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Caminando con Jesús Pedro Sergio Antonio Donoso Brant Edición especial comentada para ayudar a
comprender mejor las Sagradas Escrituras |
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El segundo libro de los MACABEOS no es la
continuación del primero, sino en parte paralelo a él, ya que se refiere a
los mismos acontecimientos del período comprendido entre el 175 y el Este Libro pertenece a un género literario muy
difundido en aquella época, denominado "historia dramática" o
"patética", en el cual la narración de los hechos históricos se
convierte en un medio para conmover, entusiasmar o edificar al lector. Eso
explica el empleo de ciertos recursos "efectistas", destinados a
suscitar la adhesión o la repulsa, como son el lenguaje declamatorio y
ampuloso, los epítetos hirientes, el tono mordaz con que se trata a los
adversarios y la acentuada predilección por los elementos maravillosos. A lo largo de toda su obra, que es una especie de
"panegírico religioso", el autor trata de inculcar el amor y la
devoción hacia el Templo de Jerusalén, centro de la vida del Pueblo judío.
Esta idea ya está presente en las "Cartas" que figuran al comienzo
del Libro e imprime su sello al plan que ha guiado la composición del mismo.
De hecho, la historia relatada en él se desarrolla en cinco actos centrados
alrededor del Templo, y al final del Libro se deja clara constancia de que
para Judas y sus hombres "lo primero y principal era el Templo
consagrado" (15. 18). La forma explícita con que este Libro afirma la
resurrección de los muertos y la claridad con que destaca el valor de la
oración por los difuntos y de la intercesión de los mártires, le han merecido
una especial acogida por parte de CARTAS A LOS JUDÍOS
DE EGIPTOY PRÓLOGO DEL AUTOR Al comienzo del Libro,
el autor transcribe dos cartas escritas por los judíos de Jerusalén. En la
primera, estos exhortan a sus hermanos de Egipto a celebrar en unión con
ellos la fiesta de La segunda es anterior
y bastante más extensa. Aunque no lleva fecha, parece que fue escrita pocos
días antes de Primera carta: Exhortación a la práctica de 1 1 Los
hermanos judíos de Jerusalén y los del territorio de Judea saludan a los
hermanos judíos de Egipto, deseándoles paz y felicidad. 2 Que Dios los colme
de bienes y se acuerde de su alianza con Abraham, Isaac y Jacob, sus fieles
servidores. 3 Que les dé a todos ustedes un corazón dispuesto a adorarlo y a
cumplir su voluntad con magnanimidad y generosidad. 4 Que él les abra el
corazón a su Ley y a sus preceptos, y les conceda la paz. 5 Que él escuche
sus plegarias y se reconcilie con ustedes, y no los abandone en la
adversidad. 6 Esto es lo que ahora suplicamos por ustedes. 7 Ya en el año setenta y nueve del reinado de
Demetrio, nosotros, los judíos, les escribimos: "En medio de la
tribulación y de la crisis que soportamos durante estos años, desde que Jasón
y sus partidarios traicionaron Segunda carta: Acción de gracias por la muerte de
Antíoco IV Los habitantes de Jerusalén y los de Judea, el
Consejo de los ancianos y Judas, saludan y desean prosperidad a Aristóbulo,
preceptor de rey Tolomeo, del linaje de los sacerdotes consagrados, y a los judíos
que están en Egipto. 11 Salvados por Dios de grandes peligros, le damos
fervientes gracias por habernos defendido contra el rey. 12 Porque fue Dios
quien expulsó a los que combatían contra 13 Su jefe, en efecto, al llegar a Persia con un
ejército aparentemente invencible, fue descuartizado en el templo de Nanea,
gracias a un ardid de los sacerdotes de la diosa. 14 Con el pretexto de
desposarse con la diosa, Antíoco se presentó allí con sus Amigos, a fin de
