CAMINANDO CON JESUS

PEDRO SERGIO ANTONIO DONOSO BRANT

NUEVO TESTAMENTO

EVANGELIO SEGUN SAN JUAN

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CAPÍTULO 1

LA PALABRA DE DIOS SE HIZO HOMBRE

[1] En el principio era la Palabra,

y la Palabra estaba ante Dios,

y la Palabra era Dios.

[2] Ella estaba ante Dios en el principio.

[3] Por Ella se hizo todo,

y nada llegó a ser sin Ella.

Lo que fue hecho [4] tenía vida en ella,

y para los hombres la vida era luz.

[5] La luz brilla en las tinieblas,

y las tinieblas no la recibieron

[6] Vino un hombre, enviado por Dios, que se llamaba Juan.

[7] Vino para dar testimonio, como testigo de la luz,

para que todos creyeran por él.

[8] Aunque no fuera él la luz, le tocaba dar testimonio de la luz.

[9] Ella era la luz verdadera,

la luz que ilumina a todo hombre,

y llegaba al mundo.

[10] Ya estaba en el mundo,

este mundo que se hizo por Ella, o por El,

este mundo que no lo recibió.

[11] Vino a su propia casa,

y los suyos no lo recibieron;

[12] pero a todos los que lo recibieron

les dio capacidad para ser hijos de Dios.

Al creer en su Nombre [13] han nacido,

no de sangre alguna ni por ley de la carne,

ni por voluntad de hombre,

sino que han nacido de Dios.

[14] Y la Palabra se hizo carne,

puso su tienda entre nosotros,

y hemos visto su Gloria:

la Gloria que recibe del Padre el Hijo único,

en él todo era don amoroso y verdad.

[15] Juan dio testimonio de él;

dijo muy fuerte: «De él yo hablaba al decir:

el que ha venido detrás de mí, ya está delante de mí,

porque era antes que yo.»

[16] De su plenitud hemos recibido todos,

y cada don amoroso preparaba otro.

[17] Por medio de Moisés hemos recibido la Ley,

pero la verdad y el don amoroso

nos llegó por medio de Jesucristo.

[18] Nadie ha visto a Dios jamás,

pero Dios-Hijo único nos lo dio a conocer;

él está en el seno del Padre

y nos lo dio a conocer.

LA PRIMERA SEMANA : EL DESCUBRIMIENTO

Juan Bautista presenta a Jesús, el «Cordero de Dios»

[19] Este fue el testimonio de Juan, cuando los judíos enviaron sacerdotes y levitas desde Jerusalén para preguntarle: «¿Quién eres tú?» [20] Juan lo declaró y no ocultó la verdad: «Yo no soy el Mesías». [21] Le preguntaron: «¿Quién eres, entonces? ¿Elías?» Contestó: «No lo soy». Le dijeron: «¿Eres el Profeta?» [22] Contestó: «No». Entonces le dijeron: «¿Quién eres, entonces? Pues tenemos que llevar una respuesta a los que nos han enviado. ¿Qué dices de ti mismo?» [23] Juan contestó: «Yo soy, como dijo el profeta Isaías, la voz que grita en el desierto: Enderecen el camino del Señor». [24] Los enviados eran del grupo de los fariseos, [25] y le hicieron otra pregunta: «¿Por qué bautizas entonces, si no eres el Mesías, ni Elías, ni el Profeta?» [26] Les contestó Juan: «Yo bautizo con agua, pero en medio de ustedes hay uno a quien ustedes no conocen, [27] y aunque viene detrás de mí, yo no soy digno de soltarle la correa de su sandalia». [28] Esto sucedió en Betabará, al otro lado del río Jordán, donde Juan bautizaba. [29] Al día siguiente Juan vio a Jesús que venía a su encuentro, y exclamó: «Ahí viene el Cordero de Dios, el que carga con el pecado del mundo. [30] De él yo hablaba al decir: Detrás de mí viene un hombre que ya está delante de mí, porque era antes que yo. [31] Yo no lo conocía, pero mi bautismo con agua y mi venida misma eran para él, para que se diera a conocer a Israel». [32] Y Juan dio este testimonio: «He visto al Espíritu bajar del cielo como una paloma y quedarse sobre él. [33] Yo no lo conocía, pero Aquel que me envió a bautizar con agua, me dijo también: Verás al Espíritu bajar sobre aquél que ha de bautizar con el Espíritu Santo, y se quedará en él. [34] Sí, yo lo he visto; y declaro que éste es el Elegido de Dios.»

JESÚS LLAMA A SUS PRIMEROS DISCÍPULOS

[35] Al día siguiente, Juan se encontraba de nuevo en el mismo lugar con dos de sus discípulos. [36] Mientras Jesús pasaba, se fijó en él y dijo: «Ese es el Cordero de Dios». [37] Los dos discípulos le oyeron decir esto y siguieron a Jesús. [38] Jesús se volvió y, al ver que lo seguían, les preguntó: «¿Qué buscan?» Le contestaron: «Rabbí (que significa Maestro), ¿dónde vives?» [39] Jesús les dijo: «Vengan y lo verán». Fueron, vieron dónde vivía y se quedaron con él aquel día. Eran como las cuatro de la tarde. [40] Andrés, el hermano de Simón Pedro, era uno de los dos que siguieron a Jesús por la palabra de Juan. [41] Encontró primero a su hermano Simón y le dijo: «Hemos encontrado al Mesías» (que significa el Cristo). [42] Y se lo presentó a Jesús. Jesús miró fijamente a Simón y le dijo: «Tú eres Simón, hijo de Juan, pero te llamarás Kefas» (que quiere decir Piedra). [43] Al día siguiente, Jesús resolvió partir hacia Galilea. Se encontró con Felipe y le dijo: «Sígueme». [44] Felipe era de Betsaida, el pueblo de Andrés y de Pedro. [45] Felipe se encontró con Natanael y le dijo: «Hemos hallado a aquél de quien escribió Moisés en la Ley y también los profetas. Es Jesús, el hijo de José de Nazaret». [46] Natanael le replicó: «¿Puede salir algo bueno de Nazaret?» Felipe le contestó: «Ven y verás». [47] Cuando Jesús vio venir a Natanael, dijo de él: «Ahí viene un verdadero israelita: éste no sabría engañar». [48] Natanael le preguntó: «¿Cómo me conoces?» Jesús le respondió: «Antes de que Felipe te llamara, cuando estabas bajo la higuera, yo te vi». [49] Natanael exclamó: «Maestro, tú eres el Hijo de Dios, tú eres el Rey de Israel». [50] Jesús le dijo: «Tú crees porque te dije que te vi bajo la higuera. Pero verás cosas aun mayores que éstas. [51] En verdad les digo que ustedes verán los cielos abiertos y a los ángeles de Dios subiendo y bajando sobre el Hijo del Hombre».

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CAPÍTULO 2

EL PRIMER MILAGRO, EN LA BODA DE CANÁ

[1] Tres días más tarde se celebraba una boda en Caná de Galilea, y la madre de Jesús estaba allí. [2] También fue invitado Jesús a la boda con sus discípulos. [3] Sucedió que se terminó el vino preparado para la boda, y se quedaron sin vino. Entonces la madre de Jesús le dijo: «No tienen vino». [4] Jesús le respondió: «Mujer, ¿por qué te metes en mis asuntos? Aún no ha llegado mi hora». [5] Pero su madre dijo a los sirvientes: «Hagan lo que él les diga». [6] Había allí seis recipientes de piedra, de los que usan los judíos para sus purificaciones, de unos cien litros de capacidad cada uno. [7] Jesús dijo: «Llenen de agua esos recipientes». Y los llenaron hasta el borde. [8] «Saquen ahora, les dijo, y llévenle al mayordomo». Y ellos se lo llevaron. [9] Después de probar el agua convertida en vino, el mayordomo llamó al novio, pues no sabía de dónde provenía, a pesar de que lo sabían los sirvientes que habían sacado el agua. [10] Y le dijo: «Todo el mundo sirve al principio el vino mejor, y cuando ya todos han bebido bastante, les dan el de menos calidad; pero tú has dejado el mejor vino para el final». [11] Esta señal milagrosa fue la primera, y Jesús la hizo en Caná de Galilea. Así manifestó su gloria y sus discípulos creyeron en él. [12] Jesús bajó después a Cafarnaún con su madre, sus hermanos y sus discípulos, y permanecieron allí solamente algunos días.

LA PRIMERA PASCUA

JESÚS EXPULSA DEL TEMPLO A LOS VENDEDORES

[13] Se acercaba la Pascua de los judíos, y Jesús subió a Jerusalén. [14] Encontró en el Templo a los vendedores de bueyes, ovejas y palomas, y a los cambistas, sentados detrás de sus mesas. [15] Hizo un látigo con cuerdas y los echó a todos fuera del Templo junto con las ovejas y bueyes; derribó las mesas de los cambistas y desparramó el dinero por el suelo. [16] A los que vendían palomas les dijo: «Saquen eso de aquí y no conviertan la Casa de mi Padre en un mercado». [17] Sus discípulos se acordaron de lo que dice la Escritura: «Me devora el celo por tu Casa». [18] Los judíos intervinieron: «¿Qué señal milagrosa nos muestras para justificar lo que haces?» [19] Jesús respondió: «Destruyan este templo y yo lo reedificaré en tres días». [20] Ellos contestaron: «Han demorado ya cuarenta y seis años en la construcción de este templo, y ¿tú piensas reconstruirlo en tres días?» [21] En realidad, Jesús hablaba de ese Templo que es su cuerpo. [22] Solamente cuando resucitó de entre los muertos, sus discípulos se acordaron de que lo había dicho y creyeron tanto en la Escritura como en lo que Jesús dijo. [23] Jesús se quedó en Jerusalén durante la fiesta de la Pascua, y muchos creyeron en él al ver las señales milagrosas que hacía. Pero Jesús no se fiaba de ellos, pues los conocía a todos [24] y no necesitaba pruebas sobre nadie, porque él conocía lo que había en la persona.

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CAPÍTULO 3

JESÚS Y NICODEMO: HAY QUE NACER DE NUEVO

[1] Entre los fariseos había un personaje judío llamado Nicodemo. Este fue de noche a ver a Jesús y le dijo: [2] «Rabbí, sabemos que has venido de parte de Dios como maestro, porque nadie puede hacer señales milagrosas como las que tú haces, a no ser que Dios esté con él». [3] Jesús le contestó: «En verdad te digo que nadie puede ver el Reino de Dios si no nace de nuevo desde arriba». [4] Nicodemo le dijo: «¿Cómo renacerá el hombre ya viejo? ¿Quién volverá al seno de su madre?» [5] Jesús le contestó: «En verdad te digo: El que no renace del agua y del Espíritu no puede entrar en el Reino de Dios. [6] Lo que nace de la carne es carne, y lo que nace del Espíritu es espíritu. [7] No te extrañes de que te haya dicho: Necesitan nacer de nuevo desde arriba. [8] El viento sopla donde quiere, y tú oyes su silbido, pero no sabes de dónde viene ni adónde va. Lo mismo le sucede al que ha nacido del Espíritu». [9] Nicodemo volvió a preguntarle: «¿Cómo puede ser eso?» [10] Respondió Jesús: «Tú eres maestro en Israel, y ¿no sabes estas cosas? [11] En verdad te digo que nosotros hablamos de lo que sabemos, y damos testimonio de lo que hemos visto, pero ustedes no aceptan nuestro testimonio. [12] Si ustedes no creen cuando les hablo de cosas de la tierra, ¿cómo van a creer si les hablo de cosas del Cielo? [13] Sin embargo, nadie ha subido al Cielo sino sólo el que ha bajado del Cielo, el Hijo del Hombre. [14] Recuerden la serpiente que Moisés hizo levantar en el desierto: así también tiene que ser levantado el Hijo del Hombre, [15] y entonces todo el que crea en él tendrá por él vida eterna. [16] ¡Así amó Dios al mundo! Le dio al Hijo Unico, para que quien cree en él no se pierda, sino que tenga vida eterna. [17] Dios no envió al Hijo al mundo para condenar al mundo, sino para que se salve el mundo gracias a él. [18] Para quien cree en él no hay juicio. En cambio, el que no cree ya se ha condenado, por el hecho de no creer en el Nombre del Hijo único de Dios. [19] Esto requiere un juicio: la luz vino al mundo, y los hombres prefirieron las tinieblas a la luz, porque sus obras eran malas. [20] Pues el que obra el mal odia la luz y no va a la luz, no sea que sus obras malas sean descubiertas y condenadas. [21] Pero el que hace la verdad va a la luz, para que se vea que sus obras han sido hechas en Dios».

EL ÚLTIMO TESTIMONIO DE JUAN BAUTISTA

[22] Después de esto, Jesús se fue con sus discípulos al territorio de Judea. Allí estuvo con ellos y bautizaba. [23] Juan también estaba bautizando en Ainón, cerca de Salín, porque allí había mucha agua; la gente venía y se hacía bautizar. [24] (Esto ocurría antes de que Juan hubiera sido encarcelado). [25] Un día los discípulos de Juan tuvieron una discusión con un judío sobre la purificación espiritual. [26] Fueron donde Juan y le dijeron: «Maestro, el que estaba contigo al otro lado del Jordán, y en cuyo favor tú hablaste, está ahora bautizando y todos se van a él». [27] Juan respondió: «Nadie puede atribuirse más de lo que el Cielo le quiere dar. [28] Ustedes mismos son testigos de que yo dije: Yo no soy el Mesías, sino el que ha sido enviado delante de él. [29] Es el novio quien tiene a la novia; el amigo del novio está a su lado y hace lo que él le dice y se alegra con sólo oír la voz del novio. Por eso me alegro sin reservas. [30] Es necesario que él crezca y que yo disminuya. [31] El que viene de arriba está por encima de todos. El que viene de la tierra pertenece a la tierra y sus palabras son terrenales. El que viene del Cielo, [32] por más que dé testimonio de lo que allí ha visto y oído, nadie acepta su testimonio. [33] Pero aceptar su testimonio es como reconocer que Dios es veraz. [34] Aquel que Dios ha enviado habla las palabras de Dios, y Dios le da el Espíritu sin medida. [35] El Padre ama al Hijo y ha puesto todas las cosas en sus manos. [36] El que cree en el Hijo vive de vida eterna, pero el que se niega a creer en el Hijo se queda con el Dios que condena: nunca conocerá la vida».

