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Caminando con Jesús Pedro Sergio Antonio Donoso Brant Edición especial comentada para ayudar a
comprender mejor las Sagradas Escrituras |
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El segundo libro de los MACABEOS no es la
continuación del primero, sino en parte paralelo a él, ya que se refiere a
los mismos acontecimientos del período comprendido entre el 175 y el Este Libro pertenece a un género literario muy
difundido en aquella época, denominado "historia dramática" o
"patética", en el cual la narración de los hechos históricos se
convierte en un medio para conmover, entusiasmar o edificar al lector. Eso
explica el empleo de ciertos recursos "efectistas", destinados a
suscitar la adhesión o la repulsa, como son el lenguaje declamatorio y
ampuloso, los epítetos hirientes, el tono mordaz con que se trata a los
adversarios y la acentuada predilección por los elementos maravillosos. A lo largo de toda su obra, que es una especie de
"panegírico religioso", el autor trata de inculcar el amor y la
devoción hacia el Templo de Jerusalén, centro de la vida del Pueblo judío.
Esta idea ya está presente en las "Cartas" que figuran al comienzo
del Libro e imprime su sello al plan que ha guiado la composición del mismo.
De hecho, la historia relatada en él se desarrolla en cinco actos centrados
alrededor del Templo, y al final del Libro se deja clara constancia de que
para Judas y sus hombres "lo primero y principal era el Templo
consagrado" (15. 18). La forma explícita con que este Libro afirma la
resurrección de los muertos y la claridad con que destaca el valor de la
oración por los difuntos y de la intercesión de los mártires, le han merecido
una especial acogida por parte de CARTAS A LOS JUDÍOS
DE EGIPTOY PRÓLOGO DEL AUTOR Al comienzo del Libro,
el autor transcribe dos cartas escritas por los judíos de Jerusalén. En la
primera, estos exhortan a sus hermanos de Egipto a celebrar en unión con
ellos la fiesta de La segunda es anterior
y bastante más extensa. Aunque no lleva fecha, parece que fue escrita pocos
días antes de Primera carta: Exhortación a la práctica de 1 1 Los
hermanos judíos de Jerusalén y los del territorio de Judea saludan a los
hermanos judíos de Egipto, deseándoles paz y felicidad. 2 Que Dios los colme
de bienes y se acuerde de su alianza con Abraham, Isaac y Jacob, sus fieles
servidores. 3 Que les dé a todos ustedes un corazón dispuesto a adorarlo y a
cumplir su voluntad con magnanimidad y generosidad. 4 Que él les abra el
corazón a su Ley y a sus preceptos, y les conceda la paz. 5 Que él escuche
sus plegarias y se reconcilie con ustedes, y no los abandone en la
adversidad. 6 Esto es lo que ahora suplicamos por ustedes. 7 Ya en el año setenta y nueve del reinado de
Demetrio, nosotros, los judíos, les escribimos: "En medio de la
tribulación y de la crisis que soportamos durante estos años, desde que Jasón
y sus partidarios traicionaron Segunda carta: Acción de gracias por la muerte de
Antíoco IV Los habitantes de Jerusalén y los de Judea, el
Consejo de los ancianos y Judas, saludan y desean prosperidad a Aristóbulo,
preceptor de rey Tolomeo, del linaje de los sacerdotes consagrados, y a los judíos
que están en Egipto. 11 Salvados por Dios de grandes peligros, le damos
fervientes gracias por habernos defendido contra el rey. 12 Porque fue Dios
quien expulsó a los que combatían contra 13 Su jefe, en efecto, al llegar a Persia con un
ejército aparentemente invencible, fue descuartizado en el templo de Nanea,
gracias a un ardid de los sacerdotes de la diosa. 14 Con el pretexto de
desposarse con la diosa, Antíoco se presentó allí con sus Amigos, a fin de
recibir inmensas riquezas a titulo de dote. 15 Los sacerdotes del templo de
Nanea habían expuesto esas riquezas con motivo de la visita que Antíoco debía
hacer al recinto sagrado, acompañado de unas pocas personas. Pero apenas
entró Antíoco, cerraron el templo, 16 abrieron la puerta secreta del techo y
aplastaron con piedras al rey y a los otros. Luego los descuartizaron, les
cortaron la cabeza y las arrojaron a los que estaban afuera. 17 ¡Sea siempre
bendito nuestro Dios, que entregó a la muerte a los impíos! La conservación del fuego sagrado en tiempos de
Nehemías 18 Estando a punto de celebrar –el día veinticinco
de Quisleu– la purificación del Templo, nos ha parecido conveniente
informarles para que también ustedes celebren la fiesta de las Chozas y la
del Fuego, el fuego que apareció cuando Nehemías, después de haber
reconstruido el Templo y el altar, ofreció sacrificios. 19 Porque, cuando
nuestros padres fueron deportados a Persia, los sacerdotes piadosos de
entonces, tomando secretamente el fuego del altar, lo ocultaron en el fondo
de un pozo seco, donde quedó tan bien resguardado que el lugar fue ignorado
por todos. 20 Al cabo de muchos años, cuando Dios así lo
dispuso, Nehemías, enviado por el rey de Persia, mandó a los descendientes de
aquellos sacerdotes que habían ocultado el fuego que fueran a buscarlo. 21
Ellos le comunicaron que no habían encontrado fuego, sino un líquido espeso,
y él les mandó que lo sacaran y lo trajeran. Cuando el sacrificio estuvo
dispuesto, Nehemías ordenó a los sacerdotes que rociaran con ese líquido la
leña y todo lo que había sobre ella. 22 Una vez cumplida esta orden, y pasado
algún tiempo, el sol, oculto antes detrás de las nubes, volvió a brillar y se
encendió una hoguera tan grande que todos quedaron maravillados. 23 Mientras
se consumía el sacrificio, los sacerdotes recitaban una plegaria: Jonatán
entonaba, y los demás respondían junto con Nehemías. 24 La oración era la
siguiente: "Señor, Señor Dios, creador de todas las cosas, temible y
poderoso, justo y misericordioso, el único Rey, el único bueno, 25 el único
generoso, justo, omnipotente y eterno; tú que salvas a Israel de todo mal, tú
que elegiste a nuestros padres y los santificaste: 26 acepta este sacrificio
por todo tu pueblo Israel, conserva a tu herencia y santifícala. 27 Reúne a
aquellos de nosotros que están dispersos, concede la libertad a los que están
esclavizados entre las naciones, mira con bondad a los desheredados y
despreciados, para que los paganos reconozcan que tú eres nuestro Dios. 28
Castiga a los que nos oprimen y nos ultrajan con arrogancia. 29 Planta a tu
pueblo en tu Lugar santo, conforme a lo que dijo Moisés". 30 Los sacerdotes entonaban himnos, 31 y cuando el
sacrificio quedó consumido, Nehemías mandó derramar el resto del líquido
sobre unas grandes piedras. 32 Entonces se encendió una llamarada, que fue
absorbida por el resplandor que brillaba en el altar. 33 Cuando se divulgó lo
sucedido y se comunicó al rey de los persas que en el sitio donde los
sacerdotes deportados habían escondido el fuego, había aparecido un líquido
con el que los sacerdotes de Nehemías hicieron arder las víctimas del
sacrificio, 34 el rey, después de cerciorarse del asunto, dio orden de cercar
el lugar, declarándolo sagrado. 35 El rey sacó de allí grandes ganancias y
las repartía a los que quería favorecer. 36 Nehemías y sus compañeros
llamaron a ese líquido "neftar", que significa
"purificación", pero la mayoría lo llamaba "nafta". Jeremías y el Arca de 2 1 Consta
en los archivos que el profeta Jeremías ordenó a los deportados que tomaran
fuego, como ya se ha indicado, 2 y que el profeta, después de entregarles 4 Se decía en el escrito cómo el profeta, advertido
por un oráculo, mandó llevar con él 9 Además, se hacía constar que Salomón, lleno del
espíritu de sabiduría, ofreció el sacrificio de la dedicación y la
terminación del Templo. 10 Así como Moisés oró al Señor y bajó fuego del
Cielo, que devoró las ofrendas del sacrificio, así también cuando oró
Salomón, bajó fuego y consumió la víctima. 11 Moisés había dicho: "Por
no haber sido comida, la oblación ofrecida por el pecado ha sido
destruida". 12 De la misma manera, Salomón celebró los ocho días de
fiesta. La biblioteca de Nehemías 13 Los mismos hechos se narraban en los archivos y
en las Memorias de Nehemías, donde se relataba, además, cómo este fundó una
biblioteca, en la que reunió los libros que tratan de los reyes, los libros
de los profetas y los de David, así como también las cartas de los reyes
sobre las ofrendas. 14 Del mismo modo, Judas reunió todos los escritos
dispersos a causa de las guerras que hemos padecido, los cuales están ahora
en poder nuestro. 15 Si ustedes necesitan alguno de estos escritos, manden a
alguien que los venga a buscar. Invitación a celebrar la fiesta de 16 Les escribimos esto, próximos a celebrar la
purificación del Templo; también ustedes hagan lo posible por celebrar estos
días. 17 El Dios que salvó a todo su pueblo y concedió a todos la herencia,
el reino, el sacerdocio y la santificación, 18 como lo había prometido por
medio de Prólogo del autor 19 La historia de Judas Macabeo y sus hermanos, de la
purificación del gran Templo y de la dedicación del altar, 20 así como las
guerras contra Antíoco Epífanes y su hijo Eupátor, 21 y las manifestaciones
celestiales a los que combatieron valerosamente en favor del Judaísmo –los
cuales, siendo tan pocos, saquearon todo el país, expulsaron las hordas
extranjeras, 22 recuperaron el Santuario célebre en todo el mundo, liberaron
la ciudad y restablecieron las leyes que estaban en peligro de ser abolidas,
porque el Señor, en su gran benignidad, se mostró propicio con ellos– 23 todo
esto ha sido expuesto en cinco libros por Jasón de Cirene, y nosotros
intentaremos resumirlo en uno solo. 24 En efecto, teniendo en cuenta la
enorme cantidad de cifras y la dificultad que encuentran, por la amplitud de
la materia, los que desean sumergirse en los relatos de la historia, 25 hemos
procurado ofrecer un relato ameno para los aficionados a la lectura, práctico
para los que quieren grabar los hechos en su memoria y útil para todos
indistintamente. 26 Para nosotros, que hemos asumido la penosa tarea
de hacer este resumen, la obra no ha sido fácil, sino que nos ha costado
muchos sudores y desvelos, 27 como no es cosa fácil preparar un banquete,
tratando de complacer a todos. Sin embargo, soportamos con gusto esta
molestia para utilidad de muchos, 28 dejando al autor el examen detallado de
cada hecho, para esforzarnos nosotros por seguir las reglas de un resumen. 29
Porque así como al arquitecto de una casa nueva, le corresponde preocuparse
de toda la construcción, en tanto que los decoradores y pintores sólo se
ocupan de la ornamentación, pienso que lo mismo sucede con nosotros: 30 al
historiador le compete profundizar y analizar las ideas y examinar cada cosa
en detalle; 31 pero al que se propone resumir los hechos, se le permite hacer
una síntesis de la obra, omitiendo tratar el tema en forma exhaustiva. 32 Comencemos, entonces, la narración sin alargar
tanto los preliminares, porque sería absurdo extenderse en la introducción y
ser breve en la historia misma. HISTORIA DE HELIODORO El primer acto de la
"historia dramática" contenida en este Libro se sitúa
inmediatamente antes del reinado y la persecución de Antíoco IV Epífanes.
