|
volver |
Caminando con Jesús Pedro Sergio Antonio Donoso Brant Edición especial comentada para ayudar a
comprender mejor las Sagradas Escrituras |
|
|
Nº |
Libros |
|
|
Génesis Éxodo Levítico Números Deuteronomio Josué Jueces Ruth Samuel I Samuel II Reyes I Reyes II Crónicas I Cronicas II Esdras Nehemías Tobías Judit Ester Macabeos I Macabeos II Job Salmos Proverbios Eclesiástes Cantares Sabiduria Eclesiástico Isaias Jeremías Lamentaciones Baruc Ezequiel Daniel Oseas Joel Amós Abdías Jonás Miqueas Nahum Habacuc Sofonías Ageo Zacarías Malaquías Mateo Marcos Lucas Juan Hechos Romanos I Corintios II Corintios Galátas Efesios Filipenses Colosenses TesalonicensesI TesalonicensesII I Timoteo II Timoteo Tito Filemon Hebreos Santiago I Pedro II Pedro I Juan II Juan III Juan Judas Apocalipsis |
Entre las grandes figuras del Antiguo Testamento,
ninguna tiene una personalidad tan atrayente y conmovedora como JEREMÍAS. Los
demás profetas nos han dejado un mensaje, sin decirnos nada, o muy poco,
acerca de sí mismos. Él, en cambio, nos abre su alma en varios poemas de una
sinceridad estremecedora, que nos hacen penetrar en el drama de su
existencia. Jeremías era miembro de una familia sacerdotal de
Anatot, un pequeño pueblo de la tribu de Benjamín, situado a unos pocos
kilómetros al norte de Jerusalén (1. 1). Nació poco más de un siglo después
de Isaías, y todavía era muy joven cuando el Señor lo llamó a ejercer el
ministerio profético (1. 6). En los primeros años de su actividad profética,
sus esfuerzos están dirigidos a "desarraigar" el pecado en todas
sus formas. Bajo la influencia de Oseas, su gran predecesor en el reino del
Norte, Jeremías insiste en que |