|
volver |
Caminando con Jesús Pedro Sergio Antonio Donoso Brant Edición especial comentada para ayudar a
comprender mejor las Sagradas Escrituras |
|
|
Nº |
Libros |
|
|
Génesis Éxodo Levítico Números Deuteronomio Josué Jueces Ruth Samuel I Samuel II Reyes I Reyes II Crónicas I Cronicas II Esdras Nehemías Tobías Judit Ester Macabeos I Macabeos II Job Salmos Proverbios Eclesiástes Cantares Sabiduria Eclesiástico Isaias Jeremías Lamentaciones Baruc Ezequiel Daniel Oseas Joel Amós Abdías Jonás Miqueas Nahum Habacuc Sofonías Ageo Zacarías Malaquías Mateo Marcos Lucas Juan Hechos Romanos I Corintios II Corintios Galátas Efesios Filipenses Colosenses TesalonicensesI TesalonicensesII I Timoteo II Timoteo Tito Filemon Hebreos Santiago I Pedro II Pedro I Juan II Juan III Juan Judas Apocalipsis |
El profeta Elías y la muerte de
Ocozías 1 1 Después de la muerte de Ajab, Moab se sublevó contra
Israel. 2 Ocozías se cayó por el balcón del piso alto de su casa, en Samaría,
y quedó malherido. Entonces envió unos mensajeros con este encargo: “Vayan a
consultar a Baal Zebub, el dios de Ecrón, si me repondré de mis heridas”. 3
Pero el Ángel del Señor dijo a Elías, el tisbita: “Sube al encuentro de los
mensajeros del rey de Samaría, y diles: ¿Acaso no hay Dios en Israel, para
que ustedes vayan a consultar a Baal Zebub, el dios de Ecrón? 4 Por eso, así
habla el Señor: No te levantarás del lecho en el que te has acostado, porque
morirás irremediablemente”. Y Elías se fue. 5 Los mensajeros regresaron, y el
rey les preguntó: “¿Cómo es que están de vuelta?”. 6 Ellos le dijeron: “Un
hombre nos salió al encuentro y nos dijo: Vuelvan a ver al rey que los ha
enviado y díganle: Así habla el Señor: ¿Acaso no hay Dios en Israel, para que
tú mandes a consultar a Baal Zebub, el dios de Ecrón? Por eso, no te
levantarás del lecho en el que te has acostado, porque morirás
irremediablemente”. 7 El rey les preguntó: “¿Cómo era el hombre que subió al
encuentro de ustedes y les dijo esas palabras?”. 8 Ellos le respondieron:
“Era un hombre con un manto de piel y con un cinturón de cuero ajustado a la
cintura”. Entonces el rey exclamó: “¡Es Elías, el tisbita!”. 9 El rey envió a un oficial con sus
cincuenta hombres para buscar a Elías. Cuando él subió a buscarlo, lo
encontró sentado en la cumbre de la montaña, y le dijo: “Hombre de Dios, el
rey ha dicho que bajes”. 10 Elías respondió al oficial: “Si yo soy un hombre
de Dios, que baje fuego del cielo y te devore, a ti y a tus cincuenta
hombres”. Y bajó fuego del cielo y lo devoró, a él y a sus cincuenta hombres. 11 El rey le volvió a enviar otro
oficial con sus cincuenta hombres. Este tomó la palabra y dijo a Elías: “Hombre
de Dios, así habla el rey: Baja en seguida”. 12 Elías le respondió: “Si yo
soy un hombre de Dios, que baje fuego del cielo y te devore, a ti y a tus
cincuenta hombres”. Y bajó fuego del cielo y lo devoró, a él y a sus
cincuenta hombres. 13 El rey volvió a enviar a un
tercer oficial con sus cincuenta hombres. El tercer oficial subió y, al
llegar, se puso de rodillas frente a Elías y le suplicó, diciendo: “Hombre de
Dios, por favor, que mi vida y la vida de estos cincuenta servidores tuyos
tengan algún valor a tus ojos. 14 Ya ha bajado fuego del cielo y ha devorado
a los dos oficiales anteriores con sus cincuenta hombres. Pero ahora, ¡que mi
vida tenga algún valor a tus ojos!”. 15 El Ángel del Señor dijo a Elías:
“Baja con él, no le temas”. Elías se levantó, bajó con él a presentarse ante
el rey, 16 y le dijo: “Así habla el Señor: Por haber enviado mensajeros a
consultar a Baal Zebub, el dios de Ecrón, como si no hubiera Dios en Israel
para consultar su palabra, por eso, no te levantarás del lecho donde te has
acostado: morirás irremediablemente”. 17 El rey murió, conforme a la
palabra del Señor que había pronunciado Elías. En lugar de él reinó su
hermano Jorám, en el segundo año de Jorám, hijo de Josafat, rey de Judá;
porque Ocozías no tenía hijos. 18 El resto de los hechos de Ocozías, lo que
él hizo, ¿no está escrito en el libro de los Anales de los reyes de Israel? EL CICLO DE ELISEO A
diferencia de Elías, el profeta intransigente y solitario, Eliseo vive en estrecho
contacto con las comunidades proféticas que solían encontrarse en las
inmediaciones de los santuarios israelitas. En el ciclo que relata su
actividad, pueden distinguirse fácilmente dos series de narraciones, de
índole bastante diversa. La primera reúne un conjunto de relatos breves, de
carácter más bien anecdótico y popular, en los que predomina el gusto por lo
