|
volver |
Caminando con Jesús Pedro Sergio Antonio Donoso Brant Edición especial comentada para ayudar a
comprender mejor las Sagradas Escrituras |
|
|
Nº |
Libros |
|
|
Génesis Éxodo Levítico Números Deuteronomio Josué Jueces Ruth Samuel I Samuel II Reyes I Reyes II Crónicas I Cronicas II Esdras Nehemías Tobías Judit Ester Macabeos I Macabeos II Job Salmos Proverbios Eclesiástes Cantares Sabiduria Eclesiástico Isaias Jeremías Lamentaciones Baruc Ezequiel Daniel Oseas Joel Amós Abdías Jonás Miqueas Nahum Habacuc Sofonías Ageo Zacarías Malaquías Mateo Marcos Lucas Juan Hechos Romanos I Corintios II Corintios Galátas Efesios Filipenses Colosenses TesalonicensesI TesalonicensesII I Timoteo II Timoteo Tito Filemon Hebreos Santiago I Pedro II Pedro I Juan II Juan III Juan Judas Apocalipsis |
Fue por medio de una revelación como se me dio a
conocer este misterio, tal como acabo de exponérselo en pocas palabras. Al
leerlas, se darán cuenta de la comprensión que tengo del misterio de Cristo,
que no fue manifestado a las generaciones pasadas, pero que ahora ha sido
revelado por medio del Espiritual sus santos apóstoles y profetas. Ef. 3. 3-5 La paciencia del Señor es para nuestra
salvación, como les ha escrito nuestro hermano Pablo, conforme a la sabiduría
que le ha sido dada ,y lo repite en todas las cartas donde trata este tema.
En ellas hay pasajes difíciles de entender que algunas personas ignorantes e
inestables interpretan torcidamente,–como, por otra parte, lo hacen con el
resto de 2 Ped. 3. 15-16 CARTAS PAULINAS Las Cartas de Pablo
difieren unas de otras por su extensión y su contenido, pero todas tienen una
capacidad común: la de ser escritos circunstanciales. Fueron enviadas para suplir
una acción directa, que la ausencia del Apóstol hacía imposible, y están
dirigidas a una comunidad o a una persona determinada. Sólamente dos de ellas
–las Cartas a los Romanos y a los Efesios– intentan presentar de manera más
sistemática una síntesis doctrinal. Si bien son verdaderas cartas, pocas
veces tienen un caracter íntimo y familiar, porque generalmente tratan
asuntos de interés común y se dirigen a toda la comunidad o a personas
constituidas en autoridad. La breve nota que Pablo envía a su amigo Filemón
presenta características algo diversas y constituye una excepción a esa regla
general. Estas Cartas no
contienen toda la enseñanza de Pablo. Detrás de ellas, está su palabra
viviente: el "kerygma", o sea, el primer anuncio del Evangelio
destinado a suscitar la fe en Cristo, y la siguiente catequesis oral del
Apóstol (1 Cor. 11. 23; 15. 1-11; 2 Tes. 2. 5). Esto hace particularmente
difícil la interpretación de algunos pasajes de sus Cartas, porque en ellas
se alude muchas veces a hechos desconocidos para nosotros. Las Cartas paulinas
tienen el valor de un testimonio inmediato sobre la vida, las dificultades y
el crecimiento de las comunidades cristianas en el mundo pagano. En ellas se
encuentra vívidamente reflejada la excepcional personalidad de Pablo: su fe
ardiente, su rica sensibilidad, su temperamento apasionado y combativo, su
voluntad siempre tensa, aunque sujeta a desalientos pasajeros y,
especialmente, su condición de Apóstol, con toda la fuerza que el lenguaje
cristiano ha conferido a esta palabra. Ellas atestiguan también la progresión
de su pensamiento, que no alcanzó de inmediato su forma definitiva, sino que
se fue desarrollando gradualmente bajo el impulso del Espíritu. A pesar del carácter
ocasional de sus escritos, Pablo arroja en cada página una nueva luz sobre el
misterio de Cristo y de CARTA A LOS ROMANOS Pablo escribió Para preparar su visita a los cristianos de Roma, el
