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Caminando con Jesús Pedro Sergio Antonio Donoso Brant Edición especial comentada para ayudar a
comprender mejor las Sagradas Escrituras |
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Saludo inicial 1 Yo, el Presbítero –y no sólo yo, sino también
todos los que han conocido la verdad– saludo a El mandamiento del amor 4 Me he alegrado muchísimo al encontrar a algunos
hijos tuyos que viven en la verdad, según el mandamiento que hemos recibido
del Padre. 5 Y ahora te ruego: amémonos los unos a los otros. Con lo cual no
te comunico un nuevo mandamiento, sino el que tenemos desde el principio. 6
El amor consiste en vivir de acuerdo con los mandamientos de Dios. Y el
mandamiento que ustedes han aprendido desde el principio es que vivan en el
amor. Los anticristos 7 Porque han invadido el mundo muchos seductores que
no confiesan a Jesucristo manifestado en la carne. ¡Ellos son el Seductor y
el Anticristo! 8 Ustedes estén alerta para no perder el fruto de sus
trabajos, de manera que puedan recibir una perfecta retribución. 9 Todo el
que se aventura más allá de la doctrina de Cristo y no permanece en ella, no
está unido a Dios. En cambio, el que permanece en su doctrina está unido al
Padre, y también al Hijo. 10 Si alguien se presenta ante ustedes y no trae
esta misma doctrina, no lo reciban en su casa ni lo saluden. 11 Porque el que
lo saluda se hace cómplice de sus malas obras. Despedida 12 Tendría muchas otras cosas que escribirles, pero
no quise hacerlo por carta, porque espero ir a verlos para hablar con ustedes
personalmente, a fin de que nuestra alegría sea completa. 13 También te saludan fraternalmente los hijos de
esta Comunidad elegida. 1.
"El Presbítero": en la época apostólica se daba este título a los
jefes de las comunidades cristianas (ver nota Hech. 11. 30). Pero aquí se
trata de alguien que por su gran autoridad era llamado "el"
Presbítero por excelencia, ya que este título basta al autor de 5. Ver
nota 1 Jn. 2. 7-8. 7. Ver
nota 1 Jn. 2. 18-19. 9. Ver 1
Jn. 2. 23. 10-11. El
"saludo", tal como lo practican los orientales aún ahora, es mucho
más que un simple gesto de buena educación. Además de incluir una fórmula de
bendición, comprende gestos muy variados, que según las circunstancias
expresan respeto, amistad, veneración o solidaridad. En este contexto,
resulta claro que si alguien "saluda" a un maestro del error
"se hace cómplice de sus malas obras". |
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Texto Biblico suministrado desde la pagina
de www.clerus.org edición para el estudio en Internet de
Pedro Sergio Antonio Donoso Brant |
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