|
volver |
Caminando con Jesús Pedro Sergio Antonio Donoso Brant Edición especial comentada para ayudar a
comprender mejor las Sagradas Escrituras |
|
|
Nº |
Libros |
|
|
Génesis Éxodo Levítico Números Deuteronomio Josué Jueces Ruth Samuel I Samuel II Reyes I Reyes II Crónicas I Cronicas II Esdras Nehemías Tobías Judit Ester Macabeos I Macabeos II Job Salmos Proverbios Eclesiástes Cantares Sabiduria Eclesiástico Isaias Jeremías Lamentaciones Baruc Ezequiel Daniel Oseas Joel Amós Abdías Jonás Miqueas Nahum Habacuc Sofonías Ageo Zacarías Malaquías Mateo Marcos Lucas Juan Hechos Romanos I Corintios II Corintios Galátas Efesios Filipenses Colosenses TesalonicensesI TesalonicensesII I Timoteo II Timoteo Tito Filemon Hebreos Santiago I Pedro II Pedro I Juan II Juan III Juan Judas Apocalipsis |
Hacia mediados del
siglo V a. C., la rivalidad entre judíos y samaritanos alcanza un alto grado
de tensión. La comunidad judía trata de reconstruir los muros de Jerusalén,
pero sus vecinos denuncian ese intento como una maniobra subversiva (Esd. 4.
6-23). En estas difíciles circunstancias interviene Nehemías, un exiliado
judío que llegó a ocupar un cargo de responsabilidad en la corte del rey de
Persia. En el año 445, Nehemías
obtiene de Artajerjes I poderes especiales y algunas franquicias para ir a
Jerusalén y reconstruir los muros de la ciudad en ruinas. Su indomable
tenacídad le permitió triunfar allí donde otros habían fracasado. Una vez
restauradas las murallas, Nehemías toma las precauciones necesarias para
asegurar la custodia de la ciudad. Pero a los peligros exteriores se suman
los conflictos internos. Hay mucha pobreza, escasean los alimentos y los
prestamistas se aprovechan de la situación. Nehemías actúa con decisión para
restablecer la justicia social, y él mismo da un ejemplo de generosidad. Las malas noticias llegadas de Jerusalén 1 1
Palabras de Nehemías, hijo de Jacalías. En el mes de Quisleu, el vigésimo año de Artajerjes,
mientras yo estaba en Susa, la ciudadela, 2 llegó Jananí, uno de mis
hermanos, con algunos hombres de Judá. Yo les pregunté por los judíos –el
resto que había sobrevivido al cautiverio– y por Jerusalén. 3 Ellos me
respondieron: "Los que han sobrevivido al cautiverio, allá en la
provincia, soportan muchas penurias y humillaciones. Las murallas de
Jerusalén están en ruinas y sus puertas han sido incendiadas". La oración de Nehemías 4 Al oír estas palabras, me senté a llorar, y estuve
de duelo varios días, ayunando y orando ante el Dios del cielo. 5 Entonces
dije: "¡Ah, Señor, Dios del cielo! Tú eres el Dios grande y temible, que
mantienes la alianza y eres fiel con aquellos que te aman y observan tus
mandamientos. 6 Que tus oídos estén atentos y tus ojos abiertos, para
escuchar la plegaria de tu servidor, la que ahora yo te dirijo día y noche
por los israelitas, tus servidores, confesando sus pecados, porque hemos
pecado contra ti. ¡Sí, yo y la casa de mi padre hemos pecado! 7 Nos hemos
portado mal contigo, no hemos observado los mandamientos, los preceptos y las
leyes que prescribiste a Moisés, tu servidor. 8 Acuérdate, sin embargo, de la
palabra que ordenaste pronunciar a Moisés, tu servidor: ‘Si ustedes son
infieles, yo los dispersaré entre los pueblos. 9 Pero si se convierten a mí,
si observan y practican mis mandamientos, aunque sus desterrados estén en los
confines del cielo, yo los congregaré y los traeré al lugar que elegí para
hacerlo morada de mi Nombre’. 10 ¡Ellos son tus servidores y tu pueblo, los
que tú has rescatado con tu gran fuerza y tu brazo poderoso! 11 ¡Ah, Señor!
