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Caminando con Jesús Pedro Sergio Antonio Donoso Brant Edición especial comentada para ayudar a
comprender mejor las Sagradas Escrituras |
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Otra vez nos encontramos ante un relato didáctico,
con un marco histórico completamente imaginario, del que sólo se conservan
las versiones griega y latina. Probablemente, fue escrito en el siglo II a.
C., para mantener el ánimo de la pequeña comunidad judía que luchaba
tenazmente por conservar su independencia frente al avance helenista. Este Libro refleja cierta influencia de la
literatura "apocalíptica", tan en boga en esa época, según la cual
las luchas del tiempo presente no son sino la manifestación del combate
librado continuamente entre las fuerzas del bien y del mal. Nabucodonosor y
Holofernes simbolizan a los eternos enemigos de Dios. Judit –que significa
" A la prepotencia y la fuerza de un jefe militar, el
Libro opone la debilidad de una mujer, sin más armas que su fe en Dios y en
el poder de la oración. Los recursos que ella emplea no son del todo
ejemplares, pero más que dar una lección moral lo que pretende el autor es
poner de relieve que la aparente "debilidad de Dios es más fuerte que
la fortaleza de los hombres" (1 Cor. 1. 25). La astucia decidida de
Judit triunfa sobre el opresor del Pueblo elegido, como en otra ocasión pudo
más la honda de David que la insolencia y la espada de Goliat. La liturgia cristiana ha visto en el triunfo de
Judit algo así como la contrapartida de la victoria de la serpiente sobre la
mujer, al comienzo del género humano (Gn. 3. 15). Por eso aquella valiente
mujer se convirtió en figura de María, la nueva Eva, por quien recibimos al
vencedor del espíritu del mal. Y el Canto de Nabucodonosor y Arfaxad 1 1 Era el
año duodécimo del reinado de Nabucodonosor, que gobernó a los asirios en la gran
ciudad de Nínive, mientras Arfaxad reinaba sobre los medos en Ecbátana. 2
Este había construido alrededor de Ecbátana una muralla de piedras talladas
que medían un metro y medio de ancho y tres de largo. La muralla tenía
treinta y cinco metros de altura y veinticinco de espesor. 3 También había
erigido junto a sus puertas unas torres de cincuenta metros de alto, sobre
cimientos de treinta metros de ancho; 4 y había hecho levantar sus puertas
hasta una altura de treinta y cinco metros, por veinte de ancho, para que
pudiera pasar su poderoso ejército y desfilar su infantería. Los preparativos bélicos de Nabucodonosor 5 En aquellos días, el rey Nabucodonosor declaró la
guerra al rey Arfaxad en la gran llanura, la que se extiende sobre el
territorio de Ragau. 6 Se unieron a él todos los habitantes de la región
montañosa y los que vivían a lo largo del Éufrates, del Tigris y del Hidaspes
y en las planicies de Arioc, rey de los elimeos. Y muchos pueblos se
reunieron para combatir a los hijos de Jeleúd. 7 Entonces Nabucodonosor, rey de los asirios, envió
mensajeros a todos los habitantes de Persia y a todos los que residían en
Occidente: a los de Cilicia y Damasco, del Líbano y el Antilíbano, y a todos
los que vivían en el litoral; 11 Pero los habitantes de todas esas regiones, sin
excepción, despreciaron el llamado de Nabucodonosor, rey de los asirios, y no
se aliaron con él para la guerra, porque no le temían, sino que lo
consideraban como un hombre falto de apoyo. Por eso despidieron
despectivamente a sus emisarios con las manos vacías. 12 Nabucodonosor se enfureció contra todas aquellas
regiones y juró por su trono y por su reino vengarse de todo el territorio de
Cilicia, La victoria de Nabucodonosor sobre Arfaxad 13 El año decimoséptimo, Nabucodonosor atacó con su
ejército al rey Arfaxad y, después de derrotarlo, aniquiló todo su ejército,
su caballería y sus carros de guerra. 14 Se apoderó de sus ciudades, avanzó
hasta Ecbátana, expugnó sus torres, destruyó sus plazas y convirtió su
esplendor en ignominia. 15 Además, hizo prisionero a Arfaxad en las montañas
de Ragau, lo acribilló con sus jabalinas, y lo aniquiló para siempre. 16 Finalmente, regresó con sus tropas y con la
enorme multitud de guerreros que lo habían seguido, y todos se entregaron
despreocupadamente a la buena vida durante ciento veinte días. La venganza de Nabucodonosor 2 1 El año
decimoctavo, el día veintidós del primer mes, se notificó en el palacio de
Nabucodonosor, rey de los asirios, que él se vengaría de toda la tierra, como
lo había anunciado. 2 El rey convocó a todos sus oficiales y a todos sus
funcionarios, se reunió en consejo secreto con ellos y decretó él mismo el
exterminio de toda la tierra. 3 Entonces, de común acuerdo, se decidió
aniquilar a todos los que no habían respondido al llamado del rey. La misión de Holofernes 4 Una vez terminado el consejo, Nabucodonosor, rey
de los asirios, llamó a Holofernes, general en jefe de su ejército y segundo
después de él, y le dijo: 5 "Así habla el gran rey, el señor de toda la
tierra: Al salir de mi presencia, tomarás contigo hombres de reconocido valor
–unos ciento veinte mil soldados de infantería y un contingente de doce mil
caballos con sus jinetes– 6 y atacarás a todos los pueblos de Occidente,
porque se negaron a escuchar mi llamado. 7 Intímalos a que se sometan
totalmente, porque en mi indignación voy a marchar contra ellos; cubriré toda
la superficie de la tierra con los pies de mis soldados y se la entregaré al
saqueo: 8 los heridos colmarán sus valles; los torrentes y los ríos
desbordarán, llenos de cadáveres, 9 y deportaré a sus cautivos hasta los
confines de la tierra. 10 Parte en seguida y ocupa para mí sus territorios. A
los que se te sometan, resérvamelos para el día de su castigo; 11 pero no
perdones a los rebeldes: entrégalos a la matanza y al saqueo en todas partes.
