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CAMINANDO CON JESUS PEDRO SERGIO ANTONIO DONOSO BRANT NUEVO TESTAMENTO EVANGELIO SEGUN SAN JUAN CAPÍTULO 1 [1] En el principio era y y [2] Ella estaba ante Dios en el principio. [3] Por Ella se hizo todo, y nada llegó a ser sin Ella. Lo que fue hecho [4] tenía vida en ella, y para los hombres la vida era luz. [5] La luz brilla en las tinieblas, y las tinieblas no la recibieron [6] Vino un hombre, enviado por Dios, que se llamaba
Juan. [7] Vino para dar testimonio, como testigo de la luz, para que todos creyeran por él. [8] Aunque no fuera él la luz, le tocaba dar testimonio
de la luz. [9] Ella era la luz verdadera, la luz que ilumina a todo hombre, y llegaba al mundo. [10] Ya estaba en el mundo, este mundo que se hizo por Ella, o por El, este mundo que no lo recibió. [11] Vino a su propia casa, y los suyos no lo recibieron; [12] pero a todos los que lo recibieron les dio capacidad para ser hijos de
Dios. Al creer en su Nombre [13] han nacido, no de sangre alguna ni por ley de la carne, ni por voluntad de hombre, sino que han nacido de Dios. [14] Y puso su tienda entre nosotros, y hemos visto su Gloria: en él todo era don amoroso y verdad. [15] Juan dio testimonio de él; dijo muy fuerte: «De él yo hablaba al decir: el que ha venido detrás de mí, ya está delante de mí, porque era antes que yo.» [16] De su plenitud hemos recibido todos, y cada don amoroso preparaba otro. [17] Por medio de Moisés hemos recibido pero la verdad y el don amoroso nos llegó por medio de Jesucristo. [18] Nadie ha visto a Dios jamás, pero Dios-Hijo único nos lo dio a conocer; él está en el seno del Padre y nos lo dio a conocer. Juan Bautista presenta a Jesús, el «Cordero de Dios» [19] Este fue el testimonio de Juan, cuando los judíos
enviaron sacerdotes y levitas desde Jerusalén para preguntarle: «¿Quién eres tú?» [20] Juan lo declaró y no ocultó la
verdad: «Yo no soy el Mesías». [21] Le preguntaron: «¿Quién
eres, entonces? ¿Elías?» Contestó: «No lo soy». Le dijeron: «¿Eres el Profeta?» [22] Contestó: «No». Entonces le
dijeron: «¿Quién eres, entonces? Pues tenemos que
llevar una respuesta a los que nos han enviado. ¿Qué dices de ti mismo?» [23]
Juan contestó: «Yo soy, como dijo el profeta Isaías, la voz que grita en el
desierto: Enderecen el camino del Señor». [24] Los enviados eran del grupo de
los fariseos, [25] y le hicieron otra pregunta: «¿Por
qué bautizas entonces, si no eres el Mesías, ni Elías, ni el Profeta?» [26]
Les contestó Juan: «Yo bautizo con agua, pero en medio de ustedes hay uno a
quien ustedes no conocen, [27] y aunque viene detrás de mí, yo no soy digno
de soltarle la correa de su sandalia». [28] Esto sucedió en Betabará, al otro lado del río Jordán, donde Juan
bautizaba. [29] Al día siguiente Juan vio a Jesús que venía a su encuentro, y
exclamó: «Ahí viene el Cordero de Dios, el que carga con el pecado del mundo.
[30] De él yo hablaba al decir: Detrás de mí viene un hombre que ya está
delante de mí, porque era antes que yo. [31] Yo no lo conocía, pero mi
bautismo con agua y mi venida misma eran para él, para que se diera a conocer
a Israel». [32] Y Juan dio este testimonio: «He visto al Espíritu bajar del
cielo como una paloma y quedarse sobre él. [33] Yo no lo conocía, pero Aquel
que me envió a bautizar con agua, me dijo también: Verás al Espíritu bajar
sobre aquél que ha de bautizar con el Espíritu Santo, y se quedará en él. [34]
Sí, yo lo he visto; y declaro que éste es el Elegido de Dios.» JESÚS LLAMA A SUS PRIMEROS DISCÍPULOS [35] Al día siguiente, Juan se encontraba de nuevo en
el mismo lugar con dos de sus discípulos. [36] Mientras Jesús pasaba, se fijó
en él y dijo: «Ese es el Cordero de Dios». [37] Los dos discípulos le oyeron
decir esto y siguieron a Jesús. [38] Jesús se volvió y, al ver que lo
seguían, les preguntó: «¿Qué buscan?» Le
contestaron: «Rabbí (que significa Maestro), ¿dónde
vives?» [39] Jesús les dijo: «Vengan y lo verán». Fueron, vieron dónde vivía
y se quedaron con él aquel día. Eran como las cuatro de la tarde. [40]
Andrés, el hermano de Simón Pedro, era uno de los dos que siguieron a Jesús
por la palabra de Juan. [41] Encontró primero a su hermano Simón y le dijo:
«Hemos encontrado al Mesías» (que significa el Cristo). [42] Y se lo presentó
a Jesús. Jesús miró fijamente a Simón y le dijo: «Tú eres Simón, hijo de
Juan, pero te llamarás Kefas» (que quiere decir
Piedra). [43] Al día siguiente, Jesús resolvió partir hacia Galilea. Se
