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Caminando con Jesús Pedro Sergio Antonio Donoso Brant Edición especial comentada para ayudar a
comprender mejor las Sagradas Escrituras |
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Los libros de Samuel presentaban la institución y el
afianzamiento de la monarquía, como un proceso ascendente y lleno de promesas
para Israel. Los libros de los REYES –que al principio formaban una sola
obra, dividida luego en dos partes– continúan esa historia, pero trazan una
parábola descendente. Aquí el relato comienza con el reinado de Salomón, que
fue la etapa más brillante de todo el período monárquico, y llega hasta el
momento en que el Pueblo de Dios vivió su experiencia más dramática y
desconcertante: la caída de Jerusalén, el fin de la dinastía davídica y la
deportación a Babilonia. Este trágico desenlace se fue gestando gradualmente.
A la muerte de Salomón, el reino de Judá se mantiene fiel a los reyes del
linaje davídico y al Templo de Jerusalén. Pero las tribus del Norte,
profundamente desilusionadas por el trato recibido en la época salomónica, se
separan de Judá y constituyen un estado independiente, designado en adelante
con el nombre de "Israel". Durante un par de siglos, los dos reinos
separados logran conservar su autonomía política, debido al eclipse
momentáneo de los grandes imperios del Antiguo Oriente. Pero la situación
cambia radicalmente cuando Asiria comienza a desarrollar sus campañas
expansionistas. En el año Los libros de los Reyes recibieron su redacción
definitiva cuando todavía estaba muy vivo el recuerdo de este último
acontecimiento. En la composición de la obra, se emplearon diversas fuentes,
entre las que se destacan los informes provenientes de los archivos reales.
Pero, en el relato de los hechos, lo que más interesa no es la historia en sí
misma, sino la enseñanza que se debe extraer de ella, como medio para superar
la crisis. Por eso, desde las primeras páginas comienza a vislumbrarse la
pregunta que está implícita a lo largo de toda la narración: ¿Por qué el
Señor ha rechazado a su Pueblo, dispersándolo entre las naciones paganas? ¿Hay
un remedio para la catástrofe o el veredicto de condenación es irrevocable? Para responder a este doloroso interrogante, el
autor de estos Libros sigue paso a paso la historia de Israel en tiempos de
la monarquía, y confronta la conducta de los reyes con las enseñanzas del
Deuteronomio. Según la doctrina deuteronómica, el Señor eligió gratuitamente
a Israel y lo comprometió a vivir en conformidad con su Ley. De esta manera,
dejó abierto ante él un doble camino: el de la fidelidad, que conduce a la
vida, y el de la desobediencia, que acaba en la muerte. Pero todos los reyes
de Israel y casi todos los de Judá, en lugar de guiar al Pueblo del Señor por
el camino de la fidelidad, lo encaminaron hacia su propia ruina, tolerando y
aun fomentando el culto de Baal y de las otras divinidades cananeas. El
fracaso de la monarquía, después de sus promisorios comienzos en tiempos de
David, muestra que la raíz de todo mal está en apartarse del verdadero Dios. Pero esta evocación del pasado, con su balance
francamente pesimista, encierra también una lección para el presente. A pesar
de las infidelidades de los reyes, el Señor nunca dejó de hacerse presente en
la vida de su Pueblo a través de los Profetas. Por medio de ellos, Dios hizo
oír constantemente su Palabra a fin de llamar a la conversión. Y esa Palabra
seguía vigente para el "Resto" de Judá que se purificaba en el
exilio. Si las derrotas nacionales habían sido la consecuencia del pecado, la
conversión al Señor traería de nuevo la salvación. Las promesas divinas no
podían caer en el vacío y el Reino de Dios se iba a realizar más allá de
todos los fracasos terrenos. PRIMER LIBRO DE LOS
REYES SALOMÓN, SUCESOR DE
DAVID Los dos capítulos
siguientes continúan la "Crónica de la sucesión al trono de David",
que había quedado interrumpida al final del segundo libro de Samuel (20. 26).
