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Caminando con Jesús

Pedro Sergio Antonio Donoso Brant

La Biblia – El Libro del Pueblo de Dios

Edición especial comentada para ayudar a comprender mejor las Sagradas Escrituras

 

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Libro de los Macabeos

Los libros de los MACABEOS son dos escritos independientes, que relatan las luchas del Pueblo judío contra la dinastía de los Seléucidas, en defensa de su autonomía política y su libertad religiosa. El título de los mismos proviene del sobrenombre "Macabeo", aplicado primero a Judas -el principal protagonista de aquella lucha- y extendido luego a sus hermanos e incluso a sus partidarios. Según algunos, este sobrenombre deriva de una palabra hebrea que significa "martillo", y aludiría a los tremendos golpes que Judas asestaba a sus enemigos; otros piensan, en cambio, que signifca "designado por Dios".

Para comprender los hechos relatados en estos Libros, es necesario tener en cuenta el contexto histórico que dio origen a la rebelión de los Macabeos. En el siglo IV a. C., el Próximo Oriente experimenta una enorme transformación política y cultural. Alejandro Magno, el joven rey de Macedonia, se asegura el dominio sobre toda Grecia y luego se lanza a la conquista del Imperio persa. Cuando una muerte prematura lo sorprende en Babilonia, en el 323 a. C., él deja tras de sí el más vasto Imperio conocido hasta entonces. Con sus conquistas comienza la época llamada "helenística", cuya principal característica es la difusión de la cultura y la lengua griegas en toda la cuenca del Mediterráneo.

Pero el Imperio de Alejandro no tarda en desmembrarse. Dos de sus generales se reparten el Próximo Oriente: Tolomeo, hijo de Lagos, se adueña de Egipto y funda la dinastía de los "Lágidas"; Seleuco se convierte en el soberano de Siria e inicia la dinastía de los "Seléucidas". A raíz de esta división, Palestina se encuentra una vez más entre dos fuegos. Durante un siglo predominan los Lágidas en Egipto, que se muestran respetuosos de las costumbres nacionales. Pero en el 199 a. C., Antíoco III de Siria derrota al ejército egipcio y Palestina cae en poder de los Seléucidas. A partir de este momento, la dominación comenzará a desbordar el ámbito político, para extenderse al terreno cultural y religioso.

La opresión del Pueblo judío entra en su etapa más crítica con el advenimiento de Antíoco IV, que se hace llamar Epífanes, es decir, "manifestación divina" (175-164 a. C.). Este rey no se contenta con profanar y saquear el Templo de Jerusalén, sino que también hace edificar en la Ciudad santa una fortaleza, donde instala un destacamento de guardia permanente. Luego promueve un vasto proceso de helenización de las costumbres y prácticas religiosas locales. Así queda proscrita la Ley de Moisés y se la suplanta por la legislación del Estado. Esta política de Antíoco encuentra colaboradores entre los judíos de las clases pudientes, incluso entre los sacerdotes. Muchos, en cambio, prefieren afrontar la persecución y la muerte antes que renegar de su fe, con la esperanza puesta en el Dios de Israel. Otro grupo, finalmente, se inspira en el recuerdo de los antiguos héroes nacionales y elige el camino de la resistencia armada. A este grupo pertenecen el sacerdote Matatías y sus hijos, y ellos emprenden la guerra de liberación narrada en estos Libros.

 

PRIMER LIBRO DE LOS MACABEOS

Este Libro, compuesto hacia el año 100 a. C., refiere los acontecimientos que van desde la ascensión al trono de Antíoco IV Epífanes, en el año 175 a. C., hasta la muerte de Simón, el último sobreviviente de los hermanos Macabeos, en el 134 a. C. El autor es desconocido, pero sin duda se trata de un judío de Jerusalén, muy buen conocedor de Palestina, que escribió su obra con el fin de exaltar a los héroes de la lucha por la independencia. Los Macabeos son presentados como los nuevos "Jueces" de Israel, suscitados por Dios para liberar a su Pueblo y restaurar la teocracia.