encontró con Felipe y le dijo: «Sígueme». [44] Felipe era de Betsaida, el
pueblo de Andrés y de Pedro. [45] Felipe se encontró con Natanael y le dijo:
«Hemos hallado a aquél de quien escribió Moisés en EL PRIMER MILAGRO, EN [1] Tres días más tarde se celebraba una boda en Caná
de Galilea, y la madre de Jesús estaba allí. [2] También fue invitado Jesús a
la boda con sus discípulos. [3] Sucedió que se terminó el vino preparado para
la boda, y se quedaron sin vino. Entonces la madre de Jesús le dijo: «No
tienen vino». [4] Jesús le respondió: «Mujer, ¿por qué te metes en mis
asuntos? Aún no ha llegado mi hora». [5] Pero su madre dijo a los sirvientes:
«Hagan lo que él les diga». [6] Había allí seis recipientes de piedra, de los
que usan los judíos para sus purificaciones, de unos cien litros de capacidad
cada uno. [7] Jesús dijo: «Llenen de agua esos recipientes». Y los llenaron
hasta el borde. [8] «Saquen ahora, les dijo, y llévenle al mayordomo». Y
ellos se lo llevaron. [9] Después de probar el agua convertida en vino, el
mayordomo llamó al novio, pues no sabía de dónde provenía, a pesar de que lo
sabían los sirvientes que habían sacado el agua. [10] Y le dijo: «Todo el
mundo sirve al principio el vino mejor, y cuando ya todos han bebido
bastante, les dan el de menos calidad; pero tú has dejado el mejor vino para
el final». [11] Esta señal milagrosa fue la primera, y Jesús la hizo en Caná
de Galilea. Así manifestó su gloria y sus discípulos creyeron en él. [12]
Jesús bajó después a Cafarnaún con su madre, sus hermanos y sus discípulos, y
permanecieron allí solamente algunos días. JESÚS EXPULSA DEL TEMPLO A LOS VENDEDORES [13] Se acercaba JESÚS Y NICODEMO: HAY QUE NACER DE NUEVO [1] Entre los fariseos había un personaje judío llamado
Nicodemo. Este fue de noche a ver a Jesús y le dijo: [2] «Rabbí,
sabemos que has venido de parte de Dios como maestro, porque nadie puede
hacer señales milagrosas como las que tú haces, a no ser que Dios esté con
él». [3] Jesús le contestó: «En verdad te digo que nadie puede ver el Reino
de Dios si no nace de nuevo desde arriba». [4] Nicodemo le dijo: «¿Cómo renacerá el hombre ya viejo? ¿Quién volverá al seno
de su madre?» [5] Jesús le contestó: «En verdad te digo: El que no renace del
agua y del Espíritu no puede entrar en el Reino de Dios. [6] Lo que nace de
la carne es carne, y lo que nace del Espíritu es espíritu. [7] No te extrañes
de que te haya dicho: Necesitan nacer de nuevo desde arriba. [8] El viento
sopla donde quiere, y tú oyes su silbido, pero no sabes de dónde viene ni
adónde va. Lo mismo le sucede al que ha nacido del Espíritu». [9] Nicodemo
volvió a preguntarle: «¿Cómo puede ser eso?» [10]
Respondió Jesús: «Tú eres maestro en Israel, y ¿no sabes estas cosas? [11] En
verdad te digo que nosotros hablamos de lo que sabemos, y damos testimonio de
lo que hemos visto, pero ustedes no aceptan nuestro testimonio. [12] Si
ustedes no creen cuando les hablo de cosas de la tierra, ¿cómo van a creer si
les hablo de cosas del Cielo? [13] Sin embargo, nadie ha subido al Cielo sino
sólo el que ha bajado del Cielo, el Hijo del Hombre. [14] Recuerden la
serpiente que Moisés hizo levantar en el desierto: así también tiene que ser
levantado el Hijo del Hombre, [15] y entonces todo el que crea en él tendrá
por él vida eterna. [16] ¡Así amó Dios al mundo! Le dio al Hijo Unico, para que quien cree en él no se pierda, sino que
tenga vida eterna. [17] Dios no envió al Hijo al mundo para condenar al
mundo, sino para que se salve el mundo gracias a él. [18] Para quien cree en
él no hay juicio. En cambio, el que no cree ya se ha condenado, por el hecho
de no creer en el Nombre del Hijo único de Dios. [19] Esto requiere un
juicio: la luz vino al mundo, y los hombres prefirieron las tinieblas a la
luz, porque sus obras eran malas. [20] Pues el que obra el mal odia la luz y
no va a la luz, no sea que sus obras malas sean descubiertas y condenadas.
[21] Pero el que hace la verdad va a la luz, para que se vea que sus obras
han sido hechas en Dios». EL ÚLTIMO TESTIMONIO DE JUAN BAUTISTA [22] Después de esto, Jesús se fue con sus discípulos
al territorio de Judea. Allí estuvo con ellos y bautizaba. [23] Juan también
estaba bautizando en Ainón, cerca de Salín, porque
allí había mucha agua; la gente venía y se hacía bautizar. [24] (Esto ocurría
antes de que Juan hubiera sido encarcelado). [25] Un día los discípulos de
Juan tuvieron una discusión con un judío sobre la purificación espiritual.
