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CRISTOLOGÍA -3- INDICE
Jesucristo, el Mesías ungido por el Espíritu Santo
(5.VIII.87) 1. 'Salí del Padre y
vine al mundo; de nuevo dejo el mundo y me voy al Padre' (Jn 16, 28).
Jesucristo tiene el conocimiento de su origen del Padre: es el Hijo porque
proviene del Padre. Como Hijo ha venido al mundo, mandado por el Padre. Esta
misión (missio) que se basa en el origen eterno del
Cristo) Hijo, de la misma naturaleza que el Padre, está radicada en El. Por
ello en esta misión el Padre revela el Hijo y da testimonio de Cristo como su
Hijo, mientras que al mismo tiempo el Hijo revea al Padre. Nadie,
efectivamente 'conoce al Hijo sino el Padre, y nadie conoce al Padre sino el
Hijo y aquel a quien el Hijo quisiere revelárselo' (Mt 11, 27). El Hijo, que
'ha salido del Padre', expresa y confirma la propia filiación en cuanto
'revea al Padre' ante el mundo. Y lo hace no sólo con las palabras del
Evangelio, sino también con su vida, por el hecho de que El completamente
'vive por el Padre', y esto hasta el sacrificio de su vida en la cruz. 2. Esta misión
salvífica del Hijo de Dios como Hombre se lleva a cabo 'en la potencia' del
Espíritu Santo. Lo atestiguan numerosos pasajes de los Evangelios y todo el
Nuevo Testamento. En el Antiguo Testamento, la verdad sobre la estrecha
relación entre la misión del Hijo y la venida del Espíritu Santo (que es
también su 'misión') estaba escondida, aunque también, en cierto modo, ya
anunciada. Un presagio particular son las palabras de Isaías, a las cuales
Jesús hace referencia al inicio de su actividad mesiánica en Nazaret: 'El
Espíritu del Señor está sobre mi, porque me ungió para evangelizar a los
pobres; me envió a predicar a los cautivos la libertad, a los ciegos la
recuperación de la vista; para poner en libertad a los oprimidos, para
anunciar un año de gracia del Señor' (Lc 4,17-19; cfr. Is 61, 1-2). Estas palabras hacen referencia al Mesías: palabra que significa
'consagrado con unción' ('ungido'), es decir, aquel que viene de la potencia
del Espíritu del Señor. Jesús afirma delante de sus paisanos que estas
palabras se refieren a El: 'Hoy se cumple esta Escritura que acabáis de oír'
(Cfr. Lc 4, 21). 3. Esta verdad sobre
el Mesías que viene en el poder del Espíritu Santo encuentra su confirmación
durante el bautismo de Jesús en el Jordán, también al comienzo de su actividad
mesiánica. Particularmente denso es el texto de Juan que refiere las palabras
del Bautista: 'Yo he visto el Espíritu descender del cielo como paloma y
posarse sobre El. Yo no le conocía; pero el que me envió a bautizar en agua
me dijo: Sobre quien vieres descender el Espíritu y posarse sobre El, ése es
el que bautiza en el Espíritu Santo. Y yo vi, y doy
testimonio de que éste es el Hijo de Dios' (Jn 1, 32)34). Por consiguiente, Jesús es el Hijo de Dios, aquel que 'ha salido del
Padre y ha venido al mundo' (Cfr. Jn 16, 28), para llevar el Espíritu Santo:
'para bautizar en el Espíritu Santo' (Cfr. Mc 1, 8), es decir, para instituir
la nueva realidad de un nuevo nacimiento, por el poder de Dios, de los hijos
de Adán manchados por el pecado. La venida del Hijo de Dios al mundo, su
concepción humana y su nacimiento virginal se han cumplido por obra del
Espíritu Santo. El Hijo de Dios se ha hecho hombre y ha nacido de 4. El testimonio que
Juan da de Jesús como Hijo de Dios está en estrecha relación con el texto del
Evangelio de Lucas donde leemos que en Si, entonces, el 'salir del Padre y venir al mundo' (Cfr. Jn 16, 28)
del Hijo de Dios como hombre (el Hijo del hombre), se ha efectuado en el
poder del Espíritu Santo, esto manifiesta el misterio de la vida trinitaria
de Dios. Y este poder vivificante del Espíritu Santo está confirmado desde el
comienzo de la actividad mesiánica de Jesús, como aparece en los textos de
los Evangelios, sea de los sinópticos (Mc 1, 10; Mt 3, 16; Lc 3, 22) como de
Juan (Jn 1, 32-34). 5. Ya en el Evangelio
de la infancia, cuando se dice de Jesús que 'la gracia de Dios estaba en El'
(Lc 2, 40), se pone de relieve la presencia santificante del Espíritu Santo.
