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CAMINANDO CON JESUS Pedro Sergio Antonio Donoso Brant |
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LITURGIA DE LAS HORAS SEMANA
I DEL SALTERIO |
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SALMODIA
COMPLEMENTARIA PARA
TERCIA, SEXTA Y NONA Serie
I (Tercia) Ant.
1 (T. O.): Llamé
al Señor, y él me respondió. Salmo 119 Deseo de la
paz Estad firmes
en la tribulación, sed asiduos en la oración. (Rm 12,12) En mi aflicción llamé al Señor, y él me respondió. Líbrame, Señor, de los labios
mentirosos, de la lengua traidora. ¿Qué te va a dar o mandarte Dios, lengua traidora? Flechas de arquero, afiladas con ascuas de retama. ¡Ay de mí, desterrado en Masac, acampado en Cadar! Demasiado llevo viviendo con los que odian la paz; cuando yo digo: «Paz», ellos dicen: «Guerra». Ant. Llamé al Señor, y él me respondió. Ant.
2 (T. O.): El Señor
guarde tus entradas y salidas. Salmo 120 El guardián del pueblo Ya no
pasarán hambre ni sed, no les hará daño
el sol ni el bochorno. (Ap 7,16) Levanto mis ojos a los montes: ¿de dónde me vendrá el auxilio? El auxilio me viene del Señor, que hizo el cielo y la tierra. No permitirá que resbale tu pie, tu guardián no duerme; no duerme ni reposa el guardián de Israel. El Señor te guarda a su sombra, está a tu derecha; de día el sol no te hará daño, ni la luna de noche. El Señor te guarda de todo mal, él guarda tu alma; el Señor guarda tus entradas y
salidas, ahora y por siempre. Ant. El Señor guarde tus entradas y
salidas. Ant.
3 (T. O.): Me he
alegrado por lo que me dijeron. Salmo
121
La ciudad santa de Jerusalén
Os habéis acercado al monte Sión,
ciudad del
Dios vivo, Jerusalén del cielo. (Hb 12,22) ¡Qué alegría cuando me dijeron: «Vamos a la casa del Señor»! Ya están pisando nuestros pies tus umbrales, Jerusalén. Jerusalén está fundada como ciudad bien compacta. Allá suben las tribus, las tribus del Señor, según la costumbre de Israel, a celebrar el nombre del Señor; en ella están los tribunales de
justicia, en el palacio de David. Desead la paz a Jerusalén: «Vivan seguros los que te aman, haya paz dentro de tus muros, seguridad en tus palacios.» Por mis hermanos y compañeros, voy a decir: «La paz contigo.» Por la casa del Señor, nuestro
Dios, te deseo todo bien. Ant. Me he alegrado por lo que me
dijeron. Serie
II (Sexta) Ant.
1 (T. O.): Tú que
habitas en el cielo, ten misericordia de nosotros. Salmo
122
El Señor, esperanza del pueblo
Dos ciegos… se pusieron a gritar:
«¡Ten compasión de nosotros, Señor,
Hijo de David!». (Mt 20,30)
A ti levanto mis ojos, a ti que habitas en el cielo. Como están los ojos de los esclavos fijos en las manos de sus señores, como están los ojos de la esclava fijos en las manos de su señora, así están nuestros ojos en el Señor, Dios nuestro, esperando su misericordia. Misericordia, Señor, misericordia, que estamos saciados de desprecios; nuestra alma está saciada del sarcasmo de los satisfechos, del desprecio de los orgullosos. Ant. Tú que habitas en el cielo, ten
misericordia de nosotros. Ant.
2 (T. O.): Nuestro
auxilio es el nombre del Señor. Salmo 123 Nuestro auxilio es el nombre del Señor Dijo el
Señor a Pablo: «No temas…, que yo
estoy contigo». (Hch 18,9.10) Si el Señor no hubiera estado de
nuestra parte —que lo diga Israel—, si el Señor no hubiera estado de
nuestra parte, cuando nos asaltaban los hombres, nos habrían tragado vivos: tanto ardía su ira contra nosotros. Nos habrían arrollado las aguas, llegándonos el torrente hasta el
cuello; nos habrían llegado hasta el cuello las aguas espumantes. Bendito el Señor, que no nos
entregó en presa a sus dientes; hemos salvado la vida, como un
pájaro de la trampa del cazador: la trampa se rompió, y escapamos. Nuestro auxilio es el nombre del
Señor, que hizo el cielo y la tierra. Ant. Nuestro auxilio es el nombre del
Señor. Ant.
3 (T. O.): El
Señor rodea a su pueblo ahora y por siempre. Salmo 124 El Señor vela por su pueblo Paz sobre el Israel de Dios. (Ga 6,16) Los que confían en el Señor son como el monte Sión: no tiembla, está asentado para siempre. Jerusalén está rodeada de montañas, y el Señor rodea a su pueblo ahora y por siempre. No pesará el cetro de los malvados sobre el lote de los justos, no sea que los justos extiendan su mano a la maldad. Señor, concede bienes a los buenos, a los sinceros de corazón; y a los que se desvían por sendas tortuosas, que los rechace el Señor con los malhechores. ¡Paz a Israel! Ant. El Señor rodea a su pueblo ahora y
por siempre. Serie
III (Nona) Ant.
1 (T. O.): El
Señor ha estado grande con nosotros, y estamos alegres. Salmo
125
Dios, alegría y esperanza nuestra
Si sois compañeros en el sufrir,
también lo sois en el buen ánimo.
(2Co 1,7)
Cuando el Señor cambió la suerte de
Sión, nos parecía soñar: la boca se nos llenaba de risas, la lengua de cantares. Hasta los gentiles decían: «El Señor ha estado grande con
ellos.» El Señor ha estado grande con
nosotros, y estamos alegres. Que el Señor cambie nuestra suerte, como los torrentes del Negueb. Los que sembraban con lágrimas cosechan entre cantares. Al ir, iba llorando, llevando la semilla; al volver, vuelve cantando, trayendo sus gavillas. Ant. El Señor ha estado grande con
nosotros, y estamos alegres. Ant.
2 (T. O.): El
Señor nos construya la casa y nos guarde la ciudad. Salmo 126 El esfuerzo humano es inútil sin Dios Sois
edificio de Dios. (1Co 3,9) Si el Señor no construye la casa, en vano se cansan los albañiles; si el Señor no guarda la ciudad, en vano vigilan los centinelas. Es inútil que madruguéis, que veléis hasta muy tarde, que comáis el pan de vuestros
sudores: ¡Dios lo da a sus amigos mientras
duermen! La herencia que da el Señor son los
hijos; su salario, el fruto del vientre: son saetas en mano de un guerrero los hijos de la juventud. Dichoso el hombre que llena con ellas su aljaba: no quedará derrotado cuando litigue con su adversario en la plaza. Ant. El Señor nos construya la casa y
nos guarde la ciudad. Ant.
3 (T. O.): Dichoso
el que teme al Señor.+ Salmo 127 Paz doméstica en el hogar del justo «Que el
Señor te bendiga desde Sión», es decir,
desde su Iglesia. (Arnobio) Dichoso el que teme al Señor + y sigue sus caminos. Comerás del fruto de tu trabajo, serás dichoso, te irá bien; tu mujer, como parra fecunda, en medio de tu casa; tus hijos, como renuevos de olivo, alrededor de tu mesa: ésta es la bendición del hombre que teme al Señor. Que el Señor te bendiga desde Sión, que veas la prosperidad de
Jerusalén todos los días de tu vida; que veas a los hijos de tus hijos. ¡Paz a Israel! Ant. Dichoso el que teme al Señor. |
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