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Caminando con Jesús Pedro Sergio Antonio Donoso Brant Edición especial comentada para ayudar a
comprender mejor las Sagradas Escrituras |
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El autor de este Libro es un "Sabio" de
mediados del siglo III a. C. que pone sus reflexiones en boca del
ECLESIASTÉS, palabra griega que significa "predicador" o
"presidente" de una asamblea religiosa. De ahí el titulo de la
obra, cuyo nombre hebreo -COHÉLET-parece significar más o menos lo mismo. El
hecho de identificar a este "predicador" con el rey Salomón es un
artificio literario común a todos los escritos sapienciales. El tono dominante del Eclesiastés es más bien
sombrío y pesimista. En él se van exponiendo las reflexiones y las actitudes
de un hombre a partir de su experiencia personal. Esa experiencia le ha hecho
descubrir la caducidad de la vida y la aparente inutilidad de todas las
cosas, llevándolo a una amarga convicción, repetida incansablemente a lo
largo del Libro: "¡Vanidad, pura vanidad! ¡Nada más que vanidad! ¿Qué
provecho saca el hombre de todo el esfuerzo que realiza bajo el sol?"(1.
2-3). Este Sabio comprueba que nada de lo que
tradicionalmente era considerado una retribución por el cumplimiento de ¿Cómo se puede compaginar el pesimismo del
Eclesiastés, por momentos rayano en el escepticismo, con la fe y la esperanza
de un israelita que se siente heredero de las promesas hechas por Dios a su
Pueblo? Por lo pronto, no se debe olvidar que este Libro no es
"toda" Por otra parte, al escepticismo existencial del
autor del Eclesiastés no corresponde un escepticismo religioso. Al contrario,
este pensador desilusionado guarda la serenidad del creyente y reconoce que
todo ha sido dispuesto por la sabia Providencia divina (3. 10-11). Para él,
las cosas buenas son un don de Dios (2. 24-26), y el hombre tendrá que dar
cuenta al Creador de su conducta sobre la tierra (12. 14). La enseñanza moral
de este "predicador" concuerda muy bien con la de todo el Antiguo
Testamento: "Teme al Señor y observa sus mandamientos, porque esto es
todo para el hombre" ( 12. 13). De todas maneras, al llamar la atención sobre la
relatividad de cuanto hay "bajo el sol", este Sabio nos
lleva a la búsqueda del único "Absoluto". "El Eclesiastés
habla de Dios, se ha dicho con razón, como la sed del agua". Y el Nuevo
Testamento, al revelarnos la resurrección de los muertos, viene a colmar la
sensación de vacío que deja la lectura de este Libro: "La creación
quedó sujeta a la vanidad, no voluntariamente, sino por causa de quien la
sometió, pero conservando una esperanza" (Rom. 8. 20). Título, autor y tema general del Libro 1 1
Palabras de Cohélet, hijo de David, rey en Jerusalén. 2 ¡Vanidad, pura vanidad!,
dice Cohélet. ¡Vanidad, pura vanidad!
¡Nada más que vanidad! 3 ¿Qué provecho saca el
hombre de todo el esfuerzo que
realiza bajo el sol? Nada nuevo bajo el sol 4 Una generación se va y
la otra viene, y la tierra siempre
permanece. 5 El sol sale y se pone, y se dirige afanosamente
hacia el lugar de donde saldrá otra vez. 6 El viento va hacia el
sur y gira hacia el norte; va dando vueltas y
vueltas, y retorna sobre su curso. 7 Todos los ríos van al
mar y el mar nunca se llena; al mismo lugar donde van
los ríos, allí vuelven a ir. 8 Todas las cosas están
gastadas, más de lo que se puede
expresar. ¿No se sacia el ojo de ver
y el oído no se cansa de
escuchar? 9 Lo que fue, eso mismo
será; lo que se hizo, eso mismo
se hará: ¡no hay nada nuevo bajo el
sol! 10 Si hay algo de lo que
dicen: "Mira, esto sí que es
algo nuevo", en realidad, eso mismo ya
existió muchísimo antes que
nosotros. 11 No queda el recuerdo de
las cosas pasadas, ni quedará el recuerdo de
las futuras en aquellos que vendrán
después. La experiencia decepcionante de Cohélet 12 Yo, Cohélet, he sido rey de Israel, en
