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Caminando con Jesús

Pedro Sergio Antonio Donoso Brant

La Biblia – El Libro del Pueblo de Dios

Edición especial comentada para ayudar a comprender mejor las Sagradas Escrituras

 

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Oseas

Aunque su Libro ocupa el primer lugar en la colección de los doce Profetas llamados "menores", OSEAS comenzó a ejercer la actividad profética unos años después que Amós. Como este último, y a diferencia de Isaías, su gran contemporáneo de Jerusalén, Oseas predicó en el reino del Norte, a quien él llama "Israel", "Jacob" y más frecuentemente "Efraím". Su época fue un período de abierta decadencia. Después del largo y próspero reinado de Jeroboám II (787-747), el país se hundió en la anarquía. En quince años, cuatro reyes murieron asesinados. La realeza, dominada por las intrigas de los jefes militares, se debatía en medio de crisis constantes, provocadas por la incontenible expansión de Asiria, que conquistaba territorios, sometía a los pueblos, les imponía pesados tributos y les exigía una sumisión incondicional. En el libro de Oseas hay numerosas alusiones a este período turbulento, pero ningún indicio seguro nos permite saber si el profeta llegó a ver la caída de Samaría en el 722-721 a. C.

Todo el mensaje de Oseas tiene como tema principal el amor del Señor despreciado por su Pueblo. Su dramática experiencia conyugal le hizo penetrar en los secretos del corazón de Dios, que ama a Israel como un padre a su hijo y un esposo a su esposa. Él es el primero entre los profetas que describe la relación entre el Señor e Israel en términos de unión matrimonial. El Dios de Oseas es un Dios apasionado, que se expresa con el lenguaje del amor: él manifiesta su ternura, sus celos, su ardiente deseo de ser correspondido y su violenta indignación al verse traicionado. Pero esa ternura no es un signo de debilidad. Es la fuerza de Dios, capaz de transformar al hombre y de hacer desaparecer en él hasta el recuerdo del pecado. Por eso su última palabra no es de rechazo y de condenación, sino que anuncia en términos de "alianza" una maravillosa restauración, que tendrá dimensiones cósmicas (2. 20-22).

El texto hebreo de este Libro no está muy bien conservado y muchos pasajes del mismo resultan poco inteligibles. De ahí que la traducción sea con frecuencia conjetural. Como casi todos los libros proféticos, también el de Oseas fue escrito en parte por el mismo profeta y en parte por sus discípulos. Además, numerosos pasajes parecen ser más bien un resumen que una reproducción exacta de su predicación oral. Las frases breves y la expresión extremadamente concisa, que dan tanta fuerza y belleza al estilo de este profeta, lo hacen a veces oscuro y difícil.

El mensaje de Oseas ha dejado huellas profundas en el Antiguo Testamento. A partir de él, el simbolismo conyugal se hizo clásico en los escritos proféticos. El Nuevo Testamento, por su parte, cita pasajes de Oseas o se inspira en ellos no menos de quince veces. De una manera especial, san Pablo y el Apocalipsis aplican a la unión de Cristo con la Iglesia el símbolo del matrimonio de Dios con su Pueblo (2 Cor. 11. 2; Ef. 5. 25-33; Apoc. 19. 7; 21. 2; 22. 17). Y san Juan llevará a su plenitud la revelación inaugurada por Oseas, al afirmar que "Dios es Amor" (1 Jn. 4. 8).

Título

1 1 Palabra del Señor que fue dirigida a Oseas, hijo de Beerí, en tiempos de Ozías, de Jotám, de Ajaz y de Ezequías, reyes de Judá, y en tiempos de Jeroboám, hijo de Joás, rey de Israel.

LA VIDA MATRIMONIAL DE OSEAS

El libro de Oseas comienza con una historia de amor conyugal. El hecho aquí relatado no es una ficción literaria o una mera alegoría, sino una acción simbólica real, al estilo de las realizadas por otros profetas. Sólo que en este caso no se trata de un episodio esporádico, sino de una vivencia personal, en la que Oseas ve comprometida toda su existencia. Antes de proclamar su mensaje, él tiene que vivirlo personalmente. Así el profeta se convierte en un signo viviente, tanto por su extraña experiencia conyugal como por los nombres simbólicos que reciben sus hijos.

