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Caminando con Jesús Pedro Sergio Antonio Donoso Brant Edición especial comentada para ayudar a
comprender mejor las Sagradas Escrituras |
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Entre todos los escritos de Pablo, Es probable que Pablo, advertido por algunos de sus
fieles, haya ido entonces a Corinto para encarar personalmente a sus
adversarios. Pero esa visita, que sin duda fue breve y se realizó en medio de
sucesos dolorosos, no produjo el efecto deseado. Esto motivó el envío de una
Carta escrita en Éfeso "con muchas lágrimas" (2. 4) y en un
tono muy severo, donde Pablo se defendía contra sus acusadores y reivindicaba
su condición de Apóstol. Más tarde, su discípulo Tito le trajo buenas
noticias sobre la situación de la comunidad. Entonces Pablo, que se disponía
a ir por tercera vez a Corinto (12. 14), envió a la comunidad una afectuosa
Carta de reconciliación. En su forma actual, la llamada "Segunda Carta a
los Corintios" da la impresión de ser la recopilación de varios escritos
de Pablo, provenientes del dramático y prolongado intercambio epistolar que
él mantuvo con Saludo inicial 1 1 Pablo,
Apóstol de Jesucristo por la voluntad de Dios, y el hermano Timoteo, saludan
a Acción de gracias 3 Bendito sea Dios, el Padre de nuestro Señor
Jesucristo, Padre de las misericordias y Dios de todo consuelo, 4 que nos
reconforta en todas nuestras tribulaciones, para que nosotros podamos dar a
los que sufren el mismo consuelo que recibimos de Dios. 5 Porque así como
participamos abundantemente de los sufrimientos de Cristo, también por medio
de Cristo abunda nuestro consuelo. 6 Si sufrimos, es para consuelo y
salvación de ustedes; si somos consolados, también es para consuelo de
ustedes, y esto les permite soportar con constancia los mismos sufrimientos
que nosotros padecemos. 7 Por eso, tenemos una esperanza bien fundada con
respecto a ustedes, sabiendo que si comparten nuestras tribulaciones, también
compartirán nuestro consuelo. 8 Queremos, hermanos, que ustedes conozcan la
tribulación que debimos sufrir en la provincia de Asia: la carga fue tan
grande que no podíamos sobrellevarla, al extremo de pensar que estábamos a
punto de perder la vida. 9 Soportamos en nuestra propia carne una sentencia
de muerte, y así aprendimos a no poner nuestra confianza en nosotros mismos,
sino en Dios que resucita a los muertos. 10 Él nos libró y nos librará de ese
peligro mortal. Sí, esperamos que también nos librará en el futuro. 11
Ustedes también nos ayudarán con su oración, y de esa manera, siendo muchos
los que interceden por nosotros, también serán muchos los que darán gracias
por el beneficio recibido. APOLOGÍA DEL
MINISTERIO DE PABLO Y RECONCILIACIÓN CON LOS CORINTIOS Nunca es agradable hacer
la apología de uno mismo. Pablo tuvo que hacerla, para justificar su
condición de verdadero Apóstol, puesta en tela de juicio por sus adversarios.
En el fondo, lo que estaba en juego era el Evangelio que él predicaba. Por
encima de todo, el Apóstol quiere mantener la unidad de Esta apología personal
da a Pablo la ocasión de destacar la superioridad de La sinceridad de Pablo 12 Este es para nosotros un motivo de orgullo: el
testimonio que nos da nuestra conciencia de que siempre, y particularmente en
relación con ustedes, nos hemos comportado con la santidad y la sinceridad
que proceden de Dios, movidos, no por una sabiduría puramente humana, sino
por la gracia de Dios. 13 En efecto, nuestras cartas no son ambiguas: no hay
en ellas más de lo que ustedes pueden leer y entender. Y espero que
comprenderán plenamente 14 –como ya lo han comprendido en parte– que en el
Día de nuestro Señor Jesús, podrán sentirse orgullosos de nosotros, como
nosotros de ustedes. 15 Convencido de esto, me propuse visitarlos primero
a ustedes, para darles una nueva alegría, 16 y de allí pasar a Macedonia.