El narrador conoce a fondo las rivalidades e intrigas de la corte, y relata
los acontecimientos con precisión y objetividad. Adonías, el hijo mayor de
David, después de la muerte de Amnón y Absalón, se apresura a hacer valer sus
pretensiones al trono. Pero los partidarios de Salomón, oponiendo la astucia
a la fuerza, logran que el anciano rey haga ungir al hijo de Betsabé, su
esposa predilecta. Los últimos años del rey David 1 1 El rey
David estaba viejo, muy avanzado en años, y por más que lo abrigaban no
entraba en calor. 2 Sus servidores le dijeron: "Sería conveniente
buscarle al rey, mi señor, una jovencita: ella estará al servicio del rey y
cuidará de él; dormirá entre sus brazos, y así mi señor, el rey, entrará en
calor". 3 Entonces buscaron por todo el territorio de Israel una joven
hermosa; encontraron a Abisag, la sunamita, y se la llevaron al rey. 4 La
joven, que era muy hermosa, cuidaba al rey y estaba a su servicio. Pero el
rey no se unió a ella. La sucesión al trono de David:las pretensiones de
Adonías 5 Mientras tanto, Adonías, hijo de Jaguit, se
ufanaba diciendo: "Yo seré el rey". Y se consiguió un carro de
guerra, caballos y cincuenta hombres que corrían delante de él. 6 Pero nunca
su padre lo había reprendido, preguntándole por qué hacía eso. Además, era
muy apuesto, y había nacido después de Absalón. 7 Adonías mantuvo
conversaciones con Joab, hijo de Sarvia, y con el sacerdote Ebiatar, que le
prestaron su apoyo. 8 En cambio, el sacerdote Sadoc, Benaías, hijo de
Iehoiadá, el profeta Natán, Samei, Reí y el cuerpo de los valientes de David
no estaban de su parte. 9 Un día, Adonías sacrificó ovejas, bueyes y
terneros cebados junto a La reacción de los partidariosde Salomón 11 Entonces Natán dijo a Betsabé, la madre de
Salomón: "¿No te has enterado de que Adonías, el hijo de Jaguit, se ha
proclamado rey sin que nuestro señor David lo sepa? 12 Ahora bien, te voy a
dar un consejo para que salves tu vida y la de tu hijo Salomón. 13 Ve a
presentarte ante el rey y dile: Rey, mi señor, tú mismo has hecho este
juramento a tu servidora: ‘Salomón, tu hijo, reinará después de mí y se
sentará en mi trono’. ¿Por qué entonces Adonías se ha proclamado rey? 14 Y
cuando todavía estés allí, hablando con el rey, yo entraré detrás de ti y
confirmaré tus palabras". 15 Betsabé se presentó ante el rey en su habitación
privada. El rey estaba muy viejo y Abisag, la sunamita, lo servía. 16 Betsabé
se inclinó profundamente ante el rey, y este le preguntó: "¿Qué
quieres?". 17 Ella le dijo: "Mi señor, tú mismo has hecho a tu
servidora este juramento, por el Señor, tu Dios: ‘Tu hijo Salomón reinará
después de mí y se sentará en mi trono’. 18 Pero ahora Adonías se ha
proclamado rey, sin que tú, mi señor el rey, lo sepas. 19 Él ha sacrificado
una gran cantidad de bueyes, de terneros cebados y de corderos, y ha invitado
a todos los hijos del rey, al sacerdote Ebiatar, y a Joab, el jefe del
ejército. Pero no ha invitado a tu hijo Salomón. 20 Por eso, todo Israel
tiene los ojos puestos en ti, para que le anuncies quién debe sentarse en el
trono de mi señor el rey, después de él. 21 De lo contrario, cuando mi señor
el rey se vaya a descansar con sus padres, yo y mi hijo Salomón correremos la
suerte de los culpables". 22 Todavía estaba hablando con el rey, cuando llegó
