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CAMINANDO CON JESUS PEDRO SERGIO ANTONIO DONOSO BRANT NUEVO TESTAMENTO EVANGELIO SEGUN SAN MARCOS CAPÍTULO 1 [1] Este es el comienzo de JESÚS LLAMA A SUS CUATRO PRIMEROS DISCÍPULOS (MT 4,12;
LC 4,14) [14] Después de que tomaron preso a Juan, Jesús fue a
Galilea y empezó a proclamar JESÚS ENSEÑA Y SANA A UN ENDEMONIADO (LC 4,31; MT 7,28) [21] Llegaron a Cafarnaún, y Jesús empezó a enseñar en
la sinagoga durante las asambleas del día sábado. [22] Su manera de enseñar
impresionaba mucho a la gente, porque hablaba como quien tiene autoridad, y
no como los maestros de NUMEROSAS CURACIONES (MT 8,14; LC 4,38) [29] Al salir de ORACIÓN NOCTURNA DE JESÚS (LC 4,42) [35] De madrugada, cuando todavía estaba muy oscuro,
Jesús se levantó, salió y se fue a un lugar solitario. Allí se puso a orar.
[36] Simón y sus compañeros fueron a buscarlo, [37] y cuando lo encontraron
le dijeron: «Todos te están buscando». [38] Él les contestó: «Vámonos a los pueblecitos
vecinos, para predicar también allí, pues para esto he salido». [39] Y Jesús
empezó a visitar las Casas de oración de aquella gente, recorriendo toda
Galilea. Predicaba y expulsaba a los demonios. CURACIÓN DE UN LEPROSO (MT 8,2; LC 5,12) [40] Se le acercó un leproso, que se arrodilló ante él
y le suplicó : «Si tú quieres, puedes limpiarme».
[41] Sintiendo compasión, Jesús extendió la mano y lo tocó diciendo: «Quiero,
queda limpio». [42] Al instante se le quitó la lepra y quedó sano. [43]
Entonces Jesús lo despidió, pero le ordenó enérgicamente: [44] «No cuentes
esto a nadie, pero vete y preséntate al sacerdote y haz por tu purificación
la ofrenda que ordena JESÚS SANA A UN PARALÍTICO DE SU PECADO Y DE SU
ENFERMEDAD (MT 9,1; LC 5,17) [1] Tiempo después, Jesús volvió a Cafarnaún. Apenas
corrió la noticia de que estaba en casa, [2] se reunió tanta gente que no
quedaba sitio ni siquiera a la puerta. [3] Y mientras Jesús les anunciaba HE VENIDO A LLAMAR A LOS PECADORES (MT 9,9; LC 5,27) [13] Jesús salió otra vez por las orillas del lago;
todo el mundo venía a verlo y él les enseñaba. [14] Mientras caminaba, vio a
un cobrador de impuestos sentado en su despacho. Era Leví, hijo de Alfeo. Jesús
le dijo: «Sígueme». Y él se levantó y lo siguió. [15] Jesús estuvo comiendo
en la casa de Leví, y algunos cobradores de impuestos y pecadores estaban
sentados a la mesa con Jesús y sus discípulos; en realidad eran un buen
número. Pero también seguían a Jesús [16] maestros de EL VINO NUEVO EN CUEROS NUEVOS (MT 9,14; LC 5,33) [18] Un día estaban ayunando los discípulos de Juan el
Bautista y los fariseos. Algunas personas vinieron a preguntar a Jesús: «Los
discípulos de Juan y los de los fariseos ayunan; ¿por qué no lo hacen los
tuyos?» [19] Jesús les contestó: ¿«Quieren ustedes que los compañeros del
novio ayunen mientras el novio está con ellos? Mientras tengan al novio con
ellos, claro que no pueden ayunar. [20] Pero llegará el momento en que se les
arrebatará el novio, y entonces ayunarán. [21] Nadie remienda un vestido
viejo con un pedazo de género nuevo, porque la tela nueva encoge, tira de la
tela vieja, y se hace más grande la rotura. [22] Y nadie echa vino nuevo en
envases de cuero viejos, porque el vino haría reventar los envases y se
echarían a perder el vino y los envases. ¡A vino nuevo, envases nuevos!». (Mt 12,1; Lc 6,1) [23] Un sábado Jesús pasaba por unos sembrados con sus
discípulos. Mientras caminaban, los discípulos empezaron a desgranar espigas
en sus manos. [24] Los fariseos dijeron a Jesús: «Mira lo que están haciendo;
esto está prohibido en día sábado». [25] El les dijo: «¿Nunca
han leído ustedes lo que hizo David cuando sintió necesidad y hambre, y
también su gente? [26] Entró en CURACIÓN DEL HOMBRE DE [1] Otro día entró Jesús en la sinagoga y se encontró
con un hombre que tenía la mano paralizada. [2] Pero algunos estaban
observando para ver si lo sanaba Jesús en día sábado. Con esto tendrían
motivo para acusarlo. [3] Jesús dijo al hombre que tenía la mano paralizada:
«Ponte de pie y colócate aquí en medio»., [4]
Después les preguntó: «¿Qué nos permite (Mt 12,15; Lc 6,17) [7] Jesús se retiró con sus discípulos a orillas del
lago y lo siguió una gran muchedumbre de Galilea. También de Judea, [8] de
Jerusalén, de Idumea, del otro lado del Jordán y de las tierras de Tiro y de
Sidón, muchísima gente venía a verlo con sólo oír todo lo que hacía. [9]
Jesús mandó a sus discípulos que tuvieran lista una barca, para que toda
aquella gente no lo atropellase. [10] Pues al verlo sanar a tantos, todas las
personas que sufrían de algún mal se le echaban encima para tocarlo. [11]
Incluso los espíritus malos, apenas lo veían, se arrojaban a sus pies y
gritaban: «Tú eres el Hijo de Dios». [12] Pero él no quería que lo dieran a
conocer, y los hacía callar. LOS DOCE APÓSTOLES DE JESÚS (MT 10,1; LC 6,12) [13] Jesús subió al monte y llamó a los que él quiso, y
se reunieron con él. [14] Así instituyó a los Doce (a los que llamó también