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CAPÍTULO 4

JESÚS Y LA SAMARITANA

[1] El Señor se enteró de que los fariseos tenían noticias de él; se decía que Jesús bautizaba y atraía más discípulos que Juan, [2] aunque de hecho no bautizaba Jesús, sino sus discípulos. [3] Jesús decidió, entonces, abandonar Judea y volvió a Galilea. [4] Para eso tenía que pasar por el país de Samaría, [5] y fue así como llegó a un pueblo de Samaría llamado Sicar, cerca de la tierra que Jacob dio a su hijo José. [6] Allí se encuentra el pozo de Jacob. Jesús, cansado por la caminata, se sentó al borde del pozo. Era cerca del mediodía. [7] Fue entonces cuando una mujer samaritana llegó para sacar agua, y Jesús le dijo: «Dame de beber». [8] Los discípulos se habían ido al pueblo para comprar algo de comer. [9] La samaritana le dijo: «¿Cómo tú, que eres judío, me pides de beber a mí, que soy una mujer samaritana?» (Se sabe que los judíos no tratan con los samaritanos). [10] Jesús le dijo: «Si conocieras el don de Dios, si supieras quién es el que te pide de beber, tú misma le pedirías agua viva y él te la daría». [11] Ella le dijo: «señor, no tienes con qué sacar agua y el pozo es profundo. ¿Dónde vas a conseguir esa agua viva? [12] Nuestro antepasado Jacob nos dio este pozo, del cual bebió él, sus hijos y sus animales; ¿eres acaso más grande que él?» [13] Jesús le dijo: «El que beba de esta agua volverá a tener sed, [14] pero el que beba del agua que yo le daré nunca volverá a tener sed. El agua que yo le daré se convertirá en él en un chorro que salta hasta la vida eterna». [15] La mujer le dijo: «Señor, dame de esa agua, y así ya no sufriré la sed ni tendré que volver aquí a sacar agua». [16] Jesús le dijo: «Vete, llama a tu marido y vuelve acá». [17] La mujer contestó: «No tengo marido». Jesús le dijo: «Has dicho bien que no tienes marido, [18] pues has tenido cinco maridos, y el que tienes ahora no es tu marido. En eso has dicho la verdad». [19] La mujer contestó: «Señor, veo que eres profeta. [20] Nuestros padres siempre vinieron a este cerro para adorar a Dios y ustedes, los judíos, ¿no dicen que Jerusalén es el lugar en que se debe adorar a Dios?» [21] Jesús le dijo: «Créeme, mujer: llega la hora en que ustedes adorarán al Padre, pero ya no será "en este cerro" o "en Jerusalén". [22] Ustedes, los samaritanos, adoran lo que no conocen, mientras que nosotros, los judíos, adoramos lo que conocemos, porque la salvación viene de los judíos. [23] Pero llega la hora, y ya estamos en ella, en que los verdaderos adoradores adorarán al Padre en espíritu y en verdad. [24] Entonces serán verdaderos adoradores del Padre, tal como él mismo los quiere. Dios es espíritu, y los que lo adoran deben adorarlo en espíritu y en verdad». [25] La mujer le dijo: «Yo sé que el Mesías, (que es el Cristo), está por venir; cuando venga, nos enseñará todo». [26] Jesús le dijo: «Ese soy yo, el que habla contigo». [27] En aquel momento llegaron los discípulos y se admiraron al verlo hablar con una mujer. Pero ninguno le preguntó qué quería ni de qué hablaba con ella. [28] La mujer dejó allí el cántaro y corrió al pueblo a decir a la gente: [29] «Vengan a ver a un hombre que me ha dicho todo lo que he hecho. ¿No será éste el Cristo?» [30] Salieron, pues, del pueblo y fueron a verlo. [31] Mientras tanto los discípulos le insistían: «Maestro, come». [32] Pero él les contestó: «El alimento que debo comer, ustedes no lo conocen». [33] Y se preguntaban si alguien le habría traído de comer. [34] Jesús les dijo: «Mi alimento es hacer la voluntad de aquel que me ha enviado y llevar a cabo su obra. [35] Ustedes han dicho: "Dentro de cuatro meses será tiempo de cosechar". ¿No es verdad? Pues bien, yo les digo: Levanten la vista y miren los campos: ya están amarillentos para la siega. [36] El segador ya recibe su paga y junta el grano para la vida eterna, y con esto el sembrador también participa en la alegría del segador. [37] Aquí vale el dicho: Uno es el que siembra y otro el que cosecha. [38] Yo los he enviado a ustedes a cosechar donde otros han trabajado y sufrido. Otros se han fatigado y ustedes han retomado de su trabajo». [39] Muchos samaritanos de aquel pueblo creyeron en él por las palabras de la mujer, que declaraba: «El me ha dicho todo lo que he hecho». [40] Cuando llegaron los samaritanos donde él, le pidieron que se quedara con ellos. Y se quedó allí dos días. [41] Muchos más creyeron al oír su palabra, [42] y decían a la mujer: «Ya no creemos por lo que tú has contado. Nosotros mismos lo hemos escuchado y sabemos que éste es verdaderamente el Salvador del mundo». [43] Pasados los dos días, Jesús partió de allí para Galilea. [44] El había afirmado que un profeta no es reconocido en su propia tierra. [45] Sin embargo los galileos lo recibieron muy bien al llegar, porque habían visto todo lo que Jesús había hecho en Jerusalén durante la fiesta, pues ellos también habían ido a la fiesta.

JESÚS SANA AL HIJO DE UN FUNCIONARIO

[46] Jesús volvió a Caná de Galilea, donde había convertido el agua en vino. Había un funcionario real en Cafarnaún que tenía un hijo enfermo. [47] Al saber que Jesús había vuelto de Judea a Galilea, salió a su encuentro para pedirle que fuera a sanar a su hijo, que se estaba muriendo. [48] Jesús le dio esta respuesta: «Si ustedes no ven señales y prodigios, no creen». [49] El funcionario le dijo: «Señor, ten la bondad de venir antes de que muera mi hijo». [50] Jesús le contestó: «Puedes volver, tu hijo está vivo». El hombre creyó en la palabra de Jesús y se puso en camino. [51] Al llegar a la bajada de los cerros, se topó con sus sirvientes que venían a decirle que su hijo estaba sano. [52] Les preguntó a qué hora se había mejorado el niño, y le contestaron: «Ayer, a la una de la tarde, se le quitó la fiebre». [53] El padre comprobó que a esa misma hora Jesús le había dicho: «Tu hijo está vivo». Y creyó él y toda su familia. [54] Esta es la segunda señal milagrosa que hizo Jesús. Acababa de volver de Judea a Galilea.

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CAPÍTULO 5

EL PARALÍTICO DE LA PISCINA DE BETESDA

[1] Después de esto se celebraba una fiesta de los judíos, y Jesús subió a Jerusalén. [2] Hay en Jerusalén, cerca de la Puerta de las Ovejas, una piscina llamada en hebreo Betesda. Tiene ésta cinco pórticos, [3] y bajo los pórticos yacía una multitud de enfermos, ciegos, cojos, tullidos (y paralíticos. Todos esperaban que el agua se agitara, [4] porque un ángel del Señor bajaba de vez en cuando y removía el agua; y el primero que se metía después de agitarse el agua quedaba sano de cualquier enfermedad que tuviese.) [5] Había allí un hombre que hacía treinta y ocho años que estaba enfermo. [6] Jesús lo vio tendido, y cuando se enteró del mucho tiempo que estaba allí, le dijo: «¿Quieres sanar?» [7] El enfermo le contestó: «Señor, no tengo a nadie que me meta en la piscina cuando se agita el agua, y mientras yo trato de ir, ya se ha metido otro». [8] Jesús le dijo: «Levántate, toma tu camilla y anda». [9] Al instante el hombre quedó sano, tomó su camilla y empezó a caminar. Pero aquel día era sábado. [10] Por eso los judíos dijeron al que acababa de ser curado: «Hoy es día sábado, y la Ley no permite que lleves tu camilla a cuestas». [11] El les contestó: «El que me sanó me dijo: Toma tu camilla y anda». [12] Le preguntaron: «¿Quién es ese hombre que te ha dicho: Toma tu camilla y anda?» [13] Pero el enfermo no sabía quién era el que lo había sanado, pues Jesús había desaparecido entre la multitud reunida en aquel lugar. [14] Más tarde Jesús se encontró con él en el Templo y le dijo: «Ahora estás sano, pero no vuelvas a pecar, no sea que te suceda algo peor». [15] El hombre se fue a decir a los judíos que era Jesús el que lo había curado. [16] Por eso los judíos perseguían a Jesús, porque hacía tales curaciones en día sábado. [17] Pero Jesús les respondió: «Mi Padre sigue trabajando, y yo también trabajo». [18] Y los judíos tenían más ganas todavía de matarle, porque además de quebrantar la ley del sábado, se hacía a sí mismo igual a Dios, al llamarlo su propio Padre.

LA OBRA DEL HIJO: RESUCITAR A LOS MUERTOS

[19] Jesús les dirigió la palabra: «En verdad les digo: El Hijo no puede hacer nada por su cuenta, sino sólo lo que ve hacer al Padre. Todo lo que haga éste, lo hace también el Hijo. [20] El Padre ama al Hijo y le enseña todo lo que él hace, y le enseñará cosas mucho más grandes que éstas, que a ustedes los dejarán atónitos. [21] Como el Padre resucita a los muertos y les da la vida, también el Hijo da la vida a los que quiere. [22] Del mismo modo, el Padre no juzga a nadie, sino que ha entregado al Hijo la responsabilidad de juzgar, [23] para que todos honren al Hijo como honran al Padre. El que no honra al Hijo, tampoco honra al Padre que lo ha enviado. [24] En verdad les digo: El que escucha mi palabra y cree en el que me ha enviado, vive de vida eterna; ya no habrá juicio para él, porque ha pasado de la muerte a la vida. [25] Sepan que viene la hora, y ya estamos en ella, en que los muertos oirán la voz del Hijo de Dios, y los que la escuchen vivirán. [26] Así como el Padre tiene vida en sí mismo, también ha dado al Hijo tener vida en sí mismo. [27] Y además le ha dado autoridad para llevar a cabo el juicio, porque es hijo de hombre. [28] No se asombren de esto; llega la hora en que todos los que estén en los sepulcros oirán mi voz. [29] Los que obraron el bien resucitarán para la vida, pero los que obraron el mal irán a la condenación. [30] Yo no puedo hacer nada por mi cuenta, sino que juzgo conforme a lo que escucho; así mi juicio es recto, porque no busco mi voluntad, sino la voluntad de Aquel que me envió. [31] Si yo hago de testigo en mi favor, mi testimonio no tendrá valor. [32] Pero Otro está dando testimonio de mí, y yo sé que es verdadero cuando da testimonio de mí. [33] Ustedes mandaron interrogar a Juan, y él dio testimonio de la verdad. [34] Yo les recuerdo esto para bien de ustedes, para que se salven, porque personalmente yo no me hago recomendar por hombres. [35] Juan era una antorcha que ardía e iluminaba, y ustedes por un tiempo se sintieron a gusto con su luz. [36] Pero yo tengo un testimonio que vale más que el de Juan: son las obras que el Padre me encomendó realizar. Estas obras que yo hago hablan por mí y muestran que el Padre me ha enviado. [37] Y el Padre que me ha enviado también da testimonio de mí. Ustedes nunca han oído su voz ni visto su rostro; [38] y tampoco tienen su palabra, pues no creen al que él ha enviado. [39] Ustedes escudriñan las Escrituras pensando que encontrarán en ellas la vida eterna, y justamente ellas dan testimonio de mí. [40] Sin embargo ustedes no quieren venir a mí para tener vida. [41] Yo no busco la alabanza de los hombres. [42] Sé sin embargo que el amor de Dios no está en ustedes, [43] porque he venido en nombre de mi Padre, y ustedes no me reciben. Si algún otro viene en su propio nombre, a ése sí lo acogerán. [44] Mientras hacen caso de las alabanzas que se dan unos a otros y no buscan la gloria que viene del Unico Dios, ¿cómo podrán creer? [45] No piensen que seré yo quien los acuse ante el Padre. Es Moisés quien los acusa, aquel mismo en quien ustedes confían. [46] Si creyeran a Moisés, me creerían también a mí, porque él escribió de mí. [47] Pero si ustedes no creen lo que escribió Moisés, ¿cómo van a creer lo que les digo yo?»