Jerusalén, 13 y me dediqué a
investigary a explorar con sabiduría todo lo que se hace bajo
el cielo: es esta una ingrata tarea que Dios impuso a los
hombres para que se ocupen de
ella. 14 Así observé todas las
obras que se hacen bajo el sol, y vi que todo es vanidad y
correr tras el viento. 15 Lo torcido no se puede
enderezar, ni se puede contar lo que
falta. 16 Entonces me dije a mí
mismo: Yo acumulé una gran
sabiduría, más que todos mis
predecesores en Jerusalén, y mi corazón ha visto
mucha sabiduría y ciencia. 17 Me dediqué a conocer la
sabiduría, la ciencia, la locura y la
necedad, y advertí que también
esoes correr tras el viento. 18 Porque mucha sabiduría
trae mucha aflicción, y el que acumula ciencia,
acumula dolor. La búsqueda del placer, intento ilusorio 2 1 Yo me
dije a mí mismo: "Ven, te haré experimentar el placer; goza del bienestar". Pero también esto es
vanidad. 2 De la risa, dije:
"No es más que locura", y de la alegría:
"¿Para qué sirve?". 3 Decidí estimular mi
carne con el vino, manteniendo la mente
lúcida, y dejarme llevar de la
insensatez, hasta ver qué les conviene
hacer a los hombres bajo
el cielo, en los contados días de su
vida. 4 Emprendí grandes obras: me construí mansiones y
planté viñedos; 5 me hice jardines y
parques, y planté allí toda clase
de árboles frutales; 6 me fabriqué cisternas,
para regar el bosque donde crecían los árboles; 7 compré esclavos y
esclavas, y algunos me nacieron en
casa; poseí también ganado en
abundancia, más que todos mis
predecesores en Jerusalén. 8 Amontoné además plata y
oro, y tesoros dignos de reyes
y de provincias; me conseguí cantores y
cantoras, y muchas mujeres hermosas,
que son la delicia de los
hombres. 9 Llegué a ser tan grande,
que superé a todos mis
predecesores en Jerusalén. Sin embargo, la sabiduría
permanecía siempre conmigo. 10 No negué a mis ojos
nada de lo que pedían, ni privé a mi corazón de
ningún placer; mi corazón se alegraba de
todo mi trabajo, y este era el premio de
todo mi esfuerzo. 11 Pero luego dirigí mi
atención a todas las obras que
habían hecho mis manos y a todo el esfuerzo que
me había empeñado en realizar, y vi que todo es vanidad y
correr tras el viento: ¡no se obtiene ningún
provecho bajo el sol! El sabio y el necio, iguales ante la muerte 12 Entonces volví mis ojos
hacia la sabiduría, hacia la locura y la
insensatez. Porque ¿qué hará el
sucesor del rey? Lo mismo que ya se había
hecho antes. 13 Y vi que la sabiduría
aventaja a la insensatez, como la luz a las
tinieblas: 14 el sabio tiene los ojos
bien puestos, mientras que el necio
camina en tinieblas. Pero yo sé también que a
los dosles espera la misma suerte. 15 Y me dije a mí mismo: si la suerte del necio
será también la mía, ¿para qué, entonces, me
hice más sabio? Y pensé que también esto
es vanidad. 16 Porque no perdurará el
recuerdo ni del sabio ni del necio:
con el paso de los días,
todo cae en el olvido. Así es: ¡el sabio muere
igual que el necio! 17 Y llegué a detestar la
vida, porque me da fastidio todo
lo que se hace bajo el sol. Sí, todo es vanidad y
correr tras el viento. Vana recompensa del esfuerzo 18 Y también detesté todo
el esfuerzo que había realizado bajo
el sol, y que tendré que dejar al
que venga después de mí. 19 ¿Y quién sabe si él
será sabio o necio? Pero será el dueño de lo
que yo he conseguido con esfuerzo y sabiduría
bajo el sol. También esto es vanidad. 20 Y llegué a desesperar de todo el esfuerzo que
había realizado bajo el sol. 21 Porque un hombre que ha
trabajado con sabiduría, con ciencia
y eficacia, tiene que dejar su parte a otro que no hizo ningún
esfuerzo. También esto es vanidad y
una grave desgracia. 22 ¿Qué le reporta al
hombre todo su esfuerzo y todo lo que busca
afanosamente bajo el sol? 23 Porque todos sus días
son penosos, y su ocupación, un sufrimiento;
ni siquiera de noche
descansa su corazón. También esto es vanidad. Los bienes recibidos de Dios 24 Lo único bueno para el