apóstoles), para que estuvieran con él y para enviarlos a predicar, [15]
dándoles poder para echar demonios. [16] Estos son los Doce: Simón, a quien
puso por nombre Pedro; [17] Santiago y su hermano Juan, hijos de Zebedeo, a
quienes puso el sobrenombre de Boanerges, es decir, hijos del trueno; [18]
Andrés, Felipe, Bartolomé, Mateo, Tomás, Santiago, el hijo de Alfeo, Tadeo,
Simón el Cananeo, [19] y Judas Iscariote, el que después lo traicionó. EL PECADO CONTRA EL ESPÍRITU SANTO (MT 12,24; LC 11,15;
MT 9,34) [20] Vuelto a casa, se juntó otra vez tanta gente que
ni siquiera podían comer. [21] Al enterarse sus parientes de todo lo
anterior, fueron a buscarlo para llevárselo, pues decían: «Se ha vuelto
loco». [22] Mientras tanto, unos maestros de [31] Entonces llegaron su madre y sus hermanos, se
quedaron afuera y lo mandaron a llamar. [32] Como era mucha la gente sentada
en torno a Jesús, le transmitieron este recado: «Tu madre, tus hermanos y tus
hermanas están fuera y preguntan por ti». [33] Él les contestó: «¿Quiénes son mi madre y mis hermanos?» [34] Y mirando a
los que estaban sentados a su alrededor, dijo: «Estos son mi madre y mis
hermanos. [35] Porque todo el que hace la voluntad de Dios es hermano mío y
hermana y madre». EL SEMBRADOR SALIÓ A SEMBRAR (MT 13,1; LC 8,16) [1] Otra vez Jesús se puso a enseñar a orillas del
lago. Se le reunió tanta gente junto a él que tuvo que subir a una barca y
sentarse en ella a alguna distancia, mientras toda la gente estaba en la
orilla. [2] Jesús les enseñó muchas cosas por medio de ejemplos o parábolas.
Les enseñaba en esta forma: [3] «Escuchen esto: El sembrador salió a sembrar.
[4] Al ir sembrando, una parte de la semilla cayó a lo largo del camino,
vinieron los pájaros y se la comieron. [5] Otra parte cayó entre piedras,
donde había poca tierra, y las semillas brotaron en seguida por no estar muy
honda la tierra. [6] Pero cuando salió el sol, las quemó y, como no tenían
raíces, se secaron. [7] Otras semillas cayeron entre espinos: los espinos
crecieron y las sofocaron, de manera que no dieron fruto. [8] Otras semillas
cayeron en tierra buena: brotaron, crecieron y produjeron unas treinta, otras
sesenta y otras cien. [9] Y Jesús agregó: El que tenga oídos para oír, que
escuche». [10] Cuando toda la gente se retiró, los que lo seguían se
acercaron con los Doce y le preguntaron qué significaban aquellas parábolas.
[11] El les contestó: «A ustedes se les ha dado el misterio del Reino de
Dios, pero a los que están fuera no les llegan más que parábolas. [12] Y se
verifican estas palabras: Por mucho que miran, no ven; por más que oyen no
entienden; de otro modo se convertirían y recibirían el perdón». [13] Jesús
les dijo: «¿No entienden esta parábola? Entonces,
¿cómo comprenderán las demás? [14] Lo que el sembrador siembra es PARÁBOLA DE [21] Jesús les dijo también: «Cuando llega la luz,
¿debemos ponerla bajo un macetero o debajo de la cama? ¿No la pondremos más
bien sobre el candelero? [22] No hay cosa secreta que no deba ser
descubierta; y si algo ha sido ocultado, será sacado a la luz. [23] El que
tenga oídos para escuchar, que escuche». [24] Les dijo también: «Presten
atención a lo que escuchan. La medida con que ustedes midan, se usará para
medir lo que reciban, y se les dará mucho más todavía. [25] Sépanlo bien: al
que produce se le dará más, y al que no produce se le quitará incluso lo que
tiene». [26] Jesús dijo además: «Escuchen esta comparación del
Reino de Dios. Un hombre esparce la semilla en la tierra, [27] y ya duerma o
esté despierto, sea de noche o de día, la semilla brota y crece, sin que él
sepa cómo. [28] La tierra da fruto por sí misma: primero la hierba, luego la
espiga, y por último la espiga se llena de granos. [29] Y cuando el grano
está maduro, se le mete la hoz, pues ha llegado el tiempo de la cosecha». EL GRANO DE MOSTAZA (MT 13,31; LC 13,18) [30] Jesús les dijo también: «¿A
qué se parece el Reino de Dios? ¿Con qué comparación lo podríamos expresar?
[31] Es semejante a una semilla de mostaza; al sembrarla, es la más pequeña
de todas las semillas que se echan en la tierra, [32] pero una vez sembrada,
crece y se hace más grande que todas las plantas del huerto y sus ramas se
hacen tan grandes, que los pájaros del cielo buscan refugio bajo su sombra».
[33] Jesús usaba muchas parábolas como éstas para anunciar JESÚS CALMA [35] Al atardecer de aquel mismo día, Jesús dijo a sus
discípulos: «Crucemos a la otra orilla del lago». [36] Despidieron a la gente
y lo llevaron en la barca en que estaba. También lo acompañaban otras barcas.
[37] De pronto se levantó un gran temporal y las olas se estrellaban contra la
barca, que se iba llenando de agua. [38] Mientras tanto Jesús dormía en la
popa sobre un cojín. Lo despertaron diciendo: «Maestro, ¿no te importa que
nos hundamos?» [39] El entonces se despertó. Se encaró con el viento y dijo
al mar: «Cállate, cálmate». El viento se apaciguó y siguió una gran calma.
