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Caminando con Jesús

Pedro Sergio Antonio Donoso Brant

La Biblia – El Libro del Pueblo de Dios

Edición especial comentada para ayudar a comprender mejor las Sagradas Escrituras

 

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Lamentaciones

Este Libro consta de cinco poemas que evocan la ruina de Jerusalén, acaecida en el 587 a. C., y están escritos en el estilo de las elegías fúnebres de esa época. Aunque se inspiran en las ideas y las expresiones de Jeremías y suelen llevar su nombre, las LAMENTACIONES no son obra de aquel célebre profeta, sino de algunos judíos que permanecieron en Jerusalén después de la catástrofe. Las cuatro primeras Lamentaciones son alfabéticas, es decir, cada estrofa comienza con una letra hebrea, siguiendo el orden del alfabeto.

Al dolor provocado por la destrucción de la Ciudad santa y a las quejas desgarradoras frente a la triste situación en que se encontraban sus habitantes, sigue una profunda reflexión, madurada a la luz de esa misma desgracia. "Jerusalén ha pecado gravemente y se ha convertido en algo inmundo" (1. 8). "Examinemos a fondo nuestra conducta y volvamos al Señor" (3. 40). Este humilde reconocimiento de las propias culpas, tantas veces denunciadas por los profetas anteriores al exilio, está acompañado de una ardiente súplica por la restauración de Israel, que se apoya a su vez en las predicciones mesiánicas de los profetas y es muy semejante a la de los Salmos 44; 80; 89.

Las Lamentaciones son utilizadas por la liturgia judía en cada aniversario de la destrucción de Jerusalén, y es muy natural que el Cristianismo las haya incorporado a la liturgia de la Semana Santa, para evocar la Muerte de Jesús.

PRIMERA LAMENTACIÓN

Jerusalén, "!a Ciudad del gran Rey" (Sal. 48. 3), está en ruinas y se parece a una reina convertida en esclava. Abandonada por sus antiguos amantes, desolada y privada de su primitivo esplendor, profanada y despreciada, ella reclama la piedad de los hombres: " ¡Todos ustedes, los que pasan por el camino, fíjense bien y miren si hay un dolor comparable al mío! " (1. 12). Desde el fondo de su amargura, la Ciudad infiel reconoce su culpa y pide humildemente a Dios que le haga justicia contra sus enemigos.

La desolación de Jerusalén

Alef

1 1 ¡Cómo está solitariala ciudad populosa!

Se ha quedado como una viuda la grande entre las naciones;

la princesa entre las provincias tiene que pagar tributo.

Bet

2 Pasa la noche llorando, las lágrimas corren por sus mejillas.

No hay nadie que la consuele entre todos los que la amaban;

todos sus amigos la han traicionado, se han convertido en enemigos.

Guímel

3 Judá está desterrada, en la miseriay en la más dura esclavitud.

Ella habita entre las naciones, sin encontrar un descanso.

Todos sus perseguidores la alcanzaron en angostos desfiladeros.

Dálet

4 Los caminos de Sión están de duelo, porque nadie acude a las fiestas.

Todas sus puertas están desoladas, gimen sus sacerdotes,

sus vírgenes están afligidas, ¡y qué amargura hay en ella!

He

5 Sus adversarios han prevalecido, sus enemigos están tranquilos,

porque el Señor la ha llenado de aflicción por sus muchas rebeldías.

Sus niños han partido al cautiverio delante del adversario.

Vau

6 La hija de Sión ha perdido todo su esplendor.

Sus príncipes parecían ciervos que no encuentran donde pastar:

iban caminando sin fuerzas delante del perseguidor.

Zain

7 Jerusalén recuerda sus días de miseria y de vida errante,

cuando cayó su pueblo en poder del adversario, sin que nadie la socorriera.

Sus adversarios la miraban y se reían de su ruina.

Jet

8 Jerusalén ha pecado gravemente y se ha convertido en algo inmundo.

Los que la honraban la consideran despreciable, porque han visto su desnudez;

también ella gime y se vuelve hacia atrás.

Tet

9 ¡Hasta en sus vestidos aparece su impureza! ¡Ella no pensó en el futuro, y cayó de manera portentosa, sin que nadie la consolara!

"¡Mira, Señor, mi opresión, porque triunfa el enemigo!".

