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Caminando con Jesús Pedro Sergio Antonio Donoso Brant Edición especial comentada para ayudar a
comprender mejor las Sagradas Escrituras |
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Por su excepcional valor poético y humano, el libro
de JOB ocupa un lugar destacado, no sólo dentro de Esta obra fue escrita a comienzos del siglo V a. C.,
y para componerla, el autor tomó como base un antiguo relato del folclore
palestino, que narraba los terribles padecimientos de un hombre justo, cuya
fidelidad a Dios en medio de la prueba le mereció una extraordinaria
recompensa. Esta leyenda popular constituye el prólogo y el epílogo del
Libro. Al situar a su personaje en un país lejano, fuera de las fronteras de
Israel (1. 1), el autor sugiere que el drama de Job afecta a todos los
hombres por igual. No se puede comprender el libro de Job sin tener en
cuenta la enseñanza tradicional de los "sabios" israelitas acerca
de la retribución divina. Según esa enseñanza, las buenas y las malas
acciones de los hombres recibían necesariamente en este mundo el
premio o el castigo merecidos. Esta era una consecuencia lógica de la fe en
la justicia de Dios, cuando aún no se tenía noción de una retribución más
allá de la muerte. Sin embargo, llegó el momento en que esta doctrina
comenzó a hacerse insostenible, ya que bastaba abrir los ojos a la realidad
para ver que la justicia y la felicidad no van siempre juntas en la vida
presente. Y si no todos los sufrimientos son consecuencia del pecado, ¿cómo
se explican? Pero el autor no se contenta con poner en tela de
juicio la doctrina tradicional de la retribución. Al reflexionar sobre las
tribulaciones de Job –un justo que padece sin motivo aparente– él critica la
sabiduría de los antiguos "sabios" y la reduce a sus justos
límites. Aquella sabiduría aspiraba a comprenderlo todo: el bien y el mal, la
felicidad y la desgracia, la vida y la muerte. Esta aspiración era sin duda
legítima, pero tendía a perder de vista la soberanía, la libertad y el
insondable misterio de Dios. En el reproche que hace el Señor a los amigos de
Job (42. 7), se rechaza implícitamente toda sabiduría que se erige en norma
absoluta y pretende encerrar a Dios en las categorías de la justicia humana. El personaje central de este Libro llegó a descubrir
el rostro del verdadero Dios a través del sufrimiento. Para ello tuvo que
renunciar a su propia sabiduría y a su pretensión de considerarse justo. No
es otro el camino que debe recorrer el cristiano, pero este lo hace iluminado
por el mensaje de la cruz, que da un sentido totalmente nuevo al misterio del
dolor humano. "Completo en mi carne lo que falta a los padecimientos
de Cristo, para bien de su Cuerpo, que es PRÓLOGO NARRATIVO El prólogo en prosa
quiere destacar la justicia de Job y la causa de sus padecimientos. Estos no
son consecuencia del pecado, sino una prueba permitida por Dios, para mostrar
que su servidor lo ama desinteresadamente y no por los bienes que recibe de
él. Pero tanto Job como sus amigos ignoran el motivo de esta prueba, porque
no han asistido al diálogo del Señor con "el Adversario", esa
especie de acusador público en la corte celestial, que se resiste a creer en
la virtud desinteresada. Así queda abierto el debate que se va a desarrollar
en el resto del Libro. Presentación de Job 1 1 Había en
el país de Us un hombre llamado Job. Este hombre era íntegro y recto,
temeroso de Dios y alejado del mal. 2 Le habían nacido siete hijos y tres
hijas, 3 y poseía una hacienda de siete mil ovejas, y tres mil camellos,
quinientas yuntas de bueyes y quinientas asnas, además de una servidumbre muy
numerosa. Este hombre era el más rico entre todos los Orientales. 4 Sus hijos tenían la costumbre de ofrecer por turno
un banquete, cada uno en su propia casa, e invitaban a sus tres hermanas a
comer y a beber con ellos. 5 Una vez concluido el ciclo de los festejos, Job
los hacía venir y los purificaba; después se levantaba muy de madrugada y
ofrecía un holocausto por cada uno de ellos. Porque pensaba: "Tal vez
mis hijos hayan pecado y maldecido a Dios en su corazón". Así procedía
Job indefectiblemente. El comienzo de la prueba 6 El día en que los hijos de Dios fueron a
presentarse delante del Señor, también el Adversario estaba en medio de
ellos. 7 El Señor le dijo: "¿De dónde vienes?". El Adversario
respondió al Señor: "De rondar por la tierra, yendo de aquí para
allá". 8 Entonces el Señor le dijo: "¿Te has fijado en mi servidor
Job? No hay nadie como él sobre la tierra: es un hombre íntegro y recto,
temeroso de Dios y alejado del mal". 9 Pero el Adversario le respondió:
"¡No por nada teme Job al Señor! 10 ¿Acaso tú no has puesto un cerco
protector alrededor de él, de su casa y de todo lo que posee? Tú has
bendecido la obra de sus manos y su hacienda se ha esparcido por todo el
país. 11 Pero extiende tu mano y tócalo en lo que posee: ¡seguro que te
maldecirá en la cara!". 12 El Señor dijo al Adversario: "Está bien.
Todo lo que le pertenece está en tu poder, pero no pongas tu mano sobre
él". Y el Adversario se alejó de la presencia del Señor. Job privado de sus bienes y de sus hijos 13 El día en que sus hijos e hijas estaban comiendo
y bebiendo en la casa del hermano mayor, 14 llegó un mensajero y dijo a Job:
"Los bueyes estaban arando y las asnas pastaban cerca de ellos, 15
cuando de pronto irrumpieron los sabeos y se los llevaron, pasando a los
servidores al filo de la espada. Yo solo pude escapar para traerte la
noticia". 16 Todavía estaba hablando, cuando llegó otro y le dijo:
"Cayó del cielo fuego de Dios, e hizo arder a las ovejas y a los
servidores hasta consumirlos. Yo solo pude escapar para traerte la
noticia". 17 Todavía estaba hablando, cuando llegó otro y le dijo:
"Los caldeos, divididos en tres grupos, se lanzaron sobre los camellos y
se los llevaron, pasando a los servidores al filo de la espada. Yo solo pude
escapar para traerte la noticia". 18 Todavía estaba hablando, cuando
llegó otro y le dijo: "Tus hijos y tus hijas comían y bebían en la casa
de su hermano mayor, 19 y de pronto sopló un fuerte viento del lado del
desierto, que sacudió los cuatro ángulos de la casa. Esta se desplomó sobre
los jóvenes, y ellos murieron. Yo solo pude escapar para traerte la noticia. 20 Entonces Job se levantó y rasgó su manto; se rapó
la cabeza, se postró con el rostro en tierra 21 y exclamó: "Desnudo salí del vientre de mi madre,
y desnudo volveré allí. El Señor me lo dio y el Señor me lo quitó:
¡bendito sea el nombre del Señor!". 22 En todo esto, Job no pecó ni dijo nada indigno
contra Dios. La culminación de la prueba 2 1 El día
en que los hijos de Dios fueron a presentarse delante del Señor, también fue
el Adversario en medio de ellos, para presentarse delante del Señor. 2 El
Señor le dijo: "¿De dónde vienes?". El Adversario respondió al
Señor: "De rondar por la tierra, yendo de aquí para allá". 3
Entonces el Señor le dijo: "¿Te has fijado en mi servidor Job? No hay
nadie como él sobre la tierra: es un hombre íntegro y recto, temeroso de Dios
y alejado del mal. Él todavía se mantiene firme en su integridad, y en vano
me has instigado contra él para perderlo". 4 El Adversario respondió al
Señor: "¡Piel por piel! Un hombre da todo lo que tiene a cambio de su
vida. 5 Pero extiende tu mano contra él y tócalo en sus huesos y en su carne:
¡seguro que te maldecirá en la cara!". 6 El Señor respondió al
Adversario: "Está bien. Ahí lo tienes en tu poder, pero respétale la
vida". 7 El Adversario se alejó de la presencia del Señor,
e hirió a Job con una úlcera maligna, desde la planta de los pies hasta la
cabeza. 8 Job tomó entonces un pedazo de teja para rascarse, y permaneció
sentado en medio de la ceniza. 9 Su mujer le dijo: "¿Todavía vas a
mantenerte firme en tu integridad? Maldice a Dios y muere de una vez".
10 Pero él le respondió: "Hablas como una mujer insensata. Si aceptamos
de Dios lo bueno, ¿no aceptaremos también lo malo?". En todo esto, Job
no pecó con sus labios. Los amigos de Job 11 Tres amigos de Job se enteraron de todos los
males que le habían sobrevenido, y llegaron cada uno de su país. Eran Elifaz
de Temán, Bildad de Súaj y Sofar de Naamá, los cuales se pusieron de acuerdo
para ir a expresarle sus condolencias y consolarlo. 12 Al divisarlo de lejos,
no lo reconocieron. Entonces se pusieron a llorar a gritos, rasgaron sus
mantos y arrojaron polvo sobre sus cabezas. 13 Después permanecieron sentados
en el suelo junto a él, siete días y siete noches, sin decir una sola
palabra, porque veían que su dolor era muy grande. DIÁLOGO ENTRE JOB Y SUS AMIGOS Después de un tenso y
largo mutismo, Job estalla en una amarga lamentación. Su rebeldía es el
clamor que brota de lo más íntimo, cuando un hombre se ve enfrentado con el
enigma del sufrimiento. Más que todos los padecimientos físicos lo exaspera
el inexplicable silencio de Dios. De ahí su constante apelación a un juicio o
pleito con ese Dios que parece tratarlo con la saña de un enemigo. Con tal de
llegar a esta confrontación personal con Dios, en la que está seguro de
probar su inocencia, Job se declara dispuesto a arriesgar "el todo por el todo" y a poner en
peligro su vida (13. 14). A este grito de dolor,
los amigos de Job responden con una fría exposición doctrinal. Los tres se
aferran a la antigua doctrina sobre la razón del sufrimiento: Dios hace
prosperar al justo y hunde a los impíos en la ruina. Si Job sufre, algún mal
tiene que haber cometido. De nada vale que él se declare inocente. ¡Que
reconozca humildemente su pecado, y el Señor no tardará en mostrarle su
favor! El debate de Job con
sus amigos se desarrolla en tres
ciclos de discursos, encuadrados entre dos monólogos del
protagonista del drama. Los amigos hablan por turno y Job le responde a cada
uno. Los interlocutores repiten incesantemente las mismas ideas, endureciendo
cada vez más su posición. A pesar de todos los reproches que se le dirigen,
Job insiste en afirmar su inocencia. Ninguno de los tres amigos, por su
parte, parece haber experimentado el sufrimiento ni comprender que para
consolar a un hombre afligido hace falta algo más que recordarle una teoría. primer ciclo de discursos Monólogo inicial: la protesta de Job 3 1
Después de esto, Job rompió el silencio y maldijo el día de su nacimiento. 2
Tomó la palabra y exclamó: 3 ¡Desaparezca el día en
que nací y la noche que dijo: "Ha sido engendrado un varón"! 4 ¡Que aquel día se
convierta en tinieblas! Que Dios se despreocupe de
él desde lo altoy no brille sobre él ni un rayo de luz. 5 Que lo reclamen para sí
las tinieblas y las sombras, que un nubarrón se cierna sobre él y lo
aterrorice un eclipse de sol. 6 ¡Sí, que una densa
oscuridad se apodere de él y no se lo añada a los días del año ni se lo
incluya en el cómputo de los meses! 7 ¡Que aquella noche sea
estéril y no entre en ella ningún grito de alegría! 8 Que la maldigan los que
maldicen los días, los expertos en excitar a Leviatán. 9 Que se oscurezcan las
estrellas de su aurora; que espere en vano la luz y no vea los destellos del
alba. 10 Porque no me cerró las
puertas del seno materno ni ocultó a mis ojos tanta miseria. 11 ¿Por qué no me morí al
nacer? ¿Por qué no expiré al salir del vientre materno? 12 ¿Por qué me recibieron
dos rodillas y dos pechos me dieron de mamar? 13 Ahora yacería
tranquilo, estaría dormido y así descansaría, 14 junto con los reyes y
consejeros de la tierra que se hicieron construir mausoleos, 15 o con los príncipes
que poseían oro y llenaron de plata sus moradas. 16 O no existiría, como
un aborto enterrado, como los niños que nunca vieron la luz. 17 Allí, los malvados
dejan de agitarse, allí descansan los que están extenuados. 18 También los
prisioneros están en paz, no tienen que oír los gritos del carcelero. 19 Pequeños y grandes son
allí una misma cosa, y el esclavo está liberado de su dueño. 20 ¿Para qué dar la luz a
un desdichado y la vida a los que están llenos de amargura, 23 al hombre que se le
cierra el camino y al que Dios cerca por todas partes? 24 Los gemidos se han
convertido en mi pan y mis lamentos se derraman como agua. 25 Porque me sucedió lo
que más temía y me sobrevino algo terrible. 26 ¡No tengo calma, ni
tranquilidad, ni sosiego, sólo una constante agitación! Primer discurso de Elifaz: la felicidad de los
justos 4 1 Entonces
Elifaz de Temán tomó la palabra y dijo: 2 ¿Se atrevería alguien a
hablarte, estando tú tan deprimido? Pero ¿quién puede contener sus palabras? 3 Tú has aleccionado a
mucha gente y has fortalecido las manos debilitadas; 4 tus palabras sostuvieron
al que tropezaba y has robustecido las rodillas vacilantes. 5 Pero ahora te llega el
turno, y te deprimes, te ha tocado a ti, y estás desconcertado. 6 ¿Acaso tu piedad no te
infunde confianza y tu vida íntegra no te da esperanza? 7 Recuerda esto: ¿quién
pereció siendo inocente o dónde fueron exterminados los hombres rectos? 8 Por lo que he visto,
los que cultivan la maldad y siembran la miseria, cosechan eso mismo: 9 ellos perecen bajo el
aliento de Dios, desaparecen al soplo de su ira. 10 Los leones cesan de
rugir y bramar y los dientes de sus cachorros son quebrados; 11 el león perece por
falta de presa y las crías de la leona se dispersan. 12 Una palabra me llegó
furtivamente, su leve susurro cautivó mis oídos. 13 Entre las pesadillas
de las visiones nocturnas, cuando un profundo sopor invade a los hombres, 14 me sobrevino un temor,
un escalofrío, que estremeció todos mis huesos: 15 una ráfaga de viento
pasa sobre mi rostro, eriza los pelos de mi cuerpo; 16 alguien está de pie,
pero no reconozco su semblante, es sólo una forma delante de mis ojos; hay un
silencio, y luego oigo una voz: 17 ¿Puede un mortal ser
justo ante Dios? ¿Es puro un hombre ante su Creador? 18 Si él no se fía de sus
propios servidores y hasta en sus ángeles encuentra errores, 19 ¡cuánto más en los que
habitan en casas de arcilla, y tienen sus cimientos en el polvo! Ellos son aplastados como
una polilla, 20 de la noche a la
mañana quedan pulverizados: sin que nadie se preocupe, perecen para siempre. 21 ¿No se les arranca la
estaca de su carpa, y mueren por falta de sabiduría? 5 1
¡Clama, a ver si alguien te responde! ¿A cuál de los santos te volverás? 2 Porque la exasperación
mata al insensato y la pasión hace morir al necio. 3 Yo he visto al
insensato echar raíces, pero al instante maldije su morada. 4 Sus hijos estarán lejos
de toda ayuda, aplastados en 5 Lo que ellos cosechen
se lo comerá el hambriento, y el sediento suspirará por sus riquezas. 6 No, el mal no sale del sueloni
la miseria brota de la tierra: 7 es el hombre el que
engendra la miseria, como las águilas levantan vuelo hacia lo alto. 8 Yo, por mi parte,
buscaría a Dios, a él le expondría mi causa. 9 Él realiza obras
grandes e inescrutables, maravillas que no se pueden enumerar. 10 Derrama la lluvia
sobre la tierra y hace correr el agua por los campos. 11 Pone a los humildes en
las alturas y los afligidos alcanzan la salvación. 12 Hace fracasar los
proyectos de los astutos para que no prospere el trabajo de sus manos. 13 Sorprende a los sabios
en su propia astucia y el plan de los malvados se deshace rápidamente. 14 En pleno día, chocan
contra las tinieblas, y andan a tientas al mediodía, como si fuera de noche. 15 Él salva al huérfano
de la espada, y al indigente, de la mano del poderoso. 16 Así, el débil recupera
la esperanza y los malvados cierran la boca. 17 ¡Feliz el hombre a
quien Dios reprende y que no desdeña la lección del Todopoderoso! 18 Porque él hiere, pero
venda la herida; golpea, pero sana con sus manos. 19 Seis veces te librará
de la angustia, y la séptima, el mal no te alcanzará. 20 En tiempo de hambre,
te librará de la muerte, y en la guerra, del filo de la espada. 21 Estarás protegido
contra el azote de las malas lenguas y no temerás cuando llegue la
devastación. 22 Te reirás de la
devastación y del hambre y no temerás a las fieras de la tierra. 23 Sí, tendrás una
alianza con las piedras del campo y las fieras estarán en paz contigo. 24 Sabrás que en tu carpa
hay prosperidad, y cuando revises tu morada, nada faltará. 25 Verás que se
multiplica tu descendencia y que tus retoños son como la hierba de la tierra.
