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CAMINANDO CON JESUS PEDRO SERGIO ANTONIO DONOSO BRANT NUEVO TESTAMENTO EVANGELIO SEGUN SAN MATEO
CAPÍTULO 1 LOS ANTEPASADOS DE JESÚS [1] Libro de los orígenes de Jesucristo, hijo de David
e hijo de Abraham. [2] Abraham fue padre de Isaac, y éste de Jacob. Jacob fue
padre de Judá y de sus hermanos. [3] De la unión de Judá y de Tamar nacieron Farés y Zera. Farés fue padre de Esrón y Esrón de Aram. [4] Aram fue padre de Aminadab,
éste de Naasón y Naasón
de Salmón. [5] Salmón fue padre de Booz y Rahab su madre. Booz fue padre
de Obed y Rut su madre. Obed
fue padre de Jesé. [6] Jesé fue padre del rey David. David fue padre de
Salomón y su madre la que había sido la esposa de Urías. [7] Salomón fue
padre de Roboam, que fue padre de Abías. Luego vienen los reyes Asá,
[8] Josafat, Joram, Ocías,
[9] Joatán, Ajaz,
Ezequías, [10] Manasés, Amón y Josías.
[11] Josías fue padre de Jeconías
y de sus hermanos, en tiempos de la deportación a Babilonia. [12] Después de
la deportación a Babilonia, Jeconías fue padre de Salatiel y éste de Zorobabel.
[13] Zorobabel fue padre de Abiud,
Abiud de Eliacim y Eliacim de Azor. [14] Azor fue padre de Sadoc, Sadoc de Aquim y éste de Eliud. [15] Eliud fue padre de Eleazar, Eleazar de Matán y éste de Jacob. [16] Jacob fue padre de José,
esposo de María,
de la que nació Jesús, llamado Cristo. [17] De modo que fueron catorce las
generaciones desde Abraham a David; otras catorce desde David hasta la
deportación a Babilonia, y catorce más desde esta deportación hasta el
nacimiento de Cristo. JESÚS NACE DE UNA MADRE VIRGEN (Lc 1,27) [18] Este fue el principio de Jesucristo: María, su madre, estaba
comprometida con José; pero antes de que vivieran juntos, quedó embarazada
por obra del Espíritu Santo. [19] Su esposo, José, pensó despedirla, pero
como era un hombre bueno, quiso actuar discretamente para no difamarla. [20]
Mientras lo estaba pensando, el Ángel del Señor se le apareció en sueños y le
dijo: «José, descendiente de David, no tengas miedo de llevarte a María, tu esposa, a tu casa; si bien está
esperando por obra del Espíritu Santo, [21] tú eres el que pondrás el nombre
al hijo que dará a luz. Y lo llamarás Jesús, porque él salvará a su pueblo de
sus pecados». [22] Todo esto sucedió para que se cumpliera lo que había dicho
el Señor por boca del profeta: [23] La virgen concebirá y dará a luz un hijo,
y le pondrán por nombre Emmanuel, que significa: Dios-con-nosotros. [24]
Cuando José se despertó, hizo lo que el ángel del Señor le había ordenado y
tomó consigo a su esposa. [25] Y sin que hubieran tenido relaciones, dio a
luz un hijo, al que puso por nombre Jesús. DEL ORIENTE VIENEN UNOS MAGOS [1] Jesús había nacido en Belén de Judá durante el
reinado de Herodes. Unos Magos que venían de Oriente llegaron a Jerusalén [2]
preguntando: «¿Dónde está el rey de los judíos
recién nacido? Porque hemos visto su estrella en el Oriente y venimos a
adorarlo». [3] Herodes y toda Jerusalén quedaron muy alborotados al oír esto.
[4] Reunió de inmediato a los sumos sacerdotes y a los que enseñaban [13] Después de marchar los Magos, el Ángel del Señor
se le apareció en sueños a José y le dijo: «Levántate, toma al niño y a su
madre y huye a Egipto. Quédate allí hasta que yo te avise, porque Herodes
buscará al niño para matarlo». [14] José se levantó; aquella misma noche tomó
al niño y a su madre, y partió hacia Egipto, [15] permaneciendo allí hasta la
muerte de Herodes. Así se cumplió lo que había anunciado el Señor por boca del
profeta: Llamé de Egipto a mi hijo. [16] Herodes se enojó muchísimo cuando se
dio cuenta que los Magos lo habían engañado, y fijándose en la fecha que
ellos le habían dicho, ordenó matar a todos los niños menores de dos años que
había en Belén y sus alrededores. [17] Así se cumplió lo que había anunciado
el profeta Jeremías: [18] En Ramá se oyeron gritos,
grandes sollozos y lamentos: es Raquel que llora a sus hijos: éstos ya no
están, y no quiere que la consuelen. JOSÉ Y MARÍA VUELVEN A NAZARET [19] Después de la muerte de Herodes, el Ángel del
Señor se apareció en sueños a José en Egipto y le dijo: [20] «Levántate, toma
contigo al niño y a su madre y regresa a la tierra de Israel, porque ya han
muerto los que querían matar al niño». [21] José se levantó, tomó al niño y a
su madre, y volvieron a la tierra de Israel. [22] Pero al enterarse de que
Arquelao gobernaba en Judea en lugar de su padre Herodes, tuvo miedo de ir
allá. Conforme a un aviso que recibió en sueños, se dirigió a la provincia de
Galilea [23] y se fue a vivir a un pueblo llamado Nazaret. Así había de
cumplirse lo que dijeron los profetas: Lo llamarán ''Nazoreo''.