Que tus oídos estén atentos a la plegaria de tu servidor y a la plegaria de
tus servidores, que se complacen en venerar tu Nombre. Permíteme lograr mi
cometido y que sea bien recibido por el rey". Yo era entonces copero del rey. El viaje de Nehemías a Jerusalén 2 1 En el
mes de Nisán, el vigésimo año del reinado de Artajerjes, siendo yo el
encargado del vino, lo tomé y se lo ofrecí al rey. Como nunca había estado
triste en su presencia, 2 el rey me preguntó: "¿Por qué tienes esa cara
tan triste? Tú no estás enfermo. Seguramente hay algo que te aflige". Yo
experimenté una gran turbación, 3 y dije al rey: "¡Viva el rey para
siempre! ¿Cómo no voy a estar con la cara triste, si la ciudad donde están
las tumbas de mis padres se encuentra en ruinas y sus puertas han sido
consumidas por el fuego?". 4 El rey me dijo: "¿Qué es lo que
quieres?". Yo me encomendé al Dios del cielo, 5 y le respondí: "Si
es del agrado del rey y tú estás contento con tu servidor, envíame a Judá, a
la ciudad donde están las tumbas de mis padres, para que yo la
reconstruya". 6 El rey, que tenía a la reina sentada a su lado, me dijo:
"¿Cuánto tiempo durará tu viaje y cuándo estarás de regreso?". Al
rey le pareció bien autorizar mi partida, y yo le fijé un plazo. 7 Luego dije
al rey: "Si el rey lo considera conveniente, se me podrían dar cartas
para los gobernadores del otro lado del Éufrates, a fin de que me faciliten
el viaje a Judá. 8 También podrían darme una carta para Asaf, el supervisor
de los parques del rey, a fin de que me provea de madera para armar las
puertas de la ciudadela del Templo, para las murallas de la ciudad y para la
casa donde voy a vivir". El rey me concedió todo eso, porque la mano
bondadosa de mi Dios estaba sobre mí. 9 Yo me presenté ante los gobernadores del otro lado
del Éufrates y les entregué las cartas del rey. Además, el rey me había hecho
escoltar por oficiales del ejército y por algunos jinetes. 10 Pero cuando
Sambalat, el joronita, y Tobías, el esclavo amonita, se enteraron de mi
llegada, se disgustaron mucho de que alguien viniera a prestar ayuda a los
israelitas. La inspección de las murallas 11 Al llegar a Jerusalén, dejé pasar tres días. 12
Luego me levanté de noche, acompañado de unos pocos hombres, sin comunicar a
nadie lo que Dios me había inspirado hacer en favor de Jerusalén y sin llevar
otro animal que aquel en el que iba montado. 13 Salí de noche por la puerta del Valle, en
dirección a la fuente del Dragón y a la puerta del Basural, e inspeccioné
atentamente las murallas de Jerusalén, allí donde había brechas y donde las
puertas habían sido consumidas por el fuego. 14 Proseguí mi camino hacia la
puerta de 16 Los magistrados no sabían adónde había ido ni qué
había hecho: hasta ese momento, yo no había comunicado nada a los judíos, ni
a los sacerdotes, ni a los notables, ni a los magistrados, ni a los otros
encargados de los trabajos. La decisión de reconstruir las murallas 17 Entonces les dije: "Ustedes ven en qué
lamentable situación nos encontramos. Jerusalén está en ruinas y sus puertas
incendiadas. ¡Reconstruyamos las murallas de Jerusalén, y no seremos más
objeto de oprobio!". 18 Luego les expliqué cómo la mano bondadosa de mi
Dios había estado sobre mí y también les comuniqué las palabras que me había
dicho el rey. "¡Vamos, dijeron ellos, pongámonos a trabajar!". Y
emprendieron esta buena obra con toda decisión. 19 Cuando Sambalat, el joronita, Tobías, el esclavo
amonita, y Guésem, el árabe, se enteraron de esto, se burlaron de nosotros y
nos despreciaron, diciendo: "¿Qué están haciendo? ¿Se van a rebelar
contra el rey?". 20 Yo, por mi parte, les respondí: "El Dios del
cielo nos coronará con el éxito. Nosotros, sus servidores, nos pondremos a
trabajar. Ustedes, en cambio, no tienen parte, ni derechos, ni recuerdos en