maravilloso. Eliseo aparece como un taumaturgo dotado de extraordinarios
poderes sobrenaturales, que le permiten realizar toda clase de milagros en
favor de los pobres y necesitados. La
otra serie de relatos presenta a este profeta plenamente comprometido con la
vida política de Israel. Como ferviente patriota, él defiende la causa de su
pueblo contra las naciones enemigas, aconseja a los reyes, los acompaña en
sus guerras y preanuncia sus victorias. En su ardiente celo religioso llega
incluso a apoyar la sangrienta rebelión de Jehú contra la dinastía reinante,
demasiado complaciente con el paganismo cananeo. Así, a través de Eliseo, el
movimiento profético sigue luchando por mantener incontaminada la fe de
Israel. elías
y eliseo Elías arrebatado al cielo 2 1 Esto es lo que sucedió cuando el Señor arrebató a
Elías y lo hizo subir al cielo en el torbellino. Elías y Eliseo partieron de Guilgal,
2 y Elías dijo a Eliseo: “Quédate aquí, porque el Señor me ha enviado hasta
Betel”. Pero Eliseo respondió: “Juro por la vida del Señor y por tu propia
vida que no te dejaré”. Y bajaron a Betel. 3 La comunidad de profetas que
había en Betel salió a recibir a Eliseo, y le dijeron: “¿Sabes que hoy el
Señor va a arrebatar a tu maestro por encima de tu cabeza?”. Él respondió:
“Claro que lo sé; ¡no digan nada!”. 4 Elías le dijo: “Quédate aquí,
Eliseo, porque el Señor me ha enviado a Jericó”. Pero él respondió: “Juro por
la vida del Señor y por tu propia vida que no te dejaré”. Y llegaron a
Jericó. 5 La comunidad de profetas que había en Jericó se acercó a Eliseo y
le dijeron: “¿Sabes que hoy el Señor va a arrebatar a tu maestro por encima
de tu cabeza?”. Él respondió: “Claro que lo sé; ¡no digan nada!”. 6 Elías le dijo: “Quédate aquí,
porque el Señor me ha enviado al Jordán”. Pero Eliseo respondió: “Juro por la
vida del Señor y por tu propia vida que no te dejaré”. Y se fueron los dos. 7 Cincuenta hombres de la comunidad
de profetas fueron y se pararon enfrente, a una cierta distancia, mientras
los dos estaban de pie a la orilla del Jordán. 8 Elías se quitó el manto, lo
enrolló y golpeó las aguas. Estas se dividieron hacia uno y otro lado, y así
pasaron los dos por el suelo seco. 9 Cuando cruzaban, Elías dijo a Eliseo:
“Pide lo que quieres que haga por ti antes de que sea separado de tu lado”.
Eliseo respondió: “¡Ah, si pudiera recibir las dos terceras partes de tu
espíritu!”. 10 “¡No es nada fácil lo que pides!, dijo Elías; si me ves cuando
yo sea separado de tu lado, lo obtendrás; de lo contrario, no será así”. 11 Y
mientras iban conversando por el camino, un carro de fuego, con caballos
también de fuego, los separó a uno del otro, y Elías subió al cielo en el torbellino.
12 Al ver esto, Eliseo gritó: “¡Padre mío! ¡Padre mío! ¡Carro de Israel y su
caballería!”. Y cuando no lo vio más, tomó sus vestiduras y las rasgó en dos
pedazos. 13 Luego recogió el manto que se le había caído a Elías de encima,
se volvió y se detuvo al borde del Jordán. Eliseo sucede a Elías 14 Después, con el manto que se le
había caído a Elías, golpeó las aguas, pero estas no se dividieron. Entonces
dijo: “¿Dónde está el Señor, el Dios de Elías?”. El golpeó otra vez las
aguas; estas se dividieron hacia uno y otro lado, y Eliseo cruzó. 15 El grupo
de profetas de Jericó, que lo habían visto de enfrente, dijeron: “¡El
espíritu de Elías se ha posado sobre Eliseo!”. En seguida fueron a su
encuentro, se postraron hasta el suelo delante de él, 16 y le dijeron: “Hay
aquí, entre tus servidores, cincuenta hombres valientes. Deja que vayan a
buscar a tu señor; tal vez el espíritu del Señor se lo llevó y lo arrojó
sobre alguna montaña o en algún valle”. Él replicó: “No envíen a nadie”. 17
Pero ellos lo presionaron tanto, que terminó por decir: “¡Envíenlos de una
vez!”. Así enviaron a cincuenta hombres, que lo buscaron durante tres días,
pero no lo encontraron. 18 Cuando regresaron junto a Eliseo, que se había
quedado en Jericó, él les dijo: “¿No les había dicho que no fueran?”. Dos milagros de Eliseo 19 La gente de la ciudad dijo a
Eliseo: “El sitio donde está emplazada la ciudad es bueno, como mi señor
puede ver; pero el agua es malsana y la tierra, estéril”. 20 Eliseo dijo:
“Tráiganme un plato nuevo y pongan en él un poco de sal”. Cuando se lo
trajeron, 21 Eliseo se dirigió al manantial y echó allí la sal, diciendo:
“Así habla el Señor: Yo saneo estas aguas; ya no saldrá de aquí muerte ni
esterilidad”. 22 Y las aguas quedaron saneadas hasta el día de hoy, conforme
a la palabra pronunciada por Eliseo. 23 Desde allí subió a Betel.
