CAMINANDO CON JESUS

PEDRO SERGIO ANTONIO DONOSO BRANT

NUEVO TESTAMENTO

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CAPÍTULO 1

[1] Algunas personas han hecho empeño por ordenar una narración de los acontecimientos que han ocurrido entre nosotros, [2] tal como nos han sido transmitidos por aquellos que fueron los primeros testigos y que después se hicieron servidores de la Palabra. [3] Después de haber investigado cuidadosamente todo desde el principio, también a mí me ha parecido bueno escribir un relato ordenado para ti, ilustre Teófilo. [4] De este modo podrás verificar la solidez de las enseñanzas que has recibido.

UN ÁNGEL ANUNCIA EL NACIMIENTO DE JUAN BAUTISTA

[5] Siendo Herodes rey de Judea, vivía allí un sacerdote llamado Zacarías. Pertenecía al grupo sacerdotal de Abías, y su esposa, llamada Isabel, era también descendiente de una familia de sacerdotes. [6] Ambos eran personas muy cumplidoras a los ojos de Dios y se esmeraban en practicar todos los mandamientos y leyes del Señor. [7] No tenían hijos, pues Isabel no podía tener familia, y los dos eran ya de edad avanzada. [8] Mientras Zacarías y los otros sacerdotes de su grupo estaban oficiando ante el Señor, [9] le tocó a él en suerte, según las costumbres de los sacerdotes, entrar en el Santuario del Señor para ofrecer el incienso. [10] Cuando llegó la hora del incienso, toda la gente estaba orando afuera, en los patios. [11] En esto se le apareció un ángel del Señor, de pie, al lado derecho del altar del incienso. [12] Zacarías se turbó al verlo y el temor se apoderó de él. [13] Pero el ángel le dijo: «No temas, Zacarías, porque tu oración ha sido escuchada. Tu esposa Isabel te dará un hijo y le pondrás por nombre Juan. [14] Será para ti un gozo muy grande, y muchos más se alegrarán con su nacimiento, [15] porque este hijo tuyo será un gran servidor del Señor. No beberá vino ni licor, y estará lleno del Espíritu Santo ya desde el seno de su madre. [16] Por medio de él muchos hijos de Israel volverán al Señor, su Dios. [17] El mismo abrirá el camino al Señor con el espíritu y el poder del profeta Elías, reconciliará a padres e hijos y llevará a los rebeldes a la sabiduría de los buenos. De este modo preparará al Señor un pueblo bien dispuesto». [18] Zacarías dijo al ángel: «¿Quién me lo puede asegurar? Yo ya soy viejo y mi esposa también». [19] El ángel contestó: «Yo soy Gabriel, el que tiene entrada al consejo de Dios, y he sido enviado para hablar contigo y comunicarte esta buena noticia. [20] Mis palabras se cumplirán a su debido tiempo, pero tú, por no haber creído, te vas a quedar mudo y no podrás hablar hasta el día en que todo esto ocurra». [21] El pueblo estaba esperando a Zacarías, y se extrañaban de que se demorase tanto en el Santuario. [22] Cuando finalmente salió, no podía hablarles, y comprendieron que había tenido alguna visión en el Santuario. Intentaba comunicarse por señas, pues permanecía mudo. [23] Al terminar el tiempo de su servicio, Zacarías regresó a su casa, [24] y poco después su esposa Isabel quedó embarazada. Durante cinco meses permaneció retirada, pensando: [25] «¡Qué no ha hecho por mí el Señor! Es ahora cuando quiso liberarme de mi vergüenza».

LA ANUNCIACIÓN (MT 1,18)

[26] Al sexto mes el ángel Gabriel fue enviado por Dios a una ciudad de Galilea, llamada Nazaret, [27] a una joven virgen que estaba comprometida en matrimonio con un hombre llamado José, de la familia de David. La virgen se llamaba María. [28] Llegó el ángel hasta ella y le dijo: «Alégrate, llena de gracia, el Señor está contigo». [29] María quedó muy conmovida al oír estas palabras, y se preguntaba qué significaría tal saludo. [30] Pero el ángel le dijo: «No temas, María, porque has encontrado el favor de Dios. [31] Concebirás en tu seno y darás a luz un hijo, al que pondrás el nombre de Jesús. [32] Será grande y justamente será llamado Hijo del Altísimo. El Señor Dios le dará el trono de su antepasado David; [33] gobernará por siempre al pueblo de Jacob y su reinado no terminará jamás». [34] María entonces dijo al ángel: «¿Cómo puede ser eso, si yo soy virgen?» [35] Contestó el ángel: «El Espíritu Santo descenderá sobre ti y el poder del Altísimo te cubrirá con su sombra; por eso el niño santo que nacerá de ti será llamado Hijo de Dios. [36] También tu parienta Isabel está esperando un hijo en su vejez, y aunque no podía tener familia, se encuentra ya en el sexto mes del embarazo. [37] Para Dios, nada es imposible». [38] Dijo María: «Yo soy la servidora del Señor, hágase en mí tal como has dicho». Después la dejó el ángel.

MARÍA VISITA A SU PRIMA ISABEL

[39] Por entonces María tomó su decisión y se fue, sin más demora, a una ciudad ubicada en los cerros de Judá. [40] Entró en la casa de Zacarías y saludó a Isabel. [41] Al oír Isabel su saludo, el niño dio saltos en su vientre. Isabel se llenó del Espíritu Santo [42] y exclamó en alta voz: «¡Bendita tú eres entre las mujeres y bendito el fruto de tu vientre! [43] ¿Cómo he merecido yo que venga a mí la madre de mi Señor? [44] Apenas llegó tu saludo a mis oídos, el niño saltó de alegría en mis entrañas. [45] ¡Dichosa tú por haber creído que se cumplirían las promesas del Señor!» [46] María dijo entonces:

Proclama mi alma la grandeza del Señor,

[47] y mi espíritu se alegra en Dios mi Salvador,

[48] porque se fijó en su humilde esclava,

y desde ahora todas las generaciones me dirán feliz.

[49] El Poderoso ha hecho grandes cosas por mí:

¡Santo es su Nombre!

[50] Muestra su misericordia siglo tras siglo

a todos aquellos que viven en su presencia.

[51] Dio un golpe con todo su poder:

deshizo a los soberbios y sus planes.

[52] Derribó a los poderosos de sus tronos

y exaltó a los humildes.

[53] Colmó de bienes a los hambrientos,

y despidió a los ricos con las manos vacías.

[54] Socorrió a Israel, su siervo,

se acordó de su misericordia,

[55] como lo había prometido a nuestros padres,

a Abraham y a sus descendientes para siempre.

 

[56] María se quedó unos tres meses con Isabel, y después volvió a su casa.