JUAN BAUTISTA ANUNCIA (Mc 1,1; Lc 3,1; Jn 1,19) [1] Por aquel tiempo se presentó Juan Bautista y empezó
a predicar en el desierto de Judea; [2] éste era su mensaje: «Renuncien a su
mal camino, porque el Reino de los Cielos está cerca». [3] Es a Juan a quien
se refería el profeta Isaías cuando decía: Una voz grita en el desierto:
Preparen un camino al Señor; hagan sus senderos rectos. [4] Además de la piel
que llevaba colgada de la cintura, Juan no tenía más que un manto hecho de
pelo de camello. Su comida eran langostas y miel silvestre. [5] Venían a
verlo de Jerusalén, de toda JESÚS RECIBE EL BAUTISMO DE JUAN (Mc 1,9; Lc 3,21; Jn 1,29) [13] Por entonces vino Jesús de Galilea al Jordán, para
encontrar a Juan y para que éste lo bautizara. [14] Juan quiso disuadirlo y
le dijo: «¿Tú vienes a mí? Soy yo quien necesita ser
bautizado por ti». [15] Jesús le respondió: «Deja que hagamos así por ahora.
De este modo respetaremos el debido orden». Entonces Juan aceptó. [16] Una
vez bautizado, Jesús salió del agua. En ese momento se abrieron los Cielos y
vio al Espíritu de Dios que bajaba como una paloma y se posaba sobre él. [17]
Al mismo tiempo se oyó una voz del cielo que decía: «Este es mi Hijo, el
Amado; éste es mi Elegido». JESÚS ES TENTADO EN EL DESIERTO (Lc 4,1; Mc 1,12) [1] El Espíritu condujo a Jesús al desierto para que
fuera tentado por el diablo, [2] y después de estar sin comer cuarenta días y
cuarenta noches, al final sintió hambre. [3] Entonces se le acercó el
tentador y le dijo: «Si eres Hijo de Dios, ordena que estas piedras se
conviertan en pan». [4] Pero Jesús le respondió: «Dice [12] Cuando Jesús oyó que Juan había sido encarcelado,
se retiró a Galilea. [13] No se quedó en Nazaret, sino que fue a vivir a
Cafarnaún, a orillas del lago, en la frontera entre Zabulón y Neftalí. [14]
Así se cumplió lo que había dicho el profeta Isaías: [15] Tierra de Zabulón y
tierra de Neftalí, en el camino hacia el mar, a la otra orilla del Jordán,
Galilea, tierra de paganos, escuchen: [16] La gente que vivía en la oscuridad
ha visto una luz muy grande; una luz ha brillado para los que viven en
lugares de sombras de muerte. [17] Desde entonces Jesús empezó a proclamar
este mensaje: «Renuncien a su mal camino, porque el Reino de los Cielos está
ahora cerca». [18] Mientras Jesús caminaba a orillas del mar de Galilea, vio
a dos hermanos: uno era Simón, llamado Pedro, y el otro Andrés. Eran
pescadores y estaban echando la red al mar. [19] Jesús los llamó: «Síganme, y
yo los haré pescadores de hombres». [20] Al instante dejaron las redes y lo
siguieron. [21] Más adelante vio a otros dos hermanos: Santiago, hijo de
Zebedeo, con su hermano Juan; estaban con su padre en la barca arreglando las
redes. Jesús los llamó, [22] y en seguida ellos dejaron la barca y a su padre
y lo siguieron. [23] Jesús empezó a recorrer toda LAS BIENAVENTURANZAS (LC 6) [1] Jesús, al ver toda aquella muchedumbre, subió al
monte. Se sentó y sus discípulos se reunieron a su alrededor. [2] Entonces
comenzó a hablar y les enseñaba diciendo: [3] «Felices los que tienen el
espíritu del pobre, porque de ellos es el Reino de los Cielos. [4] Felices
los que lloran, porque recibirán consuelo. 5] Felices los pacientes, porque recibirán la tierra en
herencia. [6] Felices los que tienen hambre y sed de justicia, porque serán
saciados. [7] Felices los compasivos, porque obtendrán misericordia. [8] Felices los de corazón limpio, porque verán a Dios.
[9] Felices los que trabajan por la paz, porque serán
reconocidos como hijos de Dios. [10] Felices los que son perseguidos por
causa del bien, porque de ellos es el Reino de los Cielos. [11] Felices
ustedes, cuando por causa mía los insulten, los persigan y les levanten toda
clase de calumnias. [12] Alégrense y muéstrense contentos, porque será grande
la recompensa que recibirán en el cielo. Pues bien saben que así persiguieron
a los profetas que vivieron antes de ustedes. SAL Y LUZ (MC 4,21; LC 14,34; 8,16; 11,33) [13] Ustedes son la sal de la tierra. Pero si la sal
deja de ser sal, ¿cómo podrá ser salada de nuevo? Ya no sirve para nada, por
lo que se tira afuera y es pisoteada por la gente. [14] Ustedes son la luz
del mundo: ¿cómo se puede esconder una ciudad asentada sobre un monte? [15]
Nadie enciende una lámpara para taparla con un cajón; la ponen más bien sobre
un candelero, y alumbra a todos los que están en la casa. [16] Hagan, pues,
que brille su luz ante los hombres; que vean estas buenas obras, y por ello
den gloria al Padre de ustedes que está en los Cielos. UNA LEY MÁS PERFECTA [17] No crean que he venido a
suprimir NO JURAR [33] Ustedes han oído lo que se dijo a sus antepasados:
«No jurarás en falso, y cumplirás lo que has jurado al Señor». [34] Pero yo
les digo: ¡No juren! No juren por el cielo, porque es el trono de Dios; [35]
ni por la tierra, que es la tarima de sus pies; ni por Jerusalén, porque es
la ciudad del Gran Rey. [36] Tampoco jures por tu propia cabeza, pues no
puedes hacer blanco o negro ni uno solo de tus cabellos. [37] Digan sí cuando
es sí, y no cuando es no; cualquier otra cosa que se le añada, viene del
demonio. AMAR A LOS ENEMIGOS (LC 6,29) [38] Ustedes han oído que se dijo: «Ojo por ojo y
diente por diente». [39] Pero yo les digo: No resistan al malvado. Antes
bien, si alguien te golpea en la mejilla derecha, ofrécele también la otra.
