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Caminando con Jesús Pedro Sergio Antonio Donoso Brant Edición especial comentada para ayudar a
comprender mejor las Sagradas Escrituras |
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Los libros de SAMUEL formaban originariamente una
sola obra, que luego fue dividida en dos partes, debido a la considerable extensión
de la misma. Esta obra abarca un amplio e importante período de la historia
de Israel. Es el que transcurre entre el fin de la época de los Jueces y los
últimos años del reinado de David, o sea, entre el 1050 y el Los hechos que aquí se relatan están centrados en
torno a tres figuras protagónicas: Samuel, el profeta austero; Saúl,
el primer rey de Israel, y David, el elegido del Señor. Aunque de muy
diversa manera, los tres tuvieron una parte muy activa en la agitada vida de
su Pueblo y ejercieron sobre ella una influencia decisiva. Samuel fue
el guía espiritual de la nación en los días oscuros de la opresión filistea.
Firmemente arraigado en las tradiciones religiosas de Israel, luchó más que
ningún otro por mantener viva la fe en el Señor, estimulando al mismo tiempo
el fervor patriótico de los israelitas y la voluntad de resistir a la
dominación extranjera. Una vez instaurada la realeza, le prestó su apoyo,
pero nunca dejó de afirmar que por encima de la autoridad del rey está Saúl fue,
ante todo, un rey guerrero. El relato bíblico ha conservado ciertos episodios
que nos hacen entrever, al mismo tiempo, la importancia histórica de Saúl y
la tragedia de su reinado. Hacia el año David
restauró las ruinas del reino en franco proceso de desintegración. La más
significativa de sus hazañas fue ganarse la adhesión de todas las tribus de
Israel. Los filisteos fueron rechazados definitivamente y las plazas fuertes
cananeas quedaron sometidas al dominio israelita, lográndose así la unidad
territorial. Después de la conquista de Jerusalén, el reino davídico tuvo su
capital política y religiosa, y las victorias de David sobre los pueblos
vecinos aseguraron su hegemonía sobre Basta una somera lectura de los libros de Samuel
para descubrir en ellos la presencia de elementos heterogéneos. Fuera de la
"Crónica de la sucesión al trono de David" (2 Sam. 9-20), que se
caracteriza por su notable unidad, el resto de la obra fue compuesto a partir
de tradiciones y documentos de índole bastante diversa. De allí las frecuentes
repeticiones y las divergencias en la presentación de los mismos hechos,
particularmente en los relatos sobre los orígenes de la monarquía. En la
redacción final de la obra se percibe la influencia del Deuteronomio, aunque
en menor medida que en los libros de Josué, de los Jueces y de los Reyes. Los libros de Samuel relatan una historia que llega
a su etapa de madurez con la formación del reino de David. En el centro de la
narración, el oráculo de Natán (2 Sam. 7. 1-17) asegura la continuidad de la
dinastía davídica en el trono de Israel. Así la historia de David adquiere un
significado profético y mesiánico. El recuerdo de esta historia fue
perfilando en Israel la figura ideal de un descendiente de David, de un
"nuevo" David, el Ungido del Señor, el Mesías. Y "cuando se
cumplió el tiempo establecido" (Gál. 4. 4), "de la
descendencia de David, como lo había prometido, Dios hizo surgir para Israel
un Salvador, que es Jesús" (Hech. 13. 23). PRIMER LIBRO DE
SAMUEL INFANCIA Y VOCACIÓN
DE SAMUEL La historia de Samuel,
el primero de los grandes profetas que dejaron una huella indeleble en la
vida de Israel, comienza con el relato de su nacimiento, su infancia y su
vocación profética. Estas narraciones, desbordantes de frescura y de unción
religiosa, figuran entre las más conmovedoras de toda La tradición bíblica
nos da de Samuel una imagen polifacética, ya que lo presenta ejerciendo las
funciones de "juez", de sacerdote, de vidente y de profeta. Su acción
se desarrolla en una época de profunda transformación social, cuando ya las
viejas instituciones israelitas no ofrecen una respuesta válida a la crisis
provocada por el desafío filisteo. Al comienzo, Samuel se resiste al cambio,
porque ve los peligros e inconvenientes de la monarquía. Pero al fin renuncia
a sus propios criterios, y así prepara el advenimiento de una nueva era para
el Pueblo de Dios. La peregrinación de Elcanáal santuario de Silo 1 1 Había
un hombre de Ramataim, un sufita de la montaña de Efraím, que se llamaba
Elcaná, hijo de Ierojám, hijo de Eliú, hijo de Toju, hijo de Suf, efraimita.
