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Caminando con Jesús Pedro Sergio Antonio Donoso Brant Edición especial comentada para ayudar a
comprender mejor las Sagradas Escrituras |
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LOS DEMÁS ESCRITOS Después de Además de estos "Escritos", hay otros
Libros que los judíos de Palestina no incluyeron en el canon de las
Escrituras, pero que fueron admitidos por los judíos residentes en Alejandría
de Egipto. Estos Libros, redactados originariamente en griego o traducidos a
esa lengua, fueron incorporados a la versión llamada de los "Setenta",
que era El grupo más representativo de estos Escritos es el
de los Libros llamados "sapienciales", a saber, Job, Proverbios,
Eclesiastés, Eclesiástico y Sabiduría, aunque el género sapiencial también se
encuentra en varios Salmos y en otros Libros de carácter didáctico, como los
de Tobías y Baruc. Este género se remonta a los orígenes de Israel, pero se
desarrolló especialmente después del exilio, cuando se extinguió el
profetismo y los "maestros de sabiduría" se convirtieron en los
guías espirituales del Pueblo judío. Los escritos sapienciales La literatura sapiencial no es exclusiva de Israel,
sino que constituye un fenómeno ampliamente difundido en todo el Antiguo Oriente.
La misma Biblia menciona a "los
sabios de las naciones" (Jer. 10. 7) y alude en particular a la
sabiduría de Asiria (Is. 10. 13), de Babilonia (Is. 47. 10; Jer. 50. 35) y de
Fenicia (Ez. 28. 3-5). Especialmente célebres eran los sabios de Arabia y de
Edóm, y Job lo mismo que sus tres amigos son presentados como habitantes de
aquellas regiones (Jb. 1. 1; 2. 11). No menos renombrada era la sabiduría de
Egipto, de donde procede un conjunto notable de escritos sapienciales, cuyos
orígenes se remontan al El rasgo más característico de la
"sabiduría" oriental es su carácter eminentemente práctico. El
sabio observa y escucha, está atento a la compleja trama de la vida y a las
reacciones de los hombres. Él sabe que en la infinita variedad de los acontecimientos
es posible descubrir un "orden" que es preciso conocer para actuar
con éxito en la vida. La sabiduría es el arte de gobernarse a sí mismo, la
capacidad de distinguir lo útil y ventajoso de lo nocivo y perjudicial. Las
fuentes de ese conocimiento práctico son la inteligencia, la experiencia y la
reflexión. De este fondo cultural común a muchos pueblos del
Antiguo Oriente se benefició también Israel. El movimiento sapiencial tomó un
gran impulso en tiempos de Salomón, cuando el afianzamiento de la institución
monárquica exigía la adecuada formación de las clases dirigentes del reino y
la organización del personal administrativo. De allí que la tradición bíblica
considere a aquel célebre rey como el prototipo del "sabio" (1 Rey.
5. 10) y le atribuya prácticamente todos los escritos sapienciales del
Antiguo Testamento. Pero Israel no recibió pasivamente aquella herencia
cultural, sino que le imprimió su sello propio. La sabiduría que brota de la
experiencia se convirtió gradualmente en una sabiduría religiosa, fundada en
el "temor del Señor" y orientada hacia él. Así, el
"humanismo" de la sabiduría oriental adquirió un contenido nuevo,
que se acentúa sobre todo en los escritos más recientes, como son el prólogo
al libro de los Proverbios, el Eclesiástico y Más aún, varios poemas contenidos en estos Libros
"personifican" a SALMOS La formación del Salterio La palabra "Salmo" proviene de un verbo
griego que significa "tocar un instrumento de cuerdas", y se
utilizó originariamente para designar los cantos acompañados por ese instrumento.
Este último se llamaba "Salterio", pero más tarde el nombre
perdió su significación original y comenzó a ser empleado como sinónimo de
LIBRO DE LOS SALMOS. El Antiguo Testamento contiene numerosos textos
poéticos con características similares a las de los Salmos. El célebre Canto
de Moisés (Ex. 15. 1-18), el himno de victoria entonado por Débora y Barac
(Jc. 5), la elegía de David por la muerte de Saúl y Jonatán (2 Sam. 1. 17-27)
y la lamentación de Jonás (Jon. 2. 3-10), son algunos de los muchos ejemplos
que se podrían citar. Pero el tesoro de la lírica cultual y religiosa de
Israel se encuentra fundamentalmente en el Salterio. Una tradición judía –que luego tuvo amplia difusión
en En realidad, el Salterio es el Libro de oración que
los israelitas fueron componiendo a lo largo de varios siglos para dialogar
con su Dios. A través de ciento cincuenta poemas religiosos, ese Pueblo fue
expresando sus experiencias y las aspiraciones más profundas de su alma: sus
luchas y sus esperanzas, sus triunfos y sus fracasos, su adoración y su
acción de gracias, sus rebeldías y sus arrepentimientos y, sobre todo, la
súplica ardiente que brota de la enfermedad, la pobreza, el destierro, la
injusticia y de todas las demás miserias del hombre. Al comienzo de la mayoría de los Salmos se
encuentran inscripciones o "títulos", con indicaciones de carácter
musical, poético, litúrgico o histórico, cuyo significado es muchas veces
oscuro. Estos títulos no provienen de los autores de cada Salmo, sino que
fueron agregados por los cantores del Templo de Jerusalén, a medida que los
diversos poemas eran agrupados en colecciones. Los géneros literarios de los Salmos En el texto hebreo del Antiguo Testamento, los
Salmos son designados con una expresión que significa "Cantos de
Alabanza". Esta designación se adapta muy bien a un grupo de Salmos,
pero resulta menos adecuada cuando se la aplica a todo el conjunto, ya que el
Salterio incluye –además de los "Himnos" o "Cantos
de Alabanza"– otros tipos de oración, en especial, las
"Súplicas" y los "Cantos de Acción de gracias". Los "Himnos" expresan la actitud de
adoración del creyente frente a la grandeza y la bondad de Dios. En este
grupo se distinguen, por su tema especial, los "Cantos de Sión"
y los "Himnos a la realeza del Señor". Las "Súplicas"
responden a la necesidad de apelar confiadamente a la misericordia divina en
los momentos de necesidad, y se pueden distinguir dos tipos diversos: las
súplicas "colectivas" y las "individuales".
Los "Cantos de Acción de gracias" son una expresión de
reconocimiento por la ayuda recibida del Señor, y también ellos se dividen en
"colectivos" e "individuales". La
característica distintiva de estos Salmos es el relato de los sufrimientos
padecidos por el salmista y la solemne proclamación de los beneficios
alcanzados. A estos tres géneros se añaden otros grupos de
salmos que presentan características especiales, sea de forma o de contenido.
A ellos pertenecen, por ejemplo, los Salmos "sapienciales" y
los "reales". Estos últimos cobraron una especial
importancia cuando fue depuesto el último de los reyes davídicos.
"Releídos" en sentido mesiánico, se descubrió en ellos un
anuncio profético del día en que el Señor devolvería su antiguo esplendor a
la dinastía davídica y establecería un Reino más perfecto aún que el de
David. Dentro de dicha perspectiva mesiánica, el Nuevo Testamento aplicó esto
Salmos a Jesucristo, el Mesías, "nacido de la estirpe de David según
la carne" (Rom. 1. 3). Además, existen otras formas de Salmos,
llamadas "mixtas" o "irregulares" porque en
ellas se mezclan diversos géneros. Los Salmos imprecatorios Una dificultad particular es la que presentan las
"imprecaciones" del Salterio, con sus violentos deseos de venganza
y sus expresiones de odio contra los "enemigos". Para situar esas
imprecaciones en su contexto adecuado, conviene tener en cuenta, aunque sea
muy someramente, quiénes son los "enemigos" a los que se alude en
los Salmos. Unas veces, las imprecaciones están dirigidas contra
los "enemigos" de Israel, es decir, contra los responsables de
graves desgracias nacionales, incluso –como en los casos de Asiria y de
Babilonia– de la destrucción de los Reinos de Israel y de Judá (2 Rey. 17.
5-6; 25. 8-21). El orgullo nacional y la convicción de que los enemigos de
Israel eran los enemigos de Dios, hacen más explicables algunas expresiones,
como las de los salmos 79. 12; 137. 7-9. Por otra parte, estas imprecaciones
reproducen fórmulas más o menos estereotipadas, propias del lenguaje guerrero
de la época. Otras veces, los "enemigos" son todos
aquellos que tenían al salmista por un pecador y veían en sus sufrimientos un
castigo de Dios, debido a la perspectiva de retribución puramente terrena
propia del Antiguo Testamento. Para esa mentalidad, todo sufrimiento era una
consecuencia del pecado, y los que lo padecían estaban "abandonados de
Dios". Consciente de su inocencia, el salmista apela al Señor para que
"confunda" a sus enemigos. Sólo así se manifestaría la justicia de
Dios y la inocencia de los justos, y no se podría dudar de la protección que
el Señor concede a sus amigos. Finalmente, en otras ocasiones, los
"enemigos" son los que persiguen y oprimen a los pobres y a los
débiles. En esos casos, las imprecaciones –incluso las más violentas– revelan
un ansia incontenible de justicia y un legítimo anhelo de liberación que nunca
pierden actualidad. El uso cristiano del Salterio Los primeros cristianos hicieron del Salterio su
"Libro de oración" por excelencia, si bien lo "releyeron"
con un nuevo espíritu, a la luz del Misterio Pascual. Este hecho resulta
particularmente significativo, si se tiene en cuenta que todos los otros
elementos cultuales de Al conservar el uso de los Salmos, los primeros
cristianos no hicieron más que seguir el ejemplo de Cristo. Los Salmos, en
efecto, animaron su constante diálogo con el Padre. Un salmo expresa el
sentido de su misión, en el momento de venir a este mundo (Sal. 40. 8-9,
citado en Heb. 10. 9). En sus peregrinaciones a Jerusalén, antes de iniciar
su ministerio público, Jesús cantó los Salmos graduales (Lc. 2. 41-42). En la
última Cena, entonó los Salmos que recitaban los judíos al celebrar Salmo 1 El Salterio comienza con esta
"Bienaventuranza", que es como el prólogo de todo el Libro. La
exclamación inicial –"¡Feliz
el hombre...!"–; se explicita a lo largo del Salmo mediante la
contraposición de dos imágenes poéticas: el árbol desbordante de vitalidad
simboliza la felicidad de los justos; la paja arrastrada por el viento
representa la ruina final de los impíos. Así se expresa uno de los temas
centrales del Salterio y de toda Salmo 2 Este Salmo "real" perteneció
originariamente al ritual de la entronización de los reyes davídicos. Con
gran fuerza poética y en progresión dramática, el salmista presenta cuatro escenas
sucesivas: a) la inútil rebelión de los reyes vasallos (vs. 1-3); b) la
reacción del Señor frente a los rebeldes (vs. 4-6); c) la declaración del
nuevo rey, el "Ungido" del Señor (vs. 7-9); d) el llamado a la
reconciliación, con una amenaza a los rebeldes (vs. 10-12). En el transcurso del tiempo, este Salmo se fue
enriqueciendo con motivos mesiánicos, y los primeros cristianos lo
"releyeron" como un anuncio de la entronización celestial de Cristo
en el momento de su Resurrección y como una proclamación profética de su
filiación divina (v. 7). Salmo 3 Rodeado de enemigos que tratan de quitarle la
confianza en Dios (v. 3), el salmista se pone totalmente bajo la protección
divina. Su confianza se funda en el recuerdo de la ayuda que recibió del
Señor en circunstancias similares (vs. 4-5, 8). La "multitud innumerable" mencionada en
el v. 7 (literalmente, "un ejército de diez mil"), podría indicar
que este Salmo fue inicialmente la súplica de un rey o de un jefe militar, y
que sólo más tarde comenzó a ser recitado por el común de los fieles. La tradición cristiana, apoyándose en el v. Salmo 4 La experiencia personal de los favores recibidos (v.
2b) ha suscitado en el salmista una inalterable confianza en Dios, que hace
"maravillas" por sus amigos (v. 4). Esta actitud confiada -única
fuente de paz y alegría verdaderas (vs. 8-9)- le permite apelar a la ayuda
divina en la dificultad presente, y dirigir una severa exhortación a los que
dudan de Dios y se apartan de él en el momento de la adversidad (vs. 3-7). Salmo 5 A la hora en que se ofrece el sacrificio matutino
(Éx. 29. 38-40), un fiel israelita expone su caso al Señor (v. 4), apelando a
la justicia de Dios (v. 9). El hecho de encontrarse en el Santuario (v. 8) es
para él una prueba de su inocencia, porque ningún impío podría gozar de ese
privilegio (vs. 5-6). Para hacer más apremiante su oración, el salmista
menciona a sus enemigos, que lo acusan calumniosamente (vs. 9-11). El Salmo
concluye con una expresión de confianza en el Señor, que bendice a los justos
y los protege como un escudo (vs. 12-13). El v. Salmo 6 Agobiado por sus sufrimientos, un enfermo pide al
Señor que lo perdone y le devuelva la salud (vs. 2-3), exponiendo los males
que lo afligen (vs 4, 7-8) y los motivos que tiene para implorar la ayuda
divina (vs. 5-6). Las expresiones e imágenes empleadas en este Salmo
se vuelven a encontrar en un grupo de Salmos denominados "Oraciones de
los enfermos", (Sal. 38; 41; 88; 102. 2-12). Estas oraciones podían ser
utilizadas en cualquier caso de enfermedad. Los enfermos las recitaban
personalmente en el Templo, y si estaban impedidos, lo hacían por medio de un
representante. A cada uno le correspondía poner su acento particular en la
recitación de la súplica. La tradición cristiana ha hecho de este Salmo uno de
los siete llamados "penitenciales" (Sal. 32; 38; 51; 102; 130;
143). Salmo 7 Mediante una declaración que equivale a un juramento
(vs. 4-6), una persona acusada y perseguida se confiesa inocente delante del
Señor y le ruega que lo libre de sus perseguidores (vs. 9-10). El motivo de la acusación está descrito con bastante
vaguedad, y ningún detalle permite identificar con exactitud a los
perseguidores. Estos hechos parecen indicar que el Salmo fue compuesto
originariamente para el rito a que se hace alusión en 1 Rey. 8. 31-32: cuando
un inocente era amenazado de muerte y perseguido, podía refugiarse en el
Templo y someter su caso a la justicia de Dios. Con este fin, recitaba la
fórmula contenida en este Salmo o alguna otra similar (Sal. 17; 26). Al
declarar su inocencia, no afirmaba estar libre de todo pecado, sino solamente
del crimen que se le imputaba. Salmo 8 La alabanza contenida en este célebre himno expresa
la intuición poético-religiosa del salmista, que contempla con ojos
asombrados la obra de Dios en la creación. Su pensamiento se concentra en el
hombre, realidad casi insignificante en comparación con la majestad del
cielo, y objeto, al mismo tiempo, de una inexplicable solicitud por parte del
Creador (v. 5). Ningún otro de los seres creados recibió una dignidad
semejante a la de él (v. 6), y todas las cosas están sometidas a su dominio
(vs. 7-9). Estas mismas ideas se vuelven a encontrar en el relato
"sacerdotal" de la creación (Gn. 1. 26-28), que es, sin duda,
posterior a este Salmo. Salmo 11 (10) Ante una grave amenaza de muerte, cuando la prudencia
humana haría razonable la huida, el salmista responde a sus amigos con una
expresión de absoluta confianza en Dios. Al lirismo de los versos iniciales
(vs. 1-3) se añade una reflexión de tono sapiencial (vs. 4-7). En ella se
afirma que los acontecimientos humanos están regidos por Salmo 12
(11) Este Salmo es una súplica, en la que el autor, con
una visión pesimista del mundo, pide al Señor que intervenga para poner fin a
los males que lo afligen. El Señor responde a esta petición con un oráculo,
que contiene una promesa de salvación para los oprimidos (v. 6). Como es
habitual en los Salmos de súplica, los versículos finales (8-9) son una
expresión de confianza en el Señor. Salmo 13 (12) Los dramáticos "¿hasta cuándo?" de los
versículos iniciales (2-3) confieren a esta súplica una intensidad
particular. La reiteración de la pregunta expresa elocuentemente la
impaciencia del salmista, al sentirse abandonado de Dios; pero, al mismo
tiempo, es un signo de la íntima familiaridad con que implora la protección
divina. El Salmo no es muy explícito en describir la
aflicción que da motivo a la súplica. Sin embargo, el v. 4 parece indicar que
se trata de una enfermedad grave, que pone al paciente en peligro de muerte.