[40] Si alguien te hace un pleito por la camisa, entrégale también el manto.
[41] Si alguien te obliga a llevarle la carga, llévasela el doble más lejos.
[42] Da al que te pida, y al que espera de ti algo prestado, no le vuelvas la
espalda. [43] Ustedes han oído que se dijo: «Amarás a tu prójimo y no harás
amistad con tu enemigo». [44] Pero yo les digo: Amen a sus enemigos y recen
por sus perseguidores, [45] para que así sean hijos de su Padre que está en
los Cielos. Porque él hace brillar su sol sobre malos y buenos, y envía la
lluvia sobre justos y pecadores. [46] Si ustedes aman solamente a quienes los
aman, ¿qué mérito tiene? También los cobradores de impuestos lo hacen. [47] Y
si saludan sólo a sus amigos, ¿qué tiene de especial? También los paganos se
comportan así. [48] Por su parte, sean ustedes perfectos como es perfecto el
Padre de ustedes que está en el Cielo. CAPÍTULO 6 HACER EL BIEN SÓLO POR DIOS [1] Guárdense de las buenas acciones hechas a la vista
de todos, a fin de que todos las aprecien. Pues en ese caso, no les quedaría
premio alguno que esperar de su Padre que está en el cielo. [2] Cuando ayudes
a un necesitado, no lo publiques al son de trompetas; no imites a los que dan
espectáculo en las sinagogas y en las calles, para que los hombres los alaben.
Yo se lo digo: ellos han recibido ya su premio. [3] Tú, cuando ayudes a un
necesitado, ni siquiera tu mano izquierda debe saber lo que hace la derecha:
[4] tu limosna quedará en secreto. Y tu Padre, que ve en lo secreto, te
premiará. [5] Cuando ustedes recen, no imiten a los que dan espectáculo; les
gusta orar de pie en las sinagogas y en las esquinas de las plazas, para que
la gente los vea. Yo se lo digo: ellos han recibido ya su premio. [6] Pero
tú, cuando reces, entra en tu pieza, cierra la puerta y ora a tu Padre que
está allí, a solas contigo. Y tu Padre, que ve en lo secreto, te premiará.
[7] Cuando pidan a Dios, no imiten a los paganos con sus letanías
interminables: ellos creen que un bombardeo de palabras hará que se los oiga.
[8] No hagan como ellos, pues antes de que ustedes pidan, su Padre ya sabe lo
que necesitan. EL PADRENUESTRO (LC 11,1; MC 11,25) [9] Ustedes, pues, recen así: Padre nuestro, que estás en el Cielo, santificado sea tu Nombre, [10] venga tu Reino, hágase tu voluntad así en la tierra como en el Cielo. [11] Danos hoy el pan que nos corresponde; [12] y perdona nuestras deudas, como también nosotros perdonamos a nuestros deudores; [13] y no nos dejes caer en la tentación, sino líbranos del Maligno. [14] Porque si ustedes perdonan a los hombres sus
ofensas, también el Padre celestial les perdonará a ustedes. [15] Pero si
ustedes no perdonan a los demás, tampoco el Padre les perdonará a ustedes.
[16] Cuando ustedes hagan ayuno, no pongan cara triste, como los que dan
espectáculo y aparentan palidez, para que todos noten sus ayunos. Yo se lo
digo: ellos han recibido ya su premio. [17] Cuando tú hagas ayuno, lávate la
cara y perfúmate el cabello. [18] No son los hombres los que notarán tu
ayuno, sino tu Padre que ve las cosas secretas, y tu Padre que ve en lo
secreto, te premiará. (Lc 11,34; 12,33) [19] No junten tesoros y reservas aquí en la tierra,
donde la polilla y el óxido hacen estragos, y donde los ladrones rompen el
muro y roban. [20] Junten tesoros y reservas en el Cielo, donde no hay
polilla ni óxido para hacer estragos, y donde no hay ladrones para romper el
muro y robar. [21] Pues donde está tu tesoro, allí estará también tu corazón.
