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Caminando con Jesús

Pedro Sergio Antonio Donoso Brant

La Biblia – El Libro del Pueblo de Dios

Edición especial comentada para ayudar a comprender mejor las Sagradas Escrituras

 

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Eclesiastés

El autor de este Libro es un "Sabio" de mediados del siglo III a. C. que pone sus reflexiones en boca del ECLESIASTÉS, palabra griega que significa "predicador" o "presidente" de una asamblea religiosa. De ahí el titulo de la obra, cuyo nombre hebreo -COHÉLET-parece significar más o menos lo mismo. El hecho de identificar a este "predicador" con el rey Salomón es un artificio literario común a todos los escritos sapienciales.

El tono dominante del Eclesiastés es más bien sombrío y pesimista. En él se van exponiendo las reflexiones y las actitudes de un hombre a partir de su experiencia personal. Esa experiencia le ha hecho descubrir la caducidad de la vida y la aparente inutilidad de todas las cosas, llevándolo a una amarga convicción, repetida incansablemente a lo largo del Libro: "¡Vanidad, pura vanidad! ¡Nada más que vanidad! ¿Qué provecho saca el hombre de todo el esfuerzo que realiza bajo el sol?"(1. 2-3).

Este Sabio comprueba que nada de lo que tradicionalmente era considerado una retribución por el cumplimiento de la Ley puede satisfacer plenamente al corazón humano. El amor, los placeres, las riquezas y la gloria no dejan más que vacío y desencanto. La misma sabiduría está acompañada de aflicción. Para colmo de males, muchas veces los necios oprimen a los sabios. Más aún, "¡el sabio muere igual que el necio!" y "todo cae en el olvido" (2. 16). La ausencia de la esperanza en una retribución después de la muerte explica esta manera de pensar (9. 4-6). Lo único que vale la pena es gozar moderadamente de las alegrías y de los pocos bienes que Dios pone a nuestro alcance (5. 17-19; 9. 7-10; 11. 7-10).

¿Cómo se puede compaginar el pesimismo del Eclesiastés, por momentos rayano en el escepticismo, con la fe y la esperanza de un israelita que se siente heredero de las promesas hechas por Dios a su Pueblo? Por lo pronto, no se debe olvidar que este Libro no es "toda" la Biblia, sino "una" de sus partes. Escrito en el estilo de los "maestros de sabiduría", abundan en él los aforismos, las paradojas e, incluso, las afirmaciones aparentemente contradictorias que intentan expresar las diversas caras de una misma realidad.

Por otra parte, al escepticismo existencial del autor del Eclesiastés no corresponde un escepticismo religioso. Al contrario, este pensador desilusionado guarda la serenidad del creyente y reconoce que todo ha sido dispuesto por la sabia Providencia divina (3. 10-11). Para él, las cosas buenas son un don de Dios (2. 24-26), y el hombre tendrá que dar cuenta al Creador de su conducta sobre la tierra (12. 14). La enseñanza moral de este "predicador" concuerda muy bien con la de todo el Antiguo Testamento: "Teme al Señor y observa sus mandamientos, porque esto es todo para el hombre" ( 12. 13).

De todas maneras, al llamar la atención sobre la relatividad de cuanto hay "bajo el sol", este Sabio nos lleva a la búsqueda del único "Absoluto". "El Eclesiastés habla de Dios, se ha dicho con razón, como la sed del agua". Y el Nuevo Testamento, al revelarnos la resurrección de los muertos, viene a colmar la sensación de vacío que deja la lectura de este Libro: "La creación quedó sujeta a la vanidad, no voluntariamente, sino por causa de quien la sometió, pero conservando una esperanza" (Rom. 8. 20).

 

Título, autor y tema general del Libro

1 1 Palabras de Cohélet, hijo de David, rey en Jerusalén.

2 ¡Vanidad, pura vanidad!, dice Cohélet.

¡Vanidad, pura vanidad! ¡Nada más que vanidad!

3 ¿Qué provecho saca el hombre

de todo el esfuerzo que realiza bajo el sol?

Nada nuevo bajo el sol

4 Una generación se va y la otra viene,

y la tierra siempre permanece.

5 El sol sale y se pone,

y se dirige afanosamente hacia el lugar

de donde saldrá otra vez.

6 El viento va hacia el sur

y gira hacia el norte;

va dando vueltas y vueltas,

y retorna sobre su curso.

7 Todos los ríos van al mar

y el mar nunca se llena;

al mismo lugar donde van los ríos,

allí vuelven a ir.

8 Todas las cosas están gastadas,

más de lo que se puede expresar.

¿No se sacia el ojo de ver

y el oído no se cansa de escuchar?