Jerusalén". Los trabajos de la reconstrucción 3 1 Entonces
se levantó Eliasib, el Sumo Sacerdote, con sus hermanos, los sacerdotes, y
reconstruyeron la puerta de las Ovejas: la consagraron, y colocaron sus
hojas; luego continuaron hasta la torre de los Cien y hasta la torre de
Jananel, y consagraron la muralla. 2 Junto a ellos trabajaron los hombres de
Jericó, y a continuación Sacur, hijo de Imrí. 3 Los hijos de Jasená construyeron la puerta de los
Pescados: hicieron el armazón y colocaron las hojas, los cerrojos y las
barras. 4 Junto a ellos trabajó Meremot, hijo de Urías, hijo de Hacós; luego
Mesulám, hijo de Berequías, y a continuación Sadoc, hijo de Baaná. 5 Junto a
ellos trabajaron los habitantes de Técoa, pero sus notables se negaron a
colaborar con las autoridades. 6 La puerta de 8 Junto a él trabajó Uziel, hijo de Harhaiá, del
gremio de los orfebres, y a continuación Jananías, del gremio de los
perfumistas: ambos dejaron terminada la muralla de Jerusalén hasta el muro
Ancho. 9 Junto a ellos trabajó Refaías, hijo de Jur, jefe de una mitad del
distrito de Jerusalén. 10 Junto a él trabajó Iedaías, hijo de Jarumaf, al
frente de su casa, y a continuación Jatús, hijo de Hasabnías. 11 En un segundo sector trabajaron Malquías, hijo de
Harím, y Jasub, hijo de Pájat Moab, hasta la torre de los Hornos. 12 Junto a
él trabajó Salúm, hijo de Halojés, jefe de una mitad del distrito de
Jerusalén, y también sus hijos. 13 La puerta del Valle la restauraron Janún y los
habitantes de Zanóaj: la reconstruyeron, colocaron las hojas, los cerrojos y
las barras, y levantaron quinientos metros de muralla, hasta la puerta del
Basural. 14 La puerta del Basural la restauró Malquías, hijo
de Recab, jefe del distrito de Bet Ha Quérem: él la reconstruyó y colocó las
hojas, los cerrojos y las barras. 15 La puerta de 16 Después de él trabajó Nehemías, hijo de Azbuc,
jefe de la mitad del distrito de Betsur; él reparó hasta el lugar que está
enfrente de las tumbas de David, hasta el estanque artificial y hasta 17 Después de él trabajaron los levitas, entre
ellos, Rejúm, hijo de Baní; junto a él, Jasabías, jefe de la mitad del
distrito de Queilá, trabajó en su propio distrito. 18 Después de él
trabajaron sus hermanos: Binuí, hijo de Jenadad, jefe de la mitad del
distrito de Queilá. 19 Junto a él, Ezer, hijo de Josué, jefe de Mispá,
reparó otro sector, frente a la subida del Arsenal, en dirección del Ángulo. 20 Después de él trabajó Baruc, hijo de Zabat: él
reparó otro sector, desde el Ángulo hasta la puerta de la casa de Eliasib, el
Sumo Sacerdote. 21 Después de él trabajó Meremot, hijo de Urías, hijo de
Hacós: él reparó otro sector, desde la puerta de la casa de Eliasib hasta el
extremo de la misma. 22 Después de él trabajaron los sacerdotes venidos de
los alrededores. 25 En cuanto a Palai, hijo de Uzai, lo hizo frente
al Ángulo y a la torre superior, que sobresale de la casa del rey, junto al
patio de 28 Junto a la puerta de los Caballos trabajaron los
sacerdotes, cada uno enfrente de su casa. 29 Después de ellos trabajó Sadoc,
hijo de Imer, enfrente de su casa, y a continuación Semaías, hijo de
Secanías, guardián de la puerta Oriental. 30 Después de él trabajó Jananías,
hijo de Selemías, y Janún, el sexto hijo de Salaf, en otro sector. A
continuación trabajó Mesulám, hijo de Berequías, frente a su vivienda. 31
Después de él trabajó Malquías, del gremio de los orfebres, hasta la casa de
los empleados del Templo y de los comerciantes, frente a la puerta de La continuación de los trabajos, a pesar de los
obstáculos 33 Cuando Sambalat se enteró de que nosotros
estábamos restaurando las murallas, se enfureció y manifestó una gran
irritación. Se burló de los judíos, 34 y dijo delante de sus hermanos y de
las tropas de Samaría: "¿Qué pretenden hacer esos judíos incapaces?