[26] Fueron donde Juan y le dijeron: «Maestro, el que estaba contigo al otro
lado del Jordán, y en cuyo favor tú hablaste, está ahora bautizando y todos
se van a él». [27] Juan respondió: «Nadie puede atribuirse más de lo que el
Cielo le quiere dar. [28] Ustedes mismos son testigos de que yo dije: Yo no
soy el Mesías, sino el que ha sido enviado delante de él. [29] Es el novio
quien tiene a la novia; el amigo del novio está a su lado y hace lo que él le
dice y se alegra con sólo oír la voz del novio. Por eso me alegro sin
reservas. [30] Es necesario que él crezca y que yo disminuya. [31] El que
viene de arriba está por encima de todos. El que viene de la tierra pertenece
a la tierra y sus palabras son terrenales. El que viene del Cielo, [32] por
más que dé testimonio de lo que allí ha visto y oído, nadie acepta su
testimonio. [33] Pero aceptar su testimonio es como reconocer que Dios es
veraz. [34] Aquel que Dios ha enviado habla las palabras de Dios, y Dios le
da el Espíritu sin medida. [35] El Padre ama al Hijo y ha puesto todas las
cosas en sus manos. [36] El que cree en el Hijo vive de vida eterna, pero el
que se niega a creer en el Hijo se queda con el Dios que condena: nunca
conocerá la vida». JESÚS Y [1] El Señor se enteró de que los fariseos tenían
noticias de él; se decía que Jesús bautizaba y atraía más discípulos que
Juan, [2] aunque de hecho no bautizaba Jesús, sino sus discípulos. [3] Jesús
decidió, entonces, abandonar Judea y volvió a Galilea. [4] Para eso tenía que
pasar por el país de Samaría, [5] y fue así como llegó a un pueblo de Samaría
llamado Sicar, cerca de la tierra que Jacob dio a
su hijo José. [6] Allí se encuentra el pozo de Jacob. Jesús, cansado por la
caminata, se sentó al borde del pozo. Era cerca del mediodía. [7] Fue
entonces cuando una mujer samaritana llegó para sacar agua, y Jesús le dijo:
«Dame de beber». [8] Los discípulos se habían ido al pueblo para comprar algo
de comer. [9] La samaritana le dijo: «¿Cómo tú, que
eres judío, me pides de beber a mí, que soy una mujer samaritana?» (Se sabe
que los judíos no tratan con los samaritanos). [10] Jesús le dijo: «Si
conocieras el don de Dios, si supieras quién es el que te pide de beber, tú
misma le pedirías agua viva y él te la daría». [11] Ella le dijo: «señor, no
tienes con qué sacar agua y el pozo es profundo. ¿Dónde vas a conseguir esa
agua viva? [12] Nuestro antepasado Jacob nos dio este pozo, del cual bebió
él, sus hijos y sus animales; ¿eres acaso más grande que él?» [13] Jesús le
dijo: «El que beba de esta agua volverá a tener sed, [14] pero el que beba
del agua que yo le daré nunca volverá a tener sed. El agua que yo le daré se
convertirá en él en un chorro que salta hasta la vida eterna». [15] La mujer
le dijo: «Señor, dame de esa agua, y así ya no sufriré la sed ni tendré que
volver aquí a sacar agua». [16] Jesús le dijo: «Vete, llama a tu marido y
vuelve acá». [17] La mujer contestó: «No tengo marido». Jesús le dijo: «Has
dicho bien que no tienes marido, [18] pues has tenido cinco maridos, y el que
tienes ahora no es tu marido. En eso has dicho la verdad». [19] La mujer
contestó: «Señor, veo que eres profeta. [20] Nuestros padres siempre vinieron
a este cerro para adorar a Dios y ustedes, los judíos, ¿no dicen que
Jerusalén es el lugar en que se debe adorar a Dios?» [21] Jesús le dijo:
«Créeme, mujer: llega la hora en que ustedes adorarán al Padre, pero ya no
será "en este cerro" o "en Jerusalén". [22] Ustedes, los
samaritanos, adoran lo que no conocen, mientras que nosotros, los judíos,
adoramos lo que conocemos, porque la salvación viene de los judíos. [23] Pero
llega la hora, y ya estamos en ella, en que los verdaderos adoradores
adorarán al Padre en espíritu y en verdad. [24] Entonces serán verdaderos
adoradores del Padre, tal como él mismo los quiere. Dios es espíritu, y los
que lo adoran deben adorarlo en espíritu y en verdad». [25] La mujer le dijo:
«Yo sé que el Mesías, (que es el Cristo), está por venir; cuando venga, nos
enseñará todo». [26] Jesús le dijo: «Ese soy yo, el que habla contigo». [27]
En aquel momento llegaron los discípulos y se admiraron al verlo hablar con
una mujer. Pero ninguno le preguntó qué quería ni de qué hablaba con ella.
