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Caminando con Jesús Pedro Sergio Antonio Donoso Brant Edición especial comentada para ayudar a
comprender mejor las Sagradas Escrituras |
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El EVANGELIO SEGÚN SAN LUCAS fue redactado por este
compañero de viaje del Apóstol san Pablo, unos cincuenta años después de la
muerte de Jesús, y originariamente formaba un todo con el libro de los Hechos
de los Apóstoles. Lucas no era de origen judío, y su obra está dirigida ante
todo a los cristianos que, como él, provenían del mundo pagano. En el Prólogo
de su Evangelio hace referencia al proceso de predicación, de transmisión
oral y de redacción que precedió a la composición definitiva de los
Evangelios. Uno de los aspectos de Asimismo, este Evangelio se llama con razón el
"Evangelio de la misericordia". Lucas nos presenta constantemente a
Jesús como aquel que "vino a buscar y a salvar lo que estaba
perdido" (19. 10). Dios es para él, sobre todo, el Padre
misericordioso que sale al encuentro de sus hijos extraviados y se llena de
alegría al volver a encontrarlos. Pero el "Evangelio de la misericordia" es
también un Evangelio exigente. Su autor insiste en el llamado a la
conversión, es decir, al cambio de vida, como condición indispensable para
alcanzar Prólogo 1 1 Muchos
han tratado de relatar ordenadamente los acontecimientos que se cumplieron
entre nosotros, 2 tal como nos fueron transmitidos por aquellos que han sido
desde el comienzo testigos oculares y servidores de EL EVANGELIO DE El núcleo central de
los Evangelios es el anuncio de Este relato está lleno
de expresiones e imágenes tomadas del Antiguo Testamento, y contiene
numerosas alusiones a las profecías mesiánicas, que se cumplen en la persona
del Señor. Así este evangelista nos enseña que, si bien Jesús nace de María,
su origen no es meramente humano. Él viene del Espíritu Santo para darnos Por otra parte, san
Lucas establece un paralelismo entre la infancia de Jesús y la de Juan, llamado
el Bautista. Esto no significa que los dos se puedan igualar. Juan es
solamente el "precursor" que va "delante
del Señor preparando sus caminos". Jesús, en cambio, es el "Sol
naciente", que viene "para iluminar a los que están en las
tinieblas y en la sombra de la muerte, y guiar nuestros pasos por el camino
de la paz" (1. 76, 78-79). El anuncio del nacimiento de Juan el Bautista 5 En tiempos de Herodes, rey de Judea, había un
sacerdote llamado Zacarías, de la clase sacerdotal de Abías. Su mujer, llamada
Isabel, era descendiente de Aarón. 6 Ambos eran justos a los ojos de Dios y
seguían en forma irreprochable todos los mandamientos y preceptos del Señor.
7 Pero no tenían hijos, porque Isabel era estéril; y los dos eran de edad
avanzada. 8 Un día en que su clase estaba de turno y Zacarías
ejercía la función sacerdotal delante de Dios, 9 le tocó en suerte, según la
costumbre litúrgica, entrar en el Santuario del Señor para quemar el
incienso. 10 Toda la asamblea del pueblo permanecía afuera, en oración,
mientras se ofrecía el incienso. 11 Entonces se le apareció el Ángel del Señor, de
pie, a la derecha del altar del incienso. 12 Al verlo, Zacarías quedó
desconcertado y tuvo miedo. 13 Pero el Ángel le dijo: "No temas,
Zacarías; tu súplica ha sido escuchada. Isabel, tu esposa, te dará un hijo al
que llamarás Juan. 14 Él será para ti un motivo de gozo y de alegría, y
muchos se alegrarán de su nacimiento, 15 porque será grande a los ojos del
Señor. No beberá vino ni bebida alcohólica; estará lleno del Espíritu Santo
desde el seno de su madre, 16 y hará que muchos israelitas vuelvan al Señor,
su Dios. 17 Precederá al Señor con el espíritu y el poder de Elías, para
reconciliar a los padres con sus hijos y atraer a los rebeldes a la
sabiduría de los justos, preparando así al Señor un Pueblo bien
dispuesto". 18 Pero Zacarías dijo al Ángel: "¿Cómo puedo estar
seguro de esto? Porque yo soy anciano y mi esposa es de edad
avanzada". 19 El Ángel le respondió: "Yo soy Gabriel, el que está
delante de Dios, y he sido enviado para hablarte y anunciarte esta buena
noticia. 20 Te quedarás mudo, sin poder hablar hasta el día en que sucedan
estas cosas, por no haber creído en mis palabras, que se cumplirán a su
debido tiempo". 21 Mientras tanto, el pueblo estaba esperando a Zacarías,
extrañado de que permaneciera tanto tiempo en el Santuario. 22 Cuando salió,
no podía hablarles, y todos comprendieron que había tenido alguna visión en
el Santuario. Él se expresaba por señas, porque se había quedado mudo. 23 Al cumplirse el tiempo de su servicio en el
Templo, regresó a su casa. 24 Poco después, su esposa Isabel concibió un hijo
y permaneció oculta durante cinco meses. 25 Ella pensaba: "Esto es lo
que el Señor ha hecho por mí, cuando decidió librarme de lo que me
avergonzaba ante los hombres". El anuncio del nacimiento de Jesús 26 En el sexto mes, el Ángel Gabriel fue enviado por
Dios a una ciudad de Galilea, llamada Nazaret, La visita de María a Isabel 39 En aquellos días, María partió y fue sin demora a
un pueblo de la montaña de Judá. 40 Entró en la casa de Zacarías y saludó a
Isabel. 41 Apenas esta oyó el saludo de María, el niño saltó de alegría en su
seno, e Isabel, llena del Espíritu Santo, 42 exclamó: "¡Tú eres bendita
entre todas las mujeres y bendito es el fruto de tu vientre! 43 ¿Quién soy
yo, para que la madre de mi Señor venga a visitarme? 44 Apenas oí tu saludo,
el niño saltó de alegría en mi seno. 45 Feliz de ti por haber creído que se
cumplirá lo que te fue anunciado de parte del Señor". El canto de 46 María dijo entonces: "Mi alma canta la
grandeza del Señor,47 y mi espíritu se estremece de gozo en Dios, mi
Salvador,48 porque él miró con bondad la pequeñez de su servidora. En adelante todas las
generaciones me llamarán feliz,49 porque el Todopoderoso ha hecho en mí
grandes cosas:¡su Nombre es santo! 50 Su misericordia se
extiende de generación en generaciónsobre aquellos que lo temen. 51 Desplegó la fuerza de
su brazo,dispersó a los soberbios de corazón. 52 Derribó a los
poderosos de su tronoy elevó a los humildes. 53 Colmó de bienes a
los hambrientosy despidió a los ricos con las manos vacías. 54 Socorrió a Israel,
su servidor,acordándose de su misericordia, 55 como lo había
prometido a nuestros padres,en favor de Abraham y de su descendencia para
siempre". 56 María permaneció con Isabel unos tres meses y luego
regresó a su casa. El nacimiento de Juan el Bautista 57 Cuando llegó el tiempo en que Isabel debía ser
madre, dio a luz un hijo. 58 Al enterarse sus vecinos y parientes de la gran
misericordia con que Dios la había tratado, se alegraban con ella. La circuncisión de Juan el Bautista El canto de Zacarías 67 Entonces Zacarías, su padre, quedó lleno del
Espíritu Santo y dijo proféticamente: 68 "Bendito sea
el Señor, el Dios de Israel,porque ha visitado y redimido a su Pueblo, 69 y nos ha dado un
poderoso Salvadoren la casa de David, su servidor, 70 como lo había
anunciado mucho tiempo antespor boca de sus santos profetas, 71 para salvarnos de
nuestros enemigosy de las manos de todos los que nos odian. 72 Así tuvo misericordia
de nuestros padresy se acordó de su santa Alianza, 73 del juramento que hizo
a nuestro padre Abraham 74 de concedernos que,
libres de temor,arrancados de las manos de nuestros enemigos, 75 lo sirvamos en
santidad y justicia bajo su mirada,durante toda nuestra vida. 76 Y tú, niño, serás
llamado Profeta del Altísimo,porque irás delante del Señor preparando sus
caminos, 77 para hacer conocer a
su Pueblo la salvaciónmediante el perdón de los pecados; 78 gracias a la
misericordiosa ternura de nuestro Dios,que nos traerá del cielo la visita del
Sol naciente, 79 para iluminar a los
que están en las tinieblasy en la sombra de la muerte, y guiar nuestros pasos
por el camino de la paz". 80 El niño iba creciendo y se fortalecía en su
espíritu; y vivió en lugares desiertos hasta el día en que se manifestó a
Israel El nacimiento de Jesús Mt. 1. 18-25 2 1 En
aquella época apareció un decreto del emperador Augusto, ordenando que se
realizara un censo en todo el mundo. 2 Este primer censo tuvo lugar cuando
Quirino gobernaba La visita de los pastores 8 En esa región acampaban unos pastores, que
vigilaban por turno sus rebaños durante la noche. 9 De pronto, se les
apareció el Ángel del Señor y la gloria del Señor los envolvió con su luz.
Ellos sintieron un gran temor, 10 pero el Ángel les dijo: "No teman,
porque les traigo una buena noticia, una gran alegría para todo el pueblo: 11
Hoy, en la ciudad de David, les ha nacido un Salvador, que es el Mesías, el
Señor. 12 Y esto les servirá de señal: encontrarán a un niño recién nacido
envuelto en pañales y acostado en un pesebre". 13 Y junto con el Ángel,
apareció de pronto una multitud del ejército celestial, que alababa a Dios,
diciendo: 14 "¡Gloria a Dios en las alturas, y en la tierra, paz a los hombres amados por
él!". 15 Después que los ángeles volvieron al cielo, los pastores
se decían unos a otros: "Vayamos a Belén, y veamos lo que ha sucedido y
que el Señor nos ha anunciado". 16 Fueron rápidamente y encontraron a
María, a José, y al recién nacido acostado en el pesebre. 17 Al verlo,
contaron lo que habían oído decir sobre este niño, 18 y todos los que los
escuchaban quedaron admirados de lo que decían los pastores. 19 Mientras tanto, María conservaba estas cosas y
las meditaba en su corazón. 20 Y los pastores volvieron, alabando y
glorificando a Dios por todo lo que habían visto y oído, conforme al anuncio
que habían recibido. La circuncisión de Jesús 21 Ocho días después, llegó el tiempo de circuncidar
al niño y se le puso el nombre de Jesús, nombre que le había sido dado por el
Ángel antes de su concepción. La presentación de Jesús en el Templo 22 Cuando llegó el día fijado por El canto de Simeón 25 Vivía entonces en Jerusalén un hombre llamado
Simeón, que era justo y piadoso, y esperaba el consuelo de Israel. El
Espíritu Santo estaba en él 26 y le había revelado que no moriría antes de
ver al Mesías del Señor. 27 Conducido por el mismo Espíritu, fue al Templo, y
cuando los padres de Jesús llevaron al niño para cumplir con él las
prescripciones de 29 "Ahora, Señor,
puedes dejar que tu servidor muera en paz,como lo has prometido, 30 porque mis ojos han
visto la salvación 31 que preparaste delante
de todos los pueblos: 32 luz para iluminar a
las naciones paganasy gloria de tu pueblo Israel". La profecía de Simeón 33 Su padre y su madre estaban admirados por lo que
oían decir de él. 34 Simeón, después de bendecirlos, dijo a María, la madre:
"Este niño será causa de caída y de elevación para muchos en Israel;
será signo de contradicción, 35 y a ti misma una espada te atravesará el
corazón. Así se manifestarán claramente los pensamientos íntimos de
muchos". La profecía de Ana 36 Había también allí una profetisa llamada Ana,
hija de Fanuel, de la familia de Aser, mujer ya entrada en años, que, casada
en su juventud, había vivido siete años con su marido. 37 Desde entonces
había permanecido viuda, y tenía ochenta y cuatro años. No se apartaba del
Templo, sirviendo a Dios noche y día con ayunos y oraciones. 38 Se presentó
en ese mismo momento y se puso a dar gracias a Dios. Y hablaba acerca del
niño a todos los que esperaban la redención de Jerusalén. La infancia de Jesús en Nazaret 39 Después de cumplir todo lo que ordenaba Jesús entre los doctores de 41 Sus padres iban todos los años a Jerusalén en la
fiesta de 46 Al tercer día, lo hallaron en el Templo en medio
de los doctores de 51 Él regresó con sus padres a Nazaret y vivía
sujeto a ellos. Su madre conservaba estas cosas en su corazón. 52 Jesús iba
creciendo en sabiduría, en estatura y en gracia delante de Dios y de los
hombres. PREPARACIÓN DEL
MINISTERIO DE JESÚS Jesús no es un
personaje legendario que se pierde en "la noche de los tiempos".
Está bien encarnado en una época y en un país. Lucas precisa detalladamente la
fecha de su aparición y el nombre de las autoridades civiles y religiosas que
gobernaban en esa época y en ese país. Juan el Bautista
prepara su Venida, bautizando a la gente e invitándola al arrepentimiento.
Jesús también se hace bautizar, solidarizándose así con la humanidad
pecadora, que él viene a salvar. Pero en ese mismo momento, Dios lo declara
su "Hijo" en un sentido que no puede aplicarse a ningún otro
hombre. Antes de iniciar su
misión, Cristo se enfrenta con el espíritu del mal y vence la tentación de
salvar al mundo por medio de la riqueza y el poder. Su camino será el de la
humillación y la pobreza. Y su gran triunfo, el de la cruz. La predicación de Juan el Bautista Mt. 3. 1-12 Mc. 1. 2-8 Jn. 1.
23, 26-27 3 1 El año
decimoquinto del reinado del emperador Tiberio, cuando Poncio Pilato
gobernaba Una voz grita en el desierto: Preparen el camino del Señor, allanen sus senderos. 5 Los valles serán rellenados, las montañas y las colinasserán aplanadas. Serán enderezados los senderos sinuosos y nivelados los caminos desparejos. 6 Entonces, todos los hombres verán 7 Juan decía a la multitud que venía a hacerse
bautizar por él: "Raza de víboras, ¿quién les enseñó a escapar de la ira
de Dios que se acerca? 8 Produzcan los frutos de una sincera conversión, y no
piensen: "Tenemos por padre a Abraham". Porque yo les digo que de
estas piedras Dios puede hacer surgir hijos de Abraham. 9 El hacha ya está
puesta a la raíz de los árboles; el árbol que no produce buen fruto será
cortado y arrojado al fuego". 10 La gente le preguntaba: "¿Qué debemos hacer
entonces?". 11 Él les respondía: "El que tenga dos túnicas, dé una
al que no tiene; y el que tenga qué comer, haga otro tanto". 12 Algunos
publicanos vinieron también a hacerse bautizar y le preguntaron:
"Maestro, ¿qué debemos hacer?". 13 Él les respondió: "No
exijan más de lo estipulado". 15 Como el pueblo estaba a la expectativa y todos se
preguntaban si Juan no sería el Mesías, 16 él tomó la palabra y les dijo a
todos: "Yo los bautizo con agua, pero viene uno que es más poderoso que
yo, y yo ni siquiera soy digno de desatar la correa de sus sandalias; él los
bautizará en el Espíritu Santo y en el fuego. 17 Tiene en su mano la
horquilla para limpiar su era y recoger el trigo en su granero. Pero
consumirá la paja en el fuego inextinguible". 18 Y por medio de muchas
otras exhortaciones anunciaba al pueblo El encarcelamiento de Juan el Bautista Mt. 14. 3-4 Mc. 6. 17-18 19 Mientras tanto el tetrarca Herodes, a quien Juan
censuraba a causa de Herodías –la mujer de su hermano– y por todos los
delitos que había cometido, 20 cometió uno más haciendo encarcelar a Juan. El bautismo de Jesús Mt. 3. 13-17 Mc. 1. 9-11 21 Todo el pueblo se hacía bautizar, y también fue
bautizado Jesús. Y mientras estaba orando, se abrió el cielo 22 y el Espíritu
Santo descendió sobre él en forma corporal, como una paloma. Se oyó entonces
una voz del cielo: "Tú eres mi Hijo muy querido, en quien tengo puesta
toda mi predilección". Genealogía de Jesús Mt. 1. 1-17 23 Cuando comenzó su ministerio, Jesús tenía unos
treinta años y se lo consideraba hijo de José. José era hijo de Elí; 24 Elí, hijo de Matat; Matat,
hijo de Leví; Leví, hijo de Melquí; Melquí, hijo de Janai; Janai, hijo de
José; 25 José, hijo de Matatías; Matatías, hijo de Amós; Amós, hijo de Naúm;
Naúm, hijo de Eslí; Eslí, hijo de Nagai; 26 Nagai, hijo de Maat; Maat, hijo
de Matatías; Matatías, hijo de Semein; Semein, hijo de Iosec; Iosec, hijo de
Iodá; 27 Iodá, hijo de Joanán; Joanán, hijo de Resá; Resá, hijo de Zorobabel. Zorobabel era hijo de Salatiel; Salatiel, hijo de
Nerí; 28 Nerí, hijo de Melquí; Melquí, hijo de Adí; Adí, hijo de Cosám;
Cosám, hijo de Elmadám; Elmadám, hijo de Er; 29 Er, hijo de Jesús; Jesús,
hijo de Eliezer; Eliezer, hijo de Jorím; Jorím, hijo de Matat; Matat, hijo de
Leví; 30 Leví, hijo de Simeón; Simeón, hijo de Judá; Judá, hijo de José;
José, hijo de Jonám; Jonám, hijo de Eliaquím; 31 Eliaquím, hijo de Meleá;
Meleá, hijo de Mená; Mená, hijo de Matatá; Matatá, hijo de Natán; Natán, hijo
de David. 32 David era hijo de Jesé; Jesé, hijo de Jobed;
Jobed, hijo de Booz; Booz, hijo de Sela; Sela, hijo de Naasón; 33 Naasón,
hijo de Aminadab; Aminadab, hijo de Admín; Admín, hijo de Arní; Arní, hijo de
Esróm; Esróm, hijo de Fares; Fares, hijo de Judá; 34 Judá, hijo de Jacob;
Jacob, hijo de Isaac; Isaac, hijo de Abraham. Abraham era hijo de Tera; Tera, hijo de Najor; 35
Najor, hijo de Serúj; Serúj, hijo de Ragau; Ragau, hijo de Péleg; Péleg, hijo
de Eber; Eber, hijo de Sela; 36 Sela, hijo de Cainán; Cainán, hijo de
Arfaxad; Arfaxad, hijo de Sem. Sem era hijo de Noé; Noé, hijo de Lamec; 37 Lamec,
hijo de Matusalén; Matusalén, hijo de Henoc; Henoc, hijo de Jaret; Jaret,
hijo de Malaleel; Malaleel, hijo de Cainán; 38 Cainán, hijo de Enós; Enós,
hijo de Set; Set, hijo de Adán; Adán, hijo de Dios. Las tentaciones de Jesús en el desierto Mt. 4. 1-11 Mc. 1. 12-13 4 1 Jesús,
lleno del Espíritu Santo, regresó de las orillas del Jordán y fue conducido
por el Espíritu al desierto, 2 donde fue tentado por el demonio durante
cuarenta días. No comió nada durante esos días, y al cabo de ellos tuvo
hambre. 3 El demonio le dijo entonces: "Si tú eres Hijo de Dios, manda a
esta piedra que se convierta en pan". 4 Pero Jesús le respondió:
"Dice El hombre no vive
solamente de pan". 5 Luego el demonio lo llevó a un lugar más alto, le
mostró en un instante todos los reinos de la tierra 6 y le dijo: "Te
daré todo este poder y el esplendor de estos reinos, porque me han sido
entregados, y yo los doy a quien quiero. 7 Si tú te postras delante de mí,
todo eso te pertenecerá". 8 Pero Jesús le respondió: "Está escrito: Adorarás al Señor, tu
Dios, y a él solo rendirás
culto". 9 Después el demonio lo condujo a Jerusalén, lo puso
en la parte más alta del Templo y le dijo: "Si tú eres Hijo de Dios,
tírate de aquí abajo, 10 porque está escrito: Él dará órdenes a sus
ángeles para que ellos te
cuiden. 11 Y también: Ellos te llevarán en
sus manos para que tu pie no
tropiece con ninguna piedra". 12 Pero Jesús le respondió: "Está escrito: No tentarás al Señor,
tu Dios". 13 Una vez agotadas todas las formas de tentación,
el demonio se alejó de él, hasta el momento oportuno. La misión de Jesús se
inicia en Galilea, la parte norte de Su misión está resumida
en un célebre texto del profeta Isaías, que Cristo se aplicó a sí mismo: "El espíritu del Señor está sobre mí. Él me
envió a llevar Jesús no está solo.
