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CAMINANDO CON JESUS PEDRO SERGIO ANTONIO DONOSO BRANT NUEVO TESTAMENTO EVANGELIO SEGUN SAN MATEO
CAPÍTULO 1 LOS ANTEPASADOS DE JESÚS [1] Libro de los orígenes de Jesucristo, hijo de David
e hijo de Abraham. [2] Abraham fue padre de Isaac, y éste de Jacob. Jacob fue
padre de Judá y de sus hermanos. [3] De la unión de Judá y de Tamar nacieron Farés y Zera. Farés fue padre de Esrón y Esrón de Aram. [4] Aram fue padre de Aminadab,
éste de Naasón y Naasón
de Salmón. [5] Salmón fue padre de Booz y Rahab su madre. Booz fue padre
de Obed y Rut su madre. Obed
fue padre de Jesé. [6] Jesé fue padre del rey David. David fue padre de
Salomón y su madre la que había sido la esposa de Urías. [7] Salomón fue
padre de Roboam, que fue padre de Abías. Luego vienen los reyes Asá,
[8] Josafat, Joram, Ocías,
[9] Joatán, Ajaz,
Ezequías, [10] Manasés, Amón y Josías.
[11] Josías fue padre de Jeconías
y de sus hermanos, en tiempos de la deportación a Babilonia. [12] Después de
la deportación a Babilonia, Jeconías fue padre de Salatiel y éste de Zorobabel.
[13] Zorobabel fue padre de Abiud,
Abiud de Eliacim y Eliacim de Azor. [14] Azor fue padre de Sadoc, Sadoc de Aquim y éste de Eliud. [15] Eliud fue padre de Eleazar, Eleazar de Matán y éste de Jacob. [16] Jacob fue padre de José,
esposo de María,
de la que nació Jesús, llamado Cristo. [17] De modo que fueron catorce las
generaciones desde Abraham a David; otras catorce desde David hasta la
deportación a Babilonia, y catorce más desde esta deportación hasta el
nacimiento de Cristo. JESÚS NACE DE UNA MADRE VIRGEN (Lc 1,27) [18] Este fue el principio de Jesucristo: María, su madre, estaba
comprometida con José; pero antes de que vivieran juntos, quedó embarazada
por obra del Espíritu Santo. [19] Su esposo, José, pensó despedirla, pero
como era un hombre bueno, quiso actuar discretamente para no difamarla. [20]
Mientras lo estaba pensando, el Ángel del Señor se le apareció en sueños y le
dijo: «José, descendiente de David, no tengas miedo de llevarte a María, tu esposa, a tu casa; si bien está
esperando por obra del Espíritu Santo, [21] tú eres el que pondrás el nombre
al hijo que dará a luz. Y lo llamarás Jesús, porque él salvará a su pueblo de
sus pecados». [22] Todo esto sucedió para que se cumpliera lo que había dicho
el Señor por boca del profeta: [23] La virgen concebirá y dará a luz un hijo,
y le pondrán por nombre Emmanuel, que significa: Dios-con-nosotros. [24]
Cuando José se despertó, hizo lo que el ángel del Señor le había ordenado y
tomó consigo a su esposa. [25] Y sin que hubieran tenido relaciones, dio a
luz un hijo, al que puso por nombre Jesús. DEL ORIENTE VIENEN UNOS MAGOS [1] Jesús había nacido en Belén de Judá durante el
reinado de Herodes. Unos Magos que venían de Oriente llegaron a Jerusalén [2]
preguntando: «¿Dónde está el rey de los judíos
recién nacido? Porque hemos visto su estrella en el Oriente y venimos a
adorarlo». [3] Herodes y toda Jerusalén quedaron muy alborotados al oír esto.
