|
CAMINANDO CON JESUS Pedro Sergio Antonio Donoso Brant |
|
LITURGIA DE LAS HORAS SEMANA
I DEL SALTERIO |
SEMANA II I
Vísperas (D. II) HIMNO Tiempo
ordinario: ¡Luz que te entregas!, ¡luz que te niegas!, a tu busca va el pueblo de noche: alumbra su senda. Dios de la luz, presencia ardiente sin meridiano ni frontera: vuelves la noche mediodía, ciegas al sol con tu derecha. Como columna de la aurora, iba en la noche tu grandeza; te vio el desierto, y destellaron luz de tu gloria las arenas. Cerró la noche sobre Egipto como cilicio de tinieblas; para tu pueblo amanecías bajo los techos de las tiendas. Eres lanzas el día o la tiniebla: ciegas los ojos del soberbio, curas al pobre su ceguera. Cristo Jesús, tú que trajiste fuego a la entraña de la tierra, guarda encendida nuestra lámpara hasta la aurora de tu vuelta. Amén. SALMODIA Antífona 1
Domingo
II de Adviento:
Alégrate y goza, nueva Sión, porque tu Rey llega con mansedumbre a salvar
nuestras almas. Domingo
II después de Navidad:
Domingo
II de Cuaresma:
Jesús tomó consigo a Pedro, a Santiago y a su hermano Juan y se los llevó
aparte a una montaña alta y se transfiguró delante de ellos. Domingo
de Ramos: A diario
me sentaba en el templo a enseñar y, sin embargo, no me detuvisteis; ahora,
flagelado, me lleváis para ser crucificado. Domingo
VI de Pascua: El
que realiza la verdad se acerca a la luz. Aleluya. Tiempo
ordinario: Lámpara
es tu palabra para mis pasos, Señor. Aleluya. Salmo
118,105-112
XIV (Nun) Himno a la ley divina
Éste es mi mandamiento:
que os améis unos a otros.
(Jn 15,12)
Lámpara es tu palabra para mis
pasos, luz en mi sendero; lo juro y lo cumpliré: guardaré tus justos mandamientos; ¡estoy tan afligido! Señor, dame vida según tu promesa. Acepta, Señor, los votos que
pronuncio, enséñame tus mandatos; mi vida está siempre en peligro, pero no olvido tu voluntad; los malvados me tendieron un lazo, pero no me desvié de tus decretos. Tus preceptos son mi herencia
perpetua, la alegría de mi corazón; inclino mi corazón a cumplir tus leyes, siempre y cabalmente. Domingo
II de Adviento:
Alégrate y goza, nueva Sión, porque tu Rey llega con mansedumbre a salvar
nuestras almas. Domingo
II después de Navidad:
Domingo
II de Cuaresma:
Jesús tomó consigo a Pedro, a Santiago y a su hermano Juan y se los llevó
aparte a una montaña alta y se transfiguró delante de ellos. Domingo
de Ramos: A diario
me sentaba en el templo a enseñar y, sin embargo, no me detuvisteis; ahora,
flagelado, me lleváis para ser crucificado. Domingo
VI de Pascua: El
que realiza la verdad se acerca a la luz. Aleluya. Tiempo
ordinario: Lámpara
es tu palabra para mis pasos, Señor. Aleluya. Antífona
2
Domingo
II de Adviento: Fortaleced
las manos débiles, robusteced las rodillas vacilantes, decid a los cobardes:
«Mirad, nuestro Rey viene en persona y nos salvará.» Aleluya. Domingo
II después de Navidad:
Festejad a Jerusalén; el Señor ha derivado hacia ella, como un río, la paz. Domingo
II de Cuaresma: Su
rostro resplandecía como el sol y sus vestidos se volvieron blancos como la
luz. Domingo
de Ramos: El Señor
me ayuda, por eso no sentía los ultrajes. Domingo
VI de Pascua: El
Señor, rotas las ataduras de la muerte, ha resucitado. Aleluya. Tiempo
ordinario: Me
saciarás de gozo en tu presencia, Señor. Aleluya. Salmo
15
El Señor es el lote de mi heredad
Dios
resucitó a Jesús rompiendo las
ataduras de la muerte. (Hch 2,24) Protégeme, Dios mío, que me refugio
en ti; yo digo al Señor: «Tú eres mi
bien.» Los dioses y señores de la tierra no me satisfacen. Multiplican las estatuas de dioses extraños; no derramaré sus libaciones con mis
