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Caminando con Jesús Pedro Sergio Antonio Donoso Brant Edición especial comentada para ayudar a
comprender mejor las Sagradas Escrituras |
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El profeta Elías y la muerte de
Ocozías 1 1 Después de la muerte de Ajab, Moab se sublevó contra
Israel. 2 Ocozías se cayó por el balcón del piso alto de su casa, en Samaría,
y quedó malherido. Entonces envió unos mensajeros con este encargo: “Vayan a
consultar a Baal Zebub, el dios de Ecrón, si me repondré de mis heridas”. 3
Pero el Ángel del Señor dijo a Elías, el tisbita: “Sube al encuentro de los
mensajeros del rey de Samaría, y diles: ¿Acaso no hay Dios en Israel, para
que ustedes vayan a consultar a Baal Zebub, el dios de Ecrón? 4 Por eso, así
habla el Señor: No te levantarás del lecho en el que te has acostado, porque
morirás irremediablemente”. Y Elías se fue. 5 Los mensajeros regresaron, y el
rey les preguntó: “¿Cómo es que están de vuelta?”. 6 Ellos le dijeron: “Un
hombre nos salió al encuentro y nos dijo: Vuelvan a ver al rey que los ha
enviado y díganle: Así habla el Señor: ¿Acaso no hay Dios en Israel, para que
tú mandes a consultar a Baal Zebub, el dios de Ecrón? Por eso, no te
levantarás del lecho en el que te has acostado, porque morirás
irremediablemente”. 7 El rey les preguntó: “¿Cómo era el hombre que subió al
encuentro de ustedes y les dijo esas palabras?”. 8 Ellos le respondieron:
“Era un hombre con un manto de piel y con un cinturón de cuero ajustado a la
cintura”. Entonces el rey exclamó: “¡Es Elías, el tisbita!”. 9 El rey envió a un oficial con sus
cincuenta hombres para buscar a Elías. Cuando él subió a buscarlo, lo
encontró sentado en la cumbre de la montaña, y le dijo: “Hombre de Dios, el
rey ha dicho que bajes”. 10 Elías respondió al oficial: “Si yo soy un hombre
de Dios, que baje fuego del cielo y te devore, a ti y a tus cincuenta
hombres”. Y bajó fuego del cielo y lo devoró, a él y a sus cincuenta hombres. 11 El rey le volvió a enviar otro
oficial con sus cincuenta hombres. Este tomó la palabra y dijo a Elías: “Hombre
de Dios, así habla el rey: Baja en seguida”. 12 Elías le respondió: “Si yo
soy un hombre de Dios, que baje fuego del cielo y te devore, a ti y a tus
cincuenta hombres”. Y bajó fuego del cielo y lo devoró, a él y a sus
cincuenta hombres. 13 El rey volvió a enviar a un
tercer oficial con sus cincuenta hombres. El tercer oficial subió y, al
llegar, se puso de rodillas frente a Elías y le suplicó, diciendo: “Hombre de
Dios, por favor, que mi vida y la vida de estos cincuenta servidores tuyos
tengan algún valor a tus ojos. 14 Ya ha bajado fuego del cielo y ha devorado
a los dos oficiales anteriores con sus cincuenta hombres. Pero ahora, ¡que mi
vida tenga algún valor a tus ojos!”. 15 El Ángel del Señor dijo a Elías:
“Baja con él, no le temas”. Elías se levantó, bajó con él a presentarse ante
el rey, 16 y le dijo: “Así habla el Señor: Por haber enviado mensajeros a
consultar a Baal Zebub, el dios de Ecrón, como si no hubiera Dios en Israel
para consultar su palabra, por eso, no te levantarás del lecho donde te has
acostado: morirás irremediablemente”. 17 El rey murió, conforme a la
palabra del Señor que había pronunciado Elías. En lugar de él reinó su
hermano Jorám, en el segundo año de Jorám, hijo de Josafat, rey de Judá;
porque Ocozías no tenía hijos. 18 El resto de los hechos de Ocozías, lo que
él hizo, ¿no está escrito en el libro de los Anales de los reyes de Israel? EL CICLO DE ELISEO A
diferencia de Elías, el profeta intransigente y solitario, Eliseo vive en estrecho
contacto con las comunidades proféticas que solían encontrarse en las
inmediaciones de los santuarios israelitas. En el ciclo que relata su
actividad, pueden distinguirse fácilmente dos series de narraciones, de
índole bastante diversa. La primera reúne un conjunto de relatos breves, de
carácter más bien anecdótico y popular, en los que predomina el gusto por lo
maravilloso. Eliseo aparece como un taumaturgo dotado de extraordinarios
poderes sobrenaturales, que le permiten realizar toda clase de milagros en
favor de los pobres y necesitados. La
otra serie de relatos presenta a este profeta plenamente comprometido con la
vida política de Israel. Como ferviente patriota, él defiende la causa de su
pueblo contra las naciones enemigas, aconseja a los reyes, los acompaña en
sus guerras y preanuncia sus victorias. En su ardiente celo religioso llega
incluso a apoyar la sangrienta rebelión de Jehú contra la dinastía reinante,
demasiado complaciente con el paganismo cananeo. Así, a través de Eliseo, el
movimiento profético sigue luchando por mantener incontaminada la fe de
Israel. elías
y eliseo Elías arrebatado al cielo 2 1 Esto es lo que sucedió cuando el Señor arrebató a
Elías y lo hizo subir al cielo en el torbellino. Elías y Eliseo partieron de Guilgal,
2 y Elías dijo a Eliseo: “Quédate aquí, porque el Señor me ha enviado hasta
Betel”. Pero Eliseo respondió: “Juro por la vida del Señor y por tu propia
vida que no te dejaré”. Y bajaron a Betel. 3 La comunidad de profetas que
había en Betel salió a recibir a Eliseo, y le dijeron: “¿Sabes que hoy el
Señor va a arrebatar a tu maestro por encima de tu cabeza?”. Él respondió:
“Claro que lo sé; ¡no digan nada!”. 4 Elías le dijo: “Quédate aquí,
Eliseo, porque el Señor me ha enviado a Jericó”. Pero él respondió: “Juro por
la vida del Señor y por tu propia vida que no te dejaré”. Y llegaron a
Jericó. 5 La comunidad de profetas que había en Jericó se acercó a Eliseo y
le dijeron: “¿Sabes que hoy el Señor va a arrebatar a tu maestro por encima
de tu cabeza?”. Él respondió: “Claro que lo sé; ¡no digan nada!”. 6 Elías le dijo: “Quédate aquí,
porque el Señor me ha enviado al Jordán”. Pero Eliseo respondió: “Juro por la
vida del Señor y por tu propia vida que no te dejaré”. Y se fueron los dos. 7 Cincuenta hombres de la comunidad
de profetas fueron y se pararon enfrente, a una cierta distancia, mientras
los dos estaban de pie a la orilla del Jordán. 8 Elías se quitó el manto, lo
enrolló y golpeó las aguas. Estas se dividieron hacia uno y otro lado, y así
pasaron los dos por el suelo seco. 9 Cuando cruzaban, Elías dijo a Eliseo:
“Pide lo que quieres que haga por ti antes de que sea separado de tu lado”.
Eliseo respondió: “¡Ah, si pudiera recibir las dos terceras partes de tu
espíritu!”. 10 “¡No es nada fácil lo que pides!, dijo Elías; si me ves cuando
yo sea separado de tu lado, lo obtendrás; de lo contrario, no será así”. 11 Y
mientras iban conversando por el camino, un carro de fuego, con caballos
también de fuego, los separó a uno del otro, y Elías subió al cielo en el torbellino.
12 Al ver esto, Eliseo gritó: “¡Padre mío! ¡Padre mío! ¡Carro de Israel y su
caballería!”. Y cuando no lo vio más, tomó sus vestiduras y las rasgó en dos
pedazos. 13 Luego recogió el manto que se le había caído a Elías de encima,
se volvió y se detuvo al borde del Jordán. Eliseo sucede a Elías 14 Después, con el manto que se le
había caído a Elías, golpeó las aguas, pero estas no se dividieron. Entonces
dijo: “¿Dónde está el Señor, el Dios de Elías?”. El golpeó otra vez las
aguas; estas se dividieron hacia uno y otro lado, y Eliseo cruzó. 15 El grupo
de profetas de Jericó, que lo habían visto de enfrente, dijeron: “¡El
espíritu de Elías se ha posado sobre Eliseo!”. En seguida fueron a su
encuentro, se postraron hasta el suelo delante de él, 16 y le dijeron: “Hay
aquí, entre tus servidores, cincuenta hombres valientes. Deja que vayan a
buscar a tu señor; tal vez el espíritu del Señor se lo llevó y lo arrojó
sobre alguna montaña o en algún valle”. Él replicó: “No envíen a nadie”. 17
Pero ellos lo presionaron tanto, que terminó por decir: “¡Envíenlos de una
vez!”. Así enviaron a cincuenta hombres, que lo buscaron durante tres días,
pero no lo encontraron. 18 Cuando regresaron junto a Eliseo, que se había
quedado en Jericó, él les dijo: “¿No les había dicho que no fueran?”. Dos milagros de Eliseo 19 La gente de la ciudad dijo a
Eliseo: “El sitio donde está emplazada la ciudad es bueno, como mi señor
puede ver; pero el agua es malsana y la tierra, estéril”. 20 Eliseo dijo:
“Tráiganme un plato nuevo y pongan en él un poco de sal”. Cuando se lo
trajeron, 21 Eliseo se dirigió al manantial y echó allí la sal, diciendo:
“Así habla el Señor: Yo saneo estas aguas; ya no saldrá de aquí muerte ni
esterilidad”. 22 Y las aguas quedaron saneadas hasta el día de hoy, conforme
a la palabra pronunciada por Eliseo. 23 Desde allí subió a Betel.
Mientras iba subiendo por el camino, unos muchachos salieron de la ciudad y
se burlaban de él, diciendo: “¡Sube, calvo! ¡Sube, calvo!”. 24 Él se dio
vuelta, los vio y los maldijo en nombre del Señor. Entonces salieron del
bosque dos osos, que despedazaron a cuarenta y dos de esos jóvenes. 25 Desde
allí se dirigió al monte Carmelo, y luego volvió a Samaría. la guerra con moab El reinado de Jorám en Israel
(852-841) 3 1 Jorám, hijo de Ajab, comenzó a reinar sobre
Israel, en Samaría, el decimoctavo año de Josafat, rey de Judá, y reinó doce
años. 2 Él hizo lo que es malo a los ojos del Señor, aunque no tanto como su
padre y su madre, ya que retiró la piedra sagrada de Baal que había erigido su
padre. 3 Sin embargo, persistió en el pecado que Jeroboám, hijo de Nebat,
había hecho cometer a Israel, y no se apartó de él. La expedición de Jorámcontra Mesa,
rey de Moab 4 Mesa, rey de Moab, era criador de
rebaños, y pagaba como tributo al rey de Israel cien mil corderos y cien mil
carneros lanudos. 5 Pero al morir Ajab, el rey de Moab se sublevó contra el
rey de Israel. 6 Aquel día, el rey Jorám salió de Samaría y pasó revista a
todo Israel. 7 Luego partió y mandó decir a Josafat, rey de Judá: “El rey de
Moab se ha sublevado contra mí; ¿quieres venir conmigo a combatir contra
Moab?”. Josafat respondió: “Sí, subiré; cuenta conmigo como contigo mismo,
con mi gente como con la tuya, con mis caballos como con los tuyos”. 8 Además
preguntó: “¿Por qué camino subiremos?”. “Por el camino del desierto de Moab”,
respondió Jorám. 9 El rey de Israel, el rey de Judá
y el rey de Edóm se pusieron en campaña; pero después de siete días de
marcha, faltó el agua para la tropa y para los animales de carga que iban
detrás. 10 Entonces el rey de Israel exclamó: “¡Ay, el Señor ha convocado a
estos tres reyes para entregarlos en manos de Moab!”. 11 Josafat, por su
parte, preguntó: “¿No hay aquí un profeta del Señor, para que podamos
consultar al Señor?”. Uno de los servidores del rey de Israel tomó la palabra
y dijo: “Aquí está Eliseo, hijo de Safat, el que derramaba agua sobre las
manos de Elías”. 12 Y Josafat afirmó: “La palabra del Señor está con él”. El rey de Israel, el rey de Judá y el
rey de Edóm bajaron hacia donde estaba Eliseo, 13 pero este dijo al rey de
Israel: “¿Qué tengo que ver yo contigo? Recurre a los profetas de tu padre y
a los profetas de tu madre”. “De ninguna manera, dijo el rey de Israel,
porque el Señor ha convocado a estos tres reyes para entregarlos en manos de
Moab”. 14 Eliseo respondió: “¡Por la vida del Señor de los ejércitos, a quien
sirvo! Si no fuera por consideración a Josafat, rey de Judá, no te tendría en
cuenta y ni siquiera te miraría. 15 Pero ahora, tráiganme un músico”. Y
mientras el músico pulsaba las cuerdas, la mano del Señor se posó sobre
Eliseo, 16 y él dijo: “Así habla el Señor: Abran zanjas y más zanjas en esta
quebrada, 17 porque así habla el Señor: Ustedes no verán viento ni verán
lluvia, pero esta quebrada se llenará de agua, para que beban ustedes, su
ganado y sus bestias de carga. 18 Y como esto es demasiado poco a los ojos
del Señor, él entregará a Moab en manos de ustedes. 19 Derrotarán todas las
plazas fuertes y todas las ciudades importantes; talarán los mejores árboles,
cegarán todas las fuentes de agua y arruinarán todos los campos fértiles,
cubriéndolos de piedras”. 20 En efecto, a la mañana siguiente, a la hora de
la ofrenda, vino una correntada por el lado de Edóm y se inundó de agua toda
la región. 21 Mientras tanto, todos los
moabitas, al oír que los reyes subían a combatir contra ellos, se habían
movilizado –desde los que estaban en edad de ceñir las armas en adelante– y
se habían apostado en la frontera. 24 Pero cuando llegaron al
campamento de Israel, surgieron los israelitas y derrotaron a Moab, que huyó
delante de ellos. Luego siguieron avanzando y derrotando a Moab: 25
demolieron las ciudades y cada uno arrojó su piedra en los campos fértiles,
hasta llenarlos de ellas; cegaron todas las fuentes de agua y talaron los
mejores árboles. Al fin, cuando ya no quedó más que Quir Jaréset, los
honderos la cercaron y la atacaron. 26 El rey de Moab, al ver que la guerra
estaba perdida para él, reunió a setecientos hombres armados de espada, para
abrirse una brecha hacia el rey de Edóm; pero fracasó. 27 Entonces tomó a su
hijo primogénito, el que debía reinar después de él, y lo ofreció en
holocausto sobre la muralla. Y se desencadenó una ira tan grande contra
Israel, que debieron retirarse de allí y volver a su país. algunos
milagros de eliseo El aceite de la viuda 4 1 La mujer de uno de la comunidad de profetas
imploró a Eliseo, diciendo: “Tu servidor, mi marido, ha muerto, y tú sabes
que era un hombre temeroso del Señor. Pero ahora ha venido un acreedor para
llevarse a mis dos hijos como esclavos”. 2 Eliseo le dijo: “¿Qué puedo hacer
por ti? Dime qué tienes en tu casa”. Ella le respondió: “Tu servidora no
tiene en su casa nada más que un frasco de aceite”. 3 Eliseo le dijo: “Ve y
pide prestados a todos tus vecinos unos recipientes vacíos; cuántos más sean,
mejor. 4 Luego entra y enciérrate con tus hijos; echa el aceite en todos esos
recipientes, y cuando estén llenos, colócalos aparte”. 5 Ella se fue y se
encerró con sus hijos; estos le presentaban los recipientes, y ella los iba
llenando. 6 Cuando todos estuvieron llenos, ella dijo a su hijo: “Alcánzame
otro recipiente”. Pero él respondió: “Ya no quedan más”. Entonces dejó de
correr el aceite. 7 Ella fue a informar al hombre de Dios, y este le dijo:
“Ve a vender el aceite y paga la deuda; después, tú y tus hijos podrán vivir
con el resto”. El hijo de la mujer de Sunám 8 Un día, Eliseo pasó por Sunám.