[40] Después les dijo: «¿Por qué son tan miedosos?
¿Todavía no tienen fe?» [41] Pero ellos estaban muy asustados por lo ocurrido
y se preguntaban unos a otros: «¿Quién es éste, que
hasta el viento y el mar le obedecen?» EL ENDEMONIADO DE GERASA (MT 8,28; LC 8,26) [1] Llegaron a la otra orilla del lago, que es la
región de los gerasenos. [2] Apenas había bajado
Jesús de la barca, un hombre vino a su encuentro, saliendo de entre los
sepulcros, pues estaba poseído por un espíritu malo. [3] El hombre vivía
entre los sepulcros, y nadie podía sujetarlo, ni siquiera con cadenas. [4]
Varias veces lo habían amarrado con grillos y cadenas, pero él rompía las
cadenas y hacía pedazos los grillos, y nadie lograba dominarlo. [5] Día y
noche andaba por los cerros, entre los sepulcros, gritando y lastimándose con
piedras. [6] Al divisar a Jesús, fue corriendo y se echó de rodillas a sus
pies. [7] Entre gritos le decía: «¡No te metas
conmigo, Jesús, Hijo del Dios Altísimo! Te ruego por Dios que no me
atormentes». [8] Es que Jesús le había dicho: «Espíritu malo, sal de este
hombre». [9] Cuando Jesús le preguntó: «¿Cómo te
llamas?», contestó: «Me llamo Multitud, porque somos muchos». [10] Y rogaban
insistentemente a Jesús que no los echara de aquella región. [11] Había allí
una gran piara de cerdos comiendo al pie del cerro. [12] Los espíritus le
rogaron: «Envíanos a esa piara y déjanos entrar en los cerdos». Y Jesús se lo
permitió. [13] Entonces los espíritus malos salieron del hombre y entraron en
los cerdos; en un instante las piaras se arrojaron al agua desde lo alto del
acantilado y todos los cerdos se ahogaron en el lago. [14] Los cuidadores de
los cerdos huyeron y contaron lo ocurrido en la ciudad y por el campo, de
modo que toda la gente fue a ver lo que había sucedido. [15] Se acercaron
Jesús y vieron al hombre endemoniado, el que había estado en poder de JESÚS RESUCITA A [21] Jesús, entonces, atravesó el lago, y al volver a
la otra orilla, una gran muchedumbre se juntó en la playa en torno a él. [22]
En eso llegó un oficial de la sinagoga, llamado Jairo, y al ver a Jesús, se
postró a sus pies [23] suplicándole: «Mi hija está agonizando; ven e impón
tus manos sobre ella para que se mejore y siga viviendo». [24] Jesús se fue
con Jairo; estaban en medio de un gran gentío, que lo oprimía. [25] Se
encontraba allí una mujer que padecía un derrame de sangre desde hacía doce
años. [26] Había sufrido mucho en manos de muchos médicos y se había gastado
todo lo que tenía, pero en lugar de mejorar, estaba cada vez peor. [27] Como
había oído lo que se decía de Jesús, se acercó por detrás entre la gente y le
tocó el manto. [28] La mujer pensaba: «Si logro tocar, aunque sólo sea su
ropa, sanaré». [29] Al momento cesó su hemorragia y sintió en su cuerpo que
estaba sana. [30] Pero Jesús se dio cuenta de que un poder había salido de
él, y dándose vuelta en medio del gentío, preguntó: «¿Quién
me ha tocado la ropa?» [31] Sus discípulos le contestaron: «Ya ves cómo te
oprime toda esta gente: ¿y preguntas quién te tocó?» [32] Pero él seguía
mirando a su alrededor para ver quién le había tocado. [33] Entonces la
mujer, que sabía muy bien lo que le había pasado, asustada y temblando, se
postró ante él y le contó toda la verdad. [34] Jesús le dijo: «Hija, tu fe te
ha salvado; vete en paz y queda sana de tu enfermedad». [35] Jesús estaba
todavía hablando cuando llegaron algunos de la casa del oficial de la
sinagoga para informarle: «Tu hija ha muerto. ¿Para qué molestar ya al
Maestro?» [36] Jesús se hizo el desentendido y dijo al oficial: «No tengas
miedo, solamente ten fe». [37] Pero no dejó que lo acompañaran más que Pedro,
Santiago y Juan, el hermano de Santiago. [38] Cuando llegaron a la casa del
oficial, Jesús vio un gran alboroto: unos lloraban y otros gritaban. [39]
Jesús entró y les dijo: «¿Por qué este alboroto y
tanto llanto? La niña no está muerta, sino dormida». [40] Y se burlaban de
él. Pero Jesús los hizo salir a todos, tomó consigo al padre, a la madre y a
los que venían con él, y entró donde estaba la niña. [41] Tomándola de la
mano, dijo a la niña: «Talitá kumi»,
que quiere decir: «Niña, te lo digo, ¡levántate!» [42] La jovencita se
levantó al instante y empezó a caminar (tenía doce años). ¡Qué estupor más
grande! Quedaron fuera de sí. [43] Pero Jesús les pidió insistentemente que
no lo contaran a nadie, y les dijo que dieran algo de comer a la niña. ¿NO ES ÉSTE EL CARPINTERO? (MT 13,53; LC 4,16) [1] Al irse Jesús de allí, volvió a su tierra, y sus
discípulos se fueron con él. [2] Cuando llegó el sábado, se puso a enseñar en
la sinagoga y mucha gente lo escuchaba con estupor. Se preguntaban: «¿De dónde le viene todo esto? ¿Y qué pensar de la sabiduría
que ha recibido, con esos milagros que salen de sus manos? [3] Pero no es más
que el carpintero, el hijo de María; es un hermano de Santiago, de Joset, de Judas y Simón. ¿Y sus hermanas no están aquí
entre nosotros?» Se escandalizaban y no lo reconocían. [4] Jesús les dijo:
«Si hay un lugar donde un profeta es despreciado, es en su tierra, entre su
parentela y en su propia familia». [5] Y no pudo hacer allí ningún milagro.