¿Piensan acaso reconstruir, ofrecer sacrificios, terminar en un día? ¿Harán
revivir esas piedras extraídas de un montón de escombros y todas
calcinadas?". 35 Y Tobías, el amonita, que estaba a su lado, añadió:
"¡Déjalos que construyan! ¡Bastará que suba un zorro para hacer que se
desmoronen sus murallas de piedra!". 36 ¡Escucha, Dios nuestro, cómo somos despreciados!
Que sus ultrajes recaigan sobre sus cabezas, y entrégalos al desprecio en una
tierra de cautiverio. 37 No encubras su iniquidad y que su pecado no se borre
de tu presencia, porque han agraviado a los constructores. La defensa de los judíos 4 1 Cuando
Sambalat, Tobías, los árabes, los amonitas y los asdoditas se enteraron de
que progresaba la reparación de las murallas de Jerusalén –porque comenzaban
a cerrarse las brechas– se enfurecieron, 2 y se coaligaron para atacar a
Jerusalén y provocar disturbios. 3 Entonces invocamos a nuestro Dios y
montamos guardia de día y de noche para protegernos de ellos. 4 El pueblo de Judá decía: "Flaquea la mano de obra y hay demasiados escombros; así nosotros no podremos reconstruir la muralla" 5 Nuestros adversarios decían: "No sabrán ni
verán nada, hasta que irrumpamos en medio de ellos. Entonces los mataremos y
pondremos fin a la obra". 6 Y cuando llegaban los judíos que vivían
cerca de ellos, nos repetían insistentemente: "Van a atacarlos desde
todos los lugares donde habitan". 7 Yo aposté entonces a mi gente en las partes bajas,
por detrás de las murallas, en los puntos desguarnecidos, disponiendo al pueblo
por familias, con sus espadas, sus lanzas y sus arcos. 8 Y al ver que tenían
miedo, me levanté y dije a los notables, a los magistrados y al resto del
pueblo: "¡No les tengan miedo! Acuérdense del Señor grande y temible, y
combatan por sus hermanos, sus hijos, sus hijas, sus mujeres y sus
casas". 9 Cuando nuestros enemigos advirtieron que estábamos alerta y
que Dios había desbaratado sus planes, volvimos todos a las murallas, cada
uno a su trabajo. 10 Pero, a partir de ese día, sólo la mitad de mi gente
hacía el trabajo, mientras la otra mitad tenía en la mano las lanzas, los
escudos, los arcos y las corazas, y los jefes estaban detrás de toda la casa
de Judá. 11 Los que reconstruían las murallas y los que transportaban las
cargas iban armados: con una mano hacían el trabajo y con la otra empuñaban
el arma; 12 y los que construían tenían cada uno la espada ceñida a la
cintura mientras trabajaban. Además, había junto a mí un hombre encargado de
hacer sonar el cuerno. 13 Yo dije a los notables, a los magistrados y al
resto del pueblo: "La obra es considerable y extensa, y nosotros estamos
esparcidos sobre la muralla, lejos unos de otros. 14 Allí donde oigan el
sonido del cuerno, corran a reunirse con nosotros: nuestro Dios combatirá a
favor nuestro". 15 Así hacíamos el trabajo –mientras una mitad empuñaba
las lanzas– desde que despuntaba el alba hasta que aparecían las estrellas. 16 En aquella oportunidad, dije también al pueblo:
"Que cada uno, con su servidor, pase la noche en Jerusalén; de noche,
para montar guardia, y de día, para trabajar". 17 Pero ni yo, ni mis
hermanos, ni mi gente, ni los guardias que me seguían, nos quitábamos la
ropa, y cada uno llevaba el arma en su mano derecha. Las injusticias entre los repatriados 5 1 Entre
la gente del pueblo y sus mujeres se levantó una gran protesta contra sus
hermanos judíos. 2 Había algunos que decían: "Tenemos que entregar en
prenda a nuestros hijos y nuestras hijas para conseguir trigo con qué comer y
