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Caminando con Jesús Pedro Sergio Antonio Donoso Brant Edición especial comentada para ayudar a
comprender mejor las Sagradas Escrituras |
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Los libros de Samuel presentaban la institución y el
afianzamiento de la monarquía, como un proceso ascendente y lleno de promesas
para Israel. Los libros de los REYES –que al principio formaban una sola
obra, dividida luego en dos partes– continúan esa historia, pero trazan una
parábola descendente. Aquí el relato comienza con el reinado de Salomón, que
fue la etapa más brillante de todo el período monárquico, y llega hasta el
momento en que el Pueblo de Dios vivió su experiencia más dramática y
desconcertante: la caída de Jerusalén, el fin de la dinastía davídica y la
deportación a Babilonia. Este trágico desenlace se fue gestando gradualmente.
A la muerte de Salomón, el reino de Judá se mantiene fiel a los reyes del
linaje davídico y al Templo de Jerusalén. Pero las tribus del Norte,
profundamente desilusionadas por el trato recibido en la época salomónica, se
separan de Judá y constituyen un estado independiente, designado en adelante
con el nombre de "Israel". Durante un par de siglos, los dos reinos
separados logran conservar su autonomía política, debido al eclipse
momentáneo de los grandes imperios del Antiguo Oriente. Pero la situación
cambia radicalmente cuando Asiria comienza a desarrollar sus campañas
expansionistas. En el año Los libros de los Reyes recibieron su redacción
definitiva cuando todavía estaba muy vivo el recuerdo de este último
acontecimiento. En la composición de la obra, se emplearon diversas fuentes,
entre las que se destacan los informes provenientes de los archivos reales.
Pero, en el relato de los hechos, lo que más interesa no es la historia en sí
misma, sino la enseñanza que se debe extraer de ella, como medio para superar
la crisis. Por eso, desde las primeras páginas comienza a vislumbrarse la
pregunta que está implícita a lo largo de toda la narración: ¿Por qué el
Señor ha rechazado a su Pueblo, dispersándolo entre las naciones paganas? ¿Hay
un remedio para la catástrofe o el veredicto de condenación es irrevocable? Para responder a este doloroso interrogante, el
autor de estos Libros sigue paso a paso la historia de Israel en tiempos de
la monarquía, y confronta la conducta de los reyes con las enseñanzas del
Deuteronomio. Según la doctrina deuteronómica, el Señor eligió gratuitamente
a Israel y lo comprometió a vivir en conformidad con su Ley. De esta manera,
dejó abierto ante él un doble camino: el de la fidelidad, que conduce a la
vida, y el de la desobediencia, que acaba en la muerte. Pero todos los reyes
de Israel y casi todos los de Judá, en lugar de guiar al Pueblo del Señor por
el camino de la fidelidad, lo encaminaron hacia su propia ruina, tolerando y
aun fomentando el culto de Baal y de las otras divinidades cananeas. El
fracaso de la monarquía, después de sus promisorios comienzos en tiempos de
David, muestra que la raíz de todo mal está en apartarse del verdadero Dios. Pero esta evocación del pasado, con su balance
francamente pesimista, encierra también una lección para el presente. A pesar
de las infidelidades de los reyes, el Señor nunca dejó de hacerse presente en
la vida de su Pueblo a través de los Profetas. Por medio de ellos, Dios hizo
oír constantemente su Palabra a fin de llamar a la conversión. Y esa Palabra
seguía vigente para el "Resto" de Judá que se purificaba en el
exilio. Si las derrotas nacionales habían sido la consecuencia del pecado, la
conversión al Señor traería de nuevo la salvación. Las promesas divinas no
podían caer en el vacío y el Reino de Dios se iba a realizar más allá de
todos los fracasos terrenos. PRIMER LIBRO DE LOS
REYES SALOMÓN, SUCESOR DE
DAVID Los dos capítulos
siguientes continúan la "Crónica de la sucesión al trono de David",
que había quedado interrumpida al final del segundo libro de Samuel (20. 26).
El narrador conoce a fondo las rivalidades e intrigas de la corte, y relata
los acontecimientos con precisión y objetividad. Adonías, el hijo mayor de
David, después de la muerte de Amnón y Absalón, se apresura a hacer valer sus
pretensiones al trono. Pero los partidarios de Salomón, oponiendo la astucia
a la fuerza, logran que el anciano rey haga ungir al hijo de Betsabé, su
esposa predilecta. Los últimos años del rey David 1 1 El rey
David estaba viejo, muy avanzado en años, y por más que lo abrigaban no
entraba en calor. 2 Sus servidores le dijeron: "Sería conveniente
buscarle al rey, mi señor, una jovencita: ella estará al servicio del rey y
cuidará de él; dormirá entre sus brazos, y así mi señor, el rey, entrará en
calor". 3 Entonces buscaron por todo el territorio de Israel una joven
hermosa; encontraron a Abisag, la sunamita, y se la llevaron al rey. 4 La
joven, que era muy hermosa, cuidaba al rey y estaba a su servicio. Pero el
rey no se unió a ella. La sucesión al trono de David:las pretensiones de
Adonías 5 Mientras tanto, Adonías, hijo de Jaguit, se
ufanaba diciendo: "Yo seré el rey". Y se consiguió un carro de
guerra, caballos y cincuenta hombres que corrían delante de él. 6 Pero nunca
su padre lo había reprendido, preguntándole por qué hacía eso. Además, era
muy apuesto, y había nacido después de Absalón. 7 Adonías mantuvo
conversaciones con Joab, hijo de Sarvia, y con el sacerdote Ebiatar, que le
prestaron su apoyo. 8 En cambio, el sacerdote Sadoc, Benaías, hijo de
Iehoiadá, el profeta Natán, Samei, Reí y el cuerpo de los valientes de David
no estaban de su parte. 9 Un día, Adonías sacrificó ovejas, bueyes y
terneros cebados junto a La reacción de los partidariosde Salomón 11 Entonces Natán dijo a Betsabé, la madre de
Salomón: "¿No te has enterado de que Adonías, el hijo de Jaguit, se ha
proclamado rey sin que nuestro señor David lo sepa? 12 Ahora bien, te voy a
dar un consejo para que salves tu vida y la de tu hijo Salomón. 13 Ve a
presentarte ante el rey y dile: Rey, mi señor, tú mismo has hecho este
juramento a tu servidora: ‘Salomón, tu hijo, reinará después de mí y se
sentará en mi trono’. ¿Por qué entonces Adonías se ha proclamado rey? 14 Y
cuando todavía estés allí, hablando con el rey, yo entraré detrás de ti y
confirmaré tus palabras". 15 Betsabé se presentó ante el rey en su habitación
privada. El rey estaba muy viejo y Abisag, la sunamita, lo servía. 16 Betsabé
se inclinó profundamente ante el rey, y este le preguntó: "¿Qué
quieres?". 17 Ella le dijo: "Mi señor, tú mismo has hecho a tu
servidora este juramento, por el Señor, tu Dios: ‘Tu hijo Salomón reinará
después de mí y se sentará en mi trono’. 18 Pero ahora Adonías se ha
proclamado rey, sin que tú, mi señor el rey, lo sepas. 19 Él ha sacrificado
una gran cantidad de bueyes, de terneros cebados y de corderos, y ha invitado
a todos los hijos del rey, al sacerdote Ebiatar, y a Joab, el jefe del
ejército. Pero no ha invitado a tu hijo Salomón. 20 Por eso, todo Israel
tiene los ojos puestos en ti, para que le anuncies quién debe sentarse en el
trono de mi señor el rey, después de él. 21 De lo contrario, cuando mi señor
el rey se vaya a descansar con sus padres, yo y mi hijo Salomón correremos la
suerte de los culpables". 22 Todavía estaba hablando con el rey, cuando llegó
el profeta Natán. 23 Le anunciaron al rey: "Está aquí el profeta
Natán". Él se presentó al rey y se postró delante de él con el rostro en
tierra. 24 Luego dijo Natán: "Mi señor el rey, sin duda tú has dicho:
‘Adonías reinará después de mí y se sentará en mi trono’. 25 Porque hoy bajó
a sacrificar una gran cantidad de bueyes, de terneros cebados y de corderos,
e invitó a todos los hijos del rey, a los jefes del ejército y al sacerdote
Ebiatar. Ahora están comiendo y bebiendo delante de él, y lo han aclamado:
¡Viva el rey Adonías! 26 Pero a mí, que soy tu servidor, al sacerdote Sadoc,
a Benaías, hijo de Iehoiadá, y a tu servidor Salomón, no nos ha invitado. 27
Tal vez esta decisión provenga de mi señor el rey, sin que tú hayas querido
hacer saber a tus servidores quién se sentaría en el trono de mi señor el
rey, después de él". Designación de Salomóncomo sucesor de David 28 Entonces el rey David tomó la palabra y dijo:
"Llámenme a Betsabé". Ella se presentó al rey y se quedó de pie
delante de él. 29 Y el rey juró, diciendo: "¡Por la vida del Señor, que
me ha librado de todo peligro, 30 hoy mismo daré cumplimiento a lo que te he
jurado por el Señor, el Dios de Israel, cuando dije: Tu hijo Salomón reinará
después de mí y se sentará en mi trono en lugar mío!". 31 Betsabé se
inclinó con el rostro en tierra y se postró delante del rey. Luego exclamó:
"¡Viva para siempre mi señor el rey David!". 32 El rey David dijo: "Llámenme al sacerdote
Sadoc, al profeta Natán y a Benaías, hijo de Iehoiadá". Ellos se
presentaron ante el rey, 33 y él les ordenó: "Tomen con ustedes a los
servidores de su señor, monten a mi hijo Salomón en mi propia mula y háganlo
bajar a Guijón. 34 Allí, el sacerdote Sadoc y el profeta Natán lo ungirán rey
de Israel; ustedes sonarán la trompeta y lo aclamarán: ¡Viva el rey Salomón!
35 Luego volverán a subir detrás de él, y él vendrá a sentarse en mi trono y
reinará en mi lugar: yo lo he constituido jefe de Israel y de Judá". 36
Entonces Benaías, hijo de Iehoiadá, respondió al rey: "¡Amén! Así lo
haga el Señor, el Dios de mi señor el rey. 37 Como el Señor estuvo con mi
señor el rey, esté también con Salomón y engrandezca su trono más aún que el
trono de mi señor el rey David". La unción real de Salomón 38 El sacerdote Sadoc, el profeta Natán, Benaías,
hijo de Iehoiadá, los quereteos y los peleteos bajaron, montaron a Salomón en
la mula del rey David y lo llevaron a Guijón. 39 El sacerdote tomó de La reacción de Adonías y sus partidarios 41 Adonías y los invitados que estaban con él oyeron
el ruido cuando terminaban de comer. Joab, por su parte, al oír el sonido de
la trompeta, preguntó: "¿A qué se debe ese tumulto en la ciudad?".
42 Todavía estaba hablando, cuando llegó Jonatán, el hijo del sacerdote
Ebiatar. Adonías dijo: "Ven, tú eres un hombre de bien y seguro que
traes buenas noticias". 43 Pero Jonatán tomó la palabra y dijo a
Adonías: "¡Al contrario! Nuestro señor, el rey David, ha proclamado rey
a Salomón. 44 El rey envió con él al sacerdote Sadoc, al profeta Natán, a
Benaías, hijo de Iehoiadá, a los quereteos y a los peleteos, y ellos lo
hicieron montar en la mula del rey. 45 Luego el sacerdote Sadoc y el profeta
Natán lo ungieron rey en Guijón. De allí todos volvieron a subir muy
contentos, y la ciudad está alborotada. Ese es el ruido que ustedes han oído.
46 Además, Salomón se ha sentado en el trono real, 47 y también los
servidores del rey fueron a felicitar a nuestro señor el rey David, diciendo:
‘Que tu Dios haga el nombre de Salomón más ilustre que el tuyo y engrandezca
su trono más que el tuyo’. El rey, en su lecho, hizo un gesto de
asentimiento, 48 y también pronunció estas palabras: ‘¡Bendito sea el Señor,
el Dios de Israel, porque ha permitido hoy que un hombre de mi descendencia
esté sentado en mi trono, y que lo vean mis ojos!’". 49 Llenos de pánico, todos los invitados de Adonías
se levantaron y se fueron cada uno por su lado. 50 Adonías, por su parte, tuvo miedo de Salomón, se
levantó y fue a agarrarse de los cuernos del altar. 51 Entonces le avisaron a Salomón: "Adonías
tiene miedo de ti y se ha agarrado de los cuernos del altar, diciendo: ‘Que
el rey Salomón me jure primero que no hará morir a su servidor por la
espada’". 52 El rey dijo: "Si se comporta como un hombre
de bien, ni uno solo de sus cabellos caerá por tierra; pero si es sorprendido
en falta, morirá". 53 Salomón mandó que lo bajaran del altar. Adonías
fue a postrarse ante el rey, y Salomón le dijo: "Vete a tu casa". Últimas recomendacionesde David a Salomón 2 1
Estando ya próximo a su muerte, David hizo estas recomendaciones a su hijo
Salomón: 2 "Yo me voy por el camino de todo el mundo. Sé fuerte y
compórtate como un hombre. 3 Observa las prescripciones del Señor, tu Dios,
siguiendo sus caminos, observando sus preceptos, sus mandamientos, sus leyes
y sus instrucciones, según lo que está escrito en 5 Tú sabes, además, lo que me hizo Joab, hijo de
Sarvia, lo que hizo a los dos jefes de los ejércitos de Israel, a Abner, hijo
de Ner, y a Amasá, hijo de Iéter: como los mató, vengando en tiempo de paz la
sangre derramada en la guerra; así manchó con sangre inocente mi cinturón y
mis sandalias. 6 Obra conforme a tu sabiduría, y no dejes que sus cabellos
blancos bajen en paz al Abismo. 7 En cambio, a los hijos de Barzilai, el
galaadita, trátalos con bondad y cuéntalos entre tus comensales, porque así
me trataron a mí cuando huía de tu hermano Absalón. 8 Tú tienes todavía cerca
de ti a Simei, hijo de Guerá, el benjaminita de Bajurím; él me maldijo
despiadadamente el día en que yo iba a Majanaim. Pero cuando bajó a recibirme
en el Jordán, yo le juré por el Señor: No te haré morir por la espada. 9
Ahora no lo dejes sin castigo, porque eres un hombre sensato y sabes cómo
deberás tratarlo para que sus cabellos blancos bajen ensangrentados al
Abismo". La muerte de David 1 Crón. 29. 26-28 10 David se fue a descansar con sus padres, y lo
enterraron en El pedido de Adonías y su muerte 13 Adonías, hijo de Jaguit, fue a ver a Betsabé, la
madre de Salomón. "¿Vienes en son de paz?", preguntó ella.