12 Porque juro por mi vida y por el poder de mi reino que ejecutaré con mi propia
mano lo que acabo de decir. 13 No quebrantes ni una sola de las órdenes de tu
señor, sino ejecútalas estrictamente como te lo he mandado. ¡Cúmplelas sin
tardanza!". La organización del ejército de Holofernes 14 Apenas se alejó de la presencia de su señor,
Holofernes convocó a todos los generales, oficiales y capitanes del ejército
asirio. 15 Reclutó para la campaña unos ciento veinte mil soldados escogidos
y doce mil arqueros de a caballo, como se lo había ordenado su señor, 16 y
los dispuso en orden de batalla. 17 Juntó, además, un gran número de
camellos, asnos y mulos para el equipaje, así como también innumerables
ovejas, bueyes y cabras para el abastecimiento; 18 y cada hombre recibió
provisiones en abundancia y una gran cantidad de oro y plata del palacio
real. La campaña victoriosa de Holofernes 19 Holofernes avanzó con todo su ejército, para
preceder al rey Nabucodonosor y cubrir toda la superficie de la tierra, hacia
Occidente, con sus carros de guerra, sus jinetes y sus soldados escogidos. 20
Lo seguía una multitud numerosa como las langostas y como los granos de arena
de la tierra: su número era incalculable. 21 Desde Nínive, avanzaron durante tres días en
dirección a la llanura de Bectilet, y acamparon en sus inmediaciones, al pie
de la montaña que está a la izquierda de 24 En seguida vadeó el Éufrates, atravesó 25 Después ocupó los territorios de 28 El pánico y el terror se apoderaron de todo el
litoral: de los habitantes de Sidón y de Tiro, de Sur y de Oquina, y de todos
los habitantes de Iamnia. También los de Azoto y Ascalón quedaron
despavoridos ante él. La rendición general ante Holofernes 3 1
Entonces le enviaron mensajeros con la siguiente propuesta de paz: 2
"Aquí estamos los servidores del gran rey Nabucodonosor, rendidos ante
ti: trátanos como mejor te parezca. 3 Están a tu disposición nuestras
posesiones, todo nuestro suelo, todos los campos de trigo, nuestras ovejas y
nuestras vacas, y también todos los corrales de nuestros campamentos: puedes
hacer con ellos lo que quieras. 4 Hasta nuestras mismas ciudades y sus
habitantes están a tu servicio; ven y trátalas como te parezca". 5 Aquellos hombres se presentaron ante Holofernes y
le transmitieron su mensaje. 6 Él descendió con su ejército hacia la costa
del mar, estableció guarniciones en las plazas fuertes y reclutó en ellas
hombres selectos como tropas auxiliares. 7 Ellos, y toda la región
circunvecina, lo recibieron con guirnaldas y danzas corales al son de los
tambores. 8 Pero él devastó todo su territorio y taló sus bosques sagrados,
porque había recibido la orden de exterminar a todos los dioses del país,
para hacer que todas las naciones adoraran solamente a Nabucodonosor, y todas
sus lenguas y tribus lo invocara como dios. 9 Así llegó Holofernes frente a Esdrelón, en las
inmediaciones de Dotaim, que está ante las montañas de Judea. 10 Acampó entre
Gueba y Escitópolis y permaneció allí un mes, a fin de reunir todos los
efectivos de su ejército. La reacción de los israelitas 4 1 Los
israelitas que habitaban en Judea se enteraron de la manera cómo Holofernes,
general en jefe de Nabucodonosor, rey de los asirios, había tratado a aquellos
pueblos y cómo había devastado sus santuarios, entregándolos luego a la
destrucción. 2 Un pánico indescriptible cundió entre ellos ante la presencia
de Holofernes y temblaron por la suerte de Jerusalén y la del Templo del
Señor, su Dios. 3 Hacía poco tiempo, en efecto, que ellos habían vuelto del
cautiverio, y sólo recientemente se había congregado todo el pueblo de Judea
y habían sido consagrados los objetos de culto, el altar y el Templo, antes
profanados. 4 Entonces alertaron a toda la región de Samaría, a Coná, a Bet
Jorón, a Belmain, a Jericó, a Jobá, a Esorá y al valle de Salém. 5 Luego
ocuparon apresuradamente las cimas de las montañas más elevadas, fortificaron
las aldeas situadas en ellas y se abastecieron de víveres en previsión de una
guerra, ya que hacía poco que había terminado la cosecha de sus campos. 6 Joaquím, el sumo sacerdote que entonces residía en
Jerusalén, escribió a los habitantes de Betulia y de Betomestaim, que están
frente a Esdrelón, ante la llanura contigua a Dotaim, 7 para decirles que
ocuparan las subidas de la montaña, porque eran el único camino de acceso a La súplica de los israelitas al Señor 9 Todos los hombres de Israel clamaron
insistentemente a Dios y observaron un riguroso ayuno. 10 Ellos, con sus
mujeres y sus hijos, su ganado, y todos los que residían con ellos, sus
mercenarios y esclavos, se vistieron con sayales. 11 Y todos los israelitas
que habitaban en Jerusalén, hombres, mujeres y niños, se postraron ante el
Templo, cubrieron de ceniza sus cabezas y extendieron sus sayales ante la
presencia del Señor. Cubrieron el altar con un sayal 12 y clamaron
ardientemente todos juntos al Dios de Israel, a fin de que no permitiera que
sus hijos fueran entregados al pillaje, sus mujeres deportadas, las ciudades
de su herencia destruidas y el Santuario execrado y escarnecido, para
satisfacción de los paganos. 13 El Señor escuchó sus plegarias y miró su
aflicción. Entretanto, el pueblo, en toda La indignación de Holofernes 5 1 Cuando
informaron a Holofernes, general en jefe del ejército de Asiria, que los
israelitas se habían preparado para la guerra, y habían bloqueado los
desfiladeros de la montaña, fortificando todas las cimas de las altas
montañas y levantando parapetos en las llanuras, 2 se enfureció y convocó a
todos los príncipes de Moab, a los jefes de Amón y a todos los sátrapas del
litoral. 3 Él les preguntó: "Díganme, cananeos, ¿qué pueblo es ese que
vive en la montaña? ¿Cuáles son las ciudades que habita y los efectivos de su
ejército? ¿De dónde proceden su vigor y su fuerza, y quién es el rey que los
gobierna y dirige sus ejércitos? 4 ¿Por qué ellos solos, a diferencia de
todos los habitantes de Occidente, se han negado a venir a mi
encuentro?". El informe y el consejo de Ajior 5 Ajior, jefe de todos los amonitas le respondió:
"Si me escuchas un momento, te haré conocer la verdad acerca de este
pueblo que habita en las montañas contiguas a las que tú ocupas; y nada de lo
que yo te diga será falso. 6 La gente de este pueblo desciende de los
caldeos. 7 Primero emigraron a Mesopotamia, porque no quisieron seguir a los
dioses de sus padres, establecidos en la tierra de los caldeos. 8 Ellos
abandonaron el camino de sus padres y adoraron al Dios del cielo, al que
habían reconocido como Dios. Entonces fueron expulsados de la presencia de
sus dioses y se refugiaron en Mesopotamia, donde habitaron mucho tiempo. 9
Pero luego su Dios les ordenó salir de ese lugar y dirigirse al país de
Canaán. Allí se instalaron y se enriquecieron con oro, plata y numerosos
rebaños. 10 Después bajaron a Egipto, porque el hambre azotaba el país de
Canaán, y permanecieron allí mientras tuvieron qué comer. En Egipto se
multiplicaron de tal manera, que su descendencia se hizo innumerable. 11 El
rey de Egipto se levantó contra ellos y los oprimió astutamente obligándolos
a fabricar ladrillos: así los humillaron y los redujeron a esclavitud. 12
Ellos, por su parte, clamaron a su Dios, y él castigó al país de Egipto con
plagas irremediables; por eso los egipcios los expulsaron. 13 Dios secó el
Mar Rojo delante de ellos 14 y los condujo por el camino del Sinaí y de Cades
Barné. Ellos desalojaron a todos los habitantes del desierto 15 y se
establecieron luego en el país de los amorreos, exterminando por la fuerza a los
jesbonitas. Después cruzaron el Jordán y tomaron posesión de toda la región
montañosa, 16 desalojando a su paso a los cananeos, a los perizitas, a los
jebuseos, a los siquemitas y a todos los guirgasitas. Allí permanecieron
mucho tiempo. 17 Mientras no pecaron delante de su Dios, gozaron
de prosperidad, porque un Dios que odia la injusticia está con ellos. 18
Pero, cuando se desviaron del camino que les había señalado, fueron
completamente exterminados en numerosos combates y deportados a una tierra extranjera:
el Templo de su Dios fue arrasado hasta sus cimientos, y sus ciudades cayeron
en poder de sus adversarios. 19 Pero ahora que se convirtieron a su Dios,
volvieron de las regiones donde estaban dispersos, ocuparon Jerusalén, donde
se encuentra su Santuario, y repoblaron las montañas que habían quedado
desiertas. 20 Y ahora, soberano señor, si hay una falta en este
pueblo, si pecan contra su Dios y comprobamos en ellos algún motivo de ruina,
entonces sí, subamos y hagámosle la guerra. 21 Pero si no hay ninguna
transgresión en esta gente, que mi señor pase de largo, no sea que su Señor y
su Dios los proteja y seamos la burla de toda la tierra". Le reacción de Holofernes contra Ajior 22 Apenas Ajior terminó de pronunciar estas
palabras, toda la multitud que estaba alrededor de la tienda de campaña hizo
oír un murmullo de protesta. Los oficiales de Holofernes, y todos los
habitantes del litoral y de Moab querían hacerlo pedazos. 23 "No nos
dejaremos amedrentar por los israelitas, exclamaban, porque son gente sin
fortaleza ni vigor, incapaz de oponer una tenaz resistencia. 24 ¡Subamos, y
ellos serán un bocado para todo tu ejército, Holofernes, señor
nuestro!". 6 1 Cuando
se apaciguó el tumulto de los que rodeaban al Consejo, Holofernes, general en
jefe de las fuerzas asirias, increpó a Ajior en presencia de la multitud de
extranjeros y de todos los moabitas, diciéndole: 2 "¿Quién eres tú,
Ajior, y ustedes, vendidos a Efraím, para que vengan a profetizar entre
nosotros como lo has hecho hoy? ¿Por qué quieres disuadirnos de hacer la
guerra a la estirpe de Israel, pretextando que su Dios los protege? ¿Acaso
hay otro dios fuera de Nabucodonosor? Él enviará su fuerza y los exterminará
de la superficie de la tierra sin que su Dios pueda librarlos. 3 Nosotros,
sus servidores, los aplastaremos como a un solo hombre, y no podrán resistir
el empuje de nuestra caballería. 4 Los pasaremos a sangre y fuego; sus
montañas quedarán empapadas con su sangre y sus llanuras se llenarán con sus
cadáveres. No lograrán resistir ante nosotros, sino que serán completamente
aniquilados, dice el rey Nabucodonosor, dueño de toda la tierra. Porque él ha
hablado y sus palabras no caerán en el vacío. 5 Y tú, Ajior, mercenario
amonita, que has pronunciado estas palabras en un momento de desvarío, no
verás más mi rostro hasta que me haya vengado de esa raza escapada de Egipto.
