CAMINANDO CON JESUS

PEDRO SERGIO ANTONIO DONOSO BRANT

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CAPÍTULO 1

LOS ANTEPASADOS DE JESÚS

[1] Libro de los orígenes de Jesucristo, hijo de David e hijo de Abraham. [2] Abraham fue padre de Isaac, y éste de Jacob. Jacob fue padre de Judá y de sus hermanos. [3] De la unión de Judá y de Tamar nacieron Farés y Zera. Farés fue padre de Esrón y Esrón de Aram. [4] Aram fue padre de Aminadab, éste de Naasón y Naasón de Salmón. [5] Salmón fue padre de Booz y Rahab su madre. Booz fue padre de Obed y Rut su madre. Obed fue padre de Jesé. [6] Jesé fue padre del rey David. David fue padre de Salomón y su madre la que había sido la esposa de Urías. [7] Salomón fue padre de Roboam, que fue padre de Abías. Luego vienen los reyes Asá, [8] Josafat, Joram, Ocías, [9] Joatán, Ajaz, Ezequías, [10] Manasés, Amón y Josías. [11] Josías fue padre de Jeconías y de sus hermanos, en tiempos de la deportación a Babilonia. [12] Después de la deportación a Babilonia, Jeconías fue padre de Salatiel y éste de Zorobabel. [13] Zorobabel fue padre de Abiud, Abiud de Eliacim y Eliacim de Azor. [14] Azor fue padre de Sadoc, Sadoc de Aquim y éste de Eliud. [15] Eliud fue padre de Eleazar, Eleazar de Matán y éste de Jacob. [16] Jacob fue padre de José, esposo de María, de la que nació Jesús, llamado Cristo. [17] De modo que fueron catorce las generaciones desde Abraham a David; otras catorce desde David hasta la deportación a Babilonia, y catorce más desde esta deportación hasta el nacimiento de Cristo.

JESÚS NACE DE UNA MADRE VIRGEN

(Lc 1,27)

[18] Este fue el principio de Jesucristo: María, su madre, estaba comprometida con José; pero antes de que vivieran juntos, quedó embarazada por obra del Espíritu Santo. [19] Su esposo, José, pensó despedirla, pero como era un hombre bueno, quiso actuar discretamente para no difamarla. [20] Mientras lo estaba pensando, el Ángel del Señor se le apareció en sueños y le dijo: «José, descendiente de David, no tengas miedo de llevarte a María, tu esposa, a tu casa; si bien está esperando por obra del Espíritu Santo, [21] tú eres el que pondrás el nombre al hijo que dará a luz. Y lo llamarás Jesús, porque él salvará a su pueblo de sus pecados». [22] Todo esto sucedió para que se cumpliera lo que había dicho el Señor por boca del profeta: [23] La virgen concebirá y dará a luz un hijo, y le pondrán por nombre Emmanuel, que significa: Dios-con-nosotros. [24] Cuando José se despertó, hizo lo que el ángel del Señor le había ordenado y tomó consigo a su esposa. [25] Y sin que hubieran tenido relaciones, dio a luz un hijo, al que puso por nombre Jesús.

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CAPÍTULO 2

DEL ORIENTE VIENEN UNOS MAGOS

[1] Jesús había nacido en Belén de Judá durante el reinado de Herodes. Unos Magos que venían de Oriente llegaron a Jerusalén [2] preguntando: «¿Dónde está el rey de los judíos recién nacido? Porque hemos visto su estrella en el Oriente y venimos a adorarlo». [3] Herodes y toda Jerusalén quedaron muy alborotados al oír esto. [4] Reunió de inmediato a los sumos sacerdotes y a los que enseñaban la Ley al pueblo, y les hizo precisar dónde tenía que nacer el Mesías. [5] Ellos le contestaron: «En Belén de Judá, pues así lo escribió el profeta: [6] Y tú, Belén, tierra de Judá, no eres en absoluto la más pequeña entre los pueblos de Judá, porque de ti saldrá un jefe, el que apacentará a mi pueblo, Israel. [7] Entonces Herodes llamó en privado a los Magos, y les hizo precisar la fecha en que se les había aparecido la estrella. [8] Después los envió a Belén y les dijo: «Vayan y averigüen bien todo lo que se refiere a ese niño, y apenas lo encuentren, avísenme, porque yo también iré a rendirle homenaje». [9] Después de esta entrevista con el rey, los Magos se pusieron en camino; y fíjense: la estrella que habían visto en el Oriente iba delante de ellos, hasta que se detuvo sobre el lugar donde estaba el niño. [10] ¡Qué alegría más grande: habían visto otra vez a la estrella!. Al entrar a la casa vieron al niño con María, su madre; se arrodillaron y le adoraron. Abrieron después sus cofres y le ofrecieron sus regalos de oro, incienso y mirra. [12] Luego se les avisó en sueños que no volvieran donde Herodes, así que regresaron a su país por otro camino.

LA HUIDA A EGIPTO

[13] Después de marchar los Magos, el Ángel del Señor se le apareció en sueños a José y le dijo: «Levántate, toma al niño y a su madre y huye a Egipto. Quédate allí hasta que yo te avise, porque Herodes buscará al niño para matarlo». [14] José se levantó; aquella misma noche tomó al niño y a su madre, y partió hacia Egipto, [15] permaneciendo allí hasta la muerte de Herodes. Así se cumplió lo que había anunciado el Señor por boca del profeta: Llamé de Egipto a mi hijo. [16] Herodes se enojó muchísimo cuando se dio cuenta que los Magos lo habían engañado, y fijándose en la fecha que ellos le habían dicho, ordenó matar a todos los niños menores de dos años que había en Belén y sus alrededores. [17] Así se cumplió lo que había anunciado el profeta Jeremías: [18] En Ramá se oyeron gritos, grandes sollozos y lamentos: es Raquel que llora a sus hijos: éstos ya no están, y no quiere que la consuelen.

JOSÉ Y MARÍA VUELVEN A NAZARET

[19] Después de la muerte de Herodes, el Ángel del Señor se apareció en sueños a José en Egipto y le dijo: [20] «Levántate, toma contigo al niño y a su madre y regresa a la tierra de Israel, porque ya han muerto los que querían matar al niño». [21] José se levantó, tomó al niño y a su madre, y volvieron a la tierra de Israel. [22] Pero al enterarse de que Arquelao gobernaba en Judea en lugar de su padre Herodes, tuvo miedo de ir allá. Conforme a un aviso que recibió en sueños, se dirigió a la provincia de Galilea [23] y se fue a vivir a un pueblo llamado Nazaret. Así había de cumplirse lo que dijeron los profetas: Lo llamarán ''Nazoreo''.

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CAPÍTULO 3

JUAN BAUTISTA ANUNCIA LA VENIDA DE JESÚS

(Mc 1,1; Lc 3,1; Jn 1,19)

[1] Por aquel tiempo se presentó Juan Bautista y empezó a predicar en el desierto de Judea; [2] éste era su mensaje: «Renuncien a su mal camino, porque el Reino de los Cielos está cerca». [3] Es a Juan a quien se refería el profeta Isaías cuando decía: Una voz grita en el desierto: Preparen un camino al Señor; hagan sus senderos rectos. [4] Además de la piel que llevaba colgada de la cintura, Juan no tenía más que un manto hecho de pelo de camello. Su comida eran langostas y miel silvestre. [5] Venían a verlo de Jerusalén, de toda la Judea y de la región del Jordán. [6] Y junto con confesar sus pecados, se hacían bautizar por Juan en el río Jordán. [7] Juan vio que un grupo de fariseos y de saduceos habían venido donde él bautizaba, y les dijo: «Raza de víboras, ¿cómo van a pensar que escaparán del castigo que se les viene encima? [8] Muestren los frutos de una sincera conversión, pues de nada les sirve decir: "Abraham es nuestro padre". [9] Yo les aseguro que Dios es capaz de sacar hijos de Abraham aún de estas piedras. [10] El hacha ya está puesta a la raíz de los árboles, y todo árbol que no da buen fruto, será cortado y arrojado al fuego. [11] Yo los bautizo en el agua, y es el camino a la conversión. Pero después de mí viene uno con mucho más poder que yo, - yo ni siquiera merezco llevarle las sandalias - él los bautizará en el Espíritu Santo y el fuego. [12] Ya tiene la pala en sus manos para separar el trigo de la paja. Guardará el trigo en sus bodegas, mientras que la paja la quemará en el fuego que no se apaga».

JESÚS RECIBE EL BAUTISMO DE JUAN

(Mc 1,9; Lc 3,21; Jn 1,29)

[13] Por entonces vino Jesús de Galilea al Jordán, para encontrar a Juan y para que éste lo bautizara. [14] Juan quiso disuadirlo y le dijo: «¿Tú vienes a mí? Soy yo quien necesita ser bautizado por ti». [15] Jesús le respondió: «Deja que hagamos así por ahora. De este modo respetaremos el debido orden». Entonces Juan aceptó. [16] Una vez bautizado, Jesús salió del agua. En ese momento se abrieron los Cielos y vio al Espíritu de Dios que bajaba como una paloma y se posaba sobre él. [17] Al mismo tiempo se oyó una voz del cielo que decía: «Este es mi Hijo, el Amado; éste es mi Elegido».

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CAPÍTULO 4

JESÚS ES TENTADO EN EL DESIERTO

(Lc 4,1; Mc 1,12)

[1] El Espíritu condujo a Jesús al desierto para que fuera tentado por el diablo, [2] y después de estar sin comer cuarenta días y cuarenta noches, al final sintió hambre. [3] Entonces se le acercó el tentador y le dijo: «Si eres Hijo de Dios, ordena que estas piedras se conviertan en pan». [4] Pero Jesús le respondió: «Dice la Escritura: El hombre no vive solamente de pan, sino de toda palabra que sale de la boca de Dios». [5] Después el diablo lo llevó a la Ciudad Santa y lo puso en la parte más alta de la muralla del Templo. [6] Y le dijo: «Si eres Hijo de Dios, tírate de aquí abajo, pues la Escritura dice: Dios dará ordenes a sus ángeles y te llevarán en sus manos para que tus pies no tropiecen en piedra alguna». [7] Jesús replicó: «Dice también la Escritura: No tentarás al Señor tu Dios». [8] A continuación lo llevó el diablo a un monte muy alto y le mostró todas las naciones del mundo con todas sus grandezas y maravillas. [9] Y le dijo: «Te daré todo esto si te arrodillas y me adoras». [10] Jesús le dijo: «Aléjate, Satanás, porque dice la Escritura: Adorarás al Señor tu Dios, y a El solo servirás». [11] Entonces lo dejó el diablo y se acercaron los ángeles a servirle. (Mc 1,14; Lc 4,14)

[12] Cuando Jesús oyó que Juan había sido encarcelado, se retiró a Galilea. [13] No se quedó en Nazaret, sino que fue a vivir a Cafarnaún, a orillas del lago, en la frontera entre Zabulón y Neftalí. [14] Así se cumplió lo que había dicho el profeta Isaías: [15] Tierra de Zabulón y tierra de Neftalí, en el camino hacia el mar, a la otra orilla del Jordán, Galilea, tierra de paganos, escuchen: [16] La gente que vivía en la oscuridad ha visto una luz muy grande; una luz ha brillado para los que viven en lugares de sombras de muerte. [17] Desde entonces Jesús empezó a proclamar este mensaje: «Renuncien a su mal camino, porque el Reino de los Cielos está ahora cerca». [18] Mientras Jesús caminaba a orillas del mar de Galilea, vio a dos hermanos: uno era Simón, llamado Pedro, y el otro Andrés. Eran pescadores y estaban echando la red al mar. [19] Jesús los llamó: «Síganme, y yo los haré pescadores de hombres». [20] Al instante dejaron las redes y lo siguieron. [21] Más adelante vio a otros dos hermanos: Santiago, hijo de Zebedeo, con su hermano Juan; estaban con su padre en la barca arreglando las redes. Jesús los llamó, [22] y en seguida ellos dejaron la barca y a su padre y lo siguieron. [23] Jesús empezó a recorrer toda la Galilea; enseñaba en las sinagogas de los judíos, proclamaba la Buena Nueva del Reino y curaba en el pueblo todas las dolencias y enfermedades. [24] Su fama se extendió por toda Siria. La gente le traía todos sus enfermos y cuantos estaban aquejados por algún mal: endemoniados, lunáticos y paralíticos, y él los sanaba a todos. [25] Empezaron a seguir a Jesús muchedumbres: gente de Galilea, Decápolis, Jerusalén, Judea y del otro lado del Jordán.

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CAPÍTULO 5

LAS BIENAVENTURANZAS (LC 6)

[1] Jesús, al ver toda aquella muchedumbre, subió al monte. Se sentó y sus discípulos se reunieron a su alrededor. [2] Entonces comenzó a hablar y les enseñaba diciendo: [3] «Felices los que tienen el espíritu del pobre, porque de ellos es el Reino de los Cielos. [4] Felices los que lloran, porque recibirán consuelo.

5] Felices los pacientes, porque recibirán la tierra en herencia. [6] Felices los que tienen hambre y sed de justicia, porque serán saciados. [7] Felices los compasivos, porque obtendrán misericordia.

[8] Felices los de corazón limpio, porque verán a Dios.

[9] Felices los que trabajan por la paz, porque serán reconocidos como hijos de Dios. [10] Felices los que son perseguidos por causa del bien, porque de ellos es el Reino de los Cielos. [11] Felices ustedes, cuando por causa mía los insulten, los persigan y les levanten toda clase de calumnias. [12] Alégrense y muéstrense contentos, porque será grande la recompensa que recibirán en el cielo. Pues bien saben que así persiguieron a los profetas que vivieron antes de ustedes.

SAL Y LUZ (MC 4,21; LC 14,34; 8,16; 11,33)

[13] Ustedes son la sal de la tierra. Pero si la sal deja de ser sal, ¿cómo podrá ser salada de nuevo? Ya no sirve para nada, por lo que se tira afuera y es pisoteada por la gente. [14] Ustedes son la luz del mundo: ¿cómo se puede esconder una ciudad asentada sobre un monte? [15] Nadie enciende una lámpara para taparla con un cajón; la ponen más bien sobre un candelero, y alumbra a todos los que están en la casa. [16] Hagan, pues, que brille su luz ante los hombres; que vean estas buenas obras, y por ello den gloria al Padre de ustedes que está en los Cielos.

UNA LEY MÁS PERFECTA

[17] No crean que he venido a suprimir la Ley o los Profetas. He venido, no para deshacer, sino para llevar a la forma perfecta. [18] En verdad les digo: mientras dure el cielo y la tierra, no pasará una letra o una coma de la Ley hasta que todo se realice. [19] Por tanto, el que ignore el último de esos mandamientos y enseñe a los demás a hacer lo mismo, será el más pequeño en el Reino de los Cielos. En cambio el que los cumpla y los enseñe, será grande en el Reino de los Cielos. [20] Yo se lo digo: si no hay en ustedes algo mucho más perfecto que lo de los Fariseos, o de los maestros de la Ley, ustedes no pueden entrar en el Reino de los Cielos. [21] Ustedes han escuchado lo que se dijo a sus antepasados: «No matarás; el homicida tendrá que enfrentarse a un juicio». [22] Pero yo les digo: Si uno se enoja con su hermano, es cosa que merece juicio. El que ha insultado a su hermano, merece ser llevado ante el Tribunal Supremo; si lo ha tratado de renegado de la fe, merece ser arrojado al fuego del infierno. [23] Por eso, si tú estás para presentar tu ofrenda en el altar, y te acuerdas de que tu hermano tiene algo contra ti, [24] deja allí mismo tu ofrenda ante el altar, y vete antes a hacer las paces con tu hermano; después vuelve y presenta tu ofrenda. [25] Trata de llegar a un acuerdo con tu adversario mientras van todavía de camino al juicio. ¿O prefieres que te entregue al juez, y el juez a los guardias que te encerrarán en la cárcel? [26] En verdad te digo: no saldrás de allí hasta que hayas pagado hasta el último centavo. [27] Ustedes han oído que se dijo: «No cometerás adulterio». [28] Pero yo les digo: Quien mira a una mujer con malos deseos, ya cometió adulterio con ella en su corazón. [29] Por eso, si tu ojo derecho te está haciendo caer, sácatelo y tíralo lejos; porque más te conviene perder una parte de tu cuerpo y no que todo tu cuerpo sea arrojado al infierno. [30] Y si tu mano derecha te lleva al pecado, córtala y aléjala de ti; porque es mejor que pierdas una parte de tu cuerpo y no que todo tu cuerpo sea arrojado al infierno. [31] También se dijo: «El que se divorcie de su mujer, debe darle un certificado de divorcio». [32] Pero yo les digo: Si un hombre se divorcia de su mujer, a no ser por motivo de infidelidad, es como mandarla a cometer adulterio: el hombre que se case con la mujer divorciada, cometerá adulterio.

NO JURAR

[33] Ustedes han oído lo que se dijo a sus antepasados: «No jurarás en falso, y cumplirás lo que has jurado al Señor». [34] Pero yo les digo: ¡No juren! No juren por el cielo, porque es el trono de Dios; [35] ni por la tierra, que es la tarima de sus pies; ni por Jerusalén, porque es la ciudad del Gran Rey. [36] Tampoco jures por tu propia cabeza, pues no puedes hacer blanco o negro ni uno solo de tus cabellos. [37] Digan sí cuando es sí, y no cuando es no; cualquier otra cosa que se le añada, viene del demonio.

AMAR A LOS ENEMIGOS (LC 6,29)

[38] Ustedes han oído que se dijo: «Ojo por ojo y diente por diente». [39] Pero yo les digo: No resistan al malvado. Antes bien, si alguien te golpea en la mejilla derecha, ofrécele también la otra. [40] Si alguien te hace un pleito por la camisa, entrégale también el manto. [41] Si alguien te obliga a llevarle la carga, llévasela el doble más lejos. [42] Da al que te pida, y al que espera de ti algo prestado, no le vuelvas la espalda. [43] Ustedes han oído que se dijo: «Amarás a tu prójimo y no harás amistad con tu enemigo». [44] Pero yo les digo: Amen a sus enemigos y recen por sus perseguidores, [45] para que así sean hijos de su Padre que está en los Cielos. Porque él hace brillar su sol sobre malos y buenos, y envía la lluvia sobre justos y pecadores. [46] Si ustedes aman solamente a quienes los aman, ¿qué mérito tiene? También los cobradores de impuestos lo hacen. [47] Y si saludan sólo a sus amigos, ¿qué tiene de especial? También los paganos se comportan así. [48] Por su parte, sean ustedes perfectos como es perfecto el Padre de ustedes que está en el Cielo.