[22] Tu ojo es la lámpara de tu cuerpo. Si tus ojos están sanos, todo tu
cuerpo tendrá luz; pero si tus ojos están malos, todo tu cuerpo estará en obscuridad. [23] Y si la luz que hay en ti ha llegado a
ser obscuridad, ¡cómo será de tenebrosa tu parte
más obscura! PONER [24] Nadie puede servir a dos patrones: necesariamente
odiará a uno y amará al otro, o bien cuidará al primero y despreciará al
otro. Ustedes no pueden servir al mismo tiempo a Dios y al Dinero. [25] Por
eso yo les digo: No anden preocupados por su vida con problemas de alimentos,
ni por su cuerpo con problemas de ropa. ¿No es más importante la vida que el
alimento y más valioso el cuerpo que la ropa? [26] Fíjense en las aves del
cielo: no siembran, ni cosechan, no guardan alimentos en graneros, y sin
embargo el Padre del Cielo, el Padre de ustedes, las alimenta. ¿No valen
ustedes mucho más que las aves? [27] ¿Quién de ustedes, por más que se
preocupe, puede añadir algo a su estatura? [28] Y ¿por qué se preocupan tanto
por la ropa? Miren cómo crecen las flores del campo, y no trabajan ni tejen.
[29] Pero yo les digo que ni Salomón, con todo su lujo, se pudo vestir como
una de ellas. [30] Y si Dios viste así el pasto del campo, que hoy brota y
mañana se echa al fuego, ¿no hará mucho más por ustedes? ¡Qué poca fe tienen!
[31] No anden tan preocupados ni digan: ¿tendremos alimentos? o ¿qué
beberemos? o ¿tendremos ropas para vestirnos? [32] Los que no conocen a Dios
se afanan por esas cosas, pero el Padre del Cielo, Padre de ustedes, sabe que
necesitan todo eso. [33] Por lo tanto, busquen primero el Reino y HIJOS DEL REINO (LC 6,37; 11,9; 6,31; 13,23) [1] No juzguen a los demás y no serán juzgados ustedes.
[2] Porque de la misma manera que ustedes juzguen, así serán juzgados, y la
misma medida que ustedes usen para los demás, será usada para ustedes. [3]
¿Qué pasa? Ves la pelusa en el ojo de tu hermano, ¿y no te das cuenta del
tronco que hay en el tuyo? [4] ¿Y dices a tu hermano: Déjame sacarte esa
pelusa del ojo, teniendo tú un tronco en el tuyo? [5] Hipócrita, saca primero
el tronco que tienes en tu ojo y así verás mejor para sacar la pelusa del ojo
de tu hermano. [6] No den lo que es santo a los perros, ni echen sus perlas a
los cerdos, pues podrían pisotearlas y después se volverían contra ustedes
para destrozarlos. [7] Pidan y se les dará; busquen y hallarán; llamen y se
les abrirá la puerta. [8] Porque el que pide, recibe; el que busca,
encuentra; y se abrirá la puerta al que llama. [9] ¿Acaso alguno de ustedes
daría a su hijo una piedra cuando le pide pan? [10] ¿O le daría una culebra
cuando le pide un pescado? [11] Pues si ustedes, que son malos, saben dar
cosas buenas a sus hijos, ¡con cuánta mayor razón el Padre de ustedes, que
está en el Cielo, dará cosas buenas a los que se las pidan! [12] Todo lo que
ustedes desearían de los demás, háganlo con ellos: ahí está toda EL ÁRBOL SE CONOCE POR LOS FRUTOS (LC 6,43) [15] Cuídense de los falsos profetas: se presentan ante
ustedes con piel de ovejas, pero por dentro son lobos feroces. [16] Ustedes
los reconocerán por sus frutos. ¿Cosecharían ustedes uvas de los espinos o
higos de los cardos? [17] Lo mismo pasa con un árbol sano: da frutos buenos,
mientras que el árbol malo produce frutos malos. [18] Un árbol bueno no puede
dar frutos malos, como tampoco un árbol malo puede producir frutos buenos.
[19] Todo árbol que no da buenos frutos se corta y se echa al fuego. [20] Por
lo tanto, ustedes los reconocerán por sus obras. [21] No bastará con decirme: ¡Señor!, ¡Señor!, para entrar
en el Reino de los Cielos; más bien entrará el que hace la voluntad de mi
Padre del Cielo. [22] Aquel día muchos me dirán: ¡Señor, Señor! Hemos hablado
en tu nombre, y en tu nombre hemos expulsado demonios y realizado muchos
milagros. [23] Entonces yo les diré claramente: Nunca les conocí. ¡Aléjense
de mí, ustedes que hacen el mal! [24] Si uno escucha estas palabras mías y
las pone en práctica, dirán de él: aquí tienen al hombre sabio y prudente,
que edificó su casa sobre roca. [25] Cayó la lluvia, se desbordaron los ríos,
soplaron los vientos y se arrojaron contra aquella casa, pero la casa no se
derrumbó, porque tenía los cimientos sobre roca. [26] Pero dirán del que oye
estas palabras mías, y no las pone en práctica: aquí tienen a un tonto que
construyó su casa sobre arena. [27] Cayó la lluvia, se desbordaron los ríos,
soplaron los vientos y se arrojaron contra esa casa: la casa se derrumbó y
todo fue un gran desastre». [28] Cuando Jesús terminó este discurso, la gente
estaba admirada de cómo enseñaba, [29] porque lo hacía con autoridad y no
como sus maestros de CURACIÓN DE UN LEPROSO (MC 1,40; LC 5,12) [1] Jesús, pues, bajó del monte, y empezaron a seguirlo
muchedumbres. [2] Un leproso se acercó, se arrodilló delante de él y le dijo:
«Señor, si tú quieres, puedes limpiarme». [3] Jesús extendió la mano, lo tocó
y le dijo: «Quiero; queda limpio». Al momento quedó limpio de la lepra. [4]
Jesús le dijo: «Mira, no se lo digas a nadie; pero ve a mostrarte al
sacerdote y ofrece la ofrenda ordenada por [5] Al entrar Jesús en Cafarnaún, se le acercó un
capitán de la guardia, suplicándole: [6] «Señor, mi muchacho está en cama,
totalmente paralizado, y sufre terriblemente». [7] Jesús le dijo: «Yo iré a
sanarlo». [8] El capitán contestó: «Señor, ¿quién soy yo para que entres en
