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Caminando con Jesús Pedro Sergio Antonio Donoso Brant Edición especial comentada para ayudar a
comprender mejor las Sagradas Escrituras |
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Este Evangelio fue compuesto por un discípulo o, más
exactamente, un "intérprete" del Apóstol Pedro, cuyo nombre completo
era JUAN MARCOS. Es el más antiguo, el primero que fue puesto por escrito,
cerca del año 70 de nuestra era, y es también el más breve. Como está dirigido a cristianos provenientes del
paganismo, que no conocían las costumbres judías, Marcos se las explica y,
asimismo, traduce las expresiones arameas que utiliza en varias ocasiones. Su
estilo es vivo y popular, y está lleno de espontaneidad, aunque su lenguaje
es pobre y rudimentario. El Evangelio de Marcos contiene pocos discursos, y
se interesa más por las acciones que por las palabras de Jesús. En cambio,
los relatos se desarrollan con abundancia de detalles, y en ellos Jesús
aparece con las reacciones propias de un ser humano. Marcos destaca
especialmente la humanidad de Jesús y, a partir de ella, nos lleva
progresivamente a descubrir en él al Hijo de Dios. Porque detrás de su
Persona se esconde un gran "secreto", el secreto
"mesiánico", que sólo se revela en su Muerte y su Resurrección. Únicamente en la cruz está la respuesta a la gran
pregunta latente a lo largo de todo este Evangelio: "¿Quién es Jesús de
Nazaret?". Ciertamente, no es el Mesías glorioso que esperaban sus
contemporáneos, sino el Mesías crucificado. La cruz era el camino obligado
para llegar a PREPARACIÓN DEL
MINISTERIO DE JESÚS Marcos, lo mismo que
Juan, no hace ninguna referencia a la infancia de Jesús, como lo hacen Mateo
y Lucas. Su Evangelio comienza abruptamente con la predicación de Juan el
Bautista. Este bautiza con agua y atrae a la multitud, pero anuncia la
llegada del que es "más
poderoso" (1. 7): sólo él bautizará "con el Espíritu
Santo" (1. 8). Desde el primer
momento, Marcos nos dice claramente quién es Jesús. Ya en la escena de su
bautismo pone bien de relieve la manifestación del Padre que lo declara su "Hijo muy querido" (1. 11). La brevedad
con que Marcos narra la tentación del Señor en el desierto, nos ayuda a
penetrar en el aspecto esencial del hecho: la lucha y la victoria de Cristo
contra el espíritu del mal, que es uno de los temas centrales de este
Evangelio. La predicación de Juan el Bautista Mt. 3. 1-6, 11-12 Lc. 3. 3-6, 15-16Jn. 1. 23, 26-27 1 1
Comienzo de Mira, yo envío a mi
mensajero delante de ti para prepararte el
camino. 3 Una voz grita en el
desierto: Preparen el camino del
Señor, allanen sus senderos, 4 así se presentó Juan el Bautista en el desierto,
proclamando un bautismo de conversión para el perdón de los pecados. 5 Toda
la gente de Judea y todos los habitantes de Jerusalén acudían a él, y se
hacían bautizar en las aguas del Jordán, confesando sus pecados. 6 Juan estaba vestido con una piel de camello y un
cinturón de cuero, y se alimentaba con langostas y miel silvestre. Y
predicaba, diciendo: 7 "Detrás de mí vendrá el que es más poderoso que
yo, y yo ni siquiera soy digno de ponerme a sus pies para desatar la correa
de sus sandalias. 8 Yo los he bautizado a ustedes con agua, pero él los
bautizará con el Espíritu Santo". El bautismo de Jesús Mt. 3. 13-17 Lc. 3. 21-22 9 En aquellos días, Jesús llegó desde Nazaret de
Galilea y fue bautizado por Juan en el Jordán. 10 Y al salir del agua, vio
que los cielos se abrían y que el Espíritu Santo descendía sobre él como una
paloma; 11 y una voz desde el cielo dijo: "Tú eres mi Hijo muy querido,
en ti tengo puesta toda mi predilección". La tentación de Jesús en el desierto Mt. 4. 1-11 Lc. 4. 1-13 12 En seguida el Espíritu lo llevó al desierto, 13
donde estuvo cuarenta días y fue tentado por Satanás. Vivía entre las fieras,
y los ángeles lo servían. Jesús viene a proclamar
" En primer lugar, Cristo
proclama su Evangelio en la región de Galilea. Lo hace por medio de
comparaciones, las "parábolas", y a través de obras admirables, los
"milagros". Muchos comienzan a seguir a Jesús. Entre ellos, y para
colaborar en su ministerio, él elige a "los
Doce" (3. 16), que serán sus Apóstoles. Pero ya asoma en el horizonte
la oposición de la gente más "religiosa" de su época. Marcos
destaca esa oposición en cinco "controversias" muy significativas,
que preludian la muerte de Jesús. El comienzo de la predicación de Jesús Mt. 4. 12-17 Lc. 4. 14-15 14 Después que Juan fue arrestado, Jesús se dirigió a
Galilea. Allí proclamaba Los primeros discípulos Mt. 4. 18-22 Lc. 5. 1-11 16 Mientras iba por la orilla del mar de Galilea,
vio a Simón y a su hermano Andrés, que echaban las redes en el agua, porque
eran pescadores. 17 Jesús les dijo: "Síganme, y yo los haré pescadores
de hombres". 18 Inmediatamente, ellos dejaron sus redes y lo siguieron. 19 Y avanzando un poco, vio a Santiago, hijo de
Zebedeo, y a su hermano Juan, que estaban también en su barca arreglando las
redes. En seguida los llamó, 20 y ellos, dejando en la barca a su padre
Zebedeo con los jornaleros, lo siguieron. Enseñanza de Jesús en la sinagoga de Cafarnaún Lc. 4. 31-32 Mt. 7. 28-29 21 Entraron en Cafarnaún, y cuando llegó el sábado,
Jesús fue a la sinagoga y comenzó a enseñar. 22 Todos estaban asombrados de
su enseñanza, porque les enseñaba como quien tiene autoridad y no como los
escribas. Curación de un endemoniado Lc. 4. 33-37 23 Y había en la sinagoga un hombre poseído de un
espíritu impuro, que comenzó a gritar: 24 "¿Qué quieres de nosotros,
Jesús Nazareno? ¿Has venido para acabar con nosotros? Ya sé quién eres: el
Santo de Dios". 25 Pero Jesús lo increpó, diciendo: "Cállate y sal
de este hombre". 26 El espíritu impuro lo sacudió violentamente y, dando
un gran alarido, salió de ese hombre. 27 Todos quedaron asombrados y se
preguntaban unos a otros: "¿Qué es esto? ¡Enseña de una manera nueva,
llena de autoridad; da órdenes a los espíritus impuros, y estos le
obedecen!". 28 Y su fama se extendió rápidamente por todas partes, en
toda la región de Galilea. Curación de la suegra de Pedro Mt. 8. 14-15 Lc. 4. 38-39 29 Cuando salió de la sinagoga, fue con Santiago y
Juan a casa de Simón y Andrés. 30 La suegra de Simón estaba en cama con
fiebre, y se lo dijeron de inmediato. 31 Él se acercó, la tomó de la mano y
la hizo levantar. Entonces ella no tuvo más fiebre y se puso a servirlos. Diversas curaciones Mt. 8. 16 Lc. 4. 40-41 32 Al atardecer, después de ponerse el sol, le
llevaron a todos los enfermos y endemoniados, 33 y la ciudad entera se reunió
delante de la puerta. 34 Jesús curó a muchos enfermos, que sufrían de
diversos males, y expulsó a muchos demonios; pero a estos no los dejaba
hablar, porque sabían quién era él. La misión de Jesús Lc. 4. 42-44 35 Por la mañana, antes que amaneciera, Jesús se
levantó, salió y fue a un lugar desierto; allí estuvo orando. 36 Simón salió
a buscarlo con sus compañeros, 37 y cuando lo encontraron, le dijeron:
"Todos te andan buscando". 38 Él les respondió: "Vayamos a
otra parte, a predicar también en las poblaciones vecinas, porque para eso he
salido". 39 Y fue predicando en las sinagogas de toda Curación de un leproso Mt. 8. 2-4 Lc. 5. 12-14 40 Entonces se le acercó un leproso para pedirle
ayuda y, cayendo de rodillas, le dijo: "Si quieres, puedes
purificarme". 41 Jesús, conmovido, extendió la mano y lo tocó, diciendo:
"Lo quiero, queda purificado". 42 En seguida la lepra desapareció y
quedó purificado. 43 Jesús lo despidió, advirtiéndole severamente: 44
"No le digas nada a nadie, pero ve a presentarte al sacerdote y entrega
por tu purificación la ofrenda que ordenó Moisés, para que les sirva de testimonio".
45 Sin embargo, apenas se fue, empezó a proclamarlo a todo el mundo,
divulgando lo sucedido, de tal manera que Jesús ya no podía entrar
públicamente en ninguna ciudad, sino que debía quedarse afuera, en lugares
desiertos. Y acudían a él de todas partes. Curación de un paralítico Mt. 9. 1-8 Lc. 5. 17-26 2 1 Unos
días después, Jesús volvió a Cafarnaún y se difundió la noticia de que estaba
en la casa. 2 Se reunió tanta gente, que no había más lugar ni siquiera delante
de la puerta, y él les anunciaba 6 Unos escribas que estaban sentados allí pensaban
en su interior: 7 "¿Qué está diciendo este hombre? ¡Está blasfemando!
¿Quién puede perdonar los pecados, sino sólo Dios?". 8 Jesús,
advirtiendo en seguida que pensaban así, les dijo: "¿Qué están pensando?
9 ¿Qué es más fácil, decir al paralítico: "Tus pecados te son
perdonados", o "Levántate, toma tu camilla y camina"? 10 Para
que ustedes sepan que el Hijo del hombre tiene sobre la tierra el poder de
perdonar los pecados 11 –dijo al paralítico– yo te lo mando, levántate, toma
tu camilla y vete a tu casa". 12 Él se levantó en seguida, tomó su
camilla y salió a la vista de todos. La gente quedó asombrada y glorificaba a
Dios, diciendo: "Nunca hemos visto nada igual". El llamado de Leví Mt. 9. 9 Lc. 5. 27-28 13 Jesús salió nuevamente a la orilla del mar; toda la
gente acudía allí, y él les enseñaba. 14 Al pasar vio a Leví, hijo de Alfeo,
sentado a la mesa de recaudación de impuestos, y le dijo:
"Sígueme". Él se levantó y lo siguió. La actitud de Jesús hacia los pecadores Mt. 9. 10-13 Lc. 5. 29-32 15 Mientras Jesús estaba comiendo en su casa, muchos
publicanos y pecadores se sentaron a comer con él y sus discípulos; porque
eran muchos los que lo seguían. 16 Los escribas del grupo de los fariseos, al
ver que comía con pecadores y publicanos, decían a los discípulos: "¿Por
qué come con publicanos y pecadores?". 17 Jesús, que había oído, les
dijo: "No son los sanos los que tienen necesidad del médico, sino los
enfermos. Yo no he venido a llamar a los justos, sino a los pecadores". Discusión sobre el ayuno Mt. 9. 14-17 Lc. 5. 33-39 18 Un día en que los discípulos de Juan y los
fariseos ayunaban, fueron a decirle a Jesús: "¿Por qué tus discípulos no
ayunan, como lo hacen los discípulos de Juan y los discípulos de los
fariseos?". 19 Jesús les respondió: "¿Acaso los amigos del esposo
pueden ayunar cuando el esposo está con ellos? Es natural que no ayunen,
mientras tienen consigo al esposo. 20 Llegará el momento en que el esposo les
será quitado, y entonces ayunarán. 21 Nadie usa un pedazo de género nuevo para remendar
un vestido viejo, porque el pedazo añadido tira del vestido viejo y la rotura
se hace más grande. 22 Tampoco se pone vino nuevo en odres viejos, porque
hará reventar los odres, y ya no servirán más ni el vino ni los odres. ¡A
vino nuevo, odres nuevos!". Discusión sobre el sábado Mt. 12. 1-8 Lc. 6. 1-5 23 Un sábado en que Jesús atravesaba unos sembrados,
sus discípulos comenzaron a arrancar espigas al pasar. 24 Entonces los
fariseos le dijeron: "¡Mira! ¿Por qué hacen en sábado lo que no está
permitido?". 25 Él les respondió: "¿Ustedes no han leído nunca lo
que hizo David, cuando él y sus compañeros se vieron obligados por el hambre,
26 cómo entró en Curación de un hombre en sábado Mt. 12. 9-14 Lc. 6. 6-11 3 1 Jesús
entró nuevamente en una sinagoga, y había allí un hombre que tenía una mano
paralizada. 2 Los fariseos observaban atentamente a Jesús para ver si lo
curaba en sábado, con el fin de acusarlo. 3 Jesús dijo al hombre de la mano
paralizada: "Ven y colócate aquí delante". 4 Y les dijo:
"¿Está permitido en sábado hacer el bien o el mal, salvar una vida o
perderla?". Pero ellos callaron. 5 Entonces, dirigiendo sobre ellos una
mirada llena de indignación y apenado por la dureza de sus corazones, dijo al
hombre: "Extiende tu mano". Él la extendió y su mano quedó curada.