26 Llegarás a la tumba
lleno de vigor como se levanta una parva a su debido tiempo. 27 Esto es lo que hemos
comprobado, y es así: escúchalo bien, y saca provecho. Respuesta de Job: la miseria del hombre sobre la
tierra 6 1 Job
respondió, diciendo: 2 ¡Ah, si pudiera pesarse
mi dolor y se pusiera en la balanza toda mi desgracia! 3 Ahora pesarían más que la
arena del mar, ¡por eso digo tantos desatinos! 4 Las flechas del
Todopoderoso están clavadas en mí y mi espíritu absorbe su veneno; los
terrores de Dios están enfilados contra mí. 5 ¿Rebuzna el asno
salvaje sobre la hierba verde o muge el toro junto a su forraje? 6 ¿Se come sin sal un
alimento insípido o tiene sabor la clara de huevo? 7 Lo que yo me resistía
incluso a tocar es mi alimento en la enfermedad. 8 ¡Si al menos se
cumpliera mi pedido y Dios me concediera lo que espero! 9 ¡Si Dios se decidiera a
aplastarme, si soltara su mano y me partiera en dos! 10 Entonces tendría de
qué consolarme y saltaría de gozo en mi implacable tormento, por no haber
renegado de las palabras del Santo. 11 ¿Qué fuerza tengo para
poder esperar? ¿Cuál es mi fin para soportar con paciencia? 12 ¿Tengo acaso la
resistencia de las piedras o es de bronce mi carne? 13 No, no encuentro
ninguna ayuda dentro de mí mismo y se me han agotado los recursos. 14 Bien merece la lealtad
de su amigo el hombre deshecho que ha perdido el temor a Dios. 15 Pero mis hermanos me
han traicionado como un torrente, como el cauce de los torrentes pasajeros, 16 que corren turbios
durante el deshielo, arrastrando la nieve derretida. 17 Al llegar el verano,
se evaporan; con el calor, se extinguen en su propio lecho. 18 Las caravanas desvían
su trayecto, se internan en el desierto y perecen. 19 Las caravanas de Temá
vuelven los ojos hacia ellos, los viajantes de Sabá esperan encontrarlos. 20 Pero se avergüenzan de
haber esperado, llegan hasta allí, y quedan defraudados. 21 Así son ahora ustedes
para mí: ven algo horrible, y se llenan de espanto. 22 Yo nunca les dije:
"Denme algo, regálenme una parte de sus bienes; 23 líbrenme del poder del
enemigo, rescátenme de las manos de los violentos". 24 Instrúyanme, y yo me
callaré; háganme entender dónde está mi error. 25 ¿Acaso son hirientes
las palabras rectas? Pero ¿qué se arregla con los reproches de ustedes? 26 ¿O pretenden
arreglarlo todo con reproches, mientras echan al viento las palabras de un
desesperado? 27 ¡Ustedes echarían
suertes sobre un huérfano y traficarían con su propio amigo! 28 ¡Decídanse de una vez,
vuélvanse hacia mí! ¿Acaso les voy a mentir en la cara? 29 Vuelvan, les ruego, y
que no haya falsedad; vuelvan, está en juego mi justicia. 30 ¿Acaso hay falsedad en
mi lengua o mi paladar no sabe discernir la desgracia? 7 1 ¿No es
una servidumbre la vida del hombre sobre la tierra? ¿No son sus jornadas las
de un asalariado? 2 Como un esclavo que suspira
por la sombra, como un asalariado que espera su jornal, 3 así me han tocado en
herencia meses vacíos, me han sido asignadas noches de dolor. 4 Al acostarme, pienso:
"¿Cuándo me levantaré?". Pero la noche se hace muy
larga y soy presa de la inquietud hasta la aurora. 5 Gusanos y costras
polvorientas cubren mi carne, mi piel se agrieta y supura. 6 Mis días corrieron más
veloces que una lanzadera: al terminarse el hilo, llegaron a su fin. 7 Recuerda que mi vida es
un soplo y que mis ojos no verán más la felicidad. 8 El ojo que ahora me
mira, ya no me verá; me buscará tu mirada, pero ya no existiré. 9 Una nube se disipa y
desaparece: así el que baja al Abismo no sube más. 10 No regresa otra vez a
su casa ni el lugar donde estaba lo vuelve a ver. 11 Por eso, no voy a
refrenar mi lengua: hablaré con toda la angustia de mi espíritu, me quejaré
con amargura en el alma. 12 ¿Acaso yo soy el Mar o
el Dragón marino para que dispongas una guardia contra mí? 13 Cuando pienso:
"Mi lecho me consolará, mi cama compartirá mis quejidos", 14 entonces tú me
horrorizas con sueños y me sobresaltas con visiones. 15 ¡Más me valdría ser
estrangulado, prefiero la muerte a estos huesos despreciables! 16 Yo no viviré
eternamente: déjame solo, porque mis días son un soplo. 17 ¿Qué es el hombre para
que lo tengas tan en cuenta y fijes en él tu atención, 18 visitándolo cada
mañana y examinándolo a cada instante? 19 ¿Cuándo dejarás de
mirarme? ¿No me darás tregua ni para tragar saliva? 20 Si pequé, ¿qué daño te
hice, a ti, guardián de los hombres? ¿Por qué me has tomado
como blanco y me he convertido en una carga para ti? 21 ¿Por qué no perdonas
mis ofensas y pasas por alto mis culpas? ¡Mira que muy pronto me
acostaré en el polvo, me buscarás, y ya no existiré! Primer discurso de Bildad: la triste suerte de los
impíos 8 1 Bildad
de Súaj replicó, diciendo: 2 ¿Hasta cuándo hablarás
de esta manera y tus palabras serán un viento impetuoso? 3 ¿Acaso Dios distorsiona
el derecho y el Todopoderoso tergiversa la justicia? 4 Si tus hijos pecaron
contra él, él los dejó librados a sus propios delitos. 5 En cambio, si tú
recurres a Dios e imploras al Todopoderoso, 6 si te mantienes puro y
recto, seguramente, él pronto velará por ti y restablecerá tu morada de
hombre justo. 7 Tus comienzos habrán
sido poca cosa, frente a la grandeza de tu porvenir. 8 Interroga, si no, a las
generaciones pasadas, considera lo que experimentaron sus padres. 9 Nosotros somos de ayer
y no sabemos nada, nuestros días sobre la tierra son una sombra. 10 Ellos te instruirán y
te hablarán, sacarán de su corazón estas palabras: 11 ¿Brota el papiro fuera
de los pantanos? ¿Crece el junco donde no hay agua? 12 Tierno aún, y sin que
nadie lo corte, se seca más pronto que cualquier otra hierba. 13 Tal es la suerte de
los que olvidan a Dios, así perece la esperanza del impío. 14 Su confianza es apenas
un hilo, su seguridad, una tela de araña. 15 Se apoya sobre su
casa, y ella no resiste, se aferra a ella, y no queda en pie. 16 Ahí está lleno de
savia ante los rayos del sol, sus retoños se extienden sobre su jardín; 17 sus raíces se
entrelazan en el pedregal, se prenden al terreno rocoso. 18 Pero apenas lo
arrancan de su sitio, este reniega de él, diciendo: "Nunca te vi". 19 ¡Esa es la buena
suerte que le toca, mientras otro brota del polvo! 20 No, Dios no desdeña al
hombre íntegro, ni toma de la mano a los malvados. 21 Él llenará otra vez tu
boca de risas y tus labios de aclamaciones jubilosas. 22 Los que te odian se
cubrirán de vergüenza, y la carpa de los malvados no existirá más. Respuesta de Job al discurso de Bildad:la fuerza
irresistible de Dios 9 1 Job
respondió, diciendo: 2 Sí, yo sé muy bien que
es así: ¿cómo un mortal podría tener razón contra Dios? 3 Si alguien quisiera
disputar con él, no podría responderle ni una vez entre mil. 4 Su corazón es sabio, su
fuerza invencible: ¿quién le hizo frente y se puso a salvo? 5 Él arranca las montañas
sin que ellas lo sepan y las da vuelta con su furor. 6 Él remueve la tierra de
su sitio y se estremecen sus columnas. 7 Él manda al sol que
deje de brillar y pone un sello sobre las estrellas. 8 Él solo extiende los
cielos y camina sobre las crestas del mar. 9 Él crea 10 Él hace cosas grandes
e inescrutables, maravillas que no se pueden enumerar. 11 Él pasa junto a mí, y
yo no lo veo; sigue de largo, y no lo percibo. 12 Si arrebata una presa,
¿quién se lo impedirá o quién le preguntará qué es lo que hace? 13 Dios no reprime su
furor:los secuaces de Rahab yacen postrados a sus pies. 14 ¡Cuánto menos podría
replicarle yo y aducir mis argumentos frente a él! 15 Aún teniendo razón, no
podría responder y debería implorar al que me acusa. 16 Aunque lo llamara y él
me respondiera, no creo que llegue a escucharme. 17 Él me aplasta por una
insignificancia y multiplica mis heridas sin razón. 18 No me da tregua ni
para tomar aliento, sino que me sacia de amarguras. 19 Si es cuestión de
fuerza, él es el más fuerte; si de justicia, ¿quién podría emplazarlo? 20 Si tengo razón, por mi
propia boca me condena; si soy íntegro, me declara perverso. 21 ¡Yo soy un hombre
íntegro: nada me importa de mí mismo y siento desprecio por mi vida! 22 ¡Todo es igual! Por
eso digo: "Él extermina al íntegro y al malvado". 23 Si un azote siembra la
muerte de improviso, se ríe de la desesperación de los inocentes. 24 Si un país cae en
manos de un malvado, pone un velo sobre el rostro de los jueces: si no es él,
¿quién otro puede ser? 25 Mis días pasan más
rápido que un corredor, huyen sin ver la felicidad. 26 Se deslizan como
barcas de junco, como un águila que se lanza sobre su presa. 27 Si pienso: "Voy a
olvidarme de mis quejas, voy a poner buena cara y sonreír", 28 me asalta el terror
por todos mis pesares, sabiendo que tú no me absuelves. 29 Seré juzgado culpable,
¿para qué entonces fatigarme en vano? 30 Aunque me lavara con
nieve y purificara mis manos con potasa, 31 tú me hundirías en el fango
y hasta mi ropa sentiría abominación por mí. 32 ¡No, él no es un
hombre como yo, para responderle y comparecer juntos en un juicio! 33 ¡Si hubiera al menos
un árbitro entre nosotros, que pusiera su mano sobre los dos, 34 para que Dios aparte
su vara de mí y no me atemorice su terror! 35 Entonces le hablaría
sin temor, porque estoy convencido de que no soy así. 10 2 Diré a Dios: "No
me condenes, dame a conocer por qué me recriminas". 3 ¿Es un placer para ti
oprimir, despreciar la obra de tus manos y favorecer el designio de los
malvados? 4 ¿Acaso tienes ojos de
carne? ¿Ves tú las cosas como las ven los hombres? 5 ¿Son tus días como los
de un mortal y tus años como los días de un hombre, 6 para que estés al
acecho de mi culpa y vayas en busca de mi pecado, 7 aún sabiendo que no soy
culpable y que nadie puede librar de tu mano? 8 Tus manos me modelaron
y me hicieron, y luego, cambiando de parecer, me destruyes. 9 Acuérdate que me
hiciste de la arcilla y que me harás retornar al polvo. 10 ¿Acaso no me
derramaste como leche y me cuajaste como el queso? 11 Me revestiste de piel
y de carne y me tejiste con huesos y tendones. 12 Me diste la vida y me
trataste con amor, y tu solicitud preservó mi aliento. 13 ¡Pero tú ocultabas
algo en tu corazón, ahora comprendo lo que tenías pensado! 14 Si yo peco, tú me
vigilas y no me absuelves de mi culpa. 15 Si soy culpable, ¡ay
de mí! Si soy inocente, tampoco
puedo alzar cabeza, saturado de ignominia, embriagado de aflicción. 16 Si me levanto, tú me
cazas como un león y redoblas contra mí tu asombroso poder. 17 Suscitas contra mí
nuevos testigos, acrecientas tu furor contra mí y me atacas con tropas de
relevo. 18 ¿Por qué me sacaste
del seno materno? Yo habría expirado sin que nadie me viera, 19 sería como si nunca
hubiera existido, me habrían llevado del vientre a la tumba. 20 ¡Duran tan poco los
días de mi vida! ¡Apártate de mí! Así podré sonreír un poco, 21 antes que me vaya,
para no volver, a la región de las tinieblas y las sombras, Primer discurso de Sofar: la sumisión al juicio de
Dios 11 1 Sofar
de Naamá respondió, diciendo: 2 ¿No habrá una respuesta
para tanto palabrerío? ¿Tendrá siempre razón el que habla demasiado? 3 ¿Tu locuacidad hará
callar a los demás y te burlarás sin que nadie te confunda? 4 Tú has dicho: "Mi
doctrina es pura y estoy limpio ante tus ojos". 5 En cambio, si Dios
hablara y abriera sus labios contra ti; 6 si te revelara los
secretos de la sabiduría, tan sutiles para el entendimiento, sabrías que Dios
aún olvida una parte de tu culpa. 7 ¿Puedes tú escrutar las
profundidades de Dios o vislumbrar la perfección del Todopoderoso? 8 Ella es más alta que el
cielo: ¿qué puedes hacer tú? Es mas honda que el Abismo: ¿qué puedes
entender? 9 Por su extensión, es
más larga que la tierra y más ancha que el mar. 10 Si Dios pasa y aprisiona,
y si convoca a juicio, ¿quién se lo impedirá? 11 Él conoce a los
hombres falsos, ve la maldad ¿y no la sabrá discernir? 12 Pero un necio asentará
cabeza cuando se domestique un asno salvaje de la estepa. 13 En cuanto a ti, si
enderezas tu corazón y extiendes tus manos hacia Dios, 14 si alejas la maldad
que hay en tus manos y no dejas que la injusticia habite en tu carpa, 15 entonces sí erguirás
tu frente inmaculada, estarás firme y nada temerás. 16 Así te olvidarás de
las penas, las recordarás como una correntada pasajera. 17 La vida se alzará más
radiante que el mediodía, la oscuridad será como una alborada. 18 Estarás seguro, porque
habrá una esperanza; observarás a tu alrededor, y te acostarás tranquilo. 19 Descansarás sin que
nadie te perturbe y muchos tratarán de ganarse tu favor. 20 Pero los ojos de los
malvados se consumen, les falta todo refugio y el último suspiro será su
única esperanza. Respuesta de Job: los designios desconcertantes de
Dios 12 1 Job
respondió, diciendo: 2 ¡Realmente, ustedes son
la voz del pueblo y junto con ustedes morirá la sabiduría! 3 Pero yo también, como
ustedes, soy capaz de entender, no estoy en nada por debajo de ustedes; ¿o
acaso hay alguien que ignore estas cosas? 4 El que invoca a Dios
para que él le responda, ha llegado a ser la irrisión de sus amigos: ¡el
justo, el perfecto, es un motivo de irrisión! 5 "¡A la desgracia,
el desprecio –así opina la gente feliz– un golpe más para el que se
tambalea!". 6 Las carpas de los