recibir inmensas riquezas a titulo de dote. 15 Los sacerdotes del templo de
Nanea habían expuesto esas riquezas con motivo de la visita que Antíoco debía
hacer al recinto sagrado, acompañado de unas pocas personas. Pero apenas
entró Antíoco, cerraron el templo, 16 abrieron la puerta secreta del techo y
aplastaron con piedras al rey y a los otros. Luego los descuartizaron, les
cortaron la cabeza y las arrojaron a los que estaban afuera. 17 ¡Sea siempre
bendito nuestro Dios, que entregó a la muerte a los impíos! La conservación del fuego sagrado en tiempos de
Nehemías 18 Estando a punto de celebrar –el día veinticinco
de Quisleu– la purificación del Templo, nos ha parecido conveniente
informarles para que también ustedes celebren la fiesta de las Chozas y la
del Fuego, el fuego que apareció cuando Nehemías, después de haber
reconstruido el Templo y el altar, ofreció sacrificios. 19 Porque, cuando
nuestros padres fueron deportados a Persia, los sacerdotes piadosos de
entonces, tomando secretamente el fuego del altar, lo ocultaron en el fondo
de un pozo seco, donde quedó tan bien resguardado que el lugar fue ignorado
por todos. 20 Al cabo de muchos años, cuando Dios así lo
dispuso, Nehemías, enviado por el rey de Persia, mandó a los descendientes de
aquellos sacerdotes que habían ocultado el fuego que fueran a buscarlo. 21
Ellos le comunicaron que no habían encontrado fuego, sino un líquido espeso,
y él les mandó que lo sacaran y lo trajeran. Cuando el sacrificio estuvo
dispuesto, Nehemías ordenó a los sacerdotes que rociaran con ese líquido la
leña y todo lo que había sobre ella. 22 Una vez cumplida esta orden, y pasado
algún tiempo, el sol, oculto antes detrás de las nubes, volvió a brillar y se
encendió una hoguera tan grande que todos quedaron maravillados. 23 Mientras
se consumía el sacrificio, los sacerdotes recitaban una plegaria: Jonatán
entonaba, y los demás respondían junto con Nehemías. 24 La oración era la
siguiente: "Señor, Señor Dios, creador de todas las cosas, temible y
poderoso, justo y misericordioso, el único Rey, el único bueno, 25 el único
generoso, justo, omnipotente y eterno; tú que salvas a Israel de todo mal, tú
que elegiste a nuestros padres y los santificaste: 26 acepta este sacrificio
por todo tu pueblo Israel, conserva a tu herencia y santifícala. 27 Reúne a
aquellos de nosotros que están dispersos, concede la libertad a los que están
esclavizados entre las naciones, mira con bondad a los desheredados y
despreciados, para que los paganos reconozcan que tú eres nuestro Dios. 28
Castiga a los que nos oprimen y nos ultrajan con arrogancia. 29 Planta a tu
pueblo en tu Lugar santo, conforme a lo que dijo Moisés". 30 Los sacerdotes entonaban himnos, 31 y cuando el
sacrificio quedó consumido, Nehemías mandó derramar el resto del líquido
sobre unas grandes piedras. 32 Entonces se encendió una llamarada, que fue
absorbida por el resplandor que brillaba en el altar. 33 Cuando se divulgó lo
sucedido y se comunicó al rey de los persas que en el sitio donde los
sacerdotes deportados habían escondido el fuego, había aparecido un líquido
con el que los sacerdotes de Nehemías hicieron arder las víctimas del
sacrificio, 34 el rey, después de cerciorarse del asunto, dio orden de cercar
el lugar, declarándolo sagrado. 35 El rey sacó de allí grandes ganancias y
las repartía a los que quería favorecer. 36 Nehemías y sus compañeros
llamaron a ese líquido "neftar", que significa
"purificación", pero la mayoría lo llamaba "nafta". Jeremías y el Arca de 2 1 Consta
en los archivos que el profeta Jeremías ordenó a los deportados que tomaran
fuego, como ya se ha indicado, 2 y que el profeta, después de entregarles 4 Se decía en el escrito cómo el profeta, advertido
