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Caminando con Jesús Pedro Sergio Antonio Donoso Brant Edición especial comentada para ayudar a
comprender mejor las Sagradas Escrituras |
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Este Evangelio fue compuesto por un discípulo o, más
exactamente, un "intérprete" del Apóstol Pedro, cuyo nombre completo
era JUAN MARCOS. Es el más antiguo, el primero que fue puesto por escrito,
cerca del año 70 de nuestra era, y es también el más breve. Como está dirigido a cristianos provenientes del
paganismo, que no conocían las costumbres judías, Marcos se las explica y,
asimismo, traduce las expresiones arameas que utiliza en varias ocasiones. Su
estilo es vivo y popular, y está lleno de espontaneidad, aunque su lenguaje
es pobre y rudimentario. El Evangelio de Marcos contiene pocos discursos, y
se interesa más por las acciones que por las palabras de Jesús. En cambio,
los relatos se desarrollan con abundancia de detalles, y en ellos Jesús
aparece con las reacciones propias de un ser humano. Marcos destaca
especialmente la humanidad de Jesús y, a partir de ella, nos lleva
progresivamente a descubrir en él al Hijo de Dios. Porque detrás de su
Persona se esconde un gran "secreto", el secreto
"mesiánico", que sólo se revela en su Muerte y su Resurrección. Únicamente en la cruz está la respuesta a la gran
pregunta latente a lo largo de todo este Evangelio: "¿Quién es Jesús de
Nazaret?". Ciertamente, no es el Mesías glorioso que esperaban sus
contemporáneos, sino el Mesías crucificado. La cruz era el camino obligado
para llegar a PREPARACIÓN DEL
MINISTERIO DE JESÚS Marcos, lo mismo que
Juan, no hace ninguna referencia a la infancia de Jesús, como lo hacen Mateo
y Lucas. Su Evangelio comienza abruptamente con la predicación de Juan el
Bautista. Este bautiza con agua y atrae a la multitud, pero anuncia la
llegada del que es "más
poderoso" (1. 7): sólo él bautizará "con el Espíritu
Santo" (1. 8). Desde el primer
momento, Marcos nos dice claramente quién es Jesús. Ya en la escena de su
bautismo pone bien de relieve la manifestación del Padre que lo declara su "Hijo muy querido" (1. 11). La brevedad
con que Marcos narra la tentación del Señor en el desierto, nos ayuda a
penetrar en el aspecto esencial del hecho: la lucha y la victoria de Cristo
contra el espíritu del mal, que es uno de los temas centrales de este
Evangelio. La predicación de Juan el Bautista Mt. 3. 1-6, 11-12 Lc. 3. 3-6, 15-16Jn. 1. 23, 26-27 1 1
Comienzo de Mira, yo envío a mi
mensajero delante de ti para prepararte el
camino. 3 Una voz grita en el
desierto: Preparen el camino del
Señor, allanen sus senderos, 4 así se presentó Juan el Bautista en el desierto,
proclamando un bautismo de conversión para el perdón de los pecados. 5 Toda
la gente de Judea y todos los habitantes de Jerusalén acudían a él, y se
hacían bautizar en las aguas del Jordán, confesando sus pecados. 6 Juan estaba vestido con una piel de camello y un
cinturón de cuero, y se alimentaba con langostas y miel silvestre. Y
predicaba, diciendo: 7 "Detrás de mí vendrá el que es más poderoso que
yo, y yo ni siquiera soy digno de ponerme a sus pies para desatar la correa
de sus sandalias. 8 Yo los he bautizado a ustedes con agua, pero él los
bautizará con el Espíritu Santo". El bautismo de Jesús Mt. 3. 13-17 Lc. 3. 21-22 9 En aquellos días, Jesús llegó desde Nazaret de
Galilea y fue bautizado por Juan en el Jordán. 10 Y al salir del agua, vio
que los cielos se abrían y que el Espíritu Santo descendía sobre él como una
paloma; 11 y una voz desde el cielo dijo: "Tú eres mi Hijo muy querido,
en ti tengo puesta toda mi predilección". La tentación de Jesús en el desierto Mt. 4. 1-11 Lc. 4. 1-13 12 En seguida el Espíritu lo llevó al desierto, 13
donde estuvo cuarenta días y fue tentado por Satanás. Vivía entre las fieras,