el profeta Natán. 23 Le anunciaron al rey: "Está aquí el profeta
Natán". Él se presentó al rey y se postró delante de él con el rostro en
tierra. 24 Luego dijo Natán: "Mi señor el rey, sin duda tú has dicho:
‘Adonías reinará después de mí y se sentará en mi trono’. 25 Porque hoy bajó
a sacrificar una gran cantidad de bueyes, de terneros cebados y de corderos,
e invitó a todos los hijos del rey, a los jefes del ejército y al sacerdote
Ebiatar. Ahora están comiendo y bebiendo delante de él, y lo han aclamado:
¡Viva el rey Adonías! 26 Pero a mí, que soy tu servidor, al sacerdote Sadoc,
a Benaías, hijo de Iehoiadá, y a tu servidor Salomón, no nos ha invitado. 27
Tal vez esta decisión provenga de mi señor el rey, sin que tú hayas querido
hacer saber a tus servidores quién se sentaría en el trono de mi señor el
rey, después de él". Designación de Salomóncomo sucesor de David 28 Entonces el rey David tomó la palabra y dijo:
"Llámenme a Betsabé". Ella se presentó al rey y se quedó de pie
delante de él. 29 Y el rey juró, diciendo: "¡Por la vida del Señor, que
me ha librado de todo peligro, 30 hoy mismo daré cumplimiento a lo que te he
jurado por el Señor, el Dios de Israel, cuando dije: Tu hijo Salomón reinará
después de mí y se sentará en mi trono en lugar mío!". 31 Betsabé se
inclinó con el rostro en tierra y se postró delante del rey. Luego exclamó:
"¡Viva para siempre mi señor el rey David!". 32 El rey David dijo: "Llámenme al sacerdote
Sadoc, al profeta Natán y a Benaías, hijo de Iehoiadá". Ellos se
presentaron ante el rey, 33 y él les ordenó: "Tomen con ustedes a los
servidores de su señor, monten a mi hijo Salomón en mi propia mula y háganlo
bajar a Guijón. 34 Allí, el sacerdote Sadoc y el profeta Natán lo ungirán rey
de Israel; ustedes sonarán la trompeta y lo aclamarán: ¡Viva el rey Salomón!
35 Luego volverán a subir detrás de él, y él vendrá a sentarse en mi trono y
reinará en mi lugar: yo lo he constituido jefe de Israel y de Judá". 36
Entonces Benaías, hijo de Iehoiadá, respondió al rey: "¡Amén! Así lo
haga el Señor, el Dios de mi señor el rey. 37 Como el Señor estuvo con mi
señor el rey, esté también con Salomón y engrandezca su trono más aún que el
trono de mi señor el rey David". La unción real de Salomón 38 El sacerdote Sadoc, el profeta Natán, Benaías,
hijo de Iehoiadá, los quereteos y los peleteos bajaron, montaron a Salomón en
la mula del rey David y lo llevaron a Guijón. 39 El sacerdote tomó de La reacción de Adonías y sus partidarios 41 Adonías y los invitados que estaban con él oyeron
el ruido cuando terminaban de comer. Joab, por su parte, al oír el sonido de
la trompeta, preguntó: "¿A qué se debe ese tumulto en la ciudad?".
42 Todavía estaba hablando, cuando llegó Jonatán, el hijo del sacerdote
Ebiatar. Adonías dijo: "Ven, tú eres un hombre de bien y seguro que
traes buenas noticias". 43 Pero Jonatán tomó la palabra y dijo a
Adonías: "¡Al contrario! Nuestro señor, el rey David, ha proclamado rey
a Salomón. 44 El rey envió con él al sacerdote Sadoc, al profeta Natán, a
Benaías, hijo de Iehoiadá, a los quereteos y a los peleteos, y ellos lo
hicieron montar en la mula del rey. 45 Luego el sacerdote Sadoc y el profeta
Natán lo ungieron rey en Guijón. De allí todos volvieron a subir muy
contentos, y la ciudad está alborotada. Ese es el ruido que ustedes han oído.
