|
volver |
Caminando con Jesús Pedro Sergio Antonio Donoso Brant Edición especial comentada para ayudar a
comprender mejor las Sagradas Escrituras |
|
|
Nº |
Libros |
|
|
Génesis Éxodo Levítico Números Deuteronomio Josué Jueces Ruth Samuel I Samuel II Reyes I Reyes II Crónicas I Cronicas II Esdras Nehemías Tobías Judit Ester Macabeos I Macabeos II Job Salmos Proverbios Eclesiástes Cantares Sabiduria Eclesiástico Isaias Jeremías Lamentaciones Baruc Ezequiel Daniel Oseas Joel Amós Abdías Jonás Miqueas Nahum Habacuc Sofonías Ageo Zacarías Malaquías Mateo Marcos Lucas Juan Hechos Romanos I Corintios II Corintios Galátas Efesios Filipenses Colosenses TesalonicensesI TesalonicensesII I Timoteo II Timoteo Tito Filemon Hebreos Santiago I Pedro II Pedro I Juan II Juan III Juan Judas Apocalipsis |
En el Prólogo al libro de los HECHOS DE LOS
APÓSTOLES, su autor remite expresamente a un "primer Libro" escrito
por él mismo, donde se narra lo que hizo y enseñó Jesús desde el comienzo
hasta el momento de su Ascensión al cielo (1. 1-2). El Libro a que alude es
el tercer Evangelio, y el autor es el evangelista san Lucas, que concibió y
compuso estos dos Libros como partes integrantes de una única obra. Sólo
hacia el año 150, cuando los cristianos reunieron los cuatro Evangelios en un
mismo volumen, estas dos partes quedaron separadas. Los "hechos" relatados en el Libro
muestran cómo los Apóstoles dieron cumplimiento al programa que el Señor
resucitado les fijó antes de su partida: "Recibirán la fuerza del
Espíritu Santo que descenderá sobre ustedes, y serán mis testigos en
Jerusalén, en toda Judea y Samaría, y hasta los confines de la tierra" (1.
8). En el Evangelio de Lucas, el ministerio terreno de Jesús comienza en
Nazaret (Lc. 4. 16-21) y culmina en Jerusalén con Para escribir este Libro, Lucas empleó una abundante
documentación: las tradiciones de Sin embargo, Lucas no es un simple cronista que
pretende escribir la historia completa de los orígenes cristianos, o
presentar la penetración del Cristianismo en el mundo pagano como un fenómeno
puramente histórico. Su finalidad es poner de manifiesto la acción del
Espíritu, que va edificando Prólogo 1 1 En mi
primer Libro, querido Teófilo, me referí a todo lo que hizo y enseñó Jesús,
desde el comienzo, 2 hasta el día en que subió al cielo, después de haber
dado, por medio del Espíritu Santo, sus últimas instrucciones a los Apóstoles
que había elegido. La promesa del Espíritu Santo 3 Después de su Pasión, Jesús se manifestó a ellos
dándoles numerosas pruebas de que vivía, y durante cuarenta días se les
apareció y les habló del Reino de Dios. 4 En una ocasión, mientras estaba
comiendo con ellos, les recomendó que no se alejaran de Jerusalén y esperaran
la promesa del Padre: "La promesa, les dijo, que yo les he anunciado. 5
Porque Juan bautizó con agua, pero ustedes serán bautizados en el Espíritu
Santo, dentro de pocos días". 6 Los que estaban reunidos le preguntaron:
"Señor, ¿es ahora cuando vas a restaurar el reino de Israel?". 7 Él
les respondió: "No les corresponde a ustedes conocer el tiempo y el
momento que el Padre ha establecido con su propia autoridad. 8 Pero recibirán
la fuerza del Espíritu Santo que descenderá sobre ustedes, y serán mis
testigos en Jerusalén, en toda Judea y Samaría, y hasta los confines de la
tierra". La ascensión de Jesús 9 Dicho esto, los Apóstoles lo vieron elevarse, y
una nube lo ocultó de la vista de ellos. 10 Como permanecían con la mirada
