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CAMINANDO CON JESUS PEDRO SERGIO ANTONIO DONOSO BRANT NUEVO TESTAMENTO EVANGELIO SEGUN SAN LUCAS
CAPÍTULO 1 [1] Algunas personas han hecho empeño por ordenar una
narración de los acontecimientos que han ocurrido entre nosotros, [2] tal
como nos han sido transmitidos por aquellos que fueron los primeros testigos
y que después se hicieron servidores de UN ÁNGEL ANUNCIA EL NACIMIENTO DE JUAN BAUTISTA [5] Siendo Herodes rey de Judea, vivía allí un
sacerdote llamado Zacarías. Pertenecía al grupo sacerdotal de Abías, y su esposa, llamada Isabel, era también
descendiente de una familia de sacerdotes. [6] Ambos eran personas muy
cumplidoras a los ojos de Dios y se esmeraban en practicar todos los
mandamientos y leyes del Señor. [7] No tenían hijos, pues Isabel no podía
tener familia, y los dos eran ya de edad avanzada. [8] Mientras Zacarías y
los otros sacerdotes de su grupo estaban oficiando ante el Señor, [9] le tocó
a él en suerte, según las costumbres de los sacerdotes, entrar en el
Santuario del Señor para ofrecer el incienso. [10] Cuando llegó la hora del
incienso, toda la gente estaba orando afuera, en los patios. [11] En esto se
le apareció un ángel del Señor, de pie, al lado derecho del altar del
incienso. [12] Zacarías se turbó al verlo y el temor se apoderó de él. [13]
Pero el ángel le dijo: «No temas, Zacarías, porque tu oración ha sido
escuchada. Tu esposa Isabel te dará un hijo y le pondrás por nombre Juan.
[14] Será para ti un gozo muy grande, y muchos más se alegrarán con su
nacimiento, [15] porque este hijo tuyo será un gran servidor del Señor. No
beberá vino ni licor, y estará lleno del Espíritu Santo ya desde el seno de
su madre. [16] Por medio de él muchos hijos de Israel volverán al Señor, su
Dios. [17] El mismo abrirá el camino al Señor con el espíritu y el poder del
profeta Elías, reconciliará a padres e hijos y llevará a los rebeldes a la
sabiduría de los buenos. De este modo preparará al Señor un pueblo bien
dispuesto». [18] Zacarías dijo al ángel: «¿Quién me
lo puede asegurar? Yo ya soy viejo y mi esposa también». [19] El ángel
contestó: «Yo soy Gabriel, el que tiene entrada al consejo de Dios, y he sido
enviado para hablar contigo y comunicarte esta buena noticia. [20] Mis
palabras se cumplirán a su debido tiempo, pero tú, por no haber creído, te
vas a quedar mudo y no podrás hablar hasta el día en que todo esto ocurra».
[21] El pueblo estaba esperando a Zacarías, y se extrañaban de que se
demorase tanto en el Santuario. [22] Cuando finalmente salió, no podía
hablarles, y comprendieron que había tenido alguna visión en el Santuario.
Intentaba comunicarse por señas, pues permanecía mudo. [23] Al terminar el
tiempo de su servicio, Zacarías regresó a su casa, [24] y poco después su
esposa Isabel quedó embarazada. Durante cinco meses permaneció retirada,
pensando: [25] «¡Qué no ha hecho por mí el Señor! Es
ahora cuando quiso liberarme de mi vergüenza». [26] Al sexto mes el ángel Gabriel fue enviado por Dios
a una ciudad de Galilea, llamada Nazaret, [27] a una joven virgen que estaba
comprometida en matrimonio con un hombre llamado José, de la familia de
David. La virgen se llamaba María. [28] Llegó el ángel hasta ella y le dijo:
«Alégrate, llena de gracia, el Señor está contigo». [29] María quedó muy
conmovida al oír estas palabras, y se preguntaba qué significaría tal saludo.
[30] Pero el ángel le dijo: «No temas, María, porque has encontrado el favor
de Dios. [31] Concebirás en tu seno y darás a luz un hijo, al que pondrás el
nombre de Jesús. [32] Será grande y justamente será llamado Hijo del
Altísimo. El Señor Dios le dará el trono de su antepasado David; [33]
gobernará por siempre al pueblo de Jacob y su reinado no terminará jamás».
[34] María entonces dijo al ángel: «¿Cómo puede ser
eso, si yo soy virgen?» [35] Contestó el ángel: «El Espíritu Santo descenderá
sobre ti y el poder del Altísimo te cubrirá con su sombra; por eso el niño
santo que nacerá de ti será llamado Hijo de Dios. [36] También tu parienta
Isabel está esperando un hijo en su vejez, y aunque no podía tener familia,
se encuentra ya en el sexto mes del embarazo. [37] Para Dios, nada es
imposible». [38] Dijo María: «Yo soy la servidora del Señor, hágase en mí tal
como has dicho». Después la dejó el ángel. MARÍA VISITA A SU PRIMA ISABEL [39] Por entonces María tomó su decisión y se fue, sin
más demora, a una ciudad ubicada en los cerros de Judá. [40] Entró en la casa
de Zacarías y saludó a Isabel. [41] Al oír Isabel su saludo, el niño dio
saltos en su vientre. Isabel se llenó del Espíritu Santo [42] y exclamó en
alta voz: «¡Bendita tú eres entre las mujeres y
bendito el fruto de tu vientre! [43] ¿Cómo he merecido yo que venga a mí la
madre de mi Señor? [44] Apenas llegó tu saludo a mis oídos, el niño saltó de
alegría en mis entrañas. [45] ¡Dichosa tú por haber creído que se cumplirían
las promesas del Señor!» [46] María dijo entonces: Proclama mi alma la grandeza del Señor, [47] y mi espíritu se alegra en Dios mi Salvador, [48] porque se fijó en su humilde esclava, y desde ahora todas las generaciones
me dirán feliz. [49] El Poderoso ha hecho grandes cosas por mí: ¡Santo es su Nombre! [50] Muestra su misericordia siglo tras siglo a todos aquellos que viven en su
presencia. [51] Dio un golpe con todo su poder: deshizo a los soberbios y sus planes. [52] Derribó a los poderosos de sus tronos y exaltó a los humildes. [53] Colmó de bienes a los hambrientos, y despidió a los ricos con las manos
vacías. [54] Socorrió a Israel, su siervo, se acordó de su misericordia, [55] como lo había prometido a nuestros padres, a Abraham y a sus descendientes para
siempre. [56] María se quedó unos tres meses con Isabel, y después
volvió a su casa. PRIMEROS PASOS DE JUAN BAUTISTA [57] Cuando le llegó a Isabel su día, dio a luz un
hijo, [58] y sus vecinos y parientes se alegraron con ella al enterarse de la
misericordia tan grande que el Señor le había mostrado. [59] Al octavo día
vinieron para cumplir con el niño el rito de la circuncisión, [60] y querían
ponerle por nombre Zacarías, por llamarse así su padre. Pero la madre dijo:
«No, se llamará Juan». [61] Los otros dijeron: «Pero si no hay nadie en tu
familia que se llame así». [62] Preguntaron por señas al padre cómo quería
que lo llamasen. [63] Zacarías pidió una tablilla y escribió: «Su nombre es
Juan», por lo que todos se quedaron extrañados. [64] En ese mismo instante se
le soltó la lengua y comenzó a alabar a Dios. [65] Un santo temor se apoderó
del vecindario, y estos acontecimientos se comentaban en toda la región
montañosa de Judea. [66] La gente que lo oía quedaba pensativa y decía: «¿Qué va a ser este niño?» Porque comprendían que la mano
del Señor estaba con él. [67] Su padre, Zacarías, lleno del Espíritu Santo,
empezó a recitar estos versos proféticos: [68] Bendito sea el Señor, Dios de Israel, porque ha visitado y redimido a su
pueblo. [69] Ahora sale triunfante nuestra salvación en la casa de David, su siervo, [70] como lo había dicho desde tiempos antiguos por boca de sus santos profetas: [71] que nos salvaría de nuestros enemigos y de la mano de todos los que nos odian; [72] que nos mostraría el amor que tiene a nuestros
padres y cómo recuerda su santa alianza. [73] Pues juró a nuestro padre Abraham [74] que nos libraría de nuestros enemigos para que lo sirvamos sin temor, [75] justos y santos, todos los días de nuestra vida. [76] Y tú, niño, serás llamado Profeta del Altísimo, porque irás delante del Señor para prepararle sus
caminos, [77] para decir a su pueblo lo que será su salvación. Pues van a recibir el perdón de sus pecados, [78] obra de la misericordia de nuestro Dios, cuando venga de lo alto para visitarnos cual sol naciente, [79] iluminando a los que viven en tinieblas, sentados en la sombra de la muerte, y guiar nuestros pasos por un
sendero de paz. [80] A medida que el niño iba creciendo, le vino la
fuerza del Espíritu. Vivió en lugares apartados hasta el día en que se manifestó
a Israel. JESÚS NACE EN BELÉN [1] Por aquellos días salió un decreto del emperador
Augusto, por el que se debía proceder a un censo en todo el imperio. [2] Este
fue el primer censo, siendo Quirino gobernador de Siria. [3] Todos, pues,
empezaron a moverse para ser registrados cada uno en su ciudad natal. [4]
José también, que estaba en Galilea, en la ciudad de Nazaret, subió a Judea,
a la ciudad de David, llamada Belén, porque era descendiente de David; [5]
allí se inscribió con María, su esposa, que estaba embarazada. [6] Mientras
estaban en Belén, llegó para María el momento del parto, [7] y dio a luz a su
hijo primogénito. Lo envolvió en pañales y lo acostó en un pesebre, pues no
había lugar para ellos en la sala principal de la casa. [8] En la región había pastores que vivían en el campo
y que por la noche se turnaban para cuidar sus rebaños. [9] Se les apareció
un ángel del Señor, y la gloria del Señor los rodeó de claridad. Y quedaron
muy asustados. [10] Pero el ángel les dijo: «No tengan miedo, pues yo vengo a
comunicarles una buena noticia, que será motivo de mucha alegría para todo el
pueblo. [11] Hoy, en la ciudad de David, ha nacido para ustedes un Salvador,
que es el Mesías y el Señor. [12] Miren cómo lo reconocerán: hallarán a un
niño recién nacido, envuelto en pañales y acostado en un pesebre». [13] De
pronto una multitud de seres celestiales aparecieron junto al ángel, y
alababan a Dios con estas palabras: [14] «Gloria a Dios en lo más alto del
cielo y en la tierra paz a los hombres: ésta es la hora de su gracia». [15]
Después de que los ángeles se volvieron al cielo, los pastores se dijeron
unos a otros: «Vayamos, pues, hasta Belén y veamos lo que ha sucedido y que
el Señor nos ha dado a conocer». [16] Fueron apresuradamente y hallaron a
María y a José con el recién nacido acostado en el pesebre. [17] Entonces
contaron lo que los ángeles les habían dicho del niño. [18] Todos los que
escucharon a los pastores quedaron maravillados de lo que decían. [19] María,
por su parte, guardaba todos estos acontecimientos y los volvía a meditar en
su interior. [20] Después los pastores regresaron alabando y glorificando a
Dios por todo lo que habían visto y oído, tal como los ángeles se lo habían
anunciado. [21] Cumplidos los ocho días, circuncidaron al niño y le pusieron
el nombre de Jesús, nombre que había indicado el ángel antes de que su madre
quedara embarazada. JESÚS ES PRESENTADO EN EL TEMPLO [22] Asimismo, cuando llegó el día en que, de acuerdo a
[29] Ahora, Señor, ya puedes dejar que tu servidor muera en paz como le
has dicho. [30] Porque mis ojos han visto a tu salvador, [31] que has preparado y ofreces a todos los pueblos, [32] luz que se revelará a las naciones y gloria de tu pueblo, Israel. [33] Su padre y su madre estaban maravillados por todo
lo que se decía del niño. [34] Simeón los bendijo y dijo a María, su madre:
«Mira, este niño traerá a la gente de Israel ya sea caída o resurrección.
Será una señal impugnada en cuanto se manifieste, [35] mientras a ti misma
una espada te atravesará el alma. Por este medio, sin embargo, saldrán a la
luz los pensamientos íntimos de los hombres». [36] Había también una
profetisa muy anciana, llamada Ana, hija de Fanuel
de la tribu de Aser. No había conocido a otro
hombre que a su primer marido, muerto después de siete años de matrimonio.
[37] Permaneció viuda, y tenía ya ochenta y cuatro años. No se apartaba del
Templo, sirviendo día y noche al Señor con ayunos y oraciones. [38] Llegó en
aquel momento y también comenzó a alabar a Dios hablando del niño a todos los
que esperaban la liberación de Jerusalén. [39] Una vez que cumplieron todo lo
que ordenaba PRIMERA INICIATIVA DEL JOVEN JESÚS [41] Los padres de Jesús iban todos los años a
Jerusalén para la fiesta de JUAN BAUTISTA PREPARA EL CAMINO AL SEÑOR [1] Era el año quince del reinado del emperador
Tiberio. Poncio Pilato era gobernador de Judea, Herodes gobernaba en Galilea,
su hermano Filipo en Iturea y Traconítide,
y Lisanias en Abilene;
[2] Anás y Caifás eran los jefes de los sacerdotes.
En este tiempo la palabra de Dios le fue dirigida a Juan, hijo de Zacarías,
que estaba en el desierto. [3] Juan empezó a recorrer toda la región del río
Jordán, predicando bautismo y conversión, para obtener el perdón de los
pecados. [4] Esto ya estaba escrito en el libro del profeta Isaías: Oigan ese
grito en el desierto: Preparen el camino del Señor, enderecen sus senderos.
[5] Las quebradas serán rellenadas y los montes y cerros allanados. Lo
torcido será enderezado, y serán suavizadas las asperezas de los caminos. [6]
Todo mortal entonces verá la salvación de Dios. [7] Juan decía a las
muchedumbres que venían a él de todas partes para que las bautizara: «Raza de
víboras, ¿cómo van a pensar que escaparán del castigo que se acerca? [8]
Produzcan los frutos de una sincera conversión, pues no es el momento de
decir: "Nosotros somos hijos de Abraham". Yo les aseguro que Dios
puede sacar hijos de Abraham también de estas piedras. [9] El hacha ya está
puesta a la raíz de los árboles, y todo árbol que no dé buen fruto será
cortado y arrojado al fuego». [10] La gente le preguntaba: «¿Qué
debemos hacer?» [11] El les contestaba: «El que tenga dos capas, que dé una
al que no tiene, y el que tenga de comer, haga lo mismo». [12] Vinieron
también cobradores de impuestos para que Juan los bautizara. Le dijeron:
«Maestro, ¿qué tenemos que hacer?» [13] Respondió Juan: «No cobren más de lo
establecido». [14] A su vez, unos soldados le preguntaron: «Y nosotros, ¿qué
debemos hacer?» Juan les contestó: «No abusen de la gente, no hagan denuncias
falsas y conténtense con su sueldo». [15] El pueblo estaba en la duda, y
todos se preguntaban interiormente si Juan no sería el Mesías, [16] por lo
que Juan hizo a todos esta declaración: «Yo les bautizo con agua, pero está
para llegar uno con más poder que yo, y yo no soy digno de desatar las
correas de su sandalia. El los bautizará con el Espíritu Santo y el fuego.