Había allí una mujer pudiente, que le insistió para que se quedara a comer. Desde
entonces, cada vez que pasaba, él iba a comer allí. 9 Ella dijo a su marido:
“Mira, me he dado cuenta de que ese que pasa siempre por nuestra casa es un
santo hombre de Dios. 10 Vamos a construirle una pequeña habitación en la
terraza; le pondremos allí una cama, una mesa, una silla y una lámpara, y
así, cuando él venga, tendrá donde alojarse”. 11 Un día Eliseo llegó por allí, se
retiró a la habitación de arriba y se acostó. 12 Después dijo a Guejazí, su
servidor: “Llama a esa buena sunamita”. El servidor la llamó, y ella se
presentó ante él. 13 Eliseo dijo entonces a Guejazí: “Dile: Realmente tú te
has desvivido por nosotros; ¿qué se puede hacer por ti? ¿Necesitas una
recomendación para el rey o el jefe del ejército?”. Ella respondió: “Me
siento muy bien donde estoy, en medio de mi gente”. 14 Pero Eliseo insistió:
“Entonces, ¿qué se puede hacer por ella?”. Guejazí respondió:
“Lamentablemente, no tiene un hijo y su marido es viejo”. 15 “Llámala”, dijo
Eliseo. Cuando la llamó, ella se quedó junto a la puerta, 16 y Eliseo le
dijo: “El año próximo, para esta misma época, tendrás un hijo en tus brazos”.
Ella exclamó: “No, señor, por favor; tú eres un hombre de Dios, no engañes a
tu servidora”. 17 Pero la mujer concibió, y dio a luz un hijo al año
siguiente, para esa misma época, como se lo había dicho Eliseo. 18 El niño creció. Y un día en que
había ido a ver a su padre, que estaba con los segadores, 19 le dijo: “¡Ay,
mi cabeza! ¡Ay, mi cabeza!”. El padre dijo al servidor: “Llévaselo a su
madre”. 20 Él lo tomó y se lo llevó a su madre. El niño estuvo en la falda de
su madre hasta el mediodía y luego murió. 21 Entonces ella subió, lo acostó
en la cama del hombre de Dios, cerró la puerta y salió. 22 Después mandó
llamar a su marido y le dijo: “Envíame, por favor, a uno de los servidores
con un asna; voy corriendo a ver al hombre de Dios, y en seguida vuelvo”. 23
Él le preguntó: “¿Por qué vas a verlo hoy, si no es día de luna nueva ni
sábado?”. Pero ella le dijo: “No te preocupes”. 24 Luego hizo ensillar el
asna y dijo a su servidor: “Toma la rienda y camina. No me detengas por el
camino, a no ser que yo te lo diga”. 25 Así partió y llegó adonde estaba el
hombre de Dios, en el monte Carmelo. Cuando el hombre de Dios la divisó
a lo lejos, dijo a Guejazí, su servidor: “Ahí viene nuestra sunamita. 26
Corre a su encuentro y dile: ¿Cómo estás? ¿Cómo están tu marido y tu hijo?”.
Ella respondió: “Todos bien”. 27 Y al llegar junto al hombre de Dios, en la
montaña, se abrazó a sus pies. Guejazí se acercó para apartarla, pero el
hombre de Dios dijo: “Déjala, porque está muy apenada, y el Señor me lo tuvo
oculto, no me manifestó nada”. 28 Entonces ella dijo: “¿Le pedí yo un hijo a
mi señor? ¿No te dije que no me ilusionaras?”. 29 Eliseo dijo a Guejazí: “Cíñete
el cinturón, toma mi bastón y vete. Si encuentras a alguien por el camino no
lo saludes, y si alguien te saluda no le respondas. Coloca mi bastón sobre el
rostro del muchacho”. 30 Pero la madre replicó: “Juro por la vida del Señor y
por tu propia vida que no te dejaré”. Entonces Eliseo se levantó y fue detrás
de ella. 31 Mientras tanto, Guejazí se les
había adelantado y había puesto el bastón sobre el rostro del muchacho, pero
este no dio señales de vida. Volvió entonces a presentarse ante Eliseo y le
comunicó: “El muchacho no se ha despertado”. 32 Cuando Eliseo llegó a la casa,
vio que el muchacho estaba muerto, tendido sobre su lecho. 33 En seguida
entró, se encerró solo con el muchacho y oró al Señor. 34 Luego subió a la
cama, se acostó sobre el niño y puso su boca, sus ojos y sus manos sobre la
boca, los ojos y las manos del niño; permaneció recostado sobre él y la carne
del niño entró en calor. 35 Se puso a caminar por la casa de un lado a otro,
se levantó y se recostó sobre él hasta siete veces. Entonces el muchacho estornudó
y abrió los ojos. 36 Eliseo llamó a Guejazí y le ordenó: “Llama a la
sunamita”. Cuando la llamó, ella vino y Eliseo le dijo: “Toma a tu hijo”. 37
Ella entró y cayó a los pies de Eliseo con el rostro en tierra. Después
levantó a su hijo y salió. El caldo envenenado 38 Eliseo volvió a Guilgal, cuando
el hambre se hacía sentir en la región. Mientras la comunidad de profetas
estaba sentada delante de él, dijo a su servidor: “Coloca sobre el fuego la olla
grande y prepara un caldo para la comunidad de profetas”. 39 Uno de ellos
salió al campo para recoger algunas hierbas. Encontró una especie de viña
silvestre, de la que recogió los frutos salvajes hasta llenar su manto. Al
volver, los cortó en pedazos y los echó a la olla del caldo, porque nadie
sabía lo que eran. 40 Luego sirvieron la comida a los hombres, pero apenas
probaron el caldo, se pusieron a gritar: “¡La muerte está en esa olla, hombre
de Dios!”. Y no pudieron comer. 41 Eliseo dijo: “Traigan harina”. Él la
arrojó en la olla y agregó: “Sírvele a esta gente, para que coman”. Y ya no
había nada malo en la olla. La multiplicación de los panes 42 Llegó un hombre de Baal Salisá,
trayendo al hombre de Dios pan de los primeros frutos: veinte panes de cebada
y grano recién cortado, en una alforja. Eliseo dijo: “Dáselo a la gente para
que coman”. 43 Pero su servidor respondió: “¿Cómo voy a servir esto a cien
personas?”. “Dáselo a la gente para que coman, replicó él, porque así habla
el Señor: Comerán y sobrará”. 44 El servidor se lo sirvió; todos comieron y
sobró, conforme a la palabra del Señor. La curación de Naamán 5 1 Naamán, general del ejército del rey de Arám, era
un hombre prestigioso y altamente estimado por su señor, porque gracias a él,
el Señor había dado la victoria a Arám. Pero este hombre, guerrero valeroso,
padecía de una enfermedad en la piel. 2 En una de sus incursiones, los
arameos se habían llevado cautiva del país de Israel a una niña, que fue
puesta al servicio de la mujer de Naamán. 3 Ella dijo entonces a su patrona:
“¡Ojalá mi señor se presentara ante el profeta que está en Samaría!
Seguramente, él lo libraría de su enfermedad”. 4 Naamán fue y le contó a su
señor: “La niña del país de Israel ha dicho esto y esto”. 5 El rey de Arám respondió:
“Está bien, ve, y yo enviaré una carta al rey de Israel”. Naamán partió llevando consigo diez
talentos de plata, seis mil siclos de oro y diez trajes de gala, 6 y presentó
al rey de Israel la carta que decía: “Al mismo tiempo que te llega esta carta,
te envío a Naamán, mi servidor, para que lo libres de su enfermedad”. 7
Apenas el rey de Israel leyó la carta, rasgó sus vestiduras y dijo: “¿Acaso
yo soy Dios, capaz de hacer morir y vivir, para que este me mande librar a un
hombre de su enfermedad? Fíjense bien y verán que él está buscando un
pretexto contra mí”. 8 Cuando Eliseo, el hombre de Dios,
oyó que el rey de Israel había rasgado sus vestiduras, mandó a decir al rey:
“¿Por qué has rasgado tus vestiduras? Que él venga a mí y sabrá que hay un
profeta en Israel”. 9 Naamán llegó entonces con sus caballos y su carruaje, y
se detuvo a la puerta de la casa de Eliseo. 10 Eliseo mandó un mensajero para
que le dijera: “Ve a bañarte siete veces en el Jordán; tu carne se
restablecerá y quedarás limpio”. 11 Pero Naamán, muy irritado, se fue
diciendo: “Yo me había imaginado que saldría él personalmente, se pondría de
pie e invocaría el nombre del Señor, su Dios; luego pasaría su mano sobre la
parte afectada y curaría al enfermo de la piel. 12 ¿Acaso los ríos de
Damasco, el Abaná y el Parpar, no valen más que todas las aguas de Israel?
¿No podía yo bañarme en ellos y quedar limpio?”. Y dando media vuelta, se fue
muy enojado. 13 Pero sus servidores se acercaron para decirle: “Padre, si el
profeta te hubiera mandado una cosa extraordinaria ¿no la habrías hecho?
¡Cuánto más si él te dice simplemente: Báñate y quedarás limpio!”. 14
Entonces bajó y se sumergió siete veces en el Jordán, conforme a la palabra
del hombre de Dios; así su carne se volvió como la de un muchacho joven y
quedó limpio. 15 Luego volvió con toda su
comitiva adonde estaba el hombre de Dios. Al llegar, se presentó delante de
él y le dijo: “Ahora reconozco que no hay Dios en toda la tierra, a no ser en
Israel. Acepta, te lo ruego, un presente de tu servidor”. 16 Pero Eliseo
replicó: “Por la vida del Señor, a quien sirvo, no aceptaré nada”. Naamán le
insistió para que aceptara, pero él se negó. 17 Naamán dijo entonces: “De
acuerdo; pero permite al menos que le den a tu servidor un poco de esta tierra,
la carga de dos mulas, porque tu servidor no ofrecerá holocaustos ni
sacrificios a otros dioses, fuera del Señor. 18 Y que el Señor perdone a tu
servidor este gesto: cuando mi señor entra en el templo de Rimón para
postrarse y se apoya en mi brazo, yo también me postro en el templo de Rimón.
Así, cuando yo me postre en el templo de Rimón, que el Señor se digne
perdonar este gesto a tu servidor”. 19 Eliseo le respondió: “Vete en paz”. La codicia de Guejazí Después que Naamán se alejó a una
cierta distancia de Eliseo, 20 Guejazí, servidor de Eliseo, el hombre de
Dios, pensó: “Mi señor se ha mostrado demasiado desprendido con ese arameo
Naamán, al rehusar los presentes que había traído. Por la vida del Señor, voy
a correr detrás de él a ver si le saco alguna cosa”. 21 Guejazí se lanzó
detrás de Naamán, y cuando este vio que corría detrás de él, salió de su
carruaje para ir a su encuentro y le dijo: “¿Pasa algo?”. 22 “No, respondió
él; pero mi señor te manda decir: Hace apenas un momento vinieron a verme dos
muchachos de la montaña de Efraím, de la comunidad de profetas. Te ruego que
me des para ellos un talento de plata y dos mudas de ropa”. 23 Naamán dijo:
“Toma más bien dos talentos”. Y le insistió hasta que metió en dos bolsas dos
talentos de plata y dos mudas de ropa, que entregó a sus servidores para que
los llevaran delante de Guejazí. 24 Al llegar a Ofel, Guejazí recogió todo y
lo depositó en su casa. Luego despidió a los dos hombres, y ellos se fueron. 25 Cuando fue a presentarse ante su
señor, Eliseo le dijo: “¿De dónde vienes, Guejazí?”. Él respondió: “Tu
servidor no fue a ninguna parte”. 26 Pero Eliseo le replicó: “¿No estaba allí
mi espíritu cuando un hombre descendió de su carruaje para ir a tu encuentro?
Y ahora que has conseguido esa plata, podrás obtener jardines, olivares y
viñas, ovejas y vacas, esclavos y esclavas. 27 Pero la lepra de Naamán se te
pegará a ti y a tu descendencia para siempre”. Cuando Guejazí se retiró de su
presencia, estaba leproso, blanco como la nieve. El hacha hundida en el río 6 1 La comunidad de profetas dijo a Eliseo: “La sala
donde nos reunimos a escucharte es demasiado estrecha para nosotros. 2
Vayamos hasta el Jordán; allí tomaremos cada uno un poste y haremos una sala
donde podremos sentarnos”. Él respondió: “Vayan”. 3 Pero uno de ellos dijo:
“Por favor, accede a venir con tus servidores”. “Iré”, respondió él, 4 y se
fue con ellos. Cuando llegaron al Jordán, se pusieron a cortar los árboles. 5
Pero a uno de ellos, al derribar un poste, se le cayó el hacha al agua.
Entonces lanzó un grito, diciendo: “¡Ay, mi señor, el hacha era prestada!”. 6
El hombre de Dios dijo: “¿Dónde cayó?”. Él le mostró el lugar, y Eliseo
partió un pedazo de madera; lo arrojó allí, y el hacha salió a flote. 7 Luego
dijo: “Levántala”. El discípulo extendió la mano y la recogió. las
guerras arameas El enceguecimientode las tropas de
los arameos 8 El rey de Arám estaba en guerra
con Israel. Cuando él se reunía en consejo con sus oficiales y decía:
“Acamparé en tal o cual lugar”, 9 el hombre de Dios mandaba decir al rey de
Israel: “Cuidado con pasar por tal lugar, porque allí han bajado los
arameos”. 10 Entonces el rey de Israel enviaba algunos hombres al lugar que
le había dicho el hombre de Dios. Eliseo le avisaba, y él tomaba las
precauciones debidas. Esto sucedió más de una vez. 11 El rey de Arám se alarmó ante
este hecho. Llamó a sus oficiales y les dijo: “Es preciso que me informen
quién de entre nosotros está a favor del rey de Israel”. 12 Pero uno de los
oficiales le respondió: “No, majestad; Eliseo, el profeta de Israel, es el
que comunica al rey de Israel las palabras que tú pronuncias aun en tu
dormitorio”. 13 El rey dijo: “Vayan y vean dónde está, y yo mandaré a
detenerlo”. Le informaron que estaba en Dotán, 14 y él envió caballos, carros
de guerra y un fuerte destacamento, que llegaron durante la noche y cercaron
la ciudad. 18 Cuando los arameos descendían
hacia él, Eliseo oró al Señor, diciendo: “¡Por favor, enceguece a esta
gente!”. Y él los encegueció, conforme a la palabra de Eliseo. 19 Entonces
Eliseo les dijo: “No es este el camino ni es esta la ciudad. Síganme y yo los
llevaré hacia donde está el hombre que ustedes buscan”. Y los llevó a
Samaría. 20 Una vez que entraron en la ciudad, Eliseo dijo: “Señor, abre los ojos
de esta gente para que vean”. El Señor les abrió los ojos, y vieron que
estaban dentro de Samaría. 21 El rey de Israel, al verlos,
dijo a Eliseo: “¿Tengo que matarlos, padre mío?”. 22 Él replicó: “No los
mates. ¿Acaso haces morir a todos los que tu espada y tu arco han tomado
prisioneros? Sírveles pan y agua; que coman y beban y después se vayan con su
señor. 23 El rey les hizo servir un gran banquete; ellos comieron y bebieron,
y después los despidió para que se fueran con su señor. Las bandas arameas no volvieron a
incursionar en territorio de Israel. Segundo sitio de Samaría:el hambre
en la ciudad sitiada 24 Un tiempo después, Ben Hadad,
rey de Arám, movilizó todo su ejército y sitió a Samaría. 25 Hubo entonces
mucha hambre en Samaría, y el asedio era tan duro que una cabeza de asno
valía ochenta siclos de plata, y unos puñados de estiércol de paloma, cinco
siclos de plata. 26 Mientras el rey de Israel pasaba
sobre la muralla, una mujer le gritó: “¡Socorro, majestad!”. 27 Él respondió:
“¡No, que te socorra el Señor! ¿Con qué podría socorrerte yo? ¿Con los
productos de la era o del lagar?”. 28 Luego añadió: “¿Qué te pasa?”. Ella
respondió: “Esta mujer me dijo: Trae a tu hijo; lo comeremos hoy, y mañana
comeremos el mío. 29 Entonces cocinamos a mi hijo y lo comimos. Al día
siguiente, yo le dije: Trae a tu hijo para que lo comamos. Pero ella lo había
escondido”. 30 Al oír las palabras de aquella mujer, el rey rasgó sus
vestiduras; y como pasaba sobre el muro, la gente vio el cilicio que llevaba
sobre su carne. 31 El rey dijo: “Que Dios me castigue si Eliseo, hijo de
Safat, queda hoy con la cabeza sobre el cuello”. Anuncio de la liberación de la
ciudad 32 Eliseo estaba sentado en su
casa, y los ancianos estaban sentados con él. El rey le envió a uno de sus hombres;
pero antes que llegara el mensajero, Eliseo dijo a los ancianos: “¿Han visto
que este hijo de asesino envía a un hombre a cortarme la cabeza? Estén
atentos, y cuando llegue el mensajero, empújenlo con la puerta y atránquenla
bien. ¿Acaso no se oyen los pasos de su señor que viene detrás de él?”. 33
Todavía les estaba hablando, cuando llegó el rey y le dijo: “Todo este mal
nos viene del Señor. ¿Qué puedo esperar todavía del Señor?”. 7 1 Eliseo dijo entonces: “Escuchen la palabra del
Señor: Así habla el Señor: Mañana, a esta misma hora, se venderá un balde de
harina de la mejor calidad por un siclo, y dos baldes de cebada por el mismo
precio, en Fin del asedio de Samaría 3 Había cuatro hombres leprosos que
se encontraban a la entrada de 8 Aquellos leprosos llegaron al
extremo del campamento y entraron en una carpa; y después que comieron y
bebieron, se llevaron de allí plata, oro y ropa, y fueron a esconderlos.