y los ángeles lo servían. Jesús viene a proclamar
" En primer lugar, Cristo
proclama su Evangelio en la región de Galilea. Lo hace por medio de
comparaciones, las "parábolas", y a través de obras admirables, los
"milagros". Muchos comienzan a seguir a Jesús. Entre ellos, y para
colaborar en su ministerio, él elige a "los
Doce" (3. 16), que serán sus Apóstoles. Pero ya asoma en el horizonte
la oposición de la gente más "religiosa" de su época. Marcos
destaca esa oposición en cinco "controversias" muy significativas,
que preludian la muerte de Jesús. El comienzo de la predicación de Jesús Mt. 4. 12-17 Lc. 4. 14-15 14 Después que Juan fue arrestado, Jesús se dirigió a
Galilea. Allí proclamaba Los primeros discípulos Mt. 4. 18-22 Lc. 5. 1-11 16 Mientras iba por la orilla del mar de Galilea,
vio a Simón y a su hermano Andrés, que echaban las redes en el agua, porque
eran pescadores. 17 Jesús les dijo: "Síganme, y yo los haré pescadores
de hombres". 18 Inmediatamente, ellos dejaron sus redes y lo siguieron. 19 Y avanzando un poco, vio a Santiago, hijo de
Zebedeo, y a su hermano Juan, que estaban también en su barca arreglando las
redes. En seguida los llamó, 20 y ellos, dejando en la barca a su padre
Zebedeo con los jornaleros, lo siguieron. Enseñanza de Jesús en la sinagoga de Cafarnaún Lc. 4. 31-32 Mt. 7. 28-29 21 Entraron en Cafarnaún, y cuando llegó el sábado,
Jesús fue a la sinagoga y comenzó a enseñar. 22 Todos estaban asombrados de
su enseñanza, porque les enseñaba como quien tiene autoridad y no como los
escribas. Curación de un endemoniado Lc. 4. 33-37 23 Y había en la sinagoga un hombre poseído de un
espíritu impuro, que comenzó a gritar: 24 "¿Qué quieres de nosotros,
Jesús Nazareno? ¿Has venido para acabar con nosotros? Ya sé quién eres: el
Santo de Dios". 25 Pero Jesús lo increpó, diciendo: "Cállate y sal
de este hombre". 26 El espíritu impuro lo sacudió violentamente y, dando
un gran alarido, salió de ese hombre. 27 Todos quedaron asombrados y se
preguntaban unos a otros: "¿Qué es esto? ¡Enseña de una manera nueva,
llena de autoridad; da órdenes a los espíritus impuros, y estos le
obedecen!". 28 Y su fama se extendió rápidamente por todas partes, en
toda la región de Galilea. Curación de la suegra de Pedro Mt. 8. 14-15 Lc. 4. 38-39 29 Cuando salió de la sinagoga, fue con Santiago y
Juan a casa de Simón y Andrés. 30 La suegra de Simón estaba en cama con
fiebre, y se lo dijeron de inmediato. 31 Él se acercó, la tomó de la mano y
la hizo levantar. Entonces ella no tuvo más fiebre y se puso a servirlos. Diversas curaciones Mt. 8. 16 Lc. 4. 40-41 32 Al atardecer, después de ponerse el sol, le
llevaron a todos los enfermos y endemoniados, 33 y la ciudad entera se reunió
delante de la puerta. 34 Jesús curó a muchos enfermos, que sufrían de
diversos males, y expulsó a muchos demonios; pero a estos no los dejaba
hablar, porque sabían quién era él. La misión de Jesús Lc. 4. 42-44 35 Por la mañana, antes que amaneciera, Jesús se
levantó, salió y fue a un lugar desierto; allí estuvo orando. 36 Simón salió
a buscarlo con sus compañeros, 37 y cuando lo encontraron, le dijeron:
"Todos te andan buscando". 38 Él les respondió: "Vayamos a
otra parte, a predicar también en las poblaciones vecinas, porque para eso he
salido". 39 Y fue predicando en las sinagogas de toda Curación de un leproso Mt. 8. 2-4 Lc. 5. 12-14 40 Entonces se le acercó un leproso para pedirle
ayuda y, cayendo de rodillas, le dijo: "Si quieres, puedes
purificarme". 41 Jesús, conmovido, extendió la mano y lo tocó, diciendo:
"Lo quiero, queda purificado". 42 En seguida la lepra desapareció y
quedó purificado. 43 Jesús lo despidió, advirtiéndole severamente: 44
"No le digas nada a nadie, pero ve a presentarte al sacerdote y entrega
por tu purificación la ofrenda que ordenó Moisés, para que les sirva de testimonio".
