|
volver |
Caminando con Jesús Pedro Sergio Antonio Donoso Brant Edición especial comentada para ayudar a
comprender mejor las Sagradas Escrituras |
|
|
Nº |
Libros |
|
|
Génesis Éxodo Levítico Números Deuteronomio Josué Jueces Ruth Samuel I Samuel II Reyes I Reyes II Crónicas I Cronicas II Esdras Nehemías Tobías Judit Ester Macabeos I Macabeos II Job Salmos Proverbios Eclesiástes Cantares Sabiduria Eclesiástico Isaias Jeremías Lamentaciones Baruc Ezequiel Daniel Oseas Joel Amós Abdías Jonás Miqueas Nahum Habacuc Sofonías Ageo Zacarías Malaquías Mateo Marcos Lucas Juan Hechos Romanos I Corintios II Corintios Galátas Efesios Filipenses Colosenses TesalonicensesI TesalonicensesII I Timoteo II Timoteo Tito Filemon Hebreos Santiago I Pedro II Pedro I Juan II Juan III Juan Judas Apocalipsis |
En 2 Rey. 14. 25 se menciona
a un profeta llamado Jonás, pero no es él quien escribió el Libro que lleva
su nombre. El libro de JONÁS fue compuesto después del exilio, sin duda en el
siglo V a. C., no para relatar un hecho histórico, sino para comunicar una
enseñanza bajo la forma de una parábola. El protagonista de esta
"ficción didáctica" se niega a proclamar Este Libro ocupa un lugar
destacado en los Evangelios, no sólo por las repetidas alusiones al "signo
de Jonás" (Mt. 12. 39-40; 16. 4; Lc. 11. 29-30), sino también por la
oposición que establece Jesús entre la fe de los ninivitas y la incredulidad
de sus contemporáneos (Mt. 12. 41; Lc. 11. 32). Además, por su insistencia en
la universalidad de la misericordia divina, el relato de Jonás es como un
anticipo de las parábolas relatadas en el célebre capítulo 15 del Evangelio
según san Lucas. La huida de Jonás 1 1 La
palabra del Señor se dirigió a Jonás, hijo de Amitai, en estos términos: 2
"Parte ahora mismo para Nínive, la gran ciudad, y clama contra ella,
porque su maldad ha llegado hasta mí". 3 Pero Jonás partió para huir a
Tarsis, lejos de la presencia del Señor. Bajó a Jope y encontró allí un barco
que zarpaba hacia Tarsis; pagó su pasaje y se embarcó para irse con ellos a
Tarsis, lejos de la presencia del Señor. 4 Pero el Señor envió un fuerte viento sobre el mar,
y se desencadenó una tempestad tan grande que el barco estaba a punto de
partirse. 5 Los marineros, aterrados, invocaron cada uno a su dios, y
arrojaron el cargamento al mar para aligerar la nave. Mientras tanto, Jonás
había descendido al fondo del barco, se había acostado y dormía
profundamente. 6 El jefe de la tripulación se acercó a él y le preguntó:
"¿Qué haces aquí dormido? Levántate e invoca a tu dios. Tal vez ese dios
se acuerde de nosotros, para que no perezcamos". 7 Luego se dijeron unos
a otros: "Echemos suertes para saber por culpa de quién nos viene esta
desgracia". Así lo hicieron, y la suerte recayó sobre Jonás. Jonás arrojado al mar 8 Entonces le dijeron: "Explícanos por qué nos sobrevino
esta desgracia. ¿Cuál es tu oficio? ¿De dónde vienes? ¿Cuál es tu país? ¿A
qué pueblo perteneces?". 9 Él les respondió: "Yo soy hebreo y
venero al Señor, el Dios del cielo, el que hizo el mar y la tierra". 10
Aquellos hombres sintieron un gran temor, y le dijeron: "¡Qué has
hecho!", ya que comprendieron, por lo que él les había contado, que huía
de la presencia del Señor. 11 Y como el mar se agitaba cada vez más, le
preguntaron: "¿Qué haremos contigo para que el mar se nos calme?".
12 Jonás les respondió: "Levántenme y arrójenme al mar, y el mar se les
calmará. Yo sé muy bien que por mi culpa les ha sobrevenido esta gran
tempestad". 13 Los hombres se pusieron a remar con fuerza, para
alcanzar tierra firme; pero no lo consiguieron, porque el mar se agitaba cada
vez más contra ellos. 14 Entonces invocaron al Señor, diciendo: "¡Señor,
que no perezcamos a causa de la vida de este hombre! No nos hagas
responsables de una sangre inocente, ya que tú, Señor, has obrado conforme a
tu voluntad". 15 Luego, levantaron a Jonás, lo arrojaron al mar, y en
seguida se aplacó la furia del mar. 16 Los hombres, llenos de un gran temor
al Señor, le ofrecieron un sacrificio e hicieron votos. Súplica y liberación de Jonás 2 1 El
Señor hizo que un gran pez se tragara a Jonás, y este permaneció en el
vientre del pez tres días y tres noches. 2 Entonces Jonás oró al Señor, su
Dios, desde el vientre del pez, 3 diciendo: "Desde mi angustia invoqué al Señor, y él me
respondió; desde el seno del Abismo, pedí auxilio, y tú escuchaste
mi voz. 4 Tú me arrojaste a lo más profundo, al medio del
mar: la corriente me envolvía, ¡todos tus torrentes y tus
olas pasaron sobre mí! 5 Entonces dije: He sido arrojado lejos de tus ojos,
pero yo seguiré mirando hacia tu santo Templo. 6 Las aguas me rodeaban hasta la garganta y el
Abismo me cercaba; las algas se enredaban en mi cabeza. 7 Yo bajé hasta las raíces de las montañas: sobre mí se cerraron para siempre los cerrojos de la
tierra; pero tú me hiciste subir vivo de 8 Cuando mi alma desfallecía, me acordé del Señor, y mi oración llegó hasta ti, hasta tu santo Templo. 9 Los que veneran ídolos vanos abandonan su
fidelidad, 10 pero yo, en acción de gracias, te ofreceré
sacrificios y cumpliré mis votos: ¡La salvación viene del Señor!". 11 Entonces el Señor dio una orden al pez, y este
arrojó a Jonás sobre la tierra firme. La predicación de Jonás 3 1 La
palabra del Señor fue dirigida por segunda vez a Jonás, en estos términos: 2
"Parte ahora mismo para Nínive, la gran ciudad, y anúnciale el mensaje
que yo te indicaré". 3 Jonás partió para Nínive, conforme a la palabra
del Señor. Nínive era una ciudad enormemente grande: se necesitaban tres días
para recorrerla. 4 Jonás comenzó a internarse en la ciudad y caminó durante
todo un día, proclamando: "Dentro de cuarenta días, Nínive será
destruida". La conversión de Nínive y el perdón de Dios 5 Los ninivitas creyeron en Dios, decretaron un
ayuno y se vistieron con ropa de penitencia, desde el más grande hasta el más
pequeño. 6 Cuando la noticia llegó al rey de Nínive, este se levantó de su
trono, se quitó su vestidura real, se vistió con ropa de penitencia y se
sentó sobre ceniza. 7 Además, mandó proclamar en Nínive el siguiente anuncio:
"Por decreto del rey y de sus funcionarios, ningún hombre ni animal, ni
el ganado mayor ni el menor, deberán probar bocado: no pasten ni beban agua;
8 vístanse con ropa de penitencia hombres y animales; clamen a Dios con todas
sus fuerzas y conviértase cada uno de su mala conducta y de la violencia que
hay en sus manos. 9 Tal vez Dios se vuelva atrás y se arrepienta, y aplaque
el ardor de su ira, de manera que no perezcamos". 10 Al ver todo lo que
los ninivitas hacían para convertirse de su mala conducta, Dios se arrepintió
de las amenazas que les había hecho y no las cumplió. Disgusto del profeta y misericordia de Dios 4 1 Jonás
se disgustó mucho y quedó muy enojado. 2 Entonces oró al Señor, diciendo:
"¡Ah, Señor! ¿No ocurrió acaso lo que yo decía cuando aún estaba en mi país?
Por eso traté de huir a Tarsis lo antes posible. Yo sabía que tú eres un Dios
bondadoso y compasivo, lento para enojarte y de gran misericordia, y que te
arrepientes del mal con que amenazas. 3 Ahora, Señor, quítame la vida, porque
prefiero morir antes que seguir viviendo". 4 El Señor le respondió:
"¿Te parece que tienes razón para enojarte?". 5 Jonás salió de Nínive y se sentó al este de la
ciudad: allí levantó una choza y se sentó a la sombra de ella, para ver qué
iba a suceder en la ciudad. 6 Entonces el Señor hizo crecer allí una planta
de ricino, que se levantó por encima de Jonás para darle sombra y librarlo de
su disgusto. Jonás se puso muy contento al ver esa planta. 7 Pero al amanecer
del día siguiente, Dios hizo que un gusano picara el ricino y este se secó. 8
Cuando salió el sol, Dios hizo soplar un sofocante viento del este. El sol
golpeó la cabeza de Jonás, y este se sintió desvanecer. Entonces se deseó la
muerte, diciendo: "Prefiero morir antes que seguir viviendo". 9
Dios le dijo a Jonás: "¿Te parece que tienes razón de enojarte por ese
ricino?". Y él respondió: "Sí, tengo razón para estar enojado hasta
la muerte". 10 El Señor le replicó: "Tú te conmueves por ese ricino
que no te ha costado ningún trabajo y que tú no has hecho crecer, que ha
brotado en una noche y en una noche se secó, 11 y yo, ¿no me voy a conmover
por Nínive, la gran ciudad, donde habitan más de ciento veinte mil seres
humanos que no saben distinguir el bien del mal, y donde hay además una gran
cantidad de animales?". 1 2. "Nínive"
era la capital de Asiria, el imperio que había arrasado al antiguo reino de
Israel (2 Rey. 17. 5-6). Cuando fue escrito el libro de Jonás, ese imperio ya
había desaparecido varios siglos antes. Pero el nombre de Nínive seguía
evocando para los israelitas el colmo de la crueldad, de la violencia y de la
hostilidad al Pueblo de Dios. VerNah.3. 3. Es
difícil determinar con exactitud dónde estaba situada la colonia fenicia de
"Tarsis". Pero este lugar tiene aquí un valor simbólico: Jonás
quiere huir hasta el otro extremo del mundo, haciendo así exactamente lo
contrario de lo que debe hacer un profeta. "Jope" era el puerto del
Mediterráneo más cercano a Jerusalén. Ver nota Sal. 48. 8. 2 1. Ver
Mt. 12. 40. 3-10. Es
probable que esta oración haya sido añadida posteriormente al relato
original. El poema presenta las mismas características que los Salmos de
acción de gracias. Ver especialmente Sal. 30; 116; 138. 3 3. Según
las excavaciones arqueológicas, las murallas de Nínive tenían un perímetro de
unos doce kilómetros. Los "tres días" de recorrido son una
expresión hiperbólica, que sugiere la idea de una ciudad enorme. 5-6. El
relato de la repentina conversión de toda Nínive encierra una nota de ironía.
Lo que Israel nunca había hecho, a pesar de los insistentes llamados de los
profetas, lo hace en forma espontánea aquella ciudad pagana, empezando por su
rey. 8-9. Ver
Jl. 2. 13-14. 10. Al
mostrar que el Señor no ejecuta su sentencia contra Nínive, el autor
reacciona contra una interpretación demasiado estrecha de los oráculos
proféticos contra las naciones paganas (Is. 13-23; Jer. 46-51; Ez. 25-32).
Según la opinión corriente entre sus contemporáneos aquellas amenazas debían
cumplirse inexorablemente. Pero ya Jeremías había anunciado que el Señor "se
arrepiente" del castigo que había decretado enviar contra una nación,
apenas advierte una señal de conversión (Jer. 18. 7-8). La parábola de Jonás
se hace eco de esta enseñanza. 4 1.
Jonás había anunciado el inminente juicio de Dios contra el gran enemigo de su
Pueblo y esperaba contemplar la catástrofe dentro de cuarenta días (3. 4).
Pero, contrariamente a lo que él creía, la ciudad entera se convierte y
obtiene el perdón divino. Al ver que no se cumple su predicción, Jonás se
siente herido en su amor propio, porque piensa que el Señor lo hace aparecer
como un falso profeta. 2. Ver Éx.
34. 6. 3. Ver 1
Rey. 19. 4. 4. Ver Lc.
15. 31-32. 11.
"Que no saben distinguir el bien del mal", literalmente, "su
derecha de su izquierda": esta expresión se refiere a los niños
pequeños, que aún no han llegado al uso de razón (Deut. 1. 39; Is. 7. 15-16). |
|
|
Texto Biblico suministrado desde la
pagina de www.clerus.org
edición para el estudio en Internet de Pedro Sergio Antonio Donoso Brant |
||