CAMINANDO CON JESUS

PEDRO SERGIO ANTONIO DONOSO BRANT

NUEVO TESTAMENTO

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CAPÍTULO 1

[1] Este es el comienzo de la Buena Nueva de Jesucristo (Hijo de Dios). [2] En el libro del profeta Isaías estaba escrito: «Ya estoy para enviar a mi mensajero delante de ti para que te prepare el camino. [3] Escuchen ese grito en el desierto: Preparen el camino del Señor, enderecen sus senderos». [4] Es así como Juan el Bautista empezó a bautizar en el desierto. Allí predicaba bautismo y conversión, para alcanzar el perdón de los pecados. [5] Toda la provincia de Judea y el pueblo de Jerusalén acudían a Juan para confesar sus pecados y ser bautizados por él en el río Jordán. [6] Además de la piel que tenía colgada de la cintura, Juan no llevaba más que un manto hecho de pelo de camello. Su comida eran langostas y miel silvestre. [7] Juan proclamaba este mensaje: «Detrás de mí viene uno con más poder que yo. Yo no soy digno de desatar la correa de sus sandalias, aunque fuera arrodillándome ante él». [8] Yo los he bautizado con agua, pero él los bautizará en el Espíritu Santo». [9] En aquellos días Jesús vino de Nazaret, pueblo de Galilea, y se hizo bautizar por Juan en el río Jordán. [10] Al momento de salir del agua, Jesús vio los Cielos abiertos: el Espíritu bajaba sobre él como lo hace la paloma, [11] mientras se escuchaban estas palabras del Cielo: «Tú eres mi Hijo, el Amado, mi Elegido». [12] En seguida el Espíritu lo empujó al desierto. [13] Estuvo cuarenta días en el desierto y fue tentado por Satanás. Vivía entre los animales salvajes y los ángeles le servían.

JESÚS LLAMA A SUS CUATRO PRIMEROS DISCÍPULOS (MT 4,12; LC 4,14)

[14] Después de que tomaron preso a Juan, Jesús fue a Galilea y empezó a proclamar la Buena Nueva de Dios. [15] Decía: «El tiempo se ha cumplido, el Reino de Dios está cerca. Cambien sus caminos y crean en la Buena Nueva». [16] Mientras Jesús pasaba por la orilla del mar de Galilea, vio a Simón y a su hermano Andrés que echaban las redes en el mar, pues eran pescadores. [17] Jesús les dijo: «Síganme y yo los haré pescadores de hombres». [18] Y de inmediato dejaron sus redes y le siguieron. [19] Un poco más allá Jesús vio a Santiago, hijo de Zebedeo, con su hermano Juan, que estaban en su barca arreglando las redes. [20] Jesús también los llamó, y ellos, dejando a su padre Zebedeo en la barca con los ayudantes, lo siguieron.

JESÚS ENSEÑA Y SANA A UN ENDEMONIADO (LC 4,31; MT 7,28)

[21] Llegaron a Cafarnaún, y Jesús empezó a enseñar en la sinagoga durante las asambleas del día sábado. [22] Su manera de enseñar impresionaba mucho a la gente, porque hablaba como quien tiene autoridad, y no como los maestros de la Ley. [23] Entró en aquella sinagoga un hombre que estaba en poder de un espíritu malo, y se puso a gritar: [24] «¿Qué quieres con nosotros, Jesús de Nazaret? ¿Has venido a destruirnos? Yo sé que tú eres el Santo de Dios». [25] Jesús le hizo frente con autoridad: [26] «¡Cállate y sal de ese hombre!» El espíritu malo revolcó al hombre en el suelo y lanzó un grito tremendo, pero luego salió de él. [27] El asombro de todos fue tan grande que se preguntaban unos a otros: «¿Qué es esto? Una doctrina nueva, y ¡con qué autoridad! Miren cómo da órdenes a los espíritus malos ¡y le obedecen!» [28] Así fue como la fama de Jesús se extendió por todo el territorio de Galilea.

NUMEROSAS CURACIONES (MT 8,14; LC 4,38)

[29] Al salir de la Sinagoga, Jesús fue a la casa de Simón y Andrés con Santiago y Juan. [30] La suegra de Simón estaba en cama con fiebre, por lo que en seguida le hablaron de ella. [31] Jesús se acercó y, tomándola de la mano, la levantó. Se le quitó la fiebre y se puso a atenderlos. [32] Antes del atardecer, cuando se ponía el sol, empezaron a traer a Jesús todos los enfermos y personas poseídas por espíritus malos. [33] El pueblo entero estaba reunido ante la puerta. [34] Jesús sanó a muchos enfermos con dolencias de toda clase y expulsó muchos demonios; pero no los dejaba hablar, pues sabían quién era.

ORACIÓN NOCTURNA DE JESÚS (LC 4,42)

[35] De madrugada, cuando todavía estaba muy oscuro, Jesús se levantó, salió y se fue a un lugar solitario. Allí se puso a orar. [36] Simón y sus compañeros fueron a buscarlo, [37] y cuando lo encontraron le dijeron: «Todos te están buscando». [38] Él les contestó: «Vámonos a los pueblecitos vecinos, para predicar también allí, pues para esto he salido». [39] Y Jesús empezó a visitar las Casas de oración de aquella gente, recorriendo toda Galilea. Predicaba y expulsaba a los demonios.

CURACIÓN DE UN LEPROSO (MT 8,2; LC 5,12)

[40] Se le acercó un leproso, que se arrodilló ante él y le suplicó : «Si tú quieres, puedes limpiarme». [41] Sintiendo compasión, Jesús extendió la mano y lo tocó diciendo: «Quiero, queda limpio». [42] Al instante se le quitó la lepra y quedó sano. [43] Entonces Jesús lo despidió, pero le ordenó enérgicamente: [44] «No cuentes esto a nadie, pero vete y preséntate al sacerdote y haz por tu purificación la ofrenda que ordena la Ley de Moisés, pues tú tienes que hacer tu declaración». Pero el hombre, en cuanto se fue, empezó a hablar y a divulgar lo ocurrido, [45] de tal manera que Jesús ya no podía entrar públicamente en el pueblo; tenía que andar por las afueras, en lugares solitarios. Pero la gente venía a él de todas partes.

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CAPÍTULO 2

JESÚS SANA A UN PARALÍTICO DE SU PECADO Y DE SU ENFERMEDAD

(MT 9,1; LC 5,17)

[1] Tiempo después, Jesús volvió a Cafarnaún. Apenas corrió la noticia de que estaba en casa, [2] se reunió tanta gente que no quedaba sitio ni siquiera a la puerta. [3] Y mientras Jesús les anunciaba la Palabra, cuatro hombres le trajeron un paralítico que llevaban tendido en una camilla. [4] Como no podían acercarlo a Jesús a causa de la multitud, levantaron el techo donde él estaba y por el boquete bajaron al enfermo en su camilla. [5] Al ver la fe de aquella gente, Jesús dijo al paralítico: «Hijo, se te perdonan tus pecados». [6] Estaban allí sentados algunos maestros de la Ley, y pensaron en su interior: [7] «¿Cómo puede decir eso? Realmente se burla de Dios. ¿Quién puede perdonar pecados, fuera de Dios?» [8] Pero Jesús supo en su espíritu lo que ellos estaban pensando, y les dijo: «¿Por qué piensan así? [9] ¿Qué es más fácil decir a este paralítico: Se te perdonan tus pecados, o decir: Levántate, toma tu camilla y anda? [10] Pues ahora ustedes sabrán que el Hijo del Hombre tiene en la tierra poder para perdonar pecados». [11] Y dijo al paralítico: «Levántate, toma tu camilla y vete a tu casa». El hombre se levantó, y ante los ojos de toda la gente, cargó con su camilla y se fue. [12] La gente quedó asombrada, y todos glorificaban a Dios diciendo: «Nunca hemos visto nada parecido».

HE VENIDO A LLAMAR A LOS PECADORES (MT 9,9; LC 5,27)

[13] Jesús salió otra vez por las orillas del lago; todo el mundo venía a verlo y él les enseñaba. [14] Mientras caminaba, vio a un cobrador de impuestos sentado en su despacho. Era Leví, hijo de Alfeo. Jesús le dijo: «Sígueme». Y él se levantó y lo siguió. [15] Jesús estuvo comiendo en la casa de Leví, y algunos cobradores de impuestos y pecadores estaban sentados a la mesa con Jesús y sus discípulos; en realidad eran un buen número. Pero también seguían a Jesús [16] maestros de la Ley del grupo de los fariseos y, al verlo sentado a la misma mesa con pecadores y cobradores de impuestos, dijeron a los discípulos: «¿Qué es esto? ¡Está comiendo con publicanos y pecadores!» [17] Jesús los oyó y les dijo: «No es la gente sana la que necesita médico, sino los enfermos. No he venido a llamar a justos, sino a pecadores».

EL VINO NUEVO EN CUEROS NUEVOS (MT 9,14; LC 5,33)

[18] Un día estaban ayunando los discípulos de Juan el Bautista y los fariseos. Algunas personas vinieron a preguntar a Jesús: «Los discípulos de Juan y los de los fariseos ayunan; ¿por qué no lo hacen los tuyos?» [19] Jesús les contestó: ¿«Quieren ustedes que los compañeros del novio ayunen mientras el novio está con ellos? Mientras tengan al novio con ellos, claro que no pueden ayunar. [20] Pero llegará el momento en que se les arrebatará el novio, y entonces ayunarán. [21] Nadie remienda un vestido viejo con un pedazo de género nuevo, porque la tela nueva encoge, tira de la tela vieja, y se hace más grande la rotura. [22] Y nadie echa vino nuevo en envases de cuero viejos, porque el vino haría reventar los envases y se echarían a perder el vino y los envases. ¡A vino nuevo, envases nuevos!».

(Mt 12,1; Lc 6,1)

[23] Un sábado Jesús pasaba por unos sembrados con sus discípulos. Mientras caminaban, los discípulos empezaron a desgranar espigas en sus manos. [24] Los fariseos dijeron a Jesús: «Mira lo que están haciendo; esto está prohibido en día sábado». [25] El les dijo: «¿Nunca han leído ustedes lo que hizo David cuando sintió necesidad y hambre, y también su gente? [26] Entró en la Casa de Dios, siendo sumo sacerdote Abiatar, y comió los panes de la ofrenda, que sólo pueden comer los sacerdotes; y les dio también a los que estaban con él». [27] Y Jesús concluyó: «El sábado ha sido hecho para el hombre, y no el hombre para el sábado. [28] Sepan, pues, que el Hijo del Hombre, también es dueño del sábado».

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CAPÍTULO 3

CURACIÓN DEL HOMBRE DE LA MANO SECA (LC 6,6; MT 12,9; LC 14,1)

[1] Otro día entró Jesús en la sinagoga y se encontró con un hombre que tenía la mano paralizada. [2] Pero algunos estaban observando para ver si lo sanaba Jesús en día sábado. Con esto tendrían motivo para acusarlo. [3] Jesús dijo al hombre que tenía la mano paralizada: «Ponte de pie y colócate aquí en medio»., [4] Después les preguntó: «¿Qué nos permite la Ley hacer en día sábado? ¿Hacer el bien o hacer daño? ¿Salvar una vida o matar?» Pero ellos se quedaron callados. [5] Entonces Jesús paseó sobre ellos su mirada, enojado y muy apenado por su ceguera, y dijo al hombre: «Extiende la mano». El paralítico la extendió y su mano quedó sana. [6] En cuanto a los fariseos, apenas salieron, fueron a juntarse con los partidarios de Herodes, buscando con ellos la forma de eliminar a Jesús.