Todavía reina la paz religiosa, pero los tesoros del Templo atraen la codicia
del rey, y Heliodoro, su encargado de negocios, llega a Jerusalén para
confiscarlos. Con su habitual tendencia a describir los hechos en forma
prodigiosa, el autor destaca sucesivamente la consternación de los judíos por
el Templo amenazado, la inviolable santidad del Santuario y la temible
grandeza del Señor, a quien nadie desafía en vano. La rivalidad entre Simón y Onías 3 1 Cuando
Heliodoro, encargado de incautarse del tesoro del
Templo 7 En una audiencia con el rey, Apolonio lo puso al
tanto de las riquezas que la habían sido denunciadas, y el rey designó a
Heliodoro, su encargado de negocios, y lo envió con la orden de incautarse de
aquellos tesoros. 8 Heliodoro emprendió inmediatamente el viaje, fingiendo
que inspeccionaba las ciudades de Celesiria y Fenicia, aunque su intención
era cumplir los planes del rey. 9 Al llegar a Jerusalén, fue recibido amistosamente
por el Sumo Sacerdote de la ciudad, al que informó sobre la denuncia que se
había hecho y le manifestó el motivo de su presencia, preguntándole si todo
eso era verdad. 10 El Sumo Sacerdote le explicó que se trataba de unos
depósitos pertenecientes a las viudas y a los huérfanos, 11 y que una parte
pertenecía a Hircano, hijo de Tobías, que era un personaje de posición muy
elevada. Contrariamente a la calumniosa denuncia de Simón, el total ascendía
a cuatrocientos talentos de plata y doscientos de oro. 12 Y no se podía
defraudar a los que habían depositado su confianza en la santidad de ese
Lugar y en la inviolable majestad de aquel Templo venerado en todo el mundo. Tentativas de violación del Templo 13 Pero Heliodoro, siguiendo las ordenes del rey,
sostenía inflexiblemente que aquellas riquezas debían ser confiscadas en
beneficio del tesoro real. 14 En la fecha fijada, Heliodoro procedió a
realizar el inventario de los bienes, con gran consternación de toda la
ciudad: 15 los sacerdotes, postrados ante el altar con sus ornamentos
sagrados, suplicaban al Cielo, que había dictado la ley sobre los bienes en
depósito, rogándole que los conservara intactos para quienes los habían
depositado. El castigo de Heliodoro en el Templo 24 Pero cuando ya se encontraba con su escolta junto
al Tesoro, el Soberano de los espíritus y de toda Potestad se manifestó tan
esplendorosamente que todos los que se habían atrevido a venir con él,
heridos por el poder de Dios, quedaron sin fuerzas y acobardados. 25 Porque
se les apareció un caballo montado por un temible jinete y ricamente
enjaezado, el cual, arrojándose con ímpetu, levantó contra Heliodoro sus
cascos delanteros. El jinete aparecía cubierto con una armadura de oro. 26
También se le aparecieron otros dos jóvenes de extraordinario vigor,
resplandecientes por su hermosura y vestidos espléndidamente: ellos se
pusieron uno a cada lado y lo azotaban sin cesar, moliéndolo a golpes. 27
Heliodoro cayó en tierra, envuelto en una densa oscuridad, y en seguida lo
recogieron y lo sacaron en una camilla. 28 Así llevaban ahora, incapaz de
valerse por sí mismo, al que poco antes había entrado al Tesoro, acompañado
de numeroso séquito y de toda su escolta. Y todos reconocieron claramente la
soberanía de Dios. 29 Mientras él yacía derribado por la fuerza divina,
sin habla y sin esperanza de salvación, 30 los judíos bendecían al Señor, que
había glorificado su propio Lugar. El Templo, que poco antes había estado
lleno de miedo y consternación, desbordaba ahora de alegría y de júbilo por
la manifestación del Señor todopoderoso. 31 En seguida, algunos de los
acompañantes de Heliodoro rogaron a Onías que invocara al Altísimo a fin de
que perdonara la vida al que ya estaba a punto de expirar. 32 El Sumo Sacerdote, temiendo que el rey sospechara
que los judíos habían atentado contra Heliodoro, ofreció un sacrificio por su
curación. 33 Mientras el Sumo Sacerdote ofrecía el sacrificio de expiación,
se aparecieron otra vez a Heliodoro los mismos jóvenes, cubiertos con las
mismas vestiduras y, puestos de pie, le dijeron: "Da muchas gracias al
Sumo Sacerdote Onías, porque por su intercesión el Señor te concede la vida.
34 Y ahora tú, que has sido castigado por el Cielo, anuncia a todos la
grandeza del poder de Dios". Dicho esto, desaparecieron. La conversión de Heliodoro 35 Heliodoro, después de ofrecer un sacrificio al
Señor y de orar largamente al que le había concedido la vida, se despidió de
Onías y volvió con sus tropas adonde estaba el rey. 36 Y daba testimonio
delante de todos de las obras del gran Dios, que él había contemplado con sus
propios ojos. 37 Cuando el rey preguntó a Heliodoro a quién convendría enviar
otra vez a Jerusalén, él respondió: 38 "Si tienes algún enemigo o
alguien que conspira contra el gobierno, envíalo allá y volverá molido a golpes,
si es que logra salvar su vida. Porque te aseguro que una fuerza divina rodea
aquel lugar: 39 el que tiene su morada en el cielo vela por él y lo protege,
y a todos los que se acercan con malas intenciones los castiga con la
muerte". 40 Así terminaron los hechos referentes a Heliodoro
y a la preservación del Tesoro. El segundo acto
describe los antecedentes de la persecución del Antíoco IV Epífanes y el
sentido que el autor del libro atribuye a dicha persecución. Cuando el Sumo Pontificado
queda en manos primero de Jasón y luego de Menelao –que favorecían la
halenización de Israel– la ira del Señor se hace sentir sobre su Pueblo, a
fin de llamarlo a la conversión por medio de la adversidad (6.16). El Templo
es profanado y saqueado, y muchos israelitas pagan con la vida su fidelidad a
Insidias del administrador Simón 4 1 El
susodicho Simón, delator del Tesoro del Templo y traidor de la patria,
calumniaba a Onías, como si fuera este el que había maltratado a Heliodoro y
el causante de sus desgracias. 2 Al bienhechor de la ciudad, al defensor de
sus compatriotas, al ferviente cumplidor de las leyes, se atrevía a
calificarlo de conspirador contra el Estado. 3 La hostilidad llegó a tal
punto que uno de los partidarios de Simón cometió varios asesinatos. 4
Entonces Onías, considerando que aquella rivalidad era peligrosa y que
Apolonio, hijo de Menesteo, gobernador de Celesiria y de Fenicia, fomentaba
la maldad de Simón, 5 se hizo presentar delante del rey, no para acusar a sus
conciudadanos, sino por el bien general de todo su pueblo y de cada uno en
particular. 6 Él veía, efectivamente, que sin una intervención real, era
imposible lograr la pacificación y contener los desatinos de Simón. Introducción del helenismo por obra de Jasón 7 Después que murió Seleuco y le sucedió en el trono
Antíoco, llamado Epífanes, Jasón, hermano de Onías, usurpó fraudulentamente
el sumo sacerdocio, 8 prometiendo al rey en una entrevista trescientos
sesenta talentos de plata, y ochenta de otras rentas. 9 Se comprometió,
además, por escrito a pagar otros ciento cincuenta talentos, si se le
concedía la facultad de instalar por su propia cuenta un gimnasio y un ateneo
juvenil y de inscribir en un registro a los antioquenos residentes en
Jerusalén. 10 Con el asentimiento del rey y teniendo los
poderes en su mano, comenzó rápidamente a introducir entre sus compatriotas el
estilo de vida de los griegos. 11 Suprimió los humanitarios privilegios que
los reyes habían concedido a los judíos, por intermedio de Juan, padre de
Eupólemo, el mismo Eupólemo que fue enviado como embajador para hacer una
alianza de amistad con los romanos; derogó las instituciones legales e
introdujo nuevas costumbres contrarias a 13 Era tal el auge del helenismo y el avance de la
moda extranjera, debido a la enorme perversidad de Jasón –el cual tenía más
de impío que de Sumo Sacerdote– 14 que ya los sacerdotes no tenían ningún
celo por el servicio del altar, sino que despreciaban el Templo. Apenas se
daba la señal de lanzar el disco, dejaban de lado los sacrificios y se
apresuraban a participar en los ejercicios de la palestra, que eran
contrarios a Donativo de Jasón para el sacrificio de Hércules 18 Cuando se celebraron en Tiro los juegos
quinquenales con la asistencia del rey, 19 el infame Jasón envió como
representantes de Jerusalén a algunos antioquenos, en calidad de observadores,
con un presente de trescientas dracmas de oro para el sacrificio de Hércules.