45 Sin embargo, apenas se fue, empezó a proclamarlo a todo el mundo,
divulgando lo sucedido, de tal manera que Jesús ya no podía entrar
públicamente en ninguna ciudad, sino que debía quedarse afuera, en lugares
desiertos. Y acudían a él de todas partes. Curación de un paralítico Mt. 9. 1-8 Lc. 5. 17-26 2 1 Unos
días después, Jesús volvió a Cafarnaún y se difundió la noticia de que estaba
en la casa. 2 Se reunió tanta gente, que no había más lugar ni siquiera delante
de la puerta, y él les anunciaba 6 Unos escribas que estaban sentados allí pensaban
en su interior: 7 "¿Qué está diciendo este hombre? ¡Está blasfemando!
¿Quién puede perdonar los pecados, sino sólo Dios?". 8 Jesús,
advirtiendo en seguida que pensaban así, les dijo: "¿Qué están pensando?
9 ¿Qué es más fácil, decir al paralítico: "Tus pecados te son
perdonados", o "Levántate, toma tu camilla y camina"? 10 Para
que ustedes sepan que el Hijo del hombre tiene sobre la tierra el poder de
perdonar los pecados 11 –dijo al paralítico– yo te lo mando, levántate, toma
tu camilla y vete a tu casa". 12 Él se levantó en seguida, tomó su
camilla y salió a la vista de todos. La gente quedó asombrada y glorificaba a
Dios, diciendo: "Nunca hemos visto nada igual". El llamado de Leví Mt. 9. 9 Lc. 5. 27-28 13 Jesús salió nuevamente a la orilla del mar; toda la
gente acudía allí, y él les enseñaba. 14 Al pasar vio a Leví, hijo de Alfeo,
sentado a la mesa de recaudación de impuestos, y le dijo:
"Sígueme". Él se levantó y lo siguió. La actitud de Jesús hacia los pecadores Mt. 9. 10-13 Lc. 5. 29-32 15 Mientras Jesús estaba comiendo en su casa, muchos
publicanos y pecadores se sentaron a comer con él y sus discípulos; porque
eran muchos los que lo seguían. 16 Los escribas del grupo de los fariseos, al
ver que comía con pecadores y publicanos, decían a los discípulos: "¿Por
qué come con publicanos y pecadores?". 17 Jesús, que había oído, les
dijo: "No son los sanos los que tienen necesidad del médico, sino los
enfermos. Yo no he venido a llamar a los justos, sino a los pecadores". Discusión sobre el ayuno Mt. 9. 14-17 Lc. 5. 33-39 18 Un día en que los discípulos de Juan y los
fariseos ayunaban, fueron a decirle a Jesús: "¿Por qué tus discípulos no
ayunan, como lo hacen los discípulos de Juan y los discípulos de los
fariseos?". 19 Jesús les respondió: "¿Acaso los amigos del esposo
pueden ayunar cuando el esposo está con ellos? Es natural que no ayunen,
mientras tienen consigo al esposo. 20 Llegará el momento en que el esposo les
será quitado, y entonces ayunarán. 21 Nadie usa un pedazo de género nuevo para remendar
un vestido viejo, porque el pedazo añadido tira del vestido viejo y la rotura
se hace más grande. 22 Tampoco se pone vino nuevo en odres viejos, porque
hará reventar los odres, y ya no servirán más ni el vino ni los odres. ¡A
vino nuevo, odres nuevos!". Discusión sobre el sábado Mt. 12. 1-8 Lc. 6. 1-5 23 Un sábado en que Jesús atravesaba unos sembrados,
sus discípulos comenzaron a arrancar espigas al pasar. 24 Entonces los
fariseos le dijeron: "¡Mira! ¿Por qué hacen en sábado lo que no está
permitido?". 25 Él les respondió: "¿Ustedes no han leído nunca lo
que hizo David, cuando él y sus compañeros se vieron obligados por el hambre,
26 cómo entró en Curación de un hombre en sábado Mt. 12. 9-14 Lc. 6. 6-11 3 1 Jesús
entró nuevamente en una sinagoga, y había allí un hombre que tenía una mano
paralizada. 2 Los fariseos observaban atentamente a Jesús para ver si lo
curaba en sábado, con el fin de acusarlo. 3 Jesús dijo al hombre de la mano
paralizada: "Ven y colócate aquí delante". 4 Y les dijo:
"¿Está permitido en sábado hacer el bien o el mal, salvar una vida o
perderla?". Pero ellos callaron. 5 Entonces, dirigiendo sobre ellos una
mirada llena de indignación y apenado por la dureza de sus corazones, dijo al
hombre: "Extiende tu mano". Él la extendió y su mano quedó curada.