46 Además, Salomón se ha sentado en el trono real, 47 y también los
servidores del rey fueron a felicitar a nuestro señor el rey David, diciendo:
‘Que tu Dios haga el nombre de Salomón más ilustre que el tuyo y engrandezca
su trono más que el tuyo’. El rey, en su lecho, hizo un gesto de
asentimiento, 48 y también pronunció estas palabras: ‘¡Bendito sea el Señor,
el Dios de Israel, porque ha permitido hoy que un hombre de mi descendencia
esté sentado en mi trono, y que lo vean mis ojos!’". 49 Llenos de pánico, todos los invitados de Adonías
se levantaron y se fueron cada uno por su lado. 50 Adonías, por su parte, tuvo miedo de Salomón, se
levantó y fue a agarrarse de los cuernos del altar. 51 Entonces le avisaron a Salomón: "Adonías
tiene miedo de ti y se ha agarrado de los cuernos del altar, diciendo: ‘Que
el rey Salomón me jure primero que no hará morir a su servidor por la
espada’". 52 El rey dijo: "Si se comporta como un hombre
de bien, ni uno solo de sus cabellos caerá por tierra; pero si es sorprendido
en falta, morirá". 53 Salomón mandó que lo bajaran del altar. Adonías
fue a postrarse ante el rey, y Salomón le dijo: "Vete a tu casa". Últimas recomendacionesde David a Salomón 2 1
Estando ya próximo a su muerte, David hizo estas recomendaciones a su hijo
Salomón: 2 "Yo me voy por el camino de todo el mundo. Sé fuerte y
compórtate como un hombre. 3 Observa las prescripciones del Señor, tu Dios,
siguiendo sus caminos, observando sus preceptos, sus mandamientos, sus leyes
y sus instrucciones, según lo que está escrito en 5 Tú sabes, además, lo que me hizo Joab, hijo de
Sarvia, lo que hizo a los dos jefes de los ejércitos de Israel, a Abner, hijo
de Ner, y a Amasá, hijo de Iéter: como los mató, vengando en tiempo de paz la
sangre derramada en la guerra; así manchó con sangre inocente mi cinturón y
mis sandalias. 6 Obra conforme a tu sabiduría, y no dejes que sus cabellos
blancos bajen en paz al Abismo. 7 En cambio, a los hijos de Barzilai, el
galaadita, trátalos con bondad y cuéntalos entre tus comensales, porque así
me trataron a mí cuando huía de tu hermano Absalón. 8 Tú tienes todavía cerca
de ti a Simei, hijo de Guerá, el benjaminita de Bajurím; él me maldijo
despiadadamente el día en que yo iba a Majanaim. Pero cuando bajó a recibirme
en el Jordán, yo le juré por el Señor: No te haré morir por la espada. 9
Ahora no lo dejes sin castigo, porque eres un hombre sensato y sabes cómo
deberás tratarlo para que sus cabellos blancos bajen ensangrentados al
Abismo". La muerte de David 1 Crón. 29. 26-28 10 David se fue a descansar con sus padres, y lo
enterraron en El pedido de Adonías y su muerte 13 Adonías, hijo de Jaguit, fue a ver a Betsabé, la
madre de Salomón. "¿Vienes en son de paz?", preguntó ella.
"Sí", respondió él. 14 Y añadió: "Tengo algo que
decirte". "Habla", replicó ella. 15 Entonces él dijo: "Tú
sabes que a mí me correspondía la realeza y que todo Israel tenía los ojos
puestos en mí, esperando que yo reinara. Pero la realeza se me escapó de las
manos y fue a parar a mi hermano, porque el Señor se la tenía destinada. 16
Ahora tengo que hacerte un solo pedido; no me lo niegues". Ella le dijo:
"Habla". 17 Él prosiguió: "Pídele por favor al rey Salomón que
me dé por esposa a Abisag, la sunamita. Seguramente no te lo va a
negar". 18 "Está bien, respondió Betsabé, yo misma le hablaré de ti
al rey". 19 Betsabé fue a presentarse al rey Salomón para
hablarle de Adonías. El rey se levantó, fue a su encuentro y le hizo una
inclinación. Luego se sentó en su trono, mandó poner un trono para la madre
del rey, y ella se sentó a su derecha. 20 Entonces ella dijo: "Tengo que