2 El tenía dos mujeres: una se llamaba Ana y la otra Peniná. Peniná tenía
hijos, pero Ana no tenía ninguno. 3 Este hombre subía cada año desde su ciudad,
para adorar y ofrecer sacrificios al Señor en Silo. Allí eran sacerdotes del
Señor, Jofní y Pinjás, los dos hijos de Elí. 4 El día en que Elcaná ofrecía su sacrificio, daba a
su esposa Peniná, y a todos sus hijos e hijas, porciones de la víctima. 5
Pero a Ana le daba una porción especial, porque la amaba, aunque el Señor la
había hecho estéril. 6 Su rival la afligía constantemente para humillarla,
porque el Señor la había hecho estéril. 7 Así sucedía año tras año: cada vez
que ella subía a La súplica y el voto de Ana 9 Después que comieron y bebieron en Silo, Ana se
levantó. Mientras tanto, el sacerdote Elí estaba sentado en su silla a la
puerta del Templo del Señor. 10 Entonces Ana, con el alma llena de amargura,
oró al Señor y lloró desconsoladamente. 11 Luego hizo este voto: "Señor
de los ejércitos, si miras la miseria de tu servidora y te acuerdas de mí, si
no te olvidas de tu servidora y le das un hijo varón, yo lo entregaré al
Señor para toda su vida, y la navaja no pasará por su cabeza". 12 Mientras ella prolongaba su oración delante del
Señor, Elí miraba atentamente su boca. 13 Ana oraba en silencio; sólo se
movían sus labios, pero no se oía su voz. Elí pensó que estaba ebria, 14 y le
dijo: "¿Hasta cuándo te va a durar la borrachera? ¡Ve a que se te pase
el efecto del vino!". 15 Ana respondió: "No, mi señor; yo soy una
mujer que sufre mucho. No he bebido vino ni nada que pueda embriagar; sólo me
estaba desahogando delante del Señor. 16 No tomes a tu servidora por una
mujer cualquiera; si he estado hablando hasta ahora, ha sido por el exceso de
mi congoja y mi dolor". 17 "Vete en paz, le respondió Elí, y que el
Dios de Israel te conceda lo que tanto le has pedido". 18 Ana le dijo
entonces: "¡Que tu servidora pueda gozar siempre de tu favor!".
Luego la mujer se fue por su camino, comió algo y cambió de semblante. El nacimiento y la consagración de Samuel 21 El marido, Elcaná, subió con toda su familia para
ofrecer al Señor el sacrificio anual y cumplir su voto. 22 Pero Ana no subió,
porque dijo a su marido: "No iré hasta que el niño deje de mamar.