[17] Tiene la pala en sus manos para separar el trigo de la paja. Guardará el
trigo en sus graneros, mientras que la paja la quemará en el fuego que no se
apaga». [18] Con estas instrucciones y muchas otras, Juan anunciaba JESÚS ES BAUTIZADO POR JUAN [21] Un día fue bautizado también Jesús entre el pueblo
que venía a recibir el bautismo. Y mientras estaba en oración, se abrieron
los cielos: [22] el Espíritu Santo bajó sobre él y se manifestó exteriormente
en forma de paloma, y del cielo vino una voz: «Tú eres mi Hijo, hoy te he
dado a la vida». [23] Jesús ya había pasado los treinta años de edad
cuando comenzó. Para todos era el hijo de José, hijo de Helí,
[24] hijo de Matat, hijo de Leví, hijo de Melquí, hijo de Janaí, hijo de
José, [25] hijo de Matatías, hijo de Amós, hijo de Nahúm,
hijo de Eslí, hijo de Nagai,
[26] hijo de Maat, hijo de Matatías, hijo de Semeí, hijo de José, hijo de Judá, [27] hijo de Joanán, hijo de Resí, hijo de Zorobabel, hijo de Salatiel,
hijo de Nerib, [28] hijo de Melquí,
hijo de Adí, hijo de Koram,
hijo de Elmada, hijo de Er,
[29] hijo de Jesús, hijo de Eliecer, hijo de Jarim, hijo de Matat, hijo de
Leví, [30] hijo de Simeón, hijo de Judá, hijo de José, hijo de Jonán, hijo de Eliaquim, [31]
hijo de Milea, hijo de Mená,
hijo de Matatá, hijo de Natán, [32] hijo de David,
hijo de Jesé, hijo de Obed, hijo de Booz, hijo de Salomón, hijo de Najasón,
[33] hijo de Aminadab, hijo de Admín,
hijo de Arní, hijo de Esrón,
hijo de Farés, hijo de Judá, [34] hijo de Jacob,
hijo de Isaac, hijo de Abraham, hijo de Tara, hijo de Najor,
[35] hijo de Seruc, hijo de Ragau,
hijo de Falec, hijo de Eber,
hijo de Sala, [36] hijo de Cainam, hijo de Arfaxad, hijo de Sem, hijo de
Noé, hijo de Lamec, [37] hijo de Matusalén, hijo de
Henoc, hijo de Jared, hijo de Malaleel,
hijo de Cainam, [38] hijo de Enós,
hijo de Set, hijo de Adán, que venía de Dios. TENTACIÓN DE JESÚS EN EL DESIERTO [1] Jesús volvió de las orillas del Jordán lleno del
Espíritu Santo y se dejó guiar por el Espíritu a través del desierto, [2] donde
fue tentado por el demonio durante cuarenta días. En todo ese tiempo no comió
nada, y al final sintió hambre. [3] Entonces el diablo le dijo: «Si eres Hijo
de Dios, manda a esta piedra que se convierta en pan». [4] Jesús le contestó:
«Dice EN NAZARET JESÚS PROCLAMA SU MISIÓN [14] Jesús volvió a Galilea con el poder del Espíritu,
y su fama corrió por toda aquella región. [15] Enseñaba en las sinagogas de
los judíos y todos lo alababan. [16] Llegó a Nazaret, donde se había criado,
y el sábado fue a la sinagoga, como era su costumbre. Se puso de pie para
hacer la lectura, [17] y le pasaron el libro del profeta Isaías. Jesús
desenrolló el libro y encontró el pasaje donde estaba escrito: [18] El
Espíritu del Señor está sobre mí. El me ha ungido para llevar buenas nuevas a
los pobres, para anunciar la libertad a los cautivos, y a los ciegos que
pronto van a ver, para despedir libres a los oprimidos [19] y proclamar el
año de gracia del Señor. [20] Jesús entonces enrolló el libro, lo devolvió al
ayudante y se sentó, mientras todos los presentes tenían los ojos fijos en
él. [21] Y empezó a decirles: «Hoy les llegan noticias de cómo se cumplen
estas palabras proféticas». [22] Todos lo aprobaban y se quedaban
maravillados, mientras esta proclamación de la gracia de Dios salía de sus
labios. Y decían: «¡Pensar que es el hijo de José!»
[23] Jesús les dijo: «Seguramente ustedes me van a recordar el dicho: Médico,
cúrate a ti mismo. Realiza también aquí, en tu patria, lo que nos cuentan que
hiciste en Cafarnaún». [24] Y Jesús añadió: «Ningún profeta es bien recibido en
su patria. [25] En verdad les digo que había muchas viudas en Israel en
tiempos de Elías, cuando el cielo retuvo la lluvia durante tres años y medio
y un gran hambre asoló a todo el país. [26] Sin embargo Elías no fue enviado
a ninguna de ellas, sino a una mujer de Sarepta, en tierras de Sidón. [27]
También había muchos leprosos en Israel en tiempos del profeta Eliseo, y
ninguno de ellos fue curado, sino Naamán, el sirio». [28] Todos en la
sinagoga se indignaron al escuchar estas palabras; [29] se levantaron y lo
empujaron fuera del pueblo, llevándolo hacia un barranco del cerro sobre el
que está construido el pueblo, con intención de arrojarlo desde allí. [30]
Pero Jesús pasó por medio de ellos y siguió su camino. CON EL PODER DEL ESPÍRITU [31] Jesús bajó a Cafarnaún, pueblo de Galilea.
Enseñaba a la gente en las reuniones de los sábados, [32] y su enseñanza
hacía gran impacto sobre la gente, porque hablaba con autoridad. [33] Se
hallaba en la sinagoga un hombre endemoniado, y empezó a gritar: [34] «¿Qué quieres de nosotros, Jesús de Nazaret? ¿Has venido a
destruirnos? Yo sé quién eres: Tú eres el Santo de Dios». [35] Jesús amenazó
al demonio, ordenándole: «Cállate y sal de ese hombre». El demonio lo arrojó
al suelo, pero luego salió de él sin hacerle daño alguno. [36] La gente quedó
aterrada y se decían unos a otros: «¿Qué significa
esto? ¿Con qué autoridad y poder manda a los demonios? ¡Y miren cómo se van!»
[37] Con esto, la fama de Jesús se propagaba por todos los alrededores. [38]
Al salir Jesús de la sinagoga fue a casa de Simón. La suegra de Simón estaba
con fiebre muy alta, y le rogaron por ella. [39] Jesús se inclinó hacia ella,
dio una orden a la fiebre y ésta desapareció. Ella se levantó al instante y
se puso a atenderlos. [40] Al ponerse el sol, todos los que tenían enfermos
de diversos males se los llevaban a Jesús y él los sanaba imponiéndoles las
manos a cada uno. [41] También salieron demonios de varias personas; ellos
gritaban: «Tú eres el Hijo de Dios», pero él los amenazaba y no les permitía decir
que él era el Mesías, porque lo sabían. [42] Jesús salió al amanecer y se fue
a un lugar solitario. La gente lo andaba buscando, y los que pudieron dar con
él le insistían para que no se fuera de su pueblo. [43] Pero Jesús les dijo:
«Yo tengo que anunciar también a las otras ciudades [1] Cierto día la gente se agolpaba a su alrededor para
escuchar la palabra de Dios, y él estaba de pie a la orilla del lago de
Genesaret. [2] En eso vio dos barcas amarradas al borde del lago; los
pescadores habían bajado y lavaban las redes. [3] Subió a una de las barcas,
que era la de Simón, y le pidió que se alejara un poco de la orilla; luego se
sentó y empezó a enseñar a la multitud desde la barca. [4] Cuando terminó de
hablar, dijo a Simón: «Lleva la barca mar adentro y echen las redes para
pescar». [5] Simón respondió: «Maestro, por más que lo hicimos durante toda
la noche, no pescamos nada; pero, si tú lo dices, echaré las redes». [6] Así
lo hicieron, y pescaron tal cantidad de peces, que las redes casi se rompían.
[7] Entonces hicieron señas a sus compañeros que estaban en la otra barca
para que vinieran a ayudarles. Vinieron y llenaron tanto las dos barcas, que
por poco se hundían. [8] Al ver esto, Simón Pedro se arrodilló ante Jesús,
diciendo: «Señor, apártate de mí, que soy un hombre pecador». [9] Pues tanto
él como sus ayudantes se habían quedado sin palabras por la pesca que
acababan de hacer. [10] Lo mismo les pasaba a Santiago y a Juan, hijos de
Zebedeo, compañeros de Simón. Jesús dijo a Simón: «No temas; en adelante
serás pescador de hombres». [11] En seguida llevaron sus barcas a tierra, lo
dejaron todo y siguieron a Jesús. EL LEPROSO SANADO [12] Estando Jesús en uno de esos pueblos, se presentó
un hombre cubierto de lepra. Apenas vio a Jesús, se postró con la cara en
tierra y le suplicó: «Señor, si tú quieres, puedes limpiarme». [13] Jesús
extendió la mano y lo tocó, diciendo: «Lo quiero, queda limpio». [14] Y al
instante le desapareció la lepra. Jesús le dio aviso que no lo dijera a
nadie. «Vete, le dijo, preséntate al sacerdote y haz la ofrenda por tu
purificación como ordenó Moisés, pues tienes que hacerles tu declaración».
[15] La fama de Jesús crecía más y más, a tal punto que multitudes acudían
para oírle y ser curados de sus enfermedades. [16] Pero él buscaba siempre
lugares solitarios donde orar. EL PARALÍTICO [17] Un día Jesús estaba enseñando, y había allí entre
los asistentes unos fariseos y maestros de LEVÍ SIGUE A JESÚS. «HE VENIDO PARA LLAMAR A LOS
PECADORES» [27] Al salir, Jesús vio a un cobrador de impuestos,
llamado Leví, que estaba sentado en el puesto donde cobraba. Jesús le dijo:
«Sígueme». [28] Leví se levantó; lo dejó todo y empezó a seguirlo. [29] Leví
le ofreció un gran banquete en su casa, y con ellos se sentaron a la mesa un
buen número de cobradores de impuestos y gente de toda clase. [30] Al ver
esto, los fariseos y los maestros de EL HIJO DEL HOMBRE ES DUEÑO DEL SÁBADO [1] Un sábado, Jesús atravesaba unos sembrados, y sus
discípulos cortaban espigas, las desgranaban en las manos y se comían el
grano. [2] Algunos fariseos les dijeron: «¿Por qué
hacen lo que no está permitido hacer en día sábado?» [3] Jesús les respondió:
«¿Ustedes no han leído lo que hizo David, y con él
sus hombres, un día que tuvieron hambre? [4] Pues entró en JESÚS ELIGE A LOS DOCE [12] En aquellos días se fue a orar a un cerro y pasó
toda la noche en oración con Dios. [13] Al llegar el día llamó a sus
discípulos y escogió a doce de ellos, a los que llamó apóstoles: [14] Simón,
al que le dio el nombre de Pedro, y su hermano Andrés, Santiago, Juan,
Felipe, Bartolomé, [15] Mateo, Tomás, Santiago, hijo de Alfeo, Simón, apodado
Zelote, [16] Judas, hermano de Santiago, y Judas Iscariote, que fue el
traidor. EL DISCURSO DEL MONTE [17] Jesús bajó con ellos y se detuvo en un lugar llano.
Había allí un grupo impresionante de discípulos suyos y una cantidad de gente
procedente de toda Judea y de Jerusalén, y también de la costa de Tiro y de
Sidón. Habían venido para oírlo y para que los sanara de sus enfermedades;
[18] también los atormentados por espíritus malos recibían curación. [19] Por
eso cada cual trataba de tocarlo, porque de él salía una fuerza que los
sanaba a todos. [20] El, entonces, levantó los ojos hacia sus discípulos y
les dijo: [21] «Felices ustedes los pobres, porque de ustedes es el Reino de
Dios. Felices ustedes, los que ahora tienen hambre, porque serán saciados.
Felices ustedes, los que lloran, porque reirán. [22] Felices ustedes, si los hombres los odian, los
expulsan, los insultan y los consideran unos delincuentes a causa del Hijo
del Hombre. [23] Alégrense en ese momento y llénense de gozo, porque les
espera una recompensa grande en el cielo. Recuerden que de esa manera
trataron también a los profetas en tiempos de sus padres. [24] Pero ¡pobres
de ustedes, los ricos, porque tienen ya su consuelo! [25] ¡Pobres de ustedes,
los que ahora están satisfechos, porque después tendrán hambre! ¡Pobres de
ustedes, los que ahora ríen, porque van a llorar de pena! [26] ¡Pobres de
ustedes, cuando todos hablen bien de ustedes, porque de esa misma manera
trataron a los falsos profetas en tiempos de sus antepasados! EL AMOR A LOS ENEMIGOS [27] Yo les digo a ustedes que me escuchan: amen a sus
enemigos, hagan el bien a los que los odian, [28] bendigan a los que los
maldicen, rueguen por los que los maltratan. [29] Al que te golpea en una
mejilla, preséntale también la otra. Al que te arrebata el manto, entrégale
también el vestido. [30] Da al que te pide, y al que te quita lo tuyo, no se
lo reclames. [31] Traten a los demás como quieren que ellos les traten a
ustedes. [32] Porque si ustedes aman a los que los aman, ¿qué mérito tienen?
Hasta los malos aman a los que los aman. [33] Y si hacen bien a los que les
hacen bien, ¿qué gracia tiene? También los pecadores obran así. [34] Y si prestan
algo a los que les pueden retribuir, ¿qué gracia tiene? También los pecadores
prestan a pecadores para que estos correspondan con algo. [35] Amen a sus
enemigos, hagan el bien y presten sin esperar nada a cambio. Entonces la
recompensa de ustedes será grande, y serán hijos del Altísimo, que es bueno
con los ingratos y los pecadores. [36] Sean compasivos como es compasivo el
Padre de ustedes. [37] No juzguen y no serán juzgados; no condenen y no serán
condenados; perdonen y serán perdonados. [38] Den, y se les dará; se les
echará en su delantal una medida colmada, apretada y rebosante. Porque con la
medida que ustedes midan, serán medidos ustedes». [39] Jesús les puso también
esta comparación: «¿Puede un ciego guiar a otro
ciego? Ciertamente caerán ambos en algún hoyo. [40] El discípulo no está por
encima de su maestro, pero si se deja formar, se parecerá a su maestro. [41]
¿Y por qué te fijas en la pelusa que tiene tu hermano en un ojo, si no eres
consciente de la viga que tienes en el tuyo? [42] ¿Cómo puedes decir a tu
hermano: ''Hermano, deja que te saque la pelusa que tienes en el ojo'', si tú
no ves la viga en el tuyo? Hipócrita, saca primero la viga de tu propio ojo
para que veas con claridad, y entonces sacarás la pelusa del ojo de tu
hermano. [43] No hay árbol bueno que dé frutos malos, ni tampoco árbol malo
que dé frutos buenos. [44] Cada árbol se conoce por sus frutos. No se recogen
higos de los espinos ni se sacan uvas de las zarzas. [45] Así, el hombre
bueno saca cosas buenas del tesoro que tiene en su corazón, mientras que el
malo, de su fondo malo saca cosas malas. La boca habla de lo que está lleno
el corazón. [46] ¿Por qué me llaman: ¡Señor!