hacerte un pequeño pedido; no me lo niegues". El rey respondió:
"Pide, madre mía, porque no te lo voy a negar". 21 Ella le dijo:
"Que se dé a Abisag, la sunamita, como esposa a tu hermano
Adonías". 22 Pero el rey Salomón replicó a su madre, diciendo:
"¿Por qué pides para Adonías a la sunamita Abisag? ¡Pide más bien para
él la realeza, ya que es mi hermano mayor! ¡Sí, para él, para el sacerdote
Ebiatar y para Joab, hijo de Sarvia!". 23 Y el rey Salomón juró por el
Señor, diciendo: "¡Que Dios me castigue si Adonías no ha pronunciado
esta palabra a costa de su propia vida! 24 Y ahora, ¡por la vida del Señor,
que me ha afianzado haciéndome sentar en el trono de mi padre David, y que me
ha constituido una dinastía, conforme a lo que había dicho, juro que Adonías
morirá hoy mismo!". 25 En seguida el rey Salomón envió a Benaías, hijo
de Iehoiadá, y este hirió de muerte a Adonías. El destierro del sacerdote Ebiatar 26 En cuanto al sacerdote Ebiatar, el rey le dijo:
"Vete a tus campos de Anatot. Aunque mereces la muerte, hoy no te haré
morir, porque has llevado el Arca del Señor delante de mi padre David, y has
compartido todas sus aflicciones". 27 Y Salomón destituyó a Ebiatar de
su función de sacerdote del Señor, cumpliendo así la palabra que el Señor
había pronunciado contra la casa de Elí, en Silo. La muerte de Joab 28 La noticia llegó a oídos de Joab, y como él se
había puesto de parte de Adonías, aunque no de Absalón, fue a refugiarse en La desobediencia y la muerte de Semei 36 El rey mandó llamar a Semei y le dijo:
"Constrúyete una casa en Jerusalén y quédate allí, sin salir a ninguna
parte. 37 Porque si un día sales y cruzas el torrente Cedrón, sábelo bien:
morirás irremediablemente; tu sangre recaerá sobre tu cabeza". 38 Semei
dijo al rey: "Muy bien. Tu servidor obrará conforme a lo que ha dicho mi
señor el rey". Y Semei permaneció largo tiempo en Jerusalén. 39 Pero, al cabo de tres años, dos esclavos de Semei
huyeron al reino de Aquís, hijo de Maacá, rey de Gat. Alguien le avisó a
Semei: "Mira que tus esclavos están en Gat". 40 Entonces Semei se
levantó, ensilló su asno y se fue a Gat, donde estaba Aquís, para buscar a
sus esclavos; no hizo más que ir y traer de Gat a sus esclavos. 41 Cuando le avisaron a Salomón que Semei había ido
de Jerusalén a Gat y que estaba de vuelta, 42 el rey mandó llamar a Semei y
le dijo: "¿Acaso no te hice jurar por el Señor, advirtiéndote
expresamente que apenas salieras y fueras a cualquier parte podrías estar
seguro de que morirías sin remedio? Y tú me respondiste: Está bien, me doy
por enterado. 43 ¿Por qué entonces no has cumplido el juramento del Señor y
la orden que te di?". 44 Y el rey siguió diciendo a Semei: "Tú
sabes bien, y tu corazón lo reconoce, todo el daño que hiciste a mi padre
David. El Señor hará recaer tu maldad sobre tu cabeza, 45 mientras que el rey
Salomón será bendecido, y el trono de David será estable para siempre delante
del Señor". 46 Luego el rey dio una orden a Benaías, hijo de Iehoiadá, y
este salió e hirió de muerte a Semei. Así la realeza quedó afirmada en manos de Salomón. EL
REINADO DE SALOMÓN David había hecho de
Israel una nación relativamente poderosa. Salomón, que no era un guerrero
como su padre, tuvo la habilidad de afianzar las conquistas y el prestigio
del reino, más con el talento organizativo y la diplomacia que con la fuerza
de las armas. En el extenso relato que el primer libro de los Reyes dedica a
Salomón, lo que más se destaca es el brillo de su sabiduría, la magnificencia
de sus construcciones –sobre todo la del Templo de Jerusalén– y la abundancia
de sus riquezas, provenientes en gran medida del comercio exterior. Pero la gloria del