"Sí", respondió él. 14 Y añadió: "Tengo algo que
decirte". "Habla", replicó ella. 15 Entonces él dijo: "Tú
sabes que a mí me correspondía la realeza y que todo Israel tenía los ojos
puestos en mí, esperando que yo reinara. Pero la realeza se me escapó de las
manos y fue a parar a mi hermano, porque el Señor se la tenía destinada. 16
Ahora tengo que hacerte un solo pedido; no me lo niegues". Ella le dijo:
"Habla". 17 Él prosiguió: "Pídele por favor al rey Salomón que
me dé por esposa a Abisag, la sunamita. Seguramente no te lo va a
negar". 18 "Está bien, respondió Betsabé, yo misma le hablaré de ti
al rey". 19 Betsabé fue a presentarse al rey Salomón para
hablarle de Adonías. El rey se levantó, fue a su encuentro y le hizo una
inclinación. Luego se sentó en su trono, mandó poner un trono para la madre
del rey, y ella se sentó a su derecha. 20 Entonces ella dijo: "Tengo que
hacerte un pequeño pedido; no me lo niegues". El rey respondió:
"Pide, madre mía, porque no te lo voy a negar". 21 Ella le dijo:
"Que se dé a Abisag, la sunamita, como esposa a tu hermano
Adonías". 22 Pero el rey Salomón replicó a su madre, diciendo:
"¿Por qué pides para Adonías a la sunamita Abisag? ¡Pide más bien para
él la realeza, ya que es mi hermano mayor! ¡Sí, para él, para el sacerdote
Ebiatar y para Joab, hijo de Sarvia!". 23 Y el rey Salomón juró por el
Señor, diciendo: "¡Que Dios me castigue si Adonías no ha pronunciado
esta palabra a costa de su propia vida! 24 Y ahora, ¡por la vida del Señor,
que me ha afianzado haciéndome sentar en el trono de mi padre David, y que me
ha constituido una dinastía, conforme a lo que había dicho, juro que Adonías
morirá hoy mismo!". 25 En seguida el rey Salomón envió a Benaías, hijo
de Iehoiadá, y este hirió de muerte a Adonías. El destierro del sacerdote Ebiatar 26 En cuanto al sacerdote Ebiatar, el rey le dijo:
"Vete a tus campos de Anatot. Aunque mereces la muerte, hoy no te haré
morir, porque has llevado el Arca del Señor delante de mi padre David, y has
compartido todas sus aflicciones". 27 Y Salomón destituyó a Ebiatar de
su función de sacerdote del Señor, cumpliendo así la palabra que el Señor
había pronunciado contra la casa de Elí, en Silo. La muerte de Joab 28 La noticia llegó a oídos de Joab, y como él se
había puesto de parte de Adonías, aunque no de Absalón, fue a refugiarse en La desobediencia y la muerte de Semei 36 El rey mandó llamar a Semei y le dijo:
"Constrúyete una casa en Jerusalén y quédate allí, sin salir a ninguna
parte. 37 Porque si un día sales y cruzas el torrente Cedrón, sábelo bien:
morirás irremediablemente; tu sangre recaerá sobre tu cabeza". 38 Semei
dijo al rey: "Muy bien. Tu servidor obrará conforme a lo que ha dicho mi
señor el rey". Y Semei permaneció largo tiempo en Jerusalén. 39 Pero, al cabo de tres años, dos esclavos de Semei
huyeron al reino de Aquís, hijo de Maacá, rey de Gat. Alguien le avisó a
Semei: "Mira que tus esclavos están en Gat". 40 Entonces Semei se
levantó, ensilló su asno y se fue a Gat, donde estaba Aquís, para buscar a
sus esclavos; no hizo más que ir y traer de Gat a sus esclavos. 41 Cuando le avisaron a Salomón que Semei había ido
de Jerusalén a Gat y que estaba de vuelta, 42 el rey mandó llamar a Semei y
le dijo: "¿Acaso no te hice jurar por el Señor, advirtiéndote
expresamente que apenas salieras y fueras a cualquier parte podrías estar
seguro de que morirías sin remedio? Y tú me respondiste: Está bien, me doy
por enterado. 43 ¿Por qué entonces no has cumplido el juramento del Señor y
la orden que te di?". 44 Y el rey siguió diciendo a Semei: "Tú
sabes bien, y tu corazón lo reconoce, todo el daño que hiciste a mi padre
David. El Señor hará recaer tu maldad sobre tu cabeza, 45 mientras que el rey
Salomón será bendecido, y el trono de David será estable para siempre delante
del Señor". 46 Luego el rey dio una orden a Benaías, hijo de Iehoiadá, y
este salió e hirió de muerte a Semei. Así la realeza quedó afirmada en manos de Salomón. EL
REINADO DE SALOMÓN David había hecho de
Israel una nación relativamente poderosa. Salomón, que no era un guerrero
como su padre, tuvo la habilidad de afianzar las conquistas y el prestigio
del reino, más con el talento organizativo y la diplomacia que con la fuerza
de las armas. En el extenso relato que el primer libro de los Reyes dedica a
Salomón, lo que más se destaca es el brillo de su sabiduría, la magnificencia
de sus construcciones –sobre todo la del Templo de Jerusalén– y la abundancia
de sus riquezas, provenientes en gran medida del comercio exterior. Pero la gloria del
reino salomónico llevaba en sí el germen de la ruina. Las construcciones
emprendidas por el rey y el boato de su corte exigían enormes contribuciones
en dinero y mano de obra, que llegaron a ser para el pueblo una carga
insoportable (12. 4). Los privilegios concedidos a Judá hicieron crecer el
descontento entre las tribus del Norte, hasta que al fin, a la muerte de
Salomón, estalló en forma violenta la tensión acumulada durante su brillante
y contradictorio reinado. El matrimonio de Salomóncon la hija del Faraón 3 1
Salomón se emparentó con el Faraón, rey de Egipto: tomó por esposa a la hija
del Faraón y la llevó a El sueño y la súplicade Salomón en Gabaón 2 Crón. 1. 3-13 4 El rey fue a Gabaón para ofrecer sacrificios allí,
porque ese era el principal lugar alto. Sobre ese altar, Salomón ofreció mil
holocaustos. 5 En Gabaón, el Señor se apareció a Salomón en un
sueño, durante la noche. Dios le dijo: "Pídeme lo que quieras". 6
Salomón respondió: "Tú has tratado a tu servidor David, mi padre, con
gran fidelidad, porque él caminó en tu presencia con lealtad, con justicia y
rectitud de corazón; tú le has atestiguado esta gran fidelidad, dándole un
hijo que hoy está sentado en su trono. 7 Y ahora, Señor, Dios mío, has hecho
reinar a tu servidor en lugar de mi padre David, a mí, que soy apenas un
muchacho y no sé valerme por mí mismo. 8 Tu servidor está en medio de tu
pueblo, el que tú has elegido, un pueblo tan numeroso que no se puede contar
ni calcular. 9 Concede entonces a tu servidor un corazón comprensivo, para
juzgar a tu pueblo, para discernir entre el bien y el mal. De lo contrario,
¿quién sería capaz de juzgar a un pueblo tan grande como el tuyo?". 10 Al Señor le agradó que Salomón le hiciera este
pedido, 11 y Dios le dijo: "Porque tú has pedido esto, y no has pedido
para ti una larga vida, ni riqueza, ni la vida de tus enemigos, sino que has
pedido el discernimiento necesario para juzgar con rectitud, 12 yo voy a
obrar conforme a lo que dices: Te doy un corazón sabio y prudente, de manera
que no ha habido nadie como tú antes de ti, ni habrá nadie como tú después de
ti. 13 Y también te doy aquello que no has pedido: tanta riqueza y gloria que
no habrá nadie como tú entre los reyes, durante toda tu vida. 14 Y si vas por
mis caminos, observando mis preceptos y mis mandamientos, como lo hizo tu
padre David, también te daré larga vida". 15 Salomón se despertó, y comprendió que había
tenido un sueño. Luego regresó a Jerusalén y se presentó ante el Arca de La sabiduría de Salomón para juzgar 16 Una vez, dos prostitutas fueron a presentarse
ante el rey. 17 Una de las mujeres le dijo: "¡Por favor, señor mío! Yo y
esta mujer vivimos en la misma casa, y yo di a luz estando con ella en la
casa. 18 Tres días después de mi parto, dio a luz también ella. Estábamos
juntas; no había ningún extraño con nosotras en la casa, fuera de nosotras
dos. 19 Pero una noche murió el hijo de esta mujer, porque ella se recostó
encima de él. 20 Entonces se levantó en medio de la noche, tomó de mi lado a
mi hijo mientras tu servidora dormía, y lo acostó sobre su pecho; a su hijo
muerto, en cambio, lo acostó en mi regazo. 23 El rey dijo: "Esta mujer afirma: ‘Mi hijo es
este, el que está vivo; el que está muerto es el tuyo’. Esta otra dice: ‘No,
tu hijo es el muerto; el que está vivo es el mío’". 24 Y en seguida
añadió: "Tráiganme una espada". Le presentaron la espada, 25 y el
rey ordenó: "Partan en dos al niño vivo, y entreguen una mitad a una y
otra mitad a la otra". 26 Entonces la mujer cuyo hijo vivía se dirigió
al rey, porque se le conmovieron las entrañas por su hijo, y exclamó:
"¡Por favor, señor mío! ¡Denle a ella el niño vivo, no lo maten!".
La otra, en cambio, decía: "¡No será ni para mí ni para ti! ¡Que lo
dividan!". 27 Pero el rey tomó la palabra y dijo: "Entréguenle el
niño vivo a la primera mujer, no lo maten: ¡ella es su madre!". 28 Todo Israel oyó hablar de la sentencia que había
pronunciado el rey; y sintieron por él un gran respeto, porque vieron que
había en él una sabiduría divina para hacer justicia. Los principales funcionariosde Salomón 4 1 El rey
Salomón reinó sobre todo Israel. 2 Y estos eran sus ministros: Azarías, hijo de Sadoc, sacerdote; 3 Elijoref y Ajías, hijos de Sisá, secretarios; Josafat, hijo de Ajilud, archivista; 4 Benaías, hijo de Iehoiadá, jefe del ejército; Sadoc y Ebiatar, sacerdotes; 5 Azarías, hijo de Natán, jefe de los prefectos; Zabud, hijo de Natán, familiar del rey; 6 Ajisar, mayordomo de palacio; Adonirám, hijo de Abdá, encargado de las
prestaciones de servicio. Los prefectos de Salomón 7 Salomón tenía doce prefectos distribuidos por todo
Israel. Ellos abastecían al rey y a su casa, un mes por año cada uno. 8 Sus
nombres eran estos: el hijo de Jur, en la montaña de Efraím; 9 el hijo de Déquer, en Macás, Saalbím, Bet Semes y
Elón, hasta Bet Janán; 10 el hijo de Jésed, en Arubot; él tenía a su cargo
Soco y toda la región de Jéfer; 11 el hijo de Abinadab, en todas las alturas de Dor;
Tafat, hija de Salomón, era su esposa; 12 Baaná, hijo de Ajilud, en Taanac y Meguido, y en
todo Bet Seán, que está al lado de Sartán por debajo de Izreel, desde Bet
Seán hasta Abel Mejolá, más allá de Iocmeám; 13 el hijo de Guéber, en Ramot de Galaad; él tenía a
su cargo los campamentos de Iaír, hijo de Manasés, que están en Galaad, y
también el distrito de Argob, que está en Basán: sesenta grandes ciudades,
amuralladas y con cerrojos de bronce; 14 Ajinadab, hijo de Idó, en Majanaim; 15 Ajimaás, en Neftalí; también este se había casado
con una hija de Salomón, llamada Basmat; 16 Baaná, hijo de Jusai, en Aser y en Bealot; 17 Josafat, hijo de Paruá, en Isacar; 18 Simei, hijo de Elá, en Benjamín; 19 Guéber, hijo de Urí, en la región de Galaad, el
país de Sijón, rey de los amorreos, y de Og, rey de Basán. Él tenía además un prefecto en el país de Judá. La magnificencia de Salomón 20 Judá e Israel eran tan numerosos como la arena
que está a la orilla del mar; todos comían, bebían y vivían felices. 5 1
Salomón dominaba sobre todos los reinos, desde el Río hasta el país de los
filisteos y hasta la frontera de Egipto. Ellos pagaban un tributo y
estuvieron sometidos a Salomón durante toda su vida. 2 Los víveres que Salomón recibía cada día eran estos:
treinta barriles de harina de la mejor calidad y sesenta de harina común; 3
diez bueyes cebados, veinte bueyes de pastoreo y cien reses de ganado menor,
sin contar los ciervos, las gacelas, los antílopes y las aves de corral. 4 Él dominaba sobre toda la región comprendida entre
el Éufrates y el Mar, desde Tifsá hasta Gaza, sobre todos los reyes que
estaban más acá del Éufrates, y gozó de paz en todas sus fronteras. 5 Judá e
Israel vivieron seguros, cada uno bajo su parra y bajo su higuera, desde Dan
hasta Berseba, durante todos los días de Salomón. 6 Salomón tenía cuatro mil establos para los
caballos de sus carros, y doce mil caballos de montar. 7 Los prefectos, cada
uno en el mes que le correspondía, abastecían al rey Salomón y a todos
aquellos que eran recibidos en su mesa, sin dejar faltar nada. 8 En cuanto a
la cebada y al forraje para los caballos y los animales de tiro, lo llevaban
al lugar donde se encontraba el rey, cada uno según la consigna recibida. La sabiduría y el renombre de Salomón 9 Dios concedió a Salomón una sabiduría y una
inteligencia extremadamente grandes, y tanta amplitud de espíritu cuanta
arena hay en las playas del mar. 10 La sabiduría de Salomón superaba la de
todos los Orientales y toda la sabiduría de Egipto. 11 Él fue el más sabio de
los hombres, más sabio que Etán, el ezrajita, más que Hemán, Calcol y Dardá,
los hijos de Majol. Su renombre se extendía por todas las naciones vecinas.
12 Pronunció tres mil máximas, y sus poemas fueron mil cinco. 13 Trató acerca
de las plantas, tanto del cedro del Líbano como del hisopo que crece en los
muros; también trató acerca de los cuadrúpedos, de los pájaros, de los
reptiles y de los peces. 14 De todos los pueblos, y de parte de todos los
reyes de la tierra que habían oído hablar de la sabiduría del rey Salomón,
acudía gente para escuchar su sabiduría. La alianza con el rey de Tiropara la construcción
del templo 2 Crón. 2. 2-15 15 Jirám, rey de Tiro, envió una embajada a Salomón,
porque se enteró de que lo habían ungido rey en lugar de su padre David, y él
había sido siempre amigo de David. 16 Entonces Salomón mandó a decir a Jirám:
17 "Tú sabes bien que mi padre David no pudo construir una Casa para el
Nombre del Señor, su Dios, a causa de las guerras en que se vio envuelto,
hasta que el Señor puso a todos sus enemigos bajo la planta de sus pies. 18
Pero ahora el Señor, mi Dios, me ha dado la paz en todas mis fronteras: ya no
hay adversarios ni contratiempos. 19 Por eso he pensado edificar una Casa
para el Nombre del Señor, mi Dios, conforme a lo que dijo el Señor a mi padre
David: ‘Tu hijo, el que yo pondré sobre tu trono en lugar de ti, será el que
construirá 21 Cuando Jirám oyó las palabras de Salomón, sintió
una gran alegría y exclamó: "¡Bendito sea hoy el Señor, que ha dado a
David un hijo sabio, para que esté al frente de ese pueblo tan
numeroso!". 22 Luego Jirám mandó decir a Salomón: "He recibido tu
mensaje. En lo que a mí respecta, haré todo lo que deseas, enviando madera de
cedro y de ciprés. 23 Mis servidores bajarán los troncos desde el Líbano
hasta el Mar, y yo haré con ellos balsas para transportarlos por mar hasta el
lugar que tú me indiques; allí haré desatar los troncos, y tú los recogerás.