salteadores están en paz; hay seguridad para los que provocan a Dios, para el
que tiene a Dios en un puño. 7 Pero interroga a las
bestias, y te instruirán, a los pájaros del cielo, y te informarán, 9 ¿Quién no sabe, entre
todos ellos, que todo esto lo hizo la mano del Señor? 10 Él tiene en su mano la
vida de todo viviente y el espíritu de todo ser humano. 11 ¿Acaso el oído no
discierne las palabras como el paladar gusta los alimentos? 12 En los cabellos
blancos está la sabiduría y en la edad avanzada, la inteligencia. 13 Pero con Dios están la
sabiduría y el poder, a él pertenecen el consejo y la inteligencia. 14 Si él destruye, nadie
reconstruye; si aprisiona, nadie puede abrir. 15 Si él retiene las
aguas, hay sequía; si las suelta, inundan la tierra. 16 Con él están la fuerza
y la prudencia, a él pertenecen el que yerra y el que hace errar. 17 Él hace andar
descalzos a los consejeros y priva a los jueces de su sano juicio. 18 Desata los cinturones
de los reyes y les ata una cuerda a la cintura. 19 Hace andar descalzos a
los sacerdotes y derriba a los que están firmemente establecidos. 20 Deja sin habla a los
más seguros y priva de la razón a los ancianos. 21 Cubre de desprecio a
los nobles y afloja el cinturón de los tiranos. 22 Despoja los abismos de
sus tinieblas e ilumina las cosas oscuras. 23 Exalta a las naciones
y las hace desaparecer, expande a los pueblos y los suprime. 24 Priva de inteligencia
a los jefes de la tierra y los hace vagar por un desierto sin caminos: 25 así andan a tientas en
la oscuridad, sin luz, y se tambalean como ebrios. 13 1 Sí, todo esto lo
vi con mis propios ojos, lo escuché con mis oídos y lo entendí. 2 Lo que ustedes saben,
lo sé yo también: no estoy por debajo de ustedes. 3 Pero yo quiero hablarle
al Todopoderoso, mi deseo es discutir con Dios. 4 ¡Ustedes lo encubren
todo con sus mentiras, médicos inútiles son todos ustedes! 5 ¡Si se callaran de una
vez, darían una prueba de sabiduría! 6 Escuchen, entonces, mi
defensa; presten atención a mi querella. 7 ¿Es por Dios que
ustedes hablan falsamente y para favorecerlo apelan al engaño? 8 ¿Se muestran parciales
en atención a él y pretenden ser los abogados de Dios? 9 ¿Eso los beneficiará cuando
él los examine? ¿Jugarán con él como se juega con un hombre? 10 No, él será el primero
en acusarlos si toman partido solapadamente. 11 ¿Acaso no los
espantará su majestad, y su terror no se abatirá sobre ustedes? 12 Las que ustedes alegan
son sentencias de ceniza, sus respuestas son de barro. 13 Dejen de hablarme, soy
yo el que hablaré, ¡no importa lo que me pueda pasar! 14 Arriesgaré el todo por
el todo y pondré en peligro mi vida. 15 ¡Que él me mate! Ya no
tengo esperanza, sólo quiero defender mi conducta ante él. 16 Y esto mismo será un
triunfo para mí, porque ningún impío puede comparecer ante él. 17 Oigan, oigan bien mis
palabras, que mis declaraciones lleguen a sus oídos. 18 Estoy preparado para
el juicio, yo sé que la razón estará de mi parte. 19 ¿Hay alguien que me
pueda incriminar? Entonces aceptaría quedarme callado y expirar. Requisitoria de Job al Señor 20 Concédeme dos cosas
solamente, y así no me ocultaré de tu presencia: 21 aparta de mí la palma
de tu mano y que tu terror no me atemorice. 22 Luego llámame, y yo te
responderé, o hablaré yo, y tú me responderás. 23 ¿Cuántas son mis
culpas y mis pecados? Dame a conocer mi rebeldía y mi pecado. 24 ¿Por qué ocultas tu
rostro y me consideras tu enemigo? 25 ¿Quieres atemorizar a
una hoja llevada por el viento? ¿Vas a perseguir a una paja reseca? 26 ¡Tú que dictas contra
mí sentencias amargas y me imputas las culpas de mi juventud, 27 tú que pones mis pies
en el cepo, tú que vigilas todos mis senderos y cercas las plantas de mis pies!
28 Así este hombre se
deshace como madera carcomida, como ropa devorada por la polilla. 14 1 El hombre, nacido
de mujer, tiene una vida breve y cargada de tormentos: 2 como una flor, brota y
se marchita; huye sin detenerse, como una sombra. 3 ¡Y sobre alguien así tú
abres los ojos, lo enfrentas contigo en un juicio! 4 Pero ¿quién sacará lo
puro de lo impuro? Nadie, ciertamente. 5 Ya que sus días están
determinados y tú conoces el número de sus meses, ya que le has puesto un
límite infranqueable, 6 ¡aparta de él tu mirada y déjalo solo, para que
disfrute de su jornada como un asalariado! 7 Para el árbol hay una
esperanza: si es cortado, aún puede reverdecer y no dejará de tener retoños. 8 Aunque su raíz haya
envejecido en el suelo y su tronco esté muerto en el polvo, 9 apenas siente el agua,
produce nuevos brotes y echa ramas, como una planta joven. 10 Pero el hombre, cuando
muere, queda inerte; el mortal que expira, ¿dónde está? 14a si un hombre muere,
¿podrá revivir? 11 El agua del mar se
evapora, un río se agota y se seca: 12 así el hombre se
acuesta y no se levanta; desaparecerán los cielos, antes que él se despierte,
antes que se alce de su sueño. 13 ¡Ah, si tú me
ocultaras en el Abismo, si me escondieras hasta que pase tu enojo y me
fijaras un plazo para acordarte de mí! 14 – Un hombre, una vez
muerto, ¿podrá revivir?–. Entonces yo esperaría,
todos los días de mi servicio, hasta que llegue mi relevo: 15 tú llamarías, y yo te
respondería, ansiarías ver la obra de tus manos. 16 Porque entonces no
contarías mis pasos ni observarías mi pecado; 18 Pero la montaña cae y
se desmorona, la roca es removida de su sitio; 19 las aguas desgastan
las piedras, al polvo de la tierra se lo lleva el aguacero: ¡así tú destruyes
la esperanza del mortal! 20 Lo abates para
siempre, y él se va, desfiguras su rostro y lo despides. 21 Se honra a sus hijos,
pero él no lo sabe; si son envilecidos, él no se da cuenta. 22 ¡Sólo en carne propia
siente el sufrimiento, sólo por sí mismo está de duelo! segundo ciclo de discursos Segundo discurso de Elifaz: nadie es justo ante Dios 15 1
Elifaz de Temán replicó, diciendo: 2 ¿Acaso un sabio da
respuestas en el aire y llena de viento su interior? 3 ¿Arguye con palabras
inútiles y con discursos que no sirven de nada? 4 ¡Más aún, tú destruyes
la piedad, y anulas la reflexión delante de Dios! 5 Porque es tu culpa la
que inspira tus palabras y eliges el lenguaje de la gente astuta. 6 Tu misma boca te
condena, no yo; tus propios labios atestiguan contra ti. 7 ¿Eres tú el primer
hombre que nació? ¿Fuiste dado a luz antes que las colinas? 8 ¿Has tenido acceso al
consejo divino y has acaparado la sabiduría? 9 ¿Qué sabes tú que
nosotros no sepamos? ¿Qué entiendes tú más que nosotros? 10 Aquí también hay
ancianos de cabellos blancos, gente de más edad que tu mismo padre. 11 ¿No te basta el
consuelo que Dios te da y una palabra pronunciada con dulzura? 12 ¿Por qué te dejas
arrastrar por tus impulsos? ¿Qué significan esos ojos huraños, 13 cuando vuelves tu saña
contra Dios y lanzas denuestos por la boca? 14 ¿Qué es el hombre para
que sea puro y el nacido de mujer para que sea justo? 15 Si Dios no se fía ni
siquiera de sus santos y el cielo no es puro a sus ojos, 16 ¡cuánto menos ese ser
abominable y corrompido, el hombre, que bebe como agua la iniquidad! 17 Yo te lo voy a
explicar, escúchame; déjame contarte algo que vi. 18 Es lo que refieren los
sabios, lo que no les ocultaron sus padres: 20 El malvado se
atormenta todos los días de su vida, muy pocos años están reservados al
hombre cruel; 21 voces horribles
resuenan en sus oídos, en plena paz, lo asalta el devastador. 22 Él no espera evadirse
de las tinieblas y está destinado a la espada. 23 Anda errante como
pasto de los buitres y sabe que su ruina es segura. El día tenebroso 24 lo
aterra, la angustia y la opresión lo acometen, como un rey preparado para el
ataque. 25 Porque extendía su
mano contra Dios y se envalentonaba contra el Todopoderoso; 26 arremetía contra él
con el cuello tendido,con todo el espesor de sus escudos blindados, 27 porque había untado su
rostro con grasa y había robustecido sus lomos. 28 Ahora habita en
ciudades destruidas, en casas donde ya nadie vive, que amenazan convertirse
en escombros. 29 Él no se enriquecerá,
no durará su fortuna, ni sus posesiones se extenderán por el país. 30 No escapará de las
tinieblas, una llama secará sus retoños, su flor será arrastrada por el
viento. 31 Que no confíe en la
mentira, porque se equivoca, y su recompensa será la decepción. 32 Su follaje se
marchitará antes de tiempo y su ramaje no mantendrá su verdor. 33 Como una vid, perderá
sus uvas todavía agrias, como un olivo dejará caer sus flores. 34 Sí, la raza del impío
es estéril, el fuego devora la carpa del hombre venal. 35 El que concibe
malicia, engendra maldad, y su vientre está grávido de mentira. Respuesta de Job: la incomprensión de los amigos y
el aparente abandono de Dios 16 1 Job
respondió, diciendo: 2 Ya escuché muchos
discursos semejantes,¡tristes consoladores son todos ustedes! 3 ¿Terminarán de una vez
las palabras en el aire? ¿Qué es lo que te incita a replicar así? 4 También yo hablaría
como ustedes, si ustedes estuvieran en mi lugar. Los ensordecería con
palabras y les haría gestos de conmiseración. 5 Los reconfortaría con
mi boca y mis labios no dejarían de moverse. 6 Pero si hablo, no se
alivia mi dolor; si me callo, tampoco se aparta de mí. 7 Porque ahora, él me ha
extenuado y desolado, todos sus terrores 8 me tienen acorralado; se levanta contra mí como
testigo, mi debilidad me acusa en mi propia cara. 9 Su ira me desgarra y me
hostiga, él rechina sus dientes contra mí. Mi adversario me
atraviesa con la mirada;
10 ellos abrieron sus fauces contra mí, me golpearon con
desprecio las mejillas, se confabularon todos contra mí. 11 Dios me entrega al
poder del injusto, me arroja en manos de los malvados. 12 Yo estaba tranquilo y
él me destrozó, me tomó por el cuello y me hizo pedazos. Me puso como blanco ante
él,
13 sus flechas vuelan a mi alrededor. Traspasa mis riñones sin
piedad y derrama por tierra mi hiel. 14 Abre en mí una brecha
tras otra, arremete contra mí como un guerrero. 15 Llevo cosido un
cilicio a mi piel, tengo hundida la frente en el polvo. 17 Sin embargo, no hay
violencia en mis manos y mi plegaria es pura. 18 ¡Tierra, no cubras mi
sangre, que no haya un lugar de descanso para mi clamor! 19 Aún ahora, mi testigo
está en el cielo y mi garante, en las alturas. 20 Mis amigos se burlan de
mí, mientras mis ojos derraman lágrimas ante Dios. 21 ¡Que él sea árbitro
entre un hombre y Dios, como entre un hombre y su prójimo! 22 Porque mis años están
contados y voy a emprender el camino sin retorno. 17 1 ¡Se me ha agotado
el aliento, se han extinguido mis días, sólo me queda el sepulcro! 2 ¿No soy acaso el blanco
de las burlas y no me desvelan sus provocaciones? 3 Deposita junto a ti una
fianza a mi favor: si no, ¿quién estrechará mi mano? 4 Tú cerraste su corazón
al discernimiento; por eso, no los dejarás triunfar. 5 ¡Se anuncia el reparto
a los amigos, mientras los ojos de los hijos desfallecen! 6 Me has convertido en
burla de la gente, soy como alguien a quien se escupe en la cara. 7 Mis ojos se debilitan
por la tristeza y todos mis miembros son como la sombra. 8 Los hombres rectos
quedan consternados por esto, y el inocente se indigna contra el impío. 9 Pero el justo se
afianza en su camino y el de manos puras redobla su energía. 10 ¡Vengan todos ustedes,
vengan otra vez: no encontraré un solo sabio entre ustedes! 11 Han pasado mis días,
se han deshecho mis planes y las aspiraciones de mi corazón. 12 Ellos cambian la noche
en día: "La luz, dicen, está cerca de las tinieblas". 13 ¿Qué puedo esperar? El
Abismo es mi morada, en las tinieblas extendí mi lecho. 14 Yo grito a 15 ¿Dónde está entonces
mi esperanza? Y mi felicidad, ¿quién la verá? 16 ¿Bajarán conmigo al
Abismo? ¿Nos hundiremos juntos en el polvo? Segundo discurso de Bildad: el castigo inexorable de
los malvados 18 1
Bildad de Súaj respondió, diciendo: 2 ¿Hasta cuándo nos
impedirás hablar? Reflexiona, y luego hablaremos. 3 ¿Por qué seremos
tenidos por animales y pasaremos por torpes ante tus ojos? 4 Tú, que te desgarras en
tu enojo: ¿acaso la tierra quedará desierta por tu causa o la roca será
removida de su sitio? 5 Sí, la luz del malvado
se extingue y la llama de su fuego no brilla más. 6 La luz se oscurece en
su carpa y su lámpara se apaga sobre él. 7 Se acortan sus pasos
vigorosos, su propio designio lo hace tropezar. 8 Porque sus pies lo
meten en una trampa y va caminando entre redes: 9 un lazo le aprisiona el
talón y un cepo se cierra sobre él. 10 Lo espera una cuerda
oculta en el suelo y una trampa tendida sobre el camino. 11 Lo asaltan terrores
por todas partes y lo amenazan a cada paso. 12 Su vigor se convierte
en hambre y la ruina permanece a su lado; 13 la enfermedad corroe
su piel, el Primogénito de 14 Lo arrancan de la
seguridad de su carpa y lo llevan ante el Rey de los terrores. 15 El fuego se instala en
su carpa y se esparce azufre sobre su morada. 16 Por debajo se secan
sus raíces y por arriba se marchita su ramaje. 17 Su recuerdo desaparece
de la tierra y se borra su nombre en la región. 18 Lo arrojan de la luz a
las tinieblas y lo arrastran fuera del mundo. 19 No tiene estirpe ni
