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Caminando con Jesús Pedro Sergio Antonio Donoso Brant Edición especial comentada para ayudar a
comprender mejor las Sagradas Escrituras |
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Este breve opúsculo atribuido a BARUC -el discípulo
y hombre de confianza del profeta Jeremías (Jer. 32. 13-14; 36. 1-20; 43.
6-7; 45)- consta de varios fragmentos heterogéneos, pertenecientes a autores
y géneros literarios diversos. Dichos fragmentos, originariamente
independientes, fueron reunidos en un pequeño volumen hacia mediados del
siglo II a. C., en alguna comunidad judía de A pesar de sus notables diferencias, los textos
reunidos en el libro de Baruc presentan un rasgo común: todos se refieren
explícitamente al exilio babilónico, considerado como una imagen simbólica de
la situación en que se encontraban muchos judíos dispersos en un ambiente
generalmente hostil. Lejos de su patria, ellos llegaron a comprender que el
retorno de los deportados a Sión, después del exilio en Babilonia, no podía
ser la gloriosa restauración que el Señor había prometido a Israel (Is. 40 -
66), sino la prefiguración y la garantía de la misma. Mientras llegaba ese
día tan esperado, el libro de Baruc les recordaba que la conversión a Dios y
la búsqueda de la verdadera Sabiduría, identificada con Introducción 1 1 Texto
del escrito que Baruc, hijo de Nerías, hijo de Maasías, hijo de Sedecías,
hijo de Asadías, hijo de Jilquías, escribió en Babilonia, 2 en el año quinto,
el séptimo día del mes, en la época en que los caldeos habían tomado
Jerusalén y la habían incendiado. 3 Baruc leyó el texto de este escrito en presencia
de Jeconías, hijo de Joaquím, rey de Judá, y de todo el pueblo que había
venido para escuchar esta lectura; 4 en presencia de las autoridades y de los
príncipes reales, de los ancianos y de todo el pueblo –desde el más pequeño
hasta el más grande– de todos los que habitaban en Babilonia junto al río
Sud. 5 Se derramaron lágrimas, se ayunó y se oró delante del Señor. 6 También
se recogió dinero según las posibilidades de cada uno, 7 y se lo envió a
Jerusalén, al sacerdote Joaquím, hijo de Jilquías, hijo de Salóm, y a los
otros sacerdotes y a todo el pueblo que se encontraba con él en Jerusalén. 8
Baruc ya había recuperado, el décimo día del mes de Siván, los vasos de 10 Les escribieron lo siguiente: Aquí les enviamos
dinero; compren con él víctimas para los holocaustos y los sacrificios por el
pecado, y también incienso; hagan ofrendas y preséntenlas sobre el altar del
Señor, nuestro Dios. 11 Rueguen por la vida de Nabucodonosor, rey de
Babilonia, y por la de su hijo Baltasar, para que sus días sean sobre la
tierra como los días del cielo. 12 Que el Señor nos dé fuerza e ilumine
nuestros ojos, para que vivamos a la sombra de Nabucodonosor, rey de Babilonia,
y a la sombra de su hijo Baltasar, y lo sirvamos mucho tiempo, gozando de su
favor. 13 Rueguen también por nosotros al Señor, nuestro Dios, porque hemos
pecado contra él, y la ira del Señor y su indignación no se han alejado de
nosotros hasta el día de hoy. 14 Lean este libro, que nosotros les enviamos
para que se haga confesión de los pecados en ORACIÓN PENITENCIAL Al prólogo narrativo
sigue una "liturgia penitencial", en la que Israel reconoce la
justicia del Señor al someterlo a la prueba del exilio y le dirige una
ardiente súplica pidiéndole el perdón de sus culpas. Esta confesión nacional
tiene muchos puntos de contacto con las que se encuentran en Sal. 106; Dn. 9.