[28] La mujer dejó allí el cántaro y corrió al pueblo a decir a la gente:
[29] «Vengan a ver a un hombre que me ha dicho todo lo que he hecho. ¿No será
éste el Cristo?» [30] Salieron, pues, del pueblo y fueron a verlo. [31]
Mientras tanto los discípulos le insistían: «Maestro, come». [32] Pero él les
contestó: «El alimento que debo comer, ustedes no lo conocen». [33] Y se
preguntaban si alguien le habría traído de comer. [34] Jesús les dijo: «Mi
alimento es hacer la voluntad de aquel que me ha enviado y llevar a cabo su
obra. [35] Ustedes han dicho: "Dentro de cuatro meses será tiempo de
cosechar". ¿No es verdad? Pues bien, yo les digo: Levanten la vista y
miren los campos: ya están amarillentos para la siega. [36] El segador ya
recibe su paga y junta el grano para la vida eterna, y con esto el sembrador
también participa en la alegría del segador. [37] Aquí vale el dicho: Uno es
el que siembra y otro el que cosecha. [38] Yo los he enviado a ustedes a
cosechar donde otros han trabajado y sufrido. Otros se han fatigado y ustedes
han retomado de su trabajo». [39] Muchos samaritanos de aquel pueblo creyeron
en él por las palabras de la mujer, que declaraba: «El me ha dicho todo lo
que he hecho». [40] Cuando llegaron los samaritanos donde él, le pidieron que
se quedara con ellos. Y se quedó allí dos días. [41] Muchos más creyeron al
oír su palabra, [42] y decían a la mujer: «Ya no creemos por lo que tú has
contado. Nosotros mismos lo hemos escuchado y sabemos que éste es
verdaderamente el Salvador del mundo». [43] Pasados los dos días, Jesús
partió de allí para Galilea. [44] El había afirmado que un profeta no es
reconocido en su propia tierra. [45] Sin embargo los galileos lo recibieron
muy bien al llegar, porque habían visto todo lo que Jesús había hecho en
Jerusalén durante la fiesta, pues ellos también habían ido a la fiesta. JESÚS SANA AL HIJO DE UN FUNCIONARIO [46] Jesús volvió a Caná de Galilea, donde había
convertido el agua en vino. Había un funcionario real en Cafarnaún que tenía
un hijo enfermo. [47] Al saber que Jesús había vuelto de Judea a Galilea,
salió a su encuentro para pedirle que fuera a sanar a su hijo, que se estaba
muriendo. [48] Jesús le dio esta respuesta: «Si ustedes no ven señales y
prodigios, no creen». [49] El funcionario le dijo: «Señor, ten la bondad de
venir antes de que muera mi hijo». [50] Jesús le contestó: «Puedes volver, tu
hijo está vivo». El hombre creyó en la palabra de Jesús y se puso en camino.
[51] Al llegar a la bajada de los cerros, se topó con sus sirvientes que
venían a decirle que su hijo estaba sano. [52] Les preguntó a qué hora se
había mejorado el niño, y le contestaron: «Ayer, a la una de la tarde, se le
quitó la fiebre». [53] El padre comprobó que a esa misma hora Jesús le había
dicho: «Tu hijo está vivo». Y creyó él y toda su familia. [54] Esta es la segunda
señal milagrosa que hizo Jesús. Acababa de volver de Judea a Galilea. EL PARALÍTICO DE [1] Después de esto se celebraba una fiesta de los
judíos, y Jesús subió a Jerusalén. [2] Hay en Jerusalén, cerca de [19] Jesús les dirigió la palabra: «En verdad les digo:
El Hijo no puede hacer nada por su cuenta, sino sólo lo que ve hacer al
Padre. Todo lo que haga éste, lo hace también el Hijo. [20] El Padre ama al
Hijo y le enseña todo lo que él hace, y le enseñará cosas mucho más grandes
que éstas, que a ustedes los dejarán atónitos. [21] Como el Padre resucita a
los muertos y les da la vida, también el Hijo da la vida a los que quiere.
[22] Del mismo modo, el Padre no juzga a nadie, sino que ha entregado al Hijo
la responsabilidad de juzgar, [23] para que todos honren al Hijo como honran
al Padre. El que no honra al Hijo, tampoco honra al Padre que lo ha enviado.
[24] En verdad les digo: El que escucha mi palabra y cree en el que me ha
enviado, vive de vida eterna; ya no habrá juicio para él, porque ha pasado de
la muerte a la vida. [25] Sepan que viene la hora, y ya estamos en ella, en que
los muertos oirán la voz del Hijo de Dios, y los que la escuchen vivirán.
[26] Así como el Padre tiene vida en sí mismo, también ha dado al Hijo tener
vida en sí mismo. [27] Y además le ha dado autoridad para llevar a cabo el
juicio, porque es hijo de hombre. [28] No se asombren de esto; llega la hora
en que todos los que estén en los sepulcros oirán mi voz. [29] Los que
obraron el bien resucitarán para la vida, pero los que obraron el mal irán a
la condenación. [30] Yo no puedo hacer nada por mi cuenta, sino que juzgo
conforme a lo que escucho; así mi juicio es recto, porque no busco mi