Entonces lo llevaré, y él se presentará delante del Señor y se quedará allí
para siempre". 23 Elcaná, su marido, le dijo: "Puedes hacer lo que
mejor te parezca. Quédate hasta que lo hayas destetado, y ojalá que el Señor
cumpla su palabra". La mujer se quedó, y crió a su hijo hasta que lo
destetó. 24 Cuando el niño dejó de mamar, lo subió con ella,
llevando además un novillo de tres años, una medida de harina y un odre de
vino, y lo condujo a El canto de Ana 2 1
Entonces Ana oró, diciendo: "Mi corazón se regocija en el Señor, tengo la frente erguida gracias a mi Dios. Mi boca se ríe de mis enemigos, porque tu salvación me ha llenadode alegría. 2 No hay Santo como el Señor, porque no hay nadie fuera de ti, y no hay Roca como nuestro Dios. 3 No hablen con tanta arrogancia, que la insolencia no les brote de la boca, porque el Señor es el Dios que lo sabe todo, y es él quien valora las acciones. 4 El arco de los valientes se ha quebrado, y los vacilantes se ciñen de vigor; 5 los satisfechos se contratanpor un pedazo de pan, y los hambrientos dejan de fatigarse; la mujer estéril da a luz siete veces, y la madre de muchos hijos se marchita. 6 El Señor da la muerte y la vida, hunde en el Abismo y levanta de él. 7 El Señor da la pobreza y la riqueza, humilla y también enaltece. 8 Él levanta del polvo al desvalido y alza al pobre de la miseria, para hacerlos sentar con los príncipes y darles en herencia un trono de gloria; porque del Señor son las columnas de la tierra y sobre ellas afianzó el mundo. 9 Él protege los pasos de sus fieles, pero los malvados desaparecerán en las tinieblas, porque el hombre no triunfa por su fuerza. 10 Los rivales del Señor quedan aterrados, el Altísimo truena desde el cielo. El Señor juzga los confines de la tierra; él fortalece a su rey y exalta la frente de su Ungido". 11 Luego Elcaná se fue a su casa en Ramá, y el niño
quedó al servicio del Señor, a las órdenes del sacerdote Elí. Los abusos de los hijos de Elí 12 Los hijos de Elí eran unos canallas, que no
reconocían al Señor 13 ni respetaban los deberes de los sacerdotes para con
el pueblo. Cada vez que alguien ofrecía un sacrificio, venía el servidor del
sacerdote con un tenedor de tres dientes en la mano, mientras se cocía la
carne. 14 Entonces lo metía en la olla o el caldero, en la cacerola o el
tazón, y todo lo que recogía el tenedor, se lo guardaba el sacerdote para él.
Así hacían con todos los israelitas que iban a Silo. 15 Incluso antes que se
quemara la grasa, venía el servidor del sacerdote y decía a la persona que
ofrecía el sacrificio: "Dale al sacerdote carne para asar; él no
aceptará de ti carne cocida, sino sólo cruda". 16 Y si el hombre le
decía: "Primero hay que quemar la grasa; después, llévate lo que
quieras", el servidor replicaba: "No, o me la das ahora mismo, o me
la llevo por la fuerza". 17 El pecado de esos ayudantes era muy grave
delante del Señor, porque deshonraban las ofrendas del Señor. Samuel en el Templo de Silo 18 Samuel servía en la presencia del Señor; era un
niño, y llevaba ceñido el efod de lino. 19 Su madre le hacía un pequeño
manto, y se lo traía cada año, cuando subía con su marido a ofrecer el
sacrificio anual. 20 Entonces Elí bendecía a Elcaná y a su mujer, diciendo:
"Que el Señor te conceda una descendencia de esta mujer, a cambio de
aquel que fue cedido al Señor". Luego se volvían a su casa. 21 El Señor
intervino en favor de Ana, y ella concibió y dio a luz tres hijos y dos
hijas. Mientras tanto, el joven Samuel crecía junto al Señor. Los reproches de Elí a sus hijos 22 Elí era ya muy viejo, y oyó hablar de todo lo que
hacían sus hijos a Israel, y cómo se acostaban con las mujeres que prestaban
servicio a la entrada de 26 En cambio, el joven Samuel iba creciendo, y era
apreciado por Dios y por los hombres. Anuncio proféticocontra los descendientes de Elí 27 Un hombre de Dios se presentó a Elí y le dijo:
"Así habla el Señor: Yo me revelé a la familia de tu padre, cuando ellos
estaban en Egipto, bajo el poder de la casa del Faraón. 28 Elegí a tu padre
entre todas las tribus de Israel, para que fuera mi sacerdote y subiera a mi
altar, para que hiciera arder el incienso y llevara el efod en mi presencia.
