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CAMINANDO CON JESUS PEDRO SERGIO ANTONIO DONOSO BRANT NUEVO TESTAMENTO EVANGELIO SEGUN SAN LUCAS
CAPÍTULO 1 [1] Algunas personas han hecho empeño por ordenar una
narración de los acontecimientos que han ocurrido entre nosotros, [2] tal
como nos han sido transmitidos por aquellos que fueron los primeros testigos
y que después se hicieron servidores de UN ÁNGEL ANUNCIA EL NACIMIENTO DE JUAN BAUTISTA [5] Siendo Herodes rey de Judea, vivía allí un
sacerdote llamado Zacarías. Pertenecía al grupo sacerdotal de Abías, y su esposa, llamada Isabel, era también
descendiente de una familia de sacerdotes. [6] Ambos eran personas muy
cumplidoras a los ojos de Dios y se esmeraban en practicar todos los
mandamientos y leyes del Señor. [7] No tenían hijos, pues Isabel no podía
tener familia, y los dos eran ya de edad avanzada. [8] Mientras Zacarías y
los otros sacerdotes de su grupo estaban oficiando ante el Señor, [9] le tocó
a él en suerte, según las costumbres de los sacerdotes, entrar en el
Santuario del Señor para ofrecer el incienso. [10] Cuando llegó la hora del
incienso, toda la gente estaba orando afuera, en los patios. [11] En esto se
le apareció un ángel del Señor, de pie, al lado derecho del altar del
incienso. [12] Zacarías se turbó al verlo y el temor se apoderó de él. [13]
Pero el ángel le dijo: «No temas, Zacarías, porque tu oración ha sido
escuchada. Tu esposa Isabel te dará un hijo y le pondrás por nombre Juan.
[14] Será para ti un gozo muy grande, y muchos más se alegrarán con su
nacimiento, [15] porque este hijo tuyo será un gran servidor del Señor. No
beberá vino ni licor, y estará lleno del Espíritu Santo ya desde el seno de
su madre. [16] Por medio de él muchos hijos de Israel volverán al Señor, su
Dios. [17] El mismo abrirá el camino al Señor con el espíritu y el poder del
profeta Elías, reconciliará a padres e hijos y llevará a los rebeldes a la
sabiduría de los buenos. De este modo preparará al Señor un pueblo bien
dispuesto». [18] Zacarías dijo al ángel: «¿Quién me
lo puede asegurar? Yo ya soy viejo y mi esposa también». [19] El ángel
contestó: «Yo soy Gabriel, el que tiene entrada al consejo de Dios, y he sido
enviado para hablar contigo y comunicarte esta buena noticia. [20] Mis
palabras se cumplirán a su debido tiempo, pero tú, por no haber creído, te
vas a quedar mudo y no podrás hablar hasta el día en que todo esto ocurra».
[21] El pueblo estaba esperando a Zacarías, y se extrañaban de que se
demorase tanto en el Santuario. [22] Cuando finalmente salió, no podía
hablarles, y comprendieron que había tenido alguna visión en el Santuario.
Intentaba comunicarse por señas, pues permanecía mudo. [23] Al terminar el
tiempo de su servicio, Zacarías regresó a su casa, [24] y poco después su
esposa Isabel quedó embarazada. Durante cinco meses permaneció retirada,
pensando: [25] «¡Qué no ha hecho por mí el Señor! Es
ahora cuando quiso liberarme de mi vergüenza». [26] Al sexto mes el ángel Gabriel fue enviado por Dios
a una ciudad de Galilea, llamada Nazaret, [27] a una joven virgen que estaba
comprometida en matrimonio con un hombre llamado José, de la familia de
David. La virgen se llamaba María. [28] Llegó el ángel hasta ella y le dijo:
«Alégrate, llena de gracia, el Señor está contigo». [29] María quedó muy
conmovida al oír estas palabras, y se preguntaba qué significaría tal saludo.
[30] Pero el ángel le dijo: «No temas, María, porque has encontrado el favor
de Dios. [31] Concebirás en tu seno y darás a luz un hijo, al que pondrás el
nombre de Jesús. [32] Será grande y justamente será llamado Hijo del
Altísimo. El Señor Dios le dará el trono de su antepasado David; [33]
gobernará por siempre al pueblo de Jacob y su reinado no terminará jamás».