Después volvieron, entraron en otra carpa, y se llevaron otras cosas que
también fueron a esconder. 9 Ellos se dijeron unos a otros:
“No está bien lo que estamos haciendo. Este es un día de buenas noticias. Si
nos quedamos callados y aguardamos hasta el amanecer, no nos libraremos de un
castigo. Vayamos mejor ahora mismo a informar a la casa del rey”. 10 Entonces
fueron a llamar a los porteros de la ciudad y les informaron, diciendo:
“Hemos entrado en el campamento de los arameos y no había nadie; no se oía ni
una sola voz humana. Sólo estaban los caballos y los asnos atados, y las
carpas intactas”. 11 Los porteros lanzaron gritos hacia el interior de la
ciudad, y se hizo llegar la noticia a la casa del rey. 12 El rey se levantó de noche y
dijo a sus servidores: “Les voy a explicar lo que han urdido contra nosotros
los arameos. Como ellos saben que estamos hambrientos, han salido del
campamento y se han ocultado en el campo, diciendo: Van a salir de la ciudad;
entonces los capturaremos vivos y entraremos en la ciudad”. 13 Uno de los
oficiales pidió la palabra y dijo: “Tomemos cinco de los caballos que todavía
quedan. A fin de cuentas, si se los deja en la ciudad, les sucederá lo mismo
que a toda la multitud de Israel que ya ha perecido. Los enviaremos y veremos
qué pasa”. 14 Tomaron dos carros con sus caballos, y el rey los envió a
seguir los rastros del campamento arameo, diciendo: “Vayan a ver”. 15 Ellos
siguieron las huellas hasta el Jordán, y vieron diseminados por todo el
camino el material y la ropa que habían arrojado los arameos en su fuga
precipitada. Después, los mensajeros volvieron para informar al rey. 16 El pueblo salió a saquear el
campamento de los arameos, y se tuvo un balde de harina por un siclo, y dos
baldes de cebada por el mismo precio, conforme a la palabra del Señor. 17 El
rey había puesto a vigilar La devolución de los bienes de la
sunamita 8 1 Eliseo dijo a la madre del niño que él había
hecho revivir: “Parte ahora mismo con toda tu familia, y emigra adonde
puedas, porque el Señor ha llamado al hambre, y ya viene al país por siete
años”. 2 La mujer partió e hizo lo que le había dicho el hombre de Dios:
emigró con su familia al país de los filisteos y se quedó allí siete años. 3 Al cabo de siete años, la mujer
volvió del país de los filisteos, y fue a reclamar al rey su casa y su campo.
4 El rey estaba hablando con Guejazí, el servidor del hombre de Dios:
“Cuéntame, le decía, las maravillas que ha hecho Eliseo”. 5 Y mientras le
estaba contando al rey cómo Eliseo había hecho revivir a un muerto, la madre
del niño que él había hecho revivir vino a reclamar al rey su casa y su
campo. Guejazí dijo entonces: “¡Rey, señor mío, esta es la mujer y aquí está
el hijo que Eliseo hizo revivir!”. 6 El rey interrogó a la mujer, y ella le
contó todo. Luego puso a su disposición un eunuco, al que ordenó: “Que se le
restituya todo lo que le pertenece, con todas las rentas del campo, desde el
día en que dejó el país hasta ahora”. La predicción de Eliseoacerca de
Ben Hadad y Jazael 7 Eliseo se dirigió a Damasco. Ben
Hadad, rey de Arám, estaba enfermo. Cuando le avisaron: “El hombre de Dios ha
venido hasta aquí”, 8 el rey dijo a Jazael: “Toma contigo un presente, ve al encuentro
del hombre de Dios, y consulta al Señor por medio de él, a ver si me
restableceré de esta enfermedad”. 9 Jazael fue al encuentro de Eliseo
llevando como presente cuarenta camellos cargados con lo mejor que había en
Damasco. Al llegar, se presentó ante él y le dijo: “Tu hijo Ben Hadad, rey de
Arám, me ha enviado a preguntarte: ¿Me restableceré de esta enfermedad?”. 10
Eliseo respondió: “Ve a decirle: ‘Sí, te restablecerás’; pero el Señor me ha
hecho ver que morirá”. 11 Después fijó la mirada y permaneció así largo rato.
Y el hombre de Dios lloró. 12 Jazael le preguntó: “¿Por qué llora mi señor?”.
“Porque sé el mal que harás a los israelitas, respondió Eliseo; tú
incendiarás sus plazas fuertes, matarás a sus jóvenes con la espada,
estrellarás a sus niños y abrirás el vientre de sus mujeres embarazadas”. 13
Jazael replicó: “Tu servidor no es más que un perro. ¿Cómo va a hacer tales
hazañas?”. Eliseo respondió: “El Señor me ha hecho ver que tú reinarás sobre
Arám”. 14 Él se alejó de Eliseo y fue a
ver a su señor, el cual le dijo: “¿Qué te ha dicho Eliseo?”. Él respondió:
“Me ha dicho que te restablecerás”. 15 Pero a la mañana siguiente tomó una
manta, la empapó en agua y la extendió sobre el rostro del rey, hasta que
murió. Jazael reinó en lugar de él. El reinado de Jorám en Judá
(848-841) 2 Crón. 21. 5-10, 20 16 El quinto año de Jorám, hijo de
Ajab, rey de Israel, inició su reinado Jorám, hijo de Josafat, rey de Judá.
17 Tenía treinta y dos años cuando comenzó a reinar, y reinó ocho años en
Jerusalén. 18 Siguió el camino de los reyes de Israel, conforme a lo que
había hecho la casa de Ajab, porque se había casado con una hija de Ajab; e
hizo lo que es malo a los ojos del Señor. 19 Pero el Señor no quiso destruir
a Judá, a causa de su servidor David, según la promesa que le había hecho de
darles a él y a sus hijos una lámpara para siempre. 20 En ese tiempo, Edóm se rebeló
contra el poder de Judá y se estableció un rey. 21 Jorám partió entonces para
Saír con todos sus carros de guerra. Por la noche, se levantó y derrotó a los
edomitas, que lo tenían cercado a él y a los jefes de los carros; pero las
tropas huyeron a la desbandada. 22 Así se independizó Edóm del poder de Judá,
hasta el día de hoy. En aquel tiempo, también se rebeló Libná. 23 El resto de los hechos de Jorám
y todo lo que él hizo, ¿no está escrito en el libro de los Anales de los
reyes de Judá? 24 Jorám se fue a descansar con sus padres, y fue sepultado
con ellos en El reinado de Ocozías en Judá (841) 2 Crón. 22. 1-6 25 El duodécimo año de Jorám, hijo
de Ajab, rey de Israel, inició su reinado Ocozías, hijo de Jorám, rey de
Judá. 26 Ocozías tenía veintidós años cuando comenzó a reinar, y reinó un año
en Jerusalén. Su madre se llamaba Atalía, y era hija de Omrí, rey de Israel.
27 Siguió el camino de la casa de Ajab e hizo lo que es malo a los ojos del
Señor, como la casa de Ajab, porque estaba emparentado con ella. 28 Él fue con Jorám, hijo de Ajab,
a combatir contra Jazael, rey de Arám, a Ramot de Galaad; pero los arameos
hirieron a Jorám. 29 El rey Jorám volvió a Izreel, para hacerse curar de las
heridas que le habían infligido los arameos en Ramá, cuando combatía contra
Jazael, rey de Arám. Entonces Ocozías, hijo de Jorám, rey de Judá, bajó a
Izreel para visitar a Jorám, hijo de Ajab, que estaba herido. Jehú ungido y proclamadorey de
Israel 9 1 El profeta Eliseo llamó a uno de la comunidad de
profetas y le dijo: “Ajústate el cinturón, toma contigo este frasco de aceite
y ve a Ramot de Galaad. 2 Cuando llegues, busca allí a Jehú, hijo de Josafat,
hijo de Nimsí. Luego entra, sácalo de en medio de sus camaradas y llévalo a
la habitación más retirada. 3 Toma entonces el frasco de aceite, derrámalo
sobre su cabeza y di: Así habla el Señor: Yo te he ungido rey de Israel.
Después, abre la puerta y escapa sin detenerte”. 4 El joven profeta partió en
seguida para Ramot de Galaad. 5 Al llegar, encontró a los jefes del ejército
que estaban reunidos, y dijo: “Tengo un mensaje para ti, jefe”. “¿Para quién
de nosotros?”, preguntó Jehú. Él respondió: “Para ti, jefe”. 6 Jehú se levantó y entró en la
casa. Entonces el joven derramó el aceite sobre su cabeza y le dijo: “Así
habla el Señor, el Dios de Israel: Yo te he ungido rey del pueblo del Señor,
de Israel. 7 Tú acabarás con la familia de Ajab, tu señor, y yo vengaré la
sangre de mis servidores los profetas y la sangre de todos los servidores del
Señor derramada por la mano de Jezabel. 8 Toda la casa de Ajab perecerá:
extirparé de la dinastía de Ajab a todos los varones, sean esclavos o libres
en Israel. 9 Trataré a la casa de Ajab como a la casa de Jeroboám, hijo de
Nebat, y como a la casa de Basá, hijo de Ajías. 10 En cuanto a Jezabel, los
perros la devorarán en la parcela de Izreel, y nadie la sepultará”. En
seguida abrió la puerta y escapó. 11 Cuando Jehú salió a reunirse con
los oficiales de su señor, le preguntaron: “¿Hay alguna novedad? ¿Para qué
vino a verte ese exaltado?”. Él les respondió: “Ustedes conocen a ese hombre
y su cantinela”. 12 Ellos dijeron: “No es cierto. Explícanos qué pasa”.
Entonces él les replicó: “Esto es todo lo que me dijo: Así habla el Señor: Yo
te he ungido rey de Israel”. 13 Inmediatamente, ellos tomaron cada uno su
manto y los tendieron a sus pies, encima de las gradas. Luego tocaron la
trompeta y gritaron: “¡Jehú es rey!”. La rebelión de Jehú: el asesinato
de Jorám, rey de Israel 14 Jehú, hijo de Josafat, hijo de
Nimsí, conspiró contra Jorám. Este, con todo Israel, estaba defendiendo a
Ramot de Galaad contra Jazael, rey de Arám, 15 pero tuvo que volver a Izreel
para hacerse curar de las heridas que le habían infligido los arameos,
mientras combatía contra Jazael, rey de Arám. Jehú dijo: “Si realmente están de
acuerdo, que nadie escape de la ciudad para llevar la noticia a Izreel”. 16
Luego subió a su carro y partió para Izreel, porque allí guardaba cama Jorám,
y Ocozías, rey de Judá, había bajado a visitarlo. 17 El centinela que estaba apostado
en la torre de Izreel, al ver venir la tropa, dijo: “Veo una tropa”. Jorám
ordenó: “Toma un jinete y envíalo a preguntar si todo va bien”. 18 El jinete
partió al encuentro de Jehú y dijo: “Así habla el rey: ¿Va todo bien?”. Jehú
replicó: “¿Qué te importa a ti si todo va bien? Colócate ahí detrás”. El
centinela, mientras tanto, avisó: “El mensajero los alcanzó, pero no
regresa”. 19 El rey envió un segundo jinete, que los alcanzó y dijo: “Así
habla el rey: ¿Va todo bien?”. Jehú replicó: “¿Que te importa a ti si todo va
bien? Colócate ahí detrás”. 20 El centinela volvió a avisar: “Los ha
alcanzado, pero no regresa. Por el modo de conducir, parece Jehú, porque
maneja como un loco”. 21 Jorám ordenó: “¡Enganchen mi
carro!”. Cuando lo engancharon, Jorám, rey de Israel, y Ocozías, rey de Judá,
salieron cada uno en su carro al encuentro de Jehú. Lo encontraron en la
parcela de Nabot de Izreel, 22 y apenas Jorám vio a Jehú, dijo: “¿Te va bien,
Jehú?”. Este respondió: “¿Cómo me va a ir bien, mientras duren las
prostituciones de tu madre Jezabel y sus innumerables brujerías?”. 23 Jorám
volvió las riendas y huyó, diciendo a Ocozías: “¡Traición, Ocozías!”. 24 Pero
Jehú, que había tendido su arco, hirió a Jorám en plena espalda; la flecha le
atravesó el corazón, y él se desplomó en su carro. 25 Entonces Jehú dijo a
Bidcar, su escudero: “Levántalo y arrójalo en la parcela del campo de Nabot
el izreelita. Acuérdate que cuanto tú y yo cabalgábamos a la par, detrás de
su padre Ajab, el Señor pronunció contra él esta sentencia: 26 ¿No he
visto ayer la sangre de Nabot y la
sangre de sus hijos?–oráculo del Señor–. Yo te
daré tu merecido en este
mismo campo–oráculo del Señor–. Ahora, levántalo y arrójalo en esta
parcela, conforme a la palabra del Señor”. El asesinato de Ocozías 2 Crón. 22. 7-9 27 Al ver esto, Ocozías, rey de
Judá, huyó por el camino de Bet Hagán. Jehú se lanzó en persecución de él, y
ordenó: “¡Hiéranlo también a él!”. Lo hirieron sobre su carro, en la cuesta
de Gur, que está cerca de Ibleám, y él huyó a Meguido, donde murió. 28 Sus
servidores lo trasladaron en un carro a Jerusalén, y lo sepultaron en su
tumba, con sus padres, en La muerte de Jezabel 30 Jehú llegó a Izreel. Cuando se
enteró Jezabel, se pintó los ojos, se arregló el cabello y se asomó por la
ventana. 31 En el momento en que Jehú franqueaba la puerta de la ciudad, ella
le dijo: “¿Cómo te va, Zimrí, asesino de su señor?”. 32 Jehú alzó la cabeza
hacia la ventana y exclamó: “¿Quién está conmigo? ¿Quién?”. Dos o tres
eunucos se inclinaron hacia él, 33 y él les dijo: “¡Tírenla abajo!”. Ellos la
tiraron abajo, y su sangre salpicó la pared y a los caballos, que la
pisotearon. 34 Jehú entró, comió y bebió, y luego dijo: “Encárguense de esta
maldita y sepúltenla, porque al fin de cuentas es hija de rey”. 35 Pero
cuando fueron a sepultarla, no encontraron más que el cráneo, los pies y las
manos. 36 Volvieron a comunicárselo a Jehú, y él dijo: “Así se cumple la palabra
que el Señor pronunció por medio de Elías, el tisbita. En la parcela de
Izreel, los perros devorarán la carne de Jezabel; 37 y el cadáver de Jezabel
será como estiércol sobre los campos, de manera que no se podrá decir: Es
Jezabel”. Exterminio de las familias realesde
Israel y de Judá 10 1 Ajab tenía setenta hijos en
Samaría. Jehú escribió unas cartas, y las envió a Samaría, a los jefes de la
ciudad, a los ancianos y a los preceptores de los hijos de Ajab. En ellas
decía: 2 “Ahí tienen con ustedes a los hijos de su señor, y tienen también
los carros, los caballos, una ciudad fortificada y un arsenal. Y bien, apenas
reciban esta carta, 3 vean cuál es el mejor y el más capaz entre los hijos de
su señor, siéntenlo en el trono de su padre y combatan por la familia de su
señor”. 4 Ellos sintieron mucho miedo y
dijeron: “Dos reyes no han podido resistir delante de él, ¿cómo podremos
resistir nosotros?”. 5 Entonces el mayordomo de palacio, el gobernador de la
ciudad, los ancianos y los preceptores mandaron decir a Jehú: “Somos tus
servidores y haremos todo lo que nos digas. No proclamaremos rey a nadie.
