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Pedro Sergio Antonio Donoso Brant
CATEQUESIS
SOBRE EL ESPIRITU SANTO Juan
Pablo II |
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CREO EN EL ESPÍRITU SANTO LA PROMESA
DE CRISTO (CATEQUESIS 26-IV-89) EL ESPÍRITU SANTO EN EL ORIGEN
CRISTO (28-III-1990) EL ESPÍRITU DE LA VERDAD (Catequesis 17-V-89) EL ESPÍRITU SANTO, NUESTRO ABOGADO
DEFENSOR EL ESPÍRITU SANTO Y EL CRECIMIENTO
EN GRACIA DE JESÚS (27.VI.90) LA ENCARNACIÓN: OBRA DEL ESPÍRITU
SANTO (4-IV-1990) RELACIÓN PERSONAL DE DIOS CON MARÍA
(18-IV-1990) EL ESPÍRITU SANTO Y MARÍA
(2-V-1990) JESUCRISTO SE ENCARNA POR OBRA DEL
ESPÍRITU SANTO (23-V-1990) EL ESPÍRITU SANTO, FUENTE DE LA
SANTIDAD DE JESÚS (6-VI-1990) EL ESPÍRITU SANTO EN LA VISITACIÓN
(13-VI-1990) EL ESPÍRITU SANTO Y LA PRESENTACIÓN
EN EL TEMPLO (20-VI-1990) EL ESPÍRITU SANTO Y EL CRECIMIENTO
EN GRACIA DE JESÚS (27-VI-1990) EL ESPÍRITU SANTO ENTRE JESÚS Y
MARÍA (4-VII-1990) EL BAUTISMO DE JESÚS Y LA ACCIÓN
DEL ESPÍRITU SANTO (11-VII-1990) EL ESPÍRITU SANTO Y LAS TENTACIONES
DE CRISTO EN EL DESIERTO (18-VII-1990) EL ESPÍRITU SANTO EN LA ORACIÓN Y
PREDICACIÓN DE CRISTO (25-VII-1990) EL ESPÍRITU SANTO EN EL MISTERIO DE
LA CRUZ (1-VIII-1990) EL ESPÍRITU SANTO EN LA
RESURRECCIÓN DE CRISTO (8-VIII-1990) 1. « Creo en el
Espíritu Santo». En el desarrollo de
una catequesis sistemática bajo la guía del Símbolo de los Apóstoles, después
de haber explicado los artículos sobre Jesucristo, Hijo de Dios hecho hombre
por nuestra salvación, hemos llegado a la profesión de fe en el Espíritu
Santo. Completado el ciclo cristológico, se abre el
pneumatológico, que el Símbolo de los Apóstoles
expresa con una fórmula concisa: «Creo en el Espíritu Santo». El llamado Símbolo niceno-constantinopolitano
desarrolla más ampliamente la fórmula del artículo de fe: «Creo en el
Espíritu Santo, Señor y Dador de vida, que procede del Padre y del Hijo, que
con el Padre y el Hijo recibe una misma adoración y gloria, y que habló por
los profetas». 2. El Símbolo,
profesión de fe formulada por La primera fuente a
la que podemos dirigirnos es un texto joaneo
contenido en el «discurso de despedida» de Cristo el día antes de la pasión y
muerte en cruz. Jesús habla de la venida del Espíritu Santo en conexión con
la propia «partida», anunciando su venida (o descenso) sobre los Apóstoles.
«Pero yo os digo la verdad: Os conviene que yo me vaya; porque si no me voy,
no vendrá a vosotros el Paráclito; pero si me voy os lo enviaré» (Jn 16, 7). El contenido de este
texto puede parecer paradójico. Jesús, que tiene que subrayar: «Pero yo os
digo la verdad», presenta la propia «partida» (y por tanto la pasión y muerte
en cruz) como un bien: «Os conviene que yo me vaya ...