posteridad en su pueblo, no quedan sobrevivientes donde él habitaba. 20 El Occidente se
estremece por su destino y el Oriente es presa del horror. 21 Sí, tales son las
moradas del injusto, este es el lugar del que no conoce a Dios. Respuesta de Job: la íntima esperanza en la
reivindicación 19 1 Job
respondió, diciendo: 2 ¿Hasta cuándo me van a
afligir y me van a torturar con sus palabras? 3 Ya es la décima vez que
me ultrajan, que me maltratan desvergonzadamente. 4 Aunque fuera verdad que
cometí un error, mi error me concierne sólo a mí. 5 Ustedes se envalentonan
contra mí y me imputan mi ignominia: 6 pero sepan que es Dios
el que me agravia y que él me ha envuelto en su red. 7 Si grito:
"¡Violencia!", no tengo respuesta; si pido auxilio, no se hace
justicia. 8 Él cercó mi camino y no
puedo pasar; cubrió de tinieblas mi sendero. 9 Me ha despojado de mi
honor y quitó la corona de mi cabeza. 10 Me demolió por
completo, y ya me voy; arrancó, como un árbol, mi esperanza. 11 Encendió su
indignación contra mí y me trató como a su enemigo. 12 Sus escuadrones
llegaron en tropel, se abrieron camino hasta mí y acamparon alrededor de mi
carpa. 13 Mis hermanos se
alejaron de mí y soy un extraño para mis amigos. 14 Desaparecieron mis
allegados y familiares, me olvidaron 15 los huéspedes de mi casa. Mis servidoras me
consideran un extraño, me he convertido en un intruso para ellas. 16 Llamo a mi servidor, y
no responde, aunque se lo pida por favor. 18 Hasta los niños
pequeños me desprecian: cuando me levanto, se burlan de mí. 19 Mis amigos íntimos me
abominan, los que yo amaba se vuelven contra mí. 20 Los huesos se me pegan
a la piel y se me desprenden los dientes de las encías. 21 ¡Apiádense, apiádense
de mí, amigos míos, porque me ha herido la mano de Dios! 22 ¿Por qué ustedes me
persiguen como Dios y no terminan de saciarse con mi carne? 23 ¡Ah, si se escribieran
mis palabras y se las grabara en el bronce; 24 si con un punzón de
hierro y plomo fueran esculpidas en la roca para siempre! 25 Porque yo sé que mi
Redentor vive y que él, el último, se alzará sobre el polvo. 26 Y después que me
arranquen esta piel, yo, con mi propia carne, veré a Dios. 27 Sí, yo mismo lo veré,
lo contemplarán mis ojos, no los de un extraño. ¡Mi corazón se deshace en
mi pecho! 28 Si ustedes dicen:
"¿Cómo lo perseguiremos y qué pretexto encontraremos para
procesarlo?", 29 teman que la espada
los hiera a ustedes mismos, porque esas son culpas dignas de la espada: y
entonces sabrán que hay un juez. Segundo discurso de Sofar: la justa retribución de
la maldad 20 1 Sofar
de Naamá respondió, diciendo: 2 Mis pensamientos me
obligan a replicar, porque no puedo dominar mi excitación. 3 Tengo que oír reproches
injuriosos, pero mi inteligencia me inspira una respuesta. 4 ¿No sabes acaso que
desde siempre, desde que el hombre fue puesto sobre la tierra, 5 el júbilo de los
malvados acaba pronto y la alegría del impío dura sólo un instante? 6 Aunque su altura se eleve
hasta el cielo y llegue a tocar las nubes con la cabeza, 7 él perece para siempre,
como sus excrementos, y sus conocidos preguntan: "¿Dónde está?". 8 Huye como un sueño, y
nadie lo encuentra, desechado como una visión nocturna. 9 El ojo que lo miraba no
lo ve más, el lugar que ocupaba lo pierde de vista. 10 Sus hijos indemnizan a
los que él empobreció y sus propias manos restituyen las riquezas. 11 El vigor juvenil que
llenaba sus huesos yace con él en el polvo. 12 El mal era dulce a su
boca y él lo disimulaba bajo su lengua; 13 lo saboreaba y no lo
soltaba, lo retenía en medio de su paladar; 14 pero su comida se
corrompe en las entrañas, es un veneno de víboras dentro de él. 15 Tiene que vomitar las
riquezas que tragó, Dios se las arranca de su vientre. 16 ¡Él mamaba veneno de
serpientes y lo mata la lengua de la víbora! 17 Ya no ve más los
arroyos de aceite ni los torrentes de miel y leche cuajada. 18 Devuelve las ganancias
sin tragarlas, y no disfruta de lo que lucró con sus negocios, 19 porque oprimió y dejó
sin amparo a los pobres, y usurpó casas que no había edificado. 20 Su voracidad no
conocía descanso y nada escapaba a sus deseos; 21 nadie se libraba de su
avidez, por eso no dura su prosperidad. 22 En el colmo de la
abundancia, lo asalta la angustia, le sobrevienen toda clase de desgracias. 23 Mientras él llena su
vientre, Dios descarga el ardor de su ira y hace llover el fuego de su enojo
sobre él. 24 Si escapa del arma de
hierro, lo traspasa el arco de bronce: 25 la flecha le sale por
la espalda, y la punta fulgurante por el hígado. Lo invaden los terrores,
26 todas las tinieblas están reservadas para él, lo consume un fuego que
nadie atiza y que devora lo que aún queda de su carpa. 27 Los cielos revelan su
iniquidad y la tierra se levanta contra él. 28 Un diluvio se lleva su
casa, una correntada, en el día de la ira. 29 Esta es la porción que
Dios asigna al malvado, la herencia que le tiene destinada. Respuesta de Job: ¿dónde está la justicia de Dios? 21 1 Job
respondió, diciendo: 2 ¡Oigan, oigan bien mis
palabras, concédanme al menos este consuelo! 3 Tengan paciencia
mientras hablo yo, y una vez que haya hablado, se podrán burlar. 4 ¿Acaso yo me quejo de
un hombre o no tengo motivo para estar indignado? 5 Vuélvanse a mí, y
quedarán consternados, se pondrán la mano sobre la boca. 6 Cuando me acuerdo, yo
mismo me horrorizo y todo mi cuerpo se estremece. 7 ¿Cómo es posible que
vivan los malvados, y que aun siendo viejos, se acreciente su fuerza? 8 Su descendencia se
afianza ante ellos, sus vástagos crecen delante de sus ojos. 9 Sus casas están en paz,
libres de temor, y no los alcanza la vara de Dios. 10 Su toro fecunda sin
fallar nunca, su vaca tiene cría sin abortar jamás. 11 Hacen correr a sus
niños como ovejas, sus hijos pequeños saltan de alegría. 12 Entonan canciones con
el tambor y la cítara y se divierten al son de la flauta. 13 Acaban felizmente sus
días y descienden en paz al Abismo. 14 Y ellos decían a Dios:
"¡Apártate de nosotros, no nos importa conocer tus caminos! 15 ¿Qué es el
Todopoderoso para que lo sirvamos y qué ganamos con suplicarle?". 16 ¿No tienen la
felicidad en sus manos? ¿No está lejos de Dios el designio de los malvados? 17 ¿Cuántas veces se
extingue su lámpara y la ruina se abate sobre ellos? ¿Cuántas veces en su ira
él les da su merecido, 18 y ellos son como paja
delante del viento, como rastrojo que se lleva el huracán? 19 ¿Reservará Dios el
castigo para sus hijos? ¡Que lo castigue a él, y que él lo sienta! 20 ¡Que sus propios ojos
vean su fracaso, que beba el furor del Todopoderoso! 21 ¿Qué le importará de
su casa después de él, cuando se haya cortado el número de sus meses? 22 Pero ¿puede enseñarse la
sabiduría a Dios, a él, que juzga a los seres más elevados? 23 Uno muere en la
plenitud de su vigor, enteramente feliz y tranquilo, 24 con sus caderas
repletas de grasa y la médula de sus huesos bien jugosa. 25 Otro muere con el alma
amargada, sin haber gustado la felicidad. 26 Después, uno y otro
yacen juntos en el polvo y los recubren los gusanos. 27 ¡Sí, yo sé lo que
ustedes piensan, los razonamientos que alegan contra mí! 28 "¿Dónde está,
dicen ustedes, la casa del potentado y la carpa en que habitaban los
malvados?". 29 Pero ¿no han
preguntado a los que pasan por el camino? ¿No han advertido, por las señales
que dan, 30 que el impío es
preservado en el día de la ruina y es puesto a salvo en el día del furor? 31 ¿Quién le echa en cara
su conducta? ¿Quién le devuelve el mal que hizo? 32 Es llevado al
cementerio, y una lápida monta guardia sobre él. 33 Son dulces para él los
terrones del valle; todo el mundo desfila detrás de él, y ante él, una
multitud innumerable. 34 ¡Que inútil es el
consuelo que me ofrecen! Sus respuestas son puras falacias. tercer ciclo de discursos Tercer discurso de Elifaz: los sufrimientos de Job,
atribuidos a sus pecados 22 1
Elifaz de Temán replicó, diciendo: 2 ¿Puede un hombre ser
útil a Dios? Incluso el más capaz, ¿le es útil en algo? 3 ¿Le importa al
Todopoderoso que tú seas justo? ¿Obtiene una ganancia si tu conducta es
perfecta? 4 ¿Es por tu piedad que
te reprueba y entabla un juicio contigo? 5 ¿No es más bien por tu
enorme maldad y porque tus faltas no tienen límite? 6 Tú exigías sin motivo
prendas a tus hermanos y despojabas de su ropa a los desnudos. 7 No dabas de beber al
extenuado y negabas el pan al hambriento. 8 "¡El país
pertenece al de brazo fuerte; el privilegiado se instala en él!". 9 Despedías a las viudas
con las manos vacías y quebrabas los brazos de los huérfanos. 10 Por eso ahora estás
rodeado de lazos y te estremece un terror repentino. 11 Se oscureció la luz, y
no ves; te sumergen las aguas desbordadas. 12 ¿No está Dios en la
cima del cielo? ¡Mira qué alta es la bóveda estrellada! 13 Por eso dijiste:
"¿Qué sabe Dios? ¿Puede juzgar a través de los nubarrones? 14 Las nubes lo tapan, no
puede ver; él se pasea por los bordes del cielo". 15 ¿Quieres seguir por el
camino antiguo que recorrieron los hombres perversos? 16 Ellos fueron
arrebatados antes de tiempo, cuando un río inundó sus cimientos. 17 Decían a Dios:
"¡Apártate de nosotros! ¿Qué puede hacernos el Todopoderoso?". 18 Y aunque él llenaba
sus casas de bienes, el designio de los malvados seguía lejos de él. 19 Los justos lo ven y se
alegran, el inocente se burla de ellos: 20 "¿No ha sido
aniquilada su fortuna y el fuego devoró hasta sus residuos?". 21 Llega a un acuerdo con
Dios, reconcíliate, y así alcanzarás la felicidad. 22 Recibe la instrucción
de sus labios y guarda sus palabras en tu corazón. 23 Si vuelves al
Todopoderoso con humildad y alejas de tu carpa la injusticia; 24 si arrojas el oro en
el polvo y el oro de Ofir entre las piedras del torrente, 25 entonces el
Todopoderoso será tu oro, él será un montón de plata para ti. 26 En el Todopoderoso
estará tu deleite y levantarás tu rostro hacia Dios. 27 Tú le suplicarás y él
te escuchará, y podrás cumplir tus votos. 28 Si te propones algo,
te saldrá bien, y sobre tus senderos brillará la luz. 29 Porque él humilla la
altivez del soberbio pero salva al que baja los ojos. 30 Él libra al hombre
inocente, y tú te librarás por la pureza de tus manos. Respuesta de Job: el silencio de Dios y el triunfo
del mal 23 1 Job
respondió diciendo: 2 También hoy, mi queja
es un desafío, mientras gimo bajo el peso de su mano. 3 ¡Ah, si supiera cómo
encontrarlo, si pudiera llegar hasta su tribunal! 4 Yo expondría mi causa
ante él y llenaría mi boca de recriminaciones. 5 Sabría entonces cuál
sería su respuesta, y estaría atento a lo que él me dijera. 6 ¿Le haría falta mucha
fuerza para disputar conmigo? No, sólo bastaría que me prestara atención. 7 Allí, un hombre recto
discutiría con él, y yo haría triunfar mi derecho para siempre. 8 Pero voy hacia
adelante, y él no está, hacia atrás, y no lo percibo; 9 lo busco a la
izquierda, y no lo diviso, vuelvo a la derecha, y no lo veo. 10 Sin embargo, él sabe
en qué camino estoy: si me prueba en el crisol, saldré puro como el oro. 11 Mis pies han seguido
sus pasos, me mantuve en su camino y no me desvié. 12 No me aparté del
mandamiento de sus labios, guardé en mi pecho las palabras de su boca. 13 Pero él ya decidió:
¿quién lo hará volver atrás? Lo que él desea, lo hace. 14 Él va a ejecutar mi
sentencia, y hay en él muchos designios semejantes. 15 Por eso, le tengo
temor, reflexiono, y tiemblo ante él. 16 Dios me ha quitado el
ánimo, el Todopoderoso me ha llenado de espanto: 17 porque no son las
tinieblas las que me aniquilan ni tampoco la oscuridad que cubre mi rostro. 24 1 ¿Por qué al
Todopoderoso no se le ocultan los tiempos, pero sus fieles no ven esos días? 2 Los malvados remueven
los mojones, se apoderan del rebaño y del pastor. 3 Se llevan el asno de
los huérfanos, toman en prenda el buey de la viuda; 9 arrancan al huérfano
del pecho materno y toman en prenda al niño pequeño del pobre. 4 Desvían al indigente
del camino, y los pobres del país tienen que esconderse. 5 Como asnos salvajes en
el desierto,
salen los pobres, buscando una presa; y aunque ellos trabajan
hasta la tarde, no tienen pan para sus hijos. 6 Cosechan en el campo
del impío, vendimian la viña del malvado. 7 Pasan la noche
desnudos, por falta de ropa, sin un abrigo para taparse del frío. 8 Empapados por el
aguacero de las montañas, sin refugio, se acurrucan contra las rocas. 10 Andan desnudos, por
falta de ropa, cargan las gavillas, y están hambrientos. 11 Exprimen el aceite
entre dos máquinas de moler, pisotean el lagar, y están sedientos. 12 De la ciudad, salen
los gemidos de los moribundos, las gargantas de los heridos piden auxilio,
¡pero Dios no escucha sus plegarias! 13 Hay otros que se
rebelan contra la luz: no reconocen sus caminos ni se detienen en sus
senderos. 14 El asesino se levanta
antes del alba para matar al pobre y al indigente. El ladrón merodea por la
noche, 16a en la oscuridad,
perfora las casas. 15 El adúltero aguarda la
penumbra, pensando: "¡Ningún ojo me verá!", y se cubre la cara con
un velo. 16 (b) Ellos se encierran
durante el día, todos ellos ignoran la luz. 17 Porque, para ellos, la
mañana es la hora sombría, están habituados a los terrores de la noche. 25 ¿Acaso no es así?