Después, a mi regreso de Macedonia, ustedes me ayudarían a proseguir mi viaje
a Judea. 17 Al proponerme esto, ¿obré precipitadamente?, ¿o bien mis
proyectos estaban fundados en motivos puramente humanos, de manera que yo
digo al mismo tiempo "sí" y "no"? 18 Les aseguro, por la
fidelidad de Dios, que nuestro lenguaje con ustedes no es hoy "sí",
y mañana "no". 19 Porque el Hijo de Dios, Jesucristo, el que
nosotros hemos anunciado entre ustedes –tanto Silvano y Timoteo, como yo
mismo– no fue "sí" y "no", sino solamente "sí".
20 En efecto, todas las promesas de Dios encuentran su "sí" en
Jesús, de manera que por él decimos "Amén" a Dios, para gloria
suya. 21 Y es Dios el que nos reconforta en Cristo, a nosotros y a ustedes;
el que nos ha ungido, 22 el que también nos ha marcado con su sello y ha
puesto en nuestros corazones las primicias del Espíritu. Razones de Pablo para no volver a Corinto 23 Pongo a Dios por testigo, y lo juro por mi propia
vida, que si no volví a Corinto fue por consideración hacia ustedes. 24
Porque no pretendemos imponer nuestro dominio sobre la fe de ustedes, ya que
ustedes permanecen firmes en la fe: lo que queremos es aumentarles el gozo. 2 1 Estoy
decidido a no hacerles otra visita que sea para ustedes motivo de tristeza. 2
Porque si yo los entristezco, ¿quién me podrá alegrar, sino el mismo a quien
yo entristecí? 3 Y si les he escrito lo que ustedes ya saben, fue para no
apenarme al llegar, a causa de aquellos que debían alegrarme, porque estoy
convencido de que mi alegría es también la de ustedes. 4 Verdaderamente les
escribí con gran aflicción y angustia, y con muchas lágrimas, no para
entristecerlos, sino para demostrarles el profundo afecto que les tengo. El perdón al ofensor 5 Si alguien me entristeció, no me entristeció a mí
solamente sino también, en cierta medida –lo digo sin exagerar– a todos
ustedes. 6 Pienso que es suficiente el castigo que la mayoría ha impuesto al
ofensor. 7 Conviene ahora perdonarlo y animarlo para que el pobre no quede
agobiado por una pena excesiva. 8 Por eso, les ruego que en este caso hagan
prevalecer el amor. 9 Antes les escribí para ponerlos a prueba y ver si son
capaces de obedecer en todo. 10 Pero ahora, yo también perdono al que ustedes
perdonaron, y lo hago en la presencia de Cristo por amor de ustedes, 11 para
que Satanás no saque ventaja de nosotros, ya que conocemos bien sus
intenciones. Los frutos del ministerio apostólico 12 Cuando llegué a Tróade para anunciar 14 Demos gracias a Dios, que siempre nos hace
triunfar en Cristo, y por intermedio nuestro propaga en todas partes la
fragancia de su conocimiento. 15 Porque nosotros somos la fragancia de Cristo
al servicio de Dios, tanto entre los que se salvan, como entre los que se
pierden: 16 para estos, aroma de muerte, que conduce a la muerte; para
aquellos, aroma de vida, que conduce a Las credenciales de Pablo 3 1
¿Comenzamos nuevamente a recomendarnos a nosotros mismos? ¿Acaso tenemos que
presentarles o recibir de ustedes cartas de recomendación, como hacen
algunos? 2 Ustedes mismos son nuestra carta, una carta escrita en nuestros
corazones, conocida y leída por todos los hombres. 3 Evidentemente ustedes
son una carta que Cristo escribió por intermedio nuestro, no con tinta, sino
con el Espíritu del Dios viviente, no en tablas de piedra, sino de carne, es
decir, en los corazones. La superioridad de 4 Es Cristo el que nos da esta seguridad delante de
Dios, 5 no porque podamos atribuirnos algo que venga de nosotros mismos, ya
que toda nuestra capacidad viene de Dios. 6 Él nos ha capacitado para que
seamos los ministros de una Nueva Alianza, que no reside en la letra, sino en
el Espíritu; porque la letra mata, pero el Espíritu da vida. 7 Ahora bien, si
el ministerio que lleva a la muerte –grabado sobre piedras– fue inaugurado
