediencia de Saúl 7 Saúl derrotó a Amalec desde Javilá hasta la
entrada de Sur, que está frente a Egipto. 8 Capturó vivo a Agag, rey de
Amalec, y consagró al exterminio a todo el pueblo, pasándolos al filo de la
espada. 9 Pero Saúl y el pueblo perdonaron la vida a Agag y a lo mejor del
ganado mayor y menor, a los animales cebados, a los corderos y a todo lo que
había de bueno, y no quisieron consagrarlos al exterminio. Exterminaron, en
cambio, todo lo que era despreciable y sin valor. Saúl rechazado definitivamentepor el Señor 10 La palabra del Señor llegó entonces a Samuel en
estos términos: 11 "Estoy arrepentido de haber hecho rey a Saúl, porque
se ha apartado de mí y no ha cumplido mis palabras". Samuel quedó muy
perturbado y pasó la noche clamando al Señor. 16 Entonces Samuel dijo a Saúl: "¡Basta! Voy a
anunciarte lo que el Señor me dijo anoche". "Habla", replicó
él. 17 Samuel añadió: "Aunque tú mismo te consideres poca cosa, ¿no
estás al frente de las tribus de Israel? El Señor te ha ungido rey de Israel.
18 Él te mandó hacer una expedición y te dijo: Ve y consagra al exterminio a
esos pecadores, los amalecitas; combátelos hasta acabar con ellos. 19 ¿Por
qué entonces no has escuchado la voz del Señor? ¿Por qué te has lanzado sobre
el botín y has hecho lo malo a los ojos del Señor?". 20 Saúl le replicó:
"¡Yo escuché la voz del Señor! Hice la expedición que él me había
encomendado; traje a Agag, rey de Amalec, consagré al exterminio a los
amalecitas, 21 y el pueblo tomó del botín ovejas y vacas, lo mejor de lo
destinado al exterminio, para ofrecer sacrificios al Señor, tu Dios, en
Guilgal". 22 Samuel respondió: "¿Quiere el Señor holocaustos y sacrificios o quiere que se obedezca su voz? La obediencia vale más que el sacrificio; la docilidad, más que la grasa de carneros. 23 Como pecado de hechiceríaes la rebeldía; como crimen de idolatría es la contumacia. Porque tú has rechazadola palabra del Señor, él te ha rechazado a ti para que no seas rey". 24 Saúl dijo a Samuel: "He pecado, porque
transgredí la orden del Señor y tus palabras. Tuve miedo del pueblo y escuché
su demanda. 25 Pero ahora, te ruego que perdones mi pecado; vuelve conmigo, e
iré a postrarme delante del Señor". 26 Samuel respondió a Saúl: "No
volveré contigo, porque tú has rechazado la palabra del Señor, y él te ha
rechazado a ti para que ya no seas más rey de Israel". 27 Samuel se dio vuelta para irse, pero Saúl le tomó
el borde de su manto, y este se rasgó. 28 Entonces Samuel le dijo: "Hoy
el Señor te ha arrebatado el poder real sobre Israel, y se lo ha conferido a
otro mejor que tú". 29 –Sin embargo, el Esplendor de Israel no miente ni
se arrepiente, porque él no es un hombre para arrepentirse–. 30 Saúl dijo:
"He pecado, pero te ruego que me honres ante los ancianos de mi pueblo y
ante Israel: vuelve conmigo, y me postraré ante el Señor, tu Dios". 31
Entonces Samuel volvió en compañía de Saúl, y este se postró delante del
Señor. Muerte de Agag y partida de Samuel 32 Luego dijo Samuel: "Tráiganme a Agag, rey de
los amalecitas". Agag se acercó a él muy complacido, pensando:
"Seguramente, me he librado de la amargura de la muerte". 33 Pero
Samuel dijo: "Como tu espada ha
dejadosin hijos a tantas mujeres, así tu madre quedará sin
su hijoentre las mujeres". Y descuartizó a Agag delante del Señor, en Guilgal. 34 Luego Samuel partió hacia Ramá, y Saúl se fue a
su casa, en Guibeá de Saúl. 35 Samuel no vio nunca más a Saúl hasta el día de
su muerte. Pero estaba de duelo por él, porque el Señor se había arrepentido
de haberlo hecho rey de Israel. PREEMINENCIA DE
DAVID Y DECADENCIA DE SAÚL El resto del primer
libro de Samuel se ocupa casi exclusivamente de las relaciones de Saúl con
David. Saúl constituye el fondo oscuro del cuadro, sobre el que se destaca
cada vez más la excepcional personalidad de David. Los triunfos y la
popularidad del joven guerrero despiertan los celos y la furia homicida del
rey, cuyo carácter tiránico y desequilibrado hace resaltar, por
contraposición, la magnanimidad y nobleza de su rival. La trayectoria de David
comienza con su incorporación a la corte del rey Saúl y culmina con su
elevación al trono de Judá y de Israel. Impulsado por su espíritu sagaz, por
su amplitud de miras y su ardiente fe en el Señor, él librará definitivamente
a su pueblo del yugo filisteo y hará de Israel una nación soberana. El
recuerdo de estas hazañas y las promesas que le hizo el Señor, a él y a su
dinastía (2 Sam. 7. 1-17), lo convirtieron en el prototipo del rey ideal y en
el antepasado por excelencia del futuro Mesías. El mismo Jesús no rehusa ser
llamado "Hijo de David" (Mt.
20. 30-31; 21. 9), y este es precisamente el título que se le da al comienzo
del Nuevo Testamento (Mt. 1. 1). La unción de David 16 1 El
Señor dijo a Samuel: "¿Hasta cuándo vas a estar lamentándote por Saúl,
si yo lo he rechazado para que no reine más sobre Israel? ¡Llena tu frasco de
aceite y parte! Yo te envío a Jesé, el de Belén, porque he visto entre sus
hijos al que quiero como rey". 2 Samuel respondió: "¿Cómo voy a ir?
Si se entera Saúl, me matará". Pero el Señor replicó: "Llevarás
contigo una ternera y dirás: ‘Vengo a ofrecer un sacrificio al Señor’. 3
Invitarás a Jesé al sacrificio, y yo te indicaré lo que debes hacer: tú me
ungirás al que yo te diga". 4 Samuel hizo lo que el Señor le había dicho. Cuando
llegó a Belén, los ancianos de la ciudad salieron a su encuentro muy atemorizados,
y le dijeron: "¿Vienes en son de paz, vidente?". 5 "Sí,
respondió él; vengo a ofrecer un sacrificio al Señor. Purifíquense y vengan
conmigo al sacrificio". Luego purificó a Jesé y a sus hijos y los invitó
al sacrificio. 6 Cuando ellos se presentaron, Samuel vio a Eliab y
pensó: "Seguro que el Señor tiene ante él a su ungido". 7 Pero el
Señor dijo a Samuel: "No te fijes en su aspecto ni en lo elevado de su
estatura, porque yo lo he descartado. Dios no mira como mira el hombre;
porque el hombre ve las apariencias, pero Dios ve el corazón". 8 Jesé
llamó a Abinadab y lo hizo pasar delante de Samuel, el cual dijo:
"Tampoco a este ha elegido el Señor". 9 Luego hizo pasar a Sammá;
pero Samuel dijo: "Tampoco a este ha elegido el Señor". 10 Así Jesé
hizo pasar ante Samuel a siete de sus hijos, pero Samuel dijo a Jesé:
"El Señor no ha elegido a ninguno de estos". 11 Entonces Samuel preguntó a Jesé: "¿Están
aquí todos los muchachos?". Él respondió: "Queda todavía el más
joven, que ahora está apacentando el rebaño". Samuel dijo a Jesé:
"Manda a buscarlo, porque no nos sentaremos a la mesa hasta que llegue
aquí". 12 Jesé lo hizo venir: era de tez clara, de hermosos ojos y buena
presencia. Entonces el Señor dijo a Samuel: "Levántate y úngelo, porque
es este". 13 Samuel tomó el frasco de óleo y lo ungió en presencia de
sus hermanos. Y desde aquel día, el espíritu del Señor descendió sobre David.
Samuel, por su parte, partió y se fue a Ramá. David al servicio de Saúl 14 El espíritu del Señor se había retirado de Saúl,
y lo atormentaba un mal espíritu, enviado por el Señor. 15 Sus servidores le
dijeron: "Un mal espíritu de Dios no deja de atormentarte. 16 Basta que
nuestro señor lo diga, y los servidores que te asisten buscarán un hombre que
sepa tocar la cítara. Así, cuando te asalte el mal espíritu de Dios, él
tocará la cítara, y tú te sentirás aliviado". 17 Saúl respondió a sus
servidores: "Sí, búsquenme un hombre que toque bien y tráiganlo".
18 Entonces intervino uno de sus servidores, diciendo: "Justamente he
visto a un hijo de Jesé, el de Belén, que sabe tocar. Además, es valiente y
hábil guerrero; habla muy bien, tiene buena presencia y el Señor está con
él". 19 Entonces Saúl envió unos mensajeros a Jesé para
decirle: "Envíame a tu hijo David, que está con el rebaño". 20 Jesé
tomó un asno, pan, un odre de vino y un cabrito, y se los envió a Saúl con su
hijo David. 21 David se presentó a Saúl y se puso a su servicio. Saúl le tomó
un gran afecto y lo hizo su escudero. 22 Luego mandó decir a Jesé: "Que
David se quede a mi servicio porque me ha caído bien". 23 Y cuando un
espíritu de Dios asaltaba a Saúl, David tomaba la cítara y tocaba. Saúl se
calmaba y se sentía aliviado, y el mal espíritu se retiraba de él. Goliat, el gigante filisteo 17 1 Los
filisteos reunieron sus fuerzas para el combate. Se concentraron en Socó de
Judá y acamparon entre Socó y Azecá, en Efes Damím. 2 También Saúl y los
hombres de Israel se reunieron y acamparon en el valle del Terebinto, y se
dispusieron en orden de batalla frente a los filisteos. 3 Estos filisteos
estaban apostados en un monte, y los israelitas en el del lado opuesto, con
el valle de por medio. 4 Entonces salió del campo filisteo un luchador
llamado Goliat, de Gat, que medía casi tres metros de altura. 5 Llevaba en la
cabeza un casco de bronce e iba cubierto con una coraza escamada, también de
bronce, que pesaba más de medio quintal. 6 Tenía unas canilleras de bronce en
las piernas y una jabalina de bronce a la espalda. 7 El asta de su lanza era
gruesa como el palo de un telar y el hierro de la punta pesaba unos seis
kilos. Su escudero iba delante de él. 8 El filisteo se detuvo y gritó a las filas de
Israel: "¿Para qué salen a presentar batalla? ¿No soy yo el filisteo y
ustedes los esclavos de Saúl? Elijan a un hombre, y que baje a enfrentarme. 9
Si él es capaz de combatir conmigo y me derrota, seremos esclavos de ustedes.