¿Quién me puede desmentir o reducir a la nada mis palabras? Tercer discurso de Bildad: himno a la grandeza de
Dios 25 1
Bildad de Súaj replicó, diciendo: 2 Su dominio es soberano
y temible: él hace reinar la paz en sus alturas. 3 ¿Se pueden contar sus
legiones? ¿Sobre quién no se alza su luz? 4 ¿Cómo puede un hombre
ser justo ante Dios o ser puro un hijo de mujer? 5 Si hasta la luna no
tiene brillo ni las estrellas son puras a sus ojos, 6 ¡cuánto menos el
hombre, ese gusano, el hijo del hombre, que es sólo una lombriz! 26 5 Bajo la tierra se
retuercen las Sombras, las aguas y los que habitan en ellas. 6 El Abismo está desnudo
ante él, y nada cubre a 7 Él extiende el Norte
sobre el vacío, suspende la tierra sobre la nada. 8 Encierra el agua en sus
densos nubarrones, y las nubes no se rompen bajo su peso. 9 Oscurece la faz de la
luna llena, desplegando sus nubes sobre ella. 10 Trazó un círculo sobre
la superficie de las aguas, en el límite mismo de la luz y las tinieblas. 11 Las columnas del cielo
vacilan, presas de terror por su amenaza. 12 Con su fuerza,
reprimió al Mar, con su inteligencia, quebrantó a Rahab. 13 Con su soplo, despejó
los cielos, su mano traspasó a 14 ¡Y esto no es más que
un vestigio de su poder! ¡Qué eco tan débil percibimos de él! ¿Quién entenderá,
entonces, su poderío atronador? Respuesta de Job: afirmación de su inocencia 1 Job replicó, diciendo: 2 ¡Qué bien has ayudado
al débil y socorrido al brazo sin fuerza! 3 ¡Qué bien has
aconsejado al ignorante y enseñado la prudencia al simple! 4 ¿A quién le has
dirigido tus palabras y quién inspiraba lo que salió de ti? 27 1 Job
continuó pronunciando su poema, y dijo: 2 ¡Por el Dios viviente,
que me priva de mi derecho, y por el Todopoderoso, que me llenó de amargura: 3 mientras haya en mí un
aliento de vida y el soplo de Dios esté en mis narices, 4 mis labios no dirán
nada falso ni mi lengua pronunciará una mentira! 5 ¡Lejos de mí darles la
razón a ustedes: hasta que expire, no renunciaré a mi integridad! 6 Me aferré a mi
justicia, y no la soltaré:mi corazón no se avergüenza de ninguno de mis días.
7 ¡Que mi enemigo tenga
la suerte del malvado, y mi adversario, la del hombre injusto! 8 Porque ¿qué puede
esperar el impío, aunque suplique, aunque eleve su alma a Dios? 9 ¿Acaso Dios escuchará
su grito cuando le sobrevenga la calamidad? 10 ¿Se deleita él en el
Todopoderoso e invoca a Dios en todo tiempo? 11 Yo los instruyo sobre
la conducta de Dios, no oculto las intenciones del Todopoderoso: 12 Si todos ustedes ya lo
han comprobado, ¿por qué se pierden en pensamientos vanos? Tercer discurso de Sofar: insistencia en el justo
castigo de los malvados 13 Esta es la parte que
Dios asigna al malvado y la herencia que los violentos reciben del
Todopoderoso. 14 Si tienen muchos
hijos, la espada los espera, y sus vástagos no se saciarán de pan. 16 Si él acumula plata
como polvo y amontona ropa fina como arcilla, 17 ¡que siga
amontonando!: un justo se vestirá con ella y un inocente heredará la plata. 18 Se edificó una casa
como la araña, como la choza que hace un guardián. 19 Se acuesta rico, pero
es por última vez: abre los ojos, y no queda nada. 20 En pleno día lo asaltan
los terrores y por la noche lo arrebata un torbellino. 21 El viento del este lo
levanta y se lo lleva, lo barre del lugar donde habita. 22 Se lo hostiga sin
compasión y tiene que huir de la mano que lo hiere. 23 La gente aplaude por
su ruina y se lo silba por todas partes. 24 18 Es algo frágil
sobre la superficie de las aguas, su posesión es maldecida en el país y nadie
toma el camino de sus viñedos. 19 La sequía y el calor
consumen las aguas de la nieve, y el Abismo arrebata a aquellos que pecaron. 20 El seno que lo formó
se olvida de él, nadie más se acuerda de su nombre, y la injusticia es
quebrada como un árbol. 21 Él maltrataba a la
estéril privada de hijos y no hacía ningún bien a la viuda. 22 Pero aquel que con su
fuerza sojuzga a los tiranos, se levanta, y no le permite que cuente más con
su vida. 23 Él lo dejaba apoyarse
con seguridad, pero sus ojos vigilaban sus caminos. 24 Se encumbró por un
instante, y ya no existe, se dobla como una hierba amarga que se arranca y se
marchita como la cabeza de una espiga. PARÉNTESIS: REFLEXIÓN
SOBRE Este elogio de 28 1 Hay un sitio de
donde se extrae la plata y un lugar donde se refina el oro; 2 el hierro se saca del
polvo y la piedra fundida da el cobre. 3 El hombre disipa las
tinieblas y explora hasta el límite más extremo la roca lóbrega y sombría. 4 Gente extranjera
perfora galerías ignoradas por el pie del caminante; allí, lejos de los
mortales, oscilan suspendidos en el vacío. 5 La tierra, de donde
sale el alimento, se transforma en su interior como por el fuego. 6 Sus piedras son el
lugar del zafiro y contienen polvo de oro. 7 El ave de rapiña no
conoce ese camino y el ojo del buitre nunca lo vio. 8 No lo pisaron los
animales feroces ni el león anduvo por él. 9 El hombre extiende su
mano al pedernal y conmueve las montañas hasta su raíz. 10 Abre túneles en la
roca y ve toda clase de piedras preciosas. 11 Explora las fuentes de
los ríos y saca a luz tesoros escondidos. 12 Pero 13 El hombre no conoce su
camino ni se la encuentra en la tierra de los vivientes. 14 El Abismo dice:
"No está en mí", y el Mar: "No está conmigo". 15 No se puede dar oro
fino a cambio de ella ni se la compra a precio de plata. 16 No se la evalúa con
oro de Ofir ni con ónix precioso o zafiro. 17 No se le igualan ni el
oro ni el cristal, ni se la puede cambiar por vasos de oro. 18 Los corales y el
cuarzo, ¡mejor ni nombrarlos!, y adquirir 19 El topacio de Cus no
se le iguala, ni se la puede evaluar con oro fino. 20 21 Ella se oculta a los
ojos de todos los vivientes y se esconde de los pájaros del cielo. 22 23 Dios es el que
discierne sus caminos y sólo él sabe donde está, 24 porque él mira hasta
los confines de la tierra y ve todo lo que hay bajo el cielo. 25 Cuando él daba
consistencia al viento y fijaba las medidas de las aguas; 26 cuando imponía una ley
a la lluvia y un camino al estampido de los truenos, 27 entonces, él la vio y
la valoró, la apreció y la escrutó hasta el fondo. 28 Y dijo al hombre: "El temor de Dios es
CONCLUSIÓN DEL DIÁLOGO El debate ha llegado a
un punto muerto. Ninguno de los contendientes ha cedido en nada, sino que se
ha aferrado cada vez más a su propia posición. En el largo monólogo que viene
a continuación, Job ya no responde a sus amigos. Él se deja llevar por la
nostalgia y evoca su antigua felicidad, contraponiéndola amargamente a su
miseria presente. Por último, y a falta de otras pruebas, hace profesión bajo
juramento de su inocencia y lanza a Dios un último desafío. Job ha dicho su
última palabra: ¡que el Todopoderoso venga a responderle! (31. 35). Pero detrás de todas
estas protestas de humildad y de virtud, se esconde un orgullo secreto. Job
está demasiado seguro de su justicia. Sólo cuando renuncie a su amor propio,
saldrá purificado de la prueba y encontrará la verdadera justicia. Último discurso de Job: evocación de la felicidad
pasada 29 1 Job
continuó pronunciando su poema, y dijo: 2 ¡Si pudiera volver a los
tiempos pasados, a los días en que Dios cuidaba de mí, 3 cuando hacía brillar su
lámpara sobre mi cabeza y yo caminaba a su luz entre las tinieblas! 4 ¡Si estuviera como en
el otoño de mi vida, cuando Dios protegía mi carpa, 5 cuando el Todopoderoso
aún estaba conmigo y me rodeaban mis hijos; 6 cuando mis pies se
bañaban en leche cuajada y la roca derramaba para mí arroyos de aceite! 7 Si yo salía a la puerta
principal de la ciudad y ocupaba mi puesto en la plaza, 8 los jóvenes se
retiraban al verme, los ancianos se levantaban y permanecían de pie. 9 Los príncipes retenían
sus palabras y se tapaban la boca con la mano; 21 Ellos me escuchaban
con expectación, callaban para oír mi consejo. 22 Después que yo
hablaba, nadie replicaba, mi palabra caía sobre ellos gota a gota. 23 Me esperaban como a la
lluvia, abrían su boca como a la lluvia de primavera. 24 Si les sonreía, les
costaba creerlo y no querían perderse la luz de mi rostro. 25 Yo les elegía el
camino y me ponía al frente; me instalaba como un rey con sus tropas y adonde
yo los llevaba, se dejaban guiar. 11 Sí, el que me oía me
felicitaba y el que me veía daba testimonio a mi favor. 12 Porque yo salvaba al
pobre que pedía auxilio y al huérfano privado de ayuda. 13 El desesperado me
hacía llegar su bendición, y yo alegraba el corazón de la viuda. 14 Me había revestido de
justicia, y ella me cubría, mi rectitud era como un manto y un turbante. 15 Yo era ojos para el
ciego y pies para el lisiado, 16 era un padre para los
indigentes y examinaba a fondo el caso del desconocido. 17 Rompía las mandíbulas
del injusto y le hacía soltar la presa de sus dientes. 18 Entonces pensaba:
"Moriré en mi nido, multiplicaré mis días como el ave fénix. La miseria del momento presente 30 1 Pero ahora se ríe de
mí hasta la gente más joven que yo, a cuyos padres yo no
consideraba dignos de juntarlos con los perros de mis rebaños. 2 ¿De qué me hubiera
servido la fuerza de sus manos? Ellos habían perdido todo su vigor: 3 agotados por la penuria
y el hambre, roían el suelo reseco, la tierra desierta y desolada. 4 Arrancaban malezas de
los matorrales y raíces de retama eran su alimento. 5 Se los expulsaba de en
medio de los hombres; se los echaba a gritos, como a un ladrón. 6 Habitaban en los
barrancos de los torrentes, en las grietas del suelo y los peñascos. 7 Rebuznaban entre los
matorrales, se apretujaban bajo los cardos. 8 ¡Gente envilecida, raza
sin nombre, echados a golpes del país! 9 ¡Y ahora, ellos me
hacen burla con sus cantos, soy el tema de sus dichos jocosos! 10 Abominan y se alejan
de mí, no les importa escupirme en la cara. 11 Porque Dios aflojó mi
cuerda y me humilló, ellos también pierden el freno ante mí. 13 destruyen mi sendero
para perderme: atacan sin que nadie los detenga, 14 irrumpen como por una
ancha brecha, avanzan rodando como un torbellino. 15 Los terrores se han
vuelto contra mí, mi dignidad es arrastrada como por el viento, mi esperanza
de salvación ha pasado como una nube. Amarga queja contra Dios 16 Y ahora mi vida se
diluye en mi interior, me han tocado días de aflicción. 17 De noche, siento
