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Caminando con Jesús Pedro Sergio Antonio Donoso Brant Edición especial comentada para ayudar a
comprender mejor las Sagradas Escrituras |
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El libro de los PROVERBIOS reúne varias colecciones
de refranes, comparaciones, máximas, enigmas y alegorías, puestas en su
mayoría bajo la autoridad de "Salomón, hijo de David, rey de
Israel" (1. 1). Tal atribución se debe a que la tradición israelita
consideraba a aquel célebre rey como el "sabio" por excelencia.
Según el primer libro de los Reyes, él "pronunció tres mil
maximas" (1 Rey. 5. 12) y su sabiduría "superaba la de todos
los Orientales y toda la sabiduría de Egipto" ( 1 Rey. 5. 10). Dentro de esta amplia gama de géneros literarios, la
expresión más frecuente y característica es el aforismo o dicho breve y
agudo, que encierra una verdad útil para la vida. En algunos pasajes del
libro de los Proverbios -como en otros Libros sapienciales del Antiguo
Testamento- se perciben notables influencias de la antigua sabiduría egipcia
y oriental, e incluso se encuentran en él varias sentencias de dos sabios
extranjeros (30. 1-14; 31. 1-9). Esto pone de manifiesto el aprecio que tenia
Israel por aquella sabiduría ancestral y su capacidad para asimilarla
creativamente, haciéndola compatible con las exigencias de su propia fe. La visión teológica expresada en el Libro es
relativamente sencilla. El Señor es el Creador del mundo y todo lo ha hecho
con sabiduría. Las huellas de esa sabiduría divina han quedado grabadas en
cada una de sus obras. Por lo tanto, aquel que ponga todo su empeño en abrir
los ojos a la realidad que lo rodea, encontrará el camino que lo lleva a la
vida y lo libra de la muerte. Lo importante es buscar el orden establecido
por Dios en el mundo y vivir en conformidad con él. Pero la adquisición de la
sabiduría presupone ciertas condiciones morales. Una actitud específicamente
sapiencial es prestar atención a las advertencias y exhortaciones de los
sabios, que son los portadores de una experiencia acumulada a través de los
siglos. El ideal de estos sabios es descubrir y enseñar el
arte de vivir bien. Lo que más les preocupa es guiar al individuo hacia la
felicidad y el éxito en esta vida. Ningún aspecto de la actividad humana es
indigno de su atención. De ahí que las personas de toda condición social
encuentren en los Proverbios consejos adecuados a su edad o profesión: reyes,
jueces y comerciantes, hombres y mujeres, pobres y ricos, jóvenes y ancianos.
Con frecuencia se alude a las relaciones entre padres e hijos, entre marido y
mujer, entre patrones y servidores. Su reflexión se extiende al ámbito
religioso, moral, político y social, con el fin de encontrar para cada
circunstancia una norma práctica fundada en la sabiduría. El lector cristiano puede quedar sorprendido por el
carácter aparentemente "profano" de la mayor parte de los consejos
dados en el libro de los Proverbios, especialmente en las dos colecciones
salomónicas (10. 1 - 22. 16; 25 - 29). Pero esta impresión pierde mucho de su
fuerza si se tiene en cuenta la totalidad del Libro. Este se abre y se cierra
con una alusión al "temor del Señor" ( I . 7; 31. 30),
entendido como una actitud a la vez filial y reverencial con respecto a Dios,
que no sólo es el Creador del mundo sino también el Dios de Otro aspecto desconcertante es el énfasis puesto en
el propio interés y en el éxito personal como motivaciones del comportamiento
moral. Estas motivaciones, lo mismo que la idea de una retribución meramente
terrena de las acciones humanas, han quedado superadas por el Evangelio. Pero
hay otras riquezas de los Proverbios que mantienen plena vigencia. El amor a
la sabiduría, la preocupación por encontrarla y llevarla a la práctica en
circunstancias concretas de la vida, la fe en la justicia de Dios y en el
gobierno divino del mundo son valores permanentes, asumidos por el
Cristianismo. De hecho, el Nuevo Testamento contiene numerosas citas del
libro de los Proverbios: entre ellas, merece destacarse la que se refiere a
la actitud paternal con que Dios corrige a sus hijos (Heb. l2. 5-6). Título y finalidad de la obra 1 1
Proverbios de Salomón, hijo de David, rey de Israel, 2 para conocer la
sabiduría y la instrucción, para entender las palabras profundas, 3 para obtener una
instrucción esmerada–justicia, equidad y rectitud– 4 para dar perspicacia a
los incautos, y al joven, ciencia y reflexión; 6 para entender los
proverbios y las sentencias agudas, las palabras de los sabios y sus enigmas.