». Pero enseguida explica en qué consiste el valor de su muerte: por ser una
muerte redentora, constituye la condición para que se cumpla el plan
salvífico de Dios que tendrá su coronación en la venida del Espíritu Santo;
constituye por ello la condición de todo lo que, con esta venida, se
verificará para los Apóstoles y para 3. Si la partida de
Jesús tiene lugar mediante la muerte en cruz, se comprende que el Evangelista
Juan haya podido ver, ya en esta muerte, la potencia y, por tanto, la gloria
del Crucificado: pero las palabras de Jesús implican también La venida del
Espíritu Santo sucede después de 4. El Espíritu Santo
es el que «viene» después y en virtud de la «partida» de Cristo. Las palabras
de Jn 16, 7, expresan una relación de naturaleza causal. El Espíritu viene
mandado en virtud de la redención obrada por Cristo: «Cuando me vaya os lo
enviaré» (cfr Encíclica Dominum
et vivificantem, S). Más aún, «según el designio
divino, la «partida» de Cristo es condición indispensable del «envio» y de la venida del Espíritu Santo, indican que
entonces comienza la nueva comunicación salvífica por el Espíritu Santo» (Ibid., n. Si es verdad que
Jesucristo, mediante su «elevación» en la cruz, debe «atraer a todos hacia
sí» (cfr Jn 12, 32), a la luz de las palabras del
Cenáculo entendemos que ese «atraer» es actuado por Cristo glorioso mediante
el envío del Espíritu Santo. Precisamente por esto Cristo debe irse. La
encarnación alcanza su eficacia redentora mediante el Espíritu Santo. Cristo,
al marcharse de este mundo, no sólo deja su mensaje salvífico, sino que «da»
el Espíritu Santo, al que está ligada la eficacia del mensaje y de la misma
redención en toda su plenitud. 5. El Espíritu Santo
presentado por Jesús especialmente en el discurso de despedida en el
Cenáculo, es evidente una Persona diversa de Él. « Yo pediré al Padre otro
Paráclito» Jn 14, 16). «Pero el Paráclito, el Espíritu Santo, que el Padre
enviará en mi nombre, Él os enseñará todo y os recordará todo lo que yo os he
dicho (Jn 14, 2 6). Jesús habla del Espíritu Santo adoptando frecuentemente
el pronombre personal «Él»: «Él convencerá al mundo en lo referente al
pecado» (Jn 16, 8). «Cuando venga Él, el Espíritu de la verdad, os guiará
hasta la verdad completa» (Jn 16, 13). «Él me dará gloria» (Jn 16, 4). De
estos textos emerge la verdad del Espíritu Santo como Persona, y no sólo como
una potencia impersonal emanada de Cristo (cfr por
ejemplo Lc 6, 19: «De Él salía una fuerza»). Siendo una Persona, le pertenece
un obrar propio, de carácter personal. En efecto, Jesús, hablando del
Espíritu Santo, dice a los Apóstoles: «Vosotros le conocéis, porque mora con
vosotros y en vosotros está» (Jn 14, 17). «Él os lo enseñará todo y os
recordará todo lo que yo os he dicho» (Jn 14, 26); «Dará testimonio de mí»
(Jn 15, 26); «Os guiará a la verdad completa», «Os anunciará lo que ha de
venir» (Jn 16, 13); Él «dará gloria» a Cristo (Jn 16, 14), y «convencerá al
mundo en lo referente al pecado» (Jn 16, 8). El Apóstol Pablo, por su parte,
afirma que el Espíritu «clama» en nuestros corazones (Gal 4, 6), «distribuye»
sus dones «a cada uno en particular según su voluntad» (1 Cor 12, 6. El Espíritu Santo
revelado por Jesús es, por tanto, un ser personal (tercera Persona de 7. En el texto de
Juan, que refiere el discurso de Jesús en el Cenáculo, está contenida, por
tanto, la revelación de la acción salvífica de Dios como Trinidad. En EL ESPÍRITU SANTO EN EL ORIGEN CRISTO (28.III.90) 1. En las catequesis
anteriores hemos puesto de relieve que de toda la tradición veterotestamentaria afloran referencias, indicios,
alusiones a la realidad del Espíritu divino, que parecen casi un preludio de
la revelación del Espíritu Santo como persona, como se tendrá en el Nuevo
Testamento. En realidad, sabemos que Dios inspiraba y guiaba a los autores
sagrados de Israel, preparando la revelación definitiva que realizaría
plenamente Cristo y que él entregaría a los Apóstoles para que la predicasen
y difundiesen en todo el mundo. En el Antiguo
Testamento existe, pues, una revelación inicial y progresiva, referente no
sólo al Espíritu Santo, sino también al Mesías-Hijo de Dios, a su acción
redentora y a su Reino. Esta revelación hace aparecer una distinción entre
Dios Padre, 2. Sin duda no se
trataba aún de una manifestación clara del misterio divino. Pero era
ciertamente una especie de propedéutica en la futura revelación, que Dios
mismo iba desarrollando en la fase de De hecho, en los
umbrales del Nuevo Testamento hallamos algunas personas como José, Zacarías,
Isabel, Ana, Simeón y sobre todo María, que (gracias a la iluminación
interior del Espíritu) saben descubrir el verdadero sentido del adviento de
Cristo al mundo. La referencia que los evangelistas Lucas y Mateo hacen al
Espíritu Santo, por estos piadosísimos representantes de 3. Jesús mismo
ilustra el papel del Espíritu cuando aclara a los discípulos que sólo con su
ayuda será posible penetrar a fondo en el misterio de su persona y de su
misión: 'Cuando venga el Espíritu de la verdad, os guiará hasta la verdad
completa... él me dará gloria, porque recibirá de lo mío y os lo anunciará a
vosotros' (Jn 16, 13.14). Así pues, el Espíritu Santo es el que hace captar
la grandeza de Cristo, y de este modo 'da gloria' al Salvador. Pero es
también el Espíritu el que hace descubrir el propio papel en la vida y en la
misión de Jesús. Es un punto de gran
interés sobre el cual deseo atraer vuestra atención con esta nueva serie de
catequesis. Si anteriormente
hemos ilustrado las maravillas del Espíritu Santo anunciadas por Jesús y
verificadas en pentecostés y en el primer camino de
4. En realidad,
hemos reflexionado ya sobre la persona, la vida y la misión de Cristo en las
catequesis cristológicas; pero ahora podemos
reanudar sintéticamente ese razonamiento en clave pneumatológica,
es decir, a la luz de la obra realizada por el Espíritu Santo en el Hijo de
Dios hecho hombre. Tratándose del 'Hijo
de Dios', en la enseñanza catequística se habla de 'Él después de haber
considerado a 'Dios-Padre' y antes de hablar del Espíritu Santo, que 'procede
del Padre y del Hijo'. Por esto 5. Y sin embargo,
parece imponerse como hacen observar justamente los orientales. una integración pneumatológica
de Ha existido una
presencia suya decisiva en el cumplimiento del misterio de 6. Del examen de los
textos evangélicos emerge una verdad esencial: no se puede comprender lo que
ha sido Cristo, y lo que es para nosotros, independientemente del Espíritu
Santo. Lo que significa que no sólo es necesaria la luz del Espíritu Santo
para penetrar en el misterio de Cristo, sino que se debe tener en cuenta el
influjo del Espíritu Santo en Por ello, toda
profundización del conocimiento de Cristo requiere también una profundización
del conocimiento del Espíritu Santo. 'Saber quién es Cristo' y 'saber quién
es el Espíritu': son dos exigencias unidas indisolublemente, que se influyen
mutuamente. Podemos añadir que también la relación del cristiano con Cristo
es solidaria con su relación con el Espíritu. Lo hace comprender EL ESPÍRITU DE 1. Hemos citado varias veces las palabras de
Jesús, que en el discurso de despedida dirigido a los Apóstoles en el Cenáculo promete la venida del
Espíritu Santo como nuevo y definitivo defensor y consolador: «Yo pediré al
Padre y os dará otro Paráclito, para que esté con vosotros para siempre, el
Espíritu de la verdad, a quien el mundo no puede recibir, porque no le ve ni
le conoce» (Jn 14, 16 - 7). Aquel «discurso de despedida», que se encuentra
en la narración solemne de Hemos de considerar
el hecho de que Jesús llama al Paráclito el «Espíritu de la verdad». También
en otros momentos lo ha llamado así (cfr Jn 15, 26;
Jn 16, 13). 2. Tengamos presente
que en el mismo «discurso de despedida» Jesús, respondiendo a una pregunta
del Apóstol Tomás acerca de su identidad, afirma de sí mismo: «Yo soy el
camino, la verdad y la vida» (Jn 14, 6). De esta doble referencia a la verdad
que Jesús hace para definir tanto a sí mismo como al Espíritu Santo, se
deduce que, si el Paráclito es llamado por Él «Espíritu de la verdad», esto
significa que el Espíritu Santo es quien después de la partida de Cristo,
mantendrá entre los discípulos la misma verdad, que Él ha anunciado y
revelado y, más aún, que es Él mismo. El Paráclito en efecto, es la verdad,
como lo es Cristo. Lo dirá Juan en su Primera carta: «El Espíritu es el que
da testimonio, porque el Espíritu es la verdad» (1 - Jn 5, 6). En 3. Permanecer en la
verdad y obrar en la verdad es el problema esencial para los Apóstoles y para
los discípulos de Cristo, tanto de los primeros tiempos como de todas
generaciones de Así se explican en
toda la plenitud de su significado las palabras del Maestro: «Cuando venga...