vivir". 3 Otros decían: "Tenemos que empeñar nuestros campos y
nuestras viñas para obtener trigo en medio de la escasez". 4 Y había
otros que decían: "Hemos tenido que hipotecar nuestros campos y nuestras
viñas para pagar el tributo al rey. 5 Ahora bien, nuestra carne es como la
carne de nuestros hermanos, nuestros hijos son como los de ellos. Sin
embargo, nosotros tenemos que someter a esclavitud a nuestros hijos y
nuestras hijas, y algunas de nuestras hijas ya han sido sometidas. Y no
podemos hacer nada, porque nuestros campos y nuestras viñas pertenecen a otros". Medidas de Nehemías en favor de los pobres 6 Yo sentí una gran indignación al oír su queja y
esas palabras. 7 Y después de haber deliberado conmigo mismo, dirigí un
reproche a los notables y a los magistrados, diciéndoles: "Ustedes
imponen una carga a sus hermanos". Luego convoqué contra ellos una gran
asamblea, 8 y les dije: "Nosotros, en la medida de nuestros recursos,
hemos comprado a nuestros hermanos judíos que habían sido vendidos a las
naciones. ¡Y ahora son ustedes los que venden a sus hermanos, y ellos son
vendidos a nosotros mismos!". Todos se quedaron callados, sin encontrar
qué responder. 9 Yo seguí diciendo: "Lo que ustedes hacen no
está bien. ¿No deberían vivir en el temor de nuestro Dios, para evitar el
desprecio de los paganos, nuestros enemigos? 10 También yo, mis hermanos y mi
gente les hemos prestado dinero y trigo. Condonemos esa deuda. 11
Devuélvanles hoy mismo sus campos, sus viñas, sus olivares y sus casas, y
anulen la deuda de la plata, el trigo, el vino y el aceite que ustedes les
prestaron". 12 Ellos respondieron: "Restituiremos todo, sin
reclamarles nada; haremos como tú dices". Entonces llamé a los
sacerdotes e hice jurar a la gente que obrarían conforme a esta palabra. 13
Luego sacudí el pliegue de mi manto y dije: "Así sacuda Dios, fuera de
su casa y de sus bienes, a todo aquel que no cumpla esta palabra; que así sea
sacudido y dejado sin nada". Toda la asamblea respondió:
"¡Amén!" y alabó al Señor. El pueblo obró conforme a esta palabra. El desinterés de Nehemías 14 Además, desde el día en que se me designó para el
cargo de gobernador en el país de Judá, desde el vigésimo hasta el trigésimo
segundo año del rey Artajerjes, es decir, durante doce años, ni yo ni mis
hermanos comimos del impuesto debido al gobernador. 15 Los primeros
gobernadores que me habían precedido gravaban al pueblo, exigiéndole cada día
pan y vino por valor de cuarenta siclos de plata, y también sus funcionarios
tiranizaban al pueblo. Yo, en cambio, no obré de esa manera por temor a Dios. 16 También trabajé personalmente en la
reconstrucción de las murallas, no adquirí ningún campo, y todos mis hombres
se reunieron allí para trabajar. 19 ¡Acuérdate, Dios mío, para mi bien, de todo lo
que hice por este pueblo! Nuevas intrigas de los enemigos de Nehemías 6 1 Cuando
Sambalat, Tobías, Guésem, el árabe, y los demás enemigos nuestros supieron
que yo había reconstruido las murallas y que no quedaba en ellas ninguna
brecha –aunque hasta entonces no había colocado las hojas de las puertas– 2
Sambalat y Guésem mandaron a decirme: "Ven a entrevistarte con nosotros
en Quefirím, en el valle de Onó". Pero, en realidad, lo que se proponían
era hacerme el mal. 3 Entonces les envié unos mensajeros para decirles:
"Tengo muchísimo trabajo, y no puedo bajar. ¿Por qué va a suspenderse la
obra mientras yo la abandono por bajar a verlos?". 4 Cuatro veces me
hicieron la misma invitación, y siempre les di la misma respuesta. 5 Por