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CAPÍTULO 6

HACER EL BIEN SÓLO POR DIOS

[1] Guárdense de las buenas acciones hechas a la vista de todos, a fin de que todos las aprecien. Pues en ese caso, no les quedaría premio alguno que esperar de su Padre que está en el cielo. [2] Cuando ayudes a un necesitado, no lo publiques al son de trompetas; no imites a los que dan espectáculo en las sinagogas y en las calles, para que los hombres los alaben. Yo se lo digo: ellos han recibido ya su premio. [3] Tú, cuando ayudes a un necesitado, ni siquiera tu mano izquierda debe saber lo que hace la derecha: [4] tu limosna quedará en secreto. Y tu Padre, que ve en lo secreto, te premiará. [5] Cuando ustedes recen, no imiten a los que dan espectáculo; les gusta orar de pie en las sinagogas y en las esquinas de las plazas, para que la gente los vea. Yo se lo digo: ellos han recibido ya su premio. [6] Pero tú, cuando reces, entra en tu pieza, cierra la puerta y ora a tu Padre que está allí, a solas contigo. Y tu Padre, que ve en lo secreto, te premiará. [7] Cuando pidan a Dios, no imiten a los paganos con sus letanías interminables: ellos creen que un bombardeo de palabras hará que se los oiga. [8] No hagan como ellos, pues antes de que ustedes pidan, su Padre ya sabe lo que necesitan.

EL PADRENUESTRO (LC 11,1; MC 11,25)

[9] Ustedes, pues, recen así:

Padre nuestro, que estás en el Cielo,

santificado sea tu Nombre,

[10] venga tu Reino,

hágase tu voluntad

así en la tierra como en el Cielo.

[11] Danos hoy el pan que nos corresponde;

[12] y perdona nuestras deudas,

como también nosotros perdonamos

a nuestros deudores;

[13] y no nos dejes caer en la tentación,

sino líbranos del Maligno.

[14] Porque si ustedes perdonan a los hombres sus ofensas, también el Padre celestial les perdonará a ustedes. [15] Pero si ustedes no perdonan a los demás, tampoco el Padre les perdonará a ustedes. [16] Cuando ustedes hagan ayuno, no pongan cara triste, como los que dan espectáculo y aparentan palidez, para que todos noten sus ayunos. Yo se lo digo: ellos han recibido ya su premio. [17] Cuando tú hagas ayuno, lávate la cara y perfúmate el cabello. [18] No son los hombres los que notarán tu ayuno, sino tu Padre que ve las cosas secretas, y tu Padre que ve en lo secreto, te premiará.

(Lc 11,34; 12,33)

[19] No junten tesoros y reservas aquí en la tierra, donde la polilla y el óxido hacen estragos, y donde los ladrones rompen el muro y roban. [20] Junten tesoros y reservas en el Cielo, donde no hay polilla ni óxido para hacer estragos, y donde no hay ladrones para romper el muro y robar. [21] Pues donde está tu tesoro, allí estará también tu corazón. [22] Tu ojo es la lámpara de tu cuerpo. Si tus ojos están sanos, todo tu cuerpo tendrá luz; pero si tus ojos están malos, todo tu cuerpo estará en obscuridad. [23] Y si la luz que hay en ti ha llegado a ser obscuridad, ¡cómo será de tenebrosa tu parte más obscura!

PONER LA CONFIANZA EN DIOS Y NO EN EL DINERO(LC 12,22; 16,13)

[24] Nadie puede servir a dos patrones: necesariamente odiará a uno y amará al otro, o bien cuidará al primero y despreciará al otro. Ustedes no pueden servir al mismo tiempo a Dios y al Dinero. [25] Por eso yo les digo: No anden preocupados por su vida con problemas de alimentos, ni por su cuerpo con problemas de ropa. ¿No es más importante la vida que el alimento y más valioso el cuerpo que la ropa? [26] Fíjense en las aves del cielo: no siembran, ni cosechan, no guardan alimentos en graneros, y sin embargo el Padre del Cielo, el Padre de ustedes, las alimenta. ¿No valen ustedes mucho más que las aves? [27] ¿Quién de ustedes, por más que se preocupe, puede añadir algo a su estatura? [28] Y ¿por qué se preocupan tanto por la ropa? Miren cómo crecen las flores del campo, y no trabajan ni tejen. [29] Pero yo les digo que ni Salomón, con todo su lujo, se pudo vestir como una de ellas. [30] Y si Dios viste así el pasto del campo, que hoy brota y mañana se echa al fuego, ¿no hará mucho más por ustedes? ¡Qué poca fe tienen! [31] No anden tan preocupados ni digan: ¿tendremos alimentos? o ¿qué beberemos? o ¿tendremos ropas para vestirnos? [32] Los que no conocen a Dios se afanan por esas cosas, pero el Padre del Cielo, Padre de ustedes, sabe que necesitan todo eso. [33] Por lo tanto, busquen primero el Reino y la Justicia de Dios, y se les darán también todas esas cosas. [34] No se preocupen por el día de mañana, pues el mañana se preocupará por sí mismo. A cada día le bastan sus problemas.

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CAPÍTULO 7

HIJOS DEL REINO (LC 6,37; 11,9; 6,31; 13,23)

[1] No juzguen a los demás y no serán juzgados ustedes. [2] Porque de la misma manera que ustedes juzguen, así serán juzgados, y la misma medida que ustedes usen para los demás, será usada para ustedes. [3] ¿Qué pasa? Ves la pelusa en el ojo de tu hermano, ¿y no te das cuenta del tronco que hay en el tuyo? [4] ¿Y dices a tu hermano: Déjame sacarte esa pelusa del ojo, teniendo tú un tronco en el tuyo? [5] Hipócrita, saca primero el tronco que tienes en tu ojo y así verás mejor para sacar la pelusa del ojo de tu hermano. [6] No den lo que es santo a los perros, ni echen sus perlas a los cerdos, pues podrían pisotearlas y después se volverían contra ustedes para destrozarlos. [7] Pidan y se les dará; busquen y hallarán; llamen y se les abrirá la puerta. [8] Porque el que pide, recibe; el que busca, encuentra; y se abrirá la puerta al que llama. [9] ¿Acaso alguno de ustedes daría a su hijo una piedra cuando le pide pan? [10] ¿O le daría una culebra cuando le pide un pescado? [11] Pues si ustedes, que son malos, saben dar cosas buenas a sus hijos, ¡con cuánta mayor razón el Padre de ustedes, que está en el Cielo, dará cosas buenas a los que se las pidan! [12] Todo lo que ustedes desearían de los demás, háganlo con ellos: ahí está toda la Ley y los Profetas. [13] Entren por la puerta angosta, porque ancha es la puerta y espacioso el camino que conduce a la ruina, y son muchos los que pasan por él. [14] Pero ¡qué angosta es la puerta y qué escabroso el camino que conduce a la salvación! y qué pocos son los que lo encuentran.

EL ÁRBOL SE CONOCE POR LOS FRUTOS (LC 6,43)

[15] Cuídense de los falsos profetas: se presentan ante ustedes con piel de ovejas, pero por dentro son lobos feroces. [16] Ustedes los reconocerán por sus frutos. ¿Cosecharían ustedes uvas de los espinos o higos de los cardos? [17] Lo mismo pasa con un árbol sano: da frutos buenos, mientras que el árbol malo produce frutos malos. [18] Un árbol bueno no puede dar frutos malos, como tampoco un árbol malo puede producir frutos buenos. [19] Todo árbol que no da buenos frutos se corta y se echa al fuego. [20] Por lo tanto, ustedes los reconocerán por sus obras.

LA CASA EDIFICADA SOBRE LA ROCA (LC 6,47; 13,26; MC 1,22)

[21] No bastará con decirme: ¡Señor!, ¡Señor!, para entrar en el Reino de los Cielos; más bien entrará el que hace la voluntad de mi Padre del Cielo. [22] Aquel día muchos me dirán: ¡Señor, Señor! Hemos hablado en tu nombre, y en tu nombre hemos expulsado demonios y realizado muchos milagros. [23] Entonces yo les diré claramente: Nunca les conocí. ¡Aléjense de mí, ustedes que hacen el mal! [24] Si uno escucha estas palabras mías y las pone en práctica, dirán de él: aquí tienen al hombre sabio y prudente, que edificó su casa sobre roca. [25] Cayó la lluvia, se desbordaron los ríos, soplaron los vientos y se arrojaron contra aquella casa, pero la casa no se derrumbó, porque tenía los cimientos sobre roca. [26] Pero dirán del que oye estas palabras mías, y no las pone en práctica: aquí tienen a un tonto que construyó su casa sobre arena. [27] Cayó la lluvia, se desbordaron los ríos, soplaron los vientos y se arrojaron contra esa casa: la casa se derrumbó y todo fue un gran desastre». [28] Cuando Jesús terminó este discurso, la gente estaba admirada de cómo enseñaba, [29] porque lo hacía con autoridad y no como sus maestros de la Ley.

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CAPÍTULO 8

CURACIÓN DE UN LEPROSO (MC 1,40; LC 5,12)

[1] Jesús, pues, bajó del monte, y empezaron a seguirlo muchedumbres. [2] Un leproso se acercó, se arrodilló delante de él y le dijo: «Señor, si tú quieres, puedes limpiarme». [3] Jesús extendió la mano, lo tocó y le dijo: «Quiero; queda limpio». Al momento quedó limpio de la lepra. [4] Jesús le dijo: «Mira, no se lo digas a nadie; pero ve a mostrarte al sacerdote y ofrece la ofrenda ordenada por la Ley de Moisés, pues tú tienes que hacerles una declaración».

LA FE DEL CENTURIÓN (LC 7,1; JN 4,46)

[5] Al entrar Jesús en Cafarnaún, se le acercó un capitán de la guardia, suplicándole: [6] «Señor, mi muchacho está en cama, totalmente paralizado, y sufre terriblemente». [7] Jesús le dijo: «Yo iré a sanarlo». [8] El capitán contestó: «Señor, ¿quién soy yo para que entres en mi casa? Di no más una palabra y mi sirviente sanará. [9] Pues yo, que no soy más que un capitán, tengo soldados a mis órdenes, y cuando le digo a uno: Vete, él se va; y si le digo a otro: Ven, él viene; y si ordeno a mi sirviente: Haz tal cosa, él la hace». [10] Jesús se quedó admirado al oír esto, y dijo a los que le seguían: «Les aseguro que no he encontrado a nadie en Israel con tanta fe. [11] Yo se lo digo: vendrán muchos del oriente y del occidente para sentarse a la mesa con Abraham, Isaac y Jacob en el Reino de los Cielos, [12] mientras que los que debían entrar al reino serán echados a las tinieblas de afuera: allí será el llorar y rechinar de dientes». [13] Luego Jesús dijo al capitán: «Vete a casa, hágase todo como has creído». Y en ese mismo momento el muchacho quedó sanó. [14] Jesús fue a casa de Pedro; allí encontró a la suegra de éste en cama, con fiebre. [15] Jesús le tocó la mano y se le pasó la fiebre. Ella se levantó y comenzó a atenderle. [16] Al atardecer le llevaron muchos endemoniados. Él expulsó a los espíritus malos con una sola palabra, y sanó también a todos los enfermos. [17] Así se cumplió lo que había anunciado el profeta Isaías: Él tomó nuestras debilidades y cargó con nuestras enfermedades.

(Lc 9,57)

[18] Jesús, al verse rodeado por la multitud, dio orden de cruzar a la otra orilla. [19] Entonces se le acercó un maestro de la Ley y le dijo: «Maestro, te seguiré adondequiera que vayas». [20] Jesús le contestó: «Los zorros tienen cuevas y las aves tienen nidos, pero el Hijo del Hombre ni siquiera tiene dónde recostar la cabeza». [21] Otro de sus discípulos le dijo: «Señor, deja que me vaya y pueda primero enterrar a mi padre». [22] Jesús le contestó: «Sígueme y deja que los muertos entierren a sus muertos».

JESÚS CALMA LA TEMPESTAD (MC 4,35 LC 8,22)

[23] Jesús subió a la barca y sus discípulos le siguieron. [24] Se levantó una tormenta muy violenta en el lago, con olas que cubrían la barca, pero él dormía. [25] Los discípulos se acercaron y lo despertaron diciendo: «¡Señor, sálvanos, que estamos perdidos!» [26] Pero él les dijo: «¡Qué miedosos son ustedes! ¡Qué poca fe tienen!» Entonces se levantó, dio una orden al viento y al mar, y todo volvió a la más completa calma. [27] Grande fue el asombro; aquellos hombres decían: «¿Quién es éste, que hasta los vientos y el mar le obedecen?».

LOS ENDEMONIADOS DE GADARA (MC 5,1; LC 8,26)

[28] Al llegar a la otra orilla, a la tierra de Gadara, dos endemoniados salieron de entre los sepulcros y vinieron a su encuentro. Eran hombres tan salvajes que nadie se atrevía a pasar por aquel camino. [29] Y se pusieron a gritar: «¡No te metas con nosotros, Hijo de Dios! ¿Has venido aquí para atormentarnos antes de tiempo?» [30] A cierta distancia de allí había una gran piara de cerdos comiendo. [31] Los demonios suplicaron a Jesús: «Si nos expulsas, envíanos a esa piara de cerdos». Jesús les dijo: «Vayan». [32] Salieron y entraron en los cerdos. Al momento toda la piara se lanzó hacia el lago por la pendiente, y allí se ahogaron. [33] Los cuidadores huyeron, fueron a la ciudad y contaron todo lo sucedido, y lo que había pasado con los endemoniados. [34] Entonces todos los habitantes salieron al encuentro de Jesús y, no bien lo vieron, le rogaron que se alejase de sus tierras.

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CAPÍTULO 9

JESÚS SANA AL PARALÍTICO Y PERDONA SUS PECADOS (MC 2,1; LC 5,17)

[1] Jesús volvió a la barca, cruzó de nuevo el lago y vino a su ciudad. [2] Allí le llevaron a un paralítico, tendido en una camilla. Al ver Jesús la fe de esos hombres, dijo al paralítico: «¡Animo, hijo; tus pecados quedan perdonados!» [3] Algunos maestros de la Ley pensaron: «¡Qué manera de burlarse de Dios!» [4] Pero Jesús, que conocía sus pensamientos, les dijo: «¿Por qué piensan mal? [5] ¿Qué es más fácil decir: "Quedan perdonados tus pecados", o: "Levántate y anda"? [6] Sepan, pues, que el Hijo del Hombre tiene autoridad en la tierra para perdonar pecados». Entonces dijo al paralítico: «Levántate, toma tu camilla y vete a casa». [7] Y el paralítico se levantó y se fue a su casa. [8] La gente, al ver esto, quedó muy impresionada, y alabó a Dios por haber dado tal poder a los hombres.

JESÚS LLAMA AL APÓSTOL MATEO (MC 2,13; LC 5,27)

[9] Jesús, al irse de allí, vio a un hombre llamado Mateo en su puesto de cobrador de impuestos, y le dijo: «Sígueme». Mateo se levantó y lo siguió. [10] Como Jesús estaba comiendo en casa de Mateo, un buen número de cobradores de impuestos y otra gente pecadora vinieron a sentarse a la mesa con Jesús y sus discípulos. [11] Los fariseos, al ver esto, decían a los discípulos: «¿Cómo es que su Maestro come con cobradores de impuestos y pecadores?» [12] Jesús los oyó y dijo: «No es la gente sana la que necesita médico, sino los enfermos. [13] Vayan y aprendan lo que significa esta palabra de Dios: Me gusta la misericordia más que las ofrendas. Pues no he venido a llamar a los justos, sino a los pecadores». [14] Entonces se le acercaron los discípulos de Juan y le preguntaron: «Nosotros y los fariseos ayunamos en muchas ocasiones, ¿por qué tus discípulos no ayunan?» [15] Jesús les contestó: «¿Quieren ustedes que los compañeros del novio estén de duelo, mientras el novio está con ellos? Llegará el tiempo en que el novio les será quitado; entonces ayunarán. [16] Nadie remienda un vestido viejo con un pedazo de tela nueva, porque el pedazo nuevo tiraría del vestido y la rotura se haría mayor. [17] Y nadie echa vino nuevo en recipientes de cuero viejos, porque si lo hacen, se reventarán los cueros, el vino se desparramará y los recipientes se estropearán. El vino nuevo se echa en cueros nuevos, y así se conservan bien el vino y los recipientes».

JESÚS RESUCITA A UNA NIÑA Y CURA A UNA MUJER ENFERMA

(MC 5,21; LC 8,40)

[18] Mientras Jesús hablaba, llegó un jefe de los judíos, se postró delante de él y le dijo: «Mi hija acaba de morir, pero ven, pon tu mano sobre ella, y vivirá». [19] Jesús se levantó y lo siguió junto con sus discípulos. [20] Mientras iba de camino, una mujer que desde hacía doce años padecía hemorragias, se acercó por detrás y tocó el fleco de su manto. [21] Pues ella pensaba: «Con sólo tocar su manto, me salvaré». [22] Jesús se dio vuelta y, al verla, le dijo: «Animo, hija; tu fe te ha salvado». Y desde aquel momento, la mujer quedó sana. [23] Al llegar Jesús a la casa del jefe, vio a los flautistas y el alboroto de la gente. [24] Entonces les dijo: «Váyanse, la niña no ha muerto sino que está dormida». Ellos se burlaban de él. [25] Después que echaron a toda la gente, Jesús entró, tomó a la niña por la mano, y la niña se levantó. [26] El hecho se divulgó por toda aquella región.