6 Entonces serás atravesado por la espada de mi ejército y por la lanza de
mis guerreros, y caerás entre sus heridos cuando yo vuelva del combate. 7 Mis
servidores te llevarán a la montaña y te dejarán en una de las ciudades de
los desfiladeros, 8 porque no morirás hasta que seas exterminado con esa
gente. 9 Y si abrigas la secreta esperanza de que no serán capturados, ¡no
agaches la cabeza! Yo lo he dicho, y ninguna de mis palabras dejará de
cumplirse". La entrega de Ajior a los israelitas 10 Luego Holofernes ordenó a los servidores que
estaban en su tienda de campaña que tomaran a Ajior, lo llevaran a Betulia y
lo entregaran a los israelitas. 11 Ellos lo condujeron a la llanura, fuera
del campamento, y después de atravesar la llanura en dirección a la montaña,
llegaron junto a las fuentes que están debajo de Betulia. 12 Apenas los
divisaron los hombres de la ciudad que estaban en la cumbre de la montaña,
empuñaron sus armas y salieron fuera de la ciudad, mientras los honderos
arrojaban piedras para impedirles el acceso. 13 Ellos, deslizándose por la
ladera de la montaña, ataron a Ajior y lo dejaron tendido al pie de la misma.
Luego volvieron a presentarse ante su señor. La recepción de Ajior en Betulia 14 En seguida los israelitas bajaron de su ciudad,
se acercaron a él y lo desataron. Luego lo condujeron a Betulia y lo
presentaron a los jefes de la ciudad, 15 que en aquellos días eran Ozías,
hijo de Miqueas, de la tribu de Simeón, Cabris, hijo de Gotoniel, y Carmis,
hijo de Melquiel. 16 Ellos convocaron a todos los ancianos de la ciudad, y
también concurrieron a la asamblea los jóvenes y las mujeres. Pusieron a
Ajior en medio de todo el pueblo y Ozías lo interrogó acerca de lo sucedido.
17 Él les refirió las deliberaciones del Consejo de Holofernes, lo que él
mismo había dicho ante los jefes asirios, y las orgullosas amenazas de
Holofernes contra el pueblo de Israel. 18 Todo el pueblo, postrándose, adoró
a Dios y exclamó: 19 "¡Señor, Dios del cielo!, mira su arrogancia y
compadécete de la humillación de nuestra raza: vuelve en este día tu mirada a
los que te están consagrados". 20 Luego tranquilizaron a Ajior y lo
felicitaron efusivamente. 21 Al terminar la asamblea, Ozías lo llevó a su
casa y ofreció un banquete a los ancianos. Y durante toda aquella noche,
imploraron la ayuda del Dios de Israel. El sitio de Betulia 7 1 Al día
siguiente, Holofernes ordenó a todo su ejército y a toda la tropa de
auxiliares que se habían unido a él, que emprendieran la marcha hacia
Betulia, que ocuparan los desfiladeros de la montaña y atacaran a los
israelitas. 2 Y aquel mismo día, todos sus guerreros levantaron el
campamento. Su ejército se componía de ciento setenta mil soldados de
infantería, y de doce mil jinetes, sin contar los encargados del equipaje y
los hombres de a pie que los acompañaban: era un inmensa multitud. 3
Acamparon en el valle cercano a Betulia, junto a la fuente, y se desplegaron
a lo ancho, desde Dotaim hasta Belbaim, y a lo largo, desde Betulia hasta
Ciamón, que está frente a Esdrelón. 4 Al ver aquella multitud, los israelitas quedaron
despavoridos y se decían unos a otros: "Estos van a arrasar ahora toda
la superficie de la tierra: ni las más altas montañas, ni los barrancos, ni
las colinas podrán soportar su peso". 5 Entonces cada uno empuñó sus
armas de guerra y montaron guardia toda aquella noche, encendiendo fogatas
sobre las torres. 6 Al segundo día, Holofernes exhibió toda su
caballería delante de los israelitas que estaban en Betulia; 7 luego examinó
los accesos de la ciudad; inspeccionó los manantiales y se apoderó de ellos,
colocando allí puestos de guardia. Después volvió a reunirse con sus tropas. El consejo de los aliados de Holofernes 8 Vinieron entonces a su encuentro los príncipes de
los hijos de Esaú, todos los jefes del pueblo de Moab y los oficiales del
litoral, y le dijeron: 9 "Si nuestro señor se digna escuchar un
consejo, no habrá bajas en su ejército. 10 Este pueblo de los israelitas no
confía en sus lanzas, sino en las alturas de las montañas donde habitan,
porque no es fácil escalar las cimas de sus montañas. 11 Por eso, señor, no
entres en combate con ellos y no caerá ni uno solo de tu pueblo. 12 Quédate
en tu campamento y reserva a todos los hombres de tu ejército; basta con que
tus servidores se apoderen de la fuente que brota al pie de la montaña, 13
porque de ella sacan el agua todos los habitantes de Betulia; así, devorados
por la sed, tendrán que entregar la ciudad. Mientras tanto, nosotros y
nuestra gente escalaremos las cimas de las montañas vecinas y acamparemos
allí, para impedir que alguien salga de la ciudad. 14 El hambre los consumirá
a ellos, a sus mujeres y a sus niños, y antes que los alcance la espada
caerán tendidos en las calles de la ciudad. 15 Así les harás pagar bien caro
su rebeldía y el haberse rehusado a salir pacíficamente a tu encuentro".