mi casa? Di no más una palabra y mi sirviente sanará. [9] Pues yo, que no soy
más que un capitán, tengo soldados a mis órdenes, y cuando le digo a uno:
Vete, él se va; y si le digo a otro: Ven, él viene; y si ordeno a mi
sirviente: Haz tal cosa, él la hace». [10] Jesús se quedó admirado al oír
esto, y dijo a los que le seguían: «Les aseguro que no he encontrado a nadie
en Israel con tanta fe. [11] Yo se lo digo: vendrán muchos del oriente y del
occidente para sentarse a la mesa con Abraham, Isaac y Jacob en el Reino de
los Cielos, [12] mientras que los que debían entrar al reino serán echados a
las tinieblas de afuera: allí será el llorar y rechinar de dientes». [13]
Luego Jesús dijo al capitán: «Vete a casa, hágase todo como has creído». Y en
ese mismo momento el muchacho quedó sanó. [14] Jesús fue a casa de Pedro;
allí encontró a la suegra de éste en cama, con fiebre. [15] Jesús le tocó la
mano y se le pasó la fiebre. Ella se levantó y comenzó a atenderle. [16] Al
atardecer le llevaron muchos endemoniados. Él expulsó a los espíritus malos
con una sola palabra, y sanó también a todos los enfermos. [17] Así se
cumplió lo que había anunciado el profeta Isaías: Él tomó nuestras
debilidades y cargó con nuestras enfermedades. (Lc 9,57) [18] Jesús, al verse rodeado por la multitud, dio orden
de cruzar a la otra orilla. [19] Entonces se le acercó un maestro de JESÚS CALMA [23] Jesús subió a la barca y sus discípulos le
siguieron. [24] Se levantó una tormenta muy violenta en el lago, con olas que
cubrían la barca, pero él dormía. [25] Los discípulos se acercaron y lo
despertaron diciendo: «¡Señor, sálvanos, que estamos
perdidos!» [26] Pero él les dijo: «¡Qué miedosos son
ustedes! ¡Qué poca fe tienen!» Entonces se levantó, dio una orden al viento y
al mar, y todo volvió a la más completa calma. [27] Grande fue el asombro;
aquellos hombres decían: «¿Quién es éste, que hasta
los vientos y el mar le obedecen?». LOS ENDEMONIADOS DE GADARA (MC 5,1; LC 8,26) [28] Al llegar a la otra orilla, a la tierra de Gadara, dos endemoniados salieron de entre los sepulcros
y vinieron a su encuentro. Eran hombres tan salvajes que nadie se atrevía a
pasar por aquel camino. [29] Y se pusieron a gritar: «¡No
te metas con nosotros, Hijo de Dios! ¿Has venido aquí para atormentarnos
antes de tiempo?» [30] A cierta distancia de allí había una gran piara de
cerdos comiendo. [31] Los demonios suplicaron a Jesús: «Si nos expulsas,
envíanos a esa piara de cerdos». Jesús les dijo: «Vayan». [32] Salieron y
entraron en los cerdos. Al momento toda la piara se lanzó hacia el lago por
la pendiente, y allí se ahogaron. [33] Los cuidadores huyeron, fueron a la
ciudad y contaron todo lo sucedido, y lo que había pasado con los
endemoniados. [34] Entonces todos los habitantes salieron al encuentro de
Jesús y, no bien lo vieron, le rogaron que se alejase de sus tierras. JESÚS SANA AL PARALÍTICO Y PERDONA SUS PECADOS (MC 2,1;
LC 5,17) [1] Jesús volvió a la barca, cruzó de nuevo el lago y vino
a su ciudad. [2] Allí le llevaron a un paralítico, tendido en una camilla. Al
ver Jesús la fe de esos hombres, dijo al paralítico: «¡Animo,
hijo; tus pecados quedan perdonados!» [3] Algunos maestros de JESÚS LLAMA AL APÓSTOL MATEO (MC 2,13; LC 5,27) [9] Jesús, al irse de allí, vio a un hombre llamado
Mateo en su puesto de cobrador de impuestos, y le dijo: «Sígueme». Mateo se
levantó y lo siguió. [10] Como Jesús estaba comiendo en casa de Mateo, un
buen número de cobradores de impuestos y otra gente pecadora vinieron a
sentarse a la mesa con Jesús y sus discípulos. [11] Los fariseos, al ver
esto, decían a los discípulos: «¿Cómo es que su
Maestro come con cobradores de impuestos y pecadores?» [12] Jesús los oyó y
dijo: «No es la gente sana la que necesita médico, sino los enfermos. [13]
Vayan y aprendan lo que significa esta palabra de Dios: Me gusta la
misericordia más que las ofrendas. Pues no he venido a llamar a los justos,
sino a los pecadores». [14] Entonces se le acercaron los discípulos de Juan y
le preguntaron: «Nosotros y los fariseos ayunamos en muchas ocasiones, ¿por
qué tus discípulos no ayunan?» [15] Jesús les contestó: «¿Quieren
ustedes que los compañeros del novio estén de duelo, mientras el novio está
con ellos? Llegará el tiempo en que el novio les será quitado; entonces
ayunarán. [16] Nadie remienda un vestido viejo con un pedazo de tela nueva,
porque el pedazo nuevo tiraría del vestido y la rotura se haría mayor. [17] Y
nadie echa vino nuevo en recipientes de cuero viejos, porque si lo hacen, se
reventarán los cueros, el vino se desparramará y los recipientes se
estropearán. El vino nuevo se echa en cueros nuevos, y así se conservan bien
el vino y los recipientes». JESÚS RESUCITA A UNA NIÑA Y CURA A UNA MUJER ENFERMA (MC 5,21; LC 8,40) [18] Mientras Jesús hablaba, llegó un jefe de los
judíos, se postró delante de él y le dijo: «Mi hija acaba de morir, pero ven,
pon tu mano sobre ella, y vivirá». [19] Jesús se levantó y lo siguió junto
con sus discípulos. [20] Mientras iba de camino, una mujer que desde hacía
doce años padecía hemorragias, se acercó por detrás y tocó el fleco de su
manto. [21] Pues ella pensaba: «Con sólo tocar su manto, me salvaré». [22]
Jesús se dio vuelta y, al verla, le dijo: «Animo, hija; tu fe te ha salvado».