por un oráculo, mandó llevar con él 9 Además, se hacía constar que Salomón, lleno del
espíritu de sabiduría, ofreció el sacrificio de la dedicación y la
terminación del Templo. 10 Así como Moisés oró al Señor y bajó fuego del
Cielo, que devoró las ofrendas del sacrificio, así también cuando oró
Salomón, bajó fuego y consumió la víctima. 11 Moisés había dicho: "Por
no haber sido comida, la oblación ofrecida por el pecado ha sido
destruida". 12 De la misma manera, Salomón celebró los ocho días de
fiesta. La biblioteca de Nehemías 13 Los mismos hechos se narraban en los archivos y
en las Memorias de Nehemías, donde se relataba, además, cómo este fundó una
biblioteca, en la que reunió los libros que tratan de los reyes, los libros
de los profetas y los de David, así como también las cartas de los reyes
sobre las ofrendas. 14 Del mismo modo, Judas reunió todos los escritos
dispersos a causa de las guerras que hemos padecido, los cuales están ahora
en poder nuestro. 15 Si ustedes necesitan alguno de estos escritos, manden a
alguien que los venga a buscar. Invitación a celebrar la fiesta de 16 Les escribimos esto, próximos a celebrar la
purificación del Templo; también ustedes hagan lo posible por celebrar estos
días. 17 El Dios que salvó a todo su pueblo y concedió a todos la herencia,
el reino, el sacerdocio y la santificación, 18 como lo había prometido por
medio de Prólogo del autor 19 La historia de Judas Macabeo y sus hermanos, de la
purificación del gran Templo y de la dedicación del altar, 20 así como las
guerras contra Antíoco Epífanes y su hijo Eupátor, 21 y las manifestaciones
celestiales a los que combatieron valerosamente en favor del Judaísmo –los
cuales, siendo tan pocos, saquearon todo el país, expulsaron las hordas
extranjeras, 22 recuperaron el Santuario célebre en todo el mundo, liberaron
la ciudad y restablecieron las leyes que estaban en peligro de ser abolidas,
porque el Señor, en su gran benignidad, se mostró propicio con ellos– 23 todo
esto ha sido expuesto en cinco libros por Jasón de Cirene, y nosotros
intentaremos resumirlo en uno solo. 24 En efecto, teniendo en cuenta la
enorme cantidad de cifras y la dificultad que encuentran, por la amplitud de
la materia, los que desean sumergirse en los relatos de la historia, 25 hemos
procurado ofrecer un relato ameno para los aficionados a la lectura, práctico
para los que quieren grabar los hechos en su memoria y útil para todos
indistintamente. 26 Para nosotros, que hemos asumido la penosa tarea
de hacer este resumen, la obra no ha sido fácil, sino que nos ha costado
muchos sudores y desvelos, 27 como no es cosa fácil preparar un banquete,
tratando de complacer a todos. Sin embargo, soportamos con gusto esta
molestia para utilidad de muchos, 28 dejando al autor el examen detallado de
cada hecho, para esforzarnos nosotros por seguir las reglas de un resumen. 29
Porque así como al arquitecto de una casa nueva, le corresponde preocuparse
de toda la construcción, en tanto que los decoradores y pintores sólo se
ocupan de la ornamentación, pienso que lo mismo sucede con nosotros: 30 al
historiador le compete profundizar y analizar las ideas y examinar cada cosa
en detalle; 31 pero al que se propone resumir los hechos, se le permite hacer
una síntesis de la obra, omitiendo tratar el tema en forma exhaustiva. 32 Comencemos, entonces, la narración sin alargar
tanto los preliminares, porque sería absurdo extenderse en la introducción y
ser breve en la historia misma. HISTORIA DE HELIODORO El primer acto de la
"historia dramática" contenida en este Libro se sitúa
inmediatamente antes del reinado y la persecución de Antíoco IV Epífanes.