[34] María entonces dijo al ángel: «¿Cómo puede ser
eso, si yo soy virgen?» [35] Contestó el ángel: «El Espíritu Santo descenderá
sobre ti y el poder del Altísimo te cubrirá con su sombra; por eso el niño
santo que nacerá de ti será llamado Hijo de Dios. [36] También tu parienta
Isabel está esperando un hijo en su vejez, y aunque no podía tener familia,
se encuentra ya en el sexto mes del embarazo. [37] Para Dios, nada es
imposible». [38] Dijo María: «Yo soy la servidora del Señor, hágase en mí tal
como has dicho». Después la dejó el ángel. MARÍA VISITA A SU PRIMA ISABEL [39] Por entonces María tomó su decisión y se fue, sin
más demora, a una ciudad ubicada en los cerros de Judá. [40] Entró en la casa
de Zacarías y saludó a Isabel. [41] Al oír Isabel su saludo, el niño dio
saltos en su vientre. Isabel se llenó del Espíritu Santo [42] y exclamó en
alta voz: «¡Bendita tú eres entre las mujeres y
bendito el fruto de tu vientre! [43] ¿Cómo he merecido yo que venga a mí la
madre de mi Señor? [44] Apenas llegó tu saludo a mis oídos, el niño saltó de
alegría en mis entrañas. [45] ¡Dichosa tú por haber creído que se cumplirían
las promesas del Señor!» [46] María dijo entonces: Proclama mi alma la grandeza del Señor, [47] y mi espíritu se alegra en Dios mi Salvador, [48] porque se fijó en su humilde esclava, y desde ahora todas las generaciones
me dirán feliz. [49] El Poderoso ha hecho grandes cosas por mí: ¡Santo es su Nombre! [50] Muestra su misericordia siglo tras siglo a todos aquellos que viven en su
presencia. [51] Dio un golpe con todo su poder: deshizo a los soberbios y sus planes. [52] Derribó a los poderosos de sus tronos y exaltó a los humildes. [53] Colmó de bienes a los hambrientos, y despidió a los ricos con las manos
vacías. [54] Socorrió a Israel, su siervo, se acordó de su misericordia, [55] como lo había prometido a nuestros padres, a Abraham y a sus descendientes para
siempre. [56] María se quedó unos tres meses con Isabel, y después
volvió a su casa. PRIMEROS PASOS DE JUAN BAUTISTA [57] Cuando le llegó a Isabel su día, dio a luz un
hijo, [58] y sus vecinos y parientes se alegraron con ella al enterarse de la
misericordia tan grande que el Señor le había mostrado. [59] Al octavo día
vinieron para cumplir con el niño el rito de la circuncisión, [60] y querían
ponerle por nombre Zacarías, por llamarse así su padre. Pero la madre dijo:
«No, se llamará Juan». [61] Los otros dijeron: «Pero si no hay nadie en tu
familia que se llame así». [62] Preguntaron por señas al padre cómo quería
que lo llamasen. [63] Zacarías pidió una tablilla y escribió: «Su nombre es
Juan», por lo que todos se quedaron extrañados. [64] En ese mismo instante se
le soltó la lengua y comenzó a alabar a Dios. [65] Un santo temor se apoderó
del vecindario, y estos acontecimientos se comentaban en toda la región
montañosa de Judea. [66] La gente que lo oía quedaba pensativa y decía: «¿Qué va a ser este niño?» Porque comprendían que la mano
del Señor estaba con él. [67] Su padre, Zacarías, lleno del Espíritu Santo,
empezó a recitar estos versos proféticos: [68] Bendito sea el Señor, Dios de Israel, porque ha visitado y redimido a su
pueblo. [69] Ahora sale triunfante nuestra salvación en la casa de David, su siervo, [70] como lo había dicho desde tiempos antiguos por boca de sus santos profetas: [71] que nos salvaría de nuestros enemigos y de la mano de todos los que nos odian; [72] que nos mostraría el amor que tiene a nuestros
padres y cómo recuerda su santa alianza. [73] Pues juró a nuestro padre Abraham [74] que nos libraría de nuestros enemigos para que lo sirvamos sin temor, [75] justos y santos, todos los días de nuestra vida. [76] Y tú, niño, serás llamado Profeta del Altísimo, porque irás delante del Señor para prepararle sus
caminos, [77] para decir a su pueblo lo que será su salvación. Pues van a recibir el perdón de sus pecados, [78] obra de la misericordia de nuestro Dios, cuando venga de lo alto para visitarnos cual sol naciente, [79] iluminando a los que viven en tinieblas, sentados en la sombra de la muerte, y guiar nuestros pasos por un
sendero de paz. [80] A medida que el niño iba creciendo, le vino la
fuerza del Espíritu. Vivió en lugares apartados hasta el día en que se manifestó
a Israel. JESÚS NACE EN BELÉN [1] Por aquellos días salió un decreto del emperador
Augusto, por el que se debía proceder a un censo en todo el imperio. [2] Este
fue el primer censo, siendo Quirino gobernador de Siria. [3] Todos, pues,
empezaron a moverse para ser registrados cada uno en su ciudad natal. [4]
José también, que estaba en Galilea, en la ciudad de Nazaret, subió a Judea,
a la ciudad de David, llamada Belén, porque era descendiente de David; [5]
allí se inscribió con María, su esposa, que estaba embarazada. [6] Mientras
estaban en Belén, llegó para María el momento del parto, [7] y dio a luz a su
hijo primogénito. Lo envolvió en pañales y lo acostó en un pesebre, pues no
había lugar para ellos en la sala principal de la casa. [8] En la región había pastores que vivían en el campo
y que por la noche se turnaban para cuidar sus rebaños. [9] Se les apareció
un ángel del Señor, y la gloria del Señor los rodeó de claridad. Y quedaron
muy asustados. [10] Pero el ángel les dijo: «No tengan miedo, pues yo vengo a
comunicarles una buena noticia, que será motivo de mucha alegría para todo el
pueblo. [11] Hoy, en la ciudad de David, ha nacido para ustedes un Salvador,
que es el Mesías y el Señor. [12] Miren cómo lo reconocerán: hallarán a un
niño recién nacido, envuelto en pañales y acostado en un pesebre». [13] De
pronto una multitud de seres celestiales aparecieron junto al ángel, y
alababan a Dios con estas palabras: [14] «Gloria a Dios en lo más alto del
cielo y en la tierra paz a los hombres: ésta es la hora de su gracia». [15]
Después de que los ángeles se volvieron al cielo, los pastores se dijeron
unos a otros: «Vayamos, pues, hasta Belén y veamos lo que ha sucedido y que
el Señor nos ha dado a conocer». [16] Fueron apresuradamente y hallaron a
María y a José con el recién nacido acostado en el pesebre. [17] Entonces
contaron lo que los ángeles les habían dicho del niño. [18] Todos los que
escucharon a los pastores quedaron maravillados de lo que decían. [19] María,
por su parte, guardaba todos estos acontecimientos y los volvía a meditar en
su interior. [20] Después los pastores regresaron alabando y glorificando a
Dios por todo lo que habían visto y oído, tal como los ángeles se lo habían
anunciado. [21] Cumplidos los ocho días, circuncidaron al niño y le pusieron
el nombre de Jesús, nombre que había indicado el ángel antes de que su madre
quedara embarazada. JESÚS ES PRESENTADO EN EL TEMPLO [22] Asimismo, cuando llegó el día en que, de acuerdo a
[29] Ahora, Señor, ya puedes dejar que tu servidor muera en paz como le
has dicho. [30] Porque mis ojos han visto a tu salvador, [31] que has preparado y ofreces a todos los pueblos, [32] luz que se revelará a las naciones y gloria de tu pueblo, Israel. [33] Su padre y su madre estaban maravillados por todo
lo que se decía del niño. [34] Simeón los bendijo y dijo a María, su madre:
«Mira, este niño traerá a la gente de Israel ya sea caída o resurrección.