Mientras iba subiendo por el camino, unos muchachos salieron de la ciudad y
se burlaban de él, diciendo: “¡Sube, calvo! ¡Sube, calvo!”. 24 Él se dio
vuelta, los vio y los maldijo en nombre del Señor. Entonces salieron del
bosque dos osos, que despedazaron a cuarenta y dos de esos jóvenes. 25 Desde
allí se dirigió al monte Carmelo, y luego volvió a Samaría. la guerra con moab El reinado de Jorám en Israel
(852-841) 3 1 Jorám, hijo de Ajab, comenzó a reinar sobre
Israel, en Samaría, el decimoctavo año de Josafat, rey de Judá, y reinó doce
años. 2 Él hizo lo que es malo a los ojos del Señor, aunque no tanto como su
padre y su madre, ya que retiró la piedra sagrada de Baal que había erigido su
padre. 3 Sin embargo, persistió en el pecado que Jeroboám, hijo de Nebat,
había hecho cometer a Israel, y no se apartó de él. La expedición de Jorámcontra Mesa,
rey de Moab 4 Mesa, rey de Moab, era criador de
rebaños, y pagaba como tributo al rey de Israel cien mil corderos y cien mil
carneros lanudos. 5 Pero al morir Ajab, el rey de Moab se sublevó contra el
rey de Israel. 6 Aquel día, el rey Jorám salió de Samaría y pasó revista a
todo Israel. 7 Luego partió y mandó decir a Josafat, rey de Judá: “El rey de
Moab se ha sublevado contra mí; ¿quieres venir conmigo a combatir contra
Moab?”. Josafat respondió: “Sí, subiré; cuenta conmigo como contigo mismo,
con mi gente como con la tuya, con mis caballos como con los tuyos”. 8 Además
preguntó: “¿Por qué camino subiremos?”. “Por el camino del desierto de Moab”,
respondió Jorám. 9 El rey de Israel, el rey de Judá
y el rey de Edóm se pusieron en campaña; pero después de siete días de
marcha, faltó el agua para la tropa y para los animales de carga que iban
detrás. 10 Entonces el rey de Israel exclamó: “¡Ay, el Señor ha convocado a
estos tres reyes para entregarlos en manos de Moab!”. 11 Josafat, por su
parte, preguntó: “¿No hay aquí un profeta del Señor, para que podamos
consultar al Señor?”. Uno de los servidores del rey de Israel tomó la palabra
y dijo: “Aquí está Eliseo, hijo de Safat, el que derramaba agua sobre las
manos de Elías”. 12 Y Josafat afirmó: “La palabra del Señor está con él”. El rey de Israel, el rey de Judá y el
rey de Edóm bajaron hacia donde estaba Eliseo, 13 pero este dijo al rey de
Israel: “¿Qué tengo que ver yo contigo? Recurre a los profetas de tu padre y
a los profetas de tu madre”. “De ninguna manera, dijo el rey de Israel,
porque el Señor ha convocado a estos tres reyes para entregarlos en manos de
Moab”. 14 Eliseo respondió: “¡Por la vida del Señor de los ejércitos, a quien
sirvo! Si no fuera por consideración a Josafat, rey de Judá, no te tendría en
cuenta y ni siquiera te miraría. 15 Pero ahora, tráiganme un músico”. Y
mientras el músico pulsaba las cuerdas, la mano del Señor se posó sobre
Eliseo, 16 y él dijo: “Así habla el Señor: Abran zanjas y más zanjas en esta
quebrada, 17 porque así habla el Señor: Ustedes no verán viento ni verán
lluvia, pero esta quebrada se llenará de agua, para que beban ustedes, su
ganado y sus bestias de carga. 18 Y como esto es demasiado poco a los ojos
del Señor, él entregará a Moab en manos de ustedes. 19 Derrotarán todas las
plazas fuertes y todas las ciudades importantes; talarán los mejores árboles,
cegarán todas las fuentes de agua y arruinarán todos los campos fértiles,
cubriéndolos de piedras”. 20 En efecto, a la mañana siguiente, a la hora de
la ofrenda, vino una correntada por el lado de Edóm y se inundó de agua toda
la región. 21 Mientras tanto, todos los
moabitas, al oír que los reyes subían a combatir contra ellos, se habían
movilizado –desde los que estaban en edad de ceñir las armas en adelante– y
se habían apostado en la frontera. 24 Pero cuando llegaron al
campamento de Israel, surgieron los israelitas y derrotaron a Moab, que huyó
delante de ellos. Luego siguieron avanzando y derrotando a Moab: 25
demolieron las ciudades y cada uno arrojó su piedra en los campos fértiles,
hasta llenarlos de ellas; cegaron todas las fuentes de agua y talaron los
mejores árboles. Al fin, cuando ya no quedó más que Quir Jaréset, los