La precisión y vivacidad de ciertos relatos parecen indicar que el autor recogió el testimonio directo de algunos combatientes. Pero él también tuvo acceso a los archivos del Templo de Jerusalén, donde se conservaban los anales de los sumos sacerdotes y otros textos oficiales citados en el libro. Además de estas fuentes, utilizó un documento de la corte seléucida, que le permitió reconstruir la cronología de los hechos. Sobre esta base compuso un relato de gran valor histórico, empleando los recursos literarios propios de la época helenística. Por eso, a menudo exagera las cifras de los enemigos, para exaltar las hazañas de los judíos. También pone en boca de los héroes elocuentes discursos, que destacan la enseñanza fundamental extraída de las victorias de los Macabeos: la fe en el Señor y la fidelidad a la Ley son una fuerza más poderosa que un gran ejército.

Con el decurso del tiempo, la lucha religiosa de los Macabeos fue cediendo a las intrigas políticas y a las ambiciones de poder. Llevado por el entusiasmo del triunfo y de la independencia reconquistada, el autor pasa por alto este aspecto y aun corre el riesgo de identificar el designio de Dios con las guerras de una nación. Eso no impide que nos presente una historia profundamente humana, donde campean la intransigencia de la fe y la pasión por la libertad.

 

 

LA PROSCRIPCIÓN DEL JUDAÍSMO Y EL COMIENZO DE LA GUERRA SANTA (167-166 a. C.)

Un rápido bosquejo histórico describe la situación político-religiosa que desencadenó la rebelión de los Macabeos. En una época en que todas las religiones paganas tendían a fundirse en un vago sincretismo, Antíoco IV Epífanes decide eliminar los particularismos dentro de su reino. Con este fin, promueve una especie de "revolución cultural", destinada a imponer las costumbres y prácticas religiosas del Helenismo.

En abierta oposición contra esta política totalitaria, los sectores más intransigentes del Pueblo judío reafirman la originalidad de su fe monoteísta y rechazan toda forma de compromiso con el paganismo. Muchos pagan con la vida su fidelidad a la Ley, pero el sacerdote Matatías convoca a la guerra santa y se refugia en las montañas, con sus cinco hijos y un grupo de judíos fieles. Así encabeza un levantamiento popular, que luego será continuado por sus hijos. El "testamento" de Matatías (2. 49-64) define claramente el sentido de esta resistencia armada.

Alejandro Magno y sus sucesores

1 1 Alejandro de Macedonia, hijo de Filipo, partió del país de Quitím, y después de derrotar a Darío, rey de los persas y los medos, reinó en lugar de él, en primer lugar sobre la Hélade. 2 Libró muchas batallas, conquistó plazas fuertes y dio muerte a reyes de la tierra. 3 Avanzó hasta los confines del mundo y saqueó una multitud de naciones. La tierra enmudeció en su presencia y por eso su corazón se ensoberbeció y se llenó de orgullo. 4 Reunió un ejército poderosísimo, y sometió provincias, naciones y dinastías, que le pagaron tributo. 5 Después cayó enfermo y, comprendiendo que iba a morir, 6 convocó a sus generales, a los nobles que se habían educado con él desde su juventud y, antes de su muerte, repartió entre ellos su reino. 7 Alejandro murió después de reinar doce años, 8 y sus generales se hicieron cargo del gobierno, cada uno en su propia región. 9 Apenas murió, todos se ciñeron la corona, y sus hijos los sucedieron durante muchos años, llenando la tierra de calamidades.

Antíoco IV Epífanes y la helenización de Palestina

10 De ellos surgió un vástago perverso, Antíoco Epífanes, hijo del rey Antíoco, que había estado en Roma como rehén y subió al trono el año ciento treinta y siete del Imperio griego. 11 Fue entonces cuando apareció en Israel un grupo de renegados que sedujeron a muchos, diciendo: "Hagamos una alianza con las naciones vecinas, porque desde que nos separamos de ellas, nos han sobrevenido muchos males". 12 Esta propuesta fue bien recibida, 13 y algunos del pueblo fueron en seguida a ver al rey y este les dio autorización para seguir las costumbres de los paganos. 14 Ellos construyeron un gimnasio en Jerusalén al estilo de los paganos, 15 disimularon la marca de la circuncisión y, renegando de la santa alianza, se unieron a los paganos y se entregaron a toda clase de maldades.