Será una señal impugnada en cuanto se manifieste, [35] mientras a ti misma
una espada te atravesará el alma. Por este medio, sin embargo, saldrán a la
luz los pensamientos íntimos de los hombres». [36] Había también una
profetisa muy anciana, llamada Ana, hija de Fanuel
de la tribu de Aser. No había conocido a otro
hombre que a su primer marido, muerto después de siete años de matrimonio.
[37] Permaneció viuda, y tenía ya ochenta y cuatro años. No se apartaba del
Templo, sirviendo día y noche al Señor con ayunos y oraciones. [38] Llegó en
aquel momento y también comenzó a alabar a Dios hablando del niño a todos los
que esperaban la liberación de Jerusalén. [39] Una vez que cumplieron todo lo
que ordenaba PRIMERA INICIATIVA DEL JOVEN JESÚS [41] Los padres de Jesús iban todos los años a
Jerusalén para la fiesta de JUAN BAUTISTA PREPARA EL CAMINO AL SEÑOR [1] Era el año quince del reinado del emperador
Tiberio. Poncio Pilato era gobernador de Judea, Herodes gobernaba en Galilea,
su hermano Filipo en Iturea y Traconítide,
y Lisanias en Abilene;
[2] Anás y Caifás eran los jefes de los sacerdotes.
En este tiempo la palabra de Dios le fue dirigida a Juan, hijo de Zacarías,
que estaba en el desierto. [3] Juan empezó a recorrer toda la región del río
Jordán, predicando bautismo y conversión, para obtener el perdón de los
pecados. [4] Esto ya estaba escrito en el libro del profeta Isaías: Oigan ese
grito en el desierto: Preparen el camino del Señor, enderecen sus senderos.
[5] Las quebradas serán rellenadas y los montes y cerros allanados. Lo
torcido será enderezado, y serán suavizadas las asperezas de los caminos. [6]
Todo mortal entonces verá la salvación de Dios. [7] Juan decía a las
muchedumbres que venían a él de todas partes para que las bautizara: «Raza de
víboras, ¿cómo van a pensar que escaparán del castigo que se acerca? [8]
Produzcan los frutos de una sincera conversión, pues no es el momento de
decir: "Nosotros somos hijos de Abraham". Yo les aseguro que Dios
puede sacar hijos de Abraham también de estas piedras. [9] El hacha ya está
puesta a la raíz de los árboles, y todo árbol que no dé buen fruto será
cortado y arrojado al fuego». [10] La gente le preguntaba: «¿Qué
debemos hacer?» [11] El les contestaba: «El que tenga dos capas, que dé una
al que no tiene, y el que tenga de comer, haga lo mismo». [12] Vinieron
también cobradores de impuestos para que Juan los bautizara. Le dijeron:
«Maestro, ¿qué tenemos que hacer?» [13] Respondió Juan: «No cobren más de lo
establecido». [14] A su vez, unos soldados le preguntaron: «Y nosotros, ¿qué
debemos hacer?» Juan les contestó: «No abusen de la gente, no hagan denuncias
falsas y conténtense con su sueldo». [15] El pueblo estaba en la duda, y
todos se preguntaban interiormente si Juan no sería el Mesías, [16] por lo
que Juan hizo a todos esta declaración: «Yo les bautizo con agua, pero está
para llegar uno con más poder que yo, y yo no soy digno de desatar las
correas de su sandalia. El los bautizará con el Espíritu Santo y el fuego.