PRIMEROS PASOS DE JUAN BAUTISTA

[57] Cuando le llegó a Isabel su día, dio a luz un hijo, [58] y sus vecinos y parientes se alegraron con ella al enterarse de la misericordia tan grande que el Señor le había mostrado. [59] Al octavo día vinieron para cumplir con el niño el rito de la circuncisión, [60] y querían ponerle por nombre Zacarías, por llamarse así su padre. Pero la madre dijo: «No, se llamará Juan». [61] Los otros dijeron: «Pero si no hay nadie en tu familia que se llame así». [62] Preguntaron por señas al padre cómo quería que lo llamasen. [63] Zacarías pidió una tablilla y escribió: «Su nombre es Juan», por lo que todos se quedaron extrañados. [64] En ese mismo instante se le soltó la lengua y comenzó a alabar a Dios. [65] Un santo temor se apoderó del vecindario, y estos acontecimientos se comentaban en toda la región montañosa de Judea. [66] La gente que lo oía quedaba pensativa y decía: «¿Qué va a ser este niño?» Porque comprendían que la mano del Señor estaba con él. [67] Su padre, Zacarías, lleno del Espíritu Santo, empezó a recitar estos versos proféticos:

[68] Bendito sea el Señor, Dios de Israel,

porque ha visitado y redimido a su pueblo.

[69] Ahora sale triunfante nuestra salvación

en la casa de David, su siervo,

[70] como lo había dicho desde tiempos antiguos

por boca de sus santos profetas:

[71] que nos salvaría de nuestros enemigos

y de la mano de todos los que nos odian;

[72] que nos mostraría el amor que tiene a nuestros padres

y cómo recuerda su santa alianza.

[73] Pues juró a nuestro padre Abraham

[74] que nos libraría de nuestros enemigos

para que lo sirvamos sin temor, [75] justos y santos,

todos los días de nuestra vida.

[76] Y tú, niño, serás llamado Profeta del Altísimo,

porque irás delante del Señor para prepararle sus caminos,

[77] para decir a su pueblo lo que será su salvación.

Pues van a recibir el perdón de sus pecados,

[78] obra de la misericordia de nuestro Dios,

cuando venga de lo alto para visitarnos

cual sol naciente,

[79] iluminando a los que viven en tinieblas,

sentados en la sombra de la muerte,

y guiar nuestros pasos por un sendero de paz.

[80] A medida que el niño iba creciendo, le vino la fuerza del Espíritu. Vivió en lugares apartados hasta el día en que se manifestó a Israel.

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CAPÍTULO 2

JESÚS NACE EN BELÉN

[1] Por aquellos días salió un decreto del emperador Augusto, por el que se debía proceder a un censo en todo el imperio. [2] Este fue el primer censo, siendo Quirino gobernador de Siria. [3] Todos, pues, empezaron a moverse para ser registrados cada uno en su ciudad natal. [4] José también, que estaba en Galilea, en la ciudad de Nazaret, subió a Judea, a la ciudad de David, llamada Belén, porque era descendiente de David; [5] allí se inscribió con María, su esposa, que estaba embarazada. [6] Mientras estaban en Belén, llegó para María el momento del parto, [7] y dio a luz a su hijo primogénito. Lo envolvió en pañales y lo acostó en un pesebre, pues no había lugar para ellos en la sala principal de la casa.

[8] En la región había pastores que vivían en el campo y que por la noche se turnaban para cuidar sus rebaños. [9] Se les apareció un ángel del Señor, y la gloria del Señor los rodeó de claridad. Y quedaron muy asustados. [10] Pero el ángel les dijo: «No tengan miedo, pues yo vengo a comunicarles una buena noticia, que será motivo de mucha alegría para todo el pueblo. [11] Hoy, en la ciudad de David, ha nacido para ustedes un Salvador, que es el Mesías y el Señor. [12] Miren cómo lo reconocerán: hallarán a un niño recién nacido, envuelto en pañales y acostado en un pesebre». [13] De pronto una multitud de seres celestiales aparecieron junto al ángel, y alababan a Dios con estas palabras: [14] «Gloria a Dios en lo más alto del cielo y en la tierra paz a los hombres: ésta es la hora de su gracia». [15] Después de que los ángeles se volvieron al cielo, los pastores se dijeron unos a otros: «Vayamos, pues, hasta Belén y veamos lo que ha sucedido y que el Señor nos ha dado a conocer». [16] Fueron apresuradamente y hallaron a María y a José con el recién nacido acostado en el pesebre. [17] Entonces contaron lo que los ángeles les habían dicho del niño. [18] Todos los que escucharon a los pastores quedaron maravillados de lo que decían. [19] María, por su parte, guardaba todos estos acontecimientos y los volvía a meditar en su interior. [20] Después los pastores regresaron alabando y glorificando a Dios por todo lo que habían visto y oído, tal como los ángeles se lo habían anunciado. [21] Cumplidos los ocho días, circuncidaron al niño y le pusieron el nombre de Jesús, nombre que había indicado el ángel antes de que su madre quedara embarazada.

JESÚS ES PRESENTADO EN EL TEMPLO

[22] Asimismo, cuando llegó el día en que, de acuerdo a la Ley de Moisés, debían cumplir el rito de la purificación, llevaron al niño a Jerusalén para presentarlo al Señor, [23] tal como está escrito en la Ley del Señor: Todo varón primogénito será consagrado al Señor. [24] También ofrecieron el sacrificio que ordena la Ley del Señor: una pareja de tórtolas o dos pichones. [25] Había entonces en Jerusalén un hombre muy piadoso y cumplidor a los ojos de Dios, llamado Simeón. Este hombre esperaba el día en que Dios atendiera a Israel, y el Espíritu Santo estaba con él. [26] Le había sido revelado por el Espíritu Santo que no moriría antes de haber visto al Mesías del Señor. [27] El Espíritu también lo llevó al Templo en aquel momento. Como los padres traían al niño Jesús para cumplir con él lo que mandaba la Ley, [28] Simeón lo tomó en sus brazos y bendijo a Dios con estas palabras:

[29] Ahora, Señor, ya puedes dejar

que tu servidor muera en paz como le has dicho.

[30] Porque mis ojos han visto a tu salvador,

[31] que has preparado y ofreces a todos los pueblos,

[32] luz que se revelará a las naciones

y gloria de tu pueblo, Israel.