(Mt 12,15; Lc 6,17)

[7] Jesús se retiró con sus discípulos a orillas del lago y lo siguió una gran muchedumbre de Galilea. También de Judea, [8] de Jerusalén, de Idumea, del otro lado del Jordán y de las tierras de Tiro y de Sidón, muchísima gente venía a verlo con sólo oír todo lo que hacía. [9] Jesús mandó a sus discípulos que tuvieran lista una barca, para que toda aquella gente no lo atropellase. [10] Pues al verlo sanar a tantos, todas las personas que sufrían de algún mal se le echaban encima para tocarlo. [11] Incluso los espíritus malos, apenas lo veían, se arrojaban a sus pies y gritaban: «Tú eres el Hijo de Dios». [12] Pero él no quería que lo dieran a conocer, y los hacía callar.

LOS DOCE APÓSTOLES DE JESÚS (MT 10,1; LC 6,12)

[13] Jesús subió al monte y llamó a los que él quiso, y se reunieron con él. [14] Así instituyó a los Doce (a los que llamó también apóstoles), para que estuvieran con él y para enviarlos a predicar, [15] dándoles poder para echar demonios. [16] Estos son los Doce: Simón, a quien puso por nombre Pedro; [17] Santiago y su hermano Juan, hijos de Zebedeo, a quienes puso el sobrenombre de Boanerges, es decir, hijos del trueno; [18] Andrés, Felipe, Bartolomé, Mateo, Tomás, Santiago, el hijo de Alfeo, Tadeo, Simón el Cananeo, [19] y Judas Iscariote, el que después lo traicionó.

EL PECADO CONTRA EL ESPÍRITU SANTO (MT 12,24; LC 11,15; MT 9,34)

[20] Vuelto a casa, se juntó otra vez tanta gente que ni siquiera podían comer. [21] Al enterarse sus parientes de todo lo anterior, fueron a buscarlo para llevárselo, pues decían: «Se ha vuelto loco». [22] Mientras tanto, unos maestros de la Ley que habían venido de Jerusalén decían: «Está poseído por Belzebú, jefe de los demonios, y con su ayuda expulsa a los demonios». [23] Jesús les pidió que se acercaran y empezó a enseñarles por medio de ejemplos: [24] «¿Cómo puede Satanás echar a Satanás? Si una nación está con luchas internas, esa nación no podrá mantenerse en pie. [25] Y si una familia está con divisiones internas, esa familia no podrá subsistir. [26] De igual modo, si Satanás lucha contra sí mismo y está dividido, no puede subsistir, y pronto llegará su fin. [27] La verdad es que nadie puede entrar en la casa del Fuerte y arrebatarle sus cosas si no lo amarra primero; entonces podrá saquear su casa. [28] En verdad les digo: Se les perdonará todo a los hombres, ya sean pecados o blasfemias contra Dios, por muchos que sean. [29] En cambio el que calumnie al Espíritu Santo, no tendrá jamás perdón, pues se queda con un pecado que nunca lo dejará». [30] Y justamente ése era su pecado cuando decían: Está poseído por un espíritu malo.

LA VERDADERA FAMILIA DE JESÚS (MT 12,46; LC 8,19)

[31] Entonces llegaron su madre y sus hermanos, se quedaron afuera y lo mandaron a llamar. [32] Como era mucha la gente sentada en torno a Jesús, le transmitieron este recado: «Tu madre, tus hermanos y tus hermanas están fuera y preguntan por ti». [33] Él les contestó: «¿Quiénes son mi madre y mis hermanos?» [34] Y mirando a los que estaban sentados a su alrededor, dijo: «Estos son mi madre y mis hermanos. [35] Porque todo el que hace la voluntad de Dios es hermano mío y hermana y madre».

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CAPÍTULO 4

EL SEMBRADOR SALIÓ A SEMBRAR (MT 13,1; LC 8,16)

[1] Otra vez Jesús se puso a enseñar a orillas del lago. Se le reunió tanta gente junto a él que tuvo que subir a una barca y sentarse en ella a alguna distancia, mientras toda la gente estaba en la orilla. [2] Jesús les enseñó muchas cosas por medio de ejemplos o parábolas. Les enseñaba en esta forma: [3] «Escuchen esto: El sembrador salió a sembrar. [4] Al ir sembrando, una parte de la semilla cayó a lo largo del camino, vinieron los pájaros y se la comieron. [5] Otra parte cayó entre piedras, donde había poca tierra, y las semillas brotaron en seguida por no estar muy honda la tierra. [6] Pero cuando salió el sol, las quemó y, como no tenían raíces, se secaron. [7] Otras semillas cayeron entre espinos: los espinos crecieron y las sofocaron, de manera que no dieron fruto. [8] Otras semillas cayeron en tierra buena: brotaron, crecieron y produjeron unas treinta, otras sesenta y otras cien. [9] Y Jesús agregó: El que tenga oídos para oír, que escuche». [10] Cuando toda la gente se retiró, los que lo seguían se acercaron con los Doce y le preguntaron qué significaban aquellas parábolas. [11] El les contestó: «A ustedes se les ha dado el misterio del Reino de Dios, pero a los que están fuera no les llegan más que parábolas. [12] Y se verifican estas palabras: Por mucho que miran, no ven; por más que oyen no entienden; de otro modo se convertirían y recibirían el perdón». [13] Jesús les dijo: «¿No entienden esta parábola? Entonces, ¿cómo comprenderán las demás? [14] Lo que el sembrador siembra es la Palabra de Dios. [15] Los que están a lo largo del camino cuando se siembra, son aquellos que escuchan la Palabra, pero en cuanto la reciben, viene Satanás y se lleva la palabra sembrada en ellos. [16] Otros reciben la palabra como un terreno lleno de piedras. Apenas reciben la palabra, la aceptan con alegría; [17] pero no se arraiga en ellos y no duran más que una temporada; en cuanto sobrevenga alguna prueba o persecución por causa de la Palabra, al momento caen. [18] Otros la reciben como entre espinos; éstos han escuchado la Palabra, [19] pero luego sobrevienen las preocupaciones de esta vida, las promesas engañosas de la riqueza y las demás pasiones, y juntas ahogan la Palabra, que no da fruto. [20] Para otros se ha sembrado en tierra buena. Estos han escuchado la palabra, le han dado acogida y dan fruto: unos el treinta por uno, otros el sesenta y otros el ciento».

PARÁBOLA DE LA LÁMPARA Y DE LA MEDIDA (MT 10,26; LC 8,16)

[21] Jesús les dijo también: «Cuando llega la luz, ¿debemos ponerla bajo un macetero o debajo de la cama? ¿No la pondremos más bien sobre el candelero? [22] No hay cosa secreta que no deba ser descubierta; y si algo ha sido ocultado, será sacado a la luz. [23] El que tenga oídos para escuchar, que escuche». [24] Les dijo también: «Presten atención a lo que escuchan. La medida con que ustedes midan, se usará para medir lo que reciban, y se les dará mucho más todavía. [25] Sépanlo bien: al que produce se le dará más, y al que no produce se le quitará incluso lo que tiene».

LA SEMILLA QUE CRECE POR SÍ SOLA

[26] Jesús dijo además: «Escuchen esta comparación del Reino de Dios. Un hombre esparce la semilla en la tierra, [27] y ya duerma o esté despierto, sea de noche o de día, la semilla brota y crece, sin que él sepa cómo. [28] La tierra da fruto por sí misma: primero la hierba, luego la espiga, y por último la espiga se llena de granos. [29] Y cuando el grano está maduro, se le mete la hoz, pues ha llegado el tiempo de la cosecha».

EL GRANO DE MOSTAZA (MT 13,31; LC 13,18)

[30] Jesús les dijo también: «¿A qué se parece el Reino de Dios? ¿Con qué comparación lo podríamos expresar? [31] Es semejante a una semilla de mostaza; al sembrarla, es la más pequeña de todas las semillas que se echan en la tierra, [32] pero una vez sembrada, crece y se hace más grande que todas las plantas del huerto y sus ramas se hacen tan grandes, que los pájaros del cielo buscan refugio bajo su sombra». [33] Jesús usaba muchas parábolas como éstas para anunciar la Palabra, adaptándose a la capacidad de la gente. [34] No les decía nada sin usar parábolas, pero a sus discípulos se lo explicaba todo en privado.

JESÚS CALMA LA TEMPESTAD (MT 8,18; LC 8,22)

[35] Al atardecer de aquel mismo día, Jesús dijo a sus discípulos: «Crucemos a la otra orilla del lago». [36] Despidieron a la gente y lo llevaron en la barca en que estaba. También lo acompañaban otras barcas. [37] De pronto se levantó un gran temporal y las olas se estrellaban contra la barca, que se iba llenando de agua. [38] Mientras tanto Jesús dormía en la popa sobre un cojín. Lo despertaron diciendo: «Maestro, ¿no te importa que nos hundamos?» [39] El entonces se despertó. Se encaró con el viento y dijo al mar: «Cállate, cálmate». El viento se apaciguó y siguió una gran calma. [40] Después les dijo: «¿Por qué son tan miedosos? ¿Todavía no tienen fe?» [41] Pero ellos estaban muy asustados por lo ocurrido y se preguntaban unos a otros: «¿Quién es éste, que hasta el viento y el mar le obedecen?»

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CAPÍTULO 5

EL ENDEMONIADO DE GERASA (MT 8,28; LC 8,26)

[1] Llegaron a la otra orilla del lago, que es la región de los gerasenos. [2] Apenas había bajado Jesús de la barca, un hombre vino a su encuentro, saliendo de entre los sepulcros, pues estaba poseído por un espíritu malo. [3] El hombre vivía entre los sepulcros, y nadie podía sujetarlo, ni siquiera con cadenas. [4] Varias veces lo habían amarrado con grillos y cadenas, pero él rompía las cadenas y hacía pedazos los grillos, y nadie lograba dominarlo. [5] Día y noche andaba por los cerros, entre los sepulcros, gritando y lastimándose con piedras. [6] Al divisar a Jesús, fue corriendo y se echó de rodillas a sus pies. [7] Entre gritos le decía: «¡No te metas conmigo, Jesús, Hijo del Dios Altísimo! Te ruego por Dios que no me atormentes». [8] Es que Jesús le había dicho: «Espíritu malo, sal de este hombre». [9] Cuando Jesús le preguntó: «¿Cómo te llamas?», contestó: «Me llamo Multitud, porque somos muchos». [10] Y rogaban insistentemente a Jesús que no los echara de aquella región. [11] Había allí una gran piara de cerdos comiendo al pie del cerro. [12] Los espíritus le rogaron: «Envíanos a esa piara y déjanos entrar en los cerdos». Y Jesús se lo permitió. [13] Entonces los espíritus malos salieron del hombre y entraron en los cerdos; en un instante las piaras se arrojaron al agua desde lo alto del acantilado y todos los cerdos se ahogaron en el lago. [14] Los cuidadores de los cerdos huyeron y contaron lo ocurrido en la ciudad y por el campo, de modo que toda la gente fue a ver lo que había sucedido. [15] Se acercaron Jesús y vieron al hombre endemoniado, el que había estado en poder de la Multitud, sentado, vestido y en su sano juicio. Todos se asustaron. [16] Los testigos les contaron lo ocurrido al endemoniado y a los cerdos, [17] y ellos rogaban a Jesús que se alejara de sus tierras. [18] Cuando Jesús subía a la barca, el hombre que había tenido el espíritu malo le pidió insistentemente que le permitiera irse con él. [19] Pero Jesús no se lo permitió, sino que le dijo: «Vete a tu casa con los tuyos y cuéntales lo que el Señor ha hecho contigo y cómo ha tenido compasión de ti». [20] El hombre se fue y empezó a proclamar por la región de la Decápolis lo que Jesús había hecho con él; y todos quedaban admirados.

