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Caminando con Jesús Pedro Sergio Antonio Donoso Brant Edición especial comentada para ayudar a
comprender mejor las Sagradas Escrituras |
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Este libro consta de dos partes bastante diversas.
La primera (caps. 1-8) es la obra del profeta ZACARÍAS, que ejerció su
actividad en Jerusalén desde noviembre del Bajo este aspecto, el libro de Zacarías se asemeja
al de Isaías, que se divide en tres partes, de autores y épocas diferentes,
agrupadas bajo el nombre del gran profeta del siglo VIII. Primera Parte del Libro de Zacarías Zacarías era de familia sacerdotal y pertenecía
probablemente al grupo de profetas dedicados al servicio del Santuario. Esto
explica la importancia que atribuye al Templo, al sacerdocio y a todas las
cuestiones relacionadas con el culto. Su obra es "muy oscura", como
ya lo señalaba san Jerónimo. En ella se entremezclan fragmentos de una
autobiografía, visiones simbólicas que preludian los "apocalipsis"
posteriores y una serie de oráculos mesiánicos. Zacarías insiste en la necesidad de reconstruir el
Templo (1. 16; 4. 9; 6. 15). Pero, más allá de esta finalidad inmediata, desarrolla
el mesianismo esbozado por Ageo en torno a la persona de Zorobabel y va
marcando las etapas que llevarán a la instauración de la era mesiánica. El
Señor va a entrar en acción (1. 7-15). Las naciones enemigas serán derrotadas
(2. 1-4) y Jerusalén será reconstruida en una zona sin fronteras, porque el
mismo Señor será su muralla (2. 5-9). Josué y Zorobabel –representantes de
los poderes religioso y civil– ejercerán en perfecta armonía el gobierno de
la comunidad (3. 1 – 4. 14). El país será purificado de toda maldad (5. 1-11)
y Babilonia, "el país del Norte", recibirá su castigo (6. 1-8). Una
acción simbólica presenta a Zorobabel como rey davídico (6. 9-15) y una
cuestión sobre el ayuno ofrece al profeta la ocasión de hacer un llamado a la
conversión, mediante la práctica de la justicia, de la fidelidad y la
misericordia (7. 8-14). Por último, el profeta amplía su perspectiva en
sentido universalista, siguiendo la línea del Segundo Isaías. Zacarías hace revivir el antiguo mesianismo real,
vinculado a la descendencia de David. Pero su estrecha relación con los
medios sacerdotales le hace asociar al príncipe davídico un jefe religioso,
el Sumo Sacerdote Josué. Esta doble corriente –real y sacerdotal– del
mesianismo del Antiguo Testamento encontrará su plena realización en
Jesucristo, "nacido de la estirpe de David según la carne" (Rom. 1.
3) y constituido a la vez "Sumo Sacerdote de los bienes futuros"
(Heb. 9. 11). Llamado a la conversión 1 1 En el
octavo mes del segundo año de Darío, la palabra del Señor llegó al profeta
Zacarías, hijo de Berequías, hijo de Idó, en estos términos: 2 El Señor se
irritó violentamente contra los padres de ustedes. 3 Tú les dirás: Así habla
el Señor de los ejércitos: Vuelvan a mí –oráculo del Señor de los ejércitos–
y yo volveré a ustedes, dice el Señor de los ejércitos. 4 No sean como sus
padres, a quienes los antiguos profetas interpelaron, diciendo: Así habla el
Señor de los ejércitos: Vuelvan de sus malos caminos y de sus malas acciones.
Pero ellos no escucharon, ni me prestaron atención –oráculo del Señor–. 5
¿Dónde están sus padres? Y los profetas ¿viven para siempre? 6 Pero mis
palabras y mis decretos, que yo había ordenado a mis servidores los profetas,
¿acaso no alcanzaron a sus padres? Por eso, ellos se convirtieron y dijeron:
"El Señor de los ejércitos nos ha tratado según nuestros caminos y
nuestras acciones, como había resuelto hacerlo". LAS
VISIONES PROFÉTICAS Ocho visiones
simbólicas, que evocan el estilo de Ezequiel sin alcanzar la altura de su
genio literario, constituyen el núcleo de la predicación de Zacarías. Por
medio de ellas, el profeta preanuncia la restauración definitiva de la
comunidad y la gloria mesiánica de Jerusalén, con el fin de reconfortar a sus
compatriotas, desalentados por las penurias internas y las amenazas externas
que debieron afrontar a la vuelta del exilio (Esd. 4. 4-5). La presencia de
un ángel que interpreta el significado de los símbolos es una característica
del estilo apocalíptico (Dn. 7. 16; 8. 15-16; 9. 21-22). Merece destacarse la
cuarta de esas visiones, que presenta al Sumo Sacerdote Josué de pie ante la
corte celestial y sometido a un rito de purificación como representante de
todo el pueblo. El cambio de vestiduras –la "ropa sucia" por las "vestiduras
de fiesta" (3. 4)– simboliza la supresión del pecado, el
restablecimiento del culto en el nuevo Templo y la instauración de un nuevo
orden de cosas en la comunidad restaurada. Después de esta última visión, se
describe la coronación del mismo Sumo Sacerdote, aunque este pasaje en su
forma original, no se refería a Josué, sino a Zorobabel, de quien se esperaba
la plena restauración del trono de David. Primera visión: los jinetes 7 El vigésimo cuarto día del undécimo mes, que es el
mes de Sebat, en el segundo año de Darío, la palabra del Señor fue dirigida
al profeta Zacarías, hijo de Berequías, hijo de Idó, en estos términos: 8 Yo
tuve una visión durante la noche: Había un hombre montado en un caballo rojo.
Estaba parado entre los mirtos que se encuentran en la hondonada, y detrás de
él había caballos rojos, alazanes, negros y blancos. 9 Yo pregunté:
"¿Quiénes son estos, mi Señor ?". Y el ángel que hablaba conmigo me
respondió: "Yo te indicaré quiénes son estos". 10 El hombre que
estaba entre los mirtos dijo: "Estos son los que el Señor envió a
recorrer la tierra". 11 Ellos se dirigieron al ángel del Señor que
estaba entre los mirtos, y le dijeron: "Venimos de recorrer la tierra y
hemos visto que toda la tierra está en calma y tranquila". 12 Entonces el ángel del Señor dijo: "Señor de
los ejércitos, ¿hasta cuándo esperarás para compadecerte de Jerusalén y de
las ciudades de Judá, contra las cuales estás irritado desde hace setenta
años?". 13 El Señor dirigió al ángel que hablaba conmigo palabras
buenas, palabras consoladoras. 14 Entonces el ángel me dijo: "Proclama
esto: Así habla el Señor de los ejércitos: Yo siento un gran celo por
Jerusalén y por Sión, 15 y estoy violentamente irritado contra las naciones
seguras de sí mismas; porque yo estaba un poco irritado, pero ellas agravaron
la desgracia. 16 Por eso, así habla el Señor: Yo he vuelto a
Jerusalén con piedad; allí será reconstruida mi Casa –oráculo del Señor de
los ejércitos– y la cuerda de medir será tendida sobre Jerusalén. 17 Proclama
también esto: Así habla el Señor de los ejércitos: Mis ciudades rebosarán de
bienes; el Señor consolará de nuevo a Sión y elegirá otra vez a
Jerusalén". Segunda visión: los cuernos y los herreros 2 1 Yo
levanté los ojos, y tuve una visión: Había cuatro cuernos. 2 Entonces
pregunté al ángel que hablaba conmigo: "¿Qué son estos cuernos?".