16 La propuesta satisfizo a Holofernes y a todos sus
oficiales, y él decidió proceder de esa manera. 17 Un destacamento de
amonitas partió acompañado de cinco mil asirios. Ellos acamparon en el valle,
y se apoderaron de los depósitos de agua y de los manantiales de los
israelitas. 18 Entre tanto, los edomitas y los amonitas subieron para acampar
en la colina situada frente a Dotaim y enviaron a algunos de ellos hacia el
sur y hacia el este, frente a Egrebel, que está cerca de Cus, a orillas del
torrente Mocmur. El resto del ejército asirio tomó posiciones en la llanura,
cubriendo toda la superficie de la región. Sus tiendas de campaña y sus
equipajes formaban un inmenso campamento, porque era una enorme multitud. Consternación de los israelitas 19 Al verse rodeados por todos sus enemigos, los
israelitas invocaron al Señor, su Dios, porque se sentían anonadados y sin
posibilidad de romper el cerco. 20 Todo el ejército asirio –los soldados, los
carros de guerra y los jinetes– mantuvieron el cerco durante treinta y cuatro
días. A todos los habitantes de Betulia se les agotaron las reservas de agua
21 y las cisternas comenzaron a secarse, de manera que nadie podía beber lo
indispensable para cada día porque el agua se les distribuía racionada. 22
Los niños languidecían, y las mujeres y los jóvenes desfallecían de sed y
caían exhaustos en las plazas de la ciudad y en los umbrales de las puertas. La protesta del pueblo 23 Todo el pueblo, los jóvenes, las mujeres y los
niños se amotinaron contra Ozías y contra los jefes de la ciudad, y clamaban
a gritos, diciendo a los ancianos: 24 "Que Dios sea el juez entre
nosotros y ustedes, por la gran injusticia que cometen contra nosotros al no
entrar en negociaciones de paz con los asirios. 25 Ya no hay nadie que pueda
auxiliarnos, porque Dios nos ha puesto en manos de esa gente para que
desfallezcamos de sed ante sus ojos y seamos totalmente destruidos. 26
Llámenlos ahora mismo y entreguen la ciudad como botín a Holofernes y a todo
su ejército, 27 porque es preferible que seamos sus prisioneros: así seremos
esclavos, pero salvaremos nuestra vida y no tendremos que contemplar con
nuestros propios ojos la muerte de nuestros pequeños, y no veremos a nuestras
mujeres y a nuestros hijos exhalar el último suspiro. 28 Los conjuramos por
el cielo y por la tierra, y también por nuestro Dios y Señor de nuestros
padres, que nos castiga por nuestros pecados y por las transgresiones de
nuestros antepasados; hagan hoy mismo lo que les decimos". 29 Y toda la
asamblea prorrumpió en un amargo llanto, implorando a grandes voces al Señor
Dios. La intervención de Ozías 30 Pero Ozías les dijo: "Ánimo, hermanos,
resistamos cinco días más. En el transcurso de ellos, el Señor, nuestro Dios,
volverá a tener misericordia de nosotros, porque no nos abandonará hasta el
fin. 31 Si transcurridos estos días, no nos llega ningún auxilio, entonces
obraré como ustedes dicen". 32 Luego disolvió a la multitud para que
cada uno regresara a su puesto: los hombres se dirigieron a los muros y a las
torres de la ciudad, pero a las mujeres y a los niños los envió a sus casas.
Mientras tanto, la ciudad quedó sumida en una profunda consternación. Presentación de Judit 8 1 En
aquellos días llegó todo esto a oídos de Judit, hija de Merarí, hijo de Ox,
hijo de José, hijo de Oziel, hijo de Helcías, hijo de Ananías, hijo de
Gedeón, hijo de Rafaín, hijo de Ajitob, hijo de Elías, hijo de Jilquías, hijo
de Eliab, hijo de Natanael, hijo de Salamiel, hijo de Sarasadai, hijo de
Israel. 2 Su esposo Manasés, que era de su misma tribu y de su misma familia,
había muerto durante la cosecha de la cebada: 3 mientras vigilaba a los que
ataban las gavillas en el campo, tuvo una insolación que lo postró en cama, y
murió en Betulia, su ciudad. Allí fue sepultado con sus padres, en el campo
que está situado entre Dotaim y Belamón. 4 Judit había permanecido viuda en su casa durante
tres años y cuatro meses. 5 Sobre la terraza de su casa se había hecho
levantar una carpa; llevaba un sayal sobre su cuerpo y vestía ropas de luto.
6 Ayunaba todos los días, excepto los sábados, los novilunios y los días de
fiesta y de regocijo del pueblo de Israel. 7 Era muy hermosa y de aspecto
sumamente agradable. Su esposo Manasés le había dejado oro y plata,
servidores y servidoras, ganados y campos, y ella había quedado como dueña de
todo. 8 Nadie podía reprocharle nada, porque era muy temerosa de Dios. Exhortación de Judit a los jefes del pueblo 9 Judit se enteró de las amargas quejas que el
pueblo, descorazonado por la falta de agua, había dirigido al jefe de la
ciudad. También se enteró de la respuesta que les había dado Ozías, cuando
juró entregar la ciudad a los asirios en el término de cinco días. 10 Envió
entonces a la servidora que estaba al frente de todos sus bienes, para que
llamara a Cabris y Carmis, ancianos de la ciudad. 11 Estos se presentaron, y
ella les dijo: "Escúchenme, por favor, jefes de la población de Betulia.
Ustedes se equivocaron hoy ante el pueblo, al jurar solemnemente que
entregarían la ciudad a nuestros enemigos, si el Señor no viene a ayudarnos
en el término fijado. 12 Al fin de cuentas, ¿quiénes son ustedes para tentar
así a Dios y usurpar su lugar entre los hombres? 13 ¡Ahora ustedes ponen a
prueba al Señor todopoderoso, pero esto significa que nunca entenderán nada!
14 Si ustedes son incapaces de escrutar las profundidades del corazón del
hombre y de penetrar los razonamientos de su mente, ¿cómo pretenden sondear a
Dios, que ha hecho todas estas cosas, y conocer su pensamiento o comprender
sus designios? No, hermanos; cuídense de provocar la ira del Señor, nuestro
Dios. 15 Porque si él no quiere venir a ayudarnos en el término de cinco
días, tiene poder para protegernos cuando él quiera o para destruirnos ante
nuestros enemigos. 16 No exijan entonces garantías a los designios del Señor,
nuestro Dios, porque Dios no cede a las amenazas como un hombre ni se le
impone nada como a un mortal. 17 Por lo tanto, invoquemos su ayuda, esperando
pacientemente su salvación, y él nos escuchará si esa es su voluntad. 18 Porque no hay nadie en nuestro tiempo, ni hay
entre nosotros, en el día de hoy, tribu, ni familia, ni comarca, ni ciudad
que adore dioses fabricados por mano de hombre, como sucedía en los tiempos
pasados. 25 Más aún, demos gracias al Señor, nuestro Dios,
que nos somete a prueba, lo mismo que a nuestros padres. 26 Recuerden todo lo
que hizo con Abraham y en qué forma probó a Isaac, y todo lo que le sucedió a
Jacob en Mesopotamia de Siria, cuando apacentaba las ovejas de Labán, hermano
de su madre: 27 así como a ellos los purificó para probar sus corazones, de
la misma manera, nosotros no somos castigados por él, sino que el Señor
golpea a los que están cerca de él, para que eso les sirva de
advertencia". La respuesta de Ozías a Judit 28 Ozías le respondió: "En todo lo que has
dicho te has expresado con sensatez y nadie puede contradecir tus palabras.
29 No es esta la primera vez que se manifiesta tu sabiduría: desde que eras
joven, todo el pueblo conoce tu inteligencia y la bondad de tu corazón. 30
Pero ahora el pueblo está consumido por la sed y nos ha obligado a ejecutar
lo que le hemos propuesto y a comprometernos con un juramento que no nos es
lícito violar. 31 Tú, que eres una mujer piadosa, ruega por nosotros para que
el Señor envíe la lluvia que llenará nuestras cisternas, y así no quedaremos
exhaustos". El plan de Judit 32 Judit les respondió: "Escúchenme, porque voy
a hacer algo que se transmitirá de generación en generación a los hijos de
nuestra estirpe. 33 Esta noche, ustedes se ubicarán ante La oración de Judit 9 1
Entonces Judit se postró en tierra, esparció ceniza sobre su cabeza, puso al descubierto
el sayal con que estaba ceñida e imploró al Señor en alta voz. Era la hora en
que se ofrecía en Jerusalén, en el Templo de Dios, el incienso de la tarde.