Pero ellos consideraron que era inconveniente emplearlas para el sa- crificio
y que debían aplicarlas a otra clase de gastos. 20 De esta manera, el dinero
asignado por el donante al sacrificio de Hércules fue destinado, por voluntad
de los portadores, a la construcción de trirremes. La visita de Antíoco IV Epífanes a Jerusalén 21 Apolonio, hijo de Menesteo, fue enviado a Egipto
con motivo de la entronización del rey Filométor. Cuando Antíoco supo que
aquel se había convertido en su adversario político, se preocupó por su
propia seguridad. Por eso, al pasar por Jope, se desvió hacia Jerusalén. 22
Allí fue solemnemente recibido por Jasón y por la ciudad, e hizo su entrada
en medio de antorchas y aclamaciones. Después de esto, fue a acampar con sus
tropas a Fenicia. La designación de Menelao como Sumo Sacerdote 23 Tres años más tarde, Jasón envió a Menelao,
hermano del ya mencionado Simón, para llevar el dinero al rey y también para
gestionar algunos asuntos importantes. 24 Pero Menelao, una vez presentado
ante el rey, lo impresionó con su aire majestuoso y logró hacerse investir
del sumo sacerdocio, ofreciéndole trescientos talentos de plata más que
Jasón. 25 Así regresó provisto del mandato real, pero sin llevar consigo nada
digno del sumo sacerdocio, sino más bien la furia de un cruel tirano y la
violencia de una fiera salvaje. 26 De esta manera Jasón, que había suplantado
a su propio hermano, fue suplantado a su vez por otro, y se vio forzado a
huir a la región de Amán. 27 Pero Menelao, una vez adueñado del poder, no se
preocupaba de pagar las sumas prometidas al rey, Asesinato de Onías 30 Mientras tanto, se sublevaron los habitantes de
Tarso y de Malos, porque sus ciudades habían sido regaladas a Antióquida, la
concubina del rey. 31 El rey partió apresuradamente para poner las cosas en
orden, dejando en su lugar a Andrónico, uno de los grandes dignatarios. 32
Menelao, pensando que se le había presentado una ocasión favorable, se
apropió de unos objetos de oro del Templo y se los regaló a Andrónico, y
también vendió otros en Tiro y en las ciudades vecinas. 33 Cuando Onías tuvo
la evidencia de lo sucedido, se lo reprochó, después de haberse retirado a
Dafne, ciudad que estaba cerca de Antioquía y gozaba de inmunidad. 34 Por eso
Menelao, en conversaciones secretas con Andrónico, lo instigaba a matar a
Onías. Entonces Andrónico se presentó ante Onías, y se ganó astutamente su
confianza, estrechándole la mano derecha con un juramento. Así lo persuadió a
que saliera de su refugio –aun sin disipar toda sospecha– y lo mató
inmediatamente, conculcando toda justicia. 35 Frente a esto, no sólo los judíos, sino también
mucha gente de las otras naciones se indignaron y se afligieron por el
injusto asesinato de aquel hombre. 36 Apenas el rey regresó de las regiones
de Cilicia, los judíos de la ciudad y los griegos que reprochaban tan mala
acción, acudieron a él para quejarse por la injusta muerte de Onías. 37
Antíoco se entristeció profundamente y, movido a compasión, lloró recordando
la prudencia y la gran moderación del difunto. 38 Luego, lleno de
indignación, despojó a Andrónico de la púrpura, desgarró sus vestiduras y lo
hizo conducir por toda la ciudad hasta el sitio donde había tratado tan
impíamente a Onías. Allí hizo ajusticiar al homicida, y así el Señor le
infligió el castigo que había merecido. Amotinamiento del pueblo en Jerusalén y muerte de
Lisímaco 39 Lisímaco había cometido muchos robos sacrílegos
en la ciudad con el consentimiento de Menelao, y la noticia se había
divulgado entre la gente. Por eso el pueblo se amotinó contra Lisímaco,
cuando ya muchos objetos de oro habían desaparecido. 40 Como la multitud
estaba muy excitada y había llegado al colmo de su furor, Lisímaco armó cerca
de tres mil hombres e inició una violenta represión, poniendo al frente a un
tal Arauno, hombre avanzado en edad no menos que en falta de juicio. 41 Cuando advirtieron que Lisímaco los atacaba, unos
se armaron de piedras, otros de palos, y otros, tomando puñados de la ceniza
que había allí, los arrojaban violentamente contra las tropas. 42 De este
modo hirieron a muchos de ellos y mataron a otros; a todos los demás los
obligaron a huir y dieron muerte al sacrílego junto al Tesoro del Templo. La injusta absolución de Menelao 43 Con motivo de estos sucesos, se entabló un
proceso contra Menelao. 44 Cuando el rey llegó a Tiro, tres hombres enviados
por el Consejo de los ancianos presentaron una acusación contra él. 45 Al
verse perdido, Menelao prometió una importante suma a Tolomeo, hijo de
Dorimeno, para que tratara de persuadir al rey. 46 Tolomeo llevó al rey a una
galería, como quien va a tomar un poco de aire, y allí lo hizo cambiar de
parecer. 47 Así absolvió de las acusaciones a Menelao, que era el causante de
todos esos males. En cambio, condenó a muerte a aquellos desdichados que
hubieran sido absueltos como inocentes, incluso por un tribunal de bárbaros.
48 De esta manera fueron inmediatamente sometidos a un castigo injusto los
que habían defendido la ciudad, el pueblo y los objetos sagrados. 49 Por eso
algunos tirios, indignados por aquella maldad, se encargaron de darles una
espléndida sepultura. 50 Mientras tanto, Menelao se mantenía en el poder,
gracias a la avaricia de aquellos gobernantes. Su maldad crecía cada vez más,
convirtiéndolo en el principal adversario de sus compatriotas. Enfrentamiento de Menelao y Jasón 5 1
Alrededor de ese tiempo, Antíoco preparaba su segunda expedición contra
Egipto. 2 Y sucedió que por espacio de unos cuarenta días aparecieron en toda
la ciudad, corriendo por los aires, jinetes vestidos de oro, tropas armadas
divididas en escuadrones, espadas desenvainadas, 3 regimientos de caballería
en orden de batalla, ataques e incursiones de una y otra parte, movimientos
de escudos, nubes de lanzas, disparos de flechas, destellos de guarniciones
de oro y corazas de toda clase. 4 Ante esto, todos rogaban que aquella
aparición fuera señal de buen augurio. 5 Al difundirse el falso rumor de que Antíoco había
muerto, Jasón lanzó un ataque imprevisto contra la ciudad con no menos de mil
hombres. Como los que estaban en la muralla fueron rechazados y la ciudad al
fin fue tomada, Menelao se refugió en Muerte de Jasón 8 Su conducta perversa tuvo un final desastroso.
Acusado ante Aretas, soberano de los árabes, huyó de ciudad en ciudad;
perseguido por todos, aborrecido como transgresor de las leyes y abominado
como verdugo de su patria y de sus conciudadanos, fue a parar a Egipto. 9 El
que había desterrado a muchos de su patria murió en el destierro, mientras se
dirigía a Lacedemonia con la esperanza de encontrar un refugio, apelando a su
origen común. 10 El que había dejado a muchos sin sepultura, no tuvo quien lo
llorara; nadie le tributó honras fúnebres y no encontró sitio en el sepulcro
de sus antepasados. Despojo del Templo por Antíoco IV 11 Cuando el rey se enteró de lo ocurrido, llegó a
la conclusión de que Judea tramaba su independencia. Entonces, volvió de
Egipto, enfurecido como una fiera, tomó la ciudad por las armas, 12 y mandó a
los soldados que hirieran sin compasión a todos los que cayeran en sus manos
y degollaran a los que intentaran refugiarse en las casas. 13 Fue una
verdadera matanza de jóvenes y ancianos, una masacre de muchachos, mujeres y
niños, una carnicería de muchachas y niños de pecho. 14 En sólo tres días
hubo ochenta mil víctimas: cuarenta mil fueron muertos y otros tantos
vendidos como esclavos. 15 No contento con esto, Antíoco tuvo la osadía de
entrar en el Templo más santo de toda la tierra, llevando como guía a
Menelao, el traidor de las leyes y de la patria. 16 Con sus manos impuras tomó
los objetos sagrados, y arrebató con manos sacrílegas los presentes hechos
por otros reyes para realzar la gloria y el honor de ese Lugar. 17 Él se engreía porque no tenía en cuenta que el
Señor se había irritado por poco tiempo a causa de los pecados cometidos por
los habitantes de la ciudad, y por eso había apartado su mirada del Lugar. 18
Si ellos no se hubieran dejado dominar por tantos pecados, también Antíoco
habría sido golpeado y hecho desistir de su atrevimiento apenas ingresó en el
Santuario, como lo había sido Heliodoro cuando fue enviado por el rey Seleuco
para inspeccionar el Tesoro. 19 Pero el Señor no eligió al pueblo a causa de
este Lugar, sino a este Lugar a causa del pueblo. 20 Por eso, el mismo Lugar,
después de haber participado de las desgracias del pueblo, también participó
de su restauración y, habiendo sido abandonado en el tiempo de la ira del
Todopoderoso, fue de nuevo restaurado con toda su gloria, cuando el gran
Soberano se reconcilió con él. Desmanes de los funcionarios de Antíoco IV en Judea 21 Antíoco, después de haber sacado del Templo mil
ochocientos talentos, partió en seguida para Antioquía, creyendo
presuntuosamente que era capaz de navegar por la tierra y caminar por el mar:
tal era la arrogancia de su corazón. 22 Pero antes, dejó prefectos para que
hicieran daño al pueblo. En Jerusalén, deja a Filipo, de origen frigio, un
hombre de costumbres más bárbaras que el que lo había designado; 23 en el
monte Garizím, dejó a Andrónico, y además de estos, a Menelao, que superaba a
todos los otros en maldad, por el odio que tenía a sus compatriotas judíos. La masacre de Apolonio en Jerusalén 24 Antíoco envió a Apolonio, jefe de los mercenarios
de Misia, con un ejército de veintidós mil soldados, dándole la orden de degollar
a todos los hombres adultos y de vender a las mujeres y a los niños. 25 Una
vez que Apolonio llegó a Jerusalén, fingiendo que venía en son de paz, esperó
hasta el santo día del sábado. Y mientras los judíos observaban el descanso,
mandó a sus tropas que hicieran un desfile militar. 26 Entonces hizo pasar al
filo de la espada a todos los que habían salido a ver el espectáculo. Luego
dio una batida por la ciudad con los soldados armados y mató a una gran
muchedumbre. La reacción de Judas Macabeo 27 Mientras tanto, Judas, llamado el Macabeo, formó
un grupo de unos diez hombres y se retiró al desierto. Allí vivía entre las
montañas con sus compañeros, como las fieras salvajes, sin comer nada más que
hierbas, para no incurrir en ninguna impureza. La helenización del país y la persecución religiosa 6 1 Poco
tiempo después, el rey envió a un consejero ateniense para que obligara a los
judíos a abandonar las costumbres de sus padres y a no vivir conforme a las
leyes de Dios; 8 Por instigación de Tolomeo, se publicó un decreto
dirigido a las ciudades griegas de los alrededores, obligándolas a que
procedieran de la misma manera contra los judíos y los hicieran participar en
los banquetes rituales. 9 Además, se ordenaba degollar a los que rehusaran
adoptar las costumbres griegas. Todo esto hacía prever la inminente
calamidad. 10 Dos mujeres fueron delatadas por haber circuncidado
a sus hijos, y después de hacerlas pasear públicamente por la ciudad con sus
niños colgados del pecho, las precipitaron desde lo alto de la muralla. 11
Otros, que se habían reunido en las cavernas cercanas para celebrar
ocultamente el día sábado, fueron denunciados a Filipo y quemados todos
juntos, ya que no se habían atrevido a defenderse por respeto a la santidad
de aquel día. Reflexión sobre el sentido de las persecuciones 12 Ruego a los lectores de este libro que no se
dejen impresionar por estas calamidades. Piensen más bien que estos castigos
no han sucedido para la ruina, sino para la educación de nuestro pueblo. 13
Porque es una señal de gran benevolencia no tolerar por mucho tiempo a los
impíos, sino infligirles rápidamente un castigo. 14 Antes de castigar a las
otras naciones, el Soberano espera pacientemente que colmen la medida de sus
pecados; pero con nosotros ha decidido obrar de otra manera, 15 para no tener
que castigarnos más tarde, cuando nuestros pecados hayan llegado al colmo. 16
Por eso nunca retira de nosotros su misericordia, y aunque corrige a su
pueblo por medio de la adversidad, no lo abandona. 17 Que esto sirva
solamente para recordar ciertas verdades. Y después de estas consideraciones,
prosigamos la narración. El martirio de Eleazar 18 Eleazar, uno de los principales maestros de Dicho esto, se encaminó resueltamente al suplicio.