4-19; Esd. 9. 6-15; Neh. 9. 5-37. La confesión de los pecados 15 Ustedes dirán: Al Señor, nuestro Dios, pertenece
la justicia; a nosotros, en cambio, la vergüenza reflejada en el rostro, como
sucede en el día de hoy: vergüenza para los hombres de Judá y los habitantes
de Jerusalén, 16 para nuestros reyes y nuestros jefes, para nuestros
sacerdotes, nuestros profetas y nuestros padres. 17 Porque hemos pecado
contra el Señor, 18 le hemos sido infieles y no hemos escuchado la voz del
Señor, nuestro Dios, que nos mandaba seguir los preceptos que él puso delante
de nosotros. 19 Desde el día en que el Señor hizo salir a nuestros padres del
país de Egipto, hasta el día de hoy, hemos sido infieles al Señor, nuestro
Dios, y no nos hemos preocupado por escuchar su voz. 20 Por eso han caído sobre nosotros tantas
calamidades, así como también la maldición que el Señor profirió por medio de
Moisés, su servidor, el día en que hizo salir a nuestros padres del país de
Egipto, para darnos una tierra que mana leche y miel. Esto es lo que nos
sucede en el día de hoy. 21 Nosotros no hemos escuchado la voz del Señor,
nuestro Dios, conforme a todas las palabras de los profetas que él nos envió.
22 Cada uno se dejó llevar por los caprichos de su corazón perverso,
sirviendo a otros dioses y haciendo el mal a los ojos del Señor, nuestro
Dios. 2 1 Por
eso el Señor ha cumplido la amenaza que había pronunciado contra nosotros,
contra los jueces que gobernaron a Israel, contra nuestros reyes, contra
nuestros jefes y contra los hombres de Israel y de Judá. 2 Nunca se hizo bajo
el cielo nada semejante a lo que él hizo en Jerusalén, conforme a lo que está
escrito en 6 Al Señor, nuestro Dios, pertenece la justicia; a
nosotros, en cambio, y a nuestros padres la vergüenza reflejada en el rostro,
como sucede en el día de hoy. 7 Todo lo que el Señor había anunciado contra
nosotros, todas esas desgracias nos han sobrevenido. 8 Nosotros no hemos
aplacado con nuestras súplicas el rostro del Señor, apartándonos cada uno de
los pensamientos de su corazón perverso. 9 Por eso el Señor estuvo atento a
estas calamidades y las descargó sobre nosotros, porque él es justo en todo
lo que nos manda hacer. 10 Pero nosotros no hemos escuchado la voz del Señor,
que nos mandaba seguir los preceptos que él puso delante de nosotros. Súplica para obtener el perdón 11 Y ahora, Señor, Dios de Israel, que hiciste salir
a tu pueblo de la tierra de Egipto con mano fuerte, con signos y portentos,
con gran poder y con el brazo en alto, haciéndote así un Nombre famoso hasta
el día de hoy, 12 nosotros hemos pecado, nos hemos hecho impíos, hemos
incurrido en la injusticia, Señor, Dios nuestro, desobedeciendo todas tus
prescripciones. 13 Que tu furor se aparte de nosotros, porque hemos quedado
muy pocos entre las naciones donde nos has dispersado. 14 Escucha, Señor, nuestra oración y nuestra
súplica, y por tu honor, líbranos y concédenos el favor de aquellos que nos
han deportado, 15 para que toda la tierra conozca que tú eres el Señor,
nuestro Dios, porque tu Nombre ha sido invocado sobre Israel y sobre su raza.