La victoria de Antíoco IV en Egipto

16 Cuando Antíoco se sintió seguro de su poder, proyectó apoderarse también de Egipto, para gobernar sobre ambos reinos. 17 Entonces entró en Egipto con un poderoso ejército, con carros, elefantes, caballería y una gran flota. 18 Allí atacó a Tolomeo, rey de Egipto. Este retrocedió ante él y huyó, dejando muchos muertos. 19 Antíoco ocupó las ciudades fortificadas de Egipto y saqueó todo el país. 20 Después de derrotar a Egipto, emprendió el camino de regreso, el año ciento cuarenta y tres, y subió contra Israel, llegando a Jerusalén con un poderoso ejército.

La profanación del Templo de Jerusalén

21 Antíoco penetró arrogantemente en el Santuario y se llevó el altar de oro, el candelabro con todas sus lámparas, 22 la mesa de los panes de la ofrenda, los vasos para las libaciones, las copas, los incensarios de oro, el cortinado y las coronas, y arrancó todo el decorado de oro que recubría la fachada del Templo. 23 Tomó también la plata, el oro, los objetos de valor y todos los tesoros que encontró escondidos. 24 Cargó con todo eso y regresó a su país, después de haber causado una gran masacre y de haberse jactado insolentemente.

25 Una gran consternación se extendió por todo Israel.

26 Gimieron los jefes y los ancianos,

languidecieron las jóvenes y los jóvenes,

la belleza de las mujeres se marchitó.

27 El recién casado entonó

un canto fúnebre;

sentada en el lecho nupcial,

la esposa estuvo de duelo.

28 Tembló la tierra por sus habitantes,

y toda la casa de Jacob

se cubrió de vergüenza.

La ocupación de Jerusalén

29 Dos años después, el rey envió a las ciudades de Judá un recaudador de impuestos, que se presentó en Jerusalén con un poderoso ejército. 30 Él les habló amistosamente, pero con la intención de engañarlos, y después que se ganó su confianza, atacó sorpresivamente a la ciudad y le asestó un terrible golpe, causando numerosas víctimas entre los israelitas. 31 Luego saqueó la ciudad, la incendió, y arrasó sus casas y la muralla que la rodeaba. 32 Sus hombres tomaron prisioneros a las mujeres y a los niños y se adueñaron del ganado. 33 Después, levantaron en torno a la Ciudad de David una muralla alta y resistente, protegida por torres poderosas, y la convirtieron en su Ciudadela. 34 Allí establecieron un grupo de gente impía, sin fe y sin ley, que se fortificó en ese lugar. 35 Lo proveyeron de armas y víveres, y depositaron allí el botín que habían reunido en el saqueo de Jerusalén. Así se convirtieron en una permanente amenaza.

36 Esto llegó a ser una asechanza

para el Santuario,

una cruel y constante hostilidad

para Israel.

37 Derramaron sangre inocente

alrededor del Templo

y profanaron el Lugar santo.

38 A causa de ellos, huyeron

los habitantes de Jerusalén

y la Ciudad se convirtió

en una colonia de extranjeros:

se volvió extraña

para los que nacieron en ella

y sus propios hijos la abandonaron.

39 Su Santuario quedó devastado

como un desierto,

sus fiestas se transformaron en duelo,

sus sábados en motivo de burla

y su honor en desprecio.

40 Tan grande fue su vergüenza

como lo había sido su gloria,

y su grandeza dio paso a la aflicción.

El decreto de Antíoco IV

41 El rey promulgó un decreto en todo su reino, ordenando que todos formaran un solo pueblo 42 y renunciaran a sus propias costumbres. Todas las naciones se sometieron a la orden del rey 43 y muchos israelitas aceptaron el culto oficial, ofrecieron sacrificios a los ídolos y profanaron el sábado. 44 Además, el rey envió mensajeros a Jerusalén y a las ciudades de Judá, con la orden escrita de que adoptaran las costumbres extrañas al país: 45 los holocaustos, los sacrificios y las libaciones debían suprimirse en el Santuario; los sábados y los días festivos debían ser profanados; 46 el Santuario y las cosas santas debían ser mancillados; 47 debían erigirse altares, recintos sagrados y templos a los ídolos, sacrificando cerdos y otros animales impuros; 48 los niños no debían ser circuncidados y todos debían hacerse abominables a sí mismos con toda clase de impurezas y profanaciones, 49 olvidando así la Ley y cambiando todas las prácticas. 50 El que no obrara conforme a la orden del rey, debía morir. 51 En estos términos escribió a todo su reino. Además nombró inspectores sobre todo el pueblo, y ordenó a las ciudades de Judá que ofrecieran sacrificios en cada una de ellas.