reino salomónico llevaba en sí el germen de la ruina. Las construcciones
emprendidas por el rey y el boato de su corte exigían enormes contribuciones
en dinero y mano de obra, que llegaron a ser para el pueblo una carga
insoportable (12. 4). Los privilegios concedidos a Judá hicieron crecer el
descontento entre las tribus del Norte, hasta que al fin, a la muerte de
Salomón, estalló en forma violenta la tensión acumulada durante su brillante
y contradictorio reinado. El matrimonio de Salomóncon la hija del Faraón 3 1
Salomón se emparentó con el Faraón, rey de Egipto: tomó por esposa a la hija
del Faraón y la llevó a El sueño y la súplicade Salomón en Gabaón 2 Crón. 1. 3-13 4 El rey fue a Gabaón para ofrecer sacrificios allí,
porque ese era el principal lugar alto. Sobre ese altar, Salomón ofreció mil
holocaustos. 5 En Gabaón, el Señor se apareció a Salomón en un
sueño, durante la noche. Dios le dijo: "Pídeme lo que quieras". 6
Salomón respondió: "Tú has tratado a tu servidor David, mi padre, con
gran fidelidad, porque él caminó en tu presencia con lealtad, con justicia y
rectitud de corazón; tú le has atestiguado esta gran fidelidad, dándole un
hijo que hoy está sentado en su trono. 7 Y ahora, Señor, Dios mío, has hecho
reinar a tu servidor en lugar de mi padre David, a mí, que soy apenas un
muchacho y no sé valerme por mí mismo. 8 Tu servidor está en medio de tu
pueblo, el que tú has elegido, un pueblo tan numeroso que no se puede contar
ni calcular. 9 Concede entonces a tu servidor un corazón comprensivo, para
juzgar a tu pueblo, para discernir entre el bien y el mal. De lo contrario,
¿quién sería capaz de juzgar a un pueblo tan grande como el tuyo?". 10 Al Señor le agradó que Salomón le hiciera este
pedido, 11 y Dios le dijo: "Porque tú has pedido esto, y no has pedido
para ti una larga vida, ni riqueza, ni la vida de tus enemigos, sino que has
pedido el discernimiento necesario para juzgar con rectitud, 12 yo voy a
obrar conforme a lo que dices: Te doy un corazón sabio y prudente, de manera
que no ha habido nadie como tú antes de ti, ni habrá nadie como tú después de
ti. 13 Y también te doy aquello que no has pedido: tanta riqueza y gloria que
no habrá nadie como tú entre los reyes, durante toda tu vida. 14 Y si vas por
mis caminos, observando mis preceptos y mis mandamientos, como lo hizo tu
padre David, también te daré larga vida". 15 Salomón se despertó, y comprendió que había
tenido un sueño. Luego regresó a Jerusalén y se presentó ante el Arca de La sabiduría de Salomón para juzgar 16 Una vez, dos prostitutas fueron a presentarse
ante el rey. 17 Una de las mujeres le dijo: "¡Por favor, señor mío! Yo y
esta mujer vivimos en la misma casa, y yo di a luz estando con ella en la
casa. 18 Tres días después de mi parto, dio a luz también ella. Estábamos
juntas; no había ningún extraño con nosotras en la casa, fuera de nosotras
dos. 19 Pero una noche murió el hijo de esta mujer, porque ella se recostó
encima de él. 20 Entonces se levantó en medio de la noche, tomó de mi lado a
mi hijo mientras tu servidora dormía, y lo acostó sobre su pecho; a su hijo
muerto, en cambio, lo acostó en mi regazo. 23 El rey dijo: "Esta mujer afirma: ‘Mi hijo es
este, el que está vivo; el que está muerto es el tuyo’. Esta otra dice: ‘No,
tu hijo es el muerto; el que está vivo es el mío’". 24 Y en seguida
añadió: "Tráiganme una espada". Le presentaron la espada, 25 y el
rey ordenó: "Partan en dos al niño vivo, y entreguen una mitad a una y
otra mitad a la otra". 26 Entonces la mujer cuyo hijo vivía se dirigió
al rey, porque se le conmovieron las entrañas por su hijo, y exclamó:
"¡Por favor, señor mío! ¡Denle a ella el niño vivo, no lo maten!".