Y asigné a la familia de tu padre todas las ofrendas que hacen quemar los
israelitas. 29 ¿Por qué entonces pisotean mi sacrificio y mi ofrenda, que yo
prescribí para mi Morada? ¿Por qué honras a tus hijos más que a mí,
haciéndolos engordar con lo mejor de todas las ofrendas de mi pueblo Israel? 30 Por eso, el Señor, el Dios de Israel, pronuncia
este oráculo: Yo había dicho que tu familia caminaría siempre en mi
presencia. Pero ahora –oráculo del Señor– ¡lejos de mí todo eso! Porque yo
honro a los que me honran, pero los que me desprecian son humillados. 31
Llegan los días en que amputaré tu brazo y el de la familia de tu padre, de
manera que no habrá más ancianos en tu casa. 32 Tú verás un rival en 35 En cambio, yo me suscitaré un sacerdote fiel, que
obrará conforme a mi corazón y a mis deseos. Yo le edificaré una casa
duradera, y él caminará en presencia de mi Ungido todos los días de su vida.
36 Y todos los que subsistan de tu casa irán a postrarse delante de él por
una moneda de plata y una miga de pan, y le dirán: Admíteme, por favor, a
cualquiera de las funciones sacerdotales, para que tenga un pedazo de pan que
comer". La vocación de Samuel 3 1 El
joven Samuel servía al Señor en la presencia de Elí. La palabra del Señor era
rara en aquellos días, y la visión no era frecuente. 2 Un día, Elí estaba acostado en su habitación. Sus
ojos comenzaban a debilitarse y no podía ver. 3 La lámpara de Dios aún no se
había apagado, y Samuel estaba acostado en el Templo del Señor, donde se
encontraba el Arca de Dios. 4 El Señor llamó a Samuel, y él respondió:
"Aquí estoy". 5 Samuel fue corriendo adonde estaba Elí y le dijo:
"Aquí estoy, porque me has llamado". Pero Elí le dijo: "Yo no
te llamé; vuelve a acostarte". Y él se fue a acostar. 6 El Señor llamó a Samuel una vez más. Él se
levantó, fue adonde estaba Elí y le dijo: "Aquí estoy, porque me has
llamado". Elí le respondió: "Yo no te llamé, hijo mío; vuelve a
acostarte". 7 Samuel aún no conocía al Señor, y la palabra del Señor
todavía no le había sido revelada. 8 El Señor llamó a Samuel por tercera vez. Él se
levantó, fue adonde estaba Elí y le dijo: "Aquí estoy, porque me has
llamado". Entonces Elí comprendió que era el Señor el que llamaba al
joven, 9 y dijo a Samuel: "Ve a acostarte, y si alguien te llama, tú
dirás: Habla, Señor, porque tu servidor escucha". Y Samuel fue a
acostarse en su sitio. 10 Entonces vino el Señor, se detuvo, y llamó como
las otras veces: "¡Samuel, Samuel!". Él respondió: "Habla,
porque tu servidor escucha". 11 El Señor dijo a Samuel: "Mira, voy a
hacer una cosa en Israel, que a todo el que la oiga le zumbarán los oídos. 12
Aquel día, realizaré contra Elí todo lo que dije acerca de su casa, desde el
comienzo hasta el fin. 13 Yo le anuncio que condeno a su casa para siempre a
causa de su iniquidad, porque él sabía que sus hijos maldecían a Dios, y no
los reprendió. 14 Por eso, juro a la casa de Elí: jamás será expiada la falta
de su casa, ni con sacrificios ni con oblaciones". 15 Samuel se quedó acostado hasta la mañana. Después
abrió las puertas de El prestigio de Samuel como profeta 19 Samuel creció; el Señor estaba con él, y no dejó
que cayera por tierra ninguna de sus palabras. 20 Todo Israel, desde Dan
hasta Berseba, supo que Samuel estaba acreditado como profeta del Señor. 21