Apóstol les envió una Carta, donde les exponía más detalladamente los mismos
temas que ya había tratado en su Carta a los Gálatas. Pero aquí el tono es
diferente. El ardor de la polémica se ha suavizado, y Pablo ha podido
completar y matizar su pensamiento y sus expresiones. En una admirable
síntesis doctrinal, describe la universalidad del pecado y la obra redentora
de Cristo; la función de La riqueza y la profundidad de su doctrina y la
variedad de los temas tratados, han conferido a esta Carta una excepcional
importancia dentro del Cristianismo. Saludo inicial 1 1 Carta de Pablo, servidor de Jesucristo, llamado
para ser Apóstol, y elegido para anunciar nacido de la estirpe de David según la carne, 4 y constituido Hijo de Dios con poder según el Espíritu santificador, por su resurrección de entre los muertos. 5 Por él hemos recibido la gracia y la misión
apostólica, a fin de conducir a la obediencia de la fe, para gloria de su Nombre, a todos los pueblos paganos, 6 entre los cuales se encuentran también ustedes, que han sido llamados por Jesucristo. amados de Dios, llamados a ser santos, llegue la gracia y la paz, que proceden de Dios, nuestro Padre, y del Señor Jesucristo. Acción de gracias y súplica 8 En primer lugar, doy gracias a mi Dios por medio
de Jesucristo, a causa de todos ustedes, porque su fe es alabada en el mundo
entero. 9 Dios, a quien tributo un culto espiritual anunciando Pablo resume en pocas
palabras el tema central de su Carta a los Romanos: el Evangelio anuncia y
hace presente la obra que Dios ha realizado en Jesucristo para la salvación
del mundo (1. 16-17). Pero antes de entrar de lleno en este tema, y con el
fin de poner de manifiesto la absoluta impotencia del hombre para salvarse
por sus propias fuerzas, él traza un cuadro pesimista de la sociedad,
sometida a la esclavitud del pecado. Fuera de Cristo, la humanidad entera
–judíos y paganos– se debate en un callejón sin salida. "Todos han pecado y están privados de la gloria
de Dios" (3. 23). Nadie es justo delante del Señor. Ni siquiera La única salida es
Jesucristo, el nuevo Adán. Lo que no podían lograr ni El tema de 16 Yo no me avergüenzo del Evangelio, porque es el
poder de Dios para la salvación de todos los que creen: de los judíos en
primer lugar, y después de los que no lo son. 17 En el Evangelio se revela la
justicia de Dios, por la fe y para la fe, conforme a lo que dice Los paganos, objeto de la ira divina 18 En efecto, la ira de Dios se revela desde el
cielo contra la impiedad y la injusticia de los hombres, que por su
injusticia retienen prisionera la verdad. 19 Porque todo cuanto se puede
conocer acerca de Dios está patente ante ellos: Dios mismo se lo dio a
conocer, 20 ya que sus atributos invisibles –su poder eterno y su divinidad–
se hacen visibles a los ojos de la inteligencia, desde la creación del mundo,
por medio de sus obras. Por lo tanto, aquellos no tienen ninguna excusa: 21
en efecto, habiendo conocido a Dios, no lo glorificaron ni le dieron gracias
como corresponde. Por el contrario, se extraviaron en vanos razonamientos y
su mente insensata quedó en la oscuridad. 22 Haciendo alarde de sabios se
convirtieron en necios, 23 y cambiaron la gloria del Dios
incorruptible por imágenes que representan a hombres corruptibles,
aves, cuadrúpedos y reptiles. La corrupción y el castigo de los paganos 24 Por eso, dejándolos abandonados a los deseos de
su corazón, Dios los entregó a una impureza que deshonraba sus propios
cuerpos, 25 ya que han sustituido la verdad de Dios por la mentira, adorando
y sirviendo a las criaturas en lugar del Creador, que es bendito eternamente.