[33] Su padre y su madre estaban maravillados por todo lo que se decía del niño. [34] Simeón los bendijo y dijo a María, su madre: «Mira, este niño traerá a la gente de Israel ya sea caída o resurrección. Será una señal impugnada en cuanto se manifieste, [35] mientras a ti misma una espada te atravesará el alma. Por este medio, sin embargo, saldrán a la luz los pensamientos íntimos de los hombres». [36] Había también una profetisa muy anciana, llamada Ana, hija de Fanuel de la tribu de Aser. No había conocido a otro hombre que a su primer marido, muerto después de siete años de matrimonio. [37] Permaneció viuda, y tenía ya ochenta y cuatro años. No se apartaba del Templo, sirviendo día y noche al Señor con ayunos y oraciones. [38] Llegó en aquel momento y también comenzó a alabar a Dios hablando del niño a todos los que esperaban la liberación de Jerusalén. [39] Una vez que cumplieron todo lo que ordenaba la Ley del Señor, volvieron a Galilea, a su ciudad de Nazaret. [40] El niño crecía y se desarrollaba lleno de sabiduría, y la gracia de Dios permanecía con él.

PRIMERA INICIATIVA DEL JOVEN JESÚS

[41] Los padres de Jesús iban todos los años a Jerusalén para la fiesta de la Pascua. [42] Cuando Jesús cumplió los doce años, subió también con ellos a la fiesta, pues así había de ser. [43] Al terminar los días de la fiesta regresaron, pero el niño Jesús se quedó en Jerusalén sin que sus padres lo supieran. [44] Seguros de que estaba con la caravana de vuelta, caminaron todo un día. Después se pusieron a buscarlo entre sus parientes y conocidos. [45] Como no lo encontraran, volvieron a Jerusalén en su búsqueda. [46] Al tercer día lo hallaron en el Templo, sentado en medio de los maestros de la Ley, escuchándolos y haciéndoles preguntas. [47] Todos los que le oían quedaban asombrados de su inteligencia y de sus respuestas. [48] Sus padres se emocionaron mucho al verlo; su madre le decía: «Hijo, ¿por qué nos has hecho esto? Tu padre y yo hemos estado muy angustiados mientras te buscábamos». [49] El les contestó: «¿Y por qué me buscaban? ¿No saben que yo debo estar donde mi Padre?» [50] Pero ellos no comprendieron esta respuesta. [51] Jesús entonces regresó con ellos, llegando a Nazaret. Posteriormente siguió obedeciéndoles. Su madre, por su parte, guardaba todas estas cosas en su corazón. [52] Mientras tanto, Jesús crecía en sabiduría, en edad y en gracia, ante Dios y ante los hombres.

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CAPÍTULO 3

JUAN BAUTISTA PREPARA EL CAMINO AL SEÑOR

[1] Era el año quince del reinado del emperador Tiberio. Poncio Pilato era gobernador de Judea, Herodes gobernaba en Galilea, su hermano Filipo en Iturea y Traconítide, y Lisanias en Abilene; [2] Anás y Caifás eran los jefes de los sacerdotes. En este tiempo la palabra de Dios le fue dirigida a Juan, hijo de Zacarías, que estaba en el desierto. [3] Juan empezó a recorrer toda la región del río Jordán, predicando bautismo y conversión, para obtener el perdón de los pecados. [4] Esto ya estaba escrito en el libro del profeta Isaías: Oigan ese grito en el desierto: Preparen el camino del Señor, enderecen sus senderos. [5] Las quebradas serán rellenadas y los montes y cerros allanados. Lo torcido será enderezado, y serán suavizadas las asperezas de los caminos. [6] Todo mortal entonces verá la salvación de Dios. [7] Juan decía a las muchedumbres que venían a él de todas partes para que las bautizara: «Raza de víboras, ¿cómo van a pensar que escaparán del castigo que se acerca? [8] Produzcan los frutos de una sincera conversión, pues no es el momento de decir: "Nosotros somos hijos de Abraham". Yo les aseguro que Dios puede sacar hijos de Abraham también de estas piedras. [9] El hacha ya está puesta a la raíz de los árboles, y todo árbol que no dé buen fruto será cortado y arrojado al fuego». [10] La gente le preguntaba: «¿Qué debemos hacer?» [11] El les contestaba: «El que tenga dos capas, que dé una al que no tiene, y el que tenga de comer, haga lo mismo». [12] Vinieron también cobradores de impuestos para que Juan los bautizara. Le dijeron: «Maestro, ¿qué tenemos que hacer?» [13] Respondió Juan: «No cobren más de lo establecido». [14] A su vez, unos soldados le preguntaron: «Y nosotros, ¿qué debemos hacer?» Juan les contestó: «No abusen de la gente, no hagan denuncias falsas y conténtense con su sueldo». [15] El pueblo estaba en la duda, y todos se preguntaban interiormente si Juan no sería el Mesías, [16] por lo que Juan hizo a todos esta declaración: «Yo les bautizo con agua, pero está para llegar uno con más poder que yo, y yo no soy digno de desatar las correas de su sandalia. El los bautizará con el Espíritu Santo y el fuego. [17] Tiene la pala en sus manos para separar el trigo de la paja. Guardará el trigo en sus graneros, mientras que la paja la quemará en el fuego que no se apaga». [18] Con estas instrucciones y muchas otras, Juan anunciaba la Buena Nueva al pueblo. [19] Pero como reprochara al virrey Herodes que estuviera viviendo con Herodías, esposa de su hermano, y también por todo el mal que cometía, Herodes [20] no dudó en apresar a Juan, con lo que añadió otro crimen más a todos los anteriores.

JESÚS ES BAUTIZADO POR JUAN

[21] Un día fue bautizado también Jesús entre el pueblo que venía a recibir el bautismo. Y mientras estaba en oración, se abrieron los cielos: [22] el Espíritu Santo bajó sobre él y se manifestó exteriormente en forma de paloma, y del cielo vino una voz: «Tú eres mi Hijo, hoy te he dado a la vida».

[23] Jesús ya había pasado los treinta años de edad cuando comenzó. Para todos era el hijo de José, hijo de Helí, [24] hijo de Matat, hijo de Leví, hijo de Melquí, hijo de Janaí, hijo de José, [25] hijo de Matatías, hijo de Amós, hijo de Nahúm, hijo de Eslí, hijo de Nagai, [26] hijo de Maat, hijo de Matatías, hijo de Semeí, hijo de José, hijo de Judá, [27] hijo de Joanán, hijo de Resí, hijo de Zorobabel, hijo de Salatiel, hijo de Nerib, [28] hijo de Melquí, hijo de Adí, hijo de Koram, hijo de Elmada, hijo de Er, [29] hijo de Jesús, hijo de Eliecer, hijo de Jarim, hijo de Matat, hijo de Leví, [30] hijo de Simeón, hijo de Judá, hijo de José, hijo de Jonán, hijo de Eliaquim, [31] hijo de Milea, hijo de Mená, hijo de Matatá, hijo de Natán, [32] hijo de David, hijo de Jesé, hijo de Obed, hijo de Booz, hijo de Salomón, hijo de Najasón, [33] hijo de Aminadab, hijo de Admín, hijo de Arní, hijo de Esrón, hijo de Farés, hijo de Judá, [34] hijo de Jacob, hijo de Isaac, hijo de Abraham, hijo de Tara, hijo de Najor, [35] hijo de Seruc, hijo de Ragau, hijo de Falec, hijo de Eber, hijo de Sala, [36] hijo de Cainam, hijo de Arfaxad, hijo de Sem, hijo de Noé, hijo de Lamec, [37] hijo de Matusalén, hijo de Henoc, hijo de Jared, hijo de Malaleel, hijo de Cainam, [38] hijo de Enós, hijo de Set, hijo de Adán, que venía de Dios.