Iod

10 El adversario extendió su mano hacia todos sus tesoros.

¡Sí, ella ha visto a los paganos entrar en su Santuario,

aunque tú mismo habías prohibido que entraran en tu asamblea!

Caf

11 Todo su pueblo va gimiendo en busca de pan;

dan sus tesoros a cambio de alimentopara recobrar sus fuerzas.

"¡Mira, Señor, y fíjate cómo estoy envilecida!".

Lamento de Jerusalén por su desgracia

Lámed

12 ¡Todos ustedes,los que pasan por el camino, fíjense bien y miren

si hay un dolor comparable al mío: a este dolor que me atormenta,

porque el Señor ha querido afligirme en el día de su furor!

Mem

13 Él envió un fuego desde lo alto, lo hizo bajar hasta mis huesos.

Tendió una red a mis pies, me hizo retroceder.

Me convirtió en una desolación, estoy siempre dolorida.

Nun

14 Él ha vigilado mis rebeldías, ellas se entrelazan en su mano.

Su yugo está sobre mi cuello, hace flaquear mi fuerza.

El Señor me ha puesto en unas manos a las que no puedo resistir.

Sámec

15 El Señor derribó a mis valientes, que estaban dentro de mí.

Convocó contra mí una asamblea para destrozar a mis jóvenes.

El Señor pisoteó en el lagar a la virgen hija de Judá.

Ain

16 A causa de esto, estoy llorando, mis ojos se deshacen en llanto,

porque está lejos de mí el consoladorque podría reanimarme.

Mis hijos están desolados, porque triunfa el enemigo.

Pe

17 Sión extiende sus manos, pero nadie la consuela.

El Señor dio órdenes contra Jacob a sus adversarios de alrededor.

Jerusalén ha llegado a ser una cosa inmunda en medio de ellos.

Sade

18 Pero el Señor es justo, porque yo fui rebelde a su palabra.

¡Oigan bien, todos los pueblos, y miren mi dolor!

Mis vírgenes y mis jóvenes han partido al cautiverio.

Cof

19 Llamé a mis amantes, pero ellos me engañaron.

Mis sacerdotes y mis ancianos han expirado en la ciudad,

mientras buscaban alimento para recobrar sus fuerzas.

Súplica de Jerusalén por la liberación

Res

20 ¡Mira, Señor, cómo estoy angustiada, me hierven las entrañas!

Mi corazón se conmueve en mi interior, porque he sido rebelde.

Afuera, me priva de hijos la espada,adentro, la muerte.

Sin

21 ¡Oigan cómo estoy gimiendo, sin que nadie me consuele!

Todos mis enemigos, al oír mi desgracia,

            se alegraron de lo que has hecho.

¡Que llegue el Día que tú has anunciado, y que ellos estén igual que yo!

Tau

22 ¡Que llegue hasta tu presencia toda su maldad!

Trátalos como me trataste a mí por todas mis rebeldías,

porque son muchos mis gemidos y mi corazón está sufriendo.

SEGUNDA LAMENTACIÓN

Sión se lamenta porque el Señor la trató como a un enemigo. Su Templo fue incendiado, sus murallas arrasadas y sus puertas arrancadas. El rey y sus príncipes fueron llevados cautivos. Ya no existe la Ley ni hay profetas que hablen en nombre del Señor. Los ancianos están abatidos y los niños desfallecen en las plazas. "¿A quién podré compararte, hija de Jerusalén? Porque tu desastre es inmenso como el mar" (2. 13). ¿Cómo es posible que el Señor haya llegado a ese extremo con la ciudad que era "el estrado de sus pies"? (2. 1).

La indignación del Señor contra Israel

Alef

2 1 ¡Cómo cubrió de nubes el Señor, en su enojo, a la hija de Sión!

Precipitó del cielo a la tierra la gloria de Israel;

no se acordó del estrado de sus pies, en el día de su ira.

Bet

2 El Señor devoró sin piedad todas las moradas de Jacob;

derribó en su indignación las fortalezas de la hija de Judá;

echó por tierra y profanó el reino y sus príncipes.

Guímel

3 Abatió, en el ardor de su ira, toda la fuerza de Israel;

retiró su mano derecha frente al enemigo;

encendió en Jacob una llama como de fuego que devora a su alrededor.