¡Señor!, y no hacen lo que digo? [47] Les voy a
decir a quién se parece el que viene a mí y escucha mis palabras y las
practica. [48] Se parece a un hombre que construyó una casa; cavó
profundamente y puso los cimientos sobre la roca. Vino una inundación y la
corriente se precipitó sobre la casa, pero no pudo removerla porque estaba
bien construida. [49] Por el contrario, el que escucha, pero no pone en
práctica, se parece a un hombre que construyó su casa sobre tierra, sin
cimientos. La corriente se precipitó sobre ella y en seguida se desmoronó,
siendo grande el desastre de aquella casa. [1] Cuando terminó de enseñar al pueblo con estas
palabras, Jesús entró en Cafarnaún. [2] Había allí un capitán que tenía un
sirviente muy enfermo al que quería mucho, y que estaba a punto de morir. [3]
Habiendo oído hablar de Jesús, le envió algunos judíos importantes para
rogarle que viniera y salvara a su siervo. [4] Llegaron donde Jesús y le
rogaron insistentemente, diciéndole: «Este hombre se merece que le hagas este
favor, [5] pues ama a nuestro pueblo y nos ha construido una sinagoga». [6]
Jesús se puso en camino con ellos. No estaban ya lejos de la casa, cuando el
capitán envió a unos amigos para que le dijeran: «Señor, no te molestes, pues
¿quién soy yo, para que entres bajo mi techo? [7] Por eso ni siquiera me
atreví a ir personalmente donde ti. Basta que tú digas una palabra y mi
sirviente se sanará. [8] Yo mismo, a pesar de que soy un subalterno, tengo
soldados a mis órdenes, y cuando le ordeno a uno: "Vete", va; y si
le digo a otro: "Ven", viene; y si digo a mi sirviente: "Haz
esto", lo hace». [9] Al oír estas palabras, Jesús quedó admirado, y
volviéndose hacia la gente que lo seguía, dijo: «Les aseguro, que ni siquiera
en Israel he hallado una fe tan grande». [10] Y cuando los enviados regresaron
a casa, encontraron al sirviente totalmente restablecido. JESÚS RESUCITA AL HIJO DE UNA VIUDA [11] Jesús se dirigió poco después a un pueblo llamado
Naím, y con él iban sus discípulos y un buen número de personas. [12] Cuando
llegó a la puerta del pueblo, sacaban a enterrar a un muerto: era el hijo
único de su madre, que era viuda, y mucha gente del pueblo la acompañaba.
[13] Al verla, el Señor se compadeció de ella y le dijo: «No llores». [14]
Después se acercó y tocó el féretro. Los que lo llevaban se detuvieron. Dijo
Jesús entonces: «Joven, yo te lo mando, levántate». [15] Se incorporó el
muerto inmediatamente y se puso a hablar. Y Jesús se lo entregó a su madre.
[16] Un santo temor se apoderó de todos y alababan a Dios, diciendo: «Es un
gran profeta el que nos ha llegado. Dios ha visitado a su pueblo». [17] Lo
mismo se rumoreaba de él en todo el país judío y en sus alrededores. JESÚS RESPONDE A LOS ENVIADOS DE JUAN BAUTISTA [18] Los discípulos de Juan lo tenían informado de todo
aquello. Llamó, pues, a dos de sus discípulos [19] y los envió a que
preguntaran al Señor: «¿Eres tú el que ha de venir o
tenemos que esperar a otro?» [20] Los hombres, al llegar donde Jesús,
dijeron: «Juan Bautista nos envía a preguntarte: ¿Eres tú el que ha de venir
o tenemos que esperar a otro?» [21] En ese momento Jesús curó a varias
personas afligidas de enfermedades, de achaques y de espíritus malignos y
devolvió la vista a algunos ciegos. [22] Contestó, pues, a los mensajeros:
«Vuelvan y cuéntenle a Juan lo que han visto y oído: los ciegos ven, los
cojos andan, los leprosos quedan limpios, los sordos oyen, los muertos se
despiertan, y una buena nueva llega a los pobres. [23] Y ¡dichoso aquél para
quien yo no soy un motivo de escándalo!» [24] Los mensajeros se fueron, y
Jesús empezó a hablar de Juan a la gente: «Cuando ustedes salieron al
desierto, ¿qué iban a ver? ¿Una caña agitada por el viento? [25] ¿Qué iban a
ver? ¿Un hombre con ropas finas? Pero los que visten ropas finas y tienen
comida regia están en palacios. [26] Entonces, ¿qué fueron a ver? ¿Un
profeta? Eso sí, y créanme, más que profeta. [27] Este es el hombre de quien
la escritura dice: Ahora envío a mi mensajero delante de ti para que te
preceda y te abra el camino. [28] Yo les digo que entre los hijos de mujer no
hay ninguno más grande que Juan Bautista; y sin embargo, el más pequeño en el
Reino de Dios es más que él. [29] Todo el pueblo escuchó a Juan, incluso los
publicanos; confesaron sus faltas y recibieron su bautismo. [30] En cambio,
los fariseos y los maestros de EL FARISEO Y [36] Un fariseo invitó a Jesús a comer. Entró en casa
del fariseo y se reclinó en el sofá para comer. [37] En aquel pueblo había
una mujer conocida como una pecadora; al enterarse de que Jesús estaba
comiendo en casa del fariseo, tomó un frasco de perfume, se colocó detrás de
él, a sus pies, [38] y se puso a llorar. Sus lágrimas empezaron a regar los
pies de Jesús y ella trató de secarlos con su cabello. Luego le besaba los
pies y derramaba sobre ellos el perfume. [39] Al ver esto el fariseo que lo
había invitado, se dijo interiormente: «Si este hombre fuera profeta, sabría
que la mujer que lo está tocando es una pecadora, conocería a la mujer y lo
que vale». [40] Pero Jesús, tomando la palabra, le dijo: «Simón, tengo algo
que decirte». Simón contestó: «Habla, Maestro». Y Jesús le dijo: [41] «Un
prestamista tenía dos deudores: uno le debía quinientas monedas y el otro
cincuenta. [42] Como no tenían con qué pagarle, les perdonó la deuda a ambos.
¿Cuál de los dos lo querrá más?» [43] Simón le contestó: «Pienso que aquel a
quien le perdonó más». Y Jesús le dijo: «Has juzgado bien». [44] Y volviéndose
hacia la mujer, dijo a Simón: «¿Ves a esta mujer?
Cuando entré en tu casa, no me ofreciste agua para los pies, mientras que
ella me ha lavado los pies con sus lágrimas y me los ha secado con sus
cabellos. [45] Tú no me has recibido con un beso, pero ella, desde que entró,
no ha dejado de cubrirme los pies de besos. [46] Tú no me ungiste la cabeza
con aceite; ella, en cambio, ha derramado perfume sobre mis pies. [47] Por
eso te digo que sus pecados, sus numerosos pecados, le quedan perdonados, por
el mucho amor que ha manifestado. En cambio aquel al que se le perdona poco,
demuestra poco amor». [48] Jesús dijo después a la mujer: «Tus pecados te
quedan perdonados». [49] Y los que estaban con él a la mesa empezaron a
pensar: «¿Así que ahora pretende perdonar pecados?»
[50] Pero de nuevo Jesús se dirigió a la mujer: «Tu fe te ha salvado, vete en
paz». LAS MUJERES QUE ACOMPAÑABAN A JESÚS [1] Jesús iba recorriendo ciudades y aldeas, predicando
y anunciando [4] Un día se congregó un gran número de personas, pues
la gente venía a verlo de todas las ciudades, y Jesús se puso a hablarles por
medio de comparaciones o parábolas: [5] «El sembrador salió a sembrar. Al ir
sembrando, una parte del grano cayó a lo largo del camino, lo pisotearon, y
las aves del cielo lo comieron. [6] Otra parte cayó sobre rocas; brotó, pero
luego se secó por falta de humedad. [7] Otra cayó entre espinos, y los
espinos crecieron con la semilla y la ahogaron. [8] Y otra cayó en tierra
buena, creció y produjo el ciento por uno». Al terminar, Jesús exclamó:
«Escuchen, pues, si ustedes tienen oídos para oír». [9] Sus discípulos le preguntaron
qué quería decir aquella comparación. [10] Jesús les contestó: «A ustedes se
les concede conocer los misterios del Reino de Dios, mientras que a los demás
les llega en parábolas. Así, pues, mirando no ven y oyendo no comprenden.
[11] Aprendan lo que significa esta comparación: La semilla es la palabra de
Dios. [12] Los que están a lo largo del camino son los que han escuchado la
palabra, pero después viene el diablo y la arranca de su corazón, pues no
quiere que crean y se salven. [13] Lo que cayó sobre la roca son los que, al
escuchar la palabra, la acogen con alegría, pero no tienen raíz; no creen más
que por un tiempo y fallan en la hora de la prueba. [14] Lo que cayó entre
espinos son los que han escuchado la palabra, pero las preocupaciones, la
riquezas y los placeres de la vida los ahogan con el paso del tiempo y no
llegan a madurar. [15] Y lo que cae en tierra buena son los que reciben la
palabra con un corazón noble y generoso, la guardan y, perseverando, dan
fruto. [16] Nadie enciende una lámpara para cubrirla con una vasija o para
colocarla debajo de la cama. Por el contrario, la pone sobre un candelero
para que los que entren vean la luz. [17] No hay nada escondido que no deba
ser descubierto, ni nada tan secreto que no llegue a conocerse y salir a la
luz. [18] Por tanto, fíjense bien en la manera como escuchan. Porque al que
produce se le dará, y al que no tiene se le quitará hasta lo que cree tener». ESTÁN TU MADRE Y TUS HERMANOS [19] Su madre y sus hermanos querían verlo, pero no
podían llegar hasta él por el gentío que había. [20] Alguien dio a Jesús este
recado: «Tu madre y tus hermanos están fuera y quieren verte». [21] Jesús
respondió: «Mi madre y mis hermanos son los que escuchan la palabra de Dios y
la cumplen». [22] Un día subió Jesús a una barca con sus discípulos
y les dijo: «Crucemos a la otra orilla del lago». Y remaron
mar adentro. [23] Mientras navegaban, Jesús se durmió. De repente se
desencadenó una tempestad sobre el lago y la barca se fue llenando de agua, a
tal punto que peligraban. [24] Se acercaron a él y lo despertaron: «Maestro,
Maestro, ¡estamos perdidos!» Jesús se levantó y amenazó al viento y a las
olas encrespadas; se tranquilizaron y todo quedó en calma. [25] Después les
dijo: «¿Dónde está su fe?» Los discípulos se habían
asustado, pero ahora estaban fuera de sí y se decían el uno al otro: «¿Quién es éste? Manda a los vientos y a las olas, y le
obedecen». EL ENDEMONIADO Y LOS CERDOS [26] Llegaron a la tierra de los gerasenos,
que se halla al otro lado del lago, frente a Galilea. [27] Acababa Jesús de
desembarcar, cuando vino a su encuentro un hombre de la ciudad que estaba
poseído por demonios. Desde hacía mucho tiempo no se vestía ni vivía en casa
alguna, sino que habitaba en las tumbas. [28] Al ver a Jesús se puso a gritar
y se echó a sus pies. Le decía a voces: «¿Qué
quieres conmigo, Jesús, hijo del Dios Altísimo? Te lo ruego, no me
atormentes». [29] Es que Jesús ordenaba al espíritu malo que saliera de aquel
hombre. En muchas ocasiones el espíritu se había apoderado de él y lo había
llevado al desierto. En esos momentos, por más que lo ataran con cadenas y
grillos para someterlo, rompía las ataduras. [30] Jesús le preguntó: «¿Cuál es tu nombre?» Y él contestó: «Multitud». Porque
muchos demonios habían entrado en él; [31] y rogaban a Jesús que no les
ordenara volver al abismo. [32] Había en ese lugar un gran número de cerdos
comiendo en el cerro. Los demonios suplicaron a Jesús que les permitiera
entrar en los cerdos, y él se lo permitió. [33] Salieron, pues, del hombre
para entrar en los cerdos, y toda la piara se precipitó de lo alto del
acantilado, ahogándose en el lago. [34] Al ver los cuidadores lo que había
ocurrido, huyeron y llevaron la noticia a la ciudad y a los campos. [35] La
gente salió a ver qué había pasado y llegaron a donde estaba Jesús.
Encontraron junto a él al hombre del que habían salido los demonios, sentado
a sus pies, vestido y en su sano juicio. Todos se asustaron. [36] Entonces
los que habían sido testigos les contaron cómo el endemoniado había sido
salvado. [37] Un miedo muy fuerte se apoderó de ellos y todo el pueblo del
territorio de los gerasenos pidió a Jesús que se
alejara. Cuando Jesús subió a la barca para volver, [38] el hombre del que
habían salido los demonios le rogaba que lo admitiera en su compañía. Pero
Jesús lo despidió diciéndole: [39] «Vuélvete a tu casa y cuenta todo lo que
Dios ha hecho por ti». El hombre se fue y publicó en la ciudad entera todo lo
que Jesús había hecho por él. JESÚS RESUCITA A [40] Ya había gente para recibir a Jesús a su regreso,
pues todos estaban esperándolo. [41] En esto se presentó un hombre, llamado
Jairo, que era dirigente de la sinagoga. Cayendo a los pies de Jesús, le
suplicaba que fuera a su casa, [42] porque su hija única, de unos doce años,
se estaba muriendo. Y Jesús se dirigió a la casa de Jairo, rodeado de un
gentío que casi lo sofocaba. [43] Entonces una mujer, que padecía hemorragias
desde hacía doce años y a la que nadie había podido curar, [44] se acercó por
detrás y tocó el fleco de su manto. Al instante se le detuvo el derrame. [45]
Jesús preguntó: «¿Quién me ha tocado?» Como todos
decían: «Yo, no», Pedro le replicó: «Maestro, es toda esta multitud que te
rodea y te oprime». [46] Pero Jesús le dijo: «Alguien me ha tocado, pues he
sentido que una fuerza ha salido de mí». [47] La mujer, al verse descubierta,
se presentó temblando y se echó a los pies de Jesús. Después contó delante de
todos por qué lo había tocado y cómo había quedado instantáneamente sana.
[48] Jesús le dijo: «Hija, tu fe te ha salvado; vete en paz». [49] Estaba aún
Jesús hablando, cuando alguien vino a decir al dirigente de la sinagoga: «Tu
hija ha muerto; no tienes por qué molestar más al Maestro». [50] Jesús lo oyó
y dijo al dirigente: «No temas: basta que creas, y tu hija se salvará». [51]
Al llegar a la casa, no permitió entrar con él más que a Pedro, Juan y
Santiago, y al padre y la madre de la niña. [52] Los demás se lamentaban y
lloraban en voz alta, pero Jesús les dijo: «No lloren; la niña no está
muerta, sino dormida». [53] Pero la gente se burlaba de él, pues sabían que
estaba muerta. [54] Jesús la tomó de la mano y le dijo: «Niña, levántate».