Y desde aquel momento, la mujer quedó sana. [23] Al llegar Jesús a la casa
del jefe, vio a los flautistas y el alboroto de la gente. [24] Entonces les
dijo: «Váyanse, la niña no ha muerto sino que está dormida». Ellos se
burlaban de él. [25] Después que echaron a toda la gente, Jesús entró, tomó a
la niña por la mano, y la niña se levantó. [26] El hecho se divulgó por toda
aquella región. OTRAS CURACIONES [27] Al retirarse Jesús de allí, lo siguieron dos
ciegos que gritaban: «¡Hijo de David, ten compasión
de nosotros!» [28] Cuando Jesús estuvo en casa, los ciegos se le acercaron, y
Jesús les preguntó: «¿Creen que puedo hacer esto?»
Contestaron: «Sí, Señor». [29] Entonces Jesús les tocó los ojos, diciendo:
«Hágase así, tal como han creído». Y sus ojos vieron. [30] Después les ordenó
severamente: «Cuiden de que nadie lo sepa». [31] Pero ellos, en cuanto se
fueron, lo publicaron por toda la región. [32] Apenas se fueron los ciegos,
le trajeron a uno que tenía un demonio y no podía hablar. [33] Jesús echó al
demonio, y el mudo empezó a hablar. La gente quedó maravillada y todos
decían: «Jamás se ha visto cosa igual en Israel». [34] En cambio, los
fariseos comentaban: «Este echa a los demonios con la ayuda del príncipe de
los demonios». [35] Jesús recorría todas las ciudades y pueblos; enseñaba en
sus sinagogas, proclamaba LOS DOCE APÓSTOLES (MC 3,13; LC 6,12) [1] Jesús llamó a sus doce discípulos y les dio poder
sobre los malos espíritus para expulsarlos y para curar toda clase de
enfermedades y dolencias. [2] Estos son los nombres de los doce apóstoles:
primero Simón, llamado Pedro, y su hermano Andrés; Santiago, hijo de Zebedeo,
y su hermano Juan; [3] Felipe y Bartolomé; Tomás y Mateo, el recaudador de
impuestos; Santiago, el hijo de Alfeo, y Tadeo; [4] Simón, el cananeo y Judas
Iscariote, el que lo traicionaría. JESÚS ENVÍA A LOS PRIMEROS MISIONEROS (LC 9,1; 10,1; MC
6,8) [5] A estos Doce Jesús los envió a misionar, con las
instrucciones siguientes: «No vayan a tierras de paganos, ni entren en
pueblos de samaritanos. [6] Diríjanse más bien a las ovejas perdidas del
pueblo de Israel. [7] A lo largo del camino proclamen: ¡El Reino de los
Cielos está ahora cerca! [8] Sanen enfermos, resuciten muertos, limpien
leprosos y echen los demonios. Ustedes lo recibieron sin pagar, denlo sin
cobrar. [9] No lleven oro, plata o monedas en el cinturón. [10] Nada de
provisiones para el viaje, o vestidos de repuesto; no lleven bastón ni
sandalias, porque el que trabaja se merece el alimento. [11] En todo pueblo o
aldea en que entren, busquen alguna persona que valga, y quédense en su casa
hasta que se vayan. [12] Al entrar en la casa, deséenle la paz. [13] Si esta
familia la merece, recibirá vuestra paz; y si no la merece, la bendición
volverá a ustedes. [14] Y si en algún lugar no los reciben ni escuchan sus
palabras, salgan de esa familia o de esa ciudad, sacudiendo el polvo de los
pies. [15] Yo les aseguro que esa ciudad, en el día del juicio, será tratada
con mayor rigor que Sodoma y Gomorra. [16] Miren
que los envío como ovejas en medio de lobos: sean, pues, precavidos como la
serpiente, pero sencillos como la paloma. LOS TESTIGOS DE JESÚS SERÁN PERSEGUIDOS (LC 12,11; MC
13,19; 4,22; 8,38) [17] ¡Cuídense de los hombres! A ustedes los
arrastrarán ante sus consejos, y los azotarán en sus sinagogas. [18] Ustedes
incluso serán llevados ante gobernantes y reyes por causa mía, y tendrán que
dar testimonio ante ellos y los pueblos paganos. [19] Cuando sean arrestados,
no se preocupen por lo que van a decir, ni cómo han de hablar. Llegado ese
momento, se les comunicará lo que tengan que decir. [20] Pues no serán
ustedes los que hablarán, sino el Espíritu de su Padre el que hablará en
ustedes. [21] Un hermano denunciará a su hermano para que lo maten, y el
padre a su hijo, y los hijos se sublevarán contra sus padres y los matarán.