Pero si yo puedo más que él y lo derroto, ustedes serán nuestros esclavos y
nos servirán". 10 Y el filisteo añadió: "Hoy lanzo un desafío a las
filas de Israel. Preséntenme un hombre y nos batiremos en duelo". 11
Saúl y todo Israel, al oír estas palabras del filisteo, quedaron espantados y
sintieron un gran temor. David en el frente de batalla 12 David era hijo de aquel Efrateo de Belén de Judá,
llamado Jesé, que tenía ocho hijos. En tiempos de Saúl, Jesé era ya un hombre
viejo, de edad avanzada, 13 y sus tres hijos mayores habían ido a la guerra
detrás de Saúl. El mayor de estos tres hijos se llamaba Eliab, el segundo
Abinadab y el tercero Sammá; 14 David era el más pequeño. Los tres mayores
habían seguido a Saúl, 15 mientras que David solía ir al campamento de Saúl y
luego volvía a Belén, para apacentar el rebaño de su padre. 16 Mientras tanto, el filisteo se adelantaba por la
mañana y por la tarde, y así se presentó durante cuarenta días. 17 Jesé dijo a su hijo David: "Toma esta bolsa
de grano tostado y estos diez panes, y corre a llevárselos a tus hermanos al
campamento. 18 Estos diez quesos se los entregarás al comandante. Fíjate bien
cómo están tus hermanos y trae algo de ellos como prenda. 19 Saúl está con
ellos y con todos los hombres de Israel en el valle del Terebinto,
combatiendo contra los filisteos". 20 David se levantó de madrugada, dejó el rebaño al
cuidado de un guardián y partió con su carga, como se lo había mandado Jesé.
Cuando llegó al cerco del campamento, el ejército avanzaba en orden de
batalla, lanzando el grito de guerra. 21 Israelitas y filisteos se alinearon
frente a frente. 22 Entonces David dejó las cosas que traía en manos del
encargado del equipaje, corrió hacia las filas y fue a saludar a sus
hermanos. 23 Mientras estaba hablando con ellos, subió del
frente filisteo el luchador llamado Goliat, el filisteo de Gat. Pronunció las
mismas palabras, y David lo escuchó. 24 Todos los israelitas, apenas vieron
al hombre, huyeron despavoridos delante de él. 25 Un hombre de Israel dijo:
"¿Han visto a ese hombre que sube? ¡Él viene a desafiar a Israel! Al que
lo derrote, el rey lo colmará de riquezas, le dará su hija como esposa y
eximirá de impuestos a su casa paterna en Israel". 26 David preguntó a los hombres que estaban con él:
"¿Qué le harán al hombre que derrote a ese filisteo y ponga a salvo el
honor de Israel? Porque ¿quién es ese filisteo incircunciso para desafiar a
las huestes del Dios viviente?". 27 La gente le repitió lo mismo:
"Al que lo derrote le harán tal y tal cosa". 28 Pero Eliab, su
hermano mayor, al oírlo hablar así con esos hombres, se irritó contra él y
exclamó: "¿Para qué has bajado aquí? ¿Y con quién has dejado esas pocas
ovejas en el desierto? Ya sé que eres un atrevido y un mal intencionado: ¡tú
has bajado para ver la batalla!". 29 David replicó: "Pero ¿qué he
hecho? ¿O ni siquiera se puede hablar?". 30 En seguida se apartó de él
y, dirigiéndose a otro, le hizo la misma pregunta. Y la gente le respondió lo
mismo que antes. 31 Los que habían oído las palabras que dijo David
se las comunicaron a Saúl, y este lo mandó llamar. 32 David dijo a Saúl:
"No hay que desanimarse a causa de ese; tu servidor irá a luchar contra
el filisteo". 33 Pero Saúl respondió a David: "Tú no puedes batirte
con ese filisteo, porque no eres más que un muchacho, y él es un hombre de
guerra desde su juventud". 34 David dijo a Saúl: "Tu servidor
apacienta el rebaño de su padre, y siempre que viene un león o un oso y se
lleva una oveja del rebaño, 35 yo lo persigo, lo golpeo y se la arranco de la
boca; y si él me ataca, yo lo agarro por la quijada y lo mato a golpes. 36
Así he matado leones y osos, y ese filisteo incircunciso será como uno de
ellos, porque ha desafiado a las huestes del Dios viviente". 37 Y David
añadió: "El Señor, que me ha librado de las garras del león y del oso,
también me librará de la mano de ese filisteo". Entonces Saúl dijo a
David: "Ve, y que el Señor esté contigo". El combate de David con Goliat 38 Saúl vistió a David con su propia indumentaria,
le puso en la cabeza un casco de bronce y lo cubrió con una coraza. 39
Después, David se ciñó la espada de Saúl por encima de su indumentaria, e
hizo un esfuerzo para poder caminar, porque no estaba entrenado. Entonces
David dijo a Saúl: "No puedo caminar con todas estas cosas porque no
estoy entrenado". Y David se las quitó. 40 Luego tomó en la mano su
bastón, eligió en el torrente cinco piedras bien lisas, las puso en su bolsa
de pastor, en la mochila, y con la honda en la mano avanzó hacia el filisteo. 41 El filisteo se fue acercando poco a poco a David,
precedido de su escudero. 42 Y al fijar sus ojos en David, el filisteo lo
despreció, porque vio que era apenas un muchacho, de tez clara y de buena
presencia. 43 Entonces dijo a David: "¿Soy yo un perro para que vengas a
mí armado de palos?". Y maldijo a David invocando a sus dioses. 44 Luego
le dijo: "Ven aquí, y daré tu carne a los pájaros del cielo y a los
animales del campo". 45 David replicó al filisteo: "Tú avanzas
contra mí armado de espada, lanza y jabalina, pero yo voy hacia ti en el
nombre del Señor de los ejércitos, el Dios de las huestes de Israel, a quien
tú has desafiado. 46 Hoy mismo el Señor te entregará en mis manos; yo te derrotaré,
te cortaré la cabeza, y daré tu cadáver y los cadáveres del ejército filisteo
a los pájaros del cielo y a los animales del campo. Así toda la tierra sabrá
que hay un Dios para Israel. 47 Y toda esta asamblea reconocerá que el Señor
da la victoria sin espada ni lanza. Porque esta es una guerra del Señor, y él
los entregará en nuestras manos". 48 Cuando el filisteo se puso en movimiento y se
acercó cada vez más para enfrentar a David, este enfiló velozmente en
dirección al filisteo. 49 En seguida metió la mano en su bolsa, sacó de ella
una piedra y la arrojó con la honda, hiriendo al filisteo en la frente. La
piedra se le clavó en la frente, y él cayó de bruces contra el suelo. 50 Así
venció David al filisteo con la honda y una piedra; le asestó un golpe mortal,
sin tener una espada en su mano. 51 David fue corriendo y se paró junto al filisteo;
le agarró la espada, se la sacó de la vaina y lo mató, cortándole la cabeza.
Al ver que su héroe estaba muerto, los filisteos huyeron. 52 Inmediatamente,
los hombres de Israel y de Judá lanzaron el grito de guerra y persiguieron a
los filisteos hasta la entrada de Gat y hasta las puertas de Ecrón. Muchos
filisteos cayeron heridos de muerte por el camino de Dos Puertas, hasta Gat y
Ecrón. 53 Después, los israelitas volvieron de su encarnizada persecución
contra los filisteos y saquearon su campamento. 54 David tomó la cabeza del
filisteo y la llevó a Jerusalén, pero dejó las armas en su propia carpa. La presentación de David a Saúl 55 Al ver que David salía al encuentro del filisteo,
Saúl le había preguntado a Abner, el jefe del ejército: "Abner, ¿de
quién es hijo ese muchacho?". "¡Por tu vida, rey, no lo sé!",
respondió Abner. 56 Entonces el rey dijo: "Averigua de quién es hijo ese
muchacho". 57 Cuando David volvió de matar al filisteo, Abner lo llevó a
la presencia de Saúl con la cabeza del filisteo en la mano. 58 Saúl le
preguntó: "¿De quién eres hijo, muchacho?". David respondió:
"Soy hijo de tu servidor Jesé, el de Belén". La amistad de Jonatán con David 18 1
Apenas David terminó de hablar con Saúl, Jonatán se encariñó con él y llegó a
quererlo como a sí mismo. 2 Saúl lo hizo quedar con él aquel día y no lo dejó
volver a la casa de su padre. 3 Y Jonatán hizo un pacto con David, porque lo
amaba como a sí mismo. 4 Él se despojó del manto que llevaba puesto y se lo
dio a David, y lo mismo hizo con su indumentaria y hasta con su espada, su
arco y su cinturón. 5 Siempre que salía de campaña, enviado por Saúl, David
tenía éxito. Entonces Saúl lo puso al frente de sus hombres de guerra. David
era bien visto por todo el pueblo y también por los servidores de Saúl. Los celos de Saúl contra David "Saúl ha matado a milesy David a decenas de
miles". 8 Saúl se puso furioso y muy disgustado por todo
aquello, pensó: "A David le atribuyen los diez mil, y a mí tan sólo los
mil. ¡Ya no le falta más que la realeza!". 9 Y a partir de ese día, Saúl
miró con malos ojos a David. 10 Al día siguiente, un mal espíritu que venía de
Dios se apoderó de Saúl, y él se puso a delirar en medio de su casa. David
tocaba su instrumento como los otros días, y Saúl tenía su lanza en la mano.
11 De pronto, Saúl empuñó la lanza, pensando: "Voy a clavar a David
contra la pared". Pero David esquivó el golpe una y otra vez. 12
Entonces Saúl le tuvo miedo, porque el Señor estaba con David y, en cambio,
se había retirado de él. 13 Por eso lo apartó de su lado, constituyéndolo
jefe de un millar de hombres. Así David iba y venía al frente de las tropas.
