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Caminando con Jesús Pedro Sergio Antonio Donoso Brant Edición especial comentada para ayudar a
comprender mejor las Sagradas Escrituras |
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En el Prólogo al libro de los HECHOS DE LOS
APÓSTOLES, su autor remite expresamente a un "primer Libro" escrito
por él mismo, donde se narra lo que hizo y enseñó Jesús desde el comienzo
hasta el momento de su Ascensión al cielo (1. 1-2). El Libro a que alude es
el tercer Evangelio, y el autor es el evangelista san Lucas, que concibió y
compuso estos dos Libros como partes integrantes de una única obra. Sólo
hacia el año 150, cuando los cristianos reunieron los cuatro Evangelios en un
mismo volumen, estas dos partes quedaron separadas. Los "hechos" relatados en el Libro
muestran cómo los Apóstoles dieron cumplimiento al programa que el Señor
resucitado les fijó antes de su partida: "Recibirán la fuerza del
Espíritu Santo que descenderá sobre ustedes, y serán mis testigos en
Jerusalén, en toda Judea y Samaría, y hasta los confines de la tierra" (1.
8). En el Evangelio de Lucas, el ministerio terreno de Jesús comienza en
Nazaret (Lc. 4. 16-21) y culmina en Jerusalén con Para escribir este Libro, Lucas empleó una abundante
documentación: las tradiciones de Sin embargo, Lucas no es un simple cronista que
pretende escribir la historia completa de los orígenes cristianos, o
presentar la penetración del Cristianismo en el mundo pagano como un fenómeno
puramente histórico. Su finalidad es poner de manifiesto la acción del
Espíritu, que va edificando Prólogo 1 1 En mi
primer Libro, querido Teófilo, me referí a todo lo que hizo y enseñó Jesús,
desde el comienzo, 2 hasta el día en que subió al cielo, después de haber
dado, por medio del Espíritu Santo, sus últimas instrucciones a los Apóstoles
que había elegido. La promesa del Espíritu Santo 3 Después de su Pasión, Jesús se manifestó a ellos
dándoles numerosas pruebas de que vivía, y durante cuarenta días se les
apareció y les habló del Reino de Dios. 4 En una ocasión, mientras estaba
comiendo con ellos, les recomendó que no se alejaran de Jerusalén y esperaran
la promesa del Padre: "La promesa, les dijo, que yo les he anunciado. 5
Porque Juan bautizó con agua, pero ustedes serán bautizados en el Espíritu
Santo, dentro de pocos días". 6 Los que estaban reunidos le preguntaron:
"Señor, ¿es ahora cuando vas a restaurar el reino de Israel?". 7 Él
les respondió: "No les corresponde a ustedes conocer el tiempo y el
momento que el Padre ha establecido con su propia autoridad. 8 Pero recibirán
la fuerza del Espíritu Santo que descenderá sobre ustedes, y serán mis
testigos en Jerusalén, en toda Judea y Samaría, y hasta los confines de la
tierra". La ascensión de Jesús 9 Dicho esto, los Apóstoles lo vieron elevarse, y
una nube lo ocultó de la vista de ellos. 10 Como permanecían con la mirada
puesta en el cielo mientras Jesús subía, se les aparecieron dos hombres
vestidos de blanco, 11 que les dijeron: "Hombres de Galilea, ¿por qué
siguen mirando al cielo? Este Jesús que les ha sido quitado y fue elevado al
cielo, vendrá de la misma manera que lo han visto partir". Al Pentecostés judío
sucede el Pentecostés cristiano. Así se cumple el anuncio profético: "Derramaré mi Espíritu sobre todos los
hombres" (Jl. 3. 1). Este bautismo "en el Espíritu
Santo" (Lc. 3. 16) es el acta de nacimiento de Al comienzo, la acción
evangelizadora se limita a Jerusalén. Sus primeros destinatarios son los
miembros del Pueblo elegido. A ellos Pedro les recuerda en su segundo
discurso: "Ante todo para
ustedes Dios resucitó a su Servidor, y lo envió para bendecirlos y para que
cada uno se aparte de sus iniquidades" (3. 26). Con ellos se forma la
primera comunidad cristiana, cuyo rasgo distintivo es el profundo sentido de
comunión fraternal (2. 42-47; 4. 32-37). Esta comunidad no aparece todavía
desvinculada del Judaísmo y sólo poco a poco, bajo la acción del Espíritu,
irá adquiriendo su propia identidad. Sin embargo, pronto
surgen tensiones entre los creyentes de origen palestinense y los
provenientes del mundo griego (6. 1-6). Contra estos últimos, en particular,
se desata una violenta persecución por parte de las autoridades religiosas de
Jerusalén. El factor desencadenante de esta persecución es el discurso de
Esteban, uno de los siete "auxiliares" de los Apóstoles,
pronunciado ante el Sanedrín (6. 8 - 7. 53). Su martirio provoca la primera
expansión misionera de El grupo de los Apóstoles 12 Los Apóstoles regresaron entonces del monte de
los Olivos a Jerusalén: la distancia entre ambos sitios es la que está
permitida recorrer en día sábado. 13 Cuando llegaron a la ciudad, subieron a la
sala donde solían reunirse. Eran Pedro, Juan, Santiago, Andrés, Felipe y
Tomás, Bartolomé, Mateo, Santiago, hijo de Alfeo, Simón el Zelote y Judas,
hijo de Santiago. 14 Todos ellos, íntimamente unidos, se dedicaban a la
oración, en compañía de algunas mujeres, de María, la madre de Jesús, y de
sus hermanos. La elección de Matías 15 Uno de esos días, Pedro se puso de pie en medio
de los hermanos –los que estaban reunidos eran alrededor de ciento veinte
personas– y dijo: 16 "Hermanos, era necesario que se cumpliera Que su casa quede
desierta y nadie la habite. Y más adelante: Que otro ocupe su
cargo. 21 Es necesario que uno de los que han estado en
nuestra compañía durante todo el tiempo que el Señor Jesús permaneció con nosotros,
22 desde el bautismo de Juan hasta el día de la ascensión, sea constituido
junto con nosotros testigo de su resurrección". 23 Se propusieron dos: José, llamado Barsabás, de
sobrenombre el Justo, y Matías. 24 Y oraron así: "Señor, tú que conoces
los corazones de todos, muéstranos a cuál de los dos elegiste 25 para
desempeñar el ministerio del apostolado, dejado por Judas al irse al lugar
que le correspondía". 26 Echaron suertes, y la elección cayó sobre
Matías, que fue agregado a los once Apóstoles. La venida del Espíritu Santo 2 1 Al
llegar el día de Pentecostés, estaban todos reunidos en el mismo lugar. 2 De
pronto, vino del cielo un ruido, semejante a una fuerte ráfaga de viento, que
resonó en toda la casa donde se encontraban. 3 Entonces vieron aparecer unas
lenguas como de fuego, que descendieron por separado sobre cada uno de ellos.
4 Todos quedaron llenos del Espíritu Santo, y comenzaron a hablar en
distintas lenguas, según el Espíritu les permitía expresarse. 5 Había en Jerusalén judíos piadosos, venidos de
todas las naciones del mundo. 6 Al oírse este ruido, se congregó la multitud
y se llenó de asombro, porque cada uno los oía hablar en su propia lengua. 7
Con gran admiración y estupor decían: "¿Acaso estos hombres que hablan
no son todos galileos? 8 ¿Cómo es que cada uno de nosotros los oye en su
propia lengua? 9 Partos, medos y elamitas, los que habitamos en Primer discurso de Pedro 12 Unos a otros se decían con asombro: "¿Qué
significa esto?". 13 Algunos, burlándose, comentaban: "Han tomado
demasiado vino". 14 Entonces, Pedro poniéndose de pie con los Once,
levantó la voz y dijo: "Hombres de Judea y todos los que habitan en
Jerusalén, presten atención, porque voy a explicarles lo que ha sucedido. 15
Estos hombres no están ebrios, como ustedes suponen, ya que no son más que
las nueve de la mañana, 16 sino que se está cumpliendo lo que dijo el profeta
Joel: 17 En los últimos días, dice el Señor, derramaré mi Espíritu sobre todos los hombres y profetizarán sus hijos y sus hijas; los jóvenes verán visiones y los ancianos tendrán sueños proféticos. 18 Más aún, derramaré mi Espíritu sobre mis servidores y servidoras, y ellos profetizarán. 19 Haré prodigios arriba, en el cielo, y signos abajo, en la tierra: verán sangre, fuego y columnas de humo. 20 El sol se convertirá en tinieblas y la luna en
sangre, antes que llegue el Día del Señor, día grande y glorioso. 21 Y todo el que invoque el nombre del Señor se
salvará. 22 Israelitas, escuchen: A Jesús de Nazaret, el
hombre que Dios acreditó ante ustedes realizando por su intermedio los
milagros, prodigios y signos que todos conocen, Veía sin cesar al Señor delante de mí, porque él está a mi derecha para que yo no vacile. 26 Por eso se alegra mi corazón y mi lengua canta llena de gozo. También mi cuerpo descansará en la esperanza, 27 porque tú no entregarás mi almaal Abismo, ni dejarás que tu servidor sufrala corrupción. 28 Tú me has hecho conocer los caminos de la vida y me llenarás de gozo en tu presencia. 29 Hermanos, permítanme decirles con toda franqueza
que el patriarca David murió y fue sepultado, y su tumba se conserva entre
nosotros hasta el día de hoy. 30 Pero como él era profeta, sabía que Dios le había
jurado que un descendiente suyo se sentaría en su trono. 31 Por eso
previó y anunció la resurrección del Mesías, cuando dijo que no fue
entregado al Abismo ni su cuerpo sufrió la corrupción. Dijo el Señor a mi
Señor: Siéntate a mi derecha, 35 hasta que ponga a
todos tus enemigos debajo de tus pies. 36 Por eso, todo el pueblo de Israel debe reconocer
que a ese Jesús que ustedes crucificaron, Dios lo ha hecho Señor y
Mesías". Las primeras conversiones 37 Al oír estas cosas, todos se conmovieron
profundamente, y dijeron a Pedro y a los otros Apóstoles: "Hermanos,
¿qué debemos hacer?". 38 Pedro les respondió: "Conviértanse y
háganse bautizar en el nombre de Jesucristo para que les sean perdonados los
pecados, y así recibirán el don del Espíritu Santo. 39 Porque la promesa ha
sido hecha a ustedes y a sus hijos, y a todos aquellos que están lejos:
a cuantos el Señor, nuestro Dios, quiera llamar". 40 Y con
muchos otros argumentos les daba testimonio y los exhortaba a que se pusieran
a salvo de esta generación perversa. 41 Los que recibieron su palabra se
hicieron bautizar; y ese día se unieron a ellos alrededor de tres mil. La primera comunidad cristiana 42 Todos se reunían asiduamente para escuchar la enseñanza
de los Apóstoles y participar en la vida común, en la fracción del pan y en
las oraciones. 43 Un santo temor se apoderó de todos ellos, porque los
Apóstoles realizaban muchos prodigios y signos. 44 Todos los creyentes se
mantenían unidos y ponían lo suyo en común: 45 vendían sus propiedades y sus
bienes, y distribuían el dinero entre ellos, según las necesidades de cada
uno. 46 Íntimamente unidos, frecuentaban a diario el Templo, partían el pan
en sus casas, y comían juntos con alegría y sencillez de corazón; 47 ellos
alababan a Dios y eran queridos por todo el pueblo. Y cada día, el Señor
acrecentaba la comunidad con aquellos que debían salvarse. La curación de un paralítico 3 1 En una
ocasión, Pedro y Juan subían al Templo para la oración de la tarde. 2 Allí
encontraron a un paralítico de nacimiento, que ponían diariamente junto a la
puerta del Templo llamada " Segundo discurso de Pedro 11 Como él no soltaba a Pedro y a Juan, todo el
pueblo, lleno de asombro, corrió hacia ellos, que estaban en el pórtico de
Salomón. 12 Al ver esto, Pedro dijo al pueblo: "Israelitas, ¿de qué se
asombran? ¿Por qué nos miran así, como si fuera por nuestro poder o por nuestra
santidad, que hemos hecho caminar a este hombre? 13 El Dios de Abraham, de
Isaac y de Jacob, el Dios de nuestros padres, glorificó a su servidor Jesús,
a quien ustedes entregaron, renegando de él delante de Pilato, cuando este
había resuelto ponerlo en libertad. 14 Ustedes renegaron del Santo y del
Justo, y pidiendo como una gracia la liberación de un homicida, 15 mataron al
autor de la vida. Pero Dios lo resucitó de entre los muertos, de lo cual
nosotros somos testigos. 16 Por haber creído en su Nombre, ese mismo Nombre
ha devuelto la fuerza al que ustedes ven y conocen. Esta fe que proviene de
él, es la que lo ha curado completamente, como ustedes pueden comprobar. 17
Ahora bien, hermanos, yo sé que ustedes obraron por ignorancia, lo mismo que
sus jefes. 18 Pero así, Dios cumplió lo que había anunciado por medio de
todos los profetas: que su Mesías debía padecer. 19 Por lo tanto, hagan penitencia y conviértanse,
para que sus pecados sean perdonados. 20 Así el Señor les concederá el tiempo
del consuelo y enviará a Jesús, el Mesías destinado para ustedes. 21 Él debe
permanecer en el cielo hasta el momento de la restauración universal, que
Dios anunció antiguamente por medio de sus santos profetas. 22 Moisés, en
efecto, dijo: El Señor Dios suscitará para ustedes, de entre sus hermanos,
un profeta semejante a mí, y ustedes obedecerán a todo lo que él les diga. 23
El que no escuche a ese profeta será excluido del pueblo. 24 Y todos los
profetas que han hablado a partir de Samuel, anunciaron también estos días.
25 Ustedes son los herederos de los profetas y de Pedro y Juan ante el Sanedrín 4 1
Mientras los Apóstoles hablaban al pueblo, se presentaron ante ellos los
sacerdotes, el jefe de los guardias del Templo y los saduceos, 2 irritados de
que predicaran y anunciaran al pueblo la resurrección de los muertos cumplida
en la persona de Jesús. 3 Estos detuvieron a los Apóstoles y los encarcelaron
hasta el día siguiente, porque ya era tarde. 4 Muchos de los que habían
escuchado 5 Al día siguiente, se reunieron en Jerusalén los
jefes de los judíos, los ancianos y los escribas, 6 con Anás, el Sumo
Sacerdote, Caifás, Juan, Alejandro y todos los miembros de las familias de
los sumos sacerdotes. 7 Hicieron comparecer a los Apóstoles y los
interrogaron: "¿Con qué poder o en nombre de quién ustedes hicieron
eso?". 8 Pedro, lleno del Espíritu Santo, dijo: "Jefes del pueblo y
ancianos, 9 ya que hoy se nos pide cuenta del bien que hicimos a un enfermo y
de cómo fue curado, 10 sepan ustedes y todo el pueblo de Israel: este hombre
está aquí sano delante de ustedes por el nombre de nuestro Señor Jesucristo
de Nazaret, al que ustedes crucificaron y Dios resucitó de entre los muertos.