voluntad, sino la voluntad de Aquel que me envió. [31] Si yo hago de testigo
en mi favor, mi testimonio no tendrá valor. [32] Pero Otro está dando
testimonio de mí, y yo sé que es verdadero cuando da testimonio de mí. [33]
Ustedes mandaron interrogar a Juan, y él dio testimonio de la verdad. [34] Yo
les recuerdo esto para bien de ustedes, para que se salven, porque
personalmente yo no me hago recomendar por hombres. [35] Juan era una
antorcha que ardía e iluminaba, y ustedes por un tiempo se sintieron a gusto
con su luz. [36] Pero yo tengo un testimonio que vale más que el de Juan: son
las obras que el Padre me encomendó realizar. Estas obras que yo hago hablan
por mí y muestran que el Padre me ha enviado. [37] Y el Padre que me ha
enviado también da testimonio de mí. Ustedes nunca han oído su voz ni visto
su rostro; [38] y tampoco tienen su palabra, pues no creen al que él ha
enviado. [39] Ustedes escudriñan las Escrituras pensando que encontrarán en
ellas la vida eterna, y justamente ellas dan testimonio de mí. [40] Sin
embargo ustedes no quieren venir a mí para tener vida. [41] Yo no busco la
alabanza de los hombres. [42] Sé sin embargo que el amor de Dios no está en
ustedes, [43] porque he venido en nombre de mi Padre, y ustedes no me
reciben. Si algún otro viene en su propio nombre, a ése sí lo acogerán. [44]
Mientras hacen caso de las alabanzas que se dan unos a otros y no buscan la
gloria que viene del Unico Dios, ¿cómo podrán
creer? [45] No piensen que seré yo quien los acuse ante el Padre. Es Moisés
quien los acusa, aquel mismo en quien ustedes confían. [46] Si creyeran a
Moisés, me creerían también a mí, porque él escribió de mí. [47] Pero si
ustedes no creen lo que escribió Moisés, ¿cómo van a creer lo que les digo
yo?» EL PAN DE VIDA: [1] Después Jesús pasó a la otra orilla del lago de
Galilea, cerca de Tiberíades. [2] Le seguía un enorme gentío, a causa de las
señales milagrosas que le veían hacer en los enfermos. [3] Jesús subió al
monte y se sentó allí con sus discípulos. [4] Se acercaba EL PAN DE VIDA: CREER EN EL HIJO DE DIOS [28] Entonces le preguntaron: «¿Qué
tenemos que hacer para trabajar en las obras de Dios?» [29] Jesús respondió:
«La obra de Dios es ésta: creer en aquel que Dios ha enviado». [30] Le
dijeron: «¿Qué puedes hacer? ¿Qué señal milagrosa
haces tú, para que la veamos y creamos en ti? ¿Cuál es tu obra? [31] Nuestros
antepasados comieron el maná en el desierto, según dice EL CUERPO DE CRISTO, PAN DE VIDA [48] Yo soy el pan de vida. [49] Sus antepasados
comieron el maná en el desierto, pero murieron: [50] aquí tienen el pan que
baja del cielo, para que lo coman y ya no mueran. [51] Yo soy el pan vivo que
ha bajado del cielo. El que coma de este pan vivirá para siempre. El pan que
yo daré es mi carne, y lo daré para la vida del mundo». [52] Los judíos discutían
entre sí: «¿Cómo puede éste darnos a comer carne?»
[53] Jesús les dijo: «En verdad les digo que si no comen la carne del Hijo
del hombre y no beben su sangre, no tienen vida en ustedes. [54] El que come
mi carne y bebe mi sangre vive de vida eterna, y yo lo resucitaré el último
día. [55] Mi carne es verdadera comida y mi sangre es verdadera bebida. [56]
El que come mi carne y bebe mi sangre permanece en mí y yo en él. [57] Como
el Padre, que es vida, me envió y yo vivo por el Padre, así quien me come vivirá
por mí. [58] Este es el pan que ha bajado del cielo. Pero no como el de
vuestros antepasados, que comieron y después murieron. El que coma este pan
vivirá para siempre. ¿QUIEREN MARCHARSE TAMBIÉN USTEDES? [59] Así habló Jesús en Cafarnaún enseñando en la
sinagoga. [60] Al escucharlo, cierto número de discípulos de Jesús dijeron: «¡Este lenguaje es muy duro! ¿Quién querrá escucharlo?»
[61] Jesús se dio cuenta de que sus discípulos criticaban su discurso y les
dijo: «¿Les desconcierta lo que he dicho? [62] ¿Qué
será, entonces, cuando vean al Hijo del hombre subir al lugar donde estaba
antes? [63] El espíritu es el que da vida, la carne no sirve para nada. Las
palabras que les he dicho son espíritu, y son vida. [64] Pero hay entre
ustedes algunos que no creen». Porque Jesús sabía desde el principio quiénes
eran los que no creían y quién lo iba a entregar. [65] Y agregó: «Como he
dicho antes, nadie puede venir a mí si no se lo concede el Padre». [66] A
partir de entonces muchos de sus discípulos se volvieron atrás y dejaron de
seguirle. [67] Jesús preguntó a los Doce: «¿Quieren
marcharse también ustedes?» [68] Pedro le contestó: «Señor, ¿a quién iríamos?