OTRAS CURACIONES

[27] Al retirarse Jesús de allí, lo siguieron dos ciegos que gritaban: «¡Hijo de David, ten compasión de nosotros!» [28] Cuando Jesús estuvo en casa, los ciegos se le acercaron, y Jesús les preguntó: «¿Creen que puedo hacer esto?» Contestaron: «Sí, Señor». [29] Entonces Jesús les tocó los ojos, diciendo: «Hágase así, tal como han creído». Y sus ojos vieron. [30] Después les ordenó severamente: «Cuiden de que nadie lo sepa». [31] Pero ellos, en cuanto se fueron, lo publicaron por toda la región. [32] Apenas se fueron los ciegos, le trajeron a uno que tenía un demonio y no podía hablar. [33] Jesús echó al demonio, y el mudo empezó a hablar. La gente quedó maravillada y todos decían: «Jamás se ha visto cosa igual en Israel». [34] En cambio, los fariseos comentaban: «Este echa a los demonios con la ayuda del príncipe de los demonios». [35] Jesús recorría todas las ciudades y pueblos; enseñaba en sus sinagogas, proclamaba la Buena Nueva del Reino y curaba todas las dolencias y enfermedades. [36] Al contemplar aquel gran gentío, Jesús sintió compasión, porque estaban decaídos y desanimados, como ovejas sin pastor. [37] Y dijo a sus discípulos: «La cosecha es abundante, pero los trabajadores son pocos. [38] Rueguen, pues, al dueño de la cosecha que envíe trabajadores a recoger su cosecha».

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CAPÍTULO 10

LOS DOCE APÓSTOLES (MC 3,13; LC 6,12)

[1] Jesús llamó a sus doce discípulos y les dio poder sobre los malos espíritus para expulsarlos y para curar toda clase de enfermedades y dolencias. [2] Estos son los nombres de los doce apóstoles: primero Simón, llamado Pedro, y su hermano Andrés; Santiago, hijo de Zebedeo, y su hermano Juan; [3] Felipe y Bartolomé; Tomás y Mateo, el recaudador de impuestos; Santiago, el hijo de Alfeo, y Tadeo; [4] Simón, el cananeo y Judas Iscariote, el que lo traicionaría.

JESÚS ENVÍA A LOS PRIMEROS MISIONEROS (LC 9,1; 10,1; MC 6,8)

[5] A estos Doce Jesús los envió a misionar, con las instrucciones siguientes: «No vayan a tierras de paganos, ni entren en pueblos de samaritanos. [6] Diríjanse más bien a las ovejas perdidas del pueblo de Israel. [7] A lo largo del camino proclamen: ¡El Reino de los Cielos está ahora cerca! [8] Sanen enfermos, resuciten muertos, limpien leprosos y echen los demonios. Ustedes lo recibieron sin pagar, denlo sin cobrar. [9] No lleven oro, plata o monedas en el cinturón. [10] Nada de provisiones para el viaje, o vestidos de repuesto; no lleven bastón ni sandalias, porque el que trabaja se merece el alimento. [11] En todo pueblo o aldea en que entren, busquen alguna persona que valga, y quédense en su casa hasta que se vayan. [12] Al entrar en la casa, deséenle la paz. [13] Si esta familia la merece, recibirá vuestra paz; y si no la merece, la bendición volverá a ustedes. [14] Y si en algún lugar no los reciben ni escuchan sus palabras, salgan de esa familia o de esa ciudad, sacudiendo el polvo de los pies. [15] Yo les aseguro que esa ciudad, en el día del juicio, será tratada con mayor rigor que Sodoma y Gomorra. [16] Miren que los envío como ovejas en medio de lobos: sean, pues, precavidos como la serpiente, pero sencillos como la paloma.

LOS TESTIGOS DE JESÚS SERÁN PERSEGUIDOS (LC 12,11; MC 13,19; 4,22; 8,38)

[17] ¡Cuídense de los hombres! A ustedes los arrastrarán ante sus consejos, y los azotarán en sus sinagogas. [18] Ustedes incluso serán llevados ante gobernantes y reyes por causa mía, y tendrán que dar testimonio ante ellos y los pueblos paganos. [19] Cuando sean arrestados, no se preocupen por lo que van a decir, ni cómo han de hablar. Llegado ese momento, se les comunicará lo que tengan que decir. [20] Pues no serán ustedes los que hablarán, sino el Espíritu de su Padre el que hablará en ustedes. [21] Un hermano denunciará a su hermano para que lo maten, y el padre a su hijo, y los hijos se sublevarán contra sus padres y los matarán. [22] Ustedes serán odiados por todos por causa mía, pero el que se mantenga firme hasta el fin, ése se salvará. [23] Cuando los persigan en una ciudad, huyan a otra. En verdad les digo: no terminarán de recorrer todas las ciudades de Israel antes de que venga el Hijo del Hombre. [24] El discípulo no está por encima de su maestro, ni el sirviente por encima de su patrón. [25] Ya es mucho si el discípulo llega a ser como su maestro y el sirviente como su patrón. Si al dueño de casa lo han llamado demonio, ¡qué no dirán de los demás de la familia! [26] Pero no les tengan miedo. Nada hay oculto que no llegue a ser descubierto, ni nada secreto que no llegue a saberse. [27] Lo que yo les digo en la oscuridad, repítanlo ustedes a la luz, y lo que les digo en privado, proclámenlo desde las azoteas. [28] No teman a los que sólo pueden matar el cuerpo, pero no el alma; teman más bien al que puede destruir alma y cuerpo en el infierno. [29] ¿Acaso un par de pajaritos no se venden por unos centavos? Pero ni uno de ellos cae en tierra sin que lo permita vuestro Padre. [30] En cuanto a ustedes, hasta sus cabellos están todos contados. [31] ¿No valen ustedes más que muchos pajaritos? Por lo tanto no tengan miedo. [32] Al que se ponga de mi parte ante los hombres, yo me pondré de su parte ante mi Padre de los Cielos. [33] Y al que me niegue ante los hombres, yo también lo negaré ante mi Padre que está en los Cielos. [34] No piensen que he venido a traer paz a la tierra; no he venido a traer paz, sino espada. [35] Pues he venido a enfrentar al hombre contra su padre, a la hija contra su madre, y a la nuera contra su suegra. [36] Cada cual verá a sus familiares volverse enemigos. [37] El que ama a su padre o a su madre más que a mí, no es digno de mí; y el que ama a su hijo o a su hija más que a mí, no es digno de mí. [38] El que no carga con su cruz y viene detrás de mí, no es digno de mí. [39] El que vive su vida para sí la perderá, y el que sacrifique su vida por mi causa, la hallará. [40] El que los recibe a ustedes, a mí me recibe, y el que me recibe a mí, recibe a Aquel que me ha enviado. El que recibe a un profeta porque es profeta, recibirá recompensa digna de un profeta. [41] El que recibe a un hombre justo por ser justo, recibirá la recompensa que corresponde a un justo. [42] Asimismo, el que dé un vaso de agua fresca a uno de estos pequeños, porque es discípulo, no quedará sin recompensa: soy yo quien se lo digo».

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CAPÍTULO 11

JESÚS Y JUAN BAUTISTA (LC 7,18; 16,16; 10,13)

[1] Cuando Jesús terminó de dar estas instrucciones a sus doce discípulos, se fue de allí para predicar y enseñar en las ciudades judías. [2] Juan, que estaba en la cárcel, oyó hablar de las obras de Cristo, por lo que envió a sus discípulos [3] a preguntarle: «¿Eres tú el que ha de venir, o tenemos que esperar a otro?» [4] Jesús les contestó: «Vayan y cuéntenle a Juan lo que ustedes están oyendo y viendo: [5] los ciegos ven, los cojos andan, los leprosos quedan limpios, los sordos oyen, los muertos resucitan, y una Buena Nueva llega a los pobres. [6] ¡Y dichoso aquél para quien yo no sea motivo de escándalo!» [7] Una vez que se fueron los mensajeros, Jesús comenzó a hablar de Juan a la gente: «Cuando ustedes fueron al desierto, ¿qué iban a ver? ¿Una caña agitada por el viento? [8] ¿Qué iban ustedes a ver? ¿Un hombre con ropas finas? Los que visten ropas finas viven en palacios. [9] Entonces, ¿qué fueron a ver? ¿A un profeta? Eso sí y, créanme, más que un profeta. [10] Este es el hombre de quien la escritura dice: Yo voy a enviar mi mensajero delante de ti, para que te preceda abriéndote el camino. [11] Yo se lo digo: de entre los hijos de mujer no se ha manifestado uno más grande que Juan Bautista, y sin embargo el más pequeño en el Reino de los Cielos es más que él. [12] Desde los días de Juan Bautista hasta ahora el Reino de Dios es cosa que se conquista, y los más decididos son los que se adueñan de él. [13] Hasta Juan, todos los profetas y la Ley misma se quedaron en la profecía. [14] Pero, si ustedes aceptan su mensaje, Juan es este Elías que había de venir. [15] El que tenga oídos para oír, que lo escuche. [16] ¿Con quién puedo comparar a la gente de hoy? Son como niños sentados en la plaza, que se quejan unos de otros: [17] Les tocamos la flauta y ustedes no han bailado; les cantamos canciones tristes y no han querido llorar. [18] Porque vino Juan, que no comía ni bebía, y dijeron: [19] Está endemoniado. Luego vino el Hijo del Hombre, que come y bebe, y dicen: Es un comilón y un borracho, amigo de cobradores de impuestos y de pecadores. Con todo, se comprobará que la Sabiduría de Dios no se equivoca en sus obras». [20] Entonces Jesús comenzó a reprochar a las ciudades en que había realizado la mayor parte de sus milagros, porque no se habían arrepentido: [21] «¡Ay de ti, Corozaín! ¡Ay de ti, Betsaida! Porque si en Tiro y Sidón se hubiesen hecho los milagros que se han realizado en ustedes, seguramente se habrían arrepentido, poniéndose vestidos de penitencia y cubriéndose de ceniza. [22] Yo se lo digo: Tiro y Sidón serán tratadas con menos rigor que ustedes en el día del juicio. [23] Y tú, Cafarnaún, ¿subirás hasta el cielo? No, bajarás donde los muertos. Porque si los milagros que se han realizado en ti, se hubieran hecho en Sodoma, todavía hoy existiría Sodoma. [24] Por eso les digo que, en el día del Juicio, Sodoma será tratada con menos rigor que ustedes».

CARGUEN CON MI YUGO (LC 10,21)

[25] En aquella ocasión Jesús exclamó: «Yo te alabo, Padre, Señor del Cielo y de la tierra, porque has mantenido ocultas estas cosas a los sabios y entendidos y las has revelado a la gente sencilla. Sí, Padre, pues así fue de tu agrado. [26] Mi Padre ha puesto todas las cosas en mis manos. [27] Nadie conoce al Hijo sino el Padre, y nadie conoce al Padre sino el Hijo y aquellos a quienes el Hijo se lo quiera dar a conocer. [28] Vengan a mí los que van cansados, llevando pesadas cargas, y yo los aliviaré. [29] Carguen con mi yugo y aprendan de mí, que soy paciente y humilde de corazón, y sus almas encontrarán descanso. [30] Pues mi yugo es suave y mi carga liviana».

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CAPÍTULO 12

JESÚS, SEÑOR DEL SÁBADO (MC 2,23; 3,1; LC 6,1; 14,1)

[1] En cierta ocasión pasaba Jesús por unos campos de trigo, y era un día sábado. Sus discípulos, que tenían hambre, comenzaron a desgranar espigas y a comerse el grano. [2] Al advertirlo unos fariseos, dijeron a Jesús: «Tus discípulos están haciendo lo que está prohibido hacer en día sábado». [3] Jesús les contestó: «¿No han leído ustedes lo que hizo David un día que tenía hambre, él y su gente? [4] Pues entró en la casa de Dios y comieron el pan ofrecido a Dios, que les estaba prohibido tanto a él como a sus compañeros, pues estaba reservado a los sacerdotes. [5] ¿No han leído en la Ley que los sacerdotes en el Templo no observan el descanso, y no hay culpa en eso? [6] Yo se lo digo: ustedes tienen aquí algo más que el Templo. [7] Y si ustedes entendieran estas palabras: Quiero misericordia, no sacrificios, ustedes no condenarían a quienes están sin culpa. [8] Además, el Hijo del Hombre es Señor del sábado».

[9] Saliendo de aquel lugar, Jesús entró en una sinagoga de los judíos. [10] Se encontraba allí un hombre que tenía una mano paralizada. Le preguntaron a Jesús, con intención de acusarlo después: «¿Está permitido hacer curaciones en día sábado?» [11] Jesús les dijo: «Si alguno de ustedes tiene una sola oveja y se le cae a un barranco en día sábado, ¿no irá a sacarla? [12] ¡Pues un ser humano vale mucho más que una oveja! Por lo tanto, está permitido hacer el bien en día sábado». [13] Dijo entonces al enfermo: «Extiende tu mano». La extendió y le quedó tan sana como la otra. [14] Al salir, los fariseos planearon la manera de acabar con él. [15] Jesús lo supo y se alejó de allí, pero muchas personas lo siguieron, y él sanó a cuantos estaban enfermos. [16] Pero les pedía insistentemente que no hablaran de él. [17] Así debían cumplirse las palabras del profeta Isaías:

[18] Viene mi siervo, mi elegido, el Amado, en quien me he complacido. Pondré mi Espíritu sobre él, para que anuncie mis juicios a las naciones. [19] No discutirá, ni gritará, ni se oirá su voz en las plazas. [20] No quebrará la caña resquebrajada ni apagará la mecha que todavía humea, hasta que haga triunfar la justicia. [21] Las naciones pondrán su esperanza en su Nombre.

EL PECADO QUE NO SERÁ PERDONADO (MC 3,22; LC 11,15)

[22] Algunos le trajeron un endemoniado que era ciego y mudo. Jesús lo sanó, de modo que pudo ver y hablar. [23] Ante esto, toda la gente quedó asombrada y preguntaban: «¿No será éste el hijo de David?» [24] Lo oyeron los fariseos y respondieron: «¡Este expulsa los demonios por obra de Beelzebú, príncipe de los demonios!» [25] Jesús sabía lo que estaban pensando, y les dijo: «Todo reino que se divide, corre a la ruina; no hay ciudad o familia que pueda durar con luchas internas. [26] Si Satanás expulsa a Satanás, está dividido; ¿cómo podrá mantenerse su reino? [27] Y si Beelzebú me ayuda a echar los demonios, ¿quién ayuda a la gente de ustedes cuando los echan? Ellos mismos les darán la respuesta. [28] Pero si el Espíritu de Dios es el que me permite echar a los demonios, entiendan que el Reino de Dios ha llegado a ustedes. [29] ¿Quién entrará en la casa del Fuerte y le robará sus cosas, sino el que pueda amarrar al Fuerte? Sólo entonces le saqueará la casa. [30] El que no está conmigo, está contra mí, y el que no recoge conmigo, desparrama. [31] Por eso yo les digo: Se perdonará a los hombres cualquier pecado y cualquier insulto contra Dios. Pero calumniar al Espíritu Santo es cosa que no tendrá perdón. [32] Al que calumnie al Hijo del Hombre se le perdonará; pero al que calumnie al Espíritu Santo, no se le perdonará, ni en este mundo, ni en el otro. [33] Planten ustedes un árbol bueno, y su fruto será bueno; planten un árbol dañado, y su fruto será malo. Porque el árbol se conoce por sus frutos. [34] Raza de víboras, si ustedes son tan malos, ¿cómo pueden decir algo bueno? La boca siempre habla de lo que está lleno el corazón. [35] El hombre bueno saca cosas buenas del bien que guarda dentro, y el que es malo, de su mal acumulado saca cosas malas. [36] Yo les digo que, en el día del juicio, los hombres tendrán que dar cuenta hasta de lo dicho que no podían justificar. [37] Tus propias palabras te justificarán, y son tus palabras también las que te harán condenar».

JESÚS CRITICA A LOS DE SU GENERACIÓN (MC 8,11; LC 11,16)

[38] Entonces algunos maestros de la Ley y fariseos le dijeron: «Maestro, queremos verte hacer un milagro». [39] Pero él contestó: «Esta raza perversa e infiel pide una señal, pero solamente se le dará la señal del profeta Jonás. [40] Porque del mismo modo que Jonás estuvo tres días y tres noches en el vientre del gran pez, así también el Hijo del Hombre estará tres días y tres noches en el seno de la tierra. [41] Los hombres de Nínive resucitarán en el día del juicio junto con esta generación y la condenarán, porque ellos cambiaron su conducta ante la predicación de Jonás, y aquí ustedes tienen mucho más que Jonás. [42] La reina del Sur resucitará en el día del juicio junto con los hombres de hoy, y los condenará, porque ella vino desde los confines de la tierra para escuchar la sabiduría de Salomón, y aquí ustedes tienen mucho más que Salomón. [43] Cuando el espíritu malo sale del hombre, empieza a recorrer lugares áridos, buscando un sitio de descanso, y no lo encuentra. [44] Entonces se dice: Volveré a mi casa de donde salí. Al llegar la encuentra desocupada, bien barrida y ordenada. [45] Se va, entonces, y regresa con otros siete espíritus peores que él, entran y se quedan allí. La nueva condición de la persona es peor que la primera, y esto es lo que le va a pasar a esta generación perversa». [46] Mientras Jesús estaba todavía hablando a la muchedumbre, su madre y sus hermanos estaban de pie afuera, pues querían hablar con él. [47] Alguien le dijo: «Tu madre y tus hermanos están ahí fuera y quieren hablar contigo». [48] Pero Jesús dijo al que le daba el recado: «¿Quién es mi madre y quiénes son mis hermanos?» [49] E indicando con la mano a sus discípulos, dijo: «Estos son mi madre y mis hermanos. [50] Tomen a cualquiera que cumpla la voluntad de mi Padre de los Cielos, y ése es para mí un hermano, una hermana o una madre».