16 Mira, Señor, desde tu santa morada y piensa en nosotros; inclina tu oído y
escucha; 17 abre, Señor, tus ojos y mira; porque no son los muertos que están
en el Abismo, aquellos cuyo espíritu ha sido arrancado de sus entrañas, los
que tributan gloria y justicia al Señor; 18 sino que es el alma llena de
aflicción, y son los que caminan encorvados y sin fuerzas, los ojos
debilitados y el alma hambrienta los que te tributan, Señor, gloria y
justicia. 19 No es por las obras de justicia de nuestros padres y de nuestros
reyes, que nosotros presentamos nuestra súplica delante de tu rostro, Señor,
Dios nuestro. 20 Porque tú has enviado sobre nosotros tu furor y tu
indignación, como lo habías anunciado por medio de tus servidores, los
profetas, diciendo: 21 Así habla el Señor: Dobleguen sus espaldas y sirvan
al rey de Babilonia, y permanecerán en la tierra que yo he dado a sus
padres. 22 Pero si ustedes no escuchan la voz del Señor, sirviendo al rey de
Babilonia, 23 yo haré cesar en las ciudades de Judá y dentro de Jerusalén
el grito de gozo y el grito de alegría, el canto del esposo y el canto de la
esposa, y todo el país se convertirá en un desierto sin habitantes. 24 Y
nosotros no hemos escuchado tu voz, que nos mandaba servir al rey de
Babilonia; por eso, tú has cumplido la amenaza que habías pronunciado por
medio de tus servidores, los profetas, a saber, que serían sacados de su
sitio los huesos de nuestros reyes y los huesos de nuestros padres. 25 Y
ahora han sido arrojados al calor del día y al frío de la noche,
después de haber muerto en medio de crueles sufrimientos, por el hambre, la
espada y la peste. 26 Tú has reducido esta Casa sobre la que había sido
invocado tu Nombre, a lo que es en el día de hoy, a causa de la maldad de la
casa de Israel y de la casa de Judá. 27 Sin embargo, tú nos has tratado, Señor, Dios
nuestro, conforme a toda tu benignidad y a tu gran compasión, 28 como lo
habías anunciado por medio de Moisés, tu servidor, el día en que le ordenaste
escribir tu Ley en presencia de los israelitas, diciendo: 29 "Si ustedes
no escuchan mi voz, esta grande, esta inmensa muchedumbre será reducida a un
pequeño número entre las naciones adonde los dispersaré. 30 Yo sé, en efecto,
que ellos no me escucharán, porque son un pueblo obstinado y rebelde, pero en
la tierra de su exilio, volverán sobre sí mismos 31 y conocerán que yo soy el
Señor, su Dios. Les daré un corazón y oídos dóciles, 32 y ellos me alabarán
en la tierra de su exilio y se acordarán de mi Nombre. 33 Se arrepentirán de
su obstinación y de sus malas acciones, porque se acordarán de la suerte de
sus padres que pecaron contra el Señor. 34 Entonces los haré volver a la
tierra que juré dar a sus padres, a Abraham, a Isaac y a Jacob, y se
adueñarán de ella. Los multiplicaré y ya no disminuirán. 35 Estableceré para
ellos una alianza eterna, para que yo sea su Dios y ellos sean mi Pueblo, y
ya no arrojaré más a mi pueblo Israel de la tierra que les he dado". Reiteración de la súplica 3 1 Señor
todopoderoso, Dios de Israel, es un alma angustiada y un espíritu acongojado
el que grita hacia ti. 2 Escucha, Señor, y ten piedad, porque hemos pecado
contra ti. 3 Tú permaneces para siempre, mientras que nosotros perecemos para
siempre. 4 Señor todopoderoso, Dios de Israel, escucha la plegaria de los muertos
de Israel, de los hijos de aquellos que han pecado contra ti y no han
escuchado la voz del Señor, su Dios, por lo que han caído sobre nosotros
estas calamidades. 5 No te acuerdes de las injusticias de nuestros padres,
sino acuérdate en este momento de tu mano y de tu Nombre. 6 Porque tú eres el
Señor, nuestro Dios, y nosotros te alabaremos, Señor. 7 Sí, tú has infundido
tu temor en nuestro corazón, para que invocáramos tu Nombre, y nosotros te
alabaremos en nuestro exilio, porque hemos arrojado de nuestro corazón toda
la injusticia de nuestros padres que pecaron contra ti. 8 Aquí estamos hoy en
la tierra de nuestro exilio donde tú nos has dispersado, soportando el