29 Al oír estas palabras, que consideraban una verdadera locura, los que lo
conducían cambiaron en crueldad la benevolencia que antes le habían
demostrado. 30 Pero él, a punto ya de morir bajo los golpes, dijo entre
gemidos: "El Señor, que posee el santo conocimiento, sabe muy bien que,
pudiendo librarme de la muerte, soporto crueles dolores en mi cuerpo azotado;
pero mi alma los padece gustosamente por temor a él". 31 De este modo,
Eleazar deja al morir, no sólo a los jóvenes, sino a la nación entera, su
propia muerte como ejemplo de generosidad y como recuerdo de virtud. El martirio de siete hermanos y de su madre 7 1
También fueron detenidos siete hermanos, junto con su madre. El rey,
flagelándolos con azotes y tendones de buey, trató de obligarlos a comer
carne de cerdo, prohibida por 7 Una vez que el primero murió de esta manera,
llevaron al suplicio al segundo. Después de arrancarle el cuero cabelludo, le
preguntaron: "¿Vas a comer carne de cerdo, antes que sean torturados
todos los miembros de tu cuerpo?". 8 Pero él, respondiendo en su lengua
materna, exclamó: "¡No!". Por eso, también él sufrió la misma
tortura que el primero. 9 Y cuando estaba por dar el último suspiro, dijo:
"Tú, malvado, nos privas de la vida presente, pero el Rey del universo
nos resucitará a una vida eterna, ya que nosotros morimos por sus
leyes". 10 Después de este, fue castigado el tercero. Apenas
se lo pidieron, presentó su lengua, extendió decididamente sus manos 11 y
dijo con valentía: "Yo he recibido estos miembros como un don del Cielo,
pero ahora los desprecio por amor a sus leyes y espero recibirlos nuevamente
de él". 12 El rey y sus acompañantes estaban sorprendidos del valor de
aquel joven, que no hacía ningún caso de sus sufrimientos. 13 Una vez que murió este, sometieron al cuarto a la
misma tortura y a los mismos suplicios. 14 Y cuando ya estaba próximo a su
fin, habló así: "Es preferible morir a manos de los hombres, con la
esperanza puesta en Dios de ser resucitados por él. Tú, en cambio, no
resucitarás para la vida". 15 En seguida trajeron al quinto y comenzaron a
torturarlo. 16 Pero él, con los ojos fijos en el rey, dijo: "Tú, aunque
eres un simple mortal, tienes poder sobre los hombres y por eso haces lo que
quieres. Pero no creas que Dios ha abandonado a nuestro pueblo. 17 Espera y
verás cómo su poder soberano te atormentará a ti y a tu descendencia". 18 Después de este trajeron al sexto, el cual,
estando a punto de morir, dijo: "No te hagas vanas ilusiones, porque
nosotros padecemos esto por nuestra propia culpa; por haber pecado contra
nuestro Dios, nos han sucedido cosas tan sorprendentes. 19 Pero tú, que te
has atrevido a luchar contra Dios, no pienses que vas a quedar impune". 20 Incomparablemente admirable y digna del más
glorioso recuerdo fue aquella madre que, viendo morir a sus siete hijos en un
solo día, soportó todo valerosamente, gracias a la esperanza que tenía puesta
en el Señor. 21 Llena de nobles sentimientos, exhortaba a cada uno de ellos,
hablándoles en su lengua materna. Y animando con un ardor varonil sus
reflexiones de mujer, les decía: 22 "Yo no sé cómo ustedes aparecieron
en mis entrañas; no fui yo la que les dio el espíritu y la vida ni la que
ordenó armoniosamente los miembros de su cuerpo. 23 Pero sé que el Creador
del universo, el que plasmó al hombre en su nacimiento y determinó el origen
de todas las cosas, les devolverá misericordiosamente el espíritu y la vida,
ya que ustedes se olvidan ahora de sí mismos por amor de sus leyes". 24 Antíoco pensó que se estaba burlando de él y
sospechó que esas palabras eran un insulto. Como aún vivía el más joven, no
sólo trataba de convencerlo con palabras, sino que le prometía con juramentos
que lo haría rico y feliz, si abandonaba las tradiciones de sus antepasados.
Le aseguraba asimismo que lo haría su Amigo y le confiaría altos cargos. 25
Pero como el joven no le hacía ningún caso, el rey hizo llamar a la madre y
le pidió que aconsejara a su hijo, a fin de salvarle la vida. 26 Después de
mucho insistir, ella accedió a persuadir a su hijo. 27 Entonces, acercándose
a él y burlándose del cruel tirano, le dijo en su lengua materna: "Hijo
mío, ten compasión de mí, que te llevé nueve meses en mis entrañas, te
amamanté durante tres años y te crié‚ y eduqué‚ dándote el alimento, hasta la
edad que ahora tienes. 28 Yo te suplico, hijo mío, que mires al cielo y a la
tierra, y al ver todo lo que hay en ellos, reconozcas que Dios lo hizo todo
de la nada, y que también el género humano fue hecho de la misma manera. 29
No temas a este verdugo: muéstrate más bien digno de tus hermanos y acepta la
muerte, para que yo vuelva a encontrarte con ellos en el tiempo de la
misericordia". 30 Apenas ella terminó de hablar, el joven dijo:
"¿Qué esperan? Yo no obedezco el decreto del rey, sino las
prescripciones de 39 El rey, fuera de sí y exasperado por la burla, se
ensañó con este más cruelmente que con los demás. 40 Así murió el último de
los jóvenes, de una manera irreprochable y con entera confianza en el Señor.
41 Finalmente murió la madre, después de todos sus hijos. 42 Pero basta con esto para informar acerca de los
banquetes rituales y de la magnitud de los suplicios. El relato muestra, en
un tercer acto, cómo la ira del Señor se cambia en misericordia, gracias al sacrificio
de los mártires judíos. Judas Macabeo organiza la resistencia y combate
triunfalmente contra los enemigos de su Pueblo. Antíoco IV, el profanador del
Templo, fracasa en su intento de saquear otro santuario y muere en medio de
terribles dolores, reconociendo el poder del Señor que le había infligido un
justo castigo (9. 1-29). Judas,
por su parte, purifica el Templo profanado y promulga un decreto instituyendo
la fiesta de El levantamiento y los primeros triunfos de Judas
Macabeo 8 1
Mientras tanto, Judas Macabeo y sus compañeros, entraban clandestinamente en
los pueblos, convocaban a sus familiares y, atrayendo a los que se mantenían fieles
al Judaísmo, lograron reunir seis mil hombres. 2 Ellos suplicaban al Señor
que se dignara mirar a aquel pueblo pisoteado por todos, y se compadeciera
del Templo profanado por los impíos. 3 Le rogaban que se apiadara de 5 Una vez que se puso al frente de sus tropas, el
Macabeo resultó invencible ante los paganos, porque la ira del Señor se había
convertido en misericordia. 6 Atacando por sorpresa, incendiaba ciudades y
poblados; ocupaba posiciones estratégicas y derrotaba a numerosos enemigos. 7
Aprovechaba sobre todo la noche como aliada para tales incursiones, y por
todas partes se extendía la fama de su valor. Preparativos para la campaña de Nicanor 8 Al ver Filipo que Judas progresaba cada vez más y
sus victorias eran cada día más frecuentes, escribió a Tolomeo, gobernador de
Celesiria y Fenicia, para que prestara apoyo a la causa del rey. 9 Este
designó inmediatamente a Nicanor, hijo de Patroclo, uno de sus principales
Amigos, y lo envió al frente de no menos de veinte mil hombres de todas las
naciones para acabar con toda la población de Judea. A su lado puso a
Gorgias, general experimentado en la estrategia militar. 10 Nicanor calculaba
que, con la venta de los judíos prisioneros, podría pagar el tributo del rey
a los romanos, que ascendía a dos mil talentos. 11 Por eso envió en seguida
un aviso a las ciudades de la costa, invitando a comprar esclavos judíos y
prometiendo entregar noventa esclavos por talento, sin imaginarse el castigo
que pronto le infligiría el Todopoderoso. La victoria de Judas Macabeo sobre Nicanor 12 El anuncio de la expedición de Nicanor llegó a
oídos de Judas. Cuando este comunicó a sus acompañantes que se acercaba al
ejército enemigo, 13 los cobardes y los que desconfiaban de la justicia de
Dios se dispersaron y buscaron refugio en otra parte. 14 Otros, vendían todo
lo que les quedaba, y al mismo tiempo suplicaban al Señor que librara a los
que el impío Nicanor ya tenía vendidos antes que comenzara la lucha. 15
Rogaban al Señor que hiciera esto, si no por ellos mismos, al menos por las
Alianzas concedidas a sus padres y porque ellos llevaban su Nombre augusto y
lleno de majestad. 16 Cuando el Macabeo reunió a sus seguidores, unos
seis mil en total, los exhortó a que no se dejaran acobardar por los enemigos
ni se amedrentaran ante la inmensa multitud de gente que venía a atacarlos
injustamente. Los animó asimismo a que lucharan con entusiasmo, 17 teniendo
bien presente los ultrajes perpetrados contra el Santuario, las violencias
contra 21 Con estas palabras, los enardeció para la lucha,
y los animó a morir por las leyes y por la patria. Luego dividió el ejército
en cuatro cuerpos, 22 y puso al frente de cada unidad a sus hermanos Simón,
José y Jonatán, con mil quinientos hombres a las ordenes de cada uno. 23
También mandó a Eleazar que leyera en alta voz el Libro sagrado. Y
finalmente, dándoles como santo y seña el grito "Auxilio de Dios",
se lanzó él mismo a combatir contra Nicanor, al frente del primer cuerpo. 24
Teniendo como aliado al Todopoderoso, mataron a más de nueve mil enemigos,
hirieron y dejaron fuera de combate a la mayor parte del ejército de Nicanor
y obligaron a huir a todos los demás. 25 También se apoderaron del dinero de
los que habían venido a comprarlos, y después de haberlos perseguido bastante
tiempo, tuvieron que regresar, apremiados por la hora: 26 como era víspera de
sábado, no pudieron continuar la persecución. 27 Una vez que recogieron las armas y se llevaron
los despojos del enemigo, se pusieron a celebrar el sábado, bendiciendo y
alabando una y otra vez al Señor, que los había salvado aquel día,
concediéndoles así las primicias de su misericordia. 28 Pasado el sábado,
distribuyeron parte del botín entre los damnificados, las viudas y los
huérfanos, y se repartieron el resto entre ellos y sus hijos. 29 Después
organizaron rogativas, pidiendo al Señor misericordioso que se reconciliara
definitivamente con sus servidores. La derrota de Timoteo y de Báquides 30 En un combate contra las tropas de Timoteo y de
Báquides, les causaron más de veinte mil bajas y en seguida se apoderaron de
fortalezas muy importantes. Luego distribuyeron un cuantioso botín por partes
iguales, entre ellos, los damnificados, los huérfanos, las viudas y también
los ancianos. 31 Recogieron cuidadosamente las armas de los enemigos y las
depositaron en lugares estratégicos, llevando a Jerusalén el resto del botín.