Tan sólo sanó a unos pocos enfermos imponiéndoles las manos. [6] Jesús se
admiraba de cómo se negaban a creer. JESÚS ENVÍA A LOS DOCE (MT 10,1; LC 9,1; 10,1) Jesús recorría todos los pueblos de los alrededores
enseñando. [7] Llamó a los Doce y comenzó a enviarlos de dos en dos, dándoles
poder sobre los espíritus malos. [8] Les ordenó que no llevaran nada para el
camino, fuera de un bastón: ni pan, ni morral, ni dinero; [9] que llevaran
calzado corriente y un solo manto. [10] Y les decía: «Quédense en la primera
casa en que les den alojamiento, hasta que se vayan de ese sitio. [11] Y si
en algún lugar no los reciben ni los escuchan, no se alejen de allí sin haber
sacudido el polvo de sus pies: con esto darán testimonio contra ellos». [12]
Fueron, pues, a predicar, invitando a la conversión. [13] Expulsaban a muchos
espíritus malos y sanaban a numerosos enfermos, ungiéndoles con aceite. [14] El rey Herodes oyó hablar de Jesús, ya que su
nombre se había hecho famoso. Algunos decían: «Este es Juan el Bautista, que
ha resucitado de entre los muertos, y por eso actúan en él poderes
milagrosos». [15] Otros decían: «Es Elías», y otros: «Es un profeta como los
antiguos profetas». [16] Herodes, por su parte, pensaba: «Debe de ser Juan,
al que le hice cortar la cabeza, que ha resucitado». [17] En efecto, Herodes
había mandado tomar preso a Juan y lo había encadenado en la cárcel por el
asunto de Herodías, mujer de su hermano Filipo, con la que se había casado.
[18] Pues Juan le decía: «No te está permitido tener a la mujer de tu
hermano». [19] Herodías lo odiaba y quería matarlo, pero no podía, [20] pues
Herodes veía que Juan era un hombre justo y santo, y le tenía respeto. Por
eso lo protegía, y lo escuchaba con gusto, aunque quedaba muy perplejo al
oírlo. [21] Herodías tuvo su oportunidad cuando Herodes, el día de su
cumpleaños, dio un banquete a sus nobles, a sus oficiales y a los personajes
principales de Galilea. [22] En esa ocasión entró la hija de Herodías, bailó
y gustó mucho a Herodes y a sus invitados. Entonces el rey dijo a la
muchacha: «Pídeme lo que quieras y te lo daré». [23] Y le prometió con
juramento: «Te daré lo que me pidas, aunque sea la mitad de mi reino». [24]
Salió ella a consultar a su madre: «¿Qué pido?» La
madre le respondió: «La cabeza de Juan el Bautista». [25] Inmediatamente
corrió a donde estaba el rey y le dijo: «Quiero que ahora mismo me des la
cabeza de Juan el Bautista en una bandeja». [26] El rey se sintió muy
molesto, pero no quiso negárselo, porque se había comprometido con juramento
delante de los invitados. [27] Ordenó, pues, a un verdugo que le trajera la
cabeza de Juan. Este fue a la cárcel y le cortó la cabeza. [28] Luego,
trayéndola en una bandeja, se la entregó a la muchacha y ésta se la pasó a su
madre. [29] Cuando la noticia llegó a los discípulos de Juan, vinieron a
recoger el cuerpo y lo enterraron. JESÚS, PASTOR Y PROFETA [30] Al volver los apóstoles a donde estaba Jesús, le
contaron todo lo que habían hecho y enseñado. [31] Jesús les dijo: «Vámonos aparte, a un lugar retirado, y descansarán un
poco». Porque eran tantos los que iban y venían que no les quedaba tiempo ni
para comer. [32] Y se fueron solos en una barca a un lugar despoblado. [33]
Pero la gente vio cómo se iban, y muchos cayeron en la cuenta; y se
dirigieron allá a pie. De todos los pueblos la gente se fue corriendo y
llegaron antes que ellos. [34] Al desembarcar, Jesús vio toda aquella gente,
y sintió compasión de ellos, pues estaban como ovejas sin pastor. Y se puso a
enseñarles largamente. [35] Se había hecho tarde. Los discípulos se le
acercaron y le dijeron: «Estamos en un lugar despoblado y ya se ha hecho
tarde; [36] despide a la gente para que vayan a las aldeas y a los pueblos
más cercanos y se compren algo de comer». [37] Jesús les contestó: «Denles
ustedes de comer». Ellos dijeron: «¿Y quieres que
vayamos nosotros a comprar doscientos denarios de pan para dárselo?» [38]
Jesús les dijo: «¿Cuántos panes tienen ustedes?
Vayan a ver». Volvieron y le dijeron: «Hay cinco, y además hay dos pescados».
[39] Entonces les dijo que hicieran sentar a la gente en grupos sobre el
pasto verde. [40] Se acomodaron en grupos de cien y de cincuenta. [41] Tomó
Jesús los cinco panes y los dos pescados, levantó los ojos al cielo, pronunció
la bendición, partió los panes y los iba dando a los discípulos para que se
los sirvieran a la gente. Asimismo repartió los dos pescados entre todos.
[42] Comieron todos hasta saciarse; [43] incluso se llenaron doce canastos
con los pedazos de pan, sin contar lo que sobró de los pescados. [44] Los que
habían comido eran unos cinco mil hombres. JESÚS CAMINA SOBRE LAS AGUAS (MT 14,22; JN 6,16) [45] Inmediatamente Jesús obligó a sus discípulos a que
subieran a la barca y lo fueran a esperar a Betsaida, en la otra orilla,
mientras él despachaba a la gente. [46] Jesús despidió, pues, a la gente, y
luego se fue al cerro a orar. [47] Al anochecer, la barca estaba en medio del
lago y Jesús se había quedado solo en tierra. [48] Jesús vio que sus
discípulos iban agotados de tanto remar, pues el viento les era contrario, y
antes de que terminara la noche fue hacia ellos caminando sobre el mar, como
si quisiera pasar de largo. [49] Al verlo caminar sobre el mar, creyeron que
era un fantasma y se pusieron a gritar, [50] pues todos estaban asustados al
verlo así. Pero Jesús les habló: «Animo, no teman, que soy yo». [51] Y subió
a la barca con ellos. De inmediato se calmó el viento, con lo cual quedaron
muy asombrados. [52] Pues no habían entendido lo que había pasado con los
panes, tenían la mente cerrada. [53] Terminada la travesía, llegaron a
Genesaret y amarraron allí la barca. [54] Apenas se bajaron, la gente lo
reconoció, [55] y corrieron a dar la noticia por toda aquella región.
Empezaron a traer a los enfermos en sus camillas al lugar donde él estaba,
[56] y en todos los lugares adonde iba, pueblos, ciudades o aldeas, ponían a
los enfermos en las plazas y le rogaban que les dejara tocar al menos el
fleco de su manto. Y todos los que lo tocaban quedaban sanos. [1] Los fariseos se juntaron en torno a Jesús, y con
ellos había algunos maestros de Y luego continuó: «Lo que hace impura a la persona es
lo que ha salido de su propio corazón. [21] Los pensamientos malos salen de
dentro, del corazón: de ahí proceden la inmoralidad sexual, robos,
asesinatos, [22] infidelidad matrimonial, codicia, maldad, vida viciosa,
envidia, injuria, orgullo y falta de sentido moral. [23] Todas estas maldades
salen de dentro y hacen impura a la persona». JESÚS SANA A [24] Jesús decidió irse hacia las tierras de Tiro.
Entró en una casa, y su intención era que nadie lo supiera, pero no logró
pasar inadvertido. [25] Una mujer, cuya hija estaba en poder de un espíritu
malo, se enteró de su venida y fue en seguida a arrodillarse a sus pies. [26]
Esta mujer era de habla griego y de raza sirofenicia,
y pidió a Jesús que echara al demonio de su hija. [27] Jesús le dijo: «Espera
que se sacien los hijos primero, pues no está bien tomar el pan de los hijos
para echárselo a los perritos». [28] Pero ella le respondió: «Señor, los
perritos bajo la mesa comen las migajas que dejan caer los hijos». [29]
Entonces Jesús le dijo: «Puedes irte; por lo que has dicho el demonio ya ha
salido de tu hija». [30] Cuando la mujer llegó a su casa, encontró a la niña
acostada en la cama; el demonio se había ido. CURACIÓN DE UN SORDOMUDO [31] Saliendo de las tierras de Tiro, Jesús pasó por
Sidón y, dando la vuelta al lago de Galilea, llegó al territorio de [1] En aquellos días se juntó otra vez muchísima gente,
y no tenían nada que comer. Jesús llamó a sus discípulos y les dijo: [2]
«Siento compasión por esta gente, pues hace ya tres días que están conmigo y
no tienen nada para comer. [3] Si los mando a sus casas sin comer,
desfallecerán por el camino, pues algunos de ellos han venido de lejos». [4]
Sus discípulos le contestaron: «¿De dónde podemos
sacar, en este lugar desierto, el pan que necesitan?» [5] Jesús les preguntó:
«¿Cuántos panes tienen ustedes?» Respondieron:
«Siete». [6] Entonces mandó a la gente que se sentara en el suelo y, tomando
los siete panes, dio gracias, los partió y empezó a darlos a sus discípulos
para que los repartieran. Ellos se los sirvieron a la gente. [7] Tenían
también algunos pescaditos. Jesús pronunció la bendición y mandó que también
los repartieran. [8] Todos comieron hasta saciarse, y de los pedazos que
sobraron, recogieron siete cestos. [9] Eran unos cuatro mil los que habían
comido. Luego Jesús los despidió. [10] En seguida subió a la barca con sus
discípulos y se fue a la región de Dalmanuta. ¿POR QUÉ ÉSTOS PIDEN UNA SEÑAL? (MT 16,1; LC 12,54) [11] Vinieron los fariseos y empezaron a discutir con
Jesús. Querían ponerlo en apuros, y esperaban de él una señal que viniera del
Cielo. [12] Jesús suspiró profundamente y exclamó: «¿Por
qué esta gente pide una señal? Yo les digo que a esta gente no se le dará
ninguna señal». [13] Y dejándolos, subió a la barca y se fue al otro lado del
lago. [14] Los discípulos se habían olvidado de llevar panes, y tan sólo
tenían un pan en la barca. [15] De repente él les hizo esta advertencia:
«Abran los ojos y cuídense tanto de la levadura de los fariseos como de la de
Herodes». [16] Se dijeron unos a otros: «La verdad es que no tenemos pan».
[17] Jesús se dio cuenta y les dijo: «¿Por qué estos
cuchicheos? ¿Porque no tienen pan? ¿Todavía no entienden ni se dan cuenta?