6 Los fariseos salieron y se confabularon con los herodianos para buscar la
forma de acabar con él. La multitud sigue a Jesús Mt. 4. 25; 12. 15-16 Lc. 6. 17-19 7 Jesús se retiró con sus discípulos a la orilla del
mar, y lo siguió mucha gente de Galilea. 8 Al enterarse de lo que hacía,
también fue a su encuentro una gran multitud de Judea, de Jerusalén, de
Idumea, de Institución de los Doce Mt. 10. 1-4 Lc. 6. 12-16 13 Después subió a la montaña y llamó a su lado a
los que quiso. Ellos fueron hacia él, 14 y Jesús instituyó a Doce para que
estuvieran con él, y para enviarlos a predicar 15 con el poder de expulsar a
los demonios. 16 Así instituyó a los Doce: Simón, al que puso el sobrenombre
de Pedro; 17 Santiago, hijo de Zebedeo, y Juan, hermano de Santiago, a los
que dio el nombre de Boanerges, es decir, hijos del trueno; 18 luego, Andrés,
Felipe, Bartolomé, Mateo, Tomás, Santiago, hijo de Alfeo, Tadeo, Simón, el
Cananeo, 19 y Judas Iscariote, el mismo que lo entregó. La actitud de los parientes de Jesús 20 Jesús regresó a la casa, y de nuevo se juntó
tanta gente que ni siquiera podían comer. 21 Cuando sus parientes se
enteraron, salieron para llevárselo, porque decían: "Es un
exaltado". Jesús y Belzebul Mt. 9. 34; 12. 24-29 Lc. 11. 15-22 22 Los escribas que habían venido de Jerusalén
decían: "Está poseído por Belzebul y expulsa a los demonios por el poder
del Príncipe de los demonios". 23 Jesús los llamó y por medio de
comparaciones les explicó: "¿Cómo Satanás va a expulsar a Satanás? 24 Un
reino donde hay luchas internas no puede subsistir. 25 Y una familia dividida
tampoco puede subsistir. 26 Por lo tanto, si Satanás se dividió, levantándose
contra sí mismo, ya no puede subsistir, sino que ha llegado a su fin. 27 Pero
nadie puede entrar en la casa de un hombre fuerte y saquear sus bienes, si
primero no lo ata. Sólo así podrá saquear la casa. La blasfemia contra el Espíritu Santo Mt. 12. 31-32 Lc. 12. 10 28 Les aseguro que todo será perdonado a los
hombres: todos los pecados y cualquier blasfemia que profieran. 29 Pero el que
blasfeme contra el Espíritu Santo, no tendrá perdón jamás: es culpable de
pecado para siempre". 30 Jesús dijo esto porque ellos decían: "Está
poseído por un espíritu impuro". La verdadera familia de Jesús Mt. 12. 46-50 Lc. 8. 19-21 31 Entonces llegaron su madre y sus hermanos y,
quedándose afuera, lo mandaron llamar. 32 La multitud estaba sentada
alrededor de Jesús, y le dijeron: "Tu madre y tus hermanos te buscan ahí
afuera". 33 Él les respondió: "¿Quién es mi madre y quiénes son mis
hermanos?". 34 Y dirigiendo su mirada sobre los que estaban sentados
alrededor de él, dijo: "Estos son mi madre y mis hermanos. 35 Porque el
que hace la voluntad de Dios, ese es mi hermano, mi hermana y mi madre". La parábola del sembrador Mt. 13. 1-9 Lc. 8. 4-8 4 1 Jesús
comenzó a enseñar de nuevo a orillas del mar. Una gran multitud se reunió
junto a él, de manera que debió subir a una barca dentro del mar, y sentarse
en ella. Mientras tanto, la multitud estaba en la orilla. 2 Él les enseñaba
muchas cosas por medio de parábolas, y esto era lo que les enseñaba: 3
"¡Escuchen! El sembrador salió a sembrar. 4 Mientras sembraba, parte de
la semilla cayó al borde del camino, y vinieron los pájaros y se la comieron.
5 Otra parte cayó en terreno rocoso, donde no tenía mucha tierra, y brotó en
seguida porque la tierra era poco profunda; 6 pero cuando salió el sol, se
quemó y, por falta de raíz, se secó. 7 Otra cayó entre las espinas; estas
crecieron, la sofocaron, y no dio fruto. 8 Otros granos cayeron en buena
tierra y dieron fruto: fueron creciendo y desarrollándose, y rindieron ya el
treinta, ya el sesenta, ya el ciento por uno". 9 Y decía: "¡El que
tenga oídos para oír, que oiga!". Finalidad de las parábolas Mt. 13. 10-11, 13 Lc. 8. 9-10 10 Cuando se quedó solo, los que estaban alrededor
de él junto con los Doce, le preguntaban por el sentido de las parábolas. 11
Y Jesús les decía: "A ustedes se les ha confiado el misterio del Reino
de Dios; en cambio, para los de afuera, todo es parábola, miren y no vean, oigan y no entiendan, no sea que se
conviertan y alcancen el
perdón". Explicación de la parábola del sembrador Mt. 13. 18-23 Lc. 8. 11-15 13 Jesús les dijo: "¿No entienden esta
parábola? ¿Cómo comprenderán entonces todas las demás? 14 El sembrador
siembra El ejemplo de la lámpara Mt. 5. 15; 10. 26 Lc. 8. 16-17 21 Jesús les decía: "¿Acaso se trae una lámpara
para ponerla debajo de un cajón o debajo de la cama? ¿No es más bien para
colocarla sobre el candelero? 22 Porque no hay nada oculto que no deba ser
revelado y nada secreto que no deba manifestarse. 23 ¡Si alguien tiene oídos
para oír, que oiga!". El ejemplo de la medida Mt. 7. 2 Lc. 6. 38 Mt. 13. 12; 25. 29 Lc. 8. 18 24 Y les decía: "¡Presten atención a lo que
oyen! La medida con que midan se usará para ustedes, y les darán más todavía.
25 Porque al que tiene, se le dará, pero al que no tiene, se le quitará aun
lo que tiene". La parábola de la semilla que crece por sí sola 26 Y decía: "El Reino de Dios es como un hombre
que echa la semilla en la tierra: 27 sea que duerma o se levante, de noche y
de día, la semilla germina y va creciendo, sin que él sepa cómo. 28 La tierra
por sí misma produce primero un tallo, luego una espiga, y al fin grano
abundante en la espiga. 29 Cuando el fruto está a punto, él aplica en seguida
la hoz, porque ha llegado el tiempo de la cosecha". La parábola del grano de mostaza Mt. 13. 31-32 Lc. 13. 18-19 30 También decía: "¿Con qué podríamos comparar el
Reino de Dios? ¿Qué parábola nos servirá para representarlo? 31 Se parece a
un grano de mostaza. Cuando se la siembra, es la más pequeña de todas las
semillas de la tierra, 32 pero, una vez sembrada, crece y llega a ser la más
grande de todas las hortalizas, y extiende tanto sus ramas que los pájaros
del cielo se cobijan a su sombra". La enseñanza por medio de parábolas Mt. 13. 34-35 33 Y con muchas parábolas como estas les anunciaba La tempestad calmada Mt. 8. 23-27 Lc. 8. 22-25 35 Al atardecer de ese mismo día, les dijo:
"Crucemos a la otra orilla". 36 Ellos, dejando a la multitud, lo
llevaron a la barca, así como estaba. Había otras barcas junto a la suya. 37
Entonces se desató un fuerte vendaval, y las olas entraban en la barca, que
se iba llenando de agua. 38 Jesús estaba en la popa, durmiendo sobre el
cabezal. 39 Lo despertaron y le dijeron: "¡Maestro! ¿No te importa que
nos ahoguemos?". Despertándose, él increpó al viento y dijo al mar:
"¡Silencio! ¡Cállate!". El viento se aplacó y sobrevino una gran
calma. 40 Después les dijo: "¿Por qué tienen miedo? ¿Cómo no tienen fe?".