6 Los fariseos salieron y se confabularon con los herodianos para buscar la
forma de acabar con él. La multitud sigue a Jesús Mt. 4. 25; 12. 15-16 Lc. 6. 17-19 7 Jesús se retiró con sus discípulos a la orilla del
mar, y lo siguió mucha gente de Galilea. 8 Al enterarse de lo que hacía,
también fue a su encuentro una gran multitud de Judea, de Jerusalén, de
Idumea, de Institución de los Doce Mt. 10. 1-4 Lc. 6. 12-16 13 Después subió a la montaña y llamó a su lado a
los que quiso. Ellos fueron hacia él, 14 y Jesús instituyó a Doce para que
estuvieran con él, y para enviarlos a predicar 15 con el poder de expulsar a
los demonios. 16 Así instituyó a los Doce: Simón, al que puso el sobrenombre
de Pedro; 17 Santiago, hijo de Zebedeo, y Juan, hermano de Santiago, a los
que dio el nombre de Boanerges, es decir, hijos del trueno; 18 luego, Andrés,
Felipe, Bartolomé, Mateo, Tomás, Santiago, hijo de Alfeo, Tadeo, Simón, el
Cananeo, 19 y Judas Iscariote, el mismo que lo entregó. La actitud de los parientes de Jesús 20 Jesús regresó a la casa, y de nuevo se juntó
tanta gente que ni siquiera podían comer. 21 Cuando sus parientes se
enteraron, salieron para llevárselo, porque decían: "Es un
exaltado". Jesús y Belzebul Mt. 9. 34; 12. 24-29 Lc. 11. 15-22 22 Los escribas que habían venido de Jerusalén
decían: "Está poseído por Belzebul y expulsa a los demonios por el poder
del Príncipe de los demonios". 23 Jesús los llamó y por medio de
comparaciones les explicó: "¿Cómo Satanás va a expulsar a Satanás? 24 Un
reino donde hay luchas internas no puede subsistir. 25 Y una familia dividida
tampoco puede subsistir. 26 Por lo tanto, si Satanás se dividió, levantándose
contra sí mismo, ya no puede subsistir, sino que ha llegado a su fin. 27 Pero
nadie puede entrar en la casa de un hombre fuerte y saquear sus bienes, si
primero no lo ata. Sólo así podrá saquear la casa. La blasfemia contra el Espíritu Santo Mt. 12. 31-32 Lc. 12. 10 28 Les aseguro que todo será perdonado a los
hombres: todos los pecados y cualquier blasfemia que profieran. 29 Pero el que
blasfeme contra el Espíritu Santo, no tendrá perdón jamás: es culpable de
pecado para siempre". 30 Jesús dijo esto porque ellos decían: "Está
poseído por un espíritu impuro". La verdadera familia de Jesús Mt. 12. 46-50 Lc. 8. 19-21 31 Entonces llegaron su madre y sus hermanos y,
quedándose afuera, lo mandaron llamar. 32 La multitud estaba sentada
alrededor de Jesús, y le dijeron: "Tu madre y tus hermanos te buscan ahí
afuera". 33 Él les respondió: "¿Quién es mi madre y quiénes son mis
hermanos?". 34 Y dirigiendo su mirada sobre los que estaban sentados
alrededor de él, dijo: "Estos son mi madre y mis hermanos. 35 Porque el
que hace la voluntad de Dios, ese es mi hermano, mi hermana y mi madre". La parábola del sembrador Mt. 13. 1-9 Lc. 8. 4-8 4 1 Jesús
comenzó a enseñar de nuevo a orillas del mar. Una gran multitud se reunió
junto a él, de manera que debió subir a una barca dentro del mar, y sentarse
en ella. Mientras tanto, la multitud estaba en la orilla. 2 Él les enseñaba
muchas cosas por medio de parábolas, y esto era lo que les enseñaba: 3
"¡Escuchen! El sembrador salió a sembrar. 4 Mientras sembraba, parte de
la semilla cayó al borde del camino, y vinieron los pájaros y se la comieron.