14 El éxito lo acompañaba en todas sus empresas y el Señor estaba con él. 15
Al ver que todo le salía bien, Saúl le tuvo miedo, 16 pero todos en Israel y
en Judá amaban a David, porque él iba y venía al frente de ellos. Los planes de Saúlpara deshacerse de David 17 Saúl dijo a David: "Ahí tienes a Merab, mi
hija mayor; te la voy a dar por esposa, pero tendrás que servirme
valerosamente y combatir en las guerras del Señor". En realidad, Saúl
pensaba: "Que sean los filisteos, y no yo, los que pongan su mano sobre
él". 18 Pero David respondió a Saúl: "¿Quién soy yo y quién es mi
estirpe, el clan de mi padre en Israel, para que yo sea el yerno del
rey?". 19 Y cuando llegó el momento en que David debía casarse con
Merab, la hija de Saúl, se la dieron como esposa a Adriel de Mejolá. 20 Mientras tanto, Mical, la otra hija de Saúl, se
había enamorado de David. Cuando se lo contaron a Saúl, este recibió con
agrado la noticia, 21 porque pensó: "Se la daré para tenerlo atrapado, y
así caerá en manos de los filisteos". Entonces Saúl dijo a David por
segunda vez: "Hoy vas a ser mi yerno". 22 Además, dio esta orden a
sus servidores: "Díganle a David confidencialmente: ‘El rey te aprecia y
todos sus servidores te quieren; ahora es el momento de convertirte en yerno
del rey’". 23 Los servidores del rey repitieron estas palabras a David,
pero él les respondió: "¿Les parece poca cosa ser yerno del rey? Yo soy
un hombre pobre y de condición humilde". 24 Cuando los servidores
informaron a Saúl de lo que había dicho David, 25 Saúl les dijo:
"Háblenle así a David: ‘Como único precio a cambio de su hija, el rey
quiere cien prepucios de filisteos, para vengarse de sus enemigos’". De
esta manera, Saúl pensaba lograr que David cayera en manos de los filisteos. El matrimonio de David con la hija de Saúl 26 Los servidores comunicaron estas palabras a David,
y a él le agradó la idea de convertirse en yerno del rey. Antes que se
cumpliera el plazo fijado, 27 David partió con sus hombres y mató a
doscientos filisteos. Luego trajo los prepucios y presentó ante el rey el
número completo, para poder ser su yerno. Entonces Saúl le dio como esposa a
su hija Mical. 28 Saúl, al ver esto, comprendió que el Señor estaba
con David y que su hija Mical lo amaba. 29 Por eso creció el miedo que le
tenía a David y fue su enemigo toda la vida. 30 Los jefes de los filisteos
solían hacer incursiones, y cada vez que salían, David tenía más éxito que
todos los servidores de Saúl. Así su nombre se hizo célebre. La intervención de Jonatánen favor de David 19 1 Saúl
habló a su hijo Jonatán y a todos sus servidores de su proyecto de matar a
David. Pero Jonatán, hijo de Saúl, quería mucho a David, 2 y lo puso sobre
aviso, diciéndole: "Mi padre Saúl intenta matarte. Ten mucho cuidado
mañana por la mañana; retírate a un lugar oculto y no te dejes ver. 3 Yo
saldré y me quedaré junto con mi padre en el campo donde tú estés; le hablaré
de ti, veré qué pasa y te lo comunicaré". 4 Jonatán habló a su padre Saúl en favor de David, y
le dijo: "Que el rey no peque contra su servidor David, ya que él no ha
pecado contra ti. Al contrario, sus acciones te reportan grandes beneficios.
5 Él se jugó la vida cuando derrotó al filisteo, y el Señor dio una gran
victoria a todo Israel. Si tanto te alegraste al verlo, ¿por qué vas a pecar
con sangre inocente, matando a David sin motivo?". 6 Saúl hizo caso a
Jonatán y pronunció este juramento: "¡Por la vida del Señor, no
morirá!". 7 Jonatán llamó a David y lo puso al tanto de todo. Luego lo
llevó a la presencia de Saúl, y David quedó a su servicio como antes. Nuevo atentado de Saúl contra David 8 Al reanudarse la guerra, David salió a combatir
contra los filisteos; les infligió una gran derrota y ellos huyeron ante él. 9 Entonces, un mal espíritu del Señor se apoderó de
Saúl. Mientras él estaba sentado en su casa, con la lanza en la mano, y David
tocaba su instrumento, 10 Saúl trató de clavarlo contra la pared con la
lanza. Pero David esquivó el golpe de Saúl, y la lanza se clavó en la pared.
En seguida David huyó y se puso a salvo. David salvado por su esposa Mical Aquella misma noche, 11 Saúl envió unos emisarios a
la casa de David, para vigilarlo y darle muerte a la mañana. Pero Mical, su
esposa, le advirtió: "Si no salvas tu vida esta noche, mañana estarás
muerto". 12 Mical ayudó a David a bajar por la ventana, y él huyó para
ponerse a salvo. 13 Luego, Mical tomó el ídolo familiar y lo colocó sobre la
cama; puso en la cabecera un cuero de cabra y lo cubrió con una manta. 14 Saúl envió emisarios para que detuvieran a David,
pero Mical les dijo: "Está enfermo". 15 Saúl los mandó de nuevo a
ver a David, con esta orden: "¡Tráiganmelo con cama y todo, para que yo
lo mate!". 16 Pero cuando los emisarios entraron, no encontraron en la
cama más que el ídolo, con el cuero de cabra en la cabecera. 17 Saúl dijo a
Mical: "¿Qué manera de engañarme es esta? ¡Has dejado escapar a mi
enemigo!". Mical le respondió: "Él me dijo: ‘O me dejas partir o te
mato’". Saúl y David con el profeta Samuel 18 Una vez que huyó y se puso a salvo, David se
presentó a Samuel en Ramá y le contó todo lo que le había hecho Saúl. Luego,
él y Samuel fueron a alojarse en Naiot. 19 Cuando informaron a Saúl de que David estaba en
Naiot, en Ramá, 20 aquel envió emisarios para que detuvieran a David. Ellos
vieron a la comunidad de profetas, con Samuel a la cabeza, en estado de
trance profético. Entonces el espíritu del Señor invadió a los emisarios de
Saúl, y también ellos entraron en trance. 21 Al enterarse de esto, Saúl envió
otros emisarios, pero también ellos entraron en trance. Por tercera vez, Saúl
volvió a enviar emisarios, y también ellos entraron en trance. 22 Entonces fue él personalmente a Ramá. Al llegar a
la gran cisterna que está en Secú, Saúl preguntó: "¿Dónde están Samuel y
David?". "Están en Naiot, cerca de Ramá", le respondieron. 23
De allí se dirigió a Naiot, en Ramá, y el espíritu del Señor se apoderó de
él, de manera que fue caminando en estado de trance hasta Naiot, en Ramá. 24
También él se despojó de su ropa y estuvo en trance delante de Samuel. Luego
cayó rendido, y estuvo desnudo todo aquel día y aquella noche. Por eso se
suele decir: "¿También Saúl está entre los profetas?". El encuentro de David con Jonatán 20 1 David
huyó de Naiot, en Ramá, y se presentó ante Jonatán. "¿Qué hice yo?, le
dijo. ¿Cuál es mi falta o mi pecado contra tu padre, para que me persiga a
muerte?". 2 Jonatán le respondió: "¡Ni pensarlo! ¡Tú no morirás!
Mira, mi padre no hace absolutamente nada sin comunicármelo. ¿Por qué
entonces me habría de ocultar este asunto? ¡No hay nada de eso!". 3 Pero
David insistió: "Tu padre sabe muy bien que yo te he caído en gracia, y
habrá pensado: ‘Que Jonatán no se entere, no sea que se entristezca’. Sin
embargo, ¡por la vida del Señor y por tu propia vida, estoy a un paso de la
muerte!". 4 Jonatán dijo a David: "Estoy dispuesto a
hacer por ti lo que tú me digas". 5 David le respondió: "Mañana es
la luna nueva, y tendré que compartir la mesa con tu padre. Tu me dejarás
partir, y yo me ocultaré al descampado hasta pasado mañana por la tarde. 6 Si
tu padre nota mi ausencia, tú le dirás: ‘David me insistió para que lo dejara
ir de una corrida hasta Belén, su ciudad, porque allí se celebra el
sacrificio anual de toda la familia’. 7 Si él dice: ‘Está bien’, tu servidor
podrá sentirse tranquilo. Pero si se pone furioso, sabrás que él ha decidido
mi ruina. 8 Sé leal con tu servidor, ya que le has hecho contraer contigo un
pacto en nombre del Señor. Si en algo he faltado, mátame tú mismo. ¿Para qué
me harás comparecer ante tu padre?". 9 "¡Ni lo pienses!, le dijo
Jonatán. Si supiera realmente que mi padre está decidido a infligirte algún mal,
seguro que te lo comunicaría". 10 David le preguntó: "¿Quién me
avisará si tu padre te responde duramente?". 11 Jonatán dijo a David:
"Vamos al campo". Y los dos salieron al campo. El pacto de David con Jonatán 12 Jonatán dijo a David: "¡El Señor, el Dios de
Israel, es testigo! Mañana o pasado mañana, a esta misma hora, trataré de
averiguar las intenciones de mi padre. Si todo marcha bien para ti y no te
mando a nadie que te avise, 13 ¡que el Señor me castigue una y otra vez! Y en
caso de que mi padre quiera hacerte algún mal, te avisaré también y te dejaré
partir. Así podrás irte en paz, y que el Señor esté contigo como lo estuvo
con mi padre. 14 Si entonces vivo todavía, tú me demostrarás la fidelidad que
el Señor exige. Y si estoy muerto, 15 seguirás siendo leal con mi casa para
siempre, aun cuando el Señor haya extirpado de la superficie del suelo a cada
uno de los enemigos de David". 16 Y Jonatán concluyó un pacto con la
casa de David, en estos términos: "Que el Señor pida cuenta de esto a
los enemigos de David". 17 Jonatán hizo prestar otra vez juramento a
David, a causa del amor que le tenía, porque lo quería como a sí mismo. La intervención de Jonatánen favor de David 18 Jonatán dijo a David: "Mañana es la luna
nueva. Se advertirá tu ausencia, porque notarán que tu puesto está vacío, 19
y lo mismo sucederá pasado mañana. Por eso, desciende bien abajo, al lugar
donde estuviste escondido la otra vez, y quédate junto a aquel montón de
piedras. 20 Yo, por mi parte, lanzaré tres flechas en esa dirección, como
quien tira al blanco. 21 Luego mandaré al servidor a buscar la flecha. Si yo
le digo: ‘La tienes más acá, recógela’, entonces ven; puedes estar tranquilo
y no hay ningún inconveniente, ¡por la vida del Señor! 22 Pero si yo digo al
muchacho: ‘La tienes más allá’, entonces vete, porque el Señor quiere que te
vayas. 23 En cuanto a la palabra que nos hemos dado mutuamente, el Señor está
entre tú y yo para siempre". 24 David se escondió en el descampado. Al llegar la
luna nueva, el rey se sentó a la mesa para comer. 25 Como lo hacía
habitualmente, ocupó su asiento contra la pared, Jonatán se puso enfrente y
Abner se sentó al lado de Saúl; pero el puesto de David quedó vacío. 26 Ese
día Saúl no dijo nada, porque pensó: "Debe ser una casualidad;
seguramente no se ha purificado y se encuentra en estado de impureza".
