volver

Al índice

A la portal

 

Caminando con Jesús

Pedro Sergio Antonio Donoso Brant

La Biblia – El Libro del Pueblo de Dios

Edición especial comentada para ayudar a comprender mejor las Sagradas Escrituras

 

Libros

001

002

003

004

005

006

007

008

009

010

011

012

013

014

015

016

017

018

019

020

021

022

023

024

025

026

027

028

029

030

031

032

033

034

035

036

037

038

039

040

041

042

043

044

045

046

047

048

049

050

051

052

053

054

055

056

057

058

059

060

061

062

063

064

065

066

067

068

069

070

071

072

073

Génesis

Éxodo

Levítico

Números

Deuteronomio

Josué

Jueces

Ruth

Samuel I

Samuel II

Reyes I

Reyes II

Crónicas I

Cronicas II

Esdras

Nehemías

Tobías

Judit

Ester

Macabeos I

Macabeos II

Job

Salmos

Proverbios

Eclesiástes

Cantares

Sabiduria

Eclesiástico

Isaias

Jeremías

Lamentaciones

Baruc

Ezequiel

Daniel

Oseas

Joel

Amós

Abdías

Jonás

Miqueas

Nahum

Habacuc

Sofonías

Ageo

Zacarías

Malaquías

Mateo

Marcos

Lucas

Juan

Hechos

Romanos

I Corintios

II Corintios

Galátas

Efesios

Filipenses

Colosenses

TesalonicensesI

TesalonicensesII

I Timoteo

II Timoteo

Tito

Filemon

Hebreos

Santiago

I Pedro

II Pedro

I Juan

II Juan

III Juan

Judas

Apocalipsis

EVANGELIO SEGÚN SAN JUAN

El cuarto Evangelio difiere considerablemente de los tres anteriores, tanto por su forma literaria cuanto por su contenido. La tradición cristiana lo atribuye al Apóstol JUAN, a quien identifica con "el discípulo al que Jesús amaba" (13. 23; 19. 26; 20. 2; 21. 7, 20), y hay varios indicios en el mismo Evangelio que corroboran esta atribución. De todas maneras, la redacción final del Libro es el resultado de una larga elaboración en la que también intervinieron los discípulos del Apóstol. La obra fue concluida hacia el año 100, y tenía como destinatarios inmediatos a las comunidades cristianas de Asia Menor.

El Evangelio de Juan gira en torno a un tema fundamental: Jesús es el Enviado de Dios, su Palabra por excelencia, que vino a este mundo para hacernos conocer al Padre. Él no habla por sí mismo, sino que "da testimonio" de la Verdad que escuchó del Padre (3. 11-13, 31-34), y toda su vida es una revelación de la "gloria" que recibió de su mismo Padre antes de la creación del mundo (17. 1-5).

Con más insistencia que los otros evangelistas, Juan acentúa la oposición entre Jesús –la "Luz", el "Camino", la "Verdad" y la "Vida"– y los que se niegan a creer en él, designados habitualmente con el nombre genérico de "los judíos". Jesús no vino a "juzgar" al mundo, sino a salvarlo. Pero, por el simple hecho de manifestarse a los hombres, él los pone ante una alternativa: la de permanecer en sus propias "tinieblas" o creer en la "luz". El que no cree en Jesús "ya" está condenado, mientras que el que cree en él "ya" ha pasado de la muerte a la Vida y tiene Vida eterna.

A diferencia de los Evangelios sinópticos, que mencionan una sola "subida" de Jesús a Jerusalén, este Evangelio habla de tres Pascuas celebradas en la Ciudad santa. Más aún, casi toda la actividad pública del Señor, se desarrolla dentro del marco litúrgico de alguna festividad judía. En lugar de las parábolas del Reino utilizadas a manera de comparaciones, tan características de los otros Evangelios, Juan se vale de breves y expresivas alegorías, como por ejemplo, la de la vid y los sarmientos y la del buen Pastor. También emplea diversos "símbolos" para referirse a la persona de Jesús y a los bienes que él brinda a los hombres: en especial, el "agua" y el "pan" le sirven para hacer una verdadera "catequesis sacramental" sobre el Bautismo y la Eucaristía.

El autor de este Evangelio vuelve constantemente sobre los mismos temas, desarrollándolos y profundizándolos una y otra vez. En cada uno de esos temas está contenido todo el misterio de Cristo. Pero más que los "hechos" de su vida, lo que le interesa y quiere poner de relieve es el "significado" que ellos encierran y que sólo la fe puede descubrir. Desde esa perspectiva, Juan interpreta las obras y amplía los discursos de Jesús, como fruto de una larga y profunda contemplación. Su objetivo fundamental es conducirnos a la Vida eterna, que consiste en conocer al "único Dios verdadero" y a su "Enviado, Jesucristo" (17. 3). Con razón se ha llamado al Evangelio de Juan el "Evangelio espiritual".

PRÓLOGO

Mientras que el Evangelio de Marcos se inicia con el bautismo del Señor y los de Mateo y Lucas se remontan a su infancia, Juan va más lejos todavía y comienza hablando de su origen divino. En su Prólogo tan característico, presenta a Jesús como la "Palabra" de Dios personificada, que existía desde siempre junto al Padre y "era Dios" (1. 1-2). Esa Palabra trasciende infinitamente el mundo y la historia, pero a la vez es una Palabra "creadora": "Todas las cosas fueron hechas por medio de la Palabra", y en ella está la Vida que ilumina a los hombres (1. 3-4).

Y para revelarles el rostro invisible de Dios y hacerlos participar de su filiación divina, la Palabra eterna e increada "se hizo carne" y vino a convivir con los hombres "como Hijo único" del Padre (1. 14). Es el Misterio de la Encarnación: Dios tiene ahora un rostro humano. Al advertirnos que las tinieblas del mundo no recibieron a la Palabra (1. 5, 11), Juan anticipa el tema del eterno conflicto entre la luz y las tinieblas, tan destacado en su Evangelio. Más que una introducción, este admirable Prólogo –como la obertura de una ópera– es un resumen de todos los temas contenidos en el resto del Libro.

1 1 Al principio existía la Palabra,y la Palabra estaba junto a Dios,

y la Palabra era Dios.

2 Al principio estaba junto a Dios.

3 Todas las cosas fueron hechas por medio de la Palabra

y sin ella no se hizo nada de todo lo que existe.

4 En ella estaba la vida,

y la vida era la luz de los hombres.

5 La luz brilla en las tinieblas,

y las tinieblas no la recibieron.

6 Apareció un hombre enviado por Dios,

que se llamaba Juan.

7 Vino como testigo,

para dar testimonio de la luz,

para que todos creyeran por medio de él.

8 Él no era la luz,

sino el testigo de la luz.

9 La Palabra era la luz verdadera

que, al venir a este mundo,

ilumina a todo hombre.

10 Ella estaba en el mundo,

y el mundo fue hecho por medio de ella,

y el mundo no la conoció.

11 Vino a los suyos,

y los suyos no la recibieron.

12 Pero a todos los que la recibieron,

a los que creen en su Nombre,

les dio el poder de llegar a ser hijos de Dios.

13 Ellos no nacieron de la sangre,

ni por obra de la carne,

ni de la voluntad del hombre,

sino que fueron engendrados por Dios.

14 Y la Palabra se hizo carne

y habitó entre nosotros.

Y nosotros hemos visto su gloria,

la gloria que recibe del Padre como Hijo único,

lleno de gracia y de verdad.

15 Juan da testimonio de él, al declarar:

"Este es aquel del que yo dije:

El que viene después de mí

me ha precedido,

porque existía antes que yo".

16 De su plenitud, todos nosotros hemos participado

y hemos recibido gracia sobre gracia:

17 porque la Ley fue dada por medio de Moisés,

pero la gracia y la verdad nos han llegado por Jesucristo.

18 Nadie ha visto jamás a Dios;

el que lo ha revelado es el Hijo único,

que es Dios y está en el seno del Padre.

EL TESTIMONIO DE JUAN EL BAUTISTA

Los Evangelios sinópticos presentan a Juan el Bautista como el profeta que prepara el camino del Señor, anunciando en el desierto "un bautismo de conversión para el perdón de los pecados" (Mc. 1. 4). El cuarto Evangelio, en cambio, lo presenta como "testigo" de Jesús (1. 6-8). "Juan da testimonio de él" (1. 15), y ese testimonio se resume en la célebre expresión: "Este es el Cordero de Dios, que quita el pecado del mundo" (1. 29). Dos discípulos de Juan reciben su testimonio. Ellos a su vez lo transmiten a otros, y así comienza a formarse el pequeño grupo de seguidores del Señor.

Al atestiguar que Jesús es "el Cordero de Dios", el Bautista evoca la figura del "Servidor sufriente", que se entrega a la muerte como un cordero inocente para expiar el pecado del mundo (Is. 52. 13 - 53. 12), y también la del Cordero pascual, símbolo de la liberación de Israel (Éx. 12. 1-28).

Jesús, el Cordero de Dios

Mt. 3. 3, 11  Mc. 1. 3, 7-8  Lc. 3. 4, 16

19 Este es el testimonio que dio Juan, cuando los judíos enviaron sacerdotes y levitas desde Jerusalén, para preguntarle: "¿Quién eres tú?". 20 Él confesó y no lo ocultó, sino que dijo claramente: "Yo no soy el Mesías". 21 "¿Quién eres, entonces?", le preguntaron: "¿Eres Elías?". Juan dijo: "No". "¿Eres el Profeta?". "Tampoco", respondió. 22 Ellos insistieron: "¿Quién eres, para que podamos dar una respuesta a los que nos han enviado? ¿Qué dices de ti mismo?". 23 Y él les dijo: "Yo soy

una voz que grita en el desierto:

Allanen el camino del Señor,

como dijo el profeta Isaías".

24 Algunos de los enviados eran fariseos, 25 y volvieron a preguntarle: "¿Por qué bautizas, entonces, si tú no eres el Mesías, ni Elías, ni el Profeta?". 26 Juan respondió: "Yo bautizo con agua, pero en medio de ustedes hay alguien al que ustedes no conocen: 27 él viene después de mí, y yo no soy digno de desatar la correa de su sandalia". 28 Todo esto sucedió en Betania, al otro lado del Jordán, donde Juan bautizaba.

29 Al día siguiente, Juan vio acercarse a Jesús y dijo: "Este es el Cordero de Dios, que quita el pecado del mundo. 30 A él me refería, cuando dije:

Después de mí viene un hombreque me precede,

porque existía antes que yo.

31 Yo no lo conocía, pero he venido a bautizar con agua para que él fuera manifestado a Israel". 32 Y Juan dio este testimonio: "He visto al Espíritu descender del cielo en forma de paloma y permanecer sobre él. 33 Yo no lo conocía, pero el que me envió a bautizar con agua me dijo: "Aquel sobre el que veas descender el Espíritu y permanecer sobre él, ese es el que bautiza en el Espíritu Santo". 34 Yo lo he visto y doy testimonio de que él es el Hijo de Dios".

Los primeros discípulos de Jesús

35 Al día siguiente, estaba Juan otra vez allí con dos de sus discípulos 36 y, mirando a Jesús que pasaba, dijo: "Este es el Cordero de Dios". 37 Los dos discípulos, al oírlo hablar así, siguieron a Jesús. 38 Él se dio vuelta y, viendo que lo seguían, les preguntó: "¿Qué quieren?". Ellos le respondieron: "Rabbí –que traducido significa Maestro– ¿dónde vives?". 39 "Vengan y lo verán", les dijo. Fueron, vieron donde vivía y se quedaron con él ese día. Era alrededor de las cuatro de la tarde. 40 Uno de los dos que oyeron las palabras de Juan y siguieron a Jesús era Andrés, el hermano de Simón Pedro. 41 Al primero que encontró fue a su propio hermano Simón, y le dijo: "Hemos encontrado al Mesías", que traducido significa Cristo. 42 Entonces lo llevó a donde estaba Jesús. Jesús lo miró y le dijo: "Tú eres Simón, el hijo de Juan: tú te llamarás Cefas", que traducido significa Pedro.

43 Al día siguiente, Jesús resolvió partir hacia Galilea. Encontró a Felipe y le dijo: "Sígueme". 44 Felipe era de Betsaida, la ciudad de Andrés y de Pedro. 45 Felipe encontró a Natanael y le dijo: "Hemos hallado a aquel de quien se habla en la Ley de Moisés y en los Profetas. Es Jesús, el hijo de José de Nazaret". 46 Natanael le preguntó: "¿Acaso puede salir algo bueno de Nazaret?". "Ven y verás", le dijo Felipe. 47 Al ver llegar a Natanael, Jesús dijo: "Este es un verdadero israelita, un hombre sin doblez". 48 "¿De dónde me conoces?", le preguntó Natanael. Jesús le respondió: "Yo te vi antes que Felipe te llamara, cuando estabas debajo de la higuera". 49 Natanael le respondió: "Maestro, tú eres el Hijo de Dios, tú eres el Rey de Israel". 50 Jesús continuó: "Porque te dije: "Te vi debajo de la higuera", crees. Verás cosas más grandes todavía". 51 Y agregó: "Les aseguro que verán el cielo abierto, y a los ángeles de Dios subir y bajar sobre el Hijo del hombre".

EL LIBRO DE LOS "SIGNOS" DE JESÚS

El Bautista dio un valioso testimonio acerca de Jesús, pero él tiene además un testimonio "mayor que el de Juan" (5. 31-38). Son las "obras" que realiza en nombre de su Padre y que lo acreditan como la Palabra y el Enviado de Dios (10. 25). Al hablar de estas "obras" de Jesús –en especial de sus milagros– el evangelista suele llamarlas "signos", y a ellos se refiere la primera parte del cuarto Evangelio. Todo signo dirige siempre la atención hacia una realidad oculta, que de alguna manera se hace visible a través de él. Las obras de Jesús son "signos" que dejan traslucir el misterio de su Persona y el sentido de su misión.

Juan nos narra siete de esos "signos" de Jesús: el agua convertida en vino en las bodas de Caná (2. 1-12), la curación del hijo de un funcionario real (4. 46-54), la curación de un paralítico en la piscina de Betsata (5. 1-18), la multiplicación de los panes (6. 1-15), la marcha de Jesús sobre el agua (6. 16-21), la curación del ciego de nacimiento (9. 1-41) y la resurrección de Lázaro (11. 1-44). En cuanto a la pesca milagrosa (21. 1-14), que sería el octavo signo, fue añadido después de la primera redacción del Evangelio.

A la vista de estas obras, algunos supieron descubrir la realidad oculta detrás del "signo" y "creyeron en él" (2. 11). Otros, en cambio, se obstinaron en su incredulidad: "A pesar de los muchos signos que hizo en su presencia, ellos no creyeron en él" (12. 37). Esta permanente confrontación entre la fe y la incredulidad, entre la luz y las tinieblas, entre la vida y la muerte, constituye el trasfondo del drama descrito en el cuarto Evangelio.

EL VINO NUEVO Y EL NUEVO TEMPLO

En el transcurso de un banquete nupcial, Jesús realiza el primer "signo", anticipando su "hora" a pedido de María. En el Antiguo Testamento, los tiempos mesiánicos son representados con frecuencia como un banquete de bodas, y la abundancia de vino simboliza el gozo de la salvación. A su vez, el "buen vino" de las bodas de Caná significa la Sangre de Cristo con que fue inaugurada la Nueva Alianza.

Luego, a través del relato de la purificación del Templo profanado por los vendedores y los cambistas, Juan nos presenta a Jesús como el instaurador de un nuevo culto, que ya no está reservado a un pueblo o un lugar privilegiados. Es el culto "en espíritu y en verdad" (4. 23). Dentro de él, su cuerpo resucitado es el nuevo Templo, la verdadera Morada de Dios en medio de los hombres.

Las bodas de Caná

2 1 Tres días después se celebraron unas bodas en Caná de Galilea, y la madre de Jesús estaba allí. 2 Jesús también fue invitado con sus discípulos. 3 Y como faltaba vino, la madre de Jesús le dijo: "No tienen vino". 4 Jesús le respondió: "Mujer, ¿qué tenemos que ver nosotros? Mi hora no ha llegado todavía". 5 Pero su madre dijo a los sirvientes: "Hagan todo lo que él les diga".

6 Había allí seis tinajas de piedra destinadas a los ritos de purificación de los judíos, que contenían unos cien litros cada una. 7 Jesús dijo a los sirvientes: "Llenen de agua estas tinajas". Y las llenaron hasta el borde. 8 "Saquen ahora, agregó Jesús, y lleven al encargado del banquete". Así lo hicieron. 9 El encargado probó el agua cambiada en vino y como ignoraba su origen, aunque lo sabían los sirvientes que habían sacado el agua, llamó al esposo 10 y le dijo: "Siempre se sirve primero el buen vino y cuando todos han bebido bien, se trae el de inferior calidad. Tú, en cambio, has guardado el buen vino hasta este momento". 11 Este fue el primero de los signos de Jesús, y lo hizo en Caná de Galilea. Así manifestó su gloria, y sus discípulos creyeron en él. 12 Después de esto, descendió a Cafarnaún con su madre, sus hermanos y sus discípulos, y permanecieron allí unos pocos días.

Expulsión de los vendedores del Templo

Mt. 21. 12-13  Mc. 11. 15-17  Lc. 19. 45-46

13 Se acercaba la Pascua de los judíos. Jesús subió a Jerusalén 14 y encontró en el Templo a los vendedores de bueyes, ovejas y palomas y a los cambistas sentados delante de sus mesas. 15 Hizo un látigo de cuerdas y los echó a todos del Templo, junto con sus ovejas y sus bueyes; desparramó las monedas de los cambistas, derribó sus mesas 16 y dijo a los vendedores de palomas: "Saquen esto de aquí y no hagan de la casa de mi Padre una casa de comercio". 17 Y sus discípulos recordaron las palabras de la Escritura:

El celo por tu Casa me consumirá.

Anuncio de la resurrección de Jesús

18 Entonces los judíos le preguntaron: "¿Qué signo nos das para obrar así?". 19 Jesús les respondió: "Destruyan este templo y en tres días lo volveré a levantar". 20 Los judíos le dijeron: "Han sido necesarios cuarenta y seis años para construir este Templo, ¿y tú lo vas a levantar en tres días?". 21 Pero él se refería al templo de su cuerpo. 22 Por eso, cuando Jesús resucitó, sus discípulos recordaron que él había dicho esto, y creyeron en la Escritura y en la palabra que había pronunciado.

23 Mientras estaba en Jerusalén, durante la fiesta de Pascua, muchos creyeron en su Nombre al ver los signos que realizaba. 24 Pero Jesús no se fiaba de ellos, porque los conocía a todos 25 y no necesitaba que lo informaran acerca de nadie: él sabía lo que hay en el interior del hombre.

EL RENACIMIENTO ESPIRITUAL

Jesús vino al mundo para que los hombres "tengan Vida y la tengan en abundancia" (10. 10). Y en el diálogo con Nicodemo, él nos dice que esa vida es una novedad tan radical, que para poseerla es preciso "nacer de nuevo". Sólo el que renace "de lo alto" por el "agua" del Bautismo y por la acción del "Espíritu" puede participar de la Vida de Dios (3. 3, 5).

A continuación, el evangelista nos presenta a Jesús dialogando con una mujer de Samaría. El Señor pasa casi insensiblemente de las realidades materiales a las espirituales. El agua que brota de la tierra puede saciar la sed sólo por un tiempo. Únicamente el agua que nos da Cristo saciará para siempre nuestra sed de verdad y de vida. Y esa agua es su mismo Espíritu, el principio del nuevo nacimiento y del culto nuevo, que Jesús viene a instaurar (4. 23).

El diálogo de Jesús con Nicodemo

3 1 Había entre los fariseos un hombre llamado Nicodemo, que era uno de los notables entre los judíos. 2 Fue de noche a ver a Jesús y le dijo: "Maestro, sabemos que tú has venido de parte de Dios para enseñar, porque nadie puede realizar los signos que tú haces, si Dios no está con él". 3 Jesús le respondió:

"Te aseguro

que el que no renace de lo alto

no puede ver el Reino de Dios".

4 Nicodemo le preguntó: "¿Cómo un hombre puede nacer cuando ya es viejo? ¿Acaso puede entrar por segunda vez en el seno de su madre y volver a nacer?". 5 Jesús le respondió:

"Te aseguro

que el que no nace del agua y del Espíritu

no puede entrar en el Reino de Dios.

6 Lo que nace de la carne es carne,

lo que nace del Espíritu es espíritu.

7 No te extrañes de que te haya dicho:

"Ustedes tienen que renacer de lo alto".

8 El viento sopla donde quiere:

tú oyes su voz,

pero no sabes de dónde viene ni adónde va.

Lo mismo sucede

con todo el que ha nacido del Espíritu".

9 "¿Cómo es posible todo esto?", le volvió a preguntar Nicodemo. 10 Jesús le respondió: "¿Tú, que eres maestro en Israel, no sabes estas cosas?

11 Te aseguro

que nosotros hablamosde lo que sabemos

y damos testimonio de lo que hemos visto,

pero ustedes no aceptan nuestro testimonio.

12 Si no creen

cuando les hablo de las cosas de la tierra,

¿cómo creerán

cuando les hable de las cosas del cielo?

13 Nadie ha subido al cielo,

sino el que descendió del cielo,

el Hijo del hombre que está en el cielo.

14 De la misma manera que Moisés

levantó en alto la serpiente en el desierto,

también es necesario

que el Hijo del hombre sea levantado en alto,

15 para que todos los que creen en él

tengan Vida eterna.

16 Porque Dios amó tanto al mundo,

que entregó a su Hijo único

para que todo el que cree en él no muera,

sino que tenga Vida eterna.

17 Porque Dios no envió a su Hijo

para juzgar al mundo,

sino para que el mundo se salve por él.

18 El que cree en él, no es condenado;

el que no cree, ya está condenado,

porque no ha creído

en el nombre del Hijo único de Dios.

19 En esto consiste el juicio:

la luz vino al mundo,

y los hombres prefirieron

las tinieblas a la luz,

porque sus obras eran malas.

20 Todo el que obra mal

odia la luz y no se acerca a ella,

por temor de que sus obras sean descubiertas.

21 En cambio, el que obra conforme a la verdad

se acerca a la luz,

para que se ponga de manifiesto

que sus obras han sido hechas en Dios".

El último testimonio de Juan el Bautista

22 Después de esto, Jesús fue con sus discípulos a Judea. Permaneció allí con ellos y bautizaba. 23 Juan seguía bautizando en Enón, cerca de Salim, porque había mucha agua en ese lugar y la gente acudía para hacerse bautizar. 24 Juan no había sido encarcelado todavía. 25 Se originó entonces una discusión entre los discípulos de Juan y un judío, acerca de la purificación. 26 Fueron a buscar a Juan y le dijeron: "Maestro, el que estaba contigo al otro lado del Jordán y del que tú has dado testimonio, también bautiza y todos acuden a él". 27 Juan respondió:

"Nadie puede atribuirse nada

que no haya recibido del cielo.

28 Ustedes mismos son testigos de que he dicho:

"Yo no soy el Mesías, pero he sido enviado delante de él".

29 En las bodas, el que se casa es el esposo;

pero el amigo del esposo,

que esta allí y lo escucha,

se llena de alegría al oír su voz.

Por eso mi gozo es ahora perfecto.

30 Es necesario que él crezca

y que yo disminuya.

31 El que viene de lo alto

está por encima de todos.

El que es de la tierra

pertenece a la tierra y habla de la tierra.

El que vino del cielo

32 da testimonio de lo que ha visto y oído,

pero nadie recibe su testimonio.

33 El que recibe su testimonio

certifica que Dios es veraz.

34 El que Dios envió

dice las palabras de Dios,

porque Dios le da el Espíritu sin medida.

35 El Padre ama al Hijo

y ha puesto todo en sus manos.

36 El que cree en el Hijo tiene Vida eterna.

El que se niega a creer en el Hijo no verá la Vida,

sino que la ira de Dios pesa sobre él".

El encuentro de Jesús con la samaritana

4 1 Cuando Jesús se enteró de que los fariseos habían oído decir que él tenía más discípulos y bautizaba más que Juan 2 –en realidad él no bautizaba, sino sus discípulos– 3 dejó la Judea y volvió a Galilea. 4 Para eso tenía que atravesar Samaría.

5 Llegó a una ciudad de Samaría llamada Sicar, cerca de las tierras que Jacob había dado a su hijo José. 6 Allí se encuentra el pozo de Jacob. Jesús, fatigado del camino, se había sentado junto al pozo. Era la hora del mediodía. 7 Una mujer de Samaría fue a sacar agua, y Jesús le dijo: "Dame de beber". 8 Sus discípulos habían ido a la ciudad a comprar alimentos. 9 La samaritana le respondió: "¡Cómo! ¿Tú, que eres judío, me pides de beber a mí, que soy samaritana?". Los judíos, en efecto, no se trataban con los samaritanos. 10 Jesús le respondió:

"Si conocieras el don de Dios