5 Otra parte cayó en terreno rocoso, donde no tenía mucha tierra, y brotó en
seguida porque la tierra era poco profunda; 6 pero cuando salió el sol, se
quemó y, por falta de raíz, se secó. 7 Otra cayó entre las espinas; estas
crecieron, la sofocaron, y no dio fruto. 8 Otros granos cayeron en buena
tierra y dieron fruto: fueron creciendo y desarrollándose, y rindieron ya el
treinta, ya el sesenta, ya el ciento por uno". 9 Y decía: "¡El que
tenga oídos para oír, que oiga!". Finalidad de las parábolas Mt. 13. 10-11, 13 Lc. 8. 9-10 10 Cuando se quedó solo, los que estaban alrededor
de él junto con los Doce, le preguntaban por el sentido de las parábolas. 11
Y Jesús les decía: "A ustedes se les ha confiado el misterio del Reino
de Dios; en cambio, para los de afuera, todo es parábola, miren y no vean, oigan y no entiendan, no sea que se
conviertan y alcancen el
perdón". Explicación de la parábola del sembrador Mt. 13. 18-23 Lc. 8. 11-15 13 Jesús les dijo: "¿No entienden esta
parábola? ¿Cómo comprenderán entonces todas las demás? 14 El sembrador
siembra El ejemplo de la lámpara Mt. 5. 15; 10. 26 Lc. 8. 16-17 21 Jesús les decía: "¿Acaso se trae una lámpara
para ponerla debajo de un cajón o debajo de la cama? ¿No es más bien para
colocarla sobre el candelero? 22 Porque no hay nada oculto que no deba ser
revelado y nada secreto que no deba manifestarse. 23 ¡Si alguien tiene oídos
para oír, que oiga!". El ejemplo de la medida Mt. 7. 2 Lc. 6. 38 Mt. 13. 12; 25. 29 Lc. 8. 18 24 Y les decía: "¡Presten atención a lo que
oyen! La medida con que midan se usará para ustedes, y les darán más todavía.
25 Porque al que tiene, se le dará, pero al que no tiene, se le quitará aun
lo que tiene". La parábola de la semilla que crece por sí sola 26 Y decía: "El Reino de Dios es como un hombre
que echa la semilla en la tierra: 27 sea que duerma o se levante, de noche y
de día, la semilla germina y va creciendo, sin que él sepa cómo. 28 La tierra
por sí misma produce primero un tallo, luego una espiga, y al fin grano
abundante en la espiga. 29 Cuando el fruto está a punto, él aplica en seguida
la hoz, porque ha llegado el tiempo de la cosecha". La parábola del grano de mostaza Mt. 13. 31-32 Lc. 13. 18-19 30 También decía: "¿Con qué podríamos comparar el
Reino de Dios? ¿Qué parábola nos servirá para representarlo? 31 Se parece a
un grano de mostaza. Cuando se la siembra, es la más pequeña de todas las
semillas de la tierra, 32 pero, una vez sembrada, crece y llega a ser la más
grande de todas las hortalizas, y extiende tanto sus ramas que los pájaros
del cielo se cobijan a su sombra". La enseñanza por medio de parábolas Mt. 13. 34-35 33 Y con muchas parábolas como estas les anunciaba La tempestad calmada Mt. 8. 23-27 Lc. 8. 22-25 35 Al atardecer de ese mismo día, les dijo:
"Crucemos a la otra orilla". 36 Ellos, dejando a la multitud, lo
llevaron a la barca, así como estaba. Había otras barcas junto a la suya. 37
Entonces se desató un fuerte vendaval, y las olas entraban en la barca, que
se iba llenando de agua. 38 Jesús estaba en la popa, durmiendo sobre el
cabezal. 39 Lo despertaron y le dijeron: "¡Maestro! ¿No te importa que
nos ahoguemos?". Despertándose, él increpó al viento y dijo al mar:
"¡Silencio! ¡Cállate!". El viento se aplacó y sobrevino una gran
calma. 40 Después les dijo: "¿Por qué tienen miedo? ¿Cómo no tienen fe?".