con tanta gloria que los israelitas no podían fijar sus ojos en el rostro de
Moisés, por el resplandor –aunque pasajero– de ese rostro, 8 ¡cuánto más glorioso
será el ministerio del Espíritu! 9 Y si el ministerio que llevaba a la
condenación fue tan glorioso, ¡cuál no será la gloria del ministerio que
conduce a la justicia! 10 En realidad, aquello que fue glorioso bajo cierto
aspecto ya no lo es más en comparación con esta gloria extraordinaria. 11
Porque si lo que era transitorio se ha manifestado con tanta gloria, ¡cuánto
más glorioso será lo que es permanente! La libertad apostólica 12 Animados con esta esperanza, nos comportamos con
absoluta franqueza, 13 y no como Moisés, que se cubría el rostro con un velo
para impedir que los israelitas vieran el fin de un esplendor pasajero. 14
Pero se les oscureció el entendimiento, y ese mismo velo permanece hasta el
día de hoy en la lectura del Antiguo Testamento, porque es Cristo el que lo
hace desaparecer. 15 Sí, hasta el día de hoy aquel velo les cubre la
inteligencia siempre que leen a Moisés. 16 Pero al que se convierte al
Señor, se le cae el velo. 17 Porque el Señor es el Espíritu, y donde está
el Espíritu del Señor, allí está la libertad. 18 Nosotros, en cambio, con el
rostro descubierto, reflejamos, como en un espejo, la gloria del Señor, y
somos transfigurados a su propia imagen con un esplendor cada vez más
glorioso, por la acción del Señor, que es Espíritu. La luz del Evangelio 4 1 Por
eso, investidos misericordiosamente del ministerio apostólico, no nos
desanimamos 2 y nunca hemos callado nada por vergüenza, ni hemos procedido
con astucia o falsificando Tribulaciones y esperanzas del ministerio apostólico 7 Pero nosotros llevamos ese tesoro en recipientes
de barro, para que se vea bien que este poder extraordinario no procede de
nosotros, sino de Dios. 8 Estamos atribulados por todas partes, pero no
abatidos; perplejos, pero no desesperados; 9 perseguidos, pero no
abandonados; derribados, pero no aniquilados. 10 Siempre y a todas partes,
llevamos en nuestro cuerpo los sufrimientos de la muerte de Jesús, para que
también la vida de Jesús se manifieste en nuestro cuerpo. 11 Y así aunque
vivimos, estamos siempre enfrentando a la muerte por causa de Jesús, para que
también la vida de Jesús se manifieste en nuestra carne mortal. 12 De esa
manera, la muerte hace su obra en nosotros, y en ustedes, la vida. 13 Pero teniendo ese mismo espíritu de fe, del que
dice 16 Por eso, no nos desanimamos: aunque nuestro
hombre exterior se vaya destruyendo, nuestro hombre interior se va renovando
día a día. 17 Nuestra angustia, que es leve y pasajera, nos prepara una
gloria eterna, que supera toda medida. 18 Porque no tenemos puesta la mirada
en las cosas visibles, sino en las invisibles: lo que se ve es transitorio,
lo que no se ve es eterno. La morada incorruptible 5 1
Nosotros sabemos, en efecto, que si esta tienda de campaña –nuestra morada
terrenal– es destruida, tenemos una casa permanente en el cielo, no
construida por el hombre, sino por Dios. 2 Por eso, ahora gemimos deseando
ardientemente revestirnos de aquella morada celestial; 3 porque una vez que
nos hayamos revestido de ella, ya no nos encontraremos desnudos. 4 Mientras
estamos en esta tienda de campaña, gemimos angustiosamente, porque no
queremos ser desvestidos, sino revestirnos, a fin de que lo que es mortal sea
absorbido por la vida. 5 Y aquel que nos destinó para esto es el mismo Dios
que nos dio las primicias del Espíritu. 6 Por eso, nos sentimos plenamente seguros, sabiendo
que habitar en este cuerpo es vivir en el exilio, lejos del Señor; 7 porque
nosotros caminamos en la fe y todavía no vemos claramente. 8 Sí, nos sentimos
plenamente seguros, y por eso, preferimos dejar este cuerpo para estar junto