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CAPÍTULO 4

TENTACIÓN DE JESÚS EN EL DESIERTO

[1] Jesús volvió de las orillas del Jordán lleno del Espíritu Santo y se dejó guiar por el Espíritu a través del desierto, [2] donde fue tentado por el demonio durante cuarenta días. En todo ese tiempo no comió nada, y al final sintió hambre. [3] Entonces el diablo le dijo: «Si eres Hijo de Dios, manda a esta piedra que se convierta en pan». [4] Jesús le contestó: «Dice la Escritura: El hombre no vive solamente de pan». [5] Lo llevó después el diablo a un lugar más alto, le mostró en un instante todas las naciones del mundo [6] y le dijo: «Te daré poder sobre estos pueblos, y sus riquezas serán tuyas, porque me las han entregado a mí y yo las doy a quien quiero. [7] Si te arrodillas y me adoras, todo será tuyo». [8] Jesús le replicó: «La Escritura dice: Adorarás al Señor tu Dios y a él sólo servirás». [9] A continuación el diablo lo llevó a Jerusalén, y lo puso en la muralla más alta del Templo, diciéndole: «Si tú eres Hijo de Dios, tírate de aquí abajo, [10] pues dice la Escritura: Dios ordenará a sus ángeles que te protejan; [11] y también: Ellos te llevarán en sus manos, para que tu pie no tropiece en ninguna piedra». [12] Jesús le replicó: «También dice la Escritura: No tentarás al Señor, tu Dios». [13] Al ver el diablo que había agotado todas las formas de tentación, se alejó de Jesús, a la espera de otra oportunidad.

EN NAZARET JESÚS PROCLAMA SU MISIÓN

[14] Jesús volvió a Galilea con el poder del Espíritu, y su fama corrió por toda aquella región. [15] Enseñaba en las sinagogas de los judíos y todos lo alababan. [16] Llegó a Nazaret, donde se había criado, y el sábado fue a la sinagoga, como era su costumbre. Se puso de pie para hacer la lectura, [17] y le pasaron el libro del profeta Isaías. Jesús desenrolló el libro y encontró el pasaje donde estaba escrito: [18] El Espíritu del Señor está sobre mí. El me ha ungido para llevar buenas nuevas a los pobres, para anunciar la libertad a los cautivos, y a los ciegos que pronto van a ver, para despedir libres a los oprimidos [19] y proclamar el año de gracia del Señor. [20] Jesús entonces enrolló el libro, lo devolvió al ayudante y se sentó, mientras todos los presentes tenían los ojos fijos en él. [21] Y empezó a decirles: «Hoy les llegan noticias de cómo se cumplen estas palabras proféticas». [22] Todos lo aprobaban y se quedaban maravillados, mientras esta proclamación de la gracia de Dios salía de sus labios. Y decían: «¡Pensar que es el hijo de José!» [23] Jesús les dijo: «Seguramente ustedes me van a recordar el dicho: Médico, cúrate a ti mismo. Realiza también aquí, en tu patria, lo que nos cuentan que hiciste en Cafarnaún». [24] Y Jesús añadió: «Ningún profeta es bien recibido en su patria. [25] En verdad les digo que había muchas viudas en Israel en tiempos de Elías, cuando el cielo retuvo la lluvia durante tres años y medio y un gran hambre asoló a todo el país. [26] Sin embargo Elías no fue enviado a ninguna de ellas, sino a una mujer de Sarepta, en tierras de Sidón. [27] También había muchos leprosos en Israel en tiempos del profeta Eliseo, y ninguno de ellos fue curado, sino Naamán, el sirio». [28] Todos en la sinagoga se indignaron al escuchar estas palabras; [29] se levantaron y lo empujaron fuera del pueblo, llevándolo hacia un barranco del cerro sobre el que está construido el pueblo, con intención de arrojarlo desde allí. [30] Pero Jesús pasó por medio de ellos y siguió su camino.

CON EL PODER DEL ESPÍRITU

[31] Jesús bajó a Cafarnaún, pueblo de Galilea. Enseñaba a la gente en las reuniones de los sábados, [32] y su enseñanza hacía gran impacto sobre la gente, porque hablaba con autoridad. [33] Se hallaba en la sinagoga un hombre endemoniado, y empezó a gritar: [34] «¿Qué quieres de nosotros, Jesús de Nazaret? ¿Has venido a destruirnos? Yo sé quién eres: Tú eres el Santo de Dios». [35] Jesús amenazó al demonio, ordenándole: «Cállate y sal de ese hombre». El demonio lo arrojó al suelo, pero luego salió de él sin hacerle daño alguno. [36] La gente quedó aterrada y se decían unos a otros: «¿Qué significa esto? ¿Con qué autoridad y poder manda a los demonios? ¡Y miren cómo se van!» [37] Con esto, la fama de Jesús se propagaba por todos los alrededores. [38] Al salir Jesús de la sinagoga fue a casa de Simón. La suegra de Simón estaba con fiebre muy alta, y le rogaron por ella. [39] Jesús se inclinó hacia ella, dio una orden a la fiebre y ésta desapareció. Ella se levantó al instante y se puso a atenderlos. [40] Al ponerse el sol, todos los que tenían enfermos de diversos males se los llevaban a Jesús y él los sanaba imponiéndoles las manos a cada uno. [41] También salieron demonios de varias personas; ellos gritaban: «Tú eres el Hijo de Dios», pero él los amenazaba y no les permitía decir que él era el Mesías, porque lo sabían. [42] Jesús salió al amanecer y se fue a un lugar solitario. La gente lo andaba buscando, y los que pudieron dar con él le insistían para que no se fuera de su pueblo. [43] Pero Jesús les dijo: «Yo tengo que anunciar también a las otras ciudades la Buena Nueva del Reino de Dios, porque para eso he sido enviado». [44] Salió, pues, a predicar por las sinagogas del país judío.