Es muy difícil reconstruir con precisión la historia matrimonial de Oseas y coordinar los relatos de los capítulos 1 y 3. Pero, más allá de los detalles anecdóticos, lo que resalta con toda claridad es el significado de este gesto simbólico, interpretado por el mismo profeta. El matrimonio de Oseas es la imagen de la Alianza que el Señor estableció con su Pueblo: una Alianza establecida por la libre iniciativa del amor divino, destruida por la infidelidad de Israel y renovada por la misericordia del Señor, que perdona la ofensa y vuelve a desposarse con su Pueblo purificado y arrepentido.

El matrimonio de Oseas y el nombre simbólico de sus hijos

2 Comienzo de lo que habló el Señor por medio de Oseas. El Señor le dijo: "Ve, toma por esposa a una mujer entregada a la prostitución, y engendra hijos de prostitución, porque el país no hace más que prostituirse, apartándose del Señor".

3 Él fue y tomó por esposa a Gómer, hija de Diblaim; ella concibió y le dio un hijo. 4 Entonces el Señor dijo a Oseas: "Llámalo Izreel, porque dentro de poco tiempo pediré cuenta a la casa de Jehú por la sangre derramada en Izreel, y pondré fin al reinado de la casa de Israel. 5 Aquel día, yo quebraré el arco de Israel en el valle de Izreel".

6 Ella concibió otra vez y dio a luz una hija. El Señor dijo a Oseas: "Llámala ‘No compadecida’, porque ya no volveré a compadecerme de la casa de Israel, sino que les retiraré mi compasión. 7 Pero me compadeceré de la casa de Judá, y los salvaré por el Señor, su Dios. No los salvaré por medio del arco, ni de la espada, ni de las armas de guerra, ni tampoco por medio de caballos y jinetes".

8 Después que dejó de amamantar a "No compadecida", Gómer concibió y dio a luz un hijo. 9 Entonces el Señor dijo: "Llámalo ‘No es mi pueblo’, porque ustedes no son mi pueblo, ni yo seré para ustedes ‘El que es’".

Perspectivas para el futuro

2 1 El número de los israelitas será como la arena del mar,

que no se puede medir ni contar;

y en lugar de decirles: "Ustedes no son mi pueblo",

les dirán: "Hijos del Dios viviente".

2 Entonces los hijos de Judá

se reunirán con los hijos de Israel:

designarán para sí un jefe único

y desbordarán del país,

porque será grande el día de Izreel.

3 Digan a sus hermanos: "Mi pueblo"

y a sus hermanas: "Compadecida".

El Señor y su esposa infiel

4 ¡Acusen a su madre, acúsenla!

Porque ella no es mi mujer

ni yo soy su marido.

Que aparte de su rostro sus prostituciones,

y sus adulterios de entre sus senos.

5 Si no, la desnudaré por completo

y la dejaré como el día en que nació;

haré de ella un desierto,

la convertiré en tierra árida

y la haré morir de sed.

6 Y no tendré compasión de sus hijos,

porque son hijos de prostitución.

7 Sí, su madre se prostituyó,

la que los concibió se cubrió de vergüenza,

porque dijo: "Iré detrás de mis amantes,

los que me dan mi pan y mi agua,

mi lana y mi lino, mi aceite y mis bebidas".

8 Por eso voy a obstruir su camino con espinas,

la cercaré con un muro,

y no encontrará sus senderos.

9 Irá detrás de sus amantes

y no los alcanzará,

los buscará y no los encontrará.

Entonces dirá: "Volveré con mi primer marido,

porque antes me iba mejor que ahora".

10 Ella no reconoció que era yo el que le daba

el trigo, el vino nuevo y el aceite fresco;

el que le prodigaba la plata y el oro

que ellos emplearon para Baal.

11 Por eso retiraré mi trigo a su tiempo

y mi vino en su estación;

arrancaré mi lana y mi lino,

con los que cubría su desnudez.

12 Ahora descubriré su deshonra

a la vista de todos sus amantes,

y nadie la librará de mi mano.

13 Haré cesar toda su alegría,

sus fiestas, sus novilunios, sus sábados

y todas sus solemnidades.

14 Devastaré su viña y su higuera,

de las que ella decía:

"Este es el salario que me dieron mis amantes".

Las convertiré en una selva

y las devorarán los animales del campo.

15 Le pediré cuenta por los días de los Baales,

a los que ella quemaba incienso,

cuando se adornaba con su anillo y su collar

e iba detrás de sus amantes,

olvidándose de mí –oráculo del Señor–.

La reconciliación del Señor con su Pueblo

16 Por eso, yo la seduciré,

la llevaré al desierto

y le hablaré a su corazón.

17 Desde allí, le daré sus viñedos

y haré del valle de Acor

una puerta de esperanza.