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CAPÍTULO 13

LA PARÁBOLA DEL SEMBRADOR (MC 4,1; LC 8,4; 10,23; 13,26)  

[1] Ese día Jesús salió de casa y fue a sentarse a orillas del lago. [2] Pero la gente vino a él en tal cantidad, que subió a una barca y se sentó en ella, mientras toda la gente se quedó en la orilla. [3] Jesús les habló de muchas cosas, usando comparaciones o parábolas. Les decía: «El sembrador salió a sembrar. [4] Y mientras sembraba, unos granos cayeron a lo largo del camino: vinieron las aves y se los comieron. [5] Otros cayeron en terreno pedregoso, con muy poca tierra, y brotaron en seguida, pues no había profundidad. [6] Pero apenas salió el sol, los quemó y, por falta de raíces, se secaron. [7] Otros cayeron en medio de cardos: éstos crecieron y los ahogaron. [8] Otros granos, finalmente, cayeron en buena tierra y produjeron cosecha, unos el ciento, otros el sesenta y otros el treinta por uno. [9] El que tenga oídos, que escuche». [10] Los discípulos se acercaron y preguntaron a Jesús: «¿Por qué les hablas en parábolas?» [11] Jesús les respondió: «A ustedes se les ha concedido conocer los misterios del Reino de los Cielos, pero a ellos, no. [12] Porque al que tiene se le dará más y tendrá en abundancia, pero al que no tiene, se le quitará aun lo que tiene. [13] Por eso les hablo en parábolas, porque miran, y no ven; oyen, pero no escuchan ni entienden. [14] En ellos se verifica la profecía de Isaías: Por más que oigan, no entenderán, y por más que miren, no verán. [15] Este es un pueblo de conciencia endurecida. Sus oídos no saben escuchar, sus ojos están cerrados. No quieren ver con sus ojos, ni oír con sus oídos y comprender con su corazón. Pero con eso habría conversión y yo los sanaría. [16] ¡Dichosos los ojos de ustedes, que ven!; ¡dichosos los oídos de ustedes, que oyen! [17] Yo se lo digo: muchos profetas y muchas personas santas ansiaron ver lo que ustedes están viendo, y no lo vieron; desearon oír lo que ustedes están oyendo, y no lo oyeron. [18] Escuchen ahora la parábola del sembrador: [19] Cuando uno oye la palabra del Reino y no la interioriza, viene el Maligno y le arrebata lo que fue sembrado en su corazón. Ahí tienen lo que cayó a lo largo del camino. [20] La semilla que cayó en terreno pedregoso, es aquel que oye la Palabra y en seguida la recibe con alegría. [21] En él, sin embargo, no hay raíces, y no dura más que una temporada. Apenas sobreviene alguna contrariedad o persecución por causa de la Palabra, inmediatamente se viene abajo. [22] La semilla que cayó entre cardos, es aquel que oye la Palabra, pero luego las preocupaciones de esta vida y los encantos de las riquezas ahogan esta palabra, y al final no produce fruto. [23] La semilla que cayó en tierra buena, es aquel que oye la Palabra y la comprende. Este ciertamente dará fruto y producirá cien, sesenta o treinta veces más».

EL TRIGO Y LA HIERBA MALA

[24] Jesús les propuso otra parábola: «Aquí tienen una figura del Reino de los Cielos. Un hombre sembró buena semilla en su campo, [25] pero mientras la gente estaba durmiendo, vino su enemigo, sembró malas hierbas en medio del trigo, y se fue. [26] Cuando el trigo creció y empezó a echar espigas, apareció también la maleza. [27] Entonces los trabajadores fueron a decirle al patrón: «Señor, ¿no sembraste buena semilla en tu campo? ¿De dónde, pues, viene esa maleza?» [28] Respondió el patrón: «Eso es obra de un enemigo». Los obreros le preguntaron: «¿Quieres que arranquemos la maleza?» [29] «No, dijo el patrón, pues al quitar la maleza, podrían arrancar también el trigo. [30] Déjenlos crecer juntos hasta la hora de la cosecha. Entonces diré a los segadores: Corten primero las malas hierbas, hagan fardos y arrójenlos al fuego. Después cosechen el trigo y guárdenlo en mis bodegas».

EL GRANO DE MOSTAZA (MC 4,30; LC 13,18)

[31] Jesús les propuso otra parábola: «Aquí tienen una figura del Reino de los Cielos: el grano de mostaza que un hombre tomó y sembró en su campo. [32] Es la más pequeña de las semillas, pero cuando crece, se hace más grande que las plantas de huerto. Es como un árbol, de modo que las aves vienen a posarse en sus ramas». [33] Jesús les contó otra parábola: «Aquí tienen otra figura del Reino de los Cielos: la levadura que toma una mujer y la introduce en tres medidas de harina. Al final, toda la masa fermenta». [34] Todo esto lo contó Jesús al pueblo en parábolas. No les decía nada sin usar parábolas, [35] de manera que se cumplía lo dicho por el Profeta: Hablaré en parábolas, daré a conocer cosas que estaban ocultas desde la creación del mundo. [36] Después Jesús despidió a la gente y se fue a casa. Los discípulos se le acercaron y le dijeron: «Explícanos la parábola de las malas hierbas sembradas en el campo». [37] Jesús les dijo: «El que siembra la semilla buena es el Hijo del Hombre. [38] El campo es el mundo. La buena semilla es la gente del Reino. La maleza es la gente del Maligno. [39] El enemigo que la siembra es el diablo; la cosecha es el fin del mundo, y los segadores son los ángeles. [40] Vean cómo se recoge la maleza y se quema: así sucederá al fin del mundo. [41] El Hijo del Hombre enviará a sus ángeles; éstos recogerán de su Reino todos los escándalos y también los que obraban el mal, [42] y los arrojarán en el horno ardiente. Allí no habrá más que llanto y rechinar de dientes. [43] Entonces los justos brillarán como el sol en el Reino de su Padre. Quien tenga oídos, que entienda.

EL TESORO, LA PERLA Y LA RED

[44] El Reino de los Cielos es como un tesoro escondido en un campo. El hombre que lo descubre, lo vuelve a esconder; su alegría es tal, que va a vender todo lo que tiene y compra ese campo. [45] Aquí tienen otra figura del Reino de los Cielos: un comerciante que busca perlas finas. [46] Si llega a sus manos una perla de gran valor, se va, vende cuanto tiene, y la compra. [47] Aquí tienen otra figura del Reino de los Cielos: una red que se ha echado al mar y que recoge peces de todas clases. [48] Cuando está llena, los pescadores la sacan a la orilla, se sientan, escogen los peces buenos y los echan en canastos, y tiran los que no sirven. [49] Así pasará al final de los tiempos: vendrán los ángeles y separarán a los malos de entre los buenos, [50] y los arrojarán al horno ardiente. Allí será el llorar y el rechinar de dientes». [51] Preguntó Jesús: «¿Han entendido ustedes todas estas cosas?» Ellos le respondieron: «Sí». [52] Entonces Jesús dijo: «Está bien: cuando un maestro en religión ha sido instruido sobre el Reino de los Cielos, se parece a un padre de familia que siempre saca de sus armarios cosas nuevas y viejas». [53] Cuando Jesús terminó de decir estas parábolas, se fue de allí. [54] Un día se fue a su pueblo y enseñó a la gente en su sinagoga. Todos quedaban maravillados y se preguntaban: «¿De dónde le viene esa sabiduría? ¿Y de dónde esos milagros? [55] ¿No es éste el hijo del carpintero? ¡Pero si su madre es María, y sus hermanos son Santiago, y José, y Simón, y Judas! [56] Sus hermanas también están todas entre nosotros, ¿no es cierto? ¿De dónde, entonces, le viene todo eso?» Ellos se escandalizaban y no lo reconocían. [57] Entonces Jesús les dijo: «Si hay un lugar donde un profeta es despreciado, es en su patria y en su propia familia». [58] Y como no creían en él, no hizo allí muchos milagros.

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CAPÍTULO 14

LA MUERTE DE JUAN BAUTISTA (MC 6,14; LC 9,7)

[1] Por aquel tiempo, la fama de Jesús había llegado hasta el virrey Herodes. [2] Y dijo a sus servidores: «Éste es Juan Bautista; Juan ha resucitado de entre los muertos y por eso actúan en él poderes milagrosos». [3] En efecto, Herodes había ordenado detener a Juan, lo había hecho encadenar y encerrar en la cárcel, a causa de Herodías, esposa de su hermano Filipo. [4] Porque Juan le decía: «La Ley no te permite tenerla como esposa». [5] Herodes quería matarlo, pero tenía miedo de la gente, que consideraba a Juan como un profeta. [6] En eso llegó el cumpleaños de Herodes. La hija de Herodías salió a bailar en medio de los invitados, y le gustó tanto a Herodes, [7] que le prometió bajo juramento darle todo lo que le pidiera. [8] La joven, a instigación de su madre, le respondió: «Dame aquí, en una bandeja, la cabeza de Juan Bautista». [9] El rey se sintió muy molesto, porque se había comprometido bajo juramento en presencia de los invitados; aceptó entregársela, [10] y mandó decapitar a Juan en la cárcel. [11] Su cabeza fue traída en una bandeja y entregada a la muchacha, quien a su vez se la llevó a su madre. [12] Después vinieron los discípulos de Juan a recoger su cuerpo y lo enterraron. Y fueron a dar la noticia a Jesús.

PRIMERA MULTIPLICACIÓN DE LOS PANES (MC 6,32; JN 6)

[13] Al conocer esa noticia, Jesús se alejó discretamente de allí en una barca y fue a un lugar despoblado. Pero la gente lo supo y en seguida lo siguieron por tierra desde sus pueblos. [14] Al desembarcar Jesús y encontrarse con tan gran gentío, sintió compasión de ellos y sanó a sus enfermos. [15] Cuando ya caía la tarde, sus discípulos se le acercaron, diciendo: «Estamos en un lugar despoblado, y ya ha pasado la hora. Despide a esta gente para que se vayan a las aldeas y se compren algo de comer». [16] Pero Jesús les dijo: «No tienen por qué irse; denles ustedes de comer». [17] Ellos respondieron: Aquí sólo tenemos cinco panes y dos pescados. [18] Jesús les dijo: «Tráiganmelos para acá». [19] Y mandó a la gente que se sentara en el pasto. Tomó los cinco panes y los dos pescados, levantó los ojos al cielo, pronunció la bendición, partió los panes y los entregó a los discípulos. Y los discípulos los daban a la gente. [20] Todos comieron y se saciaron, y se recogieron los pedazos que sobraron: ¡doce canastos llenos! [21] Los que habían comido eran unos cinco mil hombres, sin contar mujeres y niños.

JESÚS CAMINA SOBRE LAS AGUAS (MC 6,45; JN 6,16)

[22] Inmediatamente después Jesús obligó a sus discípulos a que se embarcaran; debían llegar antes que él a la otra orilla, mientras él despedía a la gente. [23] Jesús, pues, despidió a la gente, y luego subió al cerro para orar a solas. Cayó la noche, y él seguía allí solo. [24] La barca en tanto estaba ya muy lejos de tierra, y las olas le pegaban duramente, pues soplaba el viento en contra. [25] Antes del amanecer, Jesús vino hacia ellos caminando sobre el mar. [26] Al verlo caminando sobre el mar, se asustaron y exclamaron: «¡Es un fantasma!» Y por el miedo se pusieron a gritar. [27] En seguida Jesús les dijo: «Animo, no teman, que soy yo». [28] Pedro contestó: «Señor, si eres tú, manda que yo vaya a ti caminando sobre el agua». [29] Jesús le dijo: «Ven». Pedro bajó de la barca y empezó a caminar sobre las aguas en dirección a Jesús. [30] Pero el viento seguía muy fuerte, tuvo miedo y comenzó a hundirse. Entonces gritó: «¡Señor, sálvame!» [31] Al instante Jesús extendió la mano y lo agarró, diciendo: «Hombre de poca fe, ¿por qué has vacilado?» [32] Subieron a la barca y cesó el viento, [33] y los que estaban en la barca se postraron ante él, diciendo: «¡Verdaderamente tú eres el Hijo de Dios!» [34] Terminada la travesía, desembarcaron en Genesaret. [35] Los hombres de aquel lugar reconocieron a Jesús y comunicaron la noticia por toda la región, así que le trajeron todos los enfermos. [36] Le rogaban que los dejara tocar al menos el fleco de su manto, y todos los que lo tocaron quedaron totalmente sanos.

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CAPÍTULO 15

MANDATOS DE DIOS Y ENSEÑANZAS DE HOMBRES (MC 7,1)

[1] Unos fariseos y maestros de la Ley habían venido de Jerusalén. Se acercaron a Jesús [2] y le dijeron: «¿Por qué tus discípulos no respetan la tradición de los antepasados? No se lavan las manos antes de comer». [3] Jesús contestó: «Y ustedes, ¿por qué quebrantan el mandamiento de Dios en nombre de sus tradiciones? [4] Pues Dios ordenó: Cumple tus deberes con tu padre y con tu madre. Y también: El que maldiga a su padre o a su madre debe ser condenado a muerte. [5] En cambio, según ustedes, es correcto decir a su padre o a su madre: Lo que podías esperar de mí, ya lo tengo reservado para el Templo. [6] En este caso, según ustedes, una persona queda libre de sus deberes para con su padre y su madre. Y es así como ustedes anulan el mandamiento de Dios en nombre de sus tradiciones. [7] ¡Qué bien salvan las apariencias! Con justa razón profetizó Isaías de ustedes, cuando dijo: [8] Este pueblo me honra con los labios, pero su corazón está lejos de mí. [9] El culto que me rinden no sirve de nada, las doctrinas que enseñan no son más que mandatos de hombres».

MANCHA AL HOMBRE LO QUE SALE DE ÉL (MC 7,14; LC 6,39)

[10] Luego Jesús mandó acercarse a la gente y les dijo: «Escuchen y entiendan: [11] Lo que entra por la boca no hace impura a la persona, pero sí mancha a la persona lo que sale de su boca». [12] Poco después los discípulos se acercaron y le dijeron: «¿Sabes que los fariseos se han escandalizado de tu declaración?» [13] Jesús respondió: «Toda planta que no haya plantado mi Padre celestial, será arrancada de raíz. [14] ¡No les hagan caso! Son ciegos que guían a otros ciegos. Y si un ciego guía a otro ciego, los dos caerán en el hoyo». [15] Entonces Pedro tomó la palabra: «Explícanos esta sentencia». [16] Jesús le respondió: «¿También ustedes están todavía cerrados? [17] ¿No comprenden que todo lo que entra por la boca va al estómago y después termina en el basural? [18] En cambio lo que sale de la boca procede del corazón, y eso es lo que hace impura a la persona. [19] Del corazón proceden los malos deseos, asesinatos, adulterios, inmoralidad sexual, robos, mentiras, chismes. [20] Estas son las cosas que hacen impuro al hombre; pero el comer sin lavarse las manos, no hace impuro al hombre».

JESÚS SANA A LA HIJA DE UNA PAGANA (MC 7,24)

[21] Jesús marchó de allí y se fue en dirección a las tierras de Tiro y Sidón. [22] Una mujer cananea, que llegaba de ese territorio, empezó a gritar: «¡Señor, hijo de David, ten compasión de mí! Mi hija está atormentada por un demonio». [23] Pero Jesús no le contestó ni una palabra. Entonces sus discípulos se acercaron y le dijeron: «Atiéndela, mira cómo grita detrás de nosotros». [24] Jesús contestó: «No he sido enviado sino a las ovejas perdidas del pueblo de Israel». [25] Pero la mujer se acercó a Jesús; y, puesta de rodillas, le decía: «¡Señor, ayúdame!» [26] Jesús le dijo: «No se debe echar a los perros el pan de los hijos». [27] La mujer contestó: «Es verdad, Señor, pero también los perritos comen las migajas que caen de la mesa de sus amos». [28] Entonces Jesús le dijo: «Mujer, ¡qué grande es tu fe! Que se cumpla tu deseo». Y en aquel momento quedó sana su hija.

SEGUNDA MULTIPLICACIÓN DEL PAN (MC 7,31)

[29] De allí Jesús volvió a la orilla del mar de Galilea y, subiendo al cerro, se sentó en ese lugar. [30] Un gentío muy numeroso se acercó a él trayendo mudos, ciegos, cojos, mancos y personas con muchas otras enfermedades. Los colocaron a los pies de Jesús y él los sanó. [31] La gente quedó maravillada al ver que hablaban los mudos y caminaban los cojos, que los lisiados quedaban sanos y que los ciegos recuperaban la vista; todos glorificaban al Dios de Israel. [32] Jesús llamó a sus discípulos y les dijo: «Siento compasión de esta gente, pues hace ya tres días que me siguen y no tienen comida. Y no quiero despedirlos en ayunas, porque temo que se desmayen en el camino». [33] Sus discípulos le respondieron: «Estamos en un desierto, ¿dónde vamos a encontrar suficiente pan como para alimentar a tanta gente?» [34] Jesús les dijo: «¿Cuántos panes tienen ustedes?» Respondieron: «Siete, y algunos pescaditos». [35] Entonces Jesús mandó a la gente que se sentara en el suelo. [36] Tomó luego los siete panes y los pescaditos, dio gracias y los partió. Iba entregándolos a los discípulos, y éstos los repartían a la gente. [37] Todos comieron hasta saciarse y llenaron siete cestos con los pedazos que sobraron. [38] Los que habían comido eran cuatro mil hombres, sin contar mujeres y niños. [39] Después Jesús despidió a la muchedumbre, subió a la barca y fue al territorio de Magadán.

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CAPÍTULO 16

LOS FARISEOS PIDEN UNA SEÑAL (MC 8,11; LC 11,16; 12,54)

[1] Los fariseos y los saduceos se acercaron a Jesús. Querían ponerlo en apuros, y le pidieron una señal milagrosa que viniera del Cielo. [2] Jesús respondió: «Al atardecer ustedes dicen: Hará buen tiempo, pues el cielo está rojo y encendido. [3] Y por la mañana: Con este cielo rojo obscuro, hoy habrá tormenta. Ustedes, pues, conocen e interpretan los aspectos del cielo, ¿y no tienen capacidad para las señales de los tiempos? [4] ¡Generación mala y adúltera! Ustedes piden una señal, pero señal no tendrán, sino la señal de Jonás». Jesús, pues, los dejó y se marchó.