Como en el Salmo anterior, la súplica concluye con una expresión de
confianza, que dará lugar a la alegría y a la acción de gracias, cuando el
Señor responda favorablemente (v. 6). Salmo 14 (13) La primera parte de este Salmo describe con un tono
marcadamente pesimista, semejante al del Salmo 12, los pecados que corrompen
a la sociedad. El principal de todos esos pecados es la negación de Dios, que
el salmista condena como la mayor insensatez (vs. 1-3). La segunda parte
contiene una invectiva contra los opresores de los pobres, porque no quieren
caer en la cuenta del castigo que el Señor les tiene reservado (vs. 4-6). El
versículo final fue añadido para el uso litúrgico del Salmo, y expresa el deseo
de que el Señor envíe tiempos mejores a su Pueblo. Este mismo Salmo, con algunas variantes (vs. 5-6),
se vuelve a encontrar en el segundo libro del Salterio (Sal. 53). Salmo 15 (14) En este breve y hermoso Salmo se establecen las
condiciones necesarias para ser "huésped" del Señor, es decir, para
entrar en el Santuario y participar del culto divino (v. 1). Entre las
condiciones exigidas, no se menciona ningún rito exterior, sino que todas
tienen un carácter exclusivamente moral. Esto pone en evidencia que el
verdadero culto es inseparable de la justicia y del amor hacia el prójimo
(vs. 2-5). Salmo 16 (15) La confianza y el gozo profundo que brotan de la
intimidad con Dios, son los sentimientos predominantes en este Salmo. Los vs.
5-6 permiten suponer que su autor es un levita – es decir, una persona
consagrada al culto de Dios en el Templo de Jerusalén– que se encuentra en un
grave peligro y acude al Señor, fuente de vida (v. 11), para que lo libre de
la muerte (v. 10). El Nuevo Testamento asigna a este Salmo un sentido
mesiánico, citándolo como un anuncio anticipado de Salmo 17
(16) La situación en que se recitaba este Salmo es
idéntica a la que se describe a propósito del Salmo 7: un inocente –acusado y
perseguido injustamente– expone su caso al Señor en demanda de justicia. La
súplica se alterna con las declaraciones de inocencia (vs. 3-5) y con una
descripción de la maldad de sus perseguidores (vs. 10-12). En el versículo
final, el salmista manifiesta su certeza de que alcanzará el favor divino. Salmo 18 (17) En este Salmo, el rey expresa su reconocimiento al
Señor por la victoria alcanzada. El estilo es altamente poético y las ideas
se van expresando con un amplio despliegue de imágenes. Al comienzo, se
acumulan epítetos que presentan al Señor como un refugio inexpugnable para
sus fieles (vs. 2-3). La amenaza del enemigo se describe como una irrupción
de las fuerzas del caos y de la muerte (vs. 5-6). La intervención del Señor
está descrita como una teofanía, en la que participan y se conmueven todas
las fuerzas de la naturaleza (vs. 8-16). Con algunas variantes, este mismo poema se vuelve a
encontrar en 2 Sam. 22. 2-51. Salmo 19 (18) En este Salmo se encuentran yuxtapuestos dos poemas de
estilo y contenido diversos. El primero es un himno de intensa vibración
lírica, que celebra la gloria del Creador manifestada en la armonía y
grandiosidad del firmamento (vs. 2-7). El segundo -que proviene de una época
mucho más reciente- es un poema didáctico, en el que se describen las
excelencias de A pesar de estas diferencias, la yuxtaposición de
los dos poemas no es totalmente artificial, ya que así se establece un
paralelismo entre las dos manifestaciones de la gloria de Dios: una en Salmo 20 (19) Ante la inminencia del combate, la comunidad
congregada en el Templo (v. 3) implora la protección divina y la victoria del
rey (vs. 2-6). Como era habitual en esas circunstancias (1 Sam. 7. 7-10), un
sacrificio acompañaba a la súplica (v. 4). La segunda parte del Salmo (vs.
7-9) es un oráculo pronunciado en nombre del Señor, que anuncia la victoria a
su Ungido. Salmo 21
(20) Este canto litúrgico de acción de gracias está
estrechamente vinculado con el Salmo anterior: la súplica del pueblo antes de
la batalla ha sido escuchada, y el Señor ha concedido al rey una resonante victoria.
El Salmo consta de tres partes. La primera (vs. 2-8) es una expresión de
alegre reconocimiento por las bendiciones concedidas al rey, en particular,
por el triunfo alcanzado. En la segunda (vs. 9-13), un sacerdote o un profeta
interviene para anunciar la victoria total sobre los enemigos del Señor y del
rey. Por último (v. 14), la comunidad pide al Señor, en una breve súplica,
que despliegue su poder para cumplir la promesa expresada anteriormente. Salmo 22 (21) Este Salmo supera a todos los de su género por la
intensidad de la súplica y por la impresionante descripción de los
sufrimientos que aquejan al salmista. En él se encuentra expresado el
desamparo de un hombre justo, que ha tocado el límite del sufrimiento físico
y moral, sobre todo, el de sentirse abandonado por Dios (v. 2). Sin embargo,
incluso en medio de los mayores sufrimientos, el salmista suplica con una
inquebrantable confianza en Dios (vs. 10-11) y está seguro de la liberación
final. Por eso, su oración concluye con un canto de alabanza y de acción de
gracias, en el que todos los fieles son invitados a celebrar al Señor, que no
niega su ayuda a los pobres (vs. 23-27). Este Salmo ocupa un lugar excepcional en la piedad
cristiana, porque Jesús, en el momento de la crucifixión, lo utilizó para
expresar los tormentos de su agonía. Salmo 23 (22) Un sentimiento de profunda confianza en Dios
-expresado en un lenguaje de incomparable belleza poética- es la
característica de este Salmo. En la primera parte (vs. 1-4), el salmista se
vale de la imagen del "pastor" para describir su experiencia de la
protección divina. En la segunda (vs. 5-6), los elementos simbólicos parecen
entrecruzarse con la referencia a una situación concreta: el salmista,
perseguido por sus enemigos (v. 5) se pone al amparo del Señor en el Templo
(v. 6), y allí el Señor le brinda su hospitalidad, haciéndolo partícipe de su
mesa (v. 5). El Nuevo Testamento retoma la imagen del
"pastor" para aplicarla a Cristo, el "Buen Pastor" que da
la vida por sus ovejas (Jn. 10). La tradición de Salmo 24 (23) Este Salmo consta de tres partes, aparentemente
inconexas. La primera es un breve himno al Creador (vs. 1-2). La segunda, de
tono sapiencial, enumera las condiciones morales que debe reunir el que se
acerca al recinto sagrado (vs. 3-6). En la parte final (vs. 7-10), resuena un
diálogo de dos coros frente a las puertas del Santuario. La vinculación de estas tres partes aparece de
inmediato, si se tiene en cuenta la acción litúrgica que servía de marco al
Salmo. La comunidad cultual, reunida procesionalmente a la entrada del
Templo, se disponía a ingresar en él con el Arca de Salmo 26 (25) Víctima de una acusación injusta el salmista busca
un refugio en el Santuario y allí apela al Juicio de Dios (v. 1). Una
declaración de "inocencia" (vs. 4-6) acompaña a la súplica, que
concluye con la promesa de agradecer públicamente al Señor el beneficio
recibido (v. 12). Por su contenido y por la circunstancia en que era
pronunciado originariamente, este Salmo es muy similar al Salmo 7. Salmo 27
(26) Este Salmo consta de dos partes íntimamente
relacionadas. En la primera (vs. 1-6), el salmista manifiesta con imágenes
muy expresivas su inalterable confianza en el Señor (v. 3) y su anhelo de
vivir en constante comunión con él (v. 4). La segunda (vs. 7-14) es una
súplica en medio de la persecución, donde vuelve a ponerse de manifiesto ese
mismo sentimiento de ilimitada confianza (v. 10). Salmo 28 (27) Ante la amenaza de un peligro mortal, el salmista
suplica al Señor que responda favorablemente a sus ruegos, librándolo de la
muerte (vs. 1-3). No es fácil determinar con exactitud la índole del peligro
a que se hace alusión en el Salmo, y podría pensarse tanto en una acusación
injusta como en una enfermedad grave. Los vs. 6-7 son un canto de acción de
gracias, que el salmista entona anticipadamente, porque está seguro de
recibir la ayuda divina. La súplica final por el rey y por todo el Pueblo
(vs. 8-9), probablemente fue añadida más tarde, para el uso litúrgico del
Salmo. Salmo 29
(28) Este vibrante himno de alabanza celebra la majestad
y el poder de Dios, que se manifiestan en el fragor de la tormenta. La
"voz del Señor" es el trueno, que sacude con su ímpetu todas las
fuerzas de la naturaleza (vs. 3-9). A la voz del Señor en esta teofanía
cósmica, responde la alabanza litúrgica de toda la creación, expresada en una
sola palabra "¡Gloria!" (v. 9). Probablemente, este Salmo es la adaptación de un
antiguo himno cananeo en honor de Baal, el dios de las tormentas. Salmo 30 (29) Este Salmo es un canto de acción de gracias después
de una enfermedad grave (vs. 2-5, 13). El salmista reconoce que el Señor lo
puso en peligro de muerte por un pecado de presunción (v. 7); pero luego, en
respuesta a su plegaria (vs. 9-11), le dio una prueba evidente de su
misericordia (v. 6), haciendo que su dolor se convirtiera en alegría (v. 12). Salmo 31 (30) En este Salmo se combinan una súplica confiada (vs.
2-l9) y un canto de acción de gracias (vs. 20-25). En primer lugar, un hombre
acusado y perseguido injustamente se pone en las manos de Dios (v. 6) y le
ruega que lo salve. Luego el mismo salmista expresa su reconocimiento al
Señor, por haber experimentado la protección divina y verse libre de peligro. Salmo 32 (31) Este poema lírico-didáctico expresa la felicidad de
un pecador que ha obtenido el perdón divino, contraponiéndola a las
aflicciones que provienen del pecado (vs. 1-5). El tono personal con que el
salmista narra su propia experiencia (vs. 3-5), se alterna con el estilo
sapiencial de las "bienaventuranzas" iniciales (vs 1-2) y de la
exhortación final (vs. 8-11). Esto hace que el Salmo sea, al mismo tiempo,
una expresión de agradecimiento al Señor por la gracia del perdón, y una lección
de sabiduría para toda la comunidad. Este es uno de los Salmos llamados
"penitenciales" (Sal. 6; 38; 51; 102; 130; 143). Salmo 33 (32) Este himno es una invitación a celebrar la
omnipotencia de Salmo 35 (34) Ante la acusación de falsos testigos (v. 11), un
hombre inocente expone su causa al Señor y le pide que acuda en su defensa
(vs. 1-3). El salmista se siente defraudado por la ingratitud de sus
adversarios, que lo persiguen sin motivo (v. 7) y le devuelven mal por bien
(vs. 12-16). Su oración incluye la promesa de dar gracias a Dios públicamente
por los beneficios recibidos (vs. 18, 28). Salmo 36 (35) En este Salmo se contrapone vívidamente la maldad
del impío a la bondad de Dios. Los versículos iniciales (2-5) presentan al
impío como inspirado por una fuerza interior -el Pecado- que lo induce a la
rebelión contra Dios y a la práctica del mal. La segunda parte (vs.
6-l0)describe en estilo hímnico Salmo 38
(37) Este Salmo es la súplica de un enfermo (vs. 3-4) que
padece, además, de una penosa enfermedad (vs. 6-11), el abandono de sus
amigos y la persecución de sus enemigos (vs. l2-13). El salmista tiene una
viva conciencia de su pecado (v. 5), pero no ha perdido la esperanza (v. 16),
y aguarda pacientemente que el Señor no lo abandone y le devuelva la salud
(vs. 22-23). Este es uno de los Salmos llamados "Oraciones
de los enfermos" (Sal. 6; 41; 88; 102. 2-12). La tradición cristiana lo
ha incluido en el grupo de los Salmos "penitenciales" (Sal. 6; 32;
51; 102; 130; 143). Salmo 39
(38) Este Salmo es como el estallido de una indignación
largamente reprimida (vs. 3-4). El diálogo del salmista con el Señor tiene un
tono de amarga protesta, motivada por la intensidad del sufrimiento (v. 11) y
por la reflexión sobre la caducidad de la vida (vs. 5-7). Sin embargo, la
confianza en Dios (v. 8) y el reconocimiento de los propios pecados (vs. 9,
12) hacen que predomine, en definitiva, la actitud de humilde sometimiento a
los designios del Señor (v. 10). Salmo 40 (39) En este Salmo se encuentran reunidos dos poemas de
estilo y contenido diversos. El primero (vs. 2-11) es un canto de acción de
gracias por la liberación de un peligro grave. El segundo (vs. 14-18) es una
súplica para pedir la ayuda divina en un momento de desgracia, y se vuelve a
encontrar en el Salmo 70, en forma independiente. Los vs. 12-13 sirven de
lazo de unión entre estas dos partes, que originariamente estaban separadas. Salmo 41
(40) La nota característica de este Salmo es el
"preludio" sapiencial que antecede a la acción de gracias por la
salud obtenida (vs. 2-4). El salmista recuerda su penosa enfermedad y la
súplica que dirigió al Señor en medio de su dolor. Al describir sus
padecimientos, más que el dolor físico, acentúa el dolor moral que causan la
ingratitud, la maledicencia y la hipocresía (vs. 5-11). El Señor accedió a su
súplica, y en esto él reconoce el amor que le ha manifestado (vs. 12-13). Este es uno de los Salmos llamados "Oraciones
de los enfermos" (Sal. 6; 38; 88; 102. 2-12). Salmo 42 (41) La unidad temática, el estilo y la repetición del
mismo estribillo a intervalos regulares (42. 6, 12; 43. 5) indican que los
Salmos 42 y 43 forman un mismo poema. En él se armonizan admirablemente la
hondura del sentimiento religioso y la eficacia de la expresión lírica. El v.
7 indica que el autor del Salmo -probablemente un levita- se encuentra lejos
de Salmo 43
(42) Salmo 44
(43) En un momento de grave crisis nacional -consecuencia
de una derrota- Israel se dirige al Señor para implorar su ayuda. El recuerdo
de las antiguas victorias (vs. 2-9), y su contraposición con la calamidad
presente (vs. 10-17), confiere mayor dramatismo a la súplica. La alternancia
entre el singular y el plural (vs. 5-6, 7-8) indica que el salmista, en
alguna medida, encarna el destino de toda la nación. Esta es una de las
características propias del rey, y por eso se puede pensar que es él quien
pronuncia la súplica, como representante de todo el pueblo. Las audaces afirmaciones de los vs. 18-22
proporcionan un valioso indicio para fijar la fecha de composición del Salmo:
el Señor permitió la derrota de su Pueblo en un momento en que este se
mantenía fiel a Salmo 45 (44) Este bellísimo canto nupcial fue compuesto en
ocasión del matrimonio de un rey israelita con una princesa extranjera. En la
primera parte del Salmo (vs. 2-10), el poeta se dirige al rey para exaltar
sus virtudes y exhortarlo a luchar por la justicia, en defensa de su pueblo.
La segunda parte (vs. 11-17) está dedicada a la esposa: luego de invitarla
delicadamente a que sepa ganarse el corazón del rey, el salmista describe su
belleza y el esplendor de su cortejo. El versículo final (18) tiene un sentido mesiánico
y, sin duda, fue agregado más tarde, cuando se "releyó" todo el
Salmo como una descripción profética del Mesías. Así lo utilizan el Nuevo
Testamento (Heb. 1. 8-9) y la tradición cristiana. Salmo 46
(45) Este canto triunfal contiene una admirable profesión
de confianza en el Señor, que está presente en medio de su Pueblo (vs. 4, 8,
12), como una fortaleza inexpugnable (v. 2). El lugar privilegiado de esa
presencia divina es la "Ciudad de Dios" (v. 5) -Jerusalén, con su
Templo de Sión-que el mismo Señor eligió como Morada (Sal. 132. 13). Desde
allí él manifiesta su poder, para asegurar la prosperidad y la paz de su
Pueblo (vs. 5, 10), y para librarlo de todos los peligros (vs. 3-4, 6). Este Salmo -junto con los Salmos 48; 76; 87-
pertenece a un grupo de poemas cultuales, que celebran los privilegios de Salmo 47
(46) El tema de este himno es la realeza universal del
Señor (vs. 3, 7-9) puesta de manifiesto victoriosamente cuando él entregó en
herencia a su Pueblo En el Salterio, hay otros poemas litúrgicos que
tienen una afinidad temática con este Salmo, y por eso son llamados
"Himnos a la realeza del Señor" (Sal. 93; 96 - 99). Salmo 48
(47) Este vibrante poema -lo mismo que el Salmo 46- es
una expresión de fe y de confianza en el Señor, cuya presencia en el Templo
de Sión hacía de Jerusalén la "Ciudad de Dios" (v. 9) y era una
garantía de seguridad para Israel (v. 4). Los vs. 5-8 parecen ser, más que la
descripción de un hecho histórico determinado (2 Rey. l9. 35), la
representación poética de todos los peligros que podían amenazar a Este Salmo -junto con los Salmos 46; 76; 87-
pertenece al grupo de los llamados "Cantos de Sión". Salmo 49 (48) Este Salmo "didáctico" alude repetidamente
al "temor" que experimentan los pobres, cuando comparan su propia
miseria con la felicidad de los poderosos (vs. 6-7, 17). Dicho temor está
motivado por la aparente contradicción entre ese estado de cosas y la
justicia de Dios en el gobierno del mundo (Sal. 37; 73). Para responder a esa
inquietud, el salmista recuerda que nadie podrá asegurarse la inmortalidad
por medio de sus riquezas (vs. 8-10): todos los hombres son iguales ante la
muerte (v. 11) y los ricos no llevarán sus bienes a la tumba (v. 18). Además,
los justos se verán libres de todo grave peligro (v. 16), mientras que un
desastre final espera a los malvados (vs. 12-15). El Salmo no contiene
ninguna referencia clara a la vida eterna: sólo esta proporcionará más tarde
la clave para resolver adecuadamente el "enigma" planteado en el v.