32 También mataron al jefe de la escolta de Timoteo, un hombre muy impío que
había hecho mucho daño a los judíos. 33 Mientras celebraban la victoria en su
patria, quemaron a los que habían incendiado las puertas sagradas, incluido
Calístenes, que se había refugiado en una choza. Así él recibió el castigo
merecido por su impiedad. La huida de Nicanor 34 En cuanto al perversísimo Nicanor, que había
traído miles de mercaderes para la venta de los judíos, 35 quedó humillado
con el auxilio del Señor por los mismos que él despreciaba como los más
viles. Despojado de sus lujosas vestiduras, solo y errante por los campos
como un fugitivo, llegó a Antioquía con mucha más suerte que su ejército, que
había sido destruido. 36 Y el que había pretendido pagar el tributo a los
romanos con la venta de los prisioneros de Jerusalén, pregonaba que los
judíos tenían un Defensor y que eran invulnerables porque seguían las leyes
prescritas por él. Planes de Antíoco IV Epífanes contra los judíos 9 1 Por
ese tiempo, Antíoco tuvo que retirarse precipitadamente de las regiones de
Persia. 2 En efecto, después de haber entrado en la ciudad llamada
Persépolis, intentó saquear el templo y apoderarse de la ciudad. Pero el
pueblo se amotinó y se defendió con las armas. Antíoco, derrotado por la
gente del país, tuvo que emprender una vergonzosa retirada. 3 Cuando estaba
en Ecbátana, recibió la noticia de lo que le había sucedido a Nicanor y a las
tropas de Timoteo. 4 Enfurecido a causa de esto, pensaba desquitarse con los
judíos de la afrenta que le habían inferido los que le obligaron a emprender
la retirada. Entonces ordenó al auriga que condujera el carro sin parar hasta
el fin del trayecto. Pero, en realidad, ya era inminente el juicio del Cielo
porque él había dicho lleno de arrogancia: "Al llegar allí, haré de
Jerusalén un cementerio de judíos". El castigo divino contra Antíoco IV 5 El Señor, que todo lo ve, el Dios de Israel, lo
castigó con un mal incurable e invisible. Apenas pronunciadas estas palabras,
sintió un intenso dolor intestinal con agudos retorcijones internos. 6 Todo
esto era muy justo, porque él había atormentado las entrañas de los demás con
tantos y tan refinados suplicios. Arrepentimiento de Antíoco IV 11 Sólo entonces, en aquel estado de postración,
comenzó a ceder en su desmedida soberbia y a entrar en razón, por los dolores
que se hacían cada vez más intensos a causa del castigo divino. 12 Como ni él
mismo podía soportar su propio hedor, exclamó: "Es justo someterse a
Dios y no creerse igual a él, siendo un simple mortal". 13 Aquel malvado
rogaba al Soberano, de quien ya no alcanzaría misericordia, prometiendo 14
que declararía libre a Carta de Antíoco IV a los judíos 18 Como sus dolores no se calmaban de ninguna forma,
porque el justo juicio de Dios se había abatido sobre él, y desesperando de
su salud, escribió a los judíos, en tono de súplica, la carta que se
transcribe a continuación: 19 "Antíoco, rey y general, saluda a los
judíos, ciudadanos respetables, deseándoles felicidad, salud y prosperidad.
20 Si ustedes y sus hijos se encuentran bien y sus asuntos marchan conforme a
sus deseos, damos inmensas gracias por eso. 21 En cuanto a mí, que estoy
postrado sin fuerzas en mi lecho, conservo un afectuoso recuerdo de ustedes y
de sus buenos sentimientos. Cuando regresaba de las regiones de Persia,
contraje una penosa enfermedad, y he creído conveniente preocuparme por la
seguridad de todos. 22 No es que desespere de mi salud: al contrario, tengo
mucha confianza de que podré recuperarme de mi enfermedad. 23 Sin embargo he
tenido en cuenta que cuando mi padre emprendió una campaña a las regiones de
la meseta, designó a su futuro sucesor. 24 Así, si sucedía algo imprevisto o
llegaba una noticia desagradable, los habitantes de las provincias no se
perturbarían, sabiendo de antemano a quién quedaba confiado el gobierno. 25
He tenido en cuenta, además, que los soberanos de los países vecinos a mi
reino están al acecho, esperando cualquier ocasión favorable. Por eso, he
decidido designar rey a mi hijo Antíoco, a quien muchas veces, durante mis
campañas a las provincias de la meseta, ya he presentado y recomendado a la
mayor parte de ustedes. 26 También a él le he escrito la carta que aquí se
adjunta. Y ahora les pido encarecidamente que recuerden mis beneficios
públicos y privados, y perseveren en sus buenos sentimientos hacia mí y hacia
mi hijo. 27 Porque estoy persuadido de que él seguirá con moderación y humanidad
el programa que yo me he trazado, y así se entenderá bien con ustedes". Muerte de Antíoco IV Epífanes 28 Así murió aquel criminal y blasfemo. Padeciendo
los peores sufrimientos, como los había hecho padecer a otros, terminó su
vida en un país extranjero, en medio de las montañas y en el más lamentable
infortunio. 29 Filipo, su compañero de infancia, conducía el cadáver, pero no
fiándose del hijo de Antíoco, se dirigió a Egipto, donde reinaba Tolomeo
Filométor. Purificación y Dedicación del Templo 10 1
Macabeo y sus partidarios, guiados por el Señor, recuperaron el Templo y 5 El mismo día en que el Templo había sido profanado
por los extranjeros –es decir, el veinticinco del mes de Quisleu– tuvo lugar
la purificación del Templo. 6 Todos la celebraron con alegría, durante ocho
días, como se celebra la fiesta de las Chozas, recordando que poco tiempo
antes habían tenido que pasar esa misma fiesta en las montañas y las
cavernas, igual que las fieras. 7 Por eso, llevando en la mano tirsos, ramas
verdes y palmas, elevaban himnos a Aquel que había llevado a término la
purificación de su Lugar santo. 8 Y por una resolución votada públicamente,
ordenaron que toda la nación de los judíos celebrara cada año esta misma
fiesta. LUCHAS Y VICTORIAS
DE JUDAS MACABEO BAJO EL REINADO DE ANTÍOCO V El cuarto acto de este
drama narra las luchas de Judas Macabeo después de la muerte de Antíoco
Epífanes. Durante la regencia de Lisias, que gobernaba en nombre de Antíoco
VEupátor, Judas combate en todas las fronteras contra las tropas reales y
contra los pueblos paganos de los alrededores. Lisias es derrotado y se ve
obligado a negociar la paz, concediendo la libertad religiosa al Pueblo
judío. Con especial complacencia, el autor describe el trágico fin del Sumo
Sacerdote Menelao, presentado como el principal adversario de sus
compatriotas (13. 1-8). El suicidio de Tolomeo Macrón 9 Tales fueron las circunstancias de la muerte de
Antíoco, llamado Epífanes. 10 Ahora vamos a exponer los hechos concernientes
a Antíoco Eupátor, hijo de aquel impío, relatando sucintamente los males que
acompañan a las guerras. 11 Este, después que heredó el trono, puso al frente
de los asuntos de Estado a un tal Lisias, nombrándolo además gobernador
supremo de Celesiria y Fenicia. La victoria de Judas Macabeo sobre los idumeos 14 Gorgias, nombrado jefe militar de la región,
mantenía un ejército de mercenarios y no perdía la ocasión de hostigar a los
judíos. 15 Al mismo tiempo que él, los idumeos, que dominaban importantes
fortificaciones, hostilizaban a los judíos, y trataban de fomentar la guerra,
acogiendo a los fugitivos de Jerusalén. 16 Los partidarios del Macabeo, después de celebrar
una rogativa y de pedir a Dios que luchara en favor de ellos, se lanzaron
contra las fortificaciones de los idumeos. 17 Los atacaron resueltamente y se
apoderaron de las fortalezas, haciendo retroceder a todos los que combatían
en las murallas y degollando a cuantos caían en sus manos. Así mataron por lo
menos a veinte mil. 18 En dos torres muy bien fortificadas y abastecidas de
todo lo necesario para resistir el asedio, se habían refugiado no menos de
nueve mil hombres. 19 El Macabeo dejó entonces a Simón y a José, junto con
Zaqueo y muchos otros –en número suficiente para asediarlos– y él partió para
otros lugares donde era más necesaria su presencia. 20 Pero los hombres de
Simón, dominados por la codicia, se dejaron sobornar por algunos de los que
estaban en las torres y, a cambio de setenta mil dracmas, dejaron escapar a
unos cuantos. 21 Cuando el Macabeo se enteró de lo sucedido, reunió a los
jefes del pueblo y acusó a aquellos hombres de haber vendido por dinero a sus
hermanos, dejando en libertad a sus propios enemigos. 22 Luego los hizo
ejecutar por traidores, e inmediatamente tomó las dos torres. 23 Llevando
todo a feliz término, con las armas en la mano, logró matar en las dos
fortalezas a más de veinte mil hombres. Victoria de Judas sobre Timoteo 24 Timoteo, que ya antes había sido derrotado por
los judíos, después de reclutar numerosas tropas extranjeras y de reunir una
considerable cantidad de caballos traídos de Asia, se presentó con la
intención de conquistar Judea por las armas. 25 Mientras él se aproximaba, el
Macabeo y sus hombres cubrieron de polvo su cabeza y se ciñeron la cintura
con cilicios, para suplicar a Dios. 26 Postrados al pie del altar, le pedían
que se mostrara propicio con ellos, haciéndose enemigo de sus enemigos y
adversario de sus adversarios, como lo declara 27 Al terminar la súplica, empuñaron las armas y
avanzaron un buen trecho fuera de la ciudad. Cuando estuvieron cerca de sus
enemigos, se detuvieron. 28 Al despuntar el alba, los dos bandos se lanzaron
al combate. Unos tenían como prenda de éxito y de victoria, además de su
valor, su confianza en el Señor; los otros combatían impulsados sólo por su
arrojo. 29 En lo más encarnizado de la batalla, los enemigos vieron aparecer
en el cielo cinco hombres majestuosos montados en caballos con frenos de oro,
que se pusieron al frente de los judíos. 30 Esos hombres colocaron al Macabeo
en medio de ellos y, cubriéndolo con sus armas, lo hicieron invulnerable,
mientras arrojaban flechas y rayos contra los adversarios. Estos,
enceguecidos por el resplandor, se dispersaron en el más completo desorden.
31 Así perecieron veinte mil quinientos soldados y seiscientos jinetes. La conquista de Guézer 32 El mismo Timoteo tuvo que refugiarse en una
fortaleza muy bien defendida, llamada Guézer, donde gobernaba Quereas. 33 Las
tropas de Macabeo, enardecidas por la victoria, sitiaron la ciudadela durante
cuatro días. 34 Los defensores, confiados en la solidez inexpugnable de la
plaza fuerte, proferían blasfemias y maldiciones. 35 Pero al amanecer del
quinto día, veinte jóvenes de las tropas del Macabeo, enfurecidos por las
blasfemias, saltaron virilmente sobre la muralla y, con ímpetu salvaje,
mataban a todos los que se les ponían delante. 36 Otros, igualmente,
escalaban el muro para atacar a los sitiados por el lado opuesto, prendían
fuego a las torres y, encendiendo hogueras, quemaban vivos a los blasfemos.
Otros, mientras tanto, derribaron las puertas y, abriendo paso al resto del
ejército, se apoderaron de la ciudad. Campaña frustrada de Lisias 11 1 Muy
poco tiempo después, Lisias, tutor y familiar del rey, que estaba al frente
de los asuntos de Estado, 2 reunió unos ochenta mil hombres y toda la
caballería, y marchó contra los judíos. Tenía la intención de convertir la
ciudad en un lugar de residencia para los griegos, 3 de hacer del Santuario
una fuente de recursos, como los otros santuarios de los paganos, y de poner
en venta cada año el cargo de Sumo Sacerdote. 4 Él no tenía en cuenta para
nada el poder de Dios, porque estaba engreído con sus regimientos de infantería,
sus millares de jinetes y sus ochenta elefantes. 5 Una vez que penetró en Judea, se acercó a Betsur,
una plaza fuerte que distaba unos veintiocho kilómetros de Jerusalén, y la
sitió. 6 Cuando los partidarios del Macabeo supieron que Lisias había sitiado
la fortaleza, comenzaron a suplicar al Señor con gemidos y lágrimas, unidos a
la multitud, pidiéndole que enviara un ángel protector para salvar a Israel.
7 El propio Macabeo, que fue el primero en empuñar las armas, exhortó a los
demás a afrontar el peligro junto con él, a fin de salvar a sus hermanos.