5 Que escuche el sabio, y
acrecentará su saber, y el inteligente adquirirá el arte de dirigir. 7 El temor del Señor es
el comienzo de la sabiduría, los necios desprecian la sabiduría y la
instrucción. ELOGIO Y RECOMENDACIÓN DE A mediados del siglo V
a. C., un escriba de Jerusalén recopiló varias colecciones de antiguos
"proverbios" y compuso a manera de prólogo una larga exhortación.
El maestro se dirige a sus discípulos como un padre a sus hijos y los exhorta
a "prestar oído a Otras veces, es Advertencia preliminar 8 Escucha, hijo mío, la
instrucción de tu padre y no rechaces la enseñanza de tu madre, 9 porque son una diadema
de gracia para tu cabeza y un collar para tu cuello. Contra las malas compañías 10 Hijo mío, si los
pecadores intentan seducirte,tú no aceptes. 11 Si ellos dicen:
"Ven con nosotros, tendamos una emboscada sangrienta, acechemos por puro
gusto al inocente; 12 traguémoslos vivos
como el Abismo, todos enteros, como los que bajan a 13 hallaremos toda clase
de bienes preciosos, llenaremos nuestras casas con el botín; 14 tendrás tu parte igual
que nosotros, todos haremos una bolsa común": 15 hijo mío, no los
acompañes por el camino, retira tus pies de sus senderos, 16 porque sus pies corren
hacia el mal y se apresuran para derramar sangre. 17 Pero en vano se tiende
la red, si pueden verla todos los pájaros: 18 ellos tienden contra
sí mismos una emboscada sangrienta, están al acecho contra sus propias vidas.
19 Tal es la suerte del
que obtiene ganancias injustas:le quitan la vida al que las posee. Llamado y amenazas de 20 21 llama en las esquinas
más concurridas, a la entrada de las puertas de la ciudad, dice sus palabras:
22 "¿Hasta cuándo,
incautos, amarán la ingenuidad? ¿Hasta cuándo los insolentes se complacerán
en su insolencia y los necios aborrecerán la ciencia? 23 Tengan en cuenta mi
reproche: yo voy a abrirles mi corazón y les haré conocer mis palabras. 24 Porque llamo y ustedes
se resisten, extiendo mi mano y nadie presta atención, 25 porque ustedes desoyen
todos mis consejos y no aceptan mi reproche, 26 yo, a mi vez, me reiré
de la ruina de ustedes, me burlaré cuando los asalte el terror, 27 cuando los invada el
terror como una tormenta y les llegue la ruina como un huracán, cuando les
sobrevengan la angustia y la tribulación. 28 Entonces me llamarán,
y yo no responderé,me buscarán ansiosamente, y no me encontrarán. 29 Porque ellos
aborrecieron la ciencia y no eligieron el temor del Señor, 30 porque no quisieron mi
consejo y despreciaron todos mis reproches, 31 gustarán el fruto de
su propia conducta, se hartarán de sus consejos. 32 Porque a los ingenuos
los mata su propio extravío y la desidia pierde a los necios, 33 pero el que me escucha
vivirá seguro y estará tranquilo, sin temer ningún mal". La protección que da 2 1 Hijo
mío, si recibes mis palabras y guardas contigo mis mandamientos, 2 prestando oído a la
sabiduría e inclinando tu corazón al entendimiento; 3 si llamas a la
inteligencia y elevas tu voz hacia el entendimiento, 4 si la buscas como si
fuera plata y la exploras como un tesoro, 5 entonces comprenderás
el temor del Señor y encontrarás la ciencia de Dios. 6 Porque el Señor da la
sabiduría, de su boca proceden la ciencia y la inteligencia. 7 Él reserva su auxilio
para los hombres rectos, es un escudo para los que caminan con integridad; 8 él protege los senderos