[4] Reunió de inmediato a los sumos sacerdotes y a los que enseñaban [13] Después de marchar los Magos, el Ángel del Señor
se le apareció en sueños a José y le dijo: «Levántate, toma al niño y a su
madre y huye a Egipto. Quédate allí hasta que yo te avise, porque Herodes
buscará al niño para matarlo». [14] José se levantó; aquella misma noche tomó
al niño y a su madre, y partió hacia Egipto, [15] permaneciendo allí hasta la
muerte de Herodes. Así se cumplió lo que había anunciado el Señor por boca del
profeta: Llamé de Egipto a mi hijo. [16] Herodes se enojó muchísimo cuando se
dio cuenta que los Magos lo habían engañado, y fijándose en la fecha que
ellos le habían dicho, ordenó matar a todos los niños menores de dos años que
había en Belén y sus alrededores. [17] Así se cumplió lo que había anunciado
el profeta Jeremías: [18] En Ramá se oyeron gritos,
grandes sollozos y lamentos: es Raquel que llora a sus hijos: éstos ya no
están, y no quiere que la consuelen. JOSÉ Y MARÍA VUELVEN A NAZARET [19] Después de la muerte de Herodes, el Ángel del
Señor se apareció en sueños a José en Egipto y le dijo: [20] «Levántate, toma
contigo al niño y a su madre y regresa a la tierra de Israel, porque ya han
muerto los que querían matar al niño». [21] José se levantó, tomó al niño y a
su madre, y volvieron a la tierra de Israel. [22] Pero al enterarse de que
Arquelao gobernaba en Judea en lugar de su padre Herodes, tuvo miedo de ir
allá. Conforme a un aviso que recibió en sueños, se dirigió a la provincia de
Galilea [23] y se fue a vivir a un pueblo llamado Nazaret. Así había de
cumplirse lo que dijeron los profetas: Lo llamarán ''Nazoreo''.
JUAN BAUTISTA ANUNCIA (Mc 1,1; Lc 3,1; Jn 1,19) [1] Por aquel tiempo se presentó Juan Bautista y empezó
a predicar en el desierto de Judea; [2] éste era su mensaje: «Renuncien a su
mal camino, porque el Reino de los Cielos está cerca». [3] Es a Juan a quien
se refería el profeta Isaías cuando decía: Una voz grita en el desierto:
Preparen un camino al Señor; hagan sus senderos rectos. [4] Además de la piel
que llevaba colgada de la cintura, Juan no tenía más que un manto hecho de
pelo de camello. Su comida eran langostas y miel silvestre. [5] Venían a
verlo de Jerusalén, de toda JESÚS RECIBE EL BAUTISMO DE JUAN (Mc 1,9; Lc 3,21; Jn 1,29) [13] Por entonces vino Jesús de Galilea al Jordán, para
encontrar a Juan y para que éste lo bautizara. [14] Juan quiso disuadirlo y
le dijo: «¿Tú vienes a mí? Soy yo quien necesita ser
bautizado por ti». [15] Jesús le respondió: «Deja que hagamos así por ahora.