honderos la cercaron y la atacaron. 26 El rey de Moab, al ver que la guerra
estaba perdida para él, reunió a setecientos hombres armados de espada, para
abrirse una brecha hacia el rey de Edóm; pero fracasó. 27 Entonces tomó a su
hijo primogénito, el que debía reinar después de él, y lo ofreció en
holocausto sobre la muralla. Y se desencadenó una ira tan grande contra
Israel, que debieron retirarse de allí y volver a su país. algunos
milagros de eliseo El aceite de la viuda 4 1 La mujer de uno de la comunidad de profetas
imploró a Eliseo, diciendo: “Tu servidor, mi marido, ha muerto, y tú sabes
que era un hombre temeroso del Señor. Pero ahora ha venido un acreedor para
llevarse a mis dos hijos como esclavos”. 2 Eliseo le dijo: “¿Qué puedo hacer
por ti? Dime qué tienes en tu casa”. Ella le respondió: “Tu servidora no
tiene en su casa nada más que un frasco de aceite”. 3 Eliseo le dijo: “Ve y
pide prestados a todos tus vecinos unos recipientes vacíos; cuántos más sean,
mejor. 4 Luego entra y enciérrate con tus hijos; echa el aceite en todos esos
recipientes, y cuando estén llenos, colócalos aparte”. 5 Ella se fue y se
encerró con sus hijos; estos le presentaban los recipientes, y ella los iba
llenando. 6 Cuando todos estuvieron llenos, ella dijo a su hijo: “Alcánzame
otro recipiente”. Pero él respondió: “Ya no quedan más”. Entonces dejó de
correr el aceite. 7 Ella fue a informar al hombre de Dios, y este le dijo:
“Ve a vender el aceite y paga la deuda; después, tú y tus hijos podrán vivir
con el resto”. El hijo de la mujer de Sunám 8 Un día, Eliseo pasó por Sunám.
Había allí una mujer pudiente, que le insistió para que se quedara a comer. Desde
entonces, cada vez que pasaba, él iba a comer allí. 9 Ella dijo a su marido:
“Mira, me he dado cuenta de que ese que pasa siempre por nuestra casa es un
santo hombre de Dios. 10 Vamos a construirle una pequeña habitación en la
terraza; le pondremos allí una cama, una mesa, una silla y una lámpara, y
así, cuando él venga, tendrá donde alojarse”. 11 Un día Eliseo llegó por allí, se
retiró a la habitación de arriba y se acostó. 12 Después dijo a Guejazí, su
servidor: “Llama a esa buena sunamita”. El servidor la llamó, y ella se
presentó ante él. 13 Eliseo dijo entonces a Guejazí: “Dile: Realmente tú te
has desvivido por nosotros; ¿qué se puede hacer por ti? ¿Necesitas una
recomendación para el rey o el jefe del ejército?”. Ella respondió: “Me
siento muy bien donde estoy, en medio de mi gente”. 14 Pero Eliseo insistió:
“Entonces, ¿qué se puede hacer por ella?”. Guejazí respondió:
“Lamentablemente, no tiene un hijo y su marido es viejo”. 15 “Llámala”, dijo
Eliseo. Cuando la llamó, ella se quedó junto a la puerta, 16 y Eliseo le
dijo: “El año próximo, para esta misma época, tendrás un hijo en tus brazos”.
Ella exclamó: “No, señor, por favor; tú eres un hombre de Dios, no engañes a
tu servidora”. 17 Pero la mujer concibió, y dio a luz un hijo al año
siguiente, para esa misma época, como se lo había dicho Eliseo. 18 El niño creció. Y un día en que
había ido a ver a su padre, que estaba con los segadores, 19 le dijo: “¡Ay,
mi cabeza! ¡Ay, mi cabeza!”. El padre dijo al servidor: “Llévaselo a su
madre”. 20 Él lo tomó y se lo llevó a su madre. El niño estuvo en la falda de
su madre hasta el mediodía y luego murió. 21 Entonces ella subió, lo acostó
en la cama del hombre de Dios, cerró la puerta y salió. 22 Después mandó
llamar a su marido y le dijo: “Envíame, por favor, a uno de los servidores
con un asna; voy corriendo a ver al hombre de Dios, y en seguida vuelvo”. 23
Él le preguntó: “¿Por qué vas a verlo hoy, si no es día de luna nueva ni
sábado?”. Pero ella le dijo: “No te preocupes”. 24 Luego hizo ensillar el
asna y dijo a su servidor: “Toma la rienda y camina. No me detengas por el
camino, a no ser que yo te lo diga”. 25 Así partió y llegó adonde estaba el
hombre de Dios, en el monte Carmelo. Cuando el hombre de Dios la divisó
a lo lejos, dijo a Guejazí, su servidor: “Ahí viene nuestra sunamita. 26
Corre a su encuentro y dile: ¿Cómo estás? ¿Cómo están tu marido y tu hijo?”.