Tú, por tu parte, cumplirás mi deseo proveyendo de víveres a mi casa". 24 Jirám entregaba a Salomón toda la madera de cedro
y de ciprés que él quería, 25 y Salomón le dio a Jirám veinte mil barriles de
trigo para la manutención de su casa, más veinte mil cántaros de aceite puro
de oliva. Esto era lo que Salomón entregaba a Jirám anualmente. 26 El Señor
dio sabiduría a Salomón, tal como se lo había prometido. Jirám y Salomón
vivieron en perfecta armonía, y entre los dos concluyeron un pacto. El reclutamiento de los trabajadores 2 Crón. 2. 1, 16-17 27 El rey Salomón hizo un reclutamiento de obreros
en todo Israel: los reclutados fueron treinta mil. 28 Luego los envió al
Líbano por turnos, dos mil por mes. Así estaban un mes en el Líbano y dos
meses en su casa. Adonirám era el encargado del reclutamiento. 29 Salomón tenía además setenta mil hombres que
transportaban las cargas, y ochenta mil canteros en la montaña, 30 aparte de
los capataces puestos por Salomón para supervisar los trabajos: eran tres mil
trescientos hombres, que dirigían a los que ejecutaban los trabajos. 31 El rey mandó extraer grandes bloques de piedras,
bien seleccionadas, para poner con piedras talladas los cimientos de La construcción del Templo 2 Crón. 3. 1-9 6 1
Cuatrocientos ochenta años después que los israelitas salieron del país de
Egipto, en el cuarto año del reinado de Salomón sobre Israel, en el mes de
Ziv –que es el segundo mes– Salomón comenzó a construir 11 La palabra del Señor llegó a Salomón en estos
términos: 12 "En atención a esta Casa que estás construyendo, si tú
caminas según mis preceptos, si practicas mis leyes y observas mis
mandamientos, obrando de acuerdo con ellos, yo cumpliré mi palabra acerca de
ti, la que dije a tu padre David: 13 habitaré en medio de los israelitas y no
abandonaré a mi pueblo Israel". 14 Cuando Salomón terminó de construir 17 Los querubines del Templo 2 Crón. 3. 10-14 23 En el lugar santísimo hizo dos querubines de
madera de olivo; cada uno medía cinco metros de altura. 24 Las alas del
primer querubín medían dos metros y medio cada una, de manera que había cinco
metros desde el extremo de una de sus alas hasta el extremo de la otra. 25 El
segundo querubín medía también cinco metros; los dos querubines tenían la
misma dimensión y la misma forma: 26 uno y otro medían cinco metros de
altura. 27 Salomón puso los querubines en medio del recinto interior. Estos
tenían las alas desplegadas: un ala del primer querubín tocaba el muro y un
ala del segundo tocaba el muro opuesto; y las alas extendidas hacia el centro
de 29 Alrededor de todos los muros de Las puertas y el patio del Templo La fecha de la construcción del Templo 37 En el cuarto año, en el mes de Ziv, se pusieron
los fundamentos de La construcción del palacio real 7 1
Salomón edificó también su casa, y tardó trece años en terminarla. 2
Construyó la sala llamada Bosque del Líbano, que medía cincuenta metros de
largo, veinticinco de ancho y quince de alto. Estaba asentada sobre cuatro
hileras de columnas de cedro, con tirantes de cedro sobre las columnas. 3 En
la parte superior, sobre los travesaños que había sobre las columnas –a razón
de quince por cada hilera– , tenía un revestimiento de cedro. 4 Había además
tres hileras de ventanas con marcos, dispuestas simétricamente una frente a
otra, de tres en tres. 5 Todas esas aberturas y sus montantes eran de forma
cuadrangular, y estaban una frente a otra, de tres en tres. 6 Él hizo también el Pórtico de las columnas, de
veinticinco metros de largo por quince de ancho, y delante de él un vestíbulo
con columnas y un alero sobre la fachada. 7 Hizo la sala del trono donde
administraba justicia – 8 Su residencia personal, que daba al otro atrio,
retirado del Pórtico, estaba construida en un estilo semejante. Y también
hizo una casa, parecida a ese Pórtico, para la hija del Faraón con la que se
había casado. 9 Todas estas construcciones estaban hechas con
piedras seleccionadas, talladas a medida, cortadas con la sierra tanto del
lado interior como del exterior, y esto, desde los cimientos hasta las
cornisas y, por fuera, hasta el patio grande. 10 También los cimientos eran
de piedras seleccionadas, grandes piedras de cinco y cuatro metros. 11 Sobre
los cimientos, había piedras seleccionadas, talladas a medida, y madera de
cedro. 12 El patio grande tenía a su alrededor tres hileras de piedras
talladas y una hilera de tablas de cedro, iguales a las del atrio interior de
La ornamentación y el mobiliariodel Templo: Jirám el
orfebre 13 El rey Salomón mandó a buscar a Jirám de Tiro, 14
el hijo de una viuda de la tribu de Neftalí. Su padre, un natural de Tiro,
había sido artesano del bronce, y él mismo estaba dotado de una gran
habilidad, inteligencia y destreza para ejecutar toda clase de trabajos en
bronce. Jirám se presentó ante el rey Salomón y ejecutó todos los trabajos
que él le encomendó. Las columnas de bronce 2 Crón. 3. 15-17 15 Jirám modeló las dos columnas de bronce. La
altura de una columna era de nueve metros y un hilo de seis metros medía su
contorno. La segunda columna era idéntica a la primera. 16 Él hizo además dos
capiteles para colocarlos arriba de las columnas; estos eran de bronce
fundido. La altura del primer capitel era de dos metros y medio, y el segundo
tenía la misma altura. 17 Hizo unas molduras en forma de red y frisos en
forma de guirnaldas para los capiteles que estaban encima de las columnas:
siete para el primer capitel y siete para el segundo. 18 Hizo también las granadas:
puso dos hileras alrededor de una de las redes, para cubrir los capiteles que
remataban las columnas, y lo mismo hizo para el segundo capitel. 19 Los
capiteles que estaban encima de las columnas, en el vestíbulo del Templo,
tenían una moldura en forma de azucena y medían dos metros. 20 En los
capiteles superpuestos a las dos columnas, también en la parte superior, a lo
largo del ensanchamiento que estaba más allá de la red, había doscientas
granadas distribuidas en hileras circulares, sobre los dos capiteles. 21 Él erigió esas columnas junto al vestíbulo del
Templo: erigió la columna derecha, y la llamó Iaquín; erigió también la
columna izquierda, y la llamó Boaz. 22 En lo alto de las columnas había una
moldura en forma de azucena. Así quedó concluido el trabajo de las columnas. El Mar de bronce 2 Crón. 4. 2-5 23 Él hizo además el Mar de metal fundido, que medía
cinco metros de diámetro y tenía forma circular; su altura era de dos metros
y medio, y una cuerda de quince metros medía su circunferencia. 24 Debajo del
borde, todo alrededor, tenía una orla de coloquíntidas –diez frutos cada
medio metro– que rodeaban todo el contorno del Mar; había dos hileras de
frutos, fundidos con el Mar en una sola pieza. 25 El Mar estaba asentado
sobre doce toros, tres vueltos hacia el norte, tres hacia el oeste, tres
hacia el sur y tres hacia el este. El Mar se elevaba por encima de ellos, que
estaban con sus partes traseras vueltas hacia el interior. 26 Su espesor
medía un palmo, y su borde tenía forma de copa, semejante al cáliz de una
azucena. Su capacidad era de unos setenta mil litros. Los soportes moviblespara los recipientes de bronce 27 Él hizo también los soportes de bronce. Cada
soporte tenía dos metros de largo, dos de ancho y uno y medio de alto. 28
Estaban hechos de la siguiente manera: tenían unos paneles encuadrados en un
armazón; 29 sobre esos paneles había figuras de leones, de toros y de
querubines, y lo mismo sobre el armazón. Tanto arriba como abajo de los
leones y toros había unos adornos en bajorrelieve. 30 Cada soporte tenía
cuatro ruedas de bronce, con ejes también de bronce, y refuerzos en sus
cuatro patas. Estos refuerzos estaban fundidos debajo de los recipientes de
agua, sobre el lado opuesto a los bajorrelieves. 31 La abertura para los
recipientes estaba dentro de un círculo en forma de corona, que sobresalía
medio metro; la abertura era redonda, hecha en forma de zócalo, y medía
setenta y cinco centímetros. También el borde de la abertura estaba adornado
con figuras esculpidas. Sus paneles eran cuadrados, no redondos. 32 Las
cuatro ruedas estaban debajo de los paneles, y los ejes de las ruedas estaban
unidos a los soportes. La altura de cada rueda era de setenta y cinco
centímetros. 33 Las ruedas estaban hechas como una rueda de carro. Sus ejes, sus
llantas, sus rayos y sus cubos eran todos de metal fundido. 34 Había cuatro
refuerzos en los cuatro ángulos de cada soporte, formando un mismo cuerpo con
él. 35 Arriba del soporte había una pieza circular, de veinticinco
centímetros de alto, formando un solo cuerpo con las manijas y paneles del
soporte. 36 Sobre las planchas, las manijas y los paneles, Jirám grabó
querubines, leones y palmeras, dondequiera había un espacio libre, con
bajorrelieves alrededor. 37 Fue así como él hizo los diez soportes: cada uno
con el mismo metal, la misma dimensión y el mismo diseño. 38 Además, hizo diez recipientes de bronce, con una
capacidad de mil ochocientos litros cada uno. Cada recipiente medía dos
metros, y había un recipiente sobre cada uno de los diez soportes. 39 Luego
colocó los soportes, cinco al lado derecho de Los otros utensilios del Santuario 2 Crón. 4. 11 – 5. 1 40 Jirám hizo también las ollas, las palas y los
aspersorios. Así terminó todo el trabajo que debía hacer para el rey Salomón
en 48 Salomón mandó hacer asimismo todos los objetos
que estaban en 51 Así fue terminado todo el trabajo que hizo el rey
Salomón en 2 Crón. 5. 2-10 8 1 Entonces
Salomón reunió junto a él en Jerusalén, a los ancianos de Israel, a todos los
jefes de las tribus y a los príncipes de las casas paternas de los
israelitas, para subir el Arca de 6 Los sacerdotes introdujeron el Arca de 2 Crón. 5. 11 – 6. 2 10 Mientras los sacerdotes salían del Santo, la nube
llenó "El Señor ha decidido
habitar en la nube oscura. 13 Sí, yo te he construido
un lugar donde habitarás
para siempre". Alocución de Salomón al pueblo 2 Crón. 6. 3–11 14 Después el rey se volvió y bendijo a toda la
asamblea de Israel, mientras esta permanecía de pie. 15 Él dijo:
"Bendito sea el Señor, el Dios de Israel, que ha cumplido con su mano lo
que su boca había anunciado a mi padre David, cuando le dijo: 16 ‘Desde el
día en que hice salir de Egipto a mi pueblo Israel, no había elegido ninguna
ciudad, entre todas las tribus de Israel, para que allí se edificara una Casa
donde residiera mi Nombre, sino que elegí a David para que estuviera al
frente de mi pueblo Israel’. La súplica de Salomón 2 Crón. 6. 12-40 22 Salomón se puso ante el altar del Señor, frente a
toda la asamblea de Israel, extendió sus manos hacia el cielo 23 y dijo: "Señor, Dios de Israel, ni arriba en el cielo
ni abajo en la tierra hay un Dios como tú, que mantienes 27 Pero ¿es posible que Dios habite realmente en la
tierra? Si el cielo y lo más alto del cielo no pueden contenerte, ¡cuánto
menos esta Casa que yo he construido! 28 No obstante, Señor, Dios mío, vuelve
tu rostro hacia la oración y la súplica de tu servidor, y escucha el clamor y
la oración que te dirige hoy tu servidor. 29 Que tus ojos estén abiertos día
y noche sobre esta Casa, sobre el lugar del que tú dijiste: ‘Allí residirá mi
Nombre’. ¡Escucha la oración que tu servidor dirige hacia este lugar! 30
¡Escucha la súplica y la oración que tu servidor y tu pueblo Israel dirijan
hacia este lugar! ¡Escucha desde tu morada en el cielo, escucha y perdona! 31 Cuando un hombre peque contra su prójimo, si se
lo obliga a prestar el juramento imprecatorio, y él viene a pronunciar la
imprecación ante tu altar, en esta Casa, 32 escucha tú desde el cielo, actúa
y juzga a tus servidores: condena al culpable, dándole su merecido, y
absuelve al inocente, tratándolo según su justicia. 33 Cuando tu pueblo Israel sea derrotado por el
enemigo por haber pecado contra ti, si ellos se vuelven hacia ti y celebran
tu Nombre, si oran y te suplican en esta Casa, 34 escucha tú desde el cielo:
perdona el pecado de tu pueblo Israel y tráelo de nuevo a la tierra que diste
a sus padres. 35 Cuando se cierre el cielo y no haya lluvia,
porque ellos pecaron contra ti, si oran hacia este lugar, si celebran tu
Nombre y se convierten de su pecado, porque tú los humillaste, 36 escucha tú
desde el cielo: perdona el pecado de tus servidores y de tu pueblo Israel,
mostrándoles el buen camino que deben seguir, y envía lluvia a la tierra que
diste en herencia a tu pueblo. 37 Cuando haya hambre en el país, o haya peste,
quemazón o plaga en los sembrados, langosta o pulgón; cuando el enemigo lo
tenga sitiado en alguna de sus ciudades, o sobrevenga un flagelo o epidemia,
38 cualquiera sea la oración o la súplica que te dirija un miembro de tu
pueblo Israel, sintiéndose tocado en su corazón y con las manos extendidas
hacia esta Casa, 39 escúchalas tú desde el cielo, desde el lugar donde
habitas; escucha y actúa: trátalo a cada uno según su conducta, tú que
conoces su corazón, porque solo tú conoces el corazón de todos los humanos.
40 Así los israelitas sentirán temor de ti mientras vivan en el suelo que
diste a sus padres. 41 También al extranjero, que no pertenezca a tu
pueblo Israel, y llegue de un país lejano a causa de tu Nombre 42 –porque se
oirá hablar de tu gran Nombre, de tu mano poderosa y de tu brazo extendido–
cuando él venga a orar hacia esta Casa, 43 escucha tú desde el cielo, desde
el lugar donde habitas, y concede al extranjero todo lo que te pida. Así
todos los pueblos de la tierra conocerán tu Nombre, sentirán temor de ti como
tu pueblo Israel, y sabrán que esta Casa, que yo he construido, es llamada
con tu Nombre. 44 Cuando tu pueblo salga a combatir contra su
enemigo, por el camino que tú le señales, si ellos oran al Señor y vueltos
hacia la ciudad que tú has elegido y hacia 46 Cuando pequen contra ti –porque no hay hombre que
no peque– y tú, irritado contra ellos, los pongas a merced del enemigo, y sus
vencedores los lleven cautivos a un país enemigo, próximo o lejano, 47 si en
el país al que han sido deportados reflexionan y se convierten, si en el país
de sus vencedores te suplican, diciendo: ‘¡Hemos pecado, somos culpables,
hemos cometido el mal!’; 48 si en el país de los enemigos que los hayan
deportado se vuelven hacia ti de todo corazón y con toda el alma, si te
suplican en dirección al país que diste a sus padres, a la ciudad que tú has
elegido y a 52 Que tus ojos estén abiertos a la súplica de tu
servidor y de tu pueblo Israel, para escucharlos cada vez que te invoquen, 53
porque tú los separaste para ti de entre todos los pueblos, a fin de que
fueran tu herencia, como lo dijiste tú mismo, Señor, por medio de tu servidor
Moisés, cuando hiciste salir de Egipto a nuestros padres". La bendición de Salomón a la asamblea 54 Cuando Salomón terminó de dirigir al Señor toda
esta oración y esta súplica, se levantó de delante del altar del Señor, donde
estaba arrodillado con las manos extendidas hacia el cielo. 55 Y puesto de
pie, bendijo en voz alta a toda la asamblea de Israel, diciendo: 56
"¡Bendito sea el Señor, que ha dado a su pueblo el descanso, conforme a
todo lo que había dicho! No ha caído por tierra ninguna de las promesas que
él hizo por medio de su servidor Moisés. 57 ¡Que el Señor, nuestro Dios, esté
con nosotros como lo estuvo con nuestros padres, que no nos abandone ni nos
rechace! 58 ¡Que incline nuestro corazón hacia él, para que vayamos por todos
sus caminos y observemos sus mandamientos, sus preceptos y sus leyes, que él
dio a nuestros padres! 59 Que estas súplicas que yo he pronunciado en
presencia del Señor, nuestro Dios, estén presentes ante él día y noche, para
que haga justicia a su servidor y a su pueblo Israel, según la necesidad de
cada día. 60 Así sabrán todos los pueblos de la tierra que el Señor es Dios,
y no hay otro; 61 y el corazón de ustedes pertenecerá íntegramente al Señor,
nuestro Dios, para caminar según sus preceptos y observar sus mandamientos,
como en el día de hoy". Los sacrificios de 2 Crón. 7. 4-10 62 El rey, y con él todo Israel, ofrecieron
sacrificios delante del Señor. 63 Salomón inmoló, como sacrificios de
comunión en honor del Señor, veintidós mil bueyes y ciento veinte mil
carneros. Así, el rey y todos los israelitas dedicaron 64 Aquel día, el rey consagró el centro del atrio
que está delante de 65 En aquella ocasión, Salomón, y con él todo
Israel, celebró Nueva aparición del Señor a Salomón 2 Crón. 7. 11-22 9 1 Cuando
Salomón terminó de construir "He oído tu oración y la súplica que has
pronunciado en mi presencia. Yo he consagrado esta Casa que tú has edificado
a fin de poner allí mi Nombre para siempre: mis ojos y mi corazón estarán
allí todos los días. 4 En cuanto a ti, si caminas en mi presencia como lo
hizo tu padre David, con integridad de corazón y rectitud, practicando todo
lo que te he mandado, observando mis preceptos y mis leyes, 5 entonces yo
mantendré para siempre tu trono real sobre Israel, según se lo prometí a tu
padre David, cuando dije: ‘Nunca faltará uno de tus descendientes sobre el
trono de Israel’. 6 Pero si ustedes y sus hijos defeccionan, si no
observan los mandamientos y preceptos que puse delante de ustedes, si van a
servir a otros dioses y se postran delante de ellos, 7 entonces yo extirparé
a Israel del suelo que le di, y apartaré lejos de mi presencia Las ciudades cedidaspor Salomón a Jirám 2 Crón. 8. 1-2 10 Durante los veinte años que tardó Salomón en
construir los dos edificios – El reclutamiento de trabajadorespara las
construcciones de Salomón 2 Crón. 8. 4-13, 16 15 Esta fue la manera como Salomón reclutó
trabajadores para construir 25 Tres veces al año, Salomón ofrecía holocaustos y
sacrificios de comunión sobre el altar que había erigido al Señor, y quemaba
incienso sobre el altar que estaba delante del Señor. Así completó la
construcción de La flota de Salomón 2 Crón. 8. 17-18 26 Salomón equipó también una flota en Esión Guéber,
que está cerca de Elat, a orillas del Mar Rojo, en el país de Edóm. 27 Jirám
envió como tripulantes, junto con los servidores de Salomón, a algunos de sus
súbditos, todos ellos marinos y buenos conocedores del mar. 28 Ellos fueron a
Ofir, y trajeron de allí cuatrocientos veinte talentos de oro, que entregaron
a Salomón. La visita de la reina de Sabá 2 Crón. 9. 1-12 10 1 La
reina de Sabá oyó hablar de la fama de Salomón, y fue a ponerlo a prueba,
proponiéndole unos enigmas. 2 Llegó a Jerusalén con un séquito imponente, con
camellos cargados de perfumes, de muchísimo oro y de piedras preciosas.
Cuando se presentó ante Salomón, le expuso todo lo que tenía pensado decirle.