JESÚS RESUCITA A LA HIJA DE JAIRO (MT 9,18; LC 8,40)

[21] Jesús, entonces, atravesó el lago, y al volver a la otra orilla, una gran muchedumbre se juntó en la playa en torno a él. [22] En eso llegó un oficial de la sinagoga, llamado Jairo, y al ver a Jesús, se postró a sus pies [23] suplicándole: «Mi hija está agonizando; ven e impón tus manos sobre ella para que se mejore y siga viviendo». [24] Jesús se fue con Jairo; estaban en medio de un gran gentío, que lo oprimía. [25] Se encontraba allí una mujer que padecía un derrame de sangre desde hacía doce años. [26] Había sufrido mucho en manos de muchos médicos y se había gastado todo lo que tenía, pero en lugar de mejorar, estaba cada vez peor. [27] Como había oído lo que se decía de Jesús, se acercó por detrás entre la gente y le tocó el manto. [28] La mujer pensaba: «Si logro tocar, aunque sólo sea su ropa, sanaré». [29] Al momento cesó su hemorragia y sintió en su cuerpo que estaba sana. [30] Pero Jesús se dio cuenta de que un poder había salido de él, y dándose vuelta en medio del gentío, preguntó: «¿Quién me ha tocado la ropa?» [31] Sus discípulos le contestaron: «Ya ves cómo te oprime toda esta gente: ¿y preguntas quién te tocó?» [32] Pero él seguía mirando a su alrededor para ver quién le había tocado. [33] Entonces la mujer, que sabía muy bien lo que le había pasado, asustada y temblando, se postró ante él y le contó toda la verdad. [34] Jesús le dijo: «Hija, tu fe te ha salvado; vete en paz y queda sana de tu enfermedad». [35] Jesús estaba todavía hablando cuando llegaron algunos de la casa del oficial de la sinagoga para informarle: «Tu hija ha muerto. ¿Para qué molestar ya al Maestro?» [36] Jesús se hizo el desentendido y dijo al oficial: «No tengas miedo, solamente ten fe». [37] Pero no dejó que lo acompañaran más que Pedro, Santiago y Juan, el hermano de Santiago. [38] Cuando llegaron a la casa del oficial, Jesús vio un gran alboroto: unos lloraban y otros gritaban. [39] Jesús entró y les dijo: «¿Por qué este alboroto y tanto llanto? La niña no está muerta, sino dormida». [40] Y se burlaban de él. Pero Jesús los hizo salir a todos, tomó consigo al padre, a la madre y a los que venían con él, y entró donde estaba la niña. [41] Tomándola de la mano, dijo a la niña: «Talitá kumi», que quiere decir: «Niña, te lo digo, ¡levántate!» [42] La jovencita se levantó al instante y empezó a caminar (tenía doce años). ¡Qué estupor más grande! Quedaron fuera de sí. [43] Pero Jesús les pidió insistentemente que no lo contaran a nadie, y les dijo que dieran algo de comer a la niña.

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CAPÍTULO 6

¿NO ES ÉSTE EL CARPINTERO? (MT 13,53; LC 4,16)

[1] Al irse Jesús de allí, volvió a su tierra, y sus discípulos se fueron con él. [2] Cuando llegó el sábado, se puso a enseñar en la sinagoga y mucha gente lo escuchaba con estupor. Se preguntaban: «¿De dónde le viene todo esto? ¿Y qué pensar de la sabiduría que ha recibido, con esos milagros que salen de sus manos? [3] Pero no es más que el carpintero, el hijo de María; es un hermano de Santiago, de Joset, de Judas y Simón. ¿Y sus hermanas no están aquí entre nosotros?» Se escandalizaban y no lo reconocían. [4] Jesús les dijo: «Si hay un lugar donde un profeta es despreciado, es en su tierra, entre su parentela y en su propia familia». [5] Y no pudo hacer allí ningún milagro. Tan sólo sanó a unos pocos enfermos imponiéndoles las manos. [6] Jesús se admiraba de cómo se negaban a creer.

JESÚS ENVÍA A LOS DOCE (MT 10,1; LC 9,1; 10,1)

Jesús recorría todos los pueblos de los alrededores enseñando. [7] Llamó a los Doce y comenzó a enviarlos de dos en dos, dándoles poder sobre los espíritus malos. [8] Les ordenó que no llevaran nada para el camino, fuera de un bastón: ni pan, ni morral, ni dinero; [9] que llevaran calzado corriente y un solo manto. [10] Y les decía: «Quédense en la primera casa en que les den alojamiento, hasta que se vayan de ese sitio. [11] Y si en algún lugar no los reciben ni los escuchan, no se alejen de allí sin haber sacudido el polvo de sus pies: con esto darán testimonio contra ellos». [12] Fueron, pues, a predicar, invitando a la conversión. [13] Expulsaban a muchos espíritus malos y sanaban a numerosos enfermos, ungiéndoles con aceite.

LA MUERTE DE JUAN BAUTISTA (MT 14,1; LC 9,7; 3,19)

[14] El rey Herodes oyó hablar de Jesús, ya que su nombre se había hecho famoso. Algunos decían: «Este es Juan el Bautista, que ha resucitado de entre los muertos, y por eso actúan en él poderes milagrosos». [15] Otros decían: «Es Elías», y otros: «Es un profeta como los antiguos profetas». [16] Herodes, por su parte, pensaba: «Debe de ser Juan, al que le hice cortar la cabeza, que ha resucitado». [17] En efecto, Herodes había mandado tomar preso a Juan y lo había encadenado en la cárcel por el asunto de Herodías, mujer de su hermano Filipo, con la que se había casado. [18] Pues Juan le decía: «No te está permitido tener a la mujer de tu hermano». [19] Herodías lo odiaba y quería matarlo, pero no podía, [20] pues Herodes veía que Juan era un hombre justo y santo, y le tenía respeto. Por eso lo protegía, y lo escuchaba con gusto, aunque quedaba muy perplejo al oírlo. [21] Herodías tuvo su oportunidad cuando Herodes, el día de su cumpleaños, dio un banquete a sus nobles, a sus oficiales y a los personajes principales de Galilea. [22] En esa ocasión entró la hija de Herodías, bailó y gustó mucho a Herodes y a sus invitados. Entonces el rey dijo a la muchacha: «Pídeme lo que quieras y te lo daré». [23] Y le prometió con juramento: «Te daré lo que me pidas, aunque sea la mitad de mi reino». [24] Salió ella a consultar a su madre: «¿Qué pido?» La madre le respondió: «La cabeza de Juan el Bautista». [25] Inmediatamente corrió a donde estaba el rey y le dijo: «Quiero que ahora mismo me des la cabeza de Juan el Bautista en una bandeja». [26] El rey se sintió muy molesto, pero no quiso negárselo, porque se había comprometido con juramento delante de los invitados. [27] Ordenó, pues, a un verdugo que le trajera la cabeza de Juan. Este fue a la cárcel y le cortó la cabeza. [28] Luego, trayéndola en una bandeja, se la entregó a la muchacha y ésta se la pasó a su madre. [29] Cuando la noticia llegó a los discípulos de Juan, vinieron a recoger el cuerpo y lo enterraron.

JESÚS, PASTOR Y PROFETA

[30] Al volver los apóstoles a donde estaba Jesús, le contaron todo lo que habían hecho y enseñado. [31] Jesús les dijo: «Vámonos aparte, a un lugar retirado, y descansarán un poco». Porque eran tantos los que iban y venían que no les quedaba tiempo ni para comer. [32] Y se fueron solos en una barca a un lugar despoblado. [33] Pero la gente vio cómo se iban, y muchos cayeron en la cuenta; y se dirigieron allá a pie. De todos los pueblos la gente se fue corriendo y llegaron antes que ellos. [34] Al desembarcar, Jesús vio toda aquella gente, y sintió compasión de ellos, pues estaban como ovejas sin pastor. Y se puso a enseñarles largamente.

LA PRIMERA MULTIPLICACIÓN DE LOS PANES (MT 14,13; LC 9,10; JN 6,1)

[35] Se había hecho tarde. Los discípulos se le acercaron y le dijeron: «Estamos en un lugar despoblado y ya se ha hecho tarde; [36] despide a la gente para que vayan a las aldeas y a los pueblos más cercanos y se compren algo de comer». [37] Jesús les contestó: «Denles ustedes de comer». Ellos dijeron: «¿Y quieres que vayamos nosotros a comprar doscientos denarios de pan para dárselo?» [38] Jesús les dijo: «¿Cuántos panes tienen ustedes? Vayan a ver». Volvieron y le dijeron: «Hay cinco, y además hay dos pescados». [39] Entonces les dijo que hicieran sentar a la gente en grupos sobre el pasto verde. [40] Se acomodaron en grupos de cien y de cincuenta. [41] Tomó Jesús los cinco panes y los dos pescados, levantó los ojos al cielo, pronunció la bendición, partió los panes y los iba dando a los discípulos para que se los sirvieran a la gente. Asimismo repartió los dos pescados entre todos. [42] Comieron todos hasta saciarse; [43] incluso se llenaron doce canastos con los pedazos de pan, sin contar lo que sobró de los pescados. [44] Los que habían comido eran unos cinco mil hombres.

JESÚS CAMINA SOBRE LAS AGUAS (MT 14,22; JN 6,16)

[45] Inmediatamente Jesús obligó a sus discípulos a que subieran a la barca y lo fueran a esperar a Betsaida, en la otra orilla, mientras él despachaba a la gente. [46] Jesús despidió, pues, a la gente, y luego se fue al cerro a orar. [47] Al anochecer, la barca estaba en medio del lago y Jesús se había quedado solo en tierra. [48] Jesús vio que sus discípulos iban agotados de tanto remar, pues el viento les era contrario, y antes de que terminara la noche fue hacia ellos caminando sobre el mar, como si quisiera pasar de largo. [49] Al verlo caminar sobre el mar, creyeron que era un fantasma y se pusieron a gritar, [50] pues todos estaban asustados al verlo así. Pero Jesús les habló: «Animo, no teman, que soy yo». [51] Y subió a la barca con ellos. De inmediato se calmó el viento, con lo cual quedaron muy asombrados. [52] Pues no habían entendido lo que había pasado con los panes, tenían la mente cerrada. [53] Terminada la travesía, llegaron a Genesaret y amarraron allí la barca. [54] Apenas se bajaron, la gente lo reconoció, [55] y corrieron a dar la noticia por toda aquella región. Empezaron a traer a los enfermos en sus camillas al lugar donde él estaba, [56] y en todos los lugares adonde iba, pueblos, ciudades o aldeas, ponían a los enfermos en las plazas y le rogaban que les dejara tocar al menos el fleco de su manto. Y todos los que lo tocaban quedaban sanos.