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CAPÍTULO 5

LA PESCA MILAGROSA

[1] Cierto día la gente se agolpaba a su alrededor para escuchar la palabra de Dios, y él estaba de pie a la orilla del lago de Genesaret. [2] En eso vio dos barcas amarradas al borde del lago; los pescadores habían bajado y lavaban las redes. [3] Subió a una de las barcas, que era la de Simón, y le pidió que se alejara un poco de la orilla; luego se sentó y empezó a enseñar a la multitud desde la barca. [4] Cuando terminó de hablar, dijo a Simón: «Lleva la barca mar adentro y echen las redes para pescar». [5] Simón respondió: «Maestro, por más que lo hicimos durante toda la noche, no pescamos nada; pero, si tú lo dices, echaré las redes». [6] Así lo hicieron, y pescaron tal cantidad de peces, que las redes casi se rompían. [7] Entonces hicieron señas a sus compañeros que estaban en la otra barca para que vinieran a ayudarles. Vinieron y llenaron tanto las dos barcas, que por poco se hundían. [8] Al ver esto, Simón Pedro se arrodilló ante Jesús, diciendo: «Señor, apártate de mí, que soy un hombre pecador». [9] Pues tanto él como sus ayudantes se habían quedado sin palabras por la pesca que acababan de hacer. [10] Lo mismo les pasaba a Santiago y a Juan, hijos de Zebedeo, compañeros de Simón. Jesús dijo a Simón: «No temas; en adelante serás pescador de hombres». [11] En seguida llevaron sus barcas a tierra, lo dejaron todo y siguieron a Jesús.

EL LEPROSO SANADO

[12] Estando Jesús en uno de esos pueblos, se presentó un hombre cubierto de lepra. Apenas vio a Jesús, se postró con la cara en tierra y le suplicó: «Señor, si tú quieres, puedes limpiarme». [13] Jesús extendió la mano y lo tocó, diciendo: «Lo quiero, queda limpio». [14] Y al instante le desapareció la lepra. Jesús le dio aviso que no lo dijera a nadie. «Vete, le dijo, preséntate al sacerdote y haz la ofrenda por tu purificación como ordenó Moisés, pues tienes que hacerles tu declaración». [15] La fama de Jesús crecía más y más, a tal punto que multitudes acudían para oírle y ser curados de sus enfermedades. [16] Pero él buscaba siempre lugares solitarios donde orar.

EL PARALÍTICO

[17] Un día Jesús estaba enseñando, y había allí entre los asistentes unos fariseos y maestros de la Ley que habían venido de todas partes de Galilea, de Judea e incluso de Jerusalén. El poder del Señor se manifestaba ante ellos, realizando curaciones. [18] En ese momento llegaron unos hombres que traían a un paralítico en su camilla. Querían entrar en la casa para colocar al enfermo delante de Jesús, [19] pero no lograron abrirse camino a través de aquel gentío. Entonces subieron al tejado, quitaron tejas y bajaron al enfermo en su camilla, poniéndolo en medio de la gente delante de Jesús. [20] Viendo Jesús la fe de estos hombres, dijo al paralítico: «Amigo, tus pecados quedan perdonados». [21] De inmediato los maestros de la Ley y los fariseos empezaron a pensar: «¿Cómo puede blasfemar de este modo? ¿Quién puede perdonar los pecados fuera de Dios?» [22] Jesús leyó sus pensamientos y les dijo: [23] «¿Por qué piensan ustedes así? ¿Qué es más fácil decir: "Tus pecados te quedan perdonados", o decir: "Levántate y anda"? [24] Sepan, pues, que el Hijo del Hombre tiene poder en la tierra para perdonar los pecados». Entonces dijo al paralítico: «Yo te lo ordeno: levántate, toma tu camilla y vete a tu casa». [25] Y al instante el hombre se levantó a la vista de todos, tomó la camilla en que estaba tendido y se fue a su casa dando gloria a Dios. [26] Todos quedaron atónitos y alababan a Dios diciendo: «Hoy hemos visto cosas increíbles». Pues todos estaban sobrecogidos de un santo temor.

LEVÍ SIGUE A JESÚS. «HE VENIDO PARA LLAMAR A LOS PECADORES»

[27] Al salir, Jesús vio a un cobrador de impuestos, llamado Leví, que estaba sentado en el puesto donde cobraba. Jesús le dijo: «Sígueme». [28] Leví se levantó; lo dejó todo y empezó a seguirlo. [29] Leví le ofreció un gran banquete en su casa, y con ellos se sentaron a la mesa un buen número de cobradores de impuestos y gente de toda clase. [30] Al ver esto, los fariseos y los maestros de la Ley que eran amigos suyos expresaban su descontento en medio de los discípulos de Jesús: «¿Cómo es que ustedes comen y beben con los cobradores de impuestos y con personas malas?» [31] Pero Jesús tomó la palabra y les dijo: «No son las personas sanas las que necesitan médico, sino las enfermas. [32] No he venido para llamar a los buenos, sino para invitar a los pecadores a que se arrepientan». [33] Algunos le dijeron: «Los discípulos de Juan ayunan a menudo y rezan sus oraciones, y lo mismo hacen los discípulos de los fariseos, mientras que los tuyos comen y beben». [34] Jesús les respondió: «Ustedes no pueden obligar a los compañeros del novio a que ayunen mientras el novio está con ellos. [35] Llegará el momento en que les será quitado el novio, y entonces ayunarán». [36] Jesús les propuso además esta comparación: «Nadie saca un pedazo de un vestido nuevo para remendar otro viejo. ¿Quién va a romper algo nuevo, para que después el pedazo tomado del nuevo no le venga bien al vestido viejo? [37] Nadie echa tampoco vino nuevo en envases de cuero viejos; si lo hace, el vino nuevo hará reventar los envases, se derramará el vino y se perderán también los envases. [38] Pongan el vino nuevo en envases nuevos. [39] Y miren: el que esté acostumbrado al añejo, no querrá vino nuevo, sino que dirá: El añejo es el bueno».

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CAPÍTULO 6

EL HIJO DEL HOMBRE ES DUEÑO DEL SÁBADO

[1] Un sábado, Jesús atravesaba unos sembrados, y sus discípulos cortaban espigas, las desgranaban en las manos y se comían el grano. [2] Algunos fariseos les dijeron: «¿Por qué hacen lo que no está permitido hacer en día sábado?» [3] Jesús les respondió: «¿Ustedes no han leído lo que hizo David, y con él sus hombres, un día que tuvieron hambre? [4] Pues entró en la Casa de Dios, tomó los panes de la ofrenda, los comió y les dio también a sus hombres, a pesar de que sólo estaba permitido a los sacerdotes comer de ese pan». [5] Y Jesús añadió: «El Hijo del Hombre es Señor y tiene autoridad sobre el sábado». [6] Otro sábado Jesús había entrado en la sinagoga y enseñaba. Había allí un hombre que tenía paralizada la mano derecha. [7] Los maestros de la Ley y los fariseos espiaban a Jesús para ver si hacía una curación en día sábado, y encontrar así motivo para acusarlo. [8] Pero Jesús, que conocía sus pensamientos, dijo al hombre que tenía la mano paralizada: «Levántate y ponte ahí en medio». El se levantó y permaneció de pie. [9] Entonces Jesús les dijo: «A ustedes les pregunto: ¿Qué permite hacer la Ley en día sábado: hacer el bien o hacer daño, salvar una vida o destruirla?» [10] Paseando entonces su mirada sobre todos ellos, dijo al hombre: «Extiende tu mano». Lo hizo, y su mano quedó sana. [11] Pero ellos se llenaron de rabia y comenzaron a discutir entre sí qué podrían hacer contra Jesús.