Pero es en el momento del bautismo en el Jordán cuando los Evangelios hablan
mucho más expresamente de a actividad de Cristo en la potencia del Espíritu:
'enseguida (después del bautismo) el Espíritu le empujó hacia el desierto'
dice Marcos (Mc 1, 12). Y en el desierto, después de un período de cuarenta
días de ayuno, el Espíritu de Dios permitió que Jesús fuese tentado por el espíritu
de las tinieblas, de forma que obtuviese sobre él la primera victoria
mesiánica (Cfr. Lc 4, 1-14). También durante su actividad pública, Jesús
manifiesta numerosas veces la misma potencia del Espíritu Santo respecto a
los endemoniados. El mismo lo resalta con aquellas palabras suyas: 'si yo
arrojo los demonios con el Espíritu de Dios, entonces es que ha llegado a
vosotros el reino de Dios' (Mt 12, 28). La conclusión de todo el combate
mesiánico contra las fuerzas de las tinieblas ha sido el acontecimiento
pascual: la muerte en cruz y la resurrección de Quien ha venido del Padre en
la potencia del Espíritu Santo. 6. También, después
de la ascensión, Jesús permaneció, en la conciencia de sus discípulos, como
aquel a quien 'ungió Dios con el Espíritu Santo y con poder' (Hech 10, 38).
Ellos recuerdan que gracias a este poder los hombres, escuchando las
enseñanzas de Jesús, alababan a Dios y decían: 'un gran profeta se ha
levantado entre nosotros y Dios ha visitado a su pueblo' (Lc 7, 16),' Jamás
hombre alguno habló como éste' (Jn 7, 46), y atestiguaban que, gracias a este
poder, Jesús 'hacia milagros, prodigios y señales' (Cfr. Hech 2, 22), de esta
manera 'toda la multitud buscaba tocarle, porque salía de El una virtud que
sanaba a todos' (Lc 6, 19). En todo lo que Jesús de Nazaret, el Hijo del
hombre, hacía o enseñaba, se cumplían las palabras del profeta Isaías (Cfr.
Is 42, 1 ) sobre el Mesías: 'He aquí a mi siervo a
quien elegí; mi amado en quien mi alma se complace. Haré descansar asar mi
espíritu sobre él...' (Mt 12, 1 8). 7. Este poder del
Espíritu Santo se ha manifestado hasta el final en el sacrificio redentor de
Cristo y en su resurrección. Verdaderamente Jesús es el Hijo de Dios 'que el Padre
santificó y envió al mundo' (Cfr. Jn 10, 36). Respondiendo a la voluntad del
Padre, El mismo se ofrece a Dios mediante el Espíritu como víctima inmaculada
y esta víctima purifica nuestra conciencia de las obras muertas, para que
podamos servir al Dios viviente (Cfr. Heb 9,14). El mismo Espíritu Santo
(como testimonio al Apóstol Pablo) 'resucitó a Cristo Jesús de entre los
muertos' (Rom 8, 11), y mediante este 'resurgir de los muertos'. Jesucristo
recibe la plenitud de la potencia mesiánica y es definitivamente revelado por
el Espíritu Santo como 'Hijo de Dios con potencia' (literalmente):
'constituido Hijo de Dios, poderoso según el Espíritu de Santidad a partir de
la resurrección de entre los muertos' (Rom 1, 4). 8. Así pues,
Jesucristo, el Hijo de Dios, viene al mundo por obra del Espíritu Santo, y
como Hijo del hombre cumple totalmente su misión mesiánica en la fuerza del
Espíritu Santo. Pero si Jesucristo actúa por este poder durante toda su
actividad salvífica y al final en la pasión y en la resurrección, entonces es
el mismo Espíritu Santo el que revela que El es el Hijo de Dios. De modo que
hoy, gracias al Espíritu Santo, la divinidad del Hijo, Jesús de Nazaret,
resplandece ante el mundo. Y 'nadie (como escribe San Pablo) puede decir:
'Jesús es el Señor', sino en el Espíritu Santo' (1 Cor 12,3). Jesucristo trae al Espíritu Santo (12.VIII.87) 1. Jesucristo, el
Hijo de Dios, que ha sido mandado por el Padre al mundo, llega a ser hombre