El Señor continuó apareciéndose en Silo, porque era allí donde él se revelaba
a Samuel. 4 1 Y la
palabra de Samuel llegó a todo Israel. EL ARCA DE Hacia el año Una vez recuperada la
paz, las aventuras del Arca de La derrota de Israelfrente a los filisteos En aquellos días, los filisteos se reunieron para
combatir contra Israel. Israel les salió al encuentro para el combate, y
acamparon en Eben Ezer, mientras los filisteos acampaban en Afec. 2 Los
filisteos se alinearon en orden de batalla frente a Israel, y se entabló un
duro combate. Israel cayó derrotado delante de los filisteos, y unos cuatro
mil hombres fueron muertos en el frente de batalla, en campo abierto. 3
Cuando el pueblo regresó al campamento, los ancianos de Israel dijeron: "¿Por
qué el Señor nos ha derrotado hoy delante de los filisteos? Vayamos a buscar
a Silo el Arca de Nueva derrota de los israelitasy captura del Arca 5 Cuando el Arca de 10 Los filisteos libraron batalla. Israel fue
derrotado y cada uno huyó a sus campamentos. La derrota fue muy grande, y
cayeron entre los israelitas treinta mil hombres de a pie. 11 El Arca del
Señor fue capturada, y murieron Jofní y Pinjás, los dos hijos de Elí. La muerte de Elí 12 Un hombre de Benjamín escapó del frente de
batalla y llegó a Silo ese mismo día, con la ropa desgarrada y la cabeza
cubierta de polvo. 13 Cuando llegó, Elí estaba sentado en una silla al borde
del camino, a la expectativa, porque su corazón temblaba por el Arca de Dios.
El hombre fue a dar la noticia por la ciudad, y toda la ciudad se puso a
gritar. 14 Al oír el clamor, Elí preguntó: "¿Qué significa ese
tumulto?". Entonces el hombre fue rápidamente a comunicar la noticia a
Elí. 15 Este tenía noventa y ocho años; había perdido la vista y no podía
ver. 16 El hombre le dijo: "Vengo del frente de batalla; hoy mismo he
escapado de allí". Elí le preguntó: "¿Qué ha pasado, hijo
mío?". 17 El mensajero respondió: "Israel huyó delante de los
filisteos, y el pueblo ha sufrido un gran desastre; han muerto tus hijos
Jofní y Pinjás, y el Arca de Dios ha sido capturada". 18 Apenas el
hombre mencionó el Arca de Dios, Elí cayó de su silla hacia atrás, al lado de
la puerta; así se rompió la nunca y murió, porque era viejo y pesado. Había
juzgado a Israel durante cuarenta años. La muerte de la nuera de Elí 19 Su nuera, la mujer de Pinjás, estaba embarazada,
próxima a dar a luz. Cuando oyó la noticia de la captura del Arca de Dios, y
de la muerte de su suegro y de su marido, se encorvó y dio a luz, porque le
sobrevinieron los dolores del parto. 20 Como estaba a punto de morir, las
mujeres que la asistían le dijeron: "No temas, has tenido un
varón". Pero ella no respondió ni prestó atención. 21 Y puso al niño el
nombre de Icabod, diciendo: "La gloria ha sido desterrada de
Israel", en alusión a la captura del Arca de Dios y a la muerte de su
suegro y de su marido. Los estragos causados por el Arca 5 1 Los
filisteos capturaron el Arca de Dios y la trasladaron de Eben Ezer a Asdod. 2
Allí tomaron el Arca de Dios, la introdujeron en el templo de Dagón y la
expusieron al lado de Dagón. 6 La mano del Señor se hizo sentir pesadamente sobre
los asdoditas y los devastó, hiriéndolos con tumores por todo el territorio
de Asdod. 7 Al ver lo que sucedía, los asdoditas dijeron: "Que el Arca