9 Lo que fue, eso mismo será;

lo que se hizo, eso mismo se hará:

¡no hay nada nuevo bajo el sol!

10 Si hay algo de lo que dicen:

"Mira, esto sí que es algo nuevo",

en realidad, eso mismo ya existió

muchísimo antes que nosotros.

11 No queda el recuerdo de las cosas pasadas,

ni quedará el recuerdo de las futuras

en aquellos que vendrán después.

La experiencia decepcionante de Cohélet

12 Yo, Cohélet,

he sido rey de Israel, en Jerusalén,

13 y me dediqué a investigary a explorar con sabiduría

todo lo que se hace bajo el cielo:

es esta una ingrata tarea

que Dios impuso a los hombres

para que se ocupen de ella.

14 Así observé todas las obras que se hacen bajo el sol,

y vi que todo es vanidad y correr tras el viento.

15 Lo torcido no se puede enderezar,

ni se puede contar lo que falta.

16 Entonces me dije a mí mismo:

Yo acumulé una gran sabiduría,

más que todos mis predecesores en Jerusalén,

y mi corazón ha visto mucha sabiduría y ciencia.

17 Me dediqué a conocer la sabiduría,

la ciencia, la locura y la necedad,

y advertí que también esoes correr tras el viento.

18 Porque mucha sabiduría trae mucha aflicción,

y el que acumula ciencia, acumula dolor.

La búsqueda del placer, intento ilusorio

2 1 Yo me dije a mí mismo: "Ven, te haré experimentar el placer;

goza del bienestar".

Pero también esto es vanidad.

2 De la risa, dije: "No es más que locura",

y de la alegría: "¿Para qué sirve?".

3 Decidí estimular mi carne con el vino,

manteniendo la mente lúcida,

y dejarme llevar de la insensatez,

hasta ver qué les conviene

hacer a los hombres bajo el cielo,

en los contados días de su vida.

4 Emprendí grandes obras:

me construí mansiones y planté viñedos;

5 me hice jardines y parques,

y planté allí toda clase de árboles frutales;

6 me fabriqué cisternas, para regar el bosque donde crecían los árboles;

7 compré esclavos y esclavas,

y algunos me nacieron en casa;

poseí también ganado en abundancia,

más que todos mis predecesores en Jerusalén.

8 Amontoné además plata y oro,

y tesoros dignos de reyes y de provincias;

me conseguí cantores y cantoras,

y muchas mujeres hermosas,

que son la delicia de los hombres.

9 Llegué a ser tan grande,

que superé a todos mis predecesores en Jerusalén.

Sin embargo, la sabiduría permanecía siempre conmigo.

10 No negué a mis ojos nada de lo que pedían,

ni privé a mi corazón de ningún placer;

mi corazón se alegraba de todo mi trabajo,

y este era el premio de todo mi esfuerzo.

11 Pero luego dirigí mi atención

a todas las obras que habían hecho mis manos

y a todo el esfuerzo que me había empeñado en realizar,

y vi que todo es vanidad y correr tras el viento:

¡no se obtiene ningún provecho bajo el sol!

El sabio y el necio, iguales ante la muerte

12 Entonces volví mis ojos hacia la sabiduría,

hacia la locura y la insensatez.

Porque ¿qué hará el sucesor del rey?

Lo mismo que ya se había hecho antes.

13 Y vi que la sabiduría aventaja a la insensatez,

como la luz a las tinieblas:

14 el sabio tiene los ojos bien puestos,

mientras que el necio camina en tinieblas.

Pero yo sé también que a los dosles espera la misma suerte.

15 Y me dije a mí mismo:

si la suerte del necio será también la mía,

¿para qué, entonces, me hice más sabio?

Y pensé que también esto es vanidad.

16 Porque no perdurará el recuerdo

ni del sabio ni del necio:

con el paso de los días, todo cae en el olvido.

Así es: ¡el sabio muere igual que el necio!

17 Y llegué a detestar la vida,

porque me da fastidio todo lo que se hace bajo el sol.

Sí, todo es vanidad y correr tras el viento.

Vana recompensa del esfuerzo

18 Y también detesté todo el esfuerzo

que había realizado bajo el sol,

y que tendré que dejar al que venga después de mí.

19 ¿Y quién sabe si él será sabio o necio?

Pero será el dueño de lo que yo he conseguido

con esfuerzo y sabiduría bajo el sol.

También esto es vanidad.

20 Y llegué a desesperar

de todo el esfuerzo que había realizado bajo el sol.

21 Porque un hombre que ha trabajado

con sabiduría, con ciencia y eficacia,

tiene que dejar su parte

a otro que no hizo ningún esfuerzo.

También esto es vanidad y una grave desgracia.