de la equidad y cuida el camino de sus fieles. 9 Entonces comprenderás
la justicia y la equidad, la rectitud y todas las sendas del bien. 10 Porque la sabiduría
penetrará en tu corazón y la ciencia será la delicia de tu alma; 11 la reflexión cuidará
de ti y la inteligencia te protegerá, 12 para librarte del mal
camino, del hombre que habla con perversidad; 13 de los que abandonan
los senderos de la rectitud, para tomar por caminos tenebrosos; 14 de los que gozan
haciendo el mal y se regocijan en las perversiones de la maldad; 15 de los que van por
caminos tortuosos y por senderos retorcidos. 16 Así te librarás de la
mujer ajena, de la extraña que se vale de palabras seductoras, 17 que abandona al amigo
de su juventud y olvida la alianza de su Dios: 18 su casa se hunde en la
muerte y sus senderos van hacia las Sombras; 19 los que entren en ella
no podrán volver atrás ni alcanzarán los senderos de la vida. 20 Así tú irás por el
camino de los buenos y seguirás el sendero de los justos, 21 porque los rectos
habitarán la tierra y los hombres íntegros permanecerán en ella. 22 Pero los malvados
serán extirpados de la tierra y los traidores serán arrancados de ella. 3 1 Hijo
mío, no olvides mi enseñanza, y que tu corazón observe mis mandamientos, 2 porque ellos te
aportarán largos días, años de vida y prosperidad. 3 Que nunca te abandonen
la buena fe y la lealtad: átalas a tu cuello,escríbelas sobre la tabla de tu
corazón, 4 y encontrarás favor y
aprobación a los ojos de Dios y de los hombres. 5 Confía en el Señor de
todo corazón y no te apoyes en tu propia inteligencia; 6 reconócelo a él en
todos tus caminos y él allanará tus senderos. 7 No seas sabio a tus
propios ojos, teme al Señor y apártate del mal: 8 eso será un remedio
para tu carne y savia para tus huesos. 9 Honra al Señor con tus
bienes y con las primicias de todas tus ganancias: 10 así tus graneros se
llenarán de trigo y tus lagares desbordarán de vino nuevo. 11 No desprecies, hijo
mío, la corrección del Señor, ni te disgustes cuando él te reprende, 12 porque el Señor
reprende a los que ama como un padre a su hijo muy querido. Valor y frutos de 13 ¡Feliz el hombre que
encontró la sabiduría y el que obtiene la inteligencia, 14 porque ganarla vale
más que la plata y ella rinde más que el oro fino! 15 Es más preciosa que
las perlas y nada apetecible se le puede igualar. 16 En su mano derecha hay
larga vida, y en su izquierda, riqueza y gloria. 17 Sus caminos son
caminos deliciosos y todos sus senderos son apacibles. 18 Es un árbol de vida
para los que se aferran a ella y los que la retienen son felices. 19 Por la sabiduría, el
Señor fundó la tierra, por la inteligencia, afianzó los cielos; 20 por su ciencia
brotaron los océanos y las nubes destilan el rocío. La seguridad que da 21 Conserva, hijo mío, la
prudencia y la reflexión; que ellas no se aparten de tus ojos. 22 Ellas serán vida para
tu alma y gracia para tu cuello. 23 Entonces irás seguro
por el camino y tu pie no tropezará. 24 Si te acuestas, no
temblarás, y una vez acostado, tu sueño será agradable. 25 No temerás ningún
sobresalto ni a los malvados que llegan como una tormenta. 26 Porque el Señor será
tu seguridad y preservará tu pie de la trampa. La ayuda al prójimo 27 No niegues un
beneficio al que lo necesite, siempre que esté en tus manos hacerlo. 28 No digas a tu prójimo:
"Vuelve después, mañana te daré", si tienes con qué ayudarlo. 29 No trames el mal
contra tu prójimo, mientras vive confiado junto a ti. 30 No litigues con un
hombre sin motivo, si no te ha causado ningún mal. La suerte final de los impíos 31 No envidies al hombre
violento ni elijas ninguno de sus caminos. 32 Porque el hombre
perverso es abominable para el Señor, y él reserva su intimidad para los
rectos. 33 La maldición del Señor
está en la casa del malvado, pero él bendice la morada de los justos. 34 Él se burla de los insolentes
y concede su favor a los humildes. 35 Los sabios heredarán
la gloria, pero los necios cargarán con la ignominia. 4 1
Escuchen, hijos, la instrucción de un padre, presten atención, para poder
comprender: 2 lo que yo les doy es
una sana doctrina, no abandonen mi esperanza. 3 Yo también fui un hijo
para mi padre, tierno y muy querido a los ojos de mi madre. 4 Él me decía para
instruirme: Que tu corazón retenga mis palabras, observa mis mandamientos y
vivirás. 5 Adquiere la sabiduría,
adquiere la inteligencia, no olvides las palabras de mi boca ni te desvíes de
ellas. 6 No la abandones, y ella
te protegerá, ámala, y ella te cuidará. 7 El comienzo de la
sabiduría es tratar de adquirirla; con todo lo que poseas, adquiere la
inteligencia. 8 Apréciala al máximo, y
ella te encumbrará; te glorificará, si tú la abrazas. 9 Pondrá en tu cabeza una
diadema de gracia, te obsequiará una corona de gloria. 10 Escucha, hijo mío, y
recibe mis palabras, y tus años de vida se multiplicarán. 11 Yo te instruyo sobre
el camino de la sabiduría, te encamino por senderos rectos. 12 Cuando camines, no se
acortará tu paso, y si corres, no tropezarás. 13 Aférrate a la
instrucción, no la sueltes; guárdala bien, porque ella es tu vida. 14 No entres en la senda
de los malvados ni avances por el camino de los malos. 15 Evítalo, no pases por
allí, desvíate de él, y pasa de largo. 16 Porque ellos no
duermen, si no hacen el mal; pierden el sueño, si no hacen caer a alguien, 17 ya que se alimentan
con el pan de la maldad y beben el vino de la violencia. 18 La senda de los justos
es como la luz del alba, que va en aumento hasta que es pleno día. 19 Pero el camino de los
malos es como una densa oscuridad: ellos no saben dónde van a tropezar. 20 Hijo mío, presta
atención a lo que te digo, inclina tu oído a mis palabras. 21 Que ellas no se
aparten de tus ojos, guárdalas bien dentro de tu corazón, 22 porque son vida para
los que las encuentran y salud para todo ser viviente. 23 Con todo cuidado
vigila tu corazón, porque de él brotan las fuentes de la vida. 24 Aparta de ti las
palabras perversas y aleja de tus labios la malicia. 25 Que tus ojos miren de
frente y tu mirada vaya derecho hacia adelante. 26 Fíjate bien dónde
pones los pies y que sean firmes todos tus caminos. 27 No te desvíes ni a
derecha ni a izquierda, aparta tus pies lejos del mal. Los falsos encantos de la mujer adúltera 5 1 Hijo
mío, atiende a mi sabiduría, inclina tu oído a mi inteligencia, 2 para que guardes la
debida discreción y tus labios conserven la ciencia. 3 Porque los labios de la
mujer ajena destilan miel y su paladar es más suave que el aceite, 4 pero al final, ella es
amarga como el ajenjo, cortante como una espada de doble filo. 5 Sus pies descienden a 6 ella no tiene en cuenta
el sendero de la vida, va errante sin saber adonde. Los peligros del adulterio 7 Por eso, hijos,