41 Entonces quedaron atemorizados y se decían unos a otros: "¿Quién es
este, que hasta el viento y el mar le obedecen?". Curación del endemoniado de Gerasa Mt. 8. 28-34 Lc. 8. 26-39 5 1
Llegaron a la otra orilla del mar, a la región de los gerasenos. 2 Apenas
Jesús desembarcó, le salió al encuentro desde el cementerio un hombre poseído
por un espíritu impuro. 3 Él habitaba en los sepulcros, y nadie podía
sujetarlo, ni siquiera con cadenas. 4 Muchas veces lo habían atado con
grillos y cadenas, pero él había roto las cadenas y destrozado los grillos, y
nadie podía dominarlo. 5 Día y noche, vagaba entre los sepulcros y por la
montaña, dando alaridos e hiriéndose con piedras. 6 Al ver de lejos a Jesús, vino corriendo a
postrarse ante él, 7 gritando con fuerza: "¿Qué quieres de mí, Jesús,
Hijo de Dios, el Altísimo? ¡Te conjuro por Dios, no me atormentes!". 8
Porque Jesús le había dicho: "¡Sal de este hombre, espíritu
impuro!". 9 Después le preguntó: "¿Cuál es tu nombre?". Él
respondió: "Mi nombre es Legión, porque somos muchos". 10 Y le
rogaba con insistencia que no lo expulsara de aquella región. 11 Había allí una gran piara de cerdos que estaba
paciendo en la montaña. 12 Los espíritus impuros suplicaron a Jesús:
"Envíanos a los cerdos, para que entremos en ellos". 13 Él se lo
permitió. Entonces los espíritus impuros salieron de aquel hombre, entraron
en los cerdos, y desde lo alto del acantilado, toda la piara –unos dos mil
animales– se precipitó al mar y se ahogó. 14 Los cuidadores huyeron y difundieron la noticia
en la ciudad y en los poblados. La gente fue a ver qué había sucedido. 15
Cuando llegaron a donde estaba Jesús, vieron sentado, vestido y en su sano
juicio, al que había estado poseído por aquella Legión, y se llenaron de
temor. 16 Los testigos del hecho les contaron lo que había sucedido con el
endemoniado y con los cerdos. 17 Entonces empezaron a pedir a Jesús que se
alejara de su territorio. 18 En el momento de embarcarse, el hombre que había
estado endemoniado le pidió que lo dejara quedarse con él. 19 Jesús no se lo
permitió, sino que le dijo: "Vete a tu casa con tu familia, y anúnciales
todo lo que el Señor hizo contigo al compadecerse de ti". 20 El hombre
se fue y comenzó a proclamar por la región de Curación de una mujer y resurrección de la hija de
Jairo Mt. 9. 18-26 Lc. 8. 40-56 21 Cuando Jesús regresó en la barca a la otra
orilla, una gran multitud se reunió a su alrededor, y él se quedó junto al
mar. 22 Entonces llegó uno de los jefes de la sinagoga, llamado Jairo, y al
verlo, se arrojó a sus pies, 23 rogándole con insistencia: "Mi hijita se
está muriendo; ven a imponerle las manos, para que se cure y viva". 24
Jesús fue con él y lo seguía una gran multitud que lo apretaba por todos lados. 25 Se encontraba allí una mujer que desde hacía doce
años padecía de hemorragias. 26 Había sufrido mucho en manos de numerosos
médicos y gastado todos sus bienes sin resultado; al contrario, cada vez
estaba peor. 27 Como había oído hablar de Jesús, se le acercó por detrás,
entre la multitud, y tocó su manto, 28 porque pensaba: "Con sólo tocar
su manto quedaré curada". 29 Inmediatamente cesó la hemorragia, y ella
sintió en su cuerpo que estaba curada de su mal. 30 Jesús se dio cuenta en
seguida de la fuerza que había salido de él, se dio vuelta y, dirigiéndose a
la multitud, preguntó: "¿Quién tocó mi manto?". 31 Sus discípulos
le dijeron: "¿Ves que la gente te aprieta por todas partes y preguntas
quién te ha tocado?". 32 Pero él seguía mirando a su alrededor, para ver
quién había sido. 33 Entonces la mujer, muy asustada y temblando, porque
sabía bien lo que le había ocurrido, fue a arrojarse a sus pies y le confesó
toda la verdad. 34 Jesús le dijo: "Hija, tu fe te ha salvado. Vete en
paz, y queda curada de tu enfermedad". 35 Todavía estaba hablando, cuando llegaron unas
personas de la casa del jefe de la sinagoga y le dijeron: "Tu hija ya
murió; ¿para qué vas a seguir molestando al Maestro?". 36 Pero Jesús,
sin tener en cuenta esas palabras, dijo al jefe de la sinagoga: "No
temas, basta que creas". 37 Y sin permitir que nadie lo acompañara,
excepto Pedro, Santiago y Juan, el hermano de Santiago, 38 fue a casa del
jefe de la sinagoga. Allí vio un gran alboroto, y gente que lloraba y
gritaba. 39 Al entrar, les dijo: "¿Por qué se alborotan y lloran? La
niña no está muerta, sino que duerme". 40 Y se burlaban de él. Pero
Jesús hizo salir a todos, y tomando consigo al padre y a la madre de la niña,
y a los que venían con él, entró donde ella estaba. 41 La tomó de la mano y le
dijo: "Talitá kum", que significa: "¡Niña, yo te lo
ordeno, levántate!". 42 En seguida la niña, que ya tenía doce años, se
levantó y comenzó a caminar. Ellos, entonces, se llenaron de asombro, 43 y él
les mandó insistentemente que nadie se enterara de lo sucedido. Después dijo
que dieran de comer a la niña. Visita de Jesús a Nazaret Mt. 13. 53-58 Lc. 4. 16-24 6 1 Jesús
salió de allí y se dirigió a su pueblo, seguido de sus discípulos. 2 Cuando
llegó el sábado, comenzó a enseñar en la sinagoga, y la multitud que lo
escuchaba estaba asombrada y decía: "¿De dónde saca todo esto? ¿Qué
sabiduría es esa que le ha sido dada y esos grandes milagros que se realizan
por sus manos? 3 ¿No es acaso el carpintero, el hijo de María, hermano de
Santiago, de José, de Judas y de Simón? ¿Y sus hermanas no viven aquí entre
nosotros?". Y Jesús era para ellos un motivo de tropiezo. 4 Por eso les
dijo: "Un profeta es despreciado solamente en su pueblo, en su familia y
en su casa". 5 Y no pudo hacer allí ningún milagro, fuera de curar a
unos pocos enfermos, imponiéndoles las manos. 6 Y él se asombraba de su falta
de fe. Misión de los Doce Mt. 10. 1, 9-14 Lc. 9. 1-6 Jesús recorría las poblaciones de los alrededores,
enseñando a la gente. 7 Entonces llamó a los Doce y los envió de dos en dos,
dándoles poder sobre los espíritus impuros. 8 Y les ordenó que no llevaran
para el camino más que un bastón; ni pan, ni alforja, ni dinero; 9 que fueran
calzados con sandalias y que no tuvieran dos túnicas. 10 Les dijo:
"Permanezcan en la casa donde les den alojamiento hasta el momento de
partir. 11 Si no los reciben en un lugar y la gente no los escucha, al salir
de allí, sacudan hasta el polvo de sus pies, en testimonio contra
ellos". 12 Entonces fueron a predicar, exhortando a la conversión; 13
expulsaron a muchos demonios y curaron a numerosos enfermos, ungiéndolos con
óleo. Juicio de Herodes sobre Jesús Mt. 14. 1-2 Lc. 9. 7-9 14 El rey Herodes oyó hablar de Jesús, porque su
fama se había extendido por todas partes. Algunos decían: "Juan el Bautista
ha resucitado, y por eso se manifiestan en él poderes milagrosos". 15
Otros afirmaban: "Es Elías". Y otros: "Es un profeta como los
antiguos". 16 Pero Herodes, al oír todo esto, decía: "Este hombre
es Juan, a quien yo mandé decapitar y que ha resucitado". La muerte de Juan el Bautista Mt. 14. 3-12 Lc. 3. 19-20 17 Herodes, en efecto, había hecho arrestar y
encarcelar a Juan a causa de Herodías, la mujer de su hermano Felipe, con la
que se había casado. 18 Porque Juan decía a Herodes: "No te es lícito
tener a la mujer de tu hermano". 19 Herodías odiaba a Juan e intentaba
matarlo, pero no podía, 20 porque Herodes lo respetaba, sabiendo que era un
hombre justo y santo, y lo protegía. Cuando lo oía, quedaba perplejo, pero lo
escuchaba con gusto. 21 Un día se presentó la ocasión favorable. Herodes
festejaba su cumpleaños, ofreciendo un banquete a sus dignatarios, a sus
oficiales y a los notables de Galilea. 22 La hija de Herodías salió a bailar,
y agradó tanto a Herodes y a sus convidados, que el rey dijo a la joven:
"Pídeme lo que quieras y te lo daré". 23 Y le aseguró bajo
juramento: "Te daré cualquier cosa que me pidas, aunque sea la mitad de
mi reino". 24 Ella fue a preguntar a su madre: "¿Qué debo
pedirle?". "La cabeza de Juan el Bautista", respondió esta. 25
La joven volvió rápidamente a donde estaba el rey y le hizo este pedido:
"Quiero que me traigas ahora mismo, sobre una bandeja, la cabeza de Juan
el Bautista". 26 El rey se entristeció mucho, pero a causa de su
juramento, y por los convidados, no quiso contrariarla. 27 En seguida mandó a
un guardia que trajera la cabeza de Juan. 28 El guardia fue a la cárcel y le
cortó la cabeza. Después la trajo sobre una bandeja, la entregó a la joven y
esta se la dio a su madre. 29 Cuando los discípulos de Juan lo supieron,
fueron a recoger el cadáver y lo sepultaron. La primera multiplicación de los panes Mt. 14. 13-21 Lc. 9. 10-17 Jn. 6. 1-13 30 Los Apóstoles se reunieron con Jesús y le
contaron todo lo que habían hecho y enseñado. 31 Él les dijo: "Vengan
ustedes solos a un lugar desierto, para descansar un poco". Porque era
tanta la gente que iba y venía, que no tenían tiempo ni para comer. 32
Entonces se fueron solos en la barca a un lugar desierto. 33 Al verlos
partir, muchos los reconocieron, y de todas las ciudades acudieron por tierra
a aquel lugar y llegaron antes que ellos. 34 Al desembarcar, Jesús vio una gran muchedumbre y
se compadeció de ella, porque eran como ovejas sin pastor, y estuvo
enseñándoles largo rato. 35 Como se había hecho tarde, sus discípulos se
acercaron y le dijeron: "Este es un lugar desierto, y ya es muy tarde.
36 Despide a la gente, para que vaya a los campos y pueblos cercanos a
comprar algo para comer". 37 Él respondió: "Denles de comer ustedes
mismos". Ellos le dijeron: "Habría que comprar pan por valor de
doscientos denarios para dar de comer a todos". 38 Jesús preguntó:
"¿Cuántos panes tienen ustedes? Vayan a ver". Después de
averiguarlo, dijeron: "Cinco panes y dos pescados". 39 Él les
ordenó que hicieran sentar a todos en grupos, sobre la hierba verde, 40 y la
gente se sentó en grupos de cien y de cincuenta. 41 Entonces él tomó los
cinco panes y los dos pescados, y levantando los ojos al cielo, pronunció la
bendición, partió los panes y los fue entregando a sus discípulos para que
los distribuyeran. También repartió los dos pescados entre la gente. 42 Todos
comieron hasta saciarse, 43 y se recogieron doce canastas llenas de sobras de
pan y de restos de pescado. 44 Los que comieron eran cinco mil hombres. Jesús camina sobre el agua Mt. 14. 22-33 Jn. 6. 16-21 45 En seguida, Jesús obligó a sus discípulos a que
subieran a la barca y lo precedieran en la otra orilla, hacia Betsaida,
mientras él despedía a la multitud. 46 Una vez que los despidió, se retiró a
la montaña para orar. 47 Al caer la tarde, la barca estaba en medio del mar y
él permanecía solo en tierra. 48 Al ver que remaban muy penosamente, porque
tenían viento en contra, cerca de la madrugada fue hacia ellos caminando
sobre el mar, e hizo como si pasara de largo. 49 Ellos, al verlo caminar
sobre el mar, pensaron que era un fantasma y se pusieron a gritar, 50 porque
todos lo habían visto y estaban sobresaltados. Pero él les habló en seguida y
les dijo: "Tranquilícense, soy yo; no teman". 51 Luego subió a la
barca con ellos y el viento se calmó. Así llegaron al colmo de su estupor, 52
porque no habían comprendido el milagro de los panes y su mente estaba
enceguecida. Curaciones en la región de Genesaret Mt. 14. 34-36 53 Después de atravesar el lago, llegaron a
Genesaret y atracaron allí. 54 Apenas desembarcaron, la gente reconoció en
seguida a Jesús, 55 y comenzaron a recorrer toda la región para llevar en
camilla a los enfermos, hasta el lugar donde sabían que él estaba. 56 En
todas partes donde entraba, pueblos, ciudades y poblados, ponían a los
enfermos en las plazas y le rogaban que los dejara tocar tan sólo los flecos
de su manto, y los que lo tocaban quedaban curados. Discusión sobre las tradiciones Mt. 15. 1-9 7 1 Los
fariseos con algunos escribas llegados de Jerusalén se acercaron a Jesús, 2 y
vieron que algunos de sus discípulos comían con las manos impuras, es decir,
sin lavar. 3 Los fariseos, en efecto, y los judíos en general, no comen sin
lavarse antes cuidadosamente las manos, siguiendo la tradición de sus
antepasados; 4 y al volver del mercado, no comen sin hacer primero las
abluciones. Además, hay muchas otras prácticas, a las que están aferrados por
tradición, como el lavado de los vasos, de las jarras y de la vajilla de
bronce. 5 Entonces los fariseos y los escribas preguntaron a Jesús:
"¿Por qué tus discípulos no proceden de acuerdo con la tradición de
nuestros antepasados, sino que comen con las manos impuras?". 6 Él les
respondió: "¡Hipócritas! Bien profetizó de ustedes Isaías, en el pasaje
de Este pueblo me honra
con los labios, pero su corazón está
lejos de mí. 7 En vano me rinde
culto: las doctrinas que
enseñan no son sino preceptos
humanos. 8 Ustedes dejan de lado el mandamiento de Dios, por
seguir la tradición de los hombres". 9 Y les decía: "Por mantenerse fieles a su
tradición, ustedes descartan tranquilamente el mandamiento de Dios. 10 Porque
Moisés dijo: Honra a tu padre y a tu madre, y además: El que
maldice a su padre y a su madre será condenado a muerte. 11 En cambio,
ustedes afirman: "Si alguien dice a su padre o a su madre: Declaro corbán
–es decir, ofrenda sagrada– todo aquello con lo que podría
ayudarte...". 12 En ese caso, le permiten no hacer más nada por su padre
o por su madre. 13 Así anulan la palabra de Dios por la tradición que ustedes
mismos se han transmitido. ¡Y como estas, hacen muchas otras cosas!". La enseñanza sobre lo puro y lo impuro Mt. 15. 10-20 14 Y Jesús, llamando otra vez a la gente, les dijo:
"Escúchenme todos y entiéndanlo bien. 15 Ninguna cosa externa que entra
en el hombre puede mancharlo; lo que lo hace impuro es aquello que sale del
hombre. 16 ¡Si alguien tiene oídos para oír, que oiga!". 17 Cuando se apartó de la multitud y entró en la casa,
sus discípulos le preguntaron por el sentido de esa parábola. 18 Él les dijo:
"¿Ni siquiera ustedes son capaces de comprender? ¿No saben que nada de
lo que entra de afuera en el hombre puede mancharlo, 19 porque eso no va al
corazón sino al vientre, y después se elimina en lugares retirados?".