Ella respondió: “Todos bien”. 27 Y al llegar junto al hombre de Dios, en la
montaña, se abrazó a sus pies. Guejazí se acercó para apartarla, pero el
hombre de Dios dijo: “Déjala, porque está muy apenada, y el Señor me lo tuvo
oculto, no me manifestó nada”. 28 Entonces ella dijo: “¿Le pedí yo un hijo a
mi señor? ¿No te dije que no me ilusionaras?”. 29 Eliseo dijo a Guejazí: “Cíñete
el cinturón, toma mi bastón y vete. Si encuentras a alguien por el camino no
lo saludes, y si alguien te saluda no le respondas. Coloca mi bastón sobre el
rostro del muchacho”. 30 Pero la madre replicó: “Juro por la vida del Señor y
por tu propia vida que no te dejaré”. Entonces Eliseo se levantó y fue detrás
de ella. 31 Mientras tanto, Guejazí se les
había adelantado y había puesto el bastón sobre el rostro del muchacho, pero
este no dio señales de vida. Volvió entonces a presentarse ante Eliseo y le
comunicó: “El muchacho no se ha despertado”. 32 Cuando Eliseo llegó a la casa,
vio que el muchacho estaba muerto, tendido sobre su lecho. 33 En seguida
entró, se encerró solo con el muchacho y oró al Señor. 34 Luego subió a la
cama, se acostó sobre el niño y puso su boca, sus ojos y sus manos sobre la
boca, los ojos y las manos del niño; permaneció recostado sobre él y la carne
del niño entró en calor. 35 Se puso a caminar por la casa de un lado a otro,
se levantó y se recostó sobre él hasta siete veces. Entonces el muchacho estornudó
y abrió los ojos. 36 Eliseo llamó a Guejazí y le ordenó: “Llama a la
sunamita”. Cuando la llamó, ella vino y Eliseo le dijo: “Toma a tu hijo”. 37
Ella entró y cayó a los pies de Eliseo con el rostro en tierra. Después
levantó a su hijo y salió. El caldo envenenado 38 Eliseo volvió a Guilgal, cuando
el hambre se hacía sentir en la región. Mientras la comunidad de profetas
estaba sentada delante de él, dijo a su servidor: “Coloca sobre el fuego la olla
grande y prepara un caldo para la comunidad de profetas”. 39 Uno de ellos
salió al campo para recoger algunas hierbas. Encontró una especie de viña
silvestre, de la que recogió los frutos salvajes hasta llenar su manto. Al
volver, los cortó en pedazos y los echó a la olla del caldo, porque nadie
sabía lo que eran. 40 Luego sirvieron la comida a los hombres, pero apenas
probaron el caldo, se pusieron a gritar: “¡La muerte está en esa olla, hombre
de Dios!”. Y no pudieron comer. 41 Eliseo dijo: “Traigan harina”. Él la
arrojó en la olla y agregó: “Sírvele a esta gente, para que coman”. Y ya no
había nada malo en la olla. La multiplicación de los panes 42 Llegó un hombre de Baal Salisá,
trayendo al hombre de Dios pan de los primeros frutos: veinte panes de cebada
y grano recién cortado, en una alforja. Eliseo dijo: “Dáselo a la gente para
que coman”. 43 Pero su servidor respondió: “¿Cómo voy a servir esto a cien
personas?”. “Dáselo a la gente para que coman, replicó él, porque así habla
el Señor: Comerán y sobrará”. 44 El servidor se lo sirvió; todos comieron y
sobró, conforme a la palabra del Señor. La curación de Naamán 5 1 Naamán, general del ejército del rey de Arám, era
un hombre prestigioso y altamente estimado por su señor, porque gracias a él,
el Señor había dado la victoria a Arám. Pero este hombre, guerrero valeroso,
padecía de una enfermedad en la piel. 2 En una de sus incursiones, los
arameos se habían llevado cautiva del país de Israel a una niña, que fue
puesta al servicio de la mujer de Naamán. 3 Ella dijo entonces a su patrona:
“¡Ojalá mi señor se presentara ante el profeta que está en Samaría!
Seguramente, él lo libraría de su enfermedad”. 4 Naamán fue y le contó a su
señor: “La niña del país de Israel ha dicho esto y esto”. 5 El rey de Arám respondió:
“Está bien, ve, y yo enviaré una carta al rey de Israel”. Naamán partió llevando consigo diez
talentos de plata, seis mil siclos de oro y diez trajes de gala, 6 y presentó
al rey de Israel la carta que decía: “Al mismo tiempo que te llega esta carta,
te envío a Naamán, mi servidor, para que lo libres de su enfermedad”. 7
Apenas el rey de Israel leyó la carta, rasgó sus vestiduras y dijo: “¿Acaso
yo soy Dios, capaz de hacer morir y vivir, para que este me mande librar a un
hombre de su enfermedad? Fíjense bien y verán que él está buscando un
pretexto contra mí”. 8 Cuando Eliseo, el hombre de Dios,
oyó que el rey de Israel había rasgado sus vestiduras, mandó a decir al rey:
“¿Por qué has rasgado tus vestiduras? Que él venga a mí y sabrá que hay un
profeta en Israel”. 9 Naamán llegó entonces con sus caballos y su carruaje, y
se detuvo a la puerta de la casa de Eliseo. 10 Eliseo mandó un mensajero para
que le dijera: “Ve a bañarte siete veces en el Jordán; tu carne se
restablecerá y quedarás limpio”. 11 Pero Naamán, muy irritado, se fue
diciendo: “Yo me había imaginado que saldría él personalmente, se pondría de
pie e invocaría el nombre del Señor, su Dios; luego pasaría su mano sobre la
parte afectada y curaría al enfermo de la piel. 12 ¿Acaso los ríos de
Damasco, el Abaná y el Parpar, no valen más que todas las aguas de Israel?