De este modo respetaremos el debido orden». Entonces Juan aceptó. [16] Una
vez bautizado, Jesús salió del agua. En ese momento se abrieron los Cielos y
vio al Espíritu de Dios que bajaba como una paloma y se posaba sobre él. [17]
Al mismo tiempo se oyó una voz del cielo que decía: «Este es mi Hijo, el
Amado; éste es mi Elegido». JESÚS ES TENTADO EN EL DESIERTO (Lc 4,1; Mc 1,12) [1] El Espíritu condujo a Jesús al desierto para que
fuera tentado por el diablo, [2] y después de estar sin comer cuarenta días y
cuarenta noches, al final sintió hambre. [3] Entonces se le acercó el
tentador y le dijo: «Si eres Hijo de Dios, ordena que estas piedras se
conviertan en pan». [4] Pero Jesús le respondió: «Dice [12] Cuando Jesús oyó que Juan había sido encarcelado,
se retiró a Galilea. [13] No se quedó en Nazaret, sino que fue a vivir a
Cafarnaún, a orillas del lago, en la frontera entre Zabulón y Neftalí. [14]
Así se cumplió lo que había dicho el profeta Isaías: [15] Tierra de Zabulón y
tierra de Neftalí, en el camino hacia el mar, a la otra orilla del Jordán,
Galilea, tierra de paganos, escuchen: [16] La gente que vivía en la oscuridad
ha visto una luz muy grande; una luz ha brillado para los que viven en
lugares de sombras de muerte. [17] Desde entonces Jesús empezó a proclamar
este mensaje: «Renuncien a su mal camino, porque el Reino de los Cielos está
ahora cerca». [18] Mientras Jesús caminaba a orillas del mar de Galilea, vio
a dos hermanos: uno era Simón, llamado Pedro, y el otro Andrés. Eran
pescadores y estaban echando la red al mar. [19] Jesús los llamó: «Síganme, y
yo los haré pescadores de hombres». [20] Al instante dejaron las redes y lo
siguieron. [21] Más adelante vio a otros dos hermanos: Santiago, hijo de
Zebedeo, con su hermano Juan; estaban con su padre en la barca arreglando las
redes. Jesús los llamó, [22] y en seguida ellos dejaron la barca y a su padre
y lo siguieron. [23] Jesús empezó a recorrer toda LAS BIENAVENTURANZAS (LC 6) [1] Jesús, al ver toda aquella muchedumbre, subió al
monte. Se sentó y sus discípulos se reunieron a su alrededor. [2] Entonces
comenzó a hablar y les enseñaba diciendo: [3] «Felices los que tienen el
espíritu del pobre, porque de ellos es el Reino de los Cielos. [4] Felices
los que lloran, porque recibirán consuelo. 5] Felices los pacientes, porque recibirán la tierra en
herencia. [6] Felices los que tienen hambre y sed de justicia, porque serán
saciados. [7] Felices los compasivos, porque obtendrán misericordia. [8] Felices los de corazón limpio, porque verán a Dios.
[9] Felices los que trabajan por la paz, porque serán
reconocidos como hijos de Dios. [10] Felices los que son perseguidos por
causa del bien, porque de ellos es el Reino de los Cielos. [11] Felices
ustedes, cuando por causa mía los insulten, los persigan y les levanten toda
clase de calumnias. [12] Alégrense y muéstrense contentos, porque será grande
la recompensa que recibirán en el cielo. Pues bien saben que así persiguieron
a los profetas que vivieron antes de ustedes. SAL Y LUZ (MC 4,21; LC 14,34; 8,16; 11,33) [13] Ustedes son la sal de la tierra. Pero si la sal
deja de ser sal, ¿cómo podrá ser salada de nuevo? Ya no sirve para nada, por
lo que se tira afuera y es pisoteada por la gente. [14] Ustedes son la luz
del mundo: ¿cómo se puede esconder una ciudad asentada sobre un monte? [15]
Nadie enciende una lámpara para taparla con un cajón; la ponen más bien sobre
un candelero, y alumbra a todos los que están en la casa. [16] Hagan, pues,
que brille su luz ante los hombres; que vean estas buenas obras, y por ello
den gloria al Padre de ustedes que está en los Cielos. UNA LEY MÁS PERFECTA [17] No crean que he venido a
suprimir NO JURAR [33] Ustedes han oído lo que se dijo a sus antepasados:
«No jurarás en falso, y cumplirás lo que has jurado al Señor». [34] Pero yo
les digo: ¡No juren! No juren por el cielo, porque es el trono de Dios; [35]
ni por la tierra, que es la tarima de sus pies; ni por Jerusalén, porque es
la ciudad del Gran Rey. [36] Tampoco jures por tu propia cabeza, pues no
puedes hacer blanco o negro ni uno solo de tus cabellos. [37] Digan sí cuando
es sí, y no cuando es no; cualquier otra cosa que se le añada, viene del
demonio. AMAR A LOS ENEMIGOS (LC 6,29) [38] Ustedes han oído que se dijo: «Ojo por ojo y
diente por diente». [39] Pero yo les digo: No resistan al malvado. Antes
bien, si alguien te golpea en la mejilla derecha, ofrécele también la otra.