por obra del Espíritu Santo en el seno de María, En relación a esta verdad (que constituía el objeto de la catequesis
precedente), es oportuno recordar el texto de San Ireneo que escribe: 'EL
Espíritu Santo descendió sobre el Hijo de Dios, que se hizo Hijo del hombre;
habituándose junto a El a habitar en el género humano, a descansar asar en
los hombres, y realizar las obras de Dios, llevando a cabo en ellos la
voluntad del Padre, transformando su vetustez en la novedad de Cristo' (Adv. haer. III, 17,1). Es un pasaje muy significativo que repite con otras palabras lo que
hemos tomado del Nuevo Testamento, es decir, que el Hijo de Dios se ha hecho
hombre por obra del Espíritu Santo y en su potencia ha desarrollado la misión
mesiánica, para preparar de esta manera el envío y la venid las almas humanas
de este espíritu, que 'todo lo escudriña, hasta las profundidades de Dios' (1
Cor 2, 10), para renovar y consolidar su presencia y su acción santificante
en la vida del hombre. Es interesante esta expresión de Ireneo, según la
cual, el Espíritu Santo, obrando en el Hijo del hombre, 'se habituaba junto a
El a habitar en el género humano'. 2. En el Evangelio de
Juan leemos que 'el último día, el día grande de la fiesta, se detuvo Jesús y
gritó diciendo: !Si alguno tiene sed, venga a mí y
beba. Al que cree en mi, según dice Jesús anuncia la venida del Espíritu Santo, sirviéndose de la metáfora
del 'agua viva', porque 'el espíritu es el que da la vida...' (Jn 6, 63). Los
discípulos recibirán este Espíritu de Jesús mismo en el tiempo oportuno,
cuando Jesús sea 'glorificado': el Evangelista tiene
en mente la glorificación pascual mediante la cruz y la resurrección. 3. Cuando este tiempo )o sea, la 'hora' de Jesús) está ya cercana,
durante el discurso en el Cenáculo, Cristo repite su anuncio, y varias veces
promete a los Apóstoles la venida del Espíritu Santo como nuevo Consolador
(Paráclito). Les dice así: 'yo rogaré al Padre y os dará otro Abogado que estará
con vosotros para siempre: el Espíritu de verdad, que el mundo no puede
recibir, porque no le ve ni le conoce; vosotros le conocéis, porque permanece
con vosotros' (Jn 14, 16)17). 'El Abogado, el Espíritu Santo, que el Padre
enviará en mi nombre, ése os lo enseñará todo y os traerá a la memoria todo
lo que yo os he dicho' (Jn 14, 26). Y más adelante: 'Cuando venga el Abogado,
que yo os enviaré de parte del Padre, el Espíritu de verdad, que procede del
Padre, El dará testimonio de mí...' (Jn 15, 26). Jesús concluye así: 'Si no me fuere, el Abogado no vendrá a vosotros:
pero, si me fuere, os lo enviaré. Y al venir éste, amonestará al mundo sobre
el pecado, la justicia y el juicio...' (Jn 16, 7-8). 4. En los textos
reproducidos se contiene de una manera densa la revelación de la verdad sobre
el Espíritu Santo, que procede del Padre y del Hijo. (Sobre este tema me he
detenido ampliamente en 5. Esta promesa hecha
a los Apóstoles en la vigilia de su pasión y muerte, Jesús la ha realizado el
mismo día de su resurrección. Efectivamente, el Evangelio de Juan narra que,
presentándose a los discípulos que estaban aún refugiados en el cenáculo,
Jesús los saludó y mientras ellos estaban asombrados por este acontecimiento
extraordinario, 'sopló y les dijo: !Recibid el Espíritu Santo; a quien
perdonareis los pecados, les serán perdonados; a quien se los retuviereis,
les serán retenidos!' (Jn 20, 22 -23). En el texto de Juan existe un subrayado teológico, que conviene poner
de relieve: Cristo resucitado es el que se presenta a los Apóstoles y les
'trae' el Espíritu Santo, el que en cierto sentido lo 'da' a ellos en los
signos de su muerte en cruz ('les mostró las manos y el costado': Jn 20, 20).