JESÚS ELIGE A LOS DOCE

[12] En aquellos días se fue a orar a un cerro y pasó toda la noche en oración con Dios. [13] Al llegar el día llamó a sus discípulos y escogió a doce de ellos, a los que llamó apóstoles: [14] Simón, al que le dio el nombre de Pedro, y su hermano Andrés, Santiago, Juan, Felipe, Bartolomé, [15] Mateo, Tomás, Santiago, hijo de Alfeo, Simón, apodado Zelote, [16] Judas, hermano de Santiago, y Judas Iscariote, que fue el traidor.

EL DISCURSO DEL MONTE

[17] Jesús bajó con ellos y se detuvo en un lugar llano. Había allí un grupo impresionante de discípulos suyos y una cantidad de gente procedente de toda Judea y de Jerusalén, y también de la costa de Tiro y de Sidón. Habían venido para oírlo y para que los sanara de sus enfermedades; [18] también los atormentados por espíritus malos recibían curación. [19] Por eso cada cual trataba de tocarlo, porque de él salía una fuerza que los sanaba a todos. [20] El, entonces, levantó los ojos hacia sus discípulos y les dijo: [21] «Felices ustedes los pobres, porque de ustedes es el Reino de Dios. Felices ustedes, los que ahora tienen hambre, porque serán saciados. Felices ustedes, los que lloran, porque reirán.

[22] Felices ustedes, si los hombres los odian, los expulsan, los insultan y los consideran unos delincuentes a causa del Hijo del Hombre. [23] Alégrense en ese momento y llénense de gozo, porque les espera una recompensa grande en el cielo. Recuerden que de esa manera trataron también a los profetas en tiempos de sus padres. [24] Pero ¡pobres de ustedes, los ricos, porque tienen ya su consuelo! [25] ¡Pobres de ustedes, los que ahora están satisfechos, porque después tendrán hambre! ¡Pobres de ustedes, los que ahora ríen, porque van a llorar de pena! [26] ¡Pobres de ustedes, cuando todos hablen bien de ustedes, porque de esa misma manera trataron a los falsos profetas en tiempos de sus antepasados!

EL AMOR A LOS ENEMIGOS

[27] Yo les digo a ustedes que me escuchan: amen a sus enemigos, hagan el bien a los que los odian, [28] bendigan a los que los maldicen, rueguen por los que los maltratan. [29] Al que te golpea en una mejilla, preséntale también la otra. Al que te arrebata el manto, entrégale también el vestido. [30] Da al que te pide, y al que te quita lo tuyo, no se lo reclames. [31] Traten a los demás como quieren que ellos les traten a ustedes. [32] Porque si ustedes aman a los que los aman, ¿qué mérito tienen? Hasta los malos aman a los que los aman. [33] Y si hacen bien a los que les hacen bien, ¿qué gracia tiene? También los pecadores obran así. [34] Y si prestan algo a los que les pueden retribuir, ¿qué gracia tiene? También los pecadores prestan a pecadores para que estos correspondan con algo. [35] Amen a sus enemigos, hagan el bien y presten sin esperar nada a cambio. Entonces la recompensa de ustedes será grande, y serán hijos del Altísimo, que es bueno con los ingratos y los pecadores. [36] Sean compasivos como es compasivo el Padre de ustedes. [37] No juzguen y no serán juzgados; no condenen y no serán condenados; perdonen y serán perdonados. [38] Den, y se les dará; se les echará en su delantal una medida colmada, apretada y rebosante. Porque con la medida que ustedes midan, serán medidos ustedes». [39] Jesús les puso también esta comparación: «¿Puede un ciego guiar a otro ciego? Ciertamente caerán ambos en algún hoyo. [40] El discípulo no está por encima de su maestro, pero si se deja formar, se parecerá a su maestro. [41] ¿Y por qué te fijas en la pelusa que tiene tu hermano en un ojo, si no eres consciente de la viga que tienes en el tuyo? [42] ¿Cómo puedes decir a tu hermano: ''Hermano, deja que te saque la pelusa que tienes en el ojo'', si tú no ves la viga en el tuyo? Hipócrita, saca primero la viga de tu propio ojo para que veas con claridad, y entonces sacarás la pelusa del ojo de tu hermano. [43] No hay árbol bueno que dé frutos malos, ni tampoco árbol malo que dé frutos buenos. [44] Cada árbol se conoce por sus frutos. No se recogen higos de los espinos ni se sacan uvas de las zarzas. [45] Así, el hombre bueno saca cosas buenas del tesoro que tiene en su corazón, mientras que el malo, de su fondo malo saca cosas malas. La boca habla de lo que está lleno el corazón. [46] ¿Por qué me llaman: ¡Señor! ¡Señor!, y no hacen lo que digo? [47] Les voy a decir a quién se parece el que viene a mí y escucha mis palabras y las practica. [48] Se parece a un hombre que construyó una casa; cavó profundamente y puso los cimientos sobre la roca. Vino una inundación y la corriente se precipitó sobre la casa, pero no pudo removerla porque estaba bien construida. [49] Por el contrario, el que escucha, pero no pone en práctica, se parece a un hombre que construyó su casa sobre tierra, sin cimientos. La corriente se precipitó sobre ella y en seguida se desmoronó, siendo grande el desastre de aquella casa.