del Señor no se quede entre nosotros, porque su mano es dura contra nosotros
y contra Dagón, nuestro dios". 8 Entonces invitaron a todos los
príncipes de los filisteos a reunirse con ellos, y dijeron: "¿Qué
podemos hacer con el Arca del Dios de Israel?". Ellos respondieron:
"Hay que trasladarla a Gat". Así trasladaron el Arca del Dios de
Israel. 9 Pero una vez que fue trasladada, la mano del Señor
se hizo sentir sobre la ciudad y cundió un pánico terrible, porque el Señor
hirió a la gente de la ciudad, del más pequeño al más grande, y les brotaron
tumores. 10 Entonces enviaron el Arca de Dios a Ecrón. Pero apenas el Arca
llegó a Ecrón, los ecronitas gritaron: "Han trasladado aquí el Arca del
Dios de Israel, para hacerme morir a mí y a mi pueblo". 11 Luego
invitaron a reunirse a todos los príncipes de los filisteos, y estos decían:
"Devuelvan el Arca del Dios de Israel; que regrese al lugar donde
estaba, y no me haga morir a mí y a mi pueblo". Porque reinaba un pánico
mortal en toda la ciudad, tal era el peso con que se hacía sentir la mano del
Señor. La devolución del Arca 6 1 El
Arca del Señor permaneció siete meses en territorio filisteo. 2 Luego los
filisteos convocaron a los sacerdotes y adivinos, y les preguntaron:
"¿Qué haremos con el Arca del Señor? Indíquennos cómo podemos enviarla
al lugar donde estaba". 3 Ellos respondieron: "Si devuelven el Arca
del Dios de Israel, no la envíen sin nada, sino que deberán ofrecerle una
reparación. Si así logran curarse, sabrán por qué su mano no se apartaba de
ustedes". 4 "¿Qué reparación debemos ofrecerle?", preguntaron
los filisteos. Ellos respondieron: "Cinco tumores de oro y cinco ratones
de oro, uno por cada uno de los príncipes filisteos. Porque la misma plaga la
han padecido ustedes y ellos. 5 Hagan unas imágenes de los tumores y de los
ratones que devastan el país, y den gloria al Dios de Israel. Tal vez así su
mano no pese tanto sobre ustedes, sobre sus dioses y sobre su país. 6 ¿Por
qué se van a obstinar como lo hicieron Egipto y el Faraón? ¿No tuvieron acaso
que dejarlos partir cuando el Señor se ensañó con ellos? 7 Hagan ahora mismo
un carro nuevo y tomen dos vacas que estén criando y que no hayan llevado el
yugo. Aten las vacas al carro, dejando a sus crías encerradas en el establo.
8 Luego tomarán el Arca del Señor y la pondrán sobre el carro. Al lado de
ella, en un cofre, colocarán los objetos de oro que le ofrecen en reparación.
Después, la dejarán partir. 9 Fíjense bien: si ella sube en dirección a su
territorio, hacia Bet Semes, quiere decir que el Señor nos ha infligido esta
gran calamidad; en caso contrario, sabremos que no fue su mano la que nos
golpeó, sino que esto nos ha sucedido por casualidad". 10 Así lo hicieron: tomaron dos vacas que estaban
criando y las ataron al carro, pero encerraron a sus crías en el establo. 11
Luego pusieron sobre el carro el Arca del Señor y el cofre con los ratones de
oro y las imágenes de los tumores. 12 Las vacas se fueron derecho por el
camino de Bet Semes; iban mugiendo, siempre por el mismo sendero, sin
desviarse ni a la derecha ni a la izquierda. Y los príncipes de los filisteos
las siguieron hasta la frontera de Bet Semes. El Arca en Bet Semes 13 La gente de Bet Semes estaba cosechando el trigo
en el valle. Al levantar los ojos, divisaron el Arca y se alegraron de verla.