Tú tienes palabras de vida eterna. [69] Nosotros creemos y sabemos que tú
eres el Santo de Dios». [70] Jesús les dijo: «¿No
los elegí yo a ustedes, a los Doce? Y sin embargo uno de ustedes es un
diablo». [71] Jesús se refería a Judas Iscariote, hijo de Simón, pues era uno
de los Doce y lo iba a traicionar. JESÚS SUBE A JERUSALÉN [1] Después de esto, Jesús iba de un lugar a otro por
Galilea; no quería estar en Judea porque los judíos deseaban matarle. [2] Se
acercaba la fiesta de los judíos llamada de Tiendas. [3] Sus hermanos le
dijeron: «No te quedes aquí, vete a Judea para que tus discípulos de allí
vean las obras que realizas. [4] Si uno quiere sobresalir, no actúa a
escondidas. Tú, que haces maravillas, date a conocer al mundo». [5] Sus
hermanos hablaban así porque no creían en él. [6] Jesús les contestó:
«Todavía no ha llegado mi tiempo, mientras que para ustedes todo tiempo es
bueno. [7] El mundo no puede odiarlos a ustedes, pero a mí sí que me odia,
porque yo muestro que sus obras son malas. [8] Suban ustedes a la fiesta; yo
no voy a esta fiesta, porque mi tiempo aún no ha llegado». [9] Así habló
Jesús y se quedó en Galilea. [10] Solamente después que sus hermanos fueron a
la fiesta subió él también, pero sin decirlo y como en secreto. [11] Los
judíos lo estaban buscando durante la fiesta y preguntaban: «¿Dónde está ése?» [12] Corrían muchos comentarios sobre
él entre la gente. Unos decían: «Es muy buena persona». Otros replicaban: «En
absoluto, ése está engañando al pueblo». [13] Pero nadie hablaba abiertamente
de él por miedo a los judíos. [14] Hacia la mitad de la semana de la fiesta, Jesús
subió al Templo y se puso a enseñar. [15] Los judíos, admirados, decían: «¿Cómo puede conocer las Escrituras sin haber tenido
maestro?» [16] Jesús les contestó: «Mi doctrina no viene de mí, sino del que
me ha enviado. [17] El que haga la voluntad de Dios conocerá si mi doctrina
viene de él o si hablo por mi propia cuenta. [18] El que habla en nombre
propio busca su propia gloria. Pero el que busca la gloria del que lo ha
enviado, ése es un hombre sin maldad y que dice la verdad.» [19] «Moisés les
dio [25] Algunos habitantes de Jerusalén decían: «Pero, ¿no
es éste al que quieren matar? [26] Ahí lo tienen hablando con toda libertad y
no le dicen nada. ¿Será tal vez que nuestros dirigentes han reconocido que él
es el Mesías? [27] Pero éste sabemos de dónde viene, mientras que cuando
venga el Mesías, nadie sabrá de dónde viene». [28] Entonces Jesús dijo en voz
muy alta mientras enseñaba en el Templo: «Ustedes dicen que me conocen.
Ustedes saben de dónde vengo. Sepan que yo no he venido por mi propia cuenta:
quien me envía es el Verdadero, y ustedes no lo conocen. [29] El es el que me
ha enviado, y yo lo conozco porque vengo de él». [30] Los judíos hubieran
querido llevarlo preso, pero nadie le puso las manos encima porque todavía no
había llegado su hora. [31] De todos modos, muchos del pueblo creyeron en él
y decían: «Cuando venga el Mesías, ¿hará más señales milagrosas que este
hombre?» [32] Los fariseos se enteraron de los comentarios que hacía la gente
sobre Jesús y, de acuerdo con los jefes de los sacerdotes, enviaron guardias
del Templo para detenerlo. [33] Entonces Jesús dijo: «Todavía estaré con
ustedes un poco más de tiempo, y después me iré al que me ha enviado. [34]
Ustedes me buscarán, pero no me encontrarán, porque ustedes no pueden venir
donde yo estoy». [35] Los judíos se preguntaban: «¿Adónde
piensa ir éste para que no lo podamos encontrar? ¿Querrá tal vez visitar a
los judíos dispersos entre los griegos y enseñar a los mismos griegos? [36]
¿Qué quiere decir con eso de: "Me buscarán y no me encontrarán", y
"Ustedes no pueden venir donde yo estoy"?» [37] El último día de la fiesta, que era el más
solemne, Jesús, puesto en pie, exclamó con voz potente: «El que tenga sed,
que venga a mí, y que beba [38] el que cree en mí. Lo dice DISCUSIÓN SOBRE EL ORIGEN DE CRISTO [40] Muchos de los que escucharon esto decían:
«Realmente este hombre es el Profeta». [41] Unos afirmaban: «Este es el
Mesías». Pero otros decían: «¿Cómo va a venir el
Mesías de Galilea? [42] ¿No dice [1] Jesús, por su parte, se fue al monte de los Olivos.
[2] Al amanecer estaba ya nuevamente en el Templo; toda la gente acudía a él,
y él se sentaba para enseñarles. [3] Los maestros de YO SOY [12] Jesús les habló de nuevo diciendo: «Yo soy la luz
del mundo. El que me sigue no caminará en tinieblas, sino que tendrá luz y
vida». [13] Los fariseos replicaron: «Estás hablando en tu propio favor; tu
testimonio no vale nada». [14] Jesús les contestó: «Aunque yo hable en mi
favor, mi declaración vale, porque yo sé de dónde he venido y adónde voy.