27 Pero al día siguiente de la luna nueva, el segundo día, el puesto de David
aún estaba vacío. Saúl dijo a su hijo Jonatán: "¿Por qué el hijo de Jesé
no ha venido al banquete ni ayer ni hoy?". 28 Jonatán respondió a Saúl:
"David me insistió para que lo dejara ir hasta Belén. 29 ‘Por favor, me
dijo, déjame partir, porque se celebra el sacrificio familiar en la ciudad y
mi propio hermano me ha ordenado que vaya. Ahora, si quieres hacerme un
favor, iré de una escapada a ver a mis hermanos’. Por eso él no ha venido a
la mesa del rey". 30 Saúl se enfureció contra Jonatán y le dijo:
"¡Hijo de una mala mujer! ¿Acaso yo no sé que tú estás de parte del hijo
de Jesé, para vergüenza tuya y deshonra de tu madre? 31 Porque mientras el
hijo de Jesé viva sobre la tierra, no habrá seguridad ni para ti ni para tu
reino. Manda ahora mismo que me lo traigan, porque merece la muerte". 32
Pero Jonatán replicó a su padre Saúl: "¿Por qué va a morir? ¿Qué ha hecho?".
33 Saúl empuñó la lanza para atacarlo, y entonces Jonatán comprendió que su
padre ya tenía resuelto matar a David. 34 Jonatán se levantó de la mesa muy
enojado, y no comió nada el segundo día de la luna nueva, porque estaba
afligido a causa de David, a quien su padre había injuriado. La despedida de David y Jonatán 41 Cuando el servidor partió, David subió del lado
del sur y se postró tres veces con el rostro en tierra. Después, uno y otro
se abrazaron llorando, hasta que la pena de David creció más todavía. 42
Entonces Jonatán dijo a David: "Vete en paz, ya que los dos nos hemos
hecho un juramento en nombre del Señor, diciendo: ‘Que el Señor esté entre tú
y yo, entre mi descendencia y la tuya para siempre’". 21 1 En
seguida David partió, y Jonatán volvió a la ciudad. David en el santuario de Nob 2 David llegó a Nob, donde estaba el sacerdote
Ajimélec. Este salió a su encuentro muy asustado y le dijo: "¿Por qué
estás tú solo, sin nadie que te acompañe?". 3 David respondió al
sacerdote Ajimélec: "El rey me dio un encargo y me dijo: ‘Que nadie sepa
nada de la misión que te encomiendo ni de la orden que te di’. En cuanto a
los demás muchachos, les he dado cita en tal lugar. 4 Si tienes a mano cinco
panes, o lo que sea, dámelos ahora mismo". 5 El sacerdote respondió a
David: "No tengo a mano pan común; sólo hay pan consagrado, con tal que
los muchachos se hayan abstenido de tener relaciones con mujeres". 6 "¡Seguro que sí!, respondió David al
sacerdote; las mujeres nos han estado vedadas, como siempre que yo salgo de
campaña. Si los muchachos mantienen puros sus cuerpos aún en una expedición
profana, ¡con mayor razón tendrán hoy sus cuerpos en estado de pureza!".
7 Entonces el sacerdote le dio pan consagrado, porque allí no había otro pan
que el de la ofrenda, el que se retira de la presencia del Señor cuando se lo
reemplaza por pan fresco. 8 Aquel día, estaba obligado a quedarse allí,
delante del Señor, uno de los servidores de Saúl, llamado Doeg, el edomita,
que era el jefe de los pastores de Saúl. 9 David dijo a Ajimélec: "¿No tienes a mano una
lanza o una espada? Porque yo no he traído ni mi espada ni mis armas, debido
a la urgencia de la misión encomendada por el rey". 10 El sacerdote
respondió: "La espada de Goliat, el filisteo que tú derrotaste en el
valle del Terebinto, está allí, envuelta en un paño, detrás del efod. Tómala,
si quieres, porque aquí no hay otra". "No hay otra espada igual a
esa, respondió David: ¡dámela!". David entre los filisteos de Gat 11 Ese mismo día, David partió y huyó lejos de Saúl,
y llegó adonde estaba Aquís, rey de Gat. 12 Los servidores de Aquís dijeron
al rey: "¿Este no es David, el rey del país? ¿No es este aquel por quien
cantaban y danzaban, diciendo: Saúl ha matado a milesy David a decenas de
miles?". 13 David se tomó muy a pecho esas palabras y tuvo
miedo de Aquís, rey de Gat. 14 Entonces se hizo pasar por loco públicamente y
se puso a divagar delante de ellos: arañaba las puertas y dejaba correr la
saliva por su barba. 15 Aquís dijo a sus servidores: "¿Pero no ven que
se ha vuelto loco? ¿A qué me lo han traído? 16 ¿Acaso me faltan locos para
que encima me traigan a este a hacer aquí sus locuras? ¿Cómo va a entrar en
mi casa un hombre así?". David al frente de una banda 22 1 David
partió de allí y se puso a salvo en la caverna de Adulám. Al enterarse, sus
hermanos y toda la casa de su padre bajaron a unirse con él. 2 Además, se le
juntaron todos los que estaban en algún aprieto, cargados de deudas o
descontentos de la vida. Así llegó a ser jefe de unos cuatrocientos hombres. 3 De allí David se fue a Mispé de Moab y dijo al rey
de Moab: "Deja que mi padre y mi madre vivan entre ustedes, hasta que yo
sepa lo que Dios va a hacer conmigo". 4 Luego los llevó a la presencia
del rey de Moab, y ellos se quedaron con él todo el tiempo que David estuvo
en el refugio. 5 El profeta Gad dijo a David: "¡No te quedes
en el refugio! Entra en el país de Judá". Entonces David partió y entró
en el bosque de Járet. La masacre de los sacerdotes de Nob 6 Saúl se enteró de que David y sus compañeros
habían sido descubiertos. Él se encontraba entonces en Guibeá, sentado debajo
del tamarisco del lugar alto; tenía su espada en la mano y todos sus
servidores estaban de pie en torno de él. 7 Saúl dijo a sus servidores:
"¡Escuchen, benjaminitas! ¿Acaso el hijo de Jesé también les dará a
todos ustedes campos y viñas, y los hará a todos jefes de mil y de cien
hombres, 8 para que hayan conspirado contra mí? Nadie me avisa nada cuando mi
hijo pacta con el hijo de Jesé. Ninguno de ustedes se conduele conmigo, ni me
revela que mi hijo sublevó contra mí a mi esclavo, para que me tienda
asechanzas, como sucede en el día de hoy? 9 Entonces intervino Doeg, el edomita, que estaba de
pie junto a los servidores de Saúl, y dijo: "Yo vi al hijo de Jesé
cuando llegó a Nob, a ver a Ajimélec, hijo de Ajitub. 10 Ajimélec consultó
por él al Señor, le dio provisiones y le entregó la espada de Goliat, el
filisteo". 11 El rey mandó llamar al sacerdote Ajimélec, hijo
de Ajitub, y a toda su casa paterna, los sacerdotes de Nob. Todos ellos
comparecieron ante el rey, 12 y Saúl dijo: "¡Escucha bien, hijo de
Ajitub!". "A tus órdenes, rey", respondió él. 13 Saúl añadió:
"¿Por qué han conspirado contra mí, tú y el hijo de Jesé? Tú le has dado
pan y una espada, y has consultado a Dios por él, para que se subleve contra
mí y me tienda asechanzas, como sucede en el día de hoy". 14 Ajimélec
respondió al rey: "¿Hay entre todos tus servidores alguien tan de
confianza como David? Él es yerno del rey, es jefe de tu guardia personal y
todos lo honran en tu casa. 15 ¿O acaso es esta la primera vez que consulto a
Dios por él? ¡No, lejos de mí! Que el rey no levante ningún cargo contra su
servidor ni contra toda su casa paterna, porque tu servidor no sabía
absolutamente nada de este asunto". 16 Pero el rey replicó:
"¡Morirás sin remedio, Ajimélec, tú y toda tu casa paterna!". 17 Luego el rey dijo a los de su escolta, que
estaban apostados junto a él: "¡Vuélvanse y maten a los sacerdotes del
Señor, porque también ellos están de parte de David! Aun sabiendo que él
huía, no me lo denunciaron". Pero los servidores del rey no quisieron
extender su mano para ultimar a los sacerdotes del Señor. 18 Entonces el rey
dijo a Doeg: "Vuélvete y mátalos tú". Doeg se volvió y acometió
contra los sacerdotes: así mató aquel día a ochenta y cinco hombres que
vestían el efod de lino. La huida de Abiataral campamento de David 19 En Nob, la ciudad de los sacerdotes, Saúl pasó al
filo de la espada a hombres y mujeres, niños y pequeños, bueyes, asnos y
ovejas. 20 Sólo pudo escapar un hijo de Ajimélec, hijo de Ajitub, llamado Abiatar,
que huyó a reunirse con David 21 y le contó que Saúl había dado muerte a los
sacerdotes del Señor. 22 David dijo a Abiatar: "Ya sabía yo aquel día
que Doeg, el edomita, estaba allí presente y que no dejaría de informar a
Saúl. Yo hice que las cosas se volvieran contra toda tu casa paterna. 23 Pero
quédate conmigo y no temas. El que atenta contra tu vida, atenta contra la
mía. Junto a mí, estarás bien protegido". David en Queilá 23 6 Abiatar, hijo de Ajimélec, que había ido a
refugiarse junto a David, bajó a Queilá con el efod en la mano. 7 Y cuando
informaron a Saúl que David había entrado en Queilá, pensó: "Dios lo ha
entregado en mis manos. Porque él mismo se ha cortado la retirada, metiéndose
en una ciudad con puertas y cerrojos". 8 Luego convocó a todo el pueblo
a las armas, para bajar a Queilá y sitiar a David y a sus hombres. 9 Al saber que Saúl tramaba su ruina, David ordenó
al sacerdote Abiatar: "Presenta el efod". 10 Luego dijo:
"Señor, Dios de Israel, tu servidor ha oído que Saúl intenta venir a
Queilá, para destruir la ciudad por causa mía. 11 ¿Es verdad que Saúl bajará,
como tu servidor ha oído decir? Señor, Dios de Israel, dígnate comunicárselo
a tu servidor". El Señor respondió: "Sí, él bajará". 12 David
continuó diciendo: "Y los señores de Queilá, ¿me entregarán a mí y a mis
hombres en manos de Saúl?". "Sí, respondió el Señor; ellos te
entregarán". 13 David partió con sus hombres, que eran unos seiscientos;
salieron de Queilá y anduvieron a la ventura. Y cuando informaron a Saúl que
David había escapado de Queilá, él desistió de su expedición. El encuentro de David y Jonatánen el desierto de
Judá 14 David anduvo por el desierto, en los sitios bien
protegidos, y se estableció en la zona montañosa, en el desierto de Zif.