[17] Tiene la pala en sus manos para separar el trigo de la paja. Guardará el
trigo en sus graneros, mientras que la paja la quemará en el fuego que no se
apaga». [18] Con estas instrucciones y muchas otras, Juan anunciaba JESÚS ES BAUTIZADO POR JUAN [21] Un día fue bautizado también Jesús entre el pueblo
que venía a recibir el bautismo. Y mientras estaba en oración, se abrieron
los cielos: [22] el Espíritu Santo bajó sobre él y se manifestó exteriormente
en forma de paloma, y del cielo vino una voz: «Tú eres mi Hijo, hoy te he
dado a la vida». [23] Jesús ya había pasado los treinta años de edad
cuando comenzó. Para todos era el hijo de José, hijo de Helí,
[24] hijo de Matat, hijo de Leví, hijo de Melquí, hijo de Janaí, hijo de
José, [25] hijo de Matatías, hijo de Amós, hijo de Nahúm,
hijo de Eslí, hijo de Nagai,
[26] hijo de Maat, hijo de Matatías, hijo de Semeí, hijo de José, hijo de Judá, [27] hijo de Joanán, hijo de Resí, hijo de Zorobabel, hijo de Salatiel,
hijo de Nerib, [28] hijo de Melquí,
hijo de Adí, hijo de Koram,
hijo de Elmada, hijo de Er,
[29] hijo de Jesús, hijo de Eliecer, hijo de Jarim, hijo de Matat, hijo de
Leví, [30] hijo de Simeón, hijo de Judá, hijo de José, hijo de Jonán, hijo de Eliaquim, [31]
hijo de Milea, hijo de Mená,
hijo de Matatá, hijo de Natán, [32] hijo de David,
hijo de Jesé, hijo de Obed, hijo de Booz, hijo de Salomón, hijo de Najasón,
[33] hijo de Aminadab, hijo de Admín,
hijo de Arní, hijo de Esrón,
hijo de Farés, hijo de Judá, [34] hijo de Jacob,
hijo de Isaac, hijo de Abraham, hijo de Tara, hijo de Najor,
[35] hijo de Seruc, hijo de Ragau,
hijo de Falec, hijo de Eber,
hijo de Sala, [36] hijo de Cainam, hijo de Arfaxad, hijo de Sem, hijo de
Noé, hijo de Lamec, [37] hijo de Matusalén, hijo de
Henoc, hijo de Jared, hijo de Malaleel,
hijo de Cainam, [38] hijo de Enós,
hijo de Set, hijo de Adán, que venía de Dios. TENTACIÓN DE JESÚS EN EL DESIERTO [1] Jesús volvió de las orillas del Jordán lleno del
Espíritu Santo y se dejó guiar por el Espíritu a través del desierto, [2] donde
fue tentado por el demonio durante cuarenta días. En todo ese tiempo no comió
nada, y al final sintió hambre. [3] Entonces el diablo le dijo: «Si eres Hijo
de Dios, manda a esta piedra que se convierta en pan». [4] Jesús le contestó:
«Dice EN NAZARET JESÚS PROCLAMA SU MISIÓN [14] Jesús volvió a Galilea con el poder del Espíritu,
y su fama corrió por toda aquella región. [15] Enseñaba en las sinagogas de
los judíos y todos lo alababan. [16] Llegó a Nazaret, donde se había criado,
y el sábado fue a la sinagoga, como era su costumbre. Se puso de pie para
hacer la lectura, [17] y le pasaron el libro del profeta Isaías. Jesús
desenrolló el libro y encontró el pasaje donde estaba escrito: [18] El
Espíritu del Señor está sobre mí. El me ha ungido para llevar buenas nuevas a
los pobres, para anunciar la libertad a los cautivos, y a los ciegos que
pronto van a ver, para despedir libres a los oprimidos [19] y proclamar el
año de gracia del Señor. [20] Jesús entonces enrolló el libro, lo devolvió al
ayudante y se sentó, mientras todos los presentes tenían los ojos fijos en
él. [21] Y empezó a decirles: «Hoy les llegan noticias de cómo se cumplen
estas palabras proféticas». [22] Todos lo aprobaban y se quedaban
maravillados, mientras esta proclamación de la gracia de Dios salía de sus
labios. Y decían: «¡Pensar que es el hijo de José!»
[23] Jesús les dijo: «Seguramente ustedes me van a recordar el dicho: Médico,
cúrate a ti mismo. Realiza también aquí, en tu patria, lo que nos cuentan que
hiciste en Cafarnaún». [24] Y Jesús añadió: «Ningún profeta es bien recibido en
su patria. [25] En verdad les digo que había muchas viudas en Israel en
tiempos de Elías, cuando el cielo retuvo la lluvia durante tres años y medio
y un gran hambre asoló a todo el país. [26] Sin embargo Elías no fue enviado
a ninguna de ellas, sino a una mujer de Sarepta, en tierras de Sidón. [27]
También había muchos leprosos en Israel en tiempos del profeta Eliseo, y
ninguno de ellos fue curado, sino Naamán, el sirio». [28] Todos en la
sinagoga se indignaron al escuchar estas palabras; [29] se levantaron y lo
empujaron fuera del pueblo, llevándolo hacia un barranco del cerro sobre el
que está construido el pueblo, con intención de arrojarlo desde allí. [30]
Pero Jesús pasó por medio de ellos y siguió su camino. CON EL PODER DEL ESPÍRITU [31] Jesús bajó a Cafarnaún, pueblo de Galilea.
Enseñaba a la gente en las reuniones de los sábados, [32] y su enseñanza
hacía gran impacto sobre la gente, porque hablaba con autoridad. [33] Se
hallaba en la sinagoga un hombre endemoniado, y empezó a gritar: [34] «¿Qué quieres de nosotros, Jesús de Nazaret? ¿Has venido a
destruirnos? Yo sé quién eres: Tú eres el Santo de Dios». [35] Jesús amenazó
al demonio, ordenándole: «Cállate y sal de ese hombre». El demonio lo arrojó
al suelo, pero luego salió de él sin hacerle daño alguno. [36] La gente quedó
aterrada y se decían unos a otros: «¿Qué significa
esto? ¿Con qué autoridad y poder manda a los demonios? ¡Y miren cómo se van!»
