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Caminando con Jesús Pedro Sergio Antonio Donoso Brant Edición especial comentada para ayudar a
comprender mejor las Sagradas Escrituras |
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El cuarto Evangelio difiere considerablemente de los
tres anteriores, tanto por su forma literaria cuanto por su contenido. La
tradición cristiana lo atribuye al Apóstol JUAN, a quien identifica con
"el discípulo al que Jesús amaba" (13. 23; 19. 26; 20. 2; 21.
7, 20), y hay varios indicios en el mismo Evangelio que corroboran esta atribución.
De todas maneras, la redacción final del Libro es el resultado de una larga
elaboración en la que también intervinieron los discípulos del Apóstol. La
obra fue concluida hacia el año 100, y tenía como destinatarios inmediatos a
las comunidades cristianas de Asia Menor. El Evangelio de Juan gira en torno a un tema
fundamental: Jesús es el Enviado de Dios, su Palabra por excelencia, que vino
a este mundo para hacernos conocer al Padre. Él no habla por sí mismo, sino
que "da testimonio" de Con más insistencia que los otros evangelistas, Juan
acentúa la oposición entre Jesús –la "Luz", el "Camino",
la "Verdad" y la "Vida"– y los que se niegan a creer en
él, designados habitualmente con el nombre genérico de "los
judíos". Jesús no vino a "juzgar" al mundo, sino a salvarlo.
Pero, por el simple hecho de manifestarse a los hombres, él los pone ante una
alternativa: la de permanecer en sus propias "tinieblas" o creer en
la "luz". El que no cree en Jesús "ya" está condenado,
mientras que el que cree en él "ya" ha pasado de la muerte a A diferencia de los Evangelios sinópticos, que
mencionan una sola "subida" de Jesús a Jerusalén, este Evangelio
habla de tres Pascuas celebradas en El autor de este Evangelio vuelve constantemente
sobre los mismos temas, desarrollándolos y profundizándolos una y otra vez.
En cada uno de esos temas está contenido todo el misterio de Cristo. Pero más
que los "hechos" de su vida, lo que le interesa y quiere poner de
relieve es el "significado" que ellos encierran y que sólo la fe
puede descubrir. Desde esa perspectiva, Juan interpreta las obras y amplía
los discursos de Jesús, como fruto de una larga y profunda contemplación. Su
objetivo fundamental es conducirnos a PRÓLOGO Mientras que el
Evangelio de Marcos se inicia con el bautismo del Señor y los de Mateo y Lucas
se remontan a su infancia, Juan va más lejos todavía y comienza hablando de
su origen divino. En su Prólogo tan característico, presenta a Jesús como la "Palabra" de Dios personificada, que
existía desde siempre junto al Padre y "era Dios" (1. 1-2). Esa
Palabra trasciende infinitamente el mundo y la historia, pero a la vez es una
Palabra "creadora": "Todas las cosas fueron hechas por
medio de Y para revelarles el
rostro invisible de Dios y hacerlos participar de su filiación divina, 1 1 Al principio existía y 2 Al principio estaba
junto a Dios. 3 Todas las cosas fueron
hechas por medio de y sin ella no se hizo
nada de todo lo que existe. 4 En ella estaba la vida, y la vida era la luz de
los hombres. 5 La luz brilla en las
tinieblas, y las tinieblas no la
recibieron. 6 Apareció un hombre
enviado por Dios, que se llamaba Juan. 7 Vino como testigo, para dar testimonio de la
luz, para que todos creyeran
por medio de él. 8 Él no era la luz, sino el testigo de la
luz. 9 que, al venir a este
mundo, ilumina a todo hombre. 10 Ella estaba en el
mundo, y el mundo fue hecho por
medio de ella, y el mundo no la conoció. 11 Vino a los suyos, y los suyos no la
recibieron. 12 Pero a todos los que
la recibieron, a los que creen en su
Nombre, les dio el poder de
llegar a ser hijos de Dios. 13 Ellos no nacieron de
la sangre, ni por obra de la carne, ni de la voluntad del
hombre, sino que fueron