11 Él es la piedra que ustedes, los constructores, han rechazado, y
ha llegado a ser la piedra angular. 12 Porque en ningún otro hay
salvación, ni existe bajo el cielo otro Nombre dado a los hombres, por el
cual podamos salvarnos". 13 Los miembros del Sanedrín estaban asombrados de
la seguridad con que Pedro y Juan hablaban, a pesar de ser personas poco
instruidas y sin cultura. Reconocieron que eran los que habían acompañado a
Jesús, 14 pero no podían replicarles nada, porque el hombre que había sido
curado estaba de pie, al lado de ellos. 15 Entonces les ordenaron salir del
Sanedrín y comenzaron a deliberar, 16 diciendo: "¿Qué haremos con estos
hombres? Porque no podemos negar que han realizado un signo bien patente, que
es notorio para todos los habitantes de Jerusalén. 21 Después de amenazarlos nuevamente, los dejaron en
libertad, ya que no sabían cómo castigarlos, por temor al pueblo que alababa
a Dios al ver lo que había sucedido. 22 El hombre milagrosamente curado tenía
más de cuarenta años. La primera persecución contra 23 Una vez en libertad, los Apóstoles regresaron
adonde estaban sus hermanos, y les contaron todo lo que les habían dicho los
sumos sacerdotes y los ancianos. 24 Al oírlos, todos levantaron la voz y
oraron a Dios unánimemente: "Señor, tú hiciste el cielo y la tierra, el
mar y todo lo que hay en ellos; 25 tú, por medio del Espíritu Santo, pusiste
estas palabras en labios de nuestro padre David, tu servidor: ¿Por qué se amotinan
las naciones y los pueblos hacen
vanos proyectos? 26 Los reyes de la
tierra se rebelaron y los príncipes se
aliaron contra el Señor y
contra su Ungido. 27 Porque realmente se aliaron en esta ciudad
Herodes y Poncio Pilato con las naciones paganas y los pueblos
de Israel, contra tu santo servidor Jesús, a quien tú has ungido. 28 Así
ellos cumplieron todo lo que tu poder y tu sabiduría habían determinado de
antemano. 29 Ahora, Señor, mira sus amenazas, y permite a tus servidores
anunciar tu Palabra con toda libertad: 30 extiende tu mano para que se
realicen curaciones, signos y prodigios en el nombre de tu santo servidor
Jesús". 31 Cuando terminaron de orar, tembló el lugar donde estaban
reunidos; todos quedaron llenos del Espíritu Santo y anunciaban decididamente
La comunión fraterna de bienes 32 La multitud de los creyentes tenía un solo
corazón y una sola alma. Nadie consideraba sus bienes como propios, sino que
todo era común entre ellos. 33 Los Apóstoles daban testimonio con mucho poder
de la resurrección del Señor Jesús y gozaban de gran estima. 34 Ninguno padecía
necesidad, porque todos los que poseían tierras o casas las vendían 35 y
ponían el dinero a disposición de los Apóstoles, para que se distribuyera a
cada uno según sus necesidades. 36 Y así José, llamado por los Apóstoles
Bernabé –que quiere decir hijo del consuelo– un levita nacido en Chipre 37
que poseía un campo, lo vendió, y puso el dinero a disposición de los
Apóstoles. El caso de Ananías y Safira 5 1 Un
hombre llamado Ananías, junto con su mujer, Safira, vendió una propiedad, 2 y
de acuerdo con ella, se guardó parte del dinero y puso el resto a disposición
de los Apóstoles. 3 Pedro le dijo: "Ananías, ¿por qué dejaste que
Satanás se apoderara de ti hasta el punto de engañar al Espíritu Santo,
guardándote una parte del dinero del campo? 4 ¿Acaso no eras dueño de
quedarte con él? Y después de venderlo, ¿no podías guardarte el dinero? ¿Cómo
se te ocurrió hacer esto? No mentiste a los hombres sino a Dios". 5 Al
oír estas palabras, Ananías cayó muerto. Un gran temor se apoderó de todos
los que se enteraron de lo sucedido. 6 Vinieron unos jóvenes, envolvieron su
cuerpo y lo llevaron a enterrar. 7 Unas tres horas más tarde, llegó su mujer,
completamente ajena a lo ocurrido. 8 Pedro le preguntó: "¿Es verdad que
han vendido el campo en tal suma?". Ella respondió: "Sí, en esa
suma". 9 Pedro le dijo: "¿Por qué se han puesto de acuerdo para
tentar así al Espíritu del Señor? Mira junto a la puerta las pisadas de los
que acaban de enterrar a tu marido; ellos también te van a llevar a ti".
10 En ese mismo momento, ella cayó muerta a sus pies; los jóvenes, al entrar,
la encontraron muerta, la llevaron y la enterraron junto a su marido. 11 Un
gran temor se apoderó entonces de toda Crecimiento de 12 Los Apóstoles hacían muchos signos y prodigios en
el pueblo. Todos solían congregarse unidos en un mismo espíritu, bajo el
pórtico de Salomón, 13 pero ningún otro se atrevía a unirse al grupo de los
Apóstoles, aunque el pueblo hablaba muy bien de ellos. 14 Aumentaba cada vez
más el número de los que creían en el Señor, tanto hombres como mujeres. 15 Y
hasta sacaban a los enfermos a las calles, poniéndolos en catres y camillas,
para que cuando Pedro pasara, por lo menos su sombra cubriera a alguno de
ellos. 16 La multitud acudía también de las ciudades vecinas a Jerusalén,
trayendo enfermos o poseídos por espíritus impuros, y todos quedaban curados. Arresto y liberación de los Apóstoles 17 Intervino entonces el Sumo Sacerdote con todos
sus partidarios, los de la secta de los saduceos. Llenos de envidia, 18
hicieron arrestar a los Apóstoles y los enviaron a la prisión pública. 19
Pero durante la noche, el Ángel del Señor abrió las puertas de la prisión y
los hizo salir. Luego les dijo: 20 "Vayan al Templo y anuncien al pueblo
todo lo que se refiere a esta nueva Vida". 21 Los Apóstoles, obedeciendo
la orden, entraron en el Templo en las primeras horas del día, y se pusieron
a enseñar. Los Apóstoles ante el Sanedrín Entre tanto, llegaron el Sumo Sacerdote y sus partidarios,
convocaron al Sanedrín y a todo el Senado del pueblo de Israel, y mandaron a
buscarlos a la cárcel. 22 Cuando llegaron los guardias a la prisión, no los
encontraron. Entonces volvieron y dijeron: 23 "Encontramos la prisión
cuidadosamente cerrada y a los centinelas de guardia junto a las puertas,
pero cuando las abrimos, no había nadie adentro". 24 Al oír esto, el
jefe del Templo y los sumos sacerdotes quedaron perplejos y no podían
explicarse qué había sucedido. 25 En ese momento llegó uno, diciendo:
"Los hombres que ustedes arrestaron, están en el Templo y enseñan al
pueblo". 26 El jefe de la guardia salió con sus hombres y
trajeron a los Apóstoles, pero sin violencia, por temor de ser apedreados por
el pueblo. 27 Los hicieron comparecer ante el Sanedrín, y el Sumo Sacerdote
les dijo: 28 "Nosotros les habíamos prohibido expresamente predicar en
ese Nombre, y ustedes han llenado Jerusalén con su doctrina. ¡Así quieren
hacer recaer sobre nosotros la sangre de ese hombre!". 29 Pedro, junto
con los Apóstoles, respondió: "Hay que obedecer a Dios antes que a los
hombres. 30 El Dios de nuestros padres ha resucitado a Jesús, al que ustedes
hicieron morir suspendiéndolo del patíbulo. La intervención de Gamaliel 34 Pero un fariseo, llamado Gamaliel, que era doctor
de Los del Sanedrín siguieron su consejo: 40 llamaron a
los Apóstoles, y después de hacerlos azotar, les prohibieron hablar en el
nombre de Jesús y los soltaron. 41 Los Apóstoles, por su parte, salieron del
Sanedrín, dichosos de haber sido considerados dignos de padecer por el nombre
de Jesús. 42 Y todos los días, tanto en el Templo como en las casas, no
cesaban de enseñar y de anunciar La institución de los Siete 6 1 En
aquellos días, como el número de discípulos aumentaba, los helenistas
comenzaron a murmurar contra los hebreos porque se desatendía a sus viudas en
la distribución diaria de los alimentos. 2 Entonces los Doce convocaron a
todos los discípulos y les dijeron: "No es justo que descuidemos el
ministerio de 7 Así El arresto de Esteban 8 Esteban, lleno de gracia y de poder, hacía grandes
prodigios y signos en el pueblo. 9 Algunos miembros de la sinagoga llamada
"de los Libertos", como también otros, originarios de Cirene, de
Alejandría, de Cilicia y de la provincia de Asia, se presentaron para
discutir con él. 10 Pero como no encontraban argumentos, frente a la
sabiduría y al espíritu que se manifestaba en su palabra, 11 sobornaron a
unos hombres para que dijeran que le habían oído blasfemar contra Moisés y
contra Dios. 12 Así consiguieron excitar al pueblo, a los ancianos y a los
escribas, y llegando de improviso, lo arrestaron y lo llevaron ante el
Sanedrín. 13 Entonces presentaron falsos testigos, que declararon: "Este
hombre no hace otra cosa que hablar contra el Lugar santo y contra El discurso de Esteban 7 1 El
Sumo Sacerdote preguntó a Esteban: "¿Es verdad lo que estos
dicen?". 2 Él respondió: "Hermanos y padres, escuchen: El Dios de
la gloria se apareció a nuestro padre Abraham, cuando aún estaba en 9 Los patriarcas, movidos por la envidia,
vendieron a su hermano José para que fuera llevado a Egipto. Pero Dios
estaba con él 10 y lo salvó de todas sus tribulaciones, le dio sabiduría,
y lo hizo grato al Faraón, rey de Egipto, el cual lo nombró gobernador de
su país y lo puso al frente de su casa real. 11 Luego sobrevino una
época de hambre y de extrema miseria en toda la tierra de Egipto y de
Canaán, y nuestros padres no tenían qué comer. 12 Jacob, al enterarse
de que en Egipto había trigo, decidió enviar allí a nuestros padres. Esta
fue la primera visita. 13 Cuando llegaron por segunda vez, José se dio a
conocer a sus hermanos, y el mismo Faraón se enteró del origen de José.
14 Este mandó llamar a su padre Jacob y a toda su familia, unas setenta y
cinco personas. 15 Jacob se radicó entonces en Egipto, y allí murió, lo
mismo que nuestros padres. 16 Sus restos fueron trasladados a Siquém y
sepultados en la tumba que Abraham había comprado por una suma de
dinero a los hijos de Emor, que habitaban en Siquém. 17 Al acercarse el tiempo en que debía cumplirse la
promesa que Dios había hecho a Abraham, el pueblo creció y se multiplicó en
Egipto, 18 hasta que vino un nuevo rey que no sabía nada acerca de
José. 19 Este rey, empleando la astucia contra nuestro pueblo, maltrató
a nuestros padres y los obligó a que abandonaran a sus hijos recién
nacidos para que no sobrevivieran. 20 En ese tiempo nació Moisés, que era
muy hermoso delante de Dios. Durante tres meses fue criado en la
casa de su padre, 21 y al ser abandonado, la hija del Faraón lo recogió y
lo crió como a su propio hijo. 22 Así Moisés fue iniciado en toda la sabiduría
de los egipcios y llegó a ser poderoso en palabras y obras. 23 Al cumplir cuarenta años, sintió un vivo deseo de
visitar a sus hermanos, los israelitas. 24 Y como vio que maltrataban
a uno de ellos salió en su defensa, y vengó al oprimido matando al
egipcio. 25 Moisés pensaba que sus hermanos iban a comprender que Dios,
por su intermedio, les daría la salvación. Pero ellos no lo entendieron así.
26 Al día siguiente sorprendió a dos israelitas que se estaban peleando y
trató de reconciliarlos, diciéndoles: "Ustedes son hermanos, ¿por qué se
hacen daño?". 27 Pero el que maltrataba a su compañero rechazó a
Moisés y le dijo: "¿Quién te ha nombrado jefe o árbitro nuestro? 28
¿Acaso piensas matarme como mataste ayer al egipcio?". 30 Al cabo de cuarenta años se le apareció un
ángel en el desierto del monte Sinaí, en la llama de una zarza ardiente.
31 Moisés quedó maravillado ante tal aparición y, al acercarse para ver
mejor, oyó la voz del Señor que le decía: 32 "Yo soy el Dios de
tus padres, el Dios de Abraham, de Isaac y de Jacob". Moisés,
atemorizado, no se atrevía a mirar. 33 Entonces el Señor le dijo: "Quítate
las sandalias porque estás pisando un lugar sagrado. 34 Yo he visto la
opresión de mi Pueblo que está en Egipto, he oído sus gritos de dolor, y por
eso he venido a librarlos. Ahora prepárate, porque he decidido enviarte a
Egipto". 35 Y a este Moisés, a quien ellos rechazaron
diciendo: ¿Quién te ha nombrado jefe o árbitro nuestro?, Dios lo envió
como jefe y libertador con la ayuda del ángel que se apareció en la zarza. 36
Él los liberó, obrando milagros y signos en Egipto, en el Mar Rojo y en
el desierto, durante cuarenta años. 37 Y este mismo Moisés dijo a los
israelitas: Dios suscitará de entre ustedes un profeta semejante a mí. 38
Y cuando el pueblo estaba congregado en el desierto, él hizo de
intermediario en el monte Sinaí, entre el ángel que le habló y nuestros
padres, y recibió las palabras de vida que luego nos comunicó. 39 Pero
nuestros padres no sólo se negaron a obedecerle, sino que lo rechazaron y, sintiendo
una gran nostalgia por Egipto, 40 dijeron a Aarón: "Fabrícanos
dioses que vayan al frente de nosotros, porque no sabemos qué le ha pasado a
ese Moisés, ese hombre que nos hizo salir de Egipto". 41 Entonces, fabricaron
un ternero de oro, ofrecieron un sacrificio al ídolo y festejaron la obra
de sus manos. 42 Pero Dios se apartó de ellos y los entregó al culto de los
astros, como está escrito en el libro de los Profetas: Israelitas, ¿acaso ustedes me
ofrecieron víctimas y sacrificios durante los cuarenta
años que estuvieron en el desierto? 43 Por el contrario,
llevaron consigo la carpa de Moloc y la
estrella del Dios Refán, esos ídolos que ustedes
fabricaron para adorarlos. Por eso yo los
deportaré más allá de Babilonia. 44 En el desierto, nuestros padres tenían 46 David, que gozó del favor de Dios, le pidió la
gracia de construir una Morada para el Dios de Jacob. 47 Pero
fue Salomón el que le edificó una casa, 48 si bien es cierto
que el Altísimo no habita en casas hechas por la mano del hombre. Así lo dice
el Profeta: 49 El cielo es mi
trono, y la tierra la tarima
de mis pies. ¿Qué casa me edificarán
ustedes,
dice el Señor, o dónde podrá estar mi
lugar de reposo? 50 ¿No fueron acaso mis
manos las que hicieron todas
las cosas? 51 ¡Hombres rebeldes, paganos de corazón y cerrados
a la verdad! Ustedes siempre resisten al Espíritu Santo y son iguales a sus
padres. 52 ¿Hubo algún profeta a quien ellos no persiguieran? Mataron a los
que anunciaban la venida del Justo, el mismo que acaba de ser traicionado y
asesinado por ustedes, 53 los que recibieron La lapidación de Esteban 54 Al oír esto, se enfurecieron y rechinaban los
dientes contra él. 55 Esteban, lleno del Espíritu Santo y con los ojos fijos en
el cielo, vio la gloria de Dios, y a Jesús, que estaba de pie a la derecha de
Dios. 56 Entonces exclamó: "Veo el cielo abierto y al Hijo del hombre de
pie a la derecha de Dios". 57 Ellos comenzaron a vociferar y, tapándose
los oídos, se precipitaron sobre él como un solo hombre; 58 y arrastrándolo
fuera de la ciudad, lo apedrearon. Los testigos se quitaron los mantos,
confiándolos a un joven llamado Saulo. 59 Mientras lo apedreaban, Esteban
oraba, diciendo: "Señor Jesús, recibe mi espíritu". 60 Después, poniéndose
de rodillas, exclamó en alta voz: "Señor, no les tengas en cuenta este
pecado". Y al decir esto, expiró. Nueva persecución contra 8 1 Saulo
aprobó la muerte de Esteban. Ese mismo día, se desencadenó una violenta
persecución contra Felipe en Samaría 4 Los que se habían dispersado iban por todas partes
anunciando Simón el mago 9 Desde hacía un tiempo, vivía en esa ciudad un
hombre llamado Simón, el cual con sus artes mágicas tenía deslumbrados a los
samaritanos y pretendía ser un gran personaje. 10 Todos, desde el más pequeño
al más grande, lo seguían y decían: "Este hombre es 14 Cuando los Apóstoles que estaban en Jerusalén
oyeron que los samaritanos habían recibido 18 Al ver que por la imposición de las manos de los
Apóstoles se confería el Espíritu Santo, Simón les ofreció dinero, 19
diciéndoles: "Les ruego que me den ese poder a mí también, para que
aquel a quien yo imponga las manos reciba el Espíritu Santo". 20 Pedro
le contestó: "Maldito sea tu dinero y tú mismo, porque has creído que el
don de Dios se compra con dinero. 21 Tú no tendrás ninguna participación en ese
poder, porque tu corazón no es recto a los ojos de Dios. 22 Arrepiéntete de
tu maldad y ora al Señor: quizá él te perdone este mal deseo de tu corazón,
23 porque veo que estás sumido en la amargura de la hiel y envuelto en los
lazos de la iniquidad". 24 Simón respondió: "Rueguen más bien
ustedes al Señor, para que no me suceda nada de lo que acabas de decir".