5. Salmo 50 (49) La parte central de este Salmo está constituida por
la acusación que Dios dirige a su Pueblo, para reprocharle su infidelidad a Salmo 51
(50) Este Salmo -designado tradicionalmente con el nombre
de Miserere- es la súplica
penitencial por excelencia. El salmista es consciente de su profunda miseria
(v. 7) y experimenta la necesidad de una total transformación interior, para
no dejarse arrastrar por su tendencia al pecado (v. 4). Por eso, además de
reconocer sus faltas y de implorar el perdón divino, suplica al Señor que lo
renueve íntegramente, "creando" en su interior "un corazón
puro" (v. 12). El tono de la súplica es marcadamente personal, y en
el contenido del Salmo se percibe la influencia de los grandes profetas, en
especial de Jeremías (24. 7) y Ezequiel (36. 25-27). En él se encuentra,
además, el germen de la doctrina paulina acerca del "hombre nuevo" (Col. 3. 10; Ef. 4. 24). Este es uno de los Salmos llamados
"penitenciales" (Sal. 6; 32; 38; 102; 130; 143). Salmo 52 (51) El comienzo de este Salmo es una vigorosa acusación
contra los que promueven la injusticia, valiéndose del poder que les confiere
su puesto relevante en la sociedad (vs. 3-6). En la denuncia se percibe un
acento profético, y la culminación de la misma es el anuncio del castigo que
el Señor tiene reservado a los que obran de esa manera (v. 7). El justo, en
cambio, puede vivir confiadamente bajo la protección de Dios (v. 10). Salmo 53 (52) Con algunas leves modificaciones (v. 6), este Salmo
es una repetición del Salmo 14, y en él se describen los pecados que
corrompen a la sociedad (vs. I -4) y se lanza una invectiva contra los
opresores de los pobres (vs. 5-6). Salmo 54
(53) Esta breve oración es una súplica para pedir la
protección divina en medio de la opresión (v. 5). La petición está acompañada
de una profesión de fe y de confianza en el Señor, que es el "sostén" y el defensor de sus fieles
(v. 6). El salmista concluye con la promesa de ofrecer un sacrificio de
acción de gracias y de testimoniar públicamente la bondad del Señor (v. 8). Salmo 55 (54) En esta lamentación, un hombre calumniado y
perseguido manifiesta su dolor, más que por el odio de sus adversarios, por
la traición de un amigo (vs. 13-15). Los vs. 7-9 contienen una exclamación
bellamente poética, en la que el salmista expresa su deseo de encontrar un
refugio en la soledad, para verse libre de los males que lo afligen. En la
parte final del Salmo, predominan los sentimientos de confianza en Dios (vs.
17-19, 23). Salmo 56 (55) Un hombre perseguido implacablemente (v. 9) apela al
poder de Dios para que lo libre de sus adversarios. No obstante la gravedad
del peligro (vs. 2-3, 6-7), el salmista no pierde la fe en el Señor (v. 5) y
espera confiadamente el momento de su liberación (vs. 10-12). En la seguridad
de ser escuchado por Dios, promete darle gracias públicamente por el
beneficio recibido (vs. 13-14). Salmo 57
(56) El estribillo de los vs. 6 y 12 sirve de conclusión
a la dos partes que componen este Salmo. La primera (vs. 2-5) es la súplica
de un hombre perseguido, que se refugia en el Señor para verse libre del
peligro. La segunda (vs. 7-11) es un canto de acción de gracias: una vez
pasada la adversidad, el salmista quiere anticiparse a la aurora (v. 9), para
alabar el amor y la fidelidad del Señor (v. 11). La parte final de este Salmo
(vs. 8-12) se vuelve a encontrar, casi sin ninguna variante, en el Salmo 108.
2-6. Salmo 58
(57) Este poema es un severo reproche contra los jueces
inicuos, que con sus decisiones arbitrarias fomentan la violencia y la
injusticia en la sociedad. Después de una invectiva llena de sarcasmo (vs.
2-3), el Salmo describe la inconducta de los jueces y su obstinación en el
mal (vs. 4-6), y lanza contra ellos enérgicas imprecaciones (vs. 7-10). Por
último, anuncia la alegría que experimentarán los justos cuando se manifieste
la justicia de Dios (vs. 11-12). Salmo 59
(58) Este Salmo es la súplica de un hombre perseguido y
acusado injustamente. Seguro de su inocencia (v. 5), el salmista pide que sus
enemigos sean exterminados (v. 12), para que se ponga de manifiesto el justo
gobierno de Dios sobre el mundo (v. 14). El odio y la crueldad de los
perseguidores (vs. 7-8, 15-16) explican de alguna manera la violencia de
ciertos sentimientos expresados en el Salmo. Salmo 60
(59) En esta lamentación, aparecen reflejados los
diversos momentos de una acción litúrgica, celebrada con motivo de una grave
derrota nacional. En la primera parte (vs. 3-7), la comunidad se queja ante
el Señor por la dura prueba a que se vio sometida. Luego viene un oráculo del
Señor (vs. 8-10), que promete a su Pueblo la total recuperación de sus
antiguos dominios. Este oráculo divino se caracteriza por sus audaces
antropomorfismos y por su estilo épico. La parte final del Salmo es una
reiteración de la lamentación y de la súplica (vs 11- 13), y una profesión de
confianza en el poder de Dios (v. 14). Los vs. 7-14 se vuelven a encontrar en
el Salmo 108. 7-14. Salmo 61
(60) Un hombre desterrado -probablemente un levita-
suspira por volver a gozar de la presencia divina, viviendo constantemente
junto al Santuario de Dios (v.5). En los vs. 7-8 se inserta una oración por
el rey, cuya vinculación con el resto del Salmo no aparece con claridad. Salmo 62
(61) La característica dominante de este Salmo es la
absoluta confianza en el Señor, a pesar de la hostilidad y la persecución. El
salmista se siente plenamente seguro bajo la protección de Dios (vs. 2-3, 6-8).
Por eso interpela decididamente a sus adversarios (vs. 4-5), se reconforta a
sí mismo (vs. 6-7) y exhorta a todos los fieles a que compartan sus mismos
sentimientos (v. 9). La reflexión sapiencial de los vs. 10-11 y el oráculo
divino de los vs. 12-13, le sirven para confirmar su enseñanza. Salmo 63 (62) Un profundo anhelo de Dios -bellamente expresado con
la imagen de la tierra sedienta (v. 2)- es el sentimiento que domina todo
este Salmo. Su autor podría ser un levita desterrado, que recuerda el tiempo en
que vivía junto al Santuario, gozando de la intimidad con el Señor. En el
silencio de la noche rememora aquellas horas felices, y ese recuerdo le sirve
de consuelo (vs. 7-9). El versículo final indica que el salmista identifica
su propia suerte con la de todo su Pueblo, representado en la persona del
rey. Salmo 64
(63) Esta súplica se caracteriza por las expresivas
imágenes con que el salmista describe las insidias de sus adversarios (vs. 2-7),
y la intervención victoriosa del Señor en defensa de la justicia (vs. 8-9).
En la parte final del Salmo, se presenta el castigo de los malvados como un
saludable llamado a la reflexión (v. 10), y como un motivo de alegría y
seguridad para los que viven rectamente (v. 11). Salmo 65
(64) En este canto de acción de gracias, la comunidad
expresa su ferviente alabanza y reconocimiento al Señor por todos los
beneficios recibidos, de sus manos. La primera parte (vs. 2-5) insiste en la
bondad de Dios, que escucha desde su Templo las oraciones de los fieles (v.
3) y se muestra siempre dispuesto a perdonarlos (v. 4). La segunda (vs. 6-9)
evoca el poder creador del Señor y sus obras admirables en la naturaleza y en
la historia, con acentos marcadamente universalistas (v. 6). La parte final
del Salmo (vs. 10-14) es de un delicado lirismo, y celebra al Señor como
fuente de vida e inagotable fecundidad. Salmo 66 (65) La primera parte de este Salmo consta de un himno
coral (vs. 1-7) y de un canto comunitario de acción de gracias (vs. 8-12),
cuyo tema central son las maravillas que realizó el Señor en el Mar Rojo y en
el río Jordán (v. 6). La segunda parte (vs. 13-20) difiere sensiblemente de
la anterior: ya no habla la comunidad, sino un individuo, que se presenta delante
del Señor en el Templo, para ofrecer un sacrificio de acción de gracias y dar
testimonio de los favores recibidos. Salmo 67
(66) En esta hermosa oración -compuesta para celebrar la
recolección de las cosechas (Éx. 23. 16)- la comunidad agradece al Señor los
frutos de la tierra (v. 7). Además, le suplica que renueve constantemente sus
bendiciones, a fin de que todos los pueblos reconozcan en el Dios de Israel
al único Dios (vs. 2-3). Esta perspectiva universalista se destaca
particularmente en el estribillo, que se repite en los vs. 4 y 6. Salmo 68
(67) Este canto de victoria rememora la gesta que realizó
el Señor, cuando condujo triunfalmente a su Pueblo desde el Sinaí hasta el
monte Sión (vs. 8-9, 18-19). En torno de esta idea central, se agrupan varios
temas afines, expresados en un lenguaje acentuadamente poético y cargado de
alusiones mitológicas. Las estrofas se suceden sin conexión aparente; pero
esto se debe, en parte, a que el texto del Salmo corresponde a las diversas
etapas de una liturgia procesional. Salmo 69 (68) Esta angustiosa lamentación tiene muchos rasgos
comunes con el Salmo 22, en especial, la dramática descripción de la
enfermedad y los sufrimientos que dan motivo a la súplica (vs. 2-5). Entre
estos últimos, el salmista menciona particularmente el desprecio de que es
objeto por su fidelidad a la causa de Dios y su amor hacia el Templo (vs.
8-13). Así hace presente al Señor que su enfermedad pone en juego el honor
divino, porque si él muere, todos los fieles quedarán expuestos a la burla de
sus enemigos (v. 7). Los vs. 36-37 indican que el Salmo fue compuesto
poco tiempo después del exilio babilónico. Salmo 70 (69) En este Salmo se repite, con muy pocas variantes, la
súplica del Salmo 40. 14-18. Salmo 71 (70) Un anciano gravemente enfermo acude al Señor para
que no lo abandone en los penosos días de su vejez (vs. 9, 18). En lugar de
describir minuciosamente los dolores que lo afligen, el salmista reitera sus
expresiones de fidelidad y confianza en Dios (vs. 3, 5-8, 19), y su promesa
de proclamar los beneficios recibidos, para ejemplo de los más jóvenes (v.
18). Salmo 72 (71) Esta súplica en favor del rey (v. 1) fue compuesta
probablemente para el día de su entronización. En ella se describe, con
imágenes muy expresivas, la función vital del rey en el seno de la comunidad:
la nación no podía gozar de bienestar y prosperidad, si el rey no aseguraba
el orden social mediante un gobierno justo. Su "justicia" debía
beneficiar, sobre todo, a los miembros más indigentes de la comunidad (vs. 2,
4, 7, 12-14). Posteriormente el Salmo recibió una interpretación
mesiánica, y se "releyó" como una descripción profética del Rey
Mesías. Salmo 73 (72) El tema central de este Salmo es el doloroso enigma
que plantea a los justos la comparación entre sus propios sufrimientos (vs.
13-14) y la felicidad de que gozan los impíos (vs. 4-12). El mismo tema
-característico de los escritos sapienciales- es tratado también en los
Salmos 37; 49. Pero aquí el autor del Salmo no se expresa con la serena
objetividad de los sabios. sino que da un testimonio de su experiencia
personal: exasperado por lo que consideraba una injusticia de parte de Dios
(vs. 21-22), estuvo a punto de extraviarse (v. 2), hasta que una visita al
Santuario (v. 17) le hizo experimentar con extraordinaria intensidad la
cercanía de Dios, y así comprendió lo que significa estar alejado de él (v.
27). El final del Salmo es de un contenido casi místico: el salmista
manifiesta que su único anhelo es vivir en intimidad con Dios. Salmo 74
(73) Ante el Templo devastado y profanado por los
enemigos de Israel, la comunidad suplica al Señor que se acuerde de su
Alianza (v.20) y se apresure a reparar las afrentas de su Pueblo (v. 21).
Para hacer más apremiante la súplica, se evocan las proezas que realizó el
Señor, cuando rescató a Israel de la esclavitud y lo convirtió en su herencia
(v. 2). En medio de la súplica, se intercala un himno al Dios creador (vs.
12-17), que tiene por finalidad contraponer el poder manifestado en el
momento de la creación y su desconcertante silencio presente. Salmo 75
(74) El Juicio de Dios (v. 8), que asegurará
definitivamente el triunfo de la justicia (v. 11), es el tema central de este
Salmo. Luego de una exclamación de carácter litúrgico (v. 2), se escucha un
oráculo del Señor, quien se manifestará como Juez supremo cuando él mismo lo
decida (vs. 3-4). A este anuncio sigue una última advertencia dirigida a los
impíos, para que cambien de actitud (vs. 5-9). El Salmo concluye con un tono
hímnico, porque la victoria de la justicia divina será un motivo de alegría
para los justos. Salmo 76 (75) Este poema -como los demás "Cantos de
Sión" (Sal 46; 48; 87)- expresa el amor y la admiración de los
israelitas por su Ciudad santa. Al elegir a Jerusalén como Morada (v. 3), el
Señor la convirtió en escenario de sus victorias (vs. 4-7). Estos resonantes
triunfos confirman el renombre del Señor como guerrero invencible (vs. 2, 8)
y son, a la vez, la manifestación de su justicia en favor de los humildes
(vs. 9-11). Salmo 77
(76) En un momento de extrema aflicción para Israel, el
salmista se interroga angustiosamente sobre la desconcertante actitud del
Señor, que parece haber rechazado para siempre a su Pueblo (vs. 8-11). A
pesar de sus esfuerzos (vs. 3- 7), no alcanza a comprender los misteriosos
caminos de Dios, y sus preguntas quedan sin respuesta. Pero el recuerdo de
las antiguas maravillas del Señor -evocadas hímnicamente en la parte final
del Salmo (vs. 12-21)- permite mirar hacia el futuro con una cierta
esperanza. Por las circunstancias a que se hace alusión, es
probable que el Salmo haya sido compuesto durante el exilio babilónico. Salmo 78
(77) Esta larga meditación de estilo sapiencial evoca la
historia de Israel, desde el Éxodo hasta la institución de la monarquía
davídica. El relato histórico sirve de soporte a una enseñanza para el
presente: en el recuerdo de su propio pasado, Israel debe encontrar un motivo
de gratitud y fidelidad al Dios de Salmo 79 (78) El motivo de esta súplica nacional es la deplorable situación
en que se encuentra Israel: los paganos han devastado y profanado la herencia
del Señor (v. 1); muchos fieles han caído bajo la espada, sus cadáveres han
sido abandonados a las aves de rapiña y los pueblos vecinos celebran esa
derrota (vs. 2-4). El salmista reconoce que la tragedia nacional es el justo
castigo de reiteradas infidelidades (v. 8); pero hace presente al Señor que
esa derrota compromete la gloria de su Nombre (v. 9), ya que Israel es su
Pueblo y su "rebaño"
(v. 13). Si no escucha el llanto de los cautivos, los paganos pensarán que es
inútil servir al Señor (v. 10). Salmo 80
(79) Este Salmo es una súplica que toda la nación dirige
al "Pastor de Israel" (v.