el Espíritu de la verdad, os guiará hasta la verdad completa» (Jn 16, 13). 4. La primera
confirmación de esta promesa de Jesús tendrá lugar en Pentecostés y en los
días sucesivos, como atestiguan los Hechos de los Apóstoles. Pero la promesa
no se refiere sólo a los Apóstoles y a sus inmediatos compañeros en la
evangelización, sino también a las futuras generaciones de discípulos y de
confesores de Cristo. El Evangelio, en efecto, está destinado a todas las
naciones y a las generaciones siempre nuevas, que se desarrollarán en el
contexto de las diversas culturas y del múltiple progreso de la civilización
humana. Mirando todo el arco de 5. La relación entre
la revelación comunicada por el Espíritu Santo y 6. Tal verdad está
presente, al menos de manera implícita, en el Evangelio. Lo que el Espíritu Santo
revelará ya lo dijo Cristo. Lo revela Él mismo cuando, hablando del Espíritu
Santo, subraya que "no hablará por su cuenta, sino que hablará lo que
oiga,... El me dará gloria, porque recibirá de lo mío y os lo anunciará a
vosotros" (Jn 16, 13-14). Cristo, glorificado por el Espíritu de la
verdad, es ante todo el mismo Cristo crucificado, despojado de todo y casi
"aniquilado" en su humanidad para la redención mundo. Precisamente
por obra del Espíritu Santo la "palabra de la cruz" tenía que ser
aceptada por los discípulos, a los cuales el mismo Maestro había dicho:
"Ahora (todavía) no podéis con ello" (Jn 16, 12). Se presentaba,
ante aquellos pobres hombres, la imagen de 7. Jesús añade:
"El Espíritu de la verdad... os anunciará lo que ha de venir" (Jn
16,13). ¿Qué significa esta proyección profética y escatológica con Todo acontece en la
fe y por la fe, bajo la acción del Espíritu, como he dicho en 8. De este modo, el
"Espíritu de la verdad" continuamente anuncia los acontecimientos
futuros; continuamente muestra a la humanidad este futuro de Dios, que está
por encima y fuera de todo futuro "temporal"; y así llena de valor
eterno el futuro del mundo. Así el Espíritu convence al hombre, haciéndole
entender que, con todo lo que es, y tiene, y hace, está llamado por Dios en
Cristo a EL ESPÍRITU SANTO, NUESTRO ABOGADO DEFENSOR 1. En la pasada
catequesis sobre el Espíritu Santo hemos partido del texto de Juan, tomado
del «discurso de despedida» de Jesús, que, constituye, en cierto modo, la
principal fuente, evangélica, de Más aún, según el IV
Evangelio, el don del Espíritu Santo se concede la misma tarde de la
resurrección (cfr Jn 20, 22-25). Se puede decir que
la herida del costado de Cristo en la cruz abre el camino a la efusión del
Espíritu Santo, que será un signo y un fruto de la gloria obtenida con la
pasión y muerte. El texto del
discurso de Jesús en el Cenáculo nos manifiesta también que Él llama al
Espíritu Santo el «Paráclito»: «Yo pediré al Padre y os dará otro Paráclito
para que esté con vosotros para siempre» (Jn 14, 16). De forma análoga,
también leemos en otros textos: « ... el Paráclito,
el Espíritu Santo» (cfr Jn 14, 26; Jn 15, 26; Jn 6,
7). En vez de «Paráclito» muchas traducciones emplean la palabra
«Consolador»; ésta es aceptable, aunque es necesario recurrir al original griego
«Parakletos» para captar plenamente el sentido de
lo que Jesús dice del Espíritu Santo. 2. «Parakletos» literalmente significa: «aquel que es
invocado» (de para-kaléin, «llamar en ayuda»); y,
por tanto, «el defensor», «el abogado», además de «el mediador», que realiza
la función de intercesor (intercessor). Es en este
sentido de «Abogado-Defensor», el que ahora nos interesa, sin ignorar que
algunos Padres de 3. Cuando Jesús en
el Cenáculo, la vigilia de su pasión, anuncia la venida del Espíritu Santo,
se expresa de la siguiente manera: «El Padre os dará otro Paráclito». Con estas
palabras se pone de relieve que el propio Cristo es el primer Paráclito, y
que la acción del Espíritu Santo será semejante a la que Él ha realizado,
constituyendo casi su prolongación. Jesucristo,
efectivamente, era el "defensor" y continua siendolo.