La otra, en cambio, decía: "¡No será ni para mí ni para ti! ¡Que lo
dividan!". 27 Pero el rey tomó la palabra y dijo: "Entréguenle el
niño vivo a la primera mujer, no lo maten: ¡ella es su madre!". 28 Todo Israel oyó hablar de la sentencia que había
pronunciado el rey; y sintieron por él un gran respeto, porque vieron que
había en él una sabiduría divina para hacer justicia. Los principales funcionariosde Salomón 4 1 El rey
Salomón reinó sobre todo Israel. 2 Y estos eran sus ministros: Azarías, hijo de Sadoc, sacerdote; 3 Elijoref y Ajías, hijos de Sisá, secretarios; Josafat, hijo de Ajilud, archivista; 4 Benaías, hijo de Iehoiadá, jefe del ejército; Sadoc y Ebiatar, sacerdotes; 5 Azarías, hijo de Natán, jefe de los prefectos; Zabud, hijo de Natán, familiar del rey; 6 Ajisar, mayordomo de palacio; Adonirám, hijo de Abdá, encargado de las
prestaciones de servicio. Los prefectos de Salomón 7 Salomón tenía doce prefectos distribuidos por todo
Israel. Ellos abastecían al rey y a su casa, un mes por año cada uno. 8 Sus
nombres eran estos: el hijo de Jur, en la montaña de Efraím; 9 el hijo de Déquer, en Macás, Saalbím, Bet Semes y
Elón, hasta Bet Janán; 10 el hijo de Jésed, en Arubot; él tenía a su cargo
Soco y toda la región de Jéfer; 11 el hijo de Abinadab, en todas las alturas de Dor;
Tafat, hija de Salomón, era su esposa; 12 Baaná, hijo de Ajilud, en Taanac y Meguido, y en
todo Bet Seán, que está al lado de Sartán por debajo de Izreel, desde Bet
Seán hasta Abel Mejolá, más allá de Iocmeám; 13 el hijo de Guéber, en Ramot de Galaad; él tenía a
su cargo los campamentos de Iaír, hijo de Manasés, que están en Galaad, y
también el distrito de Argob, que está en Basán: sesenta grandes ciudades,
amuralladas y con cerrojos de bronce; 14 Ajinadab, hijo de Idó, en Majanaim; 15 Ajimaás, en Neftalí; también este se había casado
con una hija de Salomón, llamada Basmat; 16 Baaná, hijo de Jusai, en Aser y en Bealot; 17 Josafat, hijo de Paruá, en Isacar; 18 Simei, hijo de Elá, en Benjamín; 19 Guéber, hijo de Urí, en la región de Galaad, el
país de Sijón, rey de los amorreos, y de Og, rey de Basán. Él tenía además un prefecto en el país de Judá. La magnificencia de Salomón 20 Judá e Israel eran tan numerosos como la arena
que está a la orilla del mar; todos comían, bebían y vivían felices. 5 1
Salomón dominaba sobre todos los reinos, desde el Río hasta el país de los
filisteos y hasta la frontera de Egipto. Ellos pagaban un tributo y
estuvieron sometidos a Salomón durante toda su vida. 2 Los víveres que Salomón recibía cada día eran estos:
treinta barriles de harina de la mejor calidad y sesenta de harina común; 3
diez bueyes cebados, veinte bueyes de pastoreo y cien reses de ganado menor,
sin contar los ciervos, las gacelas, los antílopes y las aves de corral. 4 Él dominaba sobre toda la región comprendida entre
el Éufrates y el Mar, desde Tifsá hasta Gaza, sobre todos los reyes que
estaban más acá del Éufrates, y gozó de paz en todas sus fronteras. 5 Judá e
Israel vivieron seguros, cada uno bajo su parra y bajo su higuera, desde Dan
hasta Berseba, durante todos los días de Salomón. 6 Salomón tenía cuatro mil establos para los
caballos de sus carros, y doce mil caballos de montar. 7 Los prefectos, cada
uno en el mes que le correspondía, abastecían al rey Salomón y a todos
aquellos que eran recibidos en su mesa, sin dejar faltar nada. 8 En cuanto a
la cebada y al forraje para los caballos y los animales de tiro, lo llevaban
al lugar donde se encontraba el rey, cada uno según la consigna recibida. La sabiduría y el renombre de Salomón 9 Dios concedió a Salomón una sabiduría y una
inteligencia extremadamente grandes, y tanta amplitud de espíritu cuanta
arena hay en las playas del mar. 10 La sabiduría de Salomón superaba la de
todos los Orientales y toda la sabiduría de Egipto. 11 Él fue el más sabio de
los hombres, más sabio que Etán, el ezrajita, más que Hemán, Calcol y Dardá,
los hijos de Majol. Su renombre se extendía por todas las naciones vecinas.