Judit dijo: 2 "¡Señor, Dios de mi padre Simeón! Tú pusiste en sus manos una espada vengadoracontra aquellos extranjeros que arrancaron el velo de una virgen para violarla, desnudaron su cuerpo para avergonzarla y profanaron su seno para deshonrarla. Aunque tú habías dicho: ‘Eso no se hará’, ellos, sin embargo, lo hicieron. 3 Por eso entregaste a sus jefes a la masacre, y así su lecho, envilecido por su engaño, también por un engaño quedó ensangrentado. Bajo tus golpes, cayeron muertos los esclavos con sus príncipes y los príncipes, sobre sus tronos. 4 Tú entregaste sus mujeres al pillaje y sus hijas al cautiverio, y dejaste todos sus despojos para que fueran repartidosentre tus hijos
predilectos, los cuales, enardecidos de celopor causa de ti y horrorizados por la mancha infligidaa su propia
sangre, habían invocado tu ayuda. ¡Dios, Dios mío, escucha ahora la plegaria de este
viuda! 5 Tú has hecho el pasado, el presente y el porvenir; tú decides los acontecimientospresentes y futuros, y sólo se realiza lo que tú has dispuesto. 6 Las cosas que tú has ordenado se presentan y exclaman:‘¡Aquí estamos!’. Porque tú preparas todos tus caminos, y tus juicios están previstos de antemano. 7 Mira que los asirios, colmados de poderío, se glorían de sus caballos y sus jinetes, se enorgullecen del vigor de sus soldados, confían en sus escudos y sus lanzas, en sus arcos y sus hondas, y no reconocen que tú eres el Señor, el que pone fin a las guerras. 8 ¡Tu nombre es ‘Señor’! Quebranta su fuerza con tu poder, aplasta su poderío con tu ira, porque se han propuesto profanar tu Santuario, manchar y derribar tu altar a golpes de hierro. 9 Mira su arrogancia, descarga tu indignación sobre sus cabezas: concédeme, aunque no soy másque una viuda, la fuerza para cumplir mi cometido. Por medio de mis palabras seductoras 10 castiga al esclavo junto con su jefe y al jefe junto con su esclavo. ¡Abate su soberbia por la mano de una mujer! 11 Porque tu fuerza no está en el número ni tu dominio en los fuertes, sino que tú eres el Dios de los humildes, el defensor de los desvalidos, el apoyo de los débiles, el refugio de los abandonados y el salvador de los desesperados. 12 ¡Sí, Dios de mi padre y Dios de la herencia de Israel, Soberano del cielo y de la tierra, Creador de las aguas y Rey de toda la creación: escucha mi plegaria! 13 Que mi palabra seductora se convierta en herida mortal para los que han maquinado un plan siniestro contra tu Alianza y tu Santa Morada, la cumbre de Sión y 14 ¡Que toda tu nación y cada una de sus tribus reconozcan que tú eres Dios, el Dios de toda fuerza y de todo poder, y que no hay otro protector fuera de ti para la estirpe de Israel!". Los preparativos de Judit 10 1
Apenas terminó de invocar al Dios de Israel con todas estas palabras, 2 Judit
se levantó del suelo, llamó a su servidora y bajó a la casa donde pasaba los
sábados y los días de fiesta. 3 Luego se despojó del sayal que tenía ceñido,
se quitó su ropa de viuda, se lavó el cuerpo con agua, se ungió con perfumes
y peinó sus cabellos. Después se ciñó la cabeza con un turbante y se puso la
ropa de fiesta con que solía engalanarse cuando aún vivía su marido Manasés;
4 se calzó las sandalias, se puso collares, brazaletes, anillos, aros y todas
sus joyas: en una palabra, se embelleció hasta el extremo, para seducir a
todos los que la vieran. 5 En seguida, entregó a su servidora un odre de vino
y una vasija de aceite; llenó una bolsa con granos tostados de cebada, una
torta de higos secos y panes puros; lo envolvió todo cuidadosamente y lo
entregó a su servidora. Partida de Judit hacia el campamento asirio 6 Después se dirigieron a la puerta de Betulia, y
encontraron apostados junto a ella a Ozías y a los ancianos de la ciudad,
Cabris y Carmis. 7 Cuando vieron a Judit con el rostro transformado y la ropa
cambiada, quedaron maravillados de su hermosura y dijeron: 8 "Que el Dios de
nuestros padres te conceda ser bien
recibida y dar cumplimiento a lo
que te has propuesto, para orgullo de los
israelitas y exaltación de
Jerusalén". 9 Judit adoró a Dios y les respondió: "Ordenen
que me abran las puertas de la ciudad, para que yo salga a cumplir lo que
acaban de expresarme". Ellos ordenaron a los jóvenes que le abrieran,
como ella lo había pedido. 10 Así lo hicieron, y Judit salió acompañada de su
servidora. Los hombres de la ciudad la siguieron con la mirada, mientras
descendía de la montaña hasta que atravesó el valle, y allí la perdieron de
vista. Judit en el campamento asirio 11 Mientras caminaban a lo largo del valle, les
salió al encuentro una avanzada de los asirios. 12 Ellos detuvieron a Judit y
la interrogaron: "¿De dónde eres? ¿De dónde vienes y a dónde vas?".
Ella respondió: "Soy una hebrea, pero huyo de mi pueblo, porque está a
punto de convertirse en presa de ustedes. 13 Por eso vengo a presentarme ante
Holofernes, el general en jefe del ejército, para darle buenas informaciones;
yo le indicaré un camino por el que podrá pasar para apoderarse de toda la
región montañosa, sin que pierda la vida ni uno solo de sus hombres". 14
Al oír sus palabras y contemplar su rostro, que los dejó cautivados por su
extraordinaria hermosura, aquellos hombres le dijeron: 15 "Has puesto a
salvo tu vida, apresurándote a presentarte ante nuestro señor. Ahora, sigue
adelante hasta su tienda de campaña, y algunos de nosotros te escoltarán
hasta hacerte comparecer ante él. 16 Cuando te presentes, no temas:
comunícale todo lo que acabas de decir, y él te tratará bien". 17
Entonces eligieron a cien de sus hombres, para que la escoltaran, a ella y a
su servidora, hasta la carpa de Holofernes. 18 Cuando se divulgó por el campamento la noticia de
su llegada, se produjo una agitación general: todos se acercaban y la
rodeaban, mientras ella permanecía fuera de la carpa de Holofernes, esperando
que la anunciaran. 19 Maravillados de su hermosura, no podían menos de
admirar también a los israelitas y se decían unos a otros: "¿Quién podrá
despreciar a un pueblo que tiene semejantes mujeres? ¡No conviene dejar en
pie ni a uno solo de sus hombres, porque los sobrevivientes serían capaces de
seducir a toda la tierra!". El encuentro de Judit con Holofernes 20 Los guardias personales de Holofernes y todos sus
oficiales salieron e introdujeron a Judit en la carpa. 21 Holofernes estaba
reclinado en su diván, bajo un dosel de púrpura, recamado en oro, esmeraldas
y piedras preciosas. 22 Judit fue anunciada, y él salió a la antecámara de la
carpa, precedido de lámparas de plata. 23 Cuando apareció Judit delante de él
y de sus oficiales, todos quedaron maravillados por la hermosura de su
rostro: ella se postró con el rostro en tierra, pero los servidores de
Holofernes la levantaron. Diálogo de Judit con Holofernes 11 1
Holofernes le dijo: "Ten confianza, mujer; no tengas miedo, porque jamás
he hecho mal a nadie que se haya decidido a servir a Nabucodonosor, rey de
toda la tierra. 2 Incluso ahora, si tu pueblo, que habita en las montañas, no
me hubiera despreciado, yo no habría levantado mi lanza contra ellos; son
ellos mismos los que han provocado esto. 3 Ahora dime por qué te has escapado
de ellos y has venido hasta nosotros. Con sólo venir hasta aquí, te has
salvado. Ten confianza, porque conservarás tu vida esta noche y en adelante.