Todavía reina la paz religiosa, pero los tesoros del Templo atraen la codicia
del rey, y Heliodoro, su encargado de negocios, llega a Jerusalén para
confiscarlos. Con su habitual tendencia a describir los hechos en forma
prodigiosa, el autor destaca sucesivamente la consternación de los judíos por
el Templo amenazado, la inviolable santidad del Santuario y la temible
grandeza del Señor, a quien nadie desafía en vano. La rivalidad entre Simón y Onías 3 1 Cuando
Heliodoro, encargado de incautarse del tesoro del
Templo 7 En una audiencia con el rey, Apolonio lo puso al
tanto de las riquezas que la habían sido denunciadas, y el rey designó a
Heliodoro, su encargado de negocios, y lo envió con la orden de incautarse de
aquellos tesoros. 8 Heliodoro emprendió inmediatamente el viaje, fingiendo
que inspeccionaba las ciudades de Celesiria y Fenicia, aunque su intención
era cumplir los planes del rey. 9 Al llegar a Jerusalén, fue recibido amistosamente
por el Sumo Sacerdote de la ciudad, al que informó sobre la denuncia que se
había hecho y le manifestó el motivo de su presencia, preguntándole si todo
eso era verdad. 10 El Sumo Sacerdote le explicó que se trataba de unos
depósitos pertenecientes a las viudas y a los huérfanos, 11 y que una parte
pertenecía a Hircano, hijo de Tobías, que era un personaje de posición muy
elevada. Contrariamente a la calumniosa denuncia de Simón, el total ascendía
a cuatrocientos talentos de plata y doscientos de oro. 12 Y no se podía
defraudar a los que habían depositado su confianza en la santidad de ese
Lugar y en la inviolable majestad de aquel Templo venerado en todo el mundo. Tentativas de violación del Templo 13 Pero Heliodoro, siguiendo las ordenes del rey,
sostenía inflexiblemente que aquellas riquezas debían ser confiscadas en
beneficio del tesoro real. 14 En la fecha fijada, Heliodoro procedió a
realizar el inventario de los bienes, con gran consternación de toda la
ciudad: 15 los sacerdotes, postrados ante el altar con sus ornamentos
sagrados, suplicaban al Cielo, que había dictado la ley sobre los bienes en
depósito, rogándole que los conservara intactos para quienes los habían
depositado. El castigo de Heliodoro en el Templo 24 Pero cuando ya se encontraba con su escolta junto
al Tesoro, el Soberano de los espíritus y de toda Potestad se manifestó tan
esplendorosamente que todos los que se habían atrevido a venir con él,
heridos por el poder de Dios, quedaron sin fuerzas y acobardados. 25 Porque
se les apareció un caballo montado por un temible jinete y ricamente
enjaezado, el cual, arrojándose con ímpetu, levantó contra Heliodoro sus
cascos delanteros. El jinete aparecía cubierto con una armadura de oro. 26
También se le aparecieron otros dos jóvenes de extraordinario vigor,
resplandecientes por su hermosura y vestidos espléndidamente: ellos se
pusieron uno a cada lado y lo azotaban sin cesar, moliéndolo a golpes. 27
Heliodoro cayó en tierra, envuelto en una densa oscuridad, y en seguida lo
recogieron y lo sacaron en una camilla. 28 Así llevaban ahora, incapaz de
valerse por sí mismo, al que poco antes había entrado al Tesoro, acompañado
de numeroso séquito y de toda su escolta. Y todos reconocieron claramente la
soberanía de Dios. 29 Mientras él yacía derribado por la fuerza divina,
sin habla y sin esperanza de salvación, 30 los judíos bendecían al Señor, que
había glorificado su propio Lugar. El Templo, que poco antes había estado
lleno de miedo y consternación, desbordaba ahora de alegría y de júbilo por
la manifestación del Señor todopoderoso. 31 En seguida, algunos de los
acompañantes de Heliodoro rogaron a Onías que invocara al Altísimo a fin de
que perdonara la vida al que ya estaba a punto de expirar. 32 El Sumo Sacerdote, temiendo que el rey sospechara
que los judíos habían atentado contra Heliodoro, ofreció un sacrificio por su
curación. 33 Mientras el Sumo Sacerdote ofrecía el sacrificio de expiación,
se aparecieron otra vez a Heliodoro los mismos jóvenes, cubiertos con las
mismas vestiduras y, puestos de pie, le dijeron: "Da muchas gracias al
Sumo Sacerdote Onías, porque por su intercesión el Señor te concede la vida.