2), en un momento de grave calamidad. El lirismo que caracteriza a todo el
poema aparece con particular relieve en los vs. 9-12, donde Israel es
presentado como una "vid" que el Señor sacó de Egipto y plantó
cuidadosamente en Salmo 81 (80) La primera parte de este Salmo (vs. 2-6) es un
preludio hímnico, que invita a celebrar jubilosamente una de las grandes
fiestas anuales. La segunda (vs. 7-17) contiene un oráculo que el Señor
dirige a Israel, en un tono de reproche y de promesa. En èl, le recuerda sus
beneficios y sus exigencias (vs. 9-11), lo amonesta por su obstinación (vs.
12-13) y le promete toda clase de bendiciones si escucha su Palabra (vs.
14-17). Salmo 82 (81) Este poema ilustra uno de los aspectos de la
prolongada lucha que Israel mantuvo contra la idolatría y contra las
concepciones del paganismo circundante. En algunas ocasiones, los Profetas
-para dar una mayor fuerza persuasiva a sus palabras- interpelaban a los
dioses paganos y les reprochaban su incapacidad para hacer alguna cosa, sea
buena o mala (Is. 41. 21-29). Mediante un procedimiento literario similar,
este Salmo presenta al Señor alzándose como Juez en medio de los dioses, para
condenarlos a la impotencia total, después de haberlos acusado de fomentar la
injusticia entre los hombres. Posteriormente, este Salmo se interpretó como un
apóstrofe contra los jueces y gobernantes injustos. Salmo 83 (82) Israel pide al Señor que repita sus hazañas del
pasado (vs. 10-13) y manifieste su dominio sobre toda la tierra (v. 19),
derrotando a los enemigos de su Pueblo (vs. 14-18). La coalición mencionada
en los vs. 3-6 no se refiere a un hecho histórico determinado, sino que
representa simbólicamente la constante oposición de los paganos contra
Israel. Esta afirmación se funda en el carácter artificial de la lista que
enumera a las naciones coaligadas (vs. 7-9): en ella aparecen reunidos diez de
los enemigos tradicionales de Israel, pertenecientes a épocas diversas. Salmo 84 (83) Al llegar a Jerusalén, un peregrino entona esta
alabanza al Templo de Sión, Morada del Señor y lugar donde se manifiesta su
presencia. Con profundo lirismo, evoca su ansia de Dios que lo trajo hasta el
Santuario (v. 3), las etapas recorridas por los peregrinos (vs. 7-8) y la
felicidad de encontrarse en Salmo 85 (84) En esta oración se refleja la situación espiritual
de los que ya han pasado la prueba del exilio en Babilonia. La repatriación
de los cautivos "ha cambiado la suerte" de Israel (v. 2) y es una
prueba del amor del Señor hacia su Pueblo. Pero los vaticinios proféticos
(Is. 60. 2) no se han cumplido plenamente, y la reconstrucción nacional se
realiza en medio de las más duras penalidades. Por eso la comunidad suplica
al Señor que manifieste su misericordia y le conceda la salvación (v. 8), es
decir, que lleve a su pleno cumplimiento la obra comenzada. La última parte
del Salmo (vs. 9-14) es un oráculo profético, que contiene la respuesta
divina a la súplica del Pueblo y anuncia la definitiva restauración de
Israel, en una era de justicia y prosperidad. Salmo 86
(85) Este Salmo es la oración de un "pobre" (v. 1), que se abandona a la
misericordia y al poder de Dios en medio de un grave peligro (vs. 7-14). Para
fundamentar su petición, el salmista no describe dramáticamente la intensidad
de sus sufrimientos -como suele suceder en las súplicas del Salterio (Sal 22;
41; 69; 88)- sino que apela con esperanzada insistencia a la bondad infinita
de Dios (vs. 5, 13, 15-17). Salmo 87 (86) Es probable que este "Canto de Sión" (Sal.
46; 48; 76) haya sido interpretado de distintas maneras en épocas diversas.
En su forma original, parece estar dirigido a los peregrinos que llegaban a
Sión (vs. 1-2) de todas las regiones de la diáspora judía, para anunciarles
que también ellos debían sentirse como nacidos en Jerusalén. Más tarde, por
influencia de algunos oráculos proféticos (Is. 2. 2-4; Zac. 8. 20-23), el
Salmo fue "releído" con una perspectiva mesiánica y universalista:
Jerusalén estaba llamada a ser el centro espiritual de todas las naciones, y
hasta los más encarnizados enemigos del Pueblo elegido -Egipto, Babilonia,
Tiro, Filistea y Etiopía (v. 4)- tendrían que reconocer al Dios de Israel y
considerarse ciudadanos de Salmo 88 (87) Esta lamentación -sin duda, la más triste de todo el
Salterio- refleja admirablemente las ideas del Antiguo Testamento sobre la
enfermedad, la muerte y el más allá. Entre la enfermedad y la muerte hay sólo
una diferencia de grado, porque en ambos casos están obrando los mismos
poderes hostiles a la vida (vs. 16-18). Al verse privado de todos los motivos
de felicidad y, en especial, de la comunión con los demás (vs. 9, 19), el
enfermo se siente sumergido en el "reino
de la muerte" (v. 12), cuyas características describen los vs. 6-8.
En esta penosa situación, y sin manifestar ningún sentimiento de esperanza,
el salmista pide al Señor que le devuelva la vida porque los muertos no
pueden alabar a Dios (vs. 11 -13). La fe en la resurrección y en la vida futura ilumina
con una nueva perspectiva el misterio del dolor, tan elocuentemente expresado
en este Salmo, que pertenece a los llamados "Oraciones de los enfermos"
(Sal. 6; 38; 41; 102. 2-12). Salmo 89 (88) La evocación de las promesas hechas por el Señor a
David - que constituye la parte central de este magnífico poema- sirve de
base a la súplica por el rey, en un momento de grave humillación para la dinastía
davídica. Con esta visión global del Salmo, es fácil percibir la conexión
entre sus diversas partes. El breve preludio (v. 2) -seguido de una alusión a
la alianza davídica (vs. 3-5) y de un himno al Creador (vs. 6-19)- introduce
un oráculo divino (vs. 20-38), que anuncia los privilegios de David y su
dinastía-. La situación que describen los versículos siguientes (39-46) es el
reverso de esas antiguas promesas, y por eso el rey suplica al Señor que
vuelva a manifestarle su amor y su fidelidad (vs. 47-52). Salmo 90 (89) La súplica contenida en este Salmo está motivada por
largos años de penosos sufrimientos. En ella, la comunidad de Israel ruega al
Señor que le conceda una alegría comparable a las tribulaciones vividas hasta
el presente (vs. 13-15).El Salmo no apunta específicamente a una situación
particular -hambre, sequía o guerra- sino que parece referirse, de manera
general, a las penalidades cotidianas, tanto de los individuos como de la
nación. Por eso, la súplica va precedida de una profunda meditación sobre la
precariedad y la miseria de la vida humana, contrapuesta a la eternidad y
soberanía de Dios (vs. 2-10). La conclusión del salmista es que la verdadera
sabiduría consiste en reconocer la brevedad de la vida (v. 12). El verso
inicial confiere a todo el Salmo un tono de esperanzada confianza. Salmo 91 (90) Una sola idea se repite a lo largo de todo este
Salmo: los que se refugian en el Señor pueden afrontar confiadamente
cualquier dificultad, porque cuentan con la constante y eficaz protección
divina. Muchas expresiones tienen evidentemente un carácter hiperbólico, por
ejemplo la del v. 13, y sólo pretenden destacar la excepcional providencia
con que el Señor cuida de sus fieles. En la parte final del Salmo (vs.
14-16), un oráculo divino confirma la enseñanza del salmista. Salmo 92 (91) En este canto de acción de gracias, el salmista
descubre en su caso personal (vs. 5, 11-12) una manifestación de los
designios providenciales de Dios (v. 6). La suerte reservada a los impíos
(vs. 8-10) y a los justos (vs. 13-16) revela la profundidad y la justicia de
esos designios, que el "insensato" es incapaz de comprender (v. 7).
Sin plantear expresamente el problema -como sucede en los Salmos 37; 49; 73-
este Salmo da una respuesta a los interrogantes que suscita el aparente
triunfo del mal. Salmo 93
(92) El tema central de este himno se vuelve a encontrar
en un grupo de salmos cultuales, denominados habitualmente "Himnos a la
realeza del Señor" (Sal. 47; 96 - 99). Todos estos poemas proclaman al
Señor como Rey universal, destacando los diversos motivos en que se funda su
realeza. En este caso, la soberanía del Señor aparece fundada en el acto de
la creación y afianzamiento del mundo, que los vs. 3-4 describen -con
evidentes reminiscencias mitológicas- como una victoria divina sobre las
fuerzas del caos. El versículo final alude a Salmo 94
(93) El salmista comienza con una angustiosa invocación
al Señor, para que se manifieste como Juez de la tierra y castigue a los
opresores de su Pueblo (vs 1-7). La segunda parte del Salmo tiene un tono
sapiencial, y es un severo reproche a los que ponen en duda el triunfo final
de la justicia (vs. 8-15). Por último, el salmista se reconforta a sí mismo,
fundado en su propia experiencia de la intervención salvadora de Dios (vs.
16-19) y en la seguridad de que el Señor no puede estar de parte de la
injusticia (vs. 20-23). Salmo 95 (94) Las dos partes que componen este Salmo corresponden
a otros tantos momentos de una solemne acción litúrgica. La primera (vs. 1-7)
es un canto procesional dirigido a la comunidad para invitarla a ingresar
jubilosamente en la morada del Señor. En la segunda parte (vs. 8-11) se
escucha un oráculo del Señor, que exhorta a Israel a no imitar la
incredulidad y la rebeldía de sus antepasados en el desierto. Salmo 96 (95) La proclamación de la realeza del Señor es asociada
en este himno a dos acontecimientos decisivos de su obra salvífica: la
creación y el juicio (v. 10). La primera establece en la naturaleza el orden
querido por Dios (Gn. 1. 31); el segundo restablece en la historia el orden
quebrantado por la injusticia. Por eso, no sólo los hombres (vs. 1-10), sino
todos los seres creados (vs. 11-12) son invitados a celebrar jubilosamente la
llegada del Señor, que viene a instaurar definitivamente su justicia (v. 13). Este poema litúrgico pertenece al grupo de los
"Himnos a la realeza del Señor" (Sal. 47; 93; 97 - 99) y presenta
numerosas analogías con Is. 40 - 66. Un poco más abreviado, se vuelve a
encontrar en 1 Crón. 16. 23-33. Salmo 97 (96) La frase inicial de este "Himno a la realeza
del Señor" (Sal 47; 93; 96; 98 - 99) es una solemne proclamación, que
anuncia el advenimiento del Reino de Dios, inaugurado por una teofanía de la
que participan todos los elementos de la naturaleza (vs. 1-5). Esta
manifestación del Señor como Rey signifca el triunfo definitivo de la
justicia (v. 6) y es un motivo de júbilo para su Pueblo (vs. 8, 11). La
exhortación final (v. 12) parece estar dirigida a la comunidad congregada en
el Templo, que actualizaba cultualmente la victoria del Señor sobre sus
enemigos y el establecimiento de su Reino. Salmo 98 (97) Las ideas que desarrolla este "Himno a la
realeza del Señor" (Sal. 47; 93; 96 - 97; 99) son muy afines con las del
Salmo 96, y su fuente de inspiración es también Is. 40 - 66. Salmo 99 (98) Este Salmo es un himno de alabanza al Señor, que
estableció su trono en Sión para revelarse a Israel como Rey justo y poderoso
(vs. 1-4). La benevolencia y la justicia con que el Señor gobierna a su
Pueblo se manifiesta, de manera arquetípica, en las figuras de Moisés, Aarón
y Samuel: ellos son, a un mismo tiempo, los mediadores de Si bien este poema pertenece al grupo de "Himnos
a la realeza del Señor" (Sal. 47; 93; 96 - 98), por su forma y su
contenido difiere notablemente de los demás. Salmo 100 (99) La primera estrofa de este canto procesional (vs.
1-2) es una invitación a la alegría y a la acción de gracias, dirigida a toda
la comunidad cultual en e1 momento de ingresar al Templo. En la segunda
estrofa, Israel reconoce con gratitud su condición de "Pueblo" y
"rebaño" del único Dios (v. 3) La estructura del Salmo parece
indicar que este era cantado alternadamente por dos coros. Salmo 101 (100) Este Salmo es una profesión de fidelidad a la misión
que Dios había confiado a David y a sus descendientes: la de gobernar con
justicia la "Ciudad del
Señor" (v. 8). Es difícil determinar con exactitud en qué
circunstancias el rey davídico debía pronunciar estas palabras.
Probablemente, lo hacía en el transcurso de una acción litúrgica, que
conmemoraba periódicamente la institución de la dinastía y la alianza del
Señor con la casa de David. La tradición cristiana ha encontrado en este Salmo
el ideal y el programa de todo gobierno justo. Salmo 102 (101) La interpretación de este Salmo se ve dificultada
por la inclusión en un mismo poema de elementos bastante heterogéneos:
súplica individual (vs. 2-12, 24-25), expresiones hímnicas (vs. 13, 26-28), y
anuncio profético (vs. 14-23). Para resolver esta dificultad, se podría dar
la siguiente explicación: durante el exilio babilónico, se aplicó la súplica
de un enfermo grave a la situación en que se encontraba Israel, cuando
Jerusalén y el Templo estaban en ruinas. Entonces se añadió un oráculo que
anunciaba la reconstrucción del Santuario (v. 17)y el retorno de los
desterrados (v. 23). Este es uno de los Salmos llamados
"penitenciales" (Sal. 6; 32; 38; 51; 130; 143). El tema de los vs.
2-12 hace que se lo incluya entre las "Oraciones de los enfermos"
(Sal. 6; 38; 41; 88;). Salmo 103 (102) Este himno de alabanza a Dios comienza en forma de
diálogo entre el salmista y su propia alma (vs. 1-6), y luego continúa en el
estilo propio de los himnos. Su tema es la infinita bondad del Señor, que se
brinda incesantemente a los hombres, en especial a los débiles (vs. 3-4) y a
los oprimidos (v. 6). La actitud de Dios hacia los pecadores no es la de un
Juez inapelable, sino la de un padre bondadoso (vs. 8-13), que conoce a fondo
la miseria del hombre (vs. 14-16). El poema concluye con una invitación a
bendecir a Dios, dirigida a todo el universo. Salmo 104 (103) El tema de este bellísimo himno es la obra de Dios
en la creación. El poema presenta una semejanza notable con un himno egipcio
al dios Sol, proveniente del siglo XIV a. C. Más evidente aún es su relación
con el primer capítulo del Génesis. Sin embargo, el salmista utiliza sus
fuentes de inspiración con una gran libertad y originalidad. Se describe al
universo visible como una realidad desbordante de movimiento y de vida, que
refleja, hasta en los detalles más ínfimos (vs. 17-18, 21), el poder y la
sabiduría del Creador. Salmo 105 (104) Este Salmo "histórico" es la proclamación
de las maravillas que realizó el Señor para la salvación de su Pueblo. Las
acciones divinas se enumeran a partir de Una parte de este Salmo se vuelve a encontrar en 1
Crón. 16. 8-22, en el contexto de una acción litúrgica. Salmo 106 (105) También en este Salmo se enumeran los
acontecimientos de Salmo 107 (106) En este canto de acción de gracias, se describen
cuatro situaciones típicas, que ponen de manifiesto una especial providencia
de Dios: la vuelta del exilio, presentada como un nuevo Éxodo (vs. 4-9); la
liberación de los cautivos (vs. 10-16); la ayuda divina a los que sufren (vs.