Obra como mejor te parezca”. 6 Jehú les escribió una segunda
carta, en la que decía: “Si están de parte mía y aceptan obedecerme, tomen
las cabezas de todos los hijos de su señor y vengan a verme mañana a esta
misma hora, a Izreel”. Ahora bien, los setenta hijos del rey estaban
repartidos entre las personas importantes de la ciudad, que los criaban. 7
Cuando recibieron esta carta, tomaron a los hijos del rey, degollaron a los
setenta, pusieron sus cabezas en unas canastas y se las enviaron a Izreel. 8 Un mensajero fue entonces a
informar a Jehú: “Han traído las cabezas de los hijos del rey”. Él ordenó:
“Expónganlas en dos montones a la entrada de 12 Luego partió y se fue a Samaría.
Cuando iba por el camino, en Bet Equed de los Pastores, 13 Jehú se encontró
con los hermanos de Ocozías, rey de Judá, y dijo: “¿Quiénes son ustedes?”.
“Somos los hermanos de Ocozías, le respondieron, y bajamos a saludar a los
hijos del rey y a los hijos de la reina madre”. 14 Entonces ordenó:
“¡Captúrenlos vivos!”. Los capturaron vivos y los mataron junto al pozo de
Bet Equed. Eran cuarenta y dos, y no quedó ni uno solo. El encuentro de Jehú con Jonadab,
hijo de Recab 15 Jehú partió de allí, y se
encontró con Jonadab, hijo de Recab, que venía a su encuentro. Él lo saludó y
le dijo: “¿Eres tan leal conmigo como yo lo soy contigo?”. Jonadab respondió:
“Así es”. “Si es así, dame la mano”, replicó Jehú. Él se la dio, y Jehú lo
hizo subir a su carro, 16 diciendo: “Ven conmigo y mira el celo que tengo por
el Señor”. Y lo llevó en su carro. 17 Al llegar a Samaría, ultimó allí a
todos los que aún quedaban de la familia de Ajab: los exterminó a todos, conforme
a la palabra que el Señor había dicho a Elías. Exterminio de todos los
servidoresde Baal 18 Jehú reunió luego a todo el
pueblo y le dijo: “Ajab sirvió poco a Baal; Jehú lo servirá mucho más. 19
Ahora, convóquenme a todos los profetas de Baal, a todos sus fieles y a todos
sus sacerdotes. Que no falte nadie, porque voy a ofrecer un gran sacrificio a
Baal. Todo el que falte no sobrevivirá”. Pero Jehú obraba con astucia, a fin
de hacer desaparecer a los fieles de Baal. 20 Luego dijo: “Convoquen a una asamblea
solemne en honor de Baal”. Así lo hicieron, 21 y Jehú envió mensajeros por
todo Israel. Entonces vinieron todos los fieles de Baal, no quedó nadie sin
venir. Entraron en el templo de Baal, y el templo se llenó de bote en bote.
22 Jehú dijo al encargado del vestuario: “Saquen las vestiduras para todos
los fieles de Baal”. Él sacó las vestiduras. 23 Entonces Jehú llegó al templo
de Baal con Jonadab, hijo de Recab, y dijo a los fieles de Baal: “Revisen
bien, y fíjense que no haya aquí ningún servidor del Señor, sino sólo los
fieles de Baal”. 24 Luego entraron para ofrecer sacrificios y holocaustos. Mientras tanto, Jehú había apostado
afuera a ochenta hombres y les había dicho: “El que deje escapar a alguno de
los que yo pongo en las manos de ustedes, responderá por él con su propia
vida”. 25 Y cuando terminó de ofrecer el holocausto, Jehú dijo a los guardias
y a los oficiales: “¡Entren y mátenlos! ¡Que no salga ni uno solo!”. Ellos
los mataron al filo de la espada y los arrojaron afuera. Luego los guardias y
los oficiales llegaron hasta la ciudadela del templo de Baal, 26 sacaron el
poste sagrado del templo de Baal y lo quemaron. 27 Después de haber destruido
el poste sagrado de Baal, demolieron su templo y lo convirtieron en una
cloaca, que existe hasta el día de hoy. El reinado de Jehú en Israel
(841-814) 28 Así Jehú exterminó a Baal de
Israel. 29 Pero Jehú no se apartó de los pecados con que Jeroboám, hijo de
Nebat, había hecho pecar a Israel, a saber, los terneros de oro que había en
Betel y en Dan. 30 El Señor dijo a Jehú: “Porque tú
has obrado bien, haciendo lo que es recto a mis ojos, y has tratado a la casa
de Ajab exactamente como yo quería, tus hijos se sentarán en el trono de
Israel hasta la cuarta generación”. 31 Pero Jehú no se empeñó en seguir de
todo corazón la ley del Señor, el Dios de Israel, ni se apartó de los pecados
con que Jeroboám había hecho pecar a Israel. 32 En aquellos días, el Señor
comenzó a cercenar a Israel. Jazael los derrotó en toda la frontera de
Israel, 33 desde el Jordán hacia el Oriente: todo el país de Galaad, el
territorio de Gad, de Rubén, de Manasés, desde Aroer, que está sobre la
ribera del torrente Arnón, y también Galaad y Basán. 34 El resto de los hechos de Jehú y
todo lo que él hizo, todas sus hazañas, ¿no está escrito en el libro de los
Anales de los reyes de Israel? 35 Jehú se fue a descansar con sus padres y lo
sepultaron en Samaría. Su hijo Joacaz reinó en lugar de él. 36 Jehú reinó
sobre Israel, en Samaría, durante veintiocho años. desde
atalía hasta la muerte de eliseo El crimen y el interregno de Atalía
en Judá (841-835) 2 Crón. 22. 10-12 11 1 Atalía, la madre de Ocozías, al
ver que había muerto su hijo, empezó a exterminar a todo el linaje real. 2
Pero Josebá, hija del rey Jorám y hermana de Ocozías, tomó a Joás, hijo de
Ocozías, lo sacó secretamente de en medio de los hijos del rey que iban a ser
masacrados, y lo puso con su nodriza en la sala que servía de dormitorio. Así
lo ocultó a los ojos de Atalía y no lo mataron. 3 Él estuvo con ella en La conjuración contra Atalíay la
entronización de Joás 2 Crón. 23. 1-11 4 El séptimo año, Iehoiadá mandó
buscar a los centuriones de los carios y de la guardia, y los hizo comparecer
ante él en 9 Los centuriones ejecutaron
exactamente todo lo que les había ordenado el sacerdote Iehoiadá. Cada uno de
ellos tomó a sus hombres –los que entraban de servicio y los que eran
relevados el día sábado– y se presentaron ante el sacerdote Iehoiadá. 10 El
sacerdote entregó a los centuriones las lanzas y los escudos del rey David
que estaban en La muerte de Atalía 2 Crón. 23. 12-21 13 Atalía oyó el griterío de la
gente que corría, y se dirigió hacia 17 Iehoiadá selló la alianza entre
el Señor, el rey y el pueblo, comprometiéndose este a ser el pueblo del
Señor; y también selló una alianza entre el rey y el pueblo. 18 Luego, todo
el pueblo del país se dirigió al templo de Baal, lo derribó y destrozó por
completo sus altares y sus imágenes. Y a Matán, el sacerdote de Baal, lo
mataron delante de los altares. El sacerdote estableció puestos de
guardia en El reinado de Joás en Judá
(835-796) 2 Crón. 24. 1-2 12 1 Joás tenía siete años cuando
inició su reinado. 2 Comenzó a reinar en el séptimo año de Jehú, y reinó
cuarenta años en Jerusalén. Su madre se llamaba Sibia, y era de Berseba. 3
Joás hizo lo que es recto a los ojos del Señor durante toda su vida, porque
el sacerdote Iehoiadá lo había instruido. 4 Sin embargo, no desaparecieron
los lugares altos: el pueblo seguía ofreciendo sacrificios y quemando
incienso en los lugares altos. La restauración del Templode Jerusalén 2 Crón. 24. 4-14 5 Joás dijo a los sacerdotes: “Todo
el dinero que se aporte a 7 Pero el vigesimotercer año del
rey Joás, los sacerdotes no habían reparado aún las partes deterioradas de 10 Luego el sacerdote Iehoiadá tomó
un cofre, le hizo una abertura en la tapa, y lo colocó al lado del altar, a
la derecha de quien entra en La invasión arameay asesinato de
Joás 2 Crón. 24. 23-27 18 Por ese entonces, Jazael, rey de
Arám, subió a combatir contra Gat y se apoderó de ella. Luego Jazael se
dispuso a subir contra Jerusalén. 19 Joás, rey de Judá, tomó todos los
objetos que habían consagrado Josafat, Jorám y Ocozías, sus padres, reyes de
Judá, y los que él mismo había consagrado, así como también todo el oro que
había en los tesoros de 20 El resto de los hechos de Joás y
todo lo que él hizo, ¿no está escrito en el libro de los Anales de los reyes
de Judá? 21 Sus servidores se sublevaron, urdieron una conspiración y
asesinaron a Joás en Bet Miló, mientras él bajaba hacia Silá. 22 Iozacar,
hijo de Simat, y Iehozabad, hijo de Somer, sus servidores, fueron los que lo
hirieron de muerte. Lo sepultaron con sus padres en El reinado de Joacaz en Israel
(820-803) 13 1 El vigésimo tercer año de Joás,
hijo de Ocozías, rey de Judá, comenzó a reinar sobre Israel, en Samaría, Joacaz,
hijo de Jehú, y reinó diecisiete años. 2 Él hizo lo que es malo a los ojos
del Señor, y persistió en los pecados con que Jeroboám, hijo de Nebat, había
hecho pecar a Israel, sin apartarse de ellos. 3 La ira del Señor se encendió
contra Israel, y lo entregó en manos de Jazael, rey de Arám, y de Ben Hadad,
hijo de Jazael, todo aquel tiempo. 4 Joacaz aplacó al Señor, y el Señor lo
escuchó, al ver cómo el rey de Arám oprimía a Israel. 5 Entonces el Señor dio
a Israel un salvador, que lo liberó del dominio de Arám, y los israelitas
vivieron tranquilos en sus carpas como antes. 6 Pero no se apartaron de los
pecados con que Jeroboám había hecho pecar a Israel: persistieron en ellos, y
aún el poste sagrado permaneció erigido en Samaría. 7 Por eso el Señor no le
dejó a Joacaz más que un ejército de cincuenta jinetes, diez carros de guerra
y mil hombres de a pie. Porque el rey de Arám había hecho perecer a los
demás, y los había reducido a polvo que se pisotea. 8 El resto de los hechos de Joacaz
y todo lo que él hizo, todas sus hazañas, ¿no está escrito en el libro de los
Anales de los reyes de Israel? 9 Joacaz se fue a descansar con sus padres, y
lo sepultaron en Samaría. Su hijo Joás reinó en lugar de él. El reinado de Joás en Israel
(803-787) 10 El trigésimo séptimo año de
Joás, rey de Judá, comenzó a reinar sobre Israel, en Samaría, Joás, hijo de
Joacaz, y reinó dieciséis años. 11 Él hizo lo que es malo a los ojos del
Señor; no se apartó de ninguno de los pecados con que Jeroboám, hijo de
Nebat, había hecho pecar a Israel, y persistió en ellos. 12 El resto de los hechos de Joás y
todo lo que él hizo, así como la valentía con que luchó contra Amasías, ¿no
está escrito todo eso en el libro de los Anales de los reyes de Israel? 13
Joás se fue a descansar con sus padres, y Jeroboám se sentó en su trono. Joás
fue sepultado en Samaría con los reyes de Israel. Último anuncio y muerte de Eliseo 14 Eliseo contrajo la enfermedad
que lo llevaría a la muerte. Joás, rey de Israel, bajó a visitarlo y se echó
llorando sobre su rostro, mientras decía: “¡Padre mío! ¡Padre mío! ¡Carro de
Israel y su caballería!”. 15 Eliseo le dijo: “Toma un arco y unas flechas”.
Él tomó un arco y unas flechas, 16 y Eliseo dijo al rey de Israel: “Tiende el
arco”. Él lo tendió; Eliseo puso sus manos sobre las manos del rey, 17 y
dijo: “Abre la ventana que da hacia el este”. Él la abrió, y Eliseo dijo:
“¡Tira!”. Cuando el rey tiró, Eliseo dijo: “¡Flecha de victoria para el
Señor! ¡Flecha de victoria contra Arám! Tú derrotarás a Arám en Afec hasta el
exterminio”. 18 Luego dijo Eliseo: “Toma las
flechas”. Él las tomó, y Eliseo dijo al rey de Israel: “¡Lánzalas contra la
tierra!”. Él las lanzó tres veces y se detuvo. 19 El hombre de Dios se irritó
contra él y le dijo: “Si hubieras golpeado cinco o seis veces, habrías
derrotado a Arám hasta el exterminio; pero ahora, no derrotarás a Arám más
que tres veces”. 20 Eliseo murió y lo enterraron.
Había unas bandas moabitas que todos los años incursionaban por el país. 21
Una vez, unos que estaban enterrando a un hombre, al divisar a una de esas
bandas, arrojaron al muerto en la tumba de Eliseo y se fueron. Y apenas el
muerto tocó los huesos de Eliseo, revivió y se puso de pie. Victoria de Joás sobre los arameos 22 Jazael, rey de Arám, había
oprimido a Israel durante todo el tiempo de Joacaz. 23 Pero el Señor se
apiadó de los israelitas y les tuvo compasión; se volvió hacia ellos a causa
de su alianza con Abraham, Isaac y Jacob, y no quiso destruirlos: hasta
entonces, él no los había arrojado lejos de su presencia. 24 Jazael, rey de
Arám, murió, y su hijo Ben Hadad reinó en lugar de él. 25 Entonces Joás, hijo
de Joacaz, recuperó del poder de Ben Hadad, hijo de Jazael, las ciudades que
Jazael había arrebatado con las armas a su padre Joacaz. Joás lo derrotó tres
veces, y así recuperó las ciudades de Israel LOS
REYES DE ISRAEL Y DE JUDÁHASTA Después
de una época de inusitada prosperidad, comienza para el reino de Israel un
período de franca decadencia. La guerra civil hace estragos en el país, y en
seis años se suceden cinco reyes. Mientras tanto, el poderoso Imperio de los
asirios despierta de un prolongado letargo y se extiende peligrosamente hacia
las regiones del Mediterráneo. Israel se alía con el reino arameo de Damasco,
en un intento desesperado por detener el avance. Pero la resistencia es
inútil. Al término de un largo asedio, Samaría cae en poder de las tropas
asirias y el reino del Norte ya no volverá a levantarse de sus ruinas.
También el reino de Judá sufre las consecuencias de esta invasión, quedando
sometido a la condición de vasallo. Para
evitar posibles rebeliones, los asirios deportaban masivamente a los pueblos
vencidos. Por eso, una parte importante de la población israelita es llevada
al destierro, y en la región de Samaría se instalan colonos traídos de otros
lugares del Imperio. Estos colonos se fueron mezclando poco a poco con los
israelitas salvados de la catástrofe, y de esta unión surgieron los
“samaritanos”, enemigos irreconciliables de los judíos (Jn. 4. 9). El reinado de Amasías en Judá
(811-782) 2 Crón. 25. 1-4 14 1 El segundo año de Joás, hijo de
Joacaz, rey de Israel, inició su reinado Amasías, hijo de Joás, rey de Judá.