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CAPÍTULO 7

LA FE DE UN PAGANO

[1] Cuando terminó de enseñar al pueblo con estas palabras, Jesús entró en Cafarnaún. [2] Había allí un capitán que tenía un sirviente muy enfermo al que quería mucho, y que estaba a punto de morir. [3] Habiendo oído hablar de Jesús, le envió algunos judíos importantes para rogarle que viniera y salvara a su siervo. [4] Llegaron donde Jesús y le rogaron insistentemente, diciéndole: «Este hombre se merece que le hagas este favor, [5] pues ama a nuestro pueblo y nos ha construido una sinagoga». [6] Jesús se puso en camino con ellos. No estaban ya lejos de la casa, cuando el capitán envió a unos amigos para que le dijeran: «Señor, no te molestes, pues ¿quién soy yo, para que entres bajo mi techo? [7] Por eso ni siquiera me atreví a ir personalmente donde ti. Basta que tú digas una palabra y mi sirviente se sanará. [8] Yo mismo, a pesar de que soy un subalterno, tengo soldados a mis órdenes, y cuando le ordeno a uno: "Vete", va; y si le digo a otro: "Ven", viene; y si digo a mi sirviente: "Haz esto", lo hace». [9] Al oír estas palabras, Jesús quedó admirado, y volviéndose hacia la gente que lo seguía, dijo: «Les aseguro, que ni siquiera en Israel he hallado una fe tan grande». [10] Y cuando los enviados regresaron a casa, encontraron al sirviente totalmente restablecido.

JESÚS RESUCITA AL HIJO DE UNA VIUDA

[11] Jesús se dirigió poco después a un pueblo llamado Naím, y con él iban sus discípulos y un buen número de personas. [12] Cuando llegó a la puerta del pueblo, sacaban a enterrar a un muerto: era el hijo único de su madre, que era viuda, y mucha gente del pueblo la acompañaba. [13] Al verla, el Señor se compadeció de ella y le dijo: «No llores». [14] Después se acercó y tocó el féretro. Los que lo llevaban se detuvieron. Dijo Jesús entonces: «Joven, yo te lo mando, levántate». [15] Se incorporó el muerto inmediatamente y se puso a hablar. Y Jesús se lo entregó a su madre. [16] Un santo temor se apoderó de todos y alababan a Dios, diciendo: «Es un gran profeta el que nos ha llegado. Dios ha visitado a su pueblo». [17] Lo mismo se rumoreaba de él en todo el país judío y en sus alrededores.

JESÚS RESPONDE A LOS ENVIADOS DE JUAN BAUTISTA

[18] Los discípulos de Juan lo tenían informado de todo aquello. Llamó, pues, a dos de sus discípulos [19] y los envió a que preguntaran al Señor: «¿Eres tú el que ha de venir o tenemos que esperar a otro?» [20] Los hombres, al llegar donde Jesús, dijeron: «Juan Bautista nos envía a preguntarte: ¿Eres tú el que ha de venir o tenemos que esperar a otro?» [21] En ese momento Jesús curó a varias personas afligidas de enfermedades, de achaques y de espíritus malignos y devolvió la vista a algunos ciegos. [22] Contestó, pues, a los mensajeros: «Vuelvan y cuéntenle a Juan lo que han visto y oído: los ciegos ven, los cojos andan, los leprosos quedan limpios, los sordos oyen, los muertos se despiertan, y una buena nueva llega a los pobres. [23] Y ¡dichoso aquél para quien yo no soy un motivo de escándalo!» [24] Los mensajeros se fueron, y Jesús empezó a hablar de Juan a la gente: «Cuando ustedes salieron al desierto, ¿qué iban a ver? ¿Una caña agitada por el viento? [25] ¿Qué iban a ver? ¿Un hombre con ropas finas? Pero los que visten ropas finas y tienen comida regia están en palacios. [26] Entonces, ¿qué fueron a ver? ¿Un profeta? Eso sí, y créanme, más que profeta. [27] Este es el hombre de quien la escritura dice: Ahora envío a mi mensajero delante de ti para que te preceda y te abra el camino. [28] Yo les digo que entre los hijos de mujer no hay ninguno más grande que Juan Bautista; y sin embargo, el más pequeño en el Reino de Dios es más que él. [29] Todo el pueblo escuchó a Juan, incluso los publicanos; confesaron sus faltas y recibieron su bautismo. [30] En cambio, los fariseos y los maestros de la Ley no pasaron por su bautismo, y con esto desoyeron el llamado que Dios les dirigía. [31] ¿Con quién puedo comparar a los hombres del tiempo presente? Son como niños sentados en la plaza, que se quejan unos de otros: [32] ''Les tocamos la flauta y no han bailado; les cantamos canciones tristes y no han querido llorar.'' [33] Porque vino Juan el Bautista, que no comía pan ni bebía vino, y dijeron: [34] Está endemoniado. Luego vino el Hijo del Hombre, que come y bebe y dicen: Es un comilón y un borracho, amigo de cobradores de impuestos y de pecadores. [35] Sin embargo, los hijos de la Sabiduría la reconocen en su manera de actuar».

EL FARISEO Y LA MUJER PECADORA

[36] Un fariseo invitó a Jesús a comer. Entró en casa del fariseo y se reclinó en el sofá para comer. [37] En aquel pueblo había una mujer conocida como una pecadora; al enterarse de que Jesús estaba comiendo en casa del fariseo, tomó un frasco de perfume, se colocó detrás de él, a sus pies, [38] y se puso a llorar. Sus lágrimas empezaron a regar los pies de Jesús y ella trató de secarlos con su cabello. Luego le besaba los pies y derramaba sobre ellos el perfume. [39] Al ver esto el fariseo que lo había invitado, se dijo interiormente: «Si este hombre fuera profeta, sabría que la mujer que lo está tocando es una pecadora, conocería a la mujer y lo que vale». [40] Pero Jesús, tomando la palabra, le dijo: «Simón, tengo algo que decirte». Simón contestó: «Habla, Maestro». Y Jesús le dijo: [41] «Un prestamista tenía dos deudores: uno le debía quinientas monedas y el otro cincuenta. [42] Como no tenían con qué pagarle, les perdonó la deuda a ambos. ¿Cuál de los dos lo querrá más?» [43] Simón le contestó: «Pienso que aquel a quien le perdonó más». Y Jesús le dijo: «Has juzgado bien». [44] Y volviéndose hacia la mujer, dijo a Simón: «¿Ves a esta mujer? Cuando entré en tu casa, no me ofreciste agua para los pies, mientras que ella me ha lavado los pies con sus lágrimas y me los ha secado con sus cabellos. [45] Tú no me has recibido con un beso, pero ella, desde que entró, no ha dejado de cubrirme los pies de besos. [46] Tú no me ungiste la cabeza con aceite; ella, en cambio, ha derramado perfume sobre mis pies. [47] Por eso te digo que sus pecados, sus numerosos pecados, le quedan perdonados, por el mucho amor que ha manifestado. En cambio aquel al que se le perdona poco, demuestra poco amor». [48] Jesús dijo después a la mujer: «Tus pecados te quedan perdonados». [49] Y los que estaban con él a la mesa empezaron a pensar: «¿Así que ahora pretende perdonar pecados?» [50] Pero de nuevo Jesús se dirigió a la mujer: «Tu fe te ha salvado, vete en paz».