[40] Si alguien te hace un pleito por la camisa, entrégale también el manto.
[41] Si alguien te obliga a llevarle la carga, llévasela el doble más lejos.
[42] Da al que te pida, y al que espera de ti algo prestado, no le vuelvas la
espalda. [43] Ustedes han oído que se dijo: «Amarás a tu prójimo y no harás
amistad con tu enemigo». [44] Pero yo les digo: Amen a sus enemigos y recen
por sus perseguidores, [45] para que así sean hijos de su Padre que está en
los Cielos. Porque él hace brillar su sol sobre malos y buenos, y envía la
lluvia sobre justos y pecadores. [46] Si ustedes aman solamente a quienes los
aman, ¿qué mérito tiene? También los cobradores de impuestos lo hacen. [47] Y
si saludan sólo a sus amigos, ¿qué tiene de especial? También los paganos se
comportan así. [48] Por su parte, sean ustedes perfectos como es perfecto el
Padre de ustedes que está en el Cielo. CAPÍTULO 6 HACER EL BIEN SÓLO POR DIOS [1] Guárdense de las buenas acciones hechas a la vista
de todos, a fin de que todos las aprecien. Pues en ese caso, no les quedaría
premio alguno que esperar de su Padre que está en el cielo. [2] Cuando ayudes
a un necesitado, no lo publiques al son de trompetas; no imites a los que dan
espectáculo en las sinagogas y en las calles, para que los hombres los alaben.
Yo se lo digo: ellos han recibido ya su premio. [3] Tú, cuando ayudes a un
necesitado, ni siquiera tu mano izquierda debe saber lo que hace la derecha:
[4] tu limosna quedará en secreto. Y tu Padre, que ve en lo secreto, te
premiará. [5] Cuando ustedes recen, no imiten a los que dan espectáculo; les
gusta orar de pie en las sinagogas y en las esquinas de las plazas, para que
la gente los vea. Yo se lo digo: ellos han recibido ya su premio. [6] Pero
tú, cuando reces, entra en tu pieza, cierra la puerta y ora a tu Padre que
está allí, a solas contigo. Y tu Padre, que ve en lo secreto, te premiará.
[7] Cuando pidan a Dios, no imiten a los paganos con sus letanías
interminables: ellos creen que un bombardeo de palabras hará que se los oiga.
[8] No hagan como ellos, pues antes de que ustedes pidan, su Padre ya sabe lo
que necesitan. EL PADRENUESTRO (LC 11,1; MC 11,25) [9] Ustedes, pues, recen así: Padre nuestro, que estás en el Cielo, santificado sea tu Nombre, [10] venga tu Reino, hágase tu voluntad así en la tierra como en el Cielo. [11] Danos hoy el pan que nos corresponde; [12] y perdona nuestras deudas, como también nosotros perdonamos a nuestros deudores; [13] y no nos dejes caer en la tentación, sino líbranos del Maligno. [14] Porque si ustedes perdonan a los hombres sus
ofensas, también el Padre celestial les perdonará a ustedes. [15] Pero si
ustedes no perdonan a los demás, tampoco el Padre les perdonará a ustedes.
[16] Cuando ustedes hagan ayuno, no pongan cara triste, como los que dan
espectáculo y aparentan palidez, para que todos noten sus ayunos. Yo se lo
digo: ellos han recibido ya su premio. [17] Cuando tú hagas ayuno, lávate la
cara y perfúmate el cabello. [18] No son los hombres los que notarán tu
ayuno, sino tu Padre que ve las cosas secretas, y tu Padre que ve en lo
secreto, te premiará. (Lc 11,34; 12,33) [19] No junten tesoros y reservas aquí en la tierra,
donde la polilla y el óxido hacen estragos, y donde los ladrones rompen el
muro y roban. [20] Junten tesoros y reservas en el Cielo, donde no hay
polilla ni óxido para hacer estragos, y donde no hay ladrones para romper el
muro y robar. [21] Pues donde está tu tesoro, allí estará también tu corazón.