2 Tenía veinticinco años cuando comenzó a reinar, y reinó veintinueve años en
Jerusalén. Su madre se llamaba Iehoadán, y era de Jerusalén. 3 Él hizo lo que
es recto a los ojos del Señor, aunque no como su padre David. Obró en todo
como lo había hecho su padre Joás. 4 Sin embargo, no desaparecieron los
lugares altos: el pueblo seguía ofreciendo sacrificios y quemando incienso en
los lugares altos. 5 Cuando su poder real quedó
plenamente afianzado, mató a los servidores que habían dado muerte al rey, su
padre. 6 Pero no hizo matar a los hijos de los homicidas, cumpliendo lo que
está escrito en La victoria de Amasías sobre Edómy
su derrota frente a Israel 2 Crón. 25. 11-12, 17-24 7 Amasías derrotó a los edomitas en
el valle de 8 Entonces Amasías envió mensajeros
a Joás, hijo de Joacaz, hijo de Jehú, rey de Israel, para decirle: “¡Ven a
enfrentarte conmigo cara a cara!”. 9 Pero Joás, rey de Israel, mandó a decir
a Amasías, rey de Judá: “El cardo del Líbano mandó a decir al cedro del
Líbano: Dale tu hija por esposa a mi hijo. Pero un animal salvaje del Líbano
pasó y pisoteó el cardo. 10 Porque has derrotado a Edóm, tu corazón se ha
engreído. ¡Disfruta de tu gloria, pero quédate en tu casa! ¿Para qué
comprometerte en una guerra desastrosa y sucumbir, tú y Judá contigo?”. 11 Pero Amasías no hizo caso.
Entonces subió Joás, rey de Israel, y se enfrentaron él y Amasías, rey de
Judá, en Bet Semes de Judá. 12 Judá fue derrotado ante Israel, y cada uno
huyó a su carpa. 13 Joás, rey de Israel, tomó prisionero en Bet Semes a
Amasías, hijo de Joás, hijo de Ocozías, rey de Judá. Luego fue a Jerusalén y
abrió una brecha de doscientos metros en el muro de Jerusalén, desde la
puerta de Efraím hasta la puerta del Ángulo. 14 Se apoderó de todo el oro y
la plata y de todos los objetos que había en 15 El resto de los hechos de Joás,
lo que él hizo, sus hazañas y cómo combatió contra Amasías, rey de Judá, ¿no está
escrito todo eso en el libro de los Anales de los reyes de Israel? 16 Joás se
fue a descansar con sus padres, y lo sepultaron en Samaría con los reyes de
Israel. Su hijo Jeroboám reinó en lugar de él. Fin del reinado de Amasías 2 Crón. 25. 25 - 26. 2 17 Amasías, hijo de Joás, rey de
Judá, vivió quince años después de la muerte de Joás, hijo de Joacaz, rey de
Israel. 18 El resto de los hechos de
Amasías, ¿no está escrito en el libro de los Anales de los reyes de Judá? 19
En Jerusalén se urdió una conspiración contra él, y él huyó a Laquis, pero lo
hicieron perseguir hasta Laquis y allí le dieron muerte. 20 Después lo
trasladaron sobre unos caballos, y fue sepultado con sus padres en Jerusalén,
en 21 Todo el pueblo de Judá tomó a
Azarías, que tenía dieciséis años, y lo proclamaron rey en lugar de su padre
Amasías. 22 Él fue quien reconstruyó a Elat y la recuperó para Judá, después
que el rey Amasías se fue a descansar con sus padres. El reinado de Jeroboám II en Israel
(787-747) 23 El año decimoquinto de Amasías,
hijo de Joás, comenzó a reinar en Samaría Jeroboám, hijo de Joás, rey de
Israel, y reinó cuarenta y un años. 24 Hizo lo que es malo a los ojos del
Señor, y no se apartó de ninguno de los pecados con que Jeroboám, hijo de
Nebat, había hecho pecar a Israel. 25 Él restableció las fronteras de Israel,
desde 28 El resto de los hechos de
Jeroboám y todo lo que él hizo, así como la valentía con que combatió y cómo
recuperó para Israel a Damasco y Jamat, que habían pertenecido a Judá, ¿no
está escrito todo eso en el libro de los Anales de los reyes de Israel? 29
Jeroboám se fue a descansar con sus padres, con los reyes de Israel. Su hijo
Zacarías reinó en lugar de él. El reinado de Azarías en Judá
(781-740) 2 Crón. 26. 3-4, 19-23 15 1 El año vigésimo séptimo de
Jeroboám, rey de Israel, inició su reinado Azarías, hijo de Amasías, rey de
Judá. 2 Tenía dieciséis años cuando comenzó a reinar, y reinó cincuenta y dos
años en Jerusalén. Su madre se llamaba Jecolías, y era de Jerusalén. 3 Él
hizo lo que es recto a los ojos del Señor, tal como lo había hecho su padre
Amasías. 4 Sin embargo, no desaparecieron los lugares altos: el pueblo seguía
ofreciendo sacrificios y quemando incienso en los lugares altos. 5 El Señor hirió al rey, y éste se
enfermó de lepra hasta el día de su muerte. Por eso tuvo que recluirse en una
casa apartada, y Jotám, el hijo del rey, estaba al frente del palacio y
gobernaba al pueblo del país. 6 El resto de los hechos de Azarías
y todo lo que él hizo, ¿no está escrito en el libro de los Anales de los
reyes de Judá? 7 Azarías se fue a descansar con sus padres, y lo sepultaron
con ellos en El reinado de Zacarías en Israel
(747) 8 El trigésimo octavo año de
Azarías, rey de Judá, comenzó a reinar sobre Israel, en Samaría, Zacarías,
hijo de Jeroboám, y reinó seis meses. 9 Él hizo lo que es malo a los ojos del
Señor, como lo habían hecho sus padres: no se apartó de los pecados con que
Jeroboám, hijo de Nebat, había hecho pecar a Israel. 10 Salúm, hijo de Iabés,
conspiró contra él, lo hirió de muerte en Ibleám y reinó en lugar de él. 11 El resto de los hechos de
Zacarías está escrito en el libro de los Anales de los reyes de Israel. 12
Esta era la palabra que el Señor había dicho a Jehú: “Tus hijos se sentarán
en el trono de Israel hasta la cuarta generación”. Y así fue. El reinado de Salúm en Israel (746) 13 Salúm, hijo de Iabés, comenzó a
reinar en el trigésimo noveno año de Ozías, rey de Judá, y reinó un mes en
Samaría. 14 Menajém, hijo de Gadí, subió desde Tirsá y entró en Samaría; allí
hirió de muerte a Salúm, hijo de Iabés, y reinó en lugar de él. 15 El resto de los hechos de Salúm
y la conspiración que urdió, todo eso está escrito en el libro de los Anales
de los reyes de Israel. 16 Fue entonces cuando Menajém
atacó a Tapúaj y a todos los que se encontraban allí, así como a todo su
territorio a partir de Tirsá; la atacó por no haberle abierto las puertas, y
abrió el vientre a todas las mujeres embarazadas. El reinado de Menajém en Israel
(746-737) 17 El trigésimo noveno año de
Azarías, rey de Judá, comenzó a reinar Menajém, hijo de Gadí, y reinó diez
años en Samaría. 18 Él hizo lo que es malo a los ojos del Señor: no se apartó
de los pecados con que Jeroboám, hijo de Nebat, había hecho pecar a Israel.
En su tiempo, 19 Pul, rey de Asiria, invadió el país, y Menajém le entregó
mil talentos de plata, para que lo ayudara a afianzar en sus manos el poder
real. 20 Menajém recaudó esa plata entre toda la gente rica de Israel, a
razón de cincuenta siclos de plata por persona, para entregarla al rey de
Asiria. Así el rey de Asiria se retiró, y no se quedó allí, en el país. 21 El resto de los hechos de
Menajém y todo lo que él hizo, ¿no está escrito en el libro de los Anales de
los reyes de Israel? 22 Menajém se fue a descansar con sus padres, y su hijo
Pecajías reinó en lugar de él. El reinado de Pecajías en Israel
(736-735) 23 El quincuagésimo año de Azarías,
rey de Judá, inició su reinado sobre Israel, en Samaría, Pecajías, hijo de
Menajém, y reinó dos años. 24 Él hizo lo que es malo a los ojos del Señor: no
se apartó de los pecados con que Jeroboám, hijo de Nebat, había hecho pecar a
Israel. 25 Su escudero Pécaj, hijo de
Remalías, conspiró contra él y lo mató en Samaría, en la torre de la casa del
rey. Con la ayuda de cincuenta galaaditas, dio muerte al rey, lo mismo que a
Argob y Arié, y reinó en lugar de él. 26 El resto de los hechos de
Pecajías, todo lo que él hizo, está escrito en el libro de los Anales de los
reyes de Israel. El reinado de Pécaj en Israel
(735-732) 27 El quincuagésimo segundo año de
Azarías, rey de Judá, comenzó a reinar sobre Israel, en Samaría, Pécaj, hijo
de Remalías, y reinó veinte años. 28 Él hizo lo que es malo a los ojos del
Señor: no se apartó de los pecados con que Jeroboám, hijo de Nebat, había
hecho pecar a Israel. 29 En tiempos de Pécaj, rey de
Israel, llegó Tiglat Piléser, rey de Asiria, y conquistó Iyón, Abel Bet
Maacá, Ianóaj, Quedes, Jasor, Galaad, 31 El resto de los hechos de Pécaj,
todo lo que él hizo, está escrito en el libro de los Anales de los reyes de
Israel. El reinado de Jotám en Judá
(740-735) 2 Crón. 27. 1-3, 7-9 32 El segundo año de Pécaj, hijo de
Remalías, rey de Israel, inició su reinado Jotám, hijo de Ozías, rey de Judá.
33 Tenía veinticinco años cuando comenzó a reinar, y reinó dieciséis años en
Jerusalén. Su madre se llamaba Ierusá, hija de Sadoc. 34 Él hizo lo que es
recto a los ojos del Señor, como lo había hecho su padre Ozías. 35 Sin
embargo, no desaparecieron los lugares altos: el pueblo seguía ofreciendo
sacrificios y quemando incienso en los lugares altos. Jotám fue el que
edificó la puerta alta de 36 El resto de los hechos de Jotám,
todo lo que él hizo, ¿no está escrito en el libro de los Anales de los reyes
de Judá? 37 En aquellos días, el Señor
comenzó a lanzar contra Judá a Rasón, rey de Arám, y a Pécaj, hijo de
Remalías. 38 Jotám se fue a descansar con sus padres, y fue sepultado con
ellos en El reinado de Ajaz en Judá
(735-716) 2 Crón. 28. 1-4 16 1 El decimoséptimo año de Pécaj,
hijo de Remalías, inició su reinado Ajaz, hijo de Jotám, rey de Judá. 2 Ajaz
tenía veinte años cuando comenzó a reinar, y reinó dieciséis años en Jerusalén.
Él no hizo lo que es recto a los ojos del Señor, su Dios, a diferencia de su
padre David. 3 Siguió el camino de los reyes de Israel; incluso inmoló a su
hijo en el fuego, según las costumbres abominables de las naciones que el
Señor había desposeído delante de los israelitas. 4 Ofreció sacrificios y
quemó incienso en los lugares altos, sobre las colinas y bajo todo árbol
frondoso. La invasión siro-efraimita 5 Entonces Resín, rey de Arám, y
Pécaj, hijo de Remalías, rey de Israel, subieron a combatir contra Jerusalén.
Asediaron a Ajaz, pero no pudieron entrar en combate. 6 Fue en aquel tiempo
cuando Resín, rey de Arám, recuperó a Elat para Arám. Él desalojó de Elat a
los judíos, y los edomitas entraron en Elat, donde han permanecido hasta el
día de hoy. Acuerdo de Ajazcon el rey de Asiria 7 Ajaz envió mensajeros a Tiglat
Piléser, rey de Asiria, para decirle: “Soy tu servidor y tu hijo; sube a
salvarme del poder del rey de Arám y del rey de Israel, que se han levantado
contra mí”. 8 Ajaz tomó la plata y el oro que había en El altar de Damasco y su réplica en
Jerusalén 10 El rey Ajaz fue a Damasco, al
encuentro de Tiglat Piléser, rey de Asiria, y vio el altar que había en
Damasco. Entonces envió al sacerdote Urías el modelo y el diseño del altar,
con todos sus detalles. 11 El sacerdote Urías construyó el altar: lo hizo de
acuerdo con todas las indicaciones que el rey Ajaz envió desde Damasco, antes
de que llegara de allí. 12 Cuando llegó de Damasco, el rey observó el altar.
Después se acercó y subió hasta él, 13 hizo arder su holocausto y su
oblación, derramó su libación y roció el altar con la sangre de sus
sacrificios de comunión. 14 En cuanto al altar de bronce que
estaba delante del Señor, lo retiró del frente de 17 Este desarmó los paneles de las
bases y retiró de encima de ellas los recipientes para el agua; hizo bajar el
Mar de bronce de encima de los bueyes que lo sostenían y lo puso sobre un
pavimento de piedras. 18 Por deferencia al rey de Asiria, suprimió en Fin del reinado de Ajaz 2 Crón. 28. 26-27 19 El resto de los hechos de Ajaz,
todo lo que él hizo, ¿no está escrito en el libro de los Anales de los reyes
de Judá? 20 Ajaz se fue a descansar con sus padres, y fue sepultado con ellos
en Oseas, último rey de
Israel(732-724) 17 1 El duodécimo año de Ajaz, rey de
Judá, comenzó a reinar sobre Israel, en Samaría, Oseas, hijo de Elá, rey de
Israel. 2 Él hizo lo que es malo a los ojos del Señor, aunque no tanto como
los reyes de Israel que lo habían precedido. La caída de Samaría (722) 3 Salmanasar, rey de Asiria, subió
contra él, y Oseas se le sometió y le pagó tributo. 4 Pero el rey de Asiria
descubrió que Oseas conspiraba: este, en efecto, había enviado mensajeros a
So, rey de Egipto, y no había hecho llegar a Asiria el tributo anual.
Entonces el rey de Asiria hizo arrestar a Oseas y lo encerró en una prisión.
5 Luego invadió todo el país, subió contra Samaría y la sitió durante tres
años. 6 En el noveno año de Oseas, el rey de Asiria conquistó Samaría y
deportó a los israelitas a Asiria. Los estableció en Jalaj y sobre el Jabor,
río de Gozán, y en las ciudades de Media. Reflexión sobre la ruina del reino
del Norte 7 Esto sucedió porque los
israelitas pecaron contra el Señor, su Dios, que los había hecho subir del
país de Egipto, librándolos del poder del Faraón, rey de Egipto, y porque habían
venerado a otros dioses. 8 Ellos imitaron las costumbres de las naciones que
el Señor había desposeído delante de los israelitas, y las que habían
introducido los reyes de Israel. 9 Los israelitas perpetraron contra el
Señor, su Dios, acciones indebidas: se edificaron lugares altos en todas sus
ciudades, tanto en las torres de guardia como en las plazas fuertes; 10 se
erigieron piedras conmemorativas y postes sagrados sobre todas las colinas
elevadas y bajo todo árbol frondoso; 11 allí, en los lugares altos, quemaron
incienso como las naciones que el Señor había desterrado delante de ellos;
cometieron malas acciones para provocar al Señor 12 y sirvieron a los ídolos,
aunque el Señor les había dicho: “No harán nada de eso”. 13 El Señor había advertido solemnemente
a Israel y a Judá por medio de todos los profetas y videntes, diciendo:
“Vuelvan de su mala conducta y observen mis mandamientos y mis preceptos,
conforme a toda 21 Cuando el Señor arrancó a Israel
de la casa de David, y fue proclamado rey Jeroboám, hijo de Nebat, este alejó
del Señor a Israel y le hizo cometer un gran pecado. 22 Los israelitas
imitaron todos los pecados que había cometido Jeroboám, y no se apartaron de
ellos, 23 tanto que al fin el Señor apartó a Israel de su presencia, conforme
a lo que había dicho por medio de todos sus servidores los profetas. Así
Israel fue deportado lejos de su suelo, a Asiria, hasta el día de hoy. El origen de los samaritanos 24 El rey de Asiria hizo venir
gente de Babilonia, de Cut, de Avá, de Jamat y de Sefarvaim, y la estableció
en las ciudades de Samaría, en lugar de los israelitas. Ellos tomaron
posesión de Samaría y ocuparon sus ciudades. 25 Pero cuando comenzaron a
establecerse en ese lugar, no veneraban al Señor, y el Señor envió contra
ellos leones, que hicieron una masacre. 26 Entonces dijeron al rey de Asiria:
“La gente que has deportado y establecido en las ciudades de Samaría no
conoce la manera de honrar al dios de ese país, y él les envió unos leones
que los hicieron morir, porque ellos no conocían la manera de honrar al dios
de ese país”. 27 El rey de Asiria impartió esta orden: “Manden allí a uno de
los sacerdotes de Samaría que yo he deportado; que vaya a establecerse allí y
les enseñe la manera de honrar al dios de ese país”. 28 Uno de los sacerdotes
deportados de Samaría fue entonces a establecerse en Betel, y les enseñaba
cómo se debía venerar al Dios de Israel. 29 Pero la gente de cada nación se
hizo su propio dios y los instalaron en los templos de los lugares altos que
habían construido los samaritanos. Cada una de las naciones obró así en la
ciudad donde residía: 30 la gente de Babilonia hizo un Sucot Benot; los de
Cut, un Nergal; los de Jamat, un Asimá; 31 los avitas, un Nibjáz y un Tartac.