La ejecución del decreto y la persecución religiosa

52 Mucha gente del pueblo, todos los que abandonaban la Ley, se unieron a ellos y causaron un gran daño al país, 53 obligando a Israel a esconderse en toda clase de refugios. 54 El día quince del mes de Quisleu, en el año ciento cuarenta y cinco, el rey hizo erigir sobre el altar de los holocaustos la Abominación de la desolación. También construyeron altares en todos las ciudades de Judá. 55 En las puertas de las casas y en las plazas se quemaba incienso. 56 Se destruían y arrojaban al fuego los libros de la Ley que se encontraban, 57 y al que se lo descubría con un libro de la Alianza en su poder, o al que observaba los preceptos de la Ley, se lo condenaba a muerte en virtud del decreto real. 58 Valiéndose de su fuerza, se ensañaban continuamente contra los israelitas sorprendidos en contravención en las diversas ciudades. 59 El veinticinco de cada mes, se ofrecían sacrificios en el ara que se alzaba sobre el altar de los holocaustos. 60 A las mujeres que habían circuncidado a sus hijos se las mataba, conforme al decreto, 61 con sus criaturas colgadas al cuello. La misma suerte corrían sus familiares y todos los que habían intervenido en la circuncisión.

62 Sin embargo, muchos israelitas se mantuvieron firmes y tuvieron el valor de no comer alimentos impuros; 63 prefirieron la muerte antes que mancharse con esos alimentos y quebrantar la santa alianza, y por eso murieron. 64 Y una gran ira se descargó sobre Israel.

Matatías y sus hijos

2 1 En esos días, Matatías, hijo de Juan, hijo de Simeón, sacerdote del linaje de Joarib, salió de Jerusalén y fue a establecerse en Modín. 2 Tenía cinco hijos: Juan, por sobrenombre Gadí; 3 Simón, llamado Tasí; 4 Judas, llamado Macabeo; 5 Eleazar, llamado Avarán; y Jonatán, llamado Afús.

Lamentación de Matatías sobre Jerusalén

6 Al ver las impiedades que se cometían en Judá y en Jerusalén, 7 Matatías exclamó: "¡Ay de mí! ¿Para esto he nacido? ¿Para ver la ruina de mi pueblo y la destrucción de la Ciudad santa? ¿Para quedarme sentado en ella, mientras es entregada al poder del enemigo y el Santuario está en manos de extranjeros?

8 Su Templo ha quedado

como un hombre envilecido,

9 los objetos que eran su gloria

fueron llevados como botín,

sus niños masacrados en las plazas,

sus jóvenes pasados al filo

de la espada enemiga.

10 ¿Qué pueblo no ha heredado

su realeza,

apoderándose de sus despojos?

11 Ella ha sido privada

de todo su esplendor

y de libre se ha convertido en esclava.

12 Y ahí está nuestro Santuario,

nuestro honor y nuestro orgullo,

convertido en un desiertoy profanado por los paganos.

13 ¿Vale la pena seguir viviendo así?".

14 Matatías y sus hijos rasgaron sus vestiduras, se pusieron un sayal y se lamentaron amargamente.

La rebelión de Matatías

15 Entre tanto, los delegados del rey, encargados de imponer la apostasía, llegaron a la ciudad de Modín para exigir que se ofrecieran los sacrificios. 16 Se presentaron muchos israelitas, pero Matatías y sus hijos se agruparon aparte. 17 Entonces los enviados del rey fueron a decirle: "Tú eres un jefe ilustre y gozas de autoridad en esta ciudad, respaldado por hijos y hermanos. 18 Sé el primero en acercarte a ejecutar la orden del rey, como lo han hecho todas las naciones, y también los hombres de Judá y los que han quedado en Jerusalén. Así tú y tus hijos, serán contados entre los Amigos del rey y gratificados con plata, oro y numerosos regalos". 19 Matatías respondió en alta voz: "Aunque todas las naciones que están bajo el dominio del rey obedezcan y abandonen el culto de sus antepasados para someterse a sus órdenes, 20 yo, mis hijos y mis hermanos nos mantendremos fieles a la Alianza de nuestros padres. 21 El Cielo nos libre de abandonar la Ley y los preceptos. 22 Nosotros no acataremos las ordenes del rey desviándonos de nuestro culto, ni a la derecha ni a la izquierda".