manos, ni tomaré sus nombres en mis
labios. El Señor es el lote de mi heredad y
mi copa; mi suerte está en tu mano: me ha tocado un lote hermoso, me encanta mi heredad. Bendeciré al Señor, que me
aconseja, hasta de noche me instruye
internamente. Tengo siempre presente al Señor, con él a mi derecha no vacilaré. Por eso se me alegra el corazón, se gozan mis entrañas, y mi carne descansa serena. Porque no me entregarás a la
muerte, ni dejarás a tu fiel conocer la
corrupción. Me enseñarás el sendero de la vida, me saciarás de gozo en tu
presencia, de alegría perpetua a tu derecha. Domingo
II de Adviento:
Fortaleced las manos débiles, robusteced las rodillas vacilantes, decid a los
cobardes: «Mirad, nuestro Rey viene en persona y nos salvará.» Aleluya. Domingo
II después de Navidad:
Festejad a Jerusalén; el Señor ha derivado hacia ella, como un río, la paz. Domingo
II de Cuaresma: Su
rostro resplandecía como el sol y sus vestidos se volvieron blancos como la
luz. Domingo
de Ramos: El Señor
me ayuda, por eso no sentía los ultrajes. Domingo
VI de Pascua: El
Señor, rotas las ataduras de la muerte, ha resucitado. Aleluya. Tiempo
ordinario: Me
saciarás de gozo en tu presencia, Señor. Aleluya. Antífona
3
Domingo
II de Adviento: La
ley se dio por medio de Moisés, la gracia y la verdad vinieron por medio de
Jesucristo. Domingo
II después de Navidad:
Nos ha nacido Cristo, Dios de Dios, Luz de Luz, el que era en el principio. Domingo
II de Cuaresma:
Moisés y Elías hablaban de su muerte, que iba a consumar en Jerusalén. Domingo
de Ramos: El Señor
Jesús se rebajó hasta someterse incluso a la muerte, y una muerte de cruz. Domingo
VI de Pascua: ¿No
era necesario que el Mesías padeciera esto para entrar en su gloria? Aleluya. Tiempo
ordinario: Al
nombre de Jesús toda rodilla se doble en el cielo y en la tierra. Aleluya. Cántico:
Flp 2,6-11
Cristo, siervo de Dios, en su misterio pascual
Cristo, a pesar de su condición
divina, no hizo alarde de su categoría de
Dios; al contrario, se despojó de su
rango y tomó la condición de esclavo, pasando por uno de tantos. Y así, actuando como un hombre cualquiera, se rebajó hasta someterse incluso a
la muerte, y una muerte de cruz. Por eso Dios lo levantó sobre todo y le concedió el
«Nombre-sobre-todo-nombre»; de modo que al nombre de Jesús toda
rodilla se doble en el cielo, en la tierra, en el
abismo, y toda lengua proclame: Jesucristo es Señor, para gloria de
Dios Padre. Domingo
II de Adviento: La
ley se dio por medio de Moisés, la gracia y la verdad vinieron por medio de
Jesucristo. Domingo
II después de Navidad:
Nos ha nacido Cristo, Dios de Dios, Luz de Luz, el que era en el principio. Domingo
II de Cuaresma:
Moisés y Elías hablaban de su muerte, que iba a consumar en Jerusalén. Domingo
de Ramos: El Señor
Jesús se rebajó hasta someterse incluso a la muerte, y una muerte de cruz. Domingo
VI de Pascua: ¿No
era necesario que el Mesías padeciera esto para entrar en su gloria? Aleluya. Tiempo
ordinario: Al
nombre de Jesús toda rodilla se doble en el cielo y en la tierra. Aleluya. Tiempo ordinario: LECTURA BREVE Os deseamos la gracia
y la paz de Dios, nuestro Padre. En nuestras oraciones damos siempre gracias
por vosotros a Dios, Padre de nuestro Señor Jesucristo, desde que nos
enteramos de vuestra fe en Cristo Jesús y del amor que tenéis a todos los
santos. Os anima a esto la esperanza de lo que Dios os tiene reservado en los
cielos, que ya conocisteis cuando llegó hasta vosotros por primera vez el