En cuanto a los sefarvaítas, continuaron quemando a sus hijos en honor de Adramélec
y de Anamélec, dioses de Sefarvaim. 32 Pero también veneraban al Señor, y
establecieron sacerdotes, elegidos entre su propia gente, para que oficiaran
en los templos de los lugares altos. 33 Así, aunque veneraban al Señor,
servían al mismo tiempo a sus propios dioses, según el rito de las naciones
de donde habían sido deportados. 34 Hasta el día de hoy, ellos
practican los ritos antiguos: no temen al Señor ni practican los preceptos,
los ritos, 41 Así, estas naciones veneran al
Señor y sirven también a sus ídolos. Y sus hijos, y los hijos de sus hijos,
hacen hasta el día de hoy lo que habían hecho sus padres. LOS REYES DE JUDÁ HASTA El
reino de Judá sobrevive al de Israel durante casi un siglo y medio (721- Pero
la trágica y prematura muerte de este rey reformador, hunde de nuevo a Judá
en el desaliento y la confusión. Durante varios años, se busca una salida por
medio de diversas alianzas con Egipto. Hasta que al fin, esta política
fluctuante provoca la ira de Nabucodonosor, rey de Babilonia, que asedia a
Jerusalén y destruye Con
este cuadro sombrío concluye el segundo libro de los Reyes. Sin embargo, el
relato de la liberación del rey Joaquín, que estaba exiliado en Babilonia
(25.27-30), parece proyectar un tenue rayo de luz. El futuro queda abierto a
la insondable acción de Dios. la
invasión asiria y el profeta isaías El reinado de Ezequías en Judá
(716-687) 2 Crón. 29. 1-2 18 1 El tercer año de Oseas, hijo de
Elá, rey de Israel, inició su reinado Ezequías, hijo de Ajaz, rey de Judá. 2
Tenía veinticinco años cuando comenzó a reinar, y reinó veintinueve años en
Jerusalén. Su madre se llamaba Abí, hija de Zacarías. 3 Él hizo lo que es
recto a los ojos del Señor, tal como lo había hecho su padre David. 4 Hizo
desaparecer los lugares altos, rompió las piedras conmemorativas, taló el
poste sagrado e hizo pedazos la serpiente de bronce que había hecho Moisés,
porque hasta esos días los israelitas le quemaban incienso; se la llamaba
Nejustán. 5 Ezequías puso su confianza en el
Señor, el Dios de Israel, y no hubo después de él ninguno igual entre todos
los reyes de Judá, como tampoco lo hubo antes que él. 6 Se mantuvo fiel al
Señor sin apartarse de él, y observó los mandamientos que el Señor había dado
a Moisés. 7 Tuvo éxito en todas sus empresas, porque el Señor estaba con él.
Se rebeló contra el rey de Asiria y no fue más su vasallo. 8 Derrotó a los
filisteos hasta Gaza y devastó su territorio, desde las torres de guardia
hasta las plazas fuertes. Evocación de la caída de Samaría 9 El cuarto año del rey Ezequías,
que era el séptimo año de Oseas, hijo de Elá, rey de Israel, Salmanasar, rey
de Asiria, subió contra Samaría y la sitió. 10 Al cabo de tres años la
conquistaron: en el sexto año de Ezequías, que era el noveno año de Oseas, rey
de Israel, fue tomada Samaría. 11 El rey de Asiria deportó a los israelitas a
Asiria y los estableció en Jalaj, y también junto al Jabor, río de Gozán, y
en las ciudades de los medos. 12 Esto sucedió porque no habían escuchado la
voz del Señor, su Dios, y habían transgredido su alianza; todo lo que había
mandado Moisés, el servidor del Señor, ellos no lo habían escuchado ni
practicado. La invasión de Senaqueriby el
tributo impuesto a Ezequías 2 Crón. 32. 1; Is. 36. 1 13 El decimocuarto año del rey Ezequías,
Senaquerib, rey de Asiria, subió contra todas las ciudades fortificadas de
Judá y se apoderó de ellas. 14 Ezequías, rey de Judá, mandó a
decir al rey de Asiria, que estaba en Laquis: “He cometido un error; retírate
y aceptaré lo que me impongas”. El rey de Asiria exigió al rey Ezequías, rey
de Judá, trescientos talentos de plata y trescientos talentos de oro. 15
Ezequías entregó entonces toda la plata que se encontraba en Amenazas de Senaqueribcontra
Jerusalén 2 Crón. 32. 9-19; Is. 36. 2-22 17 Desde Laquis, el rey de Asiria
envió a Jerusalén, donde estaba Ezequías, al general en jefe, al jefe de los
eunucos y al copero mayor, acompañados de una fuerte escolta. Ellos subieron
y, al llegar a Jerusalén, se apostaron junto al canal de la piscina superior,
sobre la senda del campo del Tintorero. 18 Llamaron al rey, y Eliaquím, hijo
de Jilquías, el mayordomo de palacio, salió a su encuentro, junto con Sebná,
el secretario, y Joaj, hijo de Asaf, el archivista. 19 El copero mayor les dijo: “Digan
a Ezequías: Así habla el gran rey, el rey de Asiria: ¿Qué motivo tienes para
estar tan confiado? 20 ¿Piensas que la estrategia y el valor para el combate
son cuestión de palabras? ¿En quien confías para rebelarte contra mí? 21 ¡Ah,
sí! Tú confías en el apoyo de esa caña quebrada, en Egipto, que perfora y
atraviesa la mano de todo el que se apoya en él. Eso es el Faraón, rey de
Egipto, para todos los que confían en él. 22 Seguramente, tú me dirás:
‘Nosotros confiamos en el Señor, nuestro Dios’. Pero ¿no fue acaso Ezequías
el que suprimió todos los lugares altos y los altares dedicados a él,
diciendo a la gente de Judá y de Jerusalén: ‘Sólo delante de este altar, en
Jerusalén, ustedes deberán postrarse’? 23 ¡Y bien! Haz una apuesta con mi
señor, el rey de Asiria: ¡Yo te daré dos mil caballos, si puedes conseguir
bastantes hombres para montarlos! 24 ¿Cómo harías retroceder a uno solo de
los más insignificantes servidores de mi señor? ¡Pero tú confías en Egipto
para tener carros de guerra y soldados! 25 ¿Acaso he venido a arrasar este
país sin el consentimiento del Señor? Fue el Señor quien me dijo: ¡Sube
contra ese país y arrásalo!”. 26 Eliaquím, hijo de Jilquías,
Sebná y Joaj dijeron al copero mayor: “Por favor, háblanos en arameo, porque
nosotros lo entendemos. No nos hables en hebreo, a oídos del pueblo que está
sobre la muralla”. 27 Pero el copero mayor les replicó: “¿Acaso mi señor me
envió a decir estas cosas a tu señor y a ti? ¿No están dirigidas a esos
hombres apostados sobre la muralla, que tendrán que comer sus excrementos y
beber su orina, igual que ustedes?”. 28 Entonces el copero mayor, puesto
de pie, gritó bien fuerte en hebreo: “Escuchen la palabra del gran rey, el
rey de Asiria: 29 Así habla el rey: Que Ezequías no los engañe, porque él no
podrá librarlos de mi mano. 30 Y que Ezequías no los induzca a confiar en el
Señor, diciendo: Seguramente el Señor nos librará, y esta ciudad no caerá en
manos del rey de Asiria. 31 No le hagan caso a Ezequías, porque así habla el
rey de Asiria: Hagan las paces conmigo y ríndanse. Así cada uno de ustedes
comerá los frutos de su viña y de su higuera, y beberá el agua de su pozo, 32
hasta que venga yo y los lleve a un país como el de ustedes, un país de trigo
y vino nuevo, un país de pan y viñedos, un país de olivares, de aceite fresco
y de miel; así ustedes vivirán y no morirán. Pero no escuchen a Ezequías,
porque él los seduce, diciendo: “El Señor nos librará”. 33 ¿Acaso los dioses
de las naciones han librado a sus países de la mano del rey de Asiria? 34
¿Dónde están los dioses de Jamat y de Arpad? ¿Dónde están los dioses de
Sefarvaim, de Hená y de Ivá? ¿Dónde los dioses del país de Samaría? ¿Han
librado de mi mano a Samaría? 35 Entre todos los dioses de esos países, ¿hubo
alguno que librara de mi mano a su propio país, para que el Señor libre de mi
mano a Jerusalén?”. 36 El pueblo guardó silencio y no
le respondió ni una sola palabra, porque esta era la orden del rey: “No le
respondan nada”. 37 Eliaquím, hijo de Jilquías, el mayordomo de palacio,
Sebná, el secretario, y Joaj, hijo de Asaf, el archivista, se presentaron
ante Ezequías con sus vestiduras desgarradas, y le informaron de las palabras
del copero mayor. La intervención del profeta Isaías Is. 37. 1-9a 19 1 Cuando el rey Ezequías oyó esto,
rasgó sus vestiduras, se cubrió con un sayal y fue a 5 Los servidores del rey Ezequías
fueron a ver a Isaías, 6 y este les dijo: “Díganle a su señor: Así habla el
Señor: No temas por las palabras que has oído, y con las que me ultrajaron
los lacayos del rey de Asiria. 7 Yo mismo pondré un espíritu en él y, apenas
oiga una noticia, regresará a su país; y yo lo haré caer bajo la espada en su
propio país”. 8 El copero mayor regresó y se
encontró con el rey de Asiria, que estaba atacando a Libná. 9 Él había oído,
en efecto, que el rey se había retirado de Laquis, al recibir la noticia de
que Tirjacá, rey de Cus, se había puesto en campaña para combatirlo. Nuevas amenazas de Senaqueribcontra
Jerusalén Is. 37. 9b-20 Senaquerib envió de nuevo
mensajeros a Ezequías para decirle: 10 “Hablen así a Ezequías, rey de Judá:
Que no te engañe tu Dios, en quien confías, haciéndote pensar que Jerusalén
no será entregada en manos del rey de Asiria. 11 Tú has oído, seguramente, lo
que hicieron los reyes de Asiria a todos los países, al consagrarlos al
exterminio total. ¿Y tú te vas a librar? 12 ¿Libraron acaso sus dioses a esas
naciones que mis padres han destruido, a Gozán, Jarán, Résef y a la gente de
Edén que está en Telasar? 13 ¿Dónde están el rey de Jamat, el rey de Arpad,
el rey de la ciudad de Sefarvaim, el de Hená y el de Ivá?”. 14 Ezequías tomó la carta de la
mano de los mensajeros y la leyó. Después subió a Oráculo del Señor contra Senaquerib Is. 37. 21-35 20 Isaías, hijo de Amós, mandó a
decir a Ezequías: “Así habla el Señor, Dios de Israel: Tú me has dirigido una
súplica acerca de Senaquerib, rey de Asiria, y yo la he escuchado. 21 Esta es
la palabra que el Señor ha pronunciado contra él: Te desprecia, se burla de ti, la virgen hija de Sión; a tus espaldas mueve la cabeza la hija de Jerusalén. 22 ¿A quién has insultado y
ultrajado? ¿Contra quién has alzado la voz y levantado bien alto tus ojos? ¡Contra el Santo de Israel! 23 Por medio de tus mensajeros has insultado al Señor, y has dicho: ‘Con mis numerosos
carros escalé la cima de las montañas, los rincones inaccesibles del
Líbano. Talé sus cedros más altos, sus mejores cipreses; llegué hasta su último extremo, hasta lo más espeso de su bosque. 24 Excavé pozos y bebí aguas extranjeras; sequé con la planta de mis pies todos los canales de Egipto’. 25 ¿No lo has oído? Hace mucho
tiempo que lo he preparado: lo he planeado desde los tiempos
antiguos y ahora lo llevo a cabo. Así, tú has reducido a un montón de
ruinas las ciudades fortificadas. 26 Sus habitantes, con las manos
caídas, están aterrorizados, avergonzados: son como el pasto de los campos y la gramilla verde, como la hierba de los techos, o el grano agostado antes de
madurar. 27 Pero yo sé cuándo te sientas, cuándo sales y cuándo entras, y cuándo tiemblas de rabia contra
mí. 28 Porque has temblado de rabia
contra mí, y tu insolencia ha subido a mis
oídos, pondré mi garfio en tus narices y mi bozal en tus labios, y te haré volver por el camino por donde habías venido. 29 Y esto te servirá de señal: Este
año se comerá del grano caído, y el año próximo, de lo que brote
espontáneamente; pero al tercer año, siembren y cosechen, planten viñas y
coman de sus frutos. 30 Los sobrevivientes de la casa de Judá, los que
todavía queden, echarán de nuevo raíces por debajo, y producirán frutos por
arriba. 31 Porque de Jerusalén saldrá un resto, y del monte Sión, algunos
sobrevivientes. El celo del Señor de los ejércitos hará todo esto. 32 Por
eso, así habla el Señor acerca del rey de Asiria: Él no entrará en esta ciudad, ni le lanzará una flecha; no la enfrentará con el escudo, ni levantará contra ella un
terraplén. 33 Se volverá por el mismo camino, sin entrar en esta ciudad –oráculo
del Señor–. 34 Yo protegeré a esta ciudad para
salvarla, por mi honor y el de David, mi
servidor”. Retirada y muerte de Senaquerib 2 Crón. 32. 21-23; Is. 37. 36-38 35 Aquella misma noche, el Ángel
del Señor salió e hirió en el campamento de los asirios a ciento ochenta y
cinco mil hombres. Y cuando los demás se levantaron por la mañana, vieron que
todos eran cadáveres, que estaban muertos. 36 Entonces Senaquerib, rey de
Asiria, levantó el campamento, emprendió el regreso y se quedó en Nínive. 37
Un día, mientras estaba postrado en el templo de Nisroc, su dios, Adramélec y
Sarecer, sus hijos, lo mataron con la espada, y se pusieron a salvo en el
país de Ararat. Asarhadón, su hijo, reinó en lugar de él. Enfermedad y curación de Ezequías 2 Crón. 32. 24; Is. 38. 1-8 20 1 En aquellos días, Ezequías cayó
gravemente enfermo. El profeta Isaías, hijo de Amós, fue a verlo y le dijo:
“Así habla el Señor: Ordena todos los asuntos de tu casa, porque vas a morir.