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CAPÍTULO 7

LA VERDADERA PUREZA (MT 15,10; LC 6,39)

[1] Los fariseos se juntaron en torno a Jesús, y con ellos había algunos maestros de la Ley llegados de Jerusalén. [2] Esta gente se fijó en que algunos de los discípulos de Jesús tomaban su comida con manos impuras, es decir, sin habérselas lavado antes. [3] Porque los fariseos, al igual que el resto de los judíos, están aferrados a la tradición de sus mayores, y no comen nunca sin haberse lavado cuidadosamente las manos. [4] Tampoco comen nada al volver del mercado sin antes cumplir con estas purificaciones. Y son muchas las tradiciones que deben observar, como la purificación de vasos, jarras y bandejas. [5] Por eso los fariseos y maestros de la Ley le preguntaron: «¿Por qué tus discípulos no respetan la tradición de los ancianos, sino que comen con manos impuras?» [6] Jesús les contestó: «¡Qué bien salvan ustedes las apariencias! Con justa razón profetizó de ustedes Isaías cuando escribía: Este pueblo me honra con los labios, pero su corazón está lejos de mí. [7] El culto que me rinden de nada sirve; las doctrinas que enseñan no son más que mandatos de hombres. [8] Ustedes descuidan el mandamiento de Dios por aferrarse a tradiciones de hombres». [9] Y Jesús añadió: «Ustedes dejan tranquilamente a un lado el mandato de Dios para imponer su propia tradición. [10] Así, por ejemplo, Moisés dijo: Cumple tus deberes con tu padre y con tu madre, y también: El que maldiga a su padre o a su madre es reo de muerte. [11] En cambio, según ustedes, alguien puede decir a su padre o a su madre: «Lo que podías esperar de mí es "consagrado", ya lo tengo reservado para el Templo». [12] Y ustedes ya no dejan que esa persona ayude a sus padres. [13] De este modo anulan la Palabra de Dios con una tradición que se transmiten, pero que es de ustedes. Y ustedes hacen además otras muchas cosas parecidas a éstas». [14] Jesús volvió a llamar a la gente y empezó a decirles: «Escúchenme todos y traten de entender. [15] Ninguna cosa que de fuera entra en la persona puede hacerla impura; lo que hace impura a una persona es lo que sale de ella. [16] El que tenga oídos, que escuche». [17] Cuando Jesús se apartó de la gente y entró en casa, sus discípulos le preguntaron sobre lo que había dicho. [18] El les respondió: «¿También ustedes están cerrados? ¿No comprenden que nada de lo que entra de fuera en una persona puede hacerla impura? [19] Pues no entra en el corazón, sino que va al estómago primero y después al basural». [20] Así Jesús declaraba que todos los alimentos son puros.

Y luego continuó: «Lo que hace impura a la persona es lo que ha salido de su propio corazón. [21] Los pensamientos malos salen de dentro, del corazón: de ahí proceden la inmoralidad sexual, robos, asesinatos, [22] infidelidad matrimonial, codicia, maldad, vida viciosa, envidia, injuria, orgullo y falta de sentido moral. [23] Todas estas maldades salen de dentro y hacen impura a la persona».

JESÚS SANA A LA HIJA DE UNA EXTRANJERA (MT 15,21)

[24] Jesús decidió irse hacia las tierras de Tiro. Entró en una casa, y su intención era que nadie lo supiera, pero no logró pasar inadvertido. [25] Una mujer, cuya hija estaba en poder de un espíritu malo, se enteró de su venida y fue en seguida a arrodillarse a sus pies. [26] Esta mujer era de habla griego y de raza sirofenicia, y pidió a Jesús que echara al demonio de su hija. [27] Jesús le dijo: «Espera que se sacien los hijos primero, pues no está bien tomar el pan de los hijos para echárselo a los perritos». [28] Pero ella le respondió: «Señor, los perritos bajo la mesa comen las migajas que dejan caer los hijos». [29] Entonces Jesús le dijo: «Puedes irte; por lo que has dicho el demonio ya ha salido de tu hija». [30] Cuando la mujer llegó a su casa, encontró a la niña acostada en la cama; el demonio se había ido.

CURACIÓN DE UN SORDOMUDO

[31] Saliendo de las tierras de Tiro, Jesús pasó por Sidón y, dando la vuelta al lago de Galilea, llegó al territorio de la Decápolis. [32] Allí le presentaron un sordo que hablaba con dificultad, y le pidieron que le impusiera la mano. [33] Jesús lo apartó de la gente, le metió los dedos en los oídos y con su saliva le tocó la lengua. [34] En seguida levantó los ojos al cielo, suspiró y dijo: «Effetá», que quiere decir: «Abrete». [35] Al instante se le abrieron los oídos, le desapareció el defecto de la lengua y comenzó a hablar correctamente. [36] Jesús les mandó que no se lo dijeran a nadie, pero cuanto más insistía, tanto más ellos lo publicaban. [37] Estaban fuera de sí y decían muy asombrados: «Todo lo ha hecho bien; hace oír a los sordos y hablar a los mudos».

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CAPÍTULO 8

LA SEGUNDA MULTIPLICACIÓN DE LOS PANES (MT 15,32)

[1] En aquellos días se juntó otra vez muchísima gente, y no tenían nada que comer. Jesús llamó a sus discípulos y les dijo: [2] «Siento compasión por esta gente, pues hace ya tres días que están conmigo y no tienen nada para comer. [3] Si los mando a sus casas sin comer, desfallecerán por el camino, pues algunos de ellos han venido de lejos». [4] Sus discípulos le contestaron: «¿De dónde podemos sacar, en este lugar desierto, el pan que necesitan?» [5] Jesús les preguntó: «¿Cuántos panes tienen ustedes?» Respondieron: «Siete». [6] Entonces mandó a la gente que se sentara en el suelo y, tomando los siete panes, dio gracias, los partió y empezó a darlos a sus discípulos para que los repartieran. Ellos se los sirvieron a la gente. [7] Tenían también algunos pescaditos. Jesús pronunció la bendición y mandó que también los repartieran. [8] Todos comieron hasta saciarse, y de los pedazos que sobraron, recogieron siete cestos. [9] Eran unos cuatro mil los que habían comido. Luego Jesús los despidió. [10] En seguida subió a la barca con sus discípulos y se fue a la región de Dalmanuta.

¿POR QUÉ ÉSTOS PIDEN UNA SEÑAL? (MT 16,1; LC 12,54)

[11] Vinieron los fariseos y empezaron a discutir con Jesús. Querían ponerlo en apuros, y esperaban de él una señal que viniera del Cielo. [12] Jesús suspiró profundamente y exclamó: «¿Por qué esta gente pide una señal? Yo les digo que a esta gente no se le dará ninguna señal». [13] Y dejándolos, subió a la barca y se fue al otro lado del lago. [14] Los discípulos se habían olvidado de llevar panes, y tan sólo tenían un pan en la barca. [15] De repente él les hizo esta advertencia: «Abran los ojos y cuídense tanto de la levadura de los fariseos como de la de Herodes». [16] Se dijeron unos a otros: «La verdad es que no tenemos pan». [17] Jesús se dio cuenta y les dijo: «¿Por qué estos cuchicheos? ¿Porque no tienen pan? ¿Todavía no entienden ni se dan cuenta? ¿Están ustedes tan cerrados que, [18] teniendo ojos no ven y teniendo oídos no oyen? ¿No recuerdan [19] cuando repartí cinco panes entre cinco mil personas? ¿Cuántos canastos llenos de pedazos recogieron?» Respondieron: «Doce». [20] «Y cuando repartí los siete panes entre cuatro mil, ¿cuántos cestos llenos de sobras recogieron?» Contestaron: «Siete». [21] Entonces Jesús les dijo: «¿Y aún no entienden?».

EL CIEGO DE BETSAIDA

[22] Cuando llegaron a Betsaida, le trajeron un ciego y le pidieron que lo tocara. [23] Jesús tomó al ciego de la mano y lo llevó fuera del pueblo. Después le mojó los ojos con saliva, le impuso las manos y le preguntó: «¿Ves algo?» [24] El ciego, que empezaba a ver, dijo: «Veo como árboles, pero deben ser gente, porque se mueven». [25] Jesús le puso nuevamente las manos en los ojos, y el hombre se encontró con buena vista; se recuperó plenamente, y podía ver todo con claridad. [26] Jesús, pues, lo mandó a su casa, diciéndole: «Ni siquiera entres en el pueblo».

PEDRO PROCLAMA SU FE (MT 16,13; LC 9,18; JN 6,69)

[27] Salió Jesús con sus discípulos hacia los pueblos de Cesarea de Filipo, y por el camino les preguntó: «¿Quién dice la gente que soy yo?» [28] Ellos contestaron: «Algunos dicen que eres Juan Bautista, otros que Elías o alguno de los profetas». [29] Entonces Jesús les preguntó: «Y ustedes, ¿quién dicen que soy yo?» Pedro le contestó: «Tú eres el Mesías». [30] Pero Jesús les dijo con firmeza que no conversaran sobre él. [31] Luego comenzó a enseñarles que el Hijo del Hombre debía sufrir mucho y ser rechazado por los notables, los jefes de los sacerdotes y los maestros de la Ley, que sería condenado a muerte y resucitaría a los tres días. [32] Jesús hablaba de esto con mucha seguridad. Pedro, pues, lo llevó aparte y comenzó a reprenderlo. [33] Pero Jesús, dándose la vuelta, vio muy cerca a sus discípulos. Entonces reprendió a Pedro y le dijo: «¡Pasa detrás de mí, Satanás! Tus ambiciones no son las de Dios, sino de los hombres».

EL QUE QUIERA SEGUIRME, TOME SU CRUZ (MT 16,24; LC 9,23)

[34] Luego Jesús llamó a sus discípulos y a toda la gente y les dijo: «El que quiera seguirme, que renuncie a sí mismo, tome su cruz y me siga. [35] Pues el que quiera asegurar su vida la perderá, y el que sacrifique su vida (por mí y) por el Evangelio, la salvará. [36] ¿De qué le sirve a uno si ha ganado el mundo entero, pero se ha destruido a sí mismo? [37] ¿Qué podría dar para rescatarse a sí mismo? [38] Yo les aseguro: Si alguno se avergüenza de mí y de mis palabras en medio de esta generación adúltera y pecadora, también el Hijo del Hombre se avergonzará de él cuando venga con la Gloria de su Padre rodeado de sus santos ángeles».

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CAPÍTULO 9

LA TRANSFIGURACIÓN DE JESÚS (MT 17,1; LC 9,28)

[1] Jesús les dijo: «En verdad se lo digo: algunos de los que están aquí presentes no conocerán la muerte sin que ya hayan visto el Reino de Dios viniendo con poder». [2] Seis días después, Jesús tomó consigo a Pedro, a Santiago y a Juan, y los llevó a ellos solos a un monte alto. A la vista de ellos su aspecto cambió completamente. [3] Incluso sus ropas se volvieron resplandecientes, tan blancas como nadie en el mundo sería capaz de blanquearlas. [4] Y se les aparecieron Elías y Moisés, que conversaban con Jesús. [5] Pedro tomó la palabra y dijo a Jesús: «Maestro, ¡qué bueno es que estemos aquí! Levantemos tres chozas: una para ti, otra para Moisés y otra para Elías». [6] En realidad no sabía lo que decía, porque estaban aterrados. [7] En eso se formó una nube que los cubrió con su sombra, y desde la nube llegaron estas palabras: «Este es mi Hijo, el Amado, escúchenlo». [8] Y de pronto, mirando a su alrededor, no vieron ya a nadie; sólo Jesús estaba con ellos. [9] Cuando bajaban del cerro, les ordenó que no dijeran a nadie lo que habían visto, hasta que el Hijo del Hombre resucitara de entre los muertos. [10] Ellos guardaron el secreto, aunque se preguntaban unos a otros qué querría decir eso de "resucitar de entre los muertos".

LA VUELTA DE ELÍAS

[11] Entonces le preguntaron: «¿No dicen los maestros de la Ley que Elías ha de venir primero?» [12] Jesús les contestó: «Ya lo sabemos: Elías viene primero y deja todo reordenado. Pero, ¿por qué dicen las Escrituras que el Hijo del Hombre sufrirá mucho y será despreciado?» [13] Yo se lo digo: Elías ya ha venido, e hicieron con él todo lo que quisieron, tal como de él estaba escrito».