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CAPÍTULO 6

LA SEGUNDA PASCUA

EL PAN DE VIDA: LA MULTIPLICACIÓN (MC 6,34; MT 14,13; LC 9,10)

[1] Después Jesús pasó a la otra orilla del lago de Galilea, cerca de Tiberíades. [2] Le seguía un enorme gentío, a causa de las señales milagrosas que le veían hacer en los enfermos. [3] Jesús subió al monte y se sentó allí con sus discípulos. [4] Se acercaba la Pascua, la fiesta de los judíos. [5] Jesús, pues, levantó los ojos y, al ver el numeroso gentío que acudía a él, dijo a Felipe: «¿Dónde iremos a comprar pan para que coma esa gente?» [6] Se lo preguntaba para ponerlo a prueba, pues él sabía bien lo que iba a hacer. [7] Felipe le respondió: «Doscientas monedas de plata no alcanzarían para dar a cada uno un pedazo». [8] Otro discípulo, Andrés, hermano de Simón Pedro, dijo: [9] «Aquí hay un muchacho que tiene cinco panes de cebada y dos pescados. Pero, ¿qué es esto para tanta gente?». [10] Jesús les dijo: «Hagan que se siente la gente». Había mucho pasto en aquel lugar, y se sentaron los hombres en número de unos cinco mil. [11] Entonces Jesús tomó los panes, dio las gracias y los repartió entre los que estaban sentados. Lo mismo hizo con los pescados, y todos recibieron cuanto quisieron. [12] Cuando quedaron satisfechos, Jesús dijo a sus discípulos: «Recojan los pedazos que han sobrado para que no se pierda nada». [13] Los recogieron y llenaron doce canastos con los pedazos que no se habían comido: eran las sobras de los cinco panes de cebada. [14] Al ver esta señal que Jesús había hecho, los hombres decían: «Este es sin duda el Profeta que había de venir al mundo». [15] Jesús se dio cuenta de que iban a tomarlo por la fuerza para proclamarlo rey, y nuevamente huyó al monte él solo. [16] Al llegar la noche, sus discípulos bajaron a la orilla [17] y, subiendo a una barca, cruzaron el lago rumbo a Cafarnaún. Habían visto caer la noche sin que Jesús se hubiera reunido con ellos, [18] y empezaban a formarse grandes olas debido al fuerte viento que soplaba. [19] Habían remado como unos cinco kilómetros cuando vieron a Jesús que caminaba sobre el mar y se acercaba a la barca, y se llenaron de espanto. [20] Pero él les dijo: «Soy Yo, no tengan miedo». [21] Quisieron subirlo a la barca, pero la barca se encontró en seguida en la orilla adonde se dirigían. [22] Al día siguiente, la gente que se había quedado al otro lado del lago se dio cuenta que allí no había habido más que una barca y que Jesús no había subido con sus discípulos en la barca, sino que éstos se habían ido solos. [23] Mientras tanto algunas lanchas de Tiberíades habían atracado muy cerca del lugar donde todos habían comido el pan. [24] Al ver que ni Jesús ni sus discípulos estaban allí, la gente subió a las lanchas y se dirigieron a Cafarnaún en busca de Jesús. [25] Al encontrarlo al otro lado del lago, le preguntaron: «Rabbí (Maestro), ¿cómo has venido aquí?». [26] Jesús les contestó: «En verdad les digo: Ustedes me buscan, no porque han visto a través de los signos, sino porque han comido pan hasta saciarse. [27] Trabajen, no por el alimento de un día, sino por el alimento que permanece y da vida eterna. Este se lo dará el Hijo del hombre; él ha sido marcado con el sello del Padre».

EL PAN DE VIDA: CREER EN EL HIJO DE DIOS

[28] Entonces le preguntaron: «¿Qué tenemos que hacer para trabajar en las obras de Dios?» [29] Jesús respondió: «La obra de Dios es ésta: creer en aquel que Dios ha enviado». [30] Le dijeron: «¿Qué puedes hacer? ¿Qué señal milagrosa haces tú, para que la veamos y creamos en ti? ¿Cuál es tu obra? [31] Nuestros antepasados comieron el maná en el desierto, según dice la Escritura: Se les dio a comer pan del cielo». [32] Jesús contestó: «En verdad les digo: No fue Moisés quien les dio el pan del cielo. Es mi Padre el que les da el verdadero pan del cielo. [33] El pan que Dios da es Aquel que baja del cielo y que da vida al mundo». [34] Ellos dijeron: «Señor, danos siempre de ese pan». [35] Jesús les dijo: «Yo soy el pan de vida. El que viene a mí nunca tendrá hambre y el que cree en mí nunca tendrá sed. [36] Sin embargo, como ya les dije, ustedes se niegan a creer aun después de haber visto. [37] Todo lo que el Padre me ha dado vendrá a mí, y yo no rechazaré al que venga a mí, [38] porque yo he bajado del cielo, no para hacer mi voluntad, sino la voluntad del que me ha enviado. [39] Y la voluntad del que me ha enviado es que yo no pierda nada de lo que él me ha dado, sino que lo resucite en el último día. [40] Sí, ésta es la decisión de mi Padre: toda persona que al contemplar al Hijo crea en él, tendrá vida eterna, y yo lo resucitaré en el último día». [41] Los judíos murmuraban porque Jesús había dicho: «Yo soy el pan que ha bajado del cielo». [42] Y decían: «Conocemos a su padre y a su madre, ¿no es cierto? El no es sino Jesús, el hijo de José. ¿Cómo puede decir que ha bajado del cielo?» [43] Jesús les contestó: «No murmuren entre ustedes. [44] Nadie puede venir a mí si no lo atrae el Padre que me envió. Y yo lo resucitaré en el último día. [45] Está escrito en los Profetas: Serán todos enseñados por Dios, y es así como viene a mí toda persona que ha escuchado al Padre y ha recibido su enseñanza. [46] Pues, por supuesto que nadie ha visto al Padre: sólo Aquel que ha venido de Dios ha visto al Padre. [47] En verdad les digo: El que cree tiene vida eterna.

EL CUERPO DE CRISTO, PAN DE VIDA

[48] Yo soy el pan de vida. [49] Sus antepasados comieron el maná en el desierto, pero murieron: [50] aquí tienen el pan que baja del cielo, para que lo coman y ya no mueran. [51] Yo soy el pan vivo que ha bajado del cielo. El que coma de este pan vivirá para siempre. El pan que yo daré es mi carne, y lo daré para la vida del mundo». [52] Los judíos discutían entre sí: «¿Cómo puede éste darnos a comer carne?» [53] Jesús les dijo: «En verdad les digo que si no comen la carne del Hijo del hombre y no beben su sangre, no tienen vida en ustedes. [54] El que come mi carne y bebe mi sangre vive de vida eterna, y yo lo resucitaré el último día. [55] Mi carne es verdadera comida y mi sangre es verdadera bebida. [56] El que come mi carne y bebe mi sangre permanece en mí y yo en él. [57] Como el Padre, que es vida, me envió y yo vivo por el Padre, así quien me come vivirá por mí. [58] Este es el pan que ha bajado del cielo. Pero no como el de vuestros antepasados, que comieron y después murieron. El que coma este pan vivirá para siempre.

¿QUIEREN MARCHARSE TAMBIÉN USTEDES?

[59] Así habló Jesús en Cafarnaún enseñando en la sinagoga. [60] Al escucharlo, cierto número de discípulos de Jesús dijeron: «¡Este lenguaje es muy duro! ¿Quién querrá escucharlo?» [61] Jesús se dio cuenta de que sus discípulos criticaban su discurso y les dijo: «¿Les desconcierta lo que he dicho? [62] ¿Qué será, entonces, cuando vean al Hijo del hombre subir al lugar donde estaba antes? [63] El espíritu es el que da vida, la carne no sirve para nada. Las palabras que les he dicho son espíritu, y son vida. [64] Pero hay entre ustedes algunos que no creen». Porque Jesús sabía desde el principio quiénes eran los que no creían y quién lo iba a entregar. [65] Y agregó: «Como he dicho antes, nadie puede venir a mí si no se lo concede el Padre». [66] A partir de entonces muchos de sus discípulos se volvieron atrás y dejaron de seguirle. [67] Jesús preguntó a los Doce: «¿Quieren marcharse también ustedes?» [68] Pedro le contestó: «Señor, ¿a quién iríamos? Tú tienes palabras de vida eterna. [69] Nosotros creemos y sabemos que tú eres el Santo de Dios». [70] Jesús les dijo: «¿No los elegí yo a ustedes, a los Doce? Y sin embargo uno de ustedes es un diablo». [71] Jesús se refería a Judas Iscariote, hijo de Simón, pues era uno de los Doce y lo iba a traicionar.

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CAPÍTULO 7

JESÚS SUBE A JERUSALÉN

[1] Después de esto, Jesús iba de un lugar a otro por Galilea; no quería estar en Judea porque los judíos deseaban matarle. [2] Se acercaba la fiesta de los judíos llamada de Tiendas. [3] Sus hermanos le dijeron: «No te quedes aquí, vete a Judea para que tus discípulos de allí vean las obras que realizas. [4] Si uno quiere sobresalir, no actúa a escondidas. Tú, que haces maravillas, date a conocer al mundo». [5] Sus hermanos hablaban así porque no creían en él. [6] Jesús les contestó: «Todavía no ha llegado mi tiempo, mientras que para ustedes todo tiempo es bueno. [7] El mundo no puede odiarlos a ustedes, pero a mí sí que me odia, porque yo muestro que sus obras son malas. [8] Suban ustedes a la fiesta; yo no voy a esta fiesta, porque mi tiempo aún no ha llegado». [9] Así habló Jesús y se quedó en Galilea. [10] Solamente después que sus hermanos fueron a la fiesta subió él también, pero sin decirlo y como en secreto. [11] Los judíos lo estaban buscando durante la fiesta y preguntaban: «¿Dónde está ése?» [12] Corrían muchos comentarios sobre él entre la gente. Unos decían: «Es muy buena persona». Otros replicaban: «En absoluto, ése está engañando al pueblo». [13] Pero nadie hablaba abiertamente de él por miedo a los judíos. [14] Hacia la mitad de la semana de la fiesta, Jesús subió al Templo y se puso a enseñar. [15] Los judíos, admirados, decían: «¿Cómo puede conocer las Escrituras sin haber tenido maestro?» [16] Jesús les contestó: «Mi doctrina no viene de mí, sino del que me ha enviado. [17] El que haga la voluntad de Dios conocerá si mi doctrina viene de él o si hablo por mi propia cuenta. [18] El que habla en nombre propio busca su propia gloria. Pero el que busca la gloria del que lo ha enviado, ése es un hombre sin maldad y que dice la verdad.»

 [19] «Moisés les dio la Ley, ¿no es cierto? Pero si ninguno de ustedes cumple la Ley, ¿por qué quieren matarme?» [20] Le gritaron: «Eres víctima de un mal espíritu. ¿Quién quiere matarte?» [21] Jesús les respondió: «Esta no es más que mi primera intervención, y todos ustedes están desconcertados. [22] Pero miren: Moisés les ha dado la circuncisión (aunque en realidad no viene de Moisés sino de los patriarcas) y ustedes hacen la circuncisión incluso en día sábado. [23] Un hombre debe recibir la circuncisión, aunque sea sábado, para no quebrantar la ley de Moisés; entonces, ¿por qué se enojan conmigo porque he salvado al hombre entero en día sábado? [24] No juzguen por las apariencias, sino que juzguen lo que es justo.»

[25] Algunos habitantes de Jerusalén decían: «Pero, ¿no es éste al que quieren matar? [26] Ahí lo tienen hablando con toda libertad y no le dicen nada. ¿Será tal vez que nuestros dirigentes han reconocido que él es el Mesías? [27] Pero éste sabemos de dónde viene, mientras que cuando venga el Mesías, nadie sabrá de dónde viene». [28] Entonces Jesús dijo en voz muy alta mientras enseñaba en el Templo: «Ustedes dicen que me conocen. Ustedes saben de dónde vengo. Sepan que yo no he venido por mi propia cuenta: quien me envía es el Verdadero, y ustedes no lo conocen. [29] El es el que me ha enviado, y yo lo conozco porque vengo de él». [30] Los judíos hubieran querido llevarlo preso, pero nadie le puso las manos encima porque todavía no había llegado su hora. [31] De todos modos, muchos del pueblo creyeron en él y decían: «Cuando venga el Mesías, ¿hará más señales milagrosas que este hombre?» [32] Los fariseos se enteraron de los comentarios que hacía la gente sobre Jesús y, de acuerdo con los jefes de los sacerdotes, enviaron guardias del Templo para detenerlo. [33] Entonces Jesús dijo: «Todavía estaré con ustedes un poco más de tiempo, y después me iré al que me ha enviado. [34] Ustedes me buscarán, pero no me encontrarán, porque ustedes no pueden venir donde yo estoy». [35] Los judíos se preguntaban: «¿Adónde piensa ir éste para que no lo podamos encontrar? ¿Querrá tal vez visitar a los judíos dispersos entre los griegos y enseñar a los mismos griegos? [36] ¿Qué quiere decir con eso de: "Me buscarán y no me encontrarán", y "Ustedes no pueden venir donde yo estoy"?»

LA PROMESA DEL AGUA VIVA

[37] El último día de la fiesta, que era el más solemne, Jesús, puesto en pie, exclamó con voz potente: «El que tenga sed, que venga a mí, y que beba [38] el que cree en mí. Lo dice la Escritura: De él saldrán ríos de agua viva». [39] Decía esto Jesús refiriéndose al Espíritu Santo que recibirían los que creyeran en él. Todavía no se comunicaba el Espíritu, porque Jesús aún no había entrado en su gloria.

DISCUSIÓN SOBRE EL ORIGEN DE CRISTO

[40] Muchos de los que escucharon esto decían: «Realmente este hombre es el Profeta». [41] Unos afirmaban: «Este es el Mesías». Pero otros decían: «¿Cómo va a venir el Mesías de Galilea? [42] ¿No dice la Escritura que el Mesías es un descendiente de David y que saldrá de Belén, la ciudad de David?» [43] La gente, pues, estaba dividida a causa de Jesús. [44] Algunos querían llevarlo preso, pero nadie le puso las manos encima. [45] Cuando los guardias del Templo volvieron a donde los sacerdotes y los fariseos, les preguntaron: «¿Por qué no lo han traído?» [46] Los guardias contestaron: «Nunca hombre alguno ha hablado como éste». [47] Los fariseos les dijeron: «¿También ustedes se han dejado engañar? [48] ¿Hay algún jefe o algún fariseo que haya creído en él? [49] Pero esa gente que no conoce la Ley, ¡son unos malditos!» [50] Les respondió Nicodemo, el que había ido antes a ver a Jesús y que era uno de ellos. Dijo: [51] «¿Acaso nuestra ley permite condenar a un hombre sin escucharle antes y sin averiguar lo que ha hecho?» [52] Le contestaron: «¿También tú eres de Galilea? Estudia las Escrituras y verás que de Galilea no salen profetas». [53] Y se fue cada uno a su casa.