Así Jesús declaraba que eran puros todos los alimentos. 20 Luego agregó:
"Lo que sale del hombre es lo que lo hace impuro. 21 Porque es del
interior, del corazón de los hombres, de donde provienen las malas intenciones,
las fornicaciones, los robos, los homicidios, 22 los adulterios, la avaricia,
la maldad, los engaños, las deshonestidades, la envidia, la difamación, el
orgullo, el desatino. 23 Todas estas cosas malas proceden del interior y son
las que manchan al hombre". El Reino de Dios no es
el monopolio de unos pocos. Aunque todavía no había llegado el tiempo de
llevar Durante este viaje
fuera del territorio de Israel, tiene lugar la profesión de fe de Pedro, que
es como la clave de todo el Evangelio de Marcos. Este Apóstol, portavoz de
los demás, lo reconoce como "el
Mesías" (8. 29), o sea, el "Cristo", el "Ungido"
de Dios por excelencia. Jesús acepta ese título, pero impide divulgar el
"secreto mesiánico", que sólo en su Muerte se iba a revelar
plenamente. A partir de ese momento, comienza a instruir más detenidamente a
sus discípulos y les anuncia su Muerte y su Resurrección. Un signo anticipado
de esta última es la transfiguración del Señor en presencia de tres de sus
Apóstoles. Curación de la hija de una cananea Mt. 15. 21-28 24 Después Jesús partió de allí y fue a la región de
Tiro. Entró en una casa y no quiso que nadie lo supiera, pero no pudo
permanecer oculto. 25 En seguida una mujer cuya hija estaba poseída por un
espíritu impuro, oyó hablar de él y fue a postrarse a sus pies. 26 Esta
mujer, que era pagana y de origen sirofenicio, le pidió que expulsara de su
hija al demonio. 27 Él le respondió: "Deja que antes se sacien los
hijos; no está bien tomar el pan de los hijos para tirárselo a los
cachorros". 28 Pero ella le respondió: "Es verdad, Señor, pero los
cachorros, debajo de la mesa, comen las migajas que dejan caer los
hijos". 29 Entonces él le dijo: "A causa de lo que has dicho,
puedes irte: el demonio ha salido de tu hija". 30 Ella regresó a su casa
y encontró a la niña acostada en la cama y liberada del demonio. Curación de un sordomudo 31 Cuando Jesús volvía de la región de Tiro, pasó
por Sidón y fue hacia el mar de Galilea, atravesando el territorio de 36 Jesús les mandó insistentemente que no dijeran
nada a nadie, pero cuanto más insistía, ellos más lo proclamaban 37 y, en el
colmo de la admiración, decían: "Todo lo ha hecho bien: hace oír a los
sordos y hablar a los mudos". La segunda multiplicación de los panes Mt. 15. 32-39 8 1 En
esos días, volvió a reunirse una gran multitud, y como no tenían qué comer,
Jesús llamó a sus discípulos y les dijo: 2 "Me da pena esta multitud,
porque hace tres días que están conmigo y no tienen qué comer. 3 Si los mando
en ayunas a sus casas, van a desfallecer en el camino, y algunos han venido
de lejos". 4 Los discípulos le preguntaron: "¿Cómo se podría
conseguir pan en este lugar desierto para darles de comer?". 5 Él les
dijo: "¿Cuántos panes tienen ustedes?". Ellos respondieron:
"Siete". 6 Entonces él ordenó a la multitud que se sentara en el
suelo, después tomó los siete panes, dio gracias, los partió y los fue
entregando a sus discípulos para que los distribuyeran. Ellos los repartieron
entre la multitud. 7 Tenían, además, unos cuantos pescados pequeños, y
después de pronunciar la bendición sobre ellos, mandó que también los
repartieran. 8 Comieron hasta saciarse y todavía se recogieron siete canastas
con lo que había sobrado. 9 Eran unas cuatro mil personas. Luego Jesús los
despidió. 10 En seguida subió a la barca con sus discípulos y fue a la región
de Dalmanuta. El signo rehusado a los fariseos Mt. 12. 38-39; 16. 1, 4 Lc. 11. 16, 29 11 Entonces llegaron los fariseos, que comenzaron a
discutir con él; y, para ponerlo a prueba, le pedían un signo del cielo. 12
Jesús, suspirando profundamente, dijo: "¿Por qué esta generación pide un
signo? Les aseguro que no se le dará ningún signo". 13 Y dejándolos,
volvió a embarcarse hacia la otra orilla. Advertencia contra la actitud de los fariseos y de
Herodes Mt. 16. 5-12 14 Los discípulos se habían olvidado de llevar pan y
no tenían más que un pan en la barca. 15 Jesús les hacía esta recomendación:
"Estén atentos, cuídense de la levadura de los fariseos y de la levadura
de Herodes". 16 Ellos discutían entre sí, porque no habían traído pan.
17 Jesús se dio cuenta y les dijo: "¿A qué viene esa discusión porque no
tienen pan? ¿Todavía no comprenden ni entienden? Ustedes tienen la mente
enceguecida. 18 Tienen ojos y no ven, oídos y no oyen. ¿No recuerdan
19 cuántas canastas llenas de sobras recogieron, cuando repartí cinco panes
entre cinco mil personas?". Ellos le respondieron: "Doce". 20
"Y cuando repartí siete panes entre cuatro mil personas, ¿cuántas
canastas llenas de trozos recogieron?". Ellos le respondieron:
"Siete". 21 Entonces Jesús les dijo: "¿Todavía no comprenden?". Curación de un ciego 22 Cuando llegaron a Betsaida, le trajeron a un
ciego y le rogaban que lo tocara. 23 Él tomó al ciego de la mano y lo condujo
a las afueras del pueblo. Después de ponerle saliva en los ojos e imponerle
las manos, Jesús le preguntó: "¿Ves algo?". 24 El ciego, que
comenzaba a ver, le respondió: "Veo hombres, como si fueran árboles que
caminan". 25 Jesús le puso nuevamente las manos sobre los ojos, y el
hombre recuperó la vista. Así quedó curado y veía todo con claridad. 26 Jesús
lo mandó a su casa, diciéndole: "Ni siquiera entres en el pueblo". La profesión de fe de Pedro Mt. 16. 13-16, 20; Lc. 9. 18-21 27 Jesús salió con sus discípulos hacia los poblados
de Cesarea de Filipo, y en el camino les preguntó: "¿Quién dice la gente
que soy yo?". 28 Ellos le respondieron: "Algunos dicen que eres
Juan el Bautista; otros, Elías; y otros, alguno de los profetas". 29
"Y ustedes, ¿quién dicen que soy yo?". Pedro respondió: "Tú
eres el Mesías". 30 Jesús les ordenó terminantemente que no dijeran nada
acerca de él. El primer anuncio de Mt. 16. 21-23 Lc. 9. 22 31 Y comenzó a enseñarles que el Hijo del hombre
debía sufrir mucho y ser rechazado por los ancianos, los sumos sacerdotes y
los escribas; que debía ser condenado a muerte y resucitar después de tres
días; 32 y les hablaba de esto con toda claridad. Pedro, llevándolo aparte,
comenzó a reprenderlo. 33 Pero Jesús, dándose vuelta y mirando a sus
discípulos, lo reprendió, diciendo: "¡Retírate, ve detrás de mí,
Satanás! Porque tus pensamientos no son los de Dios, sino los de los
hombres". Condiciones para seguir a Jesús Mt. 10. 38-39; 16. 24-28 Lc. 9. 23-27 34 Entonces Jesús, llamando a la multitud, junto con
sus discípulos, les dijo: "El que quiera venir detrás de mí, que
renuncie a sí mismo, que cargue con su cruz y me siga. 35 Porque el que
quiera salvar su vida, la perderá; y el que pierda su vida por mí y por 9 1 Y les
decía: "Les aseguro que algunos de los que están aquí presentes no
morirán antes de haber visto que el Reino de Dios ha llegado con poder". La transfiguración de Jesús Mt. 17. 1-9 Lc. 9. 28-36 2 Seis días después, Jesús tomó a Pedro, Santiago y
Juan, y los llevó a ellos solos a un monte elevado. Allí se transfiguró en
presencia de ellos. 3 Sus vestiduras se volvieron resplandecientes, tan
blancas como nadie en el mundo podría blanquearlas. 4 Y se les aparecieron
Elías y Moisés, conversando con Jesús. 5 Pedro dijo a Jesús: "Maestro,
¡qué bien estamos aquí! Hagamos tres carpas, una para ti, otra para Moisés y
otra para Elías". 6 Pedro no sabía qué decir, porque estaban llenos de
temor. 7 Entonces una nube los cubrió con su sombra, y salió de ella una voz:
"Este es mi Hijo muy querido, escúchenlo". 8 De pronto miraron a su
alrededor y no vieron a nadie, sino a Jesús solo con ellos. 9 Mientras
bajaban del monte, Jesús les prohibió contar lo que habían visto, hasta que
el Hijo del hombre resucitara de entre los muertos. 10 Ellos cumplieron esta
orden, pero se preguntaban qué significaría "resucitar de entre los
muertos". Elías, figura de Juan el Bautista Mt. 17. 10-13 11 Y le hicieron esta pregunta: "¿Por qué dicen
los escribas que antes debe venir Elías?". 12 Jesús les respondió:
"Sí, Elías debe venir antes para restablecer el orden en todo. Pero, ¿no
dice Curación de un endemoniado epiléptico Mt. 17. 14-20 Lc. 9. 37-42 14 Cuando volvieron a donde estaban los otros
discípulos, los encontraron en medio de una gran multitud, discutiendo con
algunos escribas. 15 En cuanto la multitud distinguió a Jesús, quedó
asombrada y corrieron a saludarlo. 16 Él les preguntó: "¿Sobre qué
estaban discutiendo?". 17 Uno de ellos le dijo: "Maestro, te he
traído a mi hijo, que está poseído de un espíritu mudo. 18 Cuando se apodera
de él, lo tira al suelo y le hace echar espuma por la boca; entonces le
crujen sus dientes y se queda rígido. Le pedí a tus discípulos que lo
expulsaran pero no pudieron". 19 "Generación incrédula, respondió
Jesús, ¿hasta cuándo estaré con ustedes? ¿Hasta cuándo tendré que
soportarlos? Tráiganmelo". 20 Y ellos se lo trajeron. En cuanto vio a
Jesús, el espíritu sacudió violentamente al niño, que cayó al suelo y se
revolcaba, echando espuma por la boca. 21 Jesús le preguntó al padre:
"¿Cuánto tiempo hace que está así?". "Desde la infancia, le
respondió, 22 y a menudo lo hace caer en el fuego o en el agua para matarlo.
Si puedes hacer algo, ten piedad de nosotros y ayúdanos". 23 "¡Si
puedes...!", respondió Jesús. "Todo es posible para el que
cree". 24 Inmediatamente el padre del niño exclamó: "Creo, ayúdame
porque tengo poca fe". 25 Al ver que llegaba más gente, Jesús increpó al
espíritu impuro, diciéndole: "Espíritu mudo y sordo, yo te lo ordeno,
sal de él y no vuelvas más". 26 El demonio gritó, sacudió violentamente
al niño y salió de él, dejándolo como muerto, tanto que muchos decían:
"Está muerto". 27 Pero Jesús, tomándolo de la mano, lo levantó, y
el niño se puso de pie. 28 Cuando entró en la casa y quedaron solos, los
discípulos le preguntaron: "¿Por qué nosotros no pudimos expulsarlo?".