[22] Tu ojo es la lámpara de tu cuerpo. Si tus ojos están sanos, todo tu
cuerpo tendrá luz; pero si tus ojos están malos, todo tu cuerpo estará en obscuridad. [23] Y si la luz que hay en ti ha llegado a
ser obscuridad, ¡cómo será de tenebrosa tu parte
más obscura! PONER [24] Nadie puede servir a dos patrones: necesariamente
odiará a uno y amará al otro, o bien cuidará al primero y despreciará al
otro. Ustedes no pueden servir al mismo tiempo a Dios y al Dinero. [25] Por
eso yo les digo: No anden preocupados por su vida con problemas de alimentos,
ni por su cuerpo con problemas de ropa. ¿No es más importante la vida que el
alimento y más valioso el cuerpo que la ropa? [26] Fíjense en las aves del
cielo: no siembran, ni cosechan, no guardan alimentos en graneros, y sin
embargo el Padre del Cielo, el Padre de ustedes, las alimenta. ¿No valen
ustedes mucho más que las aves? [27] ¿Quién de ustedes, por más que se
preocupe, puede añadir algo a su estatura? [28] Y ¿por qué se preocupan tanto
por la ropa? Miren cómo crecen las flores del campo, y no trabajan ni tejen.
[29] Pero yo les digo que ni Salomón, con todo su lujo, se pudo vestir como
una de ellas. [30] Y si Dios viste así el pasto del campo, que hoy brota y
mañana se echa al fuego, ¿no hará mucho más por ustedes? ¡Qué poca fe tienen!
[31] No anden tan preocupados ni digan: ¿tendremos alimentos? o ¿qué
beberemos? o ¿tendremos ropas para vestirnos? [32] Los que no conocen a Dios
se afanan por esas cosas, pero el Padre del Cielo, Padre de ustedes, sabe que
necesitan todo eso. [33] Por lo tanto, busquen primero el Reino y HIJOS DEL REINO (LC 6,37; 11,9; 6,31; 13,23) [1] No juzguen a los demás y no serán juzgados ustedes.
[2] Porque de la misma manera que ustedes juzguen, así serán juzgados, y la
misma medida que ustedes usen para los demás, será usada para ustedes. [3]
¿Qué pasa? Ves la pelusa en el ojo de tu hermano, ¿y no te das cuenta del
tronco que hay en el tuyo? [4] ¿Y dices a tu hermano: Déjame sacarte esa
pelusa del ojo, teniendo tú un tronco en el tuyo? [5] Hipócrita, saca primero
el tronco que tienes en tu ojo y así verás mejor para sacar la pelusa del ojo
de tu hermano. [6] No den lo que es santo a los perros, ni echen sus perlas a
los cerdos, pues podrían pisotearlas y después se volverían contra ustedes
para destrozarlos. [7] Pidan y se les dará; busquen y hallarán; llamen y se
les abrirá la puerta. [8] Porque el que pide, recibe; el que busca,
encuentra; y se abrirá la puerta al que llama. [9] ¿Acaso alguno de ustedes
daría a su hijo una piedra cuando le pide pan? [10] ¿O le daría una culebra
cuando le pide un pescado? [11] Pues si ustedes, que son malos, saben dar
cosas buenas a sus hijos, ¡con cuánta mayor razón el Padre de ustedes, que
está en el Cielo, dará cosas buenas a los que se las pidan! [12] Todo lo que
ustedes desearían de los demás, háganlo con ellos: ahí está toda EL ÁRBOL SE CONOCE POR LOS FRUTOS (LC 6,43) [15] Cuídense de los falsos profetas: se presentan ante
ustedes con piel de ovejas, pero por dentro son lobos feroces. [16] Ustedes
los reconocerán por sus frutos. ¿Cosecharían ustedes uvas de los espinos o
higos de los cardos? [17] Lo mismo pasa con un árbol sano: da frutos buenos,
mientras que el árbol malo produce frutos malos. [18] Un árbol bueno no puede
dar frutos malos, como tampoco un árbol malo puede producir frutos buenos.