[37] Con esto, la fama de Jesús se propagaba por todos los alrededores. [38]
Al salir Jesús de la sinagoga fue a casa de Simón. La suegra de Simón estaba
con fiebre muy alta, y le rogaron por ella. [39] Jesús se inclinó hacia ella,
dio una orden a la fiebre y ésta desapareció. Ella se levantó al instante y
se puso a atenderlos. [40] Al ponerse el sol, todos los que tenían enfermos
de diversos males se los llevaban a Jesús y él los sanaba imponiéndoles las
manos a cada uno. [41] También salieron demonios de varias personas; ellos
gritaban: «Tú eres el Hijo de Dios», pero él los amenazaba y no les permitía decir
que él era el Mesías, porque lo sabían. [42] Jesús salió al amanecer y se fue
a un lugar solitario. La gente lo andaba buscando, y los que pudieron dar con
él le insistían para que no se fuera de su pueblo. [43] Pero Jesús les dijo:
«Yo tengo que anunciar también a las otras ciudades [1] Cierto día la gente se agolpaba a su alrededor para
escuchar la palabra de Dios, y él estaba de pie a la orilla del lago de
Genesaret. [2] En eso vio dos barcas amarradas al borde del lago; los
pescadores habían bajado y lavaban las redes. [3] Subió a una de las barcas,
que era la de Simón, y le pidió que se alejara un poco de la orilla; luego se
sentó y empezó a enseñar a la multitud desde la barca. [4] Cuando terminó de
hablar, dijo a Simón: «Lleva la barca mar adentro y echen las redes para
pescar». [5] Simón respondió: «Maestro, por más que lo hicimos durante toda
la noche, no pescamos nada; pero, si tú lo dices, echaré las redes». [6] Así
lo hicieron, y pescaron tal cantidad de peces, que las redes casi se rompían.
[7] Entonces hicieron señas a sus compañeros que estaban en la otra barca
para que vinieran a ayudarles. Vinieron y llenaron tanto las dos barcas, que
por poco se hundían. [8] Al ver esto, Simón Pedro se arrodilló ante Jesús,
diciendo: «Señor, apártate de mí, que soy un hombre pecador». [9] Pues tanto
él como sus ayudantes se habían quedado sin palabras por la pesca que
acababan de hacer. [10] Lo mismo les pasaba a Santiago y a Juan, hijos de
Zebedeo, compañeros de Simón. Jesús dijo a Simón: «No temas; en adelante
serás pescador de hombres». [11] En seguida llevaron sus barcas a tierra, lo
dejaron todo y siguieron a Jesús. EL LEPROSO SANADO [12] Estando Jesús en uno de esos pueblos, se presentó
un hombre cubierto de lepra. Apenas vio a Jesús, se postró con la cara en
tierra y le suplicó: «Señor, si tú quieres, puedes limpiarme». [13] Jesús
extendió la mano y lo tocó, diciendo: «Lo quiero, queda limpio». [14] Y al
instante le desapareció la lepra. Jesús le dio aviso que no lo dijera a
nadie. «Vete, le dijo, preséntate al sacerdote y haz la ofrenda por tu
purificación como ordenó Moisés, pues tienes que hacerles tu declaración».
[15] La fama de Jesús crecía más y más, a tal punto que multitudes acudían
para oírle y ser curados de sus enfermedades. [16] Pero él buscaba siempre
lugares solitarios donde orar. EL PARALÍTICO [17] Un día Jesús estaba enseñando, y había allí entre
los asistentes unos fariseos y maestros de LEVÍ SIGUE A JESÚS. «HE VENIDO PARA LLAMAR A LOS
PECADORES» [27] Al salir, Jesús vio a un cobrador de impuestos,
llamado Leví, que estaba sentado en el puesto donde cobraba. Jesús le dijo:
«Sígueme». [28] Leví se levantó; lo dejó todo y empezó a seguirlo. [29] Leví
le ofreció un gran banquete en su casa, y con ellos se sentaron a la mesa un
buen número de cobradores de impuestos y gente de toda clase. [30] Al ver
esto, los fariseos y los maestros de EL HIJO DEL HOMBRE ES DUEÑO DEL SÁBADO [1] Un sábado, Jesús atravesaba unos sembrados, y sus
discípulos cortaban espigas, las desgranaban en las manos y se comían el
grano. [2] Algunos fariseos les dijeron: «¿Por qué
hacen lo que no está permitido hacer en día sábado?» [3] Jesús les respondió:
«¿Ustedes no han leído lo que hizo David, y con él
sus hombres, un día que tuvieron hambre? [4] Pues entró en JESÚS ELIGE A LOS DOCE [12] En aquellos días se fue a orar a un cerro y pasó
toda la noche en oración con Dios. [13] Al llegar el día llamó a sus
discípulos y escogió a doce de ellos, a los que llamó apóstoles: [14] Simón,
al que le dio el nombre de Pedro, y su hermano Andrés, Santiago, Juan,
Felipe, Bartolomé, [15] Mateo, Tomás, Santiago, hijo de Alfeo, Simón, apodado
Zelote, [16] Judas, hermano de Santiago, y Judas Iscariote, que fue el
traidor. EL DISCURSO DEL MONTE [17] Jesús bajó con ellos y se detuvo en un lugar llano.
Había allí un grupo impresionante de discípulos suyos y una cantidad de gente
procedente de toda Judea y de Jerusalén, y también de la costa de Tiro y de
Sidón. Habían venido para oírlo y para que los sanara de sus enfermedades;
[18] también los atormentados por espíritus malos recibían curación. [19] Por
eso cada cual trataba de tocarlo, porque de él salía una fuerza que los
sanaba a todos. [20] El, entonces, levantó los ojos hacia sus discípulos y
les dijo: [21] «Felices ustedes los pobres, porque de ustedes es el Reino de
Dios. Felices ustedes, los que ahora tienen hambre, porque serán saciados.