34 Y ahora tú, que has sido castigado por el Cielo, anuncia a todos la
grandeza del poder de Dios". Dicho esto, desaparecieron. La conversión de Heliodoro 35 Heliodoro, después de ofrecer un sacrificio al
Señor y de orar largamente al que le había concedido la vida, se despidió de
Onías y volvió con sus tropas adonde estaba el rey. 36 Y daba testimonio
delante de todos de las obras del gran Dios, que él había contemplado con sus
propios ojos. 37 Cuando el rey preguntó a Heliodoro a quién convendría enviar
otra vez a Jerusalén, él respondió: 38 "Si tienes algún enemigo o
alguien que conspira contra el gobierno, envíalo allá y volverá molido a golpes,
si es que logra salvar su vida. Porque te aseguro que una fuerza divina rodea
aquel lugar: 39 el que tiene su morada en el cielo vela por él y lo protege,
y a todos los que se acercan con malas intenciones los castiga con la
muerte". 40 Así terminaron los hechos referentes a Heliodoro
y a la preservación del Tesoro. El segundo acto
describe los antecedentes de la persecución del Antíoco IV Epífanes y el
sentido que el autor del libro atribuye a dicha persecución. Cuando el Sumo Pontificado
queda en manos primero de Jasón y luego de Menelao –que favorecían la
halenización de Israel– la ira del Señor se hace sentir sobre su Pueblo, a
fin de llamarlo a la conversión por medio de la adversidad (6.16). El Templo
es profanado y saqueado, y muchos israelitas pagan con la vida su fidelidad a
Insidias del administrador Simón 4 1 El
susodicho Simón, delator del Tesoro del Templo y traidor de la patria,
calumniaba a Onías, como si fuera este el que había maltratado a Heliodoro y
el causante de sus desgracias. 2 Al bienhechor de la ciudad, al defensor de
sus compatriotas, al ferviente cumplidor de las leyes, se atrevía a
calificarlo de conspirador contra el Estado. 3 La hostilidad llegó a tal
punto que uno de los partidarios de Simón cometió varios asesinatos. 4
Entonces Onías, considerando que aquella rivalidad era peligrosa y que
Apolonio, hijo de Menesteo, gobernador de Celesiria y de Fenicia, fomentaba
la maldad de Simón, 5 se hizo presentar delante del rey, no para acusar a sus
conciudadanos, sino por el bien general de todo su pueblo y de cada uno en
particular. 6 Él veía, efectivamente, que sin una intervención real, era
imposible lograr la pacificación y contener los desatinos de Simón. Introducción del helenismo por obra de Jasón 7 Después que murió Seleuco y le sucedió en el trono
Antíoco, llamado Epífanes, Jasón, hermano de Onías, usurpó fraudulentamente
el sumo sacerdocio, 8 prometiendo al rey en una entrevista trescientos
sesenta talentos de plata, y ochenta de otras rentas. 9 Se comprometió,
además, por escrito a pagar otros ciento cincuenta talentos, si se le
concedía la facultad de instalar por su propia cuenta un gimnasio y un ateneo
juvenil y de inscribir en un registro a los antioquenos residentes en
Jerusalén. 10 Con el asentimiento del rey y teniendo los
poderes en su mano, comenzó rápidamente a introducir entre sus compatriotas el
estilo de vida de los griegos. 11 Suprimió los humanitarios privilegios que
los reyes habían concedido a los judíos, por intermedio de Juan, padre de
Eupólemo, el mismo Eupólemo que fue enviado como embajador para hacer una
alianza de amistad con los romanos; derogó las instituciones legales e
introdujo nuevas costumbres contrarias a 13 Era tal el auge del helenismo y el avance de la
moda extranjera, debido a la enorme perversidad de Jasón –el cual tenía más
de impío que de Sumo Sacerdote– 14 que ya los sacerdotes no tenían ningún
celo por el servicio del altar, sino que despreciaban el Templo. Apenas se
daba la señal de lanzar el disco, dejaban de lado los sacrificios y se
apresuraban a participar en los ejercicios de la palestra, que eran
contrarios a Donativo de Jasón para el sacrificio de Hércules 18 Cuando se celebraron en Tiro los juegos
quinquenales con la asistencia del rey, 19 el infame Jasón envió como
representantes de Jerusalén a algunos antioquenos, en calidad de observadores,
con un presente de trescientas dracmas de oro para el sacrificio de Hércules.