quinta vez, Sambalat me mandó a decir lo mismo por medio de su servidor, que
traía en la mano una carta abierta. 6 En ella estaba escrito: "Se oye
decir entre la gente –y lo afirma Gasmú– que tú y los judíos piensan
sublevarse, y por eso reconstruyes las murallas. Según esos rumores, tú vas a
ser su rey, 7 e incluso has establecido profetas para que proclamen en
Jerusalén, refiriéndose a ti: ‘¡Hay un rey en Judá!’. Y ahora el rey va a ser
informado de todo esto. Ven, entonces, y pongámonos de acuerdo". 8 Yo le
mandé a decir: "No ha sucedido nada de lo que tú dices, sino que son
puras invenciones tuyas". 9 En realidad, lo que ellos querían eran
intimidarnos, pensando: "Sus manos se cansarán de trabajar, y la obra no
se realizará". ¡Y ahora, Señor, fortalece mis manos! 10 Entonces fui a la casa de Semaías, hijo de
Delaías, hijo de Mehetabel, que se hallaba impedido, y él dijo: "Encontrémonos en en el interior del Templo, y cerremos sus puertas; porque van a venir a
matarte y esta es la noche en que
vendrána hacerlo". 11 Yo repliqué: "¿Va a huir un hombre como yo?
¿Y qué hombre de mi condición podría entrar en el Templo y permanecer con
vida? ¡No entraré!". 12 Yo había reconocido, en efecto, que no era Dios
el que lo había enviado: si había pronunciado esa profecía acerca de mí, era
porque lo había enviado Tobías. 13 Lo habían sobornado para que yo me dejara
intimidar y, obrando de esa manera, cometiera un pecado. Así me habrían
infamado, para cubrirme de oprobio. 14 Acuérdate, Dios mío, de Tobías, por lo que hizo,
y también de Noadías, la profetisa, y de todos los demás profetas que
trataban de intimidarme. Conclusión de las murallas 15 Las murallas quedaron terminadas el día
veinticinco de Elul, al cabo de cincuenta y dos días. 16 Cuando todos
nuestros enemigos se enteraron, todas las naciones vecinas quedaron vivamente
impresionadas; se sintieron muy humilladas a sus propios ojos y reconocieron
que el trabajo había sido ejecutado gracias a nuestro Dios. 17 Aun en aquellos días, algunos notables de Judá se
carteaban frecuentemente con Tobías, 18 porque estaban ligados a él por un
juramento, ya que era yerno de Secanías, hijo de Ará, y su hijo Iojanán se
había casado con la hija de Mesulám, hijo de Berequías. 19 Ellos hablaban
bien de él en mi presencia y le transmitían mis palabras. Tobías, por su
parte, enviaba cartas para intimidarme. Medidas para la defensa de la ciudad 7 1 Cuando
estuvieron reconstruidas las murallas y yo coloqué las hojas de las puertas,
fueron instalados porteros, como así también cantores y levitas. 2 Puse al
frente de Jerusalén a mi hermano Jananí, y designé a Ananías comandante de la
ciudadela, porque era un hombre de confianza y temeroso de Dios, más que
muchos otros. 3 Luego les dije: "Las puertas de Jerusalén no se abrirán
hasta que comience a calentar el sol, y antes que se haya puesto, se las
cerrará con barras. Además, los habitantes de Jerusalén montarán guardia,
cada uno en su puesto, cada uno en frente de su casa". Lista de los primeros repatriados 4 La ciudad era amplia en todo sentido y espaciosa,
pero la población era poco numerosa y no se reconstruían las casas. 5 Por eso
mi Dios me inspiró reunir a los notables, a los magistrados y al pueblo, para
hacer el registro genealógico. Busqué el registro de los que habían subido al
comienzo y encontré escrito lo siguiente: 6 Estas son las personas de la provincia que
volvieron de la cautividad y del exilio. Después de haber sido deportadas por