oprobio, la maldición y la condena, por todas las injusticias de nuestros
padres, que se apartaron del Señor, nuestro Dios. REFLEXIÓN SOBRE En la segunda parte del
Libro, un "poema sapiencial" presenta a Exhortación a volver a la fuente de 9 Escucha, Israel, los mandamientos de vida; presta atención para aprender a discernir. 10 ¿Por qué, Israel, estás en un país de enemigos y has envejecido en una tierra extranjera? 11 ¿Por qué te has contaminado con los muertos, contándote entre los que bajan al Abismo? 12 ¡Tú has abandonado la fuente de la sabiduría! 13 Si hubieras seguido el camino de Dios, vivirías en paz para siempre. 14 Aprende dónde está el discernimiento, dónde está la fuerza y dónde la inteligencia, para conocer al mismo tiempo dónde está la longevidad y la vida, dónde la luz de los ojos y la paz. 15 ¿Quién ha encontrado el lugar de quién ha penetrado en sus tesoros? 16 ¿Dónde están los jefes de las naciones, los que dominaban las bestias de la tierra 17 y se divertían con las aves del cielo; los que atesoraban la plata y el oro, en los que los hombres ponen su confianza, y cuyas posesiones no tenían límite; 18 los que trabajaban la plata con tanto cuidado, que sus obras sobrepasan la imaginación? 19 Ellos han desaparecido, han bajado al Abismo, y han surgido otros en su lugar. 20 Otros más jóvenes han visto la luz y han habitado sobre la tierra, pero no han conocido el camino de la ciencia, 21 no han comprendido sus senderos. Tampoco sus hijos la han alcanzado y se han alejado de sus caminos. 22 No se oyó nada de ella en Canaán, ni se la vio en Temán. 23 Ni siquiera los hijos de Agar, que buscan la ciencia sobre la tierra, ni los mercaderes de Merrán y de Temán, inventores de fábulas y buscadores de inteligencia, han conocido el camino de la sabiduría, ni se han acordado de sus senderos. 24 ¡Qué grande, Israel, es la morada de Dios, qué extenso es el lugar de su dominio! 25 ¡Es grande y no tiene fin, excelso y sin medida! 26 Allí nacieron los famosos gigantes de los primeros
tiempos, de gran estatura y expertos en la guerra. 27 Pero no fue a ellos a quienes Dios eligió y les dio el camino de la ciencia; 28 ellos perecieron por su falta de discernimiento, perecieron por su insensatez. 29 ¿Quién subió al cielo para tomarla y hacerla bajar de las nubes? 30 ¿Quién atravesó el mar para encontrarla y traerla a precio de oro fino? 31 Nadie conoce su camino, ni puede comprender su sendero. 32 Pero el que todo lo sabe, la conoce, la penetró con su inteligencia; el que formó la tierra para siempre, y la llenó de animales cuadrúpedos; 33 el que envía la luz, y ella sale, la llama, y ella obedece temblando. 34 Las estrellas brillan alegres en sus puestos de
guardia: 35 él las llama, y ellas responden: "Aquí
estamos", y brillan alegremente para aquel que las creó. 36 ¡Este es nuestro Dios, ningún otro cuenta al lado de él! 37 Él penetró todos los caminos de la ciencia y se la dio a Jacob, su servidor, y a Israel, su predilecto. 38 Después de esto apareció sobre la tierra, y vivió entre los hombres. 4 1 y los que la retienen, alcanzarán la vida, pero los que la abandonan, morirán. 2 Vuélvete, Jacob, y tómala, camina hacia el resplandor, atraído por su luz. 3 No cedas a otro tu gloria, ni tus privilegios a un pueblo extranjero. 4 Felices de nosotros, Israel, porque se nos dio a conocer lo que agrada a Dios. EXHORTACIÓN A LOS EXILIADOS Y CONSUELO DE JERUSALÉN El libro de Baruc
concluye con un "mensaje profético", que evoca el dolor de
Jerusalén al ver que sus hijos eran llevados al exilio y anuncia el gozoso