Durante todo ese tiempo, Saúl trató de encontrarlo, pero Dios no lo puso en
sus manos. 15 David advirtió que Saúl se había puesto en
campaña para atentar contra su vida. Por ese entonces, él se encontraba en el
desierto de Zif, en Jorsa. 16 Jonatán, hijo de Saúl, se puso en camino y fue
a verlo allí. Lo reconfortó en nombre de Dios, 17 y le dijo: "No temas,
porque la mano de mi padre Saúl no te alcanzará. Tú reinarás sobre Israel, y
yo seré tu segundo. Hasta mi padre Saúl lo sabe muy bien". 18 Los dos
hicieron un pacto delante del Señor, y David se quedó en Jorsa, mientras que
Jonatán se fue a su casa. David traicionado por la gente de Zif 19 Unos hombres de Zif subieron a Guibeá, donde
estaba Saúl, y le dijeron: "David está escondido entre nosotros, en los
refugios de Jorsa, sobre la colina de Jaquilá, al sur de la estepa. 20 Por
eso, rey, baja si es que así lo deseas, y nosotros nos encargaremos de
ponerlo en tus manos". 21 Saúl les respondió: "¡Que el Señor los
bendiga, por haberse compadecido de mí! 22 Pero vayan, se lo ruego, y
asegúrense bien. Fíjense por dónde anda y quién lo ha visto por allí, porque
me han dicho que es muy astuto. 23 Observen y reconozcan todos los escondites
donde podría ocultarse. Cuando estén bien seguros, vuelvan a verme, y yo iré
con ustedes. Y si está en el país, registraré todos los clanes de Judá hasta
encontrarlo". 24 Ellos se dirigieron hacia Zif, precediendo a
Saúl. Mientras tanto, David y sus hombres estaban en el desierto de Maón, en
la depresión al sur de la estepa. 25 Saúl y sus hombres salieron a buscarlo;
pero alguien avisó a David, y él bajó a Saúl perdonado por David 24 1 David
subió de allí y se estableció en los sitios bien protegidos de Engadí. 2
Cuando Saúl volvió de perseguir a los filisteos, le dieron esta noticia:
"David está en el desierto de Engadí". 3 Entonces reunió a tres mil
hombres seleccionados entre todo Israel y partió en busca de David y sus
hombres, hacia las Peñas de las Cabras salvajes. 4 Al llegar a los corrales
de ovejas que están junto al camino, donde había una cueva, Saúl entró a
hacer sus necesidades. En el fondo de la cueva, estaban sentados David y sus
hombres. 5 Ellos le dijeron: "Este es el día en que el Señor te dice:
‘Yo pongo a tu enemigo en tus manos; tú lo tratarás como mejor te
parezca’". Entonces David se levantó y cortó sigilosamente el borde del
manto de Saúl. 6 Pero después le remordió la conciencia, por haber cortado el
borde del manto de Saúl, 7 y dijo a sus hombres: "¡Dios me libre de
hacer semejante cosa a mi señor, el ungido del Señor! ¡No extenderé mi mano
contra él, porque es el ungido del Señor!". 8 Con estas palabras, David
retuvo a sus hombres y no dejó que se abalanzaran sobre Saúl. Así Saúl
abandonó la cueva y siguió su camino. La recriminación de David a Saúl 9 Después de esto, David se levantó, salió de la
cueva y gritó detrás de Saúl: "¡Mi señor, el rey!". Saúl miró hacia
atrás, y David, inclinándose con el rostro en tierra, se postró 10 y le dijo:
"¿Por qué haces caso a los rumores de la gente, cuando dicen que David
busca tu ruina? 11 Hoy has visto con tus propios ojos que el Señor te puso en
mis manos dentro de la cueva. Aquí se habló de matarte, pero yo tuve
compasión de ti y dije: ‘No extenderé mi mano contra mi señor, porque es el
ungido del Señor’. 12 ¡Mira, padre mío, sí, mira en mi mano el borde de tu
manto! Si yo corté el borde de tu manto y no te maté, tienes que comprender
que no hay en mí ni perfidia ni rebeldía, y que no he pecado contra ti. ¡Eres
tú el que me acechas para quitarme la vida! 13 Que el Señor juzgue entre tú y
yo, y que él me vengue de ti. Pero mi mano no se alzará contra ti. 14 ‘La
maldad engendra maldad’, dice el viejo refrán. Pero yo no alzaré mi mano
contra ti. 15 ¿Detrás de quién ha salido el rey de Israel? ¿A quién estás
persiguiendo? ¡A un perro muerto! ¡A una pulga! 16 ¡Que el Señor sea el
árbitro y juzgue entre tú y yo; que él examine y defienda mi causa, y me haga
justicia, librándome de tu mano!". 17 Cuando David terminó de dirigir estas palabras a
Saúl, este exclamó: "¿No es esa tu voz, hijo mío, David?", y
prorrumpió en sollozos. 18 Luego dijo a David: "La justicia está de tu
parte, no de la mía. Porque tú me has tratado bien y yo te he tratado mal. 19
Hoy sí que has demostrado tu bondad para conmigo, porque el Señor me puso en
tus manos y tú no me mataste. 20 Cuando alguien encuentra a su enemigo, ¿lo
deja seguir su camino tranquilamente? ¡Que el Señor te recompense por el bien
que me has hecho hoy! 21 Ahora sé muy bien que tú serás rey y que la realeza
sobre Israel se mantendrá firme en tus manos. 22 Júrame, entonces, por el
Señor, que no extirparás mi descendencia después de mí, ni borrarás el nombre
de mi familia". 23 Así se lo juró David a Saúl, y este se fue a su casa,
mientras David y sus hombres subían a su refugio. La muerte de Samuel 25 1
Mientras tanto, murió Samuel. Todo Israel se reunió y estuvo de duelo por él,
y lo sepultaron en su casa, en Ramá. David, por su parte, bajó al desierto de
Parán. El pedido de David a Nabal 2 Había en Maón un hombre que tenía su hacienda en
Carmel. Era un hombre muy rico; tenía tres mil ovejas y mil cabras, y estaba
esquilando su rebaño en Carmel. 3 Su nombre era Nabal, del clan de Caleb, y
su mujer se llamaba Abigail. La mujer era inteligente y atractiva, pero él
era rudo y de mal carácter. 4 David oyó en el desierto que Nabal estaba
esquilando su rebaño, 5 y envió a diez jóvenes con este encargo: "Suban
a Carmel, preséntense a Nabal, y salúdenlo de mi parte. 6 Díganle: ‘¡Salud!
¡Paz para ti, paz para tu casa y para todos tus bienes! 7 Acabo de oír que te
están esquilando el rebaño. Ahora bien, cuando tus pastores estuvieron con
nosotros, nunca los hemos molestado, ni se les perdió nada durante todo el
tiempo que estuvieron en Carmel. 8 Pregunta a tus servidores y ellos te
informarán. Que estos muchachos reciban de ti una buena acogida, ya que
llegamos en un día de fiesta. Dales, te lo ruego, lo que tengas a mano, para
tus servidores y para tu hijo David’". 9 Los jóvenes fueron a decir a Nabal todas estas
cosas de parte de David, y se quedaron esperando. 10 Pero Nabal respondió a
los servidores de David: "¿Quién es David y quién es el hijo de Jesé?