3 Salomón respondió a todas sus preguntas: no hubo para el rey ninguna
cuestión tan oscura que no se la pudiera explicar. 4 Cuando la reina de Sabá vio toda la sabiduría de
Salomón, la casa que había construido, 5 los manjares de su mesa, los
aposentos de sus servidores, el porte y las libreas de sus camareros, sus
coperos y los holocaustos que ofrecía en 10 La reina regaló al rey ciento veinte talentos de
oro, una enorme cantidad de perfumes y piedras preciosas; nunca más se
recibieron tantos perfumes como los que la reina de Sabá dio al rey Salomón. 11 La flota de Jirám, que había transportado el oro
de Ofir, trajo también de allí madera de sándalo en gran cantidad y piedras
preciosas. 12 Con la madera de sándalo, el rey hizo unas balaustradas para 13 Por su parte, el rey Salomón dio a la reina de
Sabá todo lo que a ella se le ocurrió pedir, aparte de los regalos que le
hizo como sólo podía hacerlo el rey Salomón. Después, ella emprendió el camino
de regreso a su país, acompañada de su séquito. Las riquezas de Salomón 2 Crón. 9. 13-24 14 El peso del oro que recibía Salomón en un solo
año ascendía a los seiscientos sesenta y seis talentos, 15 sin contar lo que
aportaban el tránsito de viajantes, el tráfico de mercaderes, todos los reyes
de Arabia y los gobernadores del país. 16 El rey Salomón hizo doscientos grandes escudos de
oro trabajado a martillo, empleando para cada uno seiscientos siclos de oro,
17 y trescientos escudos más pequeños, también de oro trabajado a martillo,
empleando para cada uno treinta minas de oro. Luego el rey los ubicó en la
sala llamada Bosque del Líbano. 18 El rey hizo, además, un gran trono de marfil, al
que recubrió de oro fino. 19 El trono tenía seis gradas, unas cabezas de
toros en la parte posterior, y brazos a ambos lados del asiento; junto a los
brazos había dos leones de pie, 20 y otros doce leones de pie sobre las seis
gradas, a uno y otro lado. En ningún reino se había hecho nada igual. 21 Toda la vajilla del rey Salomón era de oro, y
todo el mobiliario de la sala llamada Bosque del Líbano, de oro fino; no se
usaba la plata, a la que en tiempos de Salomón no se la tenía en cuenta para
nada. 22 Porque el rey tenía en el mar una flota mercante, junto con la flota
de Jirám, y una vez cada tres años las naves llegaban cargadas de oro, plata,
marfil, monos y pavos reales. 23 El rey Salomón superó a todos los reyes de la
tierra en riqueza y sabiduría. 24 Todo el mundo trataba de ver a Salomón para
oír la sabiduría que Dios había puesto en su corazón. 25 Y cada uno aportaba
sus presentes: objetos de plata y oro, trajes, armas, perfumes, caballos y
mulas. Así, año tras año. La caballería real 2 Crón. 1. 14-17; 9. 25-28 26 Salomón reunió también carros y caballos: llegó a
tener mil cuatrocientos carros y doce mil caballos, que acantonó en las
ciudades de guarnición y en Jerusalén, junto a él. 27 El rey hizo que la
plata fuera en Jerusalén tan común como las piedras, y que la madera de cedro
fuera tan abundante como los sicómoros de Las mujeres de Salomón y el culto tributado a sus
dioses 11 1 El
rey Salomón amó a muchas mujeres, además de la hija del Faraón: mujeres moabitas,
amonitas, edomitas, sidonias e hititas, 2 es decir, de esas naciones de las
que el Señor había dicho a los israelitas: "No se unan a ellas, y que
ellas no se unan a ustedes; seguramente les desviarán el corazón hacia otros
dioses". Pero Salomón se enamoró de ellas. 3 Tuvo setecientas mujeres
con rango de princesas y trescientas concubinas, y sus mujeres le
pervirtieron el corazón. 4 Así, en la vejez de Salomón, sus mujeres les
desviaron el corazón hacia otros dioses, y su corazón ya no perteneció íntegramente
al Señor, su Dios, como el de su padre David. 5 Salomón fue detrás de
Astarté, la diosa de los sidonios, y detrás de Milcóm, el abominable ídolo de
los amonitas. 6 Él hizo lo que es malo a los ojos del Señor, y no siguió
plenamente al Señor, como lo había hecho su padre David. 7 Fue entonces
cuando Salomón erigió, sobre la montaña que está al este de Jerusalén, un
lugar alto dedicado a Quemós, el abominable ídolo de Moab, y a Milcóm, el
ídolo de los amonitas. 8 Y lo mismo hizo para todas sus mujeres extranjeras,
que quemaban incienso y ofrecían sacrificios a sus dioses. El anuncio de la división del reino 9 El Señor se indignó contra Salomón, porque su
corazón se había apartado de él, el Dios de Israel, que se le había aparecido
dos veces 10 y le había prohibido ir detrás de otros dioses. Pero Salomón no
observó lo que le había mandado el Señor. 11 Entonces el Señor dijo a
Salomón: "Porque has obrado así y no has observado mi alianza ni los
preceptos que yo te prescribí, voy a arrancarte el reino y se lo daré a uno
de tus servidores. 12 Sin embargo, no lo haré mientras tú vivas, por
consideración a tu padre David: se lo arrancaré de las manos a tu hijo. 13
Pero no le arrancaré todo el reino, sino que le daré a tu hijo una tribu, por
consideración a mi servidor David y a Jerusalén, la que yo elegí". Los enemigos externos de Salomón 14 El Señor le suscitó a Salomón un adversario:
Hadad, el edomita, de la estirpe real de Edóm. 15 En efecto, después que
David derrotó a Edóm, Joab, el general del ejército, al subir para enterrar a
las víctimas, ultimó a todos los varones de Edóm. 16 Porque Joab se quedó
allí seis meses, con todo Israel, hasta acabar con todos los varones de Edóm.
17 Pero Hadad, que entonces era muy joven, logró huir con algunos edomitas
servidores de su padre, para ir a Egipto. 18 Partieron de Madián y llegaron a
Parán, donde se les agregaron algunos hombres de Parán. Luego entraron en
Egipto y se presentaron ante el Faraón, rey de Egipto, que dio a Hadad una
casa, le aseguró el sustento y le concedió tierras. 19 Hadad se ganó a tal
punto el favor del Faraón, que este le dio por esposa a su cuñada, la hermana
de Tajfenés, la reina madre. 20 La hermana de Tajfenés le dio un hijo,
llamado Guenubat, al que Tajfenés crió en la casa del Faraón. Así Guenubat
permaneció en la casa del Faraón, entre los hijos de este. 21 Pero cuando
Hadad se enteró en Egipto de que David se había ido a descansar con sus
padres, y que también había muerto Joab, el general del ejército, dijo al
Faraón: "Déjame ir a mi país". 22 El Faraón le respondió:
"¿Qué te falta junto a mí para que ahora trates de ir a tu país?".
"Nada, dijo él, pero déjame partir". 25b Y este es el mal que hizo
Hadad: aborreció a Israel y reinó sobre Edóm. 23 Dios le suscitó además a Salomón otro adversario:
Rezón, hijo de Eliadá. Él había huido de Hadadézer, rey de Sobá, su señor; 24
había agrupado a unos cuantos hombres en torno de él y se había convertido en
jefe de una banda. Como David los perseguía a muerte, fue a establecerse en
Damasco, y allí reinó. 25a Él fue adversario de Israel durante toda la vida
de Salomón. La profecía de Ajíasy la rebelión de Jeroboám 26 Jeroboám, hijo de Nebat, el efraimita, natural de
Seredá –cuya madre, una viuda, se llamaba Seruá– estaba al servicio de
Salomón y se sublevó contra él. 27 La ocasión en que se sublevó contra el rey
fue la siguiente: Salomón estaba construyendo el Terraplén y cubría el
desnivel que había en 29 En cierta ocasión, Jeroboám salió de Jerusalén y
lo encontró en el camino el profeta Ajías, de Silo; este iba cubierto con un
manto nuevo, y los dos estaban solos en el campo. 30 Ajías tomó el manto que
llevaba encima y lo desgarró en doce pedazos. 31 Luego dijo a Jeroboám:
"Toma para ti diez pedazos, porque así habla el Señor, el Dios de
Israel: Yo voy a desgarrar el reino que Salomón tiene en su mano, y te daré
las diez tribus. 32 Una sola tribu será para él, por consideración a mi
servidor David y a Jerusalén, la ciudad que yo elegí entre todas las tribus
de Israel. 33 Porque él me abandonó y se postró delante de Astarté, la diosa
de los sidonios, delante de Quemós, el dios de Moab, y delante de Milcóm, el
dios de los amonitas, y porque no siguió mis caminos haciendo lo que es recto
a mis ojos y practicando mis preceptos y mis leyes como su padre David. 34
Pero no le quitaré el reino de su mano, sino que lo mantendré como jefe todos
los días de su vida, por consideración a mi servidor David, a quien elegí y
que observó mis mandamientos y preceptos; 35 quitaré el reino de manos de su
hijo y te lo daré a ti. A ti te daré diez tribus 36 y a su hijo una sola, a
fin de que mi servidor David tenga siempre una lámpara ante mí en Jerusalén,
la ciudad que yo me elegí para poner mi Nombre en ella. 37 En cuanto a ti, yo
te constituiré, tú reinarás conforme a tus deseos y serás rey de Israel. 38
Si obedeces en todo lo que yo te ordene y sigues mis caminos, si haces lo que
es recto a mis ojos, observando mis preceptos y mis mandamientos, como lo
hizo mi servidor David, yo estaré contigo y te edificaré una dinastía
estable, como la edifiqué para David. Te entregaré a Israel 39 y humillaré a
la estirpe de David a causa de esto, aunque no para siempre". 40 Salomón trató de dar muerte a Jeroboám, pero este
huyó y se refugió en Egipto, junto a Sisac, rey de Egipto, donde permaneció
hasta la muerte de Salomón. Fin del reinado de Salomón 2 Crón. 9. 29-31 41 El resto de los hechos de Salomón y todo lo que
él hizo, lo mismo que su sabiduría, ¿no está escrito en el libro de los
Anales de Salomón? 42 Salomón reinó sobre todo Israel durante cuarenta años.
43 Luego se fue a descansar con sus padres, y fue sepultado en EL
CISMA POLÍTICO Y RELIGIOSO Antes de reafirmar su
lealtad al sucesor de Salomón, las tribus del Norte reclaman del nuevo
representante de la dinastía davídica una actitud menos despótica que la de
su padre. Pero Roboám desoye esta justa demanda, y así se produce la
separación definitiva de los reinos de Judá e Israel, unidos hasta ese
momento bajo el cetro de un solo monarca. Una vez aclamado por
las tribus del Norte, Jeroboám, el primer rey de Israel, extiende la división
política a la esfera religiosa. Para contrarrestar el fuerte atractivo que
ejercía sobre los israelitas el Templo de Jerusalén –sede del Arca de La asamblea de Siquém (933) 2 Crón. 10. 1-19 12 1
Roboám se dirigió a Siquém, porque allí había ido todo Israel para
proclamarlo rey. 2 Cuando se enteró Jeroboám, hijo de Nebat –que
estaba todavía en Egipto, adonde había huido del rey Salomón– se volvió de
Egipto. 3 Lo mandaron llamar, y él se presentó con toda la asamblea de
Israel. Entonces hablaron así a Roboám: 4 "Tu padre hizo muy penoso
nuestro yugo. Alivia tú ahora la dura servidumbre y el penoso yugo que él nos
impuso, y te serviremos a ti". 5 Él les replicó: "Váyanse y vuelvan
a verme dentro de tres días". Y el pueblo se retiró. 6 El rey Roboám fue a consultar a los ancianos que
habían asistido a su padre Salomón, cuando este aún vivía, y les preguntó:
"¿Qué respuesta me aconsejan dar a este pueblo?". 7 Ellos le
hablaron así: "Si hoy te comportas como servidor de este pueblo, si te
pones a su servicio y les respondes con buenas palabras, serán siempre tus servidores". 8 Pero él desechó el consejo que le habían dado los
ancianos, y fue a consultar a los jóvenes que se habían criado con él y lo
servían como asistentes. 9 Les preguntó: "Y ustedes, ¿qué aconsejan?
¿Qué debemos responder a este pueblo que me ha dicho: ‘Alivia el yugo que nos
impuso tu padre’?". 10 Los jóvenes que se habían criado con él le
dijeron: "A ese pueblo que te ha dicho: ‘Tu padre nos impuso un yugo
pesado, pero tú alívianos la carga’, diles esto: ‘¡Mi dedo meñique es más
grueso que la cintura de mi padre! 11 Si mi padre los cargó con un yugo
pesado, yo lo haré más pesado aún; si él los castigó con látigos, yo usaré
lonjas con puntas de hierro’". 12 Al tercer día, Jeroboám y todo el pueblo
comparecieron ante Roboám, según lo que había indicado el rey cuando dijo:
"Vuelvan a verme al tercer día". 13 Pero el rey respondió al pueblo
duramente; desechó el consejo que le habían dado los ancianos 14 y, siguiendo
el consejo de los jóvenes, les habló así: "Mi padre les impuso un yugo
pesado, y yo lo haré más pesado aún; mi padre los castigó con látigos, y yo
usaré lonjas con puntas de hierro". 15 Así el rey no escuchó al pueblo, porque ese era
el medio de que se valía el Señor para cumplir la palabra que él había dicho
a Jeroboám, hijo de Nebat, por boca de Ajías de Silo. 16 Y cuando todo Israel
vio que el rey no los había escuchado, el pueblo le respondió: "¿Qué parte tenemos nosotros con David? ¡No tenemos herencia comúncon el hijo de Jesé! ¡A tus carpas, Israel! ¡Ahora, ocúpate de tu casa, David!". Israel se fue a sus campamentos, 17 pero Roboám
siguió reinando sobre los israelitas que habitaban en las ciudades de Judá.
18 El rey Roboám envió a Adorám, el encargado del reclutamiento, pero todos
los israelitas lo mataron a pedradas. Y el mismo rey Roboám tuvo que subir
precipitadamente a su carro y huir a Jerusalén. 19 Fue así como Israel se
rebeló contra la casa de David hasta el día de hoy. La división del reino 2 Crón. 11. 1-4 20 Cuando todo Israel se enteró de que había vuelto
Jeroboám, lo mandaron llamar a la asamblea y lo proclamaron rey de todo
Israel. No hubo nadie que siguiera a la casa de David, fuera de la tribu de
Judá. 21 Mientras tanto, Roboám llegó a Jerusalén y
convocó a toda la casa de Judá y a la tribu de Benjamín –ciento ochenta mil
guerreros adiestrados– para ir a combatir contra la casa de Israel y
restituir el reino a Roboám, hijo de Salomón. 22 Pero la palabra del Señor
llegó a Semaías, un hombre de Dios, en estos términos: 23 "Di a Roboám,
hijo de Salomón, rey de Judá, y a toda la casa de Judá, a Benjamín y al resto
del pueblo: 24 Así habla el Señor: No suban a combatir contra sus hermanos,
los israelitas; vuelvan cada uno a su casa, porque esto ha sucedido por
disposición mía". Ellos escucharon la palabra del Señor, y tomó cada uno
el camino de regreso, conforme a la palabra del Señor. 25 Jeroboám, por su parte, fortificó Siquém, en la
montaña de Efraím, y se estableció en ella. Luego salió de allí y fortificó
Penuel. El culto cismático de Israel 26 Pero Jeroboám pensó: "Tal como se presentan
las cosas, el reino podría volver a la casa de David. 27 Si este pueblo sube
a ofrecer sacrificios a 31 Jeroboám erigió templetes en los lugares altos, e
instituyó sacerdotes de entre el común de la gente, que no eran hijos de
Leví. 32 Además, celebró una fiesta el día quince del octavo mes, como la
fiesta que se celebraba en Judá, y subió al altar. Esto lo hizo en Betel,
donde ofreció sacrificios a los terneros que había fabricado. En Betel
estableció a los sacerdotes de los lugares altos que había erigido. 33 El día
quince del octavo mes –fecha que había elegido arbitrariamente– subió al
altar que había levantado en Betel. Así celebró una fiesta para los
israelitas, y subió al altar para quemar incienso. El altar de Betelreprobado por un profeta 13 1 Un
hombre de Dios vino de Judá a Betel, por orden del Señor, mientras Jeroboám
estaba de pie junto al altar para quemar incienso. 2 Y gritó contra el altar,
por orden del Señor: "¡Altar! ¡Altar! A la casa de David le nacerá un
hijo –su nombre será Josías– y él inmolará sobre ti a los sacerdotes de los
lugares altos que queman incienso sobre ti, y hará arder sobre ti huesos
humanos". 3 Ese mismo día, el hombre de Dios dio una señal, diciendo:
"Esta es la señal de que ha hablado el Señor: el altar se va a
resquebrajar, y se desparramará la ceniza grasienta que hay sobre él". 4 Al oír la palabra que el hombre de Dios proclamaba
contra el altar de Betel, Jeroboám extendió su brazo desde encima del altar,
diciendo: "¡Deténganlo!". Pero el brazo que había extendido hacia
el hombre de Dios le quedó paralizado, y no pudo volverlo atrás. 5 El altar
se resquebrajó y se desparramó la ceniza grasienta que había en él, conforme
a la señal que había dado el hombre de Dios por orden del Señor. 6 Entonces
el rey tomó la palabra y dijo al hombre de Dios: "Aplaca, por favor, el
rostro del Señor, tu Dios, y ruega por mí, para que pueda doblar mi
brazo". El hombre de Dios aplacó el rostro del Señor, y el rey pudo
doblar el brazo como antes. 7 El rey dijo entonces al hombre de Dios:
"Entra conmigo en la casa para reconfortarte, y te haré un regalo".