taladrar mis huesos, los que me roen no se dan descanso. 18 Él me toma de la ropa
con gran fuerza, me ciñe como el cuello de mi túnica. 19 Él me ha arrojado en
el fango, y me asemejo al polvo y la ceniza. 20 Clamo a ti, y no me
respondes; me presento, y no me haces caso. 21 Te has vuelto
despiadado conmigo, me atacas con todo el rigor de tu mano. 22 Me levantas y me haces
cabalgar en el viento, y me deshaces con la tempestad. 23 Sí, ya lo sé, me
llevas a la muerte, al lugar de reunión de todos los vivientes. 24 ¿Acaso no tendí mi
mano al pobre cuando en su desgracia me pedía auxilio? 25 ¿No lloré con el que
vivía duramente y mi corazón no se afligió por el pobre? 26 Yo esperaba lo bueno y
llegó lo malo, aguardaba la luz y llegó la oscuridad. 27 Me hierven las
entrañas incesantemente, me han sobrevenido días de aflicción. 28 Ando ensombrecido y
sin consuelo, me alzo en la asamblea y pido auxilio. 29 Me he convertido en
hermano de los chacales y en compañero de los avestruces. Declaración de la propia inocencia 31 1 Yo establecí un
pacto con mis ojos para no fijar la mirada en ninguna joven. 2 Porque ¿cuál es la
porción que Dios asigna desde lo alto y la herencia que el Todopoderoso
distribuye desde el cielo? 3 ¿No es la ruina para el
injusto y el desastre para los que hacen el mal? 4 ¿Acaso él no ve mis
caminos y cuenta todos mis pasos? 5 Si caminé al lado de la
mentira y mis pies corrieron hacia el engaño, 6 ¡que Dios me pese en
una balanza justa y reconocerá mi integridad! 7 Si mi paso se desvió
del camino y mi corazón fue detrás de lo que veían mis ojos; si alguna mancha se
adhirió a mis manos, 8 ¡que otro coma lo que
yo siembro y mis retoños sean arrancados de raíz! 9 Si me dejé seducir por
alguna mujer o aceché a la puerta de mi vecino, 10 ¡que mi mujer muela el
grano para otro y que otros abusen de ella! 11 Porque eso sí que es
una infamia, un delito reprobado por los jueces; 12 es un fuego que devora
hasta 13 Si desestimé el
derecho de mi esclavo o el de mi servidora, cuando litigaban conmigo, 14 ¿qué haré cuando Dios
se levante, qué le replicaré cuando me pida cuenta? 15 El que me hizo a mí, ¿no
lo hizo también a él? ¿No es uno mismo el que nos formó en el seno materno? 16 Si rehusé a los pobres
lo que ellos deseaban y dejé desfallecer los ojos de la viuda; 17 si comí yo solo mi
pedazo de pan, sin que el huérfano lo compartiera 18 –yo, que desde mi
juventud lo crié como un padre y lo guié desde el vientre de mi madre– 19 si vi a un miserable
sin ropa o a un indigente sin nada para cubrirse, 20 y no me bendijeron en
lo íntimo de su ser por haberse calentado con el vellón de mis corderos; 21 si alcé mi mano contra
un huérfano, porque yo contaba con una ayuda en 22 ¡que mi espalda se
desprenda del cuello y mi brazo sea arrancado de su juntura! 23 Porque el terror de
Dios me acarrearía la ruina y no podría resistir ante su majestad. 24 Si deposité mi
confianza en el oro y dije al oro fino: "Tú eres mi seguridad"; 25 si me alegré de tener
muchas riquezas y de haber adquirido una enorme fortuna; 26 si a la vista del sol
resplandeciente y de la luna que pasaba radiante, 28 ¡también eso sería un
delito reprobado por los jueces, porque yo habría renegado del Dios de lo
alto! 29 ¿Acaso me alegré del
infortunio de mi enemigo y me regocijé cuando le tocó una desgracia? 30 No, no dejé que mi
boca pecara, pidiendo su muerte con una imprecación. 31 ¿No decían los hombres
de mi carpa: "¿Hay alguien que no se sació con su carne?". 32 Ningún extranjero
pasaba la noche afuera, y yo abría mi puerta al caminante. 33 Si oculté mis
transgresiones como un hombre cualquiera, escondiendo mi culpa en mi pecho, 34 porque temía el
murmullo de la gente o me asustaba el desprecio de mis parientes, y me
quedaba en silencio, sin salir a la puerta... 38 Si mi tierra gritó
venganza contra mí y también sus surcos derramaron lágrimas; 39 si comí sus frutos sin
pagar y extorsioné a sus propietarios, 40 ¡que en lugar de trigo
salgan espinas, y en vez de cebada, ortigas punzantes! 35 ¡Ah, si alguien
quisiera escucharme! Aquí está mi firma: ¡que el Todopoderoso me responda! En cuanto al documento
que escriba mi oponente, 36 yo lo llevaré sobre mis espaldas, y me lo ceñiré
como una corona. 37 Sí, le manifestaré
cada uno de mis pasos; como un príncipe, me acercaré hasta él. 40c Aquí terminan las palabras de Job. ENTRADA EN ESCENA DE ELIHÚ Los discursos de Elihú
forman un conjunto aparte, con su estilo y lenguaje propios. Este cuarto
amigo, cuyo nombre no se había mencionado en 2. 11, tuvo que permanecer
callado largo tiempo, por ser más joven que los otros tres. Con una
elocuencia ampulosa y no exenta de pedantería, él desautoriza a Job y a sus
interlocutores, e insiste en que el sufrimiento puede ser un instrumento en
las manos de Dios, para encaminar al hombre hacia el bien y preservarlo de la
arrogancia. Es probable que los discursos de Elihú hayan sido añadidos a la
obra original por un autor posterior, con el fin de corregir las ideas de Job
y de reprender a sus amigos, que no fueron capaces de reducirlo a silencio. La reacción de Elihú 32 1 Estos
tres hombres dejaron de responder a Job, porque él estaba convencido de su
justicia. 2 Entonces se encendió la ira de Elihú, hijo de Baraquel, el buzita
de la familia de Ram. Su ira se encendió contra Job, porque él pretendía ser
más justo que Dios. 3 Y su ira se encendió también contra sus tres amigos,
porque no habían encontrado una respuesta, con lo cual condenaban a Dios. 4
Mientras ellos hablaban con Job, Elihú se había mantenido a la expectativa,
porque ellos tenían más edad que él. 5 Pero al ver que estos tres hombres se
habían quedado sin respuesta, se llenó de indignación. Primer discurso de Elihú: la pedagogía de Dios a
través del sufrimiento 6 Entonces Elihú, hijo de Baraquel, el buzita, tomó
la palabra y dijo: Yo soy muy joven todavía
y todos ustedes son ancianos; por eso me sentí
intimidado, temeroso de exponerles mi saber. 7 Yo pensaba: "Que
hable la edad, que los muchos años enseñen la sabiduría". 8 Pero es el espíritu que
hay en el hombre y el soplo del Todopoderoso, el que lo hace inteligente: 9 no son los viejos los
más sabios, ni los ancianos comprenden lo que es recto. 10 Por eso les digo:
"Escúchenme, también yo expondré mi saber". 11 Yo esperaba que
ustedes hablaran, prestaba oído a sus razonamientos; mientras trataban de
expresarse, 12 fijaba mi atención en ustedes. Pero no hay nadie que
haya refutado a Job, ninguno de ustedes respondió a sus palabras. 13 No digan, entonces:
"Hemos hallado la sabiduría; es Dios el que nos instruye, no un hombre".
14 No voy a dirigir
palabras como esas, no voy a responder como lo hacen ustedes. 15 Han quedado
consternados, no han vuelto a responder; se han quedado sin palabras. 16 ¡Ya esperé bastante!
Si ellos no hablan, si se quedan allí y no responden más, 17 yo también recitaré mi
parte,también yo expondré mi saber. 18 Porque las palabras
bullen dentro de mí, el espíritu me impulsa en mi interior. 20 Quiero hablar para
desahogarme, abriré mis labios y responderé. 21 No tomaré partido por
nadie, no adularé a ningún hombre. 22 Porque yo no sé lo que
es adular: si lo hiciera, pronto me llevaría mi Creador. 33 1 ¡Vamos, Job, escucha
mis palabras, oye atentamente lo que voy a decir! 2 Ya ves que he abierto
mi boca, mi lengua ha comenzado a hablar. 5 Respóndeme, si eres
capaz; prepárate, y toma posición ante mí. 6 Para Dios, yo soy igual
que tú, yo también fui modelado de la arcilla. 7 Por eso, no te
espantará el temor a mí ni el peso de mi mano te abrumará. 8 Sí, tú has dicho a mis
oídos –yo escuché el sonido de tus palabras–: 9 "Soy puro, no
cometí ninguna falta; estoy limpio y libre de culpa; 10 sin embargo él
encuentra pretextos contra mí y me considera su enemigo. 11 Pone mis pies en el
cepo y vigila todos mis pasos". 12 Pero yo te respondo:
En esto no tienes razón, porque Dios es más grande que el hombre. 13 ¿Por qué pretendes
litigar con él como si no respondiera a ninguna de tus palabras? 14 En realidad, Dios
habla una vez, y luego otra, sin que se preste atención. 15 En un sueño, en una
visión nocturna, cuando un profundo sopor invade a los hombres y ellos están
dormidos en su lecho, 16 entonces, él se revela
a los mortales y los atemoriza con apariciones, 17 para apartar al hombre
de sus malas obras y extirpar el orgullo del mortal; 18 para preservar su alma
de 19 También lo corrige en
su lecho por el sufrimiento, cuando sus huesos tiemblan sin cesar: 20 el hombre siente
náusea de la comida y pierde el gusto por los manjares apetecibles; 21 su carne desaparece de
las miradas y se trasparentan sus huesos, que antes no se veían; 22 su alma se acerca a 23 Si hay un ángel junto
a él, un intérprete, uno entre mil, para indicarle al hombre su deber; 24 si él tiene compasión
y dice: "Líbralo de bajar a 25 entonces su carne
recupera la frescura juvenil y él vuelve a los días de su adolescencia; 26 invoca a Dios, que se le
muestra propicio, contempla su rostro con gritos de alegría, anuncia a los
demás su salvación, 27 y entona, entre los
hombres, este canto: "Yo había pecado y
tergiversado el derecho, pero él no me trató como correspondía; 28 ¡libró mi alma de
pasar por 29 Todo esto es lo que
hace Dios, dos y tres veces, en favor del hombre, 30 para hacer volver su
vida de 31 Atiende, Job,
escúchame; cállate, y yo hablaré. 32 Si tienes algo que
decir, replícame, habla, porque yo quisiera darte la razón. 33 De lo contrario,
escúchame; cállate, y te enseñaré la sabiduría. Segundo discurso de Elihú: defensa de la justicia de
Dios 34 1 Elihú
tomó la palabra y dijo: 2 ¡Escuchen, sabios, mis
palabras, y ustedes, los expertos, préstenme atención! 3 Porque el oído
discierne las palabras como el paladar gusta los alimentos. 4 Decidamos entre
nosotros lo que es recto, reconozcamos todos juntos lo que es bueno. 5 Porque Job declara:
"Yo tengo razón, pero Dios me privó de mi derecho. 6 Él miente en lo que
concierne a mi caso; mi llaga es incurable, aunque no cometí ninguna
falta". 7 ¿Hay alguien como Job,
que bebe los sarcasmos como agua, 8 que va en compañía de
los malhechores y camina con los hombres perversos? 9 Porque él dice:
"Al hombre no le sirve de nada tratar de obtener el favor de Dios".