JESÚS SANA A UN JOVEN EPILÉPTICO (MT 17,14; LC 9,37; 17,6)

[14] Cuando volvieron a donde estaban los otros discípulos, los encontraron con un grupo de gente a su alrededor, y algunos maestros de la Ley discutían con ellos. [15] La gente quedó sorprendida al ver a Jesús, y corrieron a saludarlo. [16] El les preguntó: «¿Sobre qué discutían ustedes con ellos?» [17] Y uno del gentío le respondió: «Maestro, te he traído a mi hijo, que tiene un espíritu mudo. [18] En cualquier momento el espíritu se apodera de él, lo tira al suelo y el niño echa espuma por la boca, rechina los dientes y se queda rígido. Les pedí a tus discípulos que echaran ese espíritu, pero no pudieron». [19] Les respondió: «¡Qué generación tan incrédula! ¿Hasta cuándo tendré que estar con ustedes? ¿Hasta cuándo tendré que soportarlos? Tráiganme al muchacho». [20] Y se lo llevaron. Apenas vio a Jesús, el espíritu sacudió violentamente al muchacho; cayó al suelo y se revolcaba echando espuma por la boca. [21] Entonces Jesús preguntó al padre: «¿Desde cuándo le pasa esto?» [22] Le contestó: «Desde niño. Y muchas veces el espíritu lo lanza al fuego y al agua para matarlo. Por eso, si puedes hacer algo, ten compasión de nosotros y ayúdanos». [23] Jesús le dijo: «¿Por qué dices "si puedes"? Todo es posible para el que cree». [24] Al instante el padre gritó: «Creo, ¡pero ayuda mi poca fe!» [25] Cuando Jesús vio que se amontonaba la gente, dijo al espíritu malo: «Espíritu sordo y mudo, yo te lo ordeno: sal del muchacho y no vuelvas a entrar en él». [26] El espíritu malo gritó y sacudió violentamente al niño; después, dando un terrible chillido, se fue. El muchacho quedó como muerto, tanto que muchos decían que estaba muerto. [27] Pero Jesús lo tomó de la mano y le ayudó a levantarse, y el muchacho se puso de pie. [28] Ya dentro de casa, sus discípulos le preguntaron en privado: «¿Por qué no pudimos expulsar nosotros a ese espíritu?» [29] Y él les respondió: «Esta clase de demonios no puede echarse sino mediante la oración».

JESÚS ANUNCIA OTRA VEZ SU PASIÓN (MT 17,22; LC 9,43)

[30] Se marcharon de allí y se desplazaban por Galilea. Jesús quería que nadie lo supiera, [31] porque iba enseñando a sus discípulos. Y les decía: «El Hijo del Hombre va a ser entregado en manos de los hombres y lo harán morir, pero tres días después de su muerte resucitará». [32] De todos modos los discípulos no entendían lo que les hablaba, y tenían miedo de preguntarle qué quería decir.

SI ALGUNO QUIERE SER EL PRIMERO (MT 18,1; LC 9,46; 18,17; 22,24)

[33] Llegaron a Cafarnaún, y una vez en casa, Jesús les preguntó: «¿De qué venían discutiendo por el camino?» [34] Ellos se quedaron callados, pues habían discutido entre sí sobre quién era el más importante de todos. [35] Entonces se sentó, llamó a los Doce y les dijo: «Si alguno quiere ser el primero, que se haga el último y el servidor de todos». [36] Después tomó a un niño, lo puso en medio de ellos, lo abrazó y les dijo: [37] «El que recibe a un niño como éste en mi nombre, me recibe a mí; y el que me recibe, no me recibe a mí, sino al que me ha enviado». [38] Juan le dijo: «Maestro, hemos visto a uno que hacía uso de tu nombre para expulsar demonios, y hemos tratado de impedírselo porque no anda con nosotros». [39] Jesús contestó: «No se lo prohíban, ya que nadie puede hacer un milagro en mi nombre y luego hablar mal de mí. [40] El que no está contra nosotros está con nosotros». [41] «Y cualquiera que les dé de beber un vaso de agua porque son de Cristo, yo les aseguro que no quedará sin recompensa».

SI TU OJO ES OCASIÓN DE PECADO, SÁCATELO (MT 18,6; 5,13; LC 17,1)

[42] «El que haga caer a uno de estos pequeños que creen en mí, sería mejor para él que le ataran al cuello una gran piedra de moler y lo echaran al mar. [43] Si tu mano te está haciendo caer, córtatela; pues es mejor para ti entrar con una sola mano en la vida, que ir con las dos a la gehenna, al fuego que no se apaga. [44] Y si tu pie te está haciendo caer, córtatelo; [45] pues es mejor para ti entrar cojo en la vida que ser arrojado con los dos pies a la gehenna. [46] Y si tu ojo prepara tu caída, sácatelo; [47] pues es mejor para ti entrar con un solo ojo en el Reino de Dios que ser arrojado con los dos al infierno, [48] donde su gusano no muere y el fuego no se apaga. [49] Pues el mismo fuego los conservará. [50] La sal es buena, pero si la sal pierde su sabor, ¿con qué se lo devolverán? Tengan sal en ustedes y vivan en paz unos con otros».

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CAPÍTULO 10

LO QUE DIOS UNIÓ, NO LO SEPARE EL HOMBRE (MT 19,1; 5,31; LC 16,18)

[1] Jesús dejó aquel lugar y se fue a los límites de Judea, al otro lado del Jordán. Otra vez las muchedumbres se congregaron a su alrededor, y de nuevo se puso a enseñarles, como hacía siempre. [2] En eso llegaron unos (fariseos que querían ponerle a prueba,) y le preguntaron: «¿Puede un marido despedir a su esposa?» [3] Les respondió: «¿Qué les ha ordenado Moisés?» [4] Contestaron: «Moisés ha permitido firmar un acta de separación y después divorciarse». [5] Jesús les dijo: «Moisés, al escribir esta ley, tomó en cuenta lo tercos que eran ustedes. [6] Pero, al principio de la creación, Dios los hizo hombre y mujer; [7] y por eso dejará el hombre a su padre y a su madre para unirse con su esposa, [8] y serán los dos una sola carne. De manera que ya no son dos, sino uno solo. [9] Pues bien, lo que Dios ha unido, que el hombre no lo separe». [10] Cuando ya estaban en casa, los discípulos le volvieron a preguntar sobre lo mismo, [11] y él les dijo: «El que se separa de su esposa y se casa con otra mujer, comete adulterio contra su esposa; [12] y si la esposa abandona a su marido para casarse con otro hombre, también ésta comete adulterio».

DEJEN QUE LOS NIÑOS VENGAN A MÍ (MT 19,13; LC 18)

[13] Algunas personas le presentaban los niños para que los tocara, pero los discípulos les reprendían. [14] Jesús, al ver esto, se indignó y les dijo: «Dejen que los niños vengan a mí y no se lo impidan, porque el Reino de Dios pertenece a los que son como ellos. [15] En verdad les digo: quien no reciba el Reino de Dios como un niño, no entrará en él». [16] Jesús tomaba a los niños en brazos e, imponiéndoles las manos, los bendecía.

JESÚS Y EL HOMBRE RICO (MT 19,16; LC 18,18)

[17] Jesús estaba a punto de partir, cuando un hombre corrió a su encuentro, se arrodilló delante de él y le preguntó: «Maestro bueno, ¿qué tengo que hacer para conseguir la vida eterna?» [18] Jesús le dijo: «¿Por qué me llamas bueno? Nadie es bueno, sino sólo Dios. [19] Ya conoces los mandamientos: No mates, no cometas adulterio, no robes, no digas cosas falsas de tu hermano, no seas injusto, honra a tu padre y a tu madre». [20] El hombre le contestó: «Maestro, todo eso lo he practicado desde muy joven». [21] Jesús fijó su mirada en él, le tomó cariño y le dijo: «Sólo te falta una cosa: vete, vende todo lo que tienes y reparte el dinero entre los pobres, y tendrás un tesoro en el Cielo. Después, ven y sígueme». [22] Al oír esto se desanimó totalmente, pues era un hombre muy rico, y se fue triste.

MÁS FÁCILMENTE PASARÁ UN CAMELLO.

[23] Entonces Jesús paseó su mirada sobre sus discípulos y les dijo: «¡Qué difícilmente entrarán en el Reino de Dios los que tienen riquezas!» [24] Los discípulos se sorprendieron al oír estas palabras, pero Jesús insistió: «Hijos, ¡qué difícil es entrar en el Reino de Dios! [25] Es más fácil para un camello pasar por el ojo de una aguja que para un rico entrar en el Reino de Dios». [26] Ellos se asombraron todavía más y comentaban: «Entonces, ¿quién podrá salvarse?» [27] Jesús los miró fijamente y les dijo: «Para los hombres es imposible, pero no para Dios, porque para Dios todo es posible».

LA RECOMPENSA PARA LOS QUE SIGUEN A JESÚS (MT 19,27; LC 18,28)

[28] Entonces Pedro le dijo: «Nosotros lo hemos dejado todo para seguirte». [29] Y Jesús contestó: «En verdad les digo: Ninguno que haya dejado casa, hermanos, hermanas, madre, padre, hijos o campos por mi causa y por el Evangelio quedará sin recompensa. [30] Pues, aun con persecuciones, recibirá cien veces más en la presente vida en casas, hermanos, hermanas, hijos y campos, y en el mundo venidero la vida eterna. [31] Entonces muchos que ahora son primeros serán últimos, y los que son ahora últimos serán primeros».

POR TERCERA VEZ JESÚS ANUNCIA SU PASIÓN (MT 20,17; LC 18,31)

[32] Continuaron el camino subiendo a Jerusalén, y Jesús marchaba delante de ellos. Los discípulos estaban desconcertados, y los demás que lo seguían tenían miedo. Otra vez Jesús reunió a los Doce para decirles lo que le iba a pasar: [33] «Estamos subiendo a Jerusalén y el Hijo del Hombre va a ser entregado a los jefes de los sacerdotes y a los maestros de la Ley; lo condenarán a muerte y lo entregarán a los extranjeros, [34] que se burlarán de él, le escupirán, lo azotarán y lo matarán. Pero tres días después resucitará».

SANTIAGO Y JUAN PIDEN LOS PRIMEROS PUESTOS (MT 20,20; LC 22,24)

[35] Santiago y Juan, hijos de Zebedeo, se acercaron a Jesús y le dijeron: «Maestro, queremos que nos concedas lo que te vamos a pedir». [36] El les dijo: «¿Qué quieren de mí?» [37] Respondieron: «Concédenos que nos sentemos uno a tu derecha y otro a tu izquierda cuando estés en tu gloria». [38] Jesús les dijo: «Ustedes no saben lo que piden. ¿Pueden beber la copa que yo estoy bebiendo o ser bautizados como yo soy bautizado?» [39] Ellos contestaron: «Sí, podemos». Jesús les dijo: «Pues bien, la copa que yo bebo, la beberán también ustedes, y serán bautizados con el mismo bautismo que yo estoy recibiendo; [40] pero el sentarse a mi derecha o a mi izquierda no me corresponde a mí el concederlo; eso ha sido preparado para otros». [41] Cuando los otros diez oyeron esto, se enojaron con Santiago y Juan. [42] Jesús los llamó y les dijo: «Como ustedes saben, los que se consideran jefes de las naciones actúan como dictadores, y los que ocupan cargos abusan de su autoridad. [43] Pero no será así entre ustedes. Por el contrario, el que quiera ser el más importante entre ustedes, debe hacerse el servidor de todos, [44] y el que quiera ser el primero, se hará esclavo de todos. [45] Sepan que el Hijo del Hombre no ha venido para ser servido, sino para servir y dar su vida como rescate por una muchedumbre».

EL CIEGO DE JERICÓ (MT 20,29; LC 18,35)

[46] Llegaron a Jericó. Al salir Jesús de allí con sus discípulos y con bastante más gente, un limosnero ciego se encontraba a la orilla del camino. Se llamaba Bartimeo (hijo de Timeo). [47] Al enterarse de que era Jesús de Nazaret el que pasaba, empezó a gritar: «¡Jesús, Hijo de David, ten compasión de mí!» [48] Varias personas trataban de hacerlo callar. Pero él gritaba con más fuerza: «¡Hijo de David, ten compasión de mí!» [49] Jesús se detuvo y dijo: «Llámenlo». Llamaron, pues, al ciego diciéndole: «Vamos, levántate, que te está llamando». [50] Y él, arrojando su manto, se puso en pie de un salto y se acercó a Jesús. [51] Jesús le preguntó: «¿Qué quieres que haga por ti?» El ciego respondió: «Maestro, que vea». [52] Entonces Jesús le dijo: «Puedes irte; tu fe te ha salvado». Y al instante pudo ver y siguió a Jesús por el camino.