8 Pero el hombre de Dios respondió al rey: "Aunque me des la mitad de tu
casa, no iré contigo. No comeré pan ni beberé agua en este lugar, 9 porque
esto es lo que se me ha mandado por orden del Señor: No comerás pan ni
beberás agua, ni regresarás por el mismo camino". 10 Y se fue por otro
camino, sin retomar el que había recorrido para venir a Betel. El hombre de Dios y el profeta de Betel 11 Había un viejo profeta que vivía en Betel. Sus
hijos fueron a contarle todo lo que el hombre de Dios había hecho aquel día
en Betel, y también le contaron a su padre las palabras que había dicho al
rey. 12 Su padre les preguntó: "¿Por qué camino se fue?". Los hijos
le indicaron el camino que había tomado el hombre de Dios venido de Judá, 13
y él les dijo: "Ensíllenme el asno". Le ensillaron el asno y él se
montó. 14 Luego se fue detrás del hombre de Dios y lo encontró sentado bajo
el terebinto. "¿Eres tú el hombre de Dios que vino de Judá?", le
preguntó. "Así es", respondió él. 15 Entonces el profeta le dijo:
"Ven conmigo a casa a comer algo". 16 Pero el otro replicó:
"No puedo volver contigo ni acompañarte. No comeré pan ni beberé agua
contigo en este lugar, 17 porque esta es la orden que recibí del Señor: No
comerás pan ni beberás agua cuando estés allí, ni regresarás por el camino
que tomaste a la ida". 18 El otro le dijo: "Yo también soy profeta
como tú, y un ángel me dijo, por orden del Señor: Tráelo contigo a tu casa,
para que coma pan y beba agua". Pero en realidad le estaba mintiendo. 19
Así el hombre de Dios regresó con él, y comió y bebió en su casa. 20 Mientras estaban sentados a la mesa, la palabra
del Señor llegó al profeta que lo había hecho volver, 21 y este gritó al
hombre de Dios venido de Judá: "Así habla el Señor: Porque has sido
rebelde a la orden del Señor y no has observado el mandato que te dio el
Señor, tu Dios; 22 porque has regresado y has comido pan y bebido agua en el
lugar del que te había dicho: ‘No comas pan ni bebas agua allí’, por eso, tu
cadáver no entrará en la tumba de tus padres". 23 Después que él comió y bebió, el profeta le
ensilló el asno, 24 y el hombre de Dios emprendió el camino de regreso. Pero
un león lo encontró en el camino y lo mató. Su cadáver quedó tendido en el
camino, y el asno y el león permanecieron de pie al lado de él. 25 Unos
hombres que pasaban por ahí vieron el cadáver tendido sobre el camino y al
león parado junto a él, y fueron a dar la noticia a la ciudad donde vivía el
viejo profeta. 26 Cuando se enteró el profeta que lo había hecho volver
atrás, dijo: "¡Es el hombre de Dios que se rebeló contra la orden del
Señor! El Señor lo entregó al león, que lo destrozó y lo mató, según la
palabra que le había dicho el Señor". 27 Luego dijo a sus hijos:
"Ensíllenme el asno". Cuando se lo ensillaron, 28 él partió y
encontró el cadáver tendido sobre el camino, mientras que el asno y el león
estaban de pie junto al cadáver; el león no había devorado el cadáver ni
había despedazado al asno. 29 El viejo profeta recogió el cadáver del hombre
de Dios, lo cargó sobre el asno y lo llevó a la ciudad para hacer duelo por
él y enterrarlo. 30 Puso el cadáver en su propia tumba, y le entonaron la
lamentación: "¡Ay, hermano mío!". 31 Después que lo enterraron, el profeta habló así a
sus hijos: "Cuando yo muera, me enterrarán en la tumba donde ha sido
sepultado el hombre de Dios; depositen mis huesos junto a los suyos, 32
porque ciertamente se cumplirá la palabra que él proclamó, por orden del
Señor, contra el altar de Betel y contra todos los santuarios de los lugares
altos que están en las ciudades de Samaría". Las consecuencias de la apostasía de Jeroboám 33 Después que sucedió esto, Jeroboám no se
convirtió de su mala conducta. Volvió a instituir como sacerdotes de los
lugares altos a personas tomadas del común de la gente; todo el que lo
deseaba era investido por él y se convertía en sacerdote de los lugares
altos. 34 Esto fue una ocasión de pecado para la casa de Jeroboám, y provocó
su destrucción y su exterminio de la faz de la tierra. LOS REINOS DE
ISRAEL Y DE JUDÁ HASTA LOS TIEMPOS DE ELÍAS Una vez consumado el
cisma político y religioso, los reinos de Israel y de Judá llevan una
existencia paralela. Son dos reinos hermanos, ya que forman un solo Pueblo,
reconocen a un mismo Dios y poseen tradiciones comunes. Pero, como hermanos
mal avenidos, sólo se encuentran transitoriamente para una guerra fratricida
o una alianza ocasional. En Judá, la dinastía davídica se mantiene estable
durante tres siglos y medio. Las dinastías de Israel, por el contrario, se
suceden una tras otra en medio de rebeliones sangrientas y golpes de estado,
y duran solamente dos siglos. En este marco político
y religioso tan poco alentador, se desarrolla y adquiere una vigencia cada
vez mayor el movimiento profético. Mientras los reyes no hacen más que
enredarse en sus propios manejos políticos, los Profetas, como enviados del
Señor, denuncian con igual severidad el despotismo de los monarcas y la
idolatría del pueblo. Predicción de la ruina de Jeroboám 14 1 En
aquel tiempo, cayó enfermo Abías, hijo de Jeroboám. 2 Entonces este dijo a su
esposa: "Disfrázate para que nadie sepa que eres la mujer de Jeroboám, y
ve a Silo. Allí habita Ajías, el profeta que predijo que yo reinaría sobre
este pueblo. 3 Toma contigo diez panes, unas tortas y un tarro de miel, y ve
a su casa: él te va a anunciar qué le sucederá a nuestro hijo". 4 Así lo
hizo la mujer de Jeroboám: partió hacia Silo y entró en la casa de Ajías.
Este ya no podía ver, porque había perdido la vista a causa de su vejez. 5
Pero el Señor le había dicho: "Mira que la mujer de Jeroboám viene a
consultarte acerca de su hijo, porque está enfermo. Tú le dirás esto y esto.
Cuando ella entre, se hará pasar por otra". 6 Apenas oyó el ruido de los pasos de la mujer,
mientras ella entraba por la puerta, Ajías dijo: "Entra, mujer de
Jeroboám. ¿Por qué te haces pasar por otra? Yo he sido enviado para hablarte
duramente. 7 Ve y dile a Jeroboám: Así habla el Señor, el Dios de Israel: Yo
te elevé de en medio del pueblo y te constituí jefe de mi pueblo Israel. 8
Arranqué la realeza a la casa de David para dártela a ti. Pero tú no has sido
como mi servidor David, que observó mis mandamientos y me siguió de todo
corazón, haciendo únicamente lo que es recto a mis ojos. 9 Tú, en cambio, has
obrado peor que todos tus predecesores; has ido a fabricarte otros dioses,
ídolos de metal fundido, para provocar mi indignación, y me has arrojado a
tus espaldas. 10 Por eso, yo voy a atraer la desgracia sobre la casa de
Jeroboám: extirparé a la familia de Jeroboám todos los varones, esclavos o
libres en Israel, y barreré hasta los últimos restos de su casa, como se
barre el estiércol, bien a fondo. 11 Al de la familia de Jeroboám que muera
en la ciudad, lo comerán los perros, y al que muera en descampado, lo comerán
las aves del cielo, porque ha hablado el Señor. 12 En cuanto a ti, vete ahora
mismo a tu casa: apenas pongas tus pies en la ciudad, el niño morirá. 13 Todo
Israel se lamentará por él, y le darán sepultura: él es el único en la
familia de Jeroboám que entrará en una tumba, porque sólo en él se ha
encontrado algo bueno para el Señor, el Dios de Israel, en la casa de
Jeroboám. 14 El Señor suscitará para Israel un rey que habrá de extirpar la
casa de Jeroboám. 15 El Señor golpeará a Israel, y este se agitará como el
junco en las aguas. Arrancará a Israel de este hermoso suelo que dio a sus
padres, y los dispersará al otro lado del Río, porque erigieron sus postes
sagrados, provocando así la indignación del Señor. 16 Él entregará a Israel
por los pecados que cometió Jeroboám y por los que hizo cometer a
Israel". 17 La mujer de Jeroboám partió y se fue a Tirsá. Y
cuando franqueaba el umbral de su casa, murió el niño. 18 Lo sepultaron, y
todo Israel se lamentó por él, conforme a la palabra que había dicho el
Señor, por medio de su servidor, el profeta Ajías. 19 El resto de los hechos de Jeroboám, sus batallas
y su reinado, todo eso está escrito en el libro de los Anales de los reyes de
Israel. 20 Jeroboám reinó durante veintidós años, y se fue a descansar con
sus padres. Su hijo Nadab reinó en lugar de él. El reinado de Roboám en Judá (933-916) 2 Crón. 12. 13 21 Roboám, hijo de Salomón, reinó en Judá. Tenía
cuarenta y un años cuando comenzó a reinar, y reinó diecisiete años en
Jerusalén, la ciudad que había elegido el Señor entre todas las tribus de
Israel para poner allí su Nombre. Su madre se llamaba Naamá, la amonita. 22 Judá hizo lo que es malo a los ojos del Señor,
provocando sus celos más que todos sus antepasados, con los pecados que
cometieron. 23 También ellos se erigieron lugares altos, piedras
conmemorativas y postes sagrados, en cualquier colina elevada y bajo todo
árbol frondoso. 24 Incluso se llegó a tener en el país hombres dedicados a la
prostitución sagrada. Así imitaron todas las costumbres abominables de las
naciones que el Señor había desposeído delante de los israelitas. La invasión de Sisac, rey de Egipto 2 Crón. 12. 2-4, 9-11 25 El quinto año del reinado de Roboám, subió Sisac,
rey de Egipto, contra Jerusal;en, 26 y se apoderó de los tesoros de Fin del reinado de Roboám 2 Crón. 12. 15-16 29 El resto de los hechos de Roboám y todo lo que él
hizo, ¿no está escrito en el libro de los Anales de los reyes de Judá? 30
Entre Roboám y Jeroboám hubo guerras continuas. 31 Roboám se fue a descansar
con sus padres, y fue sepultado con ellos en El reinado de Abiám en Judá (915-913) 2 Crón. 13. 1-2, 22-23 15 1 El
año decimoctavo del reinado de Jeroboám, hijo de Nebat, Abiám comenzó a
reinar sobre Judá. 2 Él reinó tres años en Jerusalén. Su madre se llamaba
Maacá, y era hija de Abisalóm. 3 Él imitó todos los pecados que su padre
había cometido antes que él, y su corazón no perteneció íntegramente al
Señor, su Dios, como el de su padre David. 4 Sin embargo, por consideración a
David, el Señor, su Dios, le concedió una lámpara en Jerusalén, asegurándole
una descendencia y manteniendo en pie a Jerusalén. 5 Porque David había hecho
lo que es recto a los ojos del Señor, sin apartarse jamás de lo que él le
había mandado, salvo en el caso de Urías, el hitita 6. 7 El resto de los hechos de Abiám y todo lo que él
hizo, ¿no está escrito en el libro de los Anales de los reyes de Judá? Entre
Abiám y Jeroboám hubo guerra. 8 Abiám se fue a descansar con sus padres y lo
sepultaron en El reinado de Asá en Judá (912-871)y su reforma
religiosa 2 Crón. 14. 1-4; 15. 16-18 9 El vigésimo año de Jeroboám, rey de Israel,
comenzó a reinar Asá como rey de Judá. 10 Él reinó cuarenta y un años en
Jerusalén. Su abuela se llamaba Maacá, y era hija de Abisalón. 11 Asá hizo lo
que es recto a los ojos del Señor, igual que su padre David. 12 Expulsó del
país a los que se dedicaban a la prostitución sagrada y retiró todos los
ídolos fabricados por sus antepasados. 13 Incluso despojó del rango de reina
madre a su abuela Maacá, por haber dedicado un horrendo fetiche a la diosa
Aserá. Asá eliminó ese fetiche, quemándolo en el torrente Cedrón. 14 Sin
embargo, no desaparecieron los lugares altos, aunque el corazón de Asá
perteneció íntegramente al Señor durante toda su vida. 15 Él hizo llevar a La guerra de Asá contra Basá, rey de Israel 2 Crón. 16. 1-6 16 Entre Asá y Basá, rey de Israel, hubo guerras
continuas. 17 Basá, rey de Israel, subió contra Judá y fortificó Ramá, para
cortarle las comunicaciones a Asá, rey de Judá. 18 Entonces Asá recogió toda
la plata y el oro que aún quedaban en los tesoros de Fin del reinado de Asá 2 Crón. 16. 11-14 23 El resto de todos los hechos de Asá, su valentía,
sus obras y las ciudades que construyó, ¿no está escrito todo eso en el libro
de los Anales de los reyes de Judá? Cuando ya era anciano, se enfermó de los
pies. 24 Asá se fue a descansar con sus padres, y fue sepultado en El reinado de Nadab en Israel (911-910) 25 Nadab, hijo de Jeroboám, comenzó a reinar sobre
Israel el segundo año de Asá, rey de Judá, y reinó dos años sobre Israel. 26
Él hizo lo que es malo a los ojos del Señor; siguió el camino de su padre y
persistió en el pecado con que este hizo pecar a Israel. 27 Basá, hijo de
Ajías, de la casa de Isacar, conspiró contra él y lo ultimó en Guibetón, que
pertenecía a los filisteos, cuando Nadab y todo Israel la estaban sitiando.
28 Basá dio muerte a Nadab en el tercer año de Asá, rey de Judá, y se
constituyó rey en lugar de él. 29 Apenas comenzó a reinar, masacró a toda la
casa de Jeroboám, hasta exterminarla, sin dejar a nadie con vida, conforme a
la palabra que había dicho el Señor por medio de su servidor Ajías de Silo.
30 Esto sucedió a causa de los pecados que Jeroboám cometió e hizo cometer a
Israel, provocando así la indignación del Señor, el Dios de Israel. 31 El resto de los hechos de Nadab, todo lo que él
hizo, ¿no está escrito en el libro de los Anales de los reyes de Israel? 32. El reinado de Basá en Israel(910-887) 33 El tercer año de Asá, rey de Judá, comenzó a
reinar sobre Israel Basá, hijo de Ajías, y reinó veinticuatro años en Tirsá.