[55] Le volvió su espíritu; al instante se levantó y Jesús insistió en que le
dieran de comer. [56] Sus padres estaban fuera de sí y Jesús les ordenó que
no dijeran a nadie lo que había sucedido. CAPÍTULO 9 [1] Jesús reunió a los Doce y les dio autoridad para
expulsar todos los malos espíritus y poder para curar enfermedades. [2]
Después los envió a anunciar el Reino de Dios y devolver la salud a las
personas. [3] Les dijo: «No lleven nada para el camino: ni bolsa colgada del
bastón, ni pan, ni plata, ni siquiera vestido de repuesto. [4] Cuando los
reciban en una casa, quédense en ella hasta que se vayan de ese lugar. [5]
Pero donde no los quieran recibir, no salgan del pueblo sin antes sacudir el
polvo de sus pies: esto será un testimonio contra ellos». [6] Ellos partieron
a recorrer los pueblos; predicaban JESÚS MULTIPLICA EL PAN [12] El día comenzaba a declinar. Los Doce se acercaron
para decirle: «Despide a la gente para que se busquen alojamiento y comida en
las aldeas y pueblecitos de los alrededores, porque
aquí estamos lejos de todo». [13] Jesús les contestó: «Denles ustedes mismos
de comer». Ellos dijeron: «No tenemos más que cinco panes y dos pescados. ¿O
desearías, tal vez, que vayamos nosotros a comprar alimentos para todo este
gentío?» [14] De hecho había unos cinco mil hombres. Pero Jesús dijo a sus
discípulos: «Hagan sentar a la gente en grupos de cincuenta». [15] Así lo
hicieron los discípulos, y todos se sentaron. [16] Jesús entonces tomó los
cinco panes y los dos pescados, levantó los ojos al cielo, pronunció la
bendición, los partió y se los entregó a sus discípulos para que los
distribuyeran a la gente. [17] Todos comieron hasta saciarse. Después se
recogieron los pedazos que habían sobrado, y llenaron doce canastos. PEDRO PROCLAMA SU FE EN CRISTO [18] Un día Jesús se había apartado un poco para orar,
pero sus discípulos estaban con él. Entonces les preguntó: «Según el parecer
de la gente ¿quién soy yo?» [19] Ellos contestaron: «Unos dicen que eres Juan
Bautista, otros que Elías, y otros que eres alguno de los profetas antiguos
que ha resucitado». [20] Entonces les preguntó: «Y ustedes, ¿quién dicen que
soy yo?» Pedro respondió: «Tú eres el Cristo de Dios». [21] Jesús les hizo
esta advertencia: «No se lo digan a nadie». [22] Y les decía: «El Hijo del
Hombre tiene que sufrir mucho y ser rechazado por las autoridades judías, por
los jefes de los sacerdotes y por los maestros de [28] Unos ocho días después de estos discursos, Jesús
tomó consigo a Pedro, a Santiago y a Juan y subió a un cerro a orar. [29] Y
mientras estaba orando, su cara cambió de aspecto y su ropa se volvió de una
blancura fulgurante. [30] Dos hombres, que eran Moisés y Elías, conversaban
con él. [31] Se veían en un estado de gloria y hablaban de su partida, que
debía cumplirse en Jerusalén. [32] Un sueño pesado se había apoderado de
Pedro y sus compañeros, pero se despertaron de repente y vieron la gloria de
Jesús y a los dos hombres que estaban con él. [33] Como éstos estaban para
irse, Pedro dijo a Jesús: «Maestro, ¡qué bueno que estemos aquí! Levantemos
tres chozas: una para ti, otra para Moisés y otra para Elías». Pero no sabía
lo que decía. [34] Estaba todavía hablando, cuando se formó una nube que los
cubrió con su sombra, y al quedar envueltos en la nube se atemorizaron. [35]
Pero de la nube llegó una voz que decía: «Este es mi Hijo, mi Elegido;
escúchenlo». [36] Después de oírse estas palabras, Jesús estaba allí
solo. Los discípulos guardaron
silencio por aquellos días, y no contaron nada a nadie de lo que habían
visto. JESÚS SANA AL JOVEN EPILÉPTICO [37] Al día siguiente, cuando bajaban del cerro, les
salió al encuentro un tropel de gente. [38] De pronto un hombre de entre
ellos empezó a gritar: «Maestro, te lo suplico, mira a este muchacho, el
único hijo que tengo. [39] De repente un demonio se apodera de él y empieza a
dar gritos; lo hace retorcerse con violencia y echar espumarajos, y no lo
suelta sino cuando está totalmente molido. [40] He pedido a tus discípulos
que echaran el demonio, pero no han sido capaces». [41] Jesús respondió:
«Gente incrédula y extraviada, ¿hasta cuándo estaré entre ustedes y tendré
que soportarlos? [42] Trae acá a tu hijo». Cuando el muchacho se acercaba, el
demonio lo arrojó al suelo con violentas sacudidas. Pero Jesús habló al
espíritu malo en tono dominante, curó al muchacho y se lo devolvió a su
padre. [43] Todos quedaron asombrados ante una tal intervención de Dios. Mientras todos quedaban admirados por las cosas que
hacía, Jesús dijo a sus discípulos: [44] «Escuchen y recuerden lo que ahora
les digo: El Hijo del Hombre va a ser entregado en manos de los hombres».
[45] Pero ellos no entendieron estas palabras. Algo les impedía comprender lo
que significaban, y no se atrevían a pedirle una aclaración. ¿QUIÉN ES EL MÁS IMPORTANTE? [46] A los discípulos se les ocurrió preguntarse cuál
de ellos era el más importante. [47] Jesús, que conocía sus pensamientos,
tomó a un niño, lo puso a su lado, [48] y les dijo: «El que recibe a este
niño en mi nombre, me recibe a mí, y el que me recibe a mí, recibe al que me
envió. El más pequeño entre todos ustedes, ése es realmente grande». [49] En
ese momento Juan tomó la palabra y le dijo: «Maestro, hemos visto a uno que
hacía uso de tu nombre para echar fuera demonios, y le dijimos que no lo
hiciera, pues no es discípulo junto a nosotros». [50] Pero Jesús le dijo: «No
se lo impidan, pues el que no está contra ustedes, está con ustedes». NO QUIEREN ACOGER A JESÚS EN UN PUEBLO [51] Como ya se acercaba el tiempo en que sería llevado
al cielo, Jesús emprendió resueltamente el camino a Jerusalén. [52] Envió
mensajeros delante de él, que fueron y entraron en un pueblo samaritano para
prepararle alojamiento. [53] Pero los samaritanos no lo quisieron recibir,
porque se dirigía a Jerusalén. [54] Al ver esto sus discípulos Santiago y
Juan, le dijeron: «Señor, ¿quieres que mandemos bajar fuego del cielo que los
consuma?» [55] Pero Jesús se volvió y los reprendió. [56] Y continuaron el
camino hacia otra aldea. LAS EXIGENCIAS DEL MAESTRO [57] Mientras iban de camino, alguien le dijo:
«Maestro, te seguiré adondequiera que vayas». [58] Jesús le contestó: «Los
zorros tienen cuevas y las aves tienen nidos, pero el Hijo del Hombre ni
siquiera tiene donde recostar la cabeza». [59] Jesús dijo a otro: «Sígueme».
El contestó: «Señor, deja que me vaya y pueda primero enterrar a mi padre».
[60] Jesús le dijo: «Sígueme, y deja que los muertos entierren a sus muertos.
Tú ve a anunciar el Reino de Dios». [61] Otro le dijo: «Te seguiré, Señor, pero
antes déjame despedirme de mi familia». [62] Jesús le contestó: «El que pone
la mano en el arado y mira hacia atrás, no sirve para el Reino de Dios». JESÚS ENVÍA A LOS SETENTA Y DOS DISCÍPULOS [1] Después de esto, el Señor eligió a otros setenta y
dos discípulos y los envió de dos en dos delante de él, a todas las ciudades
y lugares adonde debía ir. [2] Les dijo: «La cosecha es abundante, pero los
obreros son pocos. Rueguen, pues, al dueño de la cosecha que envíe obreros a
su cosecha. [3] Vayan, pero sepan que los envío como corderos en medio de
lobos. [4] No lleven monedero, ni bolsón, ni sandalias, ni se detengan a
visitar a conocidos. [5] Al entrar en cualquier casa, bendíganla antes
diciendo: La paz sea en esta casa. [6] Si en ella vive un hombre de paz,
recibirá la paz que ustedes le traen; de lo contrario, la bendición volverá a
ustedes. [7] Mientras se queden en esa casa, coman y beban lo que les
ofrezcan, porque el obrero merece su salario. [8] No vayan de casa en casa.
Cuando entren en una ciudad y sean bien recibidos, coman lo que les sirvan,
[9] sanen a los enfermos y digan a su gente: El Reino de Dios ha venido a
ustedes. [10] Pero si entran en una ciudad y no quieren recibirles, vayan a
sus plazas y digan: [11] Nos sacudimos y les dejamos hasta el polvo de su
ciudad que se ha pegado a nuestros pies. Con todo, sépanlo bien: el Reino de
Dios ha venido a ustedes. [12] Yo les aseguro que, en el día del juicio,
Sodoma será tratada con menos rigor que esa ciudad. [13] ¡Pobre de ti, Corazaín! ¡Pobre de ti, Betsaida! Porque si los milagros
que se han hecho en ustedes se hubieran realizado en Tiro y Sidón, hace mucho
tiempo que sus habitantes habrían hecho penitencia, poniéndose vestidos de
penitencia, y se habrían sentado en la ceniza. [14] Con toda seguridad Tiro y
Sidón serán tratadas con menos rigor que ustedes en el día del juicio. [15] Y
tú, Cafarnaún, ¿crees que te elevarás hasta el cielo? No, serás precipitada
hasta el lugar de los muertos. [16] Quien les escucha a ustedes, me escucha a
mí; quien les rechaza a ustedes, me rechaza a mí; y el que me rechaza a mí,
rechaza al que me ha enviado». JESÚS DA GRACIAS AL PADRE [17] Los setenta y dos discípulos volvieron muy
contentos, diciendo: «Señor, hasta los demonios nos obedecen al invocar tu
nombre». [18] Jesús les dijo: «Yo veía a Satanás caer del cielo como un rayo.
[19] Miren que les he dado autoridad para pisotear serpientes y escorpiones y
poder sobre toda fuerza enemiga: no habrá arma que les haga daño a ustedes.
[20] Sin embargo, alégrense no porque los demonios se someten a ustedes, sino
más bien porque sus nombres están escritos en los cielos». [21] En ese
momento Jesús se llenó del gozo del Espíritu Santo y dijo: «Yo te bendigo,
Padre, Señor del cielo y de la tierra, porque has ocultado estas cosas a los
sabios y entendidos y se las has dado a conocer a los pequeñitos. Sí, Padre,
pues tal ha sido tu voluntad. [22] Mi Padre ha puesto todas las cosas en mis
manos; nadie sabe quién es el Hijo, sino el Padre; nadie sabe quién es el
Padre sino el Hijo y aquel a quien el Hijo quiera dárselo a conocer». [23]
Después, volviéndose hacia sus discípulos, Jesús les dijo a ellos solos: «¡Felices los ojos que ven lo que ustedes ven! [24] Porque
yo les digo, que muchos profetas y reyes quisieron ver lo que ustedes ven, y
no lo vieron, y oír lo que ustedes oyen, y no lo oyeron». EL BUEN SAMARITANO [25] Un maestro de MARTA Y MARÍA [38] Siguiendo su camino, entraron en un pueblo, y una
mujer, llamada Marta, lo recibió en su casa. [39] Tenía una hermana llamada
María, que se sentó a los pies del Señor y se quedó escuchando su palabra.
[40] Mientras tanto Marta estaba absorbida por los
muchos quehaceres de la casa. A cierto punto Marta se acercó a Jesús y le
dijo: «Señor, ¿no te importa que mi hermana me haya dejado sola para atender?
Dile que me ayude». [41] Pero el Señor le respondió: «Marta, Marta, tú andas
preocupada y te pierdes en mil cosas: [42] una sola es necesaria. María ha
elegido la mejor parte, que no le será quitada». JESÚS NOS ENSEÑA CÓMO ORAR [1] Un día estaba Jesús orando en cierto lugar. Al
terminar su oración, uno de sus discípulos le dijo: «Señor, enséñanos a orar,
como Juan enseñó a sus discípulos». [2] Les dijo: «Cuando recen, digan:
Padre, santificado sea tu Nombre, venga tu Reino. [3] Danos cada día el pan que nos corresponde. [4] Perdónanos nuestros pecados, porque también nosotros perdonamos a todo el que nos debe. Y no nos dejes caer en la tentación». [5] Les dijo también: «Supongan que uno de ustedes
tiene un amigo y va a medianoche a su casa a decirle: «Amigo, préstame tres
panes, [6] porque un amigo mío ha llegado de viaje y no tengo nada que
ofrecerle». [7] Y el otro le responde a usted desde adentro: «No me molestes;
la puerta está cerrada y mis hijos y yo estamos ya acostados; no puedo
levantarme a dártelos». [8] Yo les digo: aunque el hombre no se levante para
dárselo porque usted es amigo suyo, si usted se pone pesado, al final le dará
todo lo que necesita. [9] Pues bien, yo les digo: Pidan y se les dará,
busquen y hallarán, llamen a la puerta y les abrirán. [10] Porque todo el que
pide recibe, el que busca halla y al que llame a la puerta, se le abrirá.
[11] ¿Habrá un padre entre todos ustedes, que dé a su hijo una serpiente
cuando le pide pan? [12] Y si le pide un huevo, ¿le dará un escorpión? [13]
Si ustedes, que son malos, saben dar cosas buenas a sus hijos, ¡cuánto más el
Padre del Cielo dará espíritu santo a los que se lo pidan!». JESÚS Y BEELZEBÚ [14] Otro día Jesús estaba expulsando un demonio: se
trataba de un hombre mudo. Apenas salió el demonio, el mudo empezó a hablar y
la gente quedó admirada. [15] Pero algunos de ellos dijeron: «Este echa a los
demonios con el poder de Belzebú, jefe de los
demonios». [16] Y otros, para ponerlo a prueba, le pedían una señal que
viniera del cielo. [17] Jesús, que conocía sus pensamientos, les dijo: «Una
nación dividida corre a la ruina, y los partidos opuestos caen uno tras otro.
[18] Si Satanás también está dividido, ¿podrá mantenerse su reino? ¿Cómo se
les ocurre decir que yo echo a los demonios invocando a Belzebú?
[19] Si yo echo los demonios con la ayuda de Belzebú,
los amigos de ustedes, ¿con ayuda de quién los echan? Ellos apreciarán lo que
ustedes acaban de decir. [20] En cambio, si echo los demonios con el dedo de
Dios, comprendan que el Reino de Dios ha llegado a ustedes. [21] Cuando el
Fuerte, bien armado, guarda su casa, todas sus cosas están seguras; [22] pero
si llega uno más fuerte y lo vence, le quitará las armas en que confiaba y
distribuirá todo lo que tenía. [23] El que no está conmigo, está contra mí; y
el que no recoge conmigo, desparrama. [24] Cuando el espíritu malo sale del
hombre, empieza a recorrer lugares áridos, buscando un sitio donde descansar.
Como no lo encuentra, se dice: Volveré a mi casa de donde tuve que salir.
[25] Al llegar la encuentra bien barrida y todo en orden. [26] Se va,
entonces, y regresa con otros siete espíritus peores que él; entran y se
quedan allí. De tal modo que la nueva condición de la persona es peor que la
primera». [27] Mientras Jesús estaba hablando, una mujer levantó la voz de
entre la multitud y le dijo: «¡Feliz la que te dio a
luz y te crió!» [28] Jesús replicó: «¡Felices, pues,
los que escuchan la palabra de Dios y la observan!». [29] Aumentaba la
multitud por la gente que llegaba y Jesús empezó a decir: «La gente de este
tiempo es gente mala. Piden una señal, pero no tendrán más señal que la señal
de Jonás. [30] Porque así como Jonás fue una señal para los habitantes de Nínive, de igual manera el Hijo del Hombre será una señal
para esta generación. [31] La reina del Sur resucitará en el día del Juicio
junto con la gente de hoy, y los acusará, porque ella vino desde los confines
de la tierra para escuchar la sabiduría de Salomón, y aquí tienen ustedes
mucho más que Salomón. [32] Los habitantes de Nínive
resucitarán en el día del Juicio junto con la gente de hoy, y los acusarán,
porque ellos se convirtieron con la predicación de Jonás, y aquí ustedes
tienen mucho más que Jonás. [33] Nadie enciende una lámpara para esconderla o
taparla con un cajón, sino que la pone en un candelero para que los que
entren vean la claridad. [34] Tu ojo es la lámpara de tu cuerpo. Si tu ojo recibe
la luz, toda tu persona tendrá luz; pero si tu ojo está oscurecido, toda tu
persona estará en oscuridad. [35] Procura, pues, que la luz que hay dentro de
ti no se vuelva oscuridad. [36] Si toda tu persona se abre a la luz y no
queda en ella ninguna parte oscura, llegará a ser radiante como bajo los
destellos de la lámpara». ¡POBRES DE USTEDES, FARISEOS! [37] Cuando Jesús terminó de hablar, un fariseo lo
invitó a comer a su casa. Entró y se sentó a la mesa. [38] El fariseo entonces
se extrañó al ver que Jesús no se había lavado las manos antes de ponerse a
comer. [39] El Señor le dijo: «Así son ustedes, los Fariseos. Ustedes limpian
por fuera las copas y platos, pero el interior de ustedes está lleno de
rapiñas y perversidades. ¡Estúpidos! [40] El que hizo lo exterior, ¿no hizo
también lo interior? [41] Pero, según ustedes, simplemente con dar limosnas todo queda purificado. [42] ¡Pobres de ustedes,
fariseos! Ustedes dan para el Templo la décima parte de todo, sin olvidar la menta,
la ruda y las otras hierbas, pero descuidan la justicia y el amor a Dios.