[5] Los discípulos, al pasar a la otra orilla, se habían olvidado de llevar pan. [6] Jesús les dijo: «Tengan cuidado y desconfíen de la levadura de los fariseos y de los saduceos». [7] Ellos empezaron a comentar entre sí: «¡Caramba!, no trajimos pan». [8] Jesús se dio cuenta y les dijo: «¿Por qué se preocupan, hombres de poca fe? ¿Porque no tienen pan? [9] ¿Es que aún no comprenden? ¿No se acuerdan de los cinco panes para los cinco mil hombres, y cuántas canastas recogieron? [10] ¿Ni de los siete panes para los cuatro mil hombres, y cuántos cestos llenaron con lo que sobró? [11] Yo no me refería al pan cuando les dije: Cuídense de la levadura de los fariseos y de los saduceos. ¿Cómo puede ser que no me hayan comprendido?» [12] Entonces entendieron a lo que Jesús se refería: que debían tener los ojos abiertos, no para cosas de levadura, sino para las enseñanzas de los fariseos y saduceos.

LA FE DE PEDRO Y LAS PROMESAS DE JESÚS (MC 8,27; LC 9,18; JN 6,69)

[13] Jesús se fue a la región de Cesarea de Filipo. Estando allí, preguntó a sus discípulos: «Según el parecer de la gente, ¿quién soy yo? ¿Quién es el Hijo del Hombre?» [14] Respondieron: «Unos dicen que eres Juan el Bautista; otros que eres Elías, o bien Jeremías o alguno de los profetas». [15] Jesús les preguntó: «Y ustedes, ¿quién dicen que soy yo?» [16] Pedro contestó: «Tú eres el Mesías, el Hijo del Dios vivo». [17] Jesús le replicó: «Feliz eres, Simón Barjona, porque esto no te lo ha revelado la carne ni la sangre, sino mi Padre que está en los Cielos. [18] Y ahora yo te digo: Tú eres Pedro (o sea Piedra), y sobre esta piedra edificaré mi Iglesia; los poderes de la muerte jamás la podrán vencer. [19] Yo te daré las llaves del Reino de los Cielos: lo que ates en la tierra quedará atado en el Cielo, y lo que desates en la tierra quedará desatado en el Cielo». [20] Entonces Jesús les ordenó a sus discípulos que no dijeran a nadie que él era el Mesías.

JESÚS ANUNCIA SU PASIÓN (MC 8,31; LC 9,22; 12,9; 14,27)

[21] A partir de ese día, Jesucristo comenzó a manifestar a sus discípulos que él debía ir a Jerusalén y que las autoridades judías, los sumos sacerdotes y los maestros de la Ley lo iban a hacer sufrir mucho. Que incluso debía ser muerto y que resucitaría al tercer día. [22] Pedro lo llevó aparte y se puso a reprenderlo: «¡Dios no lo permita, Señor! Nunca te sucederán tales cosas». [23] Pero Jesús se volvió y le dijo: «¡Pasa detrás de mí, Satanás! Tú me harías tropezar. Tus ambiciones no son las de Dios, sino las de los hombres». [24] Entonces dijo Jesús a sus discípulos: «El que quiera seguirme, que renuncie a sí mismo, cargue con su cruz y me siga. [25] Pues el que quiera asegurar su vida la perderá, pero el que sacrifique su vida por causa mía, la hallará. [26] ¿De qué le serviría a uno ganar el mundo entero si se destruye a sí mismo? ¿Qué dará para rescatarse a sí mismo? [27] Sepan que el Hijo del Hombre vendrá con la gloria de su Padre, rodeado de sus ángeles, y entonces recompensará a cada uno según su conducta. [28] En verdad les digo: algunos que están aquí presentes no pasarán por la muerte sin antes haber visto al Hijo del Hombre viniendo como Rey».

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CAPÍTULO 17

LA TRANSFIGURACIÓN DE JESÚS (MC 9,2; LC 9)

[1] Seis días después, Jesús tomó consigo a Pedro, a Santiago y a su hermano Juan, y los llevó aparte a un monte alto. [2] A la vista de ellos su aspecto cambió completamente: su cara brillaba como el sol y su ropa se volvió blanca como la luz. [3] En seguida vieron a Moisés y Elías hablando con Jesús. [4] Pedro tomó la palabra y dijo a Jesús: «Señor, ¡qué bueno es que estemos aquí! Si quieres, levantaré aquí tres tiendas: una para ti, otra para Moisés y otra para Elías». [5] Estaba Pedro todavía hablando cuando una nube luminosa los cubrió con su sombra y una voz que salía de la nube dijo: «¡Este es mi Hijo, el Amado; éste es mi Elegido, escúchenlo!» [6] Al oír la voz, los discípulos se echaron al suelo, llenos de miedo. [7] Pero Jesús se acercó, los tocó y les dijo: «Levántense, no tengan miedo». [8] Ellos levantaron los ojos, pero ya no vieron a nadie más que a Jesús. [9] Mientras bajaban del monte, Jesús les ordenó: «No hablen a nadie de esta visión hasta que el Hijo del Hombre haya resucitado de entre los muertos». [10] Los discípulos le preguntaron: «¿Por qué dicen los maestros de la Ley que Elías ha de venir primero?» [11] Contestó Jesús: «Bien es cierto que Elías ha de venir para reordenar todas las cosas. [12] Pero créanme: ya vino Elías y no lo reconocieron, sino que lo trataron como se les antojó. Y así también harán sufrir al Hijo del Hombre». [13] Entonces los discípulos comprendieron que Jesús se refería a Juan el Bautista.

JESÚS SANA A UN EPILÉPTICO (MC 9,14; LC 9,37)

[14] Cuando volvieron donde estaba la gente, se acercó un hombre a Jesús y se arrodilló ante él. Le dijo: [15] «Señor, ten piedad de mi hijo, que es epiléptico y su estado es lastimoso. A menudo se nos cae al fuego, y otras veces al agua. [16] Lo he llevado a tus discípulos, pero no han podido curarlo». [17] Jesús respondió: «¡Qué generación tan incrédula y malvada! ¿Hasta cuándo estaré entre ustedes? ¿Hasta cuándo tendré que soportarlos? Tráiganmelo acá». [18] En seguida Jesús dio una orden al demonio, que salió, y desde ese momento el niño quedó sano. [19] Entonces los discípulos se acercaron a Jesús y le preguntaron en privado: «¿Por qué nosotros no pudimos echar a ese demonio?» [20] Jesús les dijo: «Porque ustedes tienen poca fe. En verdad les digo: si tuvieran fe, del tamaño de un granito de mostaza, le dirían a este cerro: Quítate de ahí y ponte más allá, y el cerro obedecería. Nada sería imposible para ustedes. [21] (Esta clase de demonios sólo se puede expulsar con la oración y el ayuno)». [22] Un día, estando Jesús en Galilea con los apóstoles, les dijo: «El Hijo del Hombre va a ser entregado en manos de los hombres, [23] y le matarán. Pero resucitará al tercer día». Ellos se pusieron muy tristes.

EL IMPUESTO PARA EL TEMPLO

[24] Al volver a Cafarnaún, se acercaron a Pedro los que cobran el impuesto para el Templo. Le preguntaron: «El maestro de ustedes, ¿no paga el impuesto?» [25] Pedro respondió: «Claro que sí». Y se fue a casa. Cuando entraba, se anticipó Jesús y le dijo: «Dame tu parecer, Simón. ¿Quiénes son los que pagan impuestos o tributos a los reyes de la tierra: sus hijos o los que no son de la familia?» [26] Pedro contestó: «Los que no son de la familia». Y Jesús le dijo: «Entonces los hijos no pagan. [27] Sin embargo, para no escandalizar a esta gente, vete a la playa y echa el anzuelo. Al primer pez que pesques ábrele la boca, y hallarás en ella una moneda de plata. Tómala y paga por mí y por ti».

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CAPÍTULO 18

¿QUIÉN ES EL MÁS GRANDE? LOS ESCÁNDALOS

[1] En aquel momento los discípulos se acercaron a Jesús y le preguntaron: «¿Quién es el más grande en el Reino de los Cielos?» [2] Jesús llamó a un niñito, lo colocó en medio de los discípulos, [3] y declaró: «En verdad les digo: si no cambian y no llegan a ser como niños, nunca entrarán en el Reino de los Cielos. [4] El que se haga pequeño como este niño, ése será el más grande en el Reino de los Cielos. [5] Y el que recibe en mi nombre a un niño como éste, a mí me recibe. [6] El que hiciera caer a uno de estos pequeños que creen en mí, mejor le sería que le amarraran al cuello una gran piedra de moler y que lo hundieran en lo más profundo del mar. [7] ¡Ay del mundo a causa de los escándalos! Tiene que haber escándalos, pero, ¡ay del que causa el escándalo! [8] Si tu mano o tu pie te está haciendo caer, córtatelo y tíralo lejos. Pues es mejor para ti entrar en la vida sin una mano o sin un pie que ser echado al fuego eterno con las dos manos y los dos pies. [9] Y si tu ojo te está haciendo caer, arráncalo y tíralo lejos. Pues es mejor para ti entrar tuerto en la vida que ser arrojado con los dos ojos al fuego del infierno. [10] Cuídense, no desprecien a ninguno de estos pequeños. Pues yo se lo digo: sus ángeles en el Cielo contemplan sin cesar la cara de mi Padre del Cielo. [11]  [12] ¿Qué pasará, según ustedes, si un hombre tiene cien ovejas y una de ellas se extravía? ¿No dejará las noventa y nueve en los cerros para ir a buscar la extraviada? [13] Y si logra encontrarla, yo les digo que ésta le dará más alegría que las noventa y nueve que no se extraviaron. [14] Pasa lo mismo donde el Padre de ustedes, el Padre del Cielo: allá no quieren que se pierda ni tan sólo uno de estos pequeñitos.

CÓMO CONVIVEN LOS HERMANOS EN LA FE (LC 17,3)

[15] Si tu hermano ha pecado, vete a hablar con él a solas para reprochárselo. Si te escucha, has ganado a tu hermano. [16] Si no te escucha, toma contigo una o dos personas más, de modo que el caso se decida por la palabra de dos o tres testigos. [17] Si se niega a escucharlos, informa a la asamblea. Si tampoco escucha a la iglesia, considéralo como un pagano o un publicano. [18] Yo les digo: «Todo lo que aten en la tierra, lo mantendrá atado el Cielo, y todo lo que desaten en la tierra, lo mantendrá desatado el Cielo. [19] Asimismo yo les digo: si en la tierra dos de ustedes se ponen de acuerdo para pedir alguna cosa, mi Padre Celestial se lo concederá. [20] Pues donde están dos o tres reunidos en mi Nombre, allí estoy yo en medio de ellos». [21] Entonces Pedro se acercó con esta pregunta: «Señor, ¿cuántas veces tengo que perdonar las ofensas de mi hermano? ¿Hasta siete veces?» [22] Jesús le contestó: «No te digo siete, sino setenta y siete veces».

EL QUE NO PERDONÓ A SU COMPAÑERO

[23] «Aprendan algo sobre el Reino de los Cielos. Un rey había decidido arreglar cuentas con sus empleados, [24] y para empezar, le trajeron a uno que le debía diez mil monedas de oro. [25] Como el hombre no tenía con qué pagar, el rey ordenó que fuera vendido como esclavo, junto con su mujer, sus hijos y todo cuanto poseía, para así recobrar algo. [26] El empleado, pues, se arrojó a los pies del rey, suplicándole: «Dame un poco de tiempo, y yo te lo pagaré todo». [27] El rey se compadeció y lo dejó libre; más todavía, le perdonó la deuda. [28] Pero apenas salió el empleado de la presencia del rey, se encontró con uno de sus compañeros que le debía cien monedas. Lo agarró del cuello y casi lo ahogaba, gritándole: «Págame lo que me debes». [29] El compañero se echó a sus pies y le rogaba: «Dame un poco de tiempo, y yo te lo pagaré todo». [30] Pero el otro no aceptó, sino que lo mandó a la cárcel hasta que le pagara toda la deuda. [31] Los compañeros, testigos de esta escena, quedaron muy molestos y fueron a contárselo todo a su señor. [32] Entonces el señor lo hizo llamar y le dijo: «Siervo miserable, yo te perdoné toda la deuda cuando me lo suplicaste. [33] ¿No debías también tú tener compasión de tu compañero como yo tuve compasión de ti?» [34] Y hasta tal punto se enojó el señor, que lo puso en manos de los verdugos, hasta que pagara toda la deuda. [35] Y Jesús añadió: «Lo mismo hará mi Padre Celestial con ustedes, a no ser que cada uno perdone de corazón a su hermano».

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CAPÍTULO 19

MATRIMONIO, DIVORCIO Y CONTINENCIA «POR EL REINO»

(MC 10,2; MT 5,31; LC 16,18)

[1] Después de terminar este discurso, Jesús partió de Galilea y llegó a las fronteras de Judea por la otra orilla del Jordán. [2] También allí mucha gente vino a él y los sanó. [3] Se le acercaron unos fariseos, y lo pusieron a prueba con esta pregunta: «¿Está permitido a un hombre divorciarse de su mujer por cualquier motivo?» [4] Jesús respondió: «¿No han leído que el Creador al principio los hizo hombre y mujer [5] y dijo: El hombre dejará a su padre y a su madre y se unirá con su mujer, y serán los dos una sola carne? [6] De manera que ya no son dos, sino una sola carne. Pues bien, lo que Dios ha unido, no lo separe el hombre». [7] Los fariseos le preguntaron: «Entonces, ¿por qué Moisés ordenó que se firme un certificado en el caso de divorciarse?» [8] Jesús contestó: «Moisés vio lo tercos que eran ustedes, y por eso les permitió despedir a sus mujeres, pero al principio no fue así. [9] Yo les digo: el que se divorcia de su mujer, fuera del caso de infidelidad, y se casa con otra, comete adulterio». [10] Los discípulos le dijeron: «Si ésa es la condición del hombre que tiene mujer, es mejor no casarse». [11] Jesús les contestó: «No todos pueden captar lo que acaban de decir, sino aquellos que han recibido este don. [12] Hay hombres que han nacido incapacitados para el sexo. Hay otros incapacitados, que fueron mutilados por los hombres. Hay otros todavía, que se hicieron tales por el Reino de los Cielos. ¡Entienda el que pueda!»

JESÚS Y LOS NIÑOS (MC 10,13; LC 18,15)

[13] Entonces trajeron a Jesús algunos niños para que les impusiera las manos y rezara por ellos. Pero los discípulos los recibían muy mal. [14] Jesús les dijo: «Dejen a esos niños y no les impidan que vengan a mí: el Reino de los Cielos pertenece a los que son como ellos». [15] Jesús les impuso las manos y continuó su camino.

EL JOVEN RICO (MC 10,17; LC 18,18; 12,33; 22,29) 

[16] Un hombre joven se le acercó y le dijo: «Maestro, ¿qué es lo bueno que debo hacer para conseguir la vida eterna?» [17] Jesús contestó: «¿Por qué me preguntas sobre lo que es bueno? Uno solo es el Bueno. Pero si quieres entrar en la vida, cumple los mandamientos». [18] El joven dijo: «¿Cuáles?» Jesús respondió: «No matar, no cometer adulterio, no hurtar, no levantar falso testimonio, [19] honrar al padre y a la madre y amar al prójimo como a sí mismo». [20] El joven le dijo: «Todo esto lo he guardado, ¿qué más me falta?» [21] Jesús le dijo: «Si quieres ser perfecto, vende todo lo que posees y reparte el dinero entre los pobres, para que tengas un tesoro en el Cielo. Después ven y sígueme». [22] Cuando el joven oyó esta respuesta, se marchó triste, porque era un gran terrateniente. [23] Entonces Jesús dijo a sus discípulos: «En verdad les digo: el que es rico entrará muy difícilmente en el Reino de los Cielos. [24] Les aseguro: es más fácil para un camello pasar por el ojo de una aguja que para un rico entrar en el Reino de los cielos». [25] Los discípulos, al escucharlo, se quedaron asombrados. Dijeron: «Entonces, ¿quién puede salvarse?» [26] Fijando en ellos su mirada, Jesús les dijo: «Para los hombres es imposible, pero para Dios todo es posible». [27] Entonces Pedro tomó la palabra y dijo: «Ya ves que nosotros lo hemos dejado todo para seguirte. ¿Qué recibiremos?» [28] Jesús contestó: «A ustedes que me han seguido, yo les digo: cuando todo comience nuevamente, y el Hijo del Hombre se siente en su trono de gloria, ustedes también se sentarán en doce tronos, para juzgar a las doce tribus de Israel. [29] Y todo el que haya dejado casas, hermanos, hermanas, padre, madre, hijos o propiedades por causa de mi Nombre, recibirá cien veces más y tendrá por herencia la vida eterna. [30] Muchos que ahora son primeros serán últimos, y otros que ahora son últimos, serán primeros».

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CAPÍTULO 20

LOS TRABAJADORES DE LA VIÑA

[1] Aprendan algo del Reino de los Cielos. Un propietario salió de madrugada a contratar trabajadores para su viña. [2] Se puso de acuerdo con ellos para pagarles una moneda de plata al día, y los envió a su viña. [3] Salió de nuevo hacia las nueve de la mañana, y al ver en la plaza a otros que estaban desocupados, [4] les dijo: «Vayan ustedes también a mi viña y les pagaré lo que sea justo». Y fueron a trabajar. [5] Salió otra vez al mediodía, y luego a las tres de la tarde, e hizo lo mismo. [6] Ya era la última hora del día, la undécima, cuando salió otra vez y vio a otros que estaban allí parados. Les preguntó: «¿Por qué se han quedado todo el día sin hacer nada?» [7] Contestaron ellos: «Porque nadie nos ha contratado». Y les dijo: «Vayan también ustedes a trabajar en mi viña». [8] Al anochecer, dijo el dueño de la viña a su mayordomo: «Llama a los trabajadores y págales su jornal, empezando por los últimos y terminando por los primeros». [9] Vinieron los que habían ido a trabajar a última hora, y cada uno recibió un denario (una moneda de plata). [10] Cuando llegó el turno a los primeros, pensaron que iban a recibir más, pero también recibieron cada uno un denario. [11] Por eso, mientras se les pagaba, protestaban contra el propietario. [12] Decían: «Estos últimos apenas trabajaron una hora, y los consideras igual que a nosotros, que hemos aguantado el día entero y soportado lo más pesado del calor». [13] El dueño contestó a uno de ellos: «Amigo, yo no he sido injusto contigo. ¿No acordamos en un denario al día? [14] Toma lo que te corresponde y márchate. Yo quiero dar al último lo mismo que a ti. [15] ¿No tengo derecho a llevar mis cosas de la manera que quiero? ¿O será porque soy generoso, y tú envidioso?» [16] Así sucederá: los últimos serán primeros, y los primeros serán últimos».

TERCER ANUNCIO DE LA PASIÓN (MC 10,32; LC 18,31)

[17] Mientras iban subiendo a Jerusalén, Jesús tomó aparte a los Doce y les dijo por el camino: [18] «Ya estamos subiendo a Jerusalén; el Hijo del Hombre va a ser entregado a los jefes de los sacerdotes y a los maestros de la Ley, que lo condenarán a muerte. [19] Ellos lo entregarán a los extranjeros, que se burlarán de él, lo azotarán y lo crucificarán. Pero resucitará al tercer día».

LA MADRE DE SANTIAGO Y JUAN PIDE LOS PRIMEROS PUESTOS (MC 10,35)

[20] Entonces la madre de Santiago y Juan se acercó con sus hijos a Jesús y se arrodilló para pedirle un favor. [21] Jesús le dijo: «¿Qué quieres?» Y ella respondió: «Aquí tienes a mis dos hijos. Asegúrame que, cuando estés en tu reino, se sentarán uno a tu derecha y otro a tu izquierda». [22] Jesús dijo a los hermanos: «No saben lo que piden. ¿Pueden ustedes beber la copa que yo tengo que beber?» Ellos respondieron: «Podemos». [23] Jesús replicó: «Ustedes sí beberán mi copa, pero no me corresponde a mí el concederles que se sienten a mi derecha y a mi izquierda. Eso será para quienes el Padre lo haya dispuesto». [24] Los otros diez se enojaron con los dos hermanos al oír esto. [25] Jesús los llamó y les dijo: «Ustedes saben que los gobernantes de las naciones actúan como dictadores y los que ocupan cargos abusan de su autoridad. [26] Pero no será así entre ustedes. Al contrario, el de ustedes que quiera ser grande, que se haga el servidor de ustedes, [27] y si alguno de ustedes quiere ser el primero entre ustedes, que se haga el esclavo de todos; [28] hagan como el Hijo del Hombre, que no vino a ser servido, sino a servir y dar su vida como rescate por una muchedumbre». [29] Al salir de Jericó, les iba siguiendo una gran multitud de gente. [30] En algún momento, dos ciegos estaban sentados a la orilla del camino, y al enterarse de que pasaba Jesús, comenzaron a gritar: «¡Señor, hijo de David, ten compasión de nosotros!» [31] La gente les decía que se callaran, pero ellos gritaban aun más fuerte: «¡Señor, hijo de David, ten compasión de nosotros!» [32] Jesús se detuvo, los llamó y les preguntó: «¿Qué quieren que haga por ustedes?» [33] Ellos dijeron: «Señor, que se abran nuestros ojos». [34] Jesús sintió compasión y les tocó los ojos. Y al momento recobraron la vista y lo siguieron.

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CAPÍTULO 21

JESÚS ENTRA EN JERUSALÉN (MC 11,1; JN 12,12; LC 19,12)

[1] Estaban ya cerca de Jerusalén. Cuando llegaron a Betfagé, junto al monte de los Olivos, [2] Jesús envió a dos discípulos con esta misión: «Vayan al pueblecito que está al frente, y allí encontrarán una burra atada con su burrito al lado. Desátenla y tráiganmela. [3] Si alguien les dice algo, contéstenle: El Señor los necesita, y los devolverá cuanto antes». [4] Esto sucedió para que se cumpliera lo dicho por el profeta: [5] Digan a la hija de Sión: «Mira que tu rey viene a ti con toda sencillez, montado en una burra, un animal de carga». [6] Los discípulos se fueron e hicieron como Jesús les había mandado. [7] Le trajeron la burra con su cría, le colocaron sus mantos sobre el lomo y él se sentó encima. [8] Había muchísima gente; extendían sus mantos en el camino, o bien cortaban ramas de árboles, con las que cubrían el suelo. [9] Y el gentío que iba delante de Jesús, así como los que le seguían, empezaron a gritar: «¡Hosanna al hijo de David! ¡Bendito sea el que viene en el nombre del Señor! ¡Hosanna en lo más alto de los cielos!» [10] Cuando Jesús entró en Jerusalén, toda la ciudad se alborotó y preguntaban: «¿Quién es éste?» [11] Y la muchedumbre respondía: «¡Este es el profeta Jesús, de Nazaret de Galilea!»

JESÚS EXPULSA A LOS VENDEDORES (MC 11,11; LC 19,45; JN 2,14)

[12] Jesús entró en el Templo y echó fuera a todos los que vendían y compraban en el Templo. Derribó las mesas de los que cambiaban monedas y los puestos de los vendedores de palomas. Les dijo: [13] «Está escrito: Mi casa será llamada Casa de Oración. Pero ustedes la han convertido en una cueva de ladrones». [14] También en el Templo se le acercaron algunos ciegos y cojos, y Jesús los sanó. [15] Los sacerdotes principales y los maestros de la Ley vieron las cosas tan asombrosas que Jesús acababa de hacer y a los niños que clamaban en el Templo: «¡Hosanna al hijo de David!». Estaban furiosos [16] y le dijeron: «¿Oyes lo que dicen ésos?» Les respondió Jesús: «Por supuesto. ¿No han leído, por casualidad, esa Escritura que dice: Tú mismo has puesto tus alabanzas en la boca de los niños y de los que aún maman?» [17] En seguida Jesús los dejó y salió de la ciudad en dirección a Betania, donde pasó la noche.

MALDICIÓN DE LA HIGUERA (MC 11,12; LC 13,6)

[18] Al regresar a la ciudad, muy de mañana, Jesús sintió hambre. [19] Divisando una higuera cerca del camino, se acercó, pero no encontró más que hojas. Entonces dijo a la higuera: «¡Nunca jamás volverás a dar fruto!» Y al instante la higuera se secó. [20] Al ver esto, los discípulos se maravillaron: «¿Cómo pudo secarse la higuera, y tan rápido?» [21] Jesús les declaró: «En verdad les digo: si tienen tanta fe como para no vacilar, ustedes harán mucho más que secar una higuera. Ustedes dirán a ese cerro: [22] ¡Quítate de ahí y échate al mar!, y así sucederá. Todo lo que pidan en la oración, con tal de que crean, lo recibirán». Jesús responde a las autoridades (Mc 11,27; Lc 20,1)

[23] Jesús había entrado al Templo y estaba enseñando, cuando los sumos sacerdotes y las autoridades judías fueron a su encuentro para preguntarle: «¿Con qué derecho haces todas estas cosas? ¿Quién te lo ha encargado?» [24] Jesús les contestó: «Yo también les voy a hacer a ustedes una pregunta. Si me la contestan, yo también les diré con qué autoridad hago todo esto. [25] Háblenme del bautismo que daba Juan: este asunto ¿de dónde venía, de Dios, o de los hombres?» Ellos reflexionaron: «Si decimos que este asunto venía de Dios, él nos replicará: Pues ¿por qué no le creyeron? [26] Y si decimos que era cosa de hombres, ¡cuidado con el pueblo!, pues todos consideran a Juan como un profeta». [27] Entonces contestaron a Jesús: «No lo sabemos». Y Jesús les replicó: «Pues yo tampoco les diré con qué autoridad hago estas cosas».

LA PARÁBOLA DE LOS DOS HIJOS

[28] Jesús agregó: «Pero, díganme su parecer: Un hombre tenía dos hijos. Se acercó al primero para decirle: "Hijo, hoy tienes que ir a trabajar en la viña." [29] Y él le respondió: "No quiero". Pero después se arrepintió y fue. [30] Luego el padre se acercó al segundo y le mandó lo mismo. Este respondió: "Ya voy, señor." Pero no fue. [31] Ahora bien, ¿cuál de los dos hizo lo que quería el padre?» Ellos contestaron: «El primero». Entonces Jesús les dijo: «En verdad se lo digo: en el camino al Reino de los Cielos, los publicanos y las prostitutas andan mejor que ustedes. [32] Porque Juan vino a abrirles el camino derecho, y ustedes no le creyeron, mientras que los publicanos y las prostitutas le creyeron. Ustedes fueron testigos, pero ni con esto se arrepintieron y le creyeron.

LOS VIÑADORES ASESINOS (MC 12.1; LC 20)

[33] Escuchen este otro ejemplo: Había un propietario que plantó una viña. La rodeó con una cerca, cavó en ella un lagar y levantó una torre para vigilarla. Después la alquiló a unos labradores y se marchó a un país lejano. [34] Cuando llegó el tiempo de la vendimia, el dueño mandó a sus sirvientes que fueran donde aquellos labradores y cobraran su parte de la cosecha. [35] Pero los labradores tomaron a los enviados, apalearon a uno, mataron a otro y a otro lo apedrearon. [36] El propietario volvió a enviar a otros servidores más numerosos que la primera vez, pero los trataron de la misma manera. [37] Por último envió a su hijo, pensando: A mi hijo lo respetarán. [38] Pero los trabajadores, al ver al hijo, se dijeron: Ese es el heredero. Lo matamos y así nos quedamos con su herencia. [39] Lo tomaron, pues, lo echaron fuera de la viña y lo mataron. [40] Ahora bien, cuando venga el dueño de la viña, ¿qué hará con esos labradores?» [41] Le contestaron: «Hará morir sin compasión a esa gente tan mala, y arrendará la viña a otros labradores que le paguen a su debido tiempo». [42] Jesús agregó: «¿No han leído cierta Escritura? Dice así: La piedra que los constructores desecharon llegó a ser la piedra principal del edificio; ésa fue la obra del Señor y nos dejó maravillados. [43] Ahora yo les digo a ustedes: Se les quitará el Reino de los Cielos, y será entregado a un pueblo que le hará producir sus frutos». (44), [45] Al oír estos ejemplos, los jefes de los sacerdotes y los fariseos comprendieron que Jesús se refería a ellos. [46] Hubieran deseado arrestarlo, pero tuvieron miedo del pueblo que lo consideraba como un profeta.

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CAPÍTULO 22

EL BANQUETE DE BODAS (LC 14,15)

[1] Jesús siguió hablándoles por medio de parábolas: [2] «Aprendan algo del Reino de los Cielos. Un rey preparaba las bodas de su hijo, [3] por lo que mandó a sus servidores a llamar a los invitados a la fiesta. Pero éstos no quisieron venir. [4] De nuevo envió a otros servidores, con orden de decir a los invitados: He preparado un banquete, ya hice matar terneras y otros animales gordos y todo está a punto. Vengan, pues, a la fiesta de la boda. [5] Pero ellos no hicieron caso, sino que se fueron, unos a sus campos y otros a sus negocios. [6] Los demás tomaron a los servidores del rey, los maltrataron y los mataron. [7] El rey se enojó y envió a sus tropas, que dieron muerte a aquellos asesinos e incendiaron su ciudad. [8] Después dijo a sus servidores: El banquete de bodas sigue esperando, pero los que habían sido invitados no eran dignos. [9] Vayan, pues, a las esquinas de las calles e inviten a la fiesta a todos los que encuentren. [10] Los servidores salieron inmediatamente a los caminos y reunieron a todos los que encontraron, malos y buenos, de modo que la sala se llenó de invitados. [11] Después entró el rey para conocer a los que estaban sentados a la mesa, y vio un hombre que no se había puesto el traje de fiesta. [12] Le dijo: Amigo, ¿cómo es que has entrado sin traje de bodas? El hombre se quedó callado. [13] Entonces el rey dijo a sus servidores: Atenlo de pies y manos y échenlo a las tinieblas de fuera. Allí será el llorar y el rechinar de dientes. [14] Sepan que muchos son llamados, pero pocos son elegidos».

EL IMPUESTO DEBIDO AL CÉSAR (MC 12,13; LC 20,20)

[15] Los fariseos se movieron para ver juntos el modo de atrapar a Jesús en sus propias palabras. [16] Le enviaron, pues, discípulos suyos junto con algunos partidarios de Herodes a decirle: «Maestro, sabemos que eres honrado, y que enseñas con sinceridad el camino de Dios. No te preocupas por quién te escucha, ni te dejas influenciar por nadie. [17] Danos, pues, tu parecer: ¿Está contra la Ley pagar el impuesto al César? ¿Debemos pagarlo o no?» [18] Jesús se dio cuenta de sus malas intenciones y les contestó: «¡Hipócritas! ¿Por qué me ponen trampas? [19] Muéstrenme la moneda que se les cobra». Y ellos le mostraron un denario. [20] Entonces Jesús preguntó: «¿De quién es esta cara y el nombre que lleva escrito?» Contestaron: «Del César». [21] Jesús les replicó: «Devuelvan, pues, al César las cosas del César, y a Dios lo que corresponde a Dios». [22] Con esta respuesta quedaron muy sorprendidos. Dejaron a Jesús y se marcharon.

LA RESURRECCIÓN DE LOS MUERTOS (MC 12,18; LC 20,27)

[23] Ese mismo día vinieron a él algunos saduceos. Según ellos, no hay resurrección de los muertos, y por eso mismo le propusieron este caso: [24] «Maestro, Moisés dijo que si alguno muere sin tener hijos, el hermano del difunto debe casarse con la viuda para darle un hijo, que será considerado descendiente del difunto. [25] Sucedió que había entre nosotros siete hermanos. Se casó el mayor y murió, y al no tener hijos, dejó su mujer a su hermano. [26] Lo mismo pasó con el segundo y el tercero, hasta el séptimo. [27] Después de todos ellos murió también la mujer. [28] Ahora bien, cuando venga la resurrección de los muertos, ¿cuál de los siete se quedará con esta mujer, si todos la tuvieron?» [29] Jesús contestó: «Ustedes andan muy equivocados. Ustedes no entienden ni las Escrituras ni el poder de Dios. [30] Primeramente, en la resurrección no se toma mujer ni esposo, sino que son como ángeles en el Cielo. [31] Y en cuanto a saber si hay resurrección de los muertos, ¿no han leído lo que Dios les dijo: [32] Yo soy el Dios de Abraham, el Dios de Isaac y el Dios de Jacob? Él no es un Dios de muertos, sino de vivos». [33] Era mucha la gente que escuchaba a Jesús, y estaba asombrada de sus enseñanzas. [34] Cuando los fariseos supieron que Jesús había hecho callar a los saduceos, se juntaron en torno a él. [35] Uno de ellos, que era maestro de la Ley, trató de ponerlo a prueba con esta pregunta: [36] «Maestro, ¿cuál es el mandamiento más importante de la Ley?». [37] Jesús le dijo: «Amarás al Señor tu Dios con todo tu corazón, con toda tu alma y con toda tu mente. [38] Este es el gran mandamiento, el primero. [39] Pero hay otro muy parecido: Amarás a tu prójimo como a ti mismo. [40] Toda la Ley y los Profetas se fundamentan en estos dos mandamientos».

EL MESÍAS, HIJO Y SEÑOR DE DAVID (MC 12,35; LC 20,41)

[41] Aprovechando que los fariseos estaban allí reunidos, [42] Jesús les preguntó: «¿Qué piensan ustedes del Mesías? ¿De quién tiene que ser hijo?» Contestaron: «De David». [43] Jesús entonces añadió: «¿Cómo es que David llama al Mesías su Señor en un texto inspirado? [44] En un salmo dice: El Señor ha dicho a mi Señor: Siéntate a mi derecha hasta que ponga a tus enemigos bajo tus pies. [45] Si David lo llama su Señor, ¿cómo puede ser hijo suyo?» [46] Y nadie supo qué contestarle. Desde ese día nadie se atrevió a hacerle más preguntas.

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CAPÍTULO 23

NO IMITEN A LOS MAESTROS DE LA LEY (LC 20,45; MC 12,38)

[1] Entonces Jesús habló tanto para el pueblo como para sus discípulos: [2] «Los maestros de la Ley y los fariseos han ocupado el puesto que dejó Moisés. [3] Hagan y cumplan todo lo que ellos dicen, pero no los imiten, porque ellos enseñan y no practican. [4] Preparan pesadas cargas, muy difíciles de llevar, y las echan sobre las espaldas de la gente, pero ellos ni siquiera levantan un dedo para moverlas. [5] Todo lo hacen para ser vistos por los hombres. Miren esas largas citas de la Ley que llevan en la frente, y los largos flecos de su manto. [6] Les gusta ocupar los primeros lugares en los banquetes y los asientos reservados en las sinagogas. [7] Les agrada que los saluden en las plazas y que la gente los llame Maestro. [8] Lo que es ustedes, no se dejen llamar Maestro, porque no tienen más que un Maestro, y todos ustedes son hermanos. [9] No llamen Padre a nadie en la tierra, porque ustedes tienen un solo Padre, el que está en el Cielo. [10] Tampoco se dejen ustedes llamar Guía, porque ustedes no tienen más Guía que Cristo. [11] El más grande entre ustedes se hará el servidor de todos. [12] Porque el que se pone por encima, será humillado, y el que se rebaja, será puesto en alto.

SIETE MALDICIONES CONTRA LOS FARISEOS (LC 11,39)

[13] Por lo tanto, ¡ay de ustedes, maestros de la Ley y fariseos, que son unos hipócritas! Ustedes cierran a la gente el Reino de los Cielos. No entran ustedes, ni dejan entrar a los que querrían hacerlo. [14] ¡Ay de ustedes, maestros de la Ley y fariseos, que son unos hipócritas! [15] Ustedes recorren mar y tierra para ganar un pagano, y cuando se ha convertido, lo transforman en un hijo del demonio, mucho peor que ustedes. [16] ¡Ay de ustedes, que son guías ciegos! Ustedes dicen: Jurar por el Templo no obliga, pero jurar por el tesoro del Templo, sí. [17] ¡Torpes y ciegos! ¿Qué vale más, el oro mismo, o el Templo que hace del oro una cosa sagrada? [18] Ustedes dicen: Si alguno jura por el altar, no queda obligado; pero si jura por las ofrendas puestas sobre el altar, queda obligado. ¡Ciegos! [19] ¿Qué vale más, lo que se ofrece sobre el altar, o el altar que hace santa la ofrenda? [20] El que jura por el altar, jura por el altar y por lo que se pone sobre él. [21] El que jura por el Templo, jura por él y por Dios que habita en el Templo. [22] El que jura por el Cielo, jura por el trono de Dios y por Aquel que está sentado en él. [23] ¡Ay de ustedes, maestros de la Ley y fariseos, que son unos hipócritas! Ustedes pagan el diezmo hasta sobre la menta, el anís y el comino, pero no cumplen la Ley en lo que realmente tiene peso: la justicia, la misericordia y la fe. Ahí está lo que ustedes debían poner por obra, sin descartar lo otro. [24] ¡Guías ciegos! Ustedes cuelan un mosquito, pero se tragan un camello. [25] ¡Ay de ustedes, maestros de la Ley y fariseos, que son unos hipócritas! Ustedes purifican el exterior del plato y de la copa, después que la llenaron de robos y violencias. [26] ¡Fariseo ciego! Purifica primero lo que está dentro, y después purificarás también el exterior. [27] ¡Ay de ustedes, maestros de la Ley y fariseos, que son unos hipócritas! Ustedes son como sepulcros bien pintados, que se ven maravillosos, pero que por dentro están llenos de huesos y de toda clase de podredumbre. [28] Ustedes también aparentan como que fueran personas muy correctas, pero en su interior están llenos de falsedad y de maldad. [29] ¡Ay de ustedes, maestros de la Ley y fariseos, que son unos hipócritas! Ustedes construyen sepulcros para los profetas y adornan los monumentos de los hombres santos. [30] También dicen: Si nosotros hubiéramos vivido en tiempos de nuestros padres, no habríamos consentido que mataran a los profetas. [31] Así ustedes se proclaman hijos de quienes asesinaron a los profetas. [32] ¡Terminen, pues, de hacer lo que sus padres comenzaron! [33] ¡Serpientes, raza de víboras!, ¿cómo lograrán escapar de la condenación del infierno? [34] Desde ahora les voy a enviar profetas, sabios y maestros, pero ustedes los degollarán y crucificarán, y a otros los azotarán en las sinagogas o los perseguirán de una ciudad a otra. [35] Al final recaerá sobre ustedes toda la sangre inocente que ha sido derramada sobre la tierra, desde la sangre del justo Abel hasta la sangre de Zacarías, hijo de Baraquías, al que ustedes mataron ante el altar, dentro del Templo. [36] En verdad les digo: esta generación pagará por todo eso. [37] ¡Jerusalén, Jerusalén! ¡Qué bien matas a los profetas y apedreas a los que Dios te envía! ¡Cuántas veces he querido reunir a tus hijos, como la gallina reúne a sus pollitos bajo las alas, y tú no has querido! [38] Por eso se van a quedar ustedes con su templo vacío. [39] Y les digo que ya no me volverán a ver hasta que digan: ¡Bendito sea el que viene en nombre del Señor!»

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CAPÍTULO 24

LA DESTRUCCIÓN DE JERUSALÉN Y EL FIN DEL MUNDO

(MC 13; LC 21; 17,23; 12,36)

[1] Jesús salió del Templo, y mientras caminaba, sus discípulos le hacían notar las imponentes construcciones del Templo. [2] Jesús les dijo: «¿Ven todo eso? En verdad les digo: no quedará ahí piedra sobre piedra. Todo será destruido». [3] Como Jesús después se sentara en el monte de los Olivos, los discípulos se acercaron y le preguntaron en privado: «Dinos cuándo ocurrirá todo eso. ¿Qué señales anunciarán tu venida y el fin de la historia?» [4] Jesús les contestó: «No se dejen engañar [5] cuando varios usurpen mi nombre y digan: Yo soy el Mesías. Pues engañarán a mucha gente. [6] Ustedes oirán hablar de guerras y de rumores de guerra. Pero no se alarmen; todo eso tiene que pasar, pero no será todavía el fin. [7] Unas naciones lucharán contra otras y se levantará un reino contra otro reino; habrá hambre y terremotos en diversos lugares. [8] Esos serán los primeros dolores del parto. [9] Entonces los denunciarán a ustedes, y serán torturados y asesinados. Todas las naciones los odiarán por mi causa. [10] En esos días muchos tropezarán y caerán; de repente se odiarán y se traicionarán unos a otros. [11] Aparecerán falsos profetas, que engañarán a mucha gente, [12] y tanta será la maldad, que el amor se enfriará en muchos. [13] Pero el que se mantenga firme hasta el fin, ése se salvará. [14] Esta Buena Nueva del Reino será proclamada en el mundo entero, y todas las naciones oirán el mensaje; después vendrá el fin. [15] Cuando ustedes vean lo anunciado por el profeta Daniel: el ídolo del invasor instalado en el Templo (que el lector sepa entender), [16] entonces los que estén en Judea huyan a los montes. [17] Si estás en la azotea de tu casa, no te demores ni vayas dentro a buscar tus cosas. [18] Si te hallas en el campo, no vuelvas a buscar tu manto. [19] ¡Pobres de las que, en esos días, se hallen embarazadas o estén criando! [20] Rueguen para que no les toque huir en invierno o en día sábado. [21] Porque será una prueba tan enorme como no ha habido igual desde el principio del mundo hasta ahora, ni jamás la volverá a haber. [22] Y si ese tiempo no fuera acortado, nadie saldría con vida. Pero Dios lo acortará en consideración a sus elegidos. [23] Entonces, si alguien les dice: Miren, el Mesías está aquí o está allá, no le crean. [24] Porque se presentarán falsos mesías y falsos profetas, que harán cosas maravillosas y prodigios capaces de engañar, si fuera posible, aun a los elegidos de Dios. [25] Miren que yo se lo he advertido de antemano. [26] Por tanto, si alguien les dice: ¡Está en el desierto!, no vayan. Si dicen: ¡Está en tal lugar retirado!, no lo crean. [27] Pues así como refulge el relámpago desde el oriente e inflama el cielo hasta el poniente, así será la venida del Hijo del Hombre. [28] En otras palabras: «Donde hay un cadáver, allí se juntan los buitres».

LA VENIDA DEL HIJO DEL HOMBRE (MC 12,38; LC 17,29)

[29] Después de esos días de angustia, el sol se oscurecerá, la luna perderá su brillo, caerán las estrellas del cielo y se bambolearán los mecanismos del universo. [30] Entonces aparecerá en el cielo la señal del Hijo del Hombre. Mientras todas las razas de la tierra se golpearán el pecho, verán al Hijo del Hombre viniendo sobre las nubes del cielo con el poder divino y la plenitud de la gloria. [31] Enviará a sus ángeles, que tocarán la trompeta y reunirán a los elegidos de los cuatro puntos cardinales, de un extremo al otro del mundo. [32] Aprendan esta lección de la higuera: Cuando están ya tiernas sus ramas y empiezan a brotar las hojas, ustedes saben que se acerca el verano. [33] Asimismo, cuando ustedes noten todas estas cosas que les he dicho, sepan que el tiempo ya está cerca, a las puertas. [34] En verdad les digo: No pasará esta generación, hasta que sucedan todas estas cosas. [35] Pasarán el cielo y la tierra, pero mis palabras no pasarán. [36] Por lo que se refiere a ese Día y cuándo vendrá, nadie lo sabe, ni siquiera los ángeles de Dios, ni aun el Hijo, sino solamente el Padre. [37] La venida del Hijo del Hombre recordará los tiempos de Noé. [38] Unos pocos días antes del diluvio, la gente seguía comiendo y bebiendo, y se casaban hombres y mujeres, hasta el día en que Noé entró en el arca. [39] No se dieron cuenta de nada hasta que vino el diluvio y se los llevó a todos. Lo mismo sucederá con la venida del Hijo del Hombre: [40] de dos hombres que estén juntos en el campo, uno será tomado, y el otro no; [41] de dos mujeres que estén juntas moliendo trigo, una será tomada, y la otra no.

ESTÉN ALERTA

[42] Por eso estén despiertos, porque no saben en qué día vendrá su Señor. [43] Fíjense en esto: si un dueño de casa supiera a qué hora de la noche lo va a asaltar un ladrón, seguramente permanecería despierto para impedir el asalto a su casa. [44] Por eso, estén también ustedes preparados, porque el Hijo del Hombre vendrá a la hora que menos esperan. [45] Imagínense un administrador digno de confianza y capaz. Su señor lo ha puesto al frente de su familia, y es él quien les reparte el alimento a su debido tiempo. [46] Afortunado será este servidor si, al venir su señor, lo encuentra cumpliendo su deber. [47] En verdad les digo: su señor lo pondrá al cuidado de todo lo que tiene. [48] No será así con el servidor malo que piensa: «Mi señor se ha retrasado», [49] y empieza a maltratar a sus compañeros y a comer y a beber con borrachos. [50] El patrón de ese servidor vendrá en el día que no lo espera y a la hora que menos piensa. [51] Le quitará el puesto y lo mandará donde los hipócritas: allí será el llorar y el rechinar de dientes.

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CAPÍTULO 25

PARÁBOLA DE LAS DIEZ JÓVENES (MC 13,35; LC 13,25)

[1] Escuchen, pues, lo que pasará entonces en el Reino de los Cielos. Diez jóvenes salieron con sus lámparas para salir al encuentro del novio. [2] Cinco de ellas eran descuidadas y las otras cinco precavidas. [3] Las descuidadas tomaron sus lámparas como estaban, sin llevar más aceite consigo. [4] Las precavidas, en cambio, junto con las lámparas, llevaron sus botellas de aceite. [5] Como el novio se demoraba en llegar, se adormecieron todas y al fin se quedaron dormidas. [6] Al llegar la medianoche, se oyó un gritó: «¡Viene el novio, salgan a su encuentro!» [7] Todas las jóvenes se despertaron y prepararon sus lámparas. [8] Entonces las descuidadas dijeron a las precavidas: «Dennos un poco de su aceite, porque nuestras lámparas se están apagando». [9] Las precavidas dijeron: «No habría bastante para ustedes y para nosotras; vayan mejor a donde lo venden, y compren para ustedes». [10] Mientras fueron a comprar el aceite, llegó el novio; las que estaban listas entraron con él a la fiesta de las bodas, y se cerró la puerta. [11] Más tarde llegaron las otras jóvenes y llamaron: «Señor, Señor, ábrenos». [12] Pero él respondió: «En verdad, se lo digo: no las conozco». [13] Por tanto, estén despiertos, porque no saben el día ni la hora.

PARÁBOLA DE LOS TALENTOS (LC 19,12; MC 4,25; 13,34)

[14] Escuchen también esto. Un hombre estaba a punto de partir a tierras lejanas, y reunió a sus servidores para confiarles todas sus pertenencias. [15] Al primero le dio cinco talentos de oro, a otro le dio dos, y al tercero solamente uno, a cada cual según su capacidad. Después se marchó. [16] El que recibió cinco talentos negoció en seguida con el dinero y ganó otros cinco. [17] El que recibió dos hizo otro tanto, y ganó otros dos. [18] Pero el que recibió uno cavó un hoyo en la tierra y escondió el dinero de su patrón. [19] Después de mucho tiempo, vino el señor de esos servidores, y les pidió cuentas. [20] El que había recibido cinco talentos le presentó otros cinco más, diciéndole: «Señor, tú me entregaste cinco talentos, pero aquí están otros cinco más que gané con ellos». [21] El patrón le contestó: «Muy bien, servidor bueno y honrado; ya que has sido fiel en lo poco, yo te voy a confiar mucho más. Ven a compartir la alegría de tu patrón». [22] Vino después el que recibió dos, y dijo: «Señor, tú me entregaste dos talentos, pero aquí tienes otros dos más que gané con ellos». [23] El patrón le dijo: «Muy bien, servidor bueno y honrado; ya que has sido fiel en lo poco, yo te confiaré mucho más. Ven a compartir la alegría de tu patrón». [24] Por último vino el que había recibido un solo talento y dijo: «Señor, yo sabía que eres un hombre exigente, que cosechas donde no has sembrado y recoges donde no has invertido. [25] Por eso yo tuve miedo y escondí en la tierra tu dinero. Aquí tienes lo que es tuyo». [26] Pero su patrón le contestó: «¡Servidor malo y perezoso! Si sabías que cosecho donde no he sembrado y recojo donde no he invertido, [27] debías haber colocado mi dinero en el banco. A mi regreso yo lo habría recuperado con los intereses. [28] Quítenle, pues, el talento y entréguenselo al que tiene diez. [29] Porque al que produce se le dará y tendrá en abundancia, pero al que no produce se le quitará hasta lo que tiene. [30] Y a ese servidor inútil, échenlo a la oscuridad de afuera: allí será el llorar y el rechinar de dientes».

EL JUICIO FINAL (LC 9,26)

[31] Cuando el Hijo del Hombre venga en su gloria rodeado de todos sus ángeles, se sentará en el trono de Gloria, que es suyo. [32] Todas las naciones serán llevadas a su presencia, y separará a unos de otros, al igual que el pastor separa las ovejas de los chivos. [33] Colocará a las ovejas a su derecha y a los chivos a su izquierda. [34] Entonces el Rey dirá a los que están a su derecha: «Vengan, benditos de mi Padre, y tomen posesión del reino que ha sido preparado para ustedes desde el principio del mundo. [35] Porque tuve hambre y ustedes me dieron de comer; tuve sed y ustedes me dieron de beber. Fui forastero y ustedes me recibieron en su casa. [36] Anduve sin ropas y me vistieron. Estuve enfermo y fueron a visitarme. Estuve en la cárcel y me fueron a ver». [37] Entonces los justos dirán: «Señor, ¿cuándo te vimos hambriento y te dimos de comer, o sediento y te dimos de beber? [38] ¿Cuándo te vimos forastero y te recibimos, o sin ropa y te vestimos? [39] ¿Cuándo te vimos enfermo o en la cárcel, y te fuimos a ver? [40] El Rey responderá: «En verdad les digo que, cuando lo hicieron con alguno de los más pequeños de estos mis hermanos, me lo hicieron a mí». [41] Dirá después a los que estén a la izquierda: «¡Malditos, aléjense de mí y vayan al fuego eterno, que ha sido preparado para el diablo y para sus ángeles! [42] Porque tuve hambre y ustedes no me dieron de comer; tuve sed y no me dieron de beber; [43] era forastero y no me recibieron en su casa; estaba sin ropa y no me vistieron; estuve enfermo y encarcelado y no me visitaron». [44] Estos preguntarán también: «Señor, ¿cuándo te vimos hambriento o sediento, desnudo o forastero, enfermo o encarcelado, y no te ayudamos?» [45] El Rey les responderá: «En verdad les digo: siempre que no lo hicieron con alguno de estos más pequeños, ustedes dejaron de hacérmelo a mí». [46] Y éstos irán a un suplicio eterno, y los buenos a la vida eterna».

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CAPÍTULO 26

[1] Cuando Jesús terminó todos estos discursos, dijo a sus discípulos: [2] «Ustedes saben que la Pascua cae dentro de dos días, y el Hijo del Hombre será entregado para ser crucificado». [3] Por entonces, los jefes de los sacerdotes y las autoridades judías se reunieron en el palacio del sumo sacerdote, que se llamaba Caifás, [4] y se pusieron de acuerdo para detener a Jesús con artimaña y darle muerte. [5] Pero se decían: «No será durante la fiesta, para que el pueblo no se alborote».

LA UNCIÓN EN BETANIA (JN 12; MC 14,9)

[6] Jesús se encontraba en Betania, en casa de Simón el leproso. [7] Se acercó a él una mujer mientras estaba a la mesa, con un frasco de mármol precioso lleno de un perfume muy caro, y se lo derramó en la cabeza. [8] Al ver esto, los discípulos protestaban: «¿Para qué tanto derroche? [9] Este perfume se podía haber vendido muy caro, para ayudar a los pobres». [10] Jesús se dio cuenta y les dijo: «¿Por qué molestan a esta mujer? Lo que ha hecho conmigo es realmente una buena obra. [11] Siempre tienen a los pobres con ustedes, pero a mí no me tendrán siempre. [12] Al derramar este perfume sobre mi cuerpo, ella preparaba mi entierro. [13] En verdad les digo: dondequiera que se proclame el Evangelio, en todo el mundo, se contará también su gesto, y será su gloria». [14] Entonces uno de los Doce, que se llamaba Judas Iscariote, se presentó a los jefes de los sacerdotes [15] y les dijo: «¿Cuánto me darán si se lo entrego?» Ellos prometieron darle treinta monedas de plata. [16] Y a partir de ese momento, Judas andaba buscando una oportunidad para entregárselo.

LA ULTIMA CENA (MC 14,12; LC 22,7; JN 13,1)

[17] El primer día de la Fiesta en que se comía el pan sin levadura, los discípulos se acercaron a Jesús y le dijeron: «¿Dónde quieres que preparemos la comida de la Pascua?» [18] Jesús contestó: «Vayan a la ciudad, a casa de tal hombre, y díganle: El Maestro te manda decir: Mi hora se acerca y quiero celebrar la Pascua con mis discípulos en tu casa». [19] Los discípulos hicieron tal como Jesús les había ordenado y prepararon la Pascua. [20] Llegada la tarde, Jesús se sentó a la mesa con los Doce. [21] Y mientras comían, les dijo: «En verdad les digo: uno de ustedes me va a traicionar». [22] Se sintieron profundamente afligidos, y uno a uno comenzaron a preguntarle: «¿Seré yo, Señor?» [23] El contestó: «El que me va a entregar es uno de los que mojan su pan conmigo en el plato. [24] El Hijo del Hombre se va, como dicen las Escrituras, pero ¡pobre de aquel que entrega al Hijo del Hombre! ¡Sería mejor para él no haber nacido!». [25] Judas, el que lo iba a entregar, le preguntó también: «¿Seré yo acaso, Maestro?» Jesús respondió: «Tú lo has dicho». [26] Mientras comían, Jesús tomó pan, pronunció la bendición, lo partió y lo dio a sus discípulos, diciendo: «Tomen y coman; esto es mi cuerpo». [27] Después tomó una copa, dio gracias y se la pasó diciendo: «Beban todos de ella: [28] esto es mi sangre, la sangre de la Alianza, que es derramada por una muchedumbre, para el perdón de sus pecados. [29] Y les digo que desde ahora no volveré a beber del zumo de cepas, hasta el día en que lo beba nuevo con ustedes en el Reino de mi Padre». [30] Después de cantar los salmos, partieron para el monte de los Olivos. [31] Entonces Jesús les dijo: «Todos ustedes caerán esta noche: ya no sabrán qué pensar de mí. Pues dice la Escritura: Heriré al Pastor y se dispersarán las ovejas. [32] Pero después de mi resurrección iré delante de ustedes a Galilea». [33] Pedro empezó a decirle: «Aunque todos tropiecen, yo nunca dudaré de ti». [34] Jesús le replicó: «Yo te aseguro que esta misma noche, antes de que cante el gallo, me habrás negado tres veces». [35] Pedro insistió: «Aunque tenga que morir contigo, jamás te negaré». Y los demás discípulos le aseguraban lo mismo.