41 Entonces quedaron atemorizados y se decían unos a otros: "¿Quién es
este, que hasta el viento y el mar le obedecen?". Curación del endemoniado de Gerasa Mt. 8. 28-34 Lc. 8. 26-39 5 1
Llegaron a la otra orilla del mar, a la región de los gerasenos. 2 Apenas
Jesús desembarcó, le salió al encuentro desde el cementerio un hombre poseído
por un espíritu impuro. 3 Él habitaba en los sepulcros, y nadie podía
sujetarlo, ni siquiera con cadenas. 4 Muchas veces lo habían atado con
grillos y cadenas, pero él había roto las cadenas y destrozado los grillos, y
nadie podía dominarlo. 5 Día y noche, vagaba entre los sepulcros y por la
montaña, dando alaridos e hiriéndose con piedras. 6 Al ver de lejos a Jesús, vino corriendo a
postrarse ante él, 7 gritando con fuerza: "¿Qué quieres de mí, Jesús,
Hijo de Dios, el Altísimo? ¡Te conjuro por Dios, no me atormentes!". 8
Porque Jesús le había dicho: "¡Sal de este hombre, espíritu
impuro!". 9 Después le preguntó: "¿Cuál es tu nombre?". Él
respondió: "Mi nombre es Legión, porque somos muchos". 10 Y le
rogaba con insistencia que no lo expulsara de aquella región. 11 Había allí una gran piara de cerdos que estaba
paciendo en la montaña. 12 Los espíritus impuros suplicaron a Jesús:
"Envíanos a los cerdos, para que entremos en ellos". 13 Él se lo
permitió. Entonces los espíritus impuros salieron de aquel hombre, entraron
en los cerdos, y desde lo alto del acantilado, toda la piara –unos dos mil
animales– se precipitó al mar y se ahogó. 14 Los cuidadores huyeron y difundieron la noticia
en la ciudad y en los poblados. La gente fue a ver qué había sucedido. 15
Cuando llegaron a donde estaba Jesús, vieron sentado, vestido y en su sano
juicio, al que había estado poseído por aquella Legión, y se llenaron de
temor. 16 Los testigos del hecho les contaron lo que había sucedido con el
endemoniado y con los cerdos. 17 Entonces empezaron a pedir a Jesús que se
alejara de su territorio. 18 En el momento de embarcarse, el hombre que había
estado endemoniado le pidió que lo dejara quedarse con él. 19 Jesús no se lo
permitió, sino que le dijo: "Vete a tu casa con tu familia, y anúnciales
todo lo que el Señor hizo contigo al compadecerse de ti". 20 El hombre
se fue y comenzó a proclamar por la región de Curación de una mujer y resurrección de la hija de
Jairo Mt. 9. 18-26 Lc. 8. 40-56 21 Cuando Jesús regresó en la barca a la otra
orilla, una gran multitud se reunió a su alrededor, y él se quedó junto al
mar. 22 Entonces llegó uno de los jefes de la sinagoga, llamado Jairo, y al
verlo, se arrojó a sus pies, 23 rogándole con insistencia: "Mi hijita se
está muriendo; ven a imponerle las manos, para que se cure y viva". 24
Jesús fue con él y lo seguía una gran multitud que lo apretaba por todos lados. 25 Se encontraba allí una mujer que desde hacía doce
años padecía de hemorragias. 26 Había sufrido mucho en manos de numerosos
médicos y gastado todos sus bienes sin resultado; al contrario, cada vez
estaba peor. 27 Como había oído hablar de Jesús, se le acercó por detrás,
entre la multitud, y tocó su manto, 28 porque pensaba: "Con sólo tocar
su manto quedaré curada". 29 Inmediatamente cesó la hemorragia, y ella
sintió en su cuerpo que estaba curada de su mal. 30 Jesús se dio cuenta en
seguida de la fuerza que había salido de él, se dio vuelta y, dirigiéndose a
la multitud, preguntó: "¿Quién tocó mi manto?". 31 Sus discípulos
le dijeron: "¿Ves que la gente te aprieta por todas partes y preguntas