¿No podía yo bañarme en ellos y quedar limpio?”. Y dando media vuelta, se fue
muy enojado. 13 Pero sus servidores se acercaron para decirle: “Padre, si el
profeta te hubiera mandado una cosa extraordinaria ¿no la habrías hecho?
¡Cuánto más si él te dice simplemente: Báñate y quedarás limpio!”. 14
Entonces bajó y se sumergió siete veces en el Jordán, conforme a la palabra
del hombre de Dios; así su carne se volvió como la de un muchacho joven y
quedó limpio. 15 Luego volvió con toda su
comitiva adonde estaba el hombre de Dios. Al llegar, se presentó delante de
él y le dijo: “Ahora reconozco que no hay Dios en toda la tierra, a no ser en
Israel. Acepta, te lo ruego, un presente de tu servidor”. 16 Pero Eliseo
replicó: “Por la vida del Señor, a quien sirvo, no aceptaré nada”. Naamán le
insistió para que aceptara, pero él se negó. 17 Naamán dijo entonces: “De
acuerdo; pero permite al menos que le den a tu servidor un poco de esta tierra,
la carga de dos mulas, porque tu servidor no ofrecerá holocaustos ni
sacrificios a otros dioses, fuera del Señor. 18 Y que el Señor perdone a tu
servidor este gesto: cuando mi señor entra en el templo de Rimón para
postrarse y se apoya en mi brazo, yo también me postro en el templo de Rimón.
Así, cuando yo me postre en el templo de Rimón, que el Señor se digne
perdonar este gesto a tu servidor”. 19 Eliseo le respondió: “Vete en paz”. La codicia de Guejazí Después que Naamán se alejó a una
cierta distancia de Eliseo, 20 Guejazí, servidor de Eliseo, el hombre de
Dios, pensó: “Mi señor se ha mostrado demasiado desprendido con ese arameo
Naamán, al rehusar los presentes que había traído. Por la vida del Señor, voy
a correr detrás de él a ver si le saco alguna cosa”. 21 Guejazí se lanzó
detrás de Naamán, y cuando este vio que corría detrás de él, salió de su
carruaje para ir a su encuentro y le dijo: “¿Pasa algo?”. 22 “No, respondió
él; pero mi señor te manda decir: Hace apenas un momento vinieron a verme dos
muchachos de la montaña de Efraím, de la comunidad de profetas. Te ruego que
me des para ellos un talento de plata y dos mudas de ropa”. 23 Naamán dijo:
“Toma más bien dos talentos”. Y le insistió hasta que metió en dos bolsas dos
talentos de plata y dos mudas de ropa, que entregó a sus servidores para que
los llevaran delante de Guejazí. 24 Al llegar a Ofel, Guejazí recogió todo y
lo depositó en su casa. Luego despidió a los dos hombres, y ellos se fueron. 25 Cuando fue a presentarse ante su
señor, Eliseo le dijo: “¿De dónde vienes, Guejazí?”. Él respondió: “Tu
servidor no fue a ninguna parte”. 26 Pero Eliseo le replicó: “¿No estaba allí
mi espíritu cuando un hombre descendió de su carruaje para ir a tu encuentro?
Y ahora que has conseguido esa plata, podrás obtener jardines, olivares y
viñas, ovejas y vacas, esclavos y esclavas. 27 Pero la lepra de Naamán se te
pegará a ti y a tu descendencia para siempre”. Cuando Guejazí se retiró de su
presencia, estaba leproso, blanco como la nieve. El hacha hundida en el río 6 1 La comunidad de profetas dijo a Eliseo: “La sala
donde nos reunimos a escucharte es demasiado estrecha para nosotros. 2
Vayamos hasta el Jordán; allí tomaremos cada uno un poste y haremos una sala
donde podremos sentarnos”. Él respondió: “Vayan”. 3 Pero uno de ellos dijo:
“Por favor, accede a venir con tus servidores”. “Iré”, respondió él, 4 y se
fue con ellos. Cuando llegaron al Jordán, se pusieron a cortar los árboles. 5
Pero a uno de ellos, al derribar un poste, se le cayó el hacha al agua.