Hoy en día hay muchos esclavos que se evaden de su dueño. 11 ¿Voy a tomar mi
pan, mi agua y los animales que maté para mis esquiladores, y se los voy a
dar a gente que ni siquiera sé de dónde viene?". 12 Los jóvenes de David
reanudaron la marcha y se fueron de vuelta. Al llegar, transmitieron a David
todas estas palabras. 13 Entonces David dijo a sus hombres: "Que cada
uno se ciña su espada". Ellos se ciñeron cada uno su espada, y también
David se ciñó la suya. Luego, unos cuatrocientos hombres subieron detrás de
David, y los otros doscientos se quedaron con el equipaje. La actitud de Abigailcon respecto a David 14 Uno de sus servidores le avisó a Abigail, la
esposa de Nabal: "Mira que David envió a unos emisarios desde el
desierto, para saludar a nuestro patrón, y él se abalanzó sobre ellos. 15 Sin
embargo, esos hombres han sido muy buenos con nosotros. Nunca nos molestaron,
ni perdimos nada durante todo el tiempo que anduvimos con ellos, cuando
estábamos en campo abierto. 16 Ellos fueron para nosotros una muralla, de día
y de noche, mientras estuvimos con ellos apacentando el rebaño. 17 Ahora
piensa bien lo que debes hacer, porque es cosa decidida la ruina de nuestro
patrón y de toda su casa. En cuanto a él, ¡no es más que un miserable, al que
ni siquiera se le puede hablar!". 18 Sin pérdida de tiempo, Abigail tomó doscientos
panes, dos odres de vino, cinco carneros adobados, cinco bolsas de grano
tostado, cien racimos de pasas de uva y doscientas tortas de higo, y los
cargó sobre unos asnos. 19 Luego dijo a sus servidores: "Adelántense
ustedes, y yo iré detrás". Pero no le avisó nada a su esposo Nabal. 20 Mientras Abigail, montada en su asno, bajaba por
un recodo de la montaña, David y sus hombres bajaban en dirección a ella. 21
Entre tanto, David pensaba: "En vano he protegido todo lo que este tenía
en el desierto, sin que se le perdiera ninguno de sus bienes. Él me ha
devuelto mal por bien. 22 ¡Que Dios castigue a David una y otra vez, si dejo
con vida hasta el alba a uno solo de sus hombres!". 23 Apenas vio a David, Abigail bajó inmediatamente
del asno, y cayó ante él con el rostro en tierra. 24 Y postrada a sus pies,
exclamó: "¡Que la falta recaiga sobre mí, señor! ¡Pero permite que tu
servidora hable en tu presencia! ¡Escucha sus palabras! 25 Que mi señor no le
haga caso a ese miserable de Nabal, porque su nombre dice lo que él es: él se
llama Nabal, que significa "insensato", y la insensatez lo
acompaña. Pero yo, tu servidora, no había visto a los jóvenes que había
enviado mi señor. 26 Y ahora, ¡por la vida del Señor y por tu propia vida! es
el mismo Señor el que te impide derramar sangre y hacerte justicia por tu
mano. ¡Que tus enemigos y todos los que tratan de hacerte mal corran la misma
suerte que Nabal! 27 Con respecto a este obsequio que le he traído a mi
señor, que lo repartan entre tus seguidores. 28 Perdona, te lo ruego, la
falta de tu servidora. Porque el Señor te hará seguramente una casa
perdurable, ya que tú has combatido en las guerras del Señor y en toda tu
vida no se encuentra en ti nada malo. 29 Y si un hombre se alza para
perseguirte y atentar contra tu vida, la vida de mi señor estará bien
guardada en la bolsa de los vivientes, junto al Señor, tu Dios, mientras que
él revoleará con su honda la vida de tus enemigos. 30 Cuando el Señor te haga
todo el bien que te ha prometido y te ponga como jefe en Israel, 31 que no
tengas que sentir turbación ni remordimiento de conciencia, por haber
derramado sangre sin motivo y por haberte hecho justicia por ti mismo. Y
cuando el Señor te colme de bienes, acuérdate de tu servidora". 32 Entonces David dijo a Abigail: "¡Bendito sea
el Señor, el Dios de Israel, que hoy te envía a mi encuentro! 33 ¡Bendito sea
tu buen tino, y bendita también tú, que hoy me has impedido derramar sangre y
hacerme justicia por mí mismo! 34 ¡Por la vida del Señor, el Dios de Israel,
que me ha impedido hacerte daño, si no te hubieras apresurado a venir a mi
encuentro, juro que antes de brillar el alba no le habría quedado vivo a
Nabal ni un solo hombre!". 35 Luego David tomó lo que la mujer le había
traído y le dijo: "Sube a tu casa en paz. He escuchado tu demanda y la
tendré en cuenta". La muerte de Nabal 36 Cuando Abigail llegó a su casa, Nabal estaba
celebrando un regio banquete. Nabal desbordaba de alegría; y como estaba
completamente borracho, ella no le dijo ni una sola palabra antes del alba.
37 Pero a la mañana, cuando a Nabal ya se le había pasado la embriaguez, su
mujer lo puso al tanto de lo sucedido. Entonces él tuvo un ataque al corazón
y quedó paralizado. 38 Al cabo de unos diez días, el Señor hizo morir a
Nabal. 39 Cuando David supo que Nabal había muerto, exclamó: "¡Bendito
sea el Señor, que ha defendido mi causa contra la afrenta que recibí de Nabal
y ha preservado del mal a su servidor! ¡El Señor hizo que la maldad de Nabal
recayera sobre él mismo!". El matrimonio de David con Abigail Luego David mandó decir a Abigail que quería tomarla
por esposa. 40 Los servidores de David se presentaron a Abigail en Carmel y
le dijeron: "David nos ha mandado a verte para tomarte por esposa".
41 Ella se puso de pie, se postró con el rostro en tierra, y respondió:
"Aquí está tu esclava, dispuesta a lavar los pies de los servidores de
mi señor". 42 Abigail se levantó rápidamente y montó en un asno, seguida
de cinco de sus esclavas. Luego partió detrás de los enviados de David y él
la tomó por esposa. 43 David también se había casado con Ajinóam de
Izreel, y tuvo a las dos por esposas. 44 Saúl, por su parte, había dado a su
hija Mical, la esposa de David, a Paltí, hijo de Lais, que era de Galím. Nueva persecución de Saúlcontra David 26 1 Unos
hombres de Zif se presentaron a Saúl, en Guibeá, para decirle: "David está
escondido en la colina de Jaquilá, frente a la estepa". 2 Entonces Saúl
bajó al desierto de Zif con tres mil hombres, lo más selecto de Israel, para
buscar a David en el desierto. 3 Saúl acampó junto al camino, en la colina de
Jaquilá, que está frente a la estepa, y David estaba en el desierto. Al
advertir que Saúl venía a perseguirlo en el desierto, 4 David envió unos
espías y así supo que Saúl había llegado realmente. 5 Luego fue al lugar
donde acampaba Saúl y observó el sitio donde estaban acostados Saúl y Abner,
hijo de Ner, el jefe de su ejército: Saúl estaba acostado en el centro, y la
tropa acampaba alrededor de él. 6 David preguntó a Ajimélec, el hitita, y a Abisai,
hijo de Seruiá, y hermano de Joab: "¿Quién quiere bajar conmigo hasta el
campamento de Saúl?". Abisai respondió: "Yo bajaré contigo". 7
David y Abisai llegaron de noche, mientras Saúl estaba acostado, durmiendo en
el centro del campamento. Su lanza estaba clavada en tierra, a su cabecera, y
Abner y la tropa estaban acostados alrededor de él. Saúl perdonado otra vez por David 8 Abisai dijo a David: "Dios ha puesto hoy a tu
enemigo en tus manos. Déjame clavarlo en tierra con la lanza, de una sola
vez; no tendré que repetir el golpe". 9 Pero David replicó a Abisai:
"¡No, no lo mates! ¿Quién podría atentar impunemente contra el ungido
del Señor?". 10 Y añadió: "¡Por la vida del Señor, ha de ser el
mismo Señor el que lo hiera, sea cuando le llegue la hora de morir, o cuando
baje a combatir y perezca! 11 ¡Líbreme el Señor de atentar contra su ungido!
Ahora toma la lanza que está a su cabecera y el jarro de agua, y
vámonos". 12 David tomó la lanza y el jarro de agua que
estaban a la cabecera de Saúl, y se fueron. Nadie vio ni se dio cuenta de
nada, ni se despertó nadie, porque estaban todos dormidos: un profundo sueño,
enviado por el Señor, había caído sobre ellos. El reproche de David a Saúl 13 Luego David cruzó al otro lado y se puso en la
cima del monte, a lo lejos, de manera que había un gran espacio entre ellos.
14 Y empezó a gritar a la tropa y a Abner, hijo de Ner: "Abner, ¿vas a
responderme?". Abner respondió: "¿Quién eres tú, que gritas al
rey?". 15 David dijo a Abner: "¿No eres todo un hombre? ¿Quién hay
como tú en Israel? ¿Por qué entonces no has custodiado al rey, tu señor?
Porque uno del pueblo ha venido a matar al rey, tu señor. 16 ¡No te has
comportado nada bien! ¡Por la vida del Señor, ustedes merecen la muerte,
porque no han custodiado a su señor, el ungido del Señor! ¡Fíjate ahora dónde
está la lanza del rey y el jarro de agua que él tenía a su cabecera!". 17 Saúl reconoció la voz de David y exclamó:
"¿No es esa tu voz, David, hijo mío?". "Sí, dijo David, es mi
propia voz, rey, mi señor". 18 Y en seguida añadió: "¿Por qué mi
señor persigue así a su servidor? ¿Qué hice yo? ¿Qué hay de malo en mis
manos? 19 Que mi señor, el rey, se digne escuchar ahora las palabras de su
servidor: Si es el Señor el que te instiga contra mí, que le sea aceptable el
aroma de una oblación. Pero si son los hombres, ¡malditos sean delante del
Señor!, porque hoy me expulsan y me impiden participar de la herencia del
Señor, diciéndome: ‘¡Ve a servir a otros dioses!’. 20 Que ahora mi sangre no
caiga en tierra lejos del rostro del Señor, porque el rey de Israel se ha
puesto en campaña para buscar a una pulga, como quien persigue una perdiz en
las montañas". 21 Saúl exclamó entonces: "¡He pecado! ¡Vuelve,
David, hijo mío! Ya no te haré ningún mal, porque hoy mi vida ha sido
preciosa a tus ojos. ¡Sí, he sido un necio, me he equivocado por
completo!". 22 David respondió, diciendo: "¡Aquí está la
lanza del rey! Que cruce uno de los muchachos y la recoja. 23 El Señor le
pagará a cada uno según su justicia y su lealtad. Porque hoy el Señor te
entregó en mis manos, pero yo no quise atentar contra el ungido del Señor. 24
Hoy yo he mostrado un gran aprecio por tu vida: ¡que el Señor muestre el
mismo aprecio por la mía y me libre de todo peligro!". 25 Entonces Saúl
le dijo: "¡Bendito seas, David, hijo mío! Sí, tú harás grandes cosas y
seguro que triunfarás". Luego David siguió su camino, y Saúl regresó a
su casa. La huida de Davidal país de los filisteos 27 1 Sin
embargo, David pensó: "A pesar de todo, Saúl terminará por matarme
cualquier día de estos. Es mejor que me ponga a salvo en el país de los
filisteos. Así Saúl perderá las esperanzas con respecto a mí: ya no me
buscará por todo el territorio de Israel, y habré escapado de sus
manos". 2 Luego David, con los seiscientos hombres que lo acompañaban,
cruzó la frontera y se presentó a Aquís, hijo de Maóc, rey de Gat. 3 David y
sus hombres se quedaron con Aquís, en Gat, cada uno con su familia, y David,
con sus dos mujeres: Ajinóam, de Izreel, y Abigail, la esposa de Nabal, el de
Carmel. 4 Saúl fue informado de que David había huido, y ya no lo buscó más. 5 David dijo a Aquís: "Si quieres hacerme un
favor, di que me asignen un lugar en alguna población de campaña, para
instalarme allí. ¿Cómo tu servidor va a residir contigo en la ciudad
real?". 6 Aquel mismo día, Aquís le asignó Siquelag. Por eso Siquelag ha
pertenecido a los reyes de Israel hasta el día de hoy. 7 David permaneció en
la región de los filisteos un año y cuatro meses. Las incursiones de David 8 David subía con sus hombres, y atacaban por
sorpresa a los guesuritas, los guirzitas y los amalecitas, porque esa gente
ocupaba el territorio que va de Telam en dirección a Sur y hasta el país de
Egipto. 9 David arrasaba el país, sin dejar a nadie con vida, ni hombre ni
mujer; se llevaba ovejas, vacas, asnos, camellos y ropa, y luego volvía a
presentarse ante Aquís. 10 Cuando Aquís le decía: "¿Contra quién han
incursionado hoy?", David le respondía: "Contra el Négueb de
Judá"; o bien: "Contra el Négueb de los ierajmelitas"; o bien:
"Hacia el Négueb de los quenitas". 11 David no dejaba que ningún
hombre ni mujer fuera llevado con vida a Gat, porque decía: "No vaya a
ser que nos denuncien, diciendo lo que ha hecho David". Este fue su modo
de proceder todo el tiempo que estuvo en la región de los filisteos. 12 Pero
Aquís confiaba en él, porque pensaba: "Se ha hecho odioso a su pueblo
Israel y será mi servidor para siempre". David en el ejército filisteo 28 1 En
aquellos días, los filisteos concentraron sus fuerzas para entrar en batalla
y combatir contra Israel. Aquís dijo a David: "Tienes que saber que irás
conmigo al frente, tú y tus hombres". 2 "De acuerdo, le respondió
David; ahora sabrás lo que hará tu servidor". "Muy bien, dijo Aquís
a David; yo te haré para siempre jefe de mi guardia personal". Saúl y la nigromante de Endor 3 Samuel había muerto. Todo Israel había estado de
duelo por él y lo habían sepultado en Ramá, en su ciudad. Saúl, por su parte,
había expulsado del país a los nigromantes y adivinos. 4 Los filisteos se reunieron y fueron a acampar en
Suném. Saúl concentró a todo Israel y acamparon en Gelboé. 5 Pero al divisar
el campamento filisteo, tuvo miedo y se estremeció su corazón. 6 Luego
interrogó al Señor, pero él no le respondió ni por sueños, ni por el Urím, ni
por los profetas. 7 Entonces Saúl dijo a sus servidores: "Búsquenme una
nigromante, para que yo vaya a verla y la consulte". Sus servidores le
dijeron: "Precisamente hay una nigromante en Endor". 8 Saúl se disfrazó, poniéndose otra ropa, y partió
en compañía de dos hombres. Llegaron de noche, y Saúl dijo a la mujer:
"Predíceme el futuro evocando a un muerto, y haz que se aparezca el que
yo te diga". 9 Pero la mujer le respondió: "Tú sabes bien lo que
hizo Saúl, cómo extirpó del país a nigromantes y adivinos. ¿Por qué me
tiendes una trampa para hacerme morir?". 10 Entonces Saúl le juró por el
Señor: "¡Por la vida del Señor, nadie te inculpará a causa de
esto!". 11 La mujer le dijo: "¿Quién quieres que se te
aparezca?". "Que se me aparezca Samuel", respondió él. 12 La mujer vio a Samuel y lanzó un fuerte grito.