Todos se lanzaron al combate con gran entusiasmo 8 y, cuando todavía estaban
cerca de Jerusalén, apareció al frente de ellos un jinete con vestiduras
blancas y esgrimiendo armas de oro. 9 Todos bendijeron unánimemente al Dios
misericordioso, y se enardecieron de tal manera, que estaban dispuestos a
acometer, no sólo contra los hombres, sino también contra las bestias más
feroces y aun contra murallas de hierro. 10 Así avanzaron en orden de
batalla, protegidos por su aliado celestial, porque el Señor se había
compadecido de ellos. 11 Y lanzándose como leones contra los enemigos,
derribaron a once mil soldados y a mil seiscientos jinetes, y a todos los
demás los obligaron a huir. 12 La mayoría de estos escaparon heridos y sin
armas, y el mismo Lisias se salvó huyendo vergonzosamente. Paz de Lisias con los judíos 13 Como Lisias no era ningún insensato, reflexionó
sobre la derrota que acababa de sufrir, y reconoció que los hebreos eran
invencibles porque el Dios poderoso combatía con ellos. 14 Entonces les envió
una embajada para proponerles una reconciliación en condiciones razonables,
prometiéndoles que induciría al rey a hacerse amigo de ellos. 15 El Macabeo,
no teniendo otra preocupación que el bien público, accedió a todas las
propuestas de Lisias; y el rey concedió todo lo que el Macabeo había pedido
por escrito a Lisias en favor de los judíos. Carta de Lisias a los judíos 16 La carta escrita por Lisias a los judíos decía lo
siguiente: "Lisias saluda a la comunidad de los judíos. 17
Juan y Absalón, los legados de ustedes, al entregarme por escrito sus
peticiones, me han pedido una respuesta favorable respecto de lo allí
consignado. 18 Ya he comunicado al rey todo lo que era necesario notificarle,
y él ha otorgado todo lo que le pareció admisible. 19 Por lo tanto, si
mantienen su buena disposición respecto del Estado, yo procuraré favorecerlos
en adelante. 20 En cuanto a las cuestiones de detalle, he dado instrucciones
a sus enviados y a los míos, para que las discutan con ustedes. 21 ¡Qué les
vaya bien! Año ciento cuarenta y ocho, el veinticuatro del mes de
Dióscoro". Carta de Antíoco V Eupátor a Lisias 22 La carta del rey estaba concebida en estos
términos: "El rey Antíoco saluda a su hermano Lisias. 23 Habiendo
pasado nuestro padre a la compañía de los dioses, deseamos que los súbditos
de nuestro reino puedan dedicarse sin temor al cuidado de sus propios
intereses. 24 Y como hemos sabido que los judíos no quieren adoptar las
costumbres helénicas promovidas por nuestro padre, sino que prefieren seguir
sus propias costumbres y piden que se les permita vivir conforme a sus leyes,
25 deseosos de que también esta nación esté tranquila, decretamos que su
Santuario sea restituido a su primitivo estado y que ellos se gobiernen de
acuerdo con las costumbres de sus antepasados. 26 Por lo tanto, harás un buen
servicio enviándoles una embajada de paz, a fin de que, conociendo nuestra
decisión, puedan vivir confiados y se dediquen de buen ánimo a sus propias
ocupaciones". Carta de Antíoco IV Epífanes a los judíos 27 Esta es la carta del rey al pueblo: "El rey Antíoco saluda al Consejo de los
ancianos y a todos los judíos. 28 Es nuestro deseo que se encuentren bien.
También nosotros gozamos de perfecta salud. 29 Menelao nos ha hecho saber el
deseo que ustedes tienen de volver a sus propios hogares. Carta de los romanos a los judíos 34 También los romanos enviaron a los judíos la
siguiente carta: "Quinto Memio y Tito Manio, legados de los
romanos, saludan al pueblo de los judíos. 35 Damos nuestro consentimiento a
todo lo que les ha concedido Lisias, familiar del rey. 36 Pero en lo que
respecta a lo que él consideró que debía someter al juicio del rey, envíennos
urgentemente a alguien con instrucciones detalladas sobre el particular, para
que las expongamos como les conviene a ustedes, ya que vamos a ir a
Antioquía. 37 Mándennos a algunos lo antes posible, a fin de que también
nosotros conozcamos el punto de vista de ustedes. 38 ¡Salud! Año ciento
cuarenta y ocho, el quince del mes de Xántico". La masacre de Jope 12 1 Concluidas
las negociaciones, Lisias volvió adonde estaba el rey, mientras los judíos se
dedicaban a los trabajos del campo. 2 Pero algunos de los gobernadores
locales, Timoteo y Apolonio, hijo de Geneo, además de Jerónimo y Demofón, y
también Nicanor, jefe de los chipriotas, no los dejaban vivir tranquilos ni
disfrutar de la paz. 3 Algunos habitantes de Jope, por su parte,
perpetraron un enorme crimen. En efecto, invitaron a los judíos que vivían
con ellos a subir con sus mujeres e hijos a unas embarcaciones que habían
equipado, disimulando las malas intenciones que tenían contra ellos. 4 Como
se trataba de una decisión unánime de toda la ciudad, los judíos aceptaron la
invitación, porque deseaban vivir en paz y no tenían ninguna sospecha. Pero
una vez que estuvieron en alta mar, los tiraron al agua: así murieron
alrededor de doscientos. Represalias de Judas Macabeo contra Jope y Iamnia 5 Cuando Judas se enteró de la crueldad cometida
contra sus compatriotas, hizo saber a sus hombres lo que había pasado 6 y, después
de invocar a Dios, el justo Juez, se dirigió contra los asesinos de sus
hermanos; incendió el puerto durante la noche, prendió fuego a las
embarcaciones e hizo perecer a los que se habían refugiado allí. 7 Como las
puertas de la ciudad estaban cerradas, se retiró con la intención de volver y
exterminar por completo la población de Jope. 8 Informado, entre tanto, de que los de Iamnia
maquinaban hacer algo parecido con los judíos que vivían allí, 9 atacó
también durante la noche a los iamnitas e incendió el puerto y la flota, de
manera que el resplandor de las llamas se vio incluso en Jerusalén, a una
distancia de casi cincuenta kilómetros. Victoria de Judas contra los árabes 10 Cuando estaba a dos kilómetros de allí, en una
expedición contra Timoteo, lo atacaron unos árabes: eran no menos de cinco
mil de a pie y quinientos jinetes. 11 Se entabló una lucha encarnizada, y las
tropas de Judas obtuvieron la victoria, gracias al auxilio de Dios. Los
nómadas, derrotados, pidieron la paz a Judas, comprometiéndose a darles
ganado y a ayudarlos en lo sucesivo. 12 Judas, comprendiendo que podrían
prestarle muchos servicios, accedió a hacer la paz con ellos y, después de
estrecharse la mano, los árabes regresaron a sus campamentos. Destrucción de Caspín 13 Luego atacó a una ciudad fortificada con
terraplenes, rodeada de murallas y habitada por gente de diversas
nacionalidades, que se llamaba Caspín. 14 Los sitiados, confiando en la
solidez de las murallas y en la reserva de víveres, trataban despectivamente
a los hombres de Judas, insultándolos y profiriendo blasfemias y maldiciones.
15 Judas y sus compañeros –después de invocar al supremo Señor del universo
que, sin arietes ni máquinas de guerra, derribó a Jericó en tiempos de Josué–
asaltaron ferozmente la muralla. 16 Y apoderándose de la ciudad, por la
voluntad de Dios, realizaron una matanza indescriptible, hasta tal punto que
el lago vecino, de quince metros de ancho, parecía colmado con la sangre que
lo había inundado. La derrota de Timoteo 17 Luego se alejaron de allí ciento cincuenta
kilómetros y llegaron a Járaca, donde vivían los judíos llamados tubienos. 18
Pero no encontraron a Timoteo por aquellas regiones, porque en vista de que
no conseguía nada, se había retirado de allí, no sin antes dejar en cierto lugar
una guarnición bastante fuerte. 19 Dositeo y Sosípatro, capitanes de Macabeo,
avanzaron contra la fortaleza y mataron a los hombres que Timoteo había
dejado en ella: eran más de diez mil. 20 Luego el Macabeo distribuyó su
ejército en batallones; puso al frente a aquellos dos capitanes y se dirigió
contra Timoteo, que había reunido ciento veinte mil soldados y dos mil
quinientos jinetes. 21 Al enterarse de que se acercaba Judas, Timoteo mandó
que las mujeres y los niños, junto con el resto del equipaje, se adelantaran
hasta la fortaleza llamada Carnión, que era inexpugnable y de difícil acceso,
por lo accidentado del terreno. 22 Apenas apareció el primer batallón de
Judas, el pánico y el terror se apoderaron de los enemigos, porque se
manifestó ante ellos Aquel que todo lo ve. Entonces huyeron en todas
direcciones, de manera que muchas veces se herían unos a otros y se
atravesaban entre ellos mismos con sus espadas. 23 Judas los perseguía
implacablemente, acribillando a aquellos impíos, y así llegó a matar a unos
treinta mil. 24 Timoteo, que cayó en manos de los hombres de
Dositeo y Sosípatro, les pidió con mucha habilidad que lo dejaran en
libertad, porque los padres y hermanos de muchos de ellos estaban en su poder
y corrían el riesgo de ser ejecutados. 25 Cuando les aseguró con toda clase
de argumentos que los devolvería sanos y salvos, lo pusieron en libertad,
para salvar a sus hermanos. 26 Después, Judas marchó contra Carnión y contra
el templo de Atargatis y mató a veinticinco mil personas. La campaña contra Efrón 27 Una vez derrotados y destruidos estos enemigos,
Judas emprendió una campaña contra la plaza fuerte de Efrón, donde se había
establecido Lisias con gente de todas partes. Jóvenes vigorosos apostados
delante de las murallas combatían con vigor, y en el interior había muchas
reservas de máquinas de guerra y proyectiles. 28 Después de invocar al
Soberano que aplasta con su poder las fuerzas de los enemigos, los judíos se
apoderaron de la ciudad y mataron allí a unas veinticinco mil personas. El paso por Escitópolis 29 Partiendo de allí, avanzaron contra Escitópolis,
que dista de Jerusalén unos ciento diez kilómetros. 30 Pero los judíos que
vivían allí les atestiguaron que los habitantes de la ciudad los habían
tratado con benevolencia y les habían brindado una buena acogida en momentos
de adversidad. 31 Entonces Judas y sus compañeros les dieron las gracias y
los exhortaron a seguir siendo deferentes con sus compatriotas. Luego
regresaron a Jerusalén, porque se acercaba la fiesta de las Semanas. Campaña y victoria sobre Gorgias 32 Pasada la fiesta llamada de Pentecostés, se
dirigieron contra Gorgias, gobernador de Idumea. 33 Este salió a atacarlos
con tres mil soldados y cuatrocientos jinetes, 34 y cayeron en el combate
algunos judíos. 35 Un tal Dositeo, valeroso jinete de las tropas de Bacenor,
se apoderó de Gorgias y, tirándole de la capa, lo arrastraba con fuerza a fin
de capturar vivo a aquel infame. Pero un jinete tracio se abalanzó sobre
Dositeo y lo hirió por la espalda, y así Gorgias pudo huir hacia Marisa. 36
Como los hombres de Esdrín estaban extenuados por haber combatido durante
mucho tiempo, Judas rogó al Señor que se manifestara como su aliado y su guía
en el combate. 37 Y entonando en la lengua de sus padres un himno de guerra,
cayó sorpresivamente sobre los hombres de Gorgias y los derrotó. El sacrificio por los soldados muertos en la batalla 38 Luego Judas reunió al ejército y se dirigió hacia
la ciudad de Odolám. Como estaba ya próximo el séptimo día de la semana, se purificaron
con los ritos de costumbre y celebraron el sábado en aquel lugar. 39 Los
hombres de Judas fueron al día siguiente –dado que el tiempo urgía– a recoger
los cadáveres de los caídos para sepultarlos con sus parientes, en los
sepulcros familiares. 40 Entonces encontraron debajo de las túnicas de cada
uno de los muertos objetos consagrados a los ídolos de Iamnia, que Campaña de Antíoco V y Lisias y suplicio de Menelao 13 1 El
año ciento cuarenta y nueve, los hombres de Judas se enteraron de que Antíoco
Eupátor avanzaba contra Judea con un ejército numeroso, 2 y que con él venía
Lisias, su tutor y encargado de los asuntos de Estado. Ambos conducían un
ejército griego de ciento diez mil soldados, cinco mil trescientos jinetes,
veintidós elefantes y trescientos carros armados de cuchillas. 3 También se
unió a ellos Menelao, el cual, con toda mala intención, trataba de ganarse a
Antíoco, no para salvar a su patria, sino para ser restablecido en su cargo.