¿Están ustedes tan cerrados que, [18] teniendo ojos no ven y teniendo oídos
no oyen? ¿No recuerdan [19] cuando repartí cinco panes entre cinco mil
personas? ¿Cuántos canastos llenos de pedazos recogieron?» Respondieron:
«Doce». [20] «Y cuando repartí los siete panes entre cuatro mil, ¿cuántos
cestos llenos de sobras recogieron?» Contestaron: «Siete». [21] Entonces
Jesús les dijo: «¿Y aún no entienden?». EL CIEGO DE BETSAIDA [22] Cuando llegaron a Betsaida, le trajeron un ciego y
le pidieron que lo tocara. [23] Jesús tomó al ciego de la mano y lo llevó
fuera del pueblo. Después le mojó los ojos con saliva, le impuso las manos y
le preguntó: «¿Ves algo?» [24] El ciego, que
empezaba a ver, dijo: «Veo como árboles, pero deben ser gente, porque se
mueven». [25] Jesús le puso nuevamente las manos en los ojos, y el hombre se
encontró con buena vista; se recuperó plenamente, y podía ver todo con
claridad. [26] Jesús, pues, lo mandó a su casa, diciéndole: «Ni siquiera
entres en el pueblo». PEDRO PROCLAMA SU FE (MT 16,13; LC 9,18; JN 6,69) [27] Salió Jesús con sus discípulos hacia los pueblos
de Cesarea de Filipo, y por el camino les preguntó:
«¿Quién dice la gente que soy yo?» [28] Ellos
contestaron: «Algunos dicen que eres Juan Bautista, otros que Elías o alguno
de los profetas». [29] Entonces Jesús les preguntó: «Y ustedes, ¿quién dicen
que soy yo?» Pedro le contestó: «Tú eres el Mesías». [30] Pero Jesús les dijo
con firmeza que no conversaran sobre él. [31] Luego comenzó a enseñarles que
el Hijo del Hombre debía sufrir mucho y ser rechazado por los notables, los
jefes de los sacerdotes y los maestros de EL QUE QUIERA SEGUIRME, TOME SU CRUZ (MT 16,24; LC
9,23) [34] Luego Jesús llamó a sus discípulos y a toda la
gente y les dijo: «El que quiera seguirme, que renuncie a sí mismo, tome su
cruz y me siga. [35] Pues el que quiera asegurar su vida la perderá, y el que
sacrifique su vida (por mí y) por el Evangelio, la salvará. [36] ¿De qué le
sirve a uno si ha ganado el mundo entero, pero se ha destruido a sí mismo?
[37] ¿Qué podría dar para rescatarse a sí mismo? [38] Yo les aseguro: Si
alguno se avergüenza de mí y de mis palabras en medio de esta generación
adúltera y pecadora, también el Hijo del Hombre se avergonzará de él cuando
venga con [1] Jesús les dijo: «En verdad se lo digo: algunos de
los que están aquí presentes no conocerán la muerte sin que ya hayan visto el
Reino de Dios viniendo con poder». [2] Seis días después, Jesús tomó consigo
a Pedro, a Santiago y a Juan, y los llevó a ellos solos a un monte alto. A la
vista de ellos su aspecto cambió completamente. [3] Incluso sus ropas se
volvieron resplandecientes, tan blancas como nadie en el mundo sería capaz de
blanquearlas. [4] Y se les aparecieron Elías y Moisés, que conversaban con
Jesús. [5] Pedro tomó la palabra y dijo a Jesús: «Maestro, ¡qué bueno es que
estemos aquí! Levantemos tres chozas: una para ti, otra para Moisés y otra
para Elías». [6] En realidad no sabía lo que decía, porque estaban aterrados.
[7] En eso se formó una nube que los cubrió con su sombra, y desde la nube
llegaron estas palabras: «Este es mi Hijo, el Amado, escúchenlo». [8] Y de
pronto, mirando a su alrededor, no vieron ya a nadie; sólo Jesús estaba con
ellos. [9] Cuando bajaban del cerro, les ordenó que no dijeran a nadie lo que
habían visto, hasta que el Hijo del Hombre resucitara de entre los muertos.
[10] Ellos guardaron el secreto, aunque se preguntaban unos a otros qué
querría decir eso de "resucitar de entre los muertos". [11] Entonces le preguntaron: «¿No
dicen los maestros de JESÚS SANA A UN JOVEN EPILÉPTICO (MT 17,14; LC 9,37;
17,6) [14] Cuando volvieron a donde estaban los otros
discípulos, los encontraron con un grupo de gente a su alrededor, y algunos
maestros de JESÚS ANUNCIA OTRA VEZ SU PASIÓN (MT 17,22; LC 9,43) [30] Se marcharon de allí y se desplazaban por Galilea.
Jesús quería que nadie lo supiera, [31] porque iba enseñando a sus
discípulos. Y les decía: «El Hijo del Hombre va a ser entregado en manos de
los hombres y lo harán morir, pero tres días después de su muerte
resucitará». [32] De todos modos los discípulos no entendían lo que les
hablaba, y tenían miedo de preguntarle qué quería decir. SI ALGUNO QUIERE SER EL PRIMERO (MT 18,1; LC 9,46;
18,17; 22,24) [33] Llegaron a Cafarnaún, y una vez en casa, Jesús les
preguntó: «¿De qué venían discutiendo por el
camino?» [34] Ellos se quedaron callados, pues habían discutido entre sí
sobre quién era el más importante de todos. [35] Entonces se sentó, llamó a
los Doce y les dijo: «Si alguno quiere ser el primero, que se haga el último
y el servidor de todos». [36] Después tomó a un niño, lo puso en medio de
ellos, lo abrazó y les dijo: [37] «El que recibe a un niño como éste en mi nombre,
me recibe a mí; y el que me recibe, no me recibe a mí, sino al que me ha
enviado». [38] Juan le dijo: «Maestro, hemos visto a uno que hacía uso de tu