14 El carro llegó al campo de Josué de Bet Semes y se detuvo. Allí había una
gran piedra. Entonces hicieron astillas la madera del carro y ofrecieron las
vacas en holocausto al Señor. 15 Mientras tanto, los levitas habían bajado el
Arca del Señor y el cofre que estaba con ella, donde se encontraban los objetos
de oro, y los depositaron sobre la piedra grande. La gente de Bet Semes
ofreció aquel día holocaustos y sacrificios al Señor. 16 Al ver esto, los
príncipes de los filisteos regresaron a Ecrón aquel mismo día. 17 Los tumores de oro que los filisteos presentaron
como reparación al Señor fueron uno por Asdod, uno por Gaza, uno por Ascalón,
uno por Gat y uno por Ecrón. 18 Y el número de los ratones de oro
correspondía al de todas las ciudades de los filisteos, gobernadas por los
cinco príncipes, desde las ciudades fortificadas hasta los poblados
desguarnecidos. Testigo de esto es la piedra grande sobre la que depositaron
el Arca del Señor, y que hasta el día de hoy está en el campo de Josué de Bet
Semes. El Arca en Quiriat Iearím 19 El Señor castigó a la gente de Bet Semes, porque
habían mirado el Arca del Señor. Como él hirió a setenta hombres, el pueblo
estuvo de duelo porque el Señor les había infligido un castigo tan grande. 20
Los hombres de Bet Semes dijeron: "¿Quién podrá resistir en la presencia
del Señor, este Dios tan santo? ¿A quién enviársela, para que esté lejos de
nosotros?". 21 En seguida mandaron unos mensajeros a los habitantes de
Quiriat Iearím, para decirles: "Los filisteos han devuelto el Arca del
Señor. Bajen y súbanla con ustedes". 7 1
Entonces llegaron los de Quiriat Iearím y se llevaron el Arca del Señor. La
introdujeron en la casa de Abinadab, sobre la colina, y consagraron a su hijo
Eliezer para que la cuidara. La intercesión de Samuely la victoria sobre los
filisteos 2 Desde el día en que el Arca fue instalada en
Quiriat Iearím pasó mucho tiempo –veinte años– y todo Israel suspiraba por el
Señor. 3 Samuel dijo entonces a toda la casa de Israel: "Si ustedes se
vuelven al Señor de todo corazón, dejen de lado a los dioses extraños y a las
Astartés que hay en medio de ustedes; dirijan sus corazones hacia el Señor y
sírvanlo sólo a él. Así el Señor los librará del poder de los
filisteos". 4 Los israelitas retiraron a los Baales y las Astartés, y
sirvieron sólo al Señor. 5 Luego dijo Samuel: "Reúnan a todo Israel en
Mispá, y yo rogaré al Señor por ustedes". 6 Ellos se reunieron en Mispá,
sacaron agua y la derramaron delante del Señor; allí ayunaron aquel día, y
dijeron: "¡Hemos pecado contra el Señor!". Y Samuel juzgó a los
israelitas en Mispá. 7 Los filisteos oyeron que los israelitas se habían
reunido en Mispá, y sus príncipes subieron contra Israel. Al enterarse, los
israelitas tuvieron miedo de los filisteos 8 y dijeron a Samuel: "No
ceses de clamar por nosotros al Señor, nuestro Dios, para que nos salve del
poder de los filisteos". 9 Entonces Samuel tomó un corderito y lo
ofreció entero en holocausto al Señor. Luego clamó al Señor en favor de
Israel, y el Señor lo escuchó. 10 Mientras Samuel ofrecía el holocausto, los
filisteos se acercaron a combatir contra Israel. Pero aquel día, el Señor
lanzó sus truenos con gran fragor sobre los filisteos. Así sembró la
confusión entre ellos, y fueron desbaratados por Israel. 11 Los hombres de
Israel salieron de Mispá, persiguieron a los filisteos y los derrotaron hasta
más abajo de Betcar. 12 Samuel tomó una piedra, la colocó entre Mispá y El
Diente, y la llamó Eben Ezer –que significa "Piedra del socorro"–
porque dijo: "Hasta aquí nos ha socorrido el Señor". 13 Así fueron abatidos los filisteos, y ya no
volvieron a incursionar en territorio de Israel. Mientras vivió Samuel, la
mano del Señor se hizo sentir sobre los filisteos. 14 Las ciudades que los
filisteos habían tomado a Israel fueron reconquistadas, desde Ecrón hasta
Gat, e Israel libró su territorio del poder de los filisteos. También hubo
paz entre Israel y los amorreos. Samuel, Juez de Israel 15 Samuel juzgó a Israel todos los días de su vida.