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CAPÍTULO 11

ENTRADA TRIUNFAL DE JESÚS EN JERUSALÉN (MT 21,1; LC 19,28; J 12,12)

[1] Cuando se aproximaban a Jerusalén, cerca ya de Betfagé y de Betania, al pie del monte de los Olivos, Jesús envió a dos de sus discípulos [2] diciéndoles: «Vayan a ese pueblo que ven enfrente; apenas entren encontrarán un burro amarrado, que ningún hombre ha montado todavía. Desátenlo y tráiganlo aquí. [3] Si alguien les pregunta: ¿Por qué hacen eso?, contesten: El Señor lo necesita, pero se lo va a devolver aquí mismo». [4] Se fueron y encontraron en la calle al burro, amarrado delante de una puerta, y lo desataron. [5] Algunos de los que estaban allí les dijeron: «¿Por qué sueltan ese burro?» [6] Ellos les contestaron lo que les había dicho Jesús, y se lo permitieron. [7] Trajeron el burro a Jesús, le pusieron sus capas encima y Jesús montó en él. [8] Muchas personas extendían sus capas a lo largo del camino, mientras otras lo cubrían con ramas cortadas en el campo. [9] Y tanto los que iban delante como los que seguían a Jesús, gritaban: «¡Hosanna! ¡Bendito el que viene en nombre del Señor! [10] ¡Ahí viene el bendito reino de nuestro padre David! ¡Hosanna en las alturas!» [11] Entró Jesús en Jerusalén y se fue al Templo. Observó todo a su alrededor, y siendo ya tarde, salió con los Doce para volver a Betania.

JESÚS MALDICE A LA HIGUERA (MT 21,18; LC 13,6)

[12] Al día siguiente, cuando salían de Betania, sintió hambre. [13] A lo lejos divisó una higuera llena de hojas, y fue a ver si encontraba algo en ella. Se acercó, pero no encontró más que hojas, pues todavía no era tiempo de higos. [14] Entonces Jesús dijo a la higuera: «¡Que nadie coma fruto de ti nunca jamás!» Y sus discípulos lo oyeron.

JESÚS EXPULSA DEL TEMPLO A LOS VENDEDORES (MT 21,10; LC 19,45; J 2,14)

[15] Llegaron a Jerusalén, y Jesús fue al Templo. Comenzó a echar fuera a los que se dedicaban a vender y a comprar dentro del recinto mismo. Volcaba las mesas de los que cambiaban dinero y los puestos de los vendedores de palomas, [16] y no permitía a nadie transportar cosas por el Templo. [17] Luego se puso a enseñar y les dijo: «¿No dice Dios en la Escritura: Mi casa será llamada casa de oración para todas las naciones? ¡Pero ustedes la han convertido en una guarida de ladrones!» [18] Los jefes de los sacerdotes y los maestros de la Ley se enteraron de lo ocurrido y pensaron deshacerse de él; le tenían miedo al ver el impacto que su enseñanza producía sobre el pueblo. [19] Cada día salían de la ciudad al anochecer.

EL PODER DE LA FE (MT 21,20)

[20] Cuando pasaban de madrugada, los discípulos vieron la higuera, que estaba seca hasta la raíz. [21] Pedro se acordó, y dijo a Jesús: «Maestro, mira, la higuera que maldijiste se ha secado». [22] Jesús respondió: «Tengan fe en Dios. [23] Yo les aseguro que el que diga a este cerro: ¡Levántate de ahí y arrójate al mar!, si no duda en su corazón y cree que sucederá como dice, se le concederá. [24] Por eso les digo: todo lo que pidan en la oración, crean que ya lo han recibido y lo obtendrán. [25] Y cuando se pongan de pie para orar, si tienen algo contra alguien, perdónenlo, [26] para que su Padre del Cielo les perdone también a ustedes sus faltas».

¿CON QUÉ AUTORIDAD HACES ESTO? (MT 21,23; LC 20,1)

[27] Volvieron a Jerusalén, y mientras Jesús estaba caminando por el Templo, se le acercaron los jefes de los sacerdotes, los maestros de la Ley y las autoridades judías, [28] y le preguntaron: «¿Con qué derecho has actuado de esa forma? ¿Quién te ha autorizado a hacer lo que haces?» [29] Jesús les contestó: «Les voy a hacer yo a ustedes una sola pregunta, y si me contestan, les diré con qué derecho hago lo que hago. Háblenme [30] del bautismo de Juan. Este asunto ¿venía de Dios o era cosa de los hombres? [31] Ellos comentaron entre sí: «Si decimos que este asunto era obra de Dios, nos dirá: Entonces, ¿por qué no le creyeron?» [32] Pero tampoco podían decir delante del pueblo que era cosa de hombres, porque todos consideraban a Juan como un profeta. [33] Por eso respondieron a Jesús: «No lo sabemos». Y Jesús les contestó: «Entonces tampoco yo les diré con qué autoridad hago estas cosas».

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CAPÍTULO 12

PARÁBOLA DE LOS VIÑADORES ASESINOS (MT 21,23; LC 20,9)

[1] Jesús entonces les dirigió estas palabras: «Un hombre plantó una viña, la rodeó de una cerca, cavó en ella un lagar y construyó una casa para el celador. La alquiló después a unos trabajadores y se marchó al extranjero. [2] A su debido tiempo envió a un sirviente para pedir a los viñadores la parte de los frutos que le correspondían. [3] Pero ellos lo tomaron, la apalearon y lo despacharon con las manos vacías. [4] Envió de nuevo a otro servidor, y a éste lo hirieron en la cabeza y lo insultaron. [5] Mandó a un tercero, y a éste lo mataron. Y envió a muchos otros, pero a unos los hirieron y a otros los mataron. [6] Todavía le quedaba uno: ése era su hijo muy querido. Lo mandó por último, pensandoA mi hijo lo respetarán».  [7] Pero los viñadores se dijeron entre sí: «Este es el heredero, la viña será para él; matémosle y así nos quedaremos con la propiedad». [8] Tomaron al hijo, lo mataron y lo arrojaron fuera de la viña. [9] Ahora bien, ¿qué va a hacer el dueño de la viña? Vendrá, matará a esos trabajadores y entregará la viña a otros». [10] Y Jesús añadió: «¿No han leído el pasaje de la Escritura que dice: La piedra que rechazaron los constructores, ha llegado a ser la piedra principal del edificio. [11] Esta es la obra del Señor, y nos dejó maravillados?» [12] Los jefes querían apresar a Jesús, pero tuvieron miedo al pueblo; habían entendido muy bien que la parábola se refería a ellos. Lo dejaron allí y se fueron.

EL IMPUESTO PARA EL CÉSAR (MT 22,15; LC 20,20)

[13] Querían pillar a Jesús en algo que dijera. Con ese fin le enviaron algunos fariseos junto con partidarios de Herodes. [14] Y dijeron a Jesús: «Maestro, sabemos que eres sincero y que no te inquietas por los que te escuchan, sino que enseñas con franqueza el camino de Dios. Dinos, ¿es contrario a la Ley pagar el impuesto al César? ¿Tenemos que pagarlo o no?» [15] Pero Jesús vio su hipocresía y les dijo: «¿Por qué me ponen trampas? Tráiganme una moneda, que yo la vea». [16] Le mostraron un denario, y Jesús les preguntó: «¿De quién es esta cara y lo que está escrito?» Ellos le respondieron: «Del César». [17] Entonces Jesús les dijo: «Devuelvan al César las cosas del César, y a Dios lo que corresponde a Dios». Jesús, pues, los dejó muy sorprendidos.

¿RESUCITAN LOS MUERTOS? (MT 22,23; LC 20,27)

[18] Entonces se presentaron algunos saduceos. Esta gente defiende que no hay resurrección de los muertos, y por eso le preguntaron: [19] «Maestro, según la ley de Moisés, si un hombre muere antes que su esposa sin tener hijos, su hermano debe casarse con la viuda para darle un hijo, que será el heredero del difunto. [20] Pues bien, había siete hermanos: el mayor se casó y murió sin tener hijos. [21] El segundo se casó con la viuda, y murió también sin dejar herederos, y así el tercero. [22] Y pasó lo mismo con los siete hermanos. Después de todos ellos murió también la mujer. [23] En el día de la resurrección, si han de resucitar, ¿de cuál de ellos será esposa? Pues los siete la tuvieron como esposa». [24] Jesús les contestó: «Ustedes están equivocados; a lo mejor no entienden la Escritura, y tampoco el poder de Dios. [25] Pues cuando resuciten de la muerte, ya no se casarán hombres y mujeres, sino que serán en el cielo como los ángeles. [26] Y en cuanto a saber si los muertos resucitan, ¿no han leído en el libro de Moisés, en el capítulo de la zarza, cómo Dios le dijo: Yo soy el Dios de Abraham, el Dios de Isaac y el Dios de Jacob? [27] Dios no es un Dios de muertos, sino de vivos. Ustedes están muy equivocados».

EL MANDAMIENTO MÁS IMPORTANTE (MT 23,34; LC 20,39; 10,25)

[28] Entonces se adelantó un maestro de la Ley. Había escuchado la discusión, y se quedaba admirado de cómo Jesús les había contestado. Entonces le preguntó: «¿Qué mandamiento es el primero de todos?» [29] Jesús le contestó: «El primer mandamiento es: Escucha, Israel: El Señor, nuestro Dios, es un único Señor. [30] Amarás al Señor, tu Dios, con todo tu corazón, con toda tu alma, con toda tu inteligencia y con todas tus fuerzas. [31] Y después viene este otro: Amarás a tu prójimo como a ti mismo. No hay ningún mandamiento más importante que éstos». [32] El maestro de la Ley le contestó: «Has hablado muy bien, Maestro; tienes razón cuando dices que el Señor es único y que no hay otro fuera de él, [33] y que amarlo con todo el corazón, con toda la inteligencia y con todas las fuerzas y amar al prójimo como a sí mismo vale más que todas las víctimas y sacrificios». [34] Jesús vio que ésta era respuesta sabia y le dijo: «No estás lejos del Reino de Dios». Y después de esto, nadie más se atrevió a hacerle nuevas preguntas.

¿DE QUIÉN ES HIJO EL CRISTO? (MT 22,41; LC 20,41; MT 23,6)

[35] Mientras Jesús enseñaba en el Templo, preguntó: «¿Por qué los maestros de la Ley dicen que el Mesías será el hijo de David? [36] Porque el mismo David dijo, hablando por el Espíritu Santo: Dijo el Señor a mi Señor: Siéntate a mi derecha hasta que ponga a tus enemigos debajo de tus pies. [37] Si David mismo lo llama «Señor», ¿cómo puede entonces ser hijo suyo?» Mucha gente acudía a Jesús y lo escuchaba con agrado.

[38] En su enseñanza Jesús les decía también: «Cuídense de esos maestros de la Ley, [39] a quienes les gusta pasear con sus amplias vestiduras, ser saludados en las plazas y ocupar asientos reservados en las sinagogas y en los banquetes; [40] incluso devoran los bienes de las viudas, mientras se amparan detrás de largas oraciones. ¡Con qué severidad serán juzgados!»

LA OFRENDA DE LA VIUDA (LC 21,1)

[41] Jesús se había sentado frente a las alcancías del Templo, y podía ver cómo la gente echaba dinero para el tesoro; pasaban ricos, y daban mucho. [42] Pero también se acercó una viuda pobre y echó dos moneditas de muy poco valor. [43] Jesús entonces llamó a sus discípulos y les dijo: «Yo les aseguro que esta viuda pobre ha dado más que todos los otros. [44] Pues todos han echado de lo que les sobraba, mientras ella ha dado desde su pobreza; no tenía más, y dio todos sus recursos».

