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Caminando con Jesús

Pedro Sergio Antonio Donoso Brant

La Biblia – El Libro del Pueblo de Dios

Edición especial comentada para ayudar a comprender mejor las Sagradas Escrituras

 

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EVANGELIO SEGÚN SAN MARCOS

Este Evangelio fue compuesto por un discípulo o, más exactamente, un "intérprete" del Apóstol Pedro, cuyo nombre completo era JUAN MARCOS. Es el más antiguo, el primero que fue puesto por escrito, cerca del año 70 de nuestra era, y es también el más breve.

Como está dirigido a cristianos provenientes del paganismo, que no conocían las costumbres judías, Marcos se las explica y, asimismo, traduce las expresiones arameas que utiliza en varias ocasiones. Su estilo es vivo y popular, y está lleno de espontaneidad, aunque su lenguaje es pobre y rudimentario.

El Evangelio de Marcos contiene pocos discursos, y se interesa más por las acciones que por las palabras de Jesús. En cambio, los relatos se desarrollan con abundancia de detalles, y en ellos Jesús aparece con las reacciones propias de un ser humano. Marcos destaca especialmente la humanidad de Jesús y, a partir de ella, nos lleva progresivamente a descubrir en él al Hijo de Dios. Porque detrás de su Persona se esconde un gran "secreto", el secreto "mesiánico", que sólo se revela en su Muerte y su Resurrección.

Únicamente en la cruz está la respuesta a la gran pregunta latente a lo largo de todo este Evangelio: "¿Quién es Jesús de Nazaret?". Ciertamente, no es el Mesías glorioso que esperaban sus contemporáneos, sino el Mesías crucificado. La cruz era el camino obligado para llegar a la Resurrección. Todos estamos llamados a seguirlo por este camino, para poder comprender cada vez más profundamente "la Buena Noticia de Jesús, Mesías, Hijo de Dios" (1. 1), que Marcos nos transmite con tanta frescura y sencillez, como un eco fiel del primer anuncio del Evangelio.

 

PREPARACIÓN DEL MINISTERIO DE JESÚS

Marcos, lo mismo que Juan, no hace ninguna referencia a la infancia de Jesús, como lo hacen Mateo y Lucas. Su Evangelio comienza abruptamente con la predicación de Juan el Bautista. Este bautiza con agua y atrae a la multitud, pero anuncia la llegada del que es "más poderoso" (1. 7): sólo él bautizará "con el Espíritu Santo" (1. 8).

Desde el primer momento, Marcos nos dice claramente quién es Jesús. Ya en la escena de su bautismo pone bien de relieve la manifestación del Padre que lo declara su "Hijo muy querido" (1. 11). La brevedad con que Marcos narra la tentación del Señor en el desierto, nos ayuda a penetrar en el aspecto esencial del hecho: la lucha y la victoria de Cristo contra el espíritu del mal, que es uno de los temas centrales de este Evangelio.

La predicación de Juan el Bautista

Mt. 3. 1-6, 11-12 Lc. 3. 3-6, 15-16Jn. 1. 23, 26-27

1 1 Comienzo de la Buena Noticia de Jesús, Mesías, Hijo de Dios. 2 Como está escrito en el libro del profeta Isaías:

Mira, yo envío a mi mensajero delante de ti

para prepararte el camino.

3 Una voz grita en el desierto:

Preparen el camino del Señor,

allanen sus senderos,

4 así se presentó Juan el Bautista en el desierto, proclamando un bautismo de conversión para el perdón de los pecados. 5 Toda la gente de Judea y todos los habitantes de Jerusalén acudían a él, y se hacían bautizar en las aguas del Jordán, confesando sus pecados.

6 Juan estaba vestido con una piel de camello y un cinturón de cuero, y se alimentaba con langostas y miel silvestre. Y predicaba, diciendo: 7 "Detrás de mí vendrá el que es más poderoso que yo, y yo ni siquiera soy digno de ponerme a sus pies para desatar la correa de sus sandalias. 8 Yo los he bautizado a ustedes con agua, pero él los bautizará con el Espíritu Santo".