al Señor; 9 en definitiva, sea que vivamos en este cuerpo o fuera de él,
nuestro único deseo es agradarlo. 10 Porque todos debemos comparecer ante el
tribunal de Cristo, para que cada uno reciba, de acuerdo con sus obras buenas
o malas, lo que mereció durante su vida mortal. La actitud apostólica de Pablo 11 Por lo tanto, compenetrados del temor del Señor,
tratamos de persuadir a los hombres. Dios ya nos conoce plenamente, y espero
que también ustedes nos conozcan de la misma manera. 12 No pretendemos volver
a recomendarnos delante de ustedes: solamente queremos darles un motivo para
que se sientan orgullosos de nosotros y puedan responder a los que se glorían
de lo exterior y no de lo que hay en el corazón. 13 En efecto, si hemos
procedido como insensatos, lo hicimos por Dios; y si somos razonables, es por
ustedes. 14 Porque el amor de Cristo nos apremia, al considerar que si uno
solo murió por todos, entonces todos han muerto. 15 Y él murió por todos, a
fin de que los que viven no vivan más para sí mismos, sino para aquel que
murió y resucitó por ellos. El ministerio de la reconciliación 16 Por eso nosotros, de ahora en adelante, ya no
conocemos a nadie con criterios puramente humanos; y si conocimos a Cristo de
esa manera, ya no lo conocemos más así. 17 El que vive en Cristo es una nueva
criatura: lo antiguo ha desaparecido, un ser nuevo se ha hecho presente. 18 Y
todo esto procede de Dios, que nos reconcilió con él por intermedio de Cristo
y nos confió el ministerio de la reconciliación. 19 Porque es Dios el que
estaba en Cristo, reconciliando al mundo consigo, no teniendo en cuenta los
pecados de los hombres, y confiándonos la palabra de la reconciliación. 20
Nosotros somos, entonces, embajadores de Cristo, y es Dios el que exhorta a
los hombres por intermedio nuestro. Por eso, les suplicamos en nombre de
Cristo: Déjense reconciliar con Dios. El combate apostólico 6 1 Y
porque somos sus colaboradores, los exhortamos a no recibir en vano la gracia
de Dios. 2 Porque él nos dice en Desahogo afectuoso de Pablo 11 Les hemos hablado, corintios, con toda franqueza
y hemos abierto completamente nuestro corazón. 12 En él hay cabida para todos
ustedes; en cambio, en el de ustedes no la hay para nosotros. 13 Yo deseo que
me paguen con la misma moneda. Les hablo como a mis propios hijos: también
ustedes abran su corazón. Las relaciones con los paganos 14 No tengan relaciones indebidas con los que no
creen. Porque, ¿qué tienen en común la justicia con la iniquidad, o la luz
con las tinieblas? 15 ¿Qué entendimiento puede haber entre Cristo y Belial?,
¿o qué unión entre el creyente y el que no cree? 16 ¿Qué acuerdo entre el
templo de Dios y los ídolos? Porque nosotros somos el templo del Dios
viviente, como lo dijo el mismo Dios: Yo habitaré y caminaré en medio de
ellos; seré su Dios y ellos serán mi Pueblo. 17 Por eso, salgan de en
medio de esa gente y pónganse aparte, dice el Señor. No toquen nada impuro, y
yo los recibiré. 18 Y seré para ustedes un Padre, y ustedes serán mis
hijos y mis hijas, dice el Señor todopoderoso. 7 1 Ya que
poseemos estas promesas, queridos hermanos, purifiquémonos de todo lo que
mancha el cuerpo o el espíritu, llevando a término la obra de nuestra
santificación en el temor de Dios. Exhortación fraternal de Pablo 2 Háganme un lugar en sus corazones. Nosotros no
hemos perjudicado ni arruinado ni explotado a nadie. 3 No digo esto para
condenarlos: como ya les dije, ustedes están en mi corazón, unidos en la vida
y en la muerte. 4 Yo siempre les hablo con toda franqueza y tengo sobrados
motivos para gloriarme de ustedes. Esto me llena de consuelo y me da una
inmensa alegría en medio de todas las tribulaciones. 5 Cuando llegamos a Macedonia, no tuvimos descanso.