Y siendo 'el Espíritu que da la vida' (Jn 6, 63), los Apóstoles reciben junto
con el Espíritu Santo la capacidad y el poder de perdonar los pecados. 6. Lo que acontece de
modo tan significativo el mismo día de la resurrección, los otros
Evangelistas lo distribuyen de alguna manera a lo largo de los días
sucesivos, en los que Jesús continúa preparando a los Apóstoles para el gran
momento, cuando en virtud de su partida el Espíritu Santo descenderá sobre
ellos de una forma definitiva, de modo que su venida se hará manifiesta al
mundo. Este será también el momento del nacimiento de 7. En síntesis,
podemos decir que Jesucristo es aquel que proviene del Padre como eterno
Hijo, es aquel que 'ha salido' del Padre haciéndose hombre por obra del
Espíritu Santo. Y después de haber cumplido su misión mesiánica como Hijo del
hombre, en la fuerza del Espíritu Santo, 'va al al
Padre' (Cfr. Jn 14, 21). Marchándose allí como Redentor del Mundo, 'da' a sus
discípulos y manda sobre 8. 'Exaltado a la
diestra de Dios y recibida del Padre la promesa del Espíritu Santo,
(Jesucristo) le derramó' (Hech 2, 33), dirá el Apóstol Pedro el día de
Pentecostés. 'Y, puesto que sois hijos, envió Dios a vuestros corazones el
Espíritu de su Hijo, que grita: ¡Abbá!, Padre!' (Gal 4, 6), escribía el Apóstol Pablo. El Espíritu
Santo, que 'procede del Padre' (Cfr. Jn 15, 26), es, al mismo tiempo, el
Espíritu de Jesucristo: el Espíritu del Hijo. 9. Dios ha dado 'sin
medida' a Cristo el Espíritu Santo, proclama Juan Bautista, según el IV
Evangelio. Y Santo Tomás de Aquino explica en su claro comentario que los
profetas recibieron el Espíritu 'con medida', y por ello, profetizaban
'parcialmente' Cristo, por el contrario, tiene el Espíritu Santo 'sin
medida': ya como Dios, en cuanto que el Padre mediante la generación eterna
le da el espirar (soplar) el Espíritu sin medida; ya como hombre, en cuanto
que, mediante la plenitud de la gracia, Dios lo ha colmado de Espíritu Santo,
para que lo efunda en todo creyente (Cfr Super Evang S Ioannis Lectura, c. III, 1.6, nn.
541-544). El Doctor Angélico se refiere al texto de Juan (Jn 3, 34): 'Porque
aquel a quien Dios ha enviado habla palabras de Dios, pues Dios no le dio el
espíritu con medida' (según la traducción propuesta por ilustres biblistas) Verdaderamente podemos exclamar con íntima emoción, uniéndolos al
Evangelista Juan: 'De su plenitud todos hemos recibido' (Jn 1, 16);
verdaderamente hemos sido hechos participes de la vida de Dios en el Espíritu
Santo Y en este mundo de hijos del primer Adán, destinados a la muerte,
vemos erguirse potente a Cristo, el 'último Adán', convertido en 'Espíritu
vivificante' (1 Cor 15, 45). Jesucristo revela 1. Las catequesis
sobre Jesucristo encuentran su núcleo en este tema central que nace de 2. La verdad sobre
Jesucristo, Hijo de Dios, constituye, en la autorrevelación
de Dios, el punto clave mediante el cual se desvela el indecible misterio de
un Dios único en 3. En el curso de las
precedentes catequesis hemos considerado los principales aspectos de esta
revelación, gracias a la cual la verdad sobre la filiación divina de
Jesucristo nos aparece con plena claridad. Concluyendo ahora este ciclo de
meditaciones, es bueno recordar algunos momentos, en los cuales, junto a la
verdad sobre la filiación divina del Hijo del hombre, Hijo de María, se
desvela el misterio del Padre y del Espíritu Santo. El primero cronológicamente es ya en el momento de a anunciación, en
Nazaret. Según el Ángel, de hecho quien debe nacer de Tal misterio está presente también en la teofanía ocurrida durante el