Amén. 26 Por eso, Dios los entregó también a pasiones
vergonzosas: sus mujeres cambiaron las relaciones naturales por otras
contrarias a la naturaleza. 27 Del mismo modo, los hombres, dejando la
relación natural con la mujer, ardieron en deseos los unos por los otros,
teniendo relaciones deshonestas entre ellos y recibiendo en sí mismos la
retribución merecida por su extravío. 28 Y como no se preocuparon por reconocer a Dios, él
los entregó a su mente depravada para que hicieran lo que no se debe. 29
Están llenos de toda clase de injusticia, iniquidad, ambición y maldad;
colmados de envidia, crímenes, peleas, engaños, depravación, difamaciones. 30
Son detractores, enemigos de Dios, insolentes, arrogantes, vanidosos, hábiles
para el mal, rebeldes con sus padres, 31 insensatos, desleales, insensibles,
despiadados. 32 Y a pesar de que conocen el decreto de Dios, que declara
dignos de muerte a los que hacen estas cosas, no sólo las practican, sino que
también aprueban a los que las hacen. Los judíos, objeto de la ira divina 2 1 Por
eso, tú que pretendes ser juez de los demás –no importa quién seas– no tienes
excusa, porque al juzgar a otros, te condenas a ti mismo, ya que haces lo
mismo que condenas. 2 Sabemos que Dios juzga de acuerdo con la verdad a los
que se comportan así. 3 Tú que juzgas a los que hacen esas cosas e incurres
en lo mismo, ¿acaso piensas librarte del Juicio de Dios? 4 ¿O desprecias la
riqueza de la bondad de Dios, de su tolerancia y de su paciencia, sin
reconocer que esa bondad te debe llevar a la conversión? 5 Por tu obstinación
en no querer arrepentirte, vas acumulando ira para el día de la ira, cuando se
manifiesten los justos juicios de Dios, 6 que retribuirá a cada uno según
sus obras. 7 Él dará 12 En efecto, todos los que hayan pecado sin tener 17 Pero tú, que te precias de ser judío; tú que te
apoyas en La verdadera circuncisión 25 La circuncisión es útil si practicas La situación de los judíos 3 1 ¿Cuál es
entonces la superioridad del judío, y qué utilidad tiene la circuncisión? 2
Las ventajas son muchas desde todo punto de vista. Ante todo, Dios confió su
Palabra a los judíos. 3 ¿Y qué importa que algunos no hayan creído? ¿Acaso su
incredulidad anulará la fidelidad de Dios? 4 De ninguna manera: Dios es
veraz, y todo hombre, mentiroso, porque como dice La universalidad del pecado 9 En definitiva, entonces, ¿somos o no superiores a
los paganos? De ninguna manera. 10 Porque acabamos de probar que todos están
sometidos al pecado, tanto los judíos como los que no lo son. Así lo afirma No hay ningún justo, ni siquiera uno; 11 no hay nadie que comprenda, nadie que busque a Dios. 12 Todos están extraviados, igualmente corrompidos; nadie practica el bien, ni siquiera uno solo. 13 Su garganta es un sepulcro abierto; engañan con su lengua, sus labios destilan veneno de víboras, 14 su boca está llena de maldición y amargura. 15 Sus pies son rápidos para derramar sangre, 16 en sus caminos hay ruina y miseria, 17 no conocen la senda de la paz. 18 El temor de Dios no está ante sus ojos. 19 Ahora bien, nosotros sabemos que todo lo que dice
La revelación de la justicia de Dios 21 Pero ahora, sin La justificación por la fe 27 ¿Qué derecho hay entonces para gloriarse?
Ninguno. Pero, ¿en virtud de qué ley se excluye ese derecho? ¿Por la ley de
las obras? No, sino por la ley de la fe. 28 Porque nosotros estimamos que el
hombre es justificado por la fe, sin las obras de La justificación de Abraham 4 1 ¿Y qué
diremos de Abraham, nuestro padre según la carne? 2 Si él hubiera sido
justificado por las obras tendría de qué gloriarse, pero no delante de Dios.