4 Nadie te causará ningún daño: por el contrario, te tratarán bien, como
corresponde a los servidores de mi señor, el rey Nabucodonosor". 5 Entonces Judit le respondió: "Acepta de buen
grado las palabras de tu esclava, y permítele hablar en tu presencia. Todo lo
que yo te diré esta noche es verdad. 6 Si sigues los consejos de tu
servidora, Dios llevará a buen término tu empresa, y no fracasará nada de lo
que te has propuesto. 7 ¡Por la vida de Nabucodonosor, rey de toda la tierra,
y por el poder de él, que te envió para poner en orden a todos los vivientes!
Gracias a ti, no sólo lo sirven los hombres, sino que también, gracias a tu
fuerza, las fieras, el ganado y las aves del cielo vivirán sometidos a
Nabucodonosor y a toda su dinastía. 8 Hemos oído hablar, en efecto, de tu
sabiduría y de la sagacidad de tu inteligencia, y se comenta en toda la
tierra que tú eres el más valiente, el más experto y el más admirable
estratega de todo el reino. 9 También nos hemos enterado del discurso
pronunciado por Ajior en tu Consejo, porque la gente de Betulia le perdonó la
vida, y él les contó todo lo que había dicho en tu presencia. 10 Por eso,
soberano señor, no desoigas sus palabras; antes bien, tómalas en cuenta,
porque son exactas, ya que nuestra estirpe no será castigada ni sometida por
la espada, a no ser que haya pecado contra su Dios. 11 Pero ahora, para que mi señor no sufra una derrota
y un fracaso, y para que la muerte caiga sobre ellos, han incurrido en un
pecado con el que provocarán la ira de su Dios apenas cometan ese desatino.
12 Porque como han empezado a faltarles los víveres y escasea el agua,
decidieron echar mano a sus ganados y sustentarse con todo lo que Dios en sus
leyes les ha prohibido comer. 13 Incluso, están resueltos a consumir las
primicias del trigo y los diezmos del vino y del aceite, que ya han sido
consagrados y reservados para los sacerdotes que ejercen sus funciones
delante de nuestro Dios en Jerusalén: esas cosas que a ninguno del pueblo le
es lícito ni siquiera tocar con sus manos. 14 Más aún, han enviado gente a
Jerusalén, donde todo el mundo hace lo mismo, con el encargo de obtener la
debida autorización de los ancianos. 15 Apenas la obtengan, harán uso de
ella, y ese mismo día te serán entregados para su perdición. 16 Por eso, yo, tu servidora, al enterarme de todo
esto, escapé de su lado. Y Dios me ha enviado para realizar contigo tales
hazañas, que llenarán de asombro en toda la tierra a aquellos que las
escuchen, 17 porque soy piadosa y sirvo noche y día al Dios del cielo. En
adelante permaneceré a tu lado, señor mío, pero cada noche saldré al valle,
para orar a Dios, y cuando incurran en el pecado, él me lo hará saber. 18 Al
regresar, te informaré; entonces podrás salir con todo tu ejército, no habrá
nadie entre ellos que pueda oponerte resistencia. 19 Luego te conduciré a
través de 20 Las palabras de Judit agradaron a Holofernes y a
todos sus oficiales, los cuales, admirados de su sabiduría, exclamaron: 21
"De un confín al otro de la tierra no hay mujer como esta, por la
hermosura de su rostro y la sensatez de sus palabras". 22 Y añadió
Holofernes: "Dios ha hecho bien en enviarte delante de tu pueblo para
que el triunfo esté en nuestras manos y la perdición en aquellos que han
menospreciado a mi señor. 23 Tu aspecto es tan encantador como son hábiles
tus palabras: si obras como lo acabas de decir, tu Dios será mi Dios, y tú habitarás
en el palacio del rey Nabucodonosor y serás famosa en toda la tierra". Fidelidad a 12 1 Luego
Holofernes la hizo pasar al lugar donde tenía preparada su vajilla de plata,
y ordenó que le sirvieran de sus propios manjares y le dieran a beber de su
vino. 2 Pero Judit le dijo: "No comeré de ellos, para no incurrir en
falta; lo que he traído conmigo me bastará". 3 Holofernes le respondió:
"Y cuando se acaben tus provisiones, ¿de dónde sacaremos otras semejantes,
ya que entre nosotros no hay nadie de tu pueblo?". 4 Judit le dijo:
"Quédate tranquilo, señor, porque antes que consuma mis provisiones, el
Señor habrá cumplido por mi intermedio lo que tiene determinado". 5 Luego los oficiales de Holofernes la condujeron a
su carpa, y ella durmió hasta la medianoche. Antes de la aurora se levantó 6
y mandó decir a Holofernes: "Señor, ordena que me dejen salir para hacer
oración". 7 Y él ordenó a sus guardias personales que no se lo
impidieran. Así permaneció Judit tres días en el campamento; cada noche salía
al valle de Betulia y se bañaba en la fuente que estaba en el campamento. 8
Cuando salía del agua, oraba al Señor, el Dios de Israel, que dirigiera sus
pasos para resurgimiento de los hijos de su pueblo. 9 Y cuando regresaba, ya
purificada, permanecía en la carpa hasta que le traían su alimento, hacia el
atardecer. Judit en el banquete de Holofernes 10 Al cuarto día, Holofernes ofreció un banquete,
exclusivamente para su personal de servicio, sin invitar a ninguno de sus
oficiales. 11 Y dijo a Bagoas, el eunuco que era su mayordomo: "Trata de
convencer a esa mujer hebrea que está bajo tu cuidado para que venga a comer
y a beber con nosotros. 12 Porque sería vergonzoso que dejáramos partir a una
mujer como esta sin haber gozado de ella. Si no logramos conquistarla, ella
se burlará de nosotros". 13 Bagoas salió de la presencia de Holofernes,
fue adonde estaba Judit y le dijo: "No tenga reparo esta preciosa joven
en presentarse ante mi señor, para ser honrada por él y beber alegremente con
nosotros. Hoy serás tratada como una de las asirias que viven en el palacio
de Nabucodonosor". 14 Judit le respondió: "¿Quién soy yo para
contradecir a mi señor? Haré gustosamente todo lo que le agrade, y eso será
para mí un motivo de alegría hasta el día de mi muerte". 15 En seguida
se levantó, y se atavió con sus vestiduras y con todos sus adornos femeninos.
Su servidora se adelantó y le extendió en el piso, ante Holofernes, las
pieles que Bagoas le había dado para su uso diario, a fin de que comiera
reclinada sobre ellas. 16 Judit entró y se reclinó; el corazón de Holofernes
quedó cautivado por ella, su espíritu se turbó y ardía en deseos de poseerla,
porque desde la primera vez que la vio, buscaba la oportunidad de seducirla.