De todas partes nos acosaban las tribulaciones: luchas por fuera y temores
por dentro. 6 Pero Dios, que consuela a los afligidos, nos consoló con la
llegada de Tito, 7 y no sólo con su llegada, sino también con el consuelo que
ustedes le prodigaron. Él nos habló del profundo afecto, del dolor y de la
preocupación que ustedes sienten por mí, con lo cual me alegré más todavía. Las consecuencias de una carta de Pablo 8 Porque, si bien es verdad que los entristecí con
mi carta, no me lamento de haberlo hecho. Si antes lo lamenté –al saber que aquella
carta, aunque sólo fuera momentáneamente, los entristeció– 9 ahora me
regocijo, no porque ustedes se hayan puesto tristes, sino porque esa tristeza
fue motivo de arrepentimiento. Ustedes, en efecto, han experimentado la
tristeza que proviene de Dios, de manera que nosotros no les hemos hecho
ningún daño. 10 Esa tristeza produce un arrepentimiento que lleva a la
salvación y no se debe lamentar; en cambio, la tristeza del mundo produce la
muerte. 11 Fíjense bien lo que ha producido en ustedes la tristeza que
proviene de Dios. ¡Cuánta solicitud! ¿Qué digo? ¡Cuántas excusas! ¡Qué
indignación! ¡Qué temor! ¡Cuántos deseos ardientes! ¡Qué preocupación! ¡Qué
castigo ejemplar! De todas las maneras posibles, ustedes han demostrado que
son inocentes en este asunto. 12 En realidad, yo no les escribí a causa del
ofensor, ni siquiera a causa del ofendido, sino para que se ponga de
manifiesto, delante de Dios, la solicitud que ustedes tienen por nosotros. 13
Esto nos ha servido de consuelo; y a este consuelo personal, se agregó una
alegría mucho mayor todavía: la de ver el gozo de Tito, después que fue
tranquilizado por ustedes. 14 Y si delante de él me glorié un poco de
ustedes, no me avergüenzo de ello. Todo lo contrario, de la misma manera que
siempre les he dicho la verdad, también en esta ocasión se comprobó que era
legítimo el orgullo que sentí por ustedes delante de Tito. 15 Y el afecto que
él les tiene se acrecienta cuando recuerda la obediencia, el respeto y la
reverencia con que lo recibieron. 16 Por eso me alegro de poder confiar
plenamente en ustedes. Hacía tiempo que los
cristianos de Corinto habían resuelto hacer una colecta en favor de La importancia que
Pablo atribuye a esta colecta nos hace ver que no se trataba de una simple
ayuda económica. Esa solidaridad "ecuménica" entre las Iglesias
locales, debía poner de manifiesto la unidad de Un ejemplo de generosidad 8 1 Ahora,
hermanos, queremos informarles acerca de la gracia que Dios ha concedido a
las Iglesias de Macedonia. 2 Porque, a pesar de las grandes tribulaciones con
que fueron probadas, la abundancia de su gozo y su extrema pobreza han
desbordado en tesoros de generosidad. 3 Puedo asegurarles que ellos estaban
dispuestos a dar según sus posibilidades y más todavía: por propia
iniciativa, 4 nos pidieron, con viva insistencia, que les permitiéramos
participar de este servicio en favor de los hermanos de Jerusalén. 5 Y superando
nuestras esperanzas, ellos se entregaron, en primer lugar al Señor, y luego a
nosotros, por la voluntad de Dios. Llamado a la generosidad de los corintios 6 Por eso, hemos rogado a Tito que lleve a feliz
término entre ustedes esta obra de generosidad, de la misma manera que la
había comenzado. 7 Y ya que ustedes se distinguen en todo: en fe, en
elocuencia, en ciencia, en toda clase de solicitud por los demás, y en el
amor que nosotros les hemos comunicado, espero que también se distingan en
generosidad. 8 Esta no es una orden: solamente quiero que manifiesten la
sinceridad de su amor, mediante la solicitud por los demás. 9 Ya conocen la
generosidad de nuestro Señor Jesucristo que, siendo rico, se hizo pobre por
nosotros, a fin de enriquecernos con su pobreza. 10 Por eso, quiero darles un
consejo que les será provechoso, ya que ustedes, el año pasado, fueron los
primeros, no sólo en emprender esta obra, sino también en decidir su
realización. 11 Llévenla ahora a término, para que los hechos respondan, según
las posibilidades de cada uno, a la decisión de la voluntad. 12 Porque cuando
existe esa decisión, a uno se lo acepta con lo que tiene y no se hace
cuestión de lo que no tiene. 13 No se trata de que ustedes sufran necesidad
para que otros vivan en la abundancia, sino de que haya igualdad. 14 En el