16 Cada año hacía un recorrido por Betel, Guilgal y Mispá, y juzgaba a Israel
en todos esos sitios. 17 Luego volvía a Ramá, donde estaba su casa. Allí
juzgaba a Israel, y también allí erigió un altar al Señor. LOS COMIENZOS DE EL REINADO DE SAÚL El primer libro de
Samuel ha conservado dos tradiciones paralelas sobre la institución de la monarquía.
Ambas coinciden en reconocer a Saúl como el primer rey de Israel, pero
manifiestan actitudes opuestas con respecto a la realeza. Según la primera
tradición, la iniciativa de instituir un rey proviene del Señor, que elige a
Saúl como libertador de Israel (9. 16). La segunda, en cambio, condena el
deseo del pueblo de tener un rey "como
todas las naciones" (8. 5, 20), aunque indica al mismo tiempo que el
Señor termina por acceder a los reclamos de los israelitas. En un primer momento,
Saúl aparece como el continuador de las acciones guerreras de los Jueces. Lo
mismo que ellos, es invadido por el "espíritu" del Señor y emprende
una guerra de liberación contra los amonitas (11. 1-13). Pero a esta elección
divina se añade, por primera vez, el reconocimiento de todo el pueblo:
después de su victoria, Saúl es aclamado rey (11. 15), y así el líder
carismático queda investido de una autoridad estable. Durante todo el reinado
de Saúl, la institución monárquica tiene un carácter bastante rudimentario,
reducido casi exclusivamente al ámbito militar. La monarquía propiamente
dicha sólo comienza con David. El pueblo pide un rey 8 1 Cuando
Samuel envejeció, puso a sus hijos como jueces de Israel. 2 Su hijo mayor se llamaba
Joel, y el segundo, Abías; ambos eran jueces en Berseba. 3 Pero ellos no
siguieron sus pasos, sino que se dejaron llevar por el afán de lucro,
aceptaron regalos y pervirtieron el derecho. 4 Entonces se reunieron todos los ancianos de Israel
y acudieron a Samuel en Ramá. 5 "Tú ya eres viejo, le dijeron, y tus
hijos no siguen tus pasos. Ahora danos un rey para que nos gobierne, como lo
tienen todas las naciones". 7 El Señor dijo a Samuel: "Escucha al pueblo en
todo lo que ellos digan, porque no es a ti a quien rechazan: me rechazan a
mí, para que no reine más sobre ellos. 8 Como se comportaron conmigo desde el
día en que los hice subir de Egipto hasta el día de hoy, abandonándome a mí
para servir a otros dioses, así se comportan también contigo. 9 Por eso,
escucha su reclamo. Pero les harás una solemne advertencia y les explicarás
cuál es el derecho del rey que reinará sobre ellos". El derecho del rey |