17-22) y a los navegantes en peligro (vs. 23-32). La parte final del Salmo
(vs. 33-43) tiene un carácter hímnico-sapiencial, y su tema central es el
poder de Dios, que transforma el orden de los acontecimientos en beneficio de
sus fieles. Salmo 108 (107) Este Salmo resulta de la combinación de dos
fragmentos, que se encuentran en los Salmos 57. 8-12; 60. 7-14. En la primera
parte (vs. 2-7), el salmista alaba fervientemente al Señor por su
misericordia y su fidelidad. La segunda (vs. 8-14) contiene un oráculo divino
y una expresión de confianza en la ayuda del Señor. Salmo 109 (108) Las imprecaciones contenidas en esta súplica -las
más violentas de todo el Salterio- han dado a este Salmo una particular
celebridad. Estas imprecaciones se atribuyen generalmente al salmista, pero
hay serias razones para pensar que él no hace más que repetir, delante del
Señor, las palabras de sus acusadores y perseguidores. Salmo 110 (109) El núcleo de este Salmo "real" está
constituido por un oráculo del Señor, que proclama los privilegios concedidos
a los reyes davídicos en el día de su entronización. Este oráculo se articula
en tres partes, introducidas y ampliadas por la palabra del salmista. El
primer privilegio del rey es el de ser lugarteniente del Señor y partícipe de
su soberanía (vs. 1-2). El segundo radica en su filiación divina, fundada en
una adopción por parte de Dios (v. 3). El tercero es su condición de
sacerdote "a la manera de
Melquisedec" (v. 4), el antiguo rey de Jerusalén y sacerdote de Dios,
el Altísimo (Gn. 14. 18). Con el transcurso del tiempo -sobre todo después del
exilio- este Salmo sirvió para alentar la esperanza mesiánica de Israel. En
este mismo sentido lo utiliza el Nuevo Testamento, citándolo repetidamente
como un testimonio profético de la dignidad mesiánica de Jesús, el Rey y
Sacerdote de Salmo 113 (112) Este breve himno propone un doble motivo para alabar
a Dios: su infinita grandeza, que trasciende todos los límites del universo
(v. 4), y su admirable condescendencia, que lo mueve a "inclinarse"
bondadosamente hacia la tierra (vs. 5-6), para elevar a los más pobres y
desamparados (vs. 7-9). Con este Salmo se inicia una colección de seis
poemas (Sal. 113 -118) que la tradición rabínica denomina "Halel",
palabra hebrea vinculada con la exclamación litúrgica "¡Aleluya!".
Estos Salmos eran cantados en las fiestas religiosas más importantes, sobre
todo durante la celebración de Salmo 114 (113a) Con admirable concisión y gran expresividad poética,
este "Himno pascual" rememora toda la epopeya del Éxodo como un
signo del absoluto dominio del Señor sobre las fuerzas de la naturaleza.
Estas no pueden ofrecer ningún obstáculo ante la presencia del Dios de
Israel, que se ha manifestado para liberar a su Pueblo de la esclavitud e
introducirlo triunfalmente en Salmo 115
( 113b ) La falta de unidad de este Salmo procede de su
carácter litúrgico y coral. Cada una de sus partes responde a los diversos
momentos de una acción litúrgica, celebrada por la comunidad postexílica. Aunque
se ignoran los detalles de esa liturgia, es evidente que de ella participaban
un coro y uno o varios solistas (vs. 9-18). El rasgo más característico del
Salmo es la profesión de fe en el único Dios, en manifiesta polémica contra
el paganismo circundante (vs. 4-8). De esta fe provienen la confianza en la
omnipotencia divina (vs. 3, 9-11) y la seguridad de contar con las
bendiciones del Señor (vs. 12-15). Salmo 116 (114-115) En señal de reconocimiento al Señor, que lo libró de
un peligro de muerte (vs. 3, 8-9), el salmista entona este canto de acción de
gracias. El recuerdo de su aflicción acentúa los sentimientos de amor (v. 1),
de esperanza (v. 7) y de gratitud (v. 12). La oración está acompañada de una
serie de reflexiones sapienciales, que subrayan la misericordia del Señor
hacia los más débiles (vs. 5-6) y su preocupación por librarlos de la muerte
(v. 15). La parte final del Salmo alude a los sacrificios que constituían una
parte esencial en el rito de acción de gracias. Salmo 117 (116) En este Salmo - el más breve del Salterio - todas
las naciones son invitadas a alabar al Dios de Israel (v. 1), por el inmenso
amor que tiene hacia su Pueblo (v. 2). Estos dos elementos definen el
"universalismo" del Antiguo Testamento en sus rasgos más esenciales,
al poner de manifiesto la función mediadora de Israel en la salvación de
todos los pueblos. Salmo 118
(117) Este magnífico canto de acción de gracias celebra
una victoria de Israel, en la que se puso de manifiesto una vez más el amor
del Señor hacia su Pueblo (vs. 1-4) y su invencible poder (vs. 15-16). La
referencia explícita a dos acciones cultuales -la liturgia de entrada al
Santuario (vs. 19-20) y la procesión de la comunidad hacia el altar (v. 27)-
destaca con particular relieve el carácter litúrgico del Salmo. En esa
liturgia de acción de gracias, la función principal corresponde al rey, que
describe la acción salvadora de Dios en primera persona del singular (vs.
5-14, 17-18, 21), mostrando así su condición de representante y portavoz de
todo el Pueblo. La liturgia cristiana confirió a este Salmo un
significado "pascual" , y lo utiliza para cantar la victoria de
Cristo. Salmo 120
(119) Con este breve poema se inicia la colección de los
Salmos "de peregrinación" (Sal 120 - 134), que también reciben el nombre
de "graduales" o de las "subidas", porque eran cantados
por los peregrinos que "subían" a Jerusalén, con motivo de las
grandes fiestas anuales (Éx. 23. ]4-19). Este Salmo refleja poéticamente la situación de los
humildes y desposeídos, que viven en medio de una sociedad dominada por la
agresividad y la mentira. Allí se encuentran como extranjeros, como
desterrados en un país hostil o entre las tribus del desierto (vs. 5-7). Salmo 121
(120) La estructura dialogada de este Salmo parece indicar
que los peregrinos lo cantaban en forma coral, durante la marcha hacia
Jerusalén. Un tono de serena confianza atraviesa todo el poema. En él se
describe al Señor como un centinela, que está alerta en su puesto de guardia
para proteger a sus fieles. El bellísimo verso inicial se inspira
probablemente en la actitud de los peregrinos, que avanzaban con la mirada
fija en las montañas, esperando divisar la altura donde se elevaba el Templo
de Sión. Salmo 122
(121) La alegría de los peregrinos al emprender la marcha
hacia Jerusalén (v. 1), el espectáculo de las tribus que avanzaban
procesionalmente (v. 4) y la emoción que se experimentaba al pisar el suelo
de Sión (v. 2), dan pie al salmista para hacer un elogio entusiasta de Salmo 123 (122) En contraposición con el optimismo nacional del
Salmo anterior, esta ardiente súplica refleja la opresión en que se
encontraban los israelitas a su vuelta del exilio babilónico (Neh. 4. 1-5).
La reconstrucción material y espiritual de la nación se realizaba en medio de
las luchas más penosas. Las bellas imágenes del v. 2 indican que sólo la
protección divina podía ofrecer a los repatriados un motivo de esperanza. Salmo 124 (123) En este canto de liberación, Israel agradece al
Señor que lo haya salvado de un gravísimo peligro. Varias imágenes se suceden
para describir vívidamente la seriedad de la amenaza: las aguas torrenciales
(v. 4), las fieras a punto de devorar (v. 6), la trampa del cazador (v. 7).
Sin embargo, faltan alusiones concretas a una situación histórica precisa, y
no es fácil decidir si la liberación es el retorno del exilio babilónico o
una victoria en tiempos de los Macabeos. Salmo 125
(124) El espectáculo de Salmo 126
(125) El tono de este poema -como el del Salmo 85- refleja
elocuentemente la situación espiritual de los israelitas al término del
exilio. El edicto de Ciro ( Salmo 127 (126) Este hermoso poema sapiencial es una invitación a la
confianza en Salmo 128 (127) La felicidad de los justos -constituida por los
sencillos goces de la vida familiar- es el tema central de este hermoso
poema. Al final del Salmo (v. 5), el horizonte se amplía, y la felicidad
personal aparece estrechamente vinculada con la prosperidad de Jerusalén,
centro de la vida nacional y fuente de bendición para todo Israel. Salmo 129
(128) Este Salmo retoma en parte el tema del Salmo 124. Desde
los comienzos de su historia (vs. 1-2), Israel debió soportar a numerosos
opresores. Pero el Señor nunca permitió que aniquilaran a su Pueblo. Apoyados
en esta experiencia de la protección divina, los peregrinos piden al Señor la
rápida destrucción de sus enemigos y miran confiadamente hacia el futuro. Salmo 130 (129) En esta súplica, el reconocimiento del propio pecado
se une a la confiada seguridad de obtener el perdón divino. El salmista,
lejos de sentise abandonado de Dios, se apoya en la conciencia de su propia
indignidad, para acercarse a él. Con esta actitud implora el perdón y la
protección, no sólo para sí mismo, sino también para todo su Pueblo. Este es uno de los Salmos llamados
"penitenciales" (Sal. 6; 32; 38; 51; 102; 143), y la tradición cristiana
lo utiliza preferentemente en la liturgia de los difuntos por su marcado tono
de esperanza. Salmo 131
(130) Con una gran espontaneidad, el salmista describe su
actitud humilde y confiada delante de Dios, fundada en la renuncia a toda "aspiración desmedida" (v. 1). Esta
actitud se expresa admirablemente en la imagen del niño que descansa
tranquilo en los "brazos de su madre" (v. 2). El versículo
final amplía la perspectiva a todo Israel, para exhortarlo a tener ese mismo
espíritu de humildad y confianza en el Señor. Salmo 132
(131) Este Salmo rememora el traslado del Arca de Los cortes abruptos de los vs. 6-10 dejan entrever
los diversos momentos de una liturgia procesional. Algunos indicios permiten
afirmar que esta era celebrada anualmente, en tiempos de la monarquía, para
conmemorar la elección de la dinastía davídica y del monte Sión (2 Sam. 7). Salmo 133 (132) Este delicado poema es un elogio de la convivencia
fraternal, tanto en la intimidad de la familia como en la comunidad nacional
y religiosa. Las grandes fiestas anuales -cuando toda la comunidad de Israel
se congregaba en el monte Sión- eran la ocasión más propicia para
intensificar los vínculos fraternales entre los miembros del Pueblo de Dios.
De allí la inserción de este Salmo en el grupo de los "Cantos de
peregrinación". Salmo 134 (133) Una exhortación a bendecir al Señor (vs. 1-2) y un
augurio de bendición divina (v. 3), componen este breve Salmo, que es a la
vez un himno y una plegaria. La alusión a
"las horas de la noche" (v. 1) deja entrever que el Salmo era
cantado en una celebración nocturna. Con este Salmo, concluye la serie de los llamados
Salmos "graduales" o "de peregrinación" (Sal. 120 - 134). Salmo 135 (134) Basta una simple lectura de este Salmo para advertir
que ha sido compuesto con elementos tomados de otros himnos litúrgicos, en
especial, de los Salmos 113. 1; 115. 4-8; 136. 17- Salmo 136 (135) Con expresiones breves y vigorosas, este himno
responsorial presenta un resumen de Salmo 137 (136) En este bello poema se expresan elocuentemente los
sentimientos de los israelitas deportados a Babilonia: la profunda nostalgia que
experimentaban al acordarse de su patria (v. I) y la tristeza que les
provocaba el sarcasmo de sus opresores (v. 3). La destrucción de Jerusalén y del Templo, y la dura
experiencia del exilio, explican de alguna manera el odio expresado en las
invectivas contra Babilonia y contra todos los que se alegraron por la ruina
de Israel (vs. 7-9). Salmo 138 (137) El amor y la fidelidad del Señor (v. 2), que
reconforta y protege a los humildes (vs. 3, 6), motivan este canto de acción
de gracias, en el cual aparece claramente una nota "universalista"
(vs. 4-5). El Salmo concluye con una renovada expresión de confianza en el
Señor (vs. 7-8). Salmo 139 (138) En un lenguaje de profundo lirismo, el salmista
expresa su admiración ante la insondable sabiduría de Dios, que penetra todas
las cosas y sondea hasta lo más íntimo del corazón humano. El tono sereno y meditativo del Salmo se interrumpe
bruscamente en el v. 19, para introducir una severa imprecación contra los
impíos. Esta imprecación -que a primera vista parece fuera de lugar - da
mucha luz sobre la situación en que el Salmo fue pronunciado originariamente:
el salmista, hostigado por "hombres
sanguinarios" (v. 19), se somete al juicio de Dios, pidiéndole que
"examine" su conducta y sus intenciones (v. 23). Su hondo sentido
de la trascendencia divina le impide declarar abiertamente su inocencia, y
sólo la insinúa con una gran humildad (v. 24). Salmo 140
(139) Este Salmo es una súplica al Señor, defensor de los
pobres (v. 13), contra la calumnia y la opresión. Luego de evocar con
expresivas imágenes la violencia y la maldad de sus perseguidores (vs. 3-6),
el salmista dirige contra ellos una severa imprecación (vs. 9-12). La súplica
está acompañada de una profesión de inquebrantable confianza (vs. 7-8),
fundada en la certeza de que Dios es justo y hace valer el derecho de los
oprimidos (vs. 13-14). Salmo 141
(140) En esta súplica, el salmista pide al Señor que lo
libre del doble peligro que lo amenaza: la hostilidad de sus enemigos (v. 9) y
la tentación de dejarse arrastrar por los malos deseos, imitando la
maledicencia y los excesos de los impíos (vs. 3-4). Su voluntad de resistir a
las seducciones del mal, incluye también la buena disposición para aceptar
las advertencias de los justos, aunque resulten penosas (v. 5). Salmo 142 (141) En medio de una obstinada persecución (vs. 4, 7) y
sin esperanzas de encontrar una ayuda en los hombres (v. 5), el salmista
invoca angustiosamente al Señor (vs. 2, 7), que es su único refugio (v. 6).
Confiado en su pronta liberación, promete reconocer públicamente los favores
recibidos de Dios, para alegría y edificación de los justos (v. 8). Salmo 143
(142) Un hombre perseguido violentamente (v. 3) se pone
bajo la protección de Dios, a fin de que lo libre de sus perseguidores (v.
9). Para fundamentar su pedido, el salmista apela a las antiguas
intervenciones de Dios en favor de su Pueblo (v. 5). Pero a diferencia de lo
que sucede en otros Salmos similares (Sal. 7), él no hace una declaración de
su propia inocencia, sino que reconoce su condición de pecador y su
imposibilidad de obtener la salvación sin el auxilio de la misericordia
divina. Este es uno de los salmos llamados
"penitenciales" (Sal. 6; 32; 38; 51; 102; 130). Salmo 144
(143) En la primera parte de este Salmo (vs. 1- 11), un
rey se dirige al Señor para darle gracias por su constante protección (vs.
l-2) y para rogarle que lo libre de sus enemigos (vs. 3-11). Las frases y
expresiones utilizadas por el salmista reflejan la influencia de otros
Salmos, en especial la del Salmo 18, que en varios versículos se encuentra
reproducido casi literalmente. La segunda parte (vs. 12-15) tiene un tono
mucho más lírico, y es una súplica por la prosperidad de la nación. Las diferencias de estilo y el paso del singular al
plural hacen suponer que estas dos partes, en su origen, fueron composiciones
independientes. El uso litúrgico las unió más tarde, para asociar la oración
por el rey a la oración por todo el pueblo. Salmo 146 (145) La alabanza expresada en este Salmo se fundamenta en
el poder creador del Señor (v. 6) y en su bondad para con los pobres y
oprimidos (vs. 7-9). Los motivos para alabar a Dios están precedidos de una
exhortación sapiencial y de una "bienaventuranza". En la primera
(v. 3), el salmista invita a los fieles a no confiar en los poderosos, porque
de ellos no puede venir la salvación; la segunda (v. 5) proclama la felicidad
de los que confían en el Señor. Salmo 147(146-147) Resulta fácil delimitar las tres partes que componen
este himno litúrgico, porque cada una de ellas comienza con una invitación a
alabar a Dios (vs. 1, 7, 12). La primera parte (vs. 1-6) celebra la
omnipotente bondad del Señor, manifestada en la restauración de su Pueblo y
de La versión griega de los Setenta -seguida por Salmo 148 Todo el universo -desde los ángeles hasta los seres
inanimados- son invitados en este Salmo a entonar un canto de alabanza al
Señor. El motivo de la alabanza es el admirable orden de la creación. El
versículo final destaca los privilegios de Israel como Pueblo elegido de
Dios. Este Salmo tiene una gran similitud con el Canto de
las Criaturas, que figura en los suplementos griegos del libro de Daniel (3.
