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CAMINANDO CON JESUS Pedro Sergio Antonio Donoso Brant |
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LITURGIA DE LAS HORAS SEMANA
I DEL SALTERIO |
I
Vísperas (D. IV) HIMNO Tiempo
ordinario: No sé de dónde brota la tristeza
que tengo. Mi dolor se arrodilla, como el
tronco de un sauce, sobre el agua del tiempo, por donde
voy y vengo, casi fuera de madre, derramado en
el cauce. Lo mejor de mi vida es dolor. Tú
sabes cómo soy; tú levantas esta carne
que es mía; tú, esta luz que sonrosa las alas
de las aves; tú, esta noble tristeza que llaman
alegría. Tú me diste la gracia para vivir
contigo; tú me diste las nubes como el amor
humano; y, al principio del tiempo, tú me
ofreciste el trigo, con la primera alondra que nació de
tu mano. Como el último rezo de un niño que
se duerme y, con la voz nublada de sueño y de
pureza, se vuelve hacia el silencio, yo
quisiera volverme hacia ti, y en tus manos desmayar
mi cabeza. Gloria al Padre, y al Hijo, y al Espíritu, por los siglos de los siglos. Amén. SALMODIA Antífona 1
Domingo
IV de Adviento:
Mirad: vendrá el deseado de todos los pueblos, y se llenará de gloria la casa
del Señor. Aleluya. Domingo
IV de Cuaresma:
Vamos alegres a la casa del Señor. Domingo
IV de Pascua: Que
la paz de Cristo actúe de árbitro en vuestro corazón. Aleluya. Tiempo
ordinario: Desead
la paz a Jerusalén. Salmo 121
La ciudad santa de Jerusalén
Os habéis acercado al monte Sión,
ciudad del
Dios vivo, Jerusalén del cielo. (Hb 12,22) ¡Qué alegría cuando me dijeron: «Vamos a la casa del Señor»! Ya están pisando nuestros pies tus umbrales, Jerusalén. Jerusalén está fundada como ciudad bien compacta. Allá suben las tribus, las tribus del Señor, según la costumbre de Israel, a celebrar el nombre del Señor; en ella están los tribunales de
justicia, en el palacio de David. Desead la paz a Jerusalén: «Vivan seguros los que te aman, haya paz dentro de tus muros, seguridad en tus palacios.» Por mis hermanos y compañeros, voy a decir: «La paz contigo.» Por la casa del Señor, nuestro
Dios, te deseo todo bien. Domingo
IV de Adviento:
Mirad: vendrá el deseado de todos los pueblos, y se llenará de gloria la casa
del Señor. Aleluya. Domingo
IV de Cuaresma:
Vamos alegres a la casa del Señor. Domingo
IV de Pascua: Que
la paz de Cristo actúe de árbitro en vuestro corazón. Aleluya. Tiempo
ordinario: Desead
la paz a Jerusalén. Antífona 2
Domingo
IV de Adviento:
Ven, Señor, y no tardes: perdona los pecados de tu pueblo, Israel. Domingo
IV de Cuaresma:
Despierta, tú que duermes, levántate de entre los muertos, y Cristo será tu
luz. Domingo
IV de Pascua: Con
tu sangre nos compraste para Dios. Aleluya. Tiempo
ordinario: Desde
la aurora hasta la noche, mi alma aguarda al Señor. Salmo 129
Desde lo hondo a ti grito, Señor
Él salvará
a su pueblo de los pecados. (Mt 1,21) Desde los hondo a ti grito, Señor; Señor, escucha mi voz; estén tus oídos atentos a la voz de mi súplica. Si llevas cuenta de los delitos,
Señor, ¿quién podrá resistir? Pero de ti procede el perdón, y así infundes respeto. Mi alma espera en el Señor, espera en su palabra; mi alma aguarda al Señor, más que el centinela a la aurora. Aguarde Israel al Señor, como el centinela a la aurora; porque del Señor viene la misericordia, la redención copiosa; y él redimirá a Israel de todos sus delitos. Domingo
IV de Adviento:
Ven, Señor, y no tardes: perdona los pecados de tu pueblo, Israel. Domingo
IV de Cuaresma:
Despierta, tú que duermes, levántate de entre los muertos, y Cristo será tu
luz. Domingo
IV de Pascua: Con
tu sangre nos compraste para Dios. Aleluya. Tiempo
ordinario: Desde
la aurora hasta la noche, mi alma aguarda al Señor. Antífona 3
Domingo
IV de Adviento: Mirad:
se cumple ya el tiempo en el que Dios envía a su Hijo al mundo. Domingo
IV de Cuaresma:
Dios, por el gran amor con que nos amó, estando nosotros muertos por los
pecados, nos ha hecho vivir con Cristo. Domingo
IV de Pascua: ¿No
era necesario que el Mesías padeciera esto para entrar en su gloria? Aleluya. Tiempo
ordinario: Al
nombre de Jesús toda rodilla se doble en el cielo y en la tierra. Aleluya. Cántico: Flp 2,6-11
Cristo, siervo de Dios, en su misterio
pascual
Cristo, a pesar de su condición divina, no hizo alarde de su categoría de
Dios; al contrario, se despojó de su
rango y tomó la condición de esclavo, pasando por uno de tantos. Y así, actuando como un hombre
cualquiera, se rebajó hasta someterse incluso a
la muerte, y una muerte de cruz. Por eso Dios lo levantó sobre todo y le concedió el
«Nombre-sobre-todo-nombre»; de modo que al nombre de Jesús toda
rodilla se doble en el cielo, en la tierra, en el
abismo, y toda lengua proclame: Jesucristo es Señor, para gloria de
Dios Padre. Domingo
IV de Adviento:
Mirad: se cumple ya el tiempo en el que Dios envía a su Hijo al mundo. Domingo
IV de Cuaresma:
Dios, por el gran amor con que nos amó, estando nosotros muertos por los
pecados, nos ha hecho vivir con Cristo. Domingo
IV de Pascua: ¿No
era necesario que el Mesías padeciera esto para entrar en su gloria? Aleluya. Tiempo
ordinario: Al
nombre de Jesús toda rodilla se doble en el cielo y en la tierra. Aleluya. Tiempo ordinario: LECTURA BREVE Esto nos confirma la
palabra de los profetas, y hacéis muy bien en prestarle atención, como a una
lámpara que brilla en un lugar oscuro, hasta que despunte el día, y el lucero
nazca en vuestros corazones. Ante todo, tened presente que ninguna predicción
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