Esto es lo que tienen que practicar, sin dejar de hacer lo otro. [43] ¡Pobres
de ustedes, fariseos, que les gusta ocupar el primer puesto en las sinagogas
y ser saludados en las plazas! [44] ¡Pobres de ustedes!, porque son como esas
tumbas que apenas se notan : uno no se da cuenta
sino cuando ya las ha pisado». [45] Un maestro de NO TEMAN A LOS QUE MATAN EL CUERPO [1] Entre tanto se habían reunido miles y miles de
personas, hasta el punto de que se aplastaban unos a otros. Entonces Jesús se
puso a decir, especialmente para sus discípulos: «Cuídense de la levadura de
los fariseos, que es la hipocresía. [2] Nada hay tan oculto que no haya de
ser descubierto o tan escondido que no haya de ser conocido. [3] Por el
contrario, todo lo que hayan dicho en la oscuridad será oído a la luz del
día, y lo que hayan dicho al oído en las habitaciones será proclamado desde
las azoteas. [4] Yo les digo a ustedes, mis amigos: No teman a los que matan
el cuerpo y después ya no pueden hacer nada más. [5] Yo les voy a mostrar a
quién deben temer: teman a Aquel que, después de quitarle a uno la vida,
tiene poder para echarlo al infierno. Créanme que es a ése a quien deben
temer. [6] ¿No se venden cinco pajaritos por dos monedas? Pues bien, delante
de Dios ninguno de ellos ha sido olvidado. [7] Incluso los cabellos de
ustedes están contados. No teman, pues ustedes valen más que un sinnúmero de
pajarillos. [8] Yo les digo: Si uno se pone de mi parte delante de los
hombres, también el Hijo del Hombre se pondrá de su parte delante de los
ángeles de Dios; [9] pero el que me niegue delante de los hombres, será
también negado él delante de los ángeles de Dios. [10] Para el que critique
al Hijo del Hombre habrá perdón, pero no habrá perdón para el que calumnie al
Espíritu Santo. [11] Cuando los lleven ante las sinagogas, los jueces y las
autoridades, no se preocupen de cómo se van a defender o qué van a decir;
[12] llegada la hora, el Espíritu Santo les enseñará lo que tengan que
decir». NO ESTÁ [13] Uno de entre la gente pidió a Jesús: «Maestro,
dile a mi hermano que me dé mi parte de la herencia». [14] Le contestó:
«Amigo, ¿quién me ha nombrado juez o repartidor entre ustedes?» [15] Después
dijo a la gente: «Eviten con gran cuidado toda clase de codicia, porque
aunque uno lo tenga todo, no son sus posesiones las que le dan vida». [16] A
continuación les propuso este ejemplo: «Había un hombre rico, al que sus
campos le habían producido mucho. [17] Pensaba: ¿Qué voy a hacer? No tengo
dónde guardar mis cosechas. [18] Y se dijo: Haré lo siguiente: echaré abajo
mis graneros y construiré otros más grandes; allí amontonaré todo mi trigo,
todas mis reservas. [19] Entonces yo conmigo hablaré: Alma mía, tienes aquí
muchas cosas guardadas para muchos años; descansa, come, bebe, pásalo bien».
[20] Pero Dios le dijo: "¡Pobre loco! Esta misma noche te reclaman tu
alma. ¿Quién se quedará con lo que has preparado?" [21] Esto vale para
toda persona que amontona para sí misma, en vez de acumular para Dios». NO SE INQUIETEN POR CÓMO VIVIRÁN [22] Jesús dijo a sus discípulos: «No se atormenten por
su vida con cuestiones de alimentos, ni por su cuerpo con cuestiones de ropa.
[23] Miren que la vida es más que el alimento y el cuerpo más que el vestido.
[24] Aprendan de los cuervos: no siembran ni cosechan, no tienen bodegas ni
graneros, y sin embargo Dios los alimenta. ¡Y ustedes valen mucho más que las
aves! [25] ¿Quién de ustedes, por más que se preocupe, puede añadir algo a su
estatura? [26] Si ustedes no tienen poder sobre cosas tan pequeñas, ¿cómo van
a preocuparse por las demás? [27] Aprendan de los lirios del campo: no hilan
ni tejen, pero yo les digo que ni Salomón, con todo su lujo, se pudo vestir
como uno de ellos. [28] Y si Dios da tan lindo vestido a la hierba del campo,
que hoy está y mañana se echará al fuego, ¿qué no hará por ustedes, gente de
poca fe? [29] No estén pendientes de lo que comerán o beberán: ¡no se
atormenten! [30] Estas son cosas tras las cuales corren todas las naciones
del mundo, pero el Padre de ustedes sabe que ustedes las necesitan. [31]
Busquen más bien el Reino, y se les darán también esas cosas. [32] No temas,
pequeño rebaño, porque al Padre de ustedes le agradó darles el Reino. [33]
Vendan lo que tienen y repártanlo en limosnas. Háganse junto a Dios bolsas
que no se rompen de viejas y reservas que no se acaban; allí no llega el
ladrón, y no hay polilla que destroce. [34] Porque donde está tu tesoro, allí
estará también tu corazón. ESTÉN PREPARADOS [35] Tengan puesta la ropa de trabajo y sus lámparas
encendidas. [36] Sean como personas que esperan que su patrón regrese de la
boda para abrirle apenas llegue y golpee a la puerta. [37] Felices los
sirvientes a los que el patrón encuentre velando a su llegada. Yo les aseguro
que él mismo se pondrá el delantal, los hará sentar a la mesa y los servirá
uno por uno. [38] Y si es la medianoche, o la madrugada cuando llega y los
encuentra así, ¡felices esos sirvientes! [39] Si el dueño de casa supiera a
qué hora vendrá el ladrón, ustedes entienden que se mantendría despierto y no
le dejaría romper el muro. [40] Estén también ustedes preparados, porque el
Hijo del Hombre llegará a la hora que menos esperan». [41] Pedro preguntó:
«Señor, esta parábola que has contado, ¿es sólo para nosotros o es para
todos?» [42] El Señor contestó: «Imagínense a un administrador digno de
confianza y capaz. Su señor lo ha puesto al frente de sus sirvientes y es él
quien les repartirá a su debido tiempo la ración de trigo. [43] Afortunado
ese servidor si al llegar su señor lo encuentra cumpliendo su deber. [44] En
verdad les digo que le encomendará el cuidado de todo lo que tiene. [45] Pero
puede ser que el administrador piense: «Mi patrón llegará tarde». Si entonces
empieza a maltratar a los sirvientes y sirvientas, a comer, a beber y a
emborracharse, [46] llegará su patrón el día en que menos lo espera y a la
hora menos pensada, le quitará su cargo y lo mandará donde aquellos de los
que no se puede fiar. [47] Este servidor conocía la voluntad de su patrón; si
no ha cumplido las órdenes de su patrón y no ha preparado nada, recibirá un
severo castigo. [48] En cambio, si es otro que hizo sin saber algo que merece
azotes, recibirá menos golpes. Al que se le ha dado mucho, se le exigirá
mucho; y cuanto más se le haya confiado, tanto más se le pedirá cuentas. [49]
He venido a traer fuego a la tierra y ¡cuánto desearía que ya estuviera
ardiendo! [50] Pero también he de recibir un bautismo y ¡qué angustia siento
hasta que no se haya cumplido! [51] ¿Creen ustedes que he venido para
establecer la paz en la tierra? Les digo que no; más bien he venido a traer
división. [52] Pues de ahora en adelante hasta en una casa de cinco personas
habrá división: tres contra dos y dos contra tres. [53] El padre estará
contra del hijo y el hijo contra el padre; la madre contra la hija y la hija
contra la madre; la suegra contra la nuera y la nuera contra la suegra». [54]
También decía Jesús a la gente: «Cuando ustedes ven una nube que se levanta
por el poniente, inmediatamente dicen: "Va a llover", y así sucede.
[55] Y cuando sopla el viento sur, dicen: "Hará calor", y así
sucede. [56] ¡Gente superficial! Ustedes saben interpretar el aspecto de la
tierra y del cielo, y ¿cómo es que no comprenden el tiempo presente? [57]
¿Cómo no son capaces de juzgar por ustedes mismos lo que es justo? [58]
Mientras vas donde las autoridades con tu adversario, aprovecha la caminata
para reconciliarte con él, no sea que te arrastre ante el juez y el juez te
entregue al carcelero, y el carcelero te encierre en la cárcel. [59] Yo te
aseguro que no saldrás de allí hasta que no hayas pagado el último centavo. [1] En ese momento algunos le contaron a Jesús una
matanza de galileos. Pilato los había hecho matar en el Templo, mezclando su
sangre con la sangre de sus sacrificios. [2] Jesús les replicó: «¿Creen ustedes que esos galileos eran más pecadores que
los demás porque corrieron semejante suerte? [3] Yo les digo que no. Y si
ustedes no renuncian a sus caminos, perecerán del mismo modo. [4] Y aquellas
dieciocho personas que quedaron aplastadas cuando la torre de Siloé se
derrumbó, ¿creen ustedes que eran más culpables que los demás habitantes de
Jerusalén? [5] Yo les aseguro que no. Y si ustedes no renuncian a sus
caminos, todos perecerán de igual modo». [6] Jesús continuó con esta comparación:
«Un hombre tenía una higuera que crecía en medio de su viña. Fue a buscar
higos, pero no los halló. [7] Dijo entonces al viñador: «Mira, hace tres años
que vengo a buscar higos a esta higuera, pero nunca encuentro nada. Córtala.
¿Para qué está consumiendo la tierra inútilmente?» [8] El viñador contestó:
«Señor, déjala un año más y mientras tanto cavaré alrededor y le echaré
abono. [9] Puede ser que así dé fruto en adelante y, si no, la cortas». UNA CURACIÓN EN DÍA SÁBADO [10] Un sábado Jesús estaba enseñando en una sinagoga.
[11] Había allí una mujer que desde hacía dieciocho años estaba poseída por
un espíritu que la tenía enferma, y estaba tan encorvada que no podía
enderezarse de ninguna manera. [12] Jesús la vio y la llamó. Luego le dijo:
«Mujer, quedas libre de tu mal». [13] Y le impuso las manos. Al instante se
enderezó y se puso a alabar a Dios. [14] Pero el presidente de la sinagoga se
enojó porque Jesús había hecho esta curación en día sábado, y dijo a la
gente: «Hay seis días en los que se puede trabajar; vengan, pues, en esos
días para que los sanen, pero no en día sábado». [15] El Señor le replicó: «¡Ustedes son unos falsos! ¿Acaso no desatan del pesebre a
su buey o a su burro en día sábado para llevarlo a la fuente? [16] Esta es
hija de Abraham, y Satanás la mantenía atada desde hace dieciocho años; ¿no
se la debía desatar precisamente en día sábado?» [17] Mientras Jesús hablaba,
sus adversarios se sentían avergonzados; en cambio la gente se alegraba por
las muchas maravillas que le veían hacer. DOS PARÁBOLAS [18] Jesús continuó diciendo: «¿A
qué puedo comparar el Reino de Dios? ¿Con qué ejemplo podría ilustrarlo? [19]
Es semejante a un grano de mostaza que un hombre tomó y sembró en su jardín.
Creció y se convirtió en un arbusto y los pájaros del cielo se refugiaron en
sus ramas». [20] Y dijo otra vez: «¿Con qué ejemplo
podría ilustrar el Reino de Dios? [21] Es semejante a la levadura que tomó
una mujer y la metió en tres medidas de harina hasta que fermentó toda la
masa». [22] Jesús iba enseñando por ciudades y pueblos
mientras se dirigía a Jerusalén. [23] Alguien le preguntó: «Señor, ¿es verdad
que son pocos los que se salvarán?» [24] Jesús respondió: «Esfuércense por
entrar por la puerta angosta, porque yo les digo que muchos tratarán de
entrar y no lo lograrán. [25] Si a ustedes les ha tocado estar fuera cuando
el dueño de casa se levante y cierre la puerta, entonces se pondrán a
golpearla y a gritar: ¡Señor, ábrenos! Pero les contestará: No sé de dónde
son ustedes. [26] Entonces comenzarán a decir: Nosotros hemos comido y bebido
contigo, y tú has enseñado en nuestras plazas. [27] Pero él les dirá de
nuevo: No sé de dónde son ustedes. ¡Aléjense de mí todos los malhechores!