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CAPÍTULO 8

LA MUJER ADÚLTERA

[1] Jesús, por su parte, se fue al monte de los Olivos. [2] Al amanecer estaba ya nuevamente en el Templo; toda la gente acudía a él, y él se sentaba para enseñarles. [3] Los maestros de la Ley y los fariseos le trajeron una mujer que había sido sorprendida en adulterio. La colocaron en medio [4] y le dijeron: «Maestro, esta mujer es una adúltera y ha sido sorprendida en el acto. [5] En un caso como éste la Ley de Moisés ordena matar a pedradas a la mujer. Tú ¿qué dices?» [6] Le hacían esta pregunta para ponerlo en dificultades y tener algo de qué acusarlo. Pero Jesús se inclinó y se puso a escribir en el suelo con el dedo. [7] Como ellos insistían en preguntarle, se enderezó y les dijo: «Aquel de ustedes que no tenga pecado, que le arroje la primera piedra». [8] Se inclinó de nuevo y siguió escribiendo en el suelo. [9] Al oír estas palabras, se fueron retirando uno tras otro, comenzando por los más viejos, hasta que se quedó Jesús solo con la mujer, que seguía de pie ante él. [10] Entonces se enderezó y le dijo: «Mujer, ¿dónde están? ¿Ninguno te ha condenado?» [11] Ella contestó: «Ninguno, señor». Y Jesús le dijo: «Tampoco yo te condeno. Vete y en adelante no vuelvas a pecar.»

YO SOY LA LUZ DEL MUNDO

[12] Jesús les habló de nuevo diciendo: «Yo soy la luz del mundo. El que me sigue no caminará en tinieblas, sino que tendrá luz y vida». [13] Los fariseos replicaron: «Estás hablando en tu propio favor; tu testimonio no vale nada». [14] Jesús les contestó: «Aunque yo hable en mi favor, mi declaración vale, porque yo sé de dónde he venido y adónde voy. Ustedes son los que no saben de dónde he venido ni adónde voy. [15] Ustedes juzgan con criterios humanos; yo no juzgo a nadie. [16] Y si yo tuviera que juzgar, mi juicio sería válido, porque yo no estoy solo; el Padre que me envió está conmigo. [17] En la Ley de ustedes está escrito que con dos personas el testimonio es válido. [18] Yo doy testimonio de mí mismo, y también el Padre que me ha enviado da testimonio de mí». [19] Le preguntaron: «¿Dónde está tu Padre?» Jesús les contestó: «Ustedes no me conocen a mí ni a mi Padre; si me conocieran a mí, conocerían también a mi Padre». [20] Jesús dijo estas cosas en el lugar donde se reciben las ofrendas, cuando estaba enseñando en el Templo, pero nadie lo tomó preso, porque aún no había llegado su hora. [21] De nuevo Jesús les dijo: «Yo me voy y ustedes me buscarán. Pero ustedes no pueden ir a donde yo voy y morirán en su pecado». [22] Los judíos se preguntaban: «¿Por qué dice que a donde él va nosotros no podemos ir? ¿Pensará tal vez en suicidarse?» [23] Pero Jesús les dijo: «Ustedes son de abajo, yo soy de arriba. Ustedes son de este mundo, yo no soy de este mundo. [24] Por eso les he dicho que morirán en sus pecados. Yo les digo que si ustedes no creen que Yo soy, morirán en sus pecados». [25] Le preguntaron: «Pero ¿quién eres tú?» Jesús les contestó: «Exactamente lo que acabo de decirles. [26] Tengo mucho que decir sobre ustedes y mucho que condenar, pero lo que digo al mundo lo aprendí del que me ha enviado: él es veraz». [27] Ellos no comprendieron que Jesús les hablaba del Padre. [28] Y añadió: «Cuando levanten en alto al Hijo del hombre, entonces conocerán que Yo soy y que no hago nada por mi cuenta, sino que sólo digo lo que el Padre me ha enseñado. [29] El que me ha enviado está conmigo y no me deja nunca solo, porque yo hago siempre lo que le agrada a él».

LOS HIJOS DE LA VERDAD

[30] Esto es lo que decía Jesús, y muchos creyeron en él.

[31] Jesús decía a los judíos que habían creído en él: «Ustedes serán verdaderos discípulos míos si perseveran en mi palabra; [32] entonces conocerán la verdad, y la verdad los hará libres». [33] Le respondieron: «Somos descendientes de Abraham y nunca hemos sido esclavos de nadie. ¿Por qué dices: "Ustedes serán libres"?» [34] Jesús les contestó: «En verdad, en verdad les digo: el que vive en el pecado es esclavo del pecado. [35] Pero el esclavo no se quedará en la casa para siempre; el hijo, en cambio, permanece para siempre. [36] Por tanto, si el Hijo los hace libres, ustedes serán realmente libres. [37] Yo sé que ustedes son descendientes de Abraham, pero mi palabra no tiene acogida en ustedes, y por eso tratan de matarme. [38] Yo hablo de lo que he visto junto a mi Padre, y ustedes hacen lo que han aprendido de su padre». [39] Ellos le cortaron la palabra: «Nuestro padre es Abraham». Entonces Jesús les dijo: «Si ustedes fueran hijos de Abraham, actuarían como Abraham. [40] Pero viene alguien que les dice la verdad, la verdad que he aprendido de Dios, y ustedes quieren matarme. Esta no es la manera de actuar de Abraham. [41] Ustedes actúan como hizo el padre de ustedes». Los judíos le dijeron: «Nosotros no somos hijos ilegítimos, no tenemos más que un solo padre: Dios». [42] Jesús les replicó: «Si Dios fuera su Padre, ustedes me amarían a mí, porque yo he salido de Dios para venir aquí. No he venido por iniciativa propia, sino que él mismo me ha enviado. [43] ¿Por qué no entienden mi lenguaje? Porque no pueden acoger mi mensaje. [44] Ustedes tienen por padre al diablo y quieren realizar los malos deseos de su padre. Ha sido un asesino desde el principio, porque la verdad no está en él, y no se ha mantenido en la verdad. Lo que le ocurre decir es mentira, porque es un mentiroso y padre de toda mentira. [45] Por eso ustedes no me creen cuando les digo la verdad. [46] ¿Quién de ustedes encontrará falsedad en mí? Y si les digo la verdad, ¿por qué no me creen? [47] El que es de Dios escucha las palabras de Dios; ustedes no las escuchan porque no son de Dios». [48] Los judíos le replicaron: «Tenemos razón en decir que eres un samaritano y que estás poseído por un demonio». [49] Jesús les dijo: «Yo no tengo un demonio, pero ustedes me deshonran a mí porque honro a mi Padre. [50] Yo no tengo por qué defender mi honor, hay otro que se preocupa por mí y hará justicia. [51] En verdad les digo: El que guarda mi palabra no probará la muerte jamás». [52] Los judíos replicaron: «Ahora sabemos que eres víctima de un mal espíritu. Abraham murió y también los profetas, ¿y tú dices: "Quien guarda mi palabra jamás probará la muerte"? [53] ¿Eres tú más grande que nuestro padre Abraham, que murió, lo mismo que murieron los Profetas? ¿Quién te crees?» [54] Jesús les contestó: «Si yo me doy gloria a mí mismo, mi gloria no vale nada; es el Padre quien me da gloria, el mismo que ustedes llaman «nuestro Dios». [55] Ustedes no lo conocen, yo sí lo conozco, y si dijera que no lo conozco, sería un mentiroso como ustedes. Pero yo lo conozco y guardo su palabra. [56] En cuanto a Abraham, padre de ustedes, se alegró pensando ver mi día. Lo vio y se regocijó.». [57] Entonces los judíos le dijeron: «¿Aún no tienes cincuenta años y has visto a Abraham?» [58] Contestó Jesús: «En verdad les digo que antes que Abraham existiera, Yo soy». [59] Entonces tomaron piedras para lanzárselas, pero Jesús se ocultó y salió del Templo.

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CAPÍTULO 9

JESÚS SANA A UN CIEGO DE NACIMIENTO

[1] Al pasar, Jesús vio a un hombre que era ciego de nacimiento. [2] Sus discípulos le preguntaron: «Maestro, ¿quién ha pecado para que esté ciego: él o sus padres?» [3] Jesús respondió: «Esta cosa no es por haber pecado él o sus padres, sino para que unas obras de Dios se hagan en él, y en forma clarísima. [4] Mientras es de día tenemos que hacer la obra del que me ha enviado; porque vendrá la noche, cuando nadie puede trabajar. [5] Mientras estoy en el mundo, soy la luz del mundo». [6] Dicho esto, hizo un poco de lodo con tierra y saliva, untó con él los ojos del ciego [7] y le dijo: «Vete y lávate en la piscina de Siloé (que quiere decir el Enviado)». El ciego fue, se lavó y, cuando volvió, veía claramente. [8] Sus vecinos y los que lo habían visto pidiendo limosna, decían: «¿No es éste el que se sentaba aquí y pedía limosna?» [9] Unos decían: «Es él». Otros, en cambio: «No, es uno que se le parece». [10] Pero él afirmaba: «Sí, soy yo». Le preguntaron: «¿Cómo es que ahora puedes ver?» [11] Contestó: «Ese hombre al que llaman Jesús hizo barro, me lo aplicó a los ojos y me dijo que fuera a lavarme a la piscina de Siloé. Fui, me lavé y veo». [12] Le preguntaron: «¿Dónde está él?» Contestó: «No lo sé». [13] La gente llevó ante los fariseos al que había sido ciego. [14] Pero coincidió que ese día en que Jesús hizo lodo y abrió los ojos al ciego, era día de descanso. [15] Y como nuevamente los fariseos preguntaban al hombre cómo había recobrado la vista, él contestó: «Me puso barro en los ojos, me lavé y veo». [16] Algunos fariseos, pues, dijeron: «Ese hombre, que trabaja en día sábado, no puede venir de Dios». Pero otros decían: «¿Puede ser un pecador el que realiza tales milagros?» Y estaban divididos. [17] Entonces hablaron de nuevo al ciego: «Ese te ha abierto los ojos, ¿qué piensas tú de él?» El contestó: «Que es un profeta». [18] Los judíos no quisieron creer que siendo ciego había recobrado la vista, hasta que no llamaran a sus padres. [19] Y les preguntaron: «¿Es éste su hijo? ¿Y ustedes dicen que nació ciego? ¿Y cómo es que ahora ve?» [20] Los padres respondieron: «Sabemos que es nuestro hijo y que nació ciego. [21] Pero cómo es que ahora ve, no lo sabemos, y quién le abrió los ojos, tampoco. Pregúntenle a él, que es adulto y puede responder de sí mismo». [22] Los padres contestaron así por miedo a los judíos, pues éstos habían decidido expulsar de sus comunidades a los que reconocieran a Jesús como el Mesías. [23] Por eso dijeron: «Es mayor de edad, pregúntenle a él». [24] De nuevo los fariseos volvieron a llamar al hombre que había sido ciego y le dijeron: «Confiesa la verdad; nosotros sabemos que ese hombre que te sanó es un pecador». [25] El respondió: «Yo no sé si es un pecador, lo que sé es que yo era ciego y ahora veo». [26] Le preguntaron: «¿Qué te hizo? ¿Cómo te abrió los ojos?» [27] El les dijo: «Ya se lo he dicho y no me han escuchado. ¿Para qué quieren oírlo otra vez? ¿También ustedes quieren hacerse discípulos suyos?» [28] Entonces comenzaron a insultarlo. «Tú serás discípulo suyo. Nosotros somos discípulos de Moisés. [29] Sabemos que a Moisés le habló Dios, pero ése no sabemos ni siquiera de dónde es». [30] El hombre contestó: «Esto es lo extraño: él me ha abierto los ojos y ustedes no entienden de dónde viene. [31] Es sabido que Dios no escucha a los pecadores, pero al que honra a Dios y cumple su voluntad, Dios lo escucha. [32] Jamás se ha oído decir que alguien haya abierto los ojos de un ciego de nacimiento. [33] Si éste no viniera de Dios, no podría hacer nada». [34] Le contestaron ellos: «No eres más que pecado desde tu nacimiento, ¿y pretendes darnos lecciones a nosotros?» Y lo expulsaron. [35] Jesús se enteró de que lo habían expulsado. Cuando lo encontró le dijo: «¿Tú crees en el Hijo del Hombre?» [36] Le contestó: «¿Y quién es, Señor, para que crea en él?» [37] Jesús le dijo: «Tú lo has visto, y es el que está hablando contigo». [38] El entonces dijo: «Creo, Señor». Y se arrodilló ante él. [39] Jesús añadió: «He venido a este mundo para llevar a cabo un juicio: los que no ven, verán, y los que ven, se volverán ciegos». [40] Al oír esto, algunos fariseos que estaban allí con él le dijeron: «¿Así que también nosotros somos ciegos?» [41] Jesús les contestó: «Si fueran ciegos, no tendrían pecado. Pero ustedes dicen: "Vemos", y esa es la prueba de su pecado.»

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CAPÍTULO 10

YO SOY EL BUEN PASTOR

[1] «En verdad les digo: El que no entra por la puerta en el corral de las ovejas, sino que salta por algún otro lado, ése es un ladrón y un salteador. [2] El que entra por la puerta es el pastor de las ovejas. [3] El cuidador le abre y las ovejas escuchan su voz; llama por su nombre a cada una de sus ovejas y las saca fuera. [4] Cuando ha sacado todas sus ovejas, empieza a caminar delante de ellas, y las ovejas lo siguen porque conocen su voz. [5] A otro no lo seguirían, sino que huirían de él, porque no conocen la voz de los extraños». [6] Jesús usó esta comparación, pero ellos no comprendieron lo que les quería decir. [7] Jesús, pues, tomó de nuevo la palabra: En verdad les digo que yo soy la puerta de las ovejas. [8] Todos los que han venido eran ladrones y malhechores, y las ovejas no les hicieron caso. [9] Yo soy la puerta: el que entre por mí estará a salvo; entrará y saldrá y encontrará alimento. [10] El ladrón sólo viene a robar, matar y destruir, mientras que yo he venido para que tengan vida y la tengan en plenitud. [11] Yo soy el Buen Pastor. El buen pastor da su vida por las ovejas. [12] No así el asalariado, que no es el pastor ni las ovejas son suyas. Cuando ve venir al lobo, huye abandonando las ovejas, y el lobo las agarra y las dispersa. [13] A él sólo le interesa su salario y no le importan nada las ovejas. [14] Yo soy el Buen Pastor y conozco los míos como los míos me conocen a mí, [15] lo mismo que el Padre me conoce a mí y yo conozco al Padre. Y yo doy mi vida por las ovejas. [16] Tengo otras ovejas que no son de este corral. A esas también las llevaré; escucharán mi voz, y habrá un solo rebaño con un solo pastor. [17] El Padre me ama porque yo doy mi vida para retomarla de nuevo. [18] Nadie me la quita, sino que yo mismo la entrego. En mis manos está el entregarla y el recobrarla: éste es el mandato que recibí de mi Padre». [19] Nuevamente se dividieron los judíos a causa de estas palabras. [20] Algunos decían: «Es víctima de un espíritu malo y habla locuras; ¿para qué escucharlo?» [21] Pero otros decían: «Un endemoniado no habla de esta manera. ¿Puede acaso un demonio abrir los ojos de los ciegos?»