29 Él les respondió: "Esta clase de demonios se expulsa sólo con la
oración". El segundo anuncio de Mt. 17. 22-23; Lc. 9. 44-45 30 Al salir de allí atravesaron La verdadera grandeza Mt. 18. 1-5 Lc. 9. 46-48 33 Llegaron a Cafarnaún y, una vez que estuvieron en
la casa, les preguntó: "¿De qué hablaban en el camino?". 34 Ellos
callaban, porque habían estado discutiendo sobre quién era el más grande. 35
Entonces, sentándose, llamó a los Doce y les dijo: "El que quiere ser el
primero, debe hacerse el último de todos y el servidor de todos". 36
Después, tomando a un niño, lo puso en medio de ellos y, abrazándolo, les
dijo: 37 "El que recibe a uno de estos pequeños en mi Nombre, me recibe
a mí, y el que me recibe, no es a mí al que recibe, sino a aquel que me ha
enviado". La intolerancia de los Apóstoles Lc. 9. 49-50 Mt. 10. 42 38 Juan le dijo: "Maestro, hemos visto a uno
que expulsaba demonios en tu Nombre, y tratamos de impedírselo porque no es
de los nuestros". 39 Pero Jesús les dijo: "No se lo impidan, porque
nadie puede hacer un milagro en mi Nombre y luego hablar mal de mí. 40 Y el
que no está contra nosotros, está con nosotros. 41 Les aseguro que no quedará sin recompensa el que les
dé de beber un vaso de agua por el hecho de que ustedes pertenecen a Cristo. La gravedad del escándalo Mt. 18. 6-9 Lc. 17. 1-2 Mt. 5. 29-30 42 Si alguien llegara a escandalizar a uno de estos
pequeños que creen en mí, sería preferible para él que le ataran al cuello
una piedra de moler y lo arrojaran al mar. 43 Si tu mano es para ti ocasión
de pecado, córtala, porque más te vale entrar en El ejemplo de la sal Mt. 5. 13 Lc. 14. 34-35 49 Porque cada uno será salado por el fuego. 50 La
sal es una cosa excelente, pero si se vuelve insípida, ¿con qué la volverán a
salar? Que haya sal en ustedes mismos y vivan en paz unos con otros". El matrimonio y el divorcio Mt. 19. 1-9; 5. 31-32 Lc. 16. 18 10 1
Después que partió de allí, Jesús fue a la región de Judea y al otro lado del
Jordán. Se reunió nuevamente la multitud alrededor de él y, como de
costumbre, les estuvo enseñando una vez más. 2 Se acercaron algunos fariseos
y, para ponerlo a prueba, le plantearon esta cuestión: "¿Es lícito al
hombre divorciarse de su mujer?". 3 El les respondió: "¿Qué es lo
que Moisés les ha ordenado?". 4 Ellos dijeron: "Moisés permitió
redactar una declaración de divorcio y separarse de ella". 5 Entonces
Jesús les respondió: "Si Moisés les dio esta prescripción fue debido a
la dureza del corazón de ustedes. 6 Pero desde el principio de la creación, Dios
los hizo varón y mujer. 7 Por eso, el hombre dejará a su padre y a su
madre, y se unirá a su mujer, 8 y los dos no serán sino
una sola carne. De manera que ya no son dos, sino una sola carne. 9 Que
el hombre no separe lo que Dios ha unido". 10 Cuando regresaron a la
casa, los discípulos le volvieron a preguntar sobre esto. 11 Él les dijo:
"El que se divorcia de su mujer y se casa con otra, comete adulterio
contra aquella; 12 y si una mujer se divorcia de su marido y se casa con
otro, también comete adulterio". Jesús y los niños Mt. 19. 13-15 Lc. 18. 15-17 13 Le trajeron entonces a unos niños para que los
tocara, pero los discípulos los reprendieron. 14 Al ver esto, Jesús se enojó
y les dijo: "Dejen que los niños se acerquen a mí y no se lo impidan,
porque el Reino de Dios pertenece a los que son como ellos. 15 Les aseguro
que el que no recibe el Reino de Dios como un niño, no entrará en él".
16 Después los abrazó y los bendijo, imponiéndoles las manos. El hombre rico Mt. 19. 16-22 Lc. 18. 18-23 17 Cuando se puso en camino, un hombre corrió hacia
él y, arrodillándose, le preguntó: "Maestro bueno, ¿qué debo hacer para
heredar El peligro de las riquezas Mt. 19. 23-26 Lc. 18. 24-27 23 Entonces Jesús, mirando alrededor, dijo a sus
discípulos: "¡Qué difícil será para los ricos entrar en el Reino de
Dios!". 24 Los discípulos se sorprendieron por estas palabras, pero
Jesús continuó diciendo: "Hijos míos, ¡qué difícil es entrar en el Reino
de Dios! 25 Es más fácil que un camello pase por el ojo de una aguja, que un
rico entre en el Reino de Dios". 26 Los discípulos se asombraron aún más
y se preguntaban unos a otros: "Entonces, ¿quién podrá salvarse?".
27 Jesús, fijando en ellos su mirada, les dijo: "Para los hombres es
imposible, pero no para Dios, porque para él todo es posible". La recompensa prometida a los discípulos Mt. 19. 27-30 Lc. 18. 28-30 28 Pedro le dijo: "Tú sabes que nosotros lo
hemos dejado todo y te hemos seguido". 29 Jesús respondió: "Les
aseguro que el que haya dejado casa, hermanos y hermanas, madre y padre,
hijos o campos por mí y por El tercer anuncio de Mt. 20. 17-19 Lc. 18. 31-33 32 Mientras iban de camino para subir a Jerusalén,
Jesús se adelantaba a sus discípulos; ellos estaban asombrados y los que lo
seguían tenían miedo. Entonces reunió nuevamente a los Doce y comenzó a
decirles lo que le iba a suceder: 33 "Ahora subimos a Jerusalén; allí el
Hijo del hombre será entregado a los sumos sacerdotes y a los escribas. Lo
condenarán a muerte y lo entregarán a los paganos: 34 ellos se burlarán de
él, lo escupirán, lo azotarán y lo matarán. Y tres días después,
resucitará". La petición de Santiago y Juan Mt. 20. 20-23 35 Santiago y Juan, los hijos de Zebedeo, se
acercaron a Jesús y le dijeron: "Maestro, queremos que nos concedas lo
que te vamos a pedir". 36 Él les respondió: "¿Qué quieren que haga
por ustedes?". 37 Ellos le dijeron: "Concédenos sentarnos uno a tu
derecha y el otro a tu izquierda, cuando estés en tu gloria". 38 Jesús
les dijo: "No saben lo que piden. ¿Pueden beber el cáliz que yo beberé y
recibir el bautismo que yo recibiré?". 39 "Podemos", le respondieron.
Entonces Jesús agregó: "Ustedes beberán el cáliz que yo beberé y
recibirán el mismo bautismo que yo. 40 En cuanto a sentarse a mi derecha o a
mi izquierda, no me toca a mí concederlo, sino que esos puestos son para
quienes han sido destinados". El carácter servicial de la autoridad Mt. 20. 24-28 Lc. 22. 24-27 41 Los otros diez, que habían oído a Santiago y a
Juan, se indignaron contra ellos. 42 Jesús los llamó y les dijo:
"Ustedes saben que aquellos a quienes se considera gobernantes, dominan
a las naciones como si fueran sus dueños, y los poderosos les hacen sentir su
autoridad. 43 Entre ustedes no debe suceder así. Al contrario, el que quiera
ser grande, que se haga servidor de ustedes; 44 y el que quiera ser el
primero, que se haga servidor de todos. 45 Porque el mismo Hijo del hombre no
vino para ser servido, sino para servir y dar su vida en rescate por una
multitud". Curación de un ciego de Jericó Mt. 20. 29-34 Lc. 18. 35-43 46 Después llegaron a Jericó. Cuando Jesús salía de
allí, acompañado de sus discípulos y de una gran multitud, el hijo de Timeo
–Bartimeo, un mendigo ciego– estaba sentado junto al camino. 47 Al enterarse
de que pasaba Jesús, el Nazareno, se puso a gritar: "¡Jesús, Hijo de
David, ten piedad de mí!". 48 Muchos lo reprendían para que se callara,
pero él gritaba más fuerte: "¡Hijo de David, ten piedad de mí!". 49
Jesús se detuvo y dijo: "Llámenlo". Entonces llamaron al ciego y le
dijeron: "¡Ánimo, levántate! Él te llama". 50 Y el ciego, arrojando
su manto, se puso de pie de un salto y fue hacia él. 51 Jesús le preguntó:
"¿Qué quieres que haga por ti?". Él le respondió: "Maestro,
que yo pueda ver". 52 Jesús le dijo: "Vete, tu fe te ha
salvado". En seguida comenzó a ver y lo siguió por el camino. Jesús entra en
Jerusalén para llevar a su pleno cumplimiento la misión que el Padre le había
encomendado. Al llegar a En Jerusalén, Cristo se
enfrenta con los que profanan el Templo de Dios y con los dirigentes judíos,
que cuestionan su autoridad y ponen a prueba su enseñanza. Allí Jesús anuncia
la destrucción del Templo y la ruina de Jerusalén. Ambas prefiguran el fin
del mundo, y se entremezclan con él en un mismo relato lleno de imágenes
simbólicas. Pero antes que llegue ese fin, La entrada mesiánica en Jerusalén Mt. 21. 1-9 Lc. 19. 28-38 Jn. 12. 12-15 11 1
Cuando se aproximaban a Jerusalén, estando ya al pie del monte de los Olivos,
cerca de Betfagé y de Betania, Jesús envió a dos de sus discípulos, 2
diciéndoles: "Vayan al pueblo que está enfrente y, al entrar,
encontrarán un asno atado, que nadie ha montado todavía. Desátenlo y
tráiganlo; 3 y si alguien les pregunta: "¿Qué están haciendo?",
respondan: "El Señor lo necesita y lo va a devolver en seguida"".
4 Ellos fueron y encontraron un asno atado cerca de una puerta, en la calle,
y lo desataron. 5 Algunos de los que estaban allí les preguntaron: "¿Qué
hacen? ¿Por qué desatan ese asno?". 6 Ellos respondieron como Jesús les
había dicho y nadie los molestó. 7 Entonces le llevaron el asno, pusieron sus
mantos sobre él y Jesús se montó. 8 Muchos extendían sus mantos sobre el
camino; otros, lo cubrían con ramas que cortaban en el campo. 9 Los que iban
delante y los que seguían a Jesús, gritaban: "¡Hosana! ¡Bendito
el que viene en nombre del Señor! 10 ¡Bendito sea el Reino
que ya viene, el Reino de nuestro padre
David! ¡Hosana en las alturas!". 11 Jesús llegó a Jerusalén y fue al Templo; y
después de observarlo todo, como ya era tarde, salió con los Doce hacia
Betania. Maldición de la higuera estéril Mt. 21. 18-19 12 Al día siguiente, cuando salieron de Betania,
Jesús sintió hambre. 13 Al divisar de lejos una higuera cubierta de hojas, se
acercó para ver si encontraba algún fruto, pero no había más que hojas;
porque no era la época de los higos. 14 Dirigiéndose a la higuera, le dijo:
"Que nadie más coma de tus frutos". Y sus discípulos lo oyeron. La expulsión de los vendedores del Templo Mt. 21. 12-13 Lc. 19. 45-48 Jn. 2. 13-16 15 Cuando llegaron a Jerusalén, Jesús entró en el
Templo y comenzó a echar a los que vendían y compraban en él. Derribó las
mesas de los cambistas y los puestos de los vendedores de palomas, 16 y
prohibió que transportaran cargas por el Templo. 17 Y les enseñaba:
"¿Acaso no está escrito: Mi Casa será llamada Casa de oración para
todas las naciones? Pero ustedes la han convertido en una cueva de
ladrones". 18 Cuando se enteraron los sumos sacerdotes y los
escribas, buscaban la forma de matarlo, porque le tenían miedo, ya que todo
el pueblo estaba maravillado de su enseñanza. 19 Al caer la tarde, Jesús y
sus discípulos salieron de la ciudad. La eficacia de la fe Mt. 21. 20-22; 17. 20 Lc. 17. 6 Mt. 6. 14-15 Discusión sobre la autoridad de Jesús Mt. 21. 23-27 Lc. 20. 1-8 27 Y llegaron de nuevo a Jerusalén. Mientras Jesús
caminaba por el Templo, los sumos sacerdotes, los escribas y los ancianos se
acercaron a él 28 y le dijeron: "¿Con qué autoridad haces estas cosas?