Luego dijo a Saúl: "¿Por qué me has engañado? ¡Tú eres Saúl!". 13
Pero el rey le dijo: "No temas. Dime qué has visto". La mujer
respondió a Saúl: "Vi un dios que subía de lo profundo de la
tierra". 14 "¿Qué forma tiene?", preguntó él. Ella respondió:
"Es un anciano que sube, y está envuelto en un manto". Saúl
comprendió entonces que era Samuel, y se postró con el rostro en tierra. 15 Samuel dijo a Saúl: "¿Por qué me has
perturbado, haciéndome subir?". "Es que estoy en un grave aprieto, respondió
Saúl; los filisteos me hacen la guerra, y Dios se ha apartado de mí: ya no me
responde, ni por medio de los profetas ni en sueños. Por eso te llamé para
que me indiques lo que debo hacer". 16 Samuel replicó: "Si el Señor
se ha apartado de ti y se te ha vuelto hostil, ¿por qué me interrogas a mí?
17 El Señor ha obrado contigo conforme a lo que predijo por mi intermedio: él
ha arrancado de tu mano la realeza, para dársela a otro, a David. 18 Porque
tú no escuchaste la voz del Señor y no diste libre curso a su ira contra
Amalec, por eso, el Señor te ha tratado de esta manera en el día de hoy. 19 Y
junto contigo, el Señor entregará también a Israel en manos de los filisteos.
Mañana, tú y tus hijos estarán conmigo, y también al ejército de Israel el Señor
lo entregará en manos de los filisteos". 20 Al instante, Saúl se desplomó en tierra cuan
largo era, aterrorizado por lo que había dicho Samuel. Además, estaba sin
fuerzas porque no había comido nada en todo el día y toda la noche. 21 La
mujer se acercó a Saúl y, al verlo tan abatido por el terror, le dijo:
"Ya ves que tu servidora te ha hecho caso. Yo arriesgué mi vida y
obedecí la orden que me diste. 22 Ahora tú tienes que hacerme caso: deja que
te sirva un pedazo de pan y come. Así tendrás fuerza cuando vayas por el
camino". 23 Pero él rehusó, diciendo: "¡No comeré!". Sus
servidores, y también la mujer, le insistieron, y al fin Saúl les hizo caso;
se levantó del suelo y se sentó en el catre. 24 La mujer tenía en casa un
ternero cebado. En seguida lo mató, tomó un poco de harina, la amasó e hizo
cocer unos panes sin levadura. 25 Después sirvió todo eso a Saúl y a sus
servidores. Ellos comieron y se pusieron en camino aquella misma noche. David excluido del ejército filisteo 29 1 Los
filisteos concentraron todas sus fuerzas en Aféc, y los israelitas acamparon
junto a la fuente que está en Izreel. 2 Los príncipes de los filisteos
avanzaban al frente de divisiones de cien y de mil, mientras que David y sus
hombres marchaban a la retaguardia con Aquís. 3 Entonces los jefes filisteos
preguntaron: "¿Qué hacen aquí esos hebreos?". Aquís les respondió:
"¿No ven que es David, el servidor de Saúl, rey de Israel? Ya hace uno o
dos años que está conmigo, y no lo he sorprendido en ninguna falla, desde que
se pasó a mi servicio hasta el día de hoy". 4 Pero los jefes filisteos
se irritaron contra Aquís y le dijeron: "¡Despide a ese hombre! Que se
vuelva al lugar que le has asignado y no baje a combatir con nosotros, no sea
que lo tengamos como adversario en pleno combate. ¿Con qué va a congraciarse
con su señor sino con la cabeza de estos hombres? 5 ¿No es él acaso ese David
de quien decían, cantando y bailando: ‘Saúl ha matado a miles y David a
decenas de miles’?". 6 Entonces Aquís llamó a David y le dijo: "¡Por
la vida del Señor, tú eres un hombre derecho! Me gusta verte actuar conmigo
en el ejército, porque no te he sorprendido en nada malo, desde que te
presentaste a mí hasta el día de hoy. Pero tú no eres persona grata a los
príncipes. 7 Por eso, vuélvete en paz, y así no harás nada que desagrade a
los príncipes de los filisteos". 8 David dijo a Aquís: "¿Qué he
hecho? ¿Has sorprendido a tu servidor en alguna falla, desde que entré a tu
servicio hasta hoy, para que no pueda ir a combatir contra los enemigos de mi
señor, el rey?". 9 Aquís respondió a David: "Sí, ya lo sé. Tú eres
tan grato a mis ojos como un ángel de Dios. Pero los jefes filisteos han
dicho que no subas con nosotros al combate. 10 Levántate entonces mañana bien
temprano, tú y los servidores de tu señor que vinieron contigo, y váyanse de
aquí apenas aclare". 11 David y sus hombres se levantaron bien temprano,
para partir de madrugada y regresar al país de los filisteos. Estos, por su
parte, subieron a Izreel. La incursión de los amalecitascontra Siquelag 30 1 Al
tercer día, cuando David y sus hombres llegaron a Siquelag, los amalecitas
habían incursionado por el Négueb y contra Siquelag. Habían arrasado y
prendido fuego a Siquelag, 2 llevándose cautivas a las mujeres y también a
todos los que había allí, del más pequeño al más grande. Pero no habían
matado a nadie, sino que se los habían llevado a todos, prosiguiendo luego su
camino. 3 Al llegar a la ciudad, David y sus hombres vieron
que había sido incendiada, y que sus mujeres, sus hijos y sus hijas habían sido
llevados cautivos. 4 Entonces prorrumpieron en sollozos, hasta que se
quedaron sin fuerzas para llorar. 5 Las dos mujeres de David –Ajinóam de
Izreel y Abigail, la esposa de Nabal, el de Carmel– también habían sido
capturadas. La campaña de Davidcontra los amalecitas 6 David se vio en un grave aprieto, porque la tropa
amenazaba con apedrearlo, ya que todos estaban llenos de amargura por sus
hijos y sus hijas. Pero David retomó coraje gracias al Señor, su Dios, 7 y
dijo al sacerdote Abiatar, hijo de Ajimélec: "Por favor, preséntame el
efod". Abiatar presentó el efod a David, 8 y David interrogó al Señor,
en estos términos: "¿Debo perseguir a esa banda? ¿La alcanzaré?".
El Señor le respondió: "Persíguela. Seguro que la alcanzarás y librarás
a los cautivos". 9 David partió con los seiscientos hombres que lo
acompañaban, y llegaron al torrente Besor, donde se quedaron los rezagados.
10 Entonces continuó la persecución con cuatrocientos hombres; doscientos se
habían detenido, por estar demasiado extenuados para cruzar el torrente
Besor. 11 En pleno campo encontraron a un egipcio, y se lo
llevaron a David. Le dieron pan para comer y agua para beber, 12 y también le
ofrecieron un trozo de torta de higos y dos racimos de pasas de uva. Con la
comida él se reanimó, porque en tres días y tres noches no había comido ni
bebido nada. 13 Luego David le preguntó: "¿De quién eres y de dónde
vienes?". Él respondió: "Soy un muchacho egipcio, esclavo de un
amalecita. Mi dueño me abandonó hace tres días, porque caí enfermo. 14
Hicimos una incursión por el Négueb de los quereteos, contra el Négueb de
Judá y contra el Négueb de Caleb. También incendiamos Siquelag". 15
David le preguntó: "¿Quieres llevarme adonde está esa banda?". Él
respondió: "Júrame por Dios que no me matarás ni me entregarás en manos
de mi dueño, y yo te llevaré adonde está esa banda". 16 El muchacho lo guió, y encontraron a los
amalecitas desparramados por toda la comarca, comiendo, bebiendo y festejando
por el gran botín que habían recogido en el país de los filisteos y en el
país de Judá. 17 David los masacró desde el alba hasta la tarde del día
siguiente, y no escapó ni uno solo, con excepción de cuatrocientos jóvenes
que huyeron montados en camellos. 18 David salvó todo lo que le habían arrebatado los
amalecitas y, en especial, libró a sus dos mujeres. 19 No les faltó nadie, ni
grande ni pequeño, ni hijos ni hijas, ni nada del botín y de todo lo que les
habían quitado los amalecitas: David lo recuperó todo. 20 Se adueñó además de
ovejas y vacas, y los que iban delante, acarreando ese ganado, decían:
"¡Este es el botín de David!". El reparto del botín 21 David llegó al lugar donde estaban los doscientos
hombres que no lo habían seguido, por estar demasiado extenuados, y se habían
quedado atrás, junto al torrente Besor. Estos salieron al encuentro de David
y de la tropa que lo acompañaba. David se acercó con la tropa y los saludó.