[22] Ustedes serán odiados por todos por causa mía, pero el que se mantenga
firme hasta el fin, ése se salvará. [23] Cuando los persigan en una ciudad,
huyan a otra. En verdad les digo: no terminarán de recorrer todas las
ciudades de Israel antes de que venga el Hijo del Hombre. [24] El discípulo
no está por encima de su maestro, ni el sirviente por encima de su patrón.
[25] Ya es mucho si el discípulo llega a ser como su maestro y el sirviente
como su patrón. Si al dueño de casa lo han llamado demonio, ¡qué no dirán de
los demás de la familia! [26] Pero no les tengan miedo. Nada hay oculto que
no llegue a ser descubierto, ni nada secreto que no llegue a saberse. [27] Lo
que yo les digo en la oscuridad, repítanlo ustedes a la luz, y lo que les
digo en privado, proclámenlo desde las azoteas. [28] No teman a los que sólo
pueden matar el cuerpo, pero no el alma; teman más bien al que puede destruir
alma y cuerpo en el infierno. [29] ¿Acaso un par de pajaritos no se venden
por unos centavos? Pero ni uno de ellos cae en tierra sin que lo permita
vuestro Padre. [30] En cuanto a ustedes, hasta sus cabellos están todos
contados. [31] ¿No valen ustedes más que muchos pajaritos? Por lo tanto no
tengan miedo. [32] Al que se ponga de mi parte ante los hombres, yo me pondré
de su parte ante mi Padre de los Cielos. [33] Y al que me niegue ante los
hombres, yo también lo negaré ante mi Padre que está en los Cielos. [34] No
piensen que he venido a traer paz a la tierra; no he venido a traer paz, sino
espada. [35] Pues he venido a enfrentar al hombre contra su padre, a la hija
contra su madre, y a la nuera contra su suegra. [36] Cada cual verá a sus
familiares volverse enemigos. [37] El que ama a su padre o a su madre más que
a mí, no es digno de mí; y el que ama a su hijo o a su hija más que a mí, no
es digno de mí. [38] El que no carga con su cruz y viene detrás de mí, no es
digno de mí. [39] El que vive su vida para sí la perderá, y el que sacrifique
su vida por mi causa, la hallará. [40] El que los recibe a ustedes, a mí me
recibe, y el que me recibe a mí, recibe a Aquel que me ha enviado. El que
recibe a un profeta porque es profeta, recibirá recompensa digna de un
profeta. [41] El que recibe a un hombre justo por ser justo, recibirá la
recompensa que corresponde a un justo. [42] Asimismo, el que dé un vaso de
agua fresca a uno de estos pequeños, porque es discípulo, no quedará sin
recompensa: soy yo quien se lo digo». JESÚS Y JUAN BAUTISTA (LC 7,18; 16,16; 10,13) [1] Cuando Jesús terminó de dar estas instrucciones a
sus doce discípulos, se fue de allí para predicar y enseñar en las ciudades
judías. [2] Juan, que estaba en la cárcel, oyó hablar de las obras de Cristo,
por lo que envió a sus discípulos [3] a preguntarle: «¿Eres
tú el que ha de venir, o tenemos que esperar a otro?» [4] Jesús les contestó:
«Vayan y cuéntenle a Juan lo que ustedes están oyendo y viendo: [5] los
ciegos ven, los cojos andan, los leprosos quedan limpios, los sordos oyen,
los muertos resucitan, y una Buena Nueva llega a los pobres. [6] ¡Y dichoso
aquél para quien yo no sea motivo de escándalo!» [7] Una vez que se fueron
los mensajeros, Jesús comenzó a hablar de Juan a la gente: «Cuando ustedes
fueron al desierto, ¿qué iban a ver? ¿Una caña agitada por el viento? [8]
¿Qué iban ustedes a ver? ¿Un hombre con ropas finas? Los que visten ropas
finas viven en palacios. [9] Entonces, ¿qué fueron a ver? ¿A un profeta? Eso
sí y, créanme, más que un profeta. [10] Este es el hombre de quien la
escritura dice: Yo voy a enviar mi mensajero delante de ti, para que te
preceda abriéndote el camino. [11] Yo se lo digo: de entre los hijos de mujer
no se ha manifestado uno más grande que Juan Bautista, y sin embargo el más
pequeño en el Reino de los Cielos es más que él. [12] Desde los días de Juan
Bautista hasta ahora el Reino de Dios es cosa que se conquista, y los más decididos
son los que se adueñan de él. [13] Hasta Juan, todos los profetas y CARGUEN CON MI YUGO (LC 10,21) [25] En aquella ocasión Jesús exclamó: «Yo te alabo,
Padre, Señor del Cielo y de la tierra, porque has mantenido ocultas estas
cosas a los sabios y entendidos y las has revelado a la gente sencilla. Sí,
Padre, pues así fue de tu agrado. [26] Mi Padre ha puesto todas las cosas en
mis manos. [27] Nadie conoce al Hijo sino el Padre, y nadie conoce al Padre
sino el Hijo y aquellos a quienes el Hijo se lo quiera dar a conocer. [28]
Vengan a mí los que van cansados, llevando pesadas cargas, y yo los aliviaré.