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CAPÍTULO 13

JESÚS HABLA DE LA DESTRUCCIÓN DE JERUSALÉN Y DEL FIN DEL MUNDO (MT 24,1; LC 21,5; 19,41; 17,23)

[1] Cuando Jesús salió del Templo, uno de sus discípulos le dijo: «Maestro, mira qué inmensas piedras y qué construcciones». [2] Jesús le respondió: «¿Ves esas grandiosas construcciones? Pues no quedará de ellas piedra sobre piedra. Todo será destruido». [3] Poco después Jesús se sentó en el monte de los Olivos, frente al Templo, y entonces Pedro, Santiago, Juan y Andrés le preguntaron en privado: [4] «Dinos cuándo sucederá eso y qué señales habrá antes de que ocurran todas esas cosas». [5] Y Jesús empezó a decirles: «Estén sobre aviso y no se dejen engañar. [6] Porque muchos reivindicarán lo que es mío, y dirán: «Yo soy el que están esperando», y engañarán a muchos. [7] Cuando oigan hablar de guerras y de rumores de guerra, no se alarmen, porque eso tiene que pasar, pero todavía no será el fin. [8] Habrá conflictos: nación contra nación, y reino contra reino. Habrá terremotos y hambre en diversos lugares. Estos serán los primeros dolores del parto. [9] Pero ustedes preocúpense de sí mismos, porque van a ser apresados y entregados a los tribunales judíos, serán azotados en las sinagogas y tendrán que presentarse ante los gobernadores y reyes por mi causa, para ser mis testigos ante ellos. [10] Porque primero el Evangelio tiene que ser proclamado en todas las naciones. [11] Cuando sean arrestados y los entreguen a los tribunales, no se preocupen por lo que van a decir, sino digan lo que se les inspire en ese momento; porque no serán ustedes los que hablarán, sino el Espíritu Santo. [12] El hermano entregará a la muerte al hermano y el padre al hijo; los hijos se rebelarán contra sus padres y les darán muerte. [13] Y serán odiados por todos a causa de mi nombre. Pero el que se mantenga firme hasta el fin se salvará. [14] Cuando vean al ídolo del opresor instalado en el lugar donde no debe estar (el que lea, que entienda bien), entonces los que estén en Judea huyan a los cerros. [15] Si estás en la parte superior de la casa, no bajes a recoger tus cosas. [16] Si estás en el campo, no vuelvas a buscar tus ropas. [17] ¡Pobres de las mujeres que estén embarazadas o estén criando en aquellos días! [18] Oren para que esto no suceda en invierno. [19] Porque en aquellos días habrá tal angustia como no hubo otra igual desde el principio de la creación hasta los días presentes, ni la habrá en el futuro. [20] Tanto que si el Señor no acortara esos días, nadie se salvaría. Pero él ha decidido acortar esos días en consideración a sus elegidos. [21] Si alguien entonces les dice: Mira, el Cristo está aquí o está allá, no lo crean. [22] Aparecerán falsos mesías y falsos profetas, que harán señales y prodigios capaces de engañar incluso a los elegidos, si esto fuera posible. [23] Estén alerta, yo se lo he advertido todo.

VENIDA DEL HIJO DEL HOMBRE (MT 24,29; LC 21,25)

[24] Después de esa angustia llegarán otros días; entonces el sol dejará de alumbrar, la luna perderá su brillo, [25] las estrellas caerán del cielo y el universo entero se conmoverá. [26] Y verán venir al Hijo del Hombre en medio de las nubes con gran poder y gloria. [27] Enviará a los ángeles para reunir a sus elegidos de los cuatro puntos cardinales, desde el extremo de la tierra hasta el extremo del cielo. [28] Aprendan de este ejemplo de la higuera: cuando sus ramas están tiernas y le brotan las hojas, saben que el verano está cerca. [29] Así también ustedes, cuando vean que suceden estas cosas, sepan que todo se acerca, que ya está a las puertas. [30] En verdad les digo que no pasará esta generación sin que ocurra todo eso. [31] El cielo y la tierra pasarán, pero mis palabras no pasarán. [32] Por lo que se refiere a ese Día y cuando vendrá, no lo sabe nadie, ni los ángeles en el Cielo, ni el Hijo, sino solamente el Padre.

(Mt 24,42; 25,13; Lc 12,32; 21,34)

[33] Estén preparados y vigilando, porque no saben cuándo llegará ese momento. [34] Cuando un hombre va al extranjero y deja su casa, entrega responsabilidades a sus sirvientes, cada cual recibe su tarea, y al portero le exige que esté vigilante. [35] Lo mismo ustedes: estén vigilantes, porque no saben cuándo regresará el dueño de casa, si al atardecer, a medianoche, al canto del gallo o de madrugada; [36] no sea que llegue de repente y los encuentre dormidos. [37] Lo que les digo a ustedes se lo digo a todos: Estén despiertos».

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CAPÍTULO 14

CONSPIRACIÓN CONTRA JESÚS (MT 26,2; LC 22,1; J 11,47)

[1] Faltaban dos días para la Fiesta de Pascua y de los Panes Azimos. Los jefes de los sacerdotes y los maestros de la Ley buscaban la manera de detener a Jesús con astucia para darle muerte, [2] pero decían: «No durante la fiesta, para que no se alborote el pueblo».

UNA MUJER UNGE A JESÚS (MT 26,6; J 12,1)

[3] Jesús estaba en Betania, en casa de Simón el Leproso. Mientras estaban comiendo, entró una mujer con un frasco precioso como de mármol, lleno de un perfume muy caro, de nardo puro; quebró el cuello del frasco y derramó el perfume sobre la cabeza de Jesús. [4] Entonces algunos se indignaron y decían entre sí: «¿Cómo pudo derrochar este perfume? [5] Se podría haber vendido en más de trescientas monedas de plata para ayudar a los pobres». Y estaban enojados contra ella. [6] Pero Jesús dijo: «Déjenla tranquila. ¿Por qué la molestan? Lo que ha hecho conmigo es una obra buena. [7] Siempre tienen a los pobres con ustedes, y en cualquier momento podrán ayudarlos, pero a mí no me tendrán siempre. [8] Esta mujer ha hecho lo que tenía que hacer, pues de antemano ha ungido mi cuerpo para la sepultura. [9] En verdad les digo: dondequiera que se proclame el Evangelio, en todo el mundo, se contará también su gesto y será su gloria». [10] Entonces Judas Iscariote, uno de los Doce, fue donde los jefes de los sacerdotes para entregarles a Jesús. [11] Se felicitaron por el asunto y prometieron darle dinero. Y Judas comenzó a buscar el momento oportuno para entregarlo.

LA ULTIMA CENA DE JESÚS (MT 26,17; LC 22,7; 1 COR 11,23; JN 13)

[12] El primer día de la fiesta en que se comen los panes sin levadura, cuando se sacrificaba el Cordero Pascual, sus discípulos le dijeron: «¿Dónde quieres que vayamos a prepararte la Cena de la Pascua?» [13] Entonces Jesús mandó a dos de sus discípulos y les dijo: «Vayan a la ciudad, y les saldrá al encuentro un hombre que lleva un cántaro de agua. Síganlo [14] hasta la casa en que entre y digan al dueño: El Maestro dice: ¿Dónde está mi pieza, en que podré comer la Pascua con mis discípulos? [15] El les mostrará en el piso superior una pieza grande, amueblada y ya lista. Preparen todo para nosotros». [16] Los discípulos se fueron, entraron en la ciudad, encontraron las cosas tal como Jesús les había dicho y prepararon la Pascua. [17] Al atardecer, llegó Jesús con los Doce. [18] Y mientras estaban a la mesa comiendo, les dijo: «Les aseguro que uno de ustedes me va a entregar, uno que comparte mi pan». [19] Ellos se entristecieron mucho al oírle, y le empezaron a preguntar uno a uno: «¿Seré yo?» [20] El les respondió: «Es uno de los Doce, uno que moja su pan en el plato conmigo. [21] El Hijo del Hombre se va, conforme dijeron de él las Escrituras, pero ¡pobre de aquel que entrega al Hijo del Hombre! Sería mucho mejor para él no haber nacido». [22] Durante la comida Jesús tomó pan, y después de pronunciar la bendición, lo partió y se lo dio diciendo: «Tomen; esto es mi cuerpo». [23] Tomó luego una copa, y después de dar gracias se la entregó; y todos bebieron de ella. [24] Y les dijo: «Esto es mi sangre, la sangre de la Alianza, que será derramada por una muchedumbre. [25] En verdad les digo que no volveré a probar el zumo de cepas hasta el día en que lo beba nuevo en el Reino de Dios».

JESÚS ANUNCIA LA NEGACIÓN DE PEDRO (MT 26,30; LC 22,23; JN 13,37)

[26] Después de cantar los himnos se dirigieron al monte de los Olivos. [27] Y Jesús les dijo: «Todos ustedes caerán esta noche, pues dice la Escritura: Heriré al pastor y se dispersarán las ovejas. [28] Pero cuando resucite, iré delante de ustedes a Galilea». [29] Entonces Pedro le dijo: «Aunque todos tropiecen y caigan, yo no». [30] Jesús le contestó: «En verdad te digo que hoy, esta misma noche, antes de que el gallo cante por segunda vez, me habrás negado tres veces». [31] Pero él insistía: «Aunque tenga que morir contigo, no te negaré». Y todos decían lo mismo.

LA AGONÍA DE JESÚS EN GETSEMANÍ (LC 18,1)

[32] Llegaron a un lugar llamado Getsemaní, y Jesús dijo a sus discípulos: «Siéntense aquí mientras voy a orar». [33] Y llevó consigo a Pedro, a Santiago y a Juan. Comenzó a llenarse de temor y angustia, [34] y les dijo: «Siento en mi alma una tristeza de muerte. Quédense aquí y permanezcan despiertos». [35] Jesús se adelantó un poco, y cayó en tierra suplicando que, si era posible, no tuviera que pasar por aquella hora. [36] Decía: «Abbá, o sea, Padre, si para ti todo es posible, aparta de mí esta copa. Pero no se haga lo que yo quiero, sino lo que quieres tú». [37] Volvió y los encontró dormidos. Y dijo a Pedro: «Simón, ¿duermes? ¿De modo que no pudiste permanecer despierto una hora? [38] Estén despiertos y oren para no caer en la tentación; pues el espíritu es animoso, pero la carne, débil». [39] Y se alejó de nuevo a orar, repitiendo las mismas palabras. [40] Al volver otra vez, los encontró de nuevo dormidos, pues no podían resistir el sueño y no sabían qué decirle. [41] Vino por tercera vez, y les dijo: «Ahora ya pueden dormir y descansar. Está hecho, llegó la hora. El Hijo del Hombre va a ser entregado en manos de los pecadores. [42] ¡Levántense, vámonos!, ya viene el que me va a entregar».