Dálet

4 Tendió su arco como un enemigo, afirmó su mano derecha;

como un adversario, dio muerte a lo más apuesto de la juventud;

en el campamento de la hija de Sión derramó como un fuego su furor.

He

5 El Señor se portó como un enemigo y devoró a Israel:

devoró todos sus palacios, destruyó sus fortalezas;

multiplicó en la hija de Judá las lamentaciones y los lamentos.

Vau

6 Desmanteló su morada como una huerta, arrasó el Lugar de los encuentros.

El Señor hizo olvidar en Sión las fiestas y los sábados;

despreció, en el ímpetu de su ira, al rey y al sacerdote.

Zain

7 El Señor rechazó su propio altar, repudió su Santuario;

entregó en manos del enemigo los muros de sus palacios;

se lanzaron gritos en la Casa del Señor como en un día de fiesta.

Jet

8 El Señor decidió arrasar la muralla de la hija de Sión:

tomó sus medidas y no retiró su brazo hasta dejarla derruida;

cubrió de luto el antemural y el muro, que se desmoronaron juntamente.

Tet

9 Sus puertas se hundieron en la tierra, él quebró sus cerrojos;

su rey y sus príncipes están entre las naciones, ¡no hay más Ley!

Tampoco sus profetas obtienen visionesde parte del Señor.

Iod

10 Están sentados en el suelo, silenciosos, los ancianos de la hija de Sión;

se han cubierto la cabeza de polvo, se han vestido con un sayal.

Dejan caer su cabeza hasta el suelo las vírgenes de Jerusalén.

Caf

11 Mis ojos se deshacen en llanto, me hierven las entrañas;

mi bilis se derrama en la tierra por el desastre de la hija de mi pueblo,

mientras desfallecen sus niños y pequeños en las plazas de la ciudad.

Lámed

12 Ellos preguntan a sus madres: "¿Dónde hay pan y vino?",

mientras caen desfallecidos como heridos de muerte en las plazas de la ciudad,

exhalando su espíritu en el regazo de sus madres.

Mem

13 ¿A quién podré compararte? ¿A quién te asemejaré, hija de Jerusalén?

¿A quién te igualaré, para poder consolarte, virgen hija de Jerusalén?

Porque tu desastre es inmenso como el mar: ¿quién te sanará?

Nun

14 Tus profetas te transmitieron visiones falsas e ilusorias.

No revelaron tu culpa a fin de cambiar tu suerte,

sino que te hicieron vaticinios falsos y engañosos.

Sámec

15 Al verte, golpean las manos todos los que pasan por el camino;

silban y mueven la cabeza sobre la hija de Jerusalén:

"¿Es ésta el dechado de toda hermosura, la alegría de toda la tierra?".

Ain

16 Abren sus fauces contra ti todos tus enemigos;

silban, rechinan los dientes, diciendo: "¡La hemos devorado!

Sí, este es el día que esperábamos: ya lo alcanzamos, lo estamos viendo".

Pe

17 El Señor ha realizado su designio, ha cumplido su palabra,

la que había decretado hace tiempo: demolió sin compasión,

hizo que el enemigo se alegrara de tu suerte, exaltó el poder de tus adversarios.

Exhortación a Jerusalén

Sade

18 ¡Invoca al Señor de corazón, gime, hija de Sión!

¡Deja correr tus lágrimas a raudales, de día y de noche:

no te concedas descanso, que no repose la pupila de tus ojos!

Cof

19 ¡Levántate, y grita durante la noche, cuando comienza la ronda!

¡Derrama tu corazón como agua ante el rostro del Señor !

¡Eleva tus manos hacia él, por la vida de tus niños pequeños,

que desfallecen de hambre en todas las esquinas!

Res

20 ¡Mira, Señor, y considera a quién has tratado así!

¿Puede ser que las mujeres se coman a sus hijos, a los pequeños que antes mimaban?

¿Puede ser que se asesine en el Santuario al sacerdote y al profeta?

Sin

21 En las calles están tendidos el niño y el anciano;

mis vírgenes y mis jóvenes cayeron bajo la espada;

tú has sembrado la muerte en el día de tu ira, has degollado sin piedad.