34 Él hizo lo que es malo a los ojos del Señor; siguió el camino de Jeroboám
y persistió en el pecado con que este hizo pecar a Israel. 16 1 La
palabra del Señor llegó entonces a Jehú, hijo de Jananí, contra Basá, en
estos términos: 2 "Yo te levanté del polvo y te constituí jefe de mi
pueblo Israel. Pero tú has seguido el camino de Jeroboám y has hecho pecar a
mi pueblo Israel, provocándome así con sus pecados. 3 Por eso, voy a barrer
hasta los últimos restos de Basá y de su casa, y dejaré tu casa como la de
Jeroboám, hijo de Nebat. 4 Al de la familia de Basá que muera en la ciudad,
lo comerán los perros, y al que muera en descampado, lo comerán las aves del
cielo". 5 El resto de los hechos de Basá y todo lo que él
hizo, así como su valentía, ¿no está escrito todo eso en el libro de los Anales
de los reyes de Israel? 6 Basá se fue a descansar con sus padres y fue
sepultado en Tirsá. Su hijo Elá reinó en lugar de él. 7 Además, por medio del profeta Jehú, hijo de
Jananí, la palabra del Señor fue dirigida a Basá y a su casa, por todo el mal
que este había hecho a los ojos del Señor, provocando su indignación con la
obra de sus manos, hasta el punto de llegar a ser como la casa de Jeroboám, y
también por haber exterminado su estirpe. El reinado de Elá en Israel (887-886) 8 El vigésimo sexto año de Asá, rey de Judá, comenzó
a reinar sobre Israel Elá, hijo de Basá, y reinó dos años en Tirsá. 9 Su
servidor Zimrí, jefe de media división de los carros de guerra, conspiró
contra él; y mientras Elá estaba en Tirsá, bebiendo hasta embriagarse en casa
de Arsá, el mayordomo de palacio, 10 entró Zimrí, lo hirió de muerte y reinó
en lugar de él. Era el vigésimo séptimo año de Asá, rey de Judá. 11 Apenas se proclamó rey y se sentó en su trono, él
acabó con toda la casa de Basá, sin dejarle ningún varón, ni parientes
cercanos ni amigos. 12 Zimrí exterminó a toda la casa de Basá, conforme a la
palabra que el Señor había pronunciado contra él por medio del profeta Jehú, 14 El resto de los hechos de Elá y todo lo que él
hizo, ¿no está escrito en el libro de los Anales de los reyes de Israel? El reinado de Zimrí en Israel (886) 15 El vigésimo séptimo año de Asá, rey de Judá,
comenzó a reinar Zimrí, y reinó siete días en Tirsá. Mientras tanto, el
ejército estaba acampado contra Guibetón, que pertenecía a los filisteos. 16
Cuando el ejército acampado oyó decir: "Zimrí ha tramado una conspiración
e incluso ha matado al rey", ese mismo día, en el campamento, todo
Israel proclamó rey de Israel a Omrí, el jefe del ejército. 17 Omrí y todo
Israel con él subieron de Guibetón y sitiaron a Tirsá. 18 Cuando Zimrí vio
que la ciudad era tomada, entró en el torreón del palacio real, prendió fuego
al palacio y así murió. 19 Esto sucedió por el pecado que había cometido,
haciendo lo que es malo a los ojos del Señor, siguiendo el camino de Jeroboám
y persistiendo en el pecado que este había cometido al hacer pecar a Israel. 20 El resto de los hechos de Zimrí y la conspiración
que él urdió, ¿no está escrito en el libro de los Anales de los reyes de
Israel? 21 Entonces, el pueblo de Israel se dividió en dos:
una mitad del pueblo siguió a Tibní, hijo de Guinat, para hacerlo rey; la
otra mitad, en cambio, siguió a Omrí. 22 Pero el partido de Omrí prevaleció
sobre los partidarios de Tibní, hijo de Guinat. Tibní murió y Omrí quedó como
rey. El reinado de Omrí en Israel (886-875) 23 El trigésimo primer año de Asá, rey de Judá,
comenzó a reinar Omrí sobre Israel, y reinó doce años. Reinó seis años en
Tirsá, 24 y luego le compró a Sémer el monte de Samaría, por dos talentos de
plata. Levantó edificaciones en la montaña, y dio a la ciudad que había
edificado el nombre de Samaría, por el nombre de Sémer, el dueño del monte. 25 Omrí hizo lo que es malo a los ojos del Señor, y
obró peor aún que sus predecesores. 26 Siguió en todo el camino de Jeroboám,
hijo de Nebat, y persistió en los pecados con que él hizo pecar a Israel,
provocando con sus ídolos vanos la indignación del Señor, el Dios de Israel. 27 El resto de los hechos de Omrí, todo lo que él
hizo y las proezas que realizó, ¿no está escrito todo eso en el libro de los
Anales de los reyes de Israel? 28 Omrí se fue a descansar con sus padres y
fue sepultado en Samaría. Su hijo Ajab reinó en lugar de él. El reinado de Ajab en Israel (875-853) 29 Ajab, hijo de Omrí, comenzó a reinar sobre Israel
el trigésimo octavo año de Asá, rey de Judá, y reinó sobre Israel, en
Samaría, durante veintidós años. 30 Ajab, hijo de Omrí, hizo lo que es malo a
los ojos del Señor, más que todos sus predecesores. 31 Y como si no le
hubiera bastado persistir en los pecados de Jeroboám, hijo de Nebat, tomó por
esposa a Jezabel, hija de Etbaal, rey de los sidonios, y fue a servir a Baal
y se postró delante de él. 32 Erigió además un altar a Baal en el templo que
le había construido en Samaría. 33 Ajab hizo también el Poste sagrado, y
continuó provocando la indignación del Señor, el Dios de Israel, más que
todos los reyes que lo habían precedido. 34 En su tiempo, Jiel de Betel reconstruyó Jericó:
poner los cimientos le costó la vida de Abirám, su primogénito, y asentar las
puertas le costó la vida de Segub, su hijo menor, conforme a la palabra que
había pronunciado el Señor por medio de Josué, hijo de Nun. EL
CICLO DE ELÍAS La rebelión de las
tribus del Norte contra la dinastía davídica contó con el apoyo de algunos
profetas, profundamente disgustados por la orientación que había tomado la
realeza en tiempos de Salomón. Pero también Jeroboám y sus sucesores
defraudaron muy pronto las esperanzas que se habían cifrado en ellos. En
lugar de promover la justicia, hicieron de Samaría una capital más fastuosa
aún que Jerusalén. Y en vez de mantenerse fieles a las tradiciones heredadas
de Moisés, se mostraron complacientes con los cultos cananeos. Esta situación
llegó a su punto álgido en la época de Ajab y de su esposa, la princesa
fenicia Jezabel, fanática propagadora de la religión de Baal. En este contexto despliega
su actividad el profeta Elías. Con un celo y una valentía incomparables, él
combate el absolutismo de los reyes y se convierte en el más denodado
defensor de la fe en el Dios de Abraham, de Isaac y de Jacob. Así logra poner
un freno a la ola de paganismo que parecía incontenible, y abre el camino que
seguirán más tarde los grandes profetas de Israel y de Judá, en especial,
Amós, Oseas, Isaías y Jeremías. En el relato de la transfiguración de Jesús,
Elías aparece como el Profeta por excelencia, junto a Moisés, el
representante de El anuncio de la gran sequía 17 1 Elías
el tisbita, de Tisbé en Galaad, dijo a Ajab: "¡Por la vida del Señor, el
Dios de Israel, a quien yo sirvo, no habrá estos años rocío ni lluvia, a
menos que yo lo diga!". 2 La palabra del Señor le llegó en estos términos: 3
"Vete de aquí; encamínate hacia el Oriente y escóndete junto al torrente
Querit, que está al este del Jordán. 4 Beberás del torrente, y yo he mandado
a los cuervos que te provean allí de alimento". 5 Él partió y obró según
la palabra del Señor: fue a establecerse junto al torrente Querit, que está
al este del Jordán. 6 Los cuervos le traían pan por la mañana y carne por la
tarde, y él bebía del torrente. Elías y la viuda de Sarepta 7 Pero, al cabo de un tiempo, el torrente se secó
porque no había llovido en la región. 8 Entonces la palabra del Señor llegó a
Elías en estos términos: 9 "Ve a Sarepta, que pertenece a Sidón, y
establécete allí; ahí yo he ordenado a una viuda que te provea de
alimento". 10 Él partió y se fue a Sarepta. Al llegar a la
entrada de la ciudad, vio a una viuda que estaba juntando leña. La llamó y le
dijo: "Por favor, tráeme en un jarro un poco de agua para beber".
11 Mientras ella lo iba a buscar, la llamó y le dijo: "Tráeme también en
la mano un pedazo de pan". 12 Pero ella respondió: "¡Por la vida
del Señor, tu Dios! No tengo pan cocido, sino sólo un puñado de harina en el
tarro y un poco de aceite en el frasco. Apenas recoja un manojo de leña,
entraré a preparar un pan para mí y para mi hijo; lo comeremos, y luego
moriremos". 13 Elías le dijo: "No temas. Ve a hacer lo que has
dicho, pero antes prepárame con eso una pequeña galleta y tráemela; para ti y
para tu hijo lo harás después. 14 Porque así habla el Señor, el Dios de
Israel: El tarro de harina no se
agotará ni el frasco de aceite se
vaciará, hasta el día en que el
Señor haga llover sobre la superficie del
suelo". 15 Ella se fue e hizo lo que le había dicho Elías, y
comieron ella, él y su hijo, durante un tiempo. 16 El tarro de harina no se
agotó ni se vació el frasco de aceite, conforme a la palabra que había
pronunciado el Señor por medio de Elías. La resurrección del hijo de la viuda 17 Después que sucedió esto, el hijo de la dueña de
casa cayó enfermo, y su enfermedad se agravó tanto que no quedó en él aliento
de vida. 18 Entonces la mujer dijo a Elías: "¿Qué tengo que ver yo
contigo, hombre de Dios? ¡Has venido a mi casa para recordar mi culpa y hacer
morir a mi hijo!". 19 "Dame a tu hijo", respondió Elías. Luego
lo tomó del regazo de su madre, lo subió a la habitación alta donde se
alojaba y lo acostó sobre su lecho. 20 E invocó al Señor, diciendo:
"Señor, Dios mío, ¿también a esta viuda que me ha dado albergue la vas a
afligir, haciendo morir a su hijo?". 21 Después se tendió tres veces
sobre el niño, invocó al Señor y dijo: "¡Señor, Dios mío, que vuelva la
vida a este niño!". 22 El Señor escuchó el clamor de Elías: el aliento
vital volvió al niño, y éste revivió. 23 Elías tomó al niño, lo bajó de la
habitación alta de la casa y se lo entregó a su madre. Luego dijo:
"Mira, tu hijo vive". 24 La mujer dijo entonces a Elías:
"Ahora sí reconozco que tú eres un hombre de Dios y que la palabra del
Señor está verdaderamente en tu boca". El encuentro de Elías con Abdías 18 1 Mucho
tiempo después, al tercer año, la palabra del Señor llegó a Elías, en estos
términos: "Ve a presentarte a Ajab, y yo enviaré lluvia a la superficie
del suelo". 2 Entonces Elías partió para presentarse ante Ajab. Como apretaba el hambre en Samaría, 3 Ajab llamó a
Abdías, el mayordomo de palacio. –Abdías era muy temeroso del Señor, 4 y
cuando Jezabel perseguía a muerte a los profetas del Señor, él había recogido
a cien de ellos, los había ocultado en dos cuevas, cincuenta en cada una, y los
había provisto de pan y agua–. 5 Ajab dijo a Abdías: "Vamos a recorrer
todos los manantiales y torrentes del país. Tal vez encontremos pasto para
conservar con vida los caballos y las mulas, y así no tendremos que
sacrificar ganado". 6 Se repartieron el país para recorrerlo: Ajab
partió solo por un camino y Abdías, también solo, se fue por otro. 7 Mientras Abdías iba por el camino, le salió al
encuentro Elías. Apenas lo reconoció, cayó con el rostro en tierra y dijo:
"¿Eres tú, Elías, mi señor?". 8 "Soy yo, le respondió él. Ve a
decirle a tu señor que Elías está aquí". 9 Pero él replicó: "¿Qué
pecado he cometido para que pongas a tu servidor en manos de Ajab y él me
haga morir? 10 ¡Por la vida del Señor, tu Dios!, no hay nación ni reino
adonde mi señor Ajab no te haya mandado buscar. Y cuando decían: No está
aquí, él hacía jurar a ese reino y a esa nación que no te habían encontrado.
11 Y ahora tú dices: ‘Ve a decirle a tu señor que aquí está Elías’. 12 Pero
en cuanto yo me aparte de ti, el espíritu del Señor te llevará quién sabe
adónde, y cuando vaya a avisarle a Ajab, él no te encontrará y me matará. Sin
embargo, tu servidor teme al Señor desde su juventud. 13 ¿Acaso no te han
contado lo que hice cuando Jezabel mataba a los profetas del Señor, cómo oculté
a cien de ellos en dos cuevas, cincuenta en cada una, y los proveí de pan y
agua? 14 Y ahora tú me dices: ‘Ve a decirle a tu señor que aquí está Elías’.
¡Seguro que me matará!". 15 Pero Elías replicó: "¡Por la vida del
Señor de los ejércitos, a quien yo sirvo! Hoy mismo me presentaré a él". El encuentro de Elías con Ajab 16 Abdías fue al encuentro de Ajab; le comunicó el
mensaje, y Ajab fue a encontrarse con Elías. 17 Apenas vio a Elías, Ajab le
dijo: "¿Así que eres tú, el que trae la desgracia a Israel?". 18
Elías respondió: "No soy yo el que traigo la desgracia a Israel, sino tú
y la casa de tu padre, porque han abandonado al Señor y te has ido detrás de
los Baales. 19 Y ahora, manda que todo Israel se reúna junto a mí en el monte
Carmelo, con los cuatrocientos profetas de Baal y los cuatrocientos profetas
de Aserá que comen a la mesa de Jezabel". El juicio de Diosen el monte Carmelo 20 Ajab mandó buscar a todos los israelitas y reunió
a los profetas sobre el monte Carmelo. 21 Elías se acercó a todo el pueblo y
dijo: "¿Hasta cuándo van a andar rengueando de las dos piernas? Si el
Señor es Dios, síganlo; si es Baal, síganlo a él". Pero el pueblo no le
respondió ni una palabra. 22 Luego Elías dijo al pueblo: "Como profeta
del Señor, he quedado yo solo, mientras que los profetas de Baal son
cuatrocientos cincuenta. 23 Traigamos dos novillos; que ellos se elijan uno,
que lo despedacen y lo pongan sobre la leña, pero sin prender fuego. Yo haré
lo mismo con el otro novillo: lo pondré sobre la leña y tampoco prenderé
fuego. 24 Ustedes invocarán el nombre de su dios y yo invocaré el nombre del
Señor: el dios que responda enviando fuego, ese es Dios". Todo el pueblo
respondió diciendo: "¡Está bien!". 25 Elías dijo a los profetas de Baal: "Elíjanse
un novillo y prepárenlo ustedes primero, ya que son los más numerosos; luego
invoquen el nombre de su dios, pero no prendan fuego". 26 Ellos tomaron
el novillo que se les había dado, lo prepararon e invocaron el nombre de Baal
desde la mañana hasta el mediodía, diciendo: "¡Respóndenos, Baal!".
Pero no se oyó ninguna voz ni nadie que respondiera. Mientras tanto, danzaban
junto al altar que habían hecho. 27 Al mediodía, Elías empezó a burlarse de
ellos, diciendo: "¡Griten bien fuerte, porque es un dios! Pero estará ocupado,
o ausente, o se habrá ido de viaje. A lo mejor está dormido y se
despierta". 28 Ellos gritaron a voz en cuello y, según su costumbre, se
hacían incisiones con cuchillos y punzones, hasta chorrear sangre. 29 Y una
vez pasado el mediodía, se entregaron al delirio profético hasta la hora en
que se ofrece la oblación. Pero no se oyó ninguna voz, ni hubo nadie que
respondiera o prestara atención. 30 Entonces Elías dijo a todo el pueblo:
"¡Acérquense a mí!". Todo el pueblo se acercó a él, y él restauró
el altar del Señor que había sido demolido: 31 tomó doce piedras, conforme al
número de los hijos de Jacob, a quien el Señor había dirigido su palabra,
diciéndole: "Te llamarás Israel", 32 y con esas piedras erigió un
altar al nombre del Señor. Alrededor del altar hizo una zanja, como un surco
para dos medidas de semilla. 33 Luego dispuso la leña, despedazó el novillo y
lo colocó sobre la leña. 34 Después dijo: "Llenen de agua cuatro
cántaros y derrámenla sobre el holocausto y sobre la leña". Así lo
hicieron. Él añadió: "Otra vez". Lo hicieron por segunda vez, y él
insistió: "Una vez más". Lo hicieron por tercera vez. 35 El agua
corrió alrededor del altar, y hasta la zanja se llenó de agua. 38 Entonces cayó el fuego del Señor: Abrazó el
holocausto, la leña, las piedras y la tierra, y secó el agua de la zanja. 39
Al ver esto, todo el pueblo cayó con el rostro en tierra y dijo: "¡El
Señor es Dios! ¡El Señor es Dios!". 40 Elías les dijo: "¡Agarren a
los profetas de Baal! ¡Que no escape ninguno!". Ellos los agarraron:
Elías los hizo bajar al torrente Quisón y allí los degolló. El fin de la sequía 41 Elías dijo a Ajab: "Sube a comer y a beber,
porque ya se percibe el ruido de la lluvia". 42 Ajab subió a comer y a
beber, mientras Elías subía a la cumbre del Carmelo. Allí se postró en
tierra, con el rostro entre las rodillas. 43 Y dijo a su servidor: "Sube
y mira hacia el mar". Él subió, miró y dijo: "No hay nada".
Elías añadió: "Vuelve a hacerlo siete veces". 44 La séptima vez, el
servidor dijo: "Se eleva del mar una nube, pequeña como la palma de una
mano". Elías dijo: "Ve a decir a Ajab: Engancha el carro y baja,
para que la lluvia no te lo impida". 45 El cielo se oscureció cada vez
más por las nubes y el viento, y empezó a llover copiosamente. Ajab subió a
su carro y partió para Izreel. 46 La mano del Señor se posó sobre Elías; él
se ató el cinturón y corrió delante de Ajab hasta la entrada de Izreel. El viaje de Elías al monte Horeb 19 1 Ajab
contó a Jezabel todo lo que había hecho Elías y cómo había pasado a todos los
profetas al filo de la espada. 2 Jezabel envió entonces un mensajero a Elías
para decirle: "Que los dioses me castiguen si mañana, a la misma hora,
yo no hago con tu vida lo que tú hiciste con la de ellos". 3 Él tuvo
miedo, y partió en seguida para salvar su vida. Llegó a Berseba de Judá y
dejó allí a su sirviente. 4 Luego caminó un día entero por el desierto, y al
final se sentó bajo una retama. Entonces se deseó la muerte y exclamó:
"¡Basta ya, Señor! ¡Quítame la vida, porque yo no valgo más que mis
padres!". 5 Se acostó y se quedó dormido bajo la retama. Pero un ángel
lo tocó y le dijo: "¡Levántate, come!". 6 Él miró y vio que había a
su cabecera una galleta cocida sobre piedras calientes y un jarro de agua.