[19] Todo árbol que no da buenos frutos se corta y se echa al fuego. [20] Por
lo tanto, ustedes los reconocerán por sus obras. [21] No bastará con decirme: ¡Señor!, ¡Señor!, para entrar
en el Reino de los Cielos; más bien entrará el que hace la voluntad de mi
Padre del Cielo. [22] Aquel día muchos me dirán: ¡Señor, Señor! Hemos hablado
en tu nombre, y en tu nombre hemos expulsado demonios y realizado muchos
milagros. [23] Entonces yo les diré claramente: Nunca les conocí. ¡Aléjense
de mí, ustedes que hacen el mal! [24] Si uno escucha estas palabras mías y
las pone en práctica, dirán de él: aquí tienen al hombre sabio y prudente,
que edificó su casa sobre roca. [25] Cayó la lluvia, se desbordaron los ríos,
soplaron los vientos y se arrojaron contra aquella casa, pero la casa no se
derrumbó, porque tenía los cimientos sobre roca. [26] Pero dirán del que oye
estas palabras mías, y no las pone en práctica: aquí tienen a un tonto que
construyó su casa sobre arena. [27] Cayó la lluvia, se desbordaron los ríos,
soplaron los vientos y se arrojaron contra esa casa: la casa se derrumbó y
todo fue un gran desastre». [28] Cuando Jesús terminó este discurso, la gente
estaba admirada de cómo enseñaba, [29] porque lo hacía con autoridad y no
como sus maestros de CURACIÓN DE UN LEPROSO (MC 1,40; LC 5,12) [1] Jesús, pues, bajó del monte, y empezaron a seguirlo
muchedumbres. [2] Un leproso se acercó, se arrodilló delante de él y le dijo:
«Señor, si tú quieres, puedes limpiarme». [3] Jesús extendió la mano, lo tocó
y le dijo: «Quiero; queda limpio». Al momento quedó limpio de la lepra. [4]
Jesús le dijo: «Mira, no se lo digas a nadie; pero ve a mostrarte al
sacerdote y ofrece la ofrenda ordenada por [5] Al entrar Jesús en Cafarnaún, se le acercó un
capitán de la guardia, suplicándole: [6] «Señor, mi muchacho está en cama,
totalmente paralizado, y sufre terriblemente». [7] Jesús le dijo: «Yo iré a
sanarlo». [8] El capitán contestó: «Señor, ¿quién soy yo para que entres en
mi casa? Di no más una palabra y mi sirviente sanará. [9] Pues yo, que no soy
más que un capitán, tengo soldados a mis órdenes, y cuando le digo a uno:
Vete, él se va; y si le digo a otro: Ven, él viene; y si ordeno a mi
sirviente: Haz tal cosa, él la hace». [10] Jesús se quedó admirado al oír
esto, y dijo a los que le seguían: «Les aseguro que no he encontrado a nadie
en Israel con tanta fe. [11] Yo se lo digo: vendrán muchos del oriente y del
occidente para sentarse a la mesa con Abraham, Isaac y Jacob en el Reino de
los Cielos, [12] mientras que los que debían entrar al reino serán echados a
las tinieblas de afuera: allí será el llorar y rechinar de dientes». [13]
Luego Jesús dijo al capitán: «Vete a casa, hágase todo como has creído». Y en
ese mismo momento el muchacho quedó sanó. [14] Jesús fue a casa de Pedro;
allí encontró a la suegra de éste en cama, con fiebre. [15] Jesús le tocó la
mano y se le pasó la fiebre. Ella se levantó y comenzó a atenderle. [16] Al
atardecer le llevaron muchos endemoniados. Él expulsó a los espíritus malos
con una sola palabra, y sanó también a todos los enfermos. [17] Así se