[28] Habrá llanto y rechinar de dientes cuando vean a Abraham, a Isaac, a
Jacob y a todos los profetas en el Reino de Dios, y ustedes, en cambio, sean
echados fuera. [29] Gente del oriente y del poniente, del norte y del sur,
vendrán a sentarse a la mesa en el Reino de Dios. [30] ¡Qué sorpresa! Unos que
estaban entre los últimos son ahora primeros, mientras que los primeros han
pasado a ser últimos». [31] En ese momento unos fariseos llegaron para
avisarle: «Márchate de aquí, porque Herodes quiere matarte». [32] Jesús les
contestó: «Vayan a decir a ese zorro: Hoy y mañana expulso demonios y realizo
curaciones, y al tercer día llegaré a mi término. [33] Pero tengo que seguir
mi camino hoy, mañana y un poco más, porque no es correcto que un profeta sea
asesinado fuera de Jerusalén. [34] ¡Jerusalén, Jerusalén! ¡Qué bien matas a
los profetas y apedreas a los que te son enviados! ¡Cuántas veces he querido
reunir a tus hijos como la gallina reúne a sus polluelos debajo de sus alas,
y tú no has querido! [35] Por eso se van a quedar con su Templo vacío y no me
volverán a ver hasta que llegue el tiempo en que ustedes dirán: «¡Bendito sea el que viene en Nombre del Señor!» [1] Un sábado Jesús fue a comer a la casa de uno de los
fariseos más importantes, y ellos lo observaban. [2] Por casualidad había
delante de él un hombre que sufría de hinchazón. [3] Jesús preguntó a los
maestros de LOS PRIMEROS ASIENTOS [7] Jesús notó que los invitados trataban de ocupar los
puestos de honor, por lo que les dio esta lección: [8] «Cuando alguien te
invite a un banquete de bodas, no escojas el mejor lugar. Puede ocurrir que
haya sido invitado otro más importante que tú, [9] y el que los invitó a los
dos venga y te diga: Deja tu lugar a esta persona. Y con gran vergüenza
tendrás que ir a ocupar el último lugar. [10] Al contrario, cuando te
inviten, ponte en el último lugar y así, cuando llegue el que te invitó, te
dirá: Amigo, ven más arriba. Esto será un gran honor para ti ante los demás
invitados. [11] Porque el que se ensalza será humillado y el que se humilla
será ensalzado». [12] Jesús dijo también al que lo había invitado: «Cuando
des un almuerzo o una comida, no invites a tus amigos, hermanos, parientes o
vecinos ricos, porque ellos a su vez te invitarán a ti y así quedarás
compensado. [13] Cuando des un banquete, invita más bien a los pobres, a los
inválidos, a los cojos y a los ciegos. [14] ¡Qué suerte para ti, si ellos no
pueden compensarte! Pues tu recompensa la recibirás en la resurrección de los
justos». LOS INVITADOS QUE SE EXCUSAN [15] Al oír estas palabras, uno de los invitados le
dijo: «Feliz el que tome parte en el banquete del Reino de Dios». [16] Jesús
respondió: «Un hombre dio un gran banquete e invitó a mucha gente. [17] A la
hora de la comida envió a un sirviente a decir a los invitados: «Vengan, que
ya está todo listo». [18] Pero todos por igual comenzaron a disculparse. El
primero dijo: «Acabo de comprar un campo y tengo que ir a verlo; te ruego que
me disculpes». [19] Otro dijo: «He comprado cinco yuntas de bueyes y voy a
probarlas; te ruego que me disculpes». [20] Y otro dijo: «Acabo de casarme y
por lo tanto no puedo ir». [21] Al regresar, el sirviente se lo contó a su
patrón, que se enojó. Pero dijo al sirviente: «Sal en seguida a las plazas y
calles de la ciudad y trae para acá a los pobres, a los inválidos, a los
ciegos y a los cojos». [22] Volvió el sirviente y dijo: «Señor, se hizo lo
que mandaste y todavía queda lugar». [23] El patrón entonces dijo al
sirviente: «Vete por los caminos y por los límites de las propiedades y
obliga a la gente a entrar hasta que se llene mi casa. [24] En cuanto a esos
señores que había invitado, yo les aseguro que ninguno de ellos probará mi
banquete». LO QUE CUESTA SEGUIR A JESÚS [25] Caminaba con Jesús un gran gentío. Se volvió hacia
ellos y les dijo: [26] «Si alguno quiere venir a mí y no se desprende de su
padre y madre, de su mujer e hijos, de sus hermanos y hermanas, e incluso de
su propia persona, no puede ser discípulo mío. [27] El que no carga con su
propia cruz para seguirme luego, no puede ser discípulo mío. [28] Cuando uno
de ustedes quiere construir una casa en el campo, ¿no comienza por sentarse y
hacer las cuentas, para ver si tendrá para terminarla? [29] Porque si pone
los cimientos y después no puede acabar la obra, todos los que lo vean se
burlarán de él [30] diciendo: ¡Ese hombre comenzó a edificar y no fue capaz
de terminar! [31] Y cuando un rey parte a pelear contra otro rey, ¿no se
sienta antes para pensarlo bien? ¿Podrá con sus diez mil hombres hacer frente
al otro que viene contra él con veinte mil? [32] Y si no puede, envía
mensajeros mientras el otro está aún lejos para llegar a un arreglo. [33] Esto
vale para ustedes: el que no renuncia a todo lo que tiene, no podrá ser
discípulo mío. [34] La sal es una cosa buena, pero si la sal deja de ser sal,
¿con qué se la salará de nuevo? [35] Ya no sirve para el campo ni para
estiércol; se la tirará fuera. Escuchen, pues, si tienen oídos». [1] Los publicanos y pecadores se acercaban a Jesús
para escucharle. [2] Por esto los fariseos y los maestros de EL HIJO PRÓDIGO [11] Jesús continuó: «Había un hombre que tenía dos
hijos. [12] El menor dijo a su padre: "Dame la parte de la hacienda que
me corresponde." Y el padre repartió sus bienes entre los dos. [13] El
hijo menor juntó todos sus haberes, y unos días después, se fue a un país
lejano. Allí malgastó su dinero llevando una vida desordenada. [14] Cuando ya
había gastado todo, sobrevino en aquella región una escasez grande y comenzó
a pasar necesidad. [15] Fue a buscar trabajo, y se puso al servicio de un
habitante del lugar que lo envió a su campo a cuidar cerdos. [16] Hubiera
deseado llenarse el estómago con la comida que daban a los cerdos, pero nadie
le daba algo. [17] Finalmente recapacitó y se dijo: ¡Cuántos asalariados de mi
padre tienen pan de sobra, mientras yo aquí me muero de hambre! [18] Tengo
que hacer algo: volveré donde mi padre y le diré: «Padre, he pecado contra
Dios y contra ti. [19] Ya no merezco ser llamado hijo tuyo. Trátame como a
uno de tus asalariados». [20] Se levantó, pues, y se fue donde su padre.
Estaba aún lejos, cuando su padre lo vio y sintió compasión; corrió a echarse
a su cuello y lo besó. [21] Entonces el hijo le habló: «Padre, he pecado
contra Dios y ante ti. Ya no merezco ser llamado hijo tuyo». [22] Pero el
padre dijo a sus servidores: «¡Rápido! Traigan el
mejor vestido y pónganselo. Colóquenle un anillo en el dedo y traigan calzado
para sus pies. [23] Traigan el ternero gordo y mátenlo; comamos y hagamos
fiesta, [24] porque este hijo mío estaba muerto y ha vuelto a la vida; estaba
perdido y lo hemos encontrado». Y comenzaron la fiesta. [25] El hijo mayor
estaba en el campo. Al volver, cuando se acercaba a la casa, oyó la orquesta
y el baile. [26] Llamó a uno de los muchachos y le preguntó qué significaba
todo aquello. [27] El le respondió: «Tu hermano ha regresado a casa, y tu
padre mandó matar el ternero gordo por haberlo recobrado sano y salvo». [28]
El hijo mayor se enojó y no quiso entrar. Su padre salió a suplicarle. [29]
Pero él le contestó: «Hace tantos años que te sirvo sin haber desobedecido
jamás ni una sola de tus órdenes, y a mí nunca me has dado un cabrito para
hacer una fiesta con mis amigos. [30] Pero ahora que vuelve ese hijo tuyo,
que se ha gastado tu dinero con prostitutas, haces matar para él el ternero
gordo». [31] El padre le dijo: «Hijo, tú estás siempre conmigo y todo lo mío
es tuyo. [32] Pero había que hacer fiesta y alegrarse, puesto que tu hermano
estaba muerto y ha vuelto a la vida, estaba perdido y ha sido encontrado». EL ADMINISTRADOR ASTUTO [1] Jesús dijo también a sus discípulos: «Había un
hombre rico que tenía un administrador, y le vinieron a decir que estaba
malgastando sus bienes. [2] Lo mandó llamar y le dijo: «¿Qué
oigo decir de ti? Dame cuenta de tu administración, porque ya no continuarás
en ese cargo». [3] El administrador se dijo: «¿Qué
voy a hacer ahora que mi patrón me despide de mi empleo? Para trabajar la
tierra no tengo fuerzas, y pedir limosna me da vergüenza. [4] Ya sé lo que
voy a hacer para que, cuando me quiten el cargo, tenga gente que me reciba en
su casa». [5] Llamó uno por uno a los que tenían deudas con su patrón, y dijo
al primero: [6] «¿Cuánto debes a mi patrón?» Le
contestó: «Cien barriles de aceite». Le dijo el administrador: «Toma tu
recibo, siéntate y escribe en seguida cincuenta». [7] Después dijo a otro: «Y
tú, ¿cuánto le debes?» Contestó: «Cuatrocientos quintales de trigo». Entonces
le dijo: «Toma tu recibo y escribe trescientos». [8] El patrón admiró la
manera tan inteligente de actuar de ese administrador que lo estafaba. Pues
es cierto que los ciudadanos de este mundo sacan más provecho de sus
relaciones sociales que los hijos de la luz. [9] Por eso les digo: Utilicen
el sucio dinero para hacerse amigos, para que cuando les llegue a faltar, los
reciban a ustedes en las viviendas eternas. [10] El que ha sido digno de
confianza en cosas sin importancia, será digno de confianza también en las
importantes y el que no ha sido honrado en las cosas mínimas, tampoco será
honrado en las cosas importantes. [11] Por lo tanto, si ustedes no han sido
dignos de confianza en manejar el sucio dinero, ¿quién les va a confiar los
bienes verdaderos? [12] Y si no se han mostrado dignos de confianza con cosas
ajenas, ¿quién les confiará los bienes que son realmente nuestros? [13]
Ningún siervo puede servir a dos patrones, porque necesariamente odiará a uno
y amará al otro o bien será fiel a uno y despreciará al otro. Ustedes no
pueden servir al mismo tiempo a Dios y al Dinero. [14] Los fariseos
escuchaban todo esto, pero se burlaban de Jesús porque eran personas apegadas
al dinero. El les dijo: [15] «Ustedes aparentan ser gente perfecta, pero Dios
conoce los corazones, y lo que los hombres tienen por grande, lo aborrece
Dios. [16] La época de EL RICO Y LÁZARO [19] Había un hombre rico que se vestía con ropa
finísima y comía regiamente todos los días. [20] Había también un pobre,
llamado Lázaro, todo cubierto de llagas, que estaba tendido a la puerta del
rico. [21] Hubiera deseado saciarse con lo que caía de la mesa del rico, y
hasta los perros venían a lamerle las llagas. [22] Pues bien, murió el pobre
y fue llevado por los ángeles al cielo junto a Abraham. También murió el
rico, y lo sepultaron. [23] Estando en el infierno, en medio de los
tormentos, el rico levantó los ojos y vio a lo lejos a Abraham y a Lázaro con
él en su regazo. [24] Entonces gritó: «Padre Abraham, ten piedad de mí, y
manda a Lázaro que moje en agua la punta de su dedo y me refresque la lengua,
porque me atormentan estas llamas». [25] Abraham le respondió: «Hijo,
recuerda que tú recibiste tus bienes durante la vida, mientras que Lázaro
recibió males. Ahora él encuentra aquí consuelo y tú, en cambio, tormentos.
[26] Además, mira que hay un abismo tremendo entre ustedes y nosotros, y los
que quieran cruzar desde aquí hasta ustedes no podrían hacerlo, ni tampoco lo
podrían hacer del lado de ustedes al nuestro». [27] El otro replicó:
«Entonces te ruego, padre Abraham, que envíes a Lázaro a la casa de mi padre,
[28] a mis cinco hermanos: que vaya a darles su testimonio para que no vengan
también ellos a parar a este lugar de tormento». [29] Abraham le contestó:
«Tienen a Moisés y a los profetas; que los escuchen». [30] El rico insistió:
«No lo harán, padre Abraham; pero si alguno de entre los muertos fuera donde
ellos, se arrepentirían». [31] Abraham le replicó: «Si no escuchan a Moisés y
a los profetas, aunque resucite uno de entre los muertos, no se convencerán».
[1] Dijo Jesús a sus discípulos: «Es imposible que no
haya escándalos y caídas, pero ¡pobre del que hace caer a los demás! [2]
Mejor sería que lo arrojaran al mar con una piedra de molino atada al cuello,
antes que hacer caer a uno de estos pequeños. [3] Cuídense ustedes mismos. Si
tu hermano te ofende, repréndelo; y si se arrepiente, perdónalo. [4] Si te
ofende siete veces al día y otras tantas vuelve arrepentido y te dice:
"Lo siento", perdónalo». [5] Los apóstoles dijeron al Señor: «Auméntanos la fe».
[6] El Señor respondió: «Si ustedes tienen un poco de fe, no más grande que
un granito de mostaza, dirán a ese árbol: Arráncate y plántate en el mar, y
el árbol les obedecerá. [7] ¿Acaso tienen un servidor que está arando o
cuidando el rebaño? Y cuando éste vuelve del campo, ¿le dicen acaso: Entra y
descansa? [8] ¿No le dirán más bien: Prepárame la comida y ponte el delantal
para servirme hasta que yo haya comido y bebido, y después comerás y beberás
tú? [9] ¿Y quién de ustedes se sentirá agradecido con él porque hizo lo que
le fue mandado? [10] Así también ustedes, cuando hayan hecho todo lo que les
ha sido mandado, digan: Somos servidores que no hacíamos falta, hemos hecho
lo que era nuestro deber». LOS DIEZ LEPROSOS [11] De camino a Jerusalén, Jesús pasaba por los
confines entre Samaría y Galilea, [12] y al entrar en un pueblo, le salieron
al encuentro diez leprosos. Se detuvieron a cierta distancia [13] y gritaban:
«Jesús, Maestro, ten compasión de nosotros». [14] Jesús les dijo: «Vayan y
preséntense a los sacerdotes». [15] Mientras iban quedaron sanos. Uno de
ellos, al verse sano, volvió de inmediato alabando a Dios en alta voz, [16] y
se echó a los pies de Jesús con el rostro en tierra, dándole las gracias. Era
un samaritano. [17] Jesús entonces preguntó: «¿No
han sido sanados los diez? ¿Dónde están los otros nueve? [18] ¿Así que
ninguno volvió a glorificar a Dios fuera de este extranjero?» [19] Y Jesús le
dijo: «Levántate y vete; tu fe te ha salvado». [20] Los fariseos estaban preguntando a Jesús: «¿Cuándo llegará el Reino de Dios?» Les contestó: «La venida
del Reino de Dios no es cosa que se pueda verificar. [21] No van a decir:
"Está aquí, o está allá". Y sepan que el Reino de Dios está en
medio de ustedes». [22] Jesús dijo además a sus discípulos: «Llegará un
tiempo en que ustedes desearán ver alguna de las manifestaciones del Hijo del
Hombre, pero no la verán. [23] Entonces les dirán: "Está aquí, está
allá." No vayan, no corran. [24] En efecto, como el fulgor del relámpago
rasga el cielo desde un extremo hasta el otro, así sucederá con el Hijo del Hombre
cuando llegue su día. [25] Pero antes tiene que sufrir mucho y ser rechazado
por esta gente. [26] En los días del Hijo del Hombre sucederá lo mismo que en
tiempos de Noé: [27] la gente comía, bebía, y se casaban hombres y mujeres,
hasta el día en que Noé entró en el arca y vino el diluvio que los hizo
perecer a todos. [28] Ocurrirá lo mismo que en tiempos de Lot: la gente comía
y bebía, compraba y vendía, plantaba y edificaba. [29] Pero el día que salió
Lot de Sodoma, cayó desde el cielo una lluvia de fuego y azufre que los mató
a todos. [30] Lo mismo sucederá el día en que se manifieste el Hijo del
Hombre. [31] Aquel día, el que esté en la terraza, que no baje a buscar sus
cosas al interior de la casa; y el que esté en el campo, que no se vuelva atrás.
[32] Acuérdense de la mujer de Lot. [33] El que intente guardar su vida la
perderá, pero el que la entregue, la hará nacer a nueva vida. [34] Yo les
declaro que aquella noche, de dos personas que estén durmiendo en una misma
cama, una será llevada y la otra dejada; [35] dos mujeres estarán moliendo
juntas, pero una será llevada y la otra dejada». [36] Entonces preguntaron a
Jesús: «¿Dónde sucederá eso, Señor?» [37] Y él
respondió: «Donde esté el cuerpo, allí se juntarán los buitres». ORAR SIN DESANIMARSE [1] Jesús les mostró con un ejemplo que debían orar
siempre, sin desanimarse jamás: [2] «En una ciudad había un juez que no temía
a Dios ni le importaba la gente. [3] En la misma ciudad había también una
viuda que acudía a él para decirle: Hazme justicia contra mi adversario. [4]
Durante bastante tiempo el juez no le hizo caso, pero al final pensó: Es
cierto que no temo a Dios y no me importa la gente, [5] pero esta viuda ya me
molesta tanto que le voy a hacer justicia; de lo contrario acabará
rompiéndome la cabeza». [6] Y el Señor dijo: «¿Se
han fijado en las palabras de este juez malo? [7] ¿Acaso Dios no hará
justicia a sus elegidos, si claman a él día y noche, mientras él deja que
esperen? [8] Yo les aseguro que les hará justicia, y lo hará pronto. Pero
cuando venga el Hijo del Hombre, ¿encontrará fe sobre la tierra?». EL FARISEO Y EL PUBLICANO [9] Jesús dijo esta parábola por algunos que estaban
convencidos de ser justos y despreciaban a los demás. [10] «Dos hombres
subieron al Templo a orar. Uno era fariseo y el otro publicano. [11] El
fariseo, puesto de pie, oraba en su interior de esta manera: «Oh Dios, te doy
gracias porque no soy como los demás hombres, que son ladrones, injustos,
adúlteros, o como ese publicano. [12] Ayuno dos veces por semana y doy la
décima parte de todas mis entradas». [13] Mientras tanto el publicano se
quedaba atrás y no se atrevía a levantar los ojos al cielo, sino que se
golpeaba el pecho diciendo: «Dios mío, ten piedad de mí, que soy un pecador».