Ya no vivirás más”. 2 Ezequías volvió su rostro hacia la pared y oró al
Señor, diciendo: 3 “¡Ah, Señor! Recuerda que yo he caminado delante de ti con
fidelidad e integridad de corazón, y que hice lo que es bueno a tus ojos”. Y
Ezequías se deshizo en llanto. 4 Isaías no había salido aún del
patio central, cuando le llegó la palabra del Señor: 5 “Vuelve y dile a
Ezequías, el jefe de mi pueblo: Así habla el Señor, el Dios de tu padre
David: He oído tu súplica, he visto tus lágrimas. Yo te voy a curar: dentro
de tres días subirás a 8 Entonces Ezequías dijo a Isaías:
“¿Cuál es la señal de que el Señor me sanará y que dentro de tres días podré
subir a Los emisarios del rey de Babilonia 2 Crón. 32. 27-29; Is. 39. 2 12 En aquel tiempo, Merodac
Baladán, hijo de Baladán, rey de Babilonia, envió una carta y un presente a
Ezequías, al enterarse de que había estado enfermo. 13 Ezequías se alegró de
esto, y mostró a los emisarios la sala del tesoro, la plata, el oro, los
perfumes, el aceite precioso, su arsenal y todo lo que se encontraba en sus
depósitos. De todo lo que había en su palacio y en sus dominios, no quedó
nada que Ezequías no les hiciera ver. 14 Entonces el profeta Isaías se
presentó al rey Ezequías y le preguntó: “¿Qué te ha dicho esa gente y de
dónde ha venido?”. Ezequías respondió: “Vinieron de un país lejano, de
Babilonia”. 15 Isaías preguntó: “¿Qué han visto en tu casa?”. “Han visto todo
lo que hay en mi casa, respondió Ezequías. No hay nada en mis depósitos que
no les haya mostrado”. 16 Entonces Isaías dijo a Ezequías:
“Escucha la palabra del Señor: 17 Llegarán los días en que todo lo que hay en
tu casa, todo lo que han atesorado tus padres hasta el día de hoy, será
llevado a Babilonia. No quedará nada, dice el Señor. 18 Y algunos de tus
hijos, de los que han nacido de ti, que tú mismo habrás engendrado, serán
tomados para que sirvan como eunucos en el palacio del rey de Babilonia”. 19
Ezequías respondió a Isaías: “Es auspiciosa la palabra del Señor que has
pronunciado”. Porque se decía a sí mismo: “Mientras yo viva, habrá paz y
seguridad”. Fin del reinado de Ezequías 2 Crón. 32. 32-33 20 El resto de los hechos de
Ezequías, sus proezas, todo lo que él hizo, la cisterna y el canal que
construyó para llevar el agua a la ciudad, ¿no está escrito en el libro de
los Anales de los reyes de Judá? 21 Ezequías fue a descansar con sus padres,
y su hijo Manasés reinó en lugar de él. la
impiedad de manasés y de amón El reinado de Manasés en Judá
(687-642) 2 Crón. 33. 1-10, 18-20 21 1 Manasés tenía doce años cuando comenzó
a reinar, y reinó cincuenta y cinco años en Jerusalén. Su madre se llamaba
Jefsibá. 2 Él hizo lo que es malo a los ojos del Señor, siguiendo las
costumbres abominables de las naciones que el Señor había desposeído delante
de los israelitas. 3 Reedificó los lugares altos que había hecho desaparecer
su padre Ezequías; erigió altares a Baal, hizo un poste sagrado como lo había
hecho Ajab, rey de Israel, y se postró delante de todo el Ejército de los
cielos y lo sirvió. 4 Edificó altares en 10 Entonces el Señor habló por
medio de sus servidores los profetas, en estos términos: 11 “Porque Manasés,
rey de Judá, cometió estas abominaciones, porque superó en maldad a todo lo
que habían hecho los amorreos antes que él, y también hizo pecar a Judá con
sus ídolos, 12 por eso, así habla el Señor, el Dios de Israel: Yo haré venir
sobre Jerusalén y Judá una desgracia tal, que le zumbarán los dos oídos al
que oiga hablar de ella. 13 Tenderé sobre Jerusalén la cuerda de Samaría y el
nivel de la casa de Ajab, y limpiaré a Jerusalén como se limpia un plato, y
una vez limpio, se lo vuelve boca abajo. 14 Rechazaré al resto de mi
herencia, los entregaré en manos de sus enemigos, y serán el botín y la presa
de todos sus enemigos, 15 porque han hecho lo que es malo a mis ojos y no han
cesado de provocar mi indignación, desde el día en que sus padres salieron de
Egipto hasta el día de hoy”. 16 Manasés derramó también sangre
inocente, en tal cantidad que inundó a Jerusalén de un extremo a otro, aparte
del pecado que hizo cometer a Judá, haciendo lo que es malo a los ojos del
Señor. 17 El resto de los hechos de
Manasés y todo lo que él hizo, así como el pecado que cometió, ¿no está
escrito todo eso en el libro de los Anales de los reyes de Judá? 18 Manasés
se fue a descansar con sus padres, y fue sepultado en el jardín de su casa,
en el Jardín de Uzá. Su hijo Amón reinó en lugar de él. El reinado de Amón en Judá
(642-640) 2 Crón. 33. 21-25 19 Amón tenía veintidós años cuando
comenzó a reinar, y reinó dos años en Jerusalén. Su madre se llamaba
Mesulémet, hija de Jarús, y era de Jotbá. 20 Él hizo lo que es malo a los
ojos del Señor, como lo había hecho su padre Manasés. 21 Siguió en todo el
camino que había seguido su padre; sirvió a los ídolos que había servido su
padre y se postró delante de ellos. 22 Abandonó al Señor, el Dios de sus
padres, y no siguió el camino del Señor. 23 Los servidores de Amón
conspiraron contra el rey y lo mataron en su casa. 24 Pero el pueblo del país
mató a todos los que habían conspirado contra el rey Amón, y proclamó rey en
lugar de él a su hijo Josías. 25 El resto de los hechos de Amón,
todo lo que él hizo, ¿no está escrito en el libro de los Anales de los reyes
de Judá? 26 Lo sepultaron en su tumba, en el Jardín de Uzá. Su hijo Josías
reinó en lugar de él. la
reforma religiosa de josías El reinado de Josías en Judá
(640-609) 2 Crón. 34. 1-2 22 1 Josías tenía ocho años cuando
comenzó a reinar, y reinó treinta y un años en Jerusalén. Su madre se llamaba
Iedidá, hija de Adaías, y era de Boscat. 2 Él hizo lo que recto a los ojos
del Señor y siguió en todo el camino de su padre David, sin apartarse ni a la
derecha ni a la izquierda. Descubrimiento del libro de 2 Crón. 34. 8-18 3 El año decimoctavo de su reinado,
el rey Josías envió al secretario Safán, hijo de Asalías, hijo de Mesulám, a 8 El sumo sacerdote Jilquías dijo
al secretario Safán: “He encontrado el libro de La consulta a la profetisa Julda 2 Crón. 34. 19-28 11 Cuando el rey oyó las palabras
del libro de 14 El sacerdote Jilquías, Ajicám,
Acbor, Safán y Asaías fueron a ver a la profetisa Julda, esposa de Salúm,
hijo de Ticvá, hijo de Jarcás, el encargado del vestuario. Ella habitaba en
Jerusalén, en el barrio nuevo. Y cuando terminaron de hablar, 15 les dijo:
“Así habla el Señor, el Dios de Israel: Díganle al hombre que los ha enviado:
16 Así habla el Señor: Yo voy a traer una desgracia a este lugar y sobre sus
habitantes, cumpliendo así todas las palabras del libro que ha leído el rey
de Judá. 17 Porque me han abandonado y han quemado incienso a otros dioses,
provocando mi indignación con toda la obra de sus manos, mi furor se ha
encendido contra este lugar, y no se extinguirá. 18 Pero al rey de Judá que
los envía a consultar al Señor, le dirán: Así habla el Señor, el Dios de Israel:
En lo que respecta a las palabras que has escuchado... 19 Porque tu corazón
se ha conmovido y te has humillado delante del Señor al oír lo que dije
contra este lugar y contra sus habitantes, a saber, que se convertirán en una
devastación y en una maldición; porque has rasgado tus vestiduras y has
llorado delante de mí, también yo he escuchado –oráculo del Señor–. 20 Por
eso, voy a reunirte con tus padres: serás sepultado en paz y tus ojos no
verán nada de la desgracia que atraeré sobre este lugar”. Ellos llevaron la
respuesta al rey. La lectura de 2 Crón. 34. 29-32 23 1 El rey mandó que se reunieran
junto a él todos los ancianos de Judá y de Jerusalén. 2 Luego subió a La reforma del culto en Judá 2 Crón. 34. 3-5 4 El rey ordenó al sumo sacerdote
Jilquías, a los sacerdotes de segundo orden y a los guardianes del umbral,
que sacaran del Templo del Señor todos los objetos fabricados en honor de
Baal, de Aserá y de todo el Ejército de los cielos; los quemó fuera de
Jerusalén, en los baldíos del Cedrón, e hizo llevar sus cenizas a Betel. 5
Suprimió a los sacerdotes que habían establecido los reyes de Judá para quemar
incienso en los lugares altos, en las ciudades de Judá y en los alrededores
de Jerusalén, y a los que quemaban incienso a Baal, al sol, a la luna, a los
signos del zodíaco y a todo el Ejército de los cielos. 6 Sacó del Templo del
Señor el poste sagrado, y lo llevó fuera de Jerusalén, al torrente Cedrón;
allí lo quemó hasta reducirlo a polvo, y arrojó el polvo a la fosa común. 7
Derribó las casas de las prostitutas sagradas que había en 8 Hizo venir de las ciudades de
Judá a todos los sacerdotes, y profanó los lugares altos donde esos
sacerdotes quemaban incienso, desde Gueba hasta Berseba. Derribó el lugar
alto dedicado a los sátiros, que estaba a la entrada de la puerta de Josué,
el gobernador de la ciudad, a la izquierda de quien entra por la puerta de la
ciudad. 9 Pero los sacerdotes de los lugares altos no podían subir al altar
del Señor en Jerusalén, aunque comían los panes ácimos en medio de sus
hermanos. 10 Además, profanó el Tófet del valle
de Ben Hinnóm, para que nadie inmolara en el fuego a su hijo o a su hija, en
honor de Moloc. 11 Suprimió los caballos que los reyes de Judá habían
dedicado al sol, a la entrada de La extensión de la reformaal
antiguo territorio de Israel 2 Crón. 34. 6-7 15 Josías derribó también el altar
que estaba en Betel, el lugar alto que había edificado Jeroboám, hijo de
Nebat, el que hizo pecar a Israel; derribó este altar y su lugar alto, quemó
el lugar alto, lo redujo a polvo, y quemó el poste sagrado. 16 Al darse vuelta, Josías divisó
las tumbas que había allí, sobre la montaña; mandó recoger los huesos de esas
tumbas y los quemó sobre el altar: así lo profanó, conforme a la palabra del
Señor que había proclamado el hombre de Dios, mientras Jeroboám estaba de pie
junto al altar, durante la fiesta. Al darse vuelta, Josías levantó los ojos y
vio la tumba del hombre de Dios que había proclamado estas cosas, 17 y
preguntó: “¿Qué mausoleo es ese que veo?”. La gente de la ciudad le
respondió: “Es la tumba del hombre de Dios que vino de Judá y proclamó las
cosas que tú acabas de hacer contra el altar de Betel”. 18 “Déjenla, dijo el
rey; que nadie remueva sus huesos”. Así fueron respetados sus huesos y los
del profeta que había venido de Samaría. 19 Josías hizo desaparecer también
todas las casas de los lugares altos que se encontraban en las ciudades de
Samaría, y que habían hecho los reyes de Israel para provocar la indignación
del Señor: hizo con ellas lo mismo que había hecho en Betel. 20 Inmoló sobre
los altares a todos los sacerdotes de los lugares altos que había allí, y
quemó sobre ellos huesos humanos. Luego regresó a Jerusalén. La celebración de 2 Crón. 35. 1, 18-19 21 El rey dio esta orden a todo el
pueblo: “Celebren una Pascua en honor del Señor, su Dios, como está escrito
en este libro de Conclusión sobre la reforma
religiosa 24 Josías eliminó también a los
nigromantes, los adivinos, los ídolos familiares, los fetiches y todas las
monstruosidades que se veían en el país de Judá y en Jerusalén, para cumplir
las palabras de 25 Antes de Josías no hubo otro rey
como él, que se convirtiera al Señor con todo su corazón, con toda su alma y
con todas sus fuerzas, conforme a toda Trágico fin de Josías 2 Crón. 35. 20 - 36. 1 28 El resto de los hechos de Josías
y todo lo que él hizo, ¿no está escrito en el libro de los Anales de los
reyes de Judá? 29 En ese tiempo, el faraón Necao,
rey de Egipto, subió en apoyo del rey de Asiria, hacia el río Éufrates. El
rey Josías le salió al paso, pero Necao le dio muerte en Meguido, apenas lo
divisó. 30 Sus servidores cargaron el cadáver en un carro, lo llevaron de
Meguido a Jerusalén y lo sepultaron en su tumba. Entonces el pueblo del país
tomó a Joacaz, hijo de Josías, lo ungió y lo proclamó rey en lugar de su
padre. el
fin del reino de judá El reinado de Joacaz en Judá (609) 2 Crón. 36. 2-4 31 Joacaz tenía veintitrés años
cuando comenzó a reinar, y reinó tres meses en Jerusalén. Su madre se llamaba
Jamutal, hija de Jeremías, y era de Libná. 32 El hizo lo que es malo a los
ojos del Señor, tal como lo habían hecho sus padres. 33 El faraón Necao lo encadenó en
Riblá, en el país de Jamat, para impedir que reinara en Jerusalén, e impuso al
país un tributo de cien talentos de plata y un talento de oro. 34 Además,
designó rey a Eliaquím, hijo de Josías, como sucesor de su padre, y le cambió
su nombre por el de Joaquím. A Joacaz lo tomó prisionero y se lo llevó a
Egipto, donde murió. 35 Joaquím entregó al Faraón el oro
y la plata, pero tuvo que imponer una contribución al país, para pagar la
suma reclamada por el Faraón: él exigió de la población, según los recursos
de cada uno, la plata y el oro que se debía entregar al faraón Necao. El reinado de Joaquím en Judá
(609-598) 2 Crón. 36. 5 36 Joaquím tenía veinticinco años
cuando comenzó a reinar, y reinó once años en Jerusalén. Su madre se llamaba
Zebidá, hija de Pedaías, y era de Rumá. 37 Él hizo lo que es malo a los ojos
del Señor, tal como lo habían hecho sus padres. La campaña de Nabucodonosor 2 Crón. 36. 6-8 24 1 En ese tiempo, Nabucodono-sor,
rey de Babilonia, se puso en campaña, y Joaquím le estuvo sometido durante
tres años. Pero después cambió de actitud y se rebeló contra él. 2 Entonces
el Señor envió contra Joaquím bandas de caldeos, de arameos, de moabitas y de
amonitas; las envió contra Judá para aniquilarla, conforme a la palabra que
el Señor había pronunciado por medio de sus servidores los profetas. 3 Fue
únicamente por orden del Señor que sucedió esto en Judá, para apartarla de su
presencia, a causa de los pecados de Manasés, por todo lo que él hizo, 4 y
también por la sangre inocente que derramó, hasta inundar con ella a
Jerusalén: el Señor no quiso perdonar. 5 El resto de los hechos de Joaquím
y todo lo que él hizo, ¿no está escrito en el libro de los Anales de los
reyes de Judá? 6 Joaquím se fue a descansar con sus padres, y su hijo Joaquín
reinó en lugar de él. 7 El rey de Egipto no volvió a
salir de su país, porque el rey de Babilonia se había apoderado de todo lo
que pertenecía al rey de Egipto, desde el Torrente de Egipto hasta el río
Éufrates. El reinado de Joaquín y la primera
deportación de Judá (598-597) 2 Crón. 36. 9-10 8 Joaquín tenía dieciocho años
cuando comenzó a reinar, y reinó tres meses en Jerusalén. Su madre se llamaba
Nejustá, hija de Elnatán, y era de Jerusalén. 9 Él hizo lo que es malo a los
ojos del Señor, tal como lo había hecho su padre. 10 En aquel tiempo, los servidores
de Nabucodonosor, rey de Babilonia, subieron contra Jerusalén, y la ciudad
quedó sitiada. 11 Nabucodonosor, rey de Babilonia, llegó a la ciudad mientras
sus servidores la sitiaban, 12 y Joaquín, rey de Judá, se rindió al rey de
Babilonia junto con su madre, sus servidores, sus príncipes y sus eunucos. El
rey de Babilonia los tomó prisioneros en el año octavo de su reinado. 13
Luego retiró de allí todos los tesoros de 17 El rey de Babilonia designó rey,
en lugar de Joaquín, a su tío Matanías, a quien le cambió el nombre por el de
Sedecías. El reinado de Sedecías en Judá
(597-587) 2 Crón. 36. 11-13; Jer. 52. 1-3 18 Sedecías tenía veintiún años
cuando comenzó a reinar, y reinó once años en Jerusalén. Su madre se llamaba
Jamutal, hija de Jeremías, y era de Libná. 19 Él hizo lo que es malo a los
ojos del Señor, tal como lo había hecho Joaquín. 20 Esto sucedió en Jerusalén
y en Judá a causa de la ira del Señor, hasta que al fin él los arrojó lejos
de su presencia. Sedecías se rebeló contra el rey de Babilonia. El asedio y la caída de Jerusalén Jer. 39. 1-7; 52. 4-11 25 1 El noveno año del reinado de
Sedecías, el día diez del décimo mes, Nabucodonosor, rey de Babilonia, llegó
con todo su ejército contra Jeru-salén; acampó frente a la ciudad y la
cercaron con una empalizada. 2 La ciudad estuvo bajo el asedio hasta el año
undécimo del rey Sedecías. 3 En el cuarto mes, el día nueve del mes, mientras
apretaba el hambre en la ciudad y no había más pan para la gente del país, 4
se abrió una brecha en la ciudad. Entonces huyeron todos los hombres de
guerra, saliendo de la ciudad durante la noche, por el camino de La ruina de Jerusalén y la
segundadeportación a Babilonia (587) 2 Crón. 36. 17-21; Jer. 39. 8-10;
52. 12-22 8 El día siete del quinto mes –era
el decimonoveno año de Nabucodonosor, rey de Babilonia– Nebuzaradán,
comandante de la guardia, que prestaba servicio ante el rey de Babilonia,
entró en Jerusalén. 9 Incendió 11 Nebuzaradán, el comandante de la
guardia, deportó a toda la población que había quedado en la ciudad, a los
desertores que se habían pasado al rey de Babilonia y al resto de los
artesanos. 12 Pero dejó una parte de la gente pobre del país como viñadores y
cultivadores. 13 Además, los caldeos hicieron
pedazos las columnas de bronce de Las ejecuciones Jer. 52. 24-30 18 El comandante de la guardia
apresó a Seraías, el sumo sacerdote, a Sefanías, el segundo sacerdote, y a
los tres guardianes del umbral. 19 En la ciudad apresó también a un eunuco,
que estaba al frente de los hombres de guerra, a cinco hombres del servicio
personal del rey que fueron sorprendidos en la ciudad, al secretario del jefe
del ejército, encargado de enrolar al pueblo del país, y a sesenta hombres
del pueblo que estaban dentro de la ciudad. 20 Después de tomarlos
prisioneros, Nebuzaradán, comandante de la guardia, los llevó ante el rey de
Babilonia, a Riblá. 21 El rey de Babilonia los mandó golpear y ejecutar en
Riblá, en el país de Jamat. Así fue deportado Judá lejos de su tierra. Godolías, gobernador de Judá Jer. 40. 7-9 El asesinato de Godolías Jer. 41. 1-3 25 Pero en el séptimo mes, Ismael,
hijo de Natanías, hijo de Elisamá, que era de estirpe real, llegó con diez
hombres, y ellos mataron a Godolías y a los judíos y caldeos que estaban con
él en Mispá. 26 Entonces todo el pueblo, desde el más pequeño hasta el más
grande, y los jefes de las tropas, partieron y se fueron a Egipto, por miedo
a los caldeos. La liberación del rey Joaquín en
Babilonia Jer. 52. 31-34 27 El trigésimo séptimo año de la
deportación de Joaquín, rey de Judá, el día veintisiete del duodécimo mes, Evil
Merodac, rey de Babilonia, en el año de su entronización, indultó a Joaquín,
rey de Judá, y lo hizo salir de la prisión. 28 Le habló amigablemente y le
asignó un sitial más elevado que el de los reyes que estaban con él en
Babilonia. 29 Le hizo cambiar su ropa de prisionero, y Joaquín comió siempre
en su presencia, durante toda su vida. 30 Su mantenimiento fue asegurado por
el rey con una asignación regular para cada día, durante toda su vida. 1 2. “Baal Zebub”, que significa “señor de las
moscas”, es una deformación despectiva de “Baal Zebul”, es decir, “Baal el
Príncipe”. Ver Mt. 12. 24. 9. La “montaña” es probablemente el
monte Carmelo, donde Elías había alcanzado una resonante victoria sobre los
profetas de Baal (1 Rey. 18. 36-40). 12. Ver Lc. 9. 54-55. 2 1-18. La vocación de Eliseo se relata
dos veces: la primera vez en 1 Rey. 19. 19-21 y la segunda en este célebre
pasaje. La diferencia entre ambas narraciones se debe a que proceden de
fuentes diversas: la primera pertenece al “ciclo de Elías” y la segunda al
“ciclo de Eliseo”. Esta última quiere mostrar cómo Eliseo, en el momento en
que Elías fue arrebatado misteriosamente al cielo, se convirtió en el
heredero de su espíritu. 9. Eliseo no pide todo el espíritu
profético de Elías, sino “las dos terceras partes”, es decir, la herencia que
correspondía por derecho al primogénito (Deut. 21. 17). De esta manera quiere
ser reconocido como sucesor y heredero espiritual de Elías. 10. Con estas palabras, Elías quería
decir que él por sí mismo no podía hacer de Eliseo un profeta. En cambio, le
indica el signo que le permitirá reconocerse como tal: si Eliseo logra verlo
cuando el Señor lo aparte de su lado, habrá visto algo que está oculto al
común de los hombres. Así tendrá la prueba de que Dios lo ha elegido para el
ministerio profético. Ver 6. 17. 11. Esta misteriosa desaparición de
Elías dio origen a la tradición apocalíptica judía, que afirma su retorno al
fin de los tiempos, para preparar el camino del Mesías (Mal. 3. 23; Ecli. 48.
10-11; Lc. 1. 17; Jn. 1. 21). Pero Jesús puso en claro que “Elías ya ha
venido” en la persona de Juan el Bautista, el cual estaba investido de
cualidades similares a las de Elías (Mt. 17. 10-13; Mc. 9. 11-13). 12. Esta exclamación significa que el
profeta era para Israel una defensa más poderosa que todos sus carros de
guerra. Ver 13. 14. 23-24. La burla se debía probablemente a
que Eliseo llevaba la cabeza rapada, como signo distintivo de su condición de
profeta. El relato legendario de este cruel castigo quiere inculcar el respeto
debido a los enviados de Dios. 3 1. Esta indicación cronológica no concuerda
con la de 1. 17. 4. El rey “Mesa” se hizo célebre por
la inscripción que hizo grabar sobre una gran piedra, que fue encontrada en
Transjordania hace ya más de un siglo. En esta inscripción se menciona a Omrí
y a Ajab, reyes de Israel. 11. “Derramar el agua sobre las manos”
es el gesto propio del servidor y del discípulo. 15. El uso de los instrumentos
musicales estaba destinado a provocar la inspiración y el éxtasis proféticos. 25. “Quir Jaréset”, en Transjordania,
era la capital del reino de Moab. 27. Esta fuga precipitada se debe sin
duda al temor supersticioso que había suscitado en el ejército israelita el
sacrificio ofrecido por el rey de Moab. 4 16. Ver Gn. 18. 14. 17. Ver Gn. 21. 2. 23. El día de la “luna nueva” se
celebraba con diversas ceremonias religiosas (Is. 1. 13 - 14; Os. 2. 13; Am
8. 5). 29. El “bastón” de Eliseo, como el
manto de Elías (2. 14; 1 Rey. 19. 19), participa del poder de que está
investido el profeta. 34. Ver 1 Rey. 17. 19-21. 43. Ver Jn. 6. 9. 5 1. Sin duda se trata de una “victoria” sobre
Israel. 17. La “tierra” de Israel, santificada
por la presencia del Señor, servirá para edificar el altar donde Naamán
ofrecerá sus sacrificios. Sobre la impureza del suelo extranjero, contaminado
por la presencia de los ídolos, ver Am. 7. 17; Os. 9. 3-4. 18. “Rimón”, en arameo Ramán, era uno
de los nombres de Hadad, el dios sirio de la tempestad y las lluvias (Zac.
12. 11). 24. El “Ofel” era probablemente una
altura situada en las cercanías de Samaría. 6 8-9. Los relatos anteriores destacaban,
sobre todo, la actividad de Eliseo como taumaturgo. A partir de ahora, en
cambio, se lo ve participar decisivamente en la vida política de Israel. La cronología
de los hechos y la identidad de algunos personajes, en particular de los
reyes arameos, resultan en muchos casos inciertas. 13. “Dotán” se encontraba a unos veinte
kilómetros al norte de Samaría. 28-29. Ver Lev. 26. 29; Deut. 28. 53-57;
Jer. 19. 9; Ez 5. 10; Lam. 2. 20; 4. 10. 31. Es probable que Eliseo haya
aconsejado resistir hasta el final, contando con el apoyo divino. Ahora el
rey de Israel se encuentra en una situación desesperada, y por eso pronuncia
este juramento contra el profeta. La desesperación del rey contrasta con la
serenidad de Eliseo, que preanuncia la inminente liberación (7. 1-2). 7 1. El profeta alude a la caída en los
precios de los alimentos, como consecuencia inmediata del fin del asedio. 8 16. Según parece, Jorám reinó junto con su
padre Josafat entre los años 848 y 26. En realidad, “Atalía” era hija de
Ajab (v. 18) y nieta de Omrí, el fundador de la dinastía. 9 1-3. La rebelión de Jehú contra la dinastía
de Ajab, culpable de favorecer el culto de Baal en detrimento de la fe
tradicional de Israel, contaba con el apoyo decidido de las corporaciones
proféticas que se agrupaban en torno a Eliseo. Ver 1 Rey. 19. 16. 22. Jehú, al igual que los profetas,
considera una prostitución la infidelidad de Israel al Señor. Las “brujerías”
incluyen todas las prácticas mágicas y maleficios tan comunes en las
religiones del Antiguo Oriente. 31. “Zimrí” fue un jefe del ejército
israelita que se sublevó contra el rey Elá y le dio muerte, pero que sólo
alcanzó a reinar siete días (1 Rey 16. 8-20). Con mordaz ironía, Jezabel
emplea este nombre para designar a Jehú. 36. Ver 1 Rey. 21. 23. 10 1. “Setenta” es una cifra
redonda, que comprende a la totalidad de los descendientes. Ver Gn. 46. 27;
Jc. 8. 30; 12. 14. 2. Jehú lanza un desafío lleno de
sarcasmo contra los posibles partidarios de la familia de Ajab. 4. Estos “dos reyes” eran Jorám, rey
de Israel, y Ocozías, rey de Judá (9. 23-28). 15. Los descendientes de “Recab”, o
recabitas, formaban un grupo de israelitas intransigentes, que se mantenían
fieles al ideal de la vida nómada practicada por Israel en el desierto. Según
ellos, la vida agrícola y sedentaria llevaba necesariamente a la
contaminación con los cultos cananeos y era la raíz de todas las
infidelidades de Israel con el Señor. Ver Jer. 35. 1-19. 21. Este “templo de Baal” es el que
Ajab había mandado construir en Samaría (1 Rey. 16. 32). 24-25. Con esta terrible masacre, Jehú da
una nueva prueba de su crueldad y fanatismo. Sin duda estaba convencido de
que así cumplía la voluntad del Señor. 30. El profeta Oseas (1. 4) juzgará con
menos benevolencia esta sangrienta rebelión. 11 1. “Atalía”, hija de Ajab y nieta de
Omrí, reyes de Israel, se había casado con Jorám de Judá (8. 18). Sobre la
muerte de Ocozías, ver 9. 27-28. 4. Los “carios” eran mercenarios
extranjeros, que formaban la guardia personal del rey. En tiempos de David,
los quereteos y peleteos habían desempeñado un papel similar en la coronación
de Salomón (1 Rey. 1. 38). 12. “EI Testimonio”: podía tratarse de
las insignias de la realeza, o bien, de un texto que establecía las
obligaciones del rey. 12 21. “Bet Miló”: se trata
del “Terraplén” -en hebreo, “Miló”- mencionado en 2 Sam. 5. 9; 1 Rey. 9. 15,
24. Ver nota Jc. 9. 6. 13 12. El relato de esta guerra
se encuentra en 14. 8-14. 14. Estas mismas palabras las había
pronunciado Eliseo al ver el “rapto” de Elías (2. 12). 14 1. Las fechas
correspondientes a los reinados de Joás (835-796) y Amasías (811 -782)
presuponen que hubo un gobierno simultáneo de ambos reyes entre los años 811
y 6. Deut. 24. 16. Ver Ez. 18. 20. 7. El “valle de 11. “Bet Semes” se encontraba a unos
treinta kilómetros al oeste de Jerusalén. 19. “Laquis” distaba de Jerusalén unos
cuarenta y cinco kilómetros en dirección al sudoeste. 21. “Azarías”: en 2 Crón. 26. 1, este
mismo rey es llamado Ozías. 22. Sobre el puerto de “Elat”, ver 1
Rey. 9. 26. 23. Durante el largo y próspero reinado
de Jeroboám II ejercieron su ministerio profético Amós y Oseas, cuyos
oráculos denuncian severamente la injusticia y la idolatría reinantes en
Israel. 15 13. “Ozías” es otro nombre
del rey Azarías, que aparece también en los escritos proféticos (Os. 1. 1;
Am. 1. 1; Is. 1.1; 6.1). 19. “Pul” es el nombre que tomó Tiglat
Piléser III, rey de Asiria (745- 27. El estudio de la cronología de los
reyes de Israel y de Judá muestra que “Pécaj” reinó a lo más cinco años. 29. “Tiglat Piléser” inauguró la
práctica de las deportaciones masivas, para evitar posibles insurrecciones de
los pueblos sometidos. 16 3. Sobre la práctica de los
sacrificios humanos, condenada por 5. “Resín” es el nombre hebreo de
“Rasón” (15. 37) y fue el último rey de Damasco, antes de ser conquistada por
los asirios. Esta coalición de Arám y de Israel contra Judá fue la ocasión en
que el profeta Isaías pronunció los célebres oráculos de los caps. 7-8 de su
Libro. 7- 18. Probablemente, se trate de ciertos
signos exteriores de soberanía, que el rey Ajaz decidió suprimir para
expresar su sometimiento al rey de Asiria. 17 6. El “Jabor” es el
principal afluente del Éufrates, al norte de 18 4. Esta “serpiente de
bronce” era un antiguo objeto de culto idolátrico y se la identificaba con la
serpiente que Moisés había hecho fabricar en el desierto (Núm. 21. 8-9). 13. “Senaquerib, rey de Asiria ” reinó
entre los años 704 y 26. En esta época el “arameo” se había
convertido en la lengua diplomática de todo el Próximo Oriente, pero el
pueblo judío seguía hablando el hebreo. Después del exilio, el arameo pasó a
ser también la lengua del pueblo, hasta los tiempos de Jesús. 19 35-36. El ejército asirio es diezmado por
un flagelo divino -probablemente una peste- que obligó a Senaquerib a
emprender la retirada. 22 8. Este “libro de 23 3. Ver Deut. 5. 1-2. 8. “Sátiros”: Ver nota Lev. 17. 7. 10. “Tófet”: Ver nota Jer. 7. 31. 15. El progresivo debilitamiento de
Asiria permite a Josías extender su influencia al antiguo reino del Norte.
Una de las primeras medidas del rey es destruir el santuario de Betel, donde Jeroboám
había puesto uno de los terneros de oro (1 Rey. 12. 29). 16. Ver I Rey. 13. 1-2. 29. Josías trata de impedir que el
Faraón acuda en ayuda de los asirios, ya que la caída definitiva de ese Imperio
era la condición indispensable para la realización de sus planes, que
apuntaban a la restauración del reino de David. 25 1. Esta fecha corresponde a
fines de diciembre del 3. En Jer. 39. 2; 52. 6 se da una
indicación cronológica más precisa, que sitúa este hecho en junio del 587. 4. El “camino de 6. En “Riblá” había instalado
Nabucodonosor su cuartel general. Ver 23. 33. 8. Es decir, a fines de julio del 26. La huida de este grupo de judíos a
Egipto es narrada más detalladamente en Jer. 41. 16 - 43. 7. 27. Este nuevo rey de Babilonia, hijo y
sucesor de Nabucodonosor, reinó del 561 al |
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Pedro Sergio Antonio Donoso Brant |
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