cumplió lo que había anunciado el profeta Isaías: Él tomó nuestras
debilidades y cargó con nuestras enfermedades. (Lc 9,57) [18] Jesús, al verse rodeado por la multitud, dio orden
de cruzar a la otra orilla. [19] Entonces se le acercó un maestro de JESÚS CALMA [23] Jesús subió a la barca y sus discípulos le
siguieron. [24] Se levantó una tormenta muy violenta en el lago, con olas que
cubrían la barca, pero él dormía. [25] Los discípulos se acercaron y lo
despertaron diciendo: «¡Señor, sálvanos, que estamos
perdidos!» [26] Pero él les dijo: «¡Qué miedosos son
ustedes! ¡Qué poca fe tienen!» Entonces se levantó, dio una orden al viento y
al mar, y todo volvió a la más completa calma. [27] Grande fue el asombro;
aquellos hombres decían: «¿Quién es éste, que hasta
los vientos y el mar le obedecen?». LOS ENDEMONIADOS DE GADARA (MC 5,1; LC 8,26) [28] Al llegar a la otra orilla, a la tierra de Gadara, dos endemoniados salieron de entre los sepulcros
y vinieron a su encuentro. Eran hombres tan salvajes que nadie se atrevía a
pasar por aquel camino. [29] Y se pusieron a gritar: «¡No
te metas con nosotros, Hijo de Dios! ¿Has venido aquí para atormentarnos
antes de tiempo?» [30] A cierta distancia de allí había una gran piara de
cerdos comiendo. [31] Los demonios suplicaron a Jesús: «Si nos expulsas,
envíanos a esa piara de cerdos». Jesús les dijo: «Vayan». [32] Salieron y
entraron en los cerdos. Al momento toda la piara se lanzó hacia el lago por
la pendiente, y allí se ahogaron. [33] Los cuidadores huyeron, fueron a la
ciudad y contaron todo lo sucedido, y lo que había pasado con los
endemoniados. [34] Entonces todos los habitantes salieron al encuentro de
Jesús y, no bien lo vieron, le rogaron que se alejase de sus tierras. JESÚS SANA AL PARALÍTICO Y PERDONA SUS PECADOS (MC 2,1;
LC 5,17) [1] Jesús volvió a la barca, cruzó de nuevo el lago y vino
a su ciudad. [2] Allí le llevaron a un paralítico, tendido en una camilla. Al
ver Jesús la fe de esos hombres, dijo al paralítico: «¡Animo,
hijo; tus pecados quedan perdonados!» [3] Algunos maestros de JESÚS LLAMA AL APÓSTOL MATEO (MC 2,13; LC 5,27) [9] Jesús, al irse de allí, vio a un hombre llamado
Mateo en su puesto de cobrador de impuestos, y le dijo: «Sígueme». Mateo se
levantó y lo siguió. [10] Como Jesús estaba comiendo en casa de Mateo, un
buen número de cobradores de impuestos y otra gente pecadora vinieron a
sentarse a la mesa con Jesús y sus discípulos. [11] Los fariseos, al ver
esto, decían a los discípulos: «¿Cómo es que su
Maestro come con cobradores de impuestos y pecadores?» [12] Jesús los oyó y
dijo: «No es la gente sana la que necesita médico, sino los enfermos. [13]
Vayan y aprendan lo que significa esta palabra de Dios: Me gusta la
misericordia más que las ofrendas. Pues no he venido a llamar a los justos,
sino a los pecadores». [14] Entonces se le acercaron los discípulos de Juan y
le preguntaron: «Nosotros y los fariseos ayunamos en muchas ocasiones, ¿por
qué tus discípulos no ayunan?» [15] Jesús les contestó: «¿Quieren
ustedes que los compañeros del novio estén de duelo, mientras el novio está
con ellos? Llegará el tiempo en que el novio les será quitado; entonces