¿O quién te dio autoridad para hacerlo?". 29 Jesús les respondió:
"Yo también quiero hacerles una sola pregunta. Si me responden, les diré
con qué autoridad hago estas cosas. 30 Díganme: el bautismo de Juan, ¿venía
del cielo o de los hombres?". 31 Ellos se hacían este razonamiento:
"Si contestamos: "Del cielo", él nos dirá: "¿Por qué no
creyeron en él?". 32 ¿Diremos entonces: "De los
hombres"?". Pero como temían al pueblo, porque todos consideraban
que Juan había sido realmente un profeta, 33 respondieron a Jesús: "No
sabemos". Y él les respondió: "Yo tampoco les diré con qué
autoridad hago estas cosas". La parábola de los viñadores homicidas Mt. 21. 33-46 Lc. 20. 9-19 12 1 Jesús
se puso a hablarles en parábolas: "Un hombre plantó una viña, la
cercó, cavó un lagar y construyó una torre de vigilancia. Después la
arrendó a unos viñadores y se fue al extranjero. 10 ¿No han leído este pasaje de La piedra que los
constructores rechazaron ha llegado a ser la
piedra angular: 11 esta es la obra del
Señor, admirable a nuestros
ojos?". 12 Entonces buscaban la manera de detener a Jesús,
porque comprendían que esta parábola la había dicho por ellos, pero tenían
miedo de la multitud. Y dejándolo, se fueron. El impuesto debido a la autoridad Mt. 22. 15-22 Lc. 20. 20-26 13 Le enviaron después a unos fariseos y herodianos
para sorprenderlo en alguna de sus afirmaciones. 14 Ellos fueron y le
dijeron: "Maestro, sabemos que eres sincero y no tienes en cuenta la
condición de las personas, porque no te fijas en la categoría de nadie, sino
que enseñas con toda fidelidad el camino de Dios. ¿Está permitido pagar el
impueso al César o no? ¿Debemos pagarlo o no?". 15 Pero él, conociendo
su hipocresía, les dijo: "¿Por qué me tienden una trampa? Muéstrenme un
denario". 16 Cuando se lo mostraron, preguntó: "¿De quién es esta
figura y esta inscripción?". Respondieron: "Del César". 17
Entonces Jesús les dijo: "Den al César lo que es del César, y a Dios, lo
que es de Dios". Y ellos quedaron sorprendidos por la respuesta. Discusión sobre la resurrección de los muertos Mt. 22. 23-33 Lc. 20. 27-40 18 Se le acercaron unos saduceos, que son los que
niegan la resurrección, y le propusieron este caso: 19 "Maestro, Moisés
nos ha ordenado lo siguiente: "Si alguien está casado y muere sin
tener hijos, que su hermano, para darle descendencia, se case con la
viuda". 20 Ahora bien, había siete hermanos. El primero se casó y
murió sin tener hijos. 21 El segundo se casó con la viuda y también murió sin
tener hijos; lo mismo ocurrió con el tercero; 22 y así ninguno de los siete
dejó descendencia. Después de todos ellos, murió la mujer. 23 Cuando
resuciten los muertos, ¿de quién será esposa, ya que los siete la tuvieron
por mujer?". 24 Jesús les dijo: "¿No será que ustedes están
equivocados por no comprender las Escrituras ni el poder de Dios? 25 Cuando
resuciten los muertos, ni los hombres ni las mujeres se casarán, sino que
serán como ángeles en el cielo. 26 Y con respecto a la resurrección de los
muertos, ¿no han leído en el Libro de Moisés, en el pasaje de la zarza, lo
que Dios le dijo: Yo soy el Dios de Abraham, el Dios de Isaac y el Dios de
Jacob? 27 Él no es un Dios de muertos, sino de vivientes. Ustedes están
en un grave error". El mandamiento principal Mt. 22. 34-40 Lc. 10. 25-28 28 Un escriba que los oyó discutir, al ver que les
había respondido bien, se acercó y le preguntó: "¿Cuál es el primero de
los mandamientos?". 29 Jesús respondió: "El primero es: Escucha,
Israel: el Señor nuestro Dios es el único Señor; 30 y tú amarás al
Señor, tu Dios, con todo tu corazón y con toda tu alma, con todo tu
espíritu y con todas tus fuerzas. 31 El segundo es: Amarás a tu
prójimo como a ti mismo. No hay otro mandamiento más grande que
estos". 32 El escriba le dijo: "Muy bien, Maestro, tienes razón al
decir que hay un solo Dios y no hay otro más que él, 33 y que amarlo con todo
el corazón, con toda la inteligencia y con todas las fuerzas, y amar al
prójimo como a sí mismo, vale más que todos los holocaustos y todos los
sacrificios". 34 Jesús, al ver que había respondido tan acertadamente,
le dijo: "Tú no estás lejos del Reino de Dios". Y nadie se atrevió
a hacerle más preguntas. El Mesías, hijo y Señor de David Mt. 22. 41-45 Lc. 20. 41-44 35 Jesús se puso a enseñar en el Templo y
preguntaba: "¿Cómo pueden decir los escribas que el Mesías es hijo de
David? 36 El mismo David ha dicho, movido por el Espíritu Santo: Dijo el Señor a mi
Señor: Siéntate a mi derecha, hasta que ponga a tus
enemigos debajo de tus pies. 37 Si el mismo David lo llama "Señor",
¿cómo puede ser hijo suyo?". Advertencia de Jesús contra los escribas Mt. 23. 6-7 Lc. 20. 45-47; 11. 43 La multitud escuchaba a Jesús con agrado. 38 Y él
les enseñaba: "Cuídense de los escribas, a quienes les gusta pasearse
con largas vestiduras, ser saludados en las plazas 39 y ocupar los primeros
asientos en las sinagogas y los banquetes; 40 que devoran los bienes de las
viudas y fingen hacer largas oraciones. Estos serán juzgados con más
severidad". La ofrenda de la viuda Lc. 21. 1-4 41 Jesús se sentó frente a la sala del tesoro del
Templo y miraba cómo la gente depositaba su limosna. Muchos ricos daban en
abundancia. 42 Llegó una viuda de condición humilde y colocó dos pequeñas
monedas de cobre. 43 Entonces él llamó a sus discípulos y les dijo: "Les
aseguro que esta pobre viuda ha puesto más que cualquiera de los otros, 44
porque todos han dado de lo que les sobraba, pero ella, de su indigencia, dio
todo lo que poseía, todo lo que tenía para vivir". Anuncio de la destrucción del Templo Mt. 24. 1-3 Lc. 21. 5-7 13 1
Cuando Jesús salía del Templo, uno de sus discípulos le dijo: "¡Maestro,
mira qué piedras enormes y qué construcción!". 2 Jesús le respondió:
"¿Ves esa gran construcción? De todo esto no quedará piedra sobre
piedra: todo será destruido". 3 Y después, estando sentado en el monte
de los Olivos, frente al Templo, Pedro, Santiago, Juan y Andrés le
preguntaron en privado: 4 "Dinos cuándo sucederá esto y cuál será la
señal de que ya están por cumplirse todas estas cosas". El comienzo de las tribulaciones Mt. 24. 4-14 Lc. 21. 8-19 5 Entonces Jesús comenzó a decirles: "Tengan
cuidado de que no los engañen, 6 porque muchos se presentarán en mi Nombre,
diciendo: "Soy yo", y engañarán a mucha gente. 7 No se alarmen
cuando oigan hablar de guerras y de rumores de guerras: es necesario que esto
ocurra, pero todavía no será el fin. 8 Se levantará nación contra nación y
reino contra reino. En muchas partes, habrá terremotos y hambre. Este será el
comienzo de los dolores del parto. 9 Estén atentos: los entregarán a los tribunales y
los azotarán en las sinagogas, y por mi causa serán llevados ante
gobernadores y reyes, para dar testimonio delante de ellos. 10 Pero antes, La gran tribulación de Jerusalén Mt. 24. 15-25 Lc. 21. 20-24; 17. 23 14 Cuando vean 21 Si alguien les dice entonces: "El Mesías está
aquí o está allí", no lo crean. 22 Porque aparecerán falsos mesías y
falsos profetas que harán milagros y prodigios capaces de engañar, si fuera
posible, a los mismos elegidos. 23 Pero ustedes tengan cuidado: yo los he
prevenido de todo. La manifestación gloriosa del Hijo del hombre Mt. 24. 29-31 Lc. 21. 25-27 24 En ese tiempo, después de esta tribulación, el
sol se oscurecerá, la luna dejará de brillar, 25 las estrellas caerán del
cielo y los astros se conmoverán. 26 Y se verá al Hijo del hombre venir sobre
las nubes, lleno de poder y de gloria. 27 Y él enviará a los ángeles para que
congreguen a sus elegidos desde los cuatro puntos cardinales, de un extremo
al otro del horizonte. La parábola de la higuera Mt. 24. 32-36 Lc. 21. 29-33 28 Aprendan esta comparación, tomada de la higuera:
cuando sus ramas se hacen flexibles y brotan las hojas, ustedes se dan cuenta
de que se acerca el verano. 29 Así también, cuando vean que suceden todas
estas cosas, sepan que el fin está cerca, a la puerta. 30 Les aseguro que no
pasará esta generación, sin que suceda todo esto. 31 El cielo y la tierra
pasarán, pero mis palabras no pasarán. 32 En cuanto a ese día y a la hora,
nadie los conoce, ni los ángeles del cielo, ni el Hijo, nadie sino el Padre. Exhortación a la vigilancia y a la fidelidad Mt. 24. 42; 25. 13-15√Lc. 19. 12-13; 12. 38,
40 33 Tengan cuidado y estén prevenidos, porque no
saben cuándo llegará el momento. 34 Será como un hombre que se va de viaje,
deja su casa al cuidado de sus servidores, asigna a cada uno su tarea, y
recomienda al portero que permanezca en vela. 35 Estén prevenidos, entonces,
porque no saben cuándo llegará el dueño de casa, si al atardecer, a
medianoche, al canto del gallo o por la mañana. 36 No sea que llegue de
improviso y los encuentre dormidos. 37 Y esto que les digo a ustedes, lo digo
a todos: ¡Estén prevenidos!". Los cuatro Evangelios
desembocan en el relato conmovedor de San Marcos pone todo
esto de relieve en su relato de La conspiración contra Jesús Mt. 26. 1-5 Lc. 22. 1-2 14 1
Faltaban dos días para la fiesta de La unción de Jesús en Betania Mt. 26. 6-13 Jn. 12. 1-8 3 Mientras Jesús estaba en Betania, comiendo en casa
de Simón el leproso, llegó una mujer con un frasco lleno de un valioso
perfume de nardo puro, y rompiendo el frasco, derramó el perfume sobre la
cabeza de Jesús. 4 Entonces algunos de los que estaban allí se indignaron y
comentaban entre sí: "¿Para qué este derroche de perfume? 5 Se hubiera
podido vender por más de trescientos denarios para repartir el dinero entre
los pobres". Y la criticaban. 6 Pero Jesús dijo: "Déjenla, ¿por qué
la molestan? Ha hecho una buena obra conmigo. La traición de Judas Mt. 26. 14-16 Lc. 22. 3-6 10 Judas Iscariote, uno de los Doce, fue a ver a los
sumos sacerdotes para entregarles a Jesús. 11 Al oírlo, ellos se alegraron y
prometieron darle dinero. Y Judas buscaba una ocasión propicia para
entregarlo. Los preparativos para la comida pascual Mt. 26. 17-19 Lc. 22. 7-13 12 El primer día de la fiesta de los panes Ácimos,
cuando se inmolaba la víctima pascual, los discípulos dijeron a Jesús:
"¿Dónde quieres que vayamos a prepararte la comida pascual?". 13 Él
envió a dos de sus discípulos, diciéndoles: "Vayan a la ciudad; allí se
encontrarán con un hombre que lleva un cántaro de agua. Síganlo, 14 y díganle
al dueño de la casa donde entre: El Maestro dice: "¿Dónde está mi sala,
en la que voy a comer el cordero pascual con mis discípulos?". 15 Él les
mostrará en el piso alto una pieza grande, arreglada con almohadones y ya
dispuesta; prepárennos allí lo necesario". 16 Los discípulos partieron
y, al llegar a la ciudad, encontraron todo como Jesús les había dicho y
prepararon El anuncio de la traición de Judas Mt. 26. 20-25 Lc. 22. 14, 21-23Jn. 13. 21-30 17 Al atardecer, Jesús llegó con los Doce. 18 Y
mientras estaban comiendo, dijo: "Les aseguro que uno de ustedes me
entregará, uno que come conmigo". 19 Ellos se entristecieron y
comenzaron a preguntarle, uno tras otro: "¿Seré yo?". 20 Él les
respondió: "Es uno de los Doce, uno que se sirve de la misma fuente que
yo. 21 El Hijo del hombre se va, como está escrito de él, pero ¡ay de aquel
por quien el Hijo del hombre será entregado: más le valdría no haber nacido!". La institución de Mt. 26. 26-29 Lc. 22. 17-201 Cor. 11. 23-25 22 Mientras comían, Jesús tomó el pan, pronunció la
bendición, lo partió y lo dio a sus discípulos, diciendo: "Tomen, esto
es mi Cuerpo". 23 Después tomó una copa, dio gracias y se la entregó, y
todos bebieron de ella. 24 Y les dijo: "Esta es mi Sangre, El anuncio de las negaciones de Pedro Mt. 26. 30-35 Lc. 22. 39, 31-34 Jn. 13. 36-38 26 Después del canto de los Salmos, salieron hacia
el monte de los Olivos. 27 Y Jesús les dijo: "Todos ustedes se van a
escandalizar, porque dice La oración de Jesús en Getsemaní Mt. 26. 36-46 Lc. 22. 40-46 Jn. 18. 1 32 Llegaron a una propiedad llamada Getsemaní, y
Jesús dijo a sus discípulos. "Quédense aquí, mientras yo voy a
orar". 33 Después llevó con él a Pedro, Santiago y Juan, y comenzó a
sentir temor y a angustiarse. 34 Entonces les dijo: "Mi alma siente una
tristeza de muerte. Quédense aquí velando". 35 Y adelantándose un poco,
se postró en tierra y rogaba que, de ser posible, no tuviera que pasar por
esa hora. 36 Y decía: "Abba –Padre– todo te es posible: aleja de mí este
cáliz, pero que no se haga mi voluntad, sino la tuya". 37 Después volvió
y encontró a sus discípulos dormidos. Y Jesús dijo a Pedro: "Simón,
¿duermes? ¿No has podido quedarte despierto ni siquiera una hora? 38
Permanezcan despiertos y oren para no caer en la tentación, porque el
espíritu está dispuesto, pero la carne es débil". 39 Luego se alejó
nuevamente y oró, repitiendo las mismas palabras. 40 Al regresar, los
encontró otra vez dormidos, porque sus ojos se cerraban de sueño, y no sabían
qué responderle. 41 Volvió por tercera vez y les dijo: "Ahora pueden
dormir y descansar. Esto se acabó. Ha llegado la hora en que el Hijo del
hombre va a ser entregado en manos de los pecadores. 42 ¡Levántense! ¡Vamos!