3 Porque, ¿qué dice 7 Felices aquellos a quienes fueron perdonadas
sus faltas y cuyos pecados han
sido cubiertos. 8 Feliz el hombre a quien Dios no le
tiene en cuenta su pecado. Abraham, padre de los creyentes 9 Pero esta felicidad, ¿es únicamente para los que
han sido circuncidados, o también para los que no lo han sido? Consideremos
lo que ya dijimos: A Abraham le fue tenida en cuenta la fe para su
justificación. 10 ¿Cuándo le fue tenida en cuenta? ¿Antes o después de la
circuncisión? Evidentemente antes y no después. 11 Y él recibió el signo
de la circuncisión, como sello de la justicia que alcanzó por medio de la
fe, antes de ser circuncidado. Así llegó a ser padre de aquellos que, a pesar
de no estar circuncidados, tienen la fe que les es tenida en cuenta para su
justificación. 12 Y es también padre de los que se circuncidan pero no se
contentan con esto, sino que siguen el mismo camino de la fe que tuvo nuestro
padre Abraham, antes de ser circuncidado. La promesa hecha a Abraham 13 En efecto, la promesa de recibir el mundo en
herencia, hecha a Abraham y a su posteridad, no le fue concedida en virtud de
La fe de Abraham y la fe del cristiano 18 Esperando contra toda esperanza, Abraham creyó y
llegó a ser padre de muchas naciones, como se le había anunciado: Así
será tu descendencia. 19 Su fe no flaqueó, al considerar que su cuerpo
estaba como muerto –era casi centenario– y que también lo estaba el seno de
Sara. 20 Él no dudó de la promesa de Dios, por falta de fe, sino al
contrario, fortalecido por esa fe, glorificó a Dios, 21 plenamente convencido
de que Dios tiene poder para cumplir lo que promete. 22 Por eso, la fe le
fue tenida en cuenta para su justificación. 23 Pero cuando dice El fruto de la justificación 5 1
Justificados, entonces, por la fe, estamos en paz con Dios, por medio de
nuestro Señor Jesucristo. 2 Por él hemos alcanzado, mediante la fe, la gracia
en la que estamos afianzados, y por él nos gloriamos en la esperanza de la
gloria de Dios. 3 Más aún, nos gloriamos hasta de las mismas tribulaciones,
porque sabemos que la tribulación produce la constancia; 4 la constancia, la
virtud probada; la virtud probada, la esperanza. 5 Y la esperanza no quedará
defraudada, porque el amor de Dios ha sido derramado en nuestros corazones
por el Espíritu Santo, que nos ha sido dado. 6 En efecto, cuando todavía
éramos débiles, Cristo, en el tiempo señalado, murió por los pecadores. 7
Difícilmente se encuentra alguien que dé su vida por un hombre justo; tal vez
alguno sea capaz de morir por un bienhechor. 8 Pero la prueba de que Dios nos
ama es que Cristo murió por nosotros cuando todavía éramos pecadores. 9 Y
ahora que estamos justificados por su sangre, con mayor razón seremos
librados por él de la ira de Dios. 10 Porque si siendo enemigos, fuimos
reconciliados con Dios por la muerte de su Hijo, mucho más ahora que estamos
reconciliados, seremos salvados por su vida. 11 Y esto no es todo: nosotros
nos gloriamos en Dios, por medio de nuestro Señor Jesucristo, por quien desde
ahora hemos recibido la reconciliación. Adán y Jesucristo 12 Por lo tanto, por un solo hombre entró el
pecado en el mundo, y por el pecado la muerte, y así la muerte pasó a
todos los hombres, porque todos pecaron. 13 En efecto, el pecado ya estaba en
el mundo, antes de 15 Pero no hay proporción entre el don y la falta.