[14] Yo les digo que este último estaba en gracia de Dios cuando volvió a su
casa, pero el fariseo no. Porque el que se hace grande será humillado, y el
que se humilla será enaltecido». [15] Le traían también niños pequeñitos para
que los tocara, pero los discípulos empezaron a reprender a esas personas.
[16] Jesús pidió que se los trajeran, diciendo: «Dejen que los niños vengan a
mí y no se lo impidan, porque el Reino de Dios pertenece a los que son como
ellos. [17] En verdad les digo que el que no reciba el Reino de Dios como
niño no entrará en él». EL QUE NO QUISO SEGUIR A JESÚS [18] Cierto hombre importante le preguntó: «Maestro
bueno, ¿qué tengo que hacer para heredar la vida eterna?» [19] Jesús le dijo:
«¿Por qué me llamas bueno? Sólo Dios es bueno, nadie
más. [20] Ya sabes los mandamientos: No cometas adulterio, no mates, no
robes, no levantes falsos testimonios, honra a tu padre y a tu madre». [21]
Pero él contestó: «Todo esto lo he cumplido ya desde joven». [22] Al oír
esto, Jesús le dijo: «Todavía te falta una cosa: vende todo lo que tienes,
reparte el dinero entre los pobres y tendrás un tesoro en el cielo; después
ven y sígueme». [23] Ante tal respuesta, el hombre se puso triste, pues era
muy rico. [24] Al verlo, dijo Jesús: «¡Qué difícil
es, para los que tienen riquezas, entrar en el Reino de Dios! [25] Es más
fácil para un camello pasar por el ojo de una aguja que para un rico entrar
en el Reino de Dios». [26] Los presentes dijeron: «¿Quién
podrá salvarse entonces?» [27] Jesús respondió: «Lo que es imposible para los
hombres es posible para Dios». [28] En ese momento Pedro dijo: «Ya ves que
nosotros hemos dejado todo lo que teníamos y te hemos seguido». [29] Jesús
respondió: «Yo les aseguro que ninguno dejará casa, esposa, hermanos, padre,
o hijos a causa del Reino de Dios [30] sin que reciba mucho más en el tiempo
presente y, en el mundo venidero, la vida eterna». [31] Jesús tomó aparte a
los Doce y les dijo: «Estamos subiendo a Jerusalén y allí se va a cumplir
todo lo que escribieron los profetas sobre el Hijo del Hombre: [32] será
entregado al poder extranjero; será burlado, maltratado y escupido, [33] y
después de azotarlo lo matarán. Pero al tercer día resucitará». [34] Los Doce
no entendieron nada de. Este era un lenguaje misterioso para ellos y no
comprendían lo que decía. EL CIEGO DE JERICÓ [35] Ya cerca de Jericó, había un ciego sentado al
borde del camino pidiendo limosna. [36] Al oír que pasaba mucha gente,
preguntó qué era aquello, [37] y le dieron la noticia: ¡Es Jesús, el nazareno, que pasa por aquí! [38] Entonces empezó a
gritar: «¡Jesús, hijo de David, ten compasión de
mí!» [39] Los que iban delante le levantaron la voz para que se callara, pero
él gritaba con más fuerza: «¡Jesús, hijo de David,
ten compasión de mí!» [40] Jesús se detuvo y ordenó que se lo trajeran, y
cuando tuvo al ciego cerca, le preguntó: [41] «¿Qué
quieres que haga por ti?» Le respondió: «Señor, haz que vea». [42] Jesús le
dijo: «Recobra la vista, tu fe te ha salvado». [43] Al instante el ciego pudo
ver. El hombre seguía a Jesús, glorificando a Dios, y toda la gente que lo
presenció también bendecía a Dios. JESÚS Y ZAQUEO [1] Habiendo entrado Jesús en Jericó, atravesaba la
ciudad. [2] Había allí un hombre llamado Zaqueo, que era jefe de los
cobradores del impuesto y muy rico. [3] Quería ver cómo era Jesús, pero no lo
conseguía en medio de tanta gente, pues era de baja estatura. [4] Entonces se
adelantó corriendo y se subió a un árbol para verlo cuando pasara por allí.
[5] Cuando llegó Jesús al lugar, miró hacia arriba y le dijo: «Zaqueo, baja
en seguida, pues hoy tengo que quedarme en tu casa». [6] Zaqueo bajó
rápidamente y lo recibió con alegría. [7] Entonces todos empezaron a criticar
y a decir: «Se ha ido a casa de un rico que es un pecador». [8] Pero Zaqueo
dijo resueltamente a Jesús: «Señor, voy a dar la mitad de mis bienes a los
pobres, y a quien le haya exigido algo injustamente le devolveré cuatro veces
más». [9] Jesús, pues, dijo con respecto a él: «Hoy ha llegado la salvación a
esta casa, pues también este hombre es un hijo de Abraham. [10] El Hijo del
Hombre ha venido a buscar y a salvar lo que estaba perdido». LAS DIEZ MONEDAS [11] Cuando Jesús estaba ya cerca de Jerusalén, dijo
esta parábola, pues los que lo escuchaban creían que el Reino de Dios se iba
a manifestar de un momento a otro. [12] «Un hombre de una familia noble se
fue a un país lejano para ser nombrado rey y volver después. [13] Llamó a
diez de sus servidores, les entregó una moneda de oro a cada uno y les dijo:
«Comercien con ese dinero hasta que vuelva». [14] Pero sus compatriotas lo
odiaban y mandaron detrás de él una delegación para que dijera: «No queremos
que éste sea nuestro rey». [15] Cuando volvió, había sido nombrado rey. Mandó,
pues, llamar a aquellos servidores a quienes les había entregado el dinero,
para ver cuánto había ganado cada uno. [16] Se presentó el primero y dijo:
«Señor, tu moneda ha producido diez más». [17] Le contestó: «Está bien,
servidor bueno; ya que fuiste fiel en cosas muy pequeñas, ahora te confío el
gobierno de diez ciudades». [18] Vino el segundo y le dijo: «Señor, tu moneda
ha producido otras cinco más». [19] El rey le contestó: «Tú también
gobernarás cinco ciudades». [20] Llegó el tercero y dijo: «Señor, aquí tienes
tu moneda. La he guardado envuelta en un pañuelo [21] porque tuve miedo de
ti. Yo sabía que eres un hombre muy exigente: reclamas lo que no has
depositado y cosechas lo que no has sembrado». [22] Le contestó el rey: «Por
tus propias palabras te juzgo, servidor inútil. Si tú sabías que soy un
hombre exigente, que reclamo lo que no he depositado y cosecho lo que no he
sembrado, [23] ¿por qué no pusiste mi dinero en el banco? Así a mi regreso lo
habría cobrado con los intereses». [24] Y dijo el rey a los presentes:
«Quítenle la moneda y dénsela al que tiene diez». [25] «Pero, señor, le
contestaron, ya tiene diez monedas». [26] Yo les digo que a todo el que
produce se le dará más, pero al que no tiene, se le quitará aun lo que tiene.
[27] En cuanto a esos enemigos míos que no me quisieron por rey, tráiganlos
aquí y mátenlos en mi presencia». JESÚS ENTRA EN JERUSALÉN [28] Dicho esto, Jesús pasó adelante y emprendió la
subida hacia Jerusalén. [29] Cuando se acercaban a Betfagé
y Betania, al pie del monte llamado de los Olivos, Jesús envió a dos de sus
discípulos y les dijo: [30] «Vayan al pueblo de enfrente y al entrar en él
encontrarán atado un burrito que no ha sido montado por nadie hasta ahora.
Desátenlo y tráiganmelo. [31] Si alguien les pregunta por qué lo desatan,
contéstenle que el Señor lo necesita». [32] Fueron los dos discípulos y
hallaron todo tal como Jesús les había dicho. [33] Mientras soltaban el
burrito llegaron los dueños y les preguntaron: «¿Por
qué desatan ese burrito?» [34] Contestaron: «El Señor lo necesita». [35]
Trajeron entonces el burrito y le echaron sus capas encima para que Jesús se
montara. [36] La gente extendía sus mantos sobre el camino a medida que iba
avanzando. [37] Al acercarse a la bajada del monte de los Olivos, la multitud
de los discípulos comenzó a alabar a Dios a gritos, con gran alegría, por
todos los milagros que habían visto. [38] Decían: «¡Bendito
el que viene como Rey, en el nombre del Señor! ¡Paz en el cielo y gloria en
lo más alto de los cielos!» [39] Algunos fariseos que se encontraban entre la
gente dijeron a Jesús: «Maestro, reprende a tus discípulos». [40] Pero él
contestó: «Yo les aseguro que si ellos se callan, gritarán las piedras». [41]
Al acercarse y viendo la ciudad, lloró por ella, [42] y dijo: «¡Si al menos en este día tú conocieras los caminos de la
paz! Pero son cosas que tus ojos no pueden ver todavía. [43] Vendrán días
sobre ti en que tus enemigos te cercarán de trincheras, te atacarán y te
oprimirán por todos los lados. [44] Te estrellarán contra el suelo a ti y a
tus hijos dentro de ti, y no dejarán en ti piedra sobre piedra, porque no has
reconocido el tiempo ni la visita de tu Dios». [45] Jesús entró después en el
recinto del Templo y comenzó a expulsar a los comerciantes que estaban allí actuando.
[46] Les declaró: «Dios dice en [1] Uno de esos días en que Jesús enseñaba en el Templo
anunciando LOS TRABAJADORES ASESINOS [9] Jesús se puso a contar a la gente esta parábola:
«Un hombre plantó una viña, la arrendó a unos trabajadores y después se fue al
extranjero por mucho tiempo. [10] En el momento oportuno envió a un servidor
a los inquilinos para que le entregaran su parte del fruto de la viña. Pero
los inquilinos lo golpearon y lo hicieron volver con las manos vacías. [11]
Volvió a mandar a otro servidor, que también lo golpearon, lo insultaron y lo
echaron con las manos vacías. [12] Todavía mandó a un tercero, pero también a
éste lo hirieron y lo echaron. [13] El dueño de la viña se dijo entonces:
¿Qué hacer? Enviaré a mi hijo querido, pues a él lo respetarán. [14] Pero los
trabajadores, apenas lo vieron, se dijeron unos a otros: Este es el heredero,
matémoslo y nos quedaremos con la propiedad. [15] Lo arrojaron, pues, fuera
de la viña y lo mataron. Ahora bien, ¿qué hará con ellos el dueño de la viña?
[16] Vendrá, hará morir a esos trabajadores y entregará la viña a otros». Al
oír esto, algunos dijeron: «¡No lo quiera Dios!»
[17] Jesús, fijando su mirada en ellos, les dijo: «¿Qué
significan entonces esas palabras de EL IMPUESTO DEL CÉSAR [20] Entonces empezaron a seguir a Jesús de cerca; le
enviaron unos espías que fingieron buena fe para aprovecharse de sus palabras
y poder así entregarlo al gobernador y su justicia. [21] Le preguntaron:
«Maestro, sabemos que hablas y enseñas con rectitud, que no te dejas
influenciar por nadie, sino que enseñas con absoluta franqueza el camino de
Dios. [22] ¿Está permitido pagar impuestos al César o no?» [23] Jesús vio su
astucia y les dijo: «Muéstrenme una moneda. [24] ¿De quién es esa cara y el
nombre que tiene escrito?» Le contestaron: «Del César». [25] Entonces les
dijo: «Pues bien, devuelvan al César las cosas del César, y a Dios lo que
corresponde a Dios». [26] Con esto no pudieron atraparlo en lo que decía en
público, sino que quedaron muy sorprendidos por su respuesta y se callaron. LOS MUERTOS RESUCITARÁN [27] Se acercaron a Jesús algunos saduceos. Esta gente
niega que haya resurrección, y por eso le plantearon esta cuestión: [28]
«Maestro, Moisés nos dejó escrito: Si un hombre tiene esposa y muere sin
dejar hijos, el hermano del difunto debe tomar a la viuda para darle un hijo,
que tomará la sucesión del difunto. [29] Había, pues, siete hermanos. Se casó
el primero y murió sin tener hijos. [30] El segundo y el tercero se casaron
después con la viuda. [31] Y así los siete, pues todos murieron sin dejar
hijos. [32] Finalmente murió también la mujer. [33] Si hay resurrección, ¿de
cuál de ellos será esposa esta mujer, puesto que los siete la tuvieron?» [34]
Jesús les respondió: «Los de este mundo se casan, hombres y mujeres, [35]
pero los que sean juzgados dignos de entrar en el otro mundo y de resucitar
de entre los muertos, ya no toman marido ni esposa. [36] Además ya no pueden
morir, sino que son como ángeles. Son también hijos de Dios, por haber nacido
de la resurrección. [37] En cuanto a saber si los muertos resucitan, el mismo
Moisés lo dio a entender en el pasaje de la zarza, cuando llama al Señor:
Dios de Abraham, Dios de Isaac y Dios de Jacob. [38] El no es Dios de
muertos, sino de vivos, y todos viven por él». [39] Intervinieron algunos
maestros de [1] Jesús levantó la mirada y vio a unos ricos que
depositaban sus ofrendas en el arca del tesoro del Templo. [2] Vio también a una
viuda muy pobre que echaba dos moneditas. [3] Entonces dijo: «En verdad les
digo que esa viuda sin recursos ha echado más que todos ellos, [4] porque
estos otros han dado de lo que les sobra, mientras que ella, no teniendo
recursos, ha echado todo lo que tenía para vivir». JESÚS PREDICE [5] Como algunos estaban hablando del Templo, con sus
hermosas piedras y los adornos que le habían sido regalados, [6] Jesús les
dijo: «Mírenlo bien, porque llegarán días en que todo eso será arrasado y no
quedará piedra sobre piedra». [7] Le preguntaron: «Maestro, ¿cuándo sucederá
eso, y qué señales habrá antes de que ocurran esas cosas?» [8] Jesús
contestó: «Estén sobre aviso y no se dejen engañar; porque muchos usurparán
mi nombre y dirán: Yo soy el Mesías, el tiempo está cerca. No los sigan. [9]
No se asusten si oyen hablar de guerras y disturbios, porque estas cosas
tienen que ocurrir primero, pero el fin no llegará tan de inmediato». [10]
Entonces Jesús les dijo: «Se levantará una nación contra otra y un reino
contra otro. [11] Habrá grandes terremotos, pestes y hambre en diversos
lugares. Se verán también cosas espantosas y señales terribles en el cielo.
[12] Pero antes de que eso ocurra los tomarán a ustedes presos, los
perseguirán, los entregarán a los tribunales judíos y los meterán en sus
cárceles. Los harán comparecer ante reyes y gobernadores por causa de mi
nombre, [13] y ésa será para ustedes la oportunidad de dar testimonio de mí.
[14] Tengan bien presente que no deberán preocuparse entonces por su defensa.
[15] Pues yo mismo les daré palabras y sabiduría, y ninguno de sus opositores
podrá resistir ni contradecirles. [16] Ustedes serán entregados por sus
padres, hermanos, parientes y amigos, [17] y algunos de ustedes serán ajusticiados.