[29] Carguen con mi yugo y aprendan de mí, que soy paciente y humilde de
corazón, y sus almas encontrarán descanso. [30] Pues mi yugo es suave y mi
carga liviana». JESÚS, SEÑOR DEL SÁBADO (MC 2,23; 3,1; LC 6,1; 14,1) [1] En cierta ocasión pasaba Jesús por unos campos de
trigo, y era un día sábado. Sus discípulos, que tenían hambre, comenzaron a
desgranar espigas y a comerse el grano. [2] Al advertirlo unos fariseos,
dijeron a Jesús: «Tus discípulos están haciendo lo que está prohibido hacer
en día sábado». [3] Jesús les contestó: «¿No han
leído ustedes lo que hizo David un día que tenía hambre, él y su gente? [4]
Pues entró en la casa de Dios y comieron el pan ofrecido a Dios, que les
estaba prohibido tanto a él como a sus compañeros, pues estaba reservado a
los sacerdotes. [5] ¿No han leído en [9] Saliendo de aquel lugar, Jesús entró en una
sinagoga de los judíos. [10] Se encontraba allí un hombre que tenía una mano
paralizada. Le preguntaron a Jesús, con intención de acusarlo después: «¿Está permitido hacer curaciones en día sábado?» [11]
Jesús les dijo: «Si alguno de ustedes tiene una sola oveja y se le cae a un
barranco en día sábado, ¿no irá a sacarla? [12] ¡Pues un ser humano vale
mucho más que una oveja! Por lo tanto, está permitido hacer el bien en día
sábado». [13] Dijo entonces al enfermo: «Extiende tu mano». La extendió y le
quedó tan sana como la otra. [14] Al salir, los fariseos planearon la manera
de acabar con él. [15] Jesús lo supo y se alejó de allí, pero muchas personas
lo siguieron, y él sanó a cuantos estaban enfermos. [16] Pero les pedía
insistentemente que no hablaran de él. [17] Así debían cumplirse las palabras
del profeta Isaías: [18] Viene mi siervo, mi elegido, el Amado, en quien me
he complacido. Pondré mi Espíritu sobre él, para que anuncie mis juicios a
las naciones. [19] No discutirá, ni gritará, ni se oirá su voz en las plazas.
[20] No quebrará la caña resquebrajada ni apagará la mecha que todavía humea,
hasta que haga triunfar la justicia. [21] Las naciones pondrán su esperanza
en su Nombre. EL PECADO QUE NO SERÁ PERDONADO (MC 3,22; LC 11,15) [22] Algunos le trajeron un endemoniado que era ciego y
mudo. Jesús lo sanó, de modo que pudo ver y hablar. [23] Ante esto, toda la
gente quedó asombrada y preguntaban: «¿No será éste
el hijo de David?» [24] Lo oyeron los fariseos y respondieron: «¡Este expulsa los demonios por obra de Beelzebú, príncipe de los demonios!» [25] Jesús sabía lo
que estaban pensando, y les dijo: «Todo reino que se divide, corre a la
ruina; no hay ciudad o familia que pueda durar con luchas internas. [26] Si
Satanás expulsa a Satanás, está dividido; ¿cómo podrá mantenerse su reino? [27]
Y si Beelzebú me ayuda a echar los demonios, ¿quién
ayuda a la gente de ustedes cuando los echan? Ellos mismos les darán la
respuesta. [28] Pero si el Espíritu de Dios es el que me permite echar a los
demonios, entiendan que el Reino de Dios ha llegado a ustedes. [29] ¿Quién
entrará en la casa del Fuerte y le robará sus cosas, sino el que pueda
amarrar al Fuerte? Sólo entonces le saqueará la casa. [30] El que no está
conmigo, está contra mí, y el que no recoge conmigo, desparrama. [31] Por eso
yo les digo: Se perdonará a los hombres cualquier pecado y cualquier insulto
contra Dios. Pero calumniar al Espíritu Santo es cosa que no tendrá perdón.
[32] Al que calumnie al Hijo del Hombre se le perdonará; pero al que calumnie
al Espíritu Santo, no se le perdonará, ni en este mundo, ni en el otro. [33]
Planten ustedes un árbol bueno, y su fruto será bueno; planten un árbol
dañado, y su fruto será malo. Porque el árbol se conoce por sus frutos. [34]
Raza de víboras, si ustedes son tan malos, ¿cómo pueden decir algo bueno? La
boca siempre habla de lo que está lleno el corazón. [35] El hombre bueno saca
cosas buenas del bien que guarda dentro, y el que es malo, de su mal
acumulado saca cosas malas. [36] Yo les digo que, en el día del juicio, los
hombres tendrán que dar cuenta hasta de lo dicho que no podían justificar.
[37] Tus propias palabras te justificarán, y son tus palabras también las que
te harán condenar». JESÚS CRITICA A LOS DE SU GENERACIÓN (MC 8,11; LC
11,16) [38] Entonces algunos maestros de [1] Ese día Jesús salió de casa y fue a sentarse a orillas del lago. [2] Pero la gente vino a él en tal cantidad, que subió a una barca y se sentó en ella, mientras toda la gente se quedó en la orilla. [3] Jesús les habló de muchas cosas, usando comparaciones o parábolas. Les decía: «El sembrador salió a sembrar. [4] Y mientras sembrab | ||||||||||||||||||||||||||||||||||||||||