10 Por eso, escúchenme,
hombres sensatos: ¡lejos de Dios la maldad, y del Todopoderoso, la
injusticia! 11 Porque él retribuye al
hombre según sus obras y trata a cada uno conforme a su conducta. 12 ¡No, no es cierto que
Dios hace el mal y que el Todopoderoso tergiversa el derecho! 13 ¿Quién le ha
encomendado la tierra y quién lo encargó del mundo entero? 14 Si él retirara su
espíritu y recogiera su aliento de vida, 15 todos los vivientes
expirarían a la vez y los hombres volverían al polvo. 16 Si tienes
inteligencia, escucha esto, presta atención al sonido de mis palabras. 17 ¿Sabría gobernar alguien
que odia el derecho? ¿Vas a condenar al Justo, al Poderoso? 18 ¡A él, que llama
"¡Inútil!" a un rey y "¡Malvados!" a los dignatarios, 19 que no toma partido
por los príncipes ni favorece al rico en perjuicio del pobre, porque todos
son obra de sus manos! 20 Ellos mueren en un
instante, en plena noche; él hiere a los nobles, y desaparecen, depone al
hombre fuerte sin la ayuda de nadie. 21 Porque sus ojos miran
los caminos del hombre y él observa todos sus pasos: 22 no hay tinieblas ni
oscuridad donde puedan ocultarse los que hacen el mal. 23 Porque él no fija al
hombre una fecha para presentarse a juicio ante Dios: 24 él quebranta a los
grandes sin previo examen y pone a otros en lugar de ellos. 25 Así, porque él conoce
todas sus acciones, los derriba en una noche, y quedan aplastados. 26 Los abofetea como a
malhechores en un lugar que está a la vista de todos, 27 porque se negaron a
seguirlo y no comprendieron todos sus caminos, 28 haciendo que llegara
hasta él el grito del pobre y que él escuchara el clamor de los oprimidos. 29 Si él se queda
inmóvil, ¿quién lo sacudirá? Si cubre su rostro, ¿quién lo verá? Él vigila, sin embargo, a
naciones e individuos 30 para que no reine
ningún hombre impío, uno de esos que son una trampa para el pueblo. 31 Tú solo tienes que
decir a Dios: "Yo fui seducido, no volveré a hacer el mal; 32 instrúyeme, hasta que
pueda ver. Si cometí una injusticia, no voy a reincidir". 33 ¿Acaso él retribuirá
según tu parecer, siendo así que tú has despreciado su instrucción? Ya que eres tú el que
decide, no yo, dile todo lo que sepas. 34 Los hombres sensatos
me dirán y también todo sabio que me escuche: 35 "Job no sabe lo
que dice y sus palabras carecen de sentido". 36 Que Job sea examinado
hasta el final por haber respondido como un hombre perverso. 37 Porque él, a su
pecado, añade la rebeldía, aplaude en medio de nosotros y multiplica sus
palabras contra Dios. Tercer discurso de Elihú: la necesidad de recurrir a
Dios con humildad 35 1 Elihú
tomó la palabra y dijo: 2 ¿Piensas que estás en
tu derecho, al decir: "Soy más justo que Dios"? 3 Porque tú dices:
"¿De qué me sirve, qué gano yo con no pecar?". 4 Pero yo te daré una
respuesta, a ti y a tus amigos contigo. 5 Mira hacia el cielo y contempla,
observa las nubes: ¡son más altas que tú! 6 Si pecas, ¿qué daño le
causas? Con tus muchas rebeldías, ¿qué le puedes hacer? 7 Si eres justo, ¿qué le
das o qué recibe él de tu mano? 8 ¡A un hombre como tú
afecta tu maldad, y tu justicia, a un simple mortal! 9 Se grita bajo el peso
de la opresión, se pide auxilio contra el brazo de los poderosos. 10 Pero nadie dice:
"¿Dónde está Dios, mi Creador, el que hace resonar cantos en la noche, 11 el que nos instruye
más que a las bestias de la tierra y nos hace más sabios que a los pájaros
del cielo?". 12 Entonces, por más que
griten, él no responde, a causa del orgullo de los malvados. 13 ¡No, Dios no escucha
las cosas vanas, el Todopoderoso no se da por aludido! 14 Menos aún cuando tú
dices que no lo ves, que hay un juicio pendiente ante él, y que tú lo
esperas. 15 Y ahora, porque su
enojo no castiga y él no tiene muy en cuenta las rebeldías, 16 Job ha abierto su boca
en vano, y es por ignorancia que se excede en el hablar. Cuarto discurso de Elihú: la justicia y la grandeza
de Dios 36 1 Elihú
tomó la palabra y dijo: 2 Sopórtame un poco, y yo
te instruiré: aún queda algo por decir en defensa de Dios. 3 Traeré de lejos mi
saber para justificar a mi Creador. 4 No, mis palabras no
mienten: es un maestro consumado el que está junto a ti. 5 Dios es grande y no se
retracta, él es grande por la firmeza de sus decisiones. 6 Él no deja vivir al
malvado y hace justicia a los oprimidos. 7 No retira sus ojos de
los justos, los sienta en el trono con los reyes y los exalta para siempre. 8 Si a veces están atados
con cadenas, o prisioneros en los lazos de la opresión, 9 es para denunciarles
sus acciones y las rebeldías que cometieron en su arrogancia. 10 Él les abre el oído
para que se corrijan y los exhorta a convertirse de la maldad. 11 Si ellos escuchan y se
someten, acaban sus días prósperamente y sus años en medio de delicias; 12 pero si no escuchan,
atraviesan el Canal y perecen a causa de su ignorancia. 13 Los de corazón impío, que
acumulan rencor y no piden auxilio cuando él los encadena, 14 mueren en plena
juventud, como se consumen los de vida licenciosa. 15 Con la opresión, él
salva al oprimido y le abre el oído por medio de la aflicción. 16 También a ti te invita
a pasar de la angustia a un lugar espacioso y sin estrechez, donde tu mesa,
bien servida, estará llena de manjares. 17 Pero si tu medida está
colmada para el juicio condenatorio, el juicio y la sentencia te arrastrarán.
18 Que el furor no te
incite a la rebeldía ni te extravíe la magnitud de la expiación. 19 ¿Acaso en el peligro
valdrán ante Dios tus riquezas y todos los alardes de la fuerza? 20 No suspires por
aquella noche en que los pueblos serán arrancados de su sitio. 21 ¡Cuídate de volverte
hacia la maldad, ya que por eso fuiste probado con la desgracia! 22 Sí, Dios es sublime
por su fuerza: ¿quién instruye como él? 23 ¿Quién inspecciona su
conducta? ¿Quién puede decirle: "Has obrado mal"? 24 Acuérdate más bien de
exaltar su obra, que otros hombres celebran con sus cantos. 25 Todo el mundo la
contempla, el hombre la percibe desde lejos. 26 Sí, Dios es tan grande
que no podemos comprenderlo, el número de sus años es insondable. 27 Él atrae hacia lo alto
las gotas de agua y destila la lluvia que alimenta las vertientes: 28 la lluvia que derraman
las nubesy que cae a raudales sobre el suelo. 31 Así él sustenta a los
pueblos y les da alimento en abundancia. 29 ¿Quién comprenderá el
desplazamiento de las nubes y el fragor que sale de su morada? 30 Él extiende su luz a
su alrededor y sumerge las profundidades del océano. 32 Cubre de rayos la
palma de sus manos y le señala un blanco seguro. 33 Su trueno anuncia su
llegada, y en su ira, él crea la tempestad. 37 1 También por eso
tiembla mi corazón y se me salta fuera del pecho. 2 ¡Escuchen el estampido
de su voz y el estruendo que sale de su boca! 3 Él lanza su rayo bajo
los cielos y hasta los confines de la tierra llega su fulgor. 4 Detrás de él, ruge una
voz: hace tronar su voz majestuosa y no retiene los
relámpagos mientras se deja oír su voz. 5 Dios nos hace
contemplar maravillas, realiza grandes cosas, que no llegamos a entender. 6 Cuando dice a la nieve:
"Cae sobre la tierra", y a los aguaceros: "Lluevan con
fuerza", 7 él suspende la
actividad de los hombres, para que todos reconozcan su obra; 8 las fieras se meten en
sus guaridas y se refugian en sus madrigueras. 9 De la constelación
austral irrumpe la tormenta, y el frío, de los vientos del norte. 10 Al soplo de Dios se
forma el hielo y se congela la extensión de las aguas. 11 Él carga la nube de
humedad, y el nubarrón expande su relámpago, 12 que gira en derredor,
conforme a sus planes, para ejecutar cada uno de sus mandatos por toda la
superficie de la tierra: 13 sea que cumpla su
voluntad para un castigo o para dispensar sus beneficios. 14 Presta atención a
esto, Job, detente y considera las maravillas de Dios. 15 ¿Sabes acaso cómo Dios
las dirige y cómo su nube hace brillar el rayo? 16 ¿Sabes cómo se
balancean las nubes, maravillas de un maestro en sabiduría? 17 Tú, que no soportas el
ardor de tu ropa, cuando la tierra está en calma bajo el viento del sur, 18 ¿puedes extender con
él la bóveda del cielo, sólida como un espejo de metal fundido? 19 Enséñanos qué debemos
decirle: no discutiremos más, a causa de la oscuridad. 20 Si yo hablo, ¿alguien
se lo cuenta? ¿Hay que informarlo de lo que dice un hombre? 21 Hasta ahora no se veía
la luz: estaba oscurecida por las nubes; pero pasó un viento y las disipó. 22 ¡Un áureo resplandor
viene del norte; una terrible majestad reina en torno de Dios! 23 ¡Es el Todopoderoso, y
no lo podemos alcanzar! Él es sublime por su
fuerza y su equidad, grande por su justicia y no oprime a nadie. 24 Por eso lo temen los
hombres, y él no tiene en cuenta ni siquiera a los sabios. Job no había cesado de
proclamar su inocencia y de afirmar una y otra vez que sus males desmentían
la justicia de Dios. Por eso le había pedido una confrontación cara a cara,
para que Dios justificara ante él su manera de proceder. Ahora el Señor
responde al desafío del rebelde y lo invita a afrontar un último combate.
Pero su respuesta consiste principalmente en una serie abrumadora de
preguntas, que remiten al hombre a la sabiduría con que Dios ha creado y
gobierna el universo. Él puso en la naturaleza mil maravillas cuyos secretos
el hombre ignora. ¿Cómo puede, entonces, extrañarse Job de ignorar la razón
de sus padecimientos y el secreto último de su propia existencia? Al vislumbrar el misterio
de Dios, Job toma conciencia de su error. Aunque él no cometió ninguna de las
faltas que le imputaban sus amigos, sin embargo tiene un pecado mucho más
grave: el del hombre justo que pretende hacer valer sus derechos delante de
Dios. Su problema no ha quedado resuelto, pero él ha comprendido que Dios no
tiene por qué rendir cuentas y que su Sabiduría da sentido incluso al
sufrimiento y a la muerte. Por eso renuncia a medir a Dios con criterios
humanos y se entrega confiadamente a él. "Yo
te conocía sólo de oídas, pero ahora te han visto mis ojos" (42. 5). primer discurso del señor Interpelación inicial 38 1 El
Señor respondió a Job desde la tempestad, diciendo: 2 ¿Quién es ese que
oscurece mi designio con palabras desprovistas de sentido? 3 ¡Ajústate el cinturón
como un guerrero: yo te preguntaré, y tú me instruirás! El señorío de Dios sobre la tierra y el mar 4 ¿Dónde estabas cuando
yo fundaba la tierra?Indícalo, si eres capaz de entender. 5 ¿Quién fijó sus
medidas? ¿Lo sabes acaso? ¿Quién tendió sobre ella la cuerda para medir? 6 ¿Sobre qué fueron
hundidos sus pilares o quién asentó su piedra angular, 7 mientras los astros de
la mañana cantaban a coro y aclamaban todos los hijos de Dios? 8 ¿Quién encerró con dos
puertas al mar, cuando él salía a borbotones del seno materno, 9 cuando le puse una nube
por vestido y por pañales, densos nubarrones? 10 Yo tracé un límite
alrededor de él, le puse cerrojos y puertas, 11 y le dije:
"Llegarás hasta aquí y no pasarás; aquí se quebrará la soberbia de tus
olas". 12 ¿Has mandado una vez
en tu vida a la mañana, le has indicado su puesto a la aurora, 13 para que tome a la
tierra por los bordes y sean sacudidos de ella los malvados? 14 Ella adquiere forma
como la arcilla bajo el sello y se tiñe lo mismo que un vestido: 15 entonces, a los
malvados se los priva de su luz y se quiebra el brazo que se alzaba. 16 ¿Has penetrado hasta
las fuentes del mar y has caminado por el fondo del océano? 17 ¿Se te han abierto las
Puertas de 18 ¿Abarcas con tu
inteligencia la extensión de la tierra? Indícalo, si es que sabes todo esto. El señorío de Dios sobre los fenómenos
meteorológicos 19 ¿Por dónde se va
adonde habita la luz y dónde está la morada de las tinieblas, 20 para que puedas
guiarla hasta su dominio y mostrarle el camino de su casa? 21 ¡Seguro que lo sabes,
porque ya habías nacido y es muy grande el número de tus días! 22 ¿Has penetrado hasta
los depósitos de la nieve y has visto las reservas del granizo, 23 que yo guardo para los
tiempos de angustia, para los días de guerra y de combate? 24 ¿Por qué camino se
expande la luz y el viento del este se propaga sobre la tierra? 25 ¿Quién ha abierto un
cauce al aguacero y un camino al estampido de los truenos, 26 para hacer llover
sobre una tierra despoblada, sobre un desierto donde ningún hombre habita, 27 para regar los páramos
desolados y hacer brotar una hierba en la estepa? 28 ¿Acaso la lluvia tiene
un padre, y quién ha engendrado las gotas del rocío? 29 ¿Del vientre de quién
sale el hielo, y quién da a luz la escarcha del cielo, 30 cuando las aguas se
endurecen como piedra y se congela la superficie del océano? 31 ¿Anudas tú los lazos
de las Pléyades o desatas las cuerdas del Orión? 32 ¿Haces salir las
Híadas a su tiempo y guías a 33 ¿Conoces las leyes de
los cielos? ¿Regulas su dominio sobre la tierra? 34 ¿Puedes alzar tu voz
hasta las nubes para que te cubra una masa de agua? 35 ¿Parten los relámpagos
cuanto tú los envías y ellos te dicen: "Aquí estamos"? 36 ¿Quién puso en el ibis
la sabiduría o quién dio al gallo la inteligencia? 37 ¿Quién cuenta las
nubes sabiamente y quién inclina los odres del cielo, 38 cuando el polvo se
funde en una masa y los terrones se pegan entre sí? El señorío de Dios sobre los animales 39 ¿Cazas tú la presa
para la leona y aplacas el hambre de sus cachorros, 40 cuando se agazapan en
sus guaridas y están al acecho en la espesura? 41 ¿Quién prepara las
provisiones para el cuervo, cuando sus pichones claman a Dios y andan
errantes por falta de alimento? 39 1 ¿Sabes tú cómo dan
a luz las cabras monteses? ¿Observas el parto de las ciervas? 2 ¿Cuentas los meses de
su gravidez y conoces el tiempo de su alumbramiento? 3 Ellas se agachan, echan
sus crías y depositan sus camadas. 4 Sus crías se hacen
robustas y crecen, se van al campo y no vuelven más. 5 ¿Quién dejó en libertad
al asno salvaje y soltó las ataduras del onagro? 6 Yo le di la estepa como
casa y como morada, la tierra salitrosa. 7 Él se ríe del tumulto
de la ciudad, no oye vociferar al arriero. 8 Explora las montañas en
busca de pasto, va detrás de cada brizna verde. 9 ¿Aceptará servirte el
toro salvaje y pasará la noche junto a tu establo? 10 ¿Lo mantendrás sobre
el surco con una rienda y trillará los valles detrás de ti? 11 ¿Contarías con él
porque tiene mucha fuerza o podrías encomendarle tus trabajos? 12 ¿Confías acaso que él
volverá para reunir los granos en tu era? 13 El avestruz bate sus
alas alegremente, pero no tiene el plumaje de la cigüeña. 14 Cuando abandona sus
huevos en la tierra y deja que se calienten sobre el polvo, 15 olvida que un pie los
puede pisar y que una fiera puede aplastarlos. 16 Es cruel con sus
crías, como si no fueran suyas, y no teme que sea vana su labor, 17 porque Dios le negó la
sabiduría y no le concedió la inteligencia. 18 Pero apenas se levanta
y toma impulso, se ríe del caballo y de su jinete. 19 ¿Le das tú la fuerza
al caballo y revistes su cuello de crines? 20 ¿Lo haces saltar como
una langosta? ¡Es terrible su relincho altanero! 21 Él piafa de contento
en la llanura, se lanza con brío al encuentro de las armas: 22 se ríe del miedo y no
se asusta de nada, no retrocede delante de la espada. 23 Por encima de él
resuena la aljaba, la lanza fulgurante y la jabalina. 24 Rugiendo de
impaciencia, devora la distancia, no se contiene cuando suena la trompeta. 25 Relincha a cada toque
de trompeta, desde lejos olfatea la batalla, las voces de mando y los gritos
de guerra. 26 ¿Es por tu
inteligencia que se cubre de plumas el halcón y despliega sus alas hacia el
sur? 27 ¿Por una orden tuya
levanta vuelo el águila y pone su nido en las alturas? 28 La roca es su morada
de día y de noche, la peña escarpada es su fortaleza. 29 Desde allí está al
acecho de su presa y sus ojos miran a lo lejos. 30 Sus pichones se hartan
de sangre; donde hay cadáveres, allí está ella. El desafío del Señor y la respuesta de Job 40 1 El
Señor se dirigió a Job, y le dijo: 2 ¿Va a ceder el que
discute con el Todopoderoso? ¿Va a replicar el que reprueba a Dios? 3 Y Job respondió al
Señor: 4 ¡Soy tan poca cosa!