25 Y los Apóstoles, después de haber dado testimonio y predicado El bautismo de un etíope 26 El Ángel del Señor dijo a Felipe: "Levántate
y ve hacia el sur, por el camino que baja de Jerusalén a Gaza: es un camino
desierto". 27 Él se levantó y partió. Un eunuco etíope, ministro del tesoro
y alto funcionario de Candace, la reina de Etiopía, había ido en
peregrinación a Jerusalén 28 y se volvía, sentado en su carruaje, leyendo al
profeta Isaías. 29 El Espíritu dijo a Felipe: "Acércate y camina junto a
su carro". 30 Felipe se acercó y, al oír que leía al profeta Isaías, le
preguntó: "¿Comprendes lo que estás leyendo?". 31 Él respondió:
"¿Cómo lo puedo entender, si nadie me lo explica?". Entonces le
pidió a Felipe que subiera y se sentara junto a él. 32 El pasaje de Como oveja fue llevado
al matadero; y como cordero que no
se queja ante el que lo esquila, así él no abrió la
boca. 33 En su humillación,
le fue negada la justicia. ¿Quién podrá hablar de
su descendencia, ya que su vida es arrancada
de la tierra? 34 El etíope preguntó a Felipe: "Dime, por
favor, ¿de quién dice esto el Profeta? ¿De sí mismo o de algún otro?".
35 Entonces Felipe tomó la palabra y, comenzando por este texto de La vocación de Pablo 9 1 Saulo,
que todavía respiraba amenazas de muerte contra los discípulos del Señor, se
presentó al Sumo Sacerdote 2 y le pidió cartas para las sinagogas de Damasco,
a fin de traer encadenados a Jerusalén a los seguidores del Camino del Señor
que encontrara, hombres o mujeres. 3 Y mientras iba caminando, al acercarse a
Damasco, una luz que venía del cielo lo envolvió de improviso con su
resplandor. 4 Y cayendo en tierra, oyó una voz que le decía: "Saulo,
Saulo, ¿por qué me persigues?". 5 Él preguntó: "¿Quién eres tú,
Señor?". "Yo soy Jesús, a quien tú persigues, le respondió la voz.
6 Ahora levántate, y entra en la ciudad: allí te dirán qué debes hacer".
7 Los que lo acompañaban quedaron sin palabra, porque oían la voz, pero no
veían a nadie. 8 Saulo se levantó del suelo y, aunque tenía los ojos
abiertos, no veía nada. Lo tomaron de la mano y lo llevaron a Damasco. 9 Allí
estuvo tres días sin ver, y sin comer ni beber. El bautismo de Pablo 10 Vivía entonces en Damasco un discípulo llamado
Ananías, a quien el Señor dijo en una visión: "¡Ananías!". Él
respondió: "Aquí estoy, Señor". 11 El Señor le dijo: "Ve a la
calle llamada Recta, y busca en casa de Judas a un tal Saulo de Tarso. 12 Él
está orando, y ha visto en una visión a un hombre llamado Ananías, que
entraba y le imponía las manos para devolverle la vista". 13 Ananías
respondió: "Señor, oí decir a muchos que este hombre hizo un gran daño a
tus santos en Jerusalén. 14 Y ahora está aquí con plenos poderes de los jefes
de los sacerdotes para llevar presos a todos los que invocan tu Nombre".
15 El Señor le respondió: "Ve a buscarlo, porque es un instrumento
elegido por mí para llevar mi Nombre a todas las naciones, a los reyes y al
pueblo de Israel. 16 Yo le haré ver cuánto tendrá que padecer por mi Nombre".
17 Ananías fue a la casa, le impuso las manos y le dijo: "Saulo, hermano
mío, el Señor Jesús –el mismo que se te apareció en el camino– me envió a ti
para que recobres la vista y quedes lleno del Espíritu Santo". 18 En ese
momento, cayeron de sus ojos una especie de escamas y recobró la vista. Se
levantó y fue bautizado. 19 Después comió algo y recobró sus fuerzas. La permanencia de Pablo en Damasco Saulo permaneció algunos días con los discípulos que
vivían en Damasco, 20 y luego comenzó a predicar en las sinagogas que Jesús
es el Hijo de Dios. 21 Todos los que lo oían quedaban sorprendidos y decían:
"¿No es este aquel mismo que perseguía en Jerusalén a los que invocan
este Nombre, y que vino aquí para llevarlos presos ante los jefes de los
sacerdotes?". 22 Pero Saulo, cada vez con más vigor, confundía a los
judíos que vivían en Damasco, demostrándoles que Jesús es realmente el
Mesías. 23 Al cabo de un tiempo, los judíos se pusieron de acuerdo para
quitarle la vida, 24 pero Saulo se enteró de lo que tramaban contra él. Y
como los judíos vigilaban noche y día las puertas de la ciudad, para matarlo,
25 sus discípulos lo tomaron durante la noche, y lo descolgaron por el muro,
metido en un canasto. Pablo en Jerusalén 26 Cuando llegó a Jerusalén, trató de unirse a los discípulos,
pero todos le tenían desconfianza porque no creían que también él fuera un
verdadero discípulo. 27 Entonces Bernabé, haciéndose cargo de él, lo llevó
hasta donde se encontraban los Apóstoles, y les contó en qué forma Saulo
había visto al Señor en el camino, cómo le había hablado, y con cuánta
valentía había predicado en Damasco en el nombre de Jesús. 28 Desde ese
momento, empezó a convivir con los discípulos en Jerusalén y predicaba
decididamente en el nombre del Señor. 29 Hablaba también con los judíos de
lengua griega y discutía con ellos, pero estos tramaban su muerte. 30 Sus
hermanos, al enterarse, lo condujeron a Cesarea y de allí lo enviaron a
Tarso. 31 Pedro en Lida 32 Pedro, en una gira por todas las ciudades, visitó
también a los santos que vivían en Lida. 33 Allí encontró a un paralítico
llamado Eneas, que estaba postrado en cama desde hacía ocho años. 34 Pedro le
dijo: "Eneas, Jesucristo te devuelve la salud: levántate, y arregla tú
mismo la cama". Él se levantó en seguida, 35 y al verlo, todos los
habitantes de Lida y de la llanura de Sarón se convirtieron al Señor. Pedro en Jope 36 Entre los discípulos de Jope había una mujer
llamada Tabitá, que quiere decir "gacela". Pasaba su vida haciendo
el bien y repartía abundantes limosnas. 37 Pero en esos días se enfermó y
murió. Después de haberla lavado, la colocaron en la habitación de arriba. 38
Como Lida está cerca de Jope, los discípulos, enterados de que Pedro estaba
allí, enviaron a dos hombres para pedirle que acudiera cuanto antes. 39 Pedro
salió en seguida con ellos. Apenas llegó, lo llevaron a la habitación de arriba.
Todas las viudas lo rodearon y, llorando, le mostraban las túnicas y los
abrigos que les había hecho Tabitá cuando vivía con ellas. 40 Pedro hizo
salir a todos afuera, se puso de rodillas y comenzó a orar. Volviéndose luego
hacia el cadáver, dijo: "Tabitá, levántate". Ella abrió los ojos y,
al ver a Pedro, se incorporó. 41 Él la tomó de la mano y la hizo levantar.
Llamó entonces a los hermanos y a las viudas, y se la devolvió con vida. 42
La noticia se extendió por toda la ciudad de Jope, y muchos creyeron en el
Señor. 43 Pedro permaneció algún tiempo en Jope, en la casa de un curtidor
llamado Simón. El centurión Cornelio 10 1 Había
en Cesarea un hombre llamado Cornelio, centurión de la cohorte itálica. 2 Era
un hombre piadoso y temeroso de Dios, lo mismo que toda su familia; hacía
abundantes limosnas al pueblo y oraba a Dios sin cesar. 3 Este hombre tuvo
una visión: un día, cerca de las tres de la tarde, vio claramente al Ángel de
Dios que entraba en su casa y le decía: "Cornelio". 4 Este lo miró
lleno de temor, y le preguntó: "¿Qué quieres de mí, Señor?". El
Ángel le dijo: "Tus oraciones y tus limosnas han llegado hasta Dios y él
se ha acordado de ti. 5 Envía ahora algunos hombres a Jope en busca de Simón,
llamado Pedro, 6 que se hospeda en la casa de un tal Simón, un curtidor que
vive a la orilla del mar". 7 En cuanto el Ángel se alejó, Cornelio llamó
a dos de sus servidores y a un soldado piadoso de los que estaban a sus
órdenes. 8 Después de haberles contado lo sucedido, los envió a Jope. La visión de Pedro 9 Al día siguiente, mientras estos se acercaban a la
ciudad, Pedro, alrededor del mediodía, subió a la terraza para orar. 10 Como
sintió hambre, pidió de comer. Mientras le preparaban la comida, cayó en
éxtasis y tuvo una visión: 11 vio que el cielo se abría y que bajaba a la
tierra algo parecido a un gran mantel, sostenido de sus cuatro puntas. 12
Dentro de él había toda clase de cuadrúpedos, reptiles y aves del cielo. 13 Y
oyó una voz que le decía: "Vamos, Pedro, mata y come". 14 Pero Pedro
respondió: "De ninguna manera, Señor, yo nunca he comido nada manchado
ni impuro". 15 La voz le habló de nuevo, diciendo: "No consideres
manchado lo que Dios purificó". 16 Esto se repitió tres veces, y luego,
todo fue llevado otra vez al cielo. 17 Mientras Pedro, desconcertado, se
preguntaba qué podía significar la visión que acababa de tener, llegaron los
hombres enviados por Cornelio. Estos averiguaron dónde vivía Simón y se
presentaron ante la puerta de la casa. 18 Golpearon y preguntaron si se
hospedaba allí Simón, llamado Pedro. 19 Como Pedro seguía reflexionando sobre
el significado de la visión, el Espíritu Santo le dijo: "Allí hay tres
hombres que te buscan. 20 Baja y no dudes en irte con ellos, porque soy yo
quien los he enviado". 21 Pedro bajó y se acercó a ellos, diciendo:
"Yo soy el que ustedes buscan. ¿Para qué vinieron?". 22 Ellos
respondieron: "El centurión Cornelio, hombre justo y temeroso de Dios,
que goza de la estima de todos los judíos, recibió de un ángel de Dios la
orden de conducirte a su casa para escuchar tus palabras". 23 Entonces
Pedro los hizo pasar y les ofreció hospedaje. Al día siguiente, se puso en
camino con ellos, acompañado por unos hermanos de la ciudad de Jope. Pedro en Cesarea 24 Al otro día, llegaron a Cesarea. Cornelio los
esperaba, y había reunido a su familia y a sus amigos íntimos. 25 Cuando
Pedro entró, Cornelio fue a su encuentro y se postró a sus pies. 26 Pero
Pedro lo hizo levantar, diciéndole: "Levántate, porque yo no soy más que
un hombre". 27 Y mientras seguía conversando con él, entró y se encontró
con un grupo numeroso de personas, que estaban reunidas allí. 28 Dirigiéndose
a ellas, les dijo: "Ustedes saben que está prohibido a un judío tratar
con un extranjero o visitarlo. Pero Dios acaba de mostrarme que no hay que considerar
manchado o impuro a ningún hombre. 29 Por eso, cuando ustedes me llamaron,
vine sin dudar. Y ahora quisiera saber para qué me llamaron". 30
Cornelio le respondió: "Hace tres días me encontraba orando en mi casa,
alrededor de las tres de la tarde, cuando se me apareció un hombre con
vestiduras resplandecientes, 31 y me dijo: "Cornelio, tu oración ha sido
escuchada y Dios se ha acordado de tus limosnas. 32 Manda a buscar a Simón,
llamado Pedro, que está en Jope, a la orilla del mar, en la casa de Simón el
curtidor". 33 En seguida te mandé a buscar y has hecho bien en venir.
Ahora estamos reunidos delante de Dios, para escuchar lo que el Señor te ha
mandado decirnos". Discurso de Pedro 34 Entonces Pedro, tomando la palabra, dijo:
"Verdaderamente, comprendo que Dios no hace acepción de personas, 35 y
que en cualquier nación, todo el que lo teme y practica la justicia es
agradable a él. 36 Él envió su Palabra a los israelitas, anunciándoles El bautismo de los primeros paganos 44 Mientras Pedro estaba hablando, el Espíritu Santo
descendió sobre todos los que escuchaban El informe de Pedro a 11 1 Los
Apóstoles y los hermanos de Judea se enteraron de que también los paganos
habían recibido La fundación de 19 Mientras tanto, los que se habían dispersado
durante la persecución que se desató a causa de Esteban, llegaron hasta
Fenicia, Chipre y Antioquía, y anunciaban Bernabé y Pablo en Jerusalén 27 En esos días, unos profetas llegaron de Jerusalén
a Antioquía. 28 Uno de ellos, llamado Agabo, movido por el Espíritu, se
levantó y anunció que el hambre asolaría toda la tierra. Esto ocurrió bajo el
reinado de Claudio. 29 Los discípulos se decidieron a enviar una ayuda a los
hermanos de Judea, cada uno según sus posibilidades. 30 Y así lo hicieron,
remitiendo las limosnas a los presbíteros por intermedio de Bernabé y de
Saulo. La persecución de Herodes y el arresto de Pedro 12 1 Por
aquel entonces, el rey Herodes hizo arrestar a algunos miembros de La liberación milagrosa de Pedro 6 La noche anterior al día en que Herodes pensaba
hacerlo comparecer, Pedro dormía entre dos soldados, atado con dos cadenas, y
los otros centinelas vigilaban la puerta de la prisión. 7 De pronto, apareció
el Ángel del Señor y una luz resplandeció en el calabozo. El Ángel sacudió a
Pedro y lo hizo levantar, diciéndole: "¡Levántate rápido!". Entonces
las cadenas se le cayeron de las manos. 8 El Ángel le dijo: "Tienes que
ponerte el cinturón y las sandalias", y Pedro lo hizo. Después le dijo:
"Cúbrete con el manto y sígueme". 9 Pedro salió y lo seguía; no se
daba cuenta de que era cierto lo que estaba sucediendo por intervención del
Ángel, sino que creía tener una visión. 10 Pasaron así el primero y el
segundo puesto de guardia, y llegaron a la puerta de hierro que daba a la
ciudad. La puerta se abrió sola delante de ellos. Salieron y anduvieron hasta
el extremo de una calle, y en seguida el Ángel se alejó de él. 11 Pedro, volviendo en sí, dijo: "Ahora sé que
realmente el Señor envió a su Ángel y me libró de las manos de Herodes y de
todo cuanto esperaba el pueblo judío". 12 Y al advertir lo que le había
sucedido, se dirigió a la casa de María, la madre de Juan, llamado Marcos,
donde un grupo numeroso se hallaba reunido en oración. 13 Cuando golpeó a la
puerta de calle, acudió una sirvienta llamada Rosa; 14 esta, al reconocer su
voz, se alegró tanto, que en lugar de abrir, entró corriendo a anunciar que
Pedro estaba en la puerta. 15 "Estás loca", le respondieron. Pero
ella insistía que era verdad. Ellos le dijeron: "Será su ángel". 16
Mientras tanto, Pedro seguía llamando. Cuando abrieron y vieron que era él,
no salían de su asombro. 17 Pedro les hizo señas con la mano para que se
callaran, y les relató cómo el Señor lo había sacado de la cárcel, añadiendo:
"Hagan saber esto a Santiago y a los hermanos". Y saliendo de allí,
se fue a otro lugar. 18 Cuando amaneció, se produjo un gran alboroto
entre los soldados, porque no podían explicarse qué había pasado con Pedro.
19 Herodes lo hizo buscar, pero como no lo encontraron, después de haber
interrogado a los guardias, dio orden de ejecutarlos. Luego descendió de
Judea a Cesarea, y permaneció allí. La muerte de Herodes 20 Herodes estaba en grave conflicto con los
habitantes de Tiro y Sidón. Estos se pusieron de acuerdo para ir a verlo, y después
de haberse conquistado a Blasto, el camarero del rey, solicitaron la
reconciliación, ya que importaban sus víveres del territorio del rey. 21 El
día fijado, Herodes se sentó en su trono con la vestidura real y les dirigió
la palabra. 22 El pueblo comenzó a gritar: "¡Es un dios el que habla, no
un hombre!". 23 Pero en ese mismo instante, el Ángel del Señor lo hirió,
por no haber dado gloria a Dios, y Herodes murió carcomido por los gusanos. El regreso de Bernabé y Pablo a Antioquía 24 Mientras tanto, Los primeros pasos
habían sido dados. Era un hecho que La comunidad cristiana
de Antioquía de Siria, fundada por misioneros anónimos procedentes de
Jerusalén, se convierte en el centro de expansión de De allí partieron los
tres grandes viajes misioneros de Pablo –el prototipo del evangelizador– y
allí volvió el Apóstol al término de sus viajes, con excepción del último,
que concluyó en Jerusalén. Estas "misiones" no fueron obra de la
improvisación, sino que respondieron a un proyecto bien definido. De ellas
nacieron varias de las Iglesias a las que Pablo dirigiría después algunas de
sus célebres Cartas. Y en ellas se pone de manifiesto toda la dinámica
universalista, anunciada por los Profetas e impulsada por el Espíritu de
Pentecostés. La misma dinámica que da a EL PRIMER VIAJE
MISIONERO DE PABLO "Saulo, llamado
también Pablo" (13. 9) realiza su primer viaje misionero entre los
años 45 y 48, acompañado de Bernabé y con la colaboración inicial de Juan
Marcos, el autor del segundo Evangelio. La primera etapa de este viaje fue la
isla de Chipre, de donde era originario Bernabé (4. 36). Luego Pablo se
interna en Asia Menor, y en la sinagoga de Antioquía de Pisidia pronuncia un
discurso que, junto con los discursos "kerygmáticos" de Pedro, es
considerado el modelo del anuncio del Evangelio a los judíos. Pero la reacción
adversa de estos inclina a Pablo a dirigirse preferentemente a los paganos.