Ustedes son los que no saben de dónde he venido ni adónde voy. [15] Ustedes
juzgan con criterios humanos; yo no juzgo a nadie. [16] Y si yo tuviera que
juzgar, mi juicio sería válido, porque yo no estoy solo; el Padre que me
envió está conmigo. [17] En LOS HIJOS DE [30] Esto es lo que decía Jesús, y muchos creyeron en
él. [31] Jesús decía a los judíos que habían creído en él:
«Ustedes serán verdaderos discípulos míos si perseveran en mi palabra; [32]
entonces conocerán la verdad, y la verdad los hará libres». [33] Le
respondieron: «Somos descendientes de Abraham y nunca hemos sido esclavos de
nadie. ¿Por qué dices: "Ustedes serán libres"?» [34] Jesús les
contestó: «En verdad, en verdad les digo: el que vive en el pecado es esclavo
del pecado. [35] Pero el esclavo no se quedará en la casa para siempre; el
hijo, en cambio, permanece para siempre. [36] Por tanto, si el Hijo los hace
libres, ustedes serán realmente libres. [37] Yo sé que ustedes son
descendientes de Abraham, pero mi palabra no tiene acogida en ustedes, y por
eso tratan de matarme. [38] Yo hablo de lo que he visto junto a mi Padre, y
ustedes hacen lo que han aprendido de su padre». [39] Ellos le cortaron la
palabra: «Nuestro padre es Abraham». Entonces Jesús les dijo: «Si ustedes
fueran hijos de Abraham, actuarían como Abraham. [40] Pero viene alguien que
les dice la verdad, la verdad que he aprendido de Dios, y ustedes quieren
matarme. Esta no es la manera de actuar de Abraham. [41] Ustedes actúan como
hizo el padre de ustedes». Los judíos le dijeron: «Nosotros no somos hijos
ilegítimos, no tenemos más que un solo padre: Dios». [42] Jesús les replicó:
«Si Dios fuera su Padre, ustedes me amarían a mí, porque yo he salido de Dios
para venir aquí. No he venido por iniciativa propia, sino que él mismo me ha
enviado. [43] ¿Por qué no entienden mi lenguaje? Porque no pueden acoger mi
mensaje. [44] Ustedes tienen por padre al diablo y quieren realizar los malos
deseos de su padre. Ha sido un asesino desde el principio, porque la verdad
no está en él, y no se ha mantenido en la verdad. Lo que le ocurre decir es
mentira, porque es un mentiroso y padre de toda mentira. [45] Por eso ustedes
no me creen cuando les digo la verdad. [46] ¿Quién de ustedes encontrará falsedad
en mí? Y si les digo la verdad, ¿por qué no me creen? [47] El que es de Dios
escucha las palabras de Dios; ustedes no las escuchan porque no son de Dios».
[48] Los judíos le replicaron: «Tenemos razón en decir que eres un samaritano
y que estás poseído por un demonio». [49] Jesús les dijo: «Yo no tengo un
demonio, pero ustedes me deshonran a mí porque honro a mi Padre. [50] Yo no
tengo por qué defender mi honor, hay otro que se preocupa por mí y hará
justicia. [51] En verdad les digo: El que guarda mi palabra no probará la
muerte jamás». [52] Los judíos replicaron: «Ahora sabemos que eres víctima de
un mal espíritu. Abraham murió y también los profetas, ¿y tú dices:
"Quien guarda mi palabra jamás probará la muerte"? [53] ¿Eres tú
más grande que nuestro padre Abraham, que murió, lo mismo que murieron los
Profetas? ¿Quién te crees?» [54] Jesús les contestó: «Si yo me doy gloria a
mí mismo, mi gloria no vale nada; es el Padre quien me da gloria, el mismo
que ustedes llaman «nuestro Dios». [55] Ustedes no lo conocen, yo sí lo
conozco, y si dijera que no lo conozco, sería un mentiroso como ustedes. Pero
yo lo conozco y guardo su palabra. [56] En cuanto a Abraham, padre de
ustedes, se alegró pensando ver mi día. Lo vio y se regocijó.». [57] Entonces
los judíos le dijeron: «¿Aún no tienes cincuenta
años y has visto a Abraham?» [58] Contestó Jesús: «En verdad les digo que
antes que Abraham existiera, Yo soy». [59] Entonces tomaron piedras para
lanzárselas, pero Jesús se ocultó y salió del Templo. JESÚS SANA A UN CIEGO DE NACIMIENTO [1] Al pasar, Jesús vio a un hombre que era ciego de
nacimiento. [2] Sus discípulos le preguntaron: «Maestro, ¿quién ha pecado
para que esté ciego: él o sus padres?» [3] Jesús respondió: «Esta cosa no es
por haber pecado él o sus padres, sino para que unas obras de Dios se hagan
en él, y en forma clarísima. [4] Mientras es de día tenemos que hacer la obra
del que me ha enviado; porque vendrá la noche, cuando nadie puede trabajar.
[5] Mientras estoy en el mundo, soy la luz del mundo». [6] Dicho esto, hizo
un poco de lodo con tierra y saliva, untó con él los ojos del ciego [7] y le
dijo: «Vete y lávate en la piscina de Siloé (que quiere decir el Enviado)».
El ciego fue, se lavó y, cuando volvió, veía claramente. [8] Sus vecinos y
los que lo habían visto pidiendo limosna, decían: «¿No
es éste el que se sentaba aquí y pedía limosna?» [9] Unos decían: «Es él».
Otros, en cambio: «No, es uno que se le parece». [10] Pero él afirmaba: «Sí,
soy yo». Le preguntaron: «¿Cómo es que ahora puedes
ver?» [11] Contestó: «Ese hombre al que llaman Jesús hizo barro, me lo aplicó
a los ojos y me dijo que fuera a lavarme a la piscina de Siloé. Fui, me lavé
y veo». [12] Le preguntaron: «¿Dónde está él?»