Elige doce Apóstoles, para "enviarlos" a proclamar su Evangelio. Y
uno de ellos, Pedro, en nombre de todos, lo reconoce como "el Mesías de Dios" (9. 20). Después de
esta profesión de fe, el Señor explica cuál es el verdadero sentido de su
mesianidad, anunciando su próxima Pasión. El comienzo de la predicación de Jesús Mt. 4. 12-17 Mc. 1. 14-15 14 Jesús volvió a Galilea con el poder del Espíritu
y su fama se extendió en toda la región. 15 Enseñaba en sus sinagogas y todos
lo alababan. Enseñanza de Jesús en Nazaret Mt. 13. 53-58 Mc. 6. 1-6 16 Jesús fue a Nazaret, donde se había criado; el
sábado entró como de costumbre en la sinagoga y se levantó para hacer la
lectura. 17 Le presentaron el libro del profeta Isaías y, abriéndolo,
encontró el pasaje donde estaba escrito: 18 El Espíritu del Señor está sobre mí, porque me ha consagrado por la unción. Él me envió a llevar a anunciar la liberación a los cautivos y la vista a los ciegos, a dar la libertad a los oprimidos 19 y proclamar un año de gracia del Señor. 20 Jesús cerró el Libro, lo devolvió al ayudante y
se sentó. Todos en la sinagoga tenían los ojos fijos en él. 21 Entonces
comenzó a decirles: "Hoy se ha cumplido este pasaje de 25 Yo les aseguro que había muchas viudas en Israel
en el tiempo de Elías, cuando durante tres años y seis meses no hubo lluvia
del cielo y el hambre azotó a todo el país. 26 Sin embargo, a ninguna de
ellas fue enviado Elías, sino a una viuda de Sarepta, en el país de Sidón.
27 También había muchos leprosos en Israel, en el tiempo del profeta
Eliseo, pero ninguno de ellos fue curado, sino Naamán, el sirio". 28 Al
oír estas palabras, todos los que estaban en la sinagoga se enfurecieron 29
y, levantándose, lo empujaron fuera de la ciudad, hasta un lugar escarpado de
la colina sobre la que se levantaba la ciudad, con intención de despeñarlo.
30 Pero Jesús, pasando en medio de ellos, continuó su camino. Enseñanza de Jesús en la sinagoga de Cafarnaún Mt. 7. 28-29 Mc. 1. 21-22 31 Jesús bajó a Cafarnaún, ciudad de Galilea, y
enseñaba los sábados. 32 Y todos estaban asombrados de su enseñanza, porque
hablaba con autoridad. Curación de un endemoniado Mc. 1. 23-28 33 En la sinagoga había un hombre que estaba poseído
por el espíritu de un demonio impuro; y comenzó a gritar con fuerza: 34
"¿Qué quieres de nosotros, Jesús Nazareno? ¿Has venido para acabar con
nosotros? Ya sé quién eres: el Santo de Dios". 35 Pero Jesús lo increpó,
diciendo: "Cállate y sal de este hombre". El demonio salió de él,
arrojándolo al suelo en medio de todos, sin hacerle ningún daño. 36 El temor
se apoderó de todos, y se decían unos a otros: "¿Qué tiene su palabra?
¡Manda con autoridad y poder a los espíritus impuros, y ellos salen!".
37 Y su fama se extendía por todas partes en aquella región. Curación de la suegra de Pedro Mt. 8. 14-15 Mc. 1. 29-31 38 Al salir de la sinagoga, entró en la casa de Simón.
La suegra de Simón tenía mucha fiebre, y le pidieron que hiciera algo por
ella. 39 Inclinándose sobre ella, Jesús increpó a la fiebre y esta
desapareció. En seguida, ella se levantó y se puso a servirlos. Diversas curaciones Mt. 8. 16 Mc. 1. 32-34 40 Al atardecer, todos los que tenían enfermos
afectados de diversas dolencias se los llevaron, y él, imponiendo las manos
sobre cada uno de ellos, los curaba. 41 De muchos salían demonios, gritando:
"¡Tú eres el Hijo de Dios!". Pero él los increpaba y no los dejaba
hablar, porque ellos sabían que era el Mesías. La misión de Jesús Mc. 1. 35-39 42 Cuando amaneció, Jesús salió y se fue a un lugar
desierto. La multitud comenzó a buscarlo y, cuando lo encontraron, querían
retenerlo para que no se alejara de ellos. 43 Pero él les dijo: "También
a las otras ciudades debo anunciar La pesca milagrosa Mt. 4. 18-22 Mc. 1. 16-20 5 1 En una
oportunidad, la multitud se amontonaba alrededor de Jesús para escuchar 4 Cuando terminó de hablar, dijo a Simón:
"Navega mar adentro, y echen las redes". 5 Simón le respondió:
"Maestro, hemos trabajado la noche entera y no hemos sacado nada, pero
si tú lo dices, echaré las redes". 6 Así lo hicieron, y sacaron tal
cantidad de peces, que las redes estaban a punto de romperse. 7 Entonces
hicieron señas a los compañeros de la otra barca para que fueran a ayudarlos.
Ellos acudieron, y llenaron tanto las dos barcas, que casi se hundían. 8 Al ver esto, Simón Pedro se echó a los pies de
Jesús y le dijo: "Aléjate de mí, Señor, porque soy un pecador". 9
El temor se había apoderado de él y de los que lo acompañaban, por la
cantidad de peces que habían recogido; 10 y lo mismo les pasaba a Santiago y
a Juan, hijos de Zebedeo, compañeros de Simón. Pero Jesús dijo a Simón:
"No temas, de ahora en adelante serás pescador de hombres". 11 Ellos
atracaron las barcas a la orilla y, abandonándolo todo, lo siguieron. Curación de un leproso Mt. 8. 2-4 Mc. 1. 40-44 12 Mientras Jesús estaba en una ciudad, se presentó
un hombre cubierto de lepra. Al ver a Jesús, se postró ante él y le rogó:
"Señor, si quieres, puedes purificarme". 13 Jesús extendió la mano
y lo tocó, diciendo: "Lo quiero, queda purificado". Y al instante
la lepra desapareció. 14 Él le ordenó que no se lo dijera a nadie, pero
añadió: "Ve a presentarte al sacerdote, y entrega por tu purificación la
ofrenda que ordenó Moisés, para que les sirva de testimonio". 15 Su fama se extendía cada vez más y acudían
grandes multitudes para escucharlo y hacerse curar de sus enfermedades. 16
Pero él se retiraba a lugares desiertos para orar. Curación de un paralítico Mt. 9. 1-8 Mc. 2. 1-12 17 Un día, mientras Jesús enseñaba, había entre los
presentes algunos fariseos y doctores de 21 Los escribas y los fariseos comenzaron a
preguntarse: "¿Quién es este que blasfema? ¿Quién puede perdonar los
pecados, sino sólo Dios?". 22 Pero Jesús, conociendo sus pensamientos,
les dijo: "¿Qué es lo que están pensando? 23 ¿Qué es más fácil decir:
"Tus pecados están perdonados", o "Levántate y camina"?
24 Para que ustedes sepan que el Hijo del hombre tiene sobre la tierra el
poder de perdonar los pecados –dijo al paralítico– yo te lo mando, levántate,
toma tu camilla y vuelve a tu casa". 25 Inmediatamente se levantó a la
vista de todos, tomó su camilla y se fue a su casa alabando a Dios. 26 Todos
quedaron llenos de asombro y glorificaban a Dios, diciendo con gran temor:
"Hoy hemos visto cosas maravillosas". El llamado de Leví Mt. 9. 9 Mc. 2. 13-14 27 Después Jesús salió y vio a un publicano llamado
Leví, que estaba sentado junto a la mesa de recaudación de impuestos, y le
dijo: "Sígueme". 28 Él, dejándolo todo, se levantó y lo siguió. La actitud de Jesús hacia los pecadores Mt. 9. 10-13 Mc. 2. 15-17 29 Leví ofreció a Jesús un gran banquete en su casa.
Había numerosos publicanos y otras personas que estaban a la mesa con ellos.
30 Los fariseos y sus escribas murmuraban y decían a los discípulos de Jesús:
"¿Por qué ustedes comen y beben con publicanos y pecadores?". 31
Pero Jesús tomó la palabra y les dijo: "No son los sanos los que tienen
necesidad del médico, sino los enfermos. 32 Yo no he venido a llamar a los
justos, sino a los pecadores, para que se conviertan". Discusión sobre el ayuno Mt. 9. 14-17 Mc. 2. 18-22 33 Luego le dijeron: "Los discípulos de Juan ayunan
frecuentemente y hacen oración, lo mismo que los discípulos de los fariseos;
en cambio, los tuyos comen y beben". 34 Jesús les contestó:
"¿Ustedes pretenden hacer ayunar a los amigos del esposo mientras él
está con ellos? 35 Llegará el momento en que el esposo les será quitado;
entonces tendrán que ayunar". 36 Les hizo además esta comparación: "Nadie
corta un pedazo de un vestido nuevo para remendar uno viejo, porque se
romperá el nuevo, y el pedazo sacado a este no quedará bien en el vestido
viejo. 37 Tampoco se pone vino nuevo en odres viejos, porque hará reventar
los odres; entonces el vino se derramará y los odres ya no servirán más. 38
¡A vino nuevo, odres nuevos! 39 Nadie, después de haber gustado el vino
viejo, quiere vino nuevo, porque dice: El añejo es mejor". Discusión sobre el sábado Mt. 12. 1-8 Mc. 2. 23-28 6 1 Un
sábado, en que Jesús atravesaba unos sembrados, sus discípulos arrancaban
espigas y, frotándolas entre las manos, las comían. 2 Algunos fariseos les
dijeron: "¿Por qué ustedes hacen lo que no está permitido en
sábado?". 3 Jesús les respondió: "¿Ni siquiera han leído lo que
hizo David cuando él y sus compañeros tuvieron hambre, 4 cómo entró en Curación de un hombre en sábado Mt. 12. 9-14 Mc. 3. 1-6 6 Otro sábado, entró en la sinagoga y comenzó a
enseñar. Había allí un hombre que tenía la mano derecha paralizada. 7 Los
escribas y los fariseos observaban atentamente a Jesús para ver si curaba en
sábado, porque querían encontrar algo de qué acusarlo. 8 Pero Jesús,
conociendo sus intenciones, dijo al hombre que tenía la mano paralizada: "Levántate
y quédate de pie delante de todos". Él se levantó y permaneció de pie. 9
Luego les dijo: "Yo les pregunto: ¿Está permitido en sábado, hacer el
bien o el mal, salvar una vida o perderla?". 10 Y dirigiendo una mirada
a todos, dijo al hombre: "Extiende tu mano". Él la extendió y su
mano quedó curada. 11 Pero ellos se enfurecieron, y deliberaban entre sí para
ver qué podían hacer contra Jesús. Institución de los Doce Mt. 10. 1-4 Mc. 3. 13-19 12 En esos días, Jesús se retiró a una montaña para
orar, y pasó toda la noche en oración con Dios. 13 Cuando se hizo de día,
llamó a sus discípulos y eligió a doce de ellos, a los que dio el nombre de
Apóstoles: 14 Simón, a quien puso el sobrenombre de Pedro, Andrés, su
hermano, Santiago, Juan, Felipe, Bartolomé, 15 Mateo, Tomás, Santiago, hijo
de Alfeo, Simón, llamado el Zelote, 16 Judas, hijo de Santiago, y Judas
Iscariote, que fue el traidor. La multitud sigue a Jesús Mt. 4. 24-25 Mc. 3. 7-11 17 Al bajar con ellos se detuvo en una llanura.
Estaban allí muchos de sus discípulos y una gran muchedumbre que había
llegado de toda Las Bienaventuranzas Mt. 5. 1-12 20 Entonces Jesús, fijando la mirada en sus
discípulos, dijo: "¡Felices ustedes, los pobres, porque el Reino
de Dios les pertenece! 21 ¡Felices ustedes, los que ahora tienen hambre,
porque serán saciados! ¡Felices ustedes, los que ahora lloran, porque
reirán! 22 ¡Felices ustedes, cuando los hombres los odien,
los excluyan, los insulten y proscriban su nombre, considerándolo infame, a
causa del Hijo del hombre! 23 ¡Alégrense y llénense de gozo en ese día, porque
la recompensa de ustedes será grande en el cielo. De la misma manera los
padres de ellos trataban a los profetas! La falsa felicidad 24 Pero ¡ay de ustedes los ricos, porque ya tienen
su consuelo! 25 ¡Ay de ustedes, los que ahora están satisfechos,
porque tendrán hambre! ¡Ay de ustedes, los que ahora ríen, porque conocerán
la aflicción y las lágrimas! 26 ¡Ay de ustedes cuando todos los elogien! ¡De la misma
manera los padres de ellos trataban a los falsos profetas! El amor a los enemigos Mt. 5. 38-48; 7. 12 27 Pero yo les digo a ustedes que me escuchan: Amen
a sus enemigos, hagan el bien a los que los odian. 28 Bendigan a los que los
maldicen, rueguen por los que los difaman. 29 Al que te pegue en una mejilla,
preséntale también la otra; al que te quite el manto, no le niegues la
túnica. 30 Dale a todo el que te pida, y al que tome lo tuyo no se lo
reclames. 31 Hagan por los demás lo que quieren que los hombres hagan por
ustedes. 32 Si aman a aquellos que los aman, ¿qué mérito tienen? Porque hasta
los pecadores aman a aquellos que los aman. 33 Si hacen el bien a aquellos
que se lo hacen a ustedes, ¿qué mérito tienen? Eso lo hacen también los
pecadores. 34 Y si prestan a aquellos de quienes esperan recibir, ¿qué mérito
tienen? También los pecadores prestan a los pecadores, para recibir de ellos
lo mismo. 35 Amen a sus enemigos, hagan el bien y presten sin esperar nada en
cambio. Entonces la recompensa de ustedes será grande y serán hijos del
Altísimo, porque él es bueno con los desagradecidos y los malos. La misericordia y la benevolencia para juzgar Mt. 7. 1-5; 15. 14; 10. 24-25 Mc. 4. 24 36 Sean misericordiosos, como el Padre de ustedes es
misericordioso. 37 No juzguen y no serán juzgados; no condenen y no serán
condenados; perdonen y serán perdonados. 38 Den, y se les dará. Les volcarán
sobre el regazo una buena medida, apretada, sacudida y desbordante. Porque la
medida con que ustedes midan también se usará para ustedes". 39 Les hizo también esta comparación: "¿Puede
un ciego guiar a otro ciego? ¿No caerán los dos en un pozo? 40 El discípulo
no es superior al maestro; cuando el discípulo llegue a ser perfecto, será
como su maestro. 41 ¿Por qué miras la paja que hay en el ojo de tu hermano y
no ves la viga que está en el tuyo? 42 ¿Cómo puedes decir a tu hermano:
"Hermano, deja que te saque la paja de tu ojo", tú, que no ves la
viga que tienes en el tuyo? ¡Hipócrita!, saca primero la viga de tu ojo, y
entonces verás claro para sacar la paja del ojo de tu hermano. La raíz de las buenas y de las malas obras Mt. 7. 16-18; 12. 33-35 43 No hay árbol bueno que dé frutos malos, ni árbol
malo que dé frutos buenos: 44 cada árbol se reconoce por su fruto. No se
recogen higos de los espinos ni se cosechan uvas de las zarzas. 45 El hombre
bueno saca el bien del tesoro de bondad que tiene en su corazón. El malo saca
el mal de su maldad, porque de la abundancia del corazón habla la boca. Necesidad de practicar Mt. 7. 21, 24-27 46 ¿Por qué ustedes me llaman: "Señor,
Señor", y no hacen lo que les digo? 47 Yo les diré a quién se parece
todo aquel que viene a mí, escucha mis palabras y las practica. 48 Se parece
a un hombre que, queriendo construir una casa, cavó profundamente y puso los
cimientos sobre la roca. Cuando vino la creciente, las aguas se precipitaron
con fuerza contra esa casa, pero no pudieron derribarla, porque estaba bien
construida. 49 En cambio, el que escucha Curación del sirviente de un centurión Mt. 8. 5-10, 13 Jn. 4. 46-53 7 1 Cuando
Jesús terminó de decir todas estas cosas al pueblo, entró en Cafarnaún. 2
Había allí un centurión que tenía un sirviente enfermo, a punto de morir, al
que estimaba mucho. 3 Como había oído hablar de Jesús, envió a unos ancianos
judíos para rogarle que viniera a curar a su servidor. 4 Cuando estuvieron
cerca de Jesús, le suplicaron con insistencia, diciéndole: "El merece
que le hagas este favor, 5 porque ama a nuestra nación y nos ha construido la
sinagoga". 6 Jesús fue con ellos, y cuando ya estaba cerca de la casa,
el centurión le mandó decir por unos amigos: "Señor, no te molestes,
porque no soy digno de que entres en mi casa; 7 por eso no me consideré digno
de ir a verte personalmente. Basta que digas una palabra y mi sirviente se sanará.
8 Porque yo –que no soy más que un oficial subalterno, pero tengo soldados a
mis órdenes– cuando digo a uno: "Ve", él va; y a otro:
"Ven", él viene; y cuando digo a mi sirviente: "¡Tienes que
hacer esto!", él lo hace". 9 Al oír estas palabras, Jesús se admiró
de él y, volviéndose a la multitud que lo seguía, dijo: "Yo les aseguro
que ni siquiera en Israel he encontrado tanta fe". 10 Cuando los
enviados regresaron a la casa, encontraron al sirviente completamente sano. Resurrección del hijo de una viuda 11 En seguida, Jesús se dirigió a una ciudad llamada
Naím, acompañado de sus discípulos y de una gran multitud. 12 Justamente
cuando se acercaba a la puerta de la ciudad, llevaban a enterrar al hijo
único de una mujer viuda, y mucha gente del lugar la acompañaba. 13 Al verla,
el Señor se conmovió y le dijo: "No llores". 14 Después se acercó y
tocó el féretro. Los que lo llevaban se detuvieron y Jesús dijo: "Joven,
yo te lo ordeno, levántate". 15 El muerto se incorporó y empezó a hablar.
Y Jesús se lo entregó a su madre. 16 Todos quedaron sobrecogidos de
temor y alababan a Dios, diciendo: "Un gran profeta ha aparecido en
medio de nosotros y Dios ha visitado a su Pueblo". 17 El rumor de lo que
Jesús acababa de hacer se difundió por toda Los signos mesiánicos Mt. 11. 2-6 18 Juan fue informado de todo esto por sus
discípulos y, llamando a dos de ellos, 19 los envió a decir al Señor:
"¿Eres tú el que ha de venir o debemos esperar a otro?". 20 Cuando
se presentaron ante él, le dijeron: "Juan el Bautista nos envía a
preguntarte: "¿Eres tú el que ha de venir o debemos esperar a
otro?"". 21 En esa ocasión, Jesús curó a mucha gente de sus
enfermedades, de sus dolencias y de los malos espíritus, y devolvió la vista
a muchos ciegos. 22 Entonces respondió a los enviados: "Vayan a contar a
Juan lo que han visto y oído: los ciegos ven, los paralíticos caminan, los
leprosos son purificados y los sordos oyen, los muertos resucitan, Testimonio de Jesús sobre Juan el Bautista Mt. 11. 7-15; 21. 31b-32 24 Cuando los enviados de Juan partieron, Jesús
comenzó a hablar de él a la multitud, diciendo: "¿Qué salieron a ver en
el desierto? ¿Una caña agitada por el viento? 25 ¿Qué salieron a ver? ¿Un
hombre vestido con refinamiento? Los que llevan suntuosas vestiduras y viven
en la opulencia, están en los palacios de los reyes. 26 ¿Qué salieron a ver
entonces? ¿Un profeta? Les aseguro que sí, y más que un profeta. 27 Él es
aquel de quien está escrito: Yo envío a mi mensajero
delante de ti para prepararte el
camino. 28 Les aseguro que no ha nacido ningún hombre más
grande que Juan, y sin embargo, el más pequeño en el Reino de Dios es más grande
que él. 29 Todo el pueblo que lo escuchaba, incluso los publicanos,
reconocieron la justicia de Dios, recibiendo el bautismo de Juan. 30 Pero los
fariseos y los doctores de Reproche de Jesús a sus compatriotas Mt. 11. 16-19 31 ¿Con quién puedo comparar a los hombres de esta
generación? ¿A quién se parecen? 32 Se parecen a esos muchachos que están
sentados en la plaza y se dicen entre ellos: "¡Les tocamos la
flauta, y ustedes no bailaron! ¡Entonamos cantos
fúnebres, y no lloraron!". 33 Porque llegó Juan el Bautista, que no come pan ni
bebe vino, y ustedes dicen: "¡Ha perdido la cabeza!". 34 Llegó el
Hijo del hombre, que come y bebe, y dicen: "¡Es un glotón y un borracho,
amigo de publicanos y pecadores!". 35 Pero La pecadora perdonada 36 Un fariseo invitó a Jesús a comer con él. Jesús
entró en la casa y se sentó a la mesa. 37 Entonces una mujer pecadora que
vivía en la ciudad, al enterarse de que Jesús estaba comiendo en casa del
fariseo, se presentó con un frasco de perfume. 38 Y colocándose detrás de él,
se puso a llorar a sus pies y comenzó a bañarlos con sus lágrimas; los secaba
con sus cabellos, los cubría de besos y los ungía con perfume. 39 Al ver esto, el fariseo que lo había invitado
pensó: "Si este hombre fuera profeta, sabría quién es la mujer que lo
toca y lo que ella es: ¡una pecadora!". 40 Pero Jesús le dijo:
"Simón, tengo algo que decirte". "Di, Maestro", respondió
él. 41 "Un prestamista tenía dos deudores: uno le debía quinientos
denarios, el otro cincuenta. 42 Como no tenían con qué pagar, perdonó a ambos
la deuda. ¿Cuál de los dos lo amará más?". 43 Simón contestó: "Pienso
que aquel a quien perdonó más". Jesús le dijo: "Has juzgado
bien". 44 Y volviéndose hacia la mujer, dijo a Simón:
"¿Ves a esta mujer? Entré en tu casa y tú no derramaste agua sobre mis
pies; en cambio, ella los bañó con sus lágrimas y los secó con sus cabellos.