[18] Serán odiados por todos a causa de mi nombre. Con todo, ni un cabello de
su cabeza se perderá. [19] Manténganse firmes y se salvarán. [20] Cuando vean
a Jerusalén rodeada por ejércitos, sepan que muy pronto será devastada. [21]
Los que estén en Judea, que huyan a los montes; los que estén dentro de la
ciudad, que salgan y se alejen; y los que estén en los campos, que no vuelvan
a la ciudad. [22] Porque esos serán los días en que se rendirán cuentas, y se
cumplirán todas las cosas que fueron anunciadas en VENIDA DEL HIJO DEL HOMBRE [25] Entonces habrá señales en el sol, en la luna y en
las estrellas, y por toda la tierra los pueblos estarán llenos de angustia,
aterrados por el estruendo del mar embravecido. [26] La gente se morirá de
espanto con sólo pensar en lo que va a caer sobre la humanidad, porque las
fuerzas del universo serán sacudidas. [27] Y en ese preciso momento verán al
Hijo del Hombre viniendo en LAS SEÑALES DE LOS TIEMPOS [28] «Cuando se presenten los primeros signos,
enderécense y levanten la cabeza, porque está cerca su liberación». [29] Y
Jesús propuso esta comparación: «Fíjense en la higuera y en los demás
árboles. [30] Cuando echan los primeros brotes, ustedes saben que el verano
ya está cerca. [31] Así también, apenas vean ustedes que suceden las cosas
que les dije, sepan que el Reino de Dios está cerca. [32] Yo les aseguro que
no pasará esta generación hasta que todo eso suceda. [33] El cielo y la
tierra pasarán, pero mis palabras no pasarán. [34] Cuiden de ustedes mismos,
no sea que una vida materializada, las borracheras o las preocupaciones de
este mundo los vuelvan interiormente torpes y ese día caiga sobre ustedes de
improviso, [35] pues se cerrará como una trampa sobre todos los habitantes de
la tierra. [36] Por eso estén vigilando y orando en todo momento, para que se
les conceda escapar de todo lo que debe suceder y estar de pie ante el Hijo
del Hombre». [37] Durante el día Jesús enseñaba en el Templo, y luego salía e
iba a pasar la noche al aire libre al monte de los Olivos. [38] Y desde muy
temprano todo el pueblo acudía donde él al Templo para escucharlo. [1] Se acercaba la fiesta de los Panes sin Levadura,
llamada también fiesta de [14] Llegada la hora, Jesús se sentó a la mesa con los
apóstoles [15] y les dijo: «Yo tenía gran deseo de comer esta Pascua con
ustedes antes de padecer. [16] Porque, se lo digo, ya no la volveré a comer
hasta que sea la nueva y perfecta Pascua en el Reino de Dios». [17] Jesús
recibió una copa, dio gracias y les dijo: «Tomen esto y repártanlo entre
ustedes, [18] porque les aseguro que ya no volveré a beber del jugo de la uva
hasta que llegue el Reino de Dios». [19] Después tomó pan y, dando gracias,
lo partió y se lo dio diciendo: «Esto es mi cuerpo, que es entregado por
ustedes. Hagan esto en memoria mía». [20] Hizo lo mismo con la copa después
de cenar, diciendo: «Esta copa es la alianza nueva sellada con mi sangre, que
es derramada por ustedes». [21] Sepan que la mano del que me traiciona está
aquí conmigo sobre la mesa. [22] El Hijo del Hombre se va por el camino
trazado desde antes. Pero ¡pobre del hombre que lo entrega!» [23] Entonces
empezaron a preguntarse unos a otros quién de ellos iba a hacer tal cosa.
[24] Luego comenzaron a discutir sobre quién de ellos era el más importante.
[25] Jesús les dijo: «Los reyes de las naciones las gobiernan como dueños, y
los mismos que las oprimen se hacen llamar bienhechores. [26] Pero no será
así entre ustedes. Al contrario, el más importante entre ustedes debe
portarse como si fuera el último, y el que manda, como si fuera el que sirve.
[27] Porque ¿quién es más importante: el que está a la mesa o el que está
sirviendo? El que está sentado, por supuesto. Y sin embargo yo estoy entre
ustedes como el que sirve. [28] Ustedes son los que han permanecido conmigo,
compartiendo mis pruebas. [29] Por eso les doy autoridad como mi Padre me la
dio a mí haciéndome rey. [30] Ustedes comerán y beberán a mi mesa en mi
Reino, y se sentarán en tronos para gobernar a las doce tribus de Israel.
[31] ¡Simón, Simón! Mira que Satanás ha pedido permiso para sacudirlos a
ustedes como trigo que se limpia; [32] pero yo he rogado por ti para que tu
fe no se venga abajo. Y tú, cuando hayas vuelto, tendrás que fortalecer a tus
hermanos». [33] Pedro dijo: «Señor, estoy dispuesto a ir contigo a la prisión
y a la muerte». [34] Pero Jesús le respondió: «Yo lo digo, Pedro, que antes
de que cante hoy el gallo, habrás negado tres veces que me conoces». [35]
Jesús también les dijo: «Cuando les envié sin cartera ni equipaje ni calzado,
¿les faltó algo?» Ellos contestaron: «Nada». [36] Y Jesús agregó: «Pues
ahora, el que tenga cartera, que la tome, y lo mismo el equipaje. Y el que no
tenga espada, que venda el manto para comprarse una. [37] Pues les aseguro
que tiene que cumplirse en mi persona lo que dice JESÚS EN EL HUERTO DE GETSEMANÍ [39] Después Jesús salió y se fue, como era su
costumbre, al monte de los Olivos, y lo siguieron también sus discípulos.
[40] Llegados al lugar, les dijo: «Oren para que no caigan en tentación».
[41] Después se alejó de ellos como a la distancia de un tiro de piedra, y
doblando las rodillas oraba [42] con estas palabras: «Padre, si quieres,
aparta de mí esta copa; pero no se haga mi voluntad, sino la tuya». [43]
(Entonces se le apareció un ángel del cielo para animarlo. [44] Entró en
agonía y oraba con mayor insistencia. Su sudor se convirtió en gotas de
sangre que caían hasta el suelo.) [45] Después de orar, se levantó y fue
hacia donde estaban los discípulos. Pero los halló dormidos, abatidos por la
tristeza. [46] Les dijo: «¿Ustedes duermen?
Levántense y oren para que no caigan en tentación». [47] Todavía estaba
hablando cuando llegó un grupo encabezado por Judas, uno de los Doce. Como se
acercaba a Jesús para darle un beso, [48] Jesús le dijo: «Judas, ¿con un beso
traicionas al Hijo del Hombre?» [49] Los que estaban con Jesús vieron lo que
iba a pasar y le preguntaron: «Maestro, ¿sacamos la espada?» [50] Y uno de
ellos hirió al servidor del sumo sacerdote cortándole la oreja derecha. [51]
Pero Jesús le dijo: «¡Basta ya!» Y tocando la oreja
del hombre, lo sanó. [52] Jesús se dirigió después a los que habían venido a
tomarlo preso, a los jefes de los sacerdotes, de la policía del Templo y de
los judíos y les dijo: «Tal vez buscan a un ladrón, y por eso han venido a
detenerme con espadas y palos. [53] ¿Por qué no me detuvieron cuando día tras
día estaba entre ustedes en el Templo? Pero ahora reinan las tinieblas, y es
la hora de ustedes». JESÚS ES PROCESADO [54] Entonces lo apresaron y lo llevaron a la casa del sumo
sacerdote, donde entraron; Pedro los seguía a distancia. [55] Prendieron un
fuego en medio del patio y luego se sentaron alrededor; Pedro también se
acercó y se sentó entre ellos. [56] Como estaba ahí sentado en la claridad
del fuego, una muchachita de la casa lo vio y, después de mirarlo, dijo:
«Este también estaba con él» [57] Pero él lo negó diciendo: «Mujer, yo no lo
conozco». [58] Momentos después otro exclamó al verlo: «Tú también eres uno
de ellos». Pero Pedro respondió: «No, hombre, no lo soy». [59] Como una hora
más tarde, otro afirmaba: «Seguramente éste estaba con él, pues además es galileo». [60] De nuevo Pedro lo negó diciendo: «Amigo,
no sé de qué hablas». Todavía estaba hablando cuando un gallo cantó. [61] El
Señor se volvió y fijó la mirada en Pedro. Y Pedro se acordó de la palabra
del Señor, que le había dicho: «Antes de que cante hoy el gallo, me habrás
negado tres veces». [62] Y, saliendo afuera, lloró amargamente. [63] Los
hombres que custodiaban a Jesús empezaron a burlarse de él y a darle golpes.
[64] Le cubrieron la cara, y después le preguntaban: «Adivina quién te pegó».
[65] Y proferían toda clase de insultos contra él. [66] Cuando amaneció, se
reunieron los jefes de los judíos, los jefes de los sacerdotes y los maestros
de JESÚS ANTE PILATO [1] El Consejo en pleno se levantó y llevaron a Jesús
ante Pilato. [2] Allí empezaron con sus acusaciones: «Hemos comprobado que
este hombre es un agitador. Se opone a que se paguen los impuestos al César y
pretende ser el rey enviado por Dios». [3] Entonces Pilato lo interrogó en
estos términos: «¿Eres tú el rey de los judíos?»
Jesús le contestó: «Tú eres el que lo dice». [4] Pilato se dirigió a los
jefes de los sacerdotes y a la multitud. Les dijo: «Yo no encuentro delito
alguno en este hombre». [5] Pero ellos insistieron: «Está enseñando por todo
el país de los judíos y sublevando al pueblo. Comenzó en Galilea y ha llegado
hasta aquí». [6] Al oír esto, Pilato preguntó si aquel hombre era galileo. [7] Cuando supo que Jesús pertenecía a la
jurisdicción de Herodes, se lo envió, pues Herodes se hallaba también en
Jerusalén por aquellos días. [8] Al ver a Jesús, Herodes se alegró mucho.
Hacía tiempo que deseaba verlo por las cosas que oía de él, y esperaba que
Jesús hiciera algún milagro en su presencia. [9] Le hizo, pues, un montón de
preguntas. Pero Jesús no contestó nada, [10] mientras los jefes de los
sacerdotes y los maestros de CAMINO DE [26] Cuando lo llevaban, encontraron a un tal Simón de Cirene que volvía del campo, y le cargaron con la cruz
para que la llevara detrás de Jesús. [27] Lo seguía muchísima gente,
especialmente mujeres que se golpeaban el pecho y se lamentaban por él. [28]
Jesús, volviéndose hacia ellas, les dijo: «Hijas de Jerusalén, no lloren por
mí. Lloren más bien por ustedes mismas y por sus hijos. [29] Porque llegarán
días en que se dirá: «Felices las mujeres que no tienen hijos. Felices las
que no dieron a luz ni amamantaron». [30] Entonces dirán: «¡Que
caigan sobre nosotros los montes, y nos sepulten los cerros!» [31] Porque si
así tratan al árbol verde, qué harán con el seco?»
[32] Junto con Jesús llevaban también a dos malhechores para ejecutarlos.
[33] Al llegar al lugar llamado de EL SEÑOR HA RESUCITADO [1] El primer día de la semana, muy temprano, fueron
las mujeres al sepulcro, llevando los perfumes que habían preparado. [2] Pero
se encontraron con una novedad: la piedra que cerraba el sepulcro había sido
removida, [3] y al entrar no encontraron el cuerpo del Señor Jesús. [4] No
sabían qué pensar, pero en ese momento vieron a su lado a dos hombres con
ropas fulgurantes. [5] Estaban tan asustadas que no se atrevían a levantar
los ojos del suelo. Pero ellos les dijeron: «¿Por
qué buscan entre los muertos al que vive? [6] No está aquí. Resucitó.
Acuérdense de lo que les dijo cuando todavía estaba en Galilea: [7] el Hijo
del Hombre debe ser entregado en manos de los pecadores y ser crucificado, y
al tercer día resucitará». [8] Ellas entonces recordaron las palabras de
Jesús. [9] Al volver del sepulcro, les contaron a los Once y a todos los
demás lo que les había sucedido. [10] Las que hablaban eran María de Magdala,
Juana y María, la madre de Santiago. También las demás mujeres que estaban
con ellas decían lo mismo a los apóstoles. [11] Pero no les creyeron, y esta
novedad les pareció puros cuentos. [12] Pedro, sin embargo, se levantó y fue
corriendo al sepulcro; se agachó y no vio más que los lienzos. Así que volvió
a casa preguntándose lo que había pasado. LOS DISCÍPULOS DE EMAÚS [13] Aquel mismo día dos discípulos se dirigían a un
pueblecito llamado Emaús, que está a unos doce kilómetros de Jerusalén, [14]
e iban conversando sobre todo lo que había ocurrido. [15] Mientras
conversaban y discutían, Jesús en persona se les acercó y se puso a caminar
con ellos, [16] pero algo impedía que sus ojos lo reconocieran. [17] El les
dijo: «¿De qué van discutiendo por el camino?» Se
detuvieron, y parecían muy desanimados. [18] Uno de ellos, llamado Cleofás,
le contestó: «¿Cómo? ¿Eres tú el único peregrino en
Jerusalén que no está enterado de lo que ha pasado aquí estos días?» [19] «¿Qué pasó?», les preguntó. Le contestaron: «¡Todo el asunto de Jesús Nazareno!» Era un profeta
poderoso en obras y palabras, reconocido por Dios y por todo el pueblo. [20]
Pero nuestros sumos sacerdotes y nuestros jefes renegaron de él, lo hicieron
condenar a muerte y clavar en la cruz. [21] Nosotros pensábamos que él sería
el que debía libertar a Israel. Pero todo está hecho, y ya van dos días que
sucedieron estas cosas. [22] En realidad, algunas mujeres de nuestro grupo
nos han inquietado, [23] pues fueron muy de mañana al sepulcro y, al no
hallar su cuerpo, volvieron hablando de una aparición de ángeles que decían
que estaba vivo. [24] Algunos de los nuestros fueron al sepulcro y hallaron
todo tal como habían dicho las mujeres, pero a él no lo vieron». [25]
Entonces él les dijo: «¡Qué poco entienden ustedes,
y qué lentos son sus corazones para creer todo lo que anunciaron los
profetas! [26] ¿No tenía que ser así y que el Mesías padeciera para entrar en
su gloria?» [27] Y les interpretó lo que se decía de él en todas las
Escrituras, comenzando por Moisés y luego todos los profetas. [28] Al llegar
cerca del pueblo al que iban, hizo como que quisiera seguir adelante, [29]
pero ellos le insistieron diciendo: «Quédate con nosotros, ya está cayendo la
tarde y se termina el día». Entró, pues, para quedarse con ellos. [30] Y esto
sucedió. Mientras estaba en la mesa con ellos, tomó el pan, pronunció la
bendición, lo partió y se lo dio, [31] y en ese momento se les abrieron los
ojos y lo reconocieron. Pero ya había desaparecido. [32] Entonces se dijeron
el uno al otro: «¿No sentíamos arder nuestro corazón
cuando nos hablaba en el camino y nos explicaba las Escrituras?» [33] De
inmediato se levantaron y volvieron a Jerusalén, donde encontraron reunidos a
los Once y a los de su grupo. [34] Estos les dijeron: «Es verdad. El Señor ha
resucitado y se ha aparecido a Simón». [35] Ellos, por su parte, contaron lo
sucedido en el camino y cómo lo habían reconocido al partir el pan. JESÚS SE APARECE A LOS APÓSTOLES [36] Mientras estaban hablando de todo esto, Jesús
estuvo en medio de ellos (y les dijo: «Paz a ustedes»). [37] Quedaron
atónitos y asustados, pensando que veían algún espíritu, [38] pero él les
dijo: «¿Por qué se desconciertan? ¿Cómo se les
ocurre pensar eso? [39] Miren mis manos y mis pies: soy yo. Tóquenme y
fíjense bien que un espíritu no tiene carne ni huesos como ustedes ven que yo
tengo». [40] (Y dicho esto les mostró las manos y los pies). [41] Y como no
acababan de creerlo por su gran alegría y seguían maravillados, les dijo: «¿Tienen aquí algo que comer?» [42] Ellos, entonces, le
ofrecieron un pedazo de pescado asado (y una porción de miel); [43] lo tomó y
lo comió delante ellos. LAS ÚLTIMAS INSTRUCCIONES [44] Jesús les dijo: «Todo esto se lo había dicho
cuando estaba todavía con ustedes; tenía que cumplirse todo lo que está
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