22 Pero entre los que estaban con David había unos hombres mezquinos, que
levantaron la voz y dijeron: "¡Por no haber venido con nosotros, no les
daremos nada del botín que hemos recuperado, salvo a cada uno su mujer y sus
hijos! ¡Que se los lleven y se vayan!". 23 Pero David dijo: "No se
comporten así, hermanos míos, con lo que nos ha dado el Señor. Él nos ha
protegido y ha puesto en nuestras manos a esa banda que vino a atacarnos. 24
¿Quién puede estar de acuerdo con lo que ustedes proponen? Porque la parte que le toca al que baja a combatir le
tocará también al que cuida el equipaje: juntos participarán del botín". David y los ancianos de Judá 26 Al llegar a Siquelag, David envió parte del botín
a los ancianos de Judá y a sus amigos, con este mensaje: "Ahí tienen un
obsequio del botín arrebatado a los enemigos del Señor". Se lo envió El desastre del Gelboéy la muerte de Saúl1 Crón. 10. 1-12 31 1 Los filisteos
entablaron combate con Israel. Los hombres de Israel huyeron ante ellos y
cayeron heridos de muerte en el monte Gelboé. 2 Los filisteos persiguieron de
cerca a Saúl, y mataron a Jonatán, Abinadab y Malquisúa, los hijos de Saúl. 3
El peso del combate recayó entonces sobre Saúl. Los arqueros lo descubrieron,
y fue herido gravemente por ellos. 4 Saúl dijo a su escudero: "Saca tu
espada y traspásame, no sea que esos incircuncisos vengan a traspasarme, para
vergüenza mía". Pero su escudero no quiso hacerlo, porque tenía mucho
miedo. Entonces Saúl tomó la espada y se dejó caer sobre ella. 5 Al ver que
Saúl estaba muerto, también su escudero se echó sobre su espada y murió junto
a él. 6 Así murieron juntos, aquel día, Saúl, sus tres hijos y su escudero. 7 Los hombres de Israel que estaban al otro lado del
valle y los que estaban al otro lado del Jordán, al ver que los israelitas
huían y que Saúl y sus hijos habían muerto, abandonaron las ciudades y se
dieron a la fuga. Luego vinieron los filisteos y se establecieron allí. 8 Al día siguiente, cuando llegaron los filisteos
para despojar a las víctimas, encontraron a Saúl y a sus tres hijos tendidos
sobre el monte Gelboé. 9 Entonces cortaron la cabeza de Saúl y lo despojaron
de sus armas. Luego enviaron mensajeros por todo el país de los filisteos,
para dar la buena noticia en los templos de sus ídolos y a todo el pueblo. 10
Depositaron las armas de Saúl en el templo de Astarté y colgaron su cadáver
en los muros de Betsán. 11 Cuando los habitantes de Iabés de Galaad oyeron
lo que los filisteos habían hecho a Saúl, 12 todos los hombres valientes
emprendieron la marcha y, después de caminar toda la noche, retiraron de los
muros de Betsán el cadáver de Saúl y los cadáveres de sus hijos; luego
volvieron a Iabés y allí los quemaron. 13 Después recogieron sus huesos, los
sepultaron bajo el Tamarisco de Iabés, y ayunaron siete días. 1 2.
La insistencia en la esterilidad de Ana -como de varias otras mujeres de 3. El
santuario de "Silo", sede del Arca de 11. El hecho
de no cortarse el cabello es un signo de consagración al Señor. Ver Núm. 6.
1-21. 2 1.
Después de un acontecimiento memorable, los autores bíblicos suelen añadir un
poema que lo celebra y le sirve de comentario. El canto puesto en boca de Ana
es un himno al poder de Dios, que exalta a los humildes y humilla a los
soberbios. Los temas fundamentales de este himno se vuelven a encontrar en el
canto de 18.
"Efod de lino": ver nota Éx. 28. 6. 35. Estas
palabras se refieren al sacerdote Sadoc, que en tiempos de Salomón desplazó a
Ebiatar, el descendiente de Elí ( 1 Rey. 2. 26-27, 35). 3 1. La
ausencia de profetas era para Israel una señal de reprobación divina (Am. 8.
11-12; Sal. 74. 9; Ez. 7. 26; Lam. 2. 9). 4 1.
Sobre los "filisteos", ver nota Jc. 14. 1. 5 2. "Dagón",
dios del trigo, era una antigua divinidad de Mesopotamia, cuyo culto se
extendió también a Canaán. Los filisteos lo incorporaron al número de sus
dioses. 6 9.
"Bet Semes" se encontraba a unos treinta kilómetros al oeste de
Jerusalén. 21. "Quiriat
learím" distaba unos quince kilómetros de Bet Semes, en dirección al
noreste. 8 Los
relatos de los caps. 8-12 provienen de distintas épocas y no siguen un orden
cronológico preciso. Estas tradiciones, aparentemente incompatibles, hacen
suponer que Saúl fue reconocido como rey de Israel en forma progresiva y que
su realeza fue sancionada en sucesivas asambleas del pueblo, primero en
Guilgal (11. 15) y luego en Mispá (10. 17). Además, es verosímil que algunas
tribus, particularmente la de Efraím, se hayan resistido a tener como rey a
Saúl, un benjaminita. La oposición a la monarquía expresada en el cap. 8
podría ser un eco de estas controversias. 7. Ver Jc.
8. 22-23. 9 12.
El "lugar alto" era una elevación natural o artificial, donde los
cananeos ofrecían sacrificios a sus dioses y celebraban otras prácticas
cultuales, como el culto de los muertos, la prostitución sagrada y los ritos
de la fertilidad. Después de su instalación en Palestina, los israelitas
usaron esos "lugares altos" para dar culto al Señor, hasta que el
rey Josías, inspirándose en la legislación deuteronómica, declaró ilegítima
toda ceremonia cultual celebrada fuera del Templo de Jerusalén (Deut. 12.
1-12; 2 Rey. 23. 4-14). 12 9. Sobre
"Sísara", ver Jc. 4-5. 11. El
nombre de un juez llamado "Bedán" no se menciona en ningún otro
lugar. 12. Ver
11. 1-2. 14. Ver
Deut. 13. 5. 15. Ver
Deut. 28. 15; Jc. 2. 11-15. 20. Ver
Deut. 10. 12; Jos. 1. 7. 13 1.
Por razones que nos son desconocidas, faltan en el texto hebreo las cifras
exactas de la edad de Saúl y de la duración de su reinado. Según una
tradición recogida en Hech. 13. 21, Saúl reinó cuarenta años, pero es
históricamente improbable que su reinado haya durado tanto tiempo. 2. "Micmás"
se encontraba a unos doce kilómetros al noreste de Jerusalén. Según los vs. 5
y 16 eran los filisteos los que estaban acampados en Micmás. 3.
"Gueba", población situada a unos tres kilómetros al sudoeste de
Micmás, es distinta de Guibeá, que se encontraba cerca de seis kilómetros al
norte de Jerusalén. Pero los dos nombres a veces se confunden. 13-14. Ver
15. 26-28. 15 2.
Ver nota Éx. 17. 8. 22-23. Ver Is. 1. 11;
Os. 6. 6; Am. 5. 22; Mt. 9. 13. 26-28. Ver
13. 13-14. 29. Este
versículo parece ser una aclaración añadida posteriormente, para evitar que
el lector se forme una idea demasiado antropomórfica de Dios, llamado aquí el
"Esplendor de Israel". Ver Núm. 23. 19. 17 2.
El "valle del Terebinto" dista unos veinte kilómetros de Belén,
hacia el sudoeste. 4-54. En 2
Sam. 21. 19 se encuentra otra tradición sobre la derrota de Goliat, y el
intento de armonizar esa tradición con el presente relato aún no ha
encontrado una solución satisfactoria. 45-47. La
victoria de la fe y de la confianza en Dios sobre el poder pagado de sí mismo
es uno de los temas constantes de 24 Este
capítulo y el 26 presentan dos versiones de un mismo hecho. En ambos casos se
pone de relieve la nobleza y la magnanimidad de David. También se destaca el
carácter sagrado del rey, que es llamado el "ungido del Señor". 28 2. En
esta situación comprometida, David da una respuesta deliberadamente ambigua. 4.
Empleando una hábil estrategia, los filisteos penetraron hasta
"Suném", en el extremo oriental de la llanura de Izreel, designada
también con el nombre griego de Esdrelón. De esta manera, lograron cortar las
comunicaciones entre las tribus de Galilea y las de Efraím y Benjamín (31.
7). 5-25. Este
lúgubre y desconcertante relato vuelve una vez más sobre un tema ya expresado
anteriormente: el rechazo de Saúl y su reemplazo por David (13. 13-14; 15.
28). La nigromancia o evocación del espíritu de los muertos era una práctica
muy difundida en el Antiguo Oriente, incluso en Israel (2 Rey. 21. 6; Is. 8.
19), aunque 30 14. "El
Négueb de los quereteos" es la región situada al sur del territorio
filisteo. Entre los quereteos, David escogió una parte de su guardia personal
(2 Sam. 8. 18; 15. 18; 20.7). 31 7. "Al
otro lado del valle", es decir, al norte de la llanura de Esdrelón,
donde habían acampado los filisteos. Ver nota 28. 4. 11-13. De
esta manera, los "habitantes de Iabés de Galaad" atestiguan su
agradecimiento a Saúl, que los había liberado de la opresión de los amonitas
(11. 1-11). |
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Pedro Sergio Antonio Donoso Brant |
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