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CAPÍTULO 8

LAS MUJERES QUE ACOMPAÑABAN A JESÚS

[1] Jesús iba recorriendo ciudades y aldeas, predicando y anunciando la Buena Nueva del Reino de Dios. Lo acompañaban los Doce [2] y también algunas mujeres, a las que había curado de espíritus malos o de enfermedades: María, por sobrenombre Magdalena, de la que habían salido siete demonios; [3] Juana, mujer de un administrador de Herodes, llamado Cuza; Susana, y varias otras que los atendían con sus propios recursos.

LA COMPARACIÓN DEL SEMBRADOR

[4] Un día se congregó un gran número de personas, pues la gente venía a verlo de todas las ciudades, y Jesús se puso a hablarles por medio de comparaciones o parábolas: [5] «El sembrador salió a sembrar. Al ir sembrando, una parte del grano cayó a lo largo del camino, lo pisotearon, y las aves del cielo lo comieron. [6] Otra parte cayó sobre rocas; brotó, pero luego se secó por falta de humedad. [7] Otra cayó entre espinos, y los espinos crecieron con la semilla y la ahogaron. [8] Y otra cayó en tierra buena, creció y produjo el ciento por uno». Al terminar, Jesús exclamó: «Escuchen, pues, si ustedes tienen oídos para oír». [9] Sus discípulos le preguntaron qué quería decir aquella comparación. [10] Jesús les contestó: «A ustedes se les concede conocer los misterios del Reino de Dios, mientras que a los demás les llega en parábolas. Así, pues, mirando no ven y oyendo no comprenden. [11] Aprendan lo que significa esta comparación: La semilla es la palabra de Dios. [12] Los que están a lo largo del camino son los que han escuchado la palabra, pero después viene el diablo y la arranca de su corazón, pues no quiere que crean y se salven. [13] Lo que cayó sobre la roca son los que, al escuchar la palabra, la acogen con alegría, pero no tienen raíz; no creen más que por un tiempo y fallan en la hora de la prueba. [14] Lo que cayó entre espinos son los que han escuchado la palabra, pero las preocupaciones, la riquezas y los placeres de la vida los ahogan con el paso del tiempo y no llegan a madurar. [15] Y lo que cae en tierra buena son los que reciben la palabra con un corazón noble y generoso, la guardan y, perseverando, dan fruto. [16] Nadie enciende una lámpara para cubrirla con una vasija o para colocarla debajo de la cama. Por el contrario, la pone sobre un candelero para que los que entren vean la luz. [17] No hay nada escondido que no deba ser descubierto, ni nada tan secreto que no llegue a conocerse y salir a la luz. [18] Por tanto, fíjense bien en la manera como escuchan. Porque al que produce se le dará, y al que no tiene se le quitará hasta lo que cree tener».

ESTÁN TU MADRE Y TUS HERMANOS

[19] Su madre y sus hermanos querían verlo, pero no podían llegar hasta él por el gentío que había. [20] Alguien dio a Jesús este recado: «Tu madre y tus hermanos están fuera y quieren verte». [21] Jesús respondió: «Mi madre y mis hermanos son los que escuchan la palabra de Dios y la cumplen».

LA TEMPESTAD CALMADA

[22] Un día subió Jesús a una barca con sus discípulos y les dijo: «Crucemos a la otra orilla del lago». Y remaron mar adentro. [23] Mientras navegaban, Jesús se durmió. De repente se desencadenó una tempestad sobre el lago y la barca se fue llenando de agua, a tal punto que peligraban. [24] Se acercaron a él y lo despertaron: «Maestro, Maestro, ¡estamos perdidos!» Jesús se levantó y amenazó al viento y a las olas encrespadas; se tranquilizaron y todo quedó en calma. [25] Después les dijo: «¿Dónde está su fe?» Los discípulos se habían asustado, pero ahora estaban fuera de sí y se decían el uno al otro: «¿Quién es éste? Manda a los vientos y a las olas, y le obedecen».

EL ENDEMONIADO Y LOS CERDOS

[26] Llegaron a la tierra de los gerasenos, que se halla al otro lado del lago, frente a Galilea. [27] Acababa Jesús de desembarcar, cuando vino a su encuentro un hombre de la ciudad que estaba poseído por demonios. Desde hacía mucho tiempo no se vestía ni vivía en casa alguna, sino que habitaba en las tumbas. [28] Al ver a Jesús se puso a gritar y se echó a sus pies. Le decía a voces: «¿Qué quieres conmigo, Jesús, hijo del Dios Altísimo? Te lo ruego, no me atormentes». [29] Es que Jesús ordenaba al espíritu malo que saliera de aquel hombre. En muchas ocasiones el espíritu se había apoderado de él y lo había llevado al desierto. En esos momentos, por más que lo ataran con cadenas y grillos para someterlo, rompía las ataduras. [30] Jesús le preguntó: «¿Cuál es tu nombre?» Y él contestó: «Multitud». Porque muchos demonios habían entrado en él; [31] y rogaban a Jesús que no les ordenara volver al abismo. [32] Había en ese lugar un gran número de cerdos comiendo en el cerro. Los demonios suplicaron a Jesús que les permitiera entrar en los cerdos, y él se lo permitió. [33] Salieron, pues, del hombre para entrar en los cerdos, y toda la piara se precipitó de lo alto del acantilado, ahogándose en el lago. [34] Al ver los cuidadores lo que había ocurrido, huyeron y llevaron la noticia a la ciudad y a los campos. [35] La gente salió a ver qué había pasado y llegaron a donde estaba Jesús. Encontraron junto a él al hombre del que habían salido los demonios, sentado a sus pies, vestido y en su sano juicio. Todos se asustaron. [36] Entonces los que habían sido testigos les contaron cómo el endemoniado había sido salvado. [37] Un miedo muy fuerte se apoderó de ellos y todo el pueblo del territorio de los gerasenos pidió a Jesús que se alejara. Cuando Jesús subió a la barca para volver, [38] el hombre del que habían salido los demonios le rogaba que lo admitiera en su compañía. Pero Jesús lo despidió diciéndole: [39] «Vuélvete a tu casa y cuenta todo lo que Dios ha hecho por ti». El hombre se fue y publicó en la ciudad entera todo lo que Jesús había hecho por él.

JESÚS RESUCITA A LA HIJA DE JAIRO

[40] Ya había gente para recibir a Jesús a su regreso, pues todos estaban esperándolo. [41] En esto se presentó un hombre, llamado Jairo, que era dirigente de la sinagoga. Cayendo a los pies de Jesús, le suplicaba que fuera a su casa, [42] porque su hija única, de unos doce años, se estaba muriendo. Y Jesús se dirigió a la casa de Jairo, rodeado de un gentío que casi lo sofocaba. [43] Entonce