Ya se acerca el que me va a entregar". El arresto de Jesús Mt. 26. 47-56 Lc. 22. 47-53 Jn. 18. 2-11 43 Jesús estaba hablando todavía, cuando se presentó
Judas, uno de los Doce, acompañado de un grupo con espadas y palos, enviado
por los sumos sacerdotes, los escribas y los ancianos. 44 El traidor les
había dado esta señal: "Es aquel a quien voy a besar. Deténganlo y
llévenlo bien custodiado". 45 Apenas llegó, se le acercó y le dijo:
"Maestro", y lo besó. 46 Los otros se abalanzaron sobre él y lo
arrestaron. 47 Uno de los que estaban allí sacó la espada e hirió al servidor
del Sumo Sacerdote, cortándole la oreja. 48 Jesús les dijo: "Como si
fuera un bandido, han salido a arrestarme con espadas y palos. 49 Todos los
días estaba entre ustedes enseñando en el Templo y no me arrestaron. Pero
esto sucede para que se cumplan las Escrituras". 50 Entonces todos lo
abandonaron y huyeron. 51 Lo seguía un joven, envuelto solamente con una
sábana, y lo sujetaron; 52 pero él, dejando la sábana, se escapó desnudo. Jesús ante el Sanedrín Mt. 26. 57-68 Lc. 22. 54-55, 63-71 Jn. 18. 15-16, 18 53 Llevaron a Jesús ante el Sumo Sacerdote, y allí
se reunieron todos los sumos sacerdotes, los ancianos y los escribas. 54
Pedro lo había seguido de lejos hasta el interior del palacio del Sumo
Sacerdote y estaba sentado con los servidores, calentándose junto al fuego.
55 Los sumos sacerdotes y todo el Sanedrín buscaban un testimonio contra
Jesús, para poder condenarlo a muerte, pero no lo encontraban. 56 Porque se
presentaron muchos con falsas acusaciones contra él, pero sus testimonios no
concordaban. 57 Algunos declaraban falsamente contra Jesús: 58 "Nosotros
lo hemos oído decir: "Yo destruiré este Templo hecho por la mano del
hombre, y en tres días volveré a construir otro que no será hecho por la mano
del hombre"". 59 Pero tampoco en esto concordaban sus declaraciones. 60 El Sumo Sacerdote, poniéndose de pie ante la
asamblea, interrogó a Jesús: "¿No respondes nada a lo que estos
atestiguan contra ti?". 61 Él permanecía en silencio y no respondía
nada. El Sumo Sacerdote lo interrogó nuevamente: "¿Eres el Mesías, el
Hijo del Dios bendito?". 62 Jesús respondió: "Sí, yo lo soy: y
ustedes verán al Hijo del hombre sentarse a la derecha del Todopoderoso y
venir entre las nubes del cielo". 63 Entonces el Sumo Sacerdote
rasgó sus vestiduras y exclamó: "¿Qué necesidad tenemos ya de testigos?
64 Ustedes acaban de oír la blasfemia. ¿Qué les parece?". Y todos
sentenciaron que merecía la muerte. 65 Después algunos comenzaron a escupirlo y,
tapándole el rostro, lo golpeaban, mientras le decían:
"¡Profetiza!". Y también los servidores le daban bofetadas. Las negaciones de Pedro Mt. 26. 69-75 Lc. 22. 55-62 Jn. 18. 17, 25-27 66 Mientras Pedro estaba abajo, en el patio, llegó
una de las sirvientas del Sumo Sacerdote 67 y, al ver a Pedro junto al fuego,
lo miró fijamente y le dijo: "Tú también estabas con Jesús, el
Nazareno". 68 Él lo negó, diciendo: "No sé nada; no entiendo de qué
estás hablando". Luego salió al vestíbulo y cantó el gallo. 69 La
sirvienta, al verlo, volvió a decir a los presentes: "Este es uno de
ellos". 70 Pero él lo negó nuevamente. Un poco más tarde, los que
estaban allí dijeron a Pedro: "Seguro que eres uno de ellos, porque tú
también eres galileo". 71 Entonces él se puso a maldecir y a jurar que
no conocía a ese hombre del que estaban hablando. 72 En seguida cantó el
gallo por segunda vez. Pedro recordó las palabras que Jesús le había dicho:
"Antes que cante el gallo por segunda vez, tú me habrás negado tres
veces". Y se puso a llorar. Jesús ante Pilato Mt. 27. 1-2, 11-14 Lc. 23. 1-5, 13-16 Jn. 18. 33-38 15 1 En
cuanto amaneció, los sumos sacerdotes se reunieron en Consejo con los
ancianos, los escribas y todo el Sanedrín. Y después de atar a Jesús, lo
llevaron y lo entregaron a Pilato. 2 Este lo interrogó: "¿Tú eres el rey
de los judíos?". Jesús le respondió: "Tú lo dices". 3 Los
sumos sacerdotes multiplicaban las acusaciones contra él. 4 Pilato lo
interrogó nuevamente: "¿No respondes nada? ¡Mira de todo lo que te
acusan!". 5 Pero Jesús ya no respondió a nada más, y esto dejó muy
admirado a Pilato. Jesús y Barrabás Mt. 27. 15-26 Lc. 23. 18-25 Jn. 18. 39-40; 19. 1,
4-16 6 En cada Fiesta, Pilato ponía en libertad a un
preso, a elección del pueblo. 7 Había en la cárcel uno llamado Barrabás,
arrestado con otros revoltosos que habían cometido un homicidio durante la
sedición. 8 La multitud subió y comenzó a pedir el indulto acostumbrado. 9
Pilato les dijo: "¿Quieren que les ponga en libertad al rey de los
judíos?". 10 Él sabía, en efecto, que los sumos sacerdotes lo habían
entregado por envidia. 11 Pero los sumos sacerdotes incitaron a la multitud a
pedir la libertad de Barrabás. 12 Pilato continuó diciendo: "¿Qué
quieren que haga, entonces, con el que ustedes llaman rey de los
judíos?". 13 Ellos gritaron de nuevo: "¡Crucifícalo!". 14
Pilato les dijo: "¿Qué mal ha hecho?". Pero ellos gritaban cada vez
más fuerte: "¡Crucifícalo!". 15 Pilato, para contentar a la
multitud, les puso en libertad a Barrabás; y a Jesús, después de haberlo
hecho azotar, lo entregó para que fuera crucificado. La coronación de espinas Mt. 27. 27-31 Jn. 19. 2-3 16 Los soldados lo llevaron dentro del palacio, al
pretorio, y convocaron a toda la guardia. 17 Lo vistieron con un manto de
púrpura, hicieron una corona de espinas y se la colocaron. 18 Y comenzaron a
saludarlo: "¡Salud, rey de los judíos!". 19 Y le golpeaban la cabeza
con una caña, le escupían y, doblando la rodilla, le rendían homenaje. 20
Después de haberse burlado de él, le quitaron el manto de púrpura y le
pusieron de nuevo sus vestiduras. Luego lo hicieron salir para crucificarlo. El camino hacia el Calvario Mt. 27. 32-33 Lc. 23. 26, 33a Jn. 19. 17 21 Como pasaba por allí Simón de Cirene, padre de
Alejandro y de Rufo, que regresaba del campo, lo obligaron a llevar la cruz
de Jesús. 22 Y condujeron a Jesús a un lugar llamado Gólgota, que significa:
"lugar del Cráneo". La crucifixión de Jesús Mt. 27. 34-38 Lc. 23. 33b-34 Jn. 19. 18-24 23 Le ofrecieron vino mezclado con mirra, pero él no
lo tomó. 24 Después lo crucificaron. Los soldados se repartieron sus
vestiduras, sorteándolas para ver qué le tocaba a cada uno. 25 Ya mediaba
la mañana cuando lo crucificaron. 26 La inscripción que indicaba la causa de
su condena decía: "El rey de los judíos". 27 Con él crucificaron a
dos bandidos, uno a su derecha y el otro a su izquierda. 28 . Injurias a Jesús crucificado Mt. 27. 39-44 Lc. 23. 35-37, 39 29 Los que pasaban lo insultaban, movían la cabeza y
decían: "¡Eh, tú, que destruyes el Templo y en tres días lo vuelves a
edificar, 30 sálvate a ti mismo y baja de la cruz!". 31 De la misma
manera, los sumos sacerdotes y los escribas se burlaban y decían entre sí:
"¡Ha salvado a otros y no puede salvarse a sí mismo! 32 Es el Mesías, el
rey de Israel, ¡que baje ahora de la cruz, para que veamos y crea-mos!".