El mismo Juan lo dirá en su Primera carta: «Si alguno peca, tenemos a uno que
abogue (Parakletos) ante el Padre: a Jesucristo, el
Justo » (1 Jn El abogado
(defensor) es aquel que, poniéndose de parte de los que son culpables debido
a los pecados cometidos, los defiende del castigo merecido por sus pecados,
los salva del peligro de perder la vida y la salvación eterna. Esto es
precisamente lo que ha realizado Cristo. Y el Espíritu Santo es llamado «el
Paráclito», porque continúa haciendo operante la redención con 4. El Paráclito será
«otro abogado-defensor» también por una segunda razón. Permaneciendo con los
discípulos de Cristo, Él los envolverá con su vigilante cuidado con virtud
omnipotente. «Yo pediré al Padre dice Jesús y os dará otro Paráclito para que
esté con vosotros para siempre» (Jn 14, 16): «... mora con vosotros y en
vosotros está» (Jn 14, 17). Esta promesa está unida a las otras que Jesús ha
hecho al ir al Padre: «Y he aquí que yo estoy con vosotros todos los días
hasta el fin del mundo» (Mt 28, 20). Nosotros sabemos que Cristo es el Verbo
que «se hizo carne y puso su morada entre nosotros» (Jn 1, 14). Sí, yendo al
Padre, dice: «Yo estoy con vosotros... hasta el fin del mundo» (Mt 28, 20),
se deduce de ello que los Apóstoles y La presencia del
Espíritu Santo que, como dijo Jesús, es íntima a las almas y a 5. El Espíritu
Santo-Paráclito será el abogado defensor de los Apóstoles, y de todos
aquellos que, a lo largo de los siglos, serán en Jesús lo predijo y
lo prometió: «os entregarán a los tribunales... seréis llevados ante
gobernadores y reyes... Mas cuando os entreguen, no os preocupéis de cómo o
qué vais a hablar.. no
seréis vosotros los que hablaréis, sino el Espíritu de vuestro Padre el que
hablará en vosotros» (Mt 10, 17-20; análogamente Mc 13, 11; Lc 12, 12, dice:
«porque el Espíritu Santo os enseñará en aquel mismo momento lo que conviene
decir»). También en este
sentido tan concreto, el Espíritu Santo es el Paráclito-Abogado. Se encuentra
cerca de los Apóstoles, más aún, se les hace presente cuando ellos tienen que
confesar la verdad, motivarla y defenderla. Él mismo se convierte, entonces,
en su inspirador, Él mismo habla con sus palabras, y juntamente con ellos y
por medio de ellos da testimonio de Cristo y de su Evangelio. Ante los
acusadores Él llega a ser como el «Abogado» invisible de los acusados, por el
hecho de que actúa como su patrocinador, defensor, confortador. 6. Especialmente
durante las persecuciones contra los Apóstoles y contra los primeros
cristianos, y también en aquellas persecuciones de todos los siglos, se
verificarán las palabras que Jesús pronunció en el Cenáculo: «Cuando venga el
Paráclito, que yo os enviaré de junto al Padre..., Él dará testimonio de mí.