¿Qué puedo responderte? Me taparé la boca con la mano. 5 Hablé una vez, y no lo
voy a repetir; una segunda vez, y ya no insistiré. SEGUNDO discurso del señor Interpelación inicial del Señor 6 El Señor respondió a Job desde la tempestad,
diciendo: 7 ¡Ajústate el cinturón
como un guerrero: yo te preguntaré, y tú me instruirás! 8 ¿Quieres realmente
anular mi sentencia, y condenarme a mí, para justificarte? 9 ¿Tienes acaso un brazo
como el de Dios y truena tu voz como la de él? 10 ¡Adórnate entonces de
magnificencia y altivez, revístete de esplendor y majestad! 11 Da libre curso a los
desbordes de tu ira y humilla al orgulloso con tu sola mirada. 12 Con una mirada,
doblega al arrogante, aplasta a los malvados allí donde están. 13 ¡Húndelos a todos
juntos en el polvo, enciérralos en la prisión subterránea! 14 Entonces, yo mismo te
alabaré por la victoria obtenida con tu mano. Behemot, el hipopótamo 15 Mira ante ti a
Behemot: él se alimenta de pasto como un buey. 16 ¡Cuánta fuerza hay en
sus riñones, qué vigor en los músculos de su vientre! 17 Endereza su cola como
un cedro, los nervios de sus muslos están bien entrelazados. 18 Sus huesos son tubos
de bronce: sus miembros, como barras de hierro. 19 Es la primera de las
obras de Dios, que lo convirtió en el adalid de sus compañeros, 20 porque las montañas le
aportan un tributo, y también las fieras que retozan en ellas. 21 Él se recuesta bajo
los lotos, en lo oculto de los cañaverales y pantanos. 22 Los lotos lo cubren
con su sombra, los sauces del torrente lo rodean. 23 Si el río se enfurece,
no se perturba; está sereno, aunque un Jordán le llegue a la garganta. 24 ¿Quién podrá tomarlo
por los ojos o taladrar su nariz con un punzón? Leviatán, el cocodrilo 25 Y a Leviatán ¿podrás
pescarlo con un anzuelo y sujetar su lengua con una cuerda? 26 ¿Le meterás un junco
en las narices o perforarás con un garfio sus mandíbulas? 27 ¿Acaso te hará largas
súplicas o te dirigirá palabras tiernas? 28 ¿Hará un pacto contigo
y lo tomarás como esclavo para siempre? 29 ¿Jugarás con él como
con un pájaro y lo atarás para entretenimiento de tus hijas? 30 ¿Traficarán con él los
pescadores y se lo disputarán los comerciantes? 31 ¿Acribillarás con
dardos su piel y su cabeza a golpes de arpón? 32 Prueba a ponerle la
mano encima: piensa en el combate y desistirás. 41 1 Tu esperanza se
vería defraudada: con sólo mirarlo quedarías aterrado. 2 ¿No es demasiado feroz
para excitarlo? ¿Quién podría resistir ante él? 3 ¿Quién lo enfrentó, y
quedó sano y salvo? ¡Nadie debajo de los cielos! 4 No dejaré de mencionar
sus miembros, hablaré de su fuerza incomparable. 5 ¿Quién rasgó el exterior
de su manto o atravesó su doble coraza? 6 ¿Quién forzó las
puertas de sus fauces? ¡En torno de sus colmillos reina el terror! 7 Su dorso es una hilera
de escudos, trabados por un sello de piedra. 8 Se aprietan unos contra
otros, ni una brisa pasa en medio de ellos. 9 Están adheridos entre
sí, forman un bloque y no se separan. 10 Su estornudo arroja
rayos de luz, sus ojos brillan como los destellos de la aurora. 11 De sus fauces brotan
antorchas, chispas de fuego escapan de ellas. 12 Sale humo de sus
narices como de una olla que hierve sobre el fuego. 13 Su aliento enciende
los carbones, una llamarada sale de su boca. 14 En su cerviz reside la
fuerza y cunde el pánico delante de él. 15 Sus carnes son
macizas: están pegadas a él y no se mueven. 16 Su corazón es duro
como una roca, resistente como una piedra de molino. 17 Cuando se yergue,
tiemblan las olas, se retira el oleaje del mar. 18 La espada lo toca,
pero no se clava, ni tampoco la lanza, el dardo o la jabalina. 19 El hierro es como paja
para él, y el bronce, como madera podrida. 20 Las flechas no lo
hacen huir, las piedras de la honda se convierten en estopa. 21 La maza le parece una
brizna de hierba y se ríe del estruendo del sable. 22 Tiene por debajo tejas
puntiagudas, se arrastra como un rastrillo sobre el barro. 23 Hace hervir las aguas
profundas como una olla, convierte el mar en un pebetero. 24 Deja detrás de él una
estela luminosa: el océano parece cubierto de una cabellera blanca. 25 No hay en la tierra
nadie igual a él, ha sido hecho para no temer nada. 26 Mira de frente a los
más encumbrados, es el rey de las bestias más feroces. Última respuesta de Job 42 1 Job
respondió al Señor, diciendo: 2 Yo sé que tú lo puedes
todo y que ningún proyecto es irrealizable para ti. 3 Sí, yo hablaba sin
entender, de maravillas que me sobrepasan y que ignoro. 4 "Escucha, déjame
hablar; yo te interrogaré y tú me instruirás". 5 Yo te conocía sólo de
oídas, pero ahora te han visto mis ojos. 6 Por eso me retracto, y
me arrepiento en el polvo y la ceniza. EPÍLOGO Esta conclusión en
prosa retoma el relato popular que había quedado interrumpido al comienzo del
Libro y describe la suerte final de su principal personaje. Dios recompensa a
Job con toda clase de bienes y le devuelve la felicidad perdida, mientras que
sus amigos son objeto de un severo reproche. Así, parece confirmarse la
doctrina tradicional sobre la retribución terrena, tan cuestionada a lo largo
del Libro. Quizá se trate de una concesión hecha por el autor a la mentalidad
corriente de su época, con el fin de que su obra gozara de mayor aceptación.
De todas maneras, este epílogo pone de relieve, con las imágenes propias del
Antiguo Testamento, que en último término Dios nunca abandona a los que
confían en él. El reproche del Señor a los amigos de Job 7 Después de haber dirigido estas palabras a Job, el
Señor dijo a Elifaz de Temán: "Mi ira se ha encendido contra ti y contra
tus dos amigos, porque no han dicho la verdad acerca de mí, como mi servidor
Job". 8 Ahora consíganse siete toros y siete carneros, y vayan a ver a
mi servidor Job. Ofrecerán un holocausto por ustedes mismos, y mi servidor
Job intercederá por ustedes. Y yo, en atención a él, no les infligiré ningún
castigo humillante, por no haber dicho la verdad acerca de mí, como mi
servidor Job. 9 Entonces Elifaz de Temán, Bildad de Súaj y Sofar de Naamá
fueron a hacer lo que les había dicho el Señor, y el Señor tuvo consideración
con Job. La reivindicación de Job 10 Después, el Señor cambió la suerte de Job, porque
él había intercedido en favor de sus amigos, y duplicó todo lo que Job tenía.
11 Todos sus hermanos y sus hermanas, lo mismo que sus antiguos conocidos,
fueron a verlo y celebraron con él un banquete en su casa. Se compadecieron y
lo consolaron por toda la desgracia que le había enviado el Señor. Y cada uno
de ellos le regaló una moneda de plata y un anillo de oro. 12 El Señor bendijo los últimos años de Job mucho más
que los primeros. El llegó a poseer catorce mil ovejas, seis mil camellos,
mil yuntas de bueyes y mil asnas. 13 Tuvo además siete hijos y tres hijas. 16 Después de esto, Job vivió todavía ciento
cuarenta años, y vio a sus hijos y a los hijos de sus hijos, hasta la cuarta
generación. 17 Job murió muy anciano y colmado de días. 1 1.
El "país de Us" se encontraba probablemente al sudeste de
Palestina, en los límites de Arabia y Edóm (Jer. 25. 20; Lam. 4. 21). "Job" es el nombre de uno de los héroes
legendarios citados en Ez. 14. 14, 20 3. Los
"Orientales" eran los nómadas que se desplazaban al este del Jordán
y del Mar Muerto. 5.
"Los purificaba": se trata de la purificación necesaria para el
culto. 6. "El
Adversario" en –hebreo "el Satán"– aparece como uno de los
"hijos de Dios" o miembros de la corte divina y se caracteriza por
su hostilidad hacia los hombres. Por eso pone en duda el desinterés de Job y
desafía al Señor para que lo someta a una prueba. Más tarde, tanto en el
Judaísmo como en el Nuevo Testamento, aquel término hebreo se empleará como
nombre propio del espíritu del mal, que odia al linaje humano y trata de
arrastrarlo a la perdición (Mt. 16. 23). Ver notas Zac. 3. 1; Sal. 29. 1. 21. "Desnudo
volveré allí": no se trata del vientre materno, sino del seno de la
tierra, la madre universal (Gn. 3. 19). 2 11. "Temán",
"Súaj" y "Naamá" eran lugares de Edóm y de Arabia, paises
que en la antigüedad se habían hecho célebres por sus sabios (Jer. 49. 7;
Abd. 8-9; Bar. 3. 22-23). 3 3. Ver
Jer. 15. 10; 20. 14. 8. "Los
que maldicen los días": alusión a los magos o hechiceros, a quienes se
atribuía el poder de hacer que los días fueran dichosos o funestos. "Leviatan", en la mitología cananea, era
el monstruo marino que provocaba los eclipses de sol y de luna, tragándose a
esos astros. También era el símbolo de las fuerzas del caos. Ver nota Sal.
74. 12-17. 15. "Sus
moradas": se trata de las tumbas de los príncipes que solían estar
llenas de tesoros. 4 18.
Estos "servidores" son los "ángeles" llamados también
"santos" por su proximidad con Dios (5.1; 15.15). 5 17.
El "Todopoderoso": ver nota Gn. 17. 1. 6 19.
"Temá" era el nombre de un oasis situado al norte de Arabia (Is.
21. 14; Jer. 25. 23). "Sabá" era un reino del sudoeste de Arabia.
Ver nota 1 Rey. 10. 1. 7 12. Como
un soldado que vigila a su prisionero, así el Señor monta guardia contra el
"Mar" y el "Dragón marino", que son la representación
simbólica de las fuerzas del caos. Esta es una forma poética de afirmar el
absoluto dominio del Señor sobre el universo. Ver Sal. 74. 12-17; 104. 5-9. 9 13. Según
la mitología antigua, "Rahab" era uno de esos monstruos vencidos
por el Dios creador cuando hizo reinar el orden en medio del caos original. 10 9-12.
Ver Gn. 2. 7; Sal. 139. 13-15. 15 14-15.
Ver 4. 17-19. 16 19.
El "testigo" al que apela Job podría ser su propia sangre, que clama
al cielo pidiendo justicia. Cuando ya está a punto de emprender el
"camino sin retorno" (v. 22), él pide que la tierra no cubra su
sangre (v. 18) para que esta, aún después de su muerte, quede como testimonio
de su inocencia. Tambien podría ser Dios, a quien Job, al sentirse tratado
tan injustamente, pone como "testigo" contra el mismo Dios. 18 13.
"EI Primogénito de 14. "EI
Rey de los terrores" era el jefe mitológico de la morada de los muertos,
llamado Nergal por los babilonios y Plutón por los griegos. 19 25-26.
Seguramente, este pasaje no afirma la fe en la resurrección personal,
porque en ese caso quedaría resuelto el problema planteado en el Libro. Si
Job tuviera la certeza de que sus padecimientos serían recompensados después
de su muerte, no tendría nada que objetar contra la justicia de Dios. Al
decir que él mismo, con su "propia carne", verá a Dios, está
afirmando su esperanza en una intervención divina aquí en la tierra, que
pondrá de manifiesto su inocencia. 29 18. "En
mi nido" quiere decir "en mi lecho". Esta bella imagen y la
del "ave fénix" expresan la idea de una muerte tranquila y en una
edad avanzada. 31 26-28.
Ver Jer. 8. 2; Ez. 8. 16. 33 23.
Este "ángel" es un mensajero celestial que cumple las funciones de
"intérprete", explicando al hombre que sufre el sentido de sus
padecimientos e intercediendo por él ante Dios. 38 17.
"Las Puertas de 36.
"Ibis" y "gallo": a estos dos animales se les atribuía cierta
facultad preventiva. El ibis anunciaba las crecidas del Nilo y el gallo la
llegada del día. 40 15.
"Behemot", en hebreo significa "el animal por
excelencia". Todo este pasaje es una descripción poética del hipopótamo,
símbolo de la fuerza bruta, que está sometido a Dios aunque el hombre no
pueda domarlo. 25. El
nombre "Leviatán" se aplica aquí al cocodrilo. Al designarlo con
ese nombre, se evoca el recuerdo del monstruo mitólógico que representa las
fuerzas del caos. Ver nota Sal. 74. 12-17. |
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Texto Biblico suministrado desde la
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edición para el estudio en Internet de Pedro Sergio Antonio Donoso
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