EN EL HUERTO DE GETSEMANÍ (MC 14,26; LC 22,39)

[36] Llegó Jesús con ellos a un lugar llamado Getsemaní y dijo a sus discípulos: «Siéntense aquí, mientras yo voy más allá a orar». [37] Tomó consigo a Pedro y a los dos hijos de Zebedeo y comenzó a sentir tristeza y angustia. [38] Y les dijo: «Siento una tristeza de muerte. Quédense aquí conmigo y permanezcan despiertos». [39] Fue un poco más adelante y, postrándose hasta tocar la tierra con su cara, oró así: «Padre, si es posible, que esta copa se aleje de mí. Pero no se haga lo que yo quiero, sino lo que quieres tú». [40] Volvió donde sus discípulos, y los halló dormidos; y dijo a Pedro: «¿De modo que no pudieron permanecer despiertos ni una hora conmigo? [41] Estén despiertos y recen para que no caigan en la tentación. El espíritu es animoso, pero la carne es débil». [42] De nuevo se apartó por segunda vez a orar: «Padre, si esta copa no puede ser apartada de mí sin que yo la beba, que se haga tu voluntad». [43] Volvió otra vez donde los discípulos y los encontró dormidos, pues se les cerraban los ojos de sueño. [44] Los dejó, pues, y fue de nuevo a orar por tercera vez repitiendo las mismas palabras. [45] Entonces volvió donde los discípulos y les dijo: «¡Ahora pueden dormir y descansar! Ha llegado la hora y el Hijo del Hombre es entregado en manos de pecadores. [46] ¡Levántense, vamos! El traidor ya está por llegar».

TOMAN PRESO A JESÚS

[47] Estaba todavía hablando, cuando llegó Judas, uno de los Doce. Iba acompañado de una chusma armada con espadas y garrotes, enviada por los jefes de los sacerdotes y por las autoridades judías. [48] El traidor les había dado esta señal: «Al que yo dé un beso, ése es; arréstenlo». [49] Se fue directamente donde Jesús y le dijo: «Buenas noches, Maestro». Y le dio un beso. [50] Jesús le dijo: «Amigo, haz lo que vienes a hacer». Entonces se acercaron a Jesús y lo arrestaron. [51] Uno de los que estaban con Jesús sacó la espada e hirió al sirviente del sumo sacerdote, cortándole una oreja. [52] Entonces Jesús le dijo: «Vuelve la espada a su sitio, pues quien usa la espada, perecerá por la espada. [53] ¿No sabes que podría invocar a mi Padre y él, al momento, me mandaría más de doce ejércitos de ángeles? [54] Pero así había de suceder, y tienen que cumplirse las Escrituras». [55] En ese momento, Jesús dijo a la gente: «A lo mejor buscan un ladrón y por eso salieron a detenerme con espadas y palos. Yo sin embargo me sentaba diariamente entre ustedes en el Templo para enseñar, y no me detuvieron. [56] Pero todo ha pasado para que así se cumpliera lo escrito en los Profetas». Entonces todos los discípulos abandonaron a Jesús y huyeron.

JESÚS COMPARECE ANTE EL CONSEJO JUDÍO (MC 14,53; LC 22,54)

[57] Los que tomaron preso a Jesús lo llevaron a casa del sumo sacerdote Caifás, donde se habían reunido los maestros de la Ley y las autoridades judías. [58] Pedro lo iba siguiendo de lejos, hasta llegar al palacio del sumo sacerdote. Entró en el patio y se sentó con los policías del Templo, para ver en qué terminaba todo. [59] Los jefes de los sacerdotes y el Consejo Supremo andaban buscando alguna declaración falsa contra Jesús, para poderlo condenar a muerte. [60] Pero pasaban los falsos testigos y no se encontraba nada. Al fin llegaron dos [61] que declararon: «Este hombre dijo: Yo soy capaz de destruir el Templo de Dios y de reconstruirlo en tres días». [62] Entonces el sumo sacerdote se puso de pie y preguntó a Jesús: «¿No tienes nada que responder? ¿Qué es esto que declaran en contra tuya?» [63] Pero Jesús se quedó callado.   Entonces el sumo sacerdote le dijo: «En el nombre del Dios vivo te ordeno que nos contestes: ¿Eres tú el Mesías, el Hijo de Dios?» [64] Jesús le respondió: «Así es, tal como tú lo has dicho. Y yo les digo más: a partir de ahora ustedes contemplarán al Hijo del Hombre sentado a la derecha del Dios Todopoderoso, y lo verán venir sobre las nubes del cielo». [65] Entonces el sumo sacerdote se rasgó las ropas, diciendo: «¡Ha blasfemado! ¿Para qué necesitamos más testigos? Ustedes mismos acaban de oír estas palabras blasfemas. [66] ¿Qué deciden ustedes?» Ellos contestaron: «¡Merece la muerte!» [67] Luego comenzaron a escupirle en la cara y a darle bofetadas, mientras otros lo golpeaban [68] diciéndole: «Mesías, ¡adivina quién te pegó!»

LAS NEGACIONES DE PEDRO (MC 14,66; LC 22,56)

[69] Mientras Pedro estaba sentado fuera, en el patio, se le acercó una sirvienta de la casa y le dijo: «Tú también estabas con Jesús de Galilea». [70] Pero él lo negó delante de todos, diciendo: «No sé de qué estás hablando». [71] Y como Pedro se dirigiera hacia la salida, lo vio otra sirvienta, que dijo a los presentes: «Este hombre andaba con Jesús de Nazaret». [72] Pedro lo negó por segunda vez, jurando: «Yo no conozco a ese hombre». [73] Un poco después se acercaron los que estaban allí y dijeron a Pedro: «Sin duda que eres uno de los galileos: se nota por tu modo de hablar». [74] Entonces Pedro empezó a proferir maldiciones y a afirmar con juramento que no conocía a aquel hombre. Y en aquel mismo momento cantó un gallo. [75] Entonces Pedro se acordó de las palabras que Jesús le había dicho: «Antes de que cante el gallo me negarás tres veces». Y saliendo fuera, lloró amargamente.

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CAPÍTULO 27

[1] Al amanecer, todos los jefes de los sacerdotes y las autoridades judías celebraron una reunión para decidir la manera de hacer morir a Jesús. [2] Luego lo ataron y lo llevaron para entregárselo a Pilato, el gobernador.

LA MUERTE DE JUDAS

[3] Cuando Judas, el traidor, supo que Jesús había sido condenado, se llenó de remordimientos y devolvió las treinta monedas de plata a los jefes de los sacerdotes y a los jefes judíos. [4] Les dijo: «He pecado: he entregado a la muerte a un inocente». Ellos le contestaron: «¿Qué nos importa eso a nosotros? Es asunto tuyo». [5] Entonces él, arrojando las monedas en el Templo, se marchó y fue a ahorcarse. [6] Los jefes de los sacerdotes recogieron las monedas, pero dijeron: «No se puede echar este dinero en el tesoro del Templo, porque es precio de sangre». [7] Entonces se pusieron de acuerdo para comprar con aquel dinero el Campo del Alfarero y lo destinaron para cementerio de extranjeros. [8] Por eso ese lugar es llamado Campo de Sangre hasta el día de hoy. [9] Así se cumplió lo que había dicho el profeta Jeremías: Tomaron las treinta monedas de plata, que fue el precio en que lo tasaron los hijos de Israel, [10] y las dieron por el Campo del Alfarero, tal como el Señor me lo ordenó.

JESÚS COMPARECE ANTE PILATO (MC 15,1; LC 23,2; JN 18,29)

[11] Jesús compareció ante el gobernador, y éste comenzó a interrogarlo. Le preguntó: «¿Eres tú el rey de los judíos?» Jesús contestó: «Tú eres el que lo dice». [12] Los jefes de los sacerdotes y las autoridades judías lo acusaban, pero Jesús no contestó nada. [13] Pilato le dijo: «¿No oyes todos los cargos que presentan contra ti?» [14] Pero Jesús no dijo ni una palabra, de modo que el gobernador se sorprendió mucho. [15] Con ocasión de la Pascua, el gobernador tenía la costumbre de dejar en libertad a un condenado, a elección de la gente. [16] De hecho el pueblo tenía entonces un detenido famoso, llamado Barrabás. [17] Cuando se juntó toda la gente, Pilato les dijo: «¿A quién quieren que deje libre, a Barrabás o a Jesús, llamado el Cristo?» [18] Porque sabía que le habían entregado a Jesús por envidia. [19] Mientras Pilato estaba en el tribunal, su mujer le mandó a decir: «No te metas con ese hombre porque es un santo, y anoche tuve un sueño horrible por causa de él». [20] Mientras tanto, los jefes de los sacerdotes y los jefes de los judíos persuadieron al gentío a que pidieran la libertad de Barrabás y la muerte de Jesús. [21] Cuando el gobernador volvió a preguntarles: «¿A cuál de los dos quieren que les suelte?», ellos contestaron: «A Barrabás». [22] Pilato les dijo: «¿Y qué hago con Jesús, llamado el Cristo?» Todos contestaron: «¡Crucifícalo!» [23] Pilato insistió: «¿Qué ha hecho de malo?» Pero ellos gritaban cada vez con más fuerza: «¡Que sea crucificado!» [24] Al darse cuenta Pilato de que no conseguía nada, sino que más bien aumentaba el alboroto, pidió agua y se lavó las manos delante del pueblo. Y les dijo: «Ustedes responderán por su sangre, yo no tengo la culpa». [25] Y todo el pueblo contestó: «¡Que su sangre caiga sobre nosotros y sobre nuestros hijos!» [26] Entonces Pilato les soltó a Barrabás. Mandó azotar a Jesús y lo entregó a los que debían crucificarlo.

EL CAMINO DE LA CRUZ (MC 15,16; LC 23,11)

[27] Los soldados romanos llevaron a Jesús al patio del palacio y reunieron a toda la tropa en torno a él. [28] Le quitaron sus vestidos y le pusieron una capa de soldado de color rojo. [29] Después le colocaron en la cabeza una corona que habían trenzado con espinos y en la mano derecha le pusieron una caña. Doblaban la rodilla ante Jesús y se burlaban de él, diciendo: «¡Viva el rey de los judíos!» [30] Le escupían en la cara, y con la caña le golpeaban en la cabeza. [31] Cuando terminaron de burlarse de él, le quitaron la capa de soldado, le pusieron de nuevo sus ropas y lo llevaron a crucificar. [32] Por el camino se encontraron con un hombre de Cirene, llamado Simón, y le obligaron a que cargara con la cruz de Jesús. [33] Cuando llegaron al lugar que se llama Gólgota (o Calvario), o sea, «calavera», [34] le dieron a beber vino mezclado con hiel. Jesús lo probó, pero no lo quiso beber. [35] Allí lo crucificaron y después se repartieron entre ellos la ropa de Jesús, echándola a suertes. [36] Luego se sentaron a vigilarlo. [37] Encima de su cabeza habían puesto un letrero con el motivo de su condena, en el que se leía: «Este es Jesús, el rey de los judíos». [38] También crucificaron con él a dos ladrones, uno a su derecha y el otro a su izquierda. [39] Los que pasaban por allí lo insultaban; movían la cabeza [40] y decían: «¡Vaya! ¡Tú que destruyes el Templo y lo levantas de nuevo en tres días! Si eres el Hijo de Dios, líbrate del suplicio y baja de la cruz». [41] Los jefes de los sacerdotes, los jefes de los judíos y los maestros de la Ley también se burlaban de él. Decían: [42] «¡Ha salvado a otros y no es capaz de salvarse a sí mismo! ¡Que baje de la cruz el Rey de Israel y creeremos en él! [43] Ha puesto su confianza en Dios. Si Dios lo ama, que lo salve, pues él mismo dijo: Soy hijo de Dios». [44] Hasta los ladrones que habían sido crucificados con él lo insultaban. [45] Desde el mediodía hasta las tres de la tarde todo el país se cubrió de tinieblas. [46] A eso de las tres, Jesús gritó con fuerza: Elí, Elí, lamá sabactani, que quiere decir: «Dios mío, Dios mío, ¿por qué me has abandonado?» [47] Al oírlo, algunos de los presentes decían: «Está llamando a Elías». [48] Uno de ellos corrió, tomó una esponja, la empapó en vinagre y la puso en la punta de una caña para darle de beber. [49] Los otros le decían: «Déjalo, veamos si viene Elías a salvarlo». [50] Pero nuevamente Jesús dio un fuerte grito y entregó su espíritu.

DESPUÉS DE LA MUERTE DE JESÚS

[51] En ese mismo instante la cortina del Santuario se rasgó de arriba abajo, en dos partes. [52] La tierra tembló, las rocas se partieron, los sepulcros se abrieron y resucitaron varias personas santas que habían llegado ya al descanso. [53] Estas salieron de las sepulturas después de la resurrección de Jesús, fueron a la Ciudad Santa y se aparecieron a mucha gente. [54] El capitán y los soldados que custodiaban a Jesús, al ver el temblor y todo lo que estaba pasando, se llenaron de terror y decían: «Verdaderamente este hombre era Hijo de Dios». [55] También estaban allí, observándolo todo, algunas mujeres que desde Galilea habían seguido a Jesús para servirlo. [56] Entre ellas estaban María Magdalena, María, madre de Santiago y de José, y la madre de los hijos de Zebedeo.

SEPULTAN A JESÚS (MC 15,42; LC 23,50; JN 19,38)

[57] Siendo ya tarde, llegó un hombre rico de Arimatea, llamado José, que también se había hecho discípulo de Jesús. [58] Se presentó a Pilato y le pidió el cuerpo de Jesús, y el gobernador ordenó que se lo entregaran. [59] José tomó entonces el cuerpo de Jesús, lo envolvió en una sábana limpia [60] y lo colocó en el sepulcro nuevo que se había hecho excavar en la roca. Después hizo rodar una gran piedra sobre la entrada del sepulcro y se fue. [61] Mientras tanto, María Magdalena y la otra María estaban allí, sentadas frente al sepulcro.

ASEGURAN EL SEPULCRO

[62] Al día siguiente (el día después de la Preparación de la Pascua), los jefes de los sacerdotes y los fariseos se presentaron a Pilato [63] y le dijeron: «Señor, nos hemos acordado que ese mentiroso dijo cuando aún vivía: Después de tres días resucitaré. [64] Ordena, pues, que sea asegurado el sepulcro hasta el tercer día, no sea que vayan sus discípulos, roben el cuerpo y digan al pueblo: Resucitó de entre los muertos. Este sería un engaño más perjudicial que el primero». [65] Pilato les respondió: «Ahí tienen una guardia. Vayan ustedes y tomen todas las precauciones que crean convenientes». [66] Ellos, pues, fueron al sepulcro y lo aseguraron. Sellaron la piedra que cerraba la entrada y pusieron guardia.

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CAPÍTULO 28

JESÚS RESUCITADO SE APARECE A LAS MUJERES (MC 16,1; LC 24,1; JN 20,1)

[1] Pasado el sábado, al aclarar el primer día de la semana, fueron María Magdalena y la otra María a visitar el sepulcro. [2] De repente se produjo un violento temblor: el Angel del Señor bajó del cielo, se dirigió al sepulcro, hizo rodar la piedra de la entrada y se sentó sobre ella. [3] Su aspecto era como el relámpago y sus ropas blancas como la nieve. [4] Al ver al Angel, los guardias temblaron de miedo y se quedaron como muertos. [5] El Angel dijo a las mujeres: «Ustedes no tienen por qué temer. Yo sé que buscan a Jesús, que fue crucificado. [6] No está aquí, pues ha resucitado, tal como lo había anunciado. Vengan a ver el lugar donde lo habían puesto, [7] pero vuelvan en seguida y digan a sus discípulos: Ha resucitado de entre los muertos y ya se les adelanta camino a Galilea. Allí lo verán ustedes. Con esto ya se lo dije todo». [8] Ellas se fueron al instante del sepulcro, con temor, pero con una alegría inmensa a la vez, y corrieron a llevar la noticia a los discípulos. [9] En eso Jesús les salió al encuentro en el camino y les dijo: «Paz a ustedes». Las mujeres se acercaron, se abrazaron a sus pies y lo adoraron. [10] Jesús les dijo en seguida: «No tengan miedo. Vayan ahora y digan a mis hermanos que se dirijan a Galilea. Allí me verán». [11] Mientras las mujeres iban, unos guardias corrieron a la ciudad y contaron a los jefes de los sacerdotes todo lo que había pasado. [12] Estos se reunieron con las autoridades judías y acordaron dar a los soldados una buena cantidad de dinero [13] para que dijeran: «Los discípulos de Jesús vinieron de noche y, como estábamos dormidos, se robaron el cuerpo. [14] Si esto llega a oídos de Pilato, nosotros lo arreglaremos para que no tengan problemas». Los soldados recibieron el dinero e hicieron como les habían dicho. [15] De ahí salió la mentira que ha corrido entre los judíos hasta el día de hoy.

JESÚS ENVÍA A SUS APÓSTOLES

[16] Por su parte, los Once discípulos partieron para Galilea, al monte que Jesús les había indicado. [17] Cuando vieron a Jesús, se postraron ante él, aunque algunos todavía dudaban. [18] Jesús se acercó y les habló así: «Me ha sido dada toda autoridad en el Cielo y en la tierra. [19] Vayan, pues, y hagan que todos los pueblos sean mis discípulos. Bautícenlos en el Nombre del Padre y del Hijo y del Espíritu Santo, [20] y enséñenles a cumplir todo lo que yo les he encomendado a ustedes. Yo estoy con ustedes todos los días hasta el fin de la historia».