engendrados por Dios. 14 Y y habitó entre nosotros. Y nosotros hemos visto su
gloria, la gloria que recibe del
Padre como Hijo único, lleno de gracia y de
verdad. 15 Juan da testimonio de
él, al declarar: "Este es aquel del
que yo dije: El que viene después de
mí me ha precedido, porque existía antes que
yo". 16 De su plenitud, todos
nosotros hemos participado y hemos recibido gracia
sobre gracia: 17 porque pero la gracia y la
verdad nos han llegado por Jesucristo. 18 Nadie ha visto jamás a
Dios; el que lo ha revelado es
el Hijo único, que es Dios y está en el
seno del Padre. EL TESTIMONIO DE
JUAN EL BAUTISTA Los Evangelios sinópticos
presentan a Juan el Bautista como el profeta que prepara el camino del Señor,
anunciando en el desierto "un
bautismo de conversión para el perdón de los pecados" (Mc. 1. 4). El
cuarto Evangelio, en cambio, lo presenta como "testigo" de
Jesús (1. 6-8). "Juan da testimonio de él" (1. 15), y ese
testimonio se resume en la célebre expresión: "Este es el Cordero de
Dios, que quita el pecado del mundo" (1. 29). Dos discípulos de Juan
reciben su testimonio. Ellos a su vez lo transmiten a otros, y así comienza a
formarse el pequeño grupo de seguidores del Señor. Al atestiguar que Jesús
es "el Cordero de Dios",
el Bautista evoca la figura del "Servidor sufriente", que se
entrega a la muerte como un cordero inocente para expiar el pecado del mundo
(Is. 52. 13 - 53. 12), y también la del Cordero pascual, símbolo de la
liberación de Israel (Éx. 12. 1-28). Jesús, el Cordero de Dios Mt. 3. 3, 11 Mc. 1. 3, 7-8 Lc.
3. 4, 16 19 Este es el testimonio que dio Juan, cuando los
judíos enviaron sacerdotes y levitas desde Jerusalén, para preguntarle:
"¿Quién eres tú?". 20 Él confesó y no lo ocultó, sino que dijo
claramente: "Yo no soy el Mesías". 21 "¿Quién eres,
entonces?", le preguntaron: "¿Eres Elías?". Juan dijo:
"No". "¿Eres el Profeta?". "Tampoco",
respondió. 22 Ellos insistieron: "¿Quién eres, para que podamos dar una
respuesta a los que nos han enviado? ¿Qué dices de ti mismo?". 23 Y él
les dijo: "Yo soy una voz que grita en el
desierto: Allanen el camino del
Señor, como dijo el profeta Isaías". 24 Algunos de los enviados eran fariseos, 25 y
volvieron a preguntarle: "¿Por qué bautizas, entonces, si tú no eres el
Mesías, ni Elías, ni el Profeta?". 26 Juan respondió: "Yo bautizo
con agua, pero en medio de ustedes hay alguien al que ustedes no conocen: 27
él viene después de mí, y yo no soy digno de desatar la correa de su
sandalia". 28 Todo esto sucedió en Betania, al otro lado del Jordán,
donde Juan bautizaba. 29 Al día siguiente, Juan vio acercarse a Jesús y
dijo: "Este es el Cordero de Dios, que quita el pecado del mundo. Después de mí viene un
hombreque me precede, porque existía antes que
yo. 31 Yo no lo conocía, pero he venido a bautizar con
agua para que él fuera manifestado a Israel". 32 Y Juan dio este
testimonio: "He visto al Espíritu descender del cielo en forma de paloma
y permanecer sobre él. 33 Yo no lo conocía, pero el que me envió a bautizar
con agua me dijo: "Aquel sobre el que veas descender el Espíritu y
permanecer sobre él, ese es el que bautiza en el Espíritu Santo". 34 Yo
lo he visto y doy testimonio de que él es el Hijo de Dios". Los primeros discípulos de Jesús 35 Al día siguiente, estaba Juan otra vez allí con
dos de sus discípulos 36 y, mirando a Jesús que pasaba, dijo: "Este es
el Cordero de Dios". 37 Los dos discípulos, al oírlo hablar así,
siguieron a Jesús. 38 Él se dio vuelta y, viendo que lo seguían, les
preguntó: "¿Qué quieren?". Ellos le respondieron: "Rabbí –que
traducido significa Maestro– ¿dónde vives?". 39 "Vengan y lo verán",
les dijo. Fueron, vieron donde vivía y se quedaron con él ese día. Era
alrededor de las cuatro de la tarde. 40 Uno de los dos que oyeron las
palabras de Juan y siguieron a Jesús era Andrés, el hermano de Simón Pedro.
41 Al primero que encontró fue a su propio hermano Simón, y le dijo:
"Hemos encontrado al Mesías", que traducido significa Cristo. 42
Entonces lo llevó a donde estaba Jesús. Jesús lo miró y le dijo: "Tú
eres Simón, el hijo de Juan: tú te llamarás Cefas", que traducido
significa Pedro. 43 Al día siguiente, Jesús resolvió partir hacia
Galilea. Encontró a Felipe y le dijo: "Sígueme". 44 Felipe era de
Betsaida, la ciudad de Andrés y de Pedro. 45 Felipe encontró a Natanael y le
dijo: "Hemos hallado a aquel de quien se habla en EL LIBRO DE LOS
"SIGNOS" DE JESÚS El Bautista dio un
valioso testimonio acerca de Jesús, pero él tiene además un testimonio "mayor que el de Juan" (5. 31-38). Son
las "obras" que realiza en nombre de su Padre y que lo acreditan
como Juan nos narra siete de
esos "signos" de Jesús: el agua convertida en vino en las bodas de
Caná (2. 1-12), la curación del hijo de un funcionario real (4. 46-54), la
curación de un paralítico en la piscina de Betsata (5. 1-18), la
multiplicación de los panes (6. 1-15), la marcha de Jesús sobre el agua (6.
16-21), la curación del ciego de nacimiento (9. 1-41) y la resurrección de
Lázaro (11. 1-44). En cuanto a la pesca milagrosa (21. 1-14), que sería el
octavo signo, fue añadido después de la primera redacción del Evangelio. A la vista de estas
obras, algunos supieron descubrir la realidad oculta detrás del
"signo" y "creyeron
en él" (2. 11). Otros, en cambio, se obstinaron en su incredulidad: "A
pesar de los muchos signos que hizo en su presencia, ellos no creyeron en
él" (12. 37). Esta permanente confrontación entre la fe y la
incredulidad, entre la luz y las tinieblas, entre la vida y la muerte,
constituye el trasfondo del drama descrito en el cuarto Evangelio. EL VINO NUEVO Y EL
NUEVO TEMPLO En el transcurso de un
banquete nupcial, Jesús realiza el primer "signo", anticipando su
"hora" a pedido de María. En el Antiguo Testamento, los tiempos mesiánicos
son representados con frecuencia como un banquete de bodas, y la abundancia
de vino simboliza el gozo de la salvación. A su vez, el "buen vino"
de las bodas de Caná significa Luego, a través del
relato de la purificación del Templo profanado por los vendedores y los
cambistas, Juan nos presenta a Jesús como el instaurador de un nuevo culto,
que ya no está reservado a un pueblo o un lugar privilegiados. Es el culto "en espíritu y en verdad" (4. 23).
Dentro de él, su cuerpo resucitado es el nuevo Templo, la verdadera Morada de
Dios en medio de los hombres. Las bodas de Caná 2 1 Tres
días después se celebraron unas bodas en Caná de Galilea, y la madre de Jesús
estaba allí. 2 Jesús también fue invitado con sus discípulos. 3 Y como
faltaba vino, la madre de Jesús le dijo: "No tienen vino". 4 Jesús
le respondió: "Mujer, ¿qué tenemos que ver nosotros? Mi hora no ha
llegado todavía". 5 Pero su madre dijo a los sirvientes: "Hagan
todo lo que él les diga". 6 Había allí seis tinajas de piedra destinadas a los
ritos de purificación de los judíos, que contenían unos cien litros cada una.
7 Jesús dijo a los sirvientes: "Llenen de agua estas tinajas". Y
las llenaron hasta el borde. 8 "Saquen ahora, agregó Jesús, y lleven al
encargado del banquete". Así lo hicieron. 9 El encargado probó el agua
cambiada en vino y como ignoraba su origen, aunque lo sabían los sirvientes
que habían sacado el agua, llamó al esposo 10 y le dijo: "Siempre se
sirve primero el buen vino y cuando todos han bebido bien, se trae el de
inferior calidad. Tú, en cambio, has guardado el buen vino hasta este
momento". 11 Este fue el primero de los signos de Jesús, y lo hizo en
Caná de Galilea. Así manifestó su gloria, y sus discípulos creyeron en él. 12
Después de esto, descendió a Cafarnaún con su madre, sus hermanos y sus
discípulos, y permanecieron allí unos pocos días. Expulsión de los vendedores del Templo Mt. 21. 12-13 Mc. 11.
15-17 Lc. 19. 45-46 13 Se acercaba El celo por tu Casa me
consumirá. Anuncio de la resurrección de Jesús 18 Entonces los judíos le preguntaron: "¿Qué
signo nos das para obrar así?". 19 Jesús les respondió: "Destruyan
este templo y en tres días lo volveré a levantar". 20 Los judíos le
dijeron: "Han sido necesarios cuarenta y seis años para construir este
Templo, ¿y tú lo vas a levantar en tres días?". 21 Pero él se refería al
templo de su cuerpo. 22 Por eso, cuando Jesús resucitó, sus discípulos
recordaron que él había dicho esto, y creyeron en 23 Mientras estaba en Jerusalén, durante la fiesta
de Pascua, muchos creyeron en su Nombre al ver los signos que realizaba. 24
Pero Jesús no se fiaba de ellos, porque los conocía a todos 25 y no
necesitaba que lo informaran acerca de nadie: él sabía lo que hay en el
interior del hombre. EL RENACIMIENTO
ESPIRITUAL Jesús vino al mundo
para que los hombres "tengan
Vida y la tengan en abundancia" (10. 10). Y en el diálogo con
Nicodemo, él nos dice que esa vida es una novedad tan radical, que para
poseerla es preciso "nacer de nuevo". Sólo el que renace "de
lo alto" por el "agua" del Bautismo y por la acción
del "Espíritu" puede participar de A continuación, el evangelista
nos presenta a Jesús dialogando con una mujer de Samaría. El Señor pasa casi
insensiblemente de las realidades materiales a las espirituales. El agua que
brota de la tierra puede saciar la sed sólo por un tiempo. Únicamente el agua
que nos da Cristo saciará para siempre nuestra sed de verdad y de vida. Y esa
agua es su mismo Espíritu, el principio del nuevo nacimiento y del culto
nuevo, que Jesús viene a instaurar (4. 23). El diálogo de Jesús con Nicodemo 3 1 Había
entre los fariseos un hombre llamado Nicodemo, que era uno de los notables
entre los judíos. 2 Fue de noche a ver a Jesús y le dijo: "Maestro,
sabemos que tú has venido de parte de Dios para enseñar, porque nadie puede
realizar los signos que tú haces, si Dios no está con él". 3 Jesús le
respondió: "Te aseguro que el que no renace de lo alto no puede ver el Reino de Dios". 4 Nicodemo le preguntó: "¿Cómo un hombre puede
nacer cuando ya es viejo? ¿Acaso puede entrar por segunda vez en el seno de
su madre y volver a nacer?". 5 Jesús le respondió: "Te aseguro que el que no nace del agua y del Espíritu no puede entrar en el Reino de Dios. 6 Lo que nace de la carne es carne, lo que nace del Espíritu es espíritu. 7 No te extrañes de que te haya dicho: "Ustedes tienen que renacer de lo alto". 8 El viento sopla donde quiere: tú oyes su voz, pero no sabes de dónde viene ni adónde va. Lo mismo sucede con todo el que ha nacido del Espíritu". 9 "¿Cómo es posible todo esto?", le volvió
a preguntar Nicodemo. 10 Jesús le respondió: "¿Tú, que eres maestro en
Israel, no sabes estas cosas? 11 Te aseguro que nosotros hablamosde lo que sabemos y damos testimonio de lo que hemos visto, pero ustedes no aceptan nuestro testimonio. 12 Si no creen cuando les hablo de las cosas de la tierra, ¿cómo creerán cuando les hable de las cosas del cielo? 13 Nadie ha subido al cielo, sino el que descendió del cielo, el Hijo del hombre que está en el cielo. 14 De la misma manera que Moisés levantó en alto la serpiente en el desierto, también es necesario que el Hijo del hombre sea levantado en alto, 15 para que todos los que creen en él tengan Vida eterna. 16 Porque Dios amó tanto al mundo, que entregó a su Hijo único para que todo el que cree en él no muera, sino que tenga Vida eterna. 17 Porque Dios no envió a su Hijo para juzgar al mundo, sino para que el mundo se salve por él. 18 El que cree en él, no es condenado; el que no cree, ya está condenado, porque no ha creído en el nombre del Hijo único de Dios. 19 En esto consiste el juicio: la luz vino al mundo, y los hombres prefirieron las tinieblas a la luz, porque sus obras eran malas. 20 Todo el que obra mal odia la luz y no se acerca a ella, por temor de que sus obras sean descubiertas. 21 En cambio, el que obra conforme a la verdad se acerca a la luz, para que se ponga de manifiesto que sus obras han sido hechas en Dios". El último testimonio de Juan el Bautista 22 Después de esto, Jesús fue con sus discípulos a
Judea. Permaneció allí con ellos y bautizaba. 23 Juan seguía bautizando en
Enón, cerca de Salim, porque había mucha agua en ese lugar y la gente acudía
para hacerse bautizar. 24 Juan no había sido encarcelado todavía. 25 Se
originó entonces una discusión entre los discípulos de Juan y un judío,
acerca de la purificación. 26 Fueron a buscar a Juan y le dijeron: "Maestro,
el que estaba contigo al otro lado del Jordán y del que tú has dado
testimonio, también bautiza y todos acuden a él". 27 Juan respondió: "Nadie puede atribuirse nada que no haya recibido del cielo. 28 Ustedes mismos son testigos de que he dicho: "Yo no soy el Mesías, pero he sido enviado
delante de él". 29 En las bodas, el que se casa es el esposo; pero el amigo del esposo, que esta allí y lo escucha, se llena de alegría al oír su voz. Por eso mi gozo es ahora perfecto. 30 Es necesario que él crezca y que yo disminuya. 31 El que viene de lo alto está por encima de todos. El que es de la tierra pertenece a la tierra y habla de la tierra. El que vino del cielo 32 da testimonio de lo que ha visto y oído, pero nadie recibe su testimonio. 33 El que recibe su testimonio certifica que Dios es veraz. 34 El que Dios envió dice las palabras de Dios, porque Dios le da el Espíritu sin medida. 35 El Padre ama al Hijo y ha puesto todo en sus manos. 36 El que cree en el Hijo tiene Vida eterna. El que se niega a creer en el Hijo no verá sino que la ira de Dios pesa sobre él". El encuentro de Jesús con la samaritana 4 1 Cuando
Jesús se enteró de que los fariseos habían oído decir que él tenía más
discípulos y bautizaba más que Juan 2 –en realidad él no bautizaba, sino sus
discípulos– 3 dejó 5 Llegó a una ciudad de Samaría llamada Sicar, cerca
de las tierras que Jacob había dado a su hijo José. 6 Allí se encuentra el
pozo de Jacob. Jesús, fatigado del camino, se había sentado junto al pozo.
Era la hora del mediodía. 7 Una mujer de Samaría fue a sacar agua, y Jesús le
dijo: "Dame de beber". 8 Sus discípulos habían ido a la ciudad a
comprar alimentos. 9 La samaritana le respondió: "¡Cómo! ¿Tú, que eres
judío, me pides de beber a mí, que soy samaritana?". Los judíos, en
efecto, no se trataban con los samaritanos. 10 Jesús le respondió: "Si conocieras el don de Dios |