4 Pero el Rey de los reyes provocó la indignación de Antíoco contra aquel
criminal, porque Lisias le hizo ver que aquel hombre era el causante de todos
los males. Entonces Antíoco ordenó que lo llevaran a Berea para que lo
mataran según las costumbres del lugar. 5 Allí hay una torre de veinticinco
metros, llena de ceniza, provista de una máquina giratoria inclinada por
todas partes hacia la ceniza. 6 Es costumbre arrojar en ese lugar a los reos
de robo sacrílego o de algún otro crimen enorme, a fin de hacerlos morir. 7
Con este suplicio murió el impío Menelao, sin ser ni siquiera sepultado en la
tierra. 8 Esto le sucedió con toda justicia; en efecto, aquel que había
perpetrado tantos crímenes contra el altar, cuyo fuego y ceniza son sagrados,
encontró él mismo la muerte en la ceniza. Victoria de Judas Macabeo en Modín 9 El rey avanzaba, animado de brutales sentimientos,
dispuesto a tratar a los judíos con más crueldad que su mismo padre. 10 Al
enterarse de esto, Judas ordenó a sus tropas que invocaran al Señor día y
noche, para que también esa vez, como en otras ocasiones, acudiera en auxilio
de los que estaban en peligro de ser despojados de 14 Judas, dejándolo todo en manos del Creador del
universo, exhortó a sus compañeros a luchar valerosamente hasta la muerte por
las leyes, el Santuario, la ciudad, la patria y las instituciones. Luego
acampó en las inmediaciones de Modín. 15 Y dando a sus hombres este santo y
seña: "Victoria de Dios", atacó durante la noche con los jóvenes
más aguerridos el campamento del rey. Así dio muerte a unos dos mil hombres
del ejército y al más grande de los elefantes con su conductor. 16
Finalmente, sembrando el pánico y la confusión en el ejército, se retiraron
victoriosos. 17 Al amanecer, ya todo había terminado, gracias a la protección
que el Señor había brindado a Judas. Derrota de Antíoco V Eupátor en Betsur 18 El rey, que había sufrido en carne propia la
audacia de los judíos, intentó apoderarse de sus fortalezas de manera
sistemática. 19 Se acercó a Betsur, plaza fuerte de los judíos, pero fue
rechazado, puesto en fuga y vencido. 20 Judas envió a los sitiados todo lo
que necesitaban, 21 pero Rodoco, un hombre del ejército judío, revelaba los
secretos al enemigo. Por eso fue buscado, detenido y ejecutado. 22 El rey
volvió a tratar con los habitantes de Betsur, hizo las paces con ellos y se
retiró. Acuerdo de Antíoco V con los judíos Luego atacó a las tropas de Judas, pero fue
derrotado. 23 En ese momento supo que Filipo, a quien había dejado en
Antioquía al frente del gobierno, se había sublevado. Muy consternado, mandó
llamar a los judíos y juró someterse a sus legítimas demandas. Después de
esta reconciliación, ofreció un sacrificio, honró al Santuario y se mostró
generoso con el Lugar santo. 24 El rey prestó una buena acogida al Macabeo y
dejó a Hegemónidas como gobernador desde Tolemaida hasta la región de los
guerraínos. 25 Luego se trasladó a Tolemaida, pero sus habitantes
descontentos por ese tratado, se indignaron y querían anular lo convenido. 26
Entonces Lisias subió a la tribuna y defendió el asunto lo mejor que pudo.
Así los persuadió, logró calmarlos y los dispuso favorablemente. Después
partió para Antioquía. Esto es lo que sucedió con la expedición y la
retirada del rey. LUCHAS Y VICTORIAS
DE JUDAS MACABEO BAJO EL REINADO DE DEMETRIO I En este último acto, un
nuevo personaje vuelve a perturbar las relaciones entre el Pueblo judío y el
Imperio de los Seléucidas. Se trata de Álcimo, deseoso de obtener el Sumo
Pontificado con el apoyo del rey Demetrio I Soter (162-150), que se había
apoderado del trono de Siria matando a Lisias y a Antíoco V Eupátor. A causa
de las intrigas de aquel compatriota, Judas Macabeo tiene que enfrentar a Nicanor,
un general pagano que blasfema contra el Templo, pero al fin es derrotado. A
partir de entonces, Israel festejará el aniversario de aquel triunfo
memorable –"el día de Nicanor"– instituido en febrero-marzo del Las intrigas de Álcimo ante
Demetrio I 14 1 Al
cabo de tres años, Judas y sus hombres recibieron la noticia de que Demetrio,
el hijo de Seleuco, había atracado en el puerto de Trípoli con un poderoso
ejército y una flota, 2 adueñándose del país y haciendo ejecutar a Antíoco y
a su tutor Lisias. 3 Un cierto Álcimo, que antes había sido Sumo
Sacerdote, pero que se había contaminado voluntariamente en el tiempo de la
ruptura con el paganismo, comprendiendo que él ya no podía rehabilitarse ni
acceder al altar sagrado, 4 fue a ver al rey Demetrio hacia el año ciento
cincuenta y uno, y le obsequió una corona de oro y una palma, además de los
acostumbrados ramos de olivo del templo. Y aquel día, se contentó con eso. 5 Pero él encontró una ocasión propicia para sus
perversos designios, cuando Demetrio lo convocó ante el Consejo, y lo
consultó acerca de las actitudes y planes de los judíos. Álcimo respondió: 6
"Los judíos llamados asideos, capitaneados por Judas Macabeo, fomentan
la guerra y las sediciones, y no dejan que el reino viva en paz. 7 Debido a
eso, aunque he sido despojado de la dignidad heredada de mis antepasados –me
refiero al sumo sacerdocio– he venido aquí, 8 en primer lugar, sinceramente
preocupado por los intereses del rey y, en segundo lugar, por consideración
hacia mis compatriotas. A causa de la conducta irreflexiva de los hombres ya
mencionados, toda nuestra nación padece no pocos infortunios. 9 Por eso, ya
que tú eres el rey, una vez que te informes detalladamente de todo esto, vela
por nuestro país y nuestra nación amenazados por todas partes, de acuerdo con
los sentimientos humanitarios que demuestras hacia todos. 10 Ciertamente,
mientras Judas viva, es imposible que el Estado goce de paz". Expedición de Nicanor contra los judíos 11 Apenas Álcimo pronunció estas palabras, los demás
Amigos del rey que eran hostiles a Judas, se apresuraron a incitar aún más a
Demetrio. 12 Este designó inmediatamente a Nicanor, que dirigía la tropa de
los elefantes, lo nombró gobernador de Judea, y lo envió 13 con la orden de
matar a Judas y dispersar a sus partidarios, restableciendo a Álcimo como
Sumo Sacerdote del Templo más excelso. 14 Los paganos que habían huido de
Judea por temor a Judas, se unieron en masa a Nicanor, pensando que los
infortunios y las derrotas de los judíos serían sus propias victorias. Enfrentamiento de Nicanor con los judíos 15 Cuando los judíos se enteraron de la expedición
de Nicanor y de la invasión de los paganos, se cubrieron de polvo y
suplicaron a Aquel que había establecido a su pueblo para siempre y nunca dejaba
de proteger a su propia herencia en forma bien visible. 16 Bajo la orden de
su jefe, partieron inmediatamente de allí y se trabaron en lucha con ellos
junto al poblado de Desau. 17 Simón, el hermano de Judas, había entrado en
combate con Nicanor, pero sufrió un ligero revés a causa del ataque
sorpresivo de los enemigos. 18 Nicanor, enterado de la audacia de los hombres
de Judas y del valor con que defendían a su patria, temió definir la
situación de una manera sangrienta. 19 Por eso envió a Posidonio, Teodoto y
Matatías para concertar la paz. La alianza entre Judas y Nicanor 20 Después de un detenido examen de la propuesta, el
jefe la comunicó a las tropas, y por decisión unánime aceptaron el tratado.
21 Se fijó un día en que los jefes se reunirían a solas en un lugar
determinado; se puso una tarima de cada lado y se prepararon asientos. 22
Judas distribuyó algunos hombres armados en puntos estratégicos, por si se
producía inesperadamente algún ataque a traición por parte de los enemigos.