Comió, bebió y se acostó de nuevo. 7 Pero el Ángel del Señor volvió otra vez,
lo tocó y le dijo: "¡Levántate, come, porque todavía te queda mucho por
caminar!". 8 Elías se levantó, comió y bebió, y fortalecido por ese
alimento caminó cuarenta días y cuarenta noches hasta la montaña de Dios, el
Horeb. El encuentro de Elías con Dios 9 Allí, entró en la gruta y pasó la noche. Entonces
le fue dirigida la palabra del Señor. 10 El Señor le dijo: "¿Qué haces
aquí, Elías?". Él respondió: "Me consumo de celo por el Señor, el
Dios de los ejércitos, porque los israelitas abandonaron tu alianza,
derribaron tus altares y mataron a tus profetas con la espada. He quedado yo
solo y tratan de quitarme la vida". 11 El Señor le dijo: "Sal y
quédate de pie en la montaña, delante del Señor". Y en ese momento el
Señor pasaba. Sopló un viento huracanado que partía las montañas y
resquebrajaba las rocas delante del Señor. Pero el Señor no estaba en el
viento. Después del viento, hubo un terremoto. Pero el Señor no estaba en el
terremoto. 12 Después del terremoto, se encendió un fuego. Pero el Señor no
estaba en el fuego. Después del fuego, se oyó el rumor de una brisa suave. 13
Al oírla, Elías se cubrió el rostro con su manto, salió y se quedó de pie a
la entrada de la gruta. Entonces le llegó una voz, que decía: "¿Qué
haces aquí, Elías?". 14 Él respondió: "Me consumo de celo por el
Señor, el Dios de los ejércitos, porque los israelitas abandonaron tu
alianza, derribaron tus altares y mataron a tus profetas con la espada. He
quedado yo solo y tratan de quitarme la vida". 15 El Señor le dijo:
"Vuelve por el mismo camino, hacia el desierto de Damasco. Cuando llegues,
ungirás a Jazael como rey de Arám. La vocación de Eliseo 19 Elías partió de allí y encontró a Eliseo, hijo de
Safat, que estaba arando. Delante de él había doce yuntas de bueyes, y él iba
con la última. Elías pasó cerca de él y le echó encima su manto. 20 Eliseo
dejó sus bueyes, corrió detrás de Elías y dijo: "Déjame besar a mi padre
y a mi madre; luego te seguiré". Elías le respondió: "Sí, puedes
ir. ¿Qué hice yo para impedírtelo?". 21 Eliseo dio media vuelta, tomó la
yunta de bueyes y los inmoló. Luego, con los arneses de los bueyes, asó la
carne y se la dio a su gente para que comieran. Después partió, fue detrás de
Elías y se puso a su servicio. Primera campaña de los arameos:el asedio de Samaría 20 1 Ben
Hadad, rey de Arám, reunió todo su ejército, y acompañado de treinta y dos
reyes, con caballería y carros de guerra, subió a combatir contra Samaría y
la sitió. 2 En- tonces envió mensajeros a la ciudad, a Ajab, rey de Israel, 3
para decirle: "Así habla Ben Hadad: Tu plata y tu oro me pertenecen, y
también me pertenecen tus mujeres y tus hermosos hijos". 4 El rey de
Israel respondió diciendo: "¡A tus órdenes, rey, mi señor! A ti
pertenecemos yo y todos mis bienes". 5 Pero los mensajeros regresaron y
dijeron: "Así habla Ben Hadad: Mando a decirte que me entregues tu plata
y tu oro, tus mujeres y tus hijos. 6 Así que mañana, a esta misma hora, te
enviaré a mis servidores: ellos registrarán tu casa y las casas de tus
súbditos; se apoderarán de todo lo que tú más quieres, y se lo
llevarán". 7 El rey convocó a los ancianos del país y les dijo:
"¡Fíjense bien cómo ese hombre trata de arruinarme! Porque cuando me
reclamó mis mujeres y mis hijos, mi plata y mi oro, yo no le negué
nada". 8 Todos los ancianos y todo el pueblo le dijeron: "¡No lo
escuches! ¡No aceptes!". 9 Entonces él replicó a los mensajeros de Ben
Hadad: "Díganle al rey, mi señor: Haré todo lo que me mandaste la primera
vez; pero esto otro no lo puedo hacer". Los mensajeros se fueron y
llevaron la respuesta. 10 Ben Hadad le mandó a decir: "Que los dioses me
castiguen, si queda bastante polvo en Samaría para que cada uno de mis
hombres recoja un puñado". 11 Y el rey de Israel respondió:
"Díganle: ¡No hay que cantar victoria antes de tiempo!". 12 Apenas
oyó esta palabra, Ben Hadad, que estaba bebiendo con los reyes en las tiendas
de campaña, ordenó a sus servidores: "¡A sus puestos!". Y ellos
tomaron posiciones frente a la ciudad. Intervención de un profetay victoria de Israel 13 Mientras tanto, un profeta se acercó a Ajab, rey
de Israel, y dijo: "Así habla el Señor: ¿Ves toda esa gran multitud? Hoy
mismo la voy a poner en tus manos. Así sabrás que yo soy el Señor". 14 "¿Por
medio de quién?", preguntó Ajab. El profeta dijo: "Así habla el
Señor: Por medio de los cuerpos de cadetes que están a las órdenes de los
jefes de distritos". Ajab insistió: "¿Y quién librará la
batalla?". "Tú", respondió él. 15 Ajab pasó revista a los cadetes de los jefes de
distritos, y eran doscientos treinta y dos. A continuación revistó a toda la
tropa, a todos los israelitas, y sumaban siete mil. 16 Al mediodía comenzaron
a salir, mientras Ben Hadad se embriagaba en las tiendas de campaña, junto
con los treinta y dos reyes aliados. 17 Los cadetes de los jefes de distritos
salieron en primer lugar. Entonces le avisaron a Ben Hadad: "Unos
hombres han salido de Samaría". 18 Él ordenó: "Si salieron en son
de paz, captúrenlos vivos, y si salieron en plan de guerra, también
captúrenlos vivos". 19 Una vez que salieron de la ciudad los cadetes de
los jefes de distritos, con el ejército detrás de ellos, 20 cada uno mató al
que se le puso delante. Los arameos huyeron, perseguidos por los israelitas.
Ben Hadad, rey de Arám, se salvó a caballo con algunos jinetes. 21 Entonces
salió el rey de Israel y se apoderó de los caballos y los carros, infligiendo
a Arám una gran derrota. Nuevos preparativos bélicos 22 El profeta se acercó al rey de Israel y le dijo:
"Refuerza tu ejército y piensa bien lo que vas a hacer, porque el año
que viene el rey de Arám volverá a subir contra ti". 23 Por su parte,
los servidores del rey de Arám dijeron a este: "El Dios de los
israelitas es un Dios de las montañas; por eso nos han vencido. Pero luchemos
contra ellos en la llanura, y seguramente los venceremos. 24 Actúa de esta
manera: destituye a cada uno de esos reyes y reemplázalos por gobernadores.
25 Recluta además un ejército tan numeroso como el que perdiste, con otros
tantos caballos y carros. Luego lucharemos contra ellos en la llanura, y
seguramente los venceremos". El rey escuchó su parecer y procedió así. Segunda campaña de los arameosy nueva victoria de
los israelitas 26 Al año siguiente, Ben Hadad pasó revista a los
arameos y subió a Afec para librar batalla contra Israel. 27 También los
israelitas fueron revistados y abastecidos de víveres, y partieron a su
encuentro. Los israelitas acamparon frente a ellos, como dos rebaños de
cabras, mientras que los arameos llenaban el país. 28 El hombre de Dios se acercó y dijo al rey de
Israel: "Así habla el Señor: Por haber dicho Arám: ‘El Señor es un Dios
de las montañas y no de las llanuras’, yo pondré en tus manos esta gran
multitud. Así ustedes sabrán que yo soy el Señor". 29 Durante siete días
estuvieron acampados unos frente a otros. Al séptimo día se libró la batalla,
y los israelitas derrotaron a los arameos: ¡cien mil hombres de a pie en un
solo día! 30 Los demás huyeron a la ciudad de Afec, pero la muralla se
desplomó sobre los veinte mil hombres que aún quedaban. Ben Hadad se refugió en la ciudad, huyendo de un
lugar a otro. 31 Pero sus servidores le dijeron: "Mira, hemos oído decir
que los reyes de la casa de Israel son misericordiosos. Pongámonos un sayal y
atémonos cuerdas a la cabeza, y rindámonos al rey de Israel. Tal vez así te
perdone la vida". 32 Ellos se ciñeron un sayal y se ataron cuerdas a la
cabeza; luego se presentaron al rey de Israel y le dijeron: "Tu servidor
Ben Hadad ha dicho: Perdóname la vida". Él respondió: "¿Vive
todavía? ¡Es mi hermano!". 33 Los hombres vieron en esto un buen
augurio, y se apresuraron a tomarle la palabra, diciendo: "¡Ben Hadad es
tu hermano!". El rey añadió: "Vayan a buscarlo". Entonces
salió Ben Hadad y él lo hizo subir a su propio carro. 34 Ben Hadad le dijo:
"Restituiré las ciudades que mi padre le quitó al tuyo, y tú podrás
instalar bazares en Damasco, como mi padre los había instalado en
Samaría". "Yo, por mi parte, replicó Ajab, mediante un pacto, te
dejaré partir". Ajab concluyó un pacto en favor de él, y lo dejó partir. Reprobación proféticadel pacto de Ajab 35 Uno de la comunidad de los profetas dijo a su
compañero, por orden del Señor: "¡Golpéame!". Pero el otro se negó
a golpearlo. 36 Él le dijo: "Porque no has escuchado la voz del Señor,
apenas te alejes de mí te matará el león". Y apenas el otro se alejó de
su lado, lo encontró el león y lo mató. 37 El profeta encontró a otro hombre y le dijo:
"¡Golpéame!". El hombre lo golpeó y lo dejó maltrecho. 38 Luego el
profeta fue a apostarse en el camino, a la espera del rey, cubriéndose los
ojos con una venda para no ser reconocido. 39 Cuando el rey pasaba, le gritó:
"Tu servidor avanzaba para entrar en batalla, y de pronto un soldado,
abandonando las filas, me trajo un hombre y me dijo: ‘Vigila a este hombre.
Si llega a faltar, responderás por él con tu vida, o bien pagarás un talento
de plata’. 40 Pero mientras yo estaba ocupado, yendo de acá para allá, el
hombre desapareció". El rey le replicó: "¡Está clara tu sentencia! La
has pronunciado tú mismo". 41 Él se apresuró a quitarse la venda de los
ojos, y el rey de Israel reconoció que era uno de los profetas. 42 Entonces
dijo al rey: "Así habla el Señor: Porque has dejado escapar al hombre
que yo había consagrado al exterminio, tu vida responderá por su vida y tu
pueblo por su pueblo". 43 El rey de Israel se fue a su casa malhumorado
y muy irritado, y entró en Samaría. La viña de Nabot 21 1
Después de esto, sucedió lo siguiente: Nabot, el izreelita, tenía una viña en
Izreel, al lado del palacio de Ajab, rey de Samaría. 2 Ajab dijo a Nabot:
"Dame tu viña para hacerme una huerta, ya que está justo al lado de mi
casa. Yo te daré a cambio una viña mejor o, si prefieres, te pagaré su valor
en dinero". 3 Pero Nabot respondió a Ajab: "¡El Señor me libre de
cederte la herencia de mis padres!". 4 Ajab se fue a su casa malhumorado y muy irritado
por lo que le había dicho Nabot, el izreelita: "No te daré la herencia
de mis padres". Se tiró en su lecho, dio vuelta la cara y no quiso
probar bocado. 5 Entonces fue a verlo su esposa Jezabel y le preguntó:
"¿Por qué estás tan malhumorado y no comes nada?". 6 Él le dijo:
"Porque le hablé a Nabot, el izreelita, y le propuse: ‘Véndeme tu viña
o, si quieres, te daré otra a cambio’. Pero él respondió: ‘No te daré mi
viña’". 7 Su esposa Jezabel le dijo: "¿Así ejerces tú la realeza
sobre Israel? ¡Levántate, come y alégrate! ¡Yo te daré la viña de Nabot, el
izreelita!". 8 En seguida escribió una carta en nombre de Ajab,
la selló con el sello del rey y la envió a los ancianos y a los notables de
la ciudad, conciudadanos de Nabot. 9 En esa carta escribió: "Proclamen
un ayuno y en la asamblea del pueblo hagan sentar a Nabot en primera fila. 10
Hagan sentar enfrente a dos malvados, que atestigüen contra él, diciendo: ‘Tú
has maldecido a Dios y al rey’. Luego sáquenlo afuera y mátenlo a
pedradas". 11 Los hombres de la ciudad, los ancianos y
notables, conciudadanos de Nabot, obraron de acuerdo con lo que les había
mandado Jezabel, según lo que estaba escrito en la carta que les había
enviado. 12 Proclamaron un ayuno e hicieron sentar a Nabot en primera fila.
13 En seguida llegaron dos malvados que se le sentaron enfrente y
atestiguaron contra él diciendo: "Nabot ha maldecido a Dios y al
rey". Entonces lo sacaron fuera de la ciudad y lo mataron a pedradas. 14
Y mandaron decir a Jezabel: "Nabot fue apedreado y murió". 15 Cuando Jezabel se enteró de que Nabot había sido
matado a pedradas, dijo a Ajab: "Ya puedes tomar posesión de la viña de
Nabot, esa que él se negaba a venderte, porque Nabot ya no vive: está
muerto". 16 Apenas oyó Ajab que Nabot estaba muerto, bajó a la viña de
Nabot, el izreelita, para tomar posesión de ella. La intervención profética de Elías 17 Entonces la palabra del Señor llegó a Elías, el
tisbita, en estos términos: 18 "Baja al encuentro de Ajab, rey de Israel
en Samaría. Ahora está en la viña de Nabot: ha bajado allí para tomar
posesión de ella. 19 Tú le dirás: Así habla el Señor: ¡Has cometido un
homicidio, y encima te apropias de lo ajeno! Por eso, así habla el Señor: En
el mismo sitio donde los perros lamieron la sangre de Nabot, allí también
lamerán tu sangre". 20 Ajab respondió a Elías: "¡Me has
sorprendido, enemigo mío!". "Sí, repuso Elías, te he sorprendido,
porque te has prestado a hacer lo que es malo a los ojos del Señor. 21 Yo voy
a atraer la desgracia sobre ti: barreré hasta tus últimos restos y extirparé
a todos los varones de la familia de Ajab, esclavos o libres en Israel. 22
Dejaré tu casa como la de Jeroboám, hijo de Nebat, y como la de Basá, hijo de
Ajías, porque has provocado mi indignación y has hecho pecar a Israel. 23 Y
el Señor también ha hablado contra Jezabel, diciendo: Los perros devorarán la
carne de Jezabel en la parcela de Izreel. 24 Al de la familia de Ajab que
muera en la ciudad, se lo comerán los perros, y al que muera en despoblado,
se lo comerán los pájaros del cielo". 25 No hubo realmente nadie que se haya prestado como
Ajab para hacer lo que es malo a los ojos del Señor, instigado por su esposa
Jezabel. 26 Él cometió las peores abominaciones, yendo detrás de los ídolos,
como lo habían hecho los amorreos que el Señor había desposeído delante de
los israelitas. 27 Cuando Ajab oyó aquellas palabras, rasgó sus
vestiduras, se puso un sayal sobre su carne, y ayunó. Se acostaba con el
sayal y andaba taciturno. 28 Entonces la palabra del Señor llegó a Elías, el
tisbita, en estos términos: 29 "¿Has visto cómo Ajab se ha humillado
delante de mí? Porque se ha humillado delante de mí, no atraeré la desgracia
mientras él viva, sino que la haré venir sobre su casa en tiempos de su
hijo". Preparativos para la campañacontra Ramot de Galaad 2 Crón. 18. 1-4 22 1
Durante tres años, no hubo guerra entre Arám e Israel. 2 Al tercer año,
Josafat, rey de Judá, bajó a visitar al rey de Israel. 3 Este dijo a sus
servidores: "Ustedes saben bien que Ramot de Galaad nos pertenece. Sin
embargo, nosotros no hacemos nada para quitársela al rey de Arám". 4
Luego preguntó a Josafat: "¿Irías conmigo a combatir a Ramot de
Galaad?". Josafat respondió al rey de Israel: "Cuenta conmigo como
contigo mismo, con mi gente como con la tuya, con mis caballos como con los
tuyos". 5 Pero añadió: "Consulta primero la palabra del
Señor". La intervención de los falsos profetas 2 Crón. 18. 5-11 6 El rey de Israel reunió a los profetas, unos
cuatrocientos hombres, y les preguntó: "¿Puedo ir a combatir contra
Ramot de Galaad, o debo desistir?". Ellos respondieron: "Sube, y el
Señor la entregará en manos del rey". 7 Pero Josafat insistió: "¿No
queda por ahí algún profeta del Señor para consultar por medio de él?".