Evangelio, la palabra, el mensaje de la verdad. Éste se sigue propagando y va
dando fruto en el mundo entero, como ha ocurrido entre vosotros. (Col 1,2b-6a) RESPONSORIO BREVE R/. De la salida del sol hasta
su ocaso, * Alabado sea el nombre del Señor. De la salida. V/. Su gloria sobre los
cielos. * Alabado sea el nombre del Señor. Gloria al Padre. De la salida. La
antífona para el cántico evangélico según el ciclo dominical. PRECES Demos gracias al
Señor, que ayuda y protege al pueblo que se ha escogido como heredad y,
recordando su amor para con nosotros, supliquémosle, diciendo: Escúchanos,
Señor, que confiamos en ti. Padre lleno de amor, te pedimos por
el papa (…) y por nuestro obispo (…); —protégelos con tu fuerza y
santifícalos con tu gracia. Que los enfermos vean en sus
dolores una participación de la pasión de tu Hijo, —para que así tengan también parte
en su consuelo. Mira con piedad a los que no tienen
techo donde cobijarse —y haz que encuentren pronto el
hogar que desean. Dígnate dar y conservar los frutos
de la tierra, —para que a nadie falte el pan de
cada día. (o bien: Guarda, Señor, de todo mal a
nuestro país, —para que goce siempre de paz y
prosperidad.) Ten, Señor, piedad de los difuntos —y ábreles la puerta de tu mansión
eterna. Movidos por el Espíritu
Santo, dirijamos al Padre la oración que nos enseñó el Señor: Padre nuestro. La
oración según el ciclo dominical. Invitatorio (D. II) Ant.
T. O.: Pueblo del
Señor, rebaño que él guía, venid, adorémosle. Aleluya. Laudes (D. II) HIMNO Tiempo
ordinario y pascual: Somos el pueblo de Aleluya es nuestra canción, Cristo nos trae la alegría; levantemos el corazón. El Señor ha vencido al mundo, muerto en la cruz por nuestro amor, resucitado de la muerte y de la muerte vencedor. Él ha venido a hacernos libres con libertad de hijos de Dios, él desata nuestras cadenas; alegraos en el Señor. Sin conocerle muchos siguen rutas de desesperación, no han escuchado la noticia de Jesucristo Redentor. Misioneros de la alegría, de la esperanza y del amor, mensajeros del Evangelio, somos testigos del Señor. Gloria a Dios Padre, que nos hizo, gloria a Dios Hijo Salvador, gloria al Espíritu divino: tres personas y un solo Dios. Amén. SALMODIA Antífona 1
Domingo
II de Adviento:
Tenemos en Sión una ciudad fuerte: el Salvador ha puesto en ella murallas y
baluartes; abrid las puertas, que con nosotros está Dios. Aleluya. Domingo
II después de Navidad:
En las tinieblas brilla una luz, porque ha nacido el Salvador de todos los
hombres. Aleluya. Domingo
II de Cuaresma: La
diestra del Señor es poderosa, la diestra del Señor es excelsa. Domingo
de Ramos: Una gran
multitud de gente, que había ido a la fiesta, aclamaba al Señor: «Bendito el
que viene en nombre del Señor. Hosanna en el cielo.» Domingo
VI de Pascua: Éste
es el día en que actuó el Señor. Aleluya. Tiempo
ordinario: Bendito
el que viene en nombre del Señor. Aleluya. Salmo
117
Himno de acción de gracias después de la victoria
Jesús es la piedra que desechasteis vosotros,
los arquitectos, y que se ha convertido
en piedra angular. (Hch 4,11)
Dad gracias al Señor porque es
bueno, porque es eterna su misericordia. Diga la casa de Israel: eterna es su misericordia. Diga la casa de Aarón: eterna es su misericordia. Digan los fieles del Señor: eterna es su misericordia. En el peligro grité al Señor, y me escuchó, poniéndome a salvo. El Señor está conmigo: no temo; ¿qué podrá hacerme el hombre? El Señor está conmigo y me auxilia, veré la derrota de mis adversarios. | ||||||||||||||