Pero ellos consideraron que era inconveniente emplearlas para el sa- crificio
y que debían aplicarlas a otra clase de gastos. 20 De esta manera, el dinero
asignado por el donante al sacrificio de Hércules fue destinado, por voluntad
de los portadores, a la construcción de trirremes. La visita de Antíoco IV Epífanes a Jerusalén 21 Apolonio, hijo de Menesteo, fue enviado a Egipto
con motivo de la entronización del rey Filométor. Cuando Antíoco supo que
aquel se había convertido en su adversario político, se preocupó por su
propia seguridad. Por eso, al pasar por Jope, se desvió hacia Jerusalén. 22
Allí fue solemnemente recibido por Jasón y por la ciudad, e hizo su entrada
en medio de antorchas y aclamaciones. Después de esto, fue a acampar con sus
tropas a Fenicia. La designación de Menelao como Sumo Sacerdote 23 Tres años más tarde, Jasón envió a Menelao,
hermano del ya mencionado Simón, para llevar el dinero al rey y también para
gestionar algunos asuntos importantes. 24 Pero Menelao, una vez presentado
ante el rey, lo impresionó con su aire majestuoso y logró hacerse investir
del sumo sacerdocio, ofreciéndole trescientos talentos de plata más que
Jasón. 25 Así regresó provisto del mandato real, pero sin llevar consigo nada
digno del sumo sacerdocio, sino más bien la furia de un cruel tirano y la
violencia de una fiera salvaje. 26 De esta manera Jasón, que había suplantado
a su propio hermano, fue suplantado a su vez por otro, y se vio forzado a
huir a la región de Amán. 27 Pero Menelao, una vez adueñado del poder, no se
preocupaba de pagar las sumas prometidas al rey, Asesinato de Onías 30 Mientras tanto, se sublevaron los habitantes de
Tarso y de Malos, porque sus ciudades habían sido regaladas a Antióquida, la
concubina del rey. 31 El rey partió apresuradamente para poner las cosas en
orden, dejando en su lugar a Andrónico, uno de los grandes dignatarios. 32
Menelao, pensando que se le había presentado una ocasión favorable, se
apropió de unos objetos de oro del Templo y se los regaló a Andrónico, y
también vendió otros en Tiro y en las ciudades vecinas. 33 Cuando Onías tuvo
la evidencia de lo sucedido, se lo reprochó, después de haberse retirado a
Dafne, ciudad que estaba cerca de Antioquía y gozaba de inmunidad. 34 Por eso
Menelao, en conversaciones secretas con Andrónico, lo instigaba a matar a
Onías. Entonces Andrónico se presentó ante Onías, y se ganó astutamente su
confianza, estrechándole la mano derecha con un juramento. Así lo persuadió a
que saliera de su refugio –aun sin disipar toda sospecha– y lo mató
inmediatamente, conculcando toda justicia. 35 Frente a esto, no sólo los judíos, sino también
mucha gente de las otras naciones se indignaron y se afligieron por el
injusto asesinato de aquel hombre. 36 Apenas el rey regresó de las regiones
de Cilicia, los judíos de la ciudad y los griegos que reprochaban tan mala
acción, acudieron a él para quejarse por la injusta muerte de Onías. 37
Antíoco se entristeció profundamente y, movido a compasión, lloró recordando
la prudencia y la gran moderación del difunto. 38 Luego, lleno de
indignación, despojó a Andrónico de la púrpura, desgarró sus vestiduras y lo