Entonces lanzó un grito, diciendo: “¡Ay, mi señor, el hacha era prestada!”. 6
El hombre de Dios dijo: “¿Dónde cayó?”. Él le mostró el lugar, y Eliseo
partió un pedazo de madera; lo arrojó allí, y el hacha salió a flote. 7 Luego
dijo: “Levántala”. El discípulo extendió la mano y la recogió. las
guerras arameas El enceguecimientode las tropas de
los arameos 8 El rey de Arám estaba en guerra
con Israel. Cuando él se reunía en consejo con sus oficiales y decía:
“Acamparé en tal o cual lugar”, 9 el hombre de Dios mandaba decir al rey de
Israel: “Cuidado con pasar por tal lugar, porque allí han bajado los
arameos”. 10 Entonces el rey de Israel enviaba algunos hombres al lugar que
le había dicho el hombre de Dios. Eliseo le avisaba, y él tomaba las
precauciones debidas. Esto sucedió más de una vez. 11 El rey de Arám se alarmó ante
este hecho. Llamó a sus oficiales y les dijo: “Es preciso que me informen
quién de entre nosotros está a favor del rey de Israel”. 12 Pero uno de los
oficiales le respondió: “No, majestad; Eliseo, el profeta de Israel, es el
que comunica al rey de Israel las palabras que tú pronuncias aun en tu
dormitorio”. 13 El rey dijo: “Vayan y vean dónde está, y yo mandaré a
detenerlo”. Le informaron que estaba en Dotán, 14 y él envió caballos, carros
de guerra y un fuerte destacamento, que llegaron durante la noche y cercaron
la ciudad. 18 Cuando los arameos descendían
hacia él, Eliseo oró al Señor, diciendo: “¡Por favor, enceguece a esta
gente!”. Y él los encegueció, conforme a la palabra de Eliseo. 19 Entonces
Eliseo les dijo: “No es este el camino ni es esta la ciudad. Síganme y yo los
llevaré hacia donde está el hombre que ustedes buscan”. Y los llevó a
Samaría. 20 Una vez que entraron en la ciudad, Eliseo dijo: “Señor, abre los ojos
de esta gente para que vean”. El Señor les abrió los ojos, y vieron que
estaban dentro de Samaría. 21 El rey de Israel, al verlos,
dijo a Eliseo: “¿Tengo que matarlos, padre mío?”. 22 Él replicó: “No los
mates. ¿Acaso haces morir a todos los que tu espada y tu arco han tomado
prisioneros? Sírveles pan y agua; que coman y beban y después se vayan con su
señor. 23 El rey les hizo servir un gran banquete; ellos comieron y bebieron,
y después los despidió para que se fueran con su señor. Las bandas arameas no volvieron a
incursionar en territorio de Israel. Segundo sitio de Samaría:el hambre
en la ciudad sitiada 24 Un tiempo después, Ben Hadad,
rey de Arám, movilizó todo su ejército y sitió a Samaría. 25 Hubo entonces
mucha hambre en Samaría, y el asedio era tan duro que una cabeza de asno
valía ochenta siclos de plata, y unos puñados de estiércol de paloma, cinco
siclos de plata. 26 Mientras el rey de Israel pasaba
sobre la muralla, una mujer le gritó: “¡Socorro, majestad!”. 27 Él respondió:
“¡No, que te socorra el Señor! ¿Con qué podría socorrerte yo? ¿Con los
productos de la era o del lagar?”. 28 Luego añadió: “¿Qué te pasa?”. Ella
respondió: “Esta mujer me dijo: Trae a tu hijo; lo comeremos hoy, y mañana
comeremos el mío. 29 Entonces cocinamos a mi hijo y lo comimos. Al día
siguiente, yo le dije: Trae a tu hijo para que lo comamos. Pero ella lo había
escondido”. 30 Al oír las palabras de aquella mujer, el rey rasgó sus
vestiduras; y como pasaba sobre el muro, la gente vio el cilicio que llevaba
sobre su carne. 31 El rey dijo: “Que Dios me castigue si Eliseo, hijo de
Safat, queda hoy con la cabeza sobre el cuello”. Anuncio de la liberación de la
ciudad 32 Eliseo estaba sentado en su
casa, y los ancianos estaban sentados con él. El rey le envió a uno de sus hombres;
pero antes que llegara el mensajero, Eliseo dijo a los ancianos: “¿Han visto
que este hijo de asesino envía a un hombre a cortarme la cabeza? Estén
atentos, y cuando llegue el mensajero, empújenlo con la puerta y atránquenla
bien. ¿Acaso no se oyen los pasos de su señor que viene detrás de él?”. 33
Todavía les estaba hablando, cuando llegó el rey y le dijo: “Todo este mal
nos viene del Señor. ¿Qué puedo esperar todavía del Señor?”. 7 1 Eliseo dijo entonces: “Escuchen la palabra del
Señor: Así habla el Señor: Mañana, a esta misma hora, se venderá un balde de
harina de la mejor calidad por un siclo, y dos baldes de cebada por el mismo
precio, en Fin del asedio de Samaría 3 Había cuatro hombres leprosos que
se encontraban a la entrada de 8 Aquellos leprosos llegaron al
extremo del campamento y entraron en una carpa; y después que comieron y
bebieron, se llevaron de allí plata, oro y ropa, y fueron a esconderlos.