Contestó: «No lo sé». [13] La gente llevó ante los fariseos al que había sido
ciego. [14] Pero coincidió que ese día en que Jesús hizo lodo y abrió los
ojos al ciego, era día de descanso. [15] Y como nuevamente los fariseos
preguntaban al hombre cómo había recobrado la vista, él contestó: «Me puso
barro en los ojos, me lavé y veo». [16] Algunos fariseos, pues, dijeron: «Ese
hombre, que trabaja en día sábado, no puede venir de Dios». Pero otros
decían: «¿Puede ser un pecador el que realiza tales
milagros?» Y estaban divididos. [17] Entonces hablaron de nuevo al ciego:
«Ese te ha abierto los ojos, ¿qué piensas tú de él?» El contestó: «Que es un
profeta». [18] Los judíos no quisieron creer que siendo ciego había recobrado
la vista, hasta que no llamaran a sus padres. [19] Y les preguntaron: «¿Es éste su hijo? ¿Y ustedes dicen que nació ciego? ¿Y
cómo es que ahora ve?» [20] Los padres respondieron: «Sabemos que es nuestro
hijo y que nació ciego. [21] Pero cómo es que ahora ve, no lo sabemos, y
quién le abrió los ojos, tampoco. Pregúntenle a él, que es adulto y puede
responder de sí mismo». [22] Los padres contestaron así por miedo a los
judíos, pues éstos habían decidido expulsar de sus comunidades a los que
reconocieran a Jesús como el Mesías. [23] Por eso dijeron: «Es mayor de edad,
pregúntenle a él». [24] De nuevo los fariseos volvieron a llamar al hombre
que había sido ciego y le dijeron: «Confiesa la verdad; nosotros sabemos que
ese hombre que te sanó es un pecador». [25] El respondió: «Yo no sé si es un
pecador, lo que sé es que yo era ciego y ahora veo». [26] Le preguntaron: «¿Qué te hizo? ¿Cómo te abrió los ojos?» [27] El les dijo:
«Ya se lo he dicho y no me han escuchado. ¿Para qué quieren oírlo otra vez?
¿También ustedes quieren hacerse discípulos suyos?» [28] Entonces comenzaron
a insultarlo. «Tú serás discípulo suyo. Nosotros somos discípulos de Moisés.
[29] Sabemos que a Moisés le habló Dios, pero ése no sabemos ni siquiera de
dónde es». [30] El hombre contestó: «Esto es lo extraño: él me ha abierto los
ojos y ustedes no entienden de dónde viene. [31] Es sabido que Dios no
escucha a los pecadores, pero al que honra a Dios y cumple su voluntad, Dios
lo escucha. [32] Jamás se ha oído decir que alguien haya abierto los ojos de
un ciego de nacimiento. [33] Si éste no viniera de Dios, no podría hacer nada».
[34] Le contestaron ellos: «No eres más que pecado desde tu nacimiento, ¿y
pretendes darnos lecciones a nosotros?» Y lo expulsaron. [35] Jesús se enteró
de que lo habían expulsado. Cuando lo encontró le dijo: «¿Tú
crees en el Hijo del Hombre?» [36] Le contestó: «¿Y
quién es, Señor, para que crea en él?» [37] Jesús le dijo: «Tú lo has visto,
y es el que está hablando contigo». [38] El entonces dijo: «Creo, Señor». Y
se arrodilló ante él. [39] Jesús añadió: «He venido a este mundo para llevar
a cabo un juicio: los que no ven, verán, y los que ven, se volverán ciegos».
[40] Al oír esto, algunos fariseos que estaban allí con él le dijeron: «¿Así que también nosotros somos ciegos?» [41] Jesús les
contestó: «Si fueran ciegos, no tendrían pecado. Pero ustedes dicen:
"Vemos", y esa es la prueba de su pecado.» YO SOY EL BUEN PASTOR [1] «En verdad les digo: El que no entra por la puerta
en el corral de las ovejas, sino que salta por algún otro lado, ése es un
ladrón y un salteador. [2] El que entra por la puerta es el pastor de las
ovejas. [3] El cuidador le abre y las ovejas escuchan su voz; llama por su
nombre a cada una de sus ovejas y las saca fuera. [4] Cuando ha sacado todas
sus ovejas, empieza a caminar delante de ellas, y las ovejas lo siguen porque
conocen su voz. [5] A otro no lo seguirían, sino que huirían de él, porque no
conocen la voz de los extraños». [6] Jesús usó esta comparación, pero ellos
no comprendieron lo que les quería decir. [7] Jesús, pues, tomó de nuevo la
palabra: En verdad les digo que yo soy la puerta de las ovejas. [8] Todos los
que han venido eran ladrones y malhechores, y las ovejas no les hicieron
caso. [9] Yo soy la puerta: el que entre por mí estará a salvo; entrará y
saldrá y encontrará alimento. [10] El ladrón sólo viene a robar, matar y
destruir, mientras que yo he venido para que tengan vida y la tengan en
plenitud. [11] Yo soy el Buen Pastor. El buen pastor da su vida por las
ovejas. [12] No así el asalariado, que no es el pastor ni las ovejas son
suyas. Cuando ve venir al lobo, huye abandonando las ovejas, y el lobo las
agarra y las dispersa. [13] A él sólo le interesa su salario y no le importan
nada las ovejas. [14] Yo soy el Buen Pastor y conozco los míos como los míos
me conocen a mí, [15] lo mismo que el Padre me conoce a mí y yo conozco al
Padre. Y yo doy mi vida por las ovejas. [16] Tengo otras ovejas que no son de
este corral. A esas también las llevaré; escucharán mi voz, y habrá un solo
rebaño con un solo pastor. [17] El Padre me ama porque yo doy mi vida para
retomarla de nuevo. [18] Nadie me la quita, sino que yo mismo la entrego. En
mis manos está el entregarla y el recobrarla: éste es el mandato que recibí
de mi Padre». [19] Nuevamente se dividieron los judíos a causa de estas
palabras. [20] Algunos decían: «Es víctima de un espíritu malo y habla
locuras; ¿para qué escucharlo?» [21] Pero otros decían: «Un endemoniado no
habla de esta manera. ¿Puede acaso un demonio abrir los ojos de los ciegos?» JESÚS SE DECLARA HIJO DE DIOS [22] Era invierno y en Jerusalén se celebraba la fiesta
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