escúchenme y no se aparten de las palabras de mi boca. 8 Aleja de ella tu camino
y no te acerques a la entrada de su casa, 9 no sea que entregues a
otros tu honor y tus años, a un hombre cruel; 10 que gente extraña se
sacie con tu fuerza y tus trabajos vayan a parar a casa ajena, 11 y que al fin tengas
que gemir, cuando estén consumidos tu cuerpo y tu carne. 12 Entonces dirás:
"¿Cómo aborrecí la instrucción y mi corazón despreció las advertencias? 13 Yo no escuché la voz
de mis maestros ni atendí a los que me enseñaban. 14 Faltó poco para que
estuviera en el colmo de la desgracia, en medio de la asamblea y de la
comunidad". La fidelidad conyugal 15 Bebe el agua de tu
cisterna y la que fluye de tu propio pozo. 16 Que tus fuentes no se
dispersen hacia afuera ni tus corrientes de agua, por las calles. 17 Que ellas sean para ti
solo y que no haya extraños junto a ti. 18 ¡Bendita sea tu
fuente, y encuentra tu alegría en la mujer de tu juventud, 19 cierva amable,
graciosa gacela! Que en todo tiempo te
embriaguen sus amores y estés siempre prendado de su afecto. 20 Hijo mío, ¿por qué te
dejarás prendar por la mujer ajena y abrazarás los pechos de una extraña? 21 Los caminos del hombre
están bajo la mirada del Señor y él tiene en cuenta todos sus senderos. 22 El malvado será presa
de sus propias faltas y quedará atrapado en los lazos de su pecado. 23 Morirá por falta de
instrucción y se extraviará por su gran necedad. Peligros de las fianzas 6 1 Hijo
mío, si te has hecho garante de tu prójimo y has estrechado tu mano en favor
de otro, 2 si te has enredado con
tus palabras y te has dejado atrapar por tu propia boca, 3 entonces, hijo mío,
obra así para librarte, ya que has caído en las manos de tu prójimo: ve a
echarte a sus pies e importúnalo, 4 no concedas descanso a
tus ojos ni reposo a tus párpados; 5 líbrate como una gacela
de la red y como un pájaro de la mano del cazador. Contra la pereza 6 Fíjate en la hormiga,
perezoso, observa sus costumbres y aprende a ser sabio: 7 ella, que no tiene jefe
ni capataz ni dueño, 8 se provee de alimento
en verano y junta su comida durante la cosecha. 9 ¿Hasta cuándo estarás
recostado, perezoso, cuándo te levantarás de tu sueño? 10 "Dormir un poco,
dormitar otro poco, descansar otro poco de brazos cruzados": 11 así te llegará la
pobreza como un salteador y la miseria como un hombre armado. Contra los malvados y simuladores 12 Es un infame, un
malvado, el que tiene la boca llena de perversidad; 13 guiña el ojo, toca con
los pies, hace una seña con los dedos: 14 en su corazón
depravado maquina el mal, siempre está sembrando discordias. 15 Por eso, llegará su
ruina de repente, será destrozado de improviso y sin remedio. Las siete cosas abominables 16 Hay seis cosas que
detesta el Señor, y siete que son para él una abominación: 17 los ojos altaneros, la
lengua mentirosa y las manos que derraman sangre inocente; 18 el corazón que trama
proyectos malignos, los pies rápidos para correr hacia el mal, 19 el falso testigo que
profiere mentiras, y el que siembra discordias entre hermanos. Contra el adulterio 20 Observa, hijo mío, el
precepto de tu padre y no rechaces la enseñanza de tu madre. 21 Átalos a tu corazón
constantemente, anúdalos a tu cuello. 22 Que ellos te guíen
mientras caminas, que velen sobre ti cuando estás acostado, y conversen
contigo cuando despiertas. |