El autor del Libro destaca la alegría con que ellos reciben La misión de Pablo y Bernabé 13 1 En El mago Elimas 6 Recorrieron toda la isla y llegaron hasta Pafos,
donde encontraron a un mago judío llamado Barjesús, que se hacía pasar por
profeta 7 y estaba vinculado al procónsul Sergio Pablo, hombre de gran
prudencia. Este hizo llamar a Bernabé y a Saulo, porque deseaba escuchar La llegada a Antioquía de Pisidia 13 Desde Pafos, donde se embarcaron, Pablo y sus
compañeros llegaron a Perge de Panfilia. Juan se separó y volvió a Jerusalén,
14 pero ellos continuaron su viaje, y de Perge fueron a Antioquía de Pisidia.
El sábado entraron en la sinagoga y se sentaron. 15 Después de la lectura de Discurso de Pablo 16 Entonces Pablo se levantó y, pidiendo silencio
con un gesto, dijo: "Escúchenme, israelitas y todos los que temen a
Dios. 17 El Dios de este Pueblo, el Dios de Israel, eligió a nuestros padres
y los convirtió en un gran Pueblo, cuando todavía vivían como extranjeros en
Egipto. Luego, con el poder de su brazo, los hizo salir de allí 18 y los
cuidó durante cuarenta años en el desierto. 19 Después, en el
país de Canaán, destruyó a siete naciones y les dio en posesión sus
tierras, 20 al cabo de unos cuatrocientos cincuenta años. A continuación, les
dio Jueces hasta el profeta Samuel. 21 Pero ellos pidieron un rey y Dios les
dio a Saúl, hijo de Quis, de la tribu de Benjamín, por espacio de cuarenta
años. 22 Y cuando Dios desechó a Saúl, les suscitó como rey a David, de quien
dio este testimonio: He encontrado en David, el hijo de Jesé, a un
hombre conforme a mi corazón que cumplirá siempre mi voluntad. 23 De la
descendencia de David, como lo había prometido, Dios hizo surgir para Israel
un Salvador, que es Jesús. 24 Como preparación a su venida, Juan había
predicado un bautismo de penitencia a todo el pueblo de Israel. 25 Y al final
de su carrera, Juan decía: "Yo no soy el que ustedes creen, pero sepan
que después de mí viene aquel a quien yo no soy digno de desatar las
sandalias". 26 Hermanos, este mensaje de salvación está dirigido
a ustedes: los descendientes de Abraham y los que temen a Dios. 27 En efecto,
la gente de Jerusalén y sus jefes no reconocieron a Jesús, ni entendieron las
palabras de los profetas que se leen cada sábado, pero las cumplieron sin
saberlo, condenando a Jesús. 28 Aunque no encontraron nada en él que
mereciera la muerte, pidieron a Pilato que lo condenara. 29 Después de
cumplir todo lo que estaba escrito de él, lo bajaron del patíbulo y lo
pusieron en el sepulcro. 30 Pero Dios lo resucitó de entre los muertos 31 y
durante un tiempo se apareció a los que habían subido con él de Galilea a
Jerusalén, los mismos que ahora son sus testigos delante del pueblo. 32 Y nosotros les anunciamos a ustedes esta Buena
Noticia: la promesa que Dios hizo a nuestros padres, 33 fue cumplida por él
en favor de sus hijos, que somos nosotros, resucitando a Jesús, como está
escrito en el Salmo segundo: Tú eres mi Hijo; yo te he engendrado hoy.
34 Que Dios lo ha resucitado de entre los muertos y que no habrá de someterse
a la corrupción, es lo que el mismo Dios ha declarado diciendo: Cumpliré
las santas promesas hechas a David, aquellas que no pueden fallar. 35 Por
eso también dice en otro pasaje: No permitirás que tu Santo sufra la
corrupción. 36 Sin embargo, David, después de haber cumplido la voluntad
de Dios en su tiempo, murió, fue a reunirse con sus padres y sufrió la
corrupción. 37 Pero aquel a quien Dios resucitó no sufrió la
corrupción. 38 Ustedes deben saber que la remisión de los
pecados les ha sido anunciada por él. Y la justificación que ustedes no
podían alcanzar por 41 ¡Ustedes, los que
desprecian, llénense de estupor y
ocúltense! Porque en estos días
voy a realizar algo, que si alguien lo
contara no lo podrían
creer". Pablo y Bernabé entre los paganos 44 Casi toda la ciudad se reunió el sábado siguiente
para escuchar Yo te he establecido para ser la luz de las
naciones, para llevar la
salvación hasta los confines de
la tierra". 48 Al oír esto, los paganos, llenos de alegría,
alabaron La evangelización de Iconio 14 1 En
Iconio, Pablo y Bernabé entraron en la sinagoga de los judíos, como lo hacían
habitualmente, y predicaron de tal manera que un gran número de judíos y
paganos abrazaron la fe. 2 Pero los judíos que no creyeron, incitaron a los
paganos y los indispusieron en contra de los hermanos. Curación de un paralítico 8 Había en Listra un hombre que tenía las piernas
paralizadas. Como era tullido de nacimiento, nunca había podido caminar, 9 y
sentado, escuchaba hablar a Pablo. Este, mirándolo fijamente, vio que tenía
la fe necesaria para ser curado, 10 y le dijo en voz alta: "Levántate, y
permanece erguido sobre tus pies". Él se levantó de un salto y comenzó a
caminar. 11 Al ver lo que Pablo acababa de hacer, la multitud comenzó a
gritar en dialecto licaonio: "Los dioses han descendido hasta nosotros
en forma humana", 12 y daban a Bernabé el nombre de Júpiter, y a Pablo
el de Mercurio porque era el que llevaba la palabra. 13 El sacerdote del
templo de Júpiter que estaba a la entrada de la ciudad, trajo al atrio unos
toros adornados de guirnaldas y, junto con la multitud, se disponía a
sacrificarlos. 14 Cuando los apóstoles Pablo y Bernabé se enteraron de esto,
rasgaron sus vestiduras y se precipitaron en medio de la muchedumbre,
gritando: 15 "Amigos, ¿qué están haciendo? Nosotros somos seres humanos
como ustedes, y hemos venido a anunciarles que deben abandonar esos ídolos
para convertirse al Dios viviente que hizo el cielo y la tierra, el mar y
todo lo que hay en ellos. 16 En los tiempos pasados, él permitió que las
naciones siguieran sus propios caminos. 17 Sin embargo, nunca dejó de dar
testimonio de sí mismo, prodigando sus beneficios, enviando desde el cielo
lluvias y estaciones fecundas, dando el alimento y llenando de alegría los
corazones". 18 Pero a pesar de todo lo que dijeron, les costó mucho
impedir que la multitud les ofreciera un sacrificio. Fin de la misión de Pablo y Bernabé 19 Vinieron de Antioquía y de Iconio algunos judíos
que lograron convencer a la multitud. Entonces apedrearon a Pablo y,
creyéndolo muerto, lo arrastraron fuera de la ciudad. 20 Pero él se levantó
y, rodeado de sus discípulos, regresó a la ciudad. Al día siguiente, partió
con Bernabé rumbo a Derbe. 21 Después de haber evangelizado esta ciudad y
haber hecho numerosos discípulos, volvieron a Listra, a Iconio y a Antioquía
de Pisidia. 22 Confortaron a sus discípulos y los exhortaron a perseverar en
la fe, recordándoles que es necesario pasar por muchas tribulaciones para
entrar en el Reino de Dios. 23 En cada comunidad establecieron presbíteros, y
con oración y ayuno, los encomendaron al Señor en el que habían creído. 24
Atravesaron Pisidia y llegaron a Panfilia. 25 Luego anunciaron En Al término de esta
reunión, La controversia de Antioquía 15 1
Algunas personas venidas de Judea enseñaban a los hermanos que si no se
hacían circuncidar según el rito establecido por Moisés, no podían salvarse. La controversia de Jerusalén 4 Cuando llegaron a Jerusalén, fueron bien recibidos
por Discurso de Pedro 7 Al cabo de una prolongada discusión, Pedro se
levantó y dijo: "Hermanos, ustedes saben que Dios, desde los primeros
días, me eligió entre todos ustedes para anunciar a los paganos Discurso de Santiago 13 Cuando dejaron de hablar, Santiago tomó la
palabra, diciendo: "Hermanos, les ruego que me escuchen: 14 Simón les ha
expuesto cómo Dios dispuso desde el principio elegir entre las naciones
paganas, un Pueblo consagrado a su Nombre. 15 Con esto concuerdan las
palabras de los profetas que dicen: 16 Después de esto, yo
volveré y levantaré la choza
derruida de David; restauraré sus ruinas y
la reconstruiré, 17 para que el resto de
los hombres busque al Señor, lo mismo que todas las
naciones que llevan mi Nombre. Así dice el Señor, que da 19 Por eso considero que no se debe inquietar a los
paganos que se convierten a Dios, 20 sino que solamente se les debe escribir,
pidiéndoles que se abstengan de lo que está contaminado por los ídolos, de
las uniones ilegales, de la carne de animales muertos sin desangrar y de la
sangre. 21 Desde hace muchísimo tiempo, en efecto, Moisés tiene en cada ciudad
sus predicadores que leen La carta apostólica 22 Entonces los Apóstoles, los presbíteros y Los delegados de los Apóstoles en Antioquía 30 Los delegados, después de ser despedidos,
descendieron a Antioquía donde convocaron a la asamblea y le entregaron la
carta. 31 Esta fue leída y todos se alegraron por el aliento que les daba. 32
Judas y Silas, que eran profetas, exhortaron a sus hermanos y los
confirmaron, hablándoles largamente. 33 Al cabo de un tiempo, los hermanos
los enviaron nuevamente a la comunidad que los había delegado, despidiéndolos
en paz. 34 . 35 Pablo y Bernabé permanecieron en Antioquía, enseñando y
anunciando La separación de Pablo y Bernabé 36 Algún tiempo después, Pablo dijo a Bernabé:
"Volvamos a visitar a los hermanos que están en las ciudades donde ya
hemos anunciado Pablo y Timoteo 16 1 Pablo
llegó luego a Derbe y más tarde a Listra, donde había un discípulo llamado
Timoteo, hijo de una judía convertida a la fe y de padre pagano. 2 Timoteo
gozaba de buena fama entre los hermanos de Listra y de Iconio. 3 Pablo quería
llevarlo consigo, y por eso lo hizo circuncidar en consideración a los judíos
que había allí, ya que todo el mundo sabía que su padre era pagano. 4 Por las
ciudades donde pasaban, transmitían las decisiones tomadas en Jerusalén por
los Apóstoles y los presbíteros, recomendando que las observaran. 5 Así, las
Iglesias se consolidaban en la fe, y su número crecía día tras día. La travesía de Asia Menor 6 Como el Espíritu Santo les había impedido anunciar
La fundación de 11 Nos embarcamos en Tróade y fuimos derecho a
Samotracia, y al día siguiente a Neápolis. 12 De allí fuimos a Filipos,
ciudad importante de esta región de Macedonia y colonia romana. Pasamos
algunos días en esta ciudad, 13 y el sábado nos dirigimos a las afueras de la
misma, a un lugar que estaba a orillas del río, donde suponíamos que habría
un sitio para orar. Nos sentamos y dirigimos la palabra a las mujeres que se
habían reunido allí. 14 Había entre ellas una, llamada Lidia, negociante en
púrpura, de la ciudad de Tiatira, que adoraba a Dios. Mientras escuchaba, el
Señor le abrió el corazón para que aceptara las palabras de Pablo. 15 Después
de bautizarse, junto con su familia, nos pidió: "Si ustedes consideran
que he creído verdaderamente en el Señor, vengan a alojarse en mi casa";
y nos obligó a hacerlo. La adivina de Filipos 16 Un día, mientras nos dirigíamos al lugar de
oración, nos salió al encuentro una muchacha poseída de un espíritu de adivinación,
que daba mucha ganancia a sus patrones adivinando la suerte. 17 Ella comenzó
a seguirnos, a Pablo y a nosotros, gritando: "Esos hombres son los
servidores del Dios Altísimo, que les anuncian a ustedes el camino de la
salvación". 18 Así lo hizo durante varios días, hasta que al fin Pablo
se cansó y, dándose vuelta, dijo al espíritu: "Yo te ordeno en nombre de
Jesucristo que salgas de esta mujer", y en ese mismo momento el espíritu
salió de ella. El arresto de Pablo y de Silas 19 Pero sus patrones, viendo desvanecerse las
esperanzas de lucro, se apoderaron de Pablo y de Silas, los arrastraron hasta
la plaza pública ante las autoridades, 20 y llevándolos delante de los
magistrados, dijeron: "Esta gente está sembrando la confusión en nuestra
ciudad. Son unos judíos 21 que predican ciertas costumbres que nosotros, los
romanos, no podemos admitir ni practicar". 22 La multitud se amotinó en
contra de ellos, y los magistrados les hicieron arrancar la ropa y ordenaron
que los azotaran. 23 Después de haberlos golpeado despiadadamente, los
encerraron en la prisión, ordenando al carcelero que los vigilara con mucho
cuidado. 24 Habiendo recibido esta orden, el carcelero los encerró en una
celda interior y les sujetó los pies en el cepo. La conversión del carcelero 25 Cerca de la medianoche, Pablo y Silas oraban y
cantaban las alabanzas de Dios, mientras los otros prisioneros los
escuchaban. 26 De pronto, la tierra comenzó a temblar tan violentamente que
se conmovieron los cimientos de la cárcel, y en un instante, todas las
puertas se abrieron y las cadenas de los prisioneros se soltaron. 27 El
carcelero se despertó sobresaltado y, al ver abiertas las puertas de la
prisión, desenvainó su espada con la intención de matarse, creyendo que los
prisioneros se habían escapado. 28 Pero Pablo le gritó: "No te hagas
ningún mal, estamos todos aquí". 29 El carcelero pidió unas antorchas,
entró precipitadamente en la celda y, temblando, se echó a los pies de Pablo
y de Silas. 30 Luego los hizo salir y les preguntó: "Señores, ¿qué debo
hacer para alcanzar la salvación?". 31 Ellos le respondieron: "Cree
en el Señor Jesús y te salvarás, tú y toda tu familia". 32 En seguida le
anunciaron La liberación de Pablo y de Silas 35 Cuando amaneció, los magistrados enviaron a los
inspectores para que dijeran al carcelero: "Deja en libertad a esos
hombres". 36 El carcelero comunicó entonces a Pablo: "Los
magistrados me mandan decir que los deje en libertad; por lo tanto, salgan y
vayan en paz". 37 Pero Pablo respondió a los inspectores: "Ellos
nos hicieron azotar públicamente sin juicio previo, a nosotros que somos
ciudadanos romanos, y nos pusieron en la cárcel. ¡Y ahora nos quieren hacer
salir a escondidas! ¡De ninguna manera! Que vengan ellos en persona a
dejarnos en libertad". 38 Los inspectores repitieron estas palabras a
los magistrados; estos, al enterarse de que eran ciudadanos romanos, se
asustaron 39 y fueron a tratar amigablemente con ellos. Luego los pusieron en
libertad y los invitaron a alejarse de la ciudad. 40 Cuando salieron de la
prisión, Pablo y Silas fueron a la casa de Lidia, donde volvieron a ver a los
hermanos y los exhortaron. Después partieron. Dificultades de Pablo con los judíos de Tesalónica 17 1
Atravesaron Anfípolis y Apolonia, y llegaron a Tesalónica, donde los judíos
tenían una sinagoga. 2 Pablo, como de costumbre, se dirigió a ellos y
discutió durante tres sábados, basándose en Nuevas dificultades de Pablo en Berea 10 Esa misma noche, los hermanos hicieron partir a
Pablo y a Silas hacia Berea. En cuanto llegaron, se dirigieron a la sinagoga
de los judíos. 11 Como estos eran mejores que los de Tesalónica, acogieron Pablo en Atenas 16 Mientras los esperaba en Atenas, Pablo sentía que
la indignación se apoderaba de él, al contemplar la ciudad llena de ídolos.
17 Discutía en la sinagoga con los judíos y con los que adoraban a Dios, y
también lo hacía diariamente en la plaza pública con los que pasaban por allí.
18 Incluso, algunos filósofos epicúreos y estoicos dialogaban con él. Algunos
comentaban: "¿Qué estará diciendo este charlatán?", y otros:
"Parece ser un predicador de divinidades extranjeras", porque Pablo
anunciaba a Jesús y la resurrección. 19 Entonces lo llevaron con ellos al
Areópago y le dijeron: "¿Podríamos saber en qué consiste la nueva
doctrina que tú enseñas? 20 Las cosas que nos predicas nos parecen extrañas y
quisiéramos saber qué significan". 21 Porque todos los atenienses y los
extranjeros que residían allí, no tenían otro pasatiempo que el de transmitir
o escuchar la última novedad. Discurso de Pablo en el Areópago 22 Pablo, de pie, en medio del Areópago, dijo:
"Atenienses, veo que ustedes son, desde todo punto de vista, los más
religiosos de todos los hombres. 23 En efecto, mientras me paseaba mirando
los monumentos sagrados que ustedes tienen, encontré entre otras cosas un
altar con esta inscripción: "Al dios desconocido". Ahora, yo vengo
a anunciarles eso que ustedes adoran sin conocer. 24 El Dios que ha hecho el
mundo y todo lo que hay en él no habita en templos hechos por manos de
hombre, porque es el Señor del cielo y de la tierra. 25 Tampoco puede ser
servido por manos humanas como si tuviera necesidad de algo, ya que él da a
todos la vida, el aliento y todas las cosas. 26 Él hizo salir de un solo
principio a todo el género humano para que habite sobre toda la tierra, y
señaló de antemano a cada pueblo sus épocas y sus fronteras, 27 para que
ellos busquen a Dios, aunque sea a tientas, y puedan encontrarlo. Porque en
realidad, él no está lejos de cada uno de nosotros. 28 En efecto, en él
vivimos, nos movemos y existimos, como muy bien lo dijeron algunos poetas de
ustedes: "Nosotros somos también de su raza". 29 Y si nosotros somos
de la raza de Dios, no debemos creer que la divinidad es semejante al oro, la
plata o la piedra, trabajados por el arte y el genio del hombre. 30 Pero ha
llegado el momento en que Dios, pasando por alto el tiempo de la ignorancia,
manda a todos los hombres, en todas partes, que se arrepientan. 31 Porque él
ha establecido un día para juzgar al universo con justicia, por medio de un
Hombre que él ha destinado y acreditado delante de todos, haciéndolo
resucitar de entre los muertos". 32 Al oír las palabras "resurrección
de los muertos", unos se burlaban y otros decían: "Otro día te
oiremos hablar sobre esto". 33 Así fue cómo Pablo se alejó de ellos. 34
Sin embargo, algunos lo siguieron y abrazaron la fe. Entre ellos, estaban
Dionisio el Areopagita, una mujer llamada Dámaris y algunos otros. La fundación de 18 1
Después de esto, Pablo dejó Atenas y fue a Corinto. 2 Allí encontró a un
judío llamado Aquila, originario del Ponto, que acababa de llegar de Italia
con su mujer Priscila, a raíz de un edicto de Claudio que obligaba a todos
los judíos a salir de Roma. Pablo fue a verlos, 3 y como ejercía el mismo
oficio, se alojó en su casa y trabajaba con ellos haciendo tiendas de
campaña. 4 Todos los sábados, Pablo discutía en la sinagoga y trataba de persuadir
tanto a los judíos como a los paganos. 5 Cuando Silas y Timoteo llegaron de
Macedonia, Pablo se dedicó por entero a la predicación de Pablo ante el procónsul Galión 12 Durante el gobierno del procónsul Galión en
Acaya, los judíos se confabularon contra Pablo y lo condujeron ante el
tribunal, 13 diciendo: "Este hombre induce a la gente a que adore a Dios
de una manera contraria a El regreso de Pablo a Antioquía 18 Pablo permaneció todavía un cierto tiempo en
Corinto. Después se despidió de sus hermanos y se embarcó hacia Siria en
compañía de Priscila y de Aquila. En Cencreas, a raíz de un voto que había
hecho, se hizo cortar el cabello. 19 Cuando llegaron a Éfeso, Pablo se separó
de sus compañeros para ir a la sinagoga y dialogar con los judíos. 20 Estos
le rogaron que se quedara más tiempo, pero Pablo no accedió, 21 sino que se
despidió de ellos, diciéndoles: "Volveré otra vez, si Dios quiere".
Y partió de Éfeso. 22 Desembarcó en Cesarea, subió para saludar a EL TERCER VIAJE
MISIONERO DE PABLO La fundación de Comienzo del viaje 23 Después de haber permanecido un tiempo allí,
partió de nuevo y recorrió sucesivamente la región de Galacia y La actividad de Apolo en Éfeso y en Corinto 24 Un judío llamado Apolo, originario de Alejandría,
había llegado a Éfeso. Era un hombre elocuente y muy versado en las
Escrituras. 25 Había sido iniciado en el Camino del Señor y, lleno de fervor,
exponía y enseñaba con precisión lo que se refiere a Jesús, aunque no conocía
otro bautismo mas que el de Juan. 26 Comenzó a hablar con decisión en la
sinagoga. Después de oírlo, Priscila y Aquila lo llevaron con ellos y le
explicaron más exactamente el Camino de Dios. 27 Como él pensaba ir a Acaya,
los hermanos lo alentaron, y escribieron a los discípulos para que lo
recibieran de la mejor manera posible. Desde que llegó a Corinto fue de gran
ayuda, por la gracia de Dios, para aquellos que habían abrazado la fe, 28
porque refutaba vigorosamente a los judíos en público, demostrando por medio
de las Escrituras que Jesús es el Mesías. Los discípulos de Juan el Bautista en Éfeso 19 1
Mientras Apolo permanecía en Corinto, Pablo, atravesando la región interior,
llegó a Éfeso. Allí encontró a algunos discípulos 2 y les preguntó:
"Cuando ustedes abrazaron la fe, ¿recibieron el Espíritu Santo?".
Ellos le dijeron: "Ni siquiera hemos oído decir que hay un Espíritu
Santo". 3 "Entonces, ¿qué bautismo recibieron?", les preguntó
Pablo. "El de Juan", respondieron. 4 Pablo les dijo: "Juan
bautizaba con un bautismo de penitencia, diciendo al pueblo que creyera en el
que vendría después de él, es decir, en Jesús". 5 Al oír estas palabras,
ellos se hicieron bautizar en el nombre del Señor Jesús. 6 Pablo les impuso
las manos, y descendió sobre ellos el Espíritu Santo. Entonces comenzaron a
hablar en distintas lenguas y a profetizar. 7 Eran en total unos doce
hombres. La fundación de 8 Pablo fue luego a la sinagoga y durante tres meses
predicó abiertamente, hablando sobre el Reino de Dios y tratando de persuadir
a sus oyentes. 9 Pero como algunos se obstinaban y se negaban a creer,
denigrando el Camino del Señor delante de la asamblea, Pablo rompió con
ellos. Luego tomó aparte a sus discípulos y dialogaba diariamente en la
escuela de Tirano. 10 Así lo hizo durante dos años, de modo que todos los
habitantes de la provincia de Asia, judíos y paganos, tuvieron ocasión de
escuchar Los exorcistas judíos 11 Por intermedio de Pablo, Dios realizaba milagros
poco comunes, 12 hasta tal punto que al aplicarse sobre los enfermos pañuelos
o lienzos que habían tocado el cuerpo de Pablo, aquellos se curaban y
quedaban libres de los malos espíritus. 13 Algunos exorcistas ambulantes
judíos, hicieron la prueba de pronunciar el nombre del Señor Jesús sobre los
poseídos por los malos espíritus, diciendo: "Yo los conjuro por ese
Jesús que anuncia Pablo". 14 Un cierto Sevas, Sumo Sacerdote judío,
tenía siete hijos que practicaban estos exorcismos. 15 El espíritu malo les respondió:
"Yo conozco a Jesús y sé quién es Pablo, pero ustedes, ¿quiénes
son?". 16 Y el hombre poseído por el espíritu malo, abalanzándose sobre
los exorcistas, los dominó a todos y los maltrató de tal manera que debieron
escaparse de esa casa desnudos y cubiertos de heridas. 17 Todos los
habitantes de Éfeso, tanto judíos como paganos, se enteraron de este hecho y,
llenos de temor, glorificaban el nombre del Señor Jesús. 18 Muchos de los que
habían abrazado la fe venían a confesar abiertamente sus prácticas, 19 y un
buen número de los que se habían dedicado a la magia traían sus libros y los
quemaban delante de todos. Se estimó que el valor de estos libros alcanzaba a
unas cincuenta mil monedas de plata. 20 Así, por el poder del Señor, Los proyectos de Pablo 21 Después de esto, Pablo se propuso ir a Jerusalén
pasando por Macedonia y Acaya. "Primero iré allí, decía, y luego tendré
que ir también a Roma". 22 Envió a Macedonia a dos de sus colaboradores,
Timoteo y Erasto, y él permaneció en Asia un tiempo más. El motín de los orfebres de Éfeso 23 Fue entonces, cuando se produjeron graves
desórdenes a causa del Camino del Señor. 24 Un orfebre llamado Demetrio
fabricaba reproducciones en plata del templo de Diana, proporcionando así
abundante trabajo a los artesanos. 25 Demetrio los reunió, junto con los que
hacían trabajos similares, y les dijo: "Ustedes saben perfectamente que
nuestro bienestar depende de esta industria. 26 Pero ahora ustedes mismos ven
y oyen que no solamente en Éfeso, sino también en casi toda la provincia de
Asia, ese Pablo ha conquistado y seducido a mucha gente, pretendiendo que los
dioses fabricados por mano de hombre no son dioses. 27 De esa manera, no
solamente nuestra profesión está amenazada de caer en el descrédito, sino que
el templo mismo de la gran diosa Diana corre el riesgo de ser tenido por
nada, y aquella a quien adoran toda el Asia y el mundo entero, terminará por
quedar despojada de su prestigio". 28 Al oír estas palabras, la multitud
se enfureció y comenzó a gritar: "¡Viva la gran Diana de los
efesios!", 29 y se produjo un gran desorden en la ciudad. Todos
irrumpieron en el teatro, arrastrando a los macedonios Gayo y Aristarco,
compañeros de viaje de Pablo. 30 Pablo quería presentarse delante de la
asamblea, pero sus discípulos se lo impidieron. 31 Hasta algunos magistrados
de la ciudad, que eran amigos suyos, le rogaron que no se expusiera yendo al
teatro. 32 Todo el mundo gritaba al mismo tiempo, ya que la confusión reinaba
en la concurrencia, y la mayor parte ni siquiera sabía por qué se había
reunido. 33 Entonces hicieron salir de entre la multitud a Alejandro, a quien
los judíos empujaban hacia adelante. Este, pidiendo silencio con la mano,
quería dar una explicación a la asamblea. 34 Pero en cuanto advirtieron que
era un judío, todos se pusieron a gritar unánimemente durante dos horas:
"¡Viva la gran Diana de los efesios!". 35 Por fin, el secretario de
la ciudad consiguió calmar a la multitud, diciendo: "Efesios, ¿qué hombre
de este mundo ignora que la ciudad de Éfeso es la guardiana del templo de la
gran diosa Diana y de su estatua venida del cielo? 36 Siendo esta una verdad
innegable, deben quedarse tranquilos y no actuar apresuradamente. 37 Esos
hombres que ustedes trajeron, no han cometido ningún sacrilegio ni han dicho
ninguna blasfemia contra nuestra diosa. 38 Y si Demetrio y sus artesanos
tienen una queja contra alguien, para eso están los tribunales y los
procónsules ante quienes se pueden presentar las acusaciones. 39 Si ustedes tienen
que debatir algún otro asunto, se decidirá en la asamblea legal. 40 Porque
corremos el riesgo de ser acusados de sediciosos, a causa de lo que acaba de
suceder, ya que no tenemos ningún motivo para justificar este tumulto".
Y con estas palabras, disolvió la asamblea. Partida de Pablo hacia Grecia 20 1
Cuando cesó el tumulto, Pablo llamó a los discípulos y después de haberlos
exhortado, se despidió de ellos y partió hacia Macedonia. 2 Atravesó toda esa
región, exhortando vivamente a sus hermanos, y llegó a Grecia, 3 donde
permaneció tres meses. Cuando iba a embarcarse para Siria, los judíos
tramaron una conspiración contra él, y por eso, decidió volver por Macedonia.
4 Lo acompañaban Sópatro de Berea, hijo de Pirro; Aristarco y Segundo de
Tesalónica; Gayo de Derbe, Timoteo, y también Tíquico y Trófimo de la
provincia de Asia. 5 Estos se adelantaron y nos esperaron en Tróade. 6
Nosotros, partimos de Filipos por mar después de la fiesta de los panes
Ácimos, y cinco días más tarde, nos reunimos con ellos en Tróade donde
pasamos una semana. La visita de Pablo a Tróade 7 El primer día de la semana, cuando nos reunimos
para partir el pan, Pablo, que debía salir al día siguiente, dirigió la
palabra a la asamblea y su discurso se prolongó hasta la medianoche. 8 La
habitación donde nos habíamos reunido estaba muy iluminada. 9 Un muchacho
llamado Eutico, que se había sentado en el borde de la ventana, tenía mucho
sueño y se dormía mientras Pablo hablaba, hasta que, vencido por el sueño, se
cayó desde el tercer piso. Cuando lo levantaron, estaba muerto. 10 Pablo
bajó, se echó sobre él y, abrazándolo, dijo: "No se alarmen, porque está
vivo". 11 Volvió a subir, partió el pan y comió. Luego siguió hablando
mucho tiempo hasta el amanecer; y después salió. 12 En cuanto al muchacho, lo
llevaron a su casa con vida, y todos se sintieron muy reconfortados. El viaje desde Tróade a Mileto 13 Nosotros nos adelantamos en barco, navegando en
dirección a Asos, donde debíamos recoger a Pablo. Él lo había dispuesto así,
porque iba a hacer el viaje por tierra. 14 Cuando nos juntamos en Asos, Pablo
se embarcó con nosotros y nos dirigimos a Mitilene. 15 Partimos de allí al
día siguiente y llegamos frente a Quío. Al otro día, fuimos a Samos y,
después de hacer escala en Trogilio, al día siguiente llegamos a Mileto. 16
Pablo había decidido pasar de largo por Éfeso, para no retrasarse demasiado
en Asia. Estaba apurado porque, de ser posible, quería estar en Jerusalén el
día de Pentecostés. La despedida de Pablo a los presbíteros de Éfeso 17 Desde Mileto, mandó llamar a los presbíteros de 22 Y ahora, como encadenado por el Espíritu, voy a
Jerusalén sin saber lo que me sucederá allí. 23 Sólo sé que, de ciudad en
ciudad, el Espíritu Santo me va advirtiendo cuántas cadenas y tribulaciones
me esperan. 24 Pero poco me importa la vida, mientras pueda cumplir mi
carrera y la misión que recibí del Señor Jesús: la de dar testimonio de 32 Ahora los encomiendo al Señor y a El viaje de Pablo a Jerusalén 21 1
Después de separarnos de ellos, nos embarcamos y fuimos derecho a Cos; al día
siguiente, llegamos a Rodas y de allí pasamos a Pátara. 2 Como encontramos un
barco que iba a Fenicia, subimos a bordo y partimos. 3 Avistamos la isla de
Chipre y, dejándola a nuestra izquierda, seguimos navegando en dirección a
Siria, hasta que por fin, atracamos en el puerto de Tiro, donde el barco
debía descargar. 4 Allí encontramos a algunos discípulos y permanecimos una
semana con ellos. Estos, iluminados por el Espíritu, aconsejaban a Pablo que
no subiera a Jerusalén, 5 pero llegado el momento de partir, proseguimos
nuestro viaje. Todos nos acompañaron hasta las afueras de la ciudad, incluso
las mujeres y los niños. En la playa nos arrodillamos para orar, 6 y
habiéndonos despedido, nosotros subimos al barco y ellos se volvieron a sus
casas. 7 De Tiro fuimos a Tolemaida, poniendo así término a la travesía. Allí
saludamos a los hermanos y nos detuvimos un día con ellos. 8 Al día
siguiente, volvimos a partir y llegamos a Cesarea, donde fuimos a ver a
Felipe, el predicador del Evangelio, uno de los Siete, y nos alojamos en su
casa. 9 El tenía cuatro hijas solteras que profetizaban. 10 Permanecimos allí
muchos días, y durante nuestra estadía, bajó de Judea un profeta llamado
Agabo. 11 Este vino a vernos, tomó el cinturón de Pablo, se ató con él los
pies y las manos, y dijo: "El Espíritu Santo dice: Así atarán los judíos
en Jerusalén al dueño de este cinturón y lo entregarán a los paganos".
12 Al oír estas palabras, los hermanos del lugar y nosotros mismos rogamos a
Pablo que no subiera a Jerusalén. 13 Pablo respondió: "¿Por qué lloran
así y destrozan mi corazón? Yo estoy dispuesto, no solamente a dejarme
encadenar, sino también a morir en Jerusalén por el nombre del Señor
Jesús". 14 Y como no conseguíamos persuadirlo, no insistimos más y
dijimos: "Que se haga la voluntad del Señor". La llegada a Jerusalén 15 Algunos días después, terminados nuestros
preparativos, subimos a Jerusalén. 16 Iban con nosotros algunos discípulos de
Cesarea, que nos hicieron alojar en casa de un tal Mnasón de Chipre, un
discípulo de la primera hora. 17 Cuando llegamos a Jerusalén, los hermanos
nos recibieron con alegría. 18 Al día siguiente, Pablo fue con nosotros a
casa de Santiago, donde también se reunieron todos los presbíteros. 19
Después de saludarlos, Pablo expuso detalladamente todo lo que Dios había
hecho entre los paganos a través de su ministerio. 20 Ellos alabaron a Dios
por lo que acababan de oír, pero le advirtieron: "Tú sabes, hermano, que
millares de judíos han abrazado la fe, y que todos ellos son celosos
cumplidores de EL CAUTIVERIO DE
PABLO Y SU VIAJE A ROMA El último viaje
misionero de Pablo –a diferencia de los anteriores– no concluyó en Antioquía,
sino en Jerusalén. Allí fue detenido, en medio de un gran tumulto del pueblo,
y al apelar al Emperador, se lo envió a Roma, donde llegó después de una
accidentada travesía. Hacía mucho tiempo que el Apóstol deseaba ir a la
capital del Imperio (Rom. 15. 22-32), en la que ya existía una importante
comunidad cristiana. Al cabo de veinte años de constante actividad
apostólica, y ya en el ocaso de su vida, veía cumplido este deseo. Su
condición de prisionero no le impidió anunciar también allí, "con toda libertad, lo concerniente al Señor
Jesucristo" (28. 31). Así, desde Jerusalén hasta Roma, el Evangelio
había recorrido el mundo. El arresto de Pablo 27 Casi al final de los siete días, cuando los
judíos venidos de Asia vieron a Pablo en el Templo, amotinaron a la multitud
y se apoderaron de él, 28 gritando: "¡Socorro, israelitas! Este es el
hombre que predica a todos y en todas partes contra nuestro pueblo, contra Discurso de Pablo a los judíos de Jerusalén 22 1
"Hermanos y padres, les dijo, escuchen lo que hoy les voy a decir en mi
defensa". 2 Al oír que hablaba en hebreo, el silencio se hizo aún más
profundo. Pablo prosiguió: 3 "Yo soy judío, nacido en Tarso de Cilicia,
pero me he criado en esta ciudad y he sido iniciado a los pies de Gamaliel en
la estricta observancia de La ciudadanía romana de Pablo 22 Hasta aquí los judíos lo escucharon, pero al oír
estas palabras comenzaron a gritar diciendo: "¡Elimina a este hombre. No
merece vivir!". 23 Todos vociferaban, agitaban sus mantos y tiraban
tierra al aire. 24 El tribuno hizo entrar a Pablo en la fortaleza y ordenó
que lo azotaran para saber por qué razón gritaban así contra él. 25 Cuando lo
sujetaron con las correas, Pablo dijo al centurión de turno: "¿Les está
permitido azotar a un ciudadano romano sin haberlo juzgado?". 26 Al oír
estas palabras, el centurión fue a informar al tribuno: "¿Qué vas a
hacer?, le dijo. Este hombre es ciudadano romano". 27 El tribuno fue a
preguntar a Pablo: "¿Tú eres ciudadano romano?". Y él le respondió:
"Sí". 28 El tribuno prosiguió: "A mí me costó mucho dinero
adquirir esa ciudadanía". "En cambio, yo la tengo de
nacimiento", dijo Pablo. 29 Inmediatamente, se retiraron los que iban a
azotarlo, y el tribuno se alarmó al enterarse de que había hecho encadenar a
un ciudadano romano. 30 Al día siguiente, queriendo saber con exactitud de
qué lo acusaban los judíos, el tribuno le hizo sacar las cadenas, y
convocando a los sumos sacerdotes y a todo el Sanedrín, hizo comparecer a
Pablo delante de ellos. Pablo ante el Sanedrín 23 1 Con
los ojos fijos en el Sanedrín, Pablo dijo: "Hermanos, hasta hoy yo he
obrado con rectitud de conciencia delante de Dios". 2 Pero el Sumo
Sacerdote Ananías ordenó a sus asistentes que le pegaran en la boca. 3
Entonces Pablo replicó: "A ti te golpeará Dios, hipócrita. ¡Tú te
sientas allí para juzgarme según La conjuración de los judíos contra Pablo 12 Al amanecer, los judíos se confabularon y se
comprometieron bajo juramento a no comer ni beber, hasta no haber matado a
Pablo. 13 Los comprometidos en la conjuración eran más de cuarenta. 14 Fueron
al encuentro de los sumos sacerdotes y los ancianos, y les dijeron:
"Nosotros nos hemos comprometido bajo juramento a no probar nada antes
de haber matado a Pablo. 15 Pónganse de acuerdo con el Sanedrín, y propongan
al tribuno que lo haga comparecer delante de ustedes con el pretexto de
examinar más exactamente su causa; nosotros, por nuestra parte, estaremos
preparados para matarlo en el camino". 16 Pero un sobrino de Pablo, al
enterarse de la emboscada, se dirigió a la fortaleza y entró para prevenir a
Pablo. 17 Este, llamando a uno de los centuriones, le dijo: "Acompaña a
este muchacho hasta donde está el tribuno, porque tiene algo que
comunicarle". 18 El centurión lo llevó y dijo al tribuno: "El
prisionero Pablo me pidió que te trajera a este muchacho, porque tiene algo
que decirte". 19 El tribuno, tomándolo de la mano, lo llevó aparte y le
preguntó: "¿Qué tienes que comunicarme?". 20 El muchacho le
respondió: "Los judíos, bajo pretexto de examinar más a fondo la causa,
se han puesto de acuerdo para pedirte que mañana presentes a Pablo ante el
Sanedrín. 21 No les creas. Es una emboscada que le preparan más de cuarenta
de ellos, comprometidos bajo juramento a no comer ni beber hasta haberlo
matado. Ya están dispuestos y sólo esperan tu consentimiento". 22 El
tribuno despidió al muchacho, haciéndole esta recomendación: "No digas a
nadie que me has contado esto". El traslado de Pablo a Cesarea 23 Después llamó a dos centuriones y les dijo:
"Preparen doscientos soldados, setenta jinetes y doscientos lanceros,
para que salgan en dirección a Cesarea a las nueve de la noche. 24 Preparen
también caballos para Pablo, y llévenlo sano y salvo hasta el gobernador Félix".
25 Y escribió una carta que decía: 26 "Claudio Lisias saluda al
excelentísimo gobernador Félix. 27 Aquí te envío a un hombre que fue detenido
por los judíos, y cuando ya lo iban a matar, enterándome de que era ciudadano
romano, intervine con mis soldados y pude rescatarlo. 28 Queriendo saber
exactamente de qué lo acusaban, lo hice comparecer delante del Tribunal
judío, 29 pero comprobé que se lo acusaba por cuestiones relativas a El proceso de Pablo ante Félix 24 1 Cinco
días después, el Sumo Sacerdote Ananías bajó con algunos ancianos y un
abogado llamado Tértulo, para presentar delante del gobernador la acusación
que tenían contra Pablo. 2 Hicieron comparecer a Pablo, y Tértulo presentó la
acusación en estos términos: "Excelentísimo Félix: La profunda paz de
que gozamos gracias a ti y las reformas que nuestra nación debe a tu
gobierno, 3 constituyen para nosotros, siempre y en todas partes, un motivo
de inmensa gratitud. 4 Como no queremos importunarte demasiado, te ruego que
nos escuches un momento con tu habitual cordialidad. 5 Hemos comprobado que
este hombre es una verdadera peste: él suscita disturbios entre todos los
judíos del mundo y es uno de los dirigentes de la secta de los nazarenos. Discurso de Pablo ante el gobernador romano 10 Cuando el gobernador hizo señas a Pablo de que
hablara, este respondió: "Con entera confianza voy a defender mi causa,
porque sé que gobiernas esta nación desde hace varios años. 11 Como tú mismo
puedes averiguarlo, no hace todavía doce días que subí en peregrinación a
Jerusalén 12 y nunca se me vio ni en el Templo, ni en las sinagogas, ni en la
ciudad, discutiendo con alguien o amotinando a la gente. 13 Ellos tampoco
pueden probarte aquello de lo que me acusan ahora. 14 Pero sí te confieso que
sirvo al Dios de mis padres, siguiendo el Camino que mis acusadores
consideran una secta. Creo en todo lo que está contenido en La cautividad de Pablo en Cesarea 22 Félix, que estaba muy bien informado de todo lo
concerniente al Camino del Señor, postergó la causa, diciendo: "Cuando
descienda de Jerusalén el tribuno Lisias, me expediré en este asunto".
23 Después ordenó al centurión que custodiara a Pablo, pero dejándole una
cierta libertad y sin impedir que sus amigos lo atendieran. 24 Algunos días
después, se presentó Félix con su mujer Drusila, que era judía. Él mandó a
llamar a Pablo y lo oyó hablar acerca de la fe en Jesucristo. 25 Pero cuando
Pablo se puso a tratar sobre la justicia, la continencia y el juicio futuro,
Félix, lleno de temor, le respondió: "Por ahora puedes irte; te volveré
a llamar en la primera ocasión". 26 Al mismo tiempo, él esperaba que
Pablo le diera dinero, y por eso lo hacía llamar frecuentemente para
conversar con él. 27 Al cabo de dos años, Porcio Festo sucedió a Félix; y
como éste quería congraciarse con los judíos, dejó a Pablo en la prisión. La apelación de Pablo al Emperador 25 1 Tres
días después de haberse hecho cargo de su provincia, Festo subió de Cesarea a
Jerusalén. 2 Los sumos sacerdotes y los judíos más importantes acusaron
entonces a Pablo en su presencia, 3 y le pidieron la gracia de que lo hiciera
trasladar a Jerusalén. En realidad preparaban una emboscada para matarlo en
el camino. 4 Pero Festo respondió que Pablo debía quedar bajo custodia en
Cesarea, y que él mismo iría allí inmediatamente. 5 "Que los de más
autoridad entre ustedes, añadió, vengan conmigo y presenten su acusación, si
tienen algo contra él". 6 Festo permaneció en Jerusalén unos ocho o diez
días, y luego bajó a Cesarea. Al día siguiente, se sentó en el tribunal e
hizo comparecer a Pablo. 7 En cuanto llegó, los judíos venidos de Jerusalén
lo rodearon, y presentaron contra él numerosas y graves acusaciones que no
podían probar. 8 Pablo se defendía diciendo: "Yo no he cometido ninguna
falta contra Encuentro de Festo y Agripa 13 Algunos días más tarde, el rey Agripa y Berenice
llegaron a Cesarea y fueron a saludar a Festo. 14 Como ellos permanecieron
varios días, Festo expuso al rey el caso de Pablo, diciéndole: "Félix ha
dejado a un prisionero, 15 y durante mi estadía en Jerusalén, los sumos
sacerdotes y los ancianos de los judíos, presentaron quejas pidiendo su
condena. 16 Yo les respondí que los romanos no tienen la costumbre de
entregar a un hombre antes de enfrentarlo con sus acusadores y darle la
oportunidad de defenderse. 17 Ellos vinieron aquí, y sin ninguna demora, me
senté en el tribunal e hice comparecer a ese hombre al día siguiente. 18 Pero
cuando se presentaron los acusadores, estos no alegaron contra él ninguno de
los cargos que yo sospechaba. 19 Lo que había entre ellos eran no sé qué
discusiones sobre su religión, y sobre un tal Jesús que murió y que Pablo
asegura que vive. 20 No sabiendo bien qué partido tomar en un asunto de esta
índole le pregunté a Pablo si quería ir a Jerusalén para ser juzgado allí. 21
Pero como este apeló al juicio de Su Majestad imperial, yo ordené que lo
dejaran bajo custodia hasta que lo enviara al Emperador". 22 Agripa dijo
entonces a Festo: "A mí también me gustaría escuchar a ese hombre".
"Mañana lo escucharás", respondió Festo. Pablo ante el rey Agripa 23 Al día siguiente, Agripa y Berenice llegaron con
gran pompa y entraron en la sala de audiencias, rodeados de los tribunos y de
los hombres más importantes de la ciudad. A una orden de Festo, trajeron a
Pablo. 24 Festo tomó la palabra, diciendo: "Rey Agripa y todos los que
están aquí presentes, ustedes ven a este hombre, por quien toda la comunidad
judía ha venido a verme, tanto aquí como en Jerusalén, insistiendo a gritos
que no había que dejarlo vivir más. 25 Yo no he encontrado en él nada que
merezca la muerte; pero ya que él mismo ha apelado al Emperador, he decidido
enviárselo. 26 Como no tengo nada preciso que escribir sobre él al Soberano,
lo hice comparecer ante ustedes, especialmente ante ti, rey Agripa; así,
después de este interrogatorio, yo tendré algo para informar. 27 Porque me
parece absurdo enviar a un prisionero, sin indicar al mismo tiempo los cargos
que se le imputan". Discurso de Pablo ante el rey Agripa 26 1
Agripa dijo a Pablo: "Estás autorizado a defenderte". Entonces
Pablo, extendiendo la mano, comenzó su defensa, diciendo: 2 "Rey Agripa,
me considero dichoso de tener que defenderme hoy, delante de ti, de las acusaciones
que me hacen los judíos, 3 porque tú conoces todas las costumbres y
controversias de los judíos. Por eso te ruego que me escuches con paciencia.
4 Todos los judíos saben cómo he vivido desde los primeros días de mi
juventud, en medio de mi pueblo y en la misma Jerusalén. 5 Ellos me conocen
desde hace mucho tiempo y si quieren, pueden atestiguar que he vivido como
fariseo, es decir, siguiendo la secta más rígida de nuestra religión. 6 Y si
ahora soy sometido a juicio, es por mi esperanza en la promesa hecha por Dios
a nuestros padres, 7 la promesa que nuestras doce tribus esperan ver
cumplida, sirviendo a Dios fervientemente día y noche. A causa de esta
esperanza, rey Agripa, soy acusado por los judíos. 8 ¿Por qué les parece
increíble que Dios resucite a los muertos? 9 Yo, por mi parte, consideraba que debía combatir
por todos los medios el nombre de Jesús de Nazaret. 10 Así lo hice en
Jerusalén: yo mismo encarcelé a un gran número de santos con la autorización
de los sumos sacerdotes, y cuando se los condenaba a muerte, mi voto era
favorable. 11 Recorría frecuentemente las sinagogas, y los castigaba para
obligarlos a renegar de su fe. Lleno de rabia contra ellos, los perseguía
hasta en las ciudades extranjeras. 12 Una vez, cuando me dirigía a Damasco con plenos
poderes y con la orden de los sumos sacerdotes, 13 en el camino, hacia el
mediodía, vi una luz más brillante que el sol, que venía del cielo y me
envolvía a mí y a los que me acompañaban. 14 Todos caímos en tierra, y yo oí
una voz que me decía en hebreo: "Saulo, Saulo, ¿por qué me persigues? Te
lastimas al dar coces contra el aguijón". 15 Yo respondí: "¿Quién
eres, Señor?". Él me dijo: "Soy Jesús, a quien tú persigues. 16
Levántate y permanece de pie, porque me he aparecido a ti para hacerte ministro
y testigo de las cosas que has visto y de aquellas en que yo me manifestaré a
ti. 17 Te libraré de los judíos y de las naciones paganas. A ellas
te envío 18 para que les abras los ojos, y se conviertan de las
tinieblas a la luz y del imperio de Satanás al verdadero Dios, y por la
fe en mí, obtengan el perdón de los pecados y su parte en la herencia de los
santos". 19 Desde ese momento, rey Agripa, nunca fui infiel a
esa visión celestial. 20 Por el contrario, dirigiéndome primero a los
habitantes de Damasco, luego a los de Jerusalén y de todo el país de Judea, y
finalmente a los paganos, les prediqué que era necesario arrepentirse y
convertirse a Dios, manifestando su conversión con obras. 21 Por todo esto,
los judíos me detuvieron en el Templo y trataron de matarme. 22 Pero con la
protección de Dios, he podido hasta el día de hoy seguir dando testimonio
ante los pequeños y los grandes. Y nunca dije nada fuera de lo que los
Profetas y Moisés anunciaron que iba a suceder, 23 es decir, que el Mesías
debía sufrir y que, siendo el primero en resucitar de entre los muertos,
anunciaría la luz a nuestro pueblo y a los paganos". Reacciones del auditorio 24 Cuando Pablo llegó a este punto de su defensa,
Festo dijo en voz alta: "Estás loco, Pablo; tu excesivo estudio te ha
hecho perder la cabeza". El viaje de Pablo a Roma 27 1
Cuando se decidió que debíamos embarcarnos para Italia, confiaron a Pablo y a
otros prisioneros a un centurión de la cohorte imperial, llamado Julio. 2
Subimos a bordo de un barco de Adramicio que se dirigía a las costas de Asia,
y zarpamos. Iba con nosotros Aristarco, un macedonio de Tesalónica. 3 Al día
siguiente, llegamos a Sidón. Julio trató a Pablo con mucha consideración y le
permitió ir a ver a sus amigos y ser atendido por ellos. 4 De allí, partimos
y navegamos al resguardo de la isla de Chipre, porque soplaban vientos contrarios;
5 después, atravesando el mar de Cilicia y de Panfilia, llegamos a Mira de
Licia. 6 Allí, el centurión encontró un barco alejandrino que iba a zarpar
rumbo a Italia, y nos hizo embarcar en él. 7 Durante varios días, navegamos
lentamente y, a duras penas, llegamos a la altura de Cnido. Como el viento
era desfavorable, navegamos al resguardo de la isla de Creta hacia el cabo
Salmoné, 8 y después de haberlo bordeado con gran dificultad, llegamos a un
punto llamado Buenos Puertos, cerca de la ciudad de Lasea. La tempestad 9 Ya había transcurrido bastante tiempo y la
navegación se hacía peligrosa, porque había pasado la época del Ayuno
solemne. Entonces Pablo les advirtió: 10 "Amigos, veo que la navegación
no podrá continuar sin riesgo y sin graves pérdidas, no sólo para la carga y
el barco, sino también para nuestras propias vidas". 11 Pero el
centurión confiaba más en el capitán y en el patrón del barco que en las
palabras de Pablo; 12 y como el puerto no se prestaba para invernar, la
mayoría opinó que era mejor partir y llegar cuanto antes a Fenice, un puerto
de Creta que mira hacia el suroeste y el noroeste, para pasar allí el
invierno. 13 En ese preciso momento, se levantó una brisa del sur y creyeron
que podrían realizar este proyecto. Zarparon y comenzaron a bordear la isla
de Creta. 14 Pero muy pronto se desencadenó un huracán llamado Euraquilón,
que provenía de la isla. 15 Como el barco no podía resistir al viento, fue
arrastrado y nos dejamos llevar a la deriva. 16 Navegando a cubierto de una pequeña
isla, llamada Cauda, a duras penas conseguimos recoger el bote salvavidas. 17
Después de subirlo, se utilizaron los cables de refuerzo para asegurar el
casco de la nave. Luego, por temor de encallar en los bancos de Sirtes, se
bajó el ancla, dejándola suelta, y así navegamos a la deriva. 18 Al día siguiente, como la tormenta todavía
arreciaba, los marineros comenzaron a arrojar el cargamento. 19 Al tercer
día, echaron al agua con sus propias manos los aparejos del barco. 20 Desde
hacía varios días no se veía el sol ni las estrellas, y la tormenta seguía
con la misma violencia, de modo que ya habíamos perdido toda esperanza de
salvación. 21 Como ya hacía tiempo que no comíamos, Pablo, de pie en medio de
todos, les dijo: "Amigos, debían haberme hecho caso: si no hubiéramos
partido de Creta, nos hubiéramos ahorrado este riesgo y estas graves
pérdidas. 22 De todas maneras, les ruego que tengan valor porque ninguno de
ustedes perecerá; solamente se perderá el barco. 23 Esta noche, se me
apareció un ángel del Dios al que yo pertenezco y al que sirvo, 24 y me dijo:
"No temas, Pablo. Tú debes comparecer ante el Emperador y Dios te
concede la vida de todos los que navegan contigo". 25 Por eso, amigos,
tengan valor. Yo confío que Dios cumplirá lo que me ha dicho. 26 Pero
tendremos que encallar contra una isla". El naufragio 27 En la decimocuarta noche, todavía íbamos a la
deriva por el Adriático, cuando hacia la medianoche, los marineros
presintieron la cercanía de tierra firme. 28 Echaron la sonda al mar y
comprobaron que había una profundidad de alrededor de unos treinta y seis
metros. Un poco más adelante, la echaron de nuevo y vieron que había unos
veintisiete metros. 29 Temiendo que fuéramos a chocar contra unos escollos,
soltaron cuatro anclas por la popa, esperando ansiosamente que amaneciera. 30
Los marineros intentaron escaparse del barco, arrojando al mar el bote
salvavidas, con el pretexto de soltar las anclas de proa. 31 Pero Pablo dijo
al centurión y a los soldados: "Si esos marineros no permanecen a bordo,
ustedes no podrán salvarse". 32 Entonces los soldados cortaron las
amarras del bote y lo dejaron caer. 33 Mientras esperábamos que amaneciera,
Pablo recomendó a todos que comieran algo, diciéndoles: "Hace catorce
días que están a la expectativa, sin comer nada. 34 Les aconsejo que coman
algo, porque están exponiendo su salud. Nadie perderá un solo cabello de su
cabeza". 35 Después que dijo esto, tomó pan, dio gracias a Dios delante
de todos, lo partió y se puso a comer. 36 Los demás se animaron y también
comenzaron a comer. 37 Éramos en total doscientas setenta y seis personas a
bordo. 38 Una vez satisfechos, comenzaron a aligerar el barco tirando el
trigo al mar. 39 Cuando amaneció, los marineros no reconocieron la costa;
sólo distinguían una bahía con una playa, e hicieron lo posible para llevar
la nave en esa dirección. 40 Desataron las anclas y las dejaron caer al mar;
al mismo tiempo, aflojaron las amarras de los timones. Después desplegaron al
viento la vela artimón y enfilaron hacia la playa. 41 Pero chocaron contra un
banco de arena, y el barco encalló. La proa se hundió en la arena y quedó
inmóvil, mientras que la popa se deshacía por la violencia de las olas. 42
Entonces los soldados decidieron matar a los prisioneros, por temor de que
alguno se escapara a nado. 43 Pero el centurión, que quería salvar a Pablo,
impidió que lo hicieran, y ordenó que primero se tiraran al mar los que
sabían nadar para llegar a tierra. 44 Los demás, lo harían valiéndose de
tablas o de los restos del navío. Así todos llegaron a tierra sanos y salvos. La estadía en Malta 28 1
Cuando estuvimos a salvo, nos enteramos de que la isla se llamaba Malta. 2
Sus habitantes nos demostraron una cordialidad nada común y nos recibieron a
todos alrededor de un gran fuego que habían encendido a causa de la lluvia y
del frío. 3 Pablo recogió unas ramas secas y las echó al fuego. El calor hizo
salir una serpiente que se enroscó en su mano. 4 Cuando los habitantes del
lugar vieron el reptil enroscado en su mano, comenzaron a decir entre sí:
"Este hombre es seguramente un asesino: se ha salvado del mar, y ahora
la justicia divina no le permite sobrevivir". 5 Pero él tiró la
serpiente al fuego y no sufrió ningún mal. 6 Ellos esperaban que se hinchara
o cayera muerto. Después de un largo rato, viendo que no le pasaba nada,
cambiaron de opinión y decían: "Es un dios". 7 Había en los
alrededores una propiedad perteneciente al principal de la isla, llamado
Publio. Este nos recibió y nos brindó cordial hospitalidad durante tres días.
8 El padre de Publio estaba en cama con fiebre y disentería. Pablo fue a
verlo, oró, le impuso las manos y lo curó. El viaje desde Malta a Roma 11 Al cabo de tres meses nos embarcamos en un navío
que había permanecido en la isla durante el invierno; era un barco
alejandrino que tenía la insignia de Cástor y Pólux. 12 Hicimos escala en Siracusa,
donde permanecimos tres días. 13 De allí, bordeando la costa llegamos a
Regio. Al día siguiente, se levantó un viento del sur, y en dos días llegamos
a Pozzuoli, 14 donde encontramos a unos hermanos que nos invitaron a
permanecer una semana con ellos. Luego llegamos a Roma. El encuentro de Pablo con los judíos de Roma 15 Los hermanos de esta ciudad, informados de
nuestra llegada, nos salieron al encuentro y nos alcanzaron a la altura del
"Foro de Apio" y en las "Tres Tabernas". Pablo, al
verlos, dio gracias a Dios y se sintió reconfortado. 16 Cuando llegamos a
Roma, recibió autorización para alojarse en una casa particular con un
soldado que lo custodiara. 17 Tres días después convocó a los judíos
principales, y cuando se reunieron les dijo: "Hermanos, sin haber hecho
nada contra el pueblo ni contra las costumbres de nuestros padres, fui
arrestado en Jerusalén y puesto en manos de los romanos. 18 Después de
interrogarme, quisieron dejarme en libertad, porque no encontraban en mí nada
que mereciera la muerte; 19 pero ante la oposición de los judíos, me vi
obligado a apelar al Emperador, sin querer por esto acusar en nada a mi
pueblo. 20 Por eso he querido verlos y hablarles, ya que a causa de la
esperanza de Israel llevo estas cadenas". 21 Ellos le respondieron:
"Nosotros no hemos recibido de Judea ninguna carta referente a ti, y
ninguno de los hermanos que vinieron nos han contado nada que te sea
desfavorable. 22 Pero ahora quisiéramos oírte exponer lo que piensas, porque
sabemos que esta secta encuentra oposición en todas partes". Los judíos de Roma frente a la predicación de Pablo 23 Entonces fijaron un día para encontrarse con él,
y fueron a verlo en mayor número al lugar donde se alojaba. Pablo les habló
durante todo el día sobre el Reino de Dios, dándoles toda clase de testimonio
y tratando de persuadirlos para que creyeran en Jesucristo, a partir de 26 Ve a decir a este
pueblo: Por más que oigan no
comprenderán, por más que vean, no
conocerán. 27 Porque el corazón de
este pueblose ha endurecido, se taparon los oídos y
cerraron los ojos, por temor de que sus
ojos vean, que sus oídos oigan, que su corazón
comprenda, que se conviertan, y que yo los cure. 28 Sepan entonces que esa salvación de Dios va a ser
anunciada a los paganos. Ellos sí que la escucharán". 29 . Epílogo 30 Pablo vivió dos años enteros por sus propios
medios, recibiendo a todos los que querían verlo, 31 proclamando el Reino de
Dios, y enseñando con toda libertad y sin encontrar ningún obstáculo, lo
concerniente al Señor Jesucristo. 1 1. "Teófilo":
ver nota Lc. 1. 3. 5.
"Bautizados en el Espíritu Santo": esa expresión designa
figurativamente la efusión del Espíritu en Pentecostés. 6. Los
Apóstoles, que compartían algunas esperanzas mesiánicas demasiado terrenas,
pensaban que el Mesías iba a restablecer de inmediato la dinastía davídica y
la gloria temporal de Israel. Ver Mt. 20. 20-21. 12. El
descanso sabático permitía recorrer en sábado la distancia de un kilómetro
aproximadamente. 13. "Zelote":
ver nota Lc. 6. 15. 14. "Hermanos":
ver nota Mt. 12. 46. 16-19. Ver
Mt. 27. 3-8. 20. Sal.
69. 26; 109. 8. 26. "Echaron
suertes": este recurso era frecuente en el Pueblo judío para conocer la
voluntad de Dios. Ver Jos. 7. 14; 1 Sam. 14. 41-42; Lc. 1. 8-9. 2 1. "Pentecostés":
esta Fiesta, celebrada cincuenta días después de 4-8. Este
hecho extraordinario significa que el Espíritu Santo restablece la unidad
humana, destruida por el pecado, y que la misión de los Apóstoles tiene un
carácter universal. 11. Los
"prosélitos" eran los paganos incorporados al Judaísmo. No deben
ser confundidos con los "temerosos de Dios", que simpatizaban con
el Judaísmo y asistían a la sinagoga, pero no aceptaban la circuncisión ni se
sometían a la totalidad de 17-21. Jl.
3. 1-5. Los "últimos días" son los tiempos mesiánicos. "El Día
del Señor" es el día del Juicio. En la perspectiva del profeta Joel, el
Juicio de Dios está íntimamente ligado a la efusión del Espíritu que inaugura
la era mesiánica. 22. Este es
el primero de los cinco discursos de Pedro, que presentan esquemáticamente el
contenido de la predicación misionera de los Apóstoles, denominada
"kerygma", y son un resumen del plan salvífico de Dios. Su tema
central es 25-28. Sal.
16. 8-11. 30. 2 Sam.
7. 12. 31. Sal.
16. 10. 34-35. Sal.
110. 1. 39. Is.
57. 19; Jl. 3. 5. 42. "Fracción
del pan" –o "partir el pan"– era la expresión usada por los primeros
cristianos para designar la celebración eucarística. Ver Lc. 24. 30; 1 Cor.
10. 16. 3 13-14. Éx.
3. 6, 15; Is. 52. 13. También el profeta Isaías presenta al "Servidor
del Señor" como al "Santo" y al "Justo" por
excelencia, que muere para expiar los pecados de los hombres. Ver 7. 52; 8.
32-33; 22. 14; Mt. 8. 17; 1 Ped. 2. 22-24. 15. "Autor
de la vida": otra traducción posible es "príncipe de la vida". 20. "El
tiempo del consuelo" designa aquí 22-23. Deut.
18. 15-19. Ver nota Jn. 1. 21. 25. Gn.
12. 3; 22. 18. 4 1. "Saduceos":
ver nota Mt. 3. 7. 4. " 11. Sal.
118. 22. "Piedra angular": ver nota Mt. 21. 42. 13. "Sanedrín":
ver nota Mt. 16. 21. 25-26. Sal.
2. 1-2. 33. "Con
mucho poder": se refiere a los milagros que confirman el testimonio de
los Apóstoles. Ver 3. 12; 5. 12. 5 1-11. Este
relato, que parece estar inspirado en Jos. 7. 1, hace ver que la puesta de
bienes en común (2. 44-45; 4. 34-37) no era obligatoria para todos los
creyentes. La severidad del castigo infligido a los culpables es una señal y
una advertencia para el resto de los fieles: engañar a la comunidad del Señor
equivale a mentir a Dios y a su Espíritu. 20. "Lo
que se refiere a esta nueva Vida" es el mensaje de salvación que conduce
a 34. "Gamaliel"
fue el maestro de Pablo. Ver 22. 3. 36-37. No
se conocen con certeza las fechas de las rebeliones de "Teudas" y
"Judas de Galilea", que también son mencionadas por el historiador
judío Flavio Josefo. 6 1. Los
"helenistas" eran judíos de habla griega, que habían vivido fuera
de Palestina y tenían en Jerusalén sinagogas propias, donde se leía 9. "Los
Libertos" eran, probablemente, descendientes de los judíos conducidos a
Roma por Pompeyo en el año 13-14. Las
mismas falsas acusaciones lanzadas contra Jesús lo son ahora contra Esteban,
y también son parecidos los resultados de ambos procesos. Ver Mt. 26. 59-66. 7 El tono
duro y agresivo de este discurso, se explica porque Esteban expone la
historia del Pueblo de Dios desde una perspectiva particular: la infidelidad
de Israel a la voluntad de Dios expresada por medio de sus enviados. 3. Gn. 12. 1. 5. Gn. 15. 2. 6-7. Gn. 15. 13-14;
Éx. 3. 12. 8. Gn. 21. 4. 9. Gn. 37. 11, 28. 10. Gn. 41. 40-41. 11. Gn. 41. 54-55. 12. Gn. 42. 2. 13. Gn. 45. 1. 14. Gn. 46. 27. 15. Gn. 46. 6; 49.
33. 16. Gn. 50. 13; Jos.
24. 32. 17-19. Éx. 1. 7-8, 10-11. 20. Éx. 2.
2. 21. Éx. 2.
5, 10. 23-24. Éx.
2. 11-12. 27-29. Éx.
2.13-15. 30-34. Éx.
3. 1-10. 35-36. Éx. 2. 14; 7. 3. 37. Deut. 18. 15. 39-41. Éx. 32. 1, 23. 42-43. Am. 5. 25-27
(texto griego). 44. Éx. 25. 40. 46. Sal. 132. 5. 47. 1 Rey. 6. 2. 49-50. Is. 66. 1-2. 52. El
"Justo" es Cristo. Ver 3. 14; 22. 14. 53. Según
una tradición rabínica, 58. "Saulo"
es el nombre hebreo de Pablo, el Apóstol de los paganos. Ver 13. 9. 8 5. "Felipe":
no se trata del Apóstol del mismo nombre, sino de uno de los Siete
mencionados en 6. 5. En 21. 8 se lo llama "predicador del
Evangelio". Los samaritanos eran hermanos de raza y de religión,
pero estaban separados de la comunidad israelita. Ver nota Jn. 4. 9. 10. Se
daba este título al mago Simón, porque se pensaba que en él residía una
emanación del Dios supremo, que le otorgaba poderes sobrenaturales. 18-20. En el
hecho protagonizado por Simón tuvo origen la palabra "simonía", que
designa la pretensión de comprar con dinero los bienes espirituales. 32-33. Is.
53. 7-8. Ver nota 3. 13-14. 37. "Felipe
dijo: "Si crees de todo corazón, es posible". "Creo, afirmó,
que Jesucristo es el Hijo de Dios"". Este texto, que es una glosa
muy antigua inspirada en la liturgia bautismal, falta en los mejores
manuscritos. 9 1. La
conversión de Pablo tuvo lugar hacia el año 36 y es uno de los hechos más
importantes en la historia de 2. En
hebreo, la palabra "camino" se emplea para designar el estilo de
vida o la norma de conducta. (Sal. 1. 1; 119. 1; Mt. 22. 16). Aquí significa
el modo de obrar propio de los cristianos, que para servir a Dios, siguen el
"Camino" trazado por Jesús. Ver 18. 25-26; 19. 9, 23; 22. 4; 24.
14, 22. 13. "Santos":
así se designa frecuentemente a los cristianos, los cuales, por su unión con
Cristo, forman el Pueblo elegido por Dios y consagrado a él. Ver 1 Ped. 2.
9-10. 15. Ver
Jer. 1. 10. 23. "Al
cabo de un tiempo": en Gál. 1. 17-18, Pablo dice que permaneció en
Arabia durante tres años. 10 1. La
conversión de "Cornelio" no es solamente el caso de un individuo
que abraza la fe, sino que tiene un alcance universal. Gracias a una
revelación divina, Pedro comprende que los paganos deben ser incorporados a 36. Is.
52. 7. 38. Is.
61. 1. 42. "Juez
de vivos y muertos": Dios, al resucitar a Jesús, lo constituyó Juez
soberano de todos los hombres, tanto de los que vivan en el momento de su
Venida gloriosa, como de los que ya hayan muerto. Ver Mt. 24. 30; Jn. 5. 22,
26-27; 1 Cor. 15. 51-53; 1 Tes. 4. 13 - 5. 10. 44. Se
suele llamar a esta venida del Espíritu Santo "Pentecostés de los
paganos". Ver 2. 1-4. 11 16. Ver
1. 5. 19. Aquí,
como en 13. 1, se trata de Antioquía de Siria, distinta de Antioquía de
Pisidia (13. 14), evangelizada por Pablo. 22. La
elección de Bernabé como delegado de 25. "Tarso"
era la capital de la provincia de Cilicia y el lugar donde nació Pablo. 27. Los
"profetas" ocupaban un lugar prominente en 28. El
emperador "Claudio" reinó desde el año 41 hasta el 54. El hecho
anunciado por "Agabo" tuvo lugar probablemente entre el 49 y el 50. 30. Desde
el comienzo de 12 1. "El
rey Herodes": se trata de Herodes Agripa I, que reinó en Judea y Samaría
entre los años 41 y 44, y era sobrino de Herodes Antipas, el tetrarca de
Galilea en tiempos de Jesús. 3. "Panes
Ácimos": sobre esta Fiesta, ver Éx. 12. 15-20. 12. "Juan,
llamado Marcos", primo de Bernabé, fue discípulo de los Apóstoles Pedro
y Pablo (v. 25; 13. 5; 1 Ped. 5. 13). La tradición reconoce en él al autor
del segundo Evangelio. 15. "Su
ángel": eco de una creencia popular que consideraba a los ángeles
custodios como un doble de sus protegidos. 17. Cuando
Pedro se alejó de Jerusalén, Santiago quedó al frente de 13 1. El
carisma de "doctor" capacita al que lo posee para dar a sus
hermanos una enseñanza moral y doctrinal, normalmente fundada en 3. El rito
de la "imposición de las manos" tiene diversos sentidos, según la
intención y el momento. No siempre es un signo sacramental. En este caso es
una señal exterior de lo que se ha pedido en la oración: que la gracia de
Dios acompañe a los misioneros en medio de los paganos. Ver nota 1 Tim. 4.
14. 4. "Seleucia"
era el puerto de Antioquía de Siria. 5. "Salamina"
estaba situada en la costa oriental de la isla de Chipre. 18. Deut.
1. 31. 19. Deut.
7. 1. 22. El
texto combina muy libremente varios pasajes de 25. Ver Mt. 3. 11. 33. Sal. 2. 7. 34. Is. 55. 3. 35. Sal. 16. 10. 41. Hab. 1. 5. 47. Is. 49. 6. 51. "Sacudiendo
el polvo de sus pies": ver nota Mt. 10. 14. 14 1. "Iconio"
es una ciudad de Asia Menor, que formaba parte de la provincia romana de
Galacia. 12. En el mundo
grecorromano, Júpiter era venerado como el dios supremo, y a Mercurio se lo
consideraba el mensajero y portavoz de los dioses. 23. Después
de evangelizar una ciudad, Pablo aseguraba la perseverancia en la fe
organizando la comunidad, y en particular, constituyendo un colegio de
"presbíteros" ("presbiterio"). A estos les correspondía
administrar los asuntos internos de la comunidad (11. 30), controlar la
doctrina (15. 2-4), orar y transmitir la gracia divina (Sant. 5. 14-15) y apacentar
el Rebaño de Dios (20. 28; 1 Ped. 5. 1-3). Ver notas 11. 30; 20. 17. 15 1. "Algunas
personas venidas de Judea": en Gál. 2. 12 se los llama "enviados de
Santiago". 16-18. Am.
9. 11-12. 20. "Contaminado
por los ídolos": se trata de la carne que ha sido inmolada a los ídolos.
Sobre las "uniones ilegales", ver nota Mt. 5. 32. 34. "Como
Silas creyó que debía quedarse, Judas partió solo". Este texto no figura
en los mejores manuscritos. 16 3. Pablo
se oponía a que los cristianos venidos del paganismo fueran circuncidados.
Sin embargo, para facilitar su obra evangelizadora entre los judíos, hizo una
excepción con Timoteo, porque su madre era judía. Ver nota Gál. 2. 3. 6. "Galacia"
era una provincia romana situada en el centro de Asia Menor. A ella estaba
anexada una parte de Frigia. 8. "Tróade"
era una ciudad situada a unos cuarenta kilómetros de la antigua Troya. 9. "Macedonia"
es la región que se encuentra al norte de Grecia. 10. La
redacción pasa repentinamente a la primera persona del plural (vs. 10-17).
Esto demuestra que el autor del relato acompañaba a Pablo. Ver notas 20. 5;
21. 1. 12. "Filipos"
era una colonia romana de la provincia de Macedonia. Pablo fundó allí una
comunidad, a la que dirigió una de sus Cartas. 13. Los
judíos de Filipos no tenían sinagogas. Por eso se reunían junto al río, lo
que les permitía cumplir con la práctica de las abluciones rituales. 20. "Son
unos judíos": los acusadores de Pablo no hacían distinción entre judíos
y cristianos. Si bien el Judaísmo era tolerado en el Imperio Romano, no se
veía con buenos ojos su actividad proselitista. Esto es lo que motiva la
denuncia y el arresto de Pablo. 37. 17 1. "Tesalónica"
era la capital de la provincia romana de Macedonia. Allí había una colonia
judía muy numerosa. 18. Estos
"filósofos epicúreos y estoicos" representaban a las dos corrientes
filosóficas más importantes de ese tiempo. Al oír la palabra
"resurrección", pensaron que Pablo se refería a una diosa. 19. "Areópago"
era el nombre de la colina situada al sur de la plaza pública llamada
"Agora", y designaba también el Tribunal de Atenas. 23. Los
paganos dedicaban altares a los "dioses desconocidos", para no
atraer sobre sí el castigo de alguna divinidad ignorada. 28. "Nosotros
somos también de su raza": este verso pertenece al poeta griego Arato,
del siglo III a. C. 34. "Dionisio
el Areopagita" era un miembro del Areópago. 18 1. "Corinto"
era un centro cosmopolita, célebre por la inmoralidad de sus costumbres, y
capital de la provincia romana de Acaya. 2. El
"edicto" de Claudio fue promulgado en el año 49. "Aquila"
y "Priscila", llamada también "Prisca" fueron
colaboradores de Pablo en Éfeso (18. 18-19; 1 Cor. 16. 19) y luego en Roma
(Rom. 16. 3; 2 Tim. 4. 19). 3. Ver
nota 1 Cor. 9. 12-15. 6. "Sacudió
su manto": este gesto es una señal de ruptura con un auditorio que se
muestra recalcitrante. La expresión "que la sangre de ustedes caiga
sobre sus cabezas" es típicamente semita y significa que Pablo declina
toda responsabilidad ante la actitud de los judíos. Ver Mt. 27. 25. 12. Una
inscripción encontrada en las ruinas de Delfos permite establecer que
"Galión" fue procónsul de "Acaya" en el año 52. En
consecuencia, la permanencia de Pablo en Corinto se prolongó desde comienzos
del año 51 hasta el verano del 52. En este tiempo, Pablo escribió sus dos
Cartas a los Tesalonicenses. 18. "Cencreas"
era el puerto oriental de Corinto, sobre la costa del mar Egeo. El "voto" que hizo Pablo consistía
probablemente en raparse la cabeza y abstenerse de vino durante treinta días,
al término de los cuales se ofrecía un sacrificio. Ver nota 21. 27. 22. Las
expresiones "subió" y "descendió" indican que 19 2. Los
discípulos de Éfeso ignoraban que era necesaria la misión del Espíritu Santo
para que se cumplieran las promesas mesiánicas. Ver 2. 17-18, 33. 9. "Tirano"
era un profesor de filosofía o de retórica. 11. Ver
nota 4. 33. 13. "Exorcistas":
ver nota Mt. 12. 27. 18. Se
trata de "prácticas" mágicas, a las que eran muy afectos los
habitantes de Éfeso. 24. En
Éfeso, "Diana", en griego Artemisa, era venerada como diosa de la
fertilidad. Su "templo", el famoso Artemisión, era una de las siete
maravillas del mundo antiguo. 20 5. El
relato prosigue (vs. 5-15) en primera persona del plural. Ver notas 16. 10;
21. 1. 6. Ver 2
Cor. 2. 12. 7. "El
primer día de la semana": ver nota Mt. 28. 1. La asamblea dominical
comenzaba al atardecer del día anterior, según la costumbre judía.
"Partir el pan": ver nota 2. 42. 17. En el
v. 28, estos mismos "presbíteros" son llamados
"guardianes" o "inspectores", en griego
"epíscopos", de donde deriva la palabra "obispo". De
hecho, en el Nuevo Testamento los términos "presbítero" y
"obispo" son intercambiables, y no hay que ver en ellos la
diferencia que llegaron a tener más tarde, cuando la palabra
"obispo" se empleó para designar al responsable de una iglesia
local. Ver notas 11. 30; 14. 23. 35. Esta
expresión de Jesús, aunque no está registrada en ningún Evangelio, había sido
transmitida oralmente. 21 1. Continúa
la narración en primera persona del plural (vs. 1-18). Ver notas 16. 10; 20.
5. 8. "Felipe":
ver nota 8. 5. 10. Sobre
"Agabo", ver 11. 27-28. 11. Esta
es una acción simbólica, al estilo de las que realizaban los profetas del
Antiguo Testamento. Ver 1 Rey. 11. 30; Is. 20. 1-2; Jer. 13. 1-7; 19. 1-2,
10; 27. 1-2; Ez. 4. 1-12, 15; 5. 1-4; Os. 1. 2; 3. 1. 21. En realidad,
tales rumores tenían cierto fundamento, porque el tema de la justificación
por la fe sin necesidad de cumplir con los preceptos de 27. El texto
parece indicar que antes de ofrecer un sacrificio en cumplimiento de un voto
(v. 23), era necesario someterse durante "siete días" a diversos
ritos de purificación. Ver nota 18. 18. 33. Ver
20. 23; 21. 11. 38. Esta rebelión,
de carácter extremista y nacionalista, es mencionada por el historiador judío
Flavio Josefo. 40. En
realidad, Pablo se expresó en arameo, el idioma que hablaba el pueblo. 22 6. Ver
nota 9. 1. 14. El
"Justo" es Cristo. Ver 3. 14; 7. 52. 20. "Testigo"
es la traducción de la palabra griega "mártir". Poco a poco esta
última palabra iba a adquirir un significado bien preciso: el testimonio que
se da mediante la efusión de la propia sangre por fidelidad a Cristo. Ver
Apoc. 2. 13; 6. 9; 17. 6. 25. Ver nota
16. 37. 28. Al
declararse ciudadano romano "de nacimiento", Pablo indica que había
heredado ese título de sus antepasados. Estos lo habían adquirido en Tarso de
Cilicia, sin duda por algún servicio prestado a la causa del Imperio Romano.
El derecho de ciudadanía romana comportaba numerosos privilegios, entre
otros, el de considerar incompetente a cualquier tribunal inferior y apelar
al juicio del Emperador. Ver 25. 10-12. 23 5. Éx.
22. 27. 8. Ver Mt.
22. 23. 24 5. "La
secta de los nazarenos": el Cristianismo era considerado por sus
adversarios como una "secta" del Judaísmo. Ver v. 14; 28. 22. 14. Pablo
muestra admirablemente que el Cristianismo es la realización definitiva de
las promesas y de las esperanzas del Judaísmo. Ver Rom. 9 - 11. 24-25. "Félix"
era avaro, brutal y vicioso. "Drusila", hija de Herodes Agripa I,
había abandonado a su esposo, convirtiéndose en la tercera mujer de Félix. La
actitud de Pablo, en esta ocasión, ofrece muchas semejanzas con la de Juan el
Bautista delante de Herodes. Ver Mc. 6. 17-20. 27. "Félix"
se comportó de manera ilegal, porque la prisión preventiva no podía durar más
de dos años. 25 10-12. Ver
nota 22. 28. 13.
"Agripa" y "Berenice" eran hijos de Herodes Agripa I. 19. Ver
23. 6; 24. 21. 26 6-8. Ver
1 Cor. 15. 15-22. 13. Ver
nota 9. 1. 14. "Te
lastimas al dar coces contra el aguijón": este proverbio griego
significa que no se debe resistir inútilmente. 17. Jer.
1. 5-8. 18. Is.
42. 7, 16. Ver 9. 17-18; 22. 16; Col. 1. 12-14. 26. Se
trata aquí de los acontecimientos relacionados con 27 1. Este
relato de la navegación desde Cesarea hasta Pozzuoli –cerca de Nápoles– ha
sido escrito con mucha precisión técnica en materia de navegación. 9. "Ayuno
solemne": así se llamaba a la fiesta judía de 24. "Ante
el Emperador", es decir, ante el tribunal imperial. Ver 25. 10-12. 27. El mar
"Adriático" designaba antiguamente la parte del Mediterráneo
comprendida entre Grecia y Sicilia. 35. Todo
judío pronunciaba una bendición antes de sus comidas, pero la expresión
"lo partió" evoca la celebración eucarística. Ver nota 2. 42. 28 11. "Cástor
y Pólux" eran los patronos de los navegantes. 16. Este
era un tipo de custodia que permitía al prisionero cierta libertad de
movimientos. 17. Pablo
expone su situación ante los judíos de Roma y les demuestra su fidelidad al
Judaísmo, para que no obstaculicen su permanencia en ese lugar. 26-27. Is.
6. 9-10. Ver Mt. 13. 14-15. 28. Ver
13. 46-47. 29. Algunos
manuscritos agregan: "Al oír estas palabras, los judíos se retiraron
discutiendo acaloradamente". 30. Al
cumplirse los dos años de la custodia militar, Pablo quedó seguramente en
libertad. Así lo determinaba la ley en caso de que no prosperara la
acusación. Ver nota 24. 27; Flm. v. 22. |
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Texto Biblico suministrado desde la
pagina de www.clerus.org
edición para el estudio en Internet de Pedro Sergio Antonio Donoso
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