JESÚS SE DECLARA HIJO DE DIOS

[22] Era invierno y en Jerusalén se celebraba la fiesta de la Dedicación del Templo. [23] Jesús se paseaba en el Templo, por el pórtico de Salomón, [24] cuando los judíos lo rodearon y le dijeron: «¿Hasta cuándo nos vas a tener en suspenso? Si tú eres el Mesías, dínoslo claramente». [25] Jesús les respondió: «Ya se lo he dicho, pero ustedes no creen. Las obras que hago en el nombre de mi Padre manifiestan quién soy yo, [26] pero ustedes no creen porque no son ovejas mías. [27] Mis ovejas escuchan mi voz y yo las conozco. Ellas me siguen, [28] y yo les doy vida eterna. Nunca perecerán y nadie las arrebatará jamás de mi mano. [29] Aquello que el Padre me ha dado es más fuerte que todo, y nadie puede arrebatarlo de la mano de mi Padre. [30] Yo y el Padre somos una sola cosa». [31] Entonces los judíos tomaron de nuevo piedras para tirárselas. [32] Jesús les dijo: «He hecho delante de ustedes muchas obras hermosas que procedían del Padre; ¿por cuál de ellas me quieren apedrear?» [33] Los judíos respondieron: «No te apedreamos por algo hermoso que hayas hecho, sino por insultar a Dios; porque tú, siendo hombre, te haces Dios». [34] Jesús les contestó: «¿No está escrito en la Ley de ustedes: Yo he dicho que son dioses? [35] No se puede cambiar la Escritura, y en ese lugar llama dioses a los que recibieron esta palabra de Dios. [36] Y yo, que fui consagrado y enviado al mundo por el Padre, ¿estaría insultando a Dios al decir que soy el Hijo de Dios? [37] Si yo no hago las obras del Padre, no me crean. [38] Pero si las hago, si no me creen a mí, crean a esas obras, para que sepan y reconozcan que el Padre está en mí y yo en el Padre». [39] Otra vez quisieron llevarlo preso, pero Jesús se les escapó de las manos. [40] Se marchó de nuevo al otro lado del Jordán, donde Juan bautizaba al principio, y se quedó allí. [41] Mucha gente acudió a él, y decían: «Juan no hizo ninguna señal milagrosa, pero todo lo que dijo de éste era verdad». [42] Y muchos creyeron en él en ese lugar.  

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CAPÍTULO 11  

LA RESURRECCIÓN DE LÁZARO 

[1] Había un hombre enfermo llamado Lázaro, que era de Betania, el pueblo de María y de su hermana Marta. [2] Esta María era la misma que ungió al Señor con perfume y le secó los pies con sus cabellos. Su hermano Lázaro era el enfermo. [3] Las dos hermanas mandaron a decir a Jesús: «Señor, el que tú amas está enfermo». [4] Al oírlo Jesús, dijo: «Esta enfermedad no terminará en muerte, sino que es para gloria de Dios, y el Hijo del Hombre será glorificado por ella». [5] Jesús quería mucho a Marta, a su hermana y a Lázaro. [6] Sin embargo, cuando se enteró de que Lázaro estaba enfermo, permaneció aún dos días más en el lugar donde se encontraba. [7] Sólo después dijo a sus discípulos: «Volvamos de nuevo a Judea». [8] Le replicaron: «Maestro, hace poco querían apedrearte los judíos, ¿y tú quieres volver allá?» [9] Jesús les contestó: «No hay jornada mientras no se han cumplido las doce horas. El que camina de día no tropezará, porque ve la luz de este mundo; [10] pero el que camina de noche tropezará; ése es un hombre que no tiene en sí mismo la luz». [11] Después les dijo: «Nuestro amigo Lázaro se ha dormido y voy a despertarlo». [12] Los discípulos le dijeron: «Señor, si duerme, recuperará la salud». [13] En realidad Jesús quería decirles que Lázaro estaba muerto, pero los discípulos entendieron que se trataba del sueño natural. [14] Entonces Jesús les dijo claramente: «Lázaro ha muerto, [15] pero yo me alegro por ustedes de no haber estado allá, pues así ustedes creerán. Vamos a verlo». [16] Entonces Tomás, apodado el Mellizo, dijo a los otros discípulos: «Vayamos también nosotros a morir con él». [17] Cuando llegó Jesús, Lázaro llevaba ya cuatro días en el sepulcro. [18] Betania está a unos tres kilómetros de Jerusalén, [19] y muchos judíos habían ido a la casa de Marta y de María para consolarlas por la muerte de su hermano. [20] Apenas Marta supo que Jesús llegaba, salió a su encuentro, mientras María permanecía en casa. [21] Marta dijo a Jesús: «Si hubieras estado aquí, mi hermano no habría muerto. [22] Pero aun así, yo sé que puedes pedir a Dios cualquier cosa, y Dios te lo concederá». [23] Jesús le dijo: «Tu hermano resucitará». [24] Marta respondió: «Ya sé que será resucitado en la resurrección de los muertos, en el último día». [25] Le dijo Jesús: «Yo soy la resurrección (y la vida). El que cree en mí, aunque muera, vivirá. [26] El que vive, el que cree en mí, no morirá para siempre. ¿Crees esto?» [27] Ella contestó: «Sí, Señor; yo creo que tú eres el Cristo, el Hijo de Dios, el que tenía que venir al mundo». [28] Después Marta fue a llamar a su hermana María y le dijo al oído: «El Maestro está aquí y te llama». [29] Apenas lo oyó, María se levantó rápidamente y fue a donde él. [30] Jesús no había entrado aún en el pueblo, sino que seguía en el mismo lugar donde Marta lo había encontrado. [31] Los judíos que estaban con María en la casa consolándola, al ver que se levantaba a prisa y salía, pensaron que iba a llorar al sepulcro y la siguieron. [32] Al llegar María a donde estaba Jesús, en cuanto lo vio, cayó a sus pies y le dijo: «Señor, si hubieras estado aquí, mi hermano no habría muerto». [33] Al ver Jesús el llanto de María y de todos los judíos que estaban con ella, su espíritu se conmovió profundamente y se turbó. [34] Y preguntó: «¿Dónde lo han puesto?» Le contestaron: «Señor, ven a ver». [35] Y Jesús lloró. [36] Los judíos decían: «¡Miren cómo lo amaba!» [37] Pero algunos dijeron: «Si pudo abrir los ojos al ciego, ¿no podía haber hecho algo para que éste no muriera?» [38] Jesús, conmovido de nuevo en su interior, se acercó al sepulcro. Era una cueva cerrada con una piedra. [39] Jesús ordenó: «Quiten la piedra». Marta, hermana del muerto, le dijo: «Señor, ya tiene mal olor, pues lleva cuatro días». [40] Jesús le respondió: «¿No te he dicho que si crees verás la gloria de Dios?» [41] Y quitaron la piedra. Jesús levantó los ojos al cielo y exclamó: «Te doy gracias, Padre, porque me has escuchado. [42] Yo sabía que siempre me escuchas; pero lo he dicho por esta gente, para que crean que tú me has enviado». [43] Al decir esto, gritó con fuerte voz: «¡Lázaro, sal fuera!» [44] Y salió el muerto. Tenía las manos y los pies atados con vendas y la cabeza cubierta con un velo. Jesús les dijo: «Desátenlo y déjenlo caminar.»

LOS JEFES JUDÍOS DECIDEN LA MUERTE DE JESÚS

[45] Muchos judíos que habían ido a casa de María creyeron en Jesús al ver lo que había hecho. [46] Pero otros fueron donde los fariseos y les contaron lo que Jesús había hecho. [47] Entonces los jefes de los sacerdotes y los fariseos convocaron el Consejo y preguntaban: «¿Qué hacemos? Este hombre hace muchos milagros. [48] Si lo dejamos que siga así, todos van a creer en él, y luego intervendrán los romanos que destruirán nuestro Lugar Santo y nuestra nación». [49] Entonces habló uno de ellos, Caifás, que era el sumo sacerdote aquel año, y dijo: «Ustedes no entienden nada. [50] No se dan cuenta de que es mejor que muera un solo hombre por el pueblo y no que perezca toda la nación». [51] Estas palabras de Caifás no venían de sí mismo, sino que, como era sumo sacerdote aquel año, profetizó en aquel momento; Jesús iba a morir por la nación; [52] y no sólo por la nación, sino también para reunir a los hijos de Dios que estaban dispersos. [53] Y desde ese día estuvieron decididos a matarlo. [54] Jesús ya no podía moverse libremente como quería entre los judíos. Se retiró, pues, a la región cercana al desierto y se quedó con sus discípulos en una ciudad llamada Efraín. [55] Se acercaba la Pascua de los judíos, y de todo el país subían a Jerusalén para purificarse antes de la Pascua. [56] Buscaban a Jesús y se decían unos a otros en el Templo: «¿Qué les parece? ¿Vendrá a la fiesta?» [57] Pues los jefes de los sacerdotes y los fariseos habían dado órdenes, y si alguien sabía dónde se encontraba Jesús, debía notificarlo para que fuera arrestado.

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CAPÍTULO 12

LA CENA DE BETANIA (MT 26,6; MC 14,1)

[1] Seis días antes de la Pascua fue Jesús a Betania, donde estaba Lázaro, a quien Jesús había resucitado de entre los muertos. [2] Allí lo invitaron a una cena. Marta servía y Lázaro estaba entre los invitados. [3] María, pues, tomó una libra de un perfume muy caro, hecho de nardo puro, le ungió los pies a Jesús y luego se los secó con sus cabellos, mientras la casa se llenaba del olor del perfume. [4] Judas Iscariote, el discípulo que iba a entregar a Jesús, dijo: [5] «Ese perfume se podría haber vendido en trescientas monedas de plata para ayudar a los pobres». [6] En realidad no le importaban los pobres, sino que era un ladrón, y como estaba encargado de la bolsa común, se llevaba lo que echaban en ella. [7] Pero Jesús dijo: «Déjala, pues lo tenía reservado para el día de mi entierro. [8] A los pobres los tienen siempre con ustedes, pero a mí no me tendrán siempre». [9] Muchos judíos supieron que Jesús estaba allí y fueron, no sólo por ver a Jesús, sino también por ver a Lázaro, a quien había resucitado de entre los muertos. [10] Entonces los jefes de los sacerdotes pensaron en dar muerte también a Lázaro, [11] pues por su causa muchos judíos se alejaban de ellos y creían en Jesús.

EL MESÍAS ENTRA EN JERUSALÉN (MT 21,5; MC 11,1)

[12] Al día siguiente, muchos de los que habían llegado para la fiesta se enteraron de que Jesús también venía a Jerusalén. [13] Entonces tomaron ramas de palmera y salieron a su encuentro gritando: «¡Hosanna! ¡Bendito el que viene en nombre del Señor! ¡Bendito sea el Rey de Israel!» [14] Jesús encontró un burrito y se montó en él, [15] según dice la Escritura: No temas, ciudad de Sión, mira que viene tu Rey montado en un burrito. [16] Los discípulos no se dieron cuenta de esto en aquel momento, pero cuando Jesús fue glorificado, recapacitaron que esto había sido escrito para él y que lo habían hecho para él. [17] Toda la gente que había estado junto a Jesús cuando llamó a Lázaro del sepulcro y lo resucitó de entre los muertos, cantaba sus alabanzas, [18] y muchos otros vinieron a su encuentro a causa de la noticia de este milagro. [19] Mientras tanto los fariseos comentaban entre sí: «No hemos adelantado nada. Todo el mundo se ha ido tras él.»

SI EL GRANO NO MUERE

[20] También un cierto número de griegos, de los que adoran a Dios, habían subido a Jerusalén para la fiesta. [21] Algunos se acercaron a Felipe, que era de Betsaida de Galilea, y le rogaron: «Señor, quisiéramos ver a Jesús». [22] Felipe habló con Andrés, y los dos fueron a decírselo a Jesús. [23] Entonces Jesús dijo: «Ha llegado la hora de que sea glorificado el Hijo del Hombre. [24] En verdad les digo: Si el grano de trigo no cae en tierra y muere, queda solo; pero si muere, da mucho fruto. [25] El que ama su vida la destruye; y el que desprecia su vida en este mundo, la conserva para la vida eterna. [26] El que quiera servirme, que me siga, y donde yo esté, allí estará también mi servidor. Y al que me sirve, el Padre le dará un puesto de honor. [27] Ahora mi alma está turbada. ¿Diré acaso: Padre, líbrame de esta hora? ¡Si precisamente he llegado a esta hora para enfrentarme con todo esto! [28] Padre, ¡da gloria a tu Nombre!» Entonces se oyó una voz que venía del cielo: «Lo he glorificado y lo volveré a glorificar». [29] Los que estaban allí y que escucharon la voz, decían que había sido un trueno; otros decían: «Le ha hablado un ángel». [30] Entonces Jesús declaró: «Esta voz no ha venido por mí, sino por ustedes. [31] Ahora es el juicio de este mundo, ahora el que gobierna este mundo va a ser echado fuera, [32] y yo, cuando haya sido levantado de la tierra, atraeré a todos a mí». [33] Con estas palabras Jesús daba a entender de qué modo iba a morir. [34] La gente le replicó: «Escuchamos la Ley y sabemos que el Mesías permanece para siempre. ¿Cómo dices tú que el Hijo del Hombre va a ser levantado? ¿Quién es ese Hijo del Hombre?» [35] Jesús les contestó: «Todavía por un poco más de tiempo estará la luz con ustedes. Caminen mientras tienen luz, no sea que les sorprenda la oscuridad. El que camina en la oscuridad no sabe adónde va. [36] Mientras tengan la luz, crean en la luz y serán hijos de la luz». Así habló Jesús; después se fue y ya no se dejó ver más.