Tau

22 Convocaste como para un día de fiesta los terrores que me rodean;

en el día de la ira del Señor no hay escapados ni sobrevivientes.

¡A los que yo había mimado y hecho crecer los aniquiló mi enemigo!

TERCERA LAMENTACIÓN

En el estilo de las Lamentaciones individuales, semejantes a las de algunos Salmos, el poeta expresa los sentimientos del pueblo que permaneció en Jerusalén después de su caída. "Ríos de lágrimas brotan de mis ojos, por el desastre de la hija de mi pueblo" (3. 48). A esa amarga Lamentación que recuerda las quejas de Job y las "Confesiones" de Jeremías, sigue una reflexión sapiencial. El autor reconoce la omnipotencia y la justicia de Dios, y mantiene su esperanza a pesar de todo, porque él "nunca rechaza a los hombres para siempre" (3. 31).

La aflicción de Jerusalén

Alef

3 1 Yo soy el hombreque ha soportado la miseria bajo la vara de su furor.

2 Él me condujo y me hizo caminar por las tinieblas, y no por la luz.

3 Sólo contra mí, una y otra vez, vuelve su mano todo el día.

Bet

4 Él marchitó mi carne y mi piel,quebró todos mis huesos.

5 Edificó contra mí un cerco de veneno y fatiga.

6 Me confinó en las tinieblas, como a los que murieron hace mucho tiempo.

Guímel

7 Me tiene cercado y no puedo salir, hizo pesada mi cadena.

8 Por más que grite y pida auxilio, cierra el paso a mi plegaria.

9 Cercó mis caminos con piedras talladas, entorpeció mis senderos.

Dalet

10 Fue para mí un oso en acecho, un león agazapado.

11 Me apartó del camino y me desgarró, me dejó desolado.

12 Apuntó con su arco e hizo de mí el blanco de su flecha.

He

13 Me clavó en los riñones las flechas de su aljaba.

14 Fui la irrisión de mi pueblo, el motivo constante de sus cantos burlones.

15 Él me sació de amargura, me abrevó con ajenjo.

Vau

16 Partió mis dientes con un guijarro,me revolcó en la ceniza.

17 Ya no hay paz para mi alma, me olvidé de la felicidad.

18 Por eso dije: "Se ha agotado mi fuerza y la esperanza que me venía del Señor".

La misericordia y la justicia del Señor, motivo de esperanza

Zain

19 Recordar mi opresión y mi vida errante es ajenjo y veneno.

20 Mi alma no hace más que recordar y se hunde dentro de mí;

21 Pero me pongo a pensar en algo y esto me llena de esperanza:

Jet

22 La misericordia del Señor no se extingue ni se agota su compasión;

23 ellas se renuevan cada mañana, ¡qué grande es tu fidelidad!

24 El Señor es mi parte, dice mi alma, por eso espero en él.

Tet

25 El Señor es bondadoso con los que esperan en él, con aquellos que lo buscan.

26 Es bueno esperar en silencio la salvación que viene del Señor.

27 Es bueno para el hombre cargar con el yugo desde su juventud.

Iod

28 Que permanezca solitario y silencioso, cuando el Señor se lo impone.

29 Que ponga su boca sobre el polvo: ¡tal vez haya esperanza!

30 Que ofrezca su mejilla al que lo golpea y se sacie de oprobios.

Caf

31 Porque el Señor nunca rechaza a los hombres para siempre.

32 Si aflige, también se compadece, por su gran misericordia.

33 Porque él no humilla ni aflige de corazóna los hijos de los hombres.

Lámed

34 Cuando se aplasta bajo los pies a todos los prisioneros de un país;

35 cuando se conculca el derecho de un hombre ante el rostro del Altísimo;

36 cuando se perjudica a alguien en un pleito, ¿acaso no lo ve el Señor ?

Mem

37 ¿Quién dijo algo y eso sucedió, sin que el Señor lo ordenara?

38 ¿No salen de la boca del Altísimo los males y los bienes?

39 ¿De qué se queja el hombre mientras vive? ¡Que domine más bien su pecado!

Nun

40 ¡Examinemos a fondo nuestra conducta y volvamos al Señor!

41 Levantemos en nuestras manos el corazón hacia el Dios del cielo.

42 Hemos sido infieles y rebeldes; ¡tú no has perdonado!

Sámec