Después volvieron, entraron en otra carpa, y se llevaron otras cosas que
también fueron a esconder. 9 Ellos se dijeron unos a otros:
“No está bien lo que estamos haciendo. Este es un día de buenas noticias. Si
nos quedamos callados y aguardamos hasta el amanecer, no nos libraremos de un
castigo. Vayamos mejor ahora mismo a informar a la casa del rey”. 10 Entonces
fueron a llamar a los porteros de la ciudad y les informaron, diciendo:
“Hemos entrado en el campamento de los arameos y no había nadie; no se oía ni
una sola voz humana. Sólo estaban los caballos y los asnos atados, y las
carpas intactas”. 11 Los porteros lanzaron gritos hacia el interior de la
ciudad, y se hizo llegar la noticia a la casa del rey. 12 El rey se levantó de noche y
dijo a sus servidores: “Les voy a explicar lo que han urdido contra nosotros
los arameos. Como ellos saben que estamos hambrientos, han salido del
campamento y se han ocultado en el campo, diciendo: Van a salir de la ciudad;
entonces los capturaremos vivos y entraremos en la ciudad”. 13 Uno de los
oficiales pidió la palabra y dijo: “Tomemos cinco de los caballos que todavía
quedan. A fin de cuentas, si se los deja en la ciudad, les sucederá lo mismo
que a toda la multitud de Israel que ya ha perecido. Los enviaremos y veremos
qué pasa”. 14 Tomaron dos carros con sus caballos, y el rey los envió a
seguir los rastros del campamento arameo, diciendo: “Vayan a ver”. 15 Ellos
siguieron las huellas hasta el Jordán, y vieron diseminados por todo el
camino el material y la ropa que habían arrojado los arameos en su fuga
precipitada. Después, los mensajeros volvieron para informar al rey. 16 El pueblo salió a saquear el
campamento de los arameos, y se tuvo un balde de harina por un siclo, y dos
baldes de cebada por el mismo precio, conforme a la palabra del Señor. 17 El
rey había puesto a vigilar La devolución de los bienes de la
sunamita 8 1 Eliseo dijo a la madre del niño que él había
hecho revivir: “Parte ahora mismo con toda tu familia, y emigra adonde
puedas, porque el Señor ha llamado al hambre, y ya viene al país por siete
años”. 2 La mujer partió e hizo lo que le había dicho el hombre de Dios:
emigró con su familia al país de los filisteos y se quedó allí siete años. 3 Al cabo de siete años, la mujer
volvió del país de los filisteos, y fue a reclamar al rey su casa y su campo.
4 El rey estaba hablando con Guejazí, el servidor del hombre de Dios:
“Cuéntame, le decía, las maravillas que ha hecho Eliseo”. 5 Y mientras le
estaba contando al rey cómo Eliseo había hecho revivir a un muerto, la madre
del niño que él había hecho revivir vino a reclamar al rey su casa y su
campo. Guejazí dijo entonces: “¡Rey, señor mío, esta es la mujer y aquí está
el hijo que Eliseo hizo revivir!”. 6 El rey interrogó a la mujer, y ella le
contó todo. Luego puso a su disposición un eunuco, al que ordenó: “Que se le
restituya todo lo que le pertenece, con todas las rentas del campo, desde el
día en que dejó el país hasta ahora”. La predicción de Eliseoacerca de
Ben Hadad y Jazael 7 Eliseo se dirigió a Damasco. Ben
Hadad, rey de Arám, estaba enfermo. Cuando le avisaron: “El hombre de Dios ha
venido hasta aquí”, 8 el rey dijo a Jazael: “Toma contigo un presente, ve al encuentro
del hombre de Dios, y consulta al Señor por medio de él, a ver si me
restableceré de esta enfermedad”. 9 Jazael fue al encuentro de Eliseo
llevando como presente cuarenta camellos cargados con lo mejor que había en
Damasco. Al llegar, se presentó ante él y le dijo: “Tu hijo Ben Hadad, rey de
Arám, me ha enviado a preguntarte: ¿Me restableceré de esta enfermedad?”. 10
Eliseo respondió: “Ve a decirle: ‘Sí, te restablecerás’; pero el Señor me ha
hecho ver que morirá”. 11 Después fijó la mirada y permaneció así largo rato.
Y el hombre de Dios lloró. 12 Jazael le preguntó: “¿Por qué llora mi señor?”.
“Porque sé el mal que harás a los israelitas, respondió Eliseo; tú
incendiarás sus plazas fuertes, matarás a sus jóvenes con la espada,
estrellarás a sus niños y abrirás el vientre de sus mujeres embarazadas”. 13
Jazael replicó: “Tu servidor no es más que un perro. ¿Cómo va a hacer tales
hazañas?”. Eliseo respondió: “El Señor me ha hecho ver que tú reinarás sobre
Arám”. 14 Él se alejó de Eliseo y fue a
ver a su señor, el cual le dijo: “¿Qué te ha dicho Eliseo?”. Él respondió:
“Me ha dicho que te restablecerás”. 15 Pero a la mañana siguiente tomó una
manta, la empapó en agua y la extendió sobre el rostro del rey, hasta que
murió. Jazael reinó en lugar de él. El reinado de Jorám en Judá
(848-841) 2 Crón. 21. 5-10, 20 16 El quinto año de Jorám, hijo de Ajab, rey de Israel, inició su reinado Jorám, hijo de Josafat, rey de Judá. 17 Tenía treinta y dos años cuando comenzó a reinar, y reinó ocho años en Jerusalén. 18 |