INCREDULIDAD DE LOS JUDÍOS

[37] Aunque había hecho tantas señales delante de ellos, no creían en él. [38] Tenía que cumplirse lo dicho por el profeta Isaías: Señor, ¿quién ha dado crédito a nuestras palabras? ¿A quién fueron revelados los caminos del Señor? [39] ¿Por qué no podían creer? Isaías lo había dicho también: [40] Cegó sus ojos y endureció su corazón para que no vieran, ni comprendieran, ni se volvieran a mí: de hacerlo, yo los habría sanado. [41] Esto lo dijo Isaías, porque vio su gloria y habló de él. [42] En realidad, de entre los mismos jefes, varios creyeron en él; pero no lo dijeron abiertamente por miedo a que los fariseos los echaran de la comunidad judía. [43] Prefirieron ser honrados por los hombres antes que por Dios. [44] Pero Jesús dijo claramente: «El que cree en mí no cree solamente en mí, sino en aquel que me ha enviado. [45] Y el que me ve a mí ve a aquel que me ha enviado. [46] Yo he venido al mundo como luz, para que todo el que crea en mí no permanezca en tinieblas. [47] Si alguno escucha mis palabras y no las guarda, yo no lo juzgo, porque yo no he venido para condenar al mundo, sino para salvarlo. [48] El que me rechaza y no recibe mi palabra ya tiene quien lo juzgue: la misma palabra que yo he hablado lo condenará el último día. [49] Porque yo no he hablado por mi propia cuenta, sino que el Padre, al enviarme, me ha mandado lo que debo decir y cómo lo debo decir. [50] Yo sé que su mandato es vida eterna, y yo entrego mi mensaje tal como me lo mandó el Padre».

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CAPÍTULO 13

LA TERCERA PASCUA

[1] Antes de la fiesta de Pascua, sabiendo Jesús que le había llegado la hora de salir de este mundo para ir al Padre, como había amado a los suyos que quedaban en el mundo, los amó hasta el extremo.

JESÚS LAVA LOS PIES A SUS DISCÍPULOS

[2] Estaban comiendo la cena y el diablo ya había depositado en el corazón de Judas Iscariote, hijo de Simón, el propósito de entregarle. [3] Jesús, por su parte, sabía que el Padre había puesto todas las cosas en sus manos y que había salido de Dios y que a Dios volvía. [4] Entonces se levantó de la mesa, se quitó el manto y se ató una toalla a la cintura. [5] Echó agua en un recipiente y se puso a lavar los pies de los discípulos; y luego se los secaba con la toalla que se había atado. [6] Cuando llegó a Simón Pedro, éste le dijo: «¿Tú, Señor, me vas a lavar los pies a mí?» [7] Jesús le contestó: «Tú no puedes comprender ahora lo que estoy haciendo. Lo comprenderás más tarde». [8] Pedro replicó: «Jamás me lavarás los pies». Jesús le respondió: «Si no te lavo, no podrás tener parte conmigo». [9] Entonces Pedro le dijo: «Señor, lávame no sólo los pies, sino también las manos y la cabeza». [10] Jesús le dijo: «El que se ha bañado, está completamente limpio y le basta lavarse los pies. Y ustedes están limpios, aunque no todos». [11] Jesús sabía quién lo iba a entregar, por eso dijo: «No todos ustedes están limpios». [12] Cuando terminó de lavarles los pies, se puso de nuevo el manto, volvió a la mesa y les dijo: «¿Comprenden lo que he hecho con ustedes? [13] Ustedes me llaman Maestro y Señor, y dicen bien, porque lo soy. [14] Pues si yo, siendo el Señor y el Maestro, les he lavado los pies, también ustedes deben lavarse los pies unos a otros. [15] Yo les he dado ejemplo, y ustedes deben hacer como he hecho yo. [16] En verdad les digo: El servidor no es más que su patrón y el enviado no es más que el que lo envía. [17] Pues bien, ustedes ya saben estas cosas: felices si las ponen en práctica. [18] No me refiero a todos ustedes, pues conozco a los que he escogido, y tiene que cumplirse lo que dice la Escritura: El que compartía mi pan se ha levantado contra mí. [19] Se lo digo ahora, antes de que suceda, para que cuando suceda, crean que Yo Soy. [20] En verdad les digo: El que reciba al que yo envíe, a mí me recibe, y el que me reciba a mí, recibe al que me ha enviado». [21] Tras decir estas cosas, Jesús se conmovió en su espíritu y dijo con toda claridad: «En verdad les digo: uno de ustedes me va a entregar». [22] Los discípulos se miraron unos a otros, pues no sabían a quién se refería. [23] Uno de sus discípulos, el que Jesús amaba, estaba recostado junto a él en la mesa, [24] y Simón Pedro le hizo señas para que le preguntara de quién hablaba. [25] Se volvió hacia Jesús y le preguntó: «Señor, ¿quién es?» [26] Jesús le contestó: «Voy a mojar un pedazo de pan en el plato. Aquél al cual se lo dé, ése es». Jesús mojó un pedazo de pan y se lo dio a Judas Iscariote, hijo de Simón. [27] Apenas Judas tomó el pedazo de pan, Satanás entró en él. Entonces Jesús le dijo: «Lo que vas a hacer, hazlo pronto». [28] Ninguno de los que estaban a la mesa comprendió por qué Jesús se lo decía. [29] Como Judas tenía la bolsa común, algunos creyeron que Jesús quería decirle: «Compra lo que nos hace falta para la fiesta.», o bien: «da algo a los pobres». [30] Judas se comió el pedazo de pan y salió inmediatamente. Era de noche. [31] Cuando Judas salió, Jesús dijo: «Ahora es glorificado el Hijo del hombre y Dios es glorificado en él. [32] Por lo tanto, Dios lo va a introducir en su propia Gloria, y lo glorificará muy pronto. [33] Hijos míos, yo estaré con ustedes por muy poco tiempo. Me buscarán, y como ya dije a los judíos, ahora se lo digo a ustedes: donde yo voy, ustedes no pueden venir. [34] Les doy un mandamiento nuevo: que se amen los unos a los otros. Ustedes deben amarse unos a otros como yo los he amado. [35] En esto reconocerán todos que son mis discípulos, en que se amen unos a otros». [36] Simón Pedro le preguntó: «Señor, ¿adónde vas?» Jesús le respondió: «Adonde yo voy no puedes seguirme ahora, pero me seguirás más tarde». [37] Pedro le dijo: «Señor, ¿por qué no puedo seguirte ahora? Estoy dispuesto a dar mi vida por ti». [38] Jesús le respondió: «¿Dar tú la vida por mí? En verdad te digo que antes de que cante el gallo me habrás negado tres veces.»

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CAPÍTULO 14

YO VOY AL PADRE

[1] «No se turben; crean en Dios y crean también en mí. [2] En la casa de mi Padre hay muchas habitaciones. De no ser así, no les habría dicho que voy a prepararles un lugar. [3] Y después de ir y prepararles un lugar, volveré para tomarlos conmigo, para que donde yo esté, estén también ustedes. [4] Para ir a donde yo voy, ustedes ya conocen el camino». [5] Entonces Tomás le dijo: «Señor, nosotros no sabemos adónde vas, ¿cómo vamos a conocer el camino?» [6] Jesús contestó: «Yo soy el Camino, la Verdad y la Vida. Nadie va al Padre sino por mí. [7] Si me conocen a mí, también conocerán al Padre. Pero ya lo conocen y lo han visto». [8] Felipe le dijo: «Señor, muéstranos al Padre, y eso nos basta». [9] Jesús le respondió: «Hace tanto tiempo que estoy con ustedes, ¿y todavía no me conoces, Felipe? El que me ve a mí ve al Padre. ¿Cómo es que dices: Muéstranos al Padre? [10] ¿No crees que yo estoy en el Padre y que el Padre está en mí? Cuando les enseño, esto no viene de mí, sino que el Padre, que permanece en mí, hace sus propias obras. [11] Yo estoy en el Padre y el Padre está en mí. Créanme en esto, o si no, créanlo por las obras mismas. [12] En verdad les digo: El que crea en mí, hará las mismas obras que yo hago y, como ahora voy al Padre, las hará aún mayores. [13] Todo lo que pidan en mi Nombre lo haré, de manera que el Padre sea glorificado en su Hijo. [14] Y también haré lo que me pidan invocando mi Nombre. [15] Si ustedes me aman, guardarán mis mandamientos, [16] y yo rogaré al Padre y les dará otro Protector que permanecerá siempre con ustedes, [17] el Espíritu de Verdad, a quien el mundo no puede recibir, porque no lo ve ni lo conoce. Pero ustedes lo conocen, porque está con ustedes y permanecerá en ustedes. [18] No los dejaré huérfanos, sino que volveré a ustedes. [19] Dentro de poco el mundo ya no me verá, pero ustedes me verán, porque yo vivo y ustedes también vivirán. [20] Aquel día comprenderán que yo estoy en mi Padre y ustedes están en mí y yo en ustedes. [21] El que guarda mis mandamientos después de recibirlos, ése es el que me ama. El que me ama a mí será amado por mi Padre, y yo también lo amaré y me manifestaré a él». [22] Judas, no el Iscariote, le preguntó: «Señor, ¿por qué hablas de mostrarte a nosotros y no al mundo?» [23] Jesús le respondió: «Si alguien me ama, guardará mis palabras, y mi Padre lo amará. Entonces vendremos a él para poner nuestra morada en él. [24] El que no me ama no guarda mis palabras; pero el mensaje que escuchan no es mío, sino del Padre que me ha enviado. [25] Les he dicho todo esto mientras estaba con ustedes. [26] En adelante el Espíritu Santo, el Intérprete que el Padre les va a enviar en mi Nombre, les enseñará todas las cosas y les recordará todo lo que yo les he dicho. [27] Les dejo la paz, les doy mi paz. La paz que yo les doy no es como la que da el mundo. Que no haya en ustedes angustia ni miedo. [28] Saben que les dije: Me voy, pero volveré a ustedes. Si me amaran, se alegrarían de que me vaya al Padre, pues el Padre es más grande que yo. [29] Les he dicho estas cosas ahora, antes de que sucedan, para que cuando sucedan, ustedes crean. [30] Ya no hablaré mucho más con ustedes, pues se está acercando el que gobierna este mundo. En mí no encontrará nada suyo, [31] pero con esto sabrá el mundo que yo amo al Padre y que hago lo que el Padre me ha encomendado hacer. Ahora levántense y vayámonos de aquí.

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CAPÍTULO 15

YO SOY LA VID: PRODUZCAN FRUTOS EN MÍ

[1] «Yo soy la vid verdadera y mi Padre es el labrador. [2] Toda rama que no da fruto en mí, la corta. Y toda rama que da fruto, la limpia para que dé más fruto. [3] Ustedes ya están limpios gracias a la palabra que les he anunciado, [4] pero permanezcan en mí como yo en ustedes. Una rama no puede producir fruto por sí misma si no permanece unida a la vid; tampoco ustedes pueden producir fruto si no permanecen en mí. [5] Yo soy la vid y ustedes las ramas. El que permanece en mí y yo en él, ése da mucho fruto, pero sin mí, no pueden hacer nada. [6] El que no permanece en mí lo tiran y se seca; como a las ramas, que las amontonan, se echan al fuego y se queman. [7] Mientras ustedes permanezcan en mí y mis palabras permanezcan en ustedes, pidan lo que quieran y lo conseguirán. [8] Mi Padre es glorificado cuando ustedes producen abundantes frutos: entonces pasan a ser discípulos míos. [9] Como el Padre me amó, así también los he amado yo: permanezcan en mi amor. [10] Si cumplen mis mandamientos, permanecerán en mi amor, como yo he cumplido los mandamientos de mi Padre y permanezco en su amor. [11] Les he dicho todas estas cosas para que mi alegría esté en ustedes y su alegría sea completa. [12] Este es mi mandamiento: que se amen unos a otros como yo los he amado. [13] No hay amor más grande que dar la vida por sus amigos, [14] y son ustedes mis amigos, si cumplen lo que les mando. [15] Ya no les llamo servidores, porque un servidor no sabe lo que hace su patrón. Los llamo amigos, porque les he dado a conocer todo lo que aprendí de mi Padre. [16] Ustedes no me eligieron a mí; he sido yo quien los eligió a ustedes y los preparé para que vayan y den fruto, y ese fruto permanezca. Así es como el Padre les concederá todo lo que le pidan en mi Nombre. [17] Amense los unos a los otros: esto es lo que les mando.

EL MUNDO ODIA A JESÚS Y A LOS SUYOS

[18] Si el mundo los odia, sepan que antes me odió a mí. [19] No sería lo mismo si ustedes fueran del mundo, pues el mundo ama lo que es suyo. Pero ustedes no son del mundo, sino que yo los elegí de en medio del mundo, y por eso el mundo los odia. [20] Acuérdense de lo que les dije: el servidor no es más que su patrón. Si a mí me han perseguido, también los perseguirán a ustedes. ¿Acaso acogieron mi enseñanza? ¿Cómo, pues, acogerían la de ustedes? [21] Les harán todo esto por causa de mi nombre, porque no conocen al que me envió. [22] Si yo no hubiera venido ni les hubiera hablado, no tendrían pecado. Pero ahora su pecado no tiene disculpa. [23] El que me odia a mí, odia también a mi Padre. [24] Si yo no hubiera hecho en medio de ellos obras que nadie hizo jamás, no serían culpables de pecado; pero las han visto y me han odiado a mí y a mi Padre. [25] Así se cumple la palabra que se puede leer en su Ley: Me odiaron sin causa alguna.

EL ESPÍRITU VENDRÁ

[26] Cuando venga el Protector que les enviaré desde el Padre, por ser él el Espíritu de verdad que procede del Padre, dará testimonio de mí. [27] Y ustedes también darán testimonio de mí, pues han estado conmigo desde el principio.