nombre para expulsar demonios, y hemos tratado de impedírselo porque no anda
con nosotros». [39] Jesús contestó: «No se lo prohíban, ya que nadie puede
hacer un milagro en mi nombre y luego hablar mal de mí. [40] El que no está
contra nosotros está con nosotros». [41] «Y cualquiera que les dé de beber un
vaso de agua porque son de Cristo, yo les aseguro que no quedará sin
recompensa». SI TU OJO ES OCASIÓN DE PECADO, SÁCATELO (MT 18,6;
5,13; LC 17,1) [42] «El que haga caer a uno de estos pequeños que
creen en mí, sería mejor para él que le ataran al cuello una gran piedra de
moler y lo echaran al mar. [43] Si tu mano te está haciendo caer, córtatela;
pues es mejor para ti entrar con una sola mano en la vida, que ir con las dos
a la gehenna, al fuego que no se apaga. [44] Y si tu pie te está haciendo
caer, córtatelo; [45] pues es mejor para ti entrar cojo en la vida que ser
arrojado con los dos pies a la gehenna. [46] Y si tu ojo prepara tu caída,
sácatelo; [47] pues es mejor para ti entrar con un solo ojo en el Reino de
Dios que ser arrojado con los dos al infierno, [48] donde su gusano no muere
y el fuego no se apaga. [49] Pues el mismo fuego los conservará. [50] La sal
es buena, pero si la sal pierde su sabor, ¿con qué se lo devolverán? Tengan
sal en ustedes y vivan en paz unos con otros». LO QUE DIOS UNIÓ, NO LO SEPARE EL HOMBRE (MT 19,1;
5,31; LC 16,18) [1] Jesús dejó aquel lugar y se fue a los límites de
Judea, al otro lado del Jordán. Otra vez las muchedumbres se congregaron a su
alrededor, y de nuevo se puso a enseñarles, como hacía siempre. [2] En eso
llegaron unos (fariseos que querían ponerle a prueba,) y le preguntaron: «¿Puede un marido despedir a su esposa?» [3] Les
respondió: «¿Qué les ha ordenado Moisés?» [4]
Contestaron: «Moisés ha permitido firmar un acta de separación y después
divorciarse». [5] Jesús les dijo: «Moisés, al escribir esta ley, tomó en
cuenta lo tercos que eran ustedes. [6] Pero, al principio de la creación,
Dios los hizo hombre y mujer; [7] y por eso dejará el hombre a su padre y a
su madre para unirse con su esposa, [8] y serán los dos una sola carne. De
manera que ya no son dos, sino uno solo. [9] Pues bien, lo que Dios ha unido,
que el hombre no lo separe». [10] Cuando ya estaban en casa, los discípulos
le volvieron a preguntar sobre lo mismo, [11] y él les dijo: «El que se
separa de su esposa y se casa con otra mujer, comete adulterio contra su
esposa; [12] y si la esposa abandona a su marido para casarse con otro
hombre, también ésta comete adulterio». DEJEN QUE LOS NIÑOS VENGAN A MÍ (MT 19,13; LC 18) [13] Algunas personas le presentaban los niños para que
los tocara, pero los discípulos les reprendían. [14] Jesús, al ver esto, se
indignó y les dijo: «Dejen que los niños vengan a mí y no se lo impidan,
porque el Reino de Dios pertenece a los que son como ellos. [15] En verdad
les digo: quien no reciba el Reino de Dios como un niño, no entrará en él».
[16] Jesús tomaba a los niños en brazos e, imponiéndoles las manos, los
bendecía. JESÚS Y EL HOMBRE RICO (MT 19,16; LC 18,18) [17] Jesús estaba a punto de partir, cuando un hombre
corrió a su encuentro, se arrodilló delante de él y le preguntó: «Maestro
bueno, ¿qué tengo que hacer para conseguir la vida eterna?» [18] Jesús le
dijo: «¿Por qué me llamas bueno? Nadie es bueno,
sino sólo Dios. [19] Ya conoces los mandamientos: No mates, no cometas
adulterio, no robes, no digas cosas falsas de tu hermano, no seas injusto,
honra a tu padre y a tu madre». [20] El hombre le contestó: «Maestro, todo
eso lo he practicado desde muy joven». [21] Jesús fijó su mirada en él, le
tomó cariño y le dijo: «Sólo te falta una cosa: vete, vende todo lo que
tienes y reparte el dinero entre los pobres, y tendrás un tesoro en el Cielo.
Después, ven y sígueme». [22] Al oír esto se desanimó totalmente, pues era un
hombre muy rico, y se fue triste. MÁS FÁCILMENTE PASARÁ UN CAMELLO. [23] Entonces Jesús paseó su mirada sobre sus
discípulos y les dijo: «¡Qué difícilmente entrarán
en el Reino de Dios los que tienen riquezas!» [24] Los discípulos se
sorprendieron al oír estas palabras, pero Jesús insistió: «Hijos, ¡qué
difícil es entrar en el Reino de Dios! [25] Es más fácil para un camello
pasar por el ojo de una aguja que para un rico entrar en el Reino de Dios».
[26] Ellos se asombraron todavía más y comentaban: «Entonces, ¿quién podrá
salvarse?» [27] Jesús los miró fijamente y les dijo: «Para los hombres es
imposible, pero no para Dios, porque para Dios todo es posible». [28] Entonces Pedro le dijo: «Nosotros lo hemos dejado
todo para seguirte». [29] Y Jesús contestó: «En verdad les digo: Ninguno que
haya dejado casa, hermanos, hermanas, madre, padre, hijos o campos por mi
causa y por el Evangelio quedará sin recompensa. [30] Pues, aun con
persecuciones, recibirá cien veces más en la presente vida en casas,
hermanos, hermanas, hijos y campos, y en el mundo venidero la vida eterna.
[31] Entonces muchos que ahora son primeros serán últimos, y los que son
ahora últimos serán primeros». POR TERCERA VEZ JESÚS ANUNCIA SU PASIÓN (MT 20,17; LC
18,31) [32] Continuaron el camino subiendo a Jerusalén, y
Jesús marchaba delante de ellos. Los discípulos estaban desconcertados, y los
demás que lo seguían tenían miedo. Otra vez Jesús reunió a los Doce para
decirles lo que le iba a pasar: [33] «Estamos subiendo a Jerusalén y el Hijo
del Hombre va a ser entregado a los jefes de los sacerdotes y a los maestros
de SANTIAGO Y JUAN PIDEN LOS PRIMEROS PUESTOS (MT 20,20;
LC 22,24) [35] Santiago y Juan, hijos de Zebedeo, se acercaron a
Jesús y le dijeron: «Maestro, queremos que nos concedas lo que te vamos a
pedir». [36] El les dijo: «¿Qué quieren de mí?» [37]
Respondieron: «Concédenos que nos sentemos uno a tu derecha y otro a tu
izquierda cuando estés en tu gloria». [38] Jesús les dijo: «Ustedes no saben
lo que piden. ¿Pueden beber la copa que yo estoy bebiendo o ser bautizados
como yo soy bautizado?» [39] Ellos contestaron: «Sí, podemos». Jesús les
dijo: «Pues bien, la copa que yo bebo, la beberán también ustedes, y serán
bautizados con el mismo bautismo que yo estoy recibiendo; [40] pero el
sentarse a mi derecha o a mi izquierda no me corresponde a mí el concederlo;
eso ha sido preparado para otros». [41] Cuando los otros diez oyeron esto, se
enojaron con Santiago y Juan. [42] Jesús los llamó y les dijo: «Como ustedes
saben, los que se consideran jefes de las naciones actúan como dictadores, y
los que ocupan cargos abusan de su autoridad. [43] Pero no será así entre
ustedes. Por el contrario, el que quiera ser el más importante entre ustedes,
debe hacerse el servidor de todos, [44] y el que quiera ser el primero, se
hará esclavo de todos. [45] Sepan que el Hijo del Hombre no ha venido para
ser servido, sino para servir y dar su vida como rescate por una
muchedumbre». EL CIEGO DE JERICÓ (MT 20,29; LC 18,35) [46] Llegaron a Jericó. Al salir Jesús de allí con sus
discípulos y con bastante más gente, un limosnero ciego se encontraba a la
orilla del camino. Se llamaba Bartimeo (hijo de Timeo). [47] Al enterarse de que era Jesús de Nazaret el
que pasaba, empezó a gritar: «¡Jesús, Hijo de David,
ten compasión de mí!» [48] Varias personas trataban de hacerlo callar. Pero
él gritaba con más fuerza: «¡Hijo de David, ten
compasión de mí!» [49] Jesús se detuvo y dijo: «Llámenlo». Llamaron, pues, al
ciego diciéndole: «Vamos, levántate, que te está llamando». [50] Y él,
arrojando su manto, se puso en pie de un salto y se acercó a Jesús. [51]
Jesús le preguntó: «¿Qué quieres que haga por ti?»
El ciego respondió: «Maestro, que vea». [52] Entonces Jesús le dijo: «Puedes
irte; tu fe te ha salvado». Y al instante pudo ver y siguió a Jesús por el
camino. ENTRADA TRIUNFAL DE JESÚS EN JERUSALÉN (MT 21,1; LC
19,28; J 12,12) [1] Cuando se aproximaban a Jerusalén, cerca ya de Betfagé y de Betania, al pie del monte de los Olivos,
Jesús envió a dos de sus discípulos [2] diciéndoles: «Vayan a ese pueblo que
ven enfrente; apenas entren encontrarán un burro amarrado, que ningún hombre
ha montado todavía. Desátenlo y tráiganlo aquí. [3] Si alguien les pregunta:
¿Por qué hacen eso?, contesten: El Señor lo necesita, pero se lo va a
devolver aquí mismo». [4] Se fueron y encontraron en la calle al burro,
amarrado delante de una puerta, y lo desataron. [5] Algunos de los que
estaban allí les dijeron: «¿Por qué sueltan ese
burro?» [6] Ellos les contestaron lo que les había dicho Jesús, y se lo
permitieron. [7] Trajeron el burro a Jesús, le pusieron sus capas encima y
Jesús montó en él. [8] Muchas personas extendían sus capas a lo largo del
camino, mientras otras lo cubrían con ramas cortadas en el campo. [9] Y tanto
los que iban delante como los que seguían a Jesús, gritaban: «¡Hosanna! ¡Bendito el que viene en nombre del Señor! [10]
¡Ahí viene el bendito reino de nuestro padre David! ¡Hosanna en las alturas!»
[11] Entró Jesús en Jerusalén y se fue al Templo. Observó todo a su
alrededor, y siendo ya tarde, salió con los Doce para volver a Betania. JESÚS MALDICE A [12] Al día siguiente, cuando salían de Betania, sintió
hambre. [13] A lo lejos divisó una higuera llena de hojas, y fue a ver si
encontraba algo en ella. Se acercó, pero no encontró más que hojas, pues
todavía no era tiempo de higos. [14] Entonces Jesús dijo a la higuera: «¡Que nadie coma fruto de ti nunca jamás!» Y sus
discípulos lo oyeron. JESÚS EXPULSA DEL TEMPLO A LOS VENDEDORES (MT 21,10; LC
19,45; J 2,14) [15] Llegaron a Jerusalén, y Jesús fue al Templo.
Comenzó a echar fuera a los que se dedicaban a vender y a comprar dentro del
recinto mismo. Volcaba las mesas de los que cambiaban dinero y los puestos de
los vendedores de palomas, [16] y no permitía a nadie transportar cosas por
el Templo. [17] Luego se puso a enseñar y les dijo: «¿No
dice Dios en EL PODER DE [20] Cuando pasaban de madrugada, los discípulos vieron
la higuera, que estaba seca hasta la raíz. [21] Pedro se acordó, y dijo a
Jesús: «Maestro, mira, la higuera que maldijiste se ha secado». [22] Jesús
respondió: «Tengan fe en Dios. [23] Yo les aseguro que el que diga a este
cerro: ¡Levántate de ahí y arrójate al mar!, si no duda en su corazón y cree
que sucederá como dice, se le concederá. [24] Por eso les digo: todo lo que
pidan en la oración, crean que ya lo han recibido y lo obtendrán. [25] Y
cuando se pongan de pie para orar, si tienen algo contra alguien, perdónenlo,
[26] para que su Padre del Cielo les perdone también a ustedes sus faltas». |