Pero también vosotros daréis testimonio, porque estáis conmigo desde el
principio" (Jn 15, 26-27 ). La acción del
Espíritu Santo es "dar testimonio". Es una acción interior,
"inmanente", que se desarrolla en el corazón de los discípulos, los
cuales, después, dan testimonio de Cristo al exterior: Mediante aquella
presencia y aquella acción inmanente, se manifiesta y avanza en el mundo el
"trascendente"poder de la verdad de Cristo,
que es el Verbo-Verdad y Sabiduría. De Él deriva a los Apóstoles
, mediante el Espíritu, el poder de dar testimonio según su promesa:
"Yo os daré una elocuencia y una sabiduría a la que no podrán resistir
ni contradecir todos vuestros adversarios" ( Lc 21, 15). Esto viene
sucediendo ya desde el caso del primer mártir, Esteban, del que el autor de
los Hechos de los Apóstoles escribe que estaba "lleno del Espíritu
Santo" (Hch 6, 5), de modo que los adversarios "no podían resistir
a la sabiduría y al Espíritu con que hablaba" (Hch 6,10). También en los
siglos sucesivos los adversarios de la fe cristiana han continuado ensañandose contra los anunciadores del Evangelio
apagando a veces su voz en la sangre, sin llegar, sin embargo, a sofocar 7. El Espíritu
Santo- Espíritu de la verdad, Paráclito- es aquel que, según la palabra de
Cristo, "convencerá al mundo en lo referente al pecado, en lo referente
a la justicia y en lo referente al juicio" (Jn 16,8). Es significativa
la explicación que Jesús mismo hace de estas palabras: pecado, justicia y
juicio. "Pecado" significa, sobre todo, la falta de fe que Jesús
encuentra entre "los suyos", es decir los de su pueblo, los cuales
llegaron incluso a condenarle a muerte en El
"juicio" se refiere, sobre todo, al "príncipe de este
mundo", es decir, a Satanás. Él, en efecto, desde el principio, intenta
llevar la obra de la creación contra la alianza y la unión del hombre con
Dios: se opone conscientemente a 8. Si el Espíritu
Santo Paráclito debe convencer al mundo precisamente de este
"juicio", sin duda lo tiene que hacer para continuar la obra de
Cristo que mira a la salvación universal (cfr Ibid.). Por tanto, podemos
concluir que en el dar testimonio de Cristo, el Paráclito es un asiduo
(aunque invisible) Abogado y Defensor de la obra de la salvación, y de todos
aquellos que se comprometen en esta obra. Y es también el Garante de la
definitiva victoria sobre el pecado y sobre el mundo sometido al pecado, para
librarlo del pecado e introducirlo en el camino de la salvación. EL ESPÍRITU SANTO Y EL
CRECIMIENTO EN GRACIA DE JESÚS (27.VI.90) 3. La tradición patrística y teológica nos da una mano
para interpretar y explicar el texto de Lucas sobre el 'crecimiento en gracia
y en sabiduría' en relación con el Espíritu Santo. Santo Tomás, hablando de
la gracia, la llama repetidamente gratia Spiritus Sancti (Cfr. S.Th. I-II, q. Se trata de la gracia justificante y santificante, que
hace volver al hombre a la amistad con Dios, en el reino de los cielos (Cfr.
I-II, q. Con todo, la plenitud de gracia en Jesús era relativa a la
edad: había siempre plenitud, pero una plenitud creciente con el crecer de la
edad. 4. Lo mismo se puede decir de la sabiduría, que Cristo
poseía desde el principio en la plenitud consentida por la edad infantil. Al
avanzar en años, esa plenitud crecía en él en la medida correspondiente. Se
trataba no sólo de una ciencia y sabiduría humana en relación con las cosas
divinas, que en Cristo era infundida por Dios gracias a la comunicación del
Verbo subsistente en su humanidad, pero también y sobre todo de la sabiduría
como don del Espíritu Santo: el más alto de los dones, que 'son
perfeccionamiento de las facultades del alma, para disponerlas a la moción
del Espíritu Santo. Ahora bien, sabemos por el evangelio que el alma de
Cristo era movida perfectísimamente por el Espíritu Santo. En efecto, nos
dice Lucas que 'Jesús, lleno de Espíritu Santo, volvió del Jordán, y era
conducido por el Espíritu en el desierto' (Lc 4,1). Por consiguiente, se
hallaban en Cristo los dones de la manera más excelsa (III, q. 5. Seria conveniente proseguir ilustrando el tema con las
admirables páginas de Santo Tomás, así como de otros teólogos que han
investigado la sublime grandeza espiritual del alma de Jesús, en la que
habitaba y obraba de modo perfecto el Espíritu Santo, ya en su infancia, y
luego a lo largo de toda la época de su desarrollo. Aquí sólo podemos señalar
el estupendo ideal de santidad que Jesús, con su vida, ofrece a todos,
incluso a los niños y a los jóvenes, llamados a 'crecer en sabiduría y en
gracia ante Dios y ante los hombres', como Lucas escribe del niño de Nazaret,
y como el mismo evangelista escribirá en los Hechos de los Apóstoles a
propósito de 1. Todo el 'evento' de Jesucristo se explica mediante la
acción del Espíritu Santo, como se dijo en la catequesis anterior. Por esto,
una lectura correcta y profunda del 'evento' de Jesucristo (y de cada una de
sus etapas) es para nosotros el camino privilegiado para alcanzar el pleno conocimiento
del Espíritu Santo. La verdad sobre 2. Es el misterio encerrado en el hecho del que nos habla
el Evangelio en las dos redacciones de Mateo y de Lucas, a las que acudimos como
fuentes substancialmente idénticas, pero a la vez complementarias. Si se
atiende al orden cronológico de los acontecimientos narrados se tendría que
comenzar por Lucas; pero para la finalidad de nuestra catequesis es oportuno
tomar como punto de partida el texto de Mateo, en el cual se da la
explicación formal de la concepción y del nacimiento de Jesús (quizá en
relación con las primeras habladurías que circulaban en los ambientes judíos
hostiles). El Evangelista escribe: 'La generación de Jesucristo fue de esta
manera: Su madre, María, estaba desposada con José y, antes de empezar a
estar juntos ellos, se encontró en cinta por obra del Espíritu Santo' (Mt 1,
18). El Evangelista añade que a José le informó de este hecho un mensajero
divino: 'El Ángel del Señor se le apareció en sueños y le dijo: José, hijo de
David, no temas tomar contigo a María tu mujer porque lo engendrado en ella
es del Espíritu Santo ' (Mt 1,20). La intención de Mateo es, por tanto, afirmar de modo inequivocable el origen divino de ese hecho, que él
atribuye a la intervención del Espíritu Santo. Ésta es la explicación que
hizo texto para las comunidades cristianas de los primeros siglos, de las
cuales provienen tanto los Evangelios como los símbolos de la fe, las definiciones
conciliares y las tradiciones de los Padres. A su vez, el texto de Lucas nos ofrece una precisión sobre
el momento y el modo en el que la maternidad virginal de María tuvo origen
por obra del Espíritu Santo (Cfr. Lc 1, 26)38). He aquí las palabras del
mensajero, que narra Lucas: 'El Espíritu Santo vendrá sobre ti, el poder del
Altísimo te cubrirá con su sombra; por eso el que ha de nacer será santo y
será llamado Hijo de Dios' (Lc 1, 35). 3. Entre tanto notamos que la sencillez, viveza y concisión
con las que Mateo y Lucas refieren las circunstancias concretas de 4. Nótese la novedad y originalidad del evento también en
relación con las escrituras del Antiguo Testamento, las cuales hablaban sólo
de la venida del Espíritu (Santo) sobre el futuro Mesías: 'Saldrá un vástago
del tronco de Jesé, y un retoño de sus raíces brotará. Reposará sobre él el
espíritu de Yahvéh' (Is 11, 1.2); o bien: 'El
espíritu del Señor Yahvéh está sobre mí, por cuanto
que me ha ungido Yahvéh' (Is 61,1). El Evangelio de
Lucas habla, en cambio, de la venida del Espíritu Santo sobre María, cuando
se convierte en 5. Otra novedad de la narración evangélica se capta en la
confrontación con las narraciones de los nacimientos milagrosos que nos transmite
el Antiguo Testamento (Cfr., por ejemplo, 1 Sm
1,4)20; Jue 13, 2-24). Esos nacimientos se
producían por el camino habitual de la procreación humana, aunque de modo
insólito, y en su anuncio no se hablaba del Espíritu Santo. En cambio, en Se comprende mejor esa intención de un don total de sí a
Dios en la virginidad, si se ve en ella un fruto de la acción del Espíritu
Santo en María. Esto se puede percibir por el saludo mismo que el ángel le
dirige: 'Alégrate, llena de gracia, el Señor está contigo' (Lc 1, 28). El
Evangelista también dirá del anciano Simeón que 'este hombre era justo y
piadoso, y esperaba la consolación de Israel; y estaba en él el Espíritu
Santo' (Lc 2, 25). Pero las palabras dirigidas a María dicen mucho más:
afirman que Ella estaba 'transformada por la gracia', 'establecida en 6. Por lo que se refiere a la decisión de María en favor
de la virginidad nos damos cuenta mejor que se debe a la acción del Espíritu
Santo si consideramos que en la tradición de Pero los caminos del Señor eran diversos. El Espíritu
Santo condujo a María precisamente por el camino de la virginidad, por el
cual Ella está en el origen del nuevo ideal de consagración total (alma y
cuerpo, sentimiento y voluntad, mente y corazón) en el pueblo de Dios en 7. María, Madre del Hijo de Dios hecho hombre, Jesucristo,
permanece como Virgen el insustituible punto de referencia para la acción
salvífica de Dios. Tampoco nuestros tiempos, que parecen ir en otra dirección,
pueden ofuscar la luz de la virginidad (el celibato por el Reino de Dios) que
el Espíritu Santo ha inscrito de modo tan claro en el misterio de RELACIÓN PERSONAL DE DIOS CON MARÍA (18.IV.90) 1. Ya hemos visto que de una correcta y profunda lectura
del 'acontecimiento' de Este misterio aflora en la narración que el evangelista
Lucas dedica a la anunciación de María, como acontecimiento que tuvo lugar en
el contexto de una profunda y sublime relación personal entre Dios y María.
La narración arroja luz también sobre la relación personal que Dios quiere
entablar con todo hombre. 2. Dios, que ha creado y mantiene en vid todos los seres,
según la naturaleza de cada uno, se hace presente 'de un modo nuevo' a todo
hombre que se abre y le acoge recibiendo el don de la gracia por el cual
puede conocerlo y amarlo sobrenaturalmente, como Huésped del alma convertida
en su templo santo (Cfr. Santo Tomás, S.Th. I, q.8,
a.3, ad 4; q.38, a. l; q.43, a.3). Pero Dios realiza una presencia aún más
alta y perfecta .y casi única. en la humanidad de
Cristo, uniéndola a Sí en la persona del eterno Verbo-Hijo(S.Th. I, q.8, a.3, ad 4; III, q.2, a.2). Se puede decir
que Dios realiza una unión y una presencia especial y privilegiada en María
en 3. Volvamos a reflexionar sobre la página de Lucas que
describe y documenta una relación personalísima de Dios con 4. En particular, el Espíritu Santo, tal como se nos da
conocer en las palabras de Lucas, reflejo del descubrimiento que de El hizo
María, aparece como Aquel que, en cierto sentido, 'supera la distancia' entre
Dios y el hombre. Es En María el Espíritu Santo desciende y obra (hablando
cronológicamente) ya antes de 5. En la página de Lucas, entre otras estupendas verdades,
se encuentra el hecho de que Dios espera un acto de consentimiento de parte
de En Por eso 6. Al pedir a María una respuesta consciente y libre, Dios
respeta en ella y, más aún, lleva a la máxima expresión la 'dignidad de la
causalidad' que Él mismo da a todos los seres y especialmente al ser humano.
Y, por otra parte, la hermosa respuesta de María: 'He aquí la esclava del Señor;
hágase en mi según tu palabra' (Lc 1, 38) es ya, en sí misma, un fruto de la
acción del Espíritu Santo en ella: en su voluntad, en su corazón. Es una
respuesta dada por la gracia y en la gracia, que viene del Espíritu Santo.
Pero no por esto deja de ser la auténtica expresión de su libertad de
creatura humana, un acto consciente de libre voluntad. La acción interior del
Espíritu Santo va orientada a hacer que la respuesta de María -y de todo ser
humano llamado por Dios- sea precisamente la que debe ser, y exprese del modo
más completo posible la madurez personal de una conciencia iluminada y
piadosa, que sabe donarse sin reserva. Esta es la madurez del amor. El
Espíritu Santo, donándose a la voluntad humana como Amor (increado), hace que
en el sujeto nazca y se desarrolle el amor creado que, como expresión de la
voluntad humana, constituye al mismo tiempo la plenitud espiritual de 7. El 'acontecimiento' de Nazaret, descrito por Lucas en
el evangelio de la anunciación, es, por consiguiente, una imagen perfecta )y, podemos decir, el 'modelo') de EL ESPÍRITU SANTO Y MARÍA
(2.V.90) 1. La revelación del Espíritu Santo en Ya en el Antiguo Testamento esta relación presenta una
característica particular. Nace en el terreno de 2. Según el profeta Jeremías, Dios dice a su pueblo: 'Con
amor eterno te he amado: por eso he reservado gracia para ti. Volveré a
edificarte y serás reedificada, virgen de Israel' (Jer 31, 3-4). Desde el
punto de vista histórico, hay que colocar este texto en relación con la
derrota de Israel y 3. En los textos citados se subraya que el amor nupcial
del Dios de 4. Estos textos extraordinarios de los profetas del
Antiguo Testamento alcanzan su verdadero cumplimiento en el misterio de 5. El Espíritu Santo, que desciende sobre María en |