45 Tú no me besaste; ella, en cambio, desde que entré, no cesó de besar mis
pies. 46 Tú no ungiste mi cabeza; ella derramó perfume sobre mis pies. 47 Por
eso te digo que sus pecados, sus numerosos pecados, le han sido perdonados
porque ha demostrado mucho amor. Pero aquel a quien se le perdona poco,
demuestra poco amor". 48 Después dijo a la mujer: "Tus pecados te
son perdonados". 49 Los invitados pensaron: "¿Quién es este hombre,
que llega hasta perdonar los pecados?". 50 Pero Jesús dijo a la mujer:
"Tu fe te ha salvado, vete en paz". Las mujeres que acompañaban a Jesús Mt. 4. 23; 9. 35 Mc. 1. 39 8 1
Después, Jesús recorría las ciudades y los pueblos, predicando y anunciando La parábola del sembrador Mt. 13. 1-9 Mc. 4. 1-9 4 Como se reunía una gran multitud y acudía a Jesús
gente de todas las ciudades, él les dijo, valiéndose de una parábola: 5
"El sembrador salió a sembrar su semilla. Al sembrar, una parte de la
semilla cayó al borde del camino, donde fue pisoteada y se la comieron los
pájaros del cielo. 6 Otra parte cayó sobre las piedras y, al brotar, se secó
por falta de humedad. 7 Otra cayó entre las espinas, y estas, brotando al
mismo tiempo, la ahogaron. 8 Otra parte cayó en tierra fértil, brotó y
produjo fruto al ciento por uno". Y una vez que dijo esto, exclamó:
"¡El que tenga oídos para oír, que oiga!". Finalidad de las parábolas Mt. 13. 10-11, 13 Mc. 4. 10-12 9 Sus discípulos le preguntaron qué significaba esta
parábola, 10 y Jesús les dijo: "A ustedes se les ha concedido conocer
los misterios del Reino de Dios; a los demás, en cambio, se les habla en
parábolas, para que miren sin ver y oigan sin comprender. Explicación de la parábola del sembrador Mt. 13. 18-23 Mc. 4. 14-20 11 La parábola quiere decir esto: La semilla es La parábola de la lámpara 11. 33 Mt. 5. 15; 10. 26 Mc.
4. 21-23 Mt 13. 12; 25.29 Mc. 4. 24-25 16 No se enciende una lámpara para cubrirla con un
recipiente o para ponerla debajo de la cama, sino que se la coloca sobre un
candelero, para que los que entren vean la luz. 17 Porque no hay nada oculto
que no se descubra algún día, ni nada secreto que no deba ser conocido y
divulgado. 18 Presten atención y oigan bien, porque al que tiene, se le dará,
pero al que no tiene, se le quitará hasta lo que cree tener". La verdadera familia de Jesús Mt. 12. 46-50 Mc. 3. 31-35 19 Su madre y sus hermanos fueron a verlo, pero no
pudieron acercarse a causa de la multitud. 20 Entonces le anunciaron a Jesús:
"Tu madre y tus hermanos están ahí afuera y quieren verte". 21 Pero
él les respondió: "Mi madre y mis hermanos son los que escuchan La tempestad calmada Mt. 8. 23-27 Mc. 4. 35-41 22 Un día, Jesús subió con sus discí-pulos a una
barca y les dijo: "Pasemos a la otra orilla del lago". Ellos
partieron, 23 y mientras navegaban, Jesús se durmió. Entonces se desencadenó
sobre el lago un fuerte vendaval; la barca se iba llenando de agua, y ellos
corrían peligro. 24 Los discípulos se acercaron y lo despertaron, diciendo:
"¡Maestro, Maestro, nos hundimos!". Él se despertó e increpó al
viento y a las olas; estas se apaciguaron y sobrevino la calma. 25 Después
les dijo: "¿Dónde está la fe de ustedes?". Y ellos, llenos de temor
y admiración, se decían unos a otros: "¿Quién es este que ordena incluso
al viento y a las olas, y le obedecen?". Curación del endemoniado de Gerasa Mt. 8. 28-34 Mc. 5. 1-20 26 Después llegaron a la región de los gerasenos,
que está situada frente a Galilea. 27 Jesús acababa de desembarcar, cuando
salió a su encuentro un hombre de la ciudad, que estaba endemoniado. Desde
hacía mucho tiempo no se vestía, y no vivía en una casa, sino en los
sepulcros. 28 Al ver a Jesús, comenzó a gritar, cayó a sus pies
y dijo con voz potente: "¿Qué quieres de mí, Jesús, Hijo de Dios, el
Altísimo? Te ruego que no me atormentes". 29 Jesús, en efecto, estaba
ordenando al espíritu impuro que saliera de aquel hombre. Muchas veces el
espíritu se había apoderado de él, y aunque lo ataban con cadenas y grillos
para sujetarlo, él rompía sus ligaduras y el demonio lo arrastraba a lugares
desiertos. 30 Jesús le preguntó: "¿Cuál es tu nombre?".
"Legión", respondió, porque eran muchos los demonios que habían
entrado en él. 31 Y le suplicaban que no les ordenara precipitarse al abismo.
32 Había allí una gran piara de cerdos que estaba paciendo en la montaña. Los
demonios suplicaron a Jesús que les permitiera entrar en los cerdos. Él se lo
permitió. 33 Entonces salieron de aquel hombre, entraron en los cerdos, y desde
lo alto del acantilado, la piara se precipitó al mar y se ahogó. 34 Al ver lo que había pasado, los cuidadores
huyeron y difundieron la noticia en la ciudad y en los poblados. 35 En
seguida la gente fue a ver lo que había sucedido. Cuando llegaron adonde
estaba Jesús, vieron sentado a sus pies, vestido y en su sano juicio, al
hombre del que habían salido los demonios, y se llenaron de temor. 36 Los que
habían presenciado el hecho les contaron cómo había sido curado el
endemoniado. 37 Todos los gerasenos pidieron a Jesús que se alejara de allí,
porque estaban atemorizados; y él, subiendo a la barca, regresó. 38 El hombre del que salieron los demonios le rogaba
que lo llevara con él, pero Jesús lo despidió, diciéndole: 39 "Vuelve a
tu casa y cuenta todo lo que Dios ha hecho por ti". Él se fue y proclamó
en toda la ciudad lo que Jesús había hecho por él. Curación de una mujer y resurrección de la hija de
Jairo Mt. 9. 18-26 Mc. 5. 21-43 43 Una mujer que padecía de hemorragias desde hacía
doce años y a quien nadie había podido curar, 44 se acercó por detrás y tocó
los flecos de su manto; inmediatamente cesó la hemorragia. 45 Jesús preguntó:
"¿Quién me ha tocado?". Como todos lo negaban, Pedro y sus
compañeros le dijeron: "Maestro, es la multitud que te está
apretujando". 46 Pero Jesús respondió: "Alguien me ha tocado,
porque he sentido que una fuerza salía de mí". 47 Al verse descubierta,
la mujer se acercó temblando, y echándose a sus pies, contó delante de todos
por qué lo había tocado y cómo fue curada instantáneamente. 48 Jesús le dijo
entonces: "Hija, tu fe te ha salvado, vete en paz". 49 Todavía estaba hablando, cuando llegó alguien de
la casa del jefe de la sinagoga y le dijo: "Tu hija ha muerto, no
molestes más al Maestro". 50 Pero Jesús, que había oído, respondió:
"No temas, basta que creas y se salvará". 51 Cuando llegó a la casa
no permitió que nadie entrara con él, sino Pedro, Juan y Santiago, junto con
el padre y la madre de la niña. 52 Todos lloraban y se lamentaban. "No
lloren, dijo Jesús, no está muerta, sino que duerme". 53 Y se burlaban
de él, porque sabían que la niña estaba muerta. 54 Pero Jesús la tomó de la
mano y la llamó, diciendo: "Niña, levántate". 55 Ella recuperó el
aliento y se levantó en el acto. Después Jesús ordenó que le dieran de comer.
56 Sus padres se quedaron asombrados, pero él les prohibió contar lo que
había sucedido. Misión de los Doce Mt. 10. 1, 5, 8, 9-14 Mc. 6. 7-13 9 1 Jesús
convocó a los Doce y les dio poder y autoridad para expulsar a toda clase de
demonios y para curar las enfermedades. 2 Y los envió a proclamar el Reino de
Dios y a sanar a los enfermos, 3 diciéndoles: "No lleven nada para el
camino, ni bastón, ni alforja, ni pan, ni dinero, ni tampoco dos túnicas cada
uno. 4 Permanezcan en la casa donde se alojen, hasta el momento de partir. 5
Si no los reciben, al salir de esa ciudad sacudan hasta el polvo de sus pies,
en testimonio contra ellos". 6 Fueron entonces de pueblo en pueblo,
anunciando Incertidumbre de Herodes frente a Jesús Mt. 14. 1-2 Mc. 6. 14-16 7 El tetrarca Herodes se enteró de todo lo que
pasaba, y estaba muy desconcertado porque algunos decían: "Es Juan, que
ha resucitado". 8 Otros decían: "Es Elías, que se ha
aparecido", y otros: "Es uno de los antiguos profetas que ha
resucitado". 9 Pero Herodes decía: "A Juan lo hice decapitar.
Entonces, ¿quién es este del que oigo decir semejantes cosas?". Y trataba
de verlo. La multiplicación de los panes Mt. 14. 13-21 Mc. 6. 30-44 Jn.
6. 1-13 10 Al regresar, los Apóstoles contaron a Jesús todo
lo que habían hecho. Él los llevó consigo, y se retiró a solas con ellos hacia
una ciudad llamada Betsaida. 11 Pero la multitud se dio cuenta y lo siguió.
Él los recibió, les habló del Reino de Dios y devolvió la salud a los que
tenían necesidad de ser curados. 12 Al caer la tarde, se acercaron los Doce y le
dijeron: "Despide a la multitud, para que vayan a los pueblos y caseríos
de los alrededores en busca de albergue y alimento, porque estamos en un
lugar desierto". 13 Él les respondió: "Denles de comer ustedes
mismos". Pero ellos dijeron: "No tenemos más que cinco panes y dos
pescados, a no ser que vayamos nosotros a comprar alimentos para toda esta
gente". 14 Porque eran alrededor de cinco mil hombres. Entonces Jesús
les dijo a sus discípulos: "Háganlos sentar en grupos de
cincuenta". 15 Y ellos hicieron sentar a todos. 16 Jesús tomó los cinco
panes y los dos pescados y, levantando los ojos al cielo, pronunció sobre
ellos la bendición, los partió y los fue entregando a sus discípulos para que
se los sirvieran a la multitud. 17 Todos comieron hasta saciarse y con lo que
sobró se llenaron doce canastas. La profesión de fe de Pedro Mt. 16. 13-16, 20 Mc. 8. 27-30 18 Un día en que Jesús oraba a solas y sus
discípulos estaban con él, les preguntó: "¿Quién dice la gente que soy
yo?". 19 Ellos le respondieron: "Unos dicen que eres Juan el
Bautista; otros, Elías; y otros, alguno de los antiguos profetas que ha
resucitado". 20 "Pero ustedes, les preguntó, ¿quién dicen que soy
yo?". Pedro, tomando la palabra, respondió: "Tú eres el Mesías de
Dios". 21 Y él les ordenó terminantemente que no lo dijeran a nadie. El primer anuncio de Mt. 16. 21 Mc. 8. 31 22 "El Hijo del hombre, les dijo, debe sufrir
mucho, ser rechazado por los ancianos, los sumos sacerdotes y los escribas,
ser condenado a muerte y resucitar al tercer día". Condiciones para seguir a Jesús Mt. 16. 24-28; 10. 38-39 Mc. 8. 34 - 9. 1 23 Después dijo a todos: "El que quiera venir
detrás de mí, que renuncie a sí mismo, que cargue con su cruz cada día y me
siga. 24 Porque el que quiera salvar su vida, la perderá y el que pierda su
vida por mí, la salvará. 25 ¿De qué le servirá al hombre ganar el mundo
entero, si pierde y arruina su vida? 26 Porque si alguien se avergüenza de mí
y de mis palabras, el Hijo del hombre se avergonzará de él cuando venga en su
gloria y en la gloria del Padre y de los santos ángeles. 27 Les aseguro que
algunos de los que están aquí presentes no morirán antes de ver el Reino de
Dios". La transfiguración de Jesús Mt. 17. 1-9 Mc. 9. 2-10 28 Unos ocho días después de decir esto, Jesús tomó
a Pedro, Juan y Santiago, y subió a la montaña para orar. 29 Mientras oraba,
su rostro cambió de aspecto y sus vestiduras se volvieron de una blancura
deslumbrante. 30 Y dos hombres conversaban con él: eran Moisés y Elías, 31
que aparecían revestidos de gloria y hablaban de la partida de Jesús, que iba
a cumplirse en Jerusalén. 32 Pedro y sus compañeros tenían mucho sueño, pero
permanecieron despiertos, y vieron la gloria de Jesús y a los dos hombres que
estaban con él. 33 Mientras estos se alejaban, Pedro dijo a Jesús:
"Maestro, ¡qué bien estamos aquí! Hagamos tres carpas, una para ti, otra
para Moisés y otra para Elías". Él no sabía lo que decía. 34 Mientras
hablaba, una nube los cubrió con su sombra y al entrar en ella, los
discípulos se llenaron de temor. 35 Desde la nube se oyó entonces una voz que
decía: "Este es mi Hijo, el Elegido, escúchenlo". 36 Y cuando se
oyó la voz, Jesús estaba solo. Los discípulos callaron y durante todo ese
tiempo no dijeron a nadie lo que habían visto. Curación de un endemoniado epiléptico Mt. 17. 14-20 Mc. 9. 14-29 37 Al día siguiente, cuando bajaron de la montaña,
una multitud vino a su encuentro. 38 De pronto, un hombre gritó:
"Maestro, por favor, mira a mi hijo, el único que tengo. 39 Cada tanto
un espíritu se apodera de él y se pone a gritar; lo sacude con violencia y le
hace echar espuma por la boca. A duras penas se aparta de él, dejándolo
extenuado. 40 Les pedí a tus discípulos que lo expulsaran, pero no
pudieron". 41 Jesús le respondió: "Generación incrédula y perversa,
¿hasta cuándo estaré con ustedes y tendré que soportarlos? Trae aquí a tu
hijo". 42 El niño se estaba acercando, cuando el demonio lo arrojó al
suelo y lo sacudió violentamente. Pero Jesús increpó al espíritu impuro, curó
al niño y lo entregó a su padre. 43 Todos estaban maravillados de la grandeza
de Dios. El segundo anuncio de Mt. 17. 22 Mc. 9. 30-32 Mientras todos se admiraban por las cosas que hacía,
Jesús dijo a sus discípulos: 44 "Escuchen bien esto que les digo: El
Hijo del hombre va a ser entregado en manos de los hombres". 45 Pero
ellos no entendían estas palabras: su sentido les estaba velado de manera que
no podían comprenderlas, y temían interrogar a Jesús acerca de esto. La verdadera grandeza Mt. 18. 1-5 Mc. 9. 33-37 46 Entonces se les ocurrió preguntarse quién sería
el más grande. 47 Pero Jesús, conociendo sus pensamientos, tomó a un niño y
acercándolo, 48 les dijo: "El que recibe a este niño en mi Nombre, me
recibe a mí, y el que me recibe a mí, recibe a aquel que me envió; porque el
más pequeño de ustedes, ese es el más grande". La intolerancia de los Apóstoles Mc. 9. 38-40 49 Juan, dirigiéndose a Jesús, le dijo:
"Maestro, hemos visto a uno que expulsaba demonios en tu Nombre y
tratamos de impedírselo, porque no es de los nuestros". 50 Pero Jesús le
dijo: "No se lo impidan, porque el que no está contra ustedes, está con
ustedes". Una vez concluida su
misión en Galilea, Jesús se encamina resueltamente hacia Jerusalén. En el marco de este
"camino" hacia Y también a lo largo de
esa "subida" a Jerusalén, se agudiza la hostilidad contra Jesús.
Sus enemigos se escandalizan porque perdona los pecados y come con los pecadores.
Él les responde con las conmovedoras "parábolas de la
misericordia", entre las que se destaca especialmente la del padre
misericordioso. El paso de Jesús por Samaría 51 Cuando estaba por cumplirse el tiempo de su
elevación al cielo, Jesús se encaminó decididamente hacia Jerusalén 52 y
envió mensajeros delante de él. Ellos partieron y entraron en un pueblo de
Samaría para prepararle alojamiento. 53 Pero no lo recibieron porque se
dirigía a Jerusalén. 54 Cuando sus discípulos Santiago y Juan vieron esto, le
dijeron: "Señor, ¿quieres que mandemos caer fuego del cielo para
consumirlos?". 55 Pero él se dio vuelta y los reprendió. 56 Y se
fueron a otro pueblo. Exigencias de la vocación apostólica Mt. 8. 18-22 57 Mientras iban caminando, alguien le dijo a Jesús:
"¡Te seguiré adonde vayas!". 58 Jesús le respondió: "Los
zorros tienen sus cuevas y las aves del cielo sus nidos, pero el Hijo del
hombre no tiene dónde reclinar la cabeza". 59 Y dijo a otro: "Sígueme". Él respondió:
"Permíteme que vaya primero a enterrar a mi padre". 60 Pero Jesús
le respondió: "Deja que los muertos entierren a sus muertos; tú ve a
anunciar el Reino de Dios". 61 Otro le dijo: "Te seguiré, Señor, pero
permíteme antes despedirme de los míos". 62 Jesús le respondió: "El
que ha puesto la mano en el arado y mira hacia atrás, no sirve para el Reino
de Dios". Misión de los setenta y dos discípulos 10 1
Después de esto, el Señor designó a otros setenta y dos, y los envió de dos
en dos para que lo precedieran en todas las ciudades y sitios adonde él debía
ir. 2 Y les dijo: "La cosecha es abundante, pero los trabajadores son
pocos. Rueguen al dueño de los sembrados que envíe trabajadores para la
cosecha. 3 ¡Vayan! Yo los envío como a ovejas en medio de lobos. 4 No lleven
dinero, ni alforja, ni calzado, y no se detengan a saludar a nadie por el
camino. 5 Al entrar en una casa, digan primero: "¡Que descienda la paz
sobre esta casa!". 6 Y si hay allí alguien digno de recibirla, esa paz
reposará sobre él; de lo contrario, volverá a ustedes. 7 Permanezcan en esa
misma casa, comiendo y bebiendo de lo que haya, porque el que trabaja merece
su salario. No vayan de casa en casa. 8 En las ciudades donde entren y sean
recibidos, coman lo que les sirvan; 9 curen a sus enfermos y digan a la
gente: "El Reino de Dios está cerca de ustedes". 10 Pero en todas
las ciudades donde entren y no los reciban, salgan a las plazas y digan: 11
"¡Hasta el polvo de esta ciudad que se ha adherido a nuestros pies, lo
sacudimos sobre ustedes! Sepan, sin embargo, que el Reino de Dios está
cerca". 12 Les aseguro que en aquel Día, Sodoma será tratada menos
rigurosamente que esa ciudad. Lamentación de Jesús por las ciudades de Galilea Mt. 11. 21-24 13 ¡Ay de ti, Corozaín! ¡Ay de ti, Betsaida! Porque
si en Tiro y en Sidón se hubieran hecho los milagros realizados entre
ustedes, hace tiempo que se habrían convertido, poniéndose cilicio y
sentándose sobre ceniza. 14 Por eso Tiro y Sidón, en el día del Juicio, serán
tratadas menos rigurosamente que ustedes. 15 Y tú, Cafarnaún, ¿acaso crees
que serás elevada hasta el cielo? No, serás precipitada hasta el infierno. 16 El que los escucha a ustedes, me escucha a mí; el
que los rechaza a ustedes, me rechaza a mí; y el que me rechaza, rechaza a
aquel que me envió". Regreso de los setenta y dos discípulos 17 Los setenta y dos volvieron y le dijeron llenos
de gozo: "Señor, hasta los demonios se nos someten en tu Nombre".