El bautismo de Jesús

Mt. 3. 13-17 Lc. 3. 21-22

9 En aquellos días, Jesús llegó desde Nazaret de Galilea y fue bautizado por Juan en el Jordán. 10 Y al salir del agua, vio que los cielos se abrían y que el Espíritu Santo descendía sobre él como una paloma; 11 y una voz desde el cielo dijo: "Tú eres mi Hijo muy querido, en ti tengo puesta toda mi predilección".

La tentación de Jesús en el desierto

Mt. 4. 1-11 Lc. 4. 1-13

12 En seguida el Espíritu lo llevó al desierto, 13 donde estuvo cuarenta días y fue tentado por Satanás. Vivía entre las fieras, y los ángeles lo servían.

LA ACTIVIDAD DE JESÚS EN GALILEA

Jesús viene a proclamar "la Buena Noticia de Dios" (1. 14). Esto es el Evangelio: la Buena Noticia de que el Reino de Dios irrumpe en el mundo y está personificado en Jesús. La entrada en el Reino exige un nuevo estilo de vida: es preciso convertirse y creer en esa Buena Noticia.

En primer lugar, Cristo proclama su Evangelio en la región de Galilea. Lo hace por medio de comparaciones, las "parábolas", y a través de obras admirables, los "milagros". Muchos comienzan a seguir a Jesús. Entre ellos, y para colaborar en su ministerio, él elige a "los Doce" (3. 16), que serán sus Apóstoles. Pero ya asoma en el horizonte la oposición de la gente más "religiosa" de su época. Marcos destaca esa oposición en cinco "controversias" muy significativas, que preludian la muerte de Jesús.

El comienzo de la predicación de Jesús

Mt. 4. 12-17 Lc. 4. 14-15

14 Después que Juan fue arrestado, Jesús se dirigió a Galilea. Allí proclamaba la Buena Noticia de Dios, diciendo: 15 "El tiempo se ha cumplido: el Reino de Dios está cerca. Conviértanse y crean en la Buena Noticia".

Los primeros discípulos

Mt. 4. 18-22 Lc. 5. 1-11

16 Mientras iba por la orilla del mar de Galilea, vio a Simón y a su hermano Andrés, que echaban las redes en el agua, porque eran pescadores. 17 Jesús les dijo: "Síganme, y yo los haré pescadores de hombres". 18 Inmediatamente, ellos dejaron sus redes y lo siguieron.

19 Y avanzando un poco, vio a Santiago, hijo de Zebedeo, y a su hermano Juan, que estaban también en su barca arreglando las redes. En seguida los llamó, 20 y ellos, dejando en la barca a su padre Zebedeo con los jornaleros, lo siguieron.

Enseñanza de Jesús en la sinagoga de Cafarnaún

Lc. 4. 31-32 Mt. 7. 28-29

21 Entraron en Cafarnaún, y cuando llegó el sábado, Jesús fue a la sinagoga y comenzó a enseñar. 22 Todos estaban asombrados de su enseñanza, porque les enseñaba como quien tiene autoridad y no como los escribas.

Curación de un endemoniado

Lc. 4. 33-37

23 Y había en la sinagoga un hombre poseído de un espíritu impuro, que comenzó a gritar: 24 "¿Qué quieres de nosotros, Jesús Nazareno? ¿Has venido para acabar con nosotros? Ya sé quién eres: el Santo de Dios". 25 Pero Jesús lo increpó, diciendo: "Cállate y sal de este hombre". 26 El espíritu impuro lo sacudió violentamente y, dando un gran alarido, salió de ese hombre. 27 Todos quedaron asombrados y se preguntaban unos a otros: "¿Qué es esto? ¡Enseña de una manera nueva, llena de autoridad; da órdenes a los espíritus impuros, y estos le obedecen!". 28 Y su fama se extendió rápidamente por todas partes, en toda la región de Galilea.

Curación de la suegra de Pedro

Mt. 8. 14-15 Lc. 4. 38-39

29 Cuando salió de la sinagoga, fue con Santiago y Juan a casa de Simón y Andrés. 30 La suegra de Simón estaba en cama con fiebre, y se lo dijeron de inmediato. 31 Él se acercó, la tomó de la mano y la hizo levantar. Entonces ella no tuvo más fiebre y se puso a servirlos.

Diversas curaciones

Mt. 8. 16 Lc. 4. 40-41

32 Al atardecer, después de ponerse el sol, le llevaron a todos los enfermos y endemoniados, 33 y la ciudad entera se reunió delante de la puerta. 34 Jesús curó a muchos enfermos, que sufrían de diversos males, y expulsó a muchos demonios; pero a estos no los dejaba hablar, porque sabían quién era él.

La misión de Jesús

Lc. 4. 42-44

35 Por la mañana, antes que amaneciera, Jesús se levantó, salió y fue a un lugar desierto; allí estuvo orando. 36 Simón salió a buscarlo con sus compañeros, 37 y cuando lo encontraron, le dijeron: "Todos te andan buscando". 38 Él les respondió: "Vayamos a otra parte, a predicar también en las poblaciones vecinas, porque para eso he salido". 39 Y fue predicando en las sinagogas de toda la Galilea y expulsando demonios.

Curación de un leproso

Mt. 8. 2-4 Lc. 5. 12-14

40 Entonces se le acercó un leproso para pedirle ayuda y, cayendo de rodillas, le dijo: "Si quieres, puedes purificarme". 41 Jesús, conmovido, extendió la mano y lo tocó, diciendo: "Lo quiero, queda purificado". 42 En seguida la lepra desapareció y quedó purificado. 43 Jesús lo despidió, advirtiéndole severamente: 44 "No le digas nada a nadie, pero ve a presentarte al sacerdote y entrega por tu purificación la ofrenda que ordenó Moisés, para que les sirva de testimonio". 45 Sin embargo, apenas se fue, empezó a proclamarlo a todo el mundo, divulgando lo sucedido, de tal manera que Jesús ya no podía entrar públicamente en ninguna ciudad, sino que debía quedarse afuera, en lugares desiertos. Y acudían a él de todas partes.

Curación de un paralítico

Mt. 9. 1-8 Lc. 5. 17-26

2 1 Unos días después, Jesús volvió a Cafarnaún y se difundió la noticia de que estaba en la casa. 2 Se reunió tanta gente, que no había más lugar ni siquiera delante de la puerta, y él les anunciaba la Palabra. 3 Le trajeron entonces a un paralítico, llevándolo entre cuatro hombres. 4 Y como no podían acercarlo a él, a causa de la multitud, levantaron el techo sobre el lugar donde Jesús estaba, y haciendo un agujero descolgaron la camilla con el paralítico. 5 Al ver la fe de esos hombres, Jesús dijo al paralítico: "Hijo, tus pecados te son perdonados".

6 Unos escribas que estaban sentados allí pensaban en su interior: 7 "¿Qué está diciendo este hombre? ¡Está blasfemando! ¿Quién puede perdonar los pecados, sino sólo Dios?". 8 Jesús, advirtiendo en seguida que pensaban así, les dijo: "¿Qué están pensando? 9 ¿Qué es más fácil, decir al paralítico: "Tus pecados te son perdonados", o "Levántate, toma tu camilla y camina"? 10 Para que ustedes sepan que el Hijo del hombre tiene sobre la tierra el poder de perdonar los pecados 11 –dijo al paralítico– yo te lo mando, levántate, toma tu camilla y vete a tu casa". 12 Él se levantó en seguida, tomó su camilla y salió a la vista de todos. La gente quedó asombrada y glorificaba a Dios, diciendo: "Nunca hemos visto nada igual".

El llamado de Leví

Mt. 9. 9 Lc. 5. 27-28

13 Jesús salió nuevamente a la orilla del mar; toda la gente acudía allí, y él les enseñaba. 14 Al pasar vio a Leví, hijo de Alfeo, sentado a la mesa de recaudación de impuestos, y le dijo: "Sígueme". Él se levantó y lo siguió.

La actitud de Jesús hacia los pecadores

Mt. 9. 10-13 Lc. 5. 29-32

15 Mientras Jesús estaba comiendo en su casa, muchos publicanos y pecadores se sentaron a comer con él y sus discípulos; porque eran muchos los que lo seguían. 16 Los escribas del grupo de los fariseos, al ver que comía con pecadores y publicanos, decían a los discípulos: "¿Por qué come con publicanos y pecadores?". 17 Jesús, que había oído, les dijo: "No son los sanos los que tienen necesidad del médico, sino los enfermos. Yo no he venido a llamar a los justos, sino a los pecadores".

Discusión sobre el ayuno

Mt. 9. 14-17 Lc. 5. 33-39

18 Un día en que los discípulos de Juan y los fariseos ayunaban, fueron a decirle a Jesús: "¿Por qué tus discípulos no ayunan, como lo hacen los discípulos de Juan y los discípulos de los fariseos?". 19 Jesús les respondió: "¿Acaso los amigos del esposo pueden ayunar cuando el esposo está con ellos? Es natural que no ayunen, mientras tienen consigo al esposo. 20 Llegará el momento en que el esposo les será quitado, y entonces ayunarán.

21 Nadie usa un pedazo de género nuevo para remendar un vestido viejo, porque el pedazo añadido tira del vestido viejo y la rotura se hace más grande. 22 Tampoco se pone vino nuevo en odres viejos, porque hará reventar los odres, y ya no servirán más ni el vino ni los odres. ¡A vino nuevo, odres nuevos!".

Discusión sobre el sábado

Mt. 12. 1-8 Lc. 6. 1-5

23 Un sábado en que Jesús atravesaba unos sembrados, sus discípulos comenzaron a arrancar espigas al pasar. 24 Entonces los fariseos le dijeron: "¡Mira! ¿Por qué hacen en sábado lo que no está permitido?". 25 Él les respondió: "¿Ustedes no han leído nunca lo que hizo David, cuando él y sus compañeros se vieron obligados por el hambre, 26 cómo entró en la Casa de Dios, en el tiempo del Sumo Sacerdote Abiatar, y comió y dio a sus compañeros los panes de la ofrenda, que sólo pueden comer los sacerdotes?". 27 Y agregó: "El sábado ha sido hecho para el hombre, y no el hombre para el sábado. 28 De manera que el Hijo del hombre es dueño también del sábado".

Curación de un hombre en sábado

Mt. 12. 9-14 Lc. 6. 6-11

3 1 Jesús entró nuevamente en una sinagoga, y había allí un hombre que tenía una mano paralizada. 2 Los fariseos observaban atentamente a Jesús para ver si lo curaba en sábado, con el fin de acusarlo. 3 Jesús dijo al hombre de la mano paralizada: "Ven y colócate aquí delante". 4 Y les dijo: "¿Está permitido en sábado hacer el bien o el mal, salvar una vida o perderla?". Pero ellos callaron. 5 Entonces, dirigiendo sobre ellos una mirada llena de indignación y apenado por la dureza de sus corazones, dijo al hombre: "Extiende tu mano". Él la extendió y su mano quedó curada. 6 Los fariseos salieron y se confabularon con los herodianos para buscar la forma de acabar con él.

La multitud sigue a Jesús

Mt. 4. 25; 12. 15-16 Lc. 6. 17-19

7 Jesús se retiró con sus discípulos a la orilla del mar, y lo siguió mucha gente de Galilea. 8 Al enterarse de lo que hacía, también fue a su encuentro una gran multitud de Judea, de Jerusalén, de Idumea, de la Transjordania y de la región de Tiro y Sidón. 9 Entonces mandó a sus discípulos que le prepararan una barca, para que la muchedumbre no lo apretujara. 10 Porque, como curaba a muchos, todos los que padecían algún mal se arrojaban sobre él para tocarlo. 11 Y los espíritus impuros, apenas lo veían, se tiraban a sus pies, gritando: "¡Tú eres el Hijo de Dios!". 12 Pero Jesús les ordenaba terminantemente que no lo pusieran de manifiesto.

Institución de los Doce

Mt. 10. 1-4 Lc. 6. 12-16

13 Después subió a la montaña y llamó a su lado a los que quiso. Ellos fueron hacia él, 14 y Jesús instituyó a Doce para que estuvieran con él, y para enviarlos a predicar 15 con el poder de expulsar a los demonios. 16 Así instituyó a los Doce: Simón, al que puso el sobrenombre de Pedro; 17 Santiago, hijo de Zebedeo, y Juan, hermano de Santiago, a los que dio el nombre de Boanerges, es decir, hijos del trueno; 18 luego, Andrés, Felipe, Bartolomé, Mateo, Tomás, Santiago, hijo de Alfeo, Tadeo, Simón, el Cananeo, 19 y Judas Iscariote, el mismo que lo entregó.

La actitud de los parientes de Jesús

20 Jesús regresó a la casa, y de nuevo se juntó tanta gente que ni siquiera podían comer. 21 Cuando sus parientes se enteraron, salieron para llevárselo, porque decían: "Es un exaltado".

Jesús y Belzebul

Mt. 9. 34; 12. 24-29 Lc. 11. 15-22

22 Los escribas que habían venido de Jerusalén decían: "Está poseído por Belzebul y expulsa a los demonios por el poder del Príncipe de los demonios". 23 Jesús los llamó y por medio de comparaciones les explicó: "¿Cómo Satanás va a expulsar a Satanás? 24 Un reino donde hay luchas internas no puede subsistir. 25 Y una familia dividida tampoco puede subsistir. 26 Por lo tanto, si Satanás se dividió, levantándose contra sí mismo, ya no puede subsistir, sino que ha llegado a su fin. 27 Pero nadie puede entrar en la casa de un hombre fuerte y saquear sus bienes, si primero no lo ata. Sólo así podrá saquear la casa.

La blasfemia contra el Espíritu Santo

Mt. 12. 31-32 Lc. 12. 10

28 Les aseguro que todo será perdonado a los hombres: todos los pecados y cualquier blasfemia que profieran. 29 Pero el que blasfeme contra el Espíritu Santo, no tendrá perdón jamás: es culpable de pecado para siempre". 30 Jesús dijo esto porque ellos decían: "Está poseído por un espíritu impuro".

La verdadera familia de Jesús

Mt. 12. 46-50 Lc. 8. 19-21

31 Entonces llegaron su madre y sus hermanos y, quedándose afuera, lo mandaron llamar. 32 La multitud estaba sentada alrededor de Jesús, y le dijeron: "Tu madre y tus hermanos te buscan ahí afuera". 33 Él les respondió: "¿Quién es mi madre y quiénes son mis hermanos?". 34 Y dirigiendo su mirada sobre los que estaban sentados alrededor de él, dijo: "Estos son mi madre y mis hermanos. 35 Porque el que hace la voluntad de Dios, ese es mi hermano, mi hermana y mi madre".

La parábola del sembrador

Mt. 13. 1-9 Lc. 8. 4-8

4 1 Jesús comenzó a enseñar de nuevo a orillas del mar. Una gran multitud se reunió junto a él, de manera que debió subir a una barca dentro del mar, y sentarse en ella. Mientras tanto, la multitud estaba en la orilla. 2 Él les enseñaba muchas cosas por medio de parábolas, y esto era lo que les enseñaba: 3 "¡Escuchen! El sembrador salió a sembrar. 4 Mientras sembraba, parte de la semilla cayó al borde del camino, y vinieron los pájaros y se la comieron. 5 Otra parte cayó en terreno rocoso, donde no tenía mucha tierra, y brotó en seguida porque la tierra era poco profunda; 6 pero cuando salió el sol, se quemó y, por falta de raíz, se secó. 7 Otra cayó entre las espinas; estas crecieron, la sofocaron, y no dio fruto. 8 Otros granos cayeron en buena tierra y dieron fruto: fueron creciendo y desarrollándose, y rindieron ya el treinta, ya el sesenta, ya el ciento por uno". 9 Y decía: "¡El que tenga oídos para oír, que oiga!".

Finalidad de las parábolas

Mt. 13. 10-11, 13 Lc. 8. 9-10

10 Cuando se quedó solo, los que estaban alrededor de él junto con los Doce, le preguntaban por el sentido de las parábolas. 11 Y Jesús les decía: "A ustedes se les ha confiado el misterio del Reino de Dios; en cambio, para los de afuera, todo es parábola, 12 a fin de que

miren y no vean,

oigan y no entiendan,

no sea que se conviertan

y alcancen el perdón".

Explicación de la parábola del sembrador

Mt. 13. 18-23 Lc. 8. 11-15

13 Jesús les dijo: "¿No entienden esta parábola? ¿Cómo comprenderán entonces todas las demás? 14 El sembrador siembra la Palabra. 15 Los que están al borde del camino, son aquellos en quienes se siembra la Palabra; pero, apenas la escuchan, viene Satanás y se lleva la semilla sembrada en ellos. 16 Igualmente, los que reciben la semilla en terreno rocoso son los que, al escuchar la Palabra, la acogen en seguida con alegría; 17 pero no tienen raíces, sino que son inconstantes y, en cuanto sobreviene la tribulación o la persecución a causa de la Palabra, inmediatamente sucumben. 18 Hay otros que reciben la semilla entre espinas: son los que han escuchado la Palabra, 19 pero las preocupaciones del mundo, la seducción de las riquezas y los demás deseos penetran en ellos y ahogan la Palabra, y esta resulta infructuosa. 20 Y los que reciben la semilla en tierra buena, son los que escuchan la Palabra, la aceptan y dan fruto al treinta, al sesenta y al ciento por uno".

El ejemplo de la lámpara

Mt. 5. 15; 10. 26 Lc. 8. 16-17

21 Jesús les decía: "¿Acaso se trae una lámpara para ponerla debajo de un cajón o debajo de la cama? ¿No es más bien para colocarla sobre el candelero? 22 Porque no hay nada oculto que no deba ser revelado y nada secreto que no deba manifestarse. 23 ¡Si alguien tiene oídos para oír, que oiga!".

El ejemplo de la medida

Mt. 7. 2 Lc. 6. 38 Mt. 13. 12; 25. 29 Lc. 8. 18

24 Y les decía: "¡Presten atención a lo que oyen! La medida con que midan se usará para ustedes, y les darán más todavía. 25 Porque al que tiene, se le dará, pero al que no tiene, se le quitará aun lo que tiene".

La parábola de la semilla que crece por sí sola

26 Y decía: "El Reino de Dios es como un hombre que echa la semilla en la tierra: 27 sea que duerma o se levante, de noche y de día, la semilla germina y va creciendo, sin que él sepa cómo. 28 La tierra por sí misma produce primero un tallo, luego una espiga, y al fin grano abundante en la espiga. 29 Cuando el fruto está a punto, él aplica en seguida la hoz, porque ha llegado el tiempo de la cosecha".

La parábola del grano de mostaza

Mt. 13. 31-32 Lc. 13. 18-19

30 También decía: "¿Con qué podríamos comparar el Reino de Dios? ¿Qué parábola nos servirá para representarlo? 31 Se parece a un grano de mostaza. Cuando se la siembra, es la más pequeña de todas las semillas de la tierra, 32 pero, una vez sembrada, crece y llega a ser la más grande de todas las hortalizas, y extiende tanto sus ramas que los pájaros del cielo se cobijan a su sombra".

La enseñanza por medio de parábolas

Mt. 13. 34-35

33 Y con muchas parábolas como estas les anunciaba la Palabra, en la medida en que ellos podían comprender. 34 No les hablaba sino en parábolas, pero a sus propios discípulos, en privado, les explicaba todo.

La tempestad calmada

Mt. 8. 23-27 Lc. 8. 22-25

35 Al atardecer de ese mismo día, les dijo: "Crucemos a la otra orilla". 36 Ellos, dejando a la multitud, lo llevaron a la barca, así como estaba. Había otras barcas junto a la suya. 37 Entonces se desató un fuerte vendaval, y las olas entraban en la barca, que se iba llenando de agua. 38 Jesús estaba en la popa, durmiendo sobre el cabezal. 39 Lo despertaron y le dijeron: "¡Maestro! ¿No te importa que nos ahoguemos?". Despertándose, él increpó al viento y dijo al mar: "¡Silencio! ¡Cállate!". El viento se aplacó y sobrevino una gran calma. 40 Después les dijo: "¿Por qué tienen miedo? ¿Cómo no tienen fe?". 41 Entonces quedaron atemorizados y se decían unos a otros: "¿Quién es este, que hasta el viento y el mar le obedecen?".

Curación del endemoniado de Gerasa

Mt. 8. 28-34 Lc. 8. 26-39

5 1 Llegaron a la otra orilla del mar, a la región de los gerasenos. 2 Apenas Jesús desembarcó, le salió al encuentro desde el cementerio un hombre poseído por un espíritu impuro. 3 Él habitaba en los sepulcros, y nadie podía sujetarlo, ni siquiera con cadenas. 4 Muchas veces lo habían atado con grillos y cadenas, pero él había roto las cadenas y destrozado los grillos, y nadie podía dominarlo. 5 Día y noche, vagaba entre los sepulcros y por la montaña, dando alaridos e hiriéndose con piedras.

6 Al ver de lejos a Jesús, vino corriendo a postrarse ante él, 7 gritando con fuerza: "¿Qué quieres de mí, Jesús, Hijo de Dios, el Altísimo? ¡Te conjuro por Dios, no me atormentes!". 8 Porque Jesús le había dicho: "¡Sal de este hombre, espíritu impuro!". 9 Después le preguntó: "¿Cuál es tu nombre?". Él respondió: "Mi nombre es Legión, porque somos muchos". 10 Y le rogaba con insistencia que no lo expulsara de aquella región.

11 Había allí una gran piara de cerdos que estaba paciendo en la montaña. 12 Los espíritus impuros suplicaron a Jesús: "Envíanos a los cerdos, para que entremos en ellos". 13 Él se lo permitió. Entonces los espíritus impuros salieron de aquel hombre, entraron en los cerdos, y desde lo alto del acantilado, toda la piara –unos dos mil animales– se precipitó al mar y se ahogó.

14 Los cuidadores huyeron y difundieron la noticia en la ciudad y en los poblados. La gente fue a ver qué había sucedido. 15 Cuando llegaron a donde estaba Jesús, vieron sentado, vestido y en su sano juicio, al que había estado poseído por aquella Legión, y se llenaron de temor. 16 Los testigos del hecho les contaron lo que había sucedido con el endemoniado y con los cerdos. 17 Entonces empezaron a pedir a Jesús que se alejara de su territorio.

18 En el momento de embarcarse, el hombre que había estado endemoniado le pidió que lo dejara quedarse con él. 19 Jesús no se lo permitió, sino que le dijo: "Vete a tu casa con tu familia, y anúnciales todo lo que el Señor hizo contigo al compadecerse de ti". 20 El hombre se fue y comenzó a proclamar por la región de la Decápolis lo que Jesús había hecho por él, y todos quedaban admirados.

Curación de una mujer y resurrección de la hija de Jairo

Mt. 9. 18-26 Lc. 8. 40-56

21 Cuando Jesús regresó en la barca a la otra orilla, una gran multitud se reunió a su alrededor, y él se quedó junto al mar. 22 Entonces llegó uno de los jefes de la sinagoga, llamado Jairo, y al verlo, se arrojó a sus pies, 23 rogándole con insistencia: "Mi hijita se está muriendo; ven a imponerle las manos, para que se cure y viva". 24 Jesús fue con él y lo seguía una gran multitud que lo apretaba por todos lados.

25 Se encontraba allí una mujer que desde hacía doce años padecía de hemorragias. 26 Había sufrido mucho en manos de numerosos médicos y gastado todos sus bienes sin resultado; al contrario, cada vez estaba peor. 27 Como había oído hablar de Jesús, se le acercó por detrás, entre la multitud, y tocó su manto, 28 porque pensaba: "Con sólo tocar su manto quedaré curada". 29 Inmediatamente cesó la hemorragia, y ella sintió en su cuerpo que estaba curada de su mal. 30 Jesús se dio cuenta en seguida de la fuerza que había salido de él, se dio vuelta y, dirigiéndose a la multitud, preguntó: "¿Quién tocó mi manto?". 31 Sus discípulos le dijeron: "¿Ves que la gente te aprieta por todas partes y preguntas quién te ha tocado?". 32 Pero él seguía mirando a su alrededor, para ver quién había sido. 33 Entonces la mujer, muy asustada y temblando, porque sabía bien lo que le había ocurrido, fue a arrojarse a sus pies y le confesó toda la verdad. 34 Jesús le dijo: "Hija, tu fe te ha salvado. Vete en paz, y queda curada de tu enfermedad".

35 Todavía estaba hablando, cuando llegaron unas personas de la casa del jefe de la sinagoga y le dijeron: "Tu hija ya murió; ¿para qué vas a seguir molestando al Maestro?". 36 Pero Jesús, sin tener en cuenta esas palabras, dijo al jefe de la sinagoga: "No temas, basta que creas". 37 Y sin permitir que nadie lo acompañara, excepto Pedro, Santiago y Juan, el hermano de Santiago, 38 fue a casa del jefe de la sinagoga. Allí vio un gran alboroto, y gente que lloraba y gritaba. 39 Al entrar, les dijo: "¿Por qué se alborotan y lloran? La niña no está muerta, sino que duerme". 40 Y se burlaban de él. Pero Jesús hizo salir a todos, y tomando consigo al padre y a la madre de la niña, y a los que venían con él, entró donde ella estaba. 41 La tomó de la mano y le dijo: "Talitá kum", que significa: "¡Niña, yo te lo ordeno, levántate!". 42 En seguida la niña, que ya tenía doce años, se levantó y comenzó a caminar. Ellos, entonces, se llenaron de asombro, 43 y él les mandó insistentemente que nadie se enterara de lo sucedido. Después dijo que dieran de comer a la niña.

Visita de Jesús a Nazaret

Mt. 13. 53-58 Lc. 4. 16-24

6 1 Jesús salió de allí y se dirigió a su pueblo, seguido de sus discípulos. 2 Cuando llegó el sábado, comenzó a enseñar en la sinagoga, y la multitud que lo escuchaba estaba asombrada y decía: "¿De dónde saca todo esto? ¿Qué sabiduría es esa que le ha sido dada y esos grandes milagros que se realizan por sus manos? 3 ¿No es acaso el carpintero, el hijo de María, hermano de Santiago, de José, de Judas y de Simón? ¿Y sus hermanas no viven aquí entre nosotros?". Y Jesús era para ellos un motivo de tropiezo. 4 Por eso les dijo: "Un profeta es despreciado solamente en su pueblo, en su familia y en su casa". 5 Y no pudo hacer allí ningún milagro, fuera de curar a unos pocos enfermos, imponiéndoles las manos. 6 Y él se asombraba de su falta de fe.

Misión de los Doce

Mt. 10. 1, 9-14 Lc. 9. 1-6

Jesús recorría las poblaciones de los alrededores, enseñando a la gente. 7 Entonces llamó a los Doce y los envió de dos en dos, dándoles poder sobre los espíritus impuros. 8 Y les ordenó que no llevaran para el camino más que un bastón; ni pan, ni alforja, ni dinero; 9 que fueran calzados con sandalias y que no tuvieran dos túnicas. 10 Les dijo: "Permanezcan en la casa donde les den alojamiento hasta el momento de partir. 11 Si no los reciben en un lugar y la gente no los escucha, al salir de allí, sacudan hasta el polvo de sus pies, en testimonio contra ellos". 12 Entonces fueron a predicar, exhortando a la conversión; 13 expulsaron a muchos demonios y curaron a numerosos enfermos, ungiéndolos con óleo.

Juicio de Herodes sobre Jesús

Mt. 14. 1-2 Lc. 9. 7-9

14 El rey Herodes oyó hablar de Jesús, porque su fama se había extendido por todas partes. Algunos decían: "Juan el Bautista ha resucitado, y por eso se manifiestan en él poderes milagrosos". 15 Otros afirmaban: "Es Elías". Y otros: "Es un profeta como los antiguos". 16 Pero Herodes, al oír todo esto, decía: "Este hombre es Juan, a quien yo mandé decapitar y que ha resucitado".