hizo conducir por toda la ciudad hasta el sitio donde había tratado tan
impíamente a Onías. Allí hizo ajusticiar al homicida, y así el Señor le
infligió el castigo que había merecido. Amotinamiento del pueblo en Jerusalén y muerte de
Lisímaco 39 Lisímaco había cometido muchos robos sacrílegos
en la ciudad con el consentimiento de Menelao, y la noticia se había
divulgado entre la gente. Por eso el pueblo se amotinó contra Lisímaco,
cuando ya muchos objetos de oro habían desaparecido. 40 Como la multitud
estaba muy excitada y había llegado al colmo de su furor, Lisímaco armó cerca
de tres mil hombres e inició una violenta represión, poniendo al frente a un
tal Arauno, hombre avanzado en edad no menos que en falta de juicio. 41 Cuando advirtieron que Lisímaco los atacaba, unos
se armaron de piedras, otros de palos, y otros, tomando puñados de la ceniza
que había allí, los arrojaban violentamente contra las tropas. 42 De este
modo hirieron a muchos de ellos y mataron a otros; a todos los demás los
obligaron a huir y dieron muerte al sacrílego junto al Tesoro del Templo. La injusta absolución de Menelao 43 Con motivo de estos sucesos, se entabló un
proceso contra Menelao. 44 Cuando el rey llegó a Tiro, tres hombres enviados
por el Consejo de los ancianos presentaron una acusación contra él. 45 Al
verse perdido, Menelao prometió una importante suma a Tolomeo, hijo de
Dorimeno, para que tratara de persuadir al rey. 46 Tolomeo llevó al rey a una
galería, como quien va a tomar un poco de aire, y allí lo hizo cambiar de
parecer. 47 Así absolvió de las acusaciones a Menelao, que era el causante de
todos esos males. En cambio, condenó a muerte a aquellos desdichados que
hubieran sido absueltos como inocentes, incluso por un tribunal de bárbaros.
48 De esta manera fueron inmediatamente sometidos a un castigo injusto los
que habían defendido la ciudad, el pueblo y los objetos sagrados. 49 Por eso
algunos tirios, indignados por aquella maldad, se encargaron de darles una
espléndida sepultura. 50 Mientras tanto, Menelao se mantenía en el poder,
gracias a la avaricia de aquellos gobernantes. Su maldad crecía cada vez más,
convirtiéndolo en el principal adversario de sus compatriotas. Enfrentamiento de Menelao y Jasón 5 1
Alrededor de ese tiempo, Antíoco preparaba su segunda expedición contra
Egipto. 2 Y sucedió que por espacio de unos cuarenta días aparecieron en toda
la ciudad, corriendo por los aires, jinetes vestidos de oro, tropas armadas
divididas en escuadrones, espadas desenvainadas, 3 regimientos de caballería
en orden de batalla, ataques e incursiones de una y otra parte, movimientos
de escudos, nubes de lanzas, disparos de flechas, destellos de guarniciones
de oro y corazas de toda clase. 4 Ante esto, todos rogaban que aquella
aparición fuera señal de buen augurio. 5 Al difundirse el falso rumor de que Antíoco había
muerto, Jasón lanzó un ataque imprevisto contra la ciudad con no menos de mil
hombres. Como los que estaban en la muralla fueron rechazados y la ciudad al
fin fue tomada, Menelao se refugió en Muerte de Jasón 8 Su conducta perversa tuvo un final desastroso.