18 Él les dijo: "Yo veía a Satanás caer del cielo como un rayo. 19 Les
he dado poder para caminar sobre serpientes y escorpiones y para vencer todas
las fuerzas del enemigo; y nada podrá dañarlos. 20 No se alegren, sin
embargo, de que los espíritus se les sometan; alégrense más bien de que sus
nombres estén escritos en el cielo". La revelación del Evangelio a los humildes Mt. 11. 25-27; 13. 16-17 21 En aquel momento Jesús se estremeció de gozo,
movido por el Espíritu Santo, y dijo: "Te alabo, Padre, Señor del cielo
y de la tierra, por haber ocultado estas cosas a los sabios y a los prudentes
y haberlas revelado a los pequeños. Sí, Padre, porque así lo has querido. 22
Todo me ha sido dado por mi Padre, y nadie sabe quién es el Hijo, sino el
Padre, como nadie sabe quién es el Padre, sino el Hijo y aquel a quien el
Hijo se lo quiera revelar". 23 Después, volviéndose hacia sus discípulos, Jesús
les dijo a ellos solos: "¡Felices los ojos que ven lo que ustedes ven!
24 ¡Les aseguro que muchos profetas y reyes quisieron ver lo que ustedes ven
y no lo vieron, oír lo que ustedes oyen y no lo oyeron!". El mandamiento principal Mt. 22. 34-40 Mc. 12. 28-31 25 Y entonces, un doctor de 28 "Has respondido exactamente, le dijo Jesús; obra
así y alcanzarás la vida". La parábola del buen samaritano 29 Pero el doctor de El encuentro de Jesús con Marta y María 38 Mientras iban caminando, Jesús entró en un
pueblo, y una mujer que se llamaba Marta lo recibió en su casa. 39 Tenía una
hermana llamada María, que sentada a los pies del Señor, escuchaba su
Palabra. 40 Marta, que estaba muy ocupada con los quehaceres de la casa, dijo
a Jesús: "Señor, ¿no te importa que mi hermana me deje sola con todo el
trabajo? Dile que me ayude". 41 Pero el Señor le respondió: "Marta,
Marta, te inquietas y te agitas por muchas cosas. 42 Sin embargo, una sola es
necesaria. María eligió la mejor parte, que no le será quitada". El Padrenuestro Mt. 6. 9-13 11 1 Un
día, Jesús estaba orando en cierto lugar, y cuando terminó, uno de sus
discípulos le dijo: "Señor, enséñanos a orar, así como Juan enseñó a sus
discípulos". 2 Él les dijo entonces: "Cuando oren, digan: Padre, santificado sea tu
Nombre, que venga tu Reino; 3 danos cada día nuestro
pan cotidiano; 4 perdona nuestros
pecados, porque también nosotros
perdonamos a aquellos que nos
ofenden; y no nos dejes caer en la
tentación". La parábola del amigo insistente 5 Jesús agregó: "Supongamos que alguno de
ustedes tiene un amigo y recurre a él a medianoche, para decirle:
"Amigo, préstame tres panes, 6 porque uno de mis amigos llegó de viaje y
no tengo nada que ofrecerle", 7 y desde adentro él le responde: "No
me fastidies; ahora la puerta está cerrada, y mis hijos y yo estamos
acostados. No puedo levantarme para dártelos". 8 Yo les aseguro que
aunque él no se levante para dárselos por ser su amigo, se levantará al menos
a causa de su insistencia y le dará todo lo necesario. La eficacia de la oración Mt. 7. 7-11 9 También les aseguro: pidan y se les dará, busquen
y encontrarán, llamen y se les abrirá. 10 Porque el que pide, recibe; el que
busca, encuentra; y al que llama, se le abrirá. 11 ¿Hay algún padre entre
ustedes que dé a su hijo una serpiente cuando le pide un pescado? 12 ¿Y si le
pide un huevo, le dará un escorpión? 13 Si ustedes, que son malos, saben dar
cosas buenas a sus hijos, ¡cuánto más el Padre del cielo dará el Espíritu
Santo a aquellos que se lo pidan!". El Reino de Dios y Belzebul Mt. 9. 32-34; 12. 22-29 Mc. 3. 22-27 14 Jesús estaba expulsando a un demonio que era
mudo. Apenas salió el demonio, el mudo empezó a hablar. La muchedumbre quedó
admirada, 15 pero algunos de ellos decían: "Este expulsa a los demonios
por el poder de Belzebul, el Príncipe de los demonios". 16 Otros, para
ponerlo a prueba, exigían de él un signo que viniera del cielo. 17 Jesús, que
conocía sus pensamientos, les dijo: "Un reino donde hay luchas internas
va a la ruina y sus casas caen una sobre otra. 18 Si Satanás lucha contra sí
mismo, ¿cómo podrá subsistir su reino? Porque –como ustedes dicen– yo expulso
a los demonios con el poder de Belzebul. 19 Si yo expulso a los demonios con
el poder de Belzebul, ¿con qué poder los expulsan los discípulos de ustedes?
Por eso, ustedes los tendrán a ellos como jueces. 20 Pero si yo expulso a los
demonios con la fuerza del dedo de Dios, quiere decir que el Reino de Dios ha
llegado a ustedes. 21 Cuando un hombre fuerte y bien armado hace
guardia en su palacio, todas sus posesiones están seguras, 22 pero si viene
otro más fuerte que él y lo domina, le quita el arma en la que confiaba y reparte
sus bienes. 23 El que no está conmigo, está contra mí; y el que no recoge
conmigo, desparrama. La ofensiva de Satanás Mt. 12. 43-45 24 Cuando el espíritu impuro sale de un hombre, vaga
por lugares desiertos en busca de reposo, y al no encontrarlo, piensa:
"Volveré a mi casa, de donde salí". 25 Cuando llega, la encuentra
barrida y ordenada. 26 Entonces va a buscar a otros siete espíritus peores
que él; entran y se instalan allí. Y al final, ese hombre se encuentra peor
que al principio". El valor de la fe 27 Cuando Jesús terminó de hablar, una mujer levantó
la voz en medio de la multitud y le dijo: "¡Feliz el seno que te llevó y
los pechos que te amamantaron!". 28 Jesús le respondió: "Felices
más bien los que escuchan El signo de Jonás Mt. 12. 39-41; 16. 4 Mc. 8. 12 29 Al ver Jesús que la multitud se apretujaba,
comenzó a decir: "Esta es una generación malvada. Pide un signo y no le
será dado otro que el de Jonás. 30 Así como Jonás fue un signo para los
ninivitas, también el Hijo del hombre lo será para esta generación. 31 El día del Juicio, 32 El día del Juicio, los hombres de Nínive se
levantarán contra esta generación y la condenarán, porque ellos se
convirtieron por la predicación de Jonás y aquí hay alguien que es más que
Jonás. La parábola de la lámpara 8. 16 Mt. 5. 15 Mc. 4.
21 Mt. 6. 22-23 33 Cuando uno enciende una lámpara, no la esconde ni
la cubre, sino que la pone sobre el candelero, para que los que entran vean
la claridad. 34 La lámpara del cuerpo es tu ojo. Cuando tu ojo está sano,
todo tu cuerpo está iluminado; pero si tu ojo está enfermo, también tu cuerpo
estará en tinieblas. 35 Ten cuidado de que la luz que hay en ti no se
oscurezca. 36 Si todo tu cuerpo está iluminado, sin nada de sombra, tendrá
tanta luz como cuando la lámpara te ilumina con sus rayos". Invectivas contra los fariseos y los doctores de 20. 46 Mt. 23. 4, 6-7, 13, 23,
25-36 Mc. 12. 38-39 37 Cuando terminó de hablar, un fariseo lo invitó a
cenar a su casa. Jesús entró y se sentó a la mesa. 38 El fariseo se extrañó
de que no se lavara antes de comer. 39 Pero el Señor le dijo: "¡Así son
ustedes, los fariseos! Purifican por fuera la copa y el plato, y por dentro
están llenos de voracidad y perfidia. 40 ¡Insensatos! El que hizo lo de
afuera, ¿no hizo también lo de adentro? 41 Den más bien como limosna lo que
tienen y todo será puro. 42 Pero ¡ay de ustedes, fariseos, que pagan el
impuesto de la menta, de la ruda y de todas las legumbres, y descuidan la
justicia y el amor de Dios! Hay que practicar esto, sin descuidar aquello. 43 ¡Ay de ustedes, fariseos, porque les gusta ocupar
el primer asiento en las sinagogas y ser saludados en las plazas! 44 ¡Ay de
ustedes, porque son como esos sepulcros que no se ven y sobre los cuales se
camina sin saber!". 45 Un doctor de 49 Por eso 52 ¡Ay de ustedes, doctores de 53 Cuando Jesús salió de allí, los escribas y los
fariseos comenzaron a acosarlo, exigiéndole respuesta sobre muchas cosas 54 y
tendiéndole trampas para sorprenderlo en alguna afirmación. Advertencia contra la hipocresía Mt. 16. 6, 12 Mc. 8. 15 Mt.
10. 26-27 Mc. 4. 22 Lc. 8. 17 12 1
Mientras tanto se reunieron miles de personas, hasta el punto de atropellarse
unos a otros. Jesús comenzó a decir, dirigiéndose primero a sus discípulos:
"Cuídense de la levadura de los fariseos, que es la hipocresía. 2 No hay
nada oculto que no deba ser revelado, ni nada secreto que no deba ser
conocido. 3 Por eso, todo lo que ustedes han dicho en la oscuridad, será
escuchado en pleno día; y lo que han hablado al oído, en las habitaciones más
ocultas, será proclamado desde lo alto de las casas. El verdadero y el falso temor Mt. 10. 28-31 La valentía para reconocer al Hijo del hombre Mt. 10.
32-33 Mc. 8. 38 Lc. 9. 26Mt. 12. 32 Mc. 3. 29 Mt. 10. 17-20Mc. 13. 11 Lc.
21. 12, 14-15 8 Les aseguro que a aquel que me reconozca
abiertamente delante de los hombres, el Hijo del hombre lo reconocerá ante
los ángeles de Dios. 9 Pero el que no me reconozca delante de los hombres, no
será reconocido ante los ángeles de Dios. 10 Al que diga una palabra contra el Hijo del
hombre, se le perdonará; pero al que blasfeme contra el Espíritu Santo, no se
le perdonará. 11 Cuando los lleven ante las sinagogas, ante los
magistrados y las autoridades, no se preocupen de cómo se van a defender o
qué van a decir, 12 porque el Espíritu Santo les enseñará en ese momento lo
que deban decir". El desprendimiento cristiano 13 Uno de la multitud le dijo: "Maestro, dile a
mi hermano que comparta conmigo la herencia". 14 Jesús le respondió:
"Amigo, ¿quién me ha constituido juez o árbitro entre ustedes?". 15
Después les dijo: "Cuídense de toda avaricia, porque aun en medio de la
abundancia, la vida de un hombre no está asegurada por sus riquezas". La parábola del rico insensato 16 Les dijo entonces una parábola: "Había un
hombre rico, cuyas tierras habían producido mucho, 17 y se preguntaba a sí
mismo: "¿Qué voy a hacer? No tengo dónde guardar mi cosecha". 18
Después pensó: "Voy a hacer esto: demoleré mis graneros, construiré
otros más grandes y amontonaré allí todo mi trigo y mis bienes, 19 y diré a
mi alma: Alma mía, tienes bienes almacenados para muchos años; descansa,
come, bebe y date buena vida". 20 Pero Dios le dijo: "Insensato,
esta misma noche vas a morir. ¿Y para quién será lo que has amontonado?".
21 Esto es lo que sucede al que acumula riquezas para sí, y no es rico a los
ojos de Dios". La confianza en Mt. 6. 25-33 22 Después dijo a sus discípulos: "Por eso les
digo: No se inquieten por la vida, pensando qué van a comer, ni por el
cuerpo, pensando con qué se van a vestir. 23 Porque la vida vale más que la
comida, y el cuerpo más que el vestido. 24 Fíjense en los cuervos: no
siembran ni cosechan, no tienen despensa ni granero, y Dios los alimenta.
¡Cuánto más valen ustedes que los pájaros! 25 ¿Y quién de ustedes, por mucho
que se inquiete, puede añadir un instante al tiempo de su vida? 26 Si aun las
cosas más pequeñas superan sus fuerzas, ¿por qué se inquietan por las otras?
27 Fíjense en los lirios: no hilan ni tejen; sin embargo, les aseguro que ni
Salomón, en el esplendor de su gloria, se vistió como uno de ellos. 28 Si
Dios viste así a la hierba, que hoy está en el campo y mañana es echada al
fuego, ¡cuánto más hará por ustedes, hombres de poca fe! 29 Tampoco tienen
que preocuparse por lo que van a comer o beber; no se inquieten, 30 porque
son los paganos de este mundo los que van detrás de esas cosas. El Padre sabe
que ustedes las necesitan. 31 Busquen más bien su Reino, y lo demás se les
dará por añadidura. 32 No temas, pequeño Rebaño, porque el Padre de
ustedes ha querido darles el Reino. El verdadero tesoro Mt. 6. 20-21 33 Vendan sus bienes y denlos como limosna. Háganse
bolsas que no se desgasten y acumulen un tesoro inagotable en el cielo, donde
no se acerca el ladrón ni destruye la polilla. 34 Porque allí donde tengan su
tesoro, tendrán también su corazón. Exhortación a la vigilancia y a la fidelidad Mt. 24. 42-44 Mc. 13. 33-37 35 Estén preparados, ceñidos y con las lámparas
encendidas. 36 Sean como los hombres que esperan el regreso de su señor, que
fue a una boda, para abrirle apenas llegue y llame a la puerta. 37 ¡Felices
los servidores a quienes el señor encuentra velando a su llegada! Les aseguro
que él mismo recogerá su túnica, los hará sentar a la mesa y se pondrá a
servirlos. 38 ¡Felices ellos, si el señor llega a medianoche o antes del alba
y los encuentra así! 39 Entiéndanlo bien: si el dueño de casa supiera a qué
hora va a llegar el ladrón, no dejaría perforar las paredes de su casa. 40
Ustedes también estén preparados, porque el Hijo del hombre llegará a la hora
menos pensada". La parábola del servidor fiel Mt. 24. 45-51 41 Pedro preguntó entonces: "Señor, ¿esta
parábola la dices para nosotros o para todos?". 42 El Señor le dijo:
"¿Cuál es el administrador fiel y previsor, a quien el Señor pondrá al
frente de su personal para distribuirle la ración de trigo en el momento
oportuno? 43 ¡Feliz aquel a quien su señor, al llegar, encuentre ocupado en
este trabajo! 44 Les aseguro que lo hará administrador de todos sus bienes.
45 Pero si este servidor piensa: "Mi señor tardará en llegar", y se
dedica a golpear a los servidores y a las sirvientas, y se pone a comer, a
beber y a emborracharse, 46 su señor llegará el día y la hora menos pensada,
lo castigará y le hará correr la misma suerte que los infieles. 47 El servidor que, conociendo la voluntad de su
señor, no tuvo las cosas preparadas y no obró conforme a lo que él había
dispuesto, recibirá un castigo severo. 48 Pero aquel que sin saberlo, se hizo
también culpable, será castigado menos severamente. Al que se le dio mucho,
se le pedirá mucho; y al que se le confió mucho, se le reclamará mucho más. Jesús ante su Pasión 49 Yo he venido a traer fuego sobre la tierra, ¡y
cómo desearía que ya estuviera ardiendo! 50 Tengo que recibir un bautismo, ¡y
qué angustia siento hasta que esto se cumpla plenamente! Jesús, signo de contradicción Mt. 10. 34-36 51 ¿Piensan ustedes que he venido a traer la paz a
la tierra? No, les digo que he venido a traer la división. 52 De ahora en adelante,
cinco miembros de una familia estarán divididos, tres contra dos y dos contra
tres: 53 el padre contra el hijo y el hijo contra el padre, la
madre contra la hija y la hija contra la madre, la suegra contra la
nuera y la nuera contra la suegra". La interpretación de los signos de los tiempos Mt. 16. 2-3; 5. 25-26 54 Dijo también a la multitud: "Cuando ven que
una nube se levanta en occidente, ustedes dicen en seguida que va a llover, y
así sucede. 55 Y cuando sopla viento del sur, dicen que hará calor, y así
sucede. 56 ¡Hipócritas! Ustedes saben discernir el aspecto de la tierra y del
cielo; ¿cómo entonces no saben discernir el tiempo presente? 57 ¿Por qué no juzgan ustedes mismos lo que es
justo? 58 Cuando vas con tu adversario a presentarte ante el magistrado,
trata de llegar a un acuerdo con él en el camino, no sea que el adversario te
lleve ante el juez, y el juez te entregue al guardia, y este te ponga en la
cárcel. 59 Te aseguro que no saldrás de allí hasta que hayas pagado el último
centavo". Exhortación a la conversión 13 1 En
ese momento se presentaron unas personas que comentaron a Jesús el caso de
aquellos galileos, cuya sangre Pilato mezcló con la de las víctimas de sus
sacrificios. 2 Él les respondió: "¿Creen ustedes que esos galileos sufrieron
todo esto porque eran más pecadores que los demás? 3 Les aseguro que no, y si
ustedes no se convierten, todos acabarán de la misma manera. 4 ¿O creen que
las dieciocho personas que murieron cuando se desplomó la torre de Siloé,
eran más culpables que los demás habitantes de Jerusalén? 5 Les aseguro que
no, y si ustedes no se convierten, todos acabarán de la misma manera". La parábola de la higuera estéril 6 Les dijo también esta parábola: "Un hombre
tenía una higuera plantada en su viña. Fue a buscar frutos y no los encontró.
7 Dijo entonces al viñador: "Hace tres años que vengo a buscar frutos en
esta higuera y no los encuentro. Córtala, ¿para qué malgastar la
tierra?". 8 Pero él respondió: "Señor, déjala todavía este año; yo
removeré la tierra alrededor de ella y la abonaré. 9 Puede ser que así dé
frutos en adelante. Si no, la cortarás"". Curación de una mujer en sábado 10 Un sábado, Jesús enseñaba en una sinagoga. 11
Había allí una mujer poseída de un espíritu, que la tenía enferma desde hacía
dieciocho años. Estaba completamente encorvada y no podía enderezarse de
ninguna manera. 12 Jesús, al verla, la llamó y le dijo: "Mujer, estás
curada de tu enfermedad", 13 y le impuso las manos. Ella se enderezó en
seguida y glorificaba a Dios. 14 Pero el jefe de la sinagoga, indignado
porque Jesús había curado en sábado, dijo a la multitud: "Los días de
trabajo son seis; vengan durante esos días para hacerse curar, y no el
sábado". 15 El Señor le respondió: "¡Hipócritas! Cualquiera de
ustedes, aunque sea sábado, ¿no desata del pesebre a su buey o a su asno para
llevarlo a beber? 16 Y esta hija de Abraham, a la que Satanás tuvo
aprisionada durante dieciocho años, ¿no podía ser librada de sus cadenas el
día sábado?". 17 Al oír estas palabras, todos sus adversarios se
llenaron de confusión, pero la multitud se alegraba de las maravillas que él
hacía. La parábola del grano de mostaza Mt. 13. 31-32 Mc. 4. 30-32 18 Jesús dijo entonces: "¿A qué se parece el
Reino de Dios? ¿Con qué podré compararlo? 19 Se parece a un grano de mostaza
que un hombre sembró en su huerta; creció, se convirtió en un arbusto y los
pájaros del cielo se cobijaron en sus ramas". La parábola de la levadura Mt. 13. 33 20 Dijo también: "¿Con qué podré comparar el
Reino de Dios? 21 Se parece a un poco de levadura que una mujer mezcló con
gran cantidad de harina, hasta que fermentó toda la masa". Los nuevos elegidos del Reino Mt. 7. 13-14, 22-23; 25. 10-12 Mt. 8. 11-12; 19. 30; 20. 16 Mc. 10. 31 22 Jesús iba enseñando por las ciudades y pueblos,
mientras se dirigía a Jerusalén. 23 Una persona le preguntó: "Señor, ¿es
verdad que son pocos los que se salvan?". Él respondió: 24 "Traten
de entrar por la puerta estrecha, porque les aseguro que muchos querrán
entrar y no lo conseguirán. 25 En cuanto el dueño de casa se levante y cierre
la puerta, ustedes, desde afuera, se pondrán a golpear la puerta, diciendo:
"Señor, ábrenos". Y él les responderá: "No sé de dónde son
ustedes". 26 Entonces comenzarán a decir: "Hemos comido y bebido contigo,
y tú enseñaste en nuestras plazas". 27 Pero él les dirá: "No sé de
dónde son ustedes; ¡apártense de mí todos los que hacen el mal!". 28 Allí habrá llantos y rechinar de dientes, cuando
vean a Abraham, a Isaac, a Jacob y a todos los profetas en el Reino de Dios,
y ustedes sean arrojados afuera. 29 Y vendrán muchos de Oriente y de
Occidente, del Norte y del Sur, a ocupar su lugar en el banquete del Reino de
Dios. 30 Hay algunos que son los últimos y serán los primeros, y hay otros
que son los primeros y serán los últimos". Actitud de Jesús ante la amenaza de Herodes 31 En ese momento se acercaron algunos fariseos que
le dijeron: "Aléjate de aquí, porque Herodes quiere matarte". 32 Él
les respondió: "Vayan a decir a ese zorro: hoy y mañana expulso a los
demonios y realizo curaciones, y al tercer día habré terminado. 33 Pero debo
seguir mi camino hoy, mañana y pasado, porque no puede ser que un profeta
muera fuera de Jerusalén. Reproche de Jesús a Jerusalén Mt. 23. 37-39 34 ¡Jerusalén, Jerusalén, que matas a los profetas y
apedreas a los que te son enviados! ¡Cuántas veces quise reunir a tus hijos,
como la gallina reúne bajo sus alas a los pollitos, y tú no quisiste! 35 Por
eso, a ustedes la casa les quedará vacía. Les aseguro que ya no me verán más,
hasta que llegue el día en que digan: ¡Bendito el que viene
en nombre del Señor!". Curación de un hidrópico en sábado Mt. 12. 11 14 1 Un
sábado, Jesús entró a comer en casa de uno de los principales fariseos. Ellos
lo observaban atentamente. 2 Delante de él había un hombre enfermo de hidropesía.
3 Jesús preguntó a los doctores de La humildad cristiana Mt. 23. 12 7 Y al notar cómo los invitados buscaban los
primeros puestos, les dijo esta parábola: 8 "Si te invitan a un banquete
de bodas, no te coloques en el primer lugar, porque puede suceder que haya
sido invitada otra persona más importante que tú, 9 y cuando llegue el que
los invitó a los dos, tenga que decirte: "Déjale el sitio", y así,
lleno de vergüenza, tengas que ponerte en el último lugar. 10 Al contrario,
cuando te inviten, ve a colocarte en el último sitio, de manera que cuando
llegue el que te invitó, te diga: "Amigo, acércate más", y así
quedarás bien delante de todos los invitados. 11 Porque todo el que se
ensalza será humillado, y el que se humilla será ensalzado". 12 Después dijo al que lo había invitado:
"Cuando des un almuerzo o una cena, no invites a tus amigos, ni a tus
hermanos, ni a tus parientes, ni a los vecinos ricos, no sea que ellos te
inviten a su vez, y así tengas tu recompensa. 13 Al contrario, cuando des un
banquete, invita a los pobres, a los lisiados, a los paralíticos, a los
ciegos. 14 ¡Feliz de ti, porque ellos no tienen cómo retribuirte, y así
tendrás tu recompensa en la resurrección de los justos!". La parábola de los invitadosdescorteses Mt. 22. 1-10 15 Al oír estas palabras, uno de los invitados le
dijo: "¡Feliz el que se siente a la mesa en el Reino de Dios!". 16
Jesús le respondió: "Un hombre preparó un gran banquete y convidó a
mucha gente. Necesidad del desprendimiento 9. 23 Mt. 10. 37-38; 16. 24 Mc. 8. 34 25 Junto con Jesús iba un gran gentío, y él, dándose
vuelta, les dijo: 26 "Cualquiera que venga a mí y no me ame más que a su
padre y a su madre, a su mujer y a sus hijos, a sus hermanos y hermanas, y
hasta a su propia vida, no puede ser mi discípulo. 27 El que no carga con su
cruz y me sigue, no puede ser mi discípulo. 28 ¿Quién de ustedes, si quiere edificar una torre,
no se sienta primero a calcular los gastos, para ver si tiene con qué
terminarla? 29 No sea que una vez puestos los cimientos, no pueda acabar y
todos los que lo vean se rían de él, diciendo: 30 "Este comenzó a
edificar y no pudo terminar". 31 ¿Y qué rey, cuando sale en campaña contra otro,
no se sienta antes a considerar si con diez mil hombres puede enfrentar al
que viene contra él con veinte mil? 32 Por el contrario, mientras el otro rey
está todavía lejos, envía una embajada para negociar la paz. 33 De la misma
manera, cualquiera de ustedes que no renuncie a todo lo que posee, no puede
ser mi discípulo. El ejemplo de la sal Mt. 5. 13 Mc. 9. 50 34 La sal es una cosa excelente, pero si pierde su
sabor, ¿con qué se la volverá a salar? 35 Ya no sirve ni para la tierra ni
para abono: hay que tirarla. ¡El que tenga oídos para oír, que oiga!". Parábolas de la misericordia de Dios: la oveja
perdida y encontrada Mt. 18. 12-14 15 1 Todos
los publicanos y pecadores se acercaban a Jesús para escucharlo. 2 Los
fariseos y los escribas murmuraban, diciendo: "Este hombre recibe a los
pecadores y come con ellos". 3 Jesús les dijo entonces esta parábola: 4
"Si alguien tiene cien ovejas y pierde una, ¿no deja acaso las noventa y
nueve en el campo y va a buscar la que se había perdido, hasta encontrarla? 5
Y cuando la encuentra, la carga sobre sus hombros, lleno de alegría, 6 y al
llegar a su casa llama a sus amigos y vecinos, y les dice: "Alégrense
conmigo, porque encontré la oveja que se me había perdido". 7 Les
aseguro que, de la misma manera, habrá más alegría en el cielo por un solo
pecador que se convierta, que por noventa y nueve justos que no necesitan
convertirse". La moneda perdida y encontrada 8 Y les dijo también: "Si una mujer tiene diez
dracmas y pierde una, ¿no enciende acaso la lámpara, barre la casa y busca
con cuidado hasta encontrarla? 9 Y cuando la encuentra, llama a sus amigas y
vecinas, y les dice: "Alégrense conmigo, porque encontré la dracma que
se me había perdido". 10 Les aseguro que, de la misma manera, se alegran
los ángeles de Dios por un solo pecador que se convierte". El padre misericordioso 11 Jesús dijo también: "Un hombre tenía dos
hijos. 12 El menor de ellos dijo a su padre: "Padre, dame la parte de
herencia que me corresponde". Y el padre les repartió sus bienes. 13 Pocos
días después, el hijo menor recogió todo lo que tenía y se fue a un país
lejano, donde malgastó sus bienes en una vida licenciosa. 14 Ya había gastado
todo, cuando sobrevino mucha miseria en aquel país, y comenzó a sufrir
privaciones. 15 Entonces se puso al servicio de uno de los habitantes de esa
región, que lo envió a su campo para cuidar cerdos. 16 Él hubiera deseado
calmar su hambre con las bellotas que comían los cerdos, pero nadie se las
daba. 17 Entonces recapacitó y dijo: "¡Cuántos jornaleros de mi padre
tienen pan en abundancia, y yo estoy aquí muriéndome de hambre! 18 Ahora
mismo iré a la casa de mi padre y le diré: Padre, pequé contra el Cielo y
contra ti; 19 ya no merezco ser llamado hijo tuyo, trátame como a uno de tus
jornaleros". 20 Entonces partió y volvió a la casa de su padre. Cuando todavía estaba lejos, su padre lo vio y se
conmovió profundamente; corrió a su encuentro, lo abrazó y lo besó. 21 El
joven le dijo: "Padre, pequé contra el Cielo y contra ti; no merezco ser
llamado hijo tuyo". 22 Pero el padre dijo a sus servidores:
"Traigan en seguida la mejor ropa y vístanlo, pónganle un anillo en el
dedo y sandalias en los pies. 23 Traigan el ternero engordado y mátenlo.
Comamos y festejemos, 24 porque mi hijo estaba muerto y ha vuelto a la vida,
estaba perdido y fue encontrado". Y comenzó la fiesta. 25 El hijo mayor estaba en el campo. Al volver, ya
cerca de la casa, oyó la música y los coros que acompañaban la danza. 26 Y
llamando a uno de los sirvientes, le preguntó qué significaba eso. 27 Él le
respondió: "Tu hermano ha regresado, y tu padre hizo matar el ternero
engordado, porque lo ha recobrado sano y salvo". 28 Él se enojó y no
quiso entrar. Su padre salió para rogarle que entrara, 29 pero él le
respondió: "Hace tantos años que te sirvo, sin haber desobedecido jamás
ni una sola de tus órdenes, y nunca me diste un cabrito para hacer una fiesta
con mis amigos. 30 ¡Y ahora que ese hijo tuyo ha vuelto, después de haber
gastado tus bienes con mujeres, haces matar para él el ternero
engordado!". 31 Pero el padre le dijo: "Hijo mío, tú estás siempre
conmigo, y todo lo mío es tuyo. 32 Es justo que haya fiesta y alegría, porque
tu hermano estaba muerto y ha vuelto a la vida, estaba perdido y ha sido
encontrado"". La parábola del administrador sagaz 16 1 Decía
también a los discípulos: "Había un hombre rico que tenía un
administrador, al cual acusaron de malgastar sus bienes. 2 Lo llamó y le
dijo: "¿Qué es lo que me han contado de ti? Dame cuenta de tu
administración, porque ya no ocuparás más ese puesto". 3 El
administrador pensó entonces: "¿Qué voy a hacer ahora que mi señor me
quita el cargo? ¿Cavar? No tengo fuerzas. ¿Pedir limosna? Me da vergüenza. 4
¡Ya sé lo que voy a hacer para que, al dejar el puesto, haya quienes me reciban
en su casa!". 5 Llamó uno por uno a los deudores de su señor y preguntó
al primero: "¿Cuánto debes a mi señor?". 6 "Veinte barriles de
aceite", le respondió. El administrador le dijo: "Toma tu recibo,
siéntate en seguida, y anota diez". 7 Después preguntó a otro: "Y
tú, ¿cuánto debes?". "Cuatrocientos quintales de trigo", le
respondió. El administrador le dijo: "Toma tu recibo y anota
trescientos". 8 Y el señor alabó a este administrador deshonesto, por
haber obrado tan hábilmente. Porque los hijos de este mundo son más astutos
en su trato con los demás que los hijos de la luz. El buen uso del dinero 9 Pero yo les digo: Gánense amigos con el dinero de
la injusticia, para que el día en que este les falte, ellos los reciban en
las moradas eternas. 10 El que es fiel en lo poco, también es fiel en lo
mucho, y el que es deshonesto en lo poco, también es deshonesto en lo mucho.
11 Si ustedes no son fieles en el uso del dinero injusto, ¿quién les confiará
el verdadero bien? 12 Y si no son fieles con lo ajeno, ¿quién les confiará lo
que les pertenece a ustedes? Dios y las riquezas Mt. 6. 24 13 Ningún servidor puede servir a dos señores,
porque aborrecerá a uno y amará al otro, o bien se interesará por el primero
y menospreciará al segundo. No se puede servir a Dios y al Dinero". 14 Los fariseos, que eran amigos del dinero,
escuchaban todo esto y se burlaban de Jesús. 15 Él les dijo: "Ustedes
aparentan rectitud ante los hombres, pero Dios conoce sus corazones. Porque
lo que es estimable a los ojos de los hombres, resulta despreciable para
Dios. Mt. 11. 12-13; 5. 18 16 17 Es más fácil que dejen de existir el cielo y la
tierra, antes que desaparezca una coma de El divorcio Mt. 5. 32; 19. 9 Mc. 10. 11-12 18 El que se divorcia de su mujer y se casa con
otra, comete adulterio, y el que se casa con una mujer abandonada por su
marido, comete adulterio. La parábola del hombre rico y el pobre Lázaro 19 Había un hombre rico que se vestía de púrpura y
lino finísimo y cada día hacía espléndidos banquetes. 23 En la morada de los muertos, en medio de los
tormentos, levantó los ojos y vio de lejos a Abraham, y a Lázaro junto a él.
24 Entonces exclamó: "Padre Abraham, ten piedad de mí y envía a Lázaro
para que moje la punta de su dedo en el agua y refresque mi lengua, porque
estas llamas me atormentan". 25 "Hijo mío, respondió Abraham,
recuerda que has recibido tus bienes en vida y Lázaro, en cambio, recibió
males; ahora él encuentra aquí su consuelo, y tú, el tormento. 26 Además,
entre ustedes y nosotros se abre un gran abismo. De manera que los que
quieren pasar de aquí hasta allí no pueden hacerlo, y tampoco se puede pasar
de allí hasta aquí". 27 El rico contestó: "Te ruego entonces,
padre, que envíes a Lázaro a la casa de mi padre, 28 porque tengo cinco
hermanos: que él los prevenga, no sea que ellos también caigan en este lugar
de tormento". 29 Abraham respondió: "Tienen a Moisés y a los
Profetas; que los escuchen". 30 "No, padre Abraham, insistió el
rico. Pero si alguno de los muertos va a verlos, se arrepentirán". 31
Abraham respondió: "Si no escuchan a Moisés y a los Profetas, aunque
resucite alguno de entre los muertos, tampoco se convencerán"". La gravedad del escándalo Mt. 18. 6-7 Mc. 9. 42 17 1
Después dijo a sus discípulos: "Es inevitable que haya escándalos, pero
¡ay de aquel que los ocasiona! 2 Más le valdría que le ataran al cuello una
piedra de moler y lo precipitaran al mar, antes que escandalizar a uno de
estos pequeños. 3 Por lo tanto, ¡tengan cuidado! La corrección fraterna Mt. 18. 15, 21-22 Si tu hermano peca, repréndelo, y si se arrepiente,
perdónalo. 4 Y si peca siete veces al día contra ti, y otras tantas vuelve a
ti, diciendo: "Me arrepiento", perdónalo". El poder de la fe Mt. 17. 20; 21. 21 Mc. 11. 23 5 Los Apóstoles dijeron al Señor: "Auméntanos
la fe". 6 Él respondió: "Si ustedes tuvieran fe del tamaño de un grano
de mostaza, y dijeran a esa morera que está ahí: "Arráncate de raíz y
plántate en el mar", ella les obedecería. La parábola del servidor humilde 7 Supongamos que uno de ustedes tiene un servidor
para arar o cuidar el ganado. Cuando este regresa del campo, ¿acaso le dirá:
"Ven pronto y siéntate a la mesa"? 8 ¿No le dirá más bien:
"Prepárame la cena y recógete la túnica para servirme hasta que yo haya
comido y bebido, y tú comerás y beberás después"? 9 ¿Deberá mostrarse
agradecido con el servidor porque hizo lo que se le mandó? 10 Así también
ustedes, cuando hayan hecho todo lo que se les mande, digan: "Somos
simples servidores, no hemos hecho más que cumplir con nuestro
deber"". Curación de diez leprosos 11 Mientras se dirigía a Jerusalén, Jesús pasaba a
través de Samaría y Galilea. 12 Al entrar en un poblado, le salieron al
encuentro diez leprosos, que se detuvieron a distancia 13 y empezaron a
gritarle: "¡Jesús, Maestro, ten compasión de nosotros!". 14 Al
verlos, Jesús les dijo: "Vayan a presentarse a los sacerdotes". Y
en el camino quedaron purificados. 15 Uno de ellos, al comprobar que estaba curado,
volvió atrás alabando a Dios en voz alta 16 y se arrojó a los pies de Jesús
con el rostro en tierra, dándole gracias. Era un samaritano. 17 Jesús le dijo
entonces: "¿Cómo, no quedaron purificados los diez? Los otros nueve,
¿dónde están? 18 ¿Ninguno volvió a dar gracias a Dios, sino este
extranjero?". 19 Y agregó: "Levántate y vete, tu fe te ha
salvado". La venida del Reino de Dios 20 Los fariseos le preguntaron cuándo llegaría el
Reino de Dios. Él les respondió: "El Reino de Dios no viene
ostensiblemente, 21 y no se podrá decir: "Está aquí" o "Está
allí". Porque el Reino de Dios está entre ustedes". El Día del Hijo del hombre Mt. 24. 17-18, 23, 26-28, 37-41 Mc. 13.
15-16, 21 22 Jesús dijo después a sus discípulos: "Vendrá
el tiempo en que ustedes desearán ver uno solo de los días del Hijo del
hombre y no lo verán. 23 Les dirán: "Está aquí" o "Está
allí", pero no corran a buscarlo. 24 Como el relámpago brilla de un
extremo al otro del cielo, así será el Hijo del hombre cuando llegue su Día.
25 Pero antes tendrá que sufrir mucho y será rechazado por esta generación. 26 En los días del Hijo del hombre sucederá como en
tiempos de Noé. 27 La gente comía, bebía y se casaba, hasta el día en que Noé
entró en el arca y llegó el diluvio, que los hizo morir a todos. 28
Sucederá como en tiempos de Lot: se comía y se bebía, se compraba y se
vendía, se plantaba y se construía. 29 Pero el día en que Lot salió de
Sodoma, cayó del cielo una lluvia de fuego y de azufre que los hizo
morir a todos. 30 Lo mismo sucederá el Día en que se manifieste el Hijo del
hombre. 31 En ese Día, el que esté en la azotea y tenga sus
cosas en la casa, no baje a buscarlas. Igualmente, el que esté en el campo,
no vuelva atrás. 32 Acuérdense de la mujer de Lot. 33 El que trate de salvar
su vida, la perderá; y el que la pierda, la conservará. 34 Les aseguro que en
esa noche, de dos hombres que estén comiendo juntos, uno será llevado y el
otro dejado; 35 de dos mujeres que estén moliendo juntas, una será llevada y
la otra dejada". 36 . 37 Entonces le preguntaron: "¿Dónde sucederá
esto, Señor?". Jesús les respondió: "Donde esté el cadáver, se
juntarán los buitres". La parábola del juez y la viuda 18 1 Después Jesús les enseñó con una
parábola que era necesario orar siempre sin desanimarse: 2 "En una
ciudad había un juez que no temía a Dios ni le importaban los hombres; 3 y en
la misma ciudad vivía una viuda que recurría a él, diciendole: "Te ruego
que me hagas justicia contra mi adversario". 4 Durante mucho tiempo el
juez se negó, pero después dijo: "Yo no temo a Dios ni me importan los
hombres, 5 pero como esta viuda me molesta, le haré justicia para que no
venga continuamente a fastidiarme"". 6 Y el Señor dijo: "Oigan lo que dijo este juez
injusto. 7 Y Dios, ¿no hará justicia a sus elegidos, que claman a él día y
noche, aunque los haga esperar? 8 Les aseguro que en un abrir y cerrar de
ojos les hará justicia. Pero cuando venga el Hijo del hombre, ¿encontrará fe
sobre la tierra?". La parábola del fariseo y el publicano 9 Y refiriéndose a algunos que se tenían por justos
y despreciaban a los demás, dijo también esta parábola: 10 "Dos hombres
subieron al Templo para orar: uno era fariseo y el otro, publicano. 11 El
fariseo, de pie, oraba en voz baja: "Dios mío, te doy gracias porque no
soy como los demás hombres, que son ladrones, injustos y adúlteros; ni
tampoco como ese publicano. 12 Ayuno dos veces por semana y pago la décima
parte de todas mis entradas". 13 En cambio el publicano, manteniéndose a
distancia, no se animaba siquiera a levantar los ojos al cielo, sino que se
golpeaba el pecho, diciendo: "¡Dios mío, ten piedad de mí, que soy un
pecador!". 14 Les aseguro que este último volvió a su casa justificado,
pero no el primero. Porque todo el que se ensalza será humillado y el que se
humilla será ensalzado". Jesús y los niños Mt. 19. 13-15 Mc. 10. 13-16 15 También le presentaban a los niños pequeños, para
que los tocara; pero, al ver esto, los discípulos los reprendían. 16 Entonces
Jesús los hizo llamar y dijo: "Dejen que los niños se acerquen a mí y no
se lo impidan, porque el Reino de Dios pertenece a los que son como ellos. 17
Les aseguro que el que no recibe el Reino de Dios como un niño, no entrará en
él". El hombre rico Mt. 19. 16-22 Mc. 10. 17-22 18 Un hombre importante le preguntó: "Maestro
bueno, ¿qué debo hacer para heredar El peligro de las riquezas Mt. 19. 23-26 Mc. 10. 23-27 24 Viéndolo así, Jesús dijo: "¡Qué difícil será
para los ricos entrar en el Reino de Dios! 25 Sí, es más fácil que un camello
pase por el ojo de una aguja, que un rico entre en el Reino de Dios". 26
Los que escuchaban dijeron: "Pero entonces, ¿quién podrá
salvarse?". 27 Jesús respondió: "Lo que es imposible para los
hombres, es posible para Dios". La recompensa prometida a los discípulos Mt. 19. 27-29 Mc. 10. 28-30 28 Pedro le dijo: "Nosotros hemos dejado todo
lo que teníamos y te hemos seguido". 29 Jesús respondió: "Les aseguro
que el que haya dejado casa, mujer, hermanos, padres o hijos, por el Reino de
Dios, 30 recibirá mucho más en este mundo; y en el mundo futuro, recibirá El tercer anuncio de Mt. 20. 17-19 Mc. 10. 32-34 31 Después, Jesús llevó aparte a los Doce y les
dijo: "Ahora subimos a Jerusalén, donde se cumplirá todo lo que
anunciaron los profetas sobre el Hijo del hombre. 32 Será entregado a los
paganos, se burlarán de él, lo insultarán, lo escupirán 33 y, después de
azotarlo, lo matarán. Pero al tercer día resucitará". 34 Ellos no
comprendieron nada de todo esto; les resultaba oscuro y no captaban el
sentido de estas palabras. Curación de un ciego de Jericó Mt. 20. 29-34 Mc. 10. 46-52 35 Cuando se acercaba a Jericó, un ciego estaba sentado
al borde del camino, pidiendo limosna. 36 Al oír que pasaba mucha gente,
preguntó qué sucedía. 37 Le respondieron que pasaba Jesús de Nazaret. 38 El
ciego se puso a gritar: "¡Jesús, Hijo de David, ten compasión de
mí!". 39 Los que iban delante lo reprendían para que se callara, pero él
gritaba más fuerte: "¡Hijo de David, ten compasión de mí!". 40
Jesús se detuvo y mandó que se lo trajeran. Cuando lo tuvo a su lado, le
preguntó: 41 "¿Qué quieres que haga por ti?". "Señor, que yo
vea otra vez". 42 Y Jesús le dijo: "Recupera la vista, tu fe te ha
salvado". 43 En el mismo momento, el ciego recuperó la vista y siguió a
Jesús, glorificando a Dios. Al ver esto, todo el pueblo alababa a Dios. La conversión de Zaqueo 19 1 Jesús
entró en Jericó y atravesaba la ciudad. 2 Allí vivía un hombre muy rico
llamado Zaqueo, que era jefe de los publicanos. 3 Él quería ver quién era
Jesús, pero no podía a causa de la multitud, porque era de baja estatura. 4
Entonces se adelantó y subió a un sicomoro para poder verlo, porque iba a
pasar por allí. 5 Al llegar a ese lugar, Jesús miró hacia arriba y le dijo:
"Zaqueo, baja pronto, porque hoy tengo que alojarme en tu casa". 6
Zaqueo bajó rápidamente y lo recibió con alegría. 7 Al ver esto, todos murmuraban, diciendo: "Se
ha ido a alojar en casa de un pecador". 8 Pero Zaqueo dijo resueltamente
al Señor: "Señor, ahora mismo voy a dar la mitad de mis bienes a los
pobres, y si he perjudicado a alguien, le daré cuatro veces más". 9 Y
Jesús le dijo: "Hoy ha llegado la salvación a esta casa, ya que también
este hombre es un hijo de Abraham, 10 porque el Hijo del hombre vino a buscar
y a salvar lo que estaba perdido". La parábola de las monedas de plata Mt. 25. 14-30 11 Como la gente seguía escuchando, añadió una
parábola, porque estaba cerca de Jerusalén y ellos pensaban que el Reino de
Dios iba a aparecer de un momento a otro. 12 Él les dijo: "Un hombre de
familia noble fue a un país lejano para recibir la investidura real y
regresar en seguida. 13 Llamó a diez de sus servidores y les entregó cien
monedas de plata a cada uno, diciéndoles: "Háganlas producir hasta que
yo vuelva". 14 Pero sus conciudadanos lo odiaban y enviaron detrás de él
una embajada encargada de decir: "No queremos que este sea nuestro
rey". 15 Al regresar, investido de la dignidad real, hizo
llamar a los servidores a quienes había dado el dinero, para saber lo que
había ganado cada uno. 16 El primero se presentó y le dijo: "Señor, tus
cien monedas de plata han producido diez veces más". 17 "Está bien,
buen servidor, le respondió, ya que has sido fiel en tan poca cosa, recibe el
gobierno de diez ciudades". 18 Llegó el segundo y le dijo: "Señor,
tus cien monedas de plata han producido cinco veces más". 20 Llegó el otro y le dijo: "Señor, aquí tienes
tus cien monedas de plata, que guardé envueltas en un pañuelo. 21 Porque tuve
miedo de ti, que eres un hombre exigente, que quieres percibir lo que no has
depositado y cosechar lo que no has sembrado". 22 Él le respondió:
"Yo te juzgo por tus propias palabras, mal servidor. Si sabías que soy
un hombre exigente, que quiero percibir lo que no deposité y cosechar lo que
no sembré, 23 ¿por qué no entregaste mi dinero en préstamo? A mi regreso yo
lo hubiera recuperado con intereses". 24 Y dijo a los que estaban allí:
"Quítenle las cien monedas y dénselas al que tiene diez veces más".
25 "¡Pero, señor, le respondieron, ya tiene mil!". 26 Les aseguro
que al que tiene, se le dará; pero al que no tiene, se le quitará aun lo que
tiene. 27 En cuanto a mis enemigos, que no me han querido por rey, traíganlos
aquí y mátenlos en mi presencia". 28 Después de haber dicho esto, Jesús
siguió adelante, subiendo a Jerusalén. El Señor entra por fin
en Jerusalén, y esa entrada tiene un carácter mesiánico. Sin embargo, él no
venía para instaurar un reinado temporal, ni tenía pretensiones políticas.
Por eso entra como un Rey pacífico, montado en un asno. El pueblo lo recibe con
entusiasmo, pero los responsables de Israel endurecen su posición contra él.
Jesús responde serenamente a sus preguntas capciosas y les echa en cara la
obstinación con que se negaban a creer en su Palabra. Frente a esa
obstinación, el Señor anuncia el triste fin que le espera a Jerusalén,
relacionándolo con el fin del mundo presente. Tanto uno como otro fin están
descritos por medio de imágenes terroríficas, propias de un estilo literario
llamado "apocalíptico", muy común en esa época. Él no quiere
"asustarnos" con estos anuncios, sino animarnos a estar preparados
para su Venida gloriosa. La entrada mesiánica en Jerusalén Mt. 21. 1-9 Mc. 11. 1-10 Jn. 12.
12-15 29 Cuando se acercó a Betfagé y Betania, al pie del
monte llamado de los Olivos, envió a dos de sus discípulos, diciéndoles: 30
"Vayan al pueblo que está enfrente y, al entrar, encontrarán un asno
atado, que nadie ha montado todavía. Desátenlo y tráiganlo; 31 y si alguien
les pregunta: "¿Por qué lo desatan?", respondan: "El Señor lo
necesita"". 32 Los enviados partieron y encontraron todo como él
les había dicho. 33 Cuando desataron el asno, sus dueños les dijeron:
"¿Por qué lo desatan?". 34 Y ellos respondieron: "El Señor lo
necesita". 35 Luego llevaron el asno adonde estaba Jesús y, poniendo
sobre él sus mantos, lo hicieron montar. 36 Mientras él avanzaba, la gente
extendía sus mantos sobre el camino. 37 Cuando Jesús se acercaba a la
pendiente del monte de los Olivos, todos los discípulos, llenos de alegría,
comenzaron a alabar a Dios en alta voz, por todos los milagros que habían
visto. 38 Y decían: "¡Bendito sea el
Rey que viene en nombre
del Señor! ¡Paz en el cielo y gloria en las
alturas!". 39 Algunos fariseos que se encontraban entre la
multitud le dijeron: "Maestro, reprende a tus discípulos". 40 Pero
él respondió: "Les aseguro que si ellos callan, gritarán las
piedras". Lamentación de Jesús sobre Jerusalén 41 Cuando estuvo cerca y vio la ciudad, se puso a
llorar por ella, 42 diciendo: "¡Si tú también hubieras comprendido en
este día el mensaje de paz! Pero ahora está oculto a tus ojos. 43 Vendrán
días desastrosos para ti, en que tus enemigos te cercarán con empalizadas, te
sitiarán y te atacarán por todas partes. 44 Te arrasarán junto con tus hijos,
que están dentro de ti, y no dejarán en ti piedra sobre piedra, porque no has
sabido reconocer el tiempo en que fuiste visitada por Dios". La expulsión de los vendedores del Templo Mt. 21. 12-13 Mc. 11.
15-17 Jn. 2. 13-16 45 Y al entrar al Templo, se puso a echar a los
vendedores, 46 diciéndoles: "Está escrito: Mi casa será una casa de
oración, pero ustedes la han convertido en una cueva de
ladrones". La enseñanza de Jesús en el Templo Mc. 11. 18 47 Y diariamente enseñaba en el Templo. Los sumos
sacerdotes, los escribas y los más importantes del pueblo, buscaban la forma
de matarlo. 48 Pero no sabían cómo hacerlo, porque todo el pueblo lo
escuchaba y estaba pendiente de sus palabras. Discusión sobre la autoridad de Jesús Mt. 21. 23-27 Mc. 11. 27-33 20 1 Un
día en que Jesús enseñaba al pueblo en el Templo y anunciaba La parábola de los viñadores homicidas Mt. 21. 33-46 Mc. 12. 1-12 9 Y luego dijo al pueblo esta parábola: "Un
hombre plantó una viña, la arrendó a unos viñadores y se fue por largo tiempo
al extranjero. 10 Llegado el momento, les envió a un servidor para que le
entregaran la parte de los frutos que le correspondía. Pero los viñadores lo
golpearon y lo echaron con las manos vacías. 11 Envió a otro servidor, y
también a este lo golpearon, lo ultrajaron y lo echaron con las manos vacías.
12 Mandó después a un tercero, y a él también lo hirieron y lo arrojaron
afuera. 13 El dueño de la viña pensó entonces: "¿Qué haré? Voy a enviar
a mi hijo muy querido: quizá tengan consideración con él". 14 Pero los
viñadores, al verlo, se dijeron: "Este es el heredero, vamos a matarlo,
y la herencia será nuestra". 15 Y arrojándolo fuera de la viña, lo
mataron. ¿Qué hará con ellos el dueño de la viña? 16 Vendrá,
acabará con esos viñadores y entregará la viña a otros". Al oír estas
palabras, dijeron: "¡Dios no lo permita!". 17 Pero fijando en ellos
su mirada, Jesús les dijo: "¿Qué significa entonces lo que está escrito: La piedra que los
constructores rechazaron ha llegado a ser la
piedra angular? 18 El que caiga sobre esta piedra quedará
destrozado, y aquel sobre quien ella caiga, será aplastado". 19 Los escribas y los sumos sacerdotes querían
detenerlo en ese mismo momento, porque comprendían que esta parábola la había
dicho por ellos, pero temieron al pueblo. El impuesto debido a la autoridad Mt. 22. 15-22 Mc. 12. 13-17 20 Ellos comenzaron a acecharlo y le enviaron
espías, que fingían ser hombres de bien, para lograr sorprenderlo en alguna
de sus afirmaciones, y entregarlo al poder y a la autoridad del gobernador.
21 Y le dijeron: "Maestro, sabemos que hablas y enseñas con rectitud y
que no tienes en cuenta la condición de las personas, sino que enseñas con
toda fidelidad el camino de Dios. 22 ¿Nos está permitido pagar el impuesto al
César o no?". 23 Pero Jesús, conociendo su astucia, les dijo: 24
"Muéstrenme un denario. ¿De quién es la figura y la inscripción que
tiene?". "Del César", respondieron. 25 Jesús les dijo:
"Den al César lo que es del César, y a Dios, lo que es de Dios". 26 Así no pudieron sorprenderlo en ninguna palabra
delante del pueblo y, llenos de admiración por su respuesta, tuvieron que
callarse. Discusión sobre la resurección de los muertos Mt. 22. 23-33 Mc. 12. 18-27 27 Se le acercaron algunos saduceos, que niegan la
resurrección, 28 y le dijeron: "Maestro, Moisés nos ha ordenado: Si
alguien está casado y muere sin tener hijos, que su hermano, para darle
descendencia, se case con la viuda. 29 Ahora bien, había siete hermanos.
El primero se casó y murió sin tener hijos. 30 El segundo 31 se casó con la
viuda, y luego el tercero. Y así murieron los siete sin dejar descendencia.
32 Finalmente, también murió la mujer. 33 Cuando resuciten los muertos, ¿de
quién será esposa, ya que los siete la tuvieron por mujer?". 34 Jesús les respondió: "En este mundo los
hombres y las mujeres se casan, 35 pero los que son juzgados dignos de
participar del mundo futuro y de la resurrección, no se casan. 36 Ya no
pueden morir, porque son semejantes a los ángeles y, al ser hijos de la
resurrección, son hijos de Dios. 37 Que los muertos van a resucitar, Moisés
lo ha dado a entender en el pasaje de la zarza, cuando llama al Señor el
Dios de Abraham, el Dios de Isaac y el Dios de Jacob. 38 Porque él no es
un Dios de muertos, sino de vivientes; todos, en efecto, viven para él". 39 Tomando la palabra, algunos escribas le dijeron:
"Maestro, has hablado bien". 40 Y ya no se atrevían a preguntarle
nada. El Mesías, hijo y Señor de David Mt. 22. 41-45 Mc. 12. 35-37 41 Jesús les dijo entonces: "¿Cómo se puede
decir que el Mesías es hijo de David, 42 si el mismo David ha dicho en el
Libro de los Salmos: Dijo el Señor a mi
Señor: Siéntate a mi derecha, 43 hasta que ponga a
tus enemigos debajo de tus pies? 44 Si David lo llama "Señor", ¿cómo puede
ser hijo suyo?". Advertencia de Jesús contra los escribas 11. 43 Mt. 23. 6-7 Mc. 12.
38-40 45 Y dijo a los discípulos, de manera que lo oyera
todo el pueblo: 46 "Tengan cuidado de los escribas, a quienes les gusta
pasearse con largas vestiduras, ser saludados en las plazas y ocupar los
primeros asientos en las sinagogas y en los banquetes; 47 que devoran los
bienes de las viudas y fingen hacer largas oraciones. Esos serán juzgados con
más severidad". La ofrenda de la viuda Mc. 12. 41-44 21 1
Después, levantando los ojos, Jesús vio a unos ricos que ponían sus ofrendas
en el tesoro del Templo. 2 Vio también a una viuda de condición muy humilde,
que ponía dos pequeñas monedas de cobre, 3 y dijo: "Les aseguro que esta
pobre viuda ha dado más que nadie. 4 Porque todos los demás dieron como
ofrenda algo de lo que les sobraba, pero ella, de su indigencia, dio todo lo
que tenía para vivir". Anuncio de la destrucción del Templo Mt. 24. 1-3 Mc. 13. 1-4 5 Y como algunos, hablando del Templo, decían que
estaba adornado con hermosas piedras y ofrendas votivas, Jesús dijo: 6
"De todo lo que ustedes contemplan, un día no quedará piedra sobre
piedra: todo será destruido". 7 Ellos le preguntaron: "Maestro,
¿cuándo tendrá lugar esto, y cuál será la señal de que va a suceder?". Los signos precursores del fin Mt. 24. 4-14 Mc. 13. 5-13 8 Jesús respondió: "Tengan cuidado, no se dejen
engañar, porque muchos se presentarán en mi Nombre, diciendo: "Soy
yo", y también: "El tiempo está cerca". No los sigan. 9 Cuando
oigan hablar de guerras y revoluciones no se alarmen; es necesario que esto ocurra
antes, pero no llegará tan pronto el fin". 10 Después les dijo: "Se
levantará nación contra nación y reino contra reino. 11 Habrá grandes
terremotos; peste y hambre en muchas partes; se verán también fenómenos
aterradores y grandes señales en el cielo. 12 Pero antes de todo eso, los detendrán, los
perseguirán, los entregarán a las sinagogas y serán encarcelados; los
llevarán ante reyes y gobernadores a causa de mi Nombre, 13 y esto les
sucederá para que puedan dar testimonio de mí. 14 Tengan bien presente que no
deberán preparar su defensa, 15 porque yo mismo les daré una elocuencia y una
sabiduría que ninguno de sus adversarios podrá resistir ni contradecir. 16
Serán entregados hasta por sus propios padres y hermanos, por sus parientes y
amigos; y a muchos de ustedes los matarán. 17 Serán odiados por todos a causa
de mi Nombre. 18 Pero ni siquiera un cabello se les caerá de la cabeza. 19
Gracias a la constancia salvarán sus vidas. El asedio de Jerusalén Mt. 24. 15-21 Mc. 13. 14-19 20 Cuando vean a Jerusalén sitiada por los
ejércitos, sepan que su ruina está próxima. 21 Los que estén en Judea, que se
refugien en las montañas; los que estén dentro de la ciudad, que se alejen; y
los que estén en los campos, que no vuelvan a ella. 22 Porque serán días de
escarmiento, en que todo lo que está escrito deberá cumplirse. 23 ¡Ay de las
que estén embarazadas o tengan niños de pecho en aquellos días! Será grande
la desgracia de este país y la ira de Dios pesará sobre este pueblo. 24
Caerán al filo de la espada, serán llevados cautivos a todas las naciones, y
Jerusalén será pisoteada por los paganos, hasta que el tiempo de los paganos
llegue a su cumplimiento. La manifestación gloriosa del Hijo del hombre Mt. 24. 29-30 Mc. 13. 24-26 25 Habrá señales en el sol, en la luna y en las
estrellas; y en la tierra, los pueblos serán presa de la angustia ante el
rugido del mar y la violencia de las olas. 26 Los hombres desfallecerán de
miedo ante la expectativa de lo que sobrevendrá al mundo, porque los astros
se conmoverán. 27 Entonces se verá al Hijo del hombre venir sobre una nube,
lleno de poder y de gloria. 28 Cuando comience a suceder esto, tengan ánimo y
levanten la cabeza, porque está por llegarles la liberación". La parábola de la higuera Mt. 24. 32-35 Mc. 13. 28-31 29 Y Jesús les hizo esta comparación: "Miren lo
que sucede con la higuera o con cualquier otro árbol. 30 Cuando comienza a
echar brotes, ustedes se dan cuenta de que se acerca el verano. 31 Así
también, cuando vean que suceden todas estas cosas, sepan que el Reino de Dios
está cerca. 32 Les aseguro que no pasará esta generación hasta que se cumpla
todo esto. 33 El cielo y la tierra pasarán, pero mis palabras no pasarán. Exhortación a la vigilancia 34 Tengan cuidado de no dejarse aturdir por los
excesos, la embriaguez y las preocupaciones de la vida, para que ese día no
caiga de improviso sobre ustedes 35 como una trampa, porque sobrevendrá a
todos los hombres en toda la tierra. 36 Estén prevenidos y oren
incesantemente, para quedar a salvo de todo lo que ha de ocurrir. Así podrán
comparecer seguros ante el Hijo del hombre". Ultimos días de Jesús en Jerusalén 37 Durante el día Jesús enseñaba en el Templo, y por
la noche se retiraba al monte llamado de los Olivos. 38 Y todo el pueblo
madrugaba para ir al Templo a escucharlo. La obra de Cristo llega
a su punto culminante. Él cumple la voluntad del Padre, ofreciéndole su
Cuerpo y su Sangre. Y antes de hacerlo en la cruz, lo hace en la Última Cena,
donde nos deja el recuerdo vivo de su amor, bajo los signos del pan y del
vino. Las autoridades judías
deciden la muerte del Señor, y él se entrega voluntariamente. Los distintos
episodios de su Pasión son generalmente conocidos. Lo importante es descubrir
su contenido, comprender que los sufrimientos del Señor son la expresión más
elocuente del amor de Dios, que quiere salvar a los hombres. No se trata, entonces,
de señalar "culpables" del Sacrificio de Jesús. Los culpables somos
todos, y él pide por todos: "Padre,
perdónalos, porque no saben lo que hacen" (23. 34). Su Sangre nos
purifica a todos y sella La conspiración contra Jesús y la traición de Judas Mt. 26. 1-5, 14-16 Mc. 14. 1-2, 10-11 22 1
Estaba cerca la fiesta de los Ácimos, llamada Pascua. 2 Los sumos sacerdotes
y los escribas buscaban la manera de eliminar a Jesús, porque tenían miedo
del pueblo. 3 Entonces Satanás entró en Judas, llamado Iscariote, que era uno
de los Doce. 4 Este fue a tratar con los sumos sacerdotes y los jefes de la
guardia sobre el modo de entregárselo. 5 Ellos se alegraron y convinieron en
darle dinero. 6 Judas aceptó y buscaba una ocasión propicia para entregarlo
sin que se enterara el pueblo. Los preparativos para la comida pascual Mt. 26. 17-19 Mc.14. 12-16 7 Llegó el día de los Ácimos, en el que se debía
inmolar la víctima pascual. 8 Jesús envió a Pedro y a Juan, diciéndoles:
"Vayan a prepararnos lo necesario para la comida pascual". 9 Ellos
le preguntaron: "¿Dónde quieres que la preparemos?". 10 Jesús les
respondió: "Al entrar en la ciudad encontrarán a un hombre que lleva un
cántaro de agua. Síganlo hasta la casa donde entre, 11 y digan a su dueño: El
Maestro manda preguntarte: "¿Dónde está la sala en que podré comer La comida pascual 14 Llegada la hora, Jesús se sentó a la mesa con los
Apóstoles y les dijo: 15 "He deseado ardientemente comer esta Pascua con
ustedes antes de mi Pasión, 16 porque les aseguro que ya no la comeré más
hasta que llegue a su pleno cumplimiento en el Reino de Dios". 17 Y tomando una copa, dio gracias y dijo:
"Tomen y compártanla entre ustedes. 18 Porque les aseguro que desde
ahora no beberé más del fruto de la vid hasta que llegue el Reino de
Dios". La institución de Mt. 26. 26-29 Mc. 14. 22-25 1 Cor.
11. 23-25 19 Luego tomó el pan, dio gracias, lo partió y lo
dio a sus discípulos, diciendo: "Esto es mi Cuerpo, que se entrega por
ustedes. Hagan esto en memoria mía". 20 Después de la cena hizo lo mismo
con la copa, diciendo: "Esta copa es El anuncio de la traición de Judas Mt. 26. 20-25 Mc. 14.
17-21 Jn. 13. 21-30 21 La mano del traidor está sobre la mesa, junto a
mí. 22 Porque el Hijo del hombre va por el camino que le ha sido señalado,
pero ¡ay de aquel que lo va a entregar!". 23 Entonces comenzaron a
preguntarse unos a otros quién de ellos sería el que iba a hacer eso. El carácter servicial de la autoridad Mt. 20. 25-28 Mc. 10. 42-45 24 Y surgió una discusión sobre quién debía ser
considerado como el más grande. 25 Jesús les dijo: "Los reyes de las
naciones dominan sobre ellas, y los que ejercen el poder sobre el pueblo se
hacen llamar bienhechores. 26 Pero entre ustedes no debe ser así. Al
contrario, el que es más grande, que se comporte como el menor, y el que
gobierna, como un servidor. 27 Porque, ¿quién es más grande, el que está a la
mesa o el que sirve? ¿No es acaso el que está a la mesa? Y sin embargo, yo
estoy entre ustedes como el que sirve. La recompensa prometida a los discípulos Mt. 19. 28 28 Ustedes son los que han permanecido siempre
conmigo en medio de mis pruebas. 29 Por eso yo les confiero la realeza, como
mi Padre me la confirió a mí. 30 Y en mi Reino, ustedes comerán y beberán en
mi mesa, y se sentarán sobre tronos para juzgar a las doce tribus de Israel. El anuncio de las negaciones de Pedro Mt. 26. 31-35 Mc. 14.
27-31 Jn. 13. 36-38 31 Simón, Simón, mira que Satanás ha pedido poder
para zarandearlos como el trigo, 32 pero yo he rogado por ti, para que no te
falte la fe. Y tú, después que hayas vuelto, confirma a tus hermanos".
33 "Señor, le dijo Pedro, estoy dispuesto a ir contigo a la cárcel y a
la muerte". 34 Pero Jesús replicó: "Yo te aseguro, Pedro, que hoy,
antes que cante el gallo, habrás negado tres veces que me conoces". El combate decisivo 35 Después les dijo: "Cuando los envié sin
bolsa, ni alforja, ni sandalia, ¿les faltó alguna cosa?". 36
"Nada", respondieron. Él agregó: "Pero ahora el que tenga una
bolsa, que la lleve; el que tenga una alforja, que la lleve también; y el que
no tenga espada, que venda su manto para comprar una. 37 Porque les aseguro
que debe cumplirse en mí esta palabra de La oración de Jesús en el monte de los Olivos Mt. 26. 30, 36-46 Mc. 14. 26,
32-42 Jn. 18. 1 39 En seguida Jesús salió y fue como de costumbre al
monte de los Olivos, seguido de sus discípulos. 40 Cuando llegaron, les dijo:
"Oren, para no caer en la tentación". 41 Después se alejó de ellos,
más o menos a la distancia de un tiro de piedra, y puesto de rodillas, oraba:
42 "Padre, si quieres, aleja de mí este cáliz. Pero que no se haga mi
voluntad, sino la tuya". 43 Entonces se le apareció un ángel del cielo
que lo reconfortaba. 44 En medio de la angustia, él oraba más intensamente, y
su sudor era como gotas de sangre que corrían hasta el suelo. 45 Después de orar se levantó, fue hacia donde
estaban sus discípulos y los encontró adormecidos por la tristeza. 46 Jesús
les dijo: "¿Por qué están durmiendo? Levántense y oren para no caer en
la tentación". El arresto de Jesús Mt. 26. 47-56 Mc. 14. 43-52 Jn. 18.
2-11 47 Todavía estaba hablando, cuando llegó una multitud
encabezada por el que se llamaba Judas, uno de los Doce. Este se acercó a
Jesús para besarlo. 48 Jesús le dijo: "Judas, ¿con un beso entregas al
Hijo del hombre?". 49 Los que estaban con Jesús, viendo lo que iba a
suceder, le preguntaron: "Señor, ¿usamos la espada?". 50 Y uno de
ellos hirió con su espada al servidor del Sumo Sacerdote, cortándole la oreja
derecha. 51 Pero Jesús dijo: "Dejen, ya está". Y tocándole la
oreja, lo curó. 52 Después dijo a los sumos sacerdotes, a los jefes
de la guardia del Templo y a los ancianos que habían venido a arrestarlo:
"¿Soy acaso un bandido para que vengan con espadas y palos? 53 Todos los
días estaba con ustedes en el Templo y no me arrestaron. Pero esta es la hora
de ustedes y el poder de las tinieblas". Las negaciones de Pedro Mt. 26. 57-58, 69-75 Mc. 14. 53-54, 66-72Jn.
18. 15-18, 25-27 54 Después de arrestarlo, lo condujeron a la casa
del Sumo Sacerdote. Pedro lo seguía de lejos. 55 Encendieron fuego en medio
del patio, se sentaron alrededor de él y Pedro se sentó entre ellos. 56 Una
sirvienta que lo vio junto al fuego, lo miró fijamente y dijo: "Este
también estaba con él". 57 Pedro lo negó, diciendo: "Mujer, no lo
conozco". 58 Poco después, otro lo vio y dijo: "Tú también eres uno
de aquellos". Pero Pedro respondió: "No, hombre, no lo soy".
59 Alrededor de una hora más tarde, otro insistió, diciendo: "No hay
duda de que este hombre estaba con él; además, él también es galileo".
60 "Hombre, dijo Pedro, no sé lo que dices". En ese momento, cuando
todavía estaba hablando, cantó el gallo. 61 El Señor, dándose vuelta, miró a
Pedro. Este recordó las palabras que el Señor le había dicho: "Hoy,
antes que cante el gallo, me habrás negado tres veces". 62 Y saliendo
afuera, lloró amargamente. Ultrajes a Jesús Mt. 26. 67-68 Mc. 14. 65 63 Los hombres que custodiaban a Jesús lo ultrajaban
y lo golpeaban; 64 y tapándole el rostro, le decían: "Profetiza, ¿quién
te golpeó?". 65 Y proferían contra él toda clase de insultos. Jesús ante el Sanedrín Mt. 26. 62-66 Mc. 14. 60-64 66 Cuando amaneció, se reunió el Consejo de los
ancianos del pueblo, junto con los sumos sacerdotes y los escribas. Llevaron
a Jesús ante el tribunal 67 y le dijeron: "Dinos si eres el
Mesías". Él les dijo: "Si yo les respondo, ustedes no me creerán,
68 y si los interrogo, no me responderán. 69 Pero en adelante, el Hijo del
hombre se sentará a la derecha de Dios todopoderoso". 70 Todos
preguntaron: "¿Entonces eres el Hijo de Dios?". Jesús respondió:
"Tienen razón, yo lo soy". 71 Ellos dijeron: "¿Acaso necesitamos
otro testimonio? Nosotros mismos lo hemos oído de su propia boca". Jesús ante Pilato Mt. 27. 1-2, 11-14 Mc. 15.
1-5 Jn. 18. 28-38 23 1
Después se levantó toda la asamblea y lo llevaron ante Pilato. 2 Y comenzaron
a acusarlo, diciendo: "Hemos encontrado a este hombre incitando a
nuestro pueblo a la rebelión, impidiéndole pagar los impuestos al Emperador y
pretendiendo ser el rey Mesías". 3 Pilato lo interrogó, diciendo:
"¿Eres tú el rey de los judíos?". "Tú lo dices", le respondió
Jesús. 4 Pilato dijo a los sumos sacerdotes y a la multitud: "No
encuentro en este hombre ningún motivo de condena". 5 Pero ellos
insistían: "Subleva al pueblo con su enseñanza en toda Jesús ante Herodes 8 Herodes se alegró mucho al ver a Jesús. Hacía
tiempo que deseaba verlo, por lo que había oído decir de él, y esperaba que
hiciera algún prodigio en su presencia. 9 Le hizo muchas preguntas, pero
Jesús no le respondió nada. 10 Entre tanto, los sumos sacerdotes y los
escribas estaban allí y lo acusaban con vehemencia. 11 Herodes y sus
guardias, después de tratarlo con desprecio y ponerlo en ridículo, lo
cubrieron con un magnífico manto y lo enviaron de nuevo a Pilato. 12 Y ese
mismo día, Herodes y Pilato, que estaban enemistados, se hicieron amigos. Jesús de nuevo ante Pilato 13 Pilato convocó a los sumos sacerdotes, a los
jefes y al pueblo, 14 y les dijo: "Ustedes me han traído a este hombre,
acusándolo de incitar al pueblo a la rebelión. Pero yo lo interrogué delante de
ustedes y no encontré ningún motivo de condena en los cargos de que lo
acusan; 15 ni tampoco Herodes, ya que él lo ha devuelto a este tribunal. Como
ven, este hombre no ha hecho nada que merezca la muerte. 16 Después de darle
un escarmiento, lo dejaré en libertad". 17 . Jesús y Barrabás Mt. 27. 15-26 Mc. 15. 6-15 Jn.
18. 39-40; 19. 1, 4-16 18 Pero la multitud comenzó a gritar: "¡Que
muera este hombre! ¡Suéltanos a Barrabás!". 20 Pilato volvió a dirigirles la palabra con la
intención de poner en libertad a Jesús. 21 Pero ellos seguían gritando:
"¡Crucifícalo! ¡Crucifícalo!". 22 Por tercera vez les dijo:
"¿Qué mal ha hecho este hombre? No encuentro en él nada que merezca la
muerte. Después de darle un escarmiento, lo dejaré en libertad". 23 Pero
ellos insistían a gritos, reclamando que fuera crucificado, y el griterío se
hacía cada vez más violento. 24 Al fin, Pilato resolvió acceder al pedido del
pueblo. 25 Dejó en libertad al que ellos pedían, al que había sido
encarcelado por sedición y homicidio, y a Jesús lo entregó al arbitrio de
ellos. El camino hacia el Calvario Mt. 27. 32 Mc. 15. 21 Jn. 19.
17 26 Cuando lo llevaban, detuvieron a un tal Simón de
Cirene, que volvía del campo, y lo cargaron con la cruz, para que la llevara
detrás de Jesús. 27 Lo seguían muchos del pueblo y un buen número de mujeres,
que se golpeaban el pecho y se lamentaban por él. 28 Pero Jesús, volviéndose
hacia ellas, les dijo: "¡Hijas de Jerusalén!, no lloren por mí; lloren
más bien por ustedes y por sus hijos. 29 Porque se acerca el tiempo en que se
dirá: ¡Felices las estériles, felices los senos que no concibieron y los
pechos que no amamantaron! 30 Entonces se dirá a las montañas: ¡Caigan
sobre nosotros!, y a los cerros: ¡Sepúltennos! 31 Porque si así tratan a
la leña verde, ¿qué será de la leña seca?". 32 Con él llevaban también a
otros dos malhechores, para ser ejecutados. La crucifixión de Jesús Mt. 27. 33-38 Mc. 15.
22-27 Jn. 19. 17-24 33 Cuando llegaron al lugar llamado "del
Cráneo", lo crucificaron junto con los malhechores, uno a su derecha y
el otro a su izquierda. 34 Jesús decía: "Padre, perdónalos, porque no
saben lo que hacen". Después se repartieron sus vestiduras, sorteándolas
entre ellos. Injurias a Jesús crucificado Mt. 27. 39-43 Mc. 15. 29-32a 35 El pueblo permanecía allí y miraba. Sus jefes,
burlándose, decían: "Ha salvado a otros: ¡que se salve a sí mismo, si es
el Mesías de Dios, el Elegido!". 36 También los soldados se burlaban de
él y, acercándose para ofrecerle vinagre, 37 le decían: "Si eres el rey
de los judíos, ¡sálvate a ti mismo!". 38 Sobre su cabeza había una
inscripción: "Este es el rey de los judíos". El buen ladrón Mt. 27. 44 Mc. 15. 32b 39 Uno de los malhechores crucificados lo insultaba,
diciendo: "¿No eres tú el Mesías? Sálvate a ti mismo y a nosotros".
40 Pero el otro lo increpaba, diciéndole: "¿No tienes temor de Dios, tú
que sufres la misma pena que él? 41 Nosotros la sufrimos justamente, porque
pagamos nuestras culpas, pero él no ha hecho nada malo". 42 Y decía:
"Jesús, acuérdate de mí cuando vengas a establecer tu Reino". 43 Él
le respondió: "Yo te aseguro que hoy estarás conmigo en el
Paraíso". La muerte de Jesús Mt. 27. 45-56 Mc. 15. 33-41 Jn. 19.
29-30, 25 44 Era alrededor del mediodía. El sol se eclipsó y
la oscuridad cubrió toda la tierra hasta las tres de la tarde. 45 El velo del
Templo se rasgó por el medio. 46 Jesús, con un grito, exclamó: "Padre, en
tus manos encomiendo mi espíritu". Y diciendo esto, expiró. 47 Cuando el centurión vio lo que había pasado,
alabó a Dios, exclamando: "Realmente este hombre era un justo". 48
Y la multitud que se había reunido para contemplar el espectáculo, al ver lo
sucedido, regresaba golpeándose el pecho. 49 Todos sus amigos y las mujeres
que lo habían acompañado desde Galilea permanecían a distancia, contemplando
lo sucedido. La sepultura de Jesús Mt. 27. 57-61 Mc. 15. 42-47 Jn. 19.
38-42 50 Llegó entonces un miembro del Consejo, llamado
José, hombre recto y justo, 51 que había disentido con las decisiones y
actitudes de los demás. Era de Arimatea, ciudad de Judea, y esperaba el Reino
de Dios. 52 Fue a ver a Pilato para pedirle el cuerpo de Jesús. 53 Después de
bajarlo de la cruz, lo envolvió en una sábana y lo colocó en un sepulcro
cavado en la roca, donde nadie había sido sepultado. 54 Era el día de 55 Las mujeres que habían venido de Galilea con
Jesús siguieron a José, observaron el sepulcro y vieron cómo había sido
sepultado. 56 Después regresaron y prepararon los bálsamos y perfumes, pero
el sábado observaron el descanso que prescribía "¿Por qué buscan
entre los muertos al que está vivo?" (24. 5): es la pregunta dirigida
a las mujeres que habían ido a embalsamar el cadáver de Jesús. Él ha
resucitado, ha vencido a la muerte. Es el "Viviente" por
excelencia. Su cuerpo ha sido transfigurado, glorificado para siempre: es un
cuerpo nuevo y espiritual. Los discípulos dudan al
comienzo, pero luego creen, y el Señor confirma su fe, mientras comparte con
ellos el pan, después de haberles explicado el sentido de las Escrituras. "Es verdad, ¡el Señor ha resucitado!" (24.
34). Esta es El mismo Señor
resucitado recuerda a sus Apóstoles que "el
Mesías debía sufrir y resucitar de entre los muertos al tercer día" (24.
46). Y antes de separarse visiblemente de ellos, los hace depositarios de su
Buena Noticia, para que la proclamen en todas partes, "revestidos
con la fuerza que viene de lo alto" (24. 49), la fuerza del Espíritu. El anuncio de la resurrección Mt. 28. 1-8 Mc. 16. 1-8 Jn.
20. 1-2 24 1 El
primer día de la semana, al amanecer, las mujeres fueron al sepulcro con los
perfumes que habían preparado. 2 Ellas encontraron removida la piedra del
sepulcro 3 y entraron, pero no hallaron el cuerpo del Señor Jesús. 4 Mientras estaban desconcertadas a causa de esto,
se les aparecieron dos hombres con vestiduras deslumbrantes. 5 Como las
mujeres, llenas de temor, no se atrevían a levantar la vista del suelo, ellos
les preguntaron: "¿Por qué buscan entre los muertos al que está vivo? 6
No está aquí, ha resucitado. Recuerden lo que él les decía cuando aún estaba
en Galilea: 7 "Es necesario que el Hijo del hombre sea entregado en
manos de los pecadores, que sea crucificado y que resucite al tercer
día"". 8 Y las mujeres recordaron sus palabras. El testimonio de las mujeres 9 Cuando regresaron del sepulcro, refirieron esto a
los Once y a todos los demás. 10 Eran María Magdalena, Juana y María, la
madre de Santiago, y las demás mujeres que las acompañaban. Ellas contaron
todo a los Apóstoles, 11 pero a ellos les pareció que deliraban y no les
creyeron. 12 Pedro, sin embargo, se levantó y corrió hacia el
sepulcro, y al asomarse, no vio más que las sábanas. Entonces regresó lleno
de admiración por lo que había sucedido. La aparición de Jesús a los discípulos de Emaús Mc. 16. 12-13 13 Ese mismo día, dos de los discípulos iban a un
pequeño pueblo llamado Emaús, situado a unos diez kilómetros de Jerusalén. 14
En el camino hablaban sobre lo que había ocurrido. 15 Mientras conversaban y
discutían, el mismo Jesús se acercó y siguió caminando con ellos. 16 Pero
algo impedía que sus ojos lo reconocieran. 17 Él les dijo: "¿Qué
comentaban por el camino?". Ellos se detuvieron, con el semblante
triste, 18 y uno de ellos, llamado Cleofás, le respondió: "¡Tú eres el
único forastero en Jerusalén que ignora lo que pasó en estos días!". 19
"¿Qué cosa?", les preguntó. Ellos respondieron: "Lo referente
a Jesús, el Nazareno, que fue un profeta poderoso en obras y en palabras
delante de Dios y de todo el pueblo, 20 y cómo nuestros sumos sacerdotes y
nuestros jefes lo entregaron para ser condenado a muerte y lo crucificaron.
21 Nosotros esperábamos que fuera él quien librara a Israel. Pero a todo esto
ya van tres días que sucedieron estas cosas. 22 Es verdad que algunas mujeres
que están con nosotros nos han desconcertado: ellas fueron de madrugada al
sepulcro 23 y, al no hallar el cuerpo de Jesús, volvieron diciendo que se les
habían aparecido unos ángeles, asegurándoles que él está vivo. 24 Algunos de
los nuestros fueron al sepulcro y encontraron todo como las mujeres habían
dicho. Pero a él no lo vieron". 25 Jesús les dijo: "¡Hombres duros de
entendimiento, cómo les cuesta creer todo lo que anunciaron los profetas! 26
¿No era necesario que el Mesías soportara esos sufrimientos para entrar en su
gloria?". 27 Y comenzando por Moisés y continuando con todos los
Profetas, les interpretó en todas las Escrituras lo que se refería a él. 28 Cuando llegaron cerca del pueblo adonde iban,
Jesús hizo ademán de seguir adelante. 29 Pero ellos le insistieron:
"Quédate con nosotros, porque ya es tarde y el día se acaba". Él
entró y se quedó con ellos. 30 Y estando a la mesa, tomó el pan y pronunció
la bendición; luego lo partió y se lo dio. 31 Entonces los ojos de los
discípulos se abrieron y lo reconocieron, pero él había desaparecido de su
vista. 32 Y se decían: "¿No ardía acaso nuestro corazón, mientras nos
hablaba en el camino y nos explicaba las Escrituras?". 33 En ese mismo momento, se pusieron en camino y
regresaron a Jerusalén. Allí encontraron reunidos a los Once y a los demás
que estaban con ellos, 34 y estos les dijeron: "Es verdad, ¡el Señor ha
resucitado y se apareció a Simón!". 35 Ellos, por su parte, contaron lo
que les había pasado en el camino y cómo lo habían reconocido al partir el
pan. La aparición de Jesús a los Apóstoles Mt. 28. 16-20 Mc. 16.
14-18 Jn. 20. 19-21 36 Todavía estaban hablando de esto, cuando Jesús se
apareció en medio de ellos y les dijo: "La paz esté con ustedes".
37 Atónitos y llenos de temor, creían ver un espíritu, 38 pero Jesús les preguntó:
"¿Por qué están turbados y se les presentan esas dudas? 39 Miren mis
manos y mis pies, soy yo mismo. Tóquenme y vean. Un espíritu no tiene carne
ni huesos, como ven que yo tengo". 40 Y diciendo esto, les mostró sus
manos y sus pies. 41 Era tal la alegría y la admiración de los discípulos,
que se resistían a creer. Pero Jesús les preguntó: "¿Tienen aquí algo
para comer?". 42 Ellos le presentaron un trozo de pescado asado; 43 él
lo tomó y lo comió delante de todos. Últimas instrucciones de Jesús Hech. 1. 4, 8 44 Después les dijo: "Cuando todavía estaba con
ustedes, yo les decía: Es necesario que se cumpla todo lo que está escrito de
mí en La ascensión de Jesús Mc. 16. 19 Hech. 1. 9, 12 50 Después Jesús los llevó hasta las proximidades de
Betania y, elevando sus manos, los bendijo. 51 Mientras los bendecía, se
separó de ellos y fue llevado al cielo. 52 Los discípulos, que se habían
postrado delante de él, volvieron a Jerusalén con gran alegría, 53 y
permanecían continuamente en el Templo alabando a Dios. 1 3. "Teófilo",
que significa "amigo de Dios", era probablemente un hombre de
elevada posición social. A él está dirigido también el libro de los Hechos de
los Apóstoles. Ver Hech. 1. 1. 5.
"La clase sacerdotal de Abías" era la octava de las veinticuatro
clases que se turnaban semanalmente en el servicio del Templo (1 Crón. 24.
10, 19). 9. Este
rito tenía lugar a diario por la mañana y por la tarde. Consistía en la
renovación de las brasas y los perfumes que estaban sobre el altar del
incienso, delante del Santo de los santos (Éx. 30. 6-8). 15. El
hecho de no beber bebidas alcohólicas evoca la idea del "nazireato"
(Núm. 6. 1-8), que consistía en una consagración personal a Dios, mediante
cierta separación del mundo, acompañada de una vida de abstinencia, pureza
legal y austeridad. 17. Mal.
3. 23-24; Ecli. 48. 10-11. Ver notaMt. 11. 14. 18. Gn.
15. 8. 25.
"Lo que me avergonzaba": se refiere a la esterilidad, que en Israel
era un deshonor (Gn. 30. 23; 1 Sam. 1. 5-8) y una especie de castigo (2 Sam.
6. 16, 20-23). 32.
"El Señor Dios le dará el trono de David, su padre": Dios había
prometido a David una dinastía y un trono eternos (2 Sam. 7. 16). Jesús es el
Mesías, el "Hijo de David", que viene a dar cumplimiento a esa promesa
divina. Ver nota Mt. 1. 1. 34. De la
pregunta de María se concluye con certeza que ella, de hecho, no tenía
relaciones conyugales. Más aún, el texto parece sugerir la determinación de
no tenerlas. 35.
"Descender sobre" y "cubrir con su sombra" son dos
expresiones que evocan la nube que cubría al Pueblo judío en el desierto,
después que salió de Egipto, y que simbolizaba la presencia y el poder de
Dios (Éx. 13. 21-22). El Espíritu Santo "cubre con su sombra" a
María en el momento de la encarnación, convirtiéndola en 37. Gn.
18. 14. 46. Este
canto de 47. 1 Sam. 2. 1;
Hab. 3. 18. 48. 1 Sam. 1. 11. 49. Sal. 111. 9. 50. Sal. 103. 17-18. 52. Jb. 12.
19; 5. 11. 53. Sal.
107. 9. 54. Is.
41. 8-9; Sal. 98. 3. 59. Por el
rito de la circuncisión, que se realizaba a los ocho días del nacimiento, el
recién nacido entraba a participar de 62. "Preguntaron
por señas": esto da a entender que Zacarías, además de mudo, también
había quedado sordo. 67. Este
canto contiene un himno de acción de gracias (vs. 68-75) y una visión
profética de 68. Sal. 41. 14; 72.
18; 106. 48; 111. 9. 72. Lev. 26. 42; Sal.
106. 45. 79. Is. 9. 1; 42. 7.
Ver Jn. 8. 12. 2 1.
"Augusto" fue emperador romano desde el año 9. La
"gloria del Señor", en el lenguaje bíblico, es la manifestación
luminosa que acompaña las apariciones divinas. Ese resplandor es el signo
visible de la santidad y el poder de Dios. Ver Éx. 40. 34-35; Is. 6. 3; Ez.
1. 28. 22. La
purificación de la madre tenía lugar cuarenta días después del nacimiento de
los hijos varones (Lev. 12. 2-5). 23. Éx.
13. 2. 24. Lev.
5. 7; 12. 8. Esta era la ofrenda de los pobres. 25.
"Consuelo de Israel": así se designaba al Mesías en la literatura
rabínica. Ver Hech. 3. 20. 49. Jesús
reivindica –como lo hará en su vida pública– su plena independencia con
respecto a todo vínculo humano cuando está de por medio la voluntad de su
Padre y la misión que él le ha encomendado. Ver Mt. 12. 46-50; Jn. 2. 4. 3 1. "Herodes":
ver nota Mt. 14. 1. 4-6. Is.
40. 3-5. Ver nota Mt. 3. 3. 10-14.
Estos versículos destacan la universalidad de 12. "Publicanos":
ver nota Mt. 5. 46. 22. Ver
Sal. 2. 7; Is. 42. 1. "Como una paloma": ver nota Mt. 3. 16. 23-38. La
genealogía de Lucas va de hijos a padres, y es más universal que la de Mateo,
ya que se remonta hasta Adán, cabeza de toda la humanidad. La de Mateo, en
cambio, va de padres a hijos, y llega solamente hasta Abraham, padre del
Pueblo judío. 4 1.
Ver nota Mt. 4. 1. 4. Deut.
8. 3. 8. Deut.
6. 13. 10-11.
Sal. 91. 11-12. 12. Deut.
6. 16. 16.
"Sinagoga": ver nota Mt. 4. 23. En las reuniones de la sinagoga no
había predicador oficial. El jefe de la misma solía invitar a uno de los
presentes a leer y explicar los textos sagrados. 18-19. Is.
61. 1-2. 26. 1 Rey.
17. 7-16. 27. Ver 2
Rey. 5. 32. Ver
nota Mt. 7. 29. 44.
"Judea": se entiende aquí en el sentido amplio del término para
indicar todo el territorio del Pueblo judío. 5 14. Ver
nota Mt. 8. 4. 24.
"Hijo del hombre": ver nota Mt. 8. 20. 34. Los
"amigos del esposo": ver nota Mt. 9. 15. 37- 6 4. "Panes
de la ofrenda": ver nota Mt. 12. 4. 5. Ver
nota Mt. 12. 2. 9. Ver
nota Mc. 3. 4. 15.
"Zelote": miembro de un partido judío de tendencias extremistas. 20. Aquí comienza
el discurso de las Bienaventuranzas, que corresponde al Sermón de la montaña,
en el Evangelio según san Mateo. El texto de Lucas es más breve, porque el
evangelista omite los temas relacionados con el Judaísmo, que serían de poco
interés para sus lectores. El discurso se inicia con las promesas de
felicidad anunciadas a los discípulos de Jesús, pero en lugar de las ocho
Bienaventuranzas de Mateo, encontramos solamente cuatro. Mateo presenta un
programa de vida al que corresponde una recompensa celestial. Lucas acentúa
más crudamente la inversión de situación entre esta vida y la futura, lo que
será dramatizado en la parábola del hombre rico y el pobre Lázaro. Ver 16.
19-31; nota Mt. 5. 38. La
generosidad de la recompensa divina está expresada con la imagen gráfica de
la "medida", es decir, del recipiente empleado como unidad de
volumen. Esta "medida" era llenada con granos; luego se la apretaba
y se la sacudía, se la colmaba hasta desbordar y se la vaciaba en los
pliegues de la túnica, que servían a modo de un gran bolsillo. 49. " 7 15.
1 Rey. 17. 23. 22. Ver
nota Mt. 11. 4-5. 27. Mal.
3. 1. 32-34. Ver
nota Mt. 11. 16-17. 35.
"Hijos de 37.
"Una mujer pecadora": no hay ningún fundamento para identificar a
esta mujer con María Magdalena, a la que se nombra en 8. 2; ni tampoco con
María la hermana de Lázaro, que también ungió los pies de Jesús poco antes de
su Pasión (Jn. 12. 1-8; Mt. 26. 6-13; Mc. 14. 3-9). 41.
"Denarios": ver nota Mt. 18. 28. 47. El perdón
que recibe esta mujer no es el efecto sino la causa de su amor: ella amó
mucho porque se le perdonó mucho. De lo contrario, no parece tener sentido la
parte final del versículo: "aquel a quien se le perdona poco, demuestra
poco amor". 8 10. Is.
6. 9. Ver nota Mt. 13. 13. 16. Lucas
une la imagen de la "lámpara" a la parábola del sembrador, para
exhortar a los discípulos a que manifiesten la luz de 18. Ver
nota Mt. 13. 12. 19.
"Hermanos": ver nota Mt. 12. 46. 24. Ver
nota Mt. 8. 26. 26-27. Ver
nota Mc. 5. 1. 32. Ver
nota Mt. 8. 30. 44. Ver
nota Mt. 9. 20. 9 5. Ver
nota Mt. 10. 14. 27.
"Ver el Reino de Dios" significa para san Lucas contemplar la
gloria del Señor, manifestada anticipadamente en su transfiguración. Ver nota
Mt. 16. 28. 34. Ver
nota Mt. 17. 5. 39. Ver
nota Mc. 9. 17-18. 45. Los
discípulos no podían aceptar la paradoja de 51.
"Elevación al cielo" es la glorificación de Cristo, que incluye su
Muerte, su Resurrección y su Ascensión. 53. La
presencia en tierra samaritana de peregrinos que iban a Jerusalén renovaba
viejos resentimientos religiosos de judíos y samaritanos. Ver nota Jn. 4. 9. 54. 2 Rey.
1. 10, 12. Esta actitud revela el temperamento de estos dos hermanos que eran
llamados "hijos del trueno" (Mc. 3. 17). 60.
"Deja que los muertos entierren a sus muertos": ver nota Mt. 8. 22. 10 12.
Ver nota Mt. 11. 23. 15. Is.
14. 13, 15. 18. Esta
es una manera simbólica de expresar la derrota de "Satanás". Ver
11. 20. 27. Deut.
6. 5; Lev. 19. 18. 28. Lev.
18. 5. 32. Los
"levitas" eran los colaboradores de los sacerdotes en el servicio
del culto. 11 15.
"Belzebul": ver nota Mt. 10. 25. 20. Ver
Éx. 8. 15. 29-30.
"Signo de Jonás": se refiere al "signo" que fue en sí
mismo el profeta Jonás para los ninivitas, en virtud de su misión ratificada
por la intervención divina (Jon. 2). Jesús es un "signo" para su
Pueblo, a través de su misión confirmada con prodigios y milagros. 31. " 51. Ver
nota Mt. 23. 35. 12 10. Ver
nota Mt. 12. 31-32. 49. Estas
palabras de Jesús se refieren, probablemente, a la instauración definitiva del
Reino de Dios, simbolizada en el "fuego", que purifica y renueva
todas las cosas. 51. Ver
nota Mt. 10. 34. 53. Miq.
7. 6. 56. El
"tiempo presente" es el tiempo mesiánico, que llega en la persona
de Jesús. 13 1.
De la acción de Pilato, como de la desgracia pública referida en el v. 4, no
tenemos ninguna otra noticia fuera de este pasaje. Jesús alude a estos
hechos, interpretándolos como una invitación providencial a la conversión. 6. La
parábola de la higuera pone de manifiesto la paciencia divina, y se la aplica
al Pueblo elegido. Dios lo espera misericordiosamente, y sólo si no da fruto,
al final será rechazado. Ver nota Mt. 21. 19; Rom. 11. 19. Ez.
17. 23; 31. 6; Dn. 4. 9, 18. 27. Sal.
6. 9. 28.
"Rechinar de dientes": ver nota Mt. 8. 12. 31-33.
Herodes temía que la actividad de Jesús provocara una agitación en sus
dominios, y por eso trata de alejarlo con una amenaza. Los fariseos dan a
Jesús un consejo aparentemente benévolo, aunque tal vez no haya que excluir una
cierta complicidad con el tetrarca. Pero Jesús responde diciendo que la
estratagema es inútil: la astucia humana –expresada en el epíteto
"zorro" aplicado a Herodes– no puede impedirle cumplir la misión
que el Padre le ha confiado. "Hoy y mañana", es decir, durante un
breve tiempo, él debe continuar curando enfermos y expulsando demonios.
Después, "al tercer día", irá a Jerusalén para morir y dar así
pleno cumplimiento a su misión. Ver nota Jn. 9. 4. 35. Sal.
118. 26. Ver 1 Rey. 9. 7-8; Jer. 12. 7; 22. 5. 14 26.
Ver nota Mt. 10. 37. 33. Este
versículo nos da la clave para interpretar las dos comparaciones anteriores:
la fuerza de que hay que disponer para ser discípulo de Jesús es la voluntad
de renunciamiento. 15 8.
"Dracma": moneda de plata que equivalía aproximadamente a un
"denario". Ver nota Mt. 18. 28. 25. El
"hijo mayor" simboliza la actitud de los escribas y fariseos, que
por estar satisfechos de su justicia, nunca comprendieron la condescendencia
de Jesús hacia los pecadores. 16 8. En
esta parábola, no se alaban los medios injustos empleados por el
administrador, sino su previsión para asegurarse el futuro cuando todavía
podía hacerlo. 9. Lucas
reúne aquí, como complemento de la parábola, una serie de sentencias del
Señor sobre las riquezas. Habla del "dinero de la injusticia",
porque con demasiada frecuencia las fortunas se logran gracias a medios poco
recomendables (Ecli. 26. 29 - 27. 2). 12. Es una
contraposición entre las riquezas –bienes externos al hombre– y los bienes
espirituales, que son internos a él. 13.
"Dinero": ver nota Mt. 6. 24. 22.
"Seno de Abraham": esta imagen expresa la intimidad con Abraham en
el banquete mesiánico. Ver Mt. 8. 11. 17 10.
"Somos simples servidores": así se expresa la situación del hombre
frente a Dios, de quien recibimos todo gratuitamente y a quien se lo debemos
todo. 20. La
presencia actual del Reino de Dios no es un hecho que salta a la vista.
Muchas veces pasa inadvertida y para reconocerla se necesita la luz de la fe.
Es como la semilla que va madurando silenciosamente (Mc. 4. 26-29) y como la
levadura que fermenta toda la masa (Mt. 13. 33). Esto no significa que sea
algo meramente interior, pero sólo al final de los tiempos se manifestará en
toda su plenitud. 27. Gn. 7.
7. 29. Gn.
19. 24. 36.
Algunos manuscritos agregan: "De dos que estén en un campo, uno será
llevado y el otro dejado". 37.
"Donde esté el cadáver, se juntarán los buitres": ver nota Mt. 24.
28. 18 20. Éx.
20. 12-16; Deut. 5. 16-20. 19 9.
"Hijo de Abraham": la condición de hijos de Abraham confería a los
judíos el derecho a participar de los privilegios espirituales de que fue
objeto el Pueblo de Dios. Ver Rom. 9. 4-5. 11. Esta
parábola previene contra la falsa idea de la inminente manifestación visible
del Reino de Dios. Antes de revelarse su gloria, Jesús debe ausentarse, y los
suyos tendrán que vivir un período de fe, de esperanza y de lucha. 12. Lucas
fundió en una sola, la parábola de los talentos (Mt. 25. 14-30) con la del
pretendiente al trono, donde hay aparentes alusiones históricas al viaje de
Arquelao a Roma, para hacer confirmar en su favor el testamento político de
su padre, Herodes el Grande. 13. Cada
una de estas "monedas de plata" equivalía a cien
"denarios". Ver nota Mt. 18. 28. 26. Ver
nota Mt. 25. 29. 38. Sal.
118. 26. Ver 2. 14. 42.
"Mensaje de paz": alude a la paz mesiánica anunciada por los
Profetas (Is. 11. 6-9; Os. 2. 20-24), fruto de la intervención salvadora de
Dios. 43-44.
Jesús anuncia el Juicio de Dios sobre 46. Is.
56. 7; Jer. 7. 11. 20 17. Sal.
118. 22. Ver nota Mt. 21. 42. 18. Texto
inspirado en Is. 8. 14, donde Dios mismo aparece como piedra de tropiezo para
Israel, y en Dn. 2. 44-45, donde el Reino de Dios se representa como una roca
que se desprende de la montaña y arrasa a todos los demás reinos. 28. Deut.
25. 5-6. Ver nota Mt. 22. 24. 37. Éx. 3.
6. 42-43.
Sal. 110. 1. 21 6. Ver
nota Mt. 24. 2. 24.
"El tiempo de los paganos" es el tiempo en que todas las naciones
serán llamadas a participar en el Reino de Dios, y que culminará cuando
también los descendientes de Abraham abracen la fe del Evangelio. Ver Rom.
11. 11-32. 22 3. Lucas
atribuye la traición de Judas a una especie de posesión demoníaca. Ver Jn.
13. 2, 27. 4.
"Jefes de la guardia": oficiales de la policía del Templo,
reclutados entre los levitas. 14-18. "Una copa": se trata de una de las copas
del rito pascual. Lucas acentúa el carácter pascual de la Última Cena, presentando
un paralelo entre la celebración del viejo y del nuevo rito (vs. 15-18 y
19-20). 20. Ver
nota Mt. 26. 28. 32.
"Después que hayas vuelto": esta expresión alude delicadamente a
las negaciones de Pedro. "Confirma a tus hermanos": significa que Jesús
confía a Pedro la misión de guiar en la fe a los miembros de la comunidad. 36. Todas
estas imágenes describen la hostilidad general de que iban a ser objeto los
Apóstoles. 37. Is.
53. 12. 38.
"Basta": los discípulos entendieron a la letra el lenguaje
simbólico del Maestro. Jesús, sin darles más explicaciones, cortó de esa
manera el diálogo. 69. Dn. 7.
13. Ver nota Mt. 8. 20. 23 11.
"Magnífico manto": se trata de un símbolo de realeza, empleado en
este caso por Herodes como objeto de burla. 12. Ver Hech.
4. 26-28. 16. Lo
mismo que en el v. 22, se trata de una flagelación, que Lucas y Juan
presentan como un escarmiento antes de la liberación, mientras que Mateo y
Marcos la describen como una práctica habitual, que precedía a la
crucifixión. Ver nota Mt. 27. 26. 17.
"En cada fiesta, el gobernador acostumbraba a poner en libertad a un
preso": este versículo, que figura en algunos manuscritos, es una glosa
explicativa proveniente de Mt. 27. 15. 30. Os.
10. 8. 31. La
"leña verde" representa a Jesús, que es inocente; la "leña
seca" a los verdaderos culpables. 34. Sal.
22. 19. 43. El
"Paraíso" evoca la imagen de un lugar de felicidad. La respuesta de
Jesús asegura al buen ladrón la inmediata participación en los bienes del
Reino, que Jesús instaura por su Muerte y su Resurrección. 46. Sal.
31. 6. 54. Ver
nota Mt. 27. 62. 24 1. "El
primer día de la semana": ver nota Mt. 28. 1. 7. Ver 9.
22; 18. 31-33; 24. 44. 12.
Algunos manuscritos omiten este versículo. Ver Jn. 20. 3-10. 40.
Algunos manuscritos omiten este versículo. |
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