Porque si la falta de uno solo provocó la muerte de todos, la gracia de Dios
y el don conferido por la gracia de un solo hombre, Jesucristo, fueron
derramados mucho más abundantemente sobre todos. 16 Tampoco se puede comparar
ese don con las consecuencias del pecado cometido por un solo hombre, ya que
el juicio de condenación vino por una sola falta, mientras que el don de la
gracia lleva a la justificación después de muchas faltas. 17 En efecto, si
por la falta de uno solo reinó la muerte, con mucha más razón, vivirán y
reinarán por medio de un solo hombre, Jesucristo, aquellos que han recibido
abundantemente la gracia y el don de la justicia. 18 Por consiguiente, así como la falta de uno solo
causó la condenación de todos, también el acto de justicia de uno solo
producirá para todos los hombres la justificación que conduce a 20 Es verdad que La identificación con Cristo por el Bautismo 6 1 ¿Qué
diremos entonces? ¿Que debemos seguir pecando para que abunde la gracia? 2
¡Ni pensarlo! ¿Cómo es posible que los que hemos muerto al pecado sigamos
viviendo en él? 3 ¿No saben ustedes que todos los que fuimos bautizados en Cristo
Jesús, nos hemos sumergido en su muerte? 4 Por el bautismo fuimos sepultados
con él en la muerte, para que así como Cristo resucitó por la gloria del
Padre, también nosotros llevemos una Vida nueva. 5 Porque si nos hemos identificado con Cristo por una
muerte semejante a la suya, también nos identificaremos con él en la
resurrección. 6 Comprendámoslo: nuestro hombre viejo ha sido crucificado con
él, para que fuera destruido este cuerpo de pecado, y así dejáramos de ser
esclavos del pecado. 7 Porque el que está muerto, no debe nada al pecado. 8 Pero si hemos muerto con Cristo, creemos que
también viviremos con él. 9 Sabemos que Cristo, después de resucitar, no
muere más, porque la muerte ya no tiene poder sobre él. 10 Al morir, él murió
al pecado, una vez por todas; y ahora que vive, vive para Dios. 11 Así
también ustedes, considérense muertos al pecado y vivos para Dios en Cristo
Jesús. La liberación del pecado y el servicio de Dios 12 No permitan que el pecado reine en sus cuerpos
mortales, obedeciendo a sus malos deseos. 13 Ni hagan de sus miembros
instrumentos de injusticia al servicio del pecado, sino ofrézcanse ustedes
mismos a Dios, como quienes han pasado de la muerte a 15 ¿Entonces qué? ¿Vamos a pecar porque no estamos
sometidos a Los frutos del pecado y de la justicia 20 Cuando eran esclavos del pecado, ustedes estaban libres
con respecto de la justicia. 21 Pero, ¿qué provecho sacaron entonces de las
obras que ahora los avergüenzan? El resultado de esas obras es la muerte. 22
Ahora, en cambio, ustedes están libres del pecado y sometidos a Dios: el
fruto de esto es la santidad y su resultado, La liberación de 7 1 ¿Acaso
ustedes ignoran, hermanos –hablo a gente que entiende de leyes– que el hombre
está sujeto a la ley únicamente mientras vive? 2 Así, una mujer casada
permanece ligada por la ley a su esposo mientras él viva; pero al morir el
esposo, queda desligada de la ley que la unía a él. 3 Por lo tanto, será
tenida por adúltera si en vida de su marido, se une a otro hombre. En cambio,
si su esposo muere, quedará desligada de la ley, y no será considerada
adúltera si se casa con otro hombre. 4 De igual manera, hermanos, por la
unión con el cuerpo de Cristo, ustedes han muerto a 7 ¿Diremos entonces que 9 Hubo un tiempo en que yo vivía sin Ley, pero al llegar el precepto, tomó vida el pecado, 10 y yo, en cambio, morí. Así resultó que el mandamiento que debía darme la vida, me llevó a la |