caso presente, la abundancia de ustedes suple la necesidad de ellos, para que
un día, la abundancia de ellos supla la necesidad de ustedes. Así habrá
igualdad, 15 de acuerdo con lo que dice Los colaboradores de Pablo en la colecta 16 Doy gracias a Dios, porque ha puesto en el
corazón de Tito la misma solicitud que yo tengo por ustedes. 17 Él, no
solamente respondió a mi llamado, sino que, con más solicitud que nunca y por
propia iniciativa, ha decidido ir a verlos. 18 Con él les enviamos al hermano
que ha merecido el elogio de todas las Iglesias, por el servicio que ha
prestado al Evangelio. 19 Además, él ha sido designado por las Iglesias como
nuestro compañero de viaje en esta obra de generosidad, a la cual nos
consagramos para gloria del Señor y como prueba de nuestra buena voluntad. 20
Nuestra intención, es evitar toda crítica con respecto a la abundante colecta
que tenemos a nuestro cuidado, 21 procurando hacer lo que está bien, no
solamente delante de Dios, sino también delante de los hombres. 22 Con
ellos, les enviamos a otro de nuestros hermanos, cuyo celo hemos comprobado
muchas veces y de varias maneras, y que ahora se muestra más solícito
todavía, por la confianza que les tiene. 23 En cuanto a Tito, él es mi
compañero y mi colaborador entre ustedes, y los demás hermanos son los
delegados de las Iglesias y la gloria de Cristo. 24 Pruébenles entonces su
amor, y lo bien fundado de nuestro orgullo por ustedes delante de las
Iglesias. Nuevo llamado a la generosidad 9 1 Está
de más que les escriba acerca de este servicio en favor de los hermanos de
Jerusalén, 2 porque conozco la buena disposición de ustedes. Ya les he dicho
con orgullo a los hermanos de Macedonia: " Los beneficios de la colecta 6 Sepan que el que siembra mezquinamente, tendrá una
cosecha muy pobre; en cambio, el que siembra con generosidad, cosechará
abundantemente. 7 Que cada uno dé conforme a lo que ha resuelto en su
corazón, no de mala gana o por la fuerza, porque Dios ama al que da con
alegría. 8 Por otra parte, Dios tiene poder para colmarlos de todos sus
dones, a fin de que siempre tengan lo que les hace falta, y aún les sobre
para hacer toda clase de buenas obras. 9 Como dice AUTODEFENSA DE
PABLO En los capítulos
siguientes, Pablo emplea un tono más bien duro y por momentos irónico, en el
que se pone bien de manifiesto su carácter apasionado y lleno de contrastes.
El Apóstol vuelve a hacer una enérgica apología de sí mismo, respondiendo a
las acusaciones de sus adversarios. Ciertamente, no le faltan motivos para
gloriarse, y él mismo los enumera con toda franqueza: su condición de
verdadero israelita, los peligros a que estuvo expuesto y los sufrimientos
padecidos por la difusión del Evangelio, como también las visiones y
revelaciones que recibió del Señor (11. 22-29; 12. 1-4). Pero Pablo prefiere
gloriarse en su debilidad, porque cuanto más débil es, tanto más resplandece "el poder de Cristo" (12. 9) y la
fuerza del Espíritu. Y en último término, lo que lo lleva a hacer su apología
es, sobre todo, "el celo de Dios" (11. 2) en favor de La respuesta de Pablo a la acusación de debilidad 10 1 Yo
mismo los exhorto por la mansedumbre y la benevolencia de Cristo; yo, Pablo,
que soy tan apocado cuando estoy delante de ustedes, y tan audaz cuando estoy
lejos. 2 Les ruego que cuando esté entre ustedes no me vea obligado a ejercer
esa severidad que pienso emplear resueltamente contra aquellos que suponen
que nuestra conducta se inspira en motivos carnales. 3 Porque, aunque vivimos
en la carne, no combatimos con medios carnales. 4 No, las armas de nuestro
combate no son carnales, pero, por la fuerza de Dios, son suficientemente
poderosas para derribar fortalezas. Por eso destruimos los sofismas 5 y toda
clase de altanería que se levanta contra el conocimiento de Dios, y sometemos
toda inteligencia humana para que obedezca a Cristo. 6 Y estamos dispuestos a
castigar cualquier desobediencia, una vez que ustedes lleguen a obedecer
perfectamente. 7 Acepten las cosas como son. El que hace alarde de
ser de Cristo, reconozca que también lo somos nosotros, 8 y aunque yo me
gloriara más de la cuenta en la autoridad que me dio el Señor, no me
avergüenzo, porque es para edificación y no para destrucción de ustedes. 9
Les digo esto para que no piensen que pretendo atemorizarlos con mis cartas.