22 ¿Qué le reporta al hombre todo su esfuerzo

y todo lo que busca afanosamente bajo el sol?

23 Porque todos sus días son penosos,

y su ocupación, un sufrimiento;

ni siquiera de noche descansa su corazón.

También esto es vanidad.

Los bienes recibidos de Dios

24 Lo único bueno para el hombre

es comer y beber,

y pasarla bien en medio de su trabajo.

Yo vi que también esto viene de la mano de Dios.

25 Porque ¿quién podría comer o gozar

si no es gracias a él?

26 Porque al que es de su agrado

él le da sabiduría, ciencia y alegría;

al pecador, en cambio, lo ocupa en amontonar y atesorar

para dárselo al que agrada a Dios.

También esto es vanidad y correr tras el viento.

El momento oportuno

3 1 Hay un momento para todo y un tiempo para cada cosa

            bajo el sol:

2 un tiempo para nacery un tiempo para morir,

un tiempo para plantary un tiempo para arrancarlo plantado;

3 un tiempo para matary un tiempo para curar,

un tiempo para demolery un tiempo para edificar;

4 un tiempo para llorary un tiempo para reír,

un tiempo para lamentarsey un tiempo para bailar;

5 un tiempo para arrojar piedras

             y un tiempo para recogerlas,

un tiempo para abrazarse

             y un tiempo para separarse;

6 un tiempo para buscar

             y un tiempo para perder,

un tiempo para guardary un tiempo para tirar;

7 un tiempo para rasgary un tiempo para coser,

un tiempo para callary un tiempo para hablar;

8 un tiempo para amary un tiempo para odiar,

un tiempo de guerra

             y un tiempo de paz.

La incomprensibilidad de la obra de Dios

9 ¿Qué provecho obtiene el trabajadorcon su esfuerzo?

10 Yo vi la tarea que Dios impuso a los hombres

para que se ocupen de ella.

11 Él hizo todas las cosas apropiadas a su tiempo,

pero también puso en el corazón del hombre

el sentido del tiempo pasado y futuro,

sin que el hombre pueda descubrir

la obra que hace Dios desde el principio hasta el fin.

12 Yo comprendí que lo único bueno para el hombre

es alegrarse y buscar el bienestar en la vida.

13 Después de todo, que un hombre coma y beba

y goce del bienestar con su esfuerzo,

eso es un don de Dios.

14 Yo reconocí que todo lo que hace Dios

dura para siempre:

no hay que añadirle ni quitarle nada,

y Dios obra así para que

se tenga temor en su presencia.

15 Lo que es, ya fue antes,

lo que ha de ser, ya existió,

y Dios va en busca de lo que es fugaz.

La condición humana

16 Yo he visto algo más bajo el sol:

en lugar del derecho, la maldad

y en lugar de la justicia, la iniquidad.

17 Entonces me dije a mí mismo:

Dios juzgará al justo y al malvado,

porque allá hay un tiempo

para cada cosa y para cada acción.

18 Yo pensé acerca de los hombres:

si Dios los prueba, es para que vean

que no se distinguen de los animales.

19 Porque los hombres y los animales

tienen todos la misma suerte:

como mueren unos, mueren también los otros.

Todos tienen el mismo aliento vital

y el hombre no es superior a las bestias,

porque todo es vanidad.

20 Todos van hacia el mismo lugar:

todo viene del polvo y todo retorna al polvo.

21 ¿Quién sabe si el alientodel hombre

sube hacia lo alto,

y si el aliento del animal

baja a lo profundo de la tierra?

22 Por eso, yo vique lo único bueno para el hombre

es alegrarse de sus obras,

ya que esta es su parte:

¿Quién, en efecto, lo llevará a ver

lo que habrá después de él?

La opresión de los débiles

4 1 Yo volví mis ojos a todas las opresiones

que se cometen bajo el sol:

ahí están las lágrimas de los oprimidos,

y no hay quien los consuele.

La fuerza está del lado de los opresores,

y no hay nadie que les dé su merecido.

2 Entonces tuve por más felices

a los muertos, porque ya están muertos,

que a los vivos, porque viven todavía;

3 y consideré más feliz aún

al que todavía no ha existido,

porque no ha visto las infamias

que se cometen bajo el sol.

La rivalidad

4 Yo vi que todo el esfuerzo

y toda la eficacia de una obra

no son más que rivalidad de unos contra otros.

También esto es vanidad y correr tras el viento.

5 El necio se cruza de brazos

y se devora a sí mismo.

6 Más vale un puñado con tranquilidad,

que las dos manos bien llenas

a costa de fatigas y de correr tras el viento.

La ambición

7 Luego volví mis ojos

a otra cosa vana bajo el sol: