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Caminando con Jesús

Pedro Sergio Antonio Donoso Brant

La Biblia – El Libro del Pueblo de Dios

Edición especial comentada para ayudar a comprender mejor las Sagradas Escrituras

 

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Miqueas

Contemporáneo en parte de Oseas, y sobre todo de Isaías, a diferencia de este, MIQUEAS era un campesino de origen humilde. Comenzó su ministerio profético alrededor del 740 a. C. y era un representante típico de lo que la Biblia llama "el pueblo del país", la parte más sana y menos expuesta a la contaminación extranjera. Aunque su recuerdo quedó bastante eclipsado por el de Isaías, sabemos por un texto de Jeremías (26. 18-19) que su predicación tuvo gran influencia en Jerusalén y contribuyó en buena medida a la reforma religiosa del rey Ezequías (2 Rey. 18. 1-6).

Por un lado, Miqueas predijo la ruina de la ya agonizante Samaría, ocurrida en el año 722 a. C., y por otro, anunció que Judá correría idéntica suerte. En sus oráculos se advierte claramente una de las constantes del profetismo, que es la alternancia entre las amenazas de castigo y las promesas de restauración. De manera especial, este profeta denuncia las injusticias de que eran víctimas, por parte de los ricos y los poderosos, los campesinos refugiados en Jerusalén a causa de la guerra con los asirios. Su mensaje en favor de la justicia social tiene muchos puntos de contacto con el de Amós.

El libro de Miqueas es una recopilación o antología de sus oráculos, realizada por sus discípulos. Pero también se han insertado en él algunos fragmentos pertenecientes a la época del exilio. Entre dichos oráculos merece destacarse el que señala a Belén como el lugar del nacimiento del futuro Mesías (5. 1-5). Este oráculo fue recogido por el Nuevo Testamento para probar que Cristo debía nacer en Belén (Mt. 2. 6; Jn. 7. 42).

Título

1 1 Palabra del Señor que llegó a Miqueas de Moréset, en tiempos de Jotám, Ajaz y Ezequías, reyes de Judá. Esto es lo que él vio acerca de Samaría y Jerusalén.

EL PROCESO DE DIOS CONTRA ISRAEL

Miqueas levanta la voz para anunciar solemnemente el juicio de Dios por la corrupción de la capital del reino del Norte, sumergida en el lujo y la idolatría. Ese juicio alcanzará también a Jerusalén, y la ruina de doce ciudades del sudoeste de Judá es como un anticipo del mismo (1. 8-16). Es inútil que se quiera hacer callar al profeta, ridiculizándolo y apoyándose en la paciencia del Señor. Él no sólo denuncia los pecados que provocarán aquel juicio, sino también a sus responsables: los jefes que abusan de su autoridad, los jueces venales, los sacerdotes ambiciosos, los profetas mercenarios, los comerciantes fraudulentos.

El juicio del Señor contra Samaría

2 ¡Escuchen, todos los pueblos;

presten atención, tierray todo lo que hay en ella!

Que el Señor sea testigo contra ustedes,

el Señor, desde su santo Templo.

3 Porque el Señor sale de su Lugar sagrado,

desciende y caminasobre las alturas de la tierra.

4 A su paso se derriten las montañas

y se agrietan los valles,

como la cera ante el fuego,

como el agua derramada por una pendiente.

5 Todo esto, por la rebeldía de Jacob,

por el pecado de la casa de Israel.

¿Cuál es la rebeldía de Jacob?

¿No es acaso Samaría?

¿Y cuál es el pecado de Judá?

¿No es acaso Jerusalén?

6 Yo haré de Samaría un campo de ruinas,

una tierra para plantar viñedos;

haré rodar sus piedras hasta el valle

y pondré al desnudo sus cimientos.

7 Todas sus estatuas serán destrozadas,

todos sus salariosserán presa de las llamas,

y yo arrasaré todos sus ídolos.

Porque ella los amontonó con salarios de prostitutas

y volverán a ser salario de prostitución.

Lamentación por la ruina de las ciudades del Sur

8 A causa de esto, me lamentaré y gemiré,

andaré descalzo y desnudo,

lanzaré aullidos como los chacales,

gritos lastimeros como los avestruces.

9 ¡Porque el golpe es irremediable!

Sí, ha llegado hasta Judá,

hasta tocar la Puerta de mi pueblo,

hasta la misma Jerusalén.

10 ¡No lo anuncien en Gat,

no vayan a llorar en Boquím!

¡En Bet Leafrá,

revuélquense en el polvo!

11 ¡Toquen la trompeta,

habitantes de Safir!

¿No ha salido avergonzada de su ciudad

la población de Saanán?

El lamento de Bet Esel

los priva a ustedes de su apoyo.

12 Ha temblado por sus bienes

la población de Marot.

Porque la desgracia ha bajadode parte del Señor

hasta la puerta de Jerusalén.

13 ¡Engancha los corceles al carro,

población de Laquis!

–Allí comenzó el pecado de la hija de Sión,

porque en ti se encontraron las rebeldías de Israel–.

14 Por eso serás entregada como dote

junto con Moréset Gat.

Bet Aczib será una decepción

para los reyes de Israel.

15 ¡También contra ti llevaré al conquistador,

población de Maresá!

¡Se irá para siempre de Adulám

la gloria de Israel!

16 ¡Arráncate los cabellos, córtalos,

a causa de tus hijos queridos!

¡Agranda tu calvicie como la del buitre,

porque han ido al cautiverio, lejos de ti!

Contra la violencia de los poderosos

2 1 ¡Ay de los que proyectan iniquidades y traman el mal durante la noche!

Al despuntar el día, lo realizan,

porque tienen el poder en su mano.

2 Codician campos y los arrebatan,

casas, y se apoderan de ellas;

oprimen al dueño y a su casa,

al propietario y a su herencia.

3 Por eso, así habla el Señor:

Yo proyecto contra esta genteuna desgracia tal

que ustedes no podrán apartar el cuello,

ni andar con la cabeza erguida,

porque será un tiempo de desgracia.

4 Aquel día, se proferirá contra ustedes una sátira

y se entonará esta lamentación:

"Hemos sido completamente devastados;

¡se transfiere a otros la parte de mi pueblo!

¿Cómo me la quita a mí

y reparte nuestros campos al que nos lleva cautivos?".

5 Por eso, no tendrás a nadie

que arroje la cuerda para medirte un lote,

en la asamblea del Señor.

La oposición del pueblo contra el profeta

6 "¡No vaticinen! –vaticinan ellos–.

No hagan estos vaticinios:

¡El oprobio no se alejará!

7 ¿Acaso ha sido maldecidala casa de Jacob?

¿Se ha agotado la paciencia del Señor?

¿Es esa su manera de obrar?

¿No habla con benevolencia

al que camina con rectitud?".

8 Desde hace tiempo, mi pueblo se erige en enemigo;

ustedes arrancan el manto de encima de la ropa

a los que pasan confiados,

al volver de la guerra.

9 Echan de sus casas amadas

a las mujeres de mi pueblo,

a sus niños los privan para siempre de mi honor.

10 ¡Levántense y caminen,

este no es un lugar de reposo!

A causa de la impureza, tú provocas la destrucción,

y la destrucción será cruel.

11 Si apareciera un hombre que corre tras el viento

y propala esta mentira:

"¡Yo te vaticino vino y licor!",

ese sí sería el profeta de este pueblo.

Promesa de salvación

12 Sí, yo voy a reunir a todo Jacob,

voy a congregar al resto de Israel;

los juntaré como a ovejas en un corral,

como a un rebaño en medio de su pastizal:

¡será una ruidosa multitud de hombres!

13 El que abre camino sube a la vanguardia,

los demás se abren camino,

franquean la puerta y salen por ella:

¡su rey pasa al frente de ellos,

el Señor marcha a la cabeza!

Contra los jefes que oprimen al pueblo

3 1 Después dije: ¡Escuchen, jefes de Jacob

y magistrados de la casa de Israel!

¿No les corresponde a ustedes conocer el derecho,

2 a ustedes, que odian el bien y aman el mal,

que arrancan la piel de la gente

y la carne de encima de sus huesos?

3 Ellos devoran la carne de mi pueblo,

le arrancan la piel,

le quiebran los huesos,

lo despedazan como carne que se echa en la olla,

como carne dentro de la caldera.

4 Entonces clamarán al Señor,

pero él no les responderá.

Él les ocultará su rostro en ese tiempo

por las malas acciones que han cometido.

Contra los profetas mercenarios

5 Así habla el Señor contra los profetas

que extravían a mi pueblo:

Cuando sus dientes tienen algoque morder,

ellos gritan: "¡Paz!".

Pero al que no les llena la boca,

le declaran la guerra santa.

6 Por eso, ustedes tendrán noches sin visiones,

y tinieblas en vez de presagios.

El sol se ocultará para los profetas

y el día se les oscurecerá.

7 Los videntes quedarán avergonzados

y los adivinos serán confundidos.

Todos se cubrirán la barba,

porque no habrá respuesta de Dios.

8 Yo, en cambio, gracias al espíritu del Señor,

estoy lleno de fuerza,

de justicia y de coraje,

para denunciar su rebeldía a Jacob

y su pecado a Israel.

La ruina de Jerusalén por la corrupción de sus jefes

9 ¡Escuchen esto, jefes de la casa de Jacob

y magistrados del pueblo de Israel,

ustedes, que abominan la justicia

y tergiversan el derecho,

10 que edifican con sangre a Sión

y a Jerusalén con injusticia!

11 Sus jueces juzgan por regalos,

sus sacerdotes instruyen por un sueldo,

sus profetas adivinan por dinero,

y todavía se apoyan en el Señor, diciendo:

"¿No está el Señor en medio de nosotros?

¡No nos puede pasar nada malo!".

12 Por eso, a causa de ustedes,

Sión será un campo arado,

Jerusalén, un montón de ruinas,

y la montaña del Templo, una altura boscosa.

PROMESAS DEL SEÑOR A SIÓN

En los capítulos siguientes no es fácil distinguir entre lo que pertenece a Miqueas y lo que proviene de la época del exilio. De todas maneras, estos textos levantan el ánimo después de las amenazas lanzadas contra Jerusalén. Sión será restaurada y la Ciudad santa llegará a ser el centro religioso y político del mundo. Así renacerá la gloria de David, por obra de un nuevo jefe, que como aquel será originario de un modesto clan de Judá. Al referirse a ese nuevo David, el profeta alude al célebre oráculo del Emanuel (Is. 7. 14).

El reinado futuro del Señor en Sión

4 1 Sucederá al fin de los tiempos que la montaña de la Casa del Señor

será afianzada sobre la cumbre de las montañas

y se elevará por encima de las colinas.

Los pueblos afluirán hacia ella

2 y acudirán naciones numerosas, que dirán:

"¡Vengan, subamos a la Montaña del Señor

y a la Casa del Dios de Jacob!

Él nos instruirá en sus caminos

y caminaremos por sus sendas".

Porque de Sión saldrá la Ley

y de Jerusalén, la palabra del Señor.

3 Él será juez entre pueblos numerosos

y árbitro de naciones poderosas,

hasta las más lejanas.

Con sus espadas forjarán arados

y podaderas con sus lanzas.

No levantará la espada una nación contra otra

ni se adiestrarán más para la guerra.

4 Cada uno se sentará bajo su parra y bajo su higuera,

sin que nadie lo perturbe,

porque ha hablado la boca del Señorde los ejércitos.

5 Todos los pueblos caminan cada unoen el nombre de su dios;

pero nosotros caminamos en el nombre del Señor, nuestro Dios,

por siempre jamás.

El retorno a Sión del Rebaño disperso

6 Aquel día –oráculo del Señor–

yo reuniré a las ovejas tullidas,

congregaré a las descarriadas

y a la que yo había maltratado.

7 De las tullidas, haré un resto,

y de las alejadas, una nación poderosa.

Y el Señor reinará sobre ellas

en la montaña de Sión,

desde ahora y para siempre.

8 Y tú, Torre del Rebaño,

Altura de la hija de Sión,

a ti llegará otra vez la antigua soberanía,

la realeza de la hija de Jerusalén.

Exilio y liberación de Sión

9 Y ahora ¿por qué lanzas alaridos?

¿Acaso no tienes un rey,

o ha desaparecido tu consejero,

para que te retuerzas como una parturienta?

10 Retuércete y sufre, hija de Sión,

como una parturienta,

porque ahora vas a salir de la ciudad

y habitarás al descampado.

Tú llegarás hasta Babilonia

y allí serás liberada;

allí el Señor te redimirá

de la mano de tus enemigos.

La victoria de Sión sobre las naciones

11 Ahora se han reunido contra ti

numerosas naciones, que dicen:

"¡Que sea profanada,

para que nuestros ojos se regocijen

a la vista de Sión!".

12 Pero ellos no conocen

los planes del Señor

ni comprenden su designio:

él los ha reunido como gavillas en la era.

13 ¡Levántate y trilla, hija de Sión!

Yo haré de hierro tu cuerno,

y tus pezuñas, de bronce:

triturarás a pueblos numerosos;

consagrarás al Señor su botín,

y sus riquezas al Señor de toda la tierra.

Asedio de Jerusalén y humillación de su rey

14 ¡Ahora, reagrupa tus tropas, ciudad sitiada!

Han puesto un asedio contra nosotros;

golpean con la vara en la mejilla

al juez de Israel.

La restauración de la dinastía davídica

5 1 Y tú, Belén Efratá, tan pequeña entre los clanes de Judá,

de ti me nacerá el que debe gobernar a Israel:

sus orígenes se remontan al pasado,

a un tiempo inmemorial.

2 Por eso, el Señor los abandonará

hasta el momento en que dé a luz

la que debe ser madre;

entonces el resto de sus hermanos

volverá junto a los israelitas.

3 Él se mantendrá de pie y los apacentará

con la fuerza del Señor,

con la majestad del nombre del Señor,su Dios.

Ellos habitarán tranquilos,

porque él será grande hasta los confines de la tierra.

4 ¡Y él mismo será la paz!

Si Asiria invade nuestro país

y pisa nuestros palacios,

le opondremos siete pastores

y ocho príncipes del pueblo:

5 Ellos apacentarán a Asiria con la espada

y al país de Nemrod con el acero.

Y él nos librará de Asiria,

si llega a invadir nuestro país

y pisa nuestra frontera.

La misión del Resto de Israel

6 Entonces, el resto de Jacob será,

en medio de pueblos numerosos,