ayunarán. [16] Nadie remienda un vestido viejo con un pedazo de tela nueva,
porque el pedazo nuevo tiraría del vestido y la rotura se haría mayor. [17] Y
nadie echa vino nuevo en recipientes de cuero viejos, porque si lo hacen, se
reventarán los cueros, el vino se desparramará y los recipientes se
estropearán. El vino nuevo se echa en cueros nuevos, y así se conservan bien
el vino y los recipientes». JESÚS RESUCITA A UNA NIÑA Y CURA A UNA MUJER ENFERMA (MC 5,21; LC 8,40) [18] Mientras Jesús hablaba, llegó un jefe de los
judíos, se postró delante de él y le dijo: «Mi hija acaba de morir, pero ven,
pon tu mano sobre ella, y vivirá». [19] Jesús se levantó y lo siguió junto
con sus discípulos. [20] Mientras iba de camino, una mujer que desde hacía
doce años padecía hemorragias, se acercó por detrás y tocó el fleco de su
manto. [21] Pues ella pensaba: «Con sólo tocar su manto, me salvaré». [22]
Jesús se dio vuelta y, al verla, le dijo: «Animo, hija; tu fe te ha salvado».
Y desde aquel momento, la mujer quedó sana. [23] Al llegar Jesús a la casa
del jefe, vio a los flautistas y el alboroto de la gente. [24] Entonces les
dijo: «Váyanse, la niña no ha muerto sino que está dormida». Ellos se
burlaban de él. [25] Después que echaron a toda la gente, Jesús entró, tomó a
la niña por la mano, y la niña se levantó. [26] El hecho se divulgó por toda
aquella región. OTRAS CURACIONES [27] Al retirarse Jesús de allí, lo siguieron dos
ciegos que gritaban: «¡Hijo de David, ten compasión
de nosotros!» [28] Cuando Jesús estuvo en casa, los ciegos se le acercaron, y
Jesús les preguntó: «¿Creen que puedo hacer esto?»
Contestaron: «Sí, Señor». [29] Entonces Jesús les tocó los ojos, diciendo:
«Hágase así, tal como han creído». Y sus ojos vieron. [30] Después les ordenó
severamente: «Cuiden de que nadie lo sepa». [31] Pero ellos, en cuanto se
fueron, lo publicaron por toda la región. [32] Apenas se fueron los ciegos,
le trajeron a uno que tenía un demonio y no podía hablar. [33] Jesús echó al
demonio, y el mudo empezó a hablar. La gente quedó maravillada y todos
decían: «Jamás se ha visto cosa igual en Israel». [34] En cambio, los
fariseos comentaban: «Este echa a los demonios con la ayuda del príncipe de
los demonios». [35] Jesús recorría todas las ciudades y pueblos; enseñaba en
sus sinagogas, proclamaba LOS DOCE APÓSTOLES (MC 3,13; LC 6,12) [1] Jesús llamó a sus doce discípulos y les dio poder
sobre los malos espíritus para expulsarlos y para curar toda clase de
enfermedades y dolencias. [2] Estos son los nombres de los doce apóstoles:
primero Simón, llamado Pedro, y su hermano Andrés; Santiago, hijo de Zebedeo,
y su hermano Juan; [3] Felipe y Bartolomé; Tomás y Mateo, el recaudador de
impuestos; Santiago, el hijo de Alfeo, y Tadeo; [4] Simón, el cananeo y Judas
Iscariote, el que lo traicionaría. JESÚS ENVÍA A LOS PRIMEROS MISIONEROS (LC 9,1; 10,1; MC
6,8) [5] A estos Doce Jesús los envió a misionar, con las
instrucciones siguientes: «No vayan a tierras de paganos, ni entren en
pueblos de samaritanos. [6] Diríjanse más bien a las ovejas perdidas del
pueblo de Israel. [7] A lