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Caminando con Jesús

Pedro Sergio Antonio Donoso Brant

La Biblia – El Libro del Pueblo de Dios

Edición especial comentada para ayudar a comprender mejor las Sagradas Escrituras

 

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Zacarías

Este libro consta de dos partes bastante diversas. La primera (caps. 1-8) es la obra del profeta ZACARÍAS, que ejerció su actividad en Jerusalén desde noviembre del 520 a. C. –un mes antes que la concluyera Ageo hasta diciembre del 518. La segunda es más de un siglo posterior y proviene de uno o varios autores, designados habitualmente con el nombre de Segundo o Déutero Zacarías.

Bajo este aspecto, el libro de Zacarías se asemeja al de Isaías, que se divide en tres partes, de autores y épocas diferentes, agrupadas bajo el nombre del gran profeta del siglo VIII.

 Primera Parte del Libro de Zacarías

Zacarías era de familia sacerdotal y pertenecía probablemente al grupo de profetas dedicados al servicio del Santuario. Esto explica la importancia que atribuye al Templo, al sacerdocio y a todas las cuestiones relacionadas con el culto. Su obra es "muy oscura", como ya lo señalaba san Jerónimo. En ella se entremezclan fragmentos de una autobiografía, visiones simbólicas que preludian los "apocalipsis" posteriores y una serie de oráculos mesiánicos.

Zacarías insiste en la necesidad de reconstruir el Templo (1. 16; 4. 9; 6. 15). Pero, más allá de esta finalidad inmediata, desarrolla el mesianismo esbozado por Ageo en torno a la persona de Zorobabel y va marcando las etapas que llevarán a la instauración de la era mesiánica. El Señor va a entrar en acción (1. 7-15). Las naciones enemigas serán derrotadas (2. 1-4) y Jerusalén será reconstruida en una zona sin fronteras, porque el mismo Señor será su muralla (2. 5-9). Josué y Zorobabel –representantes de los poderes religioso y civil– ejercerán en perfecta armonía el gobierno de la comunidad (3. 1 – 4. 14). El país será purificado de toda maldad (5. 1-11) y Babilonia, "el país del Norte", recibirá su castigo (6. 1-8). Una acción simbólica presenta a Zorobabel como rey davídico (6. 9-15) y una cuestión sobre el ayuno ofrece al profeta la ocasión de hacer un llamado a la conversión, mediante la práctica de la justicia, de la fidelidad y la misericordia (7. 8-14). Por último, el profeta amplía su perspectiva en sentido universalista, siguiendo la línea del Segundo Isaías.

Zacarías hace revivir el antiguo mesianismo real, vinculado a la descendencia de David. Pero su estrecha relación con los medios sacerdotales le hace asociar al príncipe davídico un jefe religioso, el Sumo Sacerdote Josué. Esta doble corriente –real y sacerdotal– del mesianismo del Antiguo Testamento encontrará su plena realización en Jesucristo, "nacido de la estirpe de David según la carne" (Rom. 1. 3) y constituido a la vez "Sumo Sacerdote de los bienes futuros" (Heb. 9. 11).

Llamado a la conversión

1 1 En el octavo mes del segundo año de Darío, la palabra del Señor llegó al profeta Zacarías, hijo de Berequías, hijo de Idó, en estos términos: 2 El Señor se irritó violentamente contra los padres de ustedes. 3 Tú les dirás: Así habla el Señor de los ejércitos: Vuelvan a mí –oráculo del Señor de los ejércitos– y yo volveré a ustedes, dice el Señor de los ejércitos. 4 No sean como sus padres, a quienes los antiguos profetas interpelaron, diciendo: Así habla el Señor de los ejércitos: Vuelvan de sus malos caminos y de sus malas acciones. Pero ellos no escucharon, ni me prestaron atención –oráculo del Señor–. 5 ¿Dónde están sus padres? Y los profetas ¿viven para siempre? 6 Pero mis palabras y mis decretos, que yo había ordenado a mis servidores los profetas, ¿acaso no alcanzaron a sus padres? Por eso, ellos se convirtieron y dijeron: "El Señor de los ejércitos nos ha tratado según nuestros caminos y nuestras acciones, como había resuelto hacerlo".

LAS VISIONES PROFÉTICAS

Ocho visiones simbólicas, que evocan el estilo de Ezequiel sin alcanzar la altura de su genio literario, constituyen el núcleo de la predicación de Zacarías. Por medio de ellas, el profeta preanuncia la restauración definitiva de la comunidad y la gloria mesiánica de Jerusalén, con el fin de reconfortar a sus compatriotas, desalentados por las penurias internas y las amenazas externas que debieron afrontar a la vuelta del exilio (Esd. 4. 4-5). La presencia de un ángel que interpreta el significado de los símbolos es una característica del estilo apocalíptico (Dn. 7. 16; 8. 15-16; 9. 21-22).

Merece destacarse la cuarta de esas visiones, que presenta al Sumo Sacerdote Josué de pie ante la corte celestial y sometido a un rito de purificación como representante de todo el pueblo. El cambio de vestiduras –la "ropa sucia" por las "vestiduras de fiesta" (3. 4)– simboliza la supresión del pecado, el restablecimiento del culto en el nuevo Templo y la instauración de un nuevo orden de cosas en la comunidad restaurada. Después de esta última visión, se describe la coronación del mismo Sumo Sacerdote, aunque este pasaje en su forma original, no se refería a Josué, sino a Zorobabel, de quien se esperaba la plena restauración del trono de David.

Primera visión: los jinetes

7 El vigésimo cuarto día del undécimo mes, que es el mes de Sebat, en el segundo año de Darío, la palabra del Señor fue dirigida al profeta Zacarías, hijo de Berequías, hijo de Idó, en estos términos: 8 Yo tuve una visión durante la noche: Había un hombre montado en un caballo rojo. Estaba parado entre los mirtos que se encuentran en la hondonada, y detrás de él había caballos rojos, alazanes, negros y blancos. 9 Yo pregunté: "¿Quiénes son estos, mi Señor ?". Y el ángel que hablaba conmigo me respondió: "Yo te indicaré quiénes son estos". 10 El hombre que estaba entre los mirtos dijo: "Estos son los que el Señor envió a recorrer la tierra". 11 Ellos se dirigieron al ángel del Señor que estaba entre los mirtos, y le dijeron: "Venimos de recorrer la tierra y hemos visto que toda la tierra está en calma y tranquila".

12 Entonces el ángel del Señor dijo: "Señor de los ejércitos, ¿hasta cuándo esperarás para compadecerte de Jerusalén y de las ciudades de Judá, contra las cuales estás irritado desde hace setenta años?". 13 El Señor dirigió al ángel que hablaba conmigo palabras buenas, palabras consoladoras. 14 Entonces el ángel me dijo: "Proclama esto: Así habla el Señor de los ejércitos: Yo siento un gran celo por Jerusalén y por Sión, 15 y estoy violentamente irritado contra las naciones seguras de sí mismas; porque yo estaba un poco irritado, pero ellas agravaron la desgracia.

16 Por eso, así habla el Señor: Yo he vuelto a Jerusalén con piedad; allí será reconstruida mi Casa –oráculo del Señor de los ejércitos– y la cuerda de medir será tendida sobre Jerusalén. 17 Proclama también esto: Así habla el Señor de los ejércitos: Mis ciudades rebosarán de bienes; el Señor consolará de nuevo a Sión y elegirá otra vez a Jerusalén".

Segunda visión: los cuernos y los herreros

2 1 Yo levanté los ojos, y tuve una visión: Había cuatro cuernos. 2 Entonces pregunté al ángel que hablaba conmigo: "¿Qué son estos cuernos?". Él me respondió: "Son los cuernos que dispersaron a Judá, a Israel y a Jerusalén". 3 Después el Señor me mostró cuatro herreros. 4 Yo pregunté: "¿Qué vienen a hacer estos?". Él me respondió: "Aquellos son los cuernos que dispersaron a Judá, a tal punto que nadie podía levantar la cabeza; pero estos han venido para aterrarlos, para derribar los cuernos de las naciones que atacaron al país de Judá, a fin de dispersarlo".

Tercera visión: el medidor

5 Yo levanté los ojos, y tuve una visión: Había un hombre que tenía en la mano una cuerda de medir. 6 Entonces le pregunté: "¿A dónde vas?". Él me respondió: "Voy a medir Jerusalén, para ver cuánto tiene de ancho y cuánto de largo". 7 Mientras el ángel que hablaba conmigo estaba allí, otro ángel le salió a su encuentro 8 y le dijo: "Corre, habla a ese joven y dile: Jerusalén será una ciudad abierta por la gran cantidad de hombres y animales que habrá en ella. 9 Yo seré para ella –oráculo del Señor– una muralla de fuego a su alrededor, y seré su Gloria en medio de ella".

Exhortación a los exiliados para que huyan de Babilonia

10 ¡Vamos! Huyan del país del Norte

–oráculo del Señor–,

porque yo los dispersé a los cuatro vientos del cielo

–oráculo del Señor–.

11 ¡Vamos! ¡Sálvate, Sión,

tú, que habitas en Babilonia!

12 Porque así habla el Señor de los ejércitos

a las naciones que los despojaron

–ya que el que los toca a ustedes,

toca la pupila de mis ojos–:

13 ¡Sí, yo levanto mi mano contra ellos,

y serán despojados por sus mismos esclavos!

¡Así ustedes sabrán que me ha enviadoel Señor de los ejércitos!

14 Grita de júbilo y alégrate, hija de Sión:

porque yo vengo a habitar en medio de ti

–oráculo del Señor–.

Entrada triunfal del Señor en Sión

15 Aquel día, muchas naciones se unirán al Señor:

ellas serán un pueblo para él

y habitarán en medio de ti.

¡Así sabrás que me ha enviado a ti el Señor de los ejércitos!

16 El Señor tendrá a Judá como herencia,

como su parte en la Tierra santa,

y elegirá de nuevo a Jerusalén.

17 ¡Que callen todos los hombres delante del Señor,

porque él surge de su santa Morada!

Cuarta visión: la vestidura de Josué

3 1 Luego me hizo ver al Sumo Sacerdote Josué, de pie ante el ángel del Señor, mientras el Adversario estaba a su derecha para acusarlo. 2 El ángel del Señor dijo al Adversario: "¡Que el Señor te reprima, Adversario! ¡Sí, que te reprima el Señor, el que eligió a Jerusalén! ¿No es este acaso un tizón salvado del fuego?".

3 Josué, de pie delante del ángel, estaba vestido con ropa sucia. 4 El ángel tomó la palabra y dijo a los que estaban de pie delante de él: "Quítenle la ropa sucia". Luego dijo a Josué: "Yo te he sacado de encima tu iniquidad y te pondré vestiduras de fiesta". 5 Y añadió: "Coloquen sobre su cabeza un turbante limpio y pónganle vestiduras de fiesta". Ellos le pusieron el turbante limpio sobre la cabeza y las vestiduras de fiesta, mientras el ángel del Señor permanecía allí de pie.

6 Después el ángel del Señor advirtió solemnemente a Josué: 7 "Así habla el Señor de los ejércitos: Si vas por mis caminos y observas mis mandamientos, tú mismo gobernarás mi Casa y cuidarás mis atrios, y yo te daré libre acceso entre los que están aquí".

8 Escucha, Josué, Sumo Sacerdote, tú y tus compañeros que se sientan delante de ti –porque estos hombres son un presagio–: Yo suscitaré a mi servidor "Germen". 9 Sí, esta es la piedra que pongo delante de Josué: sobre esta única piedra hay siete ojos. Yo mismo voy a grabar su inscripción –oráculo del Señor de los ejércitos– y voy a eliminar la iniquidad de este país en un solo día.

10 Aquel día –oráculo del Señor de los ejércitos– ustedes se invitarán unos a otros debajo de la parra y de la higuera.

Quinta visión: el candelabro y los olivos

4 1 El ángel que hablaba conmigo volvió y me despertó, como a quien se lo despierta de su sueño. 2 Él me preguntó: "¿Qué ves?". Yo le respondí: "Veo un candelabro de oro macizo, con un recipiente en la parte superior: sobre el candelabro hay siete lámparas, y siete mecheros para las lámparas que están arriba de él. 3 A su lado hay dos olivos: uno a la derecha y otro a la izquierda del recipiente". 4 Yo tomé la palabra y dije al ángel que hablaba conmigo: "¿Qué son estas cosas, mi Señor?". 5 El ángel que hablaba conmigo me respondió: "¿No sabes qué son estas cosas?". Yo le dije: "No, mi Señor". 6a Él me respondió: 10b "Estas siete lámparas son los ojos del Señor que vigilan toda la tierra". 11 Entonces tomé la palabra y le dije: "¿Qué son esos dos olivos, a la derecha y a la izquierda del candelabro?". 12 Por segunda vez le pregunté: "¿Qué son las dos ramas de olivo, que derraman aceite dorado a través de los dos tubos de oro?". 13 Él me respondió: "¿No sabes lo que son esas cosas?". Yo le dije: "No, mi Señor".14 Él me respondió: "Son los dos Ungidos que están de pie junto al Señor de toda la tierra".

6b Esta es la palabra del Señor acerca de Zorobabel: ¡No por el poder ni por la fuerza, sino por mi espíritu...! –dice el Señor de los ejércitos–.

7 ¿Quién eres tú, gran montaña? ¡Ante Zorobabel te convertirás en una llanura! Él sacará la piedra maestra a los gritos de: "¡Qué hermosa, qué hermosa es!".

8 La palabra del Señor me llegó en estos términos: 9 Las manos de Zorobabel pusieron los cimientos de esta Casa, y sus manos la terminarán. Así sabrán que me ha enviado a ustedes el Señor de los ejércitos. 10a ¿Quién despreció el día de los modestos comienzos? Que se alegre, al ver la piedra elegida en manos de Zorobabel.

Sexta visión: el rollo que vuela

5 1 Yo levanté de nuevo los ojos y tuve una visión: Había un rollo que volaba. 2 El ángel me preguntó: "¿Qué ves?". Yo le respondí: "Veo un rollo que vuela: tiene diez metros de largo por cinco de ancho". 3 Él me dijo: "Esta es la Maldición que se desencadena sobre todo el país. Porque según lo escrito de un lado, todo ladrón será eliminado, y según lo escrito del otro, todo perjuro será eliminado. 4 Yo la desencadenaré –oráculo del Señor de los ejércitos–: ella entrará en la casa del ladrón y en la casa del que jura falsamente por mi Nombre; se instalará en medio de su casa, y la consumirá junto con sus maderas y sus piedras".

Séptima visión: el recipiente y la mujer

5 El ángel que hablaba conmigo se adelantó y me dijo: "Levanta los ojos y mira qué es eso que avanza". 6 Yo le pregunté: "¿Qué es eso?". Él me respondió: "Es un recipiente que avanza". Él agregó: "Esta es la culpa de ellos en todo el país". 7 Entonces se levantó un disco de plomo, y vi una mujer instalada en el interior del recipiente. 8 El ángel me dijo: "Esta es la Maldad". Luego la arrojó al interior del recipiente y arrojó la masa de plomo sobre la abertura. 9 Yo levanté los ojos y tuve una visión. Había dos mujeres que avanzaban. El viento soplaba en sus alas: ellas tenías dos alas como las de la cigüeña, y levantaron el recipiente entre la tierra y el cielo. 10 Yo pregunté al ángel que hablaba conmigo: "¿A dónde llevan el recipiente?". 11 Él me respondió: "Le van a edificar una casa en la tierra de Senaar, y cuando esté preparada, la colocarán sobre su pedestal".

Octava visión: los carros

6 1 Yo levanté de nuevo los ojos y tuve una visión: Había cuatro carros que salían de entre las dos montañas, y las montañas eran de bronce. 2 El primer carro era tirado por caballos rojos; el segundo por caballos negros; 3 el tercero por caballos blancos y el cuarto por caballos manchados. 4 Tomé la palabra y dije al ángel que hablaba conmigo: "¿Qué son estos, mi Señor ?". 5 El me respondió: "Ellos avanzan a los cuatro vientos del cielo, después de haberse presentado ante el Señor de toda la tierra. 6 El carro de caballos rojos avanza hacia el país del oriente; el de los caballos negros hacia el norte; el de los blancos hacia el occidente; y el de los manchados hacia el sur". 7 Ellos avanzaron llenos de brío, ansiosos por recorrer la tierra. El ángel les dijo: "Vayan a recorrer la tierra". Y ellos recorrieron la tierra. 8 Él me llamó y me dijo: "Mira, los que avanzan hacia el país del Norte hacen reposar mi espíritu en ese país".

La corona para Josué

9 La palabra del Señor me llegó en estos términos: 10 Recoge las ofrendas de los deportados: de Jeldai, de Tobías y de Iedaías. Tú mismo irás ese día a la casa de Josías, hijo de Sefanías, adonde ellos acaban de llegar de Babilonia: 11 tomarás la plata y el oro, harás una corona y la pondrás sobre la cabeza de Josué, hijo de Iehosadac, el Sumo Sacerdote. 12 Tú le dirás: Así habla el Señor de los ejércitos: Aquí hay un hombre llamado "Germen": allí donde esté, algo va a germinar, y él reconstruirá el Templo del Señor. 13 Él reconstruirá el Templo del Señor, llevará las insignias reales, se sentará y dominará en su trono. Habrá un sacerdote a su derecha, y habrá un perfecto acuerdo entre los dos. 14 Y la corona será para Jeldai, Tobías y Iedaías, y para Josías, hijo de Sefanías, un memorial en el Templo del Señor.

15 Entonces los que están lejos vendrán y reconstruirán el Santuario del Señor. Así sabrán que me envió a ustedes el Señor de los ejércitos. Esto sucederá si escuchan verdaderamente la voz del Señor, su Dios.

LOS DISCURSOS PROFÉTICOS

Como el Templo ya comenzaba a resurgir de sus ruinas, una delegación pregunta al profeta si se debe seguir ayunando en memoria de su destrucción. En lugar de responder directamente a la pregunta, Zacarías reprueba el ayuno hecho por puro interés, o sea, con el único objeto de lograr el término de la calamidad nacional (7. 5). En seguida, siguiendo la línea de los demás profetas, dirige la atención hacia algo más importante que el ayuno y que todos los ritos, a saber, la verdadera justicia y el amor al prójimo (7. 9-10).

La primera parte del libro de Zacarías concluye con una serie de oráculos independientes, pronunciados por el profeta en épocas y circunstancias diversas. Él dirige a sus compatriotas palabras de aliento, para animarlos a reconstruir el Santuario. El Señor colmará de bendiciones a su Pueblo, hará de Jerusalén el centro religioso de toda la tierra y todos los pueblos acudirán a ella para tributar homenaje al Señor. Así Zacarías amplia las perspectivas mesiánicas, dándoles una proyección universalista semejante a la del Segundo Isaías.

La cuestión del ayuno

7 1 El cuarto año del rey Darío, el día cuatro del noveno mes, el mes de Quisleu, 2 Betel Saréser, gran mago del rey, y sus hombres enviaron una delegación para aplacar el rostro del Señor 3 y preguntar a los sacerdotes de la Casa del Señor de los ejércitos y a los profetas: "¿Debo seguir llorando e imponiéndome privaciones en el quinto mes, como lo he hecho durante tantos años?".

Las lecciones del pasado

4 La palabra del Señor me llegó en estos términos: 5 Habla a todo el pueblo del país y a los sacerdotes, diciéndoles: Si ustedes han ayunado y se han lamentado en el quinto y el séptimo mes desde hace setenta años, ¿es por mí que han practicado esos ayunos? 6 Y cuando comen y beben ¿no lo hacen por ustedes mismos? 7 ¿No son estas las palabras que proclamó el Señor por intermedio de los antiguos profetas, cuando Jerusalén estaba habitada y tranquila, rodeada de sus ciudades, y estaban poblados el Négueb y la Sefelá?

8 La palabra del Señor llegó a Zacarías en estos términos: 9 Así habla el Señor de los ejércitos: Hagan justicia de verdad, practiquen mutuamente la fidelidad y la misericordia. 10 No opriman a la viuda ni al huérfano, al extranjero ni al pobre, y no piensen en hacerse mal unos a otros. 11 Pero ellos no quisieron hacer caso: se mostraron rebeldes y endurecieron sus oídos para no oír; 12 endurecieron su corazón como el diamante para no escuchar la instrucción y las palabras que el Señor de los ejércitos les había dirigido por su espíritu, por intermedio de los antiguos profetas. Entonces el Señor de los ejércitos se irritó profundamente. 13 Y sucedió lo siguiente: Así como él llamaba y ellos no escuchaban, así también ellos llamarán y yo no escucharé, dice el Señor de los ejércitos. 14 Yo los esparcí como un torbellino por todas las naciones que ellos no conocían, y el país fue devastado detrás de ellos, sin que nadie fuera ni volviera. De una tierra de delicias, ellos hicieron una desolación.

Perspectivas de la salvación mesiánica

8 1 La palabra del Señor llegó en estos términos:

2 Así habla el Señor de los ejércitos:

Siento un gran celo por Sión

y ardo de pasión por ella.

3 Así habla el Señor:

Yo he vuelto a Sión,

y habitaré en medio de Jerusalén.

Jerusalén será llamada "Ciudad de la Fidelidad",

y la montaña del Señor de los ejércitos, "Montaña Santa".

4 Así habla el Señor de los ejércitos:

Los ancianos y las ancianas se sentarán de nuevo

en las plazas de Jerusalén,

cada uno con su bastón en la mano,

a causa de sus muchos años.

5 Las plazas de la ciudad se llenarán

de niños y niñas, que jugarán en ellas.

6 Si esto parece imposible

a los ojos del resto de este pueblo,

¿será también imposible para mí?

–oráculo del Señor de los ejércitos–.

7 Así habla el Señor de los ejércitos:

Yo salvo a mi pueblo de los países del oriente,

y de los países donde se pone el sol.

8 Los haré volver y habitarán en medio de Jerusalén.

Ellos serán mi Pueblo, y yo seré su Dios,

en la fidelidad y en la justicia.

9 Así habla el Señor de los ejércitos: Que se fortalezcan las manos de ustedes, los que escuchan en estos días, de la boca de los profetas, estas palabras pronunciadas desde el día en que se pusieron los cimientos de la Casa del Señor de los ejércitos, para la reconstrucción del Templo. 10 Porque antes de estos días no había salario para los hombres ni ración para los animales, ni había seguridad para los que iban y venían, a causa del enemigo: yo había lanzado a todos los hombres, unos contra otros. 11 Pero ahora, yo no trataré al resto de este pueblo como en los tiempos pasados –oráculo del Señor de los ejércitos–. 12 Porque hay semillas de paz: la viña dará su fruto, la tierra sus productos y el cielo su rocío. Yo daré todo esto como herencia al resto de este pueblo. 13 Y así como ustedes, pueblo de Judá y pueblo de Israel, fueron una maldición entre las naciones, así yo los salvaré, y ustedes serán una bendición. ¡No teman! ¡Que sus manos se fortalezcan!

14 Porque así habla el Señor de los ejércitos: Así como yo había resuelto hacerles mal cuando sus padres me irritaban –dice el Señor de los ejércitos– y no me arrepentí, 15 así, en cambio, decidí en estos días hacer el bien a Jerusalén y al pueblo de Judá. ¡No teman!

16 Esto es lo que deberán practicar: díganse mutuamente la verdad y dicten en sus puertas sentencias que restablezcan la paz; 17 no piensen en hacerse mal unos a otros y no amen el falso juramento. Porque yo aborrezco todo eso –oráculo del Señor–.

Respuesta a la cuestión del ayuno

18 La palabra del Señor me llegó en estos términos: 19 "Así habla el Señor de los ejércitos: El ayuno del cuarto, del quinto, del séptimo y el décimo mes se convertirán para la casa de Judá en alegría, en gozo y en hermosas solemnidades. ¡Pero amen la verdad y la paz!".

Jerusalén, centro cultual del mundo

20 Así habla el Señor de los ejércitos: Vendrán asimismo pueblos y habitantes de muchas ciudades. 21 Los habitantes de una ciudad irán a otra, diciendo: "Vamos a apaciguar el rostro del Señor y a buscar al Señor de los ejércitos; yo también quiero ir". 22 Pueblos numerosos y naciones poderosas vendrán a Jerusalén a buscar al Señor de los ejércitos y a apaciguar el rostro del Señor.

23 Así habla el Señor de los ejércitos: En aquellos días, diez hombres de todas las lenguas que hablan las naciones, tomarán a un judío por el borde de sus vestiduras y le dirán: "Queremos ir con ustedes, porque hemos oído que Dios está con ustedes".

Segunda Parte del Librode Zacarías

Los seis capítulos siguientes del libro de Zacarías difieren considerablemente de los ocho primeros. Mientras que las visiones y los oráculos de la primera parte están fechados y son expresamente atribuidos a Zacarías, de ahora en adelante no se menciona más a este profeta y faltan por completo las indicaciones cronológicas. También el trasfondo histórico se ha modificado. Ya no se habla para nada de la reconstrucción del Templo, y la esperanza mesiánica –que antes estaba centrada en la persona de Zorobabel, como símbolo de la restauración nacional– ahora se desplaza hacia otras figuras de perfil menos definido: el Rey Mesías pobre y pacífico (9. 9-10), el Buen Pastor despreciado y rechazado (11. 4-14) y el misterioso "Traspasado" (12. 10). Con toda probabilidad, esta segunda parte fue compuesta entre los años 330 y 300 a. C., cuando los Seléucidas y los Lágidas se repartieron el poder y la herencia de Alejandro Magno (1 Mac. 1. 1-9). Así se explica la mención de los griegos como una fuerza hostil al Pueblo de Dios (9. 13).

Estos capítulos son una recopilación de oráculos, cuyo tema común es la decisión del Señor de establecer su reinado definitivo sobre toda la tierra (14. 9). Con estos elementos de origen y estilo diversos, el redactor final parece haber construido una especie de díptico, compuesto de dos partes simétricas, que describen la instauración de la era mesiánica siguiendo un doble movimiento: después de una primera intervención de Dios, que culmina en un aparente fracaso (11. 15-17), la nueva Jerusalén, liberada de sus enemigos y purificada de sus pecados, se convierte en el polo de atracción de todos los pueblos (14. 16).

A pesar de ser uno de los escritos más desconcertantes del Antiguo Testamento, la obra del Segundo Zacarías tiene el gran valor de haber conservado los últimos restos del profetismo bíblico. Sus oráculos atestiguan la persistencia de la esperanza mesiánica durante la dominación griega. Además, se debe destacar que este es uno de los Libros más citados en los Evangelios: tres veces en el de Mateo (21. 5; 26. 31; 27. 9-10), una en el de Marcos (14. 27) y una en el de Juan (19. 37).

 

 

ISRAEL ENTRE LOS PUEBLOS

En esta primera sección, el profeta anuncia que el Señor intervendrá al fin de los tiempos y triunfará sobre sus enemigos. Los pueblos vecinos de Judá, una vez sometidos y purificados, serán incorporados al Pueblo de Dios (9. 1-8). Entonces Jerusalén recibirá triunfalmente a su Rey Mesías, que establecerá el reinado de la justicia y proclamará la paz a las naciones (9. 9-10). El mismo Señor, como un jefe guerrero (9. 14), renovará los prodigios del Éxodo para reunir a todos los israelitas dispersos (10. 11). Y los repatriados serán tan numerosos, que ni la Palestina ni las regiones adyacentes –el Líbano y Galaad– bastarán para darles cabida (10. 10).

Esta visión de los tiempos mesiánicos concluye con la enigmática alegoría de los dos pastores (11. 4-17). Al representar esta doble acción simbólica, el profeta alude probablemente a ciertos acontecimientos de su época, interpretados como un juicio de Dios. Este juicio está expresado en la ruptura de los dos bastones con que el buen pastor apacentaba el rebaño (11. 10, 14). Por haber rechazado al Señor, su único y verdadero Pastor, el pueblo es puesto en manos de un jefe despótico, que será el encargado de ejecutar la justicia divina. Pero estos sufrimientos serán una purificación y una preparación para la nueva era mesiánica, como parece sugerirlo la conclusión de la alegoría en 13. 7-9.

El Evangelio según san Mateo se hace eco de dos profecías que figuran en esta parte del Libro. En primer lugar, el evangelista ve cumplido el oráculo de 9. 9-10 en la entrada de Jesús en Jerusalén montado sobre un asno (Mt. 21. 4-5). Y en el exiguo salario pagado al profeta, que apacienta el rebaño en nombre del Señor (11. 12), él reconoce el precio de la traición de Judas (Mt. 27. 9-10).

El triunfo de Dios sobre los pueblos vecinos

9 1 Oráculo.

La palabra del Señor llegó al país de Jadrac,

y en Damasco está su reposo;

porque al Señor pertenece la fuente de Arám,

como todas las tribus de Israel,

2 y también Jamat, que está en su frontera,

y Tiro y Sidón.

Por su gran sabiduría,

3 Tiro se construyó una fortaleza,

amontonó plata como polvo

y oro fino como barro de las calles.

4 Pero el Señor va a apoderarse de eso,

arrojará su poderío en el mar

y ella misma será presa de las llamas.

5 Lo verá Ascalón y temerá;

también Gaza, y se retorcerá de dolor,

y lo mismo Ecrón, porque su esperanza quedó defraudada;

Gaza no tendrá más rey,

Ascalón ya no será habitada

6 y gente bastarda se instalará en Asdod.

Yo aniquilaré el orgullo del filisteo,

7 quitaré la sangre de su boca

y sus abominaciones de entre sus dientes.

Él también será un resto para nuestro Dios,

será como un jefe en Judá,

y Ecrón será como un jebuseo.

8 Yo acamparé junto a mi casa como una guardia

contra los que pasan y vuelven:

no pasará más entre ellos ningún opresor,

porque ahora he visto con mis ojos.

El Mesías humilde y pacífico

9 ¡Alégrate mucho, hija de Sión!

¡Grita de júbilo, hija de Jerusalén!

Mira que tu Rey viene hacia ti;

él es justo y victorioso,

es humilde y está montado sobre un asno,