bautismo de Jesús en el Jordán, en el momento que el Padre, a través de una
voz de lo alto, da testimonio del Hijo 'predilecto', y ésta v acompañada por
el Espíritu 'que bajó sobre Jesús en forma de paloma' (Mt 3, 16). Esta
teofanía es casi una confirmación 'visiva' de las palabras del profeta
Isaías, a las que Jesús hizo referencia en Nazaret, al inicio de su actividad
mesiánica: 'El Espíritu del Señor está sobre mí, porque me ungió... me
envió...' (Lc 4, 18; cf. Is 61, 1). 4. Luego, durante el
ministerio, encontramos las palabras con las cuales Jesús mismo introduce a
sus oyentes en el misterio de la divina Trinidad, entre las cuales está la
'gozosa declaración' que hallamos en los Evangelios de Mateo (11, 25)27) y de
Lucas (10, 21)22). Decimos 'gozosa' ya que, como leemos en el texto de Lucas,
'en aquella hora se sintió inundado de gozo en el Espíritu Santo' (Lc 10, 21 ) y dijo: 'Yo te alabo, Padre, Señor del cielo y de la
tierra, porque ocultaste estas cosas a los sabios y discretos y las revelaste
a los pequeñuelos. Si, Padre, porque así te plugo. Todo me ha sido entregado
por mi Padre, y nadie conoce al Hijo sino el Padre, y nadie conoce al Padre
sino el Hijo y aquel a quien el Hijo quisiere revelárselo' (Mt 11, 25)27). Gracias a esta inundación de 'gozo en el Espíritu Santo', somos
introducidos en las 'profundidades de Dios', en las 'profundidades' que sólo
el Espíritu escudriña: en la íntima unidad de la vida de Dios, en la
inescrutable comunión de las Personas. 5. Estas palabras,
tomadas de Mateo y de Lucas, armonizan perfectamente con muchas afirmaciones
de Jesús que encontramos en el Evangelio de Juan, como hemos visto ya en las
catequesis precedentes. Sobre todas ellas, domina la aserción de Jesús que
desvela su unidad con el Padre: 'Yo y el Padre somos una sola cosa' (Jn 10,
30). Est afirmación se toma de nuevo y se
desarrolla en la oración sacerdotal (Jn 17) y en todo el discurso con el que
Jesús en el cenáculo prepara a los Apóstoles para su partida en el curso de
los acontecimientos pascuales. 6. Y propiamente
aquí, en la óptica de esta 'partida', Jesús pronuncia las palabras que de una
manera definitiva re velan el misterio del Espíritu Santo y la relación en la
que El se encuentra con respecto al Padre y el Hijo El Cristo que dice: 'Yo
estoy en el Padre y el Padre está en mí', anuncia al mismo tiempo a los
Apóstoles la venida del Espíritu Santo y afirma: Este es 'el Espíritu de
verdad, que procede del Padre' (Jn 15, 26). Jesús añade que 'rogará al Padre
o para que este Espíritu de verdad sea dado a los Apóstoles, para que
'permanezca con ellos para siempre' como 'Consolador' (Cfr. Jn 14,16). Y
asegura a los Apóstoles: 'el Espíritu Santo que el Padre enviará en mi
nombre' (Cfr. Jn 14, 26). Todo ello, concluye Jesús, tendrá lugar después de
su partida, durante los acontecimientos pascuales, mediante la cruz y la
resurrección: 'Si me fuere, os lo enviaré' (Jn 16, 7). 7. 'En aquel día
vosotros sabréis que yo estoy en el Padre', afirma aún Jesús, o sea, por obra
del Espíritu Santo se clarificará plenamente el misterio de le unidad del
Padre y del Hijo: 'Yo en el Padre y el Padre en mí'. Tal misterio, de hecho,
lo puede aclarar sólo 'el Espíritu que escudriña las profundidades de Dios'
(Cfr. 1 Cor 2, 10), donde en la comunión de las Personas se constituye la
unidad de la vida divina en Dios. Así se ilumina también el misterio de 8. Pero aquí es
importante hacer notar que Con estas palabras conclusivas del Evangelio, y antes de iniciarse el
camino de Y desde entonces, |