23 Cuando acabó de pronunciar estas palabras, un judío se adelantó a la vista de todos para ofrecer un sacrificio sobre el altar de Modín, conforme al decreto del rey. 24 Al ver esto, Matatías se enardeció de celo y se estremecieron sus entrañas; y dejándose llevar por una justa indignación, se abalanzó y lo degolló sobre el altar. 25 Ahí mismo mató al delegado real que obligaba a ofrecer los sacrificios y destruyó el altar. 26 Así manifestó su celo por la Ley, como lo había hecho Pinjás con Zimrí, hijo de Salú.

27 Luego comenzó a gritar por la ciudad con todas sus fuerzas: "Todo el que sienta celo por la Ley y quiera mantenerse fiel a la Alianza, que me siga". 28 Y abandonando todo lo que poseían en la ciudad, él y sus hijos huyeron a las montañas.

Los judíos masacrados en el desierto

29 Entonces muchos judíos, amantes de la justicia y el derecho, se retiraron al desierto para establecerse allí 30 con sus mujeres, sus hijos y sus ganados, porque la desgracia se había desencadenado sobre ellos. 31 Los funcionarios del rey y la guarnición que residía en Jerusalén, en la Ciudad de David, recibieron la denuncia de que algunos hombres, conculcando la orden del rey, habían ido a ocultarse en los escondites del desierto. 32 Un fuerte contingente salió a perseguirlos y logró alcanzarlos. Los cercaron y se dispusieron para atacarlos. Era un día sábado, 33 y les dijeron: "¡Es hora de acabar con esto! ¡Salgan, cumplan la orden del rey y salvarán sus vidas!". 34 Ellos respondieron: "No saldremos, ni obedeceremos la orden real, profanando así el sábado". 35 Inmediatamente los atacaron, 36 pero ellos no se defendieron, ni siquiera arrojándoles piedras o cerrando la entrada de sus refugios. 37 "Muramos todos, decían, manteniendo nuestra integridad. El cielo y la tierra son testigos de que ustedes nos hacen perecer injustamente". 38 Así fueron atacados en pleno sábado, y perecieron los hombres con sus mujeres, sus hijos y el ganado. Eran en total unas mil personas.

La organización de la resistencia

39 Al enterarse de lo ocurrido, Matatías y sus amigos se lamentaron amargamente por las víctimas, 40 pero dijeron: "Si todos nos comportamos como nuestros hermanos y no peleamos contra esta gente en defensa de nuestras vidas y de nuestras costumbres, muy pronto nos exterminarán de la tierra". 41 Y aquel mismo día resolvieron lo siguiente: "Hagamos frente a todo el que venga a atacarnos en día sábado, para no morir como nuestros hermanos en sus refugios".

42 Entonces se les unió el grupo de los asideos, hombres valientes en Israel, todos ellos sinceramente fieles a la Ley. 43 También se les unieron y les prestaron su ayuda todos los que querían escapar de la opresión. 44 Así formaron una fuerza armada que comenzó a descargar su ira contra los pecadores y su furor contra los impíos. Los demás tuvieron que salvarse, huyendo a las naciones extranjeras. 45 Matatías y sus adeptos recorrieron el país, destruyendo altares, 46 y circuncidando por la fuerza a los niños incircuncisos que hallaron en el territorio de Israel. 47 Persiguieron a los arrogantes, y la campaña dio buenos resultados. 48 De esa manera defendieron la Ley contra los paganos y sus reyes, y no permitieron que prevalecieran los malvados.

El testamento y la muerte de Matatías

49 Cuando la vida de Matatías llegaba a su fin, este dijo a sus hijos:

"Ahora reinan la insolencia y el ultraje,

es tiempo de perturbación

y de furor desencadenado.

50 Por lo tanto, hijos míos,

ardan de celo por la Ley,

dando la vida por la Alianza

de nuestros padres.

51 Recuerden las obras

que realizaron nuestros padres en su tiempo:

así alcanzarán una inmensa gloria

y una fama imperecedera.

52 ¿Acaso Abraham no fue hallado fiel

en la prueba

y por eso Dios lo contó entre los justos?

53 José, en el momento de la angustia,

observó la Ley,

y así llegó a ser señor de Egipto.

54 Pinjás, nuestro padre,

por su ardiente celo,

recibió la alianza de un sacerdocio eterno.

55 Josué, por haber cumplido

la palabra de Dios,

llegó a ser juez en Israel.