Allí, ella responderá

como en los días de su juventud,

como el día en que subía del país de Egipto.

18 Aquel día –oráculo del Señor–

tú me llamarás: "Mi Esposo"

y ya no me llamarás: "Mi Baal".

19 Le apartaré de la boca los nombres de los Baales,

y nunca más serán mencionados por su nombre.

20 Yo estableceré para ellos, en aquel día,

una alianza con los animales del campo,

con las aves del cielo y los reptiles de la tierra;

extirparé del país el arco, la espada y la guerra,

y haré que descansen seguros.

21 Yo te desposaré para siempre,

te desposaré en la justicia y el derecho,

en el amor y la misericordia;

22 te desposaré en la fidelidad,

y tú conocerás al Señor.

23 Aquel día yo responderé –oráculo del Señor–

responderé a los cielos

y ellos responderán a la tierra;

24 y la tierra responderá

al trigo, al vino nuevo y al aceite fresco,

y ellos responderán a Izreel.

25 Yo la sembraré para mí en el país;

tendré compasión de "No compadecida"

y diré a "No es mi pueblo": "¡Tú eres mi pueblo!",

y él dirá: "¡Dios mío!".

Valor simbólico del matrimonio de Oseas

3 1 El Señor me dijo: "Ve una vez más, y ama a una mujer amada por otro y adúltera, como ama el Señor a los israelitas, mientras ellos se vuelven a otros dioses y aman las tortas de uvas". 2 Yo la compré por quince siclos de plata, y por una carga y media de cebada. 3 Entonces le dije: "Durante mucho tiempo, estarás conmigo; no te prostituirás ni te entregarás a otro hombre. Y yo haré lo mismo contigo".

4 Porque durante mucho tiempo, los israelitas estarán sin rey y sin jefe, sin sacrificio y sin piedra conmemorativa, sin efod y sin ídolos familiares. 5 Después los israelitas volverán y buscarán al Señor, su Dios, y a David, su rey; y acudirán con temor al Señor y a sus bienes, en los días futuros.

REPROCHES Y AMENAZAS CONTRA ISRAEL

Toda la vida de Israel exige una drástica purificación, porque está llena de violencia, de corrupción e idolatría. La historia del Pueblo amado y elegido por el Señor, con la sola excepción de un breve idilio en el desierto (2. 17), no ha sido nada más que una serie de infidelidades. Israel perdió el sentido de la trascendencia de su Dios, y lo puso a la par de los dioses cananeos. El país se cubrió de ídolos, bajo la mirada indiferente de los sacerdotes, que olvidaron su misión de instruir al pueblo y de llevarlo al "conocimiento" del verdadero Dios (4. 1). Además, al buscar el apoyo de las naciones extranjeras (7. 11), los reyes hicieron de Israel un pueblo como los otros, que ponía su confianza en la fuerza de las armas y no en el Señor.

Este es el marco social y religioso reflejado en el libro de Oseas, que provoca las denuncias, reproches y amenazas del profeta. El Pueblo de Dios se hizo indigno de llevar ese nombre, y el Señor se ve obligado a someterlo a una prueba purificadora. Pero los anuncios del castigo dejan siempre lugar a las expresiones de una compasión y un amor que no se dejan vencer por la infidelidad: "¿Cómo voy a abandonarte, Efraím? ¿Cómo voy a entregarte, Israel?" (11. 8).

El pleito del Señor con su Pueblo

4 1 Escuchen la palabra del Señor,          israelitas,

porque el Señor tiene un pleitocon los habitantes del país:

ya no hay fidelidad, ni amor,

ni conocimiento de Dios en el país.

2 Sólo perjurio y engaño,

asesinato y robo,

adulterio y extorsión,

y los crímenes sangrientos se suceden uno tras otro.

3 Por eso, el país está de duelo

y languidecen todos sus habitantes;

hasta los animales del campo y los pájaros del cielo,

y aún los peces del mar, desaparecerán.

Acusación contra los sacerdotes

4 ¡No, que nadie acuse ni haga reproches!

¡Mi pleito es contigo, sacerdote!

5 Tú tropezarás en pleno día;

también el profeta tropezará en la noche junto contigo,

y yo haré perecer a tu madre.

6 Mi pueblo perece por falta de conocimiento.

Porque tú has rechazado el conocimiento,

yo te rechazaré de mi sacerdocio;

porque has olvidado la instrucción de tu Dios,

también yo me olvidaré de tus hijos.

7 Todos, sin excepción, pecaron contra mí,

cambiaron su Gloria por la Ignominia.