Él me respondió: "Son los cuernos que dispersaron a Judá, a Israel y a
Jerusalén". 3 Después el Señor me mostró cuatro herreros. 4 Yo pregunté:
"¿Qué vienen a hacer estos?". Él me respondió: "Aquellos son
los cuernos que dispersaron a Judá, a tal punto que nadie podía levantar la
cabeza; pero estos han venido para aterrarlos, para derribar los cuernos de
las naciones que atacaron al país de Judá, a fin de dispersarlo". Tercera visión: el medidor 5 Yo levanté los ojos, y tuve una visión: Había un
hombre que tenía en la mano una cuerda de medir. 6 Entonces le pregunté:
"¿A dónde vas?". Él me respondió: "Voy a medir Jerusalén, para
ver cuánto tiene de ancho y cuánto de largo". 7 Mientras el ángel que
hablaba conmigo estaba allí, otro ángel le salió a su encuentro 8 y le dijo:
"Corre, habla a ese joven y dile: Jerusalén será una ciudad abierta por
la gran cantidad de hombres y animales que habrá en ella. 9 Yo seré para ella
–oráculo del Señor– una muralla de fuego a su alrededor, y seré su Gloria en
medio de ella". Exhortación a los exiliados para que huyan de
Babilonia 10 ¡Vamos! Huyan del país del Norte –oráculo del Señor–, porque yo los dispersé a los cuatro vientos del
cielo –oráculo del Señor–. 11 ¡Vamos! ¡Sálvate, Sión, tú, que habitas en Babilonia! 12 Porque así habla el Señor de los ejércitos a las naciones que los despojaron –ya que el que los toca a ustedes, toca la pupila de mis ojos–: 13 ¡Sí, yo levanto mi mano contra ellos, y serán despojados por sus mismos esclavos! ¡Así ustedes sabrán que me ha enviadoel Señor de los
ejércitos! 14 Grita de júbilo y alégrate, hija de Sión: porque yo vengo a habitar en medio de ti –oráculo del Señor–. Entrada triunfal del Señor en Sión 15 Aquel día, muchas naciones se unirán al Señor: ellas serán un pueblo para él y habitarán en medio de ti. ¡Así sabrás que me ha enviado a ti el Señor de los
ejércitos! 16 El Señor tendrá a Judá como herencia, como su parte en y elegirá de nuevo a Jerusalén. 17 ¡Que callen todos los hombres delante del Señor, porque él surge de su santa Morada! Cuarta visión: la vestidura de Josué 3 1 Luego
me hizo ver al Sumo Sacerdote Josué, de pie ante el ángel del Señor, mientras
el Adversario estaba a su derecha para acusarlo. 2 El ángel del Señor dijo al
Adversario: "¡Que el Señor te reprima, Adversario! ¡Sí, que te reprima
el Señor, el que eligió a Jerusalén! ¿No es este acaso un tizón salvado del
fuego?". 3 Josué, de pie delante del ángel, estaba vestido
con ropa sucia. 4 El ángel tomó la palabra y dijo a los que estaban de pie
delante de él: "Quítenle la ropa sucia". Luego dijo a Josué:
"Yo te he sacado de encima tu iniquidad y te pondré vestiduras de
fiesta". 5 Y añadió: "Coloquen sobre su cabeza un turbante limpio y
pónganle vestiduras de fiesta". Ellos le pusieron el turbante limpio
sobre la cabeza y las vestiduras de fiesta, mientras el ángel del Señor
permanecía allí de pie. 6 Después el ángel del Señor advirtió solemnemente a
Josué: 7 "Así habla el Señor de los ejércitos: Si vas por mis caminos y
observas mis mandamientos, tú mismo gobernarás mi Casa y cuidarás mis atrios,
y yo te daré libre acceso entre los que están aquí". 8 Escucha, Josué, Sumo Sacerdote, tú y tus
compañeros que se sientan delante de ti –porque estos hombres son un
presagio–: Yo suscitaré a mi servidor "Germen". 9 Sí, esta es la
piedra que pongo delante de Josué: sobre esta única piedra hay siete ojos. Yo
mismo voy a grabar su inscripción –oráculo del Señor de los ejércitos– y voy
a eliminar la iniquidad de este país en un solo día. 10 Aquel día –oráculo del Señor de los ejércitos–
ustedes se invitarán unos a otros debajo de la parra y de la higuera. Quinta visión: el candelabro y los olivos 4 1 El
ángel que hablaba conmigo volvió y me despertó, como a quien se lo despierta
de su sueño. 2 Él me preguntó: "¿Qué ves?". Yo le respondí:
"Veo un candelabro de oro macizo, con un recipiente en la parte
superior: sobre el candelabro hay siete lámparas, y siete mecheros para las
lámparas que están arriba de él. 6b Esta es la palabra del Señor acerca de Zorobabel:
¡No por el poder ni por la fuerza, sino por mi espíritu...! –dice el Señor de
los ejércitos–. 7 ¿Quién eres tú, gran montaña? ¡Ante Zorobabel te
convertirás en una llanura! Él sacará la piedra maestra a los gritos de:
"¡Qué hermosa, qué hermosa es!". 8 La palabra del Señor me llegó en estos términos: 9
Las manos de Zorobabel pusieron los cimientos de esta Casa, y sus manos la
terminarán. Así sabrán que me ha enviado a ustedes el Señor de los ejércitos.
10a ¿Quién despreció el día de los modestos comienzos? Que se alegre, al ver
la piedra elegida en manos de Zorobabel. Sexta visión: el rollo que vuela 5 1 Yo
levanté de nuevo los ojos y tuve una visión: Había un rollo que volaba. 2 El
ángel me preguntó: "¿Qué ves?". Yo le respondí: "Veo un rollo
que vuela: tiene diez metros de largo por cinco de ancho". 3 Él me dijo:
"Esta es Séptima visión: el recipiente y la mujer 5 El ángel que hablaba conmigo se adelantó y me
dijo: "Levanta los ojos y mira qué es eso que avanza". 6 Yo le
pregunté: "¿Qué es eso?". Él me respondió: "Es un recipiente
que avanza". Él agregó: "Esta es la culpa de ellos en todo el
país". 7 Entonces se levantó un disco de plomo, y vi una mujer instalada
en el interior del recipiente. 8 El ángel me dijo: "Esta es Octava visión: los carros 6 1 Yo
levanté de nuevo los ojos y tuve una visión: Había cuatro carros que salían
de entre las dos montañas, y las montañas eran de bronce. 2 El primer carro
era tirado por caballos rojos; el segundo por caballos negros; 3 el tercero
por caballos blancos y el cuarto por caballos manchados. 4 Tomé la palabra y
dije al ángel que hablaba conmigo: "¿Qué son estos, mi Señor ?". 5
El me respondió: "Ellos avanzan a los cuatro vientos del cielo, después
de haberse presentado ante el Señor de toda la tierra. 6 El carro de caballos
rojos avanza hacia el país del oriente; el de los caballos negros hacia el
norte; el de los blancos hacia el occidente; y el de los manchados hacia el
sur". 7 Ellos avanzaron llenos de brío, ansiosos por recorrer la tierra.
El ángel les dijo: "Vayan a recorrer la tierra". Y ellos
recorrieron la tierra. 8 Él me llamó y me dijo: "Mira, los que avanzan
hacia el país del Norte hacen reposar mi espíritu en ese país". La corona para Josué 9 La palabra del Señor me llegó en estos términos:
10 Recoge las ofrendas de los deportados: de Jeldai, de Tobías y de Iedaías.
Tú mismo irás ese día a la casa de Josías, hijo de Sefanías, adonde ellos
acaban de llegar de Babilonia: 11 tomarás la plata y el oro, harás una corona
y la pondrás sobre la cabeza de Josué, hijo de Iehosadac, el Sumo Sacerdote.
12 Tú le dirás: Así habla el Señor de los ejércitos: Aquí hay un hombre
llamado "Germen": allí donde esté, algo va a germinar, y él
reconstruirá el Templo del Señor. 13 Él reconstruirá el Templo del Señor,
llevará las insignias reales, se sentará y dominará en su trono. Habrá un
sacerdote a su derecha, y habrá un perfecto acuerdo entre los dos. 14 Y la
corona será para Jeldai, Tobías y Iedaías, y para Josías, hijo de Sefanías,
un memorial en el Templo del Señor. 15 Entonces los que están lejos vendrán y
reconstruirán el Santuario del Señor. Así sabrán que me envió a ustedes el
Señor de los ejércitos. Esto sucederá si escuchan verdaderamente la voz del
Señor, su Dios. LOS
DISCURSOS PROFÉTICOS Como el Templo ya
comenzaba a resurgir de sus ruinas, una delegación pregunta al profeta si se
debe seguir ayunando en memoria de su destrucción. En lugar de responder
directamente a la pregunta, Zacarías reprueba el ayuno hecho por puro
interés, o sea, con el único objeto de lograr el término de la calamidad
nacional (7. 5). En seguida, siguiendo la línea de los demás profetas, dirige
la atención hacia algo más importante que el ayuno y que todos los ritos, a
saber, la verdadera justicia y el amor al prójimo (7. 9-10). La primera parte del
libro de Zacarías concluye con una serie de oráculos independientes,
pronunciados por el profeta en épocas y circunstancias diversas. Él dirige a
sus compatriotas palabras de aliento, para animarlos a reconstruir el
Santuario. El Señor colmará de bendiciones a su Pueblo, hará de Jerusalén el
centro religioso de toda la tierra y todos los pueblos acudirán a ella para
tributar homenaje al Señor. Así Zacarías amplia las perspectivas mesiánicas,
dándoles una proyección universalista semejante a la del Segundo Isaías. La cuestión del ayuno 7 1 El
cuarto año del rey Darío, el día cuatro del noveno mes, el mes de Quisleu, 2
Betel Saréser, gran mago del rey, y sus hombres enviaron una delegación para
aplacar el rostro del Señor 3 y preguntar a los sacerdotes de Las lecciones del pasado 4 La palabra del Señor me llegó en estos términos: 5
Habla a todo el pueblo del país y a los sacerdotes, diciéndoles: Si ustedes
han ayunado y se han lamentado en el quinto y el séptimo mes desde hace
setenta años, ¿es por mí que han practicado esos ayunos? 6 Y cuando comen y
beben ¿no lo hacen por ustedes mismos? 7 ¿No son estas las palabras que
proclamó el Señor por intermedio de los antiguos profetas, cuando Jerusalén
estaba habitada y tranquila, rodeada de sus ciudades, y estaban poblados el
Négueb y 8 La palabra del Señor llegó a Zacarías en estos
términos: 9 Así habla el Señor de los ejércitos: Hagan justicia de verdad,
practiquen mutuamente la fidelidad y la misericordia. 10 No opriman a la
viuda ni al huérfano, al extranjero ni al pobre, y no piensen en hacerse mal
unos a otros. 11 Pero ellos no quisieron hacer caso: se mostraron rebeldes y
endurecieron sus oídos para no oír; 12 endurecieron su corazón como el
diamante para no escuchar la instrucción y las palabras que el Señor de los
ejércitos les había dirigido por su espíritu, por intermedio de los antiguos
profetas. Entonces el Señor de los ejércitos se irritó profundamente. 13 Y
sucedió lo siguiente: Así como él llamaba y ellos no escuchaban, así también
ellos llamarán y yo no escucharé, dice el Señor de los ejércitos. 14 Yo los
esparcí como un torbellino por todas las naciones que ellos no conocían, y el
país fue devastado detrás de ellos, sin que nadie fuera ni volviera. De una
tierra de delicias, ellos hicieron una desolación. Perspectivas de la salvación mesiánica 8 1 La
palabra del Señor llegó en estos términos: 2 Así habla el Señor de los ejércitos: Siento un gran celo por Sión y ardo de pasión por ella. 3 Así habla el Señor: Yo he vuelto a Sión, y habitaré en medio de Jerusalén. Jerusalén será llamada "Ciudad de y la montaña del Señor de los ejércitos,
"Montaña Santa". 4 Así habla el Señor de los ejércitos: Los ancianos y las ancianas se sentarán de nuevo en las plazas de Jerusalén, cada uno con su bastón en la mano, a causa de sus muchos años. 5 Las plazas de la ciudad se llenarán de niños y niñas, que jugarán en ellas. 6 Si esto parece imposible a los ojos del resto de este pueblo, ¿será también imposible para mí? –oráculo del Señor de los ejércitos–. 7 Así habla el Señor de los ejércitos: Yo salvo a mi pueblo de los países del oriente, y de los países donde se pone el sol. 8 Los haré volver y habitarán en medio de Jerusalén.
Ellos serán mi Pueblo, y yo seré su Dios, en la fidelidad y en la justicia. 9 Así habla el Señor de los ejércitos: Que se
fortalezcan las manos de ustedes, los que escuchan en estos días, de la boca
de los profetas, estas palabras pronunciadas desde el día en que se pusieron
los cimientos de 14 Porque así habla el Señor de los ejércitos: Así
como yo había resuelto hacerles mal cuando sus padres me irritaban –dice el
Señor de los ejércitos– y no me arrepentí, 15 así, en cambio, decidí en estos
días hacer el bien a Jerusalén y al pueblo de Judá. ¡No teman! 16 Esto es lo que deberán practicar: díganse
mutuamente la verdad y dicten en sus puertas sentencias que restablezcan la
paz; 17 no piensen en hacerse mal unos a otros y no amen el falso juramento.
Porque yo aborrezco todo eso –oráculo del Señor–. Respuesta a la cuestión del ayuno 18 La palabra del Señor me llegó en estos términos:
19 "Así habla el Señor de los ejércitos: El ayuno del cuarto, del
quinto, del séptimo y el décimo mes se convertirán para la casa de Judá en
alegría, en gozo y en hermosas solemnidades. ¡Pero amen la verdad y la paz!". Jerusalén, centro cultual del mundo 20 Así habla el Señor de los ejércitos: Vendrán
asimismo pueblos y habitantes de muchas ciudades. 21 Los habitantes de una
ciudad irán a otra, diciendo: "Vamos a apaciguar el rostro del Señor y a
buscar al Señor de los ejércitos; yo también quiero ir". 22 Pueblos
numerosos y naciones poderosas vendrán a Jerusalén a buscar al Señor de los
ejércitos y a apaciguar el rostro del Señor. 23 Así habla el Señor de los ejércitos: En aquellos
días, diez hombres de todas las lenguas que hablan las naciones, tomarán a un
judío por el borde de sus vestiduras y le dirán: "Queremos ir con
ustedes, porque hemos oído que Dios está con ustedes". Segunda Parte del
Librode Zacarías Los seis capítulos siguientes del libro de Zacarías
difieren considerablemente de los ocho primeros. Mientras que las visiones y
los oráculos de la primera parte están fechados y son expresamente atribuidos
a Zacarías, de ahora en adelante no se menciona más a este profeta y faltan
por completo las indicaciones cronológicas. También el trasfondo histórico se
ha modificado. Ya no se habla para nada de la reconstrucción del Templo, y la
esperanza mesiánica –que antes estaba centrada en la persona de Zorobabel,
como símbolo de la restauración nacional– ahora se desplaza hacia otras
figuras de perfil menos definido: el Rey Mesías pobre y pacífico (9. 9-10),
el Buen Pastor despreciado y rechazado (11. 4-14) y el misterioso
"Traspasado" (12. 10). Con toda probabilidad, esta segunda parte
fue compuesta entre los años 330 y Estos capítulos son una recopilación de oráculos,
cuyo tema común es la decisión del Señor de establecer su reinado definitivo
sobre toda la tierra (14. 9). Con estos elementos de origen y estilo
diversos, el redactor final parece haber construido una especie de díptico,
compuesto de dos partes simétricas, que describen la instauración de la era
mesiánica siguiendo un doble movimiento: después de una primera intervención
de Dios, que culmina en un aparente fracaso (11. 15-17), la nueva Jerusalén,
liberada de sus enemigos y purificada de sus pecados, se convierte en el polo
de atracción de todos los pueblos (14. 16). A pesar de ser uno de los escritos más
desconcertantes del Antiguo Testamento, la obra del Segundo Zacarías tiene el
gran valor de haber conservado los últimos restos del profetismo bíblico. Sus
oráculos atestiguan la persistencia de la esperanza mesiánica durante la
dominación griega. Además, se debe destacar que este es uno de los Libros más
citados en los Evangelios: tres veces en el de Mateo (21. 5; 26. 31; 27.
9-10), una en el de Marcos (14. 27) y una en el de Juan (19. 37). ISRAEL
ENTRE LOS PUEBLOS En esta primera
sección, el profeta anuncia que el Señor intervendrá al fin de los tiempos y
triunfará sobre sus enemigos. Los pueblos vecinos de Judá, una vez sometidos y
purificados, serán incorporados al Pueblo de Dios (9. 1-8). Entonces
Jerusalén recibirá triunfalmente a su Rey Mesías, que establecerá el reinado
de la justicia y proclamará la paz a las naciones (9. 9-10). El mismo Señor,
como un jefe guerrero (9. 14), renovará los prodigios del Éxodo para reunir a
todos los israelitas dispersos (10. 11). Y los repatriados serán tan
numerosos, que ni Esta visión de los tiempos
mesiánicos concluye con la enigmática alegoría de los dos pastores (11.
4-17). Al representar esta doble acción simbólica, el profeta alude
probablemente a ciertos acontecimientos de su época, interpretados como un
juicio de Dios. Este juicio está expresado en la ruptura de los dos bastones
con que el buen pastor apacentaba el rebaño (11. 10, 14). Por haber rechazado
al Señor, su único y verdadero Pastor, el pueblo es puesto en manos de un
jefe despótico, que será el encargado de ejecutar la justicia divina. Pero
estos sufrimientos serán una purificación y una preparación para la nueva era
mesiánica, como parece sugerirlo la conclusión de la alegoría en 13. 7-9. El Evangelio según san
Mateo se hace eco de dos profecías que figuran en esta parte del Libro. En
primer lugar, el evangelista ve cumplido el oráculo de 9. 9-10 en la entrada
de Jesús en Jerusalén montado sobre un asno (Mt. 21. 4-5). Y en el exiguo
salario pagado al profeta, que apacienta el rebaño en nombre del Señor (11.
12), él reconoce el precio de la traición de Judas (Mt. 27. 9-10). El triunfo de Dios sobre los pueblos vecinos 9 1
Oráculo. La palabra del Señor llegó al país de Jadrac, y en Damasco está su reposo; porque al Señor pertenece la fuente de Arám, como todas las tribus de Israel, 2 y también Jamat, que está en su frontera, y Tiro y Sidón. Por su gran sabiduría, 3 Tiro se construyó una fortaleza, amontonó plata como polvo y oro fino como barro de las calles. 4 Pero el Señor va a apoderarse de eso, arrojará su poderío en el mar y ella misma será presa de las llamas. 5 Lo verá Ascalón y temerá; también Gaza, y se retorcerá de dolor, y lo mismo Ecrón, porque su esperanza quedó
defraudada; Gaza no tendrá más rey, Ascalón ya no será habitada 6 y gente bastarda se instalará en Asdod. Yo aniquilaré el orgullo del filisteo, 7 quitaré la sangre de su boca y sus abominaciones de entre sus dientes. Él también será un resto para nuestro Dios, será como un jefe en Judá, y Ecrón será como un jebuseo. 8 Yo acamparé junto a mi casa como una guardia contra los que pasan y vuelven: no pasará más entre ellos ningún opresor, porque ahora he visto con mis ojos. El Mesías humilde y pacífico 9 ¡Alégrate mucho, hija de Sión! ¡Grita de júbilo, hija de Jerusalén! Mira que tu Rey viene hacia ti; él es justo y victorioso, es humilde y está montado sobre un asno, sobre la cría de un asna. 10 Él suprimirá los carros de Efraím y los caballos de Jerusalén; el arco de guerra será suprimido y proclamará la paz a las naciones. Su dominio se extenderá de un mar hasta el otro, y desde el Río hasta los confinesde la tierra. La liberación de los cautivos 11 En cuanto a ti, por la sangre de su alianza yo libraré a tus cautivos de la fosa sin agua. 12 Vuelvan a la plaza fuerte, cautivos llenos de esperanza. Sí, hoy mismo lo declaro: yo te daré una doble compensación. 13 Porque yo tendí mi arco: es Judá; lo armé con Efraím. Lanzaré a tus hijos, Sión, contra tus hijos, Javán; te empuñaré como una espada de guerrero. 14 El Señor aparecerá sobre ellos, y su flecha partirá como el rayo. El Señor hará sonar la trompeta y avanzará en los torbellinos del sur. 15 El Señor de los ejércitos los escudará; ellos triunfarán y pisotearán las piedras de las
hondas, beberán la sangre como si fuera vino, se llenarán como la copa de la aspersión, como los ángulos del altar. 16 El Señor, su Dios, los salvará en aquel día, como al rebaño de su pueblo; como piedras de una diadema, resplandecerán sobre su tierra. 17 ¡Qué felicidad y qué hermosura! El trigo dará vigor a los jóvenes y el vino nuevo a las jóvenes. Contra la idolatría 10 1 Pidan
al Señor la lluvia en el tiempo de la primavera. El Señor es el que produce los relámpagos; él les dará una lluvia abundante, y a cada uno la hierba en su campo. 2 Porque los ídolos dan respuestas vanas, y los adivinos ven visiones engañosas, relatan sueños quiméricos y dan consuelos ilusorios. Por eso la gente ha partido como un rebaño, están afligidos porque no tienen pastor. Liberación y retorno de Israel y yo castigaré a los machos cabríos. Cuando el Señor de los ejércitos visite a su rebaño –la casa de Judá– hará de ella su caballo de honor en el combate. 4 De él saldrá de él de él el arco de guerra, de él todos los jefes. Todos juntos 5 serán como héroes, que pisotean el barro de las calles en el combate; combatirán porque el Señor estará con ellos, mientras que los jinetes quedarán confundidos. 6 Yo fortificaré a la casa de Judá y salvaré a la casa de José. Los restableceré porque tendré piedad de ellos, y serán como si yo no los hubiera rechazado, porque yo soy el Señor, su Dios, y los escucharé. 7 Efraím será como un héroe, y su corazón se alegrará como con el vino: sus hijos verán y se regocijarán, su corazón se llenará de júbilo en el Señor. 8 Les silbaré y los reuniré, porque yo los he liberado, y ellos serán tan numerosos como antes. 9 Yo los diseminé entre los pueblos, pero se acordarán de mí en las regiones lejanas, criarán a sus hijos y estos volverán. 10 Los haré volver del país de Egipto, y los congregaré de Asiria; los haré entrar en el país de Galaad y en el Líbano,
y no habrá lugar suficiente para ellos. 11 Atravesarán el mar de Egipto, él golpeará las olas en el mar, y se secarán las profundidades del Nilo. Será abatido el orgullo de Asiria, y el cetro de Egipto será arrebatado. 12 Yo los fortaleceré en el Señor, y ellos avanzarán en su Nombre –oráculo del Señor–. La ruina de las grandes potencias 11 1 Abre
tus puertas, Líbano, y que tus cedros sean presa de las llamas. 2 Gime, ciprés, porque ha caído el cedro, porque los poderosos han sido arrasados. Giman, encinas de Basán, porque ha sido abatida la selva impenetrable. 3 Escuchen el gemido de los pastores, porque ha sido arrasado su esplendor; escuchen el rugido de los leones, porque ha sido arrasado el orgullo del Jordán. Alegoría de los dos pastores 4 Así habla el Señor, mi Dios: Apacienta las ovejas
destinadas al matadero, 5 aquellas que sus compradores matan impunemente,
mientras los vendedores dicen: "¡Bendito sea el Señor, ya soy
rico!", y los pastores no se compadecen de ellas. 6 No, ya no tendré compasión
de los habitantes del país –oráculo del Señor– y entregaré a cada uno en
manos de su vecino y en manos de su rey; ellos aplastarán el país, y yo no
los libraré de sus manos. 7 Entonces apacenté las ovejas destinadas al
matadero por los traficantes de ovejas. Tomé dos bastones: a uno lo llamé
"Favor" y al otro "Vínculo". Me puse a apacentar las
ovejas, 8 e hice desaparecer a los tres pastores en un mes. Pero yo perdí la
paciencia con ellas, y ellas también se hastiaron de mí. 9 Yo dije: "¡No las apacentaré más! ¡La que
quiera morir, que muera! ¡La que quiera desaparecer, que desaparezca! ¡Y las
que queden, que se devoren entre sí!". 10 Después tomé mi bastón
"Favor", y lo quebré para romper mi pacto, el que yo había
establecido con todos los pueblos. 11 El pacto quedó roto ese día, y los
traficantes de ovejas que me observaban reconocieron que esa era una palabra
del Señor. 12 Yo les dije: "Si les parece bien, páguenme
mi salario; y si no, déjenlo". Ellos pesaron mi salario: treinta siclos
de plata. 13 Pero el Señor me dijo: "¡Echa al Tesoro ese lindo precio en
que he sido valuado por ellos!". Yo tomé los treinta siclos de plata y
los eché en el Tesoro de 15 El Señor me dijo: Toma ahora la mochila de un
pastor insensato. 16 Porque yo voy a suscitar en el país un pastor que no se
preocupará de la oveja perdida, ni buscará a la extraviada, ni curará a la
herida, ni alimentará a la sana, sino que comerá la carne de las más gordas y
les arrancará hasta las pezuñas. 17 ¡Pobre del pastor inútil que abandona el rebaño! ¡La espada caiga sobre su brazo y sobre su ojo derecho! ¡Que su brazo se seque por completo y que su ojo derecho se apague totalmente! En esta parte final, la
concepción mesiánica está más centrada sobre Jerusalén y las tradiciones
nacionales. Los que ataquen a El Libro concluye con
la descripción del combate escatológico y del futuro esplendor de Jerusalén,
inspirado en Ez. 38; 47. Finalmente, anuncia que todos "subirán año tras año a postrarse delante del
Rey, Señor de los ejércitos, y a celebrar la fiesta de las Chozas" (14.
16). Para san Juan, el "traspasado" y llorado "como
se llora al primogénito" es Jesús, cuyo costado abierto se convirtió
en la fuente por excelencia de la salvación (Jn. 19. 34, 37). Y el
Apocalipsis retoma este oráculo de Zacarías para anunciar que "por
él se golpearán el pecho todas las razas de la tierra" (Apoc. 1. 7).
A su vez, san Matero y san Marcos ponen en boca de Jesús la frase de 13. 7: "Hiere
al pastor y que se dispersen las ovejas", para referirse al abandono
de sus discípulos durante Renovación de Jerusalén y de Judá 12 1
Vaticinio. Palabra del Señor sobre Israel. Oráculo del Señor que desplegó los
cielos, cimentó la tierra y formó el espíritu del hombre en su interior. 2 Yo
haré de Jerusalén una copa de vértigo para todos los pueblos de alrededor, y
lo mismo pasará con Judá cuando asedien a Jerusalén. 3 Aquel día, yo haré de Jerusalén una piedra pesada
para todos los pueblos: todos los que intenten levantarla se desgarrarán
gravemente. Y se reunirán contra ella todas las naciones de la tierra. 4 Aquel día –oráculo del Señor– yo aturdiré a todos
los caballos y enloqueceré a sus jinetes; abriré mis ojos sobre la casa de
Judá y encegueceré a todos los pueblos. 5 Y los jefes de Judá dirán en su
corazón: "La fuerza para los habitantes de Jerusalén está en el Señor de
los ejércitos, su Dios". 6 Aquel día, yo haré a los jefes de Judá semejantes
a un brasero encendido bajo la leña, a una antorcha encendida en las
gavillas. Ellos consumirán a derecha e izquierda a todos los pueblos de
alrededor, pero Jerusalén quedará instalada en el mismo lugar. 7 El Señor
salvará primero las carpas de Judá, a fin de que la gloria de la casa de
David y la gloria de los habitantes de Jerusalén no se eleven en detrimento
de Judá. 8 Aquel día, el Señor escudará a los habitantes de
Jerusalén: el más débil entre ellos será como David, y la casa de David será
como Dios, como el Ángel del Señor al frente de ellos. La gran lamentación sobre el "Traspasado" 9 Aquel día, yo me pondré a destruir todas las
naciones que vendrán contra Jerusalén. 10 Derramaré sobre la casa de David y
sobre los habitantes de Jerusalén un espíritu de gracia y de súplica; y ellos
mirarán hacia mí. En cuanto al que ellos traspasaron, se lamentarán por él
como por un hijo único y lo llorarán amargamente como se llora al
primogénito. 11 Aquel día, habrá un gran lamento en Jerusalén,
como el lamento de Hadad Rimón, en la llanura de Meguido. 12 El país se
lamentará, familia por familia: la familia de la casa de David por su lado, y sus mujeres por su lado; la familia de la casa de Natán por su lado, y sus mujeres por su lado; 13 la familia de la casa de Leví por su lado, y sus mujeres por su lado; la familia de la casa de Semei por su lado, y sus mujeres por su lado; 14 todas las familias restantes, cada una por su
lado, y sus mujeres por su lado. La purificación del país 13 1 Aquel
día, habrá una fuente abierta para la casa de David y para los habitantes de
Jerusalén, a fin de lavar el pecado y la impureza. 2 Aquel día –oráculo del Señor de los ejércitos– yo
extirparé del país el nombre de los ídolos y no se los volverá a mencionar;
de la misma manera, expulsaré de esta tierra a los profetas y el espíritu de
impureza. 3 Y sucederá que si alguien profetiza todavía, su padre y su madre
que lo engendraron le dirán: "¡Tú no vivirás, porque has dicho una
mentira en nombre del Señor !". Y su padre y su madre, que lo
engendraron, lo traspasarán mientras profetiza. 4 Aquel día, los profetas se avergonzarán cada uno
de su visión, mientras estén profetizando, y no se pondrán más el manto de
pelos para engañar. 5 Cada uno dirá: "Yo no soy profeta, yo soy un
hombre que cultiva la tierra, porque la tierra es mi ocupación desde mi
juventud". 6 Y si se le pregunta: "¿Qué son esas heridas en tu
pecho?", él responderá: "Las he recibido en la casa de mis
amigos". El pastor herido y el rebaño purificado 7 ¡Despierta, espada, contra mi pastor y contra el hombre que me acompaña! –oráculo del Señor de los ejércitos–. Hiere al pastor y que se dispersen las ovejas, y yo volveré mi mano contra los pequeños. 8 Entonces, en todo el país –oráculo del Señor– dos tercios serán exterminados, perecerán, y sólo un tercio quedará en él. 9 Yo haré pasar ese tercio por el fuego, y los purificaré como se purifica la plata, los probaré como se prueba el oro. Él invocará mi Nombre, y yo lo escucharé; yo diré: "¡Este es mi Pueblo!" y él dirá: "¡El Señor es mi Dios!". El combate final y el esplendor de Jerusalén 14 1 Mira
que llega un día para el Señor, y tus despojos serán repartidos en medio de
ti. 2 Yo reuniré a todas las naciones para combatir contra Jerusalén. La
ciudad será tomada, las casas saqueadas y las mujeres violadas. La mitad de
la ciudad partirá para el exilio, pero el resto del pueblo no será extirpado
de la ciudad. 3 Entonces el Señor saldrá a combatir contra esas naciones,
como cuando él combate en el día de la batalla. 4 Aquel día, sus pies se
asentarán sobre el monte de los Olivos, que está frente a Jerusalén, hacia el
este. El monte de los Olivos se partirá por la mitad, de este a oeste,
formando un inmenso valle: una mitad de la montaña se retirará hacia el norte
y la otra mitad hacia el sur. 5 Y el valle de mis montañas quedará obstruido
desde Goa hasta Jasol; quedará obstruido como lo fue a causa del terremoto,
en tiempos de Ozías, rey de Judá. Y vendrá el Señor, mi Dios, y todos los
santos con él. 6 Aquel día, no habrá más astros luminosos, frío ni
hielo. 7 Será un día único –el Señor lo conoce– y no habrá día ni noche, sino
que al anochecer habrá luz. 8 Aquel día, saldrán de Jerusalén aguas vivas, la
mitad hacia el mar oriental y la otra mitad hacia el mar occidental, tanto en
verano como en invierno. 9 El Señor será rey sobre toda la tierra: aquel día,
él será el único Señor y será único su Nombre. 10 Todo el país se convertirá en una llanura, desde
Gueba hasta Rimón, al sur de Jerusalén. Y esta será encumbrada y habitada en
su mismo lugar, desde la puerta de Benjamín hasta el lugar de la puerta
Antigua, es decir, hasta la puerta de los Ángulos, y desde la torre de
Jananel hasta los Lagares del rey. 11 Se habitará en ella, y ya no habrá nada
consagrado al extermino: Jerusalén será habitada con seguridad. 12 Y el Señor castigará a todos los pueblos que
hayan hecho la guerra contra Jerusalén con esta plaga: hará que se pudra su
carne cuando todavía estén en pie, sus ojos se pudrirán en sus órbitas y su
lengua dentro de su boca. 13 Aquel día, cundirá entre ellos un pánico enorme
enviado por el Señor; cada uno agarrará la mano de su compañero y levantarán
la mano unos contra otros. 14 Judá también combatirá en Jerusalén, y se
amontonarán las riquezas de todas las naciones de alrededor: oro, plata y
ropa, en cantidad enorme. 15 Y será igual la plaga de los caballos, mulos,
camellos, asnos y de todos los animales que se encuentren en esos
campamentos: ¡será una plaga igual a aquella! 16 Y todos los sobrevivientes de todas las naciones
que hayan luchado contra Jerusalén, subirán año tras año a postrarse delante
del Rey, Señor de los ejércitos, y a celebrar la fiesta de las Chozas. 17 Y
si alguno de las familias de la tierra no sube a Jerusalén para postrarse
delante del Rey, Señor de los ejércitos, no habrá lluvia para ellos. 18 Si la
familia de Egipto no sube y no viene, caerá sobre ellos la plaga con que el
Señor herirá a las naciones que no suban para celebrar la fiesta de las
Chozas. 19 Este será el castigo de Egipto y el castigo de todas las naciones
que no suban para celebrar la fiesta de las Chozas. 20 Aquel día, los cascabeles de los caballos
llevarán esta inscripción: "Consagrado al Señor"; y las ollas de 1 4. Estas
palabras de los "antiguos profetas" se encuentran casi literalmente
en Jer. 18. 11; 25. 5; 35. 15. 7. El
"mes de Sebat" corresponde a nuestro enero-febrero. La indicación
cronológica sitúa el conjunto de las visiones a mediados de febrero del año 8. Los
caballos "negros" no aparecen mencionados en el texto hebreo. Pero
el contexto y la visión paralela de 6. 1-8 indican que los colores deben ser
cuatro, tantos como los puntos cardinales o como los cuatro vientos del
cielo. Ver Apoc. 6. 1-8. 11.
"Toda la tierra está en calma": esta paz universal era un presagio
inquietante para Israel, porque hacía pensar que nada cambiaría por el
momento. No se percibía ningún atisbo de aquella conmoción universal,
anunciada por los profetas (Ag. 2. 6, 21-23), que daría comienzo a la era
mesiánica. 12. Los
"setenta años" designan un período global, que corresponde
aproximadamente a la duración del exilio, como en Jer. 25. 11; 29. 10. 14. Ver 8.
2; nota Jl. 2. 18. 2 1. En el
Antiguo Oriente, el cuerno era símbolo de poderío. Aquí los
"cuernos" representan a las naciones enemigas de Judá. El número
"cuatro" está relacionado con los cuatro puntos cardinales (Is. 11.
12) y es símbolo de universalidad. 3. El
profeta anuncia que los enemigos de Israel serán destruidos por el poder
divino, simbolizado en la imagen de los "herreros", que descornaban
a los toros para hacerlos menos peligrosos. 5. La
medición del terreno se hace con vistas a la reconstrucción de la ciudad
(Jer. 31. 38-39; Ez. 40, 2-3; 41. 13). 8. La
visión desborda ahora el horizonte histórico inmediato -limitado a la
reconstrucción de la ciudad material- y anuncia la instauración de 9. En la
nueva Jerusalén, se renovarán de manera permanente los prodigios del Éxodo.
La "muralla de fuego" recuerda la "columna de nube y
fuego" que protegió a los israelitas a su salida de Egipto (Éx. 13. 21-22;
14. 24). La "Gloria", manifestación luminosa de la santidad y el
poder de Dios, estará siempre presente en medio de la ciudad, así como en los
tiempos del Éxodo había llenado 10. Ver
Is. 48. 20; Jer. 50. 8; 51. 6. 16. Esta
es la primera vez que aparece en 17. Ver
Sof. 1. 7; Hab. 2. 20; Apoc. 8. 1. 3 1.
En esta visión aparece un nuevo personaje: "el Adversario", en
hebreo "el Satán". Con este título no se designa aún al demonio o
espíritu del mal (Sab. 2. 24; Jn. 8. 44; Apoc. 12. 9), sino a uno de los
ángeles o miembros de la corte celestial -el antagonista del "ángel del
Señor"- cuya función consiste en acusar a los hombres ante el tribunal
de Dios. 2. Josué
es un "tizón salvado del fuego", porque ha sido rescatado de ese
inmenso incendio que fue la deportación a Babilonia. Ver Am. 4. 11. 8. Los
sacerdotes, purificados y rehabilitados en la persona del Sumo Sacerdote
Josué, son un "presagio", es decir, una especie de profecía
viviente, que preanuncia la instauración de la era mesiánica. La palabra
"Germen" es un título mesiánico (Jer. 23. 5; 33. 15). Este título
se aplica aquí a Zorobabel, el representante legítimo de la dinastía
davídica. 9. Es
difícil determinar el significado simbólico de esta "piedra"
misteriosa. Probablemente se trata de un nuevo Templo, puesto
"delante" del Sumo Sacerdote Josué y confiado a su custodia. Los
"siete ojos" representarían entonces la presencia providente de
Dios, que vela sobre su Pueblo desde lo más íntimo del Santuario. 10. Ver 1
Rey. 5. 5; Miq. 4. 4. 4 3. Según
el v. 14, los "dos olivos" son los "dos Ungidos", es
decir, Zorobabel y Josué. 10b. Como
las "siete lámparas" representan los "ojos del Señor", es
probable que el candelabro descrito en el v. 2 sea un símbolo del mismo Dios,
que no deja de velar por la restauración de su Pueblo. 14. Los
"dos Ungidos", literalmente los "dos hijos del óleo", son
los dos jefes de la comunidad futura: Josué, el Sumo Sacerdote consagrado
para el culto, y Zorobabel, el príncipe de la dinastía davídica, a quien los
repatriados esperaban ver ungido rey y entronizado como un nuevo David. 7. La
"gran montaña" es casi seguramente, esa inmensa mole de escombros
que se habían acumulado sobre el área del Templo, cuando este fue destruido
por los babilonios (2 Rey. 25. 8-9). 5 1. Un
"rollo", es decir, un largo pliego de cuero o de papiro, que se
enrollaba una vez escrito. 2. Las
dimensiones del "rollo" coinciden con las del vestíbulo del Templo
salomónico (1 Rey 6. 3). Esta coincidencia sugiere que la maldición escrita
en él afecta a todos aquellos que, a causa de sus pecados, tienen vedado el
acceso al Santuario. Ver Sal. 15; 24. 3-5. 6. Un
"recipiente": en hebreo, un "efá", medida de capacidad
equivalente a unos cuarenta y cinco litros. 7-8. La
tapa de "plomo" que cierra el recipiente significa que la
"Maldad" no dominará más en Judá. 11. La
"Maldad", desterrada de 6 1.
"De entre las dos montañas": Zacarías se vale de un símbolo
conocido de sus lectores para indicar el carácter celestial de la visión.
Según la mitología del Antiguo Oriente, estas dos montañas señalaban la
entrada a la morada de los dioses. 2-6. Ver
1.8. Los "caballos rojos" que avanzan hacia el "oriente" no
son mencionados en el texto hebreo. Pero su inclusión parece necesaria para
completar el número de los puntos cardinales. 11. La
"corona", símbolo de la realeza (Sal. 21. 4; 89. 40; Jer. 13. 18;
Lam. 5. 16; Ez. 21. 31; Est. 6. 8), solo podía estar destinada al legítimo
representante de la dinastía davídica, es decir, a Zorobabel (3. 8; Ag. 2.
23). Pero cuando se desvanecieron las esperanzas de restaurar la monarquía
independiente y toda la autoridad se concentró en la persona del Sumo
Sacerdote, un escriba inspirado suplantó el nombre de Zorobabel por el de
Josué, para adaptar el texto a la nueva situación. 7 1-2. La
fecha corresponde a los meses de noviembre-diciembre del año 3-5. El
ayuno del "quinto mes" conmemoraba la destrucción de Jerusalén y
del Templo en el "Setenta años" es una cifra redonda, que
abarca el período comprendido entre el 587 y el 7. El
"Négueb" es la región meridional de Judá. La "Sefelá"
comprendía las tierras bajas entre las montañas de Judá y la llanura costera
del Mediterráneo. 10. Ver
Éx. 22. 20-23; Lev. 19. 33-34; Deut. 24. 17-18; 27. 19. 14. Ver
Deut. 4. 27; 28. 36, 64; Jer. 15. 14; 16. 13; 17. 4. 8 2. Ver
1. 14. 3. "Ciudad
de 4. Ver Is.
65. 20. 6. Ver Gn.
18. 14; Jer. 32. 17, 27; Mt. 19. 26; Lc. 1. 37. 7. Ver 2.
10-14. 8. Ver 1.
14; Jer. 31. 33; Ez. 37. 23; Jl. 2. 18. 19. El
profeta responde aquí a la cuestión planteada en 7. 3. Además de los ayunos
mencionados en 7. 3-5, señala otros dos días de duelo nacional: el del
"cuarto mes", instituido para rememorar la abertura de una brecha
en los muros de Jerusalén por parte de los caldeos (2 Rey. 25. 3-4; Jer. 39.
2; 52. 6-7), y el del "décimo mes", que recordaba el comienzo del
asedio (2 Rey. 25. 1; Jer. 39. 1; 52. 4). 9 1-8. El
itinerario seguido por el Señor es paralelo al de Alejandro Magno en su
conquista de Egipto, después de su victoria decisiva sobre los persas en el 1. "Jadrac"
era la capital de un principado arameo, al norte de Siria. 3. Ver Ez.
27. 2-27. 4. Ver Ez.
27. 34. 5. Estas
ciudades, lo mismo que Asdod (v. 6), formaban parte de la confederación
filistea (Am. 1. 6-8; Sof. 2. 4). 6. "Gente
bastarda": esta expresión designa aquí a una población mestiza (Deut.
23. 3; Neh. 13. 23-27). Los filisteos ya no podrán sentirse orgullosos de la
pureza de su raza, porque colonos provenientes de otras regiones ocuparán sus
ciudades. 7. El
profeta se refiere a la costumbre filistea de comer la carne con su
"sangre", es decir, no desangrada según el rito establecido por 8. En este
contexto, la "casa" del Señor no es el Templo sino toda 9. La
esperanza mesiánica de Israel es expresada en este oráculo de una forma
inusitada. El Mesías estará investido de la dignidad real, pero será un rey
"humilde", que realizará en su persona el ideal de los "pobres
del Señor" descrito en Sof. 2. 3. Al entrar "montado sobre un
asno" y no a caballo o en un carro de guerra, se presenta simbólicamente
como el "Príncipe de la paz" (Is. 9. 5). Ver Mt 21. 4-5. 10. "Efraím"
y "Jerusalén" representan a Israel, el antiguo reino del Norte, y a
Judá, el reino del Sur, que volverán a unirse en el Reino mesiánico. 11. Al
hacer esta promesa, el Señor confirma su fidelidad a 13. "Javán":
ver nota Jl. 4. 6. 10 3. Estos
"pastores" no son los jefes de Israel, sino los reyes extranjeros,
que maltrataron al Pueblo de Dios. 4. " 11 4. Las
"ovejas" son el pueblo de Israel víctima de la codicia y venalidad
de sus malos pastores. Ver Jer. 23. 1-2; Ez. 34. 1-10. 7. Los
"dos bastones" simbolizan, respectivamente, la seguridad de Israel
frente a las naciones extranjeras (v. 10) y la paz interior entre las tribus
(v. 14). 8. Resulta
imposible identificar con certeza a estos "tres pastores". Probablemente
se trata de tres sumos sacerdotes, desaparecidos en muy poco tiempo. 12. Este
exiguo "salario" es una señal de desprecio, ya que esa suma se
pagaba por el rescate de un esclavo (Éx. 21. 32). Ver Mt. 27. 9. 14. Esta
ruptura de la "fraternidad" podría referirse a la separación
definitiva de Jerusalén y Samaría, hacia el 15. Este
gesto simbólico anuncia la llegada de un mal pastor -probablemente un nuevo
Sumo Sacerdote- que al fin recibirá el castigo merecido. 12 2. Ver
Is. 51. 22; Jer. 25. 15; Hab. 2. 16. 10. La
frase central de este versículo también se podría traducir: "Entonces
mirarán hacia mí, a quien ellos traspasaron". En esta versión, el Señor
se identifica hasta tal punto con su enviado, que él mismo se siente herido
en lo más íntimo por aquella muerte violenta. Ver Jn. 19. 37; Apoc. 1. 7. 11. El
profeta alude al duelo ritual que se celebraba cada año en honor de
"Hadad Rimón", dios fenicio de la vegetación. Ver nota Ez. 8. 14. 13 1. Ver
Ez. 47. 1. 3. Ver
Deut. 18. 20. 4. Ver 2
Rey. 1. 8. 6. Los
miembros de las antiguas corporaciones proféticas solían hacerse incisiones y
tatuajes en el cuerpo, que eran su signo distintivo ( 1 Rey. 18. 28). Al
verse delatado por esas marcas, el falso profeta responde con una evasiva. 7. Todo
este pasaje sobre el "pastor" parece ser la conclusión de la
alegoría de 11. 4-17. Ver Mt. 26. 31. 14 5. También
el libro de Amós (1. 1) menciona un "terremoto" acaecido en tiempos
del rey Ozías, hacía el 7. Ver
Apoc. 22. 5. 8. Ver Ez.
47. 1-12; Jl. 4. 18. 11. Ver
Apoc. 22. 3. 20. Ver
Éx. 28. 36. 21. En |
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Brant |
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