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CAPÍTULO 16

[1] Les hablo de todo esto para que no se vayan a tambalear. [2] Serán expulsados de las comunidades judías; más aún, se acerca el tiempo en que cualquiera que los mate pensará que está sirviendo a Dios. [3] Y actuarán así porque no conocen ni al Padre ni a mí. [4] Se lo advierto de antemano, para que cuando llegue la hora, recuerden que se lo había dicho. No les hablé de esto al principio porque estaba con ustedes. [5] Pero ahora me voy donde Aquel que me envió, y ninguno de ustedes me pregunta adónde voy. [6] Se han llenado de tristeza al oír lo que les dije, [7] pero es verdad lo que les digo: les conviene que yo me vaya, porque mientras yo no me vaya, el Protector no vendrá a ustedes. Yo me voy, y es para enviárselo. [8] Cuando venga él, rebatirá al mundo en lo que toca al pecado, al camino de justicia y al juicio. [9] ¿Qué pecado? Que no creyeron en mí. [10] ¿Qué camino de justicia? Mi partida hacia el Padre mientras ustedes ya no me vean. [11] ¿Qué juicio? El del gobernador de este mundo: ya ha sido condenado. [12] Aún tengo muchas cosas que decirles, pero es demasiado para ustedes por ahora. [13] Y cuando venga él, el Espíritu de la Verdad, los guiará en todos los caminos de la verdad. El no viene con un mensaje propio, sino que les dirá lo que escuchó y les anunciará lo que ha de venir. [14] El tomará de lo mío para revelárselo a ustedes, y yo seré glorificado por él. [15] Todo lo que tiene el Padre es mío. Por eso les he dicho que tomará de lo mío para revelárselo a ustedes».

LA PROMESA DE UNA NUEVA PRESENCIA

[16] «Dentro de poco ya no me verán, pero después de otro poco me volverán a ver». [17] Algunos discípulos se preguntaban: «¿Qué querrá decir con eso: "Dentro de poco ya no me verán y después de otro poco me volverán a ver"? ¿Y qué significa: "Me voy al Padre"?» [18] Y se preguntaban: «¿A qué se refiere ese "dentro de poco"? No entendemos lo que quiere decir». [19] Jesús se dio cuenta de que querían preguntarle y les dijo: «Ustedes andan discutiendo sobre lo que les dije: Dentro de poco tiempo no me verán y después de otro poco me volverán a ver. [20] En verdad les digo que llorarán y se lamentarán, mientras que el mundo se alegrará. Ustedes estarán apenados, pero su tristeza se convertirá en gozo. [21] La mujer se siente afligida cuando está para dar a luz, porque le llega la hora del dolor. Pero después que ha nacido la criatura, se olvida de las angustias por su alegría tan grande; piensen: ¡un ser humano ha venido al mundo! [22] Así también ustedes ahora sienten tristeza, pero yo los volveré a ver y su corazón se llenará de alegría, y nadie les podrá arrebatar ese gozo. [23] Cuando llegue ese día ya no tendrán que preguntarme nada. En verdad les digo que todo lo que pidan al Padre en mi Nombre, se lo concederá. [24] Hasta ahora no han pedido nada en mi Nombre. Pidan y recibirán, así conocerán el gozo completo. [25] Hasta ahora los he instruido por medio de comparaciones. Pero está llegando la hora en que ya no los instruiré con comparaciones, sino que les hablaré claramente del Padre. [26] Ese día ustedes pedirán en mi Nombre, y no será necesario que yo los recomiende ante el Padre, [27] pues el Padre mismo los ama, porque ustedes me aman a mí y creen que salí de Dios. [28] Salí del Padre y vine al mundo. Ahora dejo el mundo y vuelvo al Padre». [29] Los discípulos le dijeron: «Ahora sí que hablas con claridad, sin usar parábolas. [30] Ahora vemos que lo sabes todo y no hay por qué hacerte preguntas. Ahora creemos que saliste de Dios». [31] Jesús les respondió: «¿Ustedes dicen que creen? [32] Está llegando la hora, y ya ha llegado, en que se dispersarán cada uno por su lado y me dejarán solo. Aunque no estoy solo, pues el Padre está conmigo. [33] Les he hablado de estas cosas para que tengan paz en mí. Ustedes encontrarán la persecución en el mundo. Pero, ánimo, yo he vencido al mundo».

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CAPÍTULO 17

ORACIÓN DE JESÚS POR EL NUEVO PUEBLO SANTO

[1] Dicho esto, Jesús elevó los ojos al cielo y exclamó: «Padre, ha llegado la hora: ¡glorifica a tu Hijo para que tu Hijo te dé gloria a ti! [2] le diste poder sobre todos los mortales, y quieres que comunique la vida eterna a todos aquellos que le encomendaste. [3] Y ésta es la vida eterna: conocerte a ti, único Dios verdadero, y al que tú has enviado, Jesús, el Cristo. [4] Yo te he glorificado en la tierra y he terminado la obra que me habías encomendado. [5] Ahora, Padre, dame junto a ti la misma Gloria que tenía a tu lado antes que comenzara el mundo. [6] He manifestado tu Nombre a los hombres: hablo de los que me diste, tomándolos del mundo. Eran tuyos, y tú me los diste y han guardado tu Palabra. [7] Ahora reconocen que todo aquello que me has dado viene de ti. [8] El mensaje que recibí se lo he entregado y ellos lo han recibido, y reconocen de verdad que yo he salido de ti y creen que tú me has enviado. [9] Yo ruego por ellos. No ruego por el mundo, sino por los que son tuyos y que tú me diste [10] -pues todo lo mío es tuyo y todo lo tuyo mío-; yo ya he sido glorificado a través de ellos. [11] Yo ya no estoy más en el mundo, pero ellos se quedan en el mundo, mientras yo vuelvo a ti. Padre Santo, guárdalos en ese Nombre tuyo que a mí me diste, para que sean uno como nosotros. [12] Cuando estaba con ellos, yo los cuidaba en tu Nombre, pues tú me los habías encomendado, y ninguno de ellos se perdió, excepto el que llevaba en sí la perdición, pues en esto había de cumplirse la Escritura. [13] Pero ahora que voy a ti, y estando todavía en el mundo, digo estas cosas para que tengan en ellos la plenitud de mi alegría. [14] Yo les he dado tu mensaje, y el mundo los ha odiado, porque no son del mundo como tampoco yo soy del mundo. [15] No te pido que los saques del mundo, sino que los defiendas del Maligno. [16] Ellos no son del mundo, como tampoco yo soy del mundo. [17] Conságralos mediante la verdad: tu palabra es verdad. [18] Así como tú me has enviado al mundo, así yo también los envío al mundo, [19] y por ellos ofrezco el sacrificio, para que también ellos sean consagrados en la verdad. [20] No ruego sólo por éstos, sino también por todos aquellos que creerán en mí por su palabra. [21] Que todos sean uno como tú, Padre, estás en mí y yo en ti. Que ellos también sean uno en nosotros, para que el mundo crea que tú me has enviado. [22] Yo les he dado la Gloria que tú me diste, para que sean uno como nosotros somos uno: [23] yo en ellos y tú en mí. Así alcanzarán la perfección en la unidad, y el mundo conocerá que tú me has enviado y que yo los he amado a ellos como tú me amas a mí. [24] Padre, ya que me los has dado, quiero que estén conmigo donde yo estoy y que contemplen la Gloria que tú ya me das, porque me amabas antes que comenzara el mundo. [25] Padre justo, el mundo no te ha conocido, pero yo te conocía, y éstos a su vez han conocido que tú me has enviado. [26] Yo les he dado a conocer tu Nombre y se lo seguiré dando a conocer, para que el amor con que tú me amas esté en ellos y también yo esté en ellos.»

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CAPÍTULO 18

JESÚS ES LLEVADO PRESO

[1] Cuando terminó de hablar, Jesús pasó con sus discípulos al otro lado del torrente Cedrón. Había allí un huerto, y Jesús entró en él con sus discípulos. [2] Judas, el que lo entregaba, conocía también ese lugar, pues Jesús se había reunido allí muchas veces con sus discípulos. [3] Judas hizo de guía a los soldados romanos y a los guardias enviados por los jefes de los sacerdotes y los fariseos, que llegaron allí con linternas, antorchas y armas. [4] Jesús, que sabía todo lo que le iba a suceder, se adelantó y les dijo: «¿A quién buscan?» [5] Contestaron: «A Jesús el Nazareno». Jesús dijo: «Yo soy». Y Judas, que lo entregaba, estaba allí con ellos. [6] Cuando Jesús les dijo: «Yo soy», retrocedieron y cayeron al suelo. [7] Les preguntó de nuevo: «¿A quién buscan?» Dijeron: «A Jesús el Nazareno». [8] Jesús les respondió: «Ya les he dicho que soy yo. Si me buscan a mí, dejen que éstos se vayan». [9] Así se cumplía lo que Jesús había dicho: «No he perdido a ninguno de los que tú me diste». [10] Simón Pedro tenía una espada, la sacó e hirió a Malco, siervo del sumo sacerdote, cortándole la oreja derecha. [11] Jesús dijo a Pedro: «Coloca la espada en su lugar. ¿Acaso no voy a beber la copa que el Padre me ha dado?» [12] Entonces los soldados, con el comandante y los guardias de los judíos, prendieron a Jesús, lo ataron [13] y lo llevaron primero a casa de Anás. Este Anás era suegro de Caifás, sumo sacerdote aquel año. [14] Caifás era el que había dicho a los judíos: «Es mejor que muera un solo hombre por el pueblo». [15] Simón Pedro y otro discípulo seguían a Jesús. Como este otro discípulo era conocido del sumo sacerdote, pudo entrar con Jesús en el patio de la casa del sumo sacerdote, [16] mientras que Pedro se quedó fuera, junto a la puerta. Entonces salió el otro discípulo, el conocido del sumo sacerdote, y habló con la portera, que dejó entrar a Pedro. [17] La muchacha que atendía la puerta dijo a Pedro: «¿No eres tú también de los discípulos de ese hombre». Pedro le respondió: «No lo soy». [18] Los sirvientes y los guardias tenían unas brasas encendidas y se calentaban, pues hacía frío. También Pedro estaba con ellos y se calentaba. [19] El sumo sacerdote interrogó a Jesús sobre sus discípulos y su enseñanza. Jesús le contestó: [20] «Yo he hablado abiertamente al mundo. He enseñado constantemente en los lugares donde los judíos se reúnen, tanto en las sinagogas como en el Templo, y no he enseñado nada en secreto. [21] ¿Por qué me preguntas a mí? Interroga a los que escucharon lo que he dicho». [22] Al oír esto, uno de los guardias que estaba allí le dio a Jesús una bofetada en la cara, diciendo: «¿Así contestas al sumo sacerdote?» [23] Jesús le dijo: «Si he respondido mal, demuestra dónde está el mal. Pero si he hablado correctamente, ¿por qué me golpeas?». [24] Al fin, Anás lo envió atado al sumo sacerdote Caifás.

[25] Simón Pedro estaba calentándose al fuego en el patio, y le dijeron: «Seguramente tú también eres uno de sus discípulos». El lo negó diciendo: «No lo soy». [26] Entonces uno de los servidores del sumo sacerdote, pariente del hombre al que Pedro le había cortado la oreja, le dijo: «¿No te vi yo con él en el huerto?» [27] De nuevo Pedro lo negó y al instante cantó un gallo.

JESÚS ANTE PILATO

[28] Llevaron a Jesús de la casa de Caifás al tribunal del gobernador romano. Los judíos no entraron para no quedar impuros, pues ese era un lugar pagano, y querían participar en la comida de la Pascua. [29] Entonces Pilato salió fuera, donde estaban ellos, y les dijo: «¿De qué acusan a este hombre?» [30] Le contestaron: «Si éste no fuera un malhechor, no lo habríamos traído ante ti». [31] Pilato les dijo: «Tómenlo y júzguenlo según su ley». Los judíos contestaron: «Nosotros no tenemos la facultad para aplicar la pena de muerte». [32] Con esto se iba a cumplir la palabra de Jesús dando a entender qué tipo de muerte iba a sufrir. [33] Pilato volvió a entrar en el palacio, llamó a Jesús y le preguntó: «¿Eres tú el Rey de los judíos?» [34] Jesús le contestó: «¿Viene de ti esta pregunta o repites lo que te han dicho otros de mí?» [35] Pilato respondió: «¿Acaso soy yo judío? Tu pueblo y los jefes de los sacerdotes te han entregado a mí; ¿qué has hecho?» [36] Jesús contestó: «Mi realeza no procede de este mundo. Si fuera rey como los de este mundo, mis guardias habrían luchado para que no cayera en manos de los judíos. Pero mi reinado no es de acá». [37] Pilato le preguntó: «Entonces, ¿tú eres rey?» Jesús respondió: «Tú lo has dicho: yo soy Rey. Yo doy testimonio de la verdad, y para esto he nacido y he venido al mundo. Todo el que está del lado de la verdad escucha mi voz». [38] Pilato dijo: «¿Y qué es la verdad?» Dicho esto, salió de nuevo donde estaban los judíos y les dijo: «Yo no encuentro ningún motivo para condenar a este hombre. [39] Pero aquí es costumbre que en la Pascua yo les devuelva a un prisionero: ¿quieren ustedes que ponga en libertad al Rey de los Judíos?» [40] Ellos empezaron a gritar: «¡A ése no! Suelta a Barrabás». Barrabás era un bandido.