TOMAN PRESO A JESÚS (MT 26,47; LC 22,47; JN 18,2)

[43] Jesús estaba aún hablando cuando se presentó Judas, uno de los Doce; lo acompañaba un buen grupo de gente con espadas y palos, enviados por los jefes de los sacerdotes, los maestros de la Ley y los jefes judíos. [44] El traidor les había dado esta señal: «Al que yo dé un beso, ése es; deténganlo y llévenlo bien custodiado». [45] Apenas llegó Judas, se acercó a Jesús diciendo: «¡Maestro, Maestro!» y lo besó. [46] Ellos entonces lo tomaron y se lo llevaron arrestado. [47] En ese momento uno de los que estaban con Jesús sacó la espada e hirió al servidor del Sumo Sacerdote cortándole una oreja. [48] Jesús dijo a la gente: «A lo mejor buscan un ladrón y por eso salieron a detenerme con espadas y palos. [49] ¿Por qué no me detuvieron cuando día tras día estaba entre ustedes enseñando en el Templo? Pero tienen que cumplirse las Escrituras». [50] Y todos los que estaban con Jesús lo abandonaron y huyeron. [51] Un joven seguía a Jesús envuelto sólo en una sábana, y lo tomaron; [52] pero él, soltando la sábana, huyó desnudo. [53] Llevaron a Jesús ante el Sumo Sacerdote, y todos se reunieron allí; estaban los jefes de los sacerdotes, las autoridades judías y los maestros de la Ley. [54] Pedro lo había seguido de lejos hasta el patio interior del Sumo Sacerdote, y se sentó con los policías del Templo, calentándose al fuego. [55] Los jefes de los sacerdotes y todo el Consejo Supremo buscaban algún testimonio que permitiera condenar a muerte a Jesús, pero no lo encontraban. [56] Varios se presentaron con falsas acusaciones contra él, pero no estaban de acuerdo en lo que decían. [57] Algunos lanzaron esta falsa acusación: [58] «Nosotros le hemos oído decir: Yo destruiré este Templo hecho por la mano del hombre, y en tres días construiré otro no hecho por hombres». [59] Pero tampoco con estos testimonios estaban de acuerdo. [60] Entonces el Sumo Sacerdote se levantó; pasó adelante y preguntó a Jesús: «¿No tienes nada que responder? ¿Qué es este asunto de que te acusan?» [61] Pero él guardaba silencio y no contestaba. De nuevo el Sumo Sacerdote le preguntó: «¿Eres tú el Mesías, el Hijo de Dios Bendito?». [62] Jesús respondió: «Yo soy, y un día verán al Hijo del Hombre sentado a la derecha de Dios poderoso y viniendo en medio de las nubes del cielo». [63] El Sumo Sacerdote rasgó sus vestiduras horrorizado y dijo: «¿Para qué queremos ya testigos? [64] Ustedes acaban de oír sus palabras blasfemas. ¿Qué les parece?» Y estuvieron de acuerdo en que merecía la pena de muerte. [65] Después algunos empezaron a escupirle. Le cubrieron la cara y le golpeaban antes de preguntarle: «¡Hazte el profeta!» Y los policías del Templo lo abofeteaban.

PEDRO NIEGA A JESÚS (MT 26,69; JN 18,15)

[66] Mientras Pedro estaba abajo, en el patio, pasó una de las sirvientas del Sumo Sacerdote. [67] Al verlo cerca del fuego, lo miró fijamente y le dijo: «Tú también andabas con Jesús de Nazaret». [68] El lo negó: «No lo conozco, ni entiendo de qué hablas». Y salió al portal. [69] Pero lo vio la sirvienta y otra vez dijo a los presentes: «Este es uno de ellos». [70] Y Pedro lo volvió a negar. Después de un rato, los que estaban allí dijeron de nuevo a Pedro: «Es evidente que eres uno de ellos, pues eres galileo». [71] Entonces se puso a maldecir y a jurar: «Yo no conozco a ese hombre de quien ustedes hablan». [72] En ese momento se escuchó el segundo canto del gallo. Pedro recordó lo que Jesús le había dicho: «Antes de que el gallo cante dos veces, tú me habrás negado tres», y se puso a llorar.

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CAPÍTULO 15

JESÚS ANTE PILATO (MT 27,11; LC 23,2; JN 18,28)

[1] Muy temprano, los jefes de los sacerdotes, los ancianos y los maestros de la Ley (es decir, todo el Consejo o Sanedrín) celebraron consejo. Después de atar a Jesús con cadenas, lo llevaron y lo entregaron a Pilato. [2] Pilato le preguntó: «¿Eres tú el rey de los judíos?» Jesús respondió: «Así es, como tú lo dices». [3] Como los jefes de los sacerdotes acusaban a Jesús de muchas cosas, [4] Pilato volvió a preguntarle: «¿No contestas nada? ¡Mira de cuántas cosas te acusan!» [5] Pero Jesús ya no le respondió, de manera que Pilato no sabía qué pensar. [6] Cada año, con ocasión de la ascua, Pilato solía dejar en libertad a un preso, a elección del pueblo. [7] Había uno, llamado Barrabás, que había sido encarcelado con otros revoltosos por haber cometido un asesinato en un motín. [8] Cuando el pueblo subió y empezó a pedir la gracia como de costumbre, [9] Pilato les preguntó: «¿Quieren que ponga en libertad al rey de los judíos?» [10] Pues Pilato veía que los jefes de los sacerdotes le entregaban a Jesús por una cuestión de rivalidad. [11] Pero los sumos sacerdotes incitaron a la gente a que pidiera la libertad de Barrabás. [12] Pilato les dijo: «¿Qué voy a hacer con el que ustedes llaman rey de los judíos?» [13] La gente gritó¡Crucifícalo!» [14] Pilato les preguntó: «Pero ¿qué mal ha hecho?» Y gritaron con más fuerza: «¡Crucifícalo!» [15] Pilato quiso dar satisfacción al pueblo: dejó, pues, en libertad a Barrabás y sentenció a muerte a Jesús. Lo hizo azotar, y después lo entregó para que fuera crucificado.

LA CORONACIÓN DE ESPINAS (MT 27,27; JN 19,1)

[16] Los soldados lo llevaron al pretorio, que es el patio interior, y llamaron a todos sus compañeros. [17] Lo vistieron con una capa roja y le colocaron en la cabeza una corona que trenzaron con espinas. [18] Después comenzaron a saludarlo: «¡Viva el rey de los judíos!» [19] Y le golpeaban en la cabeza con una caña, le escupían y se arrodillaban ante él para rendirle homenaje. [20] Después de haberse burlado de él, le sacaron la capa roja y le pusieron de nuevo sus ropas.

LA CRUCIFIXIÓN

Los soldados sacaron a Jesús fuera para crucificarlo. [21] En ese momento, un tal Simón de Cirene, que es el padre de Alejandro y de Rufo, volvía del campo; los soldados le obligaron a que llevara la cruz de Jesús. [22] Lo llevaron al lugar llamado Gólgota, o Calvario, palabra que significa «calavera». [23] Después de ofrecerle vino mezclado con mirra, que él no quiso tomar, [24] lo crucificaron y se repartieron sus ropas, sorteándolas entre ellos. [25] Eran como las nueve de la mañana cuando lo crucificaron. [26] Pusieron una inscripción con el motivo de su condena, que decía: «El rey de los judíos». [27] Crucificaron con él también a dos ladrones, uno a su derecha y otro a su izquierda. [28] Así se cumplió la Escritura que dice: Y fue contado entre los malhechores. [29] Los que pasaban lo insultaban; le decían, moviendo la cabeza: «Tú, que destruyes el Templo y lo levantas de nuevo en tres días, [30] sálvate a ti mismo y baja de la cruz». [31] Igualmente los jefes de los sacerdotes y los maestros de la Ley se burlaban de él, y decían entre sí: «Si pudo salvar a otros, no se salvará a sí mismo. [32] Que ese Mesías, ese rey de Israel, baje ahora de la cruz: cuando lo veamos, creeremos». Incluso lo insultaban los que estaban crucificados con él.

LA MUERTE DE JESÚS (MT 27,45; LC 23,44; JN 19,28)

[33] Llegado el mediodía, la oscuridad cubrió todo el país hasta las tres de la tarde, [34] y a esa hora Jesús gritó con voz potente: «Eloí, Eloí, lammá sabactani», que quiere decir: «Dios mío, Dios mío, ¿por qué me has abandonado?» [35] Al oírlo, algunos de los que estaban allí dijeron: «Está llamando a Elías». [36] Uno de ellos corrió a mojar una esponja en vinagre, la puso en la punta de una caña y le ofreció de beber, diciendo: «Veamos si viene Elías a bajarlo». [37] Pero Jesús, dando un fuerte grito, expiró. [38] En seguida la cortina que cerraba el santuario del Templo se rasgó en dos, de arriba abajo. [39] Al mismo tiempo el capitán romano que estaba frente a Jesús, al ver cómo había expirado, dijo: «Verdaderamente este hombre era hijo de Dios». [40] Había unas mujeres que miraban de lejos, entre ellas María Magdalena, María, madre de Santiago el Menor y de José, y Salomé. [41] Cuando Jesús estaba en Galilea, ellas lo seguían y lo servían. Con ellas estaban también otras más que habían subido con Jesús a Jerusalén.

JESÚS ES SEPULTADO

[42] Había caído la tarde. Como era el día de la Preparación, es decir, la víspera del sábado, [43] intervino José de Arimatea. Ese miembro respetable del Consejo supremo era de los que esperaban el Reino de Dios, y fue directamente donde Pilato para pedirle el cuerpo de Jesús. [44] Pilato se extrañó de que Jesús hubiera muerto tan pronto y llamó al centurión para saber si realmente era así. [45] Después de escuchar al centurión, Pilato entregó a José el cuerpo de Jesús. [46] José lo bajó de la cruz y lo envolvió en una sábana que había comprado, lo colocó en un sepulcro excavado en la roca e hizo rodar una piedra grande contra la entrada de la tumba. [47] María Magdalena y María, la madre de José, estaban allí observando dónde lo depositaban.

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CAPÍTULO 16

HA RESUCITADO, NO ESTÁ AQUÍ (MT 28; LC 24; JN 20)

[1] Pasado el sábado, María Magdalena, María, la madre de Santiago, y Salomé, compraron aromas para embalsamar el cuerpo. [2] Y muy temprano, el primer día de la semana, llegaron al sepulcro, apenas salido el sol. Se decían unas a otras: [3] «¿Quién nos quitará la piedra de la entrada del sepulcro?» [4] Pero cuando miraron, vieron que la piedra había sido retirada a un lado, a pesar de ser una piedra muy grande. [5] Al entrar en el sepulcro, vieron a un joven sentado al lado derecho, vestido enteramente de blanco, y se asustaron. [6] Pero él les dijo: «No se asusten. Si ustedes buscan a Jesús Nazareno, el crucificado, no está aquí, ha resucitado; pero éste es el lugar donde lo pusieron. [7] Ahora vayan a decir a los discípulos, y en especial a Pedro, que él se les adelanta camino de Galilea. Allí lo verán tal como él les dijo». [8] Las mujeres salieron corriendo del sepulcro. Estaban asustadas y asombradas, y no dijeron nada a nadie por el miedo que tenían.

APARICIONES Y CONCLUSIÓN DEL EVANGELIO

[9] Jesús, pues, resucitó en la madrugada del primer día de la semana. Se apareció primero a María Magdalena, de la que había echado siete demonios. [10] Ella fue a anunciárselo a los que habían sido compañeros de Jesús y que estaban tristes y lo lloraban. [11] Pero al oírle decir que vivía y que lo había visto, no le creyeron. [12] Después Jesús se apareció, bajo otra figura, a dos de ellos que se dirigían a un pueblito. [13] Volvieron a contárselo a los demás, pero tampoco les creyeron. [14] Por último se apareció a los once discípulos mientras comían y los reprendió por su falta de fe y por su dureza para creer a los que lo habían visto resucitado. [15] Y les dijo: «Vayan por todo el mundo y anuncien la Buena Nueva a toda la creación. [16] El que crea y se bautice se salvará; el que se niegue a creer se condenará. [17] Estas señales acompañarán a los que crean: en mi Nombre echarán demonios y hablarán nuevas lenguas; [18] tomarán con sus manos serpientes y, si beben algún veneno, no les hará daño; impondrán las manos sobre los enfermos y quedarán sanos». [19] Después de hablarles, el Señor Jesús fue llevado al cielo y se sentó a la derecha de Dios. [20] Ellos, por su parte, salieron a predicar en todos los lugares. El Señor actuaba con ellos y confirmaba el mensaje con los milagros que lo acompañaban.