También lo insultaban los que habían sido crucificados con él. La muerte de Jesús Mt. 27. 45-54 Lc. 23. 44-47 Jn. 19. 29-30 33 Al mediodía, se oscureció toda la tierra hasta
las tres de la tarde; 34 y a esa hora, Jesús exclamó en alta voz: "Eloi,
Eloi, lamá sabactani", que significa: "Dios mío, Dios mío,
¿por qué me has abandonado?". 35 Algunos de los que se encontraban
allí, al oírlo, dijeron: "Está llamando a Elías". 36 Uno corrió a
mojar una esponja en vinagre y, poniéndola en la punta de una caña, le dio de
beber, diciendo: "Vamos a ver si Elías viene a bajarlo". 37
Entonces Jesús, dando un gran grito, expiró. 38 El velo del Templo se rasgó en dos, de arriba
abajo. 39 Al verlo expirar así, el centurión que estaba frente a él, exclamó:
"¡Verdaderamente, este hombre era Hijo de Dios!". Las mujeres que siguieron a Jesús Mt. 27. 55-56 Lc. 23. 49 Jn. 19. 25 40 Había también allí algunas mujeres que miraban de
lejos. Entre ellas estaban María Magdalena, María, la madre de Santiago el
menor y de José, y Salomé, 41 que seguían a Jesús y lo habían servido cuando
estaba en Galilea; y muchas otras que habían subido con él a Jerusalén. La sepultura de Jesús Mt. 27. 57-61 Lc. 23. 50-55 Jn. 19. 38-42 42 Era día de Preparación, es decir, víspera de
sábado. Por eso, al atardecer, 43 José de Arimatea –miembro notable del
Sanedrín, que también esperaba el Reino de Dios– tuvo la audacia de
presentarse ante Pilato para pedirle el cuerpo de Jesús. 44 Pilato se asombró
de que ya hubiera muerto; hizo llamar al centurión y le preguntó si hacía
mucho que había muerto. 45 Informado por el centurión, entregó el cadáver a
José. 46 Este compró una sábana, bajó el cuerpo de Jesús, lo envolvió en ella
y lo depositó en un sepulcro cavado en la roca. Después, hizo rodar una
piedra a la entrada del sepulcro. 47 María Magdalena y María, la madre de
José, miraban dónde lo habían puesto. El anuncio de la resurrección de Jesús Mt. 28. 1-8 Lc. 24. 1-10 Jn. 20. 1-2 16 1
Pasado el sábado, María Magdalena, María, la madre de Santiago, y Salomé
compraron perfumes para ungir el cuerpo de Jesús. 5 Al entrar al sepulcro, vieron a un joven sentado a
la derecha, vestido con una túnica blanca. Ellas quedaron sorprendidas, 6
pero él les dijo: "No teman. Ustedes buscan a Jesús de Nazaret, el
Crucificado. Ha resucitado, no está aquí. Miren el lugar donde lo habían
puesto. 7 Vayan ahora a decir a sus discípulos y a Pedro que él irá antes que
ustedes a Galilea; allí lo verán, como él se lo había dicho". 8 Ellas
salieron corriendo del sepulcro, porque estaban temblando y fuera de sí. Y no
dijeron nada a nadie, porque tenían miedo. APÉNDICE El Evangelio de Marcos
termina de manera inesperada. Por eso se le agregó una conclusión, cuyo
contenido es un resumen de los relatos de las apariciones de Jesús resucitado
que figuran en los otros Evangelios. En este Apéndice llama la
atención la triple insistencia en la incredulidad de los discípulos. También
para ellos la fe fue un don de Dios. Y sólo esa fe los hizo capaces de
cumplir la misión que el Señor les encomendó: anunciar a todo el mundo La aparición de Jesús a María Magdalena Jn. 20. 11-18 9 Jesús, que había resucitado a la mañana del primer
día de la semana, se apareció primero a María Magdalena, aquella de quien
había echado siete demonios. 10 Ella fue a contarlo a los que siempre lo
habían acompañado, que estaban afligidos y lloraban. 11 Cuando la oyeron
decir que Jesús estaba vivo y que lo había visto, no le creyeron. La aparición de Jesús a dos discípulos Lc. 24. 13-35 12 Después, se mostró con otro aspecto a dos de
ellos, que iban caminando hacia un poblado. 13 Y ellos fueron a anunciarlo a
los demás, pero tampoco les creyeron. La misión universal de los Apóstoles Mt. 28. 16-20 Lc. 24. 36-51 Jn. 20. 21 Hech. 1. 8 14 En seguida, se apareció a los Once, mientras
estaban comiendo, y les reprochó su incredulidad y su obstinación porque no
habían creído a quienes lo habían visto resucitado. 15 Entonces les dijo:
"Vayan por todo el mundo, anuncien 17 Y estos prodigios acompañarán a los que crean:
arrojarán a los demonios en mi Nombre y hablarán nuevas lenguas; 18 podrán
tomar a las serpientes con sus manos, y si beben un veneno mortal no les hará
ningún daño; impondrán las manos sobre los enfermos y los curarán". 19 Después de decirles esto, el Señor Jesús fue
llevado al cielo y está sentado a la derecha de Dios. 20 Ellos fueron a
predicar por todas partes, y el Señor los asistía y confirmaba su palabra con
los milagros que la acompañaban. 1 1. "Mesías",
es decir, "ungido" o "consagrado por la unción" –en
griego, "Cristo"– es el título que los judíos dan al Salvador
esperado. Ver 8. 29. 2-3. Is.
40. 3. Ver nota Mt. 3. 3. 4. Ver
nota Mt. 3. 6. 10.
"Como una paloma": ver nota Mt. 3. 16. 11. Ver
Sal. 2. 7; Is. 42. 1. 12-13. Ver
nota Mt. 4. 1. 15.
"El tiempo se ha cumplido": se trata del tiempo determinado en los
designios de Dios para inaugurar su Reino. 21.
"Sinagoga": ver nota Mt. 4. 23. 22. Ver
nota Mt. 7. 29. 23.
"Espíritu impuro": expresión común en la literatura judía, para
designar al demonio. 43-44. Ver
nota Mt. 8. 4. 2 2.
" 6. "Escribas":
ver nota Mt. 2. 4. 10.
"Hijo del hombre": ver nota Mt. 8. 20. 15.
"Su casa": según Lc. 5. 29, se trata de la casa de Leví o Mateo. "Publicanos": ver nota Mt. 5. 46.
"Pecadores": ver nota Mt. 9. 11. 16.
"Fariseos": ver nota Mt. 3. 7. 19. Los
"amigos del esposo": ver nota Mt. 9. 15. 21-22. Ver
nota Mt. 9. 16-17. 26.
"Panes de la ofrenda": ver nota Mt. 12. 3-4. 3 4.
Esta contraposición, en lenguaje semítico, equivale a la pregunta: "En
día sábado, ¿no se puede hacer absolutamente nada?". 6.
"Herodianos": ver nota Mt. 22. 16. 14.
Algunos manuscritos añaden: "a los que llamó Apóstoles". 17.
"Hijos del trueno": para justificar ese apodo, ver Lc. 9. 54. 22.
"Belzebul": ver nota Mt. 10. 25. 27. El
"hombre fuerte": ver nota Mt. 12. 29. 28-29. Ver
nota Mt. 12. 31-32. 31.
"Hermanos": ver nota Mt. 12. 46. 4 12.
Is. 6. 9-10. Ver nota Mt. 13. 13. 24-25.
Marcos aplica estos dos proverbios a la disposición con que los discípulos
deben escuchar las enseñanzas de Jesús sobre el Reino de Dios. El primero
–"la medida con que midan se usará para ustedes, y les darán más
todavía"– indica que la medida de la comprensión corresponderá a la
actitud con que se reciba esa enseñanza. En cuanto al segundo –"al que tiene,
se le dará, pero al que no tiene, se le quitará aun lo que tiene"– ver
nota Mt. 13. 12. Mateo y Lucas refieren el primer proverbio a las relaciones
con el prójimo. Ver Mt. 7. 2; Lc. 6. 38. 31-32. Ez.
17. 23; 31. 6; Dn. 4. 9, 18. Ver nota Mt. 13. 32. 39. Ver
nota Mt. 8. 26. 5 1. "La
región de los gerasenos" recibía este nombre por la ciudad de Gerasa,
que se encontraba a unos cincuenta kilómetros al sudeste del lago de
Genesaret. Mateo sitúa este mismo relato en la región de Gadara. Ver nota Mt.
8. 28. 11. Ver
nota Mt. 8. 30. 33.
"Muy asustada y temblando": esta reacción de la mujer se debía a su
situación legal de impureza, como consecuencia de su humillante enfermedad
(Lev. 15. 25-27), que le impedía todo contacto social. 38. Ver
nota Mt. 9. 23. 6 11. "Sacudan
hasta el polvo de sus pies": ver nota Mt. 10.
14. 22. Otros
manuscritos dicen: "Su hija Herodías". 37.
"Denarios": ver nota Mt. 18. 28. 56. Ver
nota Mt. 9. 20. 7 6-7. Is.
29. 13. 10. Éx. 20. 12;
Deut. 5. 16; Éx. 21. 17; Lev. 20. 9. 11-12. Ver
nota Mt. 15. 5-6. "Corbán" es una palabra aramea, cuyo significado
es aclarado en el texto, como lo hace habitualmente Marcos. Ver 5. 41; 7. 34;
15. 34. 27. Ver
nota Mt. 15. 26. 31. La
"Decápolis": ver nota Mt. 4. 25. 8 10.
"Dalmanuta" era una localidad próxima al mar de Galilea. En Mt. 15.
39 se la llama Magadán. 11-12. Los
fariseos reclaman una confirmación espectacular de la misión de Jesús, cuando
en realidad él mismo es el verdadero "signo" de Dios. 18. Jer.
5. 21; Ez. 12. 2. 33. Ver
nota Mt. 16. 23. 9 1. Ver
nota Mt. 16. 28. 7. Ver
nota Mt. 17. 5. 11. Ver
nota Mt. 11. 14. 13. Ver
nota Mt. 17. 12. 17-18. Los
síntomas de este enfermo hacen pensar en un caso de epilepsia, atribuida –en
la concepción popular de la época– a posesión demoníaca. 43.
"Gehena": ver nota Mt. 5. 22. 44 y 46.
Estos versículos, que son simple repetición del v. 48, faltan en los mejores
manuscritos. 48. Is.
66. 24. 49. Esta
enigmática expresión de Jesús evoca probablemente una prescripción de Lev. 2.
13, según la cual la ofrenda de los sacrificios de 10 6-8.
Gn. 1. 27; 2. 24. 13.
"Para que los tocara": Jesús tocaba a los niños imponiéndoles las
manos e implorando la bendición sobre ellos. 19. Éx.
20. 12-16; Deut. 5. 16-20. 32. La
actitud decidida de Jesús contrasta con el temor de sus acompañantes frente a
los peligros que iban a correr en Jerusalén, donde encontrarían enemigos
sumamente poderosos. 38.
"Beber el cáliz": ver nota Mt. 20. 22. "El bautismo que yo
recibiré": Jesús usa esta expresión (Lc. 12. 50) para referirse a su
muerte, dispuesta por el Padre celestial. 47-48.
"Hijo de David": ver nota Mt. 1. 1. 11 9. Sal.
118. 25-26. Ver nota Mt. 21.
9. 10. Esta
aclamación, propia de Marcos, tiene un sentido claramente mesiánico y real.
Ver nota Mt. 1. 1. 13-14.
Como "no era la época de los higos", la acción de Jesús tiene
necesariamente un valor simbólico, aclarado por el episodio siguiente de la
expulsión de los vendedores del Templo. La higuera representa al Templo de
Jerusalén –centro religioso de Israel– donde él no encontró los frutos
esperados. En Mateo, la higuera simboliza directamente a Israel. 17. Is.
56. 7; Jer. 7. 11. 26.
"Pero si no perdonan, tampoco el Padre que está en el cielo los
perdonará a ustedes". Este versículo, tomado de Mt. 6. 15, figura en algunos
manuscritos. 12 1.
Is. 5. 2. 10-11.
Sal. 118. 22-23. "Piedra angular": ver nota Mt. 21. 42. 18.
"Saduceos": ver nota Mt. 3. 7. 19. Deut.
25. 5-6. Ver nota Mt. 22. 24. 25. Ver
nota Mt. 22. 30. 26. Éx. 3.
6. 29-30.
Deut. 6. 4-5. 31. Lev.
19. 18. 36. Sal.
110. 1. 13 2. Ver
nota Mt. 24. 2. 14. Dn. 9.
27; 11. 31; 12. 11. " 19. Dn.
12. 1. 26. Ver
nota Mt. 8. 20. 32. Ver
nota Mt. 24. 36. 14 1.
La fiesta de los "panes Ácimos" comenzaba con 3. Ver
nota Mt. 26. 7. 18. Sal.
41. 10. 24. Ver
nota Mt. 26. 28. 25. Ver
nota Mt. 26. 29. 26. Ver
nota Mt. 26. 30. 27. Zac.
13. 7. 52.
Algunos piensan que el mismo Marcos es el protagonista de este incidente,
mencionado sólo en este Evangelio. 62. Dn. 7.
13. Ver nota Mt. 8. 20. 15 1.
"Pilato": ver nota Mt. 27. 2. 2. Ver
nota Mt. 27. 11. 15. Ver
nota Mt. 27. 26. 16. El
"pretorio": ver nota Mt. 27. 27. 22. "Lugar
del Cráneo": ver nota Mt. 27. 33. 23. Ver
nota Mt. 27. 34. 24. Sal.
22. 19. 28.
"Y se cumplió 34. Sal.
22. 2. Ver nota Mt. 27. 46. 36.
"Vinagre": ver nota Mt. 27. 48. 38. Ver
nota Mt. 27. 51. 16 9.
El "primer día de la semana": ver nota Mt. 28. 1. |
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para el estudio en Internet de Pedro Sergio Antonio Donoso Brant |
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