17 "Bebe, le dijo Holofernes, y alégrate con nosotros". 18 Judit le
replicó: "Beberé‚ con mucho gusto, señor, porque desde el día en que
nací, jamás he apreciado tanto la vida como hoy". 19 Entonces tomó lo
que le había preparado su servidora, y comió y bebió en presencia de él, 20
mientras Holofernes, encantado con ella, bebió tanto vino como nunca lo había
hecho en un solo día desde su nacimiento. La hazaña de Judit 13 1
Cuando se hizo tarde, sus ayudantes se retiraron inmediatamente. Bagoas cerró
la carpa por fuera, después de hacer salir a los que estaban con su señor, y
todos se fueron a dormir, rendidos porque habían bebido demasiado. 2 Sólo
Judit quedó en la carpa, mientras Holofernes, completamente ebrio, yacía
tendido en su lecho. 3 Judit mandó a su servidora que se quedara fuera de su
dormitorio y que la esperara a la salida como todos los días, porque había
dicho que saldría para hacer oración y había hablado en el mismo sentido a
Bagoas. 4 Cuando todos ya se habían retirado de la carpa, y
no quedaba nadie dentro de ella, ni grande ni pequeño, Judit, de pie junto al
lecho de Holofernes, dijo en su corazón: "Señor, Dios todopoderoso, mira favorablemente en esta hora lo que voy a hacer para la exaltación de Jerusalén. y de realizar lo que me había propuesto para aplastar a los enemigosque se alzaron contra
nosotros". 6 Judit se aproximó entonces a la barra del lecho
que estaba junto a la cabeza de Holofernes, descolgó de allí su espada, 7 y
acercándose al lecho, lo tomó por la cabellera y exclamó: "¡Fortaléceme
en esta hora, Dios de Israel!". 8 Luego le asestó dos golpes en el
cuello con todas sus fuerzas y le cortó la cabeza. 9 Hizo rodar el cuerpo
desde el lecho y arrancó el cortinado de las columnas. Poco después, salió y
entregó a su servidora la cabeza de Holofernes. 10 Esta la metió en la bolsa
de las provisiones, y las dos salieron juntas, como lo hacían habitualmente,
para la oración. Atravesaron el campamento y, bordeando el barranco, subieron
la pendiente de Betulia hasta llegar a sus puertas. El regreso de Judit a Betulia 11 Judit gritó desde lejos a los guardias de las
puertas: "¡Abran, abran las puertas! Dios, nuestro Dios, está con
nosotros para manifestar todavía su fuerza en Israel y su poder contra
nuestros enemigos, como lo ha hecho hoy". 12 Apenas escucharon su voz,
la gente de la ciudad se apresuró a bajar a las puertas, y convocaron a los
ancianos de la ciudad. 13 Todos acudieron rápidamente, desde el más pequeño
hasta el más grande, porque les parecía increíble que hubiera vuelto.
Abrieron las puertas para recibirlas, encendieron una hoguera para poder ver
y se agolparon alrededor de ellas. 14 Judit les dijo en voz alta:
"¡Alaben, alaben a Dios! Alaben a Dios, que no ha retirado su fidelidad
del pueblo de Israel, sino que, por mi intermedio, ha destrozado esta noche a
sus enemigos". 15 Entonces sacó la cabeza de la bolsa y la mostró,
diciendo: "Aquí está la cabeza de Holofernes, el general en jefe de los
ejércitos asirios, y este es el cortinado bajo el cual estaba tendido
completamente ebrio. ¡El Señor lo ha matado por la mano de una mujer! 16 ¡Por
la vida del Señor, que me protegió en el camino que recorrí! Mi rostro lo
sedujo para su perdición, pero él no cometió conmigo ningún pecado que me manchara
o me deshonrara". Celebración del triunfo de Judit 17 Todo el pueblo quedó fuera de sí y, postrándose,
adoraron a Dios y exclamaron unánimemente: "Bendito eres, Dios nuestro,
porque hoy has aniquilado a los enemigos de tu pueblo". 18 Ozías, por su
parte, dijo a Judit: "Que el Dios Altísimo te bendiga, hija mía, más que a todas las mujeres de la tierra; y bendito sea el Señor Dios, creador del cielo y de la tierra, que te ha guiado para cortar la cabeza del jefe de nuestros enemigos. 19 Nunca olvidarán los hombresla confianza que has
demostrado y siempre recordarán el poder de Dios. 20 Que Dios te exalte para siempre, favoreciéndote con sus bienes. Porque no vacilaste en exponer tu vida, al ver la humillación de nuestro pueblo, sino que has conjurado nuestra ruina, procediendo resueltamentedelante de nuestro
Dios". Y todo el pueblo añadió: "¡Amén! ¡Amén!". Plan de Judit contra los asirios 14 1 Judit
les dijo: "Escúchenme, hermanos; tomen esta cabeza y cuélguenla sobre
las almenas de la muralla. 2 Después, cuando despunte el alba y se levante el
sol sobre la tierra, cada uno de ustedes tomará sus armas de combate, y todos
los que puedan hacerlo saldrán de la ciudad. Pónganles al frente un jefe como
si fueran a descender a la llanura, hasta los puestos de avanzada de los
asirios, pero no bajen. 3 Ellos tomarán sus armas e irán al campamento a
despertar a los jefes de su ejército. Estos, a su vez, se precipitarán hacia
la carpa de Holofernes y, al no encontrarlo, quedarán aterrorizados y huirán
delante de ustedes. 4 Ustedes y todos los habitantes del territorio de Israel
los perseguirán, exterminándolos en su retirada. 5 Pero antes de ejecutar
todo esto, tráiganme a Ajior, el amonita, para que él vea y reconozca al que
había despreciado al pueblo de Israel, y lo envió para que muriera entre
nosotros". La conversión de Ajior 6 Llamaron entonces a Ajior, que estaba en la casa
de Ozías. Cuando este llegó y vio la cabeza de Holofernes en la mano de uno
de los hombres de la asamblea del pueblo, cayó desvanecido. 7 Apenas lo
reanimaron, se arrojó a los pies de Judit y, postrándose ante ella, exclamó:
"Bendita seas en todos los campamentos de Judá y en todas las naciones,
las que al escuchar tu nombre, quedarán asombradas. 8 Pero ahora cuéntame lo
que has hecho durante todos estos días". Judit, en medio del pueblo, le
contó todo lo que había hecho desde el día de su partida hasta ese momento. 9
Cuando terminó de hablar, el pueblo la aclamó dando grandes vítores, y los
gritos de júbilo se extendieron por toda la ciudad. 10 Ajior, por su parte,
al ver todo lo que había realizado el Dios de Israel, creyó firmemente en él,
se hizo circuncidar y fue incorporado al pueblo de Israel hasta el día de
hoy. El desconcierto de los asirios 11 Al despuntar el alba, colgaron de las murallas la
cabeza de Holofernes, y todos los israelitas empuñaron sus armas y avanzaron
en escuadrones por las laderas de la montaña. 12 Los asirios, al divisarlos,
enviaron mensajeros a sus jefes; estos, a su vez, se dirigieron a los generales
y capitanes y a todos sus oficiales. 13 Ellos llegaron a la carpa de
Holofernes y dijeron a su mayordomo: "Despierta a nuestro señor, porque
esos esclavos han tenido la audacia de bajar a combatir contra nosotros, para
ser totalmente exterminados". 14 Bagoas entró y golpeó las manos ante la
cortina de la carpa, suponiendo que Holofernes estaba acostado con Judit. 15
Como nadie respondía, descorrió la cortina, penetró en el dormitorio y lo
encontró muerto, tendido sobre el umbral y decapitado. 16 Él lanzó un
alarido, llorando y sollozando; y dando grandes gritos, desgarró sus
vestiduras. 17 Luego entró en la carpa donde se alojaba Judit, y al no
encontrarla, se precipitó hacia la tropa, vociferando: 18 "¡Esos
esclavos nos han traicionado! ¡Una mujer hebrea ha cubierto de vergüenza la
casa de Nabucodonosor! ¡Miren cómo yace Holofernes, tendido en el suelo y sin
cabeza!". 19 Al oír estas palabras, los jefes del ejército asirio
rasgaron sus túnicas, completamente desconcertados, y lanzaron grandes gritos
y alaridos por todo el campamento. La huida y la persecución de los asirios 15 1 Al