8 Se alimentan con el pecadode mi pueblo

y están ávidos de su iniquidad.

9 Pero al sacerdote le sucederá lo mismoque al pueblo:

yo le pediré cuenta de su conducta

y le retribuiré sus malas acciones.

10 Comerán, pero no se saciarán,

se prostituirán, pero no aumentarán,

porque han abandonado al Señor,

para entregarse a la prostitución.

Consecuencias de la corrupción de los sacerdotes

11 El vino y el mostohacen perder la razón.

12 Mi pueblo consultaa su pedazo de madera

y su vara lo adoctrina,

porque un espíritu de prostituciónlo extravía

y se han prostituido lejos de su Dios.

13 Sacrifican en las cumbres de las montañas

y queman incienso sobre las colinas,

bajo la encina, el álamo y el terebinto,

porque su sombra es agradable.

Por eso se prostituyen las hijas de ustedes

y sus nueras cometen adulterio.

14 Pero yo no pediré cuenta a sus hijaspor su prostitución

ni a sus nueras por su adulterio,

porque ellos mismos se van aparte con prostitutas

y ofrecen sacrificios con las consagradas a la prostitución.

¡Así, un pueblo que no entiende va a la ruina!

Advertencia a Judá

15 ¡Si tú te prostituyes, Israel,

que al menos Judá no se haga culpable!

¡No vayan a Guilgal,

no suban a Bet Aven,

ni juren por la vida del Señor !

La obstinación y el castigo de Israel

16 Sí, Israel se ha vuelto obstinado

como una vaca empacada.

¿Puede ahora el Señor apacentarlos

como a corderos en campo abierto?

17 Israel está apegado a los ídolos: ¡déjalo!

18 Cuando terminan de embriagarse,

se entregan a la prostitución;

sus jefes aman la Ignominia.

19 El viento los envolverá con sus alas

y se avergonzarán de sus sacrificios.

La corrupción de las clases dirigentes

5 1 ¡Escuchen esto, sacerdotes, presta atención, casa de Israel,

atiende, casa del rey,

porque el juicio es con ustedes!

Sí, ustedes han sido una trampa en Mispá

y una red tendida sobre el Tabor.

2 Ellos ahondaron la fosa de Sitím

y yo los voy a corregir a todos.

3 Yo conozco a Efraím

y no se me oculta Israel:

porque tú, Efraím, has inducido a la prostitución,

Israel se ha vuelto impuro.

4 Sus acciones no los dejan volver a su Dios,

porque hay en medio de ellos un espíritu de prostitución

y no conocen al Señor.

5 La arrogancia de Jacob atestigua contra él;

Israel y Efraím tropiezan por su propia culpa

y junto con ellos, también tropieza Judá.

6 Con sus rebaños y su ganado

irán en busca del Señor,

pero no lo encontrarán:

él se ha librado de ellos.

7 Han traicionado al Señor,

porque engendraron bastardos:

ahora la luna nueva los va a devorar,

a ellos junto con sus campos.

La guerra fratricida entre Israel y Judá

8 ¡Hagan sonar el cuerno en Guibeá

y la trompeta en Ramá!

¡Den la alarma en Bet Aven!

¡Alerta, Benjamín!

9 Efraím será una desolación

en el día del castigo;

entre las tribus de Israel,

yo hago saber una cosa cierta.

10 Los jefes de Judá han sido

como los que desplazan los límites:

sobre ellos derramaré

mi furor a raudales.

11 Efraím está oprimido,

se ha conculcado el derecho,

porque él había resuelto

ir detrás de la inmundicia.

12 Yo seré como polilla para Efraím

y como caries para la casa de Judá.

El fracaso de la alianza con el extranjero

13 Cuando Efraím vio su enfermedad

y Judá su llaga,

Efraím acudió a Asiria

y Judá envió mensajeros al gran rey.

Pero él no puede sanarlos

ni curarlos de la llaga.

14 Porque yo soy como un león para Efraím

y como un cachorro de león para la casa de Judá.

Yo, yo mismo desgarraré y me iré,

me llevaré la presa y nadie me la arrancará.

El alejamiento del Señor

15 Yo me iré, regresaré a mi lugar,

hasta que ellos se reconozcan culpables

y busquen mi rostro:

en su angustia, me buscarán ardientemente.

Retorno pasajero de Israel al Señor

6 1 "Vengan, volvamos al Señor: él nos ha desgarrado,

pero nos sanará;

ha golpeado, pero vendará nuestras heridas.

2 Después de dos días nos hará revivir,

al tercer día nos levantará,

y viviremos en su presencia.