12 Pronunció tres mil máximas, y sus poemas fueron mil cinco. 13 Trató acerca
de las plantas, tanto del cedro del Líbano como del hisopo que crece en los
muros; también trató acerca de los cuadrúpedos, de los pájaros, de los
reptiles y de los peces. 14 De todos los pueblos, y de parte de todos los
reyes de la tierra que habían oído hablar de la sabiduría del rey Salomón,
acudía gente para escuchar su sabiduría. La alianza con el rey de Tiropara la construcción
del templo 2 Crón. 2. 2-15 15 Jirám, rey de Tiro, envió una embajada a Salomón,
porque se enteró de que lo habían ungido rey en lugar de su padre David, y él
había sido siempre amigo de David. 16 Entonces Salomón mandó a decir a Jirám:
17 "Tú sabes bien que mi padre David no pudo construir una Casa para el
Nombre del Señor, su Dios, a causa de las guerras en que se vio envuelto,
hasta que el Señor puso a todos sus enemigos bajo la planta de sus pies. 18
Pero ahora el Señor, mi Dios, me ha dado la paz en todas mis fronteras: ya no
hay adversarios ni contratiempos. 19 Por eso he pensado edificar una Casa
para el Nombre del Señor, mi Dios, conforme a lo que dijo el Señor a mi padre
David: ‘Tu hijo, el que yo pondré sobre tu trono en lugar de ti, será el que
construirá 21 Cuando Jirám oyó las palabras de Salomón, sintió
una gran alegría y exclamó: "¡Bendito sea hoy el Señor, que ha dado a
David un hijo sabio, para que esté al frente de ese pueblo tan
numeroso!". 22 Luego Jirám mandó decir a Salomón: "He recibido tu
mensaje. En lo que a mí respecta, haré todo lo que deseas, enviando madera de
cedro y de ciprés. 23 Mis servidores bajarán los troncos desde el Líbano
hasta el Mar, y yo haré con ellos balsas para transportarlos por mar hasta el
lugar que tú me indiques; allí haré desatar los troncos, y tú los recogerás.
Tú, por tu parte, cumplirás mi deseo proveyendo de víveres a mi casa". 24 Jirám entregaba a Salomón toda la madera de cedro
y de ciprés que él quería, 25 y Salomón le dio a Jirám veinte mil barriles de
trigo para la manutención de su casa, más veinte mil cántaros de aceite puro
de oliva. Esto era lo que Salomón entregaba a Jirám anualmente. 26 El Señor
dio sabiduría a Salomón, tal como se lo había prometido. Jirám y Salomón
vivieron en perfecta armonía, y entre los dos concluyeron un pacto. El reclutamiento de los trabajadores 2 Crón. 2. 1, 16-17 27 El rey Salomón hizo un reclutamiento de obreros
en todo Israel: los reclutados fueron treinta mil. 28 Luego los envió al
Líbano por turnos, dos mil por mes. Así estaban un mes en el Líbano y dos
meses en su casa. Adonirám era el encargado del reclutamiento. 29 Salomón tenía además setenta mil hombres que
transportaban las cargas, y ochenta mil canteros en la montaña, 30 aparte de
los capataces puestos por Salomón para supervisar los trabajos: eran tres mil
trescientos hombres, que dirigían a los que ejecutaban los trabajos. 31 El rey mandó extraer grandes bloques de piedras,
bien seleccionadas, para poner con piedras talladas los cimientos de La construcción del Templo 2 Crón. 3. 1-9 6 1
Cuatrocientos ochenta años después que los israelitas salieron del país de
Egipto, en el cuarto año del reinado de Salomón sobre Israel, en el mes de
Ziv –que es el segundo mes– Salomón comenzó a construir 11 La palabra del Señor llegó a Salomón en estos
términos: 12 "En atención a esta Casa que estás construyendo, si tú
caminas según mis preceptos, si practicas mis leyes y observas mis
mandamientos, obrando de acuerdo con ellos, yo cumpliré mi palabra acerca de
ti, la que dije a tu padre David: 13 habitaré en medio de los israelitas y no
abandonaré a mi pueblo Israel". 14 Cuando Salomón terminó de construir 17 |