quién te ha tocado?". 32 Pero él seguía mirando a su alrededor, para ver
quién había sido. 33 Entonces la mujer, muy asustada y temblando, porque
sabía bien lo que le había ocurrido, fue a arrojarse a sus pies y le confesó
toda la verdad. 34 Jesús le dijo: "Hija, tu fe te ha salvado. Vete en
paz, y queda curada de tu enfermedad". 35 Todavía estaba hablando, cuando llegaron unas
personas de la casa del jefe de la sinagoga y le dijeron: "Tu hija ya
murió; ¿para qué vas a seguir molestando al Maestro?". 36 Pero Jesús,
sin tener en cuenta esas palabras, dijo al jefe de la sinagoga: "No
temas, basta que creas". 37 Y sin permitir que nadie lo acompañara,
excepto Pedro, Santiago y Juan, el hermano de Santiago, 38 fue a casa del
jefe de la sinagoga. Allí vio un gran alboroto, y gente que lloraba y
gritaba. 39 Al entrar, les dijo: "¿Por qué se alborotan y lloran? La
niña no está muerta, sino que duerme". 40 Y se burlaban de él. Pero
Jesús hizo salir a todos, y tomando consigo al padre y a la madre de la niña,
y a los que venían con él, entró donde ella estaba. 41 La tomó de la mano y le
dijo: "Talitá kum", que significa: "¡Niña, yo te lo
ordeno, levántate!". 42 En seguida la niña, que ya tenía doce años, se
levantó y comenzó a caminar. Ellos, entonces, se llenaron de asombro, 43 y él
les mandó insistentemente que nadie se enterara de lo sucedido. Después dijo
que dieran de comer a la niña. Visita de Jesús a Nazaret Mt. 13. 53-58 Lc. 4. 16-24 6 1 Jesús
salió de allí y se dirigió a su pueblo, seguido de sus discípulos. 2 Cuando
llegó el sábado, comenzó a enseñar en la sinagoga, y la multitud que lo
escuchaba estaba asombrada y decía: "¿De dónde saca todo esto? ¿Qué
sabiduría es esa que le ha sido dada y esos grandes milagros que se realizan
por sus manos? 3 ¿No es acaso el carpintero, el hijo de María, hermano de
Santiago, de José, de Judas y de Simón? ¿Y sus hermanas no viven aquí entre
nosotros?". Y Jesús era para ellos un motivo de tropiezo. 4 Por eso les
dijo: "Un profeta es despreciado solamente en su pueblo, en su familia y
en su casa". 5 Y no pudo hacer allí ningún milagro, fuera de curar a
unos pocos enfermos, imponiéndoles las manos. 6 Y él se asombraba de su falta
de fe. Misión de los Doce Mt. 10. 1, 9-14 Lc. 9. 1-6 Jesús recorría las poblaciones de los alrededores,
enseñando a la gente. 7 Entonces llamó a los Doce y los envió de dos en dos,
dándoles poder sobre los espíritus impuros. 8 Y les ordenó que no llevaran
para el camino más que un bastón; ni pan, ni alforja, ni dinero; 9 que fueran
calzados con sandalias y que no tuvieran dos túnicas. 10 Les dijo:
"Permanezcan en la casa donde les den alojamiento hasta el momento de
partir. 11 Si no los reciben en un lugar y la gente no los escucha, al salir
de allí, sacudan hasta el polvo de sus pies, en testimonio contra
ellos". 12 Entonces fueron a predicar, exhortando a la conversión; 13
expulsaron a muchos demonios y curaron a numerosos enfermos, ungiéndolos con
óleo. Juicio de Herodes sobre Jesús Mt. 14. 1-2 Lc. 9. 7-9 14 El rey Herodes oyó hablar de Jesús, porque su
fama se había extendido por todas partes. Algunos decían: "Juan el Bautista
ha resucitado, y por eso se manifiestan en él poderes milagrosos". 15
Otros afirmaban: "Es Elías". Y otros: "Es un profeta como los
antiguos". 16 Pero Herodes, al oír todo esto, decía: "Este hombre
es Juan, a quien yo mandé decapitar y que ha resucitado". |