hombre es comer y beber, y pasarla bien en medio de
su trabajo. Yo vi que también esto
viene de la mano de Dios. 25 Porque ¿quién podría
comer o gozar si no es gracias a él? 26 Porque al que es de su
agrado él le da sabiduría,
ciencia y alegría; al pecador, en cambio, lo
ocupa en amontonar y atesorar para dárselo al que agrada
a Dios. También esto es vanidad y
correr tras el viento. El momento oportuno 3 1 Hay un
momento para todo y un tiempo para cada cosa
bajo el sol: 2 un tiempo para nacery un
tiempo para morir, un tiempo para plantary un
tiempo para arrancarlo plantado; 3 un tiempo para matary un
tiempo para curar, un tiempo para demolery un
tiempo para edificar; 4 un tiempo para llorary
un tiempo para reír, un tiempo para lamentarsey
un tiempo para bailar; 5 un tiempo para arrojar
piedras
y un tiempo para recogerlas, un tiempo para abrazarse
y un tiempo para separarse; 6 un tiempo para buscar
y un tiempo para perder, un tiempo para guardary un
tiempo para tirar; 7 un tiempo para rasgary
un tiempo para coser, un tiempo para callary un
tiempo para hablar; 8 un tiempo para amary un
tiempo para odiar, un tiempo de guerra
y un tiempo de paz. La incomprensibilidad de la obra de Dios 9 ¿Qué provecho obtiene el
trabajadorcon su esfuerzo? 10 Yo vi la tarea que Dios
impuso a los hombres para que se ocupen de
ella. 11 Él hizo todas las cosas
apropiadas a su tiempo, pero también puso en el
corazón del hombre el sentido del tiempo
pasado y futuro, sin que el hombre pueda
descubrir la obra que hace Dios
desde el principio hasta el fin. 12 Yo comprendí que lo
único bueno para el hombre es alegrarse y buscar el
bienestar en la vida. 13 Después de todo, que un
hombre coma y beba y goce del bienestar con
su esfuerzo, eso es un don de Dios. 14 Yo reconocí que todo lo
que hace Dios dura para siempre: no hay que añadirle ni
quitarle nada, y Dios obra así para que se tenga temor en su
presencia. 15 Lo que es, ya fue
antes, lo que ha de ser, ya
existió, y Dios va en busca de lo
que es fugaz. La condición humana 16 Yo he visto algo más
bajo el sol: en lugar del derecho, la
maldad y en lugar de la justicia,
la iniquidad. 17 Entonces me dije a mí
mismo: Dios juzgará al justo y al
malvado, porque allá hay un tiempo para cada cosa y para cada
acción. 18 Yo pensé acerca de los
hombres: si Dios los prueba, es
para que vean que no se distinguen de
los animales. 19 Porque los hombres y
los animales tienen todos la misma
suerte: como mueren unos, mueren
también los otros. Todos tienen el mismo
aliento vital y el hombre no es superior
a las bestias, porque todo es vanidad. 20 Todos van hacia el
mismo lugar: todo viene del polvo y
todo retorna al polvo. 21 ¿Quién sabe si el
alientodel hombre sube hacia lo alto, y si el aliento del animal
baja a lo profundo de la
tierra? 22 Por eso, yo vique lo
único bueno para el hombre es alegrarse de sus obras,
ya que esta es su parte: ¿Quién, en efecto, lo
llevará a ver lo que habrá después de
él? La opresión de los débiles 4 1 Yo volví mis ojos a todas las opresiones que se cometen bajo el
sol: ahí están las lágrimas de
los oprimidos, y no hay quien los
consuele. La fuerza está del lado de
los opresores, y no hay nadie que les dé
su merecido. 2 Entonces tuve por más
felices a los muertos, porque ya
están muertos, que a los vivos, porque
viven todavía; 3 y consideré más feliz
aún al que todavía no ha
existido, porque no ha visto las
infamias que se cometen bajo el
sol. La rivalidad 4 Yo vi que todo el
esfuerzo y toda la eficacia de una obra
no son más que rivalidad
de unos contra otros. También esto es vanidad y
correr tras el viento. 5 El necio se cruza de
brazos y se devora a sí mismo. 6 Más vale un puñado con
tranquilidad, que las dos manos bien
llenas a costa de fatigas y de correr
tras el viento. La ambición 7 Luego volví mis ojos a otra cosa vana bajo el
sol: |