8 El rey de Israel dijo a Josafat: "Sí, queda todavía un hombre por cuyo
intermedio se podría consultar al Señor. Pero yo lo detesto, porque no me
vaticina nada bueno, sino sólo desgracias: es Miqueas, hijo de Imlá".
"No hable el rey de esa manera", replicó Josafat. 9 Entonces el rey
de Israel llamó a un eunuco y ordenó: "Que venga en seguida Miqueas,
hijo de Imlá". 10 El rey de Israel y Josafat, rey de Judá, estaban
sentados cada uno en su trono, con sus vestiduras reales, sobre la explanada
que está a la entrada de la puerta de Samaría, mientras todos los profetas
vaticinaban delante de ellos. 11 Sedecías, hijo de Canaaná, se había hecho
unos cuernos de hierro y decía: "Así habla el Señor: Con esto embestirás
a Arám hasta acabar con él". 12 Y todos los profetas vaticinaban en el
mismo sentido, diciendo: "¡Sube a Ramot de Galaad y triunfarás! ¡El
Señor la entregará en manos del rey!". La intervención del profeta Miqueas 2 Crón. 18. 12-27 13 El mensajero que había ido a llamar a Miqueas le
dijo: "Mira que las palabras de los profetas anuncian a una sola voz
buena fortuna para el rey. Habla tú también como uno de ellos, y anuncia la
victoria". 14 Pero Miqueas replicó: "¡Por la vida del Señor, sólo
diré lo que el Señor me diga!". 15 Cuando se presentó al rey, este le dijo:
"Miqueas, ¿podemos ir a combatir contra Ramot de Galaad, o debemos
desistir?". Él le respondió: "Sube y triunfarás; el Señor la
entregará en manos del rey". 16 Pero el rey le dijo: "¿Cuántas
veces tendré que conjurarte a que no me digas más que la verdad en nombre del
Señor?". 17 Miqueas dijo entonces: "He visto a todo
Israel disperso por las montañas, como ovejas sin pastor. El Señor ha dicho: Estos
ya no tienen dueño; vuélvase cada uno a su
casa en paz". 18 El rey de Israel dijo a Josafat: "¿No te
había dicho que este no me vaticina el bien, sino sólo desgracias?". 19
Miqueas siguió diciendo: "Por eso, escucha la palabra del Señor: Yo vi
al Señor sentado en su trono, y todo el Ejército de los cielos estaba de pie
junto a él, a derecha e izquierda. 20 El Señor preguntó: ‘¿Quién seducirá a
Ajab, para que suba y caiga en Ramot de Galaad?’. Ellos respondieron, uno de
una manera y otro de otra. 21 Entonces se adelantó el espíritu y, puesto de
pie delante del Señor, dijo: ‘Yo lo seduciré’. ‘¿Cómo?’, preguntó el Señor.
22 Él respondió: ‘Iré y seré un espíritu de mentira en la boca de todos sus
profetas’. Entonces el Señor le dijo: ‘Tú lograrás seducirlo. Ve y obra así’.
23 Ahora, el Señor ha puesto un espíritu de mentira en la boca de todos estos
profetas, porque él ha decretado tu ruina". 24 Sedecías, hijo de Canaaná, se acercó a Miqueas y
le dio una bofetada, diciendo: "¿Por dónde se me escapó el espíritu del
Señor para hablarte a ti?". 25 Miqueas repuso: "Eso lo verás el día
en que vayas de una habitación a otra para esconderte". 26 Entonces el
rey de Israel ordenó: "Toma a Miqueas y llévalo a Amón, el gobernador de
la ciudad, y a Joás, el hijo del rey. Tú les dirás: 27 Así habla el rey:
Encierren a este hombre en la cárcel y ténganlo a pan y agua, hasta que yo
regrese victorioso". 28 Miqueas replicó: "Si tú regresas
victorioso, quiere decir que el Señor no ha hablado por mi boca". Muerte de Ajab en Ramot de Galaad 2 Crón. 18. 28-34 29 El rey de Israel y Josafat, rey de Judá, subieron
a Ramot de Galaad. 30 Y el rey de Israel dijo a Josafat: "Yo me voy a
disfrazar para entrar en batalla, pero tú quédate con tus vestiduras".
El rey de Israel se disfrazó y entró en combate. 31 El rey de Arám, por su
parte, había dado esta orden a los treinta y dos comandantes de sus carros de
guerra: "No ataquen a nadie, ni pequeño ni grande, sino sólo al rey de
Israel". 32 Cuando los comandantes de los carros vieron a
Josafat, dijeron: "Seguro que ese es el rey de Israel", y se volvieron
hacia él para atacarlo. Josafat lanzó un grito, 33 y los comandantes de los
carros, al ver que ese no era el rey de Israel, dejaron de perseguirlo. 34
Pero un hombre disparó su arco al azar e hirió al rey de Israel por entre las
junturas de la coraza. El rey dijo al conductor de su carro: "Vuelve
atrás y sácame del campo de batalla, porque estoy malherido". 35 Aquel día, el combate fue muy encarnizado. El rey
debió ser sostenido de pie sobre el carro, frente a los arameos, y murió al
atardecer. La sangre de su herida había chorreado hasta el fondo del carro. 39 El resto de los hechos de Ajab y todo lo que él
hizo, la casa de marfil que edificó y las ciudades que construyó, ¿no está
escrito en el libro de los Anales de los reyes de Israel? 40 Ajab se fue a
descansar con sus padres, y su hijo Ocozías reinó en lugar de él. El reinado de Josafat en Judá (870-846) 2 Crón. 20. 31 – 21. 1 41 Josafat, hijo de Asá, comenzó a reinar sobre Judá
en el cuarto año de Ajab, rey de Israel. 42 Tenía treinta y cinco años cuando
inició su reinado, y reinó veinticinco años en Jerusalén. Su madre se llamaba
Azubá, hija de Siljí. 43 Siguió en todo el camino de su padre Asá y no se
apartó de él, haciendo lo que es recto a los ojos del Señor. 44 Sin embargo,
no desaparecieron los lugares altos: el pueblo seguía ofreciendo sacrificios
y quemando incienso en los lugares altos. 45 Josafat vivió en paz con el rey
de Israel. 46 El resto de los hechos de Josafat, el valor que
demostró y las guerras que hizo, ¿no está escrito en el libro de los Anales
de los reyes de Judá? 47 Él barrió del país los restos de prostitución
sagrada que habían quedado en tiempos de su padre Asá. 48 No había entonces
rey en Edóm, sino un prefecto del rey. 49 Josafat construyó una flota
mercante, para ir a Ofir en busca de oro; pero no pudo ir, porque la flota
naufragó en Esión Guéber. 50 Entonces Ocozías, hijo de Ajab, dijo a Josafat: "Que
mis servidores vayan con los tuyos en las naves". Pero Josafat no
aceptó. 51 Josafat se fue a descansar con sus padres, y fue sepultado con
ellos en El reinado de Ocozías en Israel (853-852) 52 Ocozías, hijo de Ajab, comenzó a reinar sobre
Israel, en Samaría, el decimoséptimo año de Josafat, rey de Judá, y reinó dos
años sobre Israel. 53 Él hizo lo que es malo a los ojos del Señor, y siguió
el camino de su padre y de su madre, y el camino de Jeroboám, hijo de Nebat,
que hizo pecar a Israel. 54 Sirvió a Baal y se postró ante él, provocando así
la indignación del Señor, tal como lo había hecho su padre. 1 5.
"Jaguit" era una de las esposas de David (2 Sam. 3. 2-5). 9. La
"fuente de Roguel" está en el valle de Cedrón, al sudeste de
Jerusalén. 33.
"Guijón" es el nombre de otra fuente cercana a Jerusalén, situada
al pie de la colina de Sión. En tiempos del rey Ezequías, se excavó un túnel
en la roca para llevar sus aguas hasta la piscina de Siloé, dentro de los
muros de la ciudad (2 Rey. 20. 20; 2 Crón. 32. 30). 39. Esta
"Carpa" es la que había construido David para proteger el Arca de 50. Sobre
esta forma de apelar al derecho de asilo, ver nota Éx. 27. 2. 2 3. Ver
Deut. 8. 6. 4. Ver 2 Sam. 7. 12-16. 8-9. Según
las ideas corrientes en la antigüedad, la maldición, una vez pronunciada,
mantenía su eficacia, y la mejor manera de contrarrestarla era suprimir al
que la había proferido. 17. Tomar
la esposa del rey difunto era un signo sospechoso, porque podía interpretarse
como una forma de pretensión al trono. Ver 2 Sam. 3. 7; 16. 21-22. 26.
"Anatot", pueblo natal del profeta Jeremías, estaba en territorio
de Benjamín, cinco kilómetros al norte de Jerusalén. 27. Sobre
el cumplimiento de esta palabra del Señor, ver 1 Sam. 2. 35-36. 32. Salomón
se apoya en la prescripción de 3 1.
El matrimonio de un rey con una princesa extranjera estaba siempre
subordinado a los intereses políticos y económicos, ya que servía para
ratificar las alianzas entre los reinos. Ver 9. 16. 4. "Gabaón"
se encontraba en el territorio de Benjamín, unos diez kilómetros al norte de
Jerusalén (Jos. 18. 25; 21. 17). 16-28. Este
relato -uno de los más populares de toda 4 4.
La mención del sacerdote "Ebiatar" corresponde a la época de David,
no a la de Salomón, ya que este lo había destituido (2. 26-27). 5 1. "El
Río" -es decir, el Éufrates- y la "frontera de Egipto" marcan
los límites ideales de 15. Ver 2
Sam. 5. 11. 32. El
puerto de "Guebal", llamado Biblos por los griegos, estaba en la
costa fenicia, unos treinta kilómetros al norte de la actual Beirut. 6 1. La
cifra "cuatrocientos ochenta" tiene un valor simbólico. Se
estimaba, en efecto, que entre el acontecimiento del Éxodo y el comienzo de
la construcción del Templo habían transcurrido doce generaciones de cuarenta
años cada una. De acuerdo con este sistema cronológico convencional, habían
transcurrido intervalos regulares entre la erección de 2. Las
dimensiones del Templo eran relativamente exiguas. No hay que olvidar que en
la antigüedad, un Templo era ante todo la morada de la divinidad, y no un
lugar para la reunión de los fieles. De hecho, Salomón construyó el Templo
para instalar el Arca de 3-36. El
Templo era un edificio rectangular, que constaba de tres partes: al frente
estaba el "Ulám" o vestíbulo; luego venía el "Hekal" o
nave central, y al fondo de todo se encontraba el "Debir" o lugar
santísimo, llamado con frecuencia Santo de los santos. Este último recinto
estaba reservado exclusivamente al Arca de 23. Los
"querubines" eran figuras bien conocidas en la iconografía del
Antiguo Oriente. Por lo general, se los representaba con rostro humano y
cuerpo de animales cuadrúpedos, provistos de alas. Los querubines que
desplegaban sus alas sobre el Arca, en actitud de guardianes de la santidad
divina, tenían sin duda una forma similar. 7 2.
"Bosque del Líbano": este nombre se debe a la multitud de columnas
de cedro, que había en dicha sala. 13. No se
debe confundir a este hábil artesano con el rey del mismo nombre y del mismo
lugar (5. 15; 2 Sam. 5. 11). 21. Estas
dos "columnas" no formaban parte del edificio, sino que estaban
colocadas frente al pórtico del Templo, sin sostener nada encima. Su razón de
ser y su significado resultan enigmáticos. El nombre "laquín"
significa "él ha establecido firmemente", y el nombre
"Boaz", "en él está la fuerza". 23. "El
Mar": este vasto recipiente parece ser una representación simbólica del
Océano cósmico. 8 10.
Sobre la "nube", ver nota Éx. 13. 22. 9 13.
"Cabul" es quizá un nombre despectivo, que podría significar
"igual que nada". 14. El
"talento" equivalía aproximadamente a unos treinta y cinco
kilogramos. 28. "Ofir"
era una región famosa por su oro, situada probablemente en el sur de Arabia o
en 10 28. Estos
dos sitios de Asia Menor eran célebres por la cría de caballos. 11 18.
"Parán" era la región septentrional de la península sinaítica,
entre Madián y Egipto. 26. Jeroboám
se hace eco del descontento provocado por la política tributaria de Salomón,
y se pone al frente del levantamiento popular que llevará más tarde a la
separación de los reinos de Israel y de Judá. 30. Las
acciones simbólicas de los profetas tenían tanta importancia como su palabra.
Eran una forma de prefigurar un acontecimiento futuro y de garantizar su
cumplimiento (Is. 20. 1-2; Jer. 13. 1-7; 19. 1-2, 10; 27. 1-2; Ez. 4. 1-12,
15; 5. 1-4; Os. 1. 2; 3. 1; Hech. 21. 10-11). 31. "Las
diez tribus" eran las tribus del Norte, representadas en los diez
pedazos que Ajías entregó a Jeroboám. 32. La
tribu restante era Judá, que también se había anexado al menos una parte de
Benjamín (12. 21). 36. La
"lámpara" es el símbolo de la dinastía real (15. 4; 2 Rey. 8. 19). 12 1.
Roboám quedó constituido rey de Judá por derecho de sucesión. Las tribus del
Norte, en cambio, debían renovar con el nuevo monarca la alianza que habían
hecho con David (2 Sam. 5. 1-3). Esta renovación iba a tener lugar en Siquém,
el antiguo lugar de culto israelita (Jos. 24. 1), pero la torpe actitud de
Roboám la hizo fracasar. 16. Ver 2
Sam. 20. 1. 26-33. Estas
medidas de carácter religioso tienen una finalidad política. Jeroboám no
trata de sustituir al Dios de Israel por otra divinidad, sino de
contrarrestar el prestigio del Templo de Jerusalén, creando nuevas
instituciones cultuales para el reino recién constituido. Pero al poner la
imagen del "ternero" como pedestal visible del Señor invisible,
acercaba demasiado la religión de Israel a los cultos cananeos. Ver Éx. 32. 14 6-16.
El mismo profeta que había apoyado la rebelión de Jeroboám, anuncia ahora el
fin de su dinastía. Así se pone de manifiesto una vez más la libertad de los
profetas frente a los reyes. 25. El
Faraón "Sisac" reinó entre los años 950 y 31. "Abiám":
en 2 Crón. 13. 1, este mismo rey es llamado Abías. 15 6.
Este versículo es una repetición literal del 14. 30. 32. Este
versículo es una repetición literal del v. 16. 16 23-24.
Desde el punto de vista político y militar, el reinado de Omrí marcó una
etapa gloriosa para Israel. Pero el libro de los Reyes, que narra la historia
desde una perspectiva religiosa, no se detiene sobre este aspecto. Sólo
menciona la fundación de Samaría, que será en adelante la capital del reino
del Norte, hasta su caída en poder de los asirios. 31. "Etbaal"
significa "Baal está con él". Este rey de Tiro y de Sidón era
también sacerdote de la diosa Astarté. La condición sacerdotal de su padre
podría explicar en parte el celo con que Jezabel trató de implantar en Israel
el culto de Baal. 34. Ver
Jos. 6. 26. 17 1. El
profeta "Elías" aparece tan imprevistamente como será imprevista su
desaparición (2 Rey. 2. 11). En su forma actual, la historia de Elías
proviene de la tradición oral que recogió ciertos episodios y desarrolló su aspecto
dramático. La sequía que Elías anuncia será el signo de que el Señor, y no
Baal -el dios cananeo de la lluvia y la fertilidad-, es el que dispensa el
agua necesaria para la vegetación y la vida. 9. "Sarepta",
era una ciudad fenicia, situada a unos quince kilómetros al sur de Sidón. Ver
Lc. 4. 25-26. 18 19 8.
"Horeb" es otro nombre del Sinaí, la "montaña de Dios"
donde el Señor reveló su Nombre a Moisés (Éx. 3) y estableció su Alianza con
Israel (Éx. 19. 3-9). La peregrinación de Elías al monte Sinaí constituye un
verdadero "retorno a las fuentes". 22 8.
Este profeta de nombre "Miqueas" no debe confundirse con el que
figura entre los doce Profetas menores. |
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Pedro Sergio Antonio Donoso Brant |
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