Nabucodonosor, rey de Babilonia, volvieron a Jerusalén y a Judá, cada cual a
su ciudad. 7 Llegaron con Zorobabel, Josué, Nehemías, Azarías, Raamías,
Najamaní, Mardoqueo, Bilsán, Mispéret, Bigvai, Nejúm y Baaná. Lista de los hombres del pueblo de Israel: 8 los hijos
de Parós: 2.172; 9 los hijos de Sefatías: 372; 10 los hijos de Araj: 652; 11
los hijos de Pajat Moab, es decir, los hijos de Josué y de Joab: 2.818; 12
los hijos de Elám: 1.254; 13 los hijos de Zatú: 845; 14 los hijos de Sacai:
760; 15 los hijos de Binuí: 648; 16 los hijos de Bebai: 628; 17 los hijos de
Azgad: 2.322; 18 los hijos de Adonicám: 667; 19 los hijos de Bigvai: 2.067;
20 los hijos de Adín: 655; 21 los hijos de Ater, por parte de Ezequías: 98;
22 los hijos de Jasún: 328; 23 los hijos de Besai: 324; 24 los hijos de
Jarif: 112; 25 los hijos de Gabaón: 95; 26 los hombres de Belén y Netofá:
188; 27 los hombres de Anatot: 128; 28 los hombres de Bet Azmávet: 42; 29 los
hombres de Quiriat Iearím, Quefirá y Beerot: 743; 30 los hombres de Ramá y
Gueba: 621; 31 los hombres de Micmás: 122; 32 los hombres de Betel y de Aí:
123; 33 los hombres de Nebo: 52; 34 los hijos del otro Elám: 1.254; 35 los
hijos de Jarím: 320; 36 los hijos de Jericó: 345; 37 los hijos de Lod, Jadid
y Onó: 721; 38 los hijos de Senaá: 3.930. 39 Sacerdotes: los hijos de Iedaías, de la casa de
Josué: 973; 40 los hijos de Imer: 1.052; 41 los hijos de Pasjur: 1.247; 42
los hijos de Jarím: 1.017 . 43 Levitas: Los hijos de Josué, es decir, de Cadmiel
y de los hijos de Hodvá: 74. 44 Cantores: los hijos de Asaf: 148. 45 Porteros: los hijos de Salúm, los hijos de Ater,
los hijos de Talmón; los hijos de Acub, los hijos de Jatitá, los hijos de
Sobai: 138. 46 Empleados del Templo: los hijos de Sigá, los
hijos de Jasufá, los hijos de Tabaot, 47 los hijos de Querós, los hijos de
Sía, los hijos de Padón, 48 los hijos de Lebaná, los hijos de Jagabá, los
hijos de Salmai, 49 los hijos de Janán, los hijos de Guidel, los hijos de
Gajar, 50 los hijos de Reaías, los hijos de Resín, los hijos de Necodá, 51 los
hijos de Gazán, los hijos de Uzá, los hijos de Paséaj, 52 los hijos de Besai,
los hijos de los meunitas, los hijos de los nefisitas, 53 los hijos de
Bacbuc, los hijos de Jacufá, los hijos de Jarjur, 54 los hijos de Baslit, los
hijos de Mejidá, los hijos de Jarsá, 55 los hijos de Barcós, los hijos de
Sisrá, los hijos de Témaj, 56 los hijos de Nesíaj, los hijos de Jatifá. 57 Hijos de los esclavos de Salomón: los hijos de
Sotai, los hijos de Soféret, los hijos de Peridá, 58 los hijos de Iaalá, los
hijos de Darcón, los hijos de Guidel, 59 los hijos de Sefatías, los hijos de
Jatil, los hijos de Poquéret Ha Sebaim, los hijos de Amón. 60 Total de los
empleados del Templo y de los hijos de los esclavos de Salomón: 392. 61 Provenientes de Tel Melaj, Tel Jarsá, Querub,
Adón e Imer, que no pudieron probar si su familia y su raza eran de origen
israelita: 62 los hijos de Delaías, los hijos de Tobías, los hijos de Necodá:
642. 63 Y entre los sacerdotes, los hijos de Jobaías, los hijos de Jacós, los
hijos de Barzilai, que se había casado con una de las hijas de Barzilai, el
Gaaladita, y adoptó el nombre de este. 64 Estos buscaron el registro de sus
genealogías, pero no lo encontraron; por eso se los excluyó del sacerdocio
como ilegítimos, 65 y el gobernador les prohibió comer de las ofrendas
sagradas, hasta que un sacerdote consultara a Dios por medio del Urím y el
Tumín. 66 Toda la asamblea comprendía 42.360 personas, 67
sin contar sus servidores y servidoras, que eran 7.337. Había también 245