Sin embargo, la entrevista se realizó normalmente. 23 Nicanor vivía en Jerusalén sin molestar a nadie:
incluso, licenció a las tropas que se le habían incorporado en masa. 24 Se
veía constantemente con Judas y sentía por él un sincero aprecio; 25 le
aconsejó que se casara y que tuviera hijos. Judas se casó y vivió
tranquilamente, disfrutando de la vida. Nuevas acusaciones de Álcimo contra Judas Macabeo 26 Cuando Álcimo vio la comprensión que reinaba
entre ellos, consiguió una copia del pacto celebrado y se presentó ante
Demetrio, diciéndole que Nicanor abrigaba sentimientos contrarios a los
intereses del Estado, ya que había nombrado lugarteniente suyo a Judas, el
rival de su reino. 27 El rey se puso fuera de sí y, excitado por las
calumnias de ese miserable, escribió a Nicanor, manifestándole su disgusto
por el acuerdo y ordenándole que le mandara inmediatamente preso a Antioquía
al Macabeo. 28 Cuando Nicanor recibió la noticia, quedó desconcertado, porque
le indignaba romper el acuerdo sin que aquel hombre hubiera cometido ninguna
injusticia. 29 Pero como no era posible oponerse al rey, buscaba la ocasión
favorable para cumplir la orden valiéndose de alguna estratagema. 30 El
Macabeo, por su parte, viendo que Nicanor lo trataba más secamente y que le
demostraba una gran frialdad en sus relaciones habituales, pensó que esa
actitud no presagiaba nada bueno. Entonces reunió a un buen número de sus
compañeros y se ocultó de Nicanor. Amenaza de Nicanor contra el Templo 31 Cuando este advirtió que Judas se había burlado
de él tan hábilmente, se presentó en el augusto y santo Templo, mientras los
sacerdotes ofrecían los sacrificios rituales y les exigió que le entregaran a
aquel hombre. 32 Como ellos juraron que no sabían dónde se encontraba el
hombre que buscaba, 33 él, extendiendo la mano derecha hacia el Santuario,
pronunció este juramento: "Si no me entregan prisionero a Judas,
arrasaré este recinto consagrado a Dios, derribaré el altar y levantaré aquí
mismo un espléndido templo a Dionisos". 34 Dicho esto, se fue. Los
sacerdotes, con las manos extendidas hacia el cielo, invocaron a Aquel que
había combatido incesantemente en favor de nuestra nación, diciendo: 35
"Tú, Señor de todas las cosas, que no necesitas de nada, has querido que
el Santuario donde tú habitas estuviera en medio de nosotros. 36 Por eso
ahora, Señor santo, lleno de toda santidad, preserva para siempre de toda
profanación esta Casa recién purificada". Celo religioso y trágico fin de Razís 37 Un tal Razís, uno de los ancianos de Jerusalén,
buen patriota, sumamente estimado y llamado por su bondad "Padre de los
judíos", fue denunciado a Nicanor. 38 Él, en los primeros tiempos de la
ruptura con el paganismo, había abrazado la causa del Judaísmo, entregándose
a ella en cuerpo y alma, con una gran entereza. 39 Nicanor, queriendo poner
en evidencia la hostilidad que profesaba contra los judíos, envió más de
quinientos soldados para detenerlo, 40 porque le parecía que, tomándolo
prisionero, ocasionaba un gran perjuicio a los judíos. 41 Cuando las tropas
estaban a punto de ocupar la torre, forzando la puerta de entrada y dando
órdenes de traer fuego e incendiar las puertas, Razís, acorralado por todas
partes, se arrojó sobre su espada. 42 Él prefirió morir noblemente, antes que
caer en manos de aquellos desalmados y soportar ultrajes indignos de su
nobleza. 43 Pero, por lo precipitado del ataque, no acertó el golpe, y como
las tropas ya se abrían paso a través de las puertas, subió valerosamente a
lo alto del muro y se arrojó con intrepidez sobre la multitud. 44 Esta retrocedió
a una cierta distancia y él cayó en medio del espacio vacío. 45 Estando aún
con vida, lleno de ardor, se incorporó sangrando copiosamente, y a pesar de
sus graves heridas, pasó corriendo por entre las tropas y se paró sobre una
roca escarpada. 46 Cuando ya estaba completamente exangüe, se arrancó las
entrañas y, tomándolas con ambas manos, las arrojó contra aquella gente. Así,
invocando al Señor de la vida y del espíritu para que un día se las
devolviera, murió aquel hombre. Actitud blasfema de Nicanor 15 1
Cuando Nicanor supo que los hombres de Judas se hallaban en las regiones de
Samaría, resolvió atacarlos sin ningún riesgo el día de descanso. 2 Los
judíos que iban con él por la fuerza, le dijeron: "No los mates tan
despiadada y cruelmente; respeta más bien el día que ha sido santificado
especialmente por Aquel que todo lo ve". 3 El muy perverso preguntó si
había en el cielo un Soberano que hubiera ordenado celebrar el día sábado. 4
Ellos le respondieron: "El mismo Señor que vive en el cielo es el Soberano
que ha mandado observar el séptimo día". 5 Él replicó: "También yo
soy soberano en la tierra y ordeno empuñar las armas para servir al
rey". Sin embargo, no llegó a realizar su funesto designio. Exhortación y sueño de Judas Macabeo 6 Nicanor, ensoberbecido sobremanera, había decidido
levantar un monumento público, con los trofeos ganados a los hombres de
Judas. 7 Por el contrario, el Macabeo mantenía una confianza inalterable,
esperando recibir la ayuda del Señor. 8 Él exhortaba a sus compañeros a no
temer el ataque de los paganos, y a contar con la victoria que también esta
vez les vendría de la mano del Todopoderoso, recordando los auxilios que
antes habían recibido del Cielo. 9 También los alentaba, por medio de 11 De esa manera, armó a cada uno de ellos, no tanto
con la seguridad que dan los escudos y las lanzas, cuanto con la confianza
que infunden las palabras de aliento. Además les expuso un sueño totalmente
fidedigno, que los alegró a todos. 12 Él había visto lo siguiente: Onías, el
que había sido Sumo Sacerdote, hombre cabal, de trato modesto, de carácter
afable, de hablar mesurado, ejercitado desde niño en todas las prácticas
virtuosas, oraba con los brazos extendidos por toda la comunidad de los
judíos. 13 Luego apareció también un personaje que se destacaba por sus
cabellos blancos y su prestancia, revestido de una dignidad soberana y
majestuosa. 14 Entonces Onías tomó la palabra y dijo: "Este es Jeremías,
el profeta de Dios, que ama a sus hermanos, y ora sin cesar por su pueblo y
por Preparativos para el combate 17 Reconfortados con estas bellísimas palabras de
Judas, capaces de llevar al heroísmo y de robustecer los corazones juveniles,
todos decidieron no quedarse a la defensiva, sino lanzarse valerosamente a la
ofensiva, y decidir la situación luchando con la mayor valentía, porque estaban
en peligro Súplica de Judas Macabeo antes del combate 21 Entonces el Macabeo, al ver las tropas que tenía
delante, la variedad de las armas con que estaban equipadas y la ferocidad de
los elefantes, extendió las manos hacia el cielo e invocó al Señor que hace
prodigios, porque sabía muy bien que no es por medio de las armas, sino de la
manera como él lo decide, que otorga la victoria a los que la merecen. 22 Él
hizo su invocación con estas palabras: "Tú, gran Señor, enviaste a tú
ángel a Ezequías, rey de Judá, y él exterminó a ciento ochenta y cinco mil
hombres del ejército de Senaquerib. 23 Envía también ahora, Soberano del
cielo, un ángel protector delante de nosotros para sembrar el pánico y el
terror. 24 ¡Que por la fuerza de tu brazo queden aterrados los que avanzan
blasfemando contra tu Pueblo santo!". Así terminó su oración. Derrota y muerte de Nicanor 25 Mientras las tropas de Nicanor avanzaban al son
de trompetas y cantos de guerra, 26 los hombres de Judas se enfrentaron con
sus enemigos entre invocaciones y plegarias. 27 Ellos luchaban con sus manos,
y con el corazón oraban a Dios. Así abatieron a no menos de treinta y cinco
mil hombres, y se regocijaron por la visible intervención de Dios. 28 Cuando volvían gozosos del combate, reconocieron
a Nicanor, tendido en tierra con su armadura. 29 Entre gritos y clamores,
bendecían al Señor en la lengua de sus padres. 30 Después, el que se había
entregado por entero, en cuerpo y alma, combatiendo en primera línea por sus
compatriotas, el que había conservado hacia ellos el afecto de su juventud,
mandó cortar la cabeza y un brazo entero de Nicanor, y ordenó que los
llevaran a Jerusalén. 31 Al llegar allí, convocó a sus compatriotas y a los
sacerdotes, se puso delante del altar y mandó buscar a los de 36 Todos decretaron de común acuerdo que aquel día
no se dejara de conmemorar, sino que fuera celebrado el día trece del
duodécimo mes –llamado Adar en arameo– víspera del día llamado de Mardoqueo. Epílogo del autor 37 Estos son los sucesos referentes a Nicanor. Como
a partir de entonces 1 9. La
fiesta de la dedicación del Templo es llamada aquí "fiesta de las
Chozas", porque ambas festividades se celebraban con ritos semejantes
(10. 6). El "mes de Quisleu" corresponde a noviembre - diciembre. 10. "Aristóbulo"
era un judío de Alejandría célebre por su explicación alegórica del
Pentateuco. El "rey" aquí mencionado es Tolomeo VI Filométor, que
reinó en Egipto desde el 181 al 13. "Nanea"
era una diosa babilónica de la fertilidad, a la que los griegos identificaron
con Afrodita. 18. Sobre
las etapas de la reconstrucción del Templo después del exilio, ver Esd. 3. 8;
5. 1-2; 6. 14-15; Neh. 2. 8. 19. Según
este relato legendario, el "fuego del altar" habría permanecido
encendido, como se establece en Lev. 6. 5-6. 33-35. La
orden del rey se debía a que los persas rendían culto al fuego. 36. Lo que
aquí se llama "nafta" es el "líquido espeso" de que habla
el v. 21, es decir, el petróleo en estado natural. 2 1. El
autor se refiere a algún escrito apócrifo que circulaba bajo el nombre de Jeremías. 10. Ver
Lev. 9. 23-24; 2 Crón. 7. 1. 12. Ver 1
Rey. 8. 65. 13. Estas
"Memorias de Nehemías" son otro escrito apócrifo, distinto del
libro de Nehemías. 17. Ver
Éx. 19. 5-6; 1 Ped. 2. 9. 3 4. La
"familia de Bilgá" era una de las veinticuatro clases sacerdotales
que se turnaban en el servicio del Templo (1 Crón. 24. 14). 4 7-17. Ver
1 Mac. 1. 10-15. 9. "Ateneo
juvenil": institución típicamente griega, destinada a la educación
física e intelectual de los jóvenes. 20. Las
"trirremes" eran naves de guerra, provistas de tres hileras de
remos, puestas una arriba de la otra. 23. "Tres
años más tarde", es decir, a fines del 172 o comienzos del 5 9. "Lacedemonia"
es otro nombre de Esparta. Sobre el supuesto "origen común" entre
judíos y espartanos, ver nota 1 Mac. 12. 21. 15-20. Ver
1 Mac. 1. 21-24. 22-26. Ver
1 Mac. 1. 29-32. 27. Ver 1
Mac. 2. 27-28. 6 1-11. Ver
1 Mac. 1. 41-63. 16. Ver
Heb. 12. 7-11. 7 6. Deut.
32. 36. 9. Aquí y
en los vs. 11, 14, 23, 29 y 36, se afirma explícitamente la fe en la resurrección
corporal, como una retribución individual por lo menos para los justos. Ver
12. 38-46; 14. 46; Dn. 12. 2-3. 8 1. Ver 1
Mac. 3. 1-2. 5. Ver 1
Mac. 3. 3-9. 19. Ver 2
Rey. 19. 35; Is. 37. 36; 1 Mac. 7. 41. 20. Se
desconocen otras fuentes sobre esta intervención de tropas mercenarias judías
en apoyo de los macedonios. 23. Las
circunstancias de esta batalla son descritas en 1 Mac. 4. 12-14. 9 1-29. Ver
1. 11-17; 1 Mac. 6. 1-16. 10 1-8. Ver
1 Mac. 4. 36-59. 11 1-12. Ver
1 Mac. 4. 28-35. 16. Las negociaciones
de paz entre Lisias y Judas Macabeo dieron lugar a una nutrida
correspondencia diplomática, en la que intervinieron también los romanos.
Aquí se conservan solamente cuatro de esas cartas, cuyo orden cronológico es
incierto. 21. "El
mes de Dióscoro" –lo mismo que el de "Xántico", mencionado en
los vs. 30, 33, 38– corresponde a febrero-marzo. 12 43. Animado
por su fe en la resurrección, Judas Macabeo manda ofrecer un
"sacrificio" de expiación por los soldados que habían muerto por su
Dios y por su patria, pero también habían quebrantado 13 1-22. Ver
1 Mac. 6. 28-54. 23-26. Ver
1 Mac. 6. 55-63. 14 1-2. Ver
1 Mac. 7. 1-4. 3-14. Ver
1 Mac. 7. 5-25. 15-25. Ver
1 Mac. 7. 26-32. 31-36. Ver
1 Mac. 7. 33-38. 41-42. Ver
1 Sam. 31.4. 15 1-36. Ver
1 Mac. 7. 39-49. 36. Ver
Est. 9. 20-32. |
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pagina de www.clerus.org
edición para el estudio en Internet de Pedro Sergio Antonio Donoso
Brant |
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