enterarse de la noticia, los que estaban en el campamento quedaron fuera de
sí por lo ocurrido. 2 El terror y el pánico se apoderaron de ellos, y ni un
solo hombre permaneció al lado de su compañero; todos se desbandaron,
escapando apresuradamente por todos los senderos de la llanura y de la
montaña. 3 También se dieron a la fuga los que estaban apostados en la
montaña alrededor de Betulia; y todos los israelitas capaces de empuñar las
armas se precipitaron sobre ellos. 4 Ozías envió mensajeros a Betomestaim, a Bebai, a
Jobai y a Colá, y a todo el territorio de Israel, para anunciar lo sucedido,
a fin de que todos acometieran contra los enemigos hasta aniquilarlos. 5
Cuando la noticia llegó a los demás israelitas, todos, como un solo hombre,
cayeron sobre ellos y los arrasaron hasta Jobai. También acudieron los de
Jerusalén y los de toda la montaña, porque ya se habían enterado de lo
ocurrido en el campamento. Además, los de Galaad y los de Galilea los
acometieron por los flancos, causándoles un gran estrago, hasta más allá de
Damasco y sus fronteras. Reparto del botín y elogio de Judit 6 Mientras tanto, los demás habitantes de Betulia
irrumpieron en el campamento asirio y lo saquearon, obteniendo un riquísimo
botín. 7 Los otros israelitas, por su parte, al volver de la matanza, se
apoderaron del resto; y lo mismo hicieron los habitantes de los poblados y
caseríos, tanto los de la montaña como los de la llanura: todos se apoderaron
de abundantes despojos, porque los había en cantidades fabulosas. 8 El sumo sacerdote Joaquím y los ancianos del
pueblo de Israel que habitaban en Jerusalén vinieron para contemplar los
beneficios con que Dios había colmado a Israel, y también para ver a Judit y
saludarla. 9 Al verla, todos a una, la elogiaron y le dijeron: "¡Tú eres la gloria de Jerusalén, tú el gran orgullo de Israel, tú el insigne honor de nuestra raza! 10 Al realizar todo esto con tu propia mano, has hecho un gran bien a Israel, y Dios ha aprobado tu obra. Que el Señor todopoderoso te bendiga para
siempre". Y todo el pueblo dijo: "¡Amén!". 11 El pueblo se entregó al saqueo del campamento
durante treinta días. Asignaron a Judit la carpa de Holofernes, con toda su vajilla
de plata, sus lechos, sus recipientes y todo su mobiliario. Ella tomó esas
cosas, cargó su mula, enganchó sus carros y amontonó todo encima. El júbilo del pueblo 12 Todas las mujeres de Israel acudieron a verla y a
elogiarla, y algunas de ellas formaron un coro de danzas en su honor. Judit,
tomó en sus manos unas guirnaldas y las distribuyó entre las que las
rodeaban. 13 Luego ella y sus compañeras se coronaron con ramos de olivo, y
ella, al frente de todo el pueblo, dirigía las danzas corales de todas las
mujeres. Al mismo tiempo, los hombres de Israel, con sus armas y ceñidos de
coronas, la seguían entonando himnos de alabanza. 14 Entonces Judit entonó este canto de acción de
gracias en presencia de todo Israel, y todo el pueblo coreó su canto. El canto de Judit 16 1 Judit
dijo: "¡Entonen un canto a mi Dios con tamboriles, canten al Señor con címbalos; compongan en su honorun salmo de alabanza, glorifiquen e invoquen su Nombre! 2 Porque el Señor es un Diosque pone fin a las
guerras: él estableció su campamentoen medio del pueblo y me libró de mis perseguidores. 3 De las montañas del norte llegó Asiria, avanzó con un ejército innumerable: sus tropas obstruyeron los valles y su caballería cubrió las colinas. 4 Amenazó con incendiar mis territorios y pasar a mis jóvenes al filo de la espada, con estrellar a mis pequeñoscontra el suelo y entregar a mis niños como presa y a mis muchachas como botín. 5 ¡Pero el Señor todopoderoso los eliminó por la mano de una mujer! 6 Su jefe no fue abatidopor jóvenes guerreros, ni lo golpearon hijos de titanes, ni lo atacaron enormes gigantes: lo desarmó Judit, la hija de Merarí, con la hermosura de su rostro. 7 Ella se quitó su ropa de luto, para exaltar a los afligidos de Israel: ungió su rostro con perfumes, 8 se ajustó el cabello con una diadema, se puso ropa de lino para seducirlo. 9 Sus sandalias deslumbraronlos ojos del guerrero, su hermosura le cautivó el corazón... ¡y la espada le cortó la cabeza! 10 Los persas temblaron por su audacia y los medos se turbaron por su temeridad. 11 Entonces mi pueblo humilladogritó de alegría y los otros se llenaron de espanto; mis débiles lanzaron gritos de triunfo y ellos quedaron aterrados; mi pueblo alzó su voz y ellos se dieron a la fuga. 12 Hijos de jóvenes mujereslos traspasaron, los acribillaron como a esclavos fugitivos: ¡todos perecieron en el combate de mi Señor! 13 Cantaré a mi Dios un canto nuevo: ¡Señor, tú eres grande y glorioso, admirable por tu poder e invencible! 14 Que te sirvan todas las criaturas, porque tú lo dijiste y fueron hechas, enviaste tu espíritu y él las formó, y nadie puede resistir a tu voz. 15 Las montañas y las aguasse sacudirán desde sus
cimientos, las rocas se derretirán como cera en tu presencia, pero tú siempre te muestras propicio con aquellos que te temen. 16 Poco vale un sacrificiode aroma agradable y menos aún toda la grasaofrecida en holocausto, pero el que teme al Señorserá grande para siempre. 17 ¡Ay de las naciones que se levantancontra mi
pueblo! El Señor todopoderoso las castigaráen el día del
Juicio: pondrá en su carne fuego y gusanos, y gemirán de dolor eternamente". Celebración litúrgica de la victoria 18 Apenas llegaron a Jerusalén, todos adoraron a
Dios y, una vez que el pueblo se purificó, ofrecieron sus holocaustos, sus
ofrendas voluntarias y sus dones. 19 Judit dedicó todo el mobiliario de Holofernes,
que el pueblo le había obsequiado, y consagró en homenaje a Dios el cortinado
que ella misma había arrancado de su lecho. 20 El pueblo prolongó los
festejos durante tres meses delante del Templo de Jerusalén, y Judit
permaneció con ellos. Los últimos años de Judit 21 Pasado este tiempo, cada uno regresó a su
herencia. Judit, por su parte, volvió a Betulia y siguió administrando sus
bienes. Ella se hizo célebre en su tiempo por todo el país. 22 Muchos la
pretendieron como esposa, pero ella no volvió a casarse, después que su
esposo Manasés murió y fue a reunirse con sus antepasados. 23 Su fama fue
creciendo cada vez más, mientras envejecía en la casa de su esposo, hasta
llegar a los ciento cinco años. Otorgó la libertad a su servidora, y murió en
Betulia, siendo sepultada en la caverna de su esposo Manasés. 24 La casa de
Israel estuvo de duelo por ella durante siete días. Antes de morir había
repartido sus bienes entre los parientes de su esposo Manasés y entre sus
propios parientes. 25 Nadie atemorizó a los israelitas mientras vivió Judit,
y hasta mucho tiempo después de su muerte. 1 6. "Los
hijos de Jeleud" son probablemente los caldeos. 5 5.
La figura de "Ajior" parece estar inspirada en la de Ajicar,
prototipo del sabio en la tradición oriental (Tob. 1. 21). Aquel jefe de los
amonitas evoca las obras del Señor en favor de Israel y termina dando un
consejo sobre la actitud que conviene tomar frente al Pueblo de Dios (vs.
20-21). 9 2-4. Ver
Gn. 34. 16 13.
"Un canto nuevo": ver Is. 42. 10; Sal. 33. 3; 40. 4; 96. 1; 98. 1;
144. 9; 149. 1; Apoc. 5. 9. |
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Texto Biblico suministrado desde la
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edición para el estudio en Internet de Pedro Sergio Antonio Donoso
Brant |
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