52-90). Salmo 149 El amor del Señor hacia su Pueblo y la victoria que
le tiene asegurada (v. 4) son el motivo propuesto a la comunidad cultual,
para invitarla a cantar jubilosamente a su Creador y su Rey (vs. 1-3). El
reverso de esa victoria es "la
sentencia dictada" por Dios contra los enemigos de su Pueblo (v. 9),
e Israel está llamado a ejecutarla (vs. 6-8). Este himno se destaca por su entusiasmo guerrero y
su ardiente nacionalismo. Dichas características se explican porque fue
compuesto después del exilio babilónico, cuando Israel tuvo que luchar
afanosamente por su reconstrucción nacional y religiosa, en medio de la tenaz
oposición de sus vecinos (Neh. 2- 6). La esperanza en la victoria reafirmaba
su fe en el Señor y le daba nuevo ánimo para la lucha. Salmo 150 El libro de los Salmos concluye con esta invitación
a entonar un solemne "canto" en honor del Creador, que habita en su
Santuario cósmico, sobre la majestad del cielo. La invitación se dirige a
todos los seres, y el motivo de la alabanza son las "proezas" del
Señor, manifestadas en la creación y en la historia. que pregonan su grandeza
y su poder. Los dos caminos 1 ¡Feliz el hombre que no sigue el consejo de los malvados, ni se detiene en el camino de los pecadores, ni se sienta en la reunión de los impíos, 2 sino que se complace en la ley del Señor y la medita de día y de noche! 3 Él es como un árbol plantado al borde de las aguas, que produce fruto a su debido tiempo, y cuyas hojas nunca se marchitan: todo lo que haga le saldrá bien. 4 No sucede así con los malvados: ellos son como paja que se lleva el viento. 5 Por eso, no triunfarán los malvados en el juicio, ni los pecadores en la asamblea de los justos; 6 porque el Señor cuida el camino de los justos, pero el camino de los malvados termina mal. EL REY DAVÍDICO,
FIGURA DEL MESÍAS La rebelión de los reyes vasallos 1 ¿Por qué se amotinan las naciones y los pueblos hacen vanos proyectos? 2 Los reyes de la tierra se sublevan, y los príncipes conspiran contra el Señor y contra su Ungido: 3 "Rompamos sus ataduras, librémonos de su yugo". El Señor, defensor de su Ungido 4 El que reina en el cielo se sonríe; el Señor se burla de ellos. 5 Luego los increpa airadamente y los aterra con su furor: 6 "Yo mismo establecí a mi Rey en Sión, mi santa Montaña". Los privilegios del Rey 7 Voy a proclamar el decreto del Señor: Él me ha dicho: "Tú eres mi hijo, yo te he engendrado hoy. 8 Pídeme, y te daré las naciones como herencia, y como propiedad, los confines de la tierra. 9 Los quebrarás con un cetro de hierro, los destrozarás como a un vaso de arcilla". Advertencia contra los rebeldes 10 Por eso, reyes, sean prudentes; aprendan, gobernantes de la tierra. 11 Sirvan al Señor con temor; 12 temblando, ríndanle homenaje, no sea que se irrite y vayan a la ruina, porque su enojo se enciende en un instante. ¡Felices los que se refugian en él! 1 Salmo de David. Cuando huía de su hijo Absalón. 2 Señor, ¡qué numerosos son mis adversarios, cuántos los que se levantan contra mí! 3 ¡Cuántos son los que dicen de mí: "Dios ya no quiere
salvarlo"! Pausa 4 Pero tú eres mi escudo protector y mi gloria, tú mantienes erguida mi cabeza. 5 Invoco al Señor en alta voz y él me responde desde su santa Montaña. 6 Yo me acuesto y me duermo, y me despierto tranquilo porque el Señor me sostiene. 7 No temo a la multitud innumerable, apostada contra mí por todas partes. 8 ¡Levántate, Señor! ¡Sálvame, Dios mío! Tú golpeas en la mejilla a mis enemigos y rompes los dientes de los malvados. 9 ¡En ti, Señor, está la salvación, y tu bendición sobre tu
pueblo! Pausa súplica y
exhortación ALA CONFIANZA EN DIOS 1 Del maestro de coro. Para instrumentos de cuerda. Salmo de David. 2 Respóndeme cuando te invoco, Dios, mi defensor, tú, que en la angustia me diste un desahogo: ten piedad de mí y escucha mi oración. 3 Y ustedes, señores, ¿hasta cuando ultrajarán al que es mi Gloria, amarán lo que es falso y buscarán lo engañoso? Pausa 4 Sepan que el Señor hizo maravillas por su amigo: él me escucha siempre que lo invoco. 5 Tiemblen, y no pequen
más; Pausa reflexionen en sus lechos y guarden silencio, 6 ofrezcan los sacrificios que son debidos y tengan confianza en el Señor. 7 Hay muchos que preguntan: "¿Quién nos mostrará la felicidad, si la luz de tu rostro, Señor, se ha alejado de nosotros?". 8 Pero tú has puesto en mi corazón más alegría que cuando abundan el trigo y el vino. 9 Me acuesto en paz y en seguida me duermo, porque sólo tú, Señor, aseguras mi descanso. INVOCACIÓN A 1 Del maestro de coro. Para flautas. Salmo de David.
2 Señor, escucha mis palabras, atiende a mis gemidos; 3 oye mi clamor, mi Rey y mi Dios, porque te estoy suplicando. 4 Señor, de madrugada ya escuchas mi voz: por la mañana te expongo mi causa y espero tu respuesta. 5 Tú no eres un Dios que ama la maldad; ningún impío será tu huésped, 6 ni los orgullosos podrán resistir delante de tu mirada. Tú detestas a los que hacen el mal 7 y destruyes a los mentirosos. ¡Al hombre sanguinario y traicionero lo abomina el Señor! 8 Pero yo, por tu inmensa bondad, llego hasta tu Casa, y me postro ante tu santo Templo con profundo temor. 9 Guíame, Señor, por tu justicia, porque tengo muchos enemigos: ábreme un camino llano. 10 En su boca no hay sinceridad, su corazón es perverso; su garganta es un sepulcro abierto, aunque adulan con la lengua. 11 Castígalos, Señor, como culpables, que fracasen sus intrigas; expúlsalo por sus muchos crímenes, porque se han rebelado contra ti. 12 Así se alegrarán los que en ti se refugian y siempre cantarán jubilosos; tú proteges a los que aman tu Nombre, y ellos se llenarán de gozo. 13 Porque tú, Señor, bendices al justo, como un escudo lo cubre tu favor. SÚPLICA DE UN
ENFERMO GRAVE 1 Del maestro de coro. Para instrumentos de cuerda. En octava. Salmo de David. 2 Señor, no me reprendas por tu enojo ni me castigues por tu indignación. 3 Ten piedad de mí, porque me faltan las fuerzas; sáname, porque mis huesos se estremecen. y tú, Señor, ¿hasta cuándo...? 5 Vuélvete, Señor, rescata mi vida, sálvame por tu misericordia, 6 porque en ¿y quién podrá alabarte en el Abismo? 7 Estoy agotado de tanto gemir: cada noche empapo mi lecho con llanto, inundo de lágrimas mi cama. 8 Mis ojos están extenuados por el pesar y envejecidos a causa de la opresión. 9 Apártense de mí todos los malvados, porque el Señor ha oído mis sollozos. 10 El Señor ha escuchado mi súplica, el Señor ha aceptado mi plegaria. 11 ¡Que caiga sobre mis enemigos la confusión y el terror, y en un instante retrocedan avergonzados! PLEGARIA DE UN
INOCENTE PERSEGUIDO 1 Lamentación de David. La que cantó al Señor a
propósito de Cus, el benjaminita. Invocación inicial 2 Señor, Dios mío, en ti me refugio: sálvame de todos los que me persiguen; 3 líbrame, para que nadie pueda atraparme como un león, que destroza sin remedio. Declaración de la propia inocencia 4 Señor, Dios mío, si cometí alguna bajeza, o hay crímenes en mis manos; 5 si he pagado con traición a mi amigo o he despojado sin razón a mi adversario: 6 que el enemigo me persiga y me alcance, que aplaste mi vida contra el suelo y deje tendidas mis entrañas en el polvo. Pausa Apelación al Juicio de Dios 7 Levántate, Señor, lleno de indignación; álzate contra el furor de mis adversarios. Despierta para el juicio que has convocado: 8 que una asamblea de pueblos te rodee, y presídelos tú, desde lo alto. 9 El Señor es el Juez de las naciones: júzgame, Señor, conforme a mi justicia y de acuerdo con mi integridad. 10 ¡Que se acabe la maldad de los impíos! Tú que sondeas las mentes y los corazones, tú que eres un Dios justo, apoya al inocente. que salva a los rectos de corazón. 12 Dios es un Juez justo y puede irritarse en cualquier momento. 13 Si no se convierten, afilará la espada, tenderá su arco y apuntará; 14 preparará sus armas mortíferas, dispondrá sus flechas incendiarias. El pecador, autor y víctima de su maldad 15 El malvado concibe la maldad, está grávido de malicia y da a luz la mentira. 16 Cavó una fosa y la ahondó, pero él mismo cayó en la fosa que hizo: 17 su maldad se vuelve sobre su cabeza, su violencia recae sobre su cráneo. 18 Daré gracias al Señor por su justicia y cantaré al nombre del Señor Altísimo. 1 Del maestro de coro. Con la cítara de Gat. Salmo
de David. 2 ¡Señor, nuestro Dios, qué admirable es tu Nombre en toda la tierra! Quiero adorar tu majestad sobre el cielo: 3 con la alabanza de los niños y de los más pequeños, erigiste una fortaleza contra tus adversarios para reprimir al enemigo y al rebelde. 4 Al ver el cielo, obra de tus manos, la luna y la estrellas que has creado: 5 ¿qué es el hombre para que pienses en él, el ser humano para que lo cuides? 6 Lo hiciste poco inferior a los ángeles, lo coronaste de gloria y esplendor; 7 le diste dominio sobre la obra de tus manos, todo lo pusiste bajo sus pies: 8 todos los rebaños y ganados, y hasta los animales salvajes; 9 las aves del cielo, los peces del mar y cuanto surca los senderos de las aguas. 10 ¡Señor, nuestro Dios, qué admirable es tu Nombre en toda la tierra! Salmo 9 EL SEÑOR, JUEZ DE
LAS NACIONES La versión griega de
los Setenta -seguida por La primera parte es un
canto de acción de gracias, en el que se intercalan algunos motivos hímnicos
(9. 6-13, 16-17). La segunda es una súplica al Señor, que aparentemente
permanece impasible (10. 1) frente a los atropellos cometidos por los
malvados. El Salmo concluye con una referencia a la realeza del Señor (10.
16) y con una expresión de confianza en el Dios que protege a los humildes y
salva a los oprimidos (10. 17-18). 1 Del maestro de coro. Para oboes y arpa. Salmo de
David.
Acción de gracias por la justicia de Dios Alef 2 Te doy gracias, Señor, de todo
corazón y proclamaré todas tus
maravillas. 3 Quiero alegrarme y
regocijarme en ti, y cantar himnos a tu
Nombre, Altísimo. Bet 4 Cuando retrocedían mis
enemigos, tropezaron y perecieron
delante de ti, 5 porque tú defendiste mi
derecho y mi causa, sentándote en el trono
como justo Juez. Guímel 6
Escarmentaste a las naciones, destruiste a los impíos y borraste sus nombres
para siempre; 7 desapareció el enemigo:
es una ruina irreparable; arrasaste las ciudades, y
se perdió hasta su recuerdo. He 8 Pero el Señor reina
eternamente y establece su trono para
el juicio: 9 él gobierna al mundo con
justicia y juzga con rectitud a las
naciones. Vau 10 El Señor es un baluarte para
el oprimido, un baluarte en los
momentos de peligro. 11 ¡Confíen en ti los que
veneran tu Nombre, porque tú no abandonas a
los que te buscan! Zain 12 Canten al Señor, que reina en Sión, proclamen entre los
pueblos sus proezas. 13 Porque él pide cuenta
de la sangre, se acuerda de los pobres y
no olvida su clamor. Jet 14 El Señor se apiadó
de mí, contempló mi aflicción; me tomó y me alzó de las
puertas de 15 para que pudiera
proclamar sus alabanzas y alegrarme por su
victoria en las puertas de Sión.
La derrota de los impíos Tet 16 Los pueblos se han
hundido en la fosa que abrieron, su pie quedó atrapado en
la red que ocultaron. 17 El Señor se dio a
conocer, hizo justicia, y el impío se enredó en
sus propias obras. Sordina
Pausa Iod 18 Vuelvan al Abismo
los malvados, todos los pueblos que se
olvidan de Dios. Caf 19 Porque el pobre no será
olvidado para siempre ni se malogra eternamente
la esperanza del humilde.
20 ¡Levántate, Señor! Que los hombres no se
envanezcan, y las naciones sean
juzgadas en tu presencia. 21 Infúndeles pánico,
Señor, para que aprendan que no
son más que hombres. Pausa Salmo 10 (9)
La arrogancia y la prepotencia de los malvados Lámed
1 ¿Por qué te quedas lejos, Señor, y te ocultas en los
momentos de peligro? 2 El pobre se consume por
la soberbia del malvado y queda envuelto en las
intrigas tramadas contra él. Nun 3 Porque el malvado se jacta de
su ambición, el codicioso blasfema y
menosprecia al Señor; 4 el impío exclama en el
colmo de su arrogancia: "No hay ningún Dios
que me pida cuenta". Esto es lo único que
piensa. 5 Sus caminos prosperan
constantemente; tus juicios, allá arriba,
lo tienen sin cuidado; elimina de un soplo a
todos sus rivales 6 y se dice a sí mismo:
"No vacilaré, seré siempre feliz, no
tendré contrariedades". Pe 7 Su boca está llena
de maldiciones, de engaños y de
violencias; detrás de sus palabras hay
malicia y opresión; 8 se pone al acecho en los
poblados y mata al inocente en
lugares ocultos. Ain Sus ojos espían a los
débiles; 9 acecha ocultamente como
el león en su guarida; se agazapa para atrapar al
pobre, y lo atrapa arrastrándolo
en sus redes. 10 Espía, se inclina, se
dobla, y cae sobre el débil con todas
sus fuerzas. 11 Luego piensa:
"Dios lo olvida; aparta su rostro y nunca
ve nada".