cantores y cantoras. 68 Sus camellos eran 435 y sus asnos 6.720. Las ofrendas para el Templo 69 Algunos jefes de familia hicieron ofrendas
voluntarias para la obra. El gobernador entregó al Tesoro 1.000 monedas de
oro, 50 copas, 30 túnicas sacerdotales y 500 minas de plata. 70 Los jefes de
familia entregaron al Tesoro de la obra 20.000 monedas de oro y 2.200 minas
de plata. 71 Lo que entregó el resto del pueblo ascendió a 20.000 monedas de
oro, 2.000 monedas de plata y 67 túnicas sacerdotales. 72 Los sacerdotes, los levitas, los porteros, los
cantores, una parte del pueblo, los empleados del Templo y todo Israel se
establecieron en sus ciudades. Al llegar el séptimo mes, los israelitas
estaban establecidos en ellas. Con la reconstrucción
del Templo y la reedificación de las murallas, Jerusalén comienza a recobrar
su verdadero rostro. Pero el Templo y Es difícil determinar el
contenido y la extensión del "libro
de A partir de ese
momento, La lectura pública de 8 1 Todo
el pueblo se reunió como un solo hombre en la plaza que está ante la puerta
del Agua. Entonces dijeron a Esdras, el escriba, que trajera el libro de 4 Esdras, el escriba, estaba de pie sobre una tarima
de madera que habían hecho para esa ocasión. Junto a él, a su derecha,
estaban Matitías, Semá, Anaías, Urías, Jilquías y Maaseías, y a su izquierda
Pedaías, Misael, Malquías, Jasúm, Jasbadaná, Zacarías y Mesulám. 5 Esdras abrió
el libro a la vista de todo el pueblo –porque estaba más alto que todos– y
cuando lo abrió, todo el pueblo se puso de pie. 6 Esdras bendijo al Señor, el
Dios grande, y todo el pueblo, levantando las manos, respondió: "¡Amén!
¡Amén!". Luego se inclinaron y se postraron delante del Señor con el
rostro en tierra. 7 Josué, Baní, Serebías, Iamín, Acub, Sabtai,
Hodías, Maaseías, Quelitá, Azarías, Jozabad, Janán y Pelaías –los levitas–
exponían 9 Entonces Nehemías, el gobernador, Esdras, el
sacerdote escriba, y los levitas que instruían al pueblo, dijeron a todo el
pueblo: "Este es un día consagrado al Señor, su Dios: no estén tristes
ni lloren". Porque todo el pueblo lloraba al oír las palabras de La celebración de la fiesta de las Chozas 13 El segundo día, los jefes de familia de todo el
pueblo, los sacerdotes y los levitas se reunieron junto a Esdras, el escriba,
para profundizar las palabras de 18 Día tras día, desde el primer día de la semana
hasta el último, se leyó el libro de Liturgia de expiación por los pecados de Israel 9 1 El día
veinticuatro de ese mes, los israelitas se reunieron para un ayuno, vestidos
de sayales y cubiertos de polvo. 2 Los de la estirpe de Israel se separaron
de todos los extranjeros y se presentaron para confesar sus pecados y las
faltas de sus padres. 3 Una vez ubicados en sus puestos, durante una cuarta
parte del día se leyó el libro de "¡Levántense, bendigan al Señor, su Dios, desde siempre y para siempre! Sea bendecido tu Nombre glorioso, que supera toda bendición y alabanza". 6 Y Esdras dijo: "¡Tú eres el Señor, sólo tú! Tú hiciste los cielos, lo más alto del cielo y todo su ejército, la tierra y todo lo que hay en ella, los mares y todo lo que contienen. A todo eso le das vida, y el ejército del cielo se postra ante ti. 7 Tú, Señor, eres el Diosque elegiste a Abrám, lo hiciste salir de Ur de los caldeos y le pusiste por nombre Abraham. 8 Al ver que su corazón te era fiel, concluiste con él la alianza, para darle el país de los cananeos, de los hititas, de los amorreos, de los perizitas, de los jebuseosy guirgasitas, |