10 Porque algunos dicen: "Sus cartas son enérgicas y severas; en cambio,
su presencia resulta insignificante y su palabra despreciable". La respuesta a la acusación de ambición 12 En realidad, no pretendemos ponernos a la altura
de algunos que se elogian a sí mismos, ni compararnos con ellos. El hecho de
que se midan con su propia medida y se comparen consigo mismos, demuestra que
proceden neciamente. 13 Nosotros, por nuestra parte, no nos gloriamos más
allá de lo debido, sino que usamos la medida que Dios mismo nos ha fijado al
hacernos llegar hasta ustedes. 14 En efecto, no nos excedemos en nuestro
derecho: nos excederíamos, si no hubiéramos ido; pero nosotros fuimos para
anunciarles El celo de Pablo 11 1
¡Ojalá quisieran tolerar un poco de locura de mi parte! De hecho, ya me toleran.
2 Yo estoy celoso de ustedes con el celo de Dios, porque los he unido al
único Esposo, Cristo, para presentarlos a él como una virgen pura. 3 Pero
temo que, así como la serpiente, con su astucia, sedujo a Eva, también
ustedes se dejen corromper interiormente, apartándose de la sinceridad debida
a Cristo. 4 Si alguien viniera a predicarles otro Jesucristo, diferente del
que nosotros hemos predicado, o si recibieran un Espíritu distinto del que
han recibido, u otro Evangelio diverso del que han aceptado, ¡ciertamente lo
tolerarían! 5 Yo pienso, sin embargo, que no soy inferior a esos que se
consideran "apóstoles por excelencia". 6 Porque, aunque no soy más
que un profano en cuanto a la elocuencia, no lo soy en cuanto al
conocimiento; y esto lo he demostrado en todo y delante de todos. Apología del Apóstol 7 ¿Acaso procedí mal al anunciarles gratuitamente Motivos de Pablo para gloriarse 16 Les vuelvo a repetir: que nadie me tome por
insensato, y si me toma por tal, que me permita, a mi vez, gloriarme un poco.
17 Lo que voy a decir ahora no lo diré movido por el Señor, sino como si
fuera un necio, con la seguridad de que también yo tengo de qué gloriarme. 18
Ya que tantos otros se glorían según la carne, yo también voy a gloriarme. 19
¡Con qué gusto soportan a los necios, ustedes que se tienen por tan sensatos!
20 ¡Toleran que los esclavicen, que los exploten, que les roben, que los
traten con prepotencia, que los abofeteen! 21 Dicen que hemos sido demasiado
débiles: lo admito para mi vergüenza. Pero de lo mismo que otros se jactan –y ahora hablo como un necio– también yo me puedo jactar. 22 ¿Ellos son hebreos? Yo también lo soy. ¿Son israelitas? Yo también. ¿Son descendientes de Abraham? Yo también. 23 ¿Son ministros de Cristo? Vuelvo a hablar como un necio: yo lo soy más que ellos. Mucho más por los trabajos, mucho más por las veces que estuve prisionero, muchísimo más por los golpes que recibí. Con frecuencia estuve al borde de la muerte, 24 cinco veces fui azotado por los judíos con los treinta y nueve golpes, 25 tres veces fui flagelado, una vez fui apedreado, tres veces naufragué, y pasé un día y una noche en medio del mar. 26 En mis innumerables viajes, pasé peligros en los ríos, peligros de asaltantes, peligros de parte de mis compatriotas, pel |