Acusado ante Aretas, soberano de los árabes, huyó de ciudad en ciudad;
perseguido por todos, aborrecido como transgresor de las leyes y abominado
como verdugo de su patria y de sus conciudadanos, fue a parar a Egipto. 9 El
que había desterrado a muchos de su patria murió en el destierro, mientras se
dirigía a Lacedemonia con la esperanza de encontrar un refugio, apelando a su
origen común. 10 El que había dejado a muchos sin sepultura, no tuvo quien lo
llorara; nadie le tributó honras fúnebres y no encontró sitio en el sepulcro
de sus antepasados. Despojo del Templo por Antíoco IV 11 Cuando el rey se enteró de lo ocurrido, llegó a
la conclusión de que Judea tramaba su independencia. Entonces, volvió de
Egipto, enfurecido como una fiera, tomó la ciudad por las armas, 12 y mandó a
los soldados que hirieran sin compasión a todos los que cayeran en sus manos
y degollaran a los que intentaran refugiarse en las casas. 13 Fue una
verdadera matanza de jóvenes y ancianos, una masacre de muchachos, mujeres y
niños, una carnicería de muchachas y niños de pecho. 14 En sólo tres días
hubo ochenta mil víctimas: cuarenta mil fueron muertos y otros tantos
vendidos como esclavos. 15 No contento con esto, Antíoco tuvo la osadía de
entrar en el Templo más santo de toda la tierra, llevando como guía a
Menelao, el traidor de las leyes y de la patria. 16 Con sus manos impuras tomó
los objetos sagrados, y arrebató con manos sacrílegas los presentes hechos
por otros reyes para realzar la gloria y el honor de ese Lugar. 17 Él se engreía porque no tenía en cuenta que el
Señor se había irritado por poco tiempo a causa de los pecados cometidos por
los habitantes de la ciudad, y por eso había apartado su mirada del Lugar. 18
Si ellos no se hubieran dejado dominar por tantos pecados, también Antíoco
habría sido golpeado y hecho desistir de su atrevimiento apenas ingresó en el
Santuario, como lo había sido Heliodoro cuando fue enviado por el rey Seleuco
para inspeccionar el Tesoro. 19 Pero el Señor no eligió al pueblo a causa de
este Lugar, sino a este Lugar a causa del pueblo. 20 Por eso, el mismo Lugar,
después de haber participado de las desgracias del pueblo, también participó
de su restauración y, habiendo sido abandonado en el tiempo de la ira del
Todopoderoso, fue de nuevo restaurado con toda su gloria, cuando el gran
Soberano se reconcilió con él. Desmanes de los funcionarios de Antíoco IV en Judea 21 Antíoco, después de haber sacado del Templo mil
ochocientos talentos, partió en seguida para Antioquía, creyendo
presuntuosamente que era capaz de navegar por la tierra y caminar por el mar:
tal era la arrogancia de su corazón. 22 Pero antes, dejó prefectos para que
hicieran daño al pueblo. En Jerusalén, deja a Filipo, de origen frigio, un
hombre de costumbres más bárbaras que el que lo había designado; 23 en el
monte Garizím, dejó a Andrónico, y además de estos, a Menelao, que superaba a
todos los otros en maldad, por el odio que tenía a sus compatriotas judíos. La masacre de Apolonio en Jerusalén 24 Antíoco envió a Apolonio, jefe de los mercenarios
de Misia, con un ejército de veintidós mil soldados, dándole la orden de degollar
a todos los hombres adultos y de vender a las mujeres y a los niños. 25 Una
vez que Apolonio llegó a Jerusalén, fingiendo que venía en son de paz, esperó
hasta el santo día del sábado. Y mientras los judíos observaban el descanso,
mandó a sus tropas que hicieran un desfile militar. 26 Entonces hizo pasar al
filo de la espada a todos los que habían salido a ver el espectáculo. Luego
dio una batida por la ciudad con los soldados armados y mató a una gran
muchedumbre. La reacción de Judas Macabeo 27 Mientras tanto, Judas, llamado el Macabeo, formó
un grupo de unos diez hombres y se retiró al desierto. Allí vivía entre las
montañas con sus compañeros, como las fieras salvajes, sin comer nada más que
hierbas, para no incurrir en ninguna impureza. La helenización del país y la persecución religiosa 6 1 Poco
tiempo después, el rey envió a un consejero ateniense para que obligara a los
judíos a abandonar las costumbres de sus padres y a no vivir conforme a las
leyes de Dios; |