retorno de los deportados a El castigo de Israel,consecuencia de su infidelidad 5 ¡Ánimo, pueblo mío, memorial viviente de Israel! 6 Ustedes fueron vendidos a las naciones, pero no para ser aniquilados; es por haber excitado la ira de Dios, que fueron entregados a sus enemigos. 7 Ustedes irritaron a su Creador, ofreciendo sacrificios a los demonios y no a Dios; 8 olvidaron al Dios, eterno, el que los sustenta, y entristecieron a Jerusalén, la que los crió. 9 Porque ella, al ver que la ira del Señor se desencadenaba contra ustedes, exclamó: El lamento de Jerusalén "Escuchen, ciudades vecinas de Sión: Dios me ha enviado un gran dolor. 10 Yo he visto el cautiverio que el Eterno infligió a mis hijos y a mis hijas. 11 Yo los había criado gozosamente y los dejé partir con lágrimas y dolor. 12 Que nadie se alegre al verme viuda y abandonada por muchos. Estoy desolada por los pecados de mis hijos, porque se desviaron de 13 ellos no conocieron sus preceptos, no siguieron los caminos de sus mandamientos ni anduvieron por las sendas de la instrucción, conforme a su justicia. 14 ¡Que vengan las vecinas de Sión, y recuerden el cautiverio que el Eterno infligió a mis hijos y a mis hijas! 15 Porque él hizo venir contra ellos a una nación
lejana, una nación insolente, de lengua desconocida, que no respetó al anciano ni tuvo compasión del niño; 16 que se llevó a los hijos queridos de la viuda y la dejó desolada, privándola de sus hijas. 17 Y yo ¿cómo podré socorrerlos? 18 El mismo que les infligió esos males los librará de las manos de sus enemigos. 19 ¡Vayan, hijos, vayan, mientras yo me quedo desolada! 20 Yo me quité el vestido de fiesta, me puse ropa de suplicante y clamaré al Eterno mientras viva. 21 ¡Ánimo, hijos, clamen a Dios, y él los librará de la tiranía y del poder de sus
enemigos! 22 Porque yo espero que el Eterno les dará la
salvación, y el Santo me ha llenado de alegría por la misericordia que pronto les llegará del Eterno, su Salvador. 23 Yo los dejé partir con dolor y lágrimas, pero Dios los hará volver a mí, con gozo y alegría para siempre. 24 Así como ahora las ciudades vecinas de Sión están viendo el cautiverio de ustedes, así verán pronto la salvación que les llegará de
Dios, con la gran gloria y el esplendor del Eterno. 25 Hijos, soporten con paciencia la ira que les ha sobrevenido de parte de Dios. Tu enemigo te ha perseguido, pero pronto verás su ruina y pondrás tu pie sobre su cuello. 26 Mis tiernos hijos han recorrido ásperos caminos, fueron llevados como un rebaño arrebatado por el
enemigo. 27 ¡Ánimo, hijos, clamen a Dios, porque aquel que los castigó se acordará de ustedes! 28 Ya que el único pensamiento de ustedes ha sido apartarse de Dios, una vez convertidos, búsquenlo con un empeño diez veces mayor. 29 Porque el que atrajo sobre ustedes estos males les traerá, junto con su salvación, la eterna
alegría". Mensaje de consolaciónpara Jerusalén 30 ¡Ánimo, Jerusalén! El que te dio un nombre te consolará. 31 ¡Ay de los que te maltrataron y se alegraron de tu caída! 32 ¡Ay de las ciudades que esclavizaron a tus hijos,
ay de aquella que recibió a tus hijos! 33 Porque así como ella se alegró de tu caída y se regocijó por tu ruina, así se afligirá por su propia desolación. 34 Yo le quitaré su alegría de ciudad populosa, y su jactancia se convertirá en duelo. 35 Caerá fuego sobre ellade parte del Eterno durante muchos días, y será morada de los demonios por muy largo tiempo. 36 Mira hacia el Oriente, Jerusalén, y contempla la alegría que te viene de Dios. 37 Ahí llegan tus hijos, los que habías visto
partir; llegan reunidos desde el oriente al occidente por la palabra del Santo, llenos de gozo por la gloria de Dios. 5 1
Quítate tu ropa de duelo
y de aflicción,
Jerusalén, vístete para siempre con el esplendor de la gloria
de Dios, 2 cúbrete con el manto de la justicia de Dios, coloca sobre tu cabeza la diadema de gloria del
Eterno. 3 Porque Dios mostrará tu resplandor a todo lo que existe bajo el cielo. 4 Porque recibirás de Dios para siempre este nombre:
"Paz en la justicia" y "Gloria en la
piedad". 5 Levántate, Jerusalén, sube a lo alto y dirige tu mirada hacia el Oriente: mira a tus hijos reunidos desde el oriente al
occidente por la palabra del Santo, llenos de gozo, porque Dios se acordó de ellos. 6 Ellos salieron de ti a pie, llevados por enemigos,
pero Dios te los devuelve, traídos gloriosamente como en un trono real. 7 Porque Dios dispuso que sean aplanadas las altas montañas y las colinas seculares, |