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CAPÍTULO 19

[1] Entonces Pilato tomó a Jesús y ordenó que fuera azotado. [2] Los soldados hicieron una corona con espinas y se la pusieron en la cabeza, le echaron sobre los hombros una capa de color rojo púrpura [3] y, acercándose a él, le decían: «¡Viva el rey de los judíos!» Y le golpeaban en la cara. [4] Pilato volvió a salir y les dijo: «Miren, se lo traigo de nuevo fuera; sepan que no encuentro ningún delito en él». [5] Entonces salió Jesús fuera llevando la corona de espinos y el manto rojo. Pilato les dijo: «Aquí está el hombre». [6] Al verlo, los jefes de los sacerdotes y los guardias del Templo comenzaron a gritar: «¡Crucifícalo! ¡Crucifícalo!» Pilato contestó: «Tómenlo ustedes y crucifíquenlo, pues yo no encuentro motivo para condenarlo». [7] Los judíos contestaron: «Nosotros tenemos una Ley, y según esa Ley debe morir, pues se ha proclamado Hijo de Dios». [8] Cuando Pilato escuchó esto, tuvo más miedo. [9] Volvió a entrar en el palacio y preguntó a Jesús: «¿De dónde eres tú?» Pero Jesús no le contestó palabra. [10] Entonces Pilato le dijo: «¿No me quieres hablar a mí? ¿No sabes que tengo poder tanto para dejarte libre como para crucificarte?» [11] Jesús respondió: «No tendrías ningún poder sobre mí si no lo hubieras recibido de lo alto. Por esta razón, el que me ha entregado a ti tiene mayor pecado que tú». [12] Pilato todavía buscaba la manera de dejarlo en libertad. Pero los judíos gritaban: «Si lo dejas en libertad, no eres amigo del César; el que se proclama rey se rebela contra el César». [13] Al oír Pilato estas palabras, hizo salir a Jesús al lugar llamado el Enlosado, en hebreo Gábbata, y lo hizo sentar en la sede del tribunal. [14] Era el día de la Preparación de la Pascua, hacia el mediodía. Pilato dijo a los judíos: «Aquí tienen a su rey». [15] Ellos gritaron: «¡Fuera! ¡Fuera! ¡Crucifícalo!» Pilato replicó: «¿He de crucificar a su Rey?» Los jefes de los sacerdotes contestaron: «No tenemos más rey que el César». [16] Entonces Pilato les entregó a Jesús y para que fuera puesto en cruz.

JESÚS ES CRUCIFICADO

[17] Así fue como se llevaron a Jesús. Cargando con su propia cruz, salió de la ciudad hacia el lugar llamado Calvario (o de la Calavera), que en hebreo se dice Gólgota. [18] Allí lo crucificaron y con él a otros dos, uno a cada lado y en el medio a Jesús. [19] Pilato mandó escribir un letrero y ponerlo sobre la cruz. Estaba escrito: «Jesús el Nazareno, Rey de los judíos». [20] Muchos judíos leyeron este letrero, pues el lugar donde Jesús fue crucificado estaba muy cerca de la ciudad. Además, estaba escrito en hebreo, latín y griego. [21] Los jefes de los sacerdotes dijeron a Pilato: «No escribas: "Rey de los Judíos", sino: "Este ha dicho: Yo soy el rey de los judíos"». [22] Pilato contestó: «Lo que he escrito, escrito está». [23] Después de clavar a Jesús en la cruz, los soldados tomaron sus vestidos y los dividieron en cuatro partes, una para cada uno de ellos. En cuanto a la túnica, tejida de una sola pieza de arriba abajo sin costura alguna, se dijeron: [24] «No la rompamos, echémosla más bien a suertes, a ver a quién le toca». Así se cumplió la Escritura que dice: Se repartieron mi ropa y echaron a suertes mi túnica. Esto es lo que hicieron los soldados.

ULTIMAS PALABRAS DE JESÚS

[25] Cerca de la cruz de Jesús estaba su madre, con María, la hermana de su madre, esposa de Cleofás, y María de Magdala. [26] Jesús, al ver a la Madre y junto a ella al discípulo que más quería, dijo a la Madre: «Mujer, ahí tienes a tu hijo». [27] Después dijo al discípulo: «Ahí tienes a tu madre». Y desde aquel momento el discípulo se la llevó a su casa. [28] Después de esto, sabiendo Jesús que todo estaba cumplido, dijo: «Tengo sed», y con esto también se cumplió la Escritura. [29] Había allí un jarro lleno de vino agrio. Pusieron en una caña una esponja empapada en aquella bebida y la acercaron a sus labios. [30] Jesús probó el vino y dijo: «Todo está cumplido». Después inclinó la cabeza y entregó el espíritu.

LE ABRIÓ EL COSTADO Y SALIÓ SANGRE Y AGUA

[31] Como era el día de la Preparación de la Pascua, los judíos no querían que los cuerpos quedaran en la cruz durante el sábado, pues aquel sábado era un día muy solemne. Pidieron a Pilato que hiciera quebrar las piernas a los crucificados y retiraran los cuerpos. [32] Fueron, pues, los soldados y quebraron las piernas de los dos que habían sido crucificados con Jesús. [33] Pero al llegar a Jesús vieron que ya estaba muerto, y no le quebraron las piernas, [34] sino que uno de los soldados le abrió el costado con la lanza, y al instante salió sangre y agua. [35] El que lo vio da testimonio. Su testimonio es verdadero, y Aquél sabe que dice la verdad. Y da este testimonio para que también ustedes crean. [36] Esto sucedió para que se cumpliera la Escritura que dice: No le quebrarán ni un solo hueso. [37] Y en otro texto dice: Contemplarán al que traspasaron. [38] Después de esto, José de Arimatea se presentó a Pilato. Era discípulo de Jesús, pero no lo decía por miedo a los judíos. Pidió a Pilato la autorización para retirar el cuerpo de Jesús y Pilato se la concedió. Fue y retiró el cuerpo. [39] También fue Nicodemo, el que había ido de noche a ver a Jesús, llevando unas cien libras de mirra perfumada y áloe. [40] Tomaron el cuerpo de Jesús y lo envolvieron en lienzos con los aromas, según la costumbre de enterrar de los judíos. [41] En el lugar donde había sido crucificado Jesús había un huerto, y en el huerto un sepulcro nuevo donde nadie todavía había sido enterrado. [42] Como el sepulcro estaba muy cerca y debían respetar el Día de la Preparación de los judíos, enterraron allí a Jesús.

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CAPÍTULO 20

EL SEÑOR HA RESUCITADO

[1] El primer día después del sábado, María Magdalena fue al sepulcro muy temprano, cuando todavía estaba oscuro, y vio que la piedra que cerraba la entrada del sepulcro había sido removida. [2] Fue corriendo en busca de Simón Pedro y del otro discípulo a quien Jesús amaba y les dijo: «Se han llevado del sepulcro al Señor y no sabemos dónde lo han puesto». [3] Pedro y el otro discípulo salieron para el sepulcro. [4] Corrían los dos juntos, pero el otro discípulo corrió más que Pedro y llegó primero al sepulcro. [5] Como se inclinara, vio los lienzos tumbados, pero no entró. [6] Pedro llegó detrás, entró en el sepulcro y vio también los lienzos tumbados. [7] El sudario con que le habían cubierto la cabeza no se había caído como los lienzos, sino que se mantenía enrollado en su lugar. [8] Entonces entró también el otro discípulo, el que había llegado primero, vio y creyó. [9] Pues no habían entendido todavía la Escritura: ¡él "debía" resucitar de entre los muertos! [10] Después los dos discípulos se volvieron a casa.

[11] María se quedaba llorando fuera, junto al sepulcro. Mientras lloraba se inclinó para mirar dentro [12] y vio a dos ángeles vestidos de blanco, sentados donde había estado el cuerpo de Jesús, uno a la cabecera y el otro a los pies. [13] Le dijeron: «Mujer, ¿por qué lloras?» Les respondió: «Porque se han llevado a mi Señor y no sé dónde lo han puesto». [14] Dicho esto, se dio vuelta y vio a Jesús allí, de pie, pero no sabía que era Jesús. [15] Jesús le dijo: «Mujer, ¿por qué lloras? ¿A quién buscas?» Ella creyó que era el cuidador del huerto y le contestó: «Señor, si tú lo has llevado, dime dónde lo has puesto y yo me lo llevaré». [16] Jesús le dijo: «María». Ella se dio la vuelta y le dijo: «Rabboní», que quiere decir «Maestro». [17] Jesús le dijo: «Suéltame, pues aún no he subido al Padre. Pero vete donde mis hermanos y diles: Subo a mi Padre, que es Padre de ustedes; a mi Dios, que es Dios de ustedes». [18] María Magdalena se fue y dijo a los discípulos: «He visto al Señor y me ha dicho esto». [19] Ese mismo día, el primero después del sábado, los discípulos estaban reunidos por la tarde, con las puertas cerradas por miedo a los judíos. Llegó Jesús, se puso de pie en medio de ellos y les dijo: «¡La paz esté con ustedes!» [20] Dicho esto, les mostró las manos y el costado. Los discípulos se alegraron mucho al ver al Señor. [21] Jesús les volvió a decir: «¡La paz esté con ustedes! Como el Padre me envío a mí, así los envío yo también». [22] Dicho esto, sopló sobre ellos y les dijo: «Reciban el Espíritu Santo: [23] a quienes descarguen de sus pecados, serán liberados, y a quienes se los retengan, les serán retenidos». [24] Tomás, uno de los Doce, llamado el Mellizo, no estaba con ellos cuando vino Jesús. [25] Los otros discípulos le dijeron: «Hemos visto al Señor». Pero él contestó: «Hasta que no vea la marca de los clavos en sus manos, no meta mis dedos en el agujero de los clavos y no introduzca mi mano en la herida de su costado, no creeré». [26] Ocho días después, los discípulos de Jesús estaban otra vez en casa, y Tomás con ellos. Estando las puertas cerradas, Jesús vino y se puso en medio de ellos. Les dijo: «La paz esté con ustedes». [27] Después dijo a Tomás: «Pon aquí tu dedo y mira mis manos; extiende tu mano y métela en mi costado. Deja de negar y cree». [28] Tomás exclamó: «Tú eres mi Señor y mi Dios». [29] Jesús replicó: «Crees porque me has visto. ¡Felices los que no han visto, pero creen!».

CONCLUSIÓN DEL EVANGELIO

[30] Muchas otras señales milagrosas hizo Jesús en presencia de sus discípulos que no están escritas en este libro. [31] Estas han sido escritas para que crean que Jesús es el Cristo, el Hijo de Dios. Crean, y tendrán vida por su Nombre.

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CAPÍTULO 21

APÉNDICE AL LIBRO: LA MANIFESTACIÓN DE JESÚS A ORILLAS DEL LAGO

[1] Después de esto, nuevamente se apareció Jesús a sus discípulos en la orilla del lago de Tiberíades. Y se hizo presente como sigue: [2] Estaban reunidos Simón Pedro, Tomás el Mellizo, Natanael de Caná de Galilea, los hijos del Zebedeo y otros dos discípulos. [3] Simón Pedro les dijo: «Voy a pescar». Contestaron: «Vamos también nosotros contigo». Salieron, pues, y subieron a la barca, pero aquella noche no pescaron nada. [4] Al amanecer, Jesús estaba parado en la orilla, pero los discípulos no sabían que era él. [5] Jesús les dijo: «Muchachos, ¿tienen algo que comer?» Le contestaron: «Nada». [6] Entonces Jesús les dijo: «Echen la red a la derecha y encontrarán pesca». Echaron la red, y no tenían fuerzas para recogerla por la gran cantidad de peces. [7] El discípulo de Jesús al que Jesús amaba dijo a Simón Pedro: «Es el Señor». [8] Apenas Pedro oyó decir que era el Señor, se puso la ropa, pues estaba sin nada, y se echó al agua. Los otros discípulos llegaron con la barca -de hecho, no estaban lejos, a unos cien metros de la orilla; arrastraban la red llena de peces. [9] Al bajar a tierra encontraron fuego encendido, pescado sobre las brasas y pan. [10] Jesús les dijo: «Traigan algunos de los pescados que acaban de sacar». [11] Simón Pedro subió a la barca y sacó la red llena con ciento cincuenta y tres pescados grandes. Y no se rompió la red a pesar de que hubiera tantos. [12] Entonces Jesús les dijo: «Vengan a desayunar». Ninguno de los discípulos se atrevió a preguntarle quién era, pues sabían que era el Señor. [13] Jesús se acercó, tomó el pan y se lo repartió. Lo mismo hizo con los pescados. [14] Esta fue la tercera vez que Jesús se manifestó a sus discípulos después de resucitar de entre los muertos. [15] Cuando terminaron de comer, Jesús dijo a Simón Pedro: «Simón, hijo de Juan, ¿me amas más que éstos?» Contestó: «Sí, Señor, tú sabes que te quiero». Jesús le dijo: «Apacienta mis corderos». [16] Le preguntó por segunda vez: «Simón, hijo de Juan, ¿me amas?» Pedro volvió a contestar: «Sí, Señor, tú sabes que te quiero». Jesús le dijo: «Cuida de mis ovejas». [17] Insistió Jesús por tercera vez: «Simón Pedro, hijo de Juan, ¿me quieres?» Pedro se puso triste al ver que Jesús le preguntaba por tercera vez si lo quería y le contestó: «Señor, tú lo sabes todo, tú sabes que te quiero». Entonces Jesús le dijo: «Apacienta mis ovejas». [18] En verdad, cuando eras joven, tú mismo te ponías el cinturón e ibas a donde querías. Pero cuando llegues a viejo, abrirás los brazos y otro te amarrará la cintura y te llevará a donde no quieras». [19] Jesús lo dijo para que Pedro comprendiera en qué forma iba a morir y dar gloria a Dios. Y añadió: «Sígueme.». [20] Pedro miró atrás y vio que lo seguía el discípulo al que Jesús amaba, el que en la cena se había inclinado sobre su pecho y le había preguntado: «Señor, ¿quién es el que te va a entregar?» [21] Al verlo, Pedro preguntó a Jesús: «¿Y qué va a ser de éste?» [22] Jesús le contestó: «Si yo quiero que permanezca hasta mi vuelta, ¿a ti qué te importa? Tú sígueme». [23] Por esta razón corrió entre los hermanos el rumor de que aquel discípulo no iba a morir. Pero Jesús no dijo que no iba a morir, sino simplemente: «Si yo quiero que permanezca hasta mi vuelta, ¿a ti qué te importa?» [24] Este es el mismo discípulo que da testimonio de estas cosas y que las ha escrito aquí, y nosotros sabemos que dice la verdad. [25] Jesús hizo también otras muchas cosas. Si se escribieran una por una, creo que no habría lugar en el mundo para tantos libros.

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