Súplica al Señor, defensor de los humildes Cof 12 ¡Levántate, Señor Dios,
alza tu mano, no te olvides de los
pobres! 13 ¿Por qué el malvado
desprecia a Dios, pensando que tú no pides
cuenta? Res 14 Pero tú lo estás viendo: tú consideras los trabajos
y el dolor, para tomarlos en tus
propias manos. El débil se encomienda a
ti; tú eres el protector del
huérfano. Sin 15 ¡Quiebra el brazo del malvado
y del impío, castiga su malicia y no
subsistirá! 16 El Señor reina para
siempre y los paganos
desaparecerán de la tierra. Tau
17 Tú, Señor, escuchas los deseos de los pobres, los reconfortas y les
prestas atención. 18 Tú haces justicia al
huérfano y al oprimido: ¡que el hombre hecho de
tierra no infunda más temor! 1 Del maestro de coro. De David. Yo tengo mi refugio en el Señor, ¿cómo pueden decirme entonces: "Escapa a la montaña como un pájaro, 2 porque los malvados tienden su arco y ajustan sus flechas a la cuerda, para disparar desde la penumbra contra los rectos de corazón? 3 Cuando ceden los cimientos, ¿qué puede hacer el justo?". 4 Pero el Señor está en su santo Templo, el Señor tiene su trono en el cielo. Sus ojos observan el mundo, sus pupilas examinan a los hombres: 5 el Señor examina al justo y al culpable, y odia al que ama la violencia. 6 Que él haga llover brasas y azufre sobre los impíos, y les toque en suerte un viento abrasador. 7 Porque el Señor es justo y ama la justicia, y los que son rectos verán su rostro. EL CLAMOR DE LOS
JUSTOS FRENTE A 1 Del maestro de coro. En octava. Salmo de David. Súplica apremiante 2 ¡Sálvanos, Señor, porque ya no hay gente buena, ha desaparecido la lealtad entre los hombres! 3 No hacen más que mentirse unos a otros, hablan con labios engañosos y doblez de corazón. 4 Que el Señor elimine los labios engañosos y las lenguas jactanciosas de los que dicen: 5 "En la lengua está nuestra fuerza; nuestros labios nos defienden, ¿quién nos
dominará?". Respuesta del Señor 6 "Por los sollozos del humilde y los gemidos del pobre, ahora me levantaré –dice el Señor– y daré mi ayuda al que suspira por ella". 7 Las promesas del Señor son sinceras como plata purificada en el crisol, depurada siete veces. 8 Tú nos protegerás, Señor, nos preservarás para siempre de esa gente; 9 por todas partes merodean los malvados y se encumbran los hombres más indignos. SÚPLICA EN UNA
SITUACIÓN ANGUSTIOSA 1 Del maestro de coro. Salmo de David. 2 ¿Hasta cuándo me tendrás olvidado, Señor? ¿Eternamente? ¿Hasta cuándo me ocultarás tu rostro? 3 ¿Hasta cuándo mi alma estará acongojada y habrá pesar en mi corazón, día tras día? ¿Hasta cuándo mi enemigo prevalecerá sobre mí? 4 ¡Mírame, respóndeme, Señor, Dios mío! Ilumina mis ojos, para que no caiga en el sueño de la muerte, 5 para que mi enemigo no pueda decir: "Lo he vencido", ni mi adversario se alegre de mi fracaso. 6 Yo confío en tu misericordia: que mi corazón se alegre porque me salvaste. ¡Cantaré al Señor porque me ha favorecido! 1 Del maestro de coro. De David. El necio se dice a sí mismo: "No hay Dios". Todos están pervertidos, hacen cosas abominables, nadie practica el bien. 2 El Señor observa desde el cielo a los seres humanos, para ver si hay alguien que sea sensato, alguien que busque a Dios. 3 Todos están extraviados, igualmente corrompidos; nadie practica el bien, ni siquiera uno solo. 4 ¿Nunca aprenderán los malvados, los que devoran a mi pueblo como si fuera pan, y no invocan al Señor? 5 Miren cómo tiemblan de espanto, porque Dios está a favor de los justos. 6 Ustedes se burlan de las aspiraciones del pobre, pero el Señor es su refugio. 7 ¡Ojalá venga desde Sión la salvación de Israel! Cuando el Señor cambie la suerte de su pueblo, se alegrará Jacob, se regocijará Israel. CONDICIONES PARA
ACERCARSE AL SEÑOR 1 Salmo de David. Señor, ¿quién se hospedará en tu Carpa?, ¿quién habitará en tu santa Montaña? 2 El que procede rectamente y practica la justicia; el que dice la verdad de corazón 3 y no calumnia con su lengua. El que no hace mal a su prójimo ni agravia a su vecino, 4 el que no estima a quien Dios reprueba y honra a los que temen al Señor. El que no se retracta de lo que juró, aunque salga perjudicado; 5 el que no presta su dinero a usura ni acepta soborno contra el inocente. El que procede así, nunca vacilará. EL SEÑOR, HERENCIA
Y FELICIDAD DE SUS AMIGOS 1 Mictán de David. Protégeme, Dios mío, porque me refugio en ti. 2 Yo digo al Señor: "Señor, tú eres mi bien, no hay nada superior a ti". 3 Ellos, en cambio, dicen a los dioses de la tierra:
"Mis príncipes, ustedes son toda mi
alegría". 4 Multiplican sus ídolos y corren tras ellos, pero yo no les ofreceré libaciones de sangre, ni mis labios pronunciarán sus nombres. 5 El Señor es la parte de mi herencia y mi cáliz, ¡tú decides mi suerte! 6 Me ha tocado un lugar de delicias, estoy contento con mi herencia. 7 Bendeciré al Señor que me aconseja, ¡hasta de noche me instruye mi conciencia! 8 Tengo siempre presente al Señor: él está a mi lado, nunca vacilaré. 9 Por eso mi corazón se alegra, se regocijan mis entrañas y todo mi ser descansa seguro: 10 porque no me entregarás a ni dejarás que tu amigo vea el sepulcro. 11 Me harás conocer el camino de la vida, saciándome de gozo en tu presencia, de felicidad eterna a tu derecha. SÚPLICA DEL JUSTO
EN 1 Oración de David. Escucha, Señor, mi justa demanda, atiende a mi clamor; presta oído a mi plegaria, porque en mis labios no hay falsedad. 2 Tú me harás justicia, porque tus ojos ven lo que es recto: 3 si examinas mi corazón y me visitas por las noches, si me pruebas al fuego, no encontrarás malicia en mí. Mi boca no se excedió 4 ante los malos tratos de los hombres; yo obedecí fielmente a tu palabra, 5 y mis pies se mantuvieron firmes en los caminos señalados: ¡mis pasos nunca se apartaron de tus huellas! 6 Yo te invoco, Dios mío, porque tú me respondes: inclina tu oído hacia mí y escucha mis palabras. 7 Muestra las maravillas de tu gracia, tú que salvas de los agresores a los que buscan refugio a tu derecha. 8 Protégeme como a la pupila de tus ojos; escóndeme a la sombra de tus alas 9 de los malvados que me acosan, del enemigo mortal que me rodea. 10 Se han encerrado en su obstinación, hablan con arrogancia en los labios; 11 sus pasos ya me tienen cercado, se preparan para derribarme por tierra, 12 como un león ávido de presa, como un cachorro agazapado en su guarida. 13 Levántate, Señor, enfréntalo, doblégalo; líbrame de los malvados con tu espada, 14 y con tu mano, Señor, sálvame de los hombres: de los mortales que lo tienen todo en esta vida. Llénales el vientre con tus riquezas; que sus hijos también queden hartos y dejen el resto para los más pequeños. 15 Pero yo, por tu justicia, contemplaré tu rostro, y al despertar, me saciaré de tu presencia. ACCIÓN DE GRACIAS
DEL REY DESPUÉS DE 1 Del maestro de coro. De David, el servidor del
Señor, que dirigió al Señor las palabras de este canto, cuando él lo libró de
todos sus enemigos y de las manos de Saúl. 2 Dijo: Profesión de confianza en Dios Yo te amo, Señor, mi fuerza, 3 Señor, mi Roca, mi fortaleza y mi libertador, mi Dios, el peñasco en que me refugio, mi escudo, mi fuerza salvadora, mi baluarte. 4 Invoqué al Señor, que es digno de alabanza y quedé a salvo de mis enemigos. La descripción del peligro 5 Las olas de me aterraron los torrentes devastadores, 6 me cercaron los lazos del Abismo, las redes de 7 Pero en mi angustia invoqué al Señor, grité a mi Dios pidiendo auxilio, y él escuchó mi voz desde su Templo, mi grito llegó hasta sus oídos. La intervención salvadora de Dios 8 Entonces tembló y se tambaleó la tierra; vacilaron los fundamentos de las montañas, y se conmovieron a causa de su furor; 9 de su nariz se alzó una humareda, de su boca, un fuego abrasador, y arrojaba carbones encendidos. 10 El Señor inclinó el cielo, y descendió con un espeso nubarrón bajo sus pies; 11 montó en el Querubín y emprendió vuelo, planeando sobre las alas del viento. 12 Se envolvió en un manto de tinieblas; un oscuro aguacero y espesas nubes lo cubrían como un toldo; 13 las nubes se deshicieron en granizo y centellas al fulgor de su presencia. 14 El Señor tronaba desde el cielo, el Altísimo hacía oír su voz; 15 arrojó sus flechas y los dispersó, multiplicó sus rayos y sembró la confusión. 16 Al proferir tus amenazas, Señor, al soplar el vendaval de tu ira, aparecieron los cauces del mar y quedaron a la vista los cimientos. 17 Él tendió su mano desde lo alto y me tomó, me sacó de las aguas caudalosas; 18 me libró de mi enemigo poderoso, de adversarios más fuertes que yo. 19 Ellos me enfrentaron en un día nefasto, pero el Señor fue mi apoyo: 20 me sacó a un lugar espacioso, me libró, porque me ama. 21 El Señor me recompensó por mi justicia, me retribuyó por la inocencia de mis manos: 22 porque seguí fielmente los caminos del Señor, y no me aparté de mi Dios, haciendo el mal; 23 porque tengo presente todas sus decisiones y nunca me alejé de sus preceptos. 24 Tuve ante él una conducta irreprochable y me esforcé por no ofenderlo. 25 El Señor me premió, porque yo era justo y mis manos eran inocentes a sus ojos. El Señor, salvador de los justos 26 Tú eres bondadoso con los buenos y eres íntegro con el hombre intachable; 27 eres sincero con los que son sinceros y te muestras astuto con los falsos. 28 Porque tú salvas al pueblo oprimido y humillas los ojos altaneros; 29 tú eres mi lámpara, Señor: Dios mío, tu iluminas mis tinieblas. 30 Contigo puedo asaltar una muralla; con mi Dios, puedo escalar cualquier muralla. 31 El camino de Dios es perfecto, la promesa del Señor es digna de confianza. El Señor es un escudo para los que se refugian en
él, 32 porque ¿quién es Dios fuera del Señor?, ¿y quién es La victoria, obra de Dios 33 Él es el Dios que me ciñe de valor y hace intachable mi camino; 34 el que me da la rapidez de un ciervo y me afianza en las alturas; 35 el que adiestra mis manos para la guerra y mis brazos para tender el arco de bronce. 36 Me entregaste tu escudo victorioso y tu mano derecha me sostuvo; me engrandeciste con tu triunfo, 37 me hiciste dar largos pasos, y no se doblaron mis tobillos. 38 Perseguí y alcancé a mis enemigos, no me volví hasta que fueron aniquilados; 39 los derroté y no pudieron rehacerse, quedaron abatidos bajo mis pies. 40 Tú me ceñiste de valor para la lucha, doblegaste ante mí a mis agresores; 41 pusiste en fuga a mis enemigos, y yo exterminé a mis adversarios. 42 Imploraron, pero nadie los salvó; gritaban al Señor, pero no les respondía. 43 Los deshice como polvo barrido por el viento, los pisé como el barro de las calles. 44 Tú me libraste de un ejército incontable y me pusiste al frente de naciones: pueblos extraños son mis vasallos. 45 Gente extranjera me rinde pleitesía; apenas me oyen nombrar, me prestan obediencia. 46 Los extranjeros palidecen ante mí y, temblando, abandonan sus refugios. Alabanza final 47 ¡Viva el Señor! ¡Bendita sea mi Roca! ¡Glorificado sea el Dios de mi salvación, 48 el Dios que venga mis agravios y pone a los pueblos a mis pies! 49 Tú me liberas de mis enemigos, me haces triunfar de mis agresores y me libras del hombre violento. 50 Por eso te alabaré entre las naciones y cantaré, Señor, en honor de tu Nombre. 51 Él concede grandes victorias a su rey y trata con fidelidad a su Ungido, a David y a su descendencia para siempre. 1 Del maestro de coro. Salmo de David. Alabanza de 2 El cielo proclama la gloria de Dios y el firmamento anuncia la obra de sus manos; 3 un día transmite al otro este mensaje y las noches se van dando la noticia. 4 Sin hablar, sin pronunciar palabras, sin que se escuche su voz, 5 resuena su eco por toda la tierra y su lenguaje, hasta los confines del mundo. Allí puso una carpa para el sol, 6 y este, igual que un esposo que sale de su alcoba,
se alegra como un atleta al recorrer su camino. 7 Él sale de un extremo del cielo, su órbita llega hasta el otro extremo, y no hay nada que escape a su calor. Elogio de 8 La ley del Señor es perfecta, reconforta el alma; el testimonio del Señor es verdadero, da sabiduría al simple. 9 Los preceptos del Señor son rectos, alegran el corazón; los mandamientos del Señor son claros, iluminan los ojos. 10 La palabra del Señor es pura, permanece para siempre; los juicios del Señor son la verdad, enteramente justos. 11 Son más atrayentes que el oro, que el oro más fino; más dulces que la miel, más que el jugo del panal. 12 También a mí me instruyen: observarlos es muy provechoso. 13 Pero ¿quién advierte sus propios errores? Purifícame de las faltas ocultas. 14 Presérvame, además, del orgullo, para que no me domine: entonces seré irreprochable y me veré libre de ese gran pecado. 15 ¡Ojalá sean de tu agrado las palabras de mi boca, y lleguen hasta ti mis pensamientos, Señor, mi Roca y mi redentor! ORACIÓN POR EL REY 1 Del maestro de coro. Salmo de David. Súplica para alcanzar la victoria 2 El Señor te haga triunfar en el momento del peligro, que el nombre del Dios de Jacob sea tu baluarte. 3 Que él te auxilie desde su Santuario y te proteja desde Sión; 4 que se acuerde de todas tus ofrendas y encuentre aceptables tus holocaustos. Pausa 5 Que satisfaga todos tus deseos y cumpla todos tus proyectos, 6 para que aclamemos tu victoria y alcemos los estandartes en nombre de nuestro Dios. ¡Que el Señor te conceda todo lo que pides! Seguridad de alcanzar la victoria 7 Ahora sé que el Señor ha dado la victoria a su Ungido, lo ha hecho triunfar desde su santo cielo con las proezas de su mano salvadora. 8 Unos se fían de sus carros y otros de sus
caballos, pero nuestra fuerza está en el nombre de nuestro Dios. 9 Ellos tropezaron y cayeron, mientras nosotros nos mantuvimos erguidos y confiados. 10 ¡Señor, concede la victoria al rey, escúchanos cuando te invocamos! ACCIÓN DE GRACIAS
POR 1 Del maestro de coro. Salmo de David. La alegría del triunfo 2 Señor, el rey se regocija por tu fuerza, ¡y cuánto se alegra por tu victoria! 3 Tú has colmado los deseos de su corazón, no le has negado lo que pedían sus labios.
Pausa 4 Porque te anticipas a bendecirlo con el éxito y pones en su cabeza una corona de oro puro. 5 Te pidió larga vida y se la diste: días que se prolongan para siempre. 6 Su gloria se acrecentó por tu triunfo, tú lo revistes de esplendor y majestad; 7 le concedes incesantes bendiciones, lo colmas de alegría en tu presencia. 8 Sí, el rey confía en el Señor y con la gracia del Altísimo no vacilará. Confianza en la victoria definitiva 9 Tu mano alcanzará a todos tus enemigos, tu derecha vencerá a los que te odian. 10 Los convertirás en un horno encendido, cuando se manifieste tu presencia. El Señor los consumirá con su enojo, el fuego los destruirá por completo: 11 eliminarás su estirpe de la tierra, y a sus descendientes de entre los hombres. 12 Ellos trataron de hacerte mal, urdieron intrigas, pero sin resultado: 13 porque tú harás que vuelvan la espalda, apuntándoles a la cara con tus arcos. 14 ¡Levántate, Señor, con tu fuerza, para que cantemos y celebremos tus proezas! ORACIÓN DEL JUSTO
PERSEGUIDO 1 Del maestro de coro. Según la melodía de "La
cierva de la aurora". Salmo de David. Angustioso llamado al Señor 2 Dios mío, Dios mío, ¿por qué me has abandonado? ¿Por qué estás lejos de mi clamor y mis gemidos? 3 Te invoco de día, y no respondes, de noche, y no encuentro descanso; 4 y sin embargo, tú eres el Santo, que reinas entre las alabanzas de Israel. 5 En ti confiaron nuestros padres: confiaron, y tú los libraste; 6 clamaron a ti y fueron salvados, confiaron en ti y no quedaron defraudados. Vívida descripción de los sufrimientos 7 Pero yo soy un gusano, no un hombre; la gente me escarnece y el pueblo me desprecia; 8 los que me ven, se burlan de mí, hacen una mueca y mueven la cabeza, diciendo: 9 "Confió en el Señor, que él lo libre; que lo salve, si lo quiere tanto". 10 Tú, Señor, me sacaste del seno materno, me confiaste al regazo de mi madre; desde el seno de mi madre, tú eres mi Dios. 12 No te quedes lejos, porque acecha el peligro y no hay nadie para socorrerme. 13 Me rodea una manada de novillos, me acorralan toros de Basán; 14 abren sus fauces contra mí como leones rapaces y rugientes. 15 Soy como agua que se derrama y todos mis huesos están dislocados; mi corazón se ha vuelto como cera y se derrite en mi interior; y la lengua se me pega al paladar. 17 Me rodea una jauría de perros, me asalta una banda de malhechores; taladran mis manos y mis pies 16c y me hunden en el polvo de la muerte. 18 Yo puedo contar todos mis huesos; ellos me miran con aire de triunfo, 19 se reparten entre sí mi ropa y sortean mi túnica. Súplica para alcanzar la liberación 20 Pero tú, Señor, no te quedes lejos; tú que eres mi fuerza, ven pronto a socorrerme. y mi vida de las garras del perro. 22 Sálvame de la boca del león, salva a este pobre de los toros salvajes. Acción de gracias por la liberación 23 Yo anunciaré tu Nombre a mis hermanos, te alabaré en medio de la asamblea: 24 "Alábenlo, los que temen al Señor; glorifíquenlo, descendientes de Jacob; témanlo, descendientes de Israel. 25 Porque él no ha mirado con desdén ni ha despreciado la miseria del pobre: no le ocultó su rostro y lo escuchó cuando pidió auxilio". 26 Por eso te alabaré en la gran asamblea y cumpliré mis votos delante de los fieles: 27 los pobres comerán hasta saciarse y los que buscan al Señor lo alabarán. ¡Que sus corazones vivan para siempre! Alabanza final 28 Todos los confines de la tierra se acordarán y volverán al Señor; todas las familias de los pueblos se postrarán en su presencia. 29 Porque sólo el Señor es rey y él gobierna a las naciones. 30 Todos los que duermen en el sepulcro se postrarán en su presencia; todos los que bajaron a la tierra doblarán la rodilla ante él, y los que no tienen vida 31 glorificarán su poder. Hablarán del Señor a la generación futura, 32 anunciarán su justicia a los que nacerán después, porque esta es la obra del Señor. EL BUEN PASTOR 1 Salmo de David. El Señor es mi pastor, nada me puede faltar. 2 Él me hace descansar en verdes praderas, me conduce a las aguas tranquilas 3 y repara mis fuerzas; me guía por el recto sendero, por amor de su Nombre. 4 Aunque cruce por oscuras quebradas, no temeré ningún mal, porque tú estás conmigo: tu vara y tu bastón me infunden confianza. 5 Tú preparas ante mí una mesa, frente a mis enemigos; unges con óleo mi cabeza y mi copa rebosa. 6 Tu bondad y tu gracia me acompañan a lo largo de mi vida; y habitaré en por muy largo tiempo. LITURGIA DE ENTRADA
EN EL TEMPLO 1 Salmo de David. Canto inicial Del Señor es la tierra y todo lo que hay en ella, el mundo y todos sus habitantes, 2 porque él la fundó sobre los mares, él la afirmó sobre las corrientes del océano. Condiciones para un verdadero culto 3 ¿Quién podrá subir a y permanecer en su recinto sagrado? 4 El que tiene las manos limpias y puro el corazón; el que no rinde culto a los ídolos ni jura falsamente: 5 él recibirá la bendición del Señor, la recompensa de Dios, su salvador. 6 Así son los que buscan al Señor, los que buscan tu rostro, Dios de Jacob.