puesta en el cielo mientras Jesús subía, se les aparecieron dos hombres
vestidos de blanco, 11 que les dijeron: "Hombres de Galilea, ¿por qué
siguen mirando al cielo? Este Jesús que les ha sido quitado y fue elevado al
cielo, vendrá de la misma manera que lo han visto partir". Al Pentecostés judío
sucede el Pentecostés cristiano. Así se cumple el anuncio profético: "Derramaré mi Espíritu sobre todos los
hombres" (Jl. 3. 1). Este bautismo "en el Espíritu
Santo" (Lc. 3. 16) es el acta de nacimiento de Al comienzo, la acción
evangelizadora se limita a Jerusalén. Sus primeros destinatarios son los
miembros del Pueblo elegido. A ellos Pedro les recuerda en su segundo
discurso: "Ante todo para
ustedes Dios resucitó a su Servidor, y lo envió para bendecirlos y para que
cada uno se aparte de sus iniquidades" (3. 26). Con ellos se forma la
primera comunidad cristiana, cuyo rasgo distintivo es el profundo sentido de
comunión fraternal (2. 42-47; 4. 32-37). Esta comunidad no aparece todavía
desvinculada del Judaísmo y sólo poco a poco, bajo la acción del Espíritu,
irá adquiriendo su propia identidad. Sin embargo, pronto
surgen tensiones entre los creyentes de origen palestinense y los
provenientes del mundo griego (6. 1-6). Contra estos últimos, en particular,
se desata una violenta persecución por parte de las autoridades religiosas de
Jerusalén. El factor desencadenante de esta persecución es el discurso de
Esteban, uno de los siete "auxiliares" de los Apóstoles,
pronunciado ante el Sanedrín (6. 8 - 7. 53). Su martirio provoca la primera
expansión misionera de El grupo de los Apóstoles 12 Los Apóstoles regresaron entonces del monte de
los Olivos a Jerusalén: la distancia entre ambos sitios es la que está
permitida recorrer en día sábado. 13 Cuando llegaron a la ciudad, subieron a la
sala donde solían reunirse. Eran Pedro, Juan, Santiago, Andrés, Felipe y
Tomás, Bartolomé, Mateo, Santiago, hijo de Alfeo, Simón el Zelote y Judas,
hijo de Santiago. 14 Todos ellos, íntimamente unidos, se dedicaban a la
oración, en compañía de algunas mujeres, de María, la madre de Jesús, y de
sus hermanos. La elección de Matías 15 Uno de esos días, Pedro se puso de pie en medio
de los hermanos –los que estaban reunidos eran alrededor de ciento veinte
personas– y dijo: 16 "Hermanos, era necesario que se cumpliera Que su casa quede
desierta y nadie la habite. Y más adelante: Que otro ocupe su
cargo. 21 Es necesario que uno de los que han estado en
nuestra compañía durante todo el tiempo que el Señor Jesús permaneció con nosotros,
22 desde el bautismo de Juan hasta el día de la ascensión, sea constituido
junto con nosotros testigo de su resurrección". 23 Se propusieron dos: José, llamado Barsabás, de
sobrenombre el Justo, y Matías. 24 Y oraron así: "Señor, tú que conoces
los corazones de todos, muéstranos a cuál de los dos elegiste 25 para
desempeñar el ministerio del apostolado, dejado por Judas al irse al lugar
que le correspondía". 26 Echaron suertes, y la elección cayó sobre
Matías, que fue agregado a los once Apóstoles. La venida del Espíritu Santo 2 1 Al
llegar el día de Pentecostés, estaban todos reunidos en el mismo lugar. 2 De
pronto, vino del cielo un ruido, semejante a una fuerte ráfaga de viento, que
resonó en toda la casa donde se encontraban. 3 Entonces vieron aparecer unas
lenguas como de fuego, que descendieron por separado sobre cada uno de ellos.