56 Caleb, por haber dado testimonio

ante la asamblea,

recibió una herencia en el país.

57 David, por su piedad,

heredó un trono real para siempre.

58 Elías, por su ardiente celo por la Ley,

fue arrebatado al cielo.

59 Ananías, Azarías y Misael,por haber confiado en Dios,

fueron salvados de la llama.

60 Daniel, por su integridad,

fue librado de las fauces de los leones.

61 Adviertan, entonces, que a lo largo

de las generaciones

los que esperan en él

no sucumben jamás.

62 No teman las amenazas

de un hombre pecador,

porque su gloria acabará en podredumbre y gusanos;

63 hoy es exaltado y mañana desaparece,

porque habrá vuelto al polvo

de donde vino

y sus proyectos quedarán frustrados.

64 Por eso, hijos míos, sean valientes,

y manténganse firmes en el cumplimiento de la Ley,

ya que gracias a ella serán colmados de gloria.

65 Ahí tienen a Simeón, su hermano. Yo sé que es hombre sensato: escúchenlo siempre, y hará las veces de padre. 66 Judas Macabeo ha sido valiente desde su juventud: que él sea el jefe del ejército y dirija la guerra contra los extranjeros. 67 Ustedes, por su parte, reúnan a todos los que practican la Ley y reivindiquen a nuestro pueblo. 68 Devuelvan a los paganos el mal que ellos les han hecho y observen los preceptos de la Ley".

69 Después los bendijo y fue a reunirse con sus padres. 70 Matatías murió el año ciento cuarenta y seis y fue sepultado en Modín, en el sepulcro de sus padres. Todo Israel hizo un gran duelo por él.

LA GUERRA DE LIBERACIÓN BAJO JUDAS MACABEO

(166-160 a. C.)

Al morir su padre, en el 166 a.C., Judas Macabeo se pone al frente de las improvisadas tropas judías. A ejemplo de Josué y de los grandes jefes guerreros de Israel, él organiza la resistencia e imprime un impulso irresistible a la lucha por la independencia nacional considerada como único medio para alcanzar la libertada religiosa. Sus victorias sobre los generales de Antíoco IV Epífanes le abren el camino hacia Jerusalén, donde entra después de tres años de guerras continuas. Allí purifica el Templo y celebra solemnemente la fiesta de su Dedicación.

Después de la muerte de Antíoco IV, Judas Macabeo emprende varias campañas por los países vecinos, para liberar a los judíos fieles a la Ley y castigar a sus perseguidores. Los sucesores de Antíoco realizan nuevos esfuerzos por contener la insurreción, pero fracasan en su intento. Cuando Judas comenzaba a consolidar sus posiciones mediante las negociaciones diplomáticas, las intrigas de sus propios compatriotas lo obligan a reanudar la lucha y él muere gloriosamente en el campo de batalla.

Elogio de Judas Macabeo

3 1 El sucesor de Matatías fue su hijo Judas, llamado Macabeo. 2 Todos sus hermanos y los que habían seguido a su padre le prestaron apoyo y combatieron con entusiasmo por Israel.

3 Él extendió la gloria de su pueblo

y se revistió de la coraza como un héroe;

se ciñó sus armas de guerray libró batallas,

protegiendo al ejército con su espada.

4 Fue como un león por sus hazañas,

como un cachorro que ruge

ante su presa.

5 Persiguió implacablemente a los impíos

y entregó a las llamas a los perturbadores de su pueblo.

6 Los impíos se acobardaron ante él,

temblaron todos los que hacían el mal,

y gracias a él se logró la salvación.

7 Puso en aprieto a muchos reyes,

alegró a Jacob con sus proezas,

y su memoria será eternamente bendecida.

8 Recorrió las ciudades de Judá,

exterminó de ellas a los impíos

y apartó de Israel la ira de Dios.

9 Su fama llegó hasta los confines

de la tierra,

y congregó a los que estaban

a punto de perecer.

Las primeras victorias de Judas Macabeo

10 Apolonio reunió muchos paganos y un numeroso contingente de Samaría para hacer la guerra contra Israel. 11 Al enterarse de esto, Judas salió a su encuentro, lo derrotó y lo mató. Muchos sucumbieron y los demás se dieron a al fuga. 12 Cuando recogieron el botín, Judas se quedó con la espada de Apolonio, y desde entonces siempre combatió con ella.