Pausa La entrada de Dios en su Santuario 7 ¡Puertas, levanten sus dinteles, levántense, puertas eternas, para que entre el Rey de la gloria! 8 ¿Y quién es ese Rey de la gloria? Es el Señor, el fuerte, el poderoso, el Señor poderoso en los combates. 9 ¡Puertas, levanten sus dinteles, levántense, puertas eternas, para que entre el Rey de la gloria! 10 ¿Y quién es ese Rey de la gloria? El Rey de la gloria es el Señor de los ejércitos.
Pausa Salmo 25 (24)
SÚPLICA PARA CONOCER LOS CAMINOS DE DIOS En medio de la soledad
y la aflicción (v. 16), el salmista apela confiadamente a la misericordia
divina (v. 6). Su petición se fundamenta en una serie de reflexiones sobre la
bondad del Señor, que enseña su camino a los pecadores y a los humildes (vs.
8-9). El artificio "alfabético" -frecuente en los Salmos de tono
sapiencial- hace que las ideas se sucedan con bastante libertad, sin una
conexión demasiado evidente. 1 De David.
Invocación y profesión de confianza Alef A ti, Señor, elevo mi alma, Bet 2 Dios mío, yo pongo en ti mi
confianza; ¡que no tenga que
avergonzarme ni se rían de mí mis
enemigos! Guímel 3
Ninguno de los que esperan en ti tendrá que avergonzarse: se avergonzarán los que
traicionan en vano.
Apelación a la bondad divina Dálet 4 Muéstrame, Señor, tus caminos, enséñame tus senderos. He 5 Guíame por el camino de
tu fidelidad; enséñame, porque tú eres
mi Dios y mi salvador, Vau y yo espero en ti todo el día. Zain 6 Acuérdate, Señor, de tu compasión y de tu
amor, porque son eternos. Jet 7 No recuerdes los pecados
ni las rebeldías de mi juventud: por tu bondad, Señor,
acuérdate de mi según tu fidelidad. Tet 8 El Señor es
bondadoso y recto: por eso muestra el camino
a los extraviados; Iod 9 él guía a los humildes
para que obren rectamente y enseña su camino a los
pobres. Caf 10 Todos los senderos del Señor
son amor y fidelidad, para los que observan los
preceptos de su alianza. Lámed
11 ¡Por el honor de tu Nombre, Señor, perdona mi culpa, aunque
es muy grande!
Reflexión sobre el temor de Dios Mem 12 ¿Hay alguien que teme al Señor? Él le indicará el camino
que debe elegir: Nun 13 su alma descansará feliz y su descendencia poseerá
la tierra. Sámec 14
El Señor da su amistad a los que lo temen y les hace conocer su
alianza. Ain 15 Mis ojos están siempre fijos
en el Señor, porque él sacará mis pies
de la trampa.
Insistencia en la súplica Pe 16 Mírame, Señor, y ten
piedad de mí, porque estoy solo y
afligido: Sade 17 alivia las angustias de mi corazón, y sácame de mis
tribulaciones. Cof 18 Mira mi aflicción y mis
fatigas, y perdona todos mis
pecados. Res 19 Mira qué numerosos son mis enemigos
y qué violento es el odio
que me tienen. Sin 20 Defiende mi vida y líbrame: que no me avergüence de
haber confiado en ti; Tau 21 la integridad y la rectitud me
protegen, porque yo espero en ti,
Señor. * * * 22 Salva, Dios mío, a
Israel de todas sus angustias. APELACIÓN A 1 De David. Súplica inicial Júzgame, Señor, porque he procedido con integridad. Yo he confiado en el Señor, sin desviarme jamás. 2 Examíname, Señor, y pruébame, sondea hasta lo más íntimo de mi ser; 3 porque tu amor está siempre ante mis ojos, y yo camino en tu verdad. Afirmación de la propia inocencia 4 No me reúno con la gente falsa ni me doy con los hipócritas; 5 odio la compañía de los malhechores y no me uno a los malvados. 6 Por eso lavo mis manos
en señal de inocencia y doy vueltas alrededor de tu altar, 7 proclamando tu alabanza en alta voz y narrando tus maravillas. 8 Yo amo el lugar donde reside tu gloria. Reiteración de la súplica 9 No me incluyas entre los pecadores ni entre los hombres sanguinarios: 10 ellos tienen las manos llenas de infamia, y su derecha está repleta de sobornos. 11 Yo, en cambio, procedo íntegramente: líbrame y concédeme tu gracia. 12 Mis pies están firmes sobre el camino llano, y en la asamblea bendeciré al Señor. 1 De David. Expresión de confianza en Dios El Señor es mi luz y mi salvación, ¿a quién temeré? El Señor es el baluarte de mi vida, ¿ante quién temblaré? 2 Cuando se alzaron contra mí los malvados para devorar mi carne, fueron ellos, mis adversarios y enemigos, los que tropezaron y cayeron. 3 Aunque acampe contra mí un ejército, mi corazón no temerá; aunque estalle una guerra contra mí, no perderé la confianza. 4 Una sola cosa he pedido al Señor, y esto es lo que quiero: vivir en todos los días de mi vida, para gozar de la dulzura del Señor y contemplar su Templo. 5 Sí, él me cobijará en su Tienda de campaña en el momento del peligro; me ocultará al amparo de su Carpa y me afirmará sobre una roca. 6 Por eso tengo erguida mi cabeza frente al enemigo que me hostiga; ofreceré en su Carpa sacrificios jubilosos, y cantaré himnos al Señor. Súplica en la persecución 7 ¡Escucha, Señor, yo te invoco en alta voz, apiádate de mí y respóndeme! "Busquen mi rostro". Yo busco tu rostro, Señor, 9 no lo apartes de mí. No alejes con ira a tu servidor, tú, que eres mi ayuda; no me dejes ni me abandones, mi Dios y mi salvador. 10 Aunque mi padre y mi madre me abandonen, el Señor me recibirá. 11 Indícame, Señor, tu camino y guíame por un sendero llano, porque tengo muchos enemigos. 12 No me entregues a la furia de mis adversarios, porque se levantan contra mí testigos falsos, hombres que respiran violencia. 13 Yo creo que contemplaré la bondad del Señor en la tierra de los vivientes. 14 Espera en el Señor y sé fuerte; ten valor y espera en el Señor. SÚPLICA Y ACCIÓN DE
GRACIAS 1 De David. Yo te invoco, Señor; tú eres mi Roca, no te quedes callado, porque si no me respondes, seré como los que bajan al sepulcro. 2 Oye la voz de mi plegaria, cuando clamo hacia ti, cuando elevo mis manos hacia tu Santuario. 3 No me arrastres con los malvados ni con los que hacen el mal: con los que hablan de paz a su prójimo, mientras su corazón está lleno de maldad. 4 Trátalos conforme a sus acciones, como corresponde a su mala conducta; trátalos según la obra de sus manos, págales su merecido. 5 Ellos no valoran lo que hace el Señor ni la obra de sus manos: por eso él los derribará y no volverá a edificarlos. 6 Bendito sea el Señor, porque oyó la voz de mi plegaria; 7 el Señor es mi fuerza y mi escudo, mi corazón confía en él. Mi corazón se alegra porque recibí su ayuda: por eso le daré gracias con mi canto.
* * * 8 El Señor es la fuerza de su pueblo, el baluarte de salvación para su Ungido. 9 Salva a tu pueblo y bendice a tu herencia; apaciéntalos y sé su guía para siempre. 1 Salmo de David. ¡Aclamen al Señor, hijos de Dios, aclamen la gloria y el poder del Señor! 2 ¡Aclamen la gloria del nombre del Señor, adórenlo al manifestarse su santidad! 3 ¡La voz del Señor sobre las aguas! El Dios de la gloria hace oír su trueno: el Señor está sobre las aguas torrenciales. 4 ¡La voz del Señor es potente, la voz del Señor es majestuosa! 5 La voz del Señor parte los cedros, el Señor parte los cedros del Líbano; 6 hace saltar al Líbano como a un novillo y al Sirión como a un toro salvaje. 7 La voz del Señor lanza llamas de fuego; 8 la voz del Señor hace temblar el desierto, el Señor hace temblar el desierto de Cades. 9 La voz del Señor retuerce las encinas, el Señor arrasa las selvas. En su Templo, todos dicen: "¡Gloria!". 10 El Señor tiene su trono sobre las aguas celestiales, el Señor se sienta en su trono de Rey eterno. 11 El Señor fortalece a su pueblo, él bendice a su pueblo con la paz. ACCIÓN DE GRACIAS
DESPUÉS DE UNA GRAVE ENFERMEDAD 1 Salmo Canto para 2 Yo te glorifico, Señor, porque tú me libraste y no quisiste que mis enemigos se rieran de mí. 3 Señor, Dios mío, clamé a ti y tú me sanaste. 4 Tú, Señor, me levantaste del Abismo y me hiciste revivir, cuando estaba entre los que bajan al sepulcro. 5 Canten al Señor, sus fieles; den gracias a su santo Nombre, 6 porque su enojo dura un instante, y su bondad, toda la vida: si por la noche se derraman lágrimas, por la mañana renace la alegría. 7 Yo pensaba muy confiado: "Nada me hará vacilar". 8 Pero eras tú, Señor, con tu gracia, el que me afirmaba sobre fuertes montañas, y apenas ocultaste tu rostro, quedé conturbado. 9 Entonces te invoqué, Señor, e imploré tu bondad: 10 "¿Qué se ganará con mi muerte o con que yo baje al sepulcro? ¿Acaso el polvo te alabará o proclamará tu fidelidad? 11 Escucha, Señor, ten piedad de mí; ven a ayudarme, Señor". 12 Tú convertiste mi lamento en júbilo, me quitaste el luto y me vestiste de fiesta, 13 para que mi corazón te cante sin cesar. ¡Señor, Dios mío, te daré gracias eternamente! ORACIÓN CONFIADA EN
UN MOMENTO DE ANGUSTIA 1 Del maestro de coro. Salmo de David. Súplica inicial 2 Yo me refugio en ti, Señor, ¡que nunca me vea defraudado! Líbrame, por tu justicia; 3 inclina tu oído hacia mí y ven pronto a socorrerme. Sé para mí una roca protectora, un baluarte donde me encuentre a salvo, 4 porque tú eres mi Roca y mi baluarte: por tu Nombre, guíame y condúceme. 5 Sácame de la red que me han tendido, porque tú eres mi refugio. 6 Yo pongo mi vida en tus manos: tú me rescatarás, Señor, Dios fiel. 7 Yo detesto a los que veneran ídolos vanos y confío en el Señor. 8 ¡Tu amor será mi gozo y mi alegría! Cuando tú viste mi aflicción y supiste que mi vida peligraba, 9 no me entregaste al poder del enemigo, me pusiste en un lugar espacioso. Descripción de los peligros 10 Ten piedad de mí, Señor, porque estoy angustiado: mis ojos, mi garganta y mis entrañas están extenuados de dolor. mis años, entre gemidos; mis fuerzas decaen por la aflicción y mis huesos están extenuados. 12 Soy la burla de todos mis enemigos y la irrisión de mis propios vecinos; para mis amigos soy motivo de espanto, los que me ven por la calle huyen de mí. 13 Como un muerto, he caído en el olvido, me he convertido en una cosa inútil. 14 Oigo los rumores de la gente y amenazas por todas partes, mientras se confabulan contra mí y traman quitarme la vida. Expresión de confianza 15 Pero yo confío en ti, Señor, y te digo: "Tú eres mi Dios, Líbrame del poder de mis enemigos y de aquellos que me persiguen. 17 Que brille tu rostro sobre tu servidor, sálvame por tu misericordia; 18 Señor, que no me avergüence de haberte invocado. Que se avergüencen los malvados y bajen mudos al Abismo; 19 que enmudezcan los labios mentirosos, los que profieren insolencias contra el justo con soberbia y menosprecio. Acción de gracias por la liberación 20 ¡Qué grande es tu bondad, Señor! Tú la reservas para tus fieles; y la brindas a los que se refugian en ti, en la presencia de todos. 21 Tú los ocultas al amparo de tu rostro de las intrigas de los hombres; y los escondes en tu Tienda de campaña, lejos de las lenguas pendencieras. 22 ¡Bendito sea el Señor! Él me mostró las maravillas de su amor en el momento del peligro. 23 En mi turbación llegué a decir: "He sido arrojado de tu presencia". Pero tú escuchaste la voz de mi súplica, cuando yo te invocaba. 24 Amen al Señor, todos sus fieles, porque él protege a los que son leales y castiga con severidad a los soberbios. 25 Sean fuertes y valerosos, todos los que esperan en el Señor. 1 De David. Poema. Acción de gracias por el perdón obtenido ¡Feliz el que ha sido absuelto de su pecado y liberado de su falta! 2 ¡Feliz el hombre a quien el Señor no le tiene en cuenta las culpas, y en cuyo espíritu no hay doblez! 3 Mientras me quedé callado, mis huesos se consumían entre continuos lamentos, 4 porque de día y de noche tu mano pesaba sobre mí; mi savia se secaba por los ardores del
verano.
Pausa 5 Pero yo reconocí mi pecado, no te escondí mi culpa, pensando: "Confesaré mis faltas al Señor". ¡Y tú perdonaste mi culpa y mi pecado! Pausa 6 Por eso, que todos tus fieles te supliquen en el momento de la angustia; y cuando irrumpan las aguas caudalosas no llegarán hasta ellos. 7 Tú eres mi refugio, tú me libras de los peligros y me colmas con la alegría de la
salvación. Pausa Llamado a la reflexión 8 Yo te instruiré, te enseñaré el camino que debes seguir; con los ojos puestos en ti, seré tu consejero. 9 No sean irracionales como el caballo y la mula, cuyo brío hay que contener con el bozal y el freno para poder acercarse. 10 ¡Cuántos son los tormentos del malvado! Pero el Señor cubrirá con su amor al que confía en él. 11 ¡Alégrense en el Señor, regocíjense los justos! ¡Canten jubilosos los rectos de corazón! HIMNO DE ALABANZA
AL PODER DE DIOS Invitación inicial 1 Aclamen, justos, al Señor: es propio de los buenos alabarlo. 2 Alaben al Señor con la cítara, toquen en su honor el arpa de diez cuerdas; 3 entonen para él un canto nuevo, toquen con arte, profiriendo aclamaciones. 4 Porque la palabra del Señor es recta y él obra siempre con lealtad; 5 él ama la justicia y el derecho, y la tierra está llena de su amor. 6 La palabra del Señor hizo el cielo, y el aliento de su boca, los ejércitos celestiales; 7 él encierra en un cántaro las aguas del mar y pone en un depósito las olas del oc |