4 Todos quedaron llenos del Espíritu Santo, y comenzaron a hablar en
distintas lenguas, según el Espíritu les permitía expresarse. 5 Había en Jerusalén judíos piadosos, venidos de
todas las naciones del mundo. 6 Al oírse este ruido, se congregó la multitud
y se llenó de asombro, porque cada uno los oía hablar en su propia lengua. 7
Con gran admiración y estupor decían: "¿Acaso estos hombres que hablan
no son todos galileos? 8 ¿Cómo es que cada uno de nosotros los oye en su
propia lengua? 9 Partos, medos y elamitas, los que habitamos en Primer discurso de Pedro 12 Unos a otros se decían con asombro: "¿Qué
significa esto?". 13 Algunos, burlándose, comentaban: "Han tomado
demasiado vino". 14 Entonces, Pedro poniéndose de pie con los Once,
levantó la voz y dijo: "Hombres de Judea y todos los que habitan en
Jerusalén, presten atención, porque voy a explicarles lo que ha sucedido. 15
Estos hombres no están ebrios, como ustedes suponen, ya que no son más que
las nueve de la mañana, 16 sino que se está cumpliendo lo que dijo el profeta
Joel: 17 En los últimos días, dice el Señor, derramaré mi Espíritu sobre todos los hombres y profetizarán sus hijos y sus hijas; los jóvenes verán visiones y los ancianos tendrán sueños proféticos. 18 Más aún, derramaré mi Espíritu sobre mis servidores y servidoras, y ellos profetizarán. 19 Haré prodigios arriba, en el cielo, y signos abajo, en la tierra: verán sangre, fuego y columnas de humo. 20 El sol se convertirá en tinieblas y la luna en
sangre, antes que llegue el Día del Señor, día grande y glorioso. 21 Y todo el que invoque el nombre del Señor se
salvará. 22 Israelitas, escuchen: A Jesús de Nazaret, el
hombre que Dios acreditó ante ustedes realizando por su intermedio los
milagros, prodigios y signos que todos conocen, Veía sin cesar al Señor delante de mí, porque él está a mi derecha para que yo no vacile. 26 Por eso se alegra mi corazón y mi lengua canta llena de gozo. También mi cuerpo descansará en la esperanza, 27 porque tú no entregarás mi almaal Abismo, ni dejarás que tu servidor sufrala corrupción. 28 Tú me has hecho conocer los caminos de la vida y me llenarás de gozo en tu presencia. 29 Hermanos, permítanme decirles con toda franqueza
que el patriarca David murió y fue sepultado, y su tumba se conserva entre
nosotros hasta el día de hoy. 30 Pero como él era profeta, sabía que Dios le había
jurado que un descendiente suyo se sentaría en su trono. 31 Por eso
previó y anunció la resurrección del Mesías, cuando dijo que no fue
entregado al Abismo ni su cuerpo sufrió la corrupción. Dijo el Señor a mi
Señor: Siéntate a mi derecha, 35 hasta que ponga a
todos tus enemigos debajo de tus pies. 36 Por eso, todo el pueblo de Israel debe reconocer
que a ese Jesús que ustedes crucificaron, Dios lo ha hecho Señor y
Mesías". Las primeras conversiones 37 Al oír estas cosas, todos se conmovieron
profundamente, y dijeron a Pedro y a los otros Apóstoles: "Hermanos,
¿qué debemos hacer?". 38 Pedro les respondió: "Conviértanse y
háganse bautizar en el nombre de Jesucristo para que les sean perdonados los
pecados, y así recibirán el don del Espíritu Santo. 39 Porque la promesa ha
sido hecha a ustedes y a sus hijos, y a todos aquellos que están lejos:
a cuantos el Señor, nuestro Dios, quiera llamar". 40 Y con
muchos otros argumentos les daba testimonio y los exhortaba a que se pusieran
a salvo de esta generación perversa. 41 Los que recibieron su palabra se
hicieron bautizar; y ese día se unieron a ellos alrededor de tres mil. La primera comunidad cristiana 42 Todos se reunían asiduamente para escuchar la enseñanza
de los Apóstoles y participar en la vida común, en la fracción del pan y en
las oraciones. 43 Un santo temor se apoderó de todos ellos, porque los
Apóstoles realizaban muchos prodigios y signos. 44 Todos los creyentes se
mantenían unidos y ponían lo suyo en común: 45 vendían sus propiedades y sus
bienes, y distribuían el dinero entre ellos, según las necesidades de cada
uno. 46 Íntimamente unidos, frecuentaban a diario el Templo, partían el pan
en sus casas, y comían juntos con alegría y sencillez de corazón; 47 ellos
alababan a Dios y eran queridos por todo el pueblo. Y cada día, el Señor
acrecentaba la comunidad con aquellos que debían salvarse. La curación de un paralítico 3 1 En una
ocasión, Pedro y Juan subían al Templo para la oración de la tarde. 2 Allí
encontraron a un paralítico de nacimiento, que ponían diariamente junto a la
puerta del Templo llamada " Segundo discurso de Pedro 11 Como él no soltaba a Pedro y a Juan, todo el
pueblo, lleno de asombro, corrió hacia ellos, que estaban en el pórtico de
Salomón. 12 Al ver esto, Pedro dijo al pueblo: "Israelitas, ¿de qué se
asombran? ¿Por qué nos miran así, como si fuera por nuestro poder o por nuestra
santidad, que hemos hecho caminar a este hombre? 13 El Dios de Abraham, de
Isaac y de Jacob, el Dios de nuestros padres, glorificó a su servidor Jesús,
a quien ustedes entregaron, renegando de él delante de Pilato, cuando este
había resuelto ponerlo en libertad. 14 Ustedes renegaron del Santo y del
Justo, y pidiendo como una gracia la liberación de un homicida, 15 mataron al
autor de la vida. Pero Dios lo resucitó de entre los muertos, de lo cual
nosotros somos testigos. 16 Por haber creído en su Nombre, ese mismo Nombre
ha devuelto la fuerza al que ustedes ven y conocen. Esta fe que proviene de
él, es la que lo ha curado completamente, como ustedes pueden comprobar. 17
Ahora bien, hermanos, yo sé que ustedes obraron por ignorancia, lo mismo que
sus jefes. 18 Pero así, Dios cumplió lo que había anunciado por medio de
todos los profetas: que su Mesías debía padecer. 19 Por lo tanto, hagan penitencia y conviértanse,
para que sus pecados sean perdonados. 20 Así el Señor les concederá el tiempo
del consuelo y enviará a Jesús, el Mesías destinado para ustedes. 21 Él debe
permanecer en el cielo hasta el momento de la restauración universal, que
Dios anunció antiguamente por medio de sus santos profetas. 22 Moisés, en
efecto, dijo: El Señor Dios suscitará para ustedes, de entre sus hermanos,
un profeta semejante a mí, y ustedes obedecerán a todo lo que él les diga. 23
El que no escuche a ese profeta será excluido del pueblo. 24 Y todos los
profetas que han hablado a partir de Samuel, anunciaron también estos días.
25 Ustedes son los herederos de los profetas y de Pedro y Juan ante el Sanedrín 4 1
Mientras los Apóstoles hablaban al pueblo, se presentaron ante ellos los
sacerdotes, el jefe de los guardias del Templo y los saduceos, 2 irritados de
que predicaran y anunciaran al pueblo la resurrección de los muertos cumplida
en la persona de Jesús. 3 Estos detuvieron a los Apóstoles y los encarcelaron
hasta el día siguiente, porque ya era tarde. 4 Muchos de los que habían
escuchado 5 Al día siguiente, se reunieron en Jerusalén los
jefes de los judíos, los ancianos y los escribas, 6 con Anás, el Sumo
Sacerdote, Caifás, Juan, Alejandro y todos los miembros de las familias de
los sumos sacerdotes. 7 Hicieron comparecer a los Apóstoles y los
interrogaron: "¿Con qué poder o en nombre de quién ustedes hicieron
eso?". 8 Pedro, lleno del Espíritu Santo, dijo: "Jefes del pueblo y
ancianos, 9 ya que hoy se nos pide cuenta del bien que hicimos a un enfermo y
de cómo fue curado, 10 sepan ustedes y todo el pueblo de Israel: este hombre
está aquí sano delante de ustedes por el nombre de nuestro Señor Jesucristo
de Nazaret, al que ustedes crucificaron y Dios resucitó de entre los muertos.
11 Él es la piedra que ustedes, los constructores, han rechazado, y
ha llegado a ser la piedra angular. 12 Porque en ningún otro hay
salvación, ni existe bajo el cielo otro Nombre dado a los hombres, por el
cual podamos salvarnos". 13 Los miembros del Sanedrín estaban asombrados de
la seguridad con que Pedro y Juan hablaban, a pesar de ser personas poco
instruidas y sin cultura. Reconocieron que eran los que habían acompañado a
Jesús, 14 pero no podían replicarles nada, porque el hombre que había sido
curado estaba de pie, al lado de ellos. 15 Entonces les ordenaron salir del
Sanedrín y comenzaron a deliberar, 16 diciendo: "¿Qué haremos con estos
hombres? Porque no podemos negar que han realizado un signo bien patente, que
es notorio para todos los habitantes de Jerusalén. 21 Después de amenazarlos nuevamente, los dejaron en
libertad, ya que no sabían cómo castigarlos, por temor al pueblo que alababa
a Dios al ver lo que había sucedido. 22 El hombre milagrosamente curado tenía
más de cuarenta años. La primera persecución contra 23 Una vez en libertad, los Apóstoles regresaron
adonde estaban sus hermanos, y les contaron todo lo que les habían dicho los
sumos sacerdotes y los ancianos. 24 Al oírlos, todos levantaron la voz y
oraron a Dios unánimemente: "Señor, tú hiciste el cielo y la tierra, el
mar y todo lo que hay en ellos; 25 tú, por medio del Espíritu Santo, pusiste
estas palabras en labios de nuestro padre David, tu servidor: ¿Por qué se amotinan
las naciones y los pueblos hacen
vanos proyectos? 26 Los reyes de la
tierra se rebelaron y los príncipes se
aliaron contra el Señor y
contra su Ungido. 27 Porque realmente se aliaron en esta ciudad
Herodes y Poncio Pilato con las naciones paganas y los pueblos
de Israel, contra tu santo servidor Jesús, a quien tú has ungido. 28 Así
ellos cumplieron todo lo que tu poder y tu sabiduría habían determinado de
antemano. 29 Ahora, Señor, mira sus amenazas, y permite a tus servidores
anunciar tu Palabra con toda libertad: 30 extiende tu mano para que se
realicen curaciones, signos y prodigios en el nombre de tu santo servidor
Jesús". 31 Cuando terminaron de orar, tembló el lugar donde estaban
reunidos; todos quedaron llenos del Espíritu Santo y anunciaban decididamente
La comunión fraterna de bienes 32 La multitud de los creyentes tenía un solo
corazón y una sola alma. Nadie consideraba sus bienes como propios, sino que
todo era común entre ellos. 33 Los Apóstoles daban testimonio con mucho poder
de la resurrección del Señor Jesús y gozaban de gran estima. 34 Ninguno padecía
necesidad, porque todos los que poseían tierras o casas las vendían 35 y
ponían el dinero a disposición de los Apóstoles, para que se distribuyera a
cada uno según sus necesidades. 36 Y así José, llamado por los Apóstoles
Bernabé –que quiere decir hijo del consuelo– un levita nacido en Chipre 37
que poseía un campo, lo vendió, y puso el dinero a disposición de los
Apóstoles. El caso de Ananías y Safira 5 1 Un
hombre llamado Ananías, junto con su mujer, Safira, vendió una propiedad, 2 y
de acuerdo con ella, se guardó parte del dinero y puso el resto a disposición
de los Apóstoles. 3 Pedro le dijo: "Ananías, ¿por qué dejaste que
Satanás se apoderara de ti hasta el punto de engañar al Espíritu Santo,
guardándote una parte del dinero del campo? 4 ¿Acaso no eras dueño de
quedarte con él? Y después de venderlo, ¿no podías guardarte el dinero? ¿Cómo
se te ocurrió hacer esto? No mentiste a los hombres sino a Dios". 5 Al
oír estas palabras, Ananías cayó muerto. Un gran temor se apoderó de todos
los que se enteraron de lo sucedido. 6 Vinieron unos jóvenes, envolvieron su
cuerpo y lo llevaron a enterrar. 7 Unas tres horas más tarde, llegó su mujer,
completamente ajena a lo ocurrido. 8 Pedro le preguntó: "¿Es verdad que
han vendido el campo en tal suma?". Ella respondió: "Sí, en esa
suma". 9 Pedro le dijo: "¿Por qué se han puesto de acuerdo para
tentar así al Espíritu del Señor? Mira junto a la puerta las pisadas de los
que acaban de enterrar a tu marido; ellos también te van a llevar a ti".
10 En ese mismo momento, ella cayó muerta a sus pies; los jóvenes, al entrar,
la encontraron muerta, la llevaron y la enterraron junto a su marido. 11 Un
gran temor se apoderó entonces de toda Crecimiento de 12 Los Apóstoles hacían muchos signos y prodigios en
el pueblo. Todos solían congregarse unidos en un mismo espíritu, bajo el
pórtico de Salomón, 13 pero ningún otro se atrevía a unirse al grupo de los
Apóstoles, aunque el pueblo hablaba muy bien de ellos. 14 Aumentaba cada vez
más el número de los que creían en el Señor, tanto hombres como mujeres. 15 Y
hasta sacaban a los enfermos a las calles, poniéndolos en catres y camillas,
para que cuando Pedro pasara, por lo menos su sombra cubriera a alguno de
ellos. 16 La multitud acudía también de las ciudades vecinas a Jerusalén,
trayendo enfermos o poseídos por espíritus impuros, y todos quedaban curados. Arresto y liberación de los Apóstoles 17 Intervino entonces el Sumo Sacerdote con todos
sus partidarios, los de la secta de los saduceos. Llenos de envidia, 18
hicieron arrestar a los Apóstoles y los enviaron a la prisión pública. 19
Pero durante la noche, el Ángel del Señor abrió las puertas de la prisión y
los hizo salir. Luego les dijo: 20 "Vayan al Templo y anuncien al pueblo
todo lo que se refiere a esta nueva Vida". 21 Los Apóstoles, obedeciendo
la orden, entraron en el Templo en las primeras horas del día, y se pusieron
a enseñar. Los Apóstoles ante el Sanedrín Entre tanto, llegaron el Sumo Sacerdote y sus partidarios,
convocaron al Sanedrín y a todo el Senado del pueblo de Israel, y mandaron a
buscarlos a la cárcel. 22 Cuando llegaron los guardias a la prisión, no los
encontraron. Entonces volvieron y dijeron: 23 "Encontramos la prisión
cuidadosamente cerrada y a los centinelas de guardia junto a las puertas,
pero cuando las abrimos, no había nadie adentro". 24 Al oír esto, el
jefe del Templo y los sumos sacerdotes quedaron perplejos y no podían
explicarse qué había sucedido. 25 En ese momento llegó uno, diciendo:
"Los hombres que ustedes arrestaron, están en el Templo y enseñan al
pueblo". 26 El jefe de la guardia salió con sus hombres y
trajeron a los Apóstoles, pero sin violencia, por temor de ser apedreados por
el pueblo. 27 Los hicieron comparecer ante el Sanedrín, y el Sumo Sacerdote
les dijo: 28 "Nosotros les habíamos prohibido expresamente predicar en
ese Nombre, y ustedes han llenado Jerusalén con su doctrina. ¡Así quieren
hacer recaer sobre nosotros la sangre de ese hombre!". 29 Pedro, junto
con los Apóstoles, respondió: "Hay que obedecer a Dios antes que a los
hombres. 30 El Dios de nuestros padres ha resucitado a Jesús, al que ustedes
hicieron morir suspendiéndolo del patíbulo. La intervención de Gamaliel 34 Pero un fariseo, llamado Gamaliel, que era doctor
de Los del Sanedrín siguieron su consejo: 40 llamaron a
los Apóstoles, y después de hacerlos azotar, les prohibieron hablar en el
nombre de Jesús y los soltaron. 41 Los Apóstoles, por su parte, salieron del
Sanedrín, dichosos de haber sido considerados dignos de padecer por el nombre
de Jesús. 42 Y todos los días, tanto en el Templo como en las casas, no
cesaban de enseñar y de anunciar La institución de los Siete 6 1 En
aquellos días, como el número de discípulos aumentaba, los helenistas
comenzaron a murmurar contra los hebreos porque se desatendía a sus viudas en
la distribución diaria de los alimentos. 2 Entonces los Doce convocaron a
todos los discípulos y les dijeron: "No es justo que descuidemos el
ministerio de 7 Así El arresto de Esteban 8 Esteban, lleno de gracia y de poder, hacía grandes
prodigios y signos en el pueblo. 9 Algunos miembros de la sinagoga llamada
"de los Libertos", como también otros, originarios de Cirene, de
Alejandría, de Cilicia y de la provincia de Asia, se presentaron para
discutir con él. 10 Pero como no encontraban argumentos, frente a la
sabiduría y al espíritu que se manifestaba en su palabra, 11 sobornaron a
unos hombres para que dijeran que le habían oído blasfemar contra Moisés y
contra Dios. 12 Así consiguieron excitar al pueblo, a los ancianos y a los
escribas, y llegando de improviso, lo arrestaron y lo llevaron ante el
Sanedrín. 13 Entonces presentaron falsos testigos, que declararon: "Este
hombre no hace otra cosa que hablar contra el Lugar santo y contra El discurso de Esteban 7 1 El
Sumo Sacerdote preguntó a Esteban: "¿Es verdad lo que estos
dicen?". 2 Él respondió: "Hermanos y padres, escuchen: El Dios de
la gloria se apareció a nuestro padre Abraham, cuando aún estaba en 9 Los patriarcas, movidos por la envidia,
vendieron a su hermano José para que fuera llevado a Egipto. Pero Dios
estaba con él 10 y lo salvó de todas sus tribulaciones, le dio sabiduría,
y lo hizo grato al Faraón, rey de Egipto, el cual lo nombró gobernador de
su país y lo puso al frente de su casa real. 11 Luego sobrevino una
época de hambre y de extrema miseria en toda la tierra de Egipto y de
Canaán, y nuestros padres no tenían qué comer. 12 Jacob, al enterarse
de que en Egipto había trigo, decidió enviar allí a nuestros padres. Esta
fue la primera visita. 13 Cuando llegaron por segunda vez, José se dio a
conocer a sus hermanos, y el mismo Faraón se enteró del origen de José.
14 Este mandó llamar a su padre Jacob y a toda su familia, unas setenta y
cinco personas. 15 Jacob se radicó entonces en Egipto, y allí murió, lo
mismo que nuestros padres. 16 Sus restos fueron trasladados a Siquém y
sepultados en la tumba que Abraham había comprado por una suma de
dinero a los hijos de Emor, que habitaban en Siquém. 17 Al acercarse el tiempo en que debía cumplirse la promesa que Dios había hecho a Abraham, el pueblo creció y se multiplicó en Egipto, 18 hasta que vino un nuevo rey que no sabía nada acerca de José. 19 Este rey, empleando la astucia contra nuestro pueblo, maltrató a nuestros padres y los obligó a que abandonaran a sus hijos recién nacidos para que no sobrevivieran. 20 En ese tiempo nació Moisés, que era muy hermoso delante de Dios. Durante tres meses fue criado en la casa de su padre, 21 y al ser abandonado, la hija del Faraón lo recogió y lo crió como a su propi |