Felices ustedes, los que lloran, porque reirán. [22] Felices ustedes, si los hombres los odian, los
expulsan, los insultan y los consideran unos delincuentes a causa del Hijo
del Hombre. [23] Alégrense en ese momento y llénense de gozo, porque les
espera una recompensa grande en el cielo. Recuerden que de esa manera
trataron también a los profetas en tiempos de sus padres. [24] Pero ¡pobres
de ustedes, los ricos, porque tienen ya su consuelo! [25] ¡Pobres de ustedes,
los que ahora están satisfechos, porque después tendrán hambre! ¡Pobres de
ustedes, los que ahora ríen, porque van a llorar de pena! [26] ¡Pobres de
ustedes, cuando todos hablen bien de ustedes, porque de esa misma manera
trataron a los falsos profetas en tiempos de sus antepasados! EL AMOR A LOS ENEMIGOS [27] Yo les digo a ustedes que me escuchan: amen a sus
enemigos, hagan el bien a los que los odian, [28] bendigan a los que los
maldicen, rueguen por los que los maltratan. [29] Al que te golpea en una
mejilla, preséntale también la otra. Al que te arrebata el manto, entrégale
también el vestido. [30] Da al que te pide, y al que te quita lo tuyo, no se
lo reclames. [31] Traten a los demás como quieren que ellos les traten a
ustedes. [32] Porque si ustedes aman a los que los aman, ¿qué mérito tienen?
Hasta los malos aman a los que los aman. [33] Y si hacen bien a los que les
hacen bien, ¿qué gracia tiene? También los pecadores obran así. [34] Y si prestan
algo a los que les pueden retribuir, ¿qué gracia tiene? También los pecadores
prestan a pecadores para que estos correspondan con algo. [35] Amen a sus
enemigos, hagan el bien y presten sin esperar nada a cambio. Entonces la
recompensa de ustedes será grande, y serán hijos del Altísimo, que es bueno
con los ingratos y los pecadores. [36] Sean compasivos como es compasivo el
Padre de ustedes. [37] No juzguen y no serán juzgados; no condenen y no serán
condenados; perdonen y serán perdonados. [38] Den, y se les dará; se les
echará en su delantal una medida colmada, apretada y rebosante. Porque con la
medida que ustedes midan, serán medidos ustedes». [39] Jesús les puso también
esta comparación: «¿Puede un ciego guiar a otro
ciego? Ciertamente caerán ambos en algún hoyo. [40] El discípulo no está por
encima de su maestro, pero si se deja formar, se parecerá a su maestro. [41]
¿Y por qué te fijas en la pelusa que tiene tu hermano en un ojo, si no eres
consciente de la viga que tienes en el tuyo? [42] ¿Cómo puedes decir a tu
hermano: ''Hermano, deja que te saque la pelusa que tienes en el ojo'', si tú
no ves la viga en el tuyo? Hipócrita, saca primero la viga de tu propio ojo
para que veas con claridad, y entonces sacarás la pelusa del ojo de tu
hermano. [43] No hay árbol bueno que dé frutos malos, ni tampoco árbol malo
que dé frutos buenos. [44] Cada árbol se conoce por sus frutos. No se recogen
higos de los espinos ni se sacan uvas de las zarzas. [45] Así, el hombre
bueno saca cosas buenas del tesoro que tiene en su corazón, mientras que el
malo, de su fondo malo saca cosas malas. La boca habla de lo que está lleno
el corazón. [46] ¿Por qué me llaman: ¡Señor!
¡Señor!, y no hacen lo que digo? [47] Les voy a
decir a quién se parece el que viene a mí y escucha mis palabras y las
practica. [48] Se parece a un hombre que construyó una casa; cavó
profundamente y puso los cimientos sobre la roca. Vino una inundación y la
corriente se precipitó sobre la casa, pero no pudo removerla porque estaba
bien construida. [49] Por el contrario, el que escucha, pero no pone en
práctica, se parece a un hombre que construyó su casa sobre tierra, sin
cimientos. La corriente se precipitó sobre ella y en seguida se desmoronó,
siendo grande el desastre de aquella casa. [1] Cuando terminó de enseñar al pueblo con estas
palabras, Jesús entró en Cafarnaún. [2] Había allí un capitán que tenía un
sirviente muy enfermo al que quería mucho, y que estaba a punto de morir. [3]
Habiendo oído hablar de Jesús, le envió algunos judíos importantes para
rogarle que viniera y salvara a su siervo. [4] Llegaron donde Jesús y le
rogaron insistentemente, diciéndole: «Este hombre se merece que le hagas este
favor, [5] pues ama a nuestro pueblo y nos ha construido una sinagoga». [6]
Jesús se puso en camino con ellos. No estaban ya lejos de la casa, cuando el
capitán envió a unos amigos para que le dijeran: «Señor, no te molestes, pues
¿quién soy yo, para que entres bajo mi techo? [7] Por eso ni siquiera me
atreví a ir personalmente donde ti. Basta que tú digas una palabra y mi
sirviente se sanará. [8] Yo mismo, a pesar de que soy un subalterno, tengo
soldados a mis órdenes, y cuando le ordeno a uno: "Vete", va; y si
le digo a otro: "Ven", viene; y si digo a mi sirviente: "Haz
esto", lo hace». [9] Al oír estas palabras, Jesús quedó admirado, y
volviéndose hacia la gente que lo seguía, dijo: «Les aseguro, que ni siquiera
en Israel he hallado una fe tan grande». [10] Y cuando los enviados regresaron
a casa, encontraron al sirviente totalmente restablecido. JESÚS RESUCITA AL HIJO DE UNA VIUDA [11] Jesús se dirigió poco después a un pueblo llamado
Naím, y con él iban sus discípulos y un buen número de personas. [12] Cuando
llegó a la puerta del pueblo, sacaban a enterrar a un muerto: era el hijo
único de su madre, que era viuda, y mucha gente del pueblo la acompañaba.
[13] Al verla, el Señor se compadeció de ella y le dijo: «No llores». [14]
Después se acercó y tocó el féretro. Los que lo llevaban se detuvieron. Dijo
Jesús entonces: «Joven, yo te lo mando, levántate». [15] Se incorporó el
muerto inmediatamente y se puso a hablar. Y Jesús se lo entregó a su madre.
[16] Un santo temor se apoderó de todos y alababan a Dios, diciendo: «Es un
gran profeta el que nos ha llegado. Dios ha visitado a su pueblo». [17] Lo
mismo se rumoreaba de él en todo el país judío y en sus alrededores. JESÚS RESPONDE A LOS ENVIADOS DE JUAN BAUTISTA [18] Los discípulos de Juan lo tenían informado de todo
aquello. Llamó, pues, a dos de sus discípulos [19] y los envió a que
preguntaran al Señor: «¿Eres tú el que ha de venir o
tenemos que esperar a otro?» [20] Los hombres, al llegar donde Jesús,
dijeron: «Juan Bautista nos envía a preguntarte: ¿Eres tú el que ha de venir
o tenemos que esperar a otro?» [21] En ese momento Jesús curó a varias
personas afligidas de enfermedades, de achaques y de espíritus malignos y
devolvió la vista a algunos ciegos. [22] Contestó, pues, a los mensajeros:
«Vuelvan y cuéntenle a Juan lo que han visto y oído: los ciegos ven, los
cojos andan, los leprosos quedan limpios, los sordos oyen, los muertos se
despiertan, y una buena nueva llega a los pobres. [23] Y ¡dichoso aquél para
quien yo no soy un motivo de escándalo!» [24] Los mensajeros se fueron, y
Jesús empezó a hablar de Juan a la gente: «Cuando ustedes salieron al
desierto, ¿qué iban a ver? ¿Una caña agitada por el viento? [25] ¿Qué iban a
ver? ¿Un hombre con ropas finas? Pero los que visten ropas finas y tienen
comida regia están en palacios. [26] Entonces, ¿qué fueron a ver? ¿Un
profeta? Eso sí, y créanme, más que profeta. [27] Este es el hombre de quien
la escritura dice: Ahora envío a mi mensajero delante de ti para que te
preceda y te abra el camino. [28] Yo les digo que entre los hijos de mujer no
hay ninguno más grande que Juan Bautista; y sin embargo, el más pequeño en el
Reino de Dios es más que él. [29] Todo el pueblo escuchó a Juan, incluso los
publicanos; confesaron sus faltas y recibieron su bautismo. [30] En cambio,
los fariseos y los maestros de EL FARISEO Y [36] Un fariseo invitó a Jesús a comer. Entró en casa
del fariseo y se reclinó en el sofá para comer. [37] En aquel pueblo había
una mujer conocida como una pecadora; al enterarse de que Jesús estaba
comiendo en casa del fariseo, tomó un frasco de perfume, se colocó detrás de
él, a sus pies, [38] y se puso a llorar. Sus lágrimas empezaron a regar los
pies de Jesús y ella trató de secarlos con su cabello. Luego le besaba los
pies y derramaba sobre ellos el perfume. [39] Al ver esto el fariseo que lo
había invitado, se dijo interiormente: «Si este hombre fuera profeta, sabría
que la mujer que lo está tocando es una pecadora, conocería a la mujer y lo
que vale». [40] Pero Jesús, tomando la palabra, le dijo: «Simón, tengo algo
que decirte». Simón contestó: «Habla, Maestro». Y Jesús le dijo: [41] «Un
prestamista tenía dos deudores: uno le debía quinientas monedas y el otro
cincuenta. [42] Como no tenían con qué pagarle, les perdonó la deuda a ambos.
¿Cuál de los dos lo querrá más?» [43] Simón le contestó: «Pienso que aquel a
quien le perdonó más». Y Jesús le dijo: «Has juzgado bien». [44] Y volviéndose
hacia la mujer, dijo a Simón: «¿Ves a esta mujer?
Cuando entré en tu casa, no me ofreciste agua para los pies, mientras que
ella me ha lavado los pies con sus lágrimas y me los ha secado con sus
cabellos. [45] Tú no me has recibido con un beso, pero ella, desde que entró,
no ha dejado de cubrirme los pies de besos. [46] Tú no me ungiste la cabeza
con aceite; ella, en cambio, ha derramado perfume sobre mis pies. [47] Por
eso te digo que sus pecados, sus numerosos pecados, le quedan perdonados, por
el mucho amor que ha manifestado. En cambio aquel al que se le perdona poco,
demuestra poco amor». [48] Jesús dijo después a la mujer: «Tus pecados te
quedan perdonados». [49] Y los que estaban con él a la mesa empezaron a
pensar: «¿Así que ahora pretende perdonar pecados?»
[50] Pero de nuevo Jesús se dirigió a la mujer: «Tu fe te ha salvado, vete en
paz». LAS MUJERES QUE ACOMPAÑABAN A JESÚS [1] Jesús iba recorriendo ciudades y aldeas, predicando
y anunciando [4] Un día se congregó un gran número de personas, pues
la gente venía a verlo de todas las ciudades, y Jesús se puso a hablarles por
medio de comparaciones o parábolas: [5] «El sembrador salió a sembrar. Al ir
sembrando, una parte del grano cayó a lo largo del camino, lo pisotearon, y
las aves del cielo lo comieron. [6] Otra parte cayó sobre rocas; brotó, pero
luego se secó por falta de humedad. [7] Otra cayó entre espinos, y los
espinos crecieron con la semilla y la ahogaron. [8] Y otra cayó en tierra
buena, creció y produjo el ciento por uno». Al terminar, Jesús exclamó:
«Escuchen, pues, si ustedes tienen oídos para oír». [9] Sus discípulos le preguntaron
qué quería decir aquella comparación. [10] Jesús les contestó: «A ustedes se
les concede conocer los misterios del Reino de Dios, mientras que a los demás
les llega en parábolas. Así, pues, mirando no ven y oyendo no comprenden.
[11] Aprendan lo que significa esta comparación: La semilla es la palabra de
Dios. [12] Los que están a lo largo del camino son los que han escuchado la
palabra, pero después viene el diablo y la arranca de su corazón, pues no
quiere que crean y se salven. [13] Lo que cayó sobre la roca son los que, al
escuchar la palabra, la acogen con alegría, pero no tienen raíz; no creen más
que por un tiempo y fallan en la hora de la prueba. [14] Lo que cayó entre
espinos son los que han escuchado la palabra, pero las preocupaciones, la
riquezas y los placeres de la vida los ahogan con el paso del tiempo y no
llegan a madurar. [15] Y lo que cae en tierra buena son los que reciben la
palabra con un corazón noble y generoso, la guardan y, perseverando, dan
fruto. [16] Nadie enciende una lámpara para cubrirla con una vasija o para
colocarla debajo de la cama. Por el contrario, la pone sobre un candelero
para que los que entren vean la luz. [17] No hay nada escondido que no deba
ser descubierto, ni nada tan secreto que no llegue a conocerse y salir a la
luz. [18] Por tanto, fíjense bien en la manera como escuchan. Porque al que
produce se le dará, y al que no tiene se le quitará hasta lo que cree tener». ESTÁN TU MADRE Y TUS HERMANOS [19] Su madre y sus hermanos querían verlo, pero no
podían llegar hasta él por el gentío que había. [20] Alguien dio a Jesús este
recado: «Tu madre y tus hermanos están fuera y quieren verte». [21] Jesús
respondió: «Mi madre y mis hermanos son los que escuchan la palabra de Dios y
la cumplen». [22] Un día subió Jesús a una barca con sus discípulos
y les dijo: «Crucemos a la otra orilla del lago». Y remaron
mar adentro. [23] Mientras navegaban, Jesús se durmió. De repente se
desencadenó una tempestad sobre el lago y la barca se fue llenando de agua, a
tal punto que peligraban. [24] Se acercaron a él y lo despertaron: «Maestro,
Maestro, ¡estamos perdidos!» Jesús se levantó y amenazó al viento y a las
olas encrespadas; se tranquilizaron y todo quedó en calma. [25] Después les
dijo: «¿Dónde está su fe?» Los discípulos se habían
asustado, pero ahora estaban fuera de sí y se decían el uno al otro: «¿Quién es éste? Manda a los vientos y a las olas, y le
obedecen». EL ENDEMONIADO Y LOS CERDOS [26] Llegaron a la tierra de los gerasenos,
que se halla al otro lado del lago, frente a Galilea. [27] Acababa Jesús de
desembarcar, cuando vino a su encuentro un hombre de la ciudad que estaba
poseído por demonios. Desde hacía mucho tiempo no se vestía ni vivía en casa
alguna, sino que habitaba en las tumbas. [28] Al ver a Jesús se puso a gritar
y se echó a sus pies. Le decía a voces: «¿Qué
quieres conmigo, Jesús, hijo del Dios Altísimo? Te lo ruego, no me
atormentes». [29] Es que Jesús ordenaba al espíritu malo que saliera de aquel
hombre. En muchas ocasiones el espíritu se había apoderado de él y lo había
llevado al desierto. En esos momentos, por más que lo ataran con cadenas y
grillos para someterlo, rompía las ataduras. [30] Jesús le preguntó: «¿Cuál es tu nombre?» Y él contestó: «Multitud». Porque
muchos demonios habían entrado en él; [31] y rogaban a Jesús que no les
ordenara volver al abismo. [32] Había en ese lugar un gran número de cerdos
comiendo en el cerro. Los demonios suplicaron a Jesús que les permitiera
entrar en los cerdos, y él se lo permitió. [33] Salieron, pues, del hombre
para entrar en los cerdos, y toda la piara se precipitó de lo alto del
acantilado, ahogándose en el lago. [34] Al ver los cuidadores lo que había
ocurrido, huyeron y llevaron la noticia a la ciudad y a los campos. [35] La
gente salió a ver qué había pasado y llegaron a donde estaba Jesús.
Encontraron junto a él al hombre del que habían salido los demonios, sentado
a sus pies, vestido y en su sano juicio. Todos se asustaron. [36] Entonces
los que habían sido testigos les contaron cómo el endemoniado había sido
salvado. [37] Un miedo muy fuerte se apoderó de ellos y todo el pueblo del
territorio de los gerasenos pidió a Jesús que se
alejara. Cuando Jesús subió a la barca para volver, [38] el hombre del que
habían salido los demonios le rogaba que lo admitiera en su compañía. Pero
Jesús lo despidió diciéndole: [39] «Vuélvete a tu casa y cuenta todo lo que
Dios ha hecho por ti». El hombre se fue y publicó en la ciudad entera todo lo
que Jesús había hecho por él. JESÚS RESUCITA A [40] Ya había gente para recibir a Jesús a su regreso, pues todos estaban esperándolo. [41] En esto se presentó un hombre, llamado Jairo, que era dirigente de la sinagoga. Cayendo a los pies de Jesús, le suplicaba que fuera a su casa, [42] porque su hija única, de unos doce años, se estaba muriendo. Y Jesús se dirigió a la casa de Jairo, rodeado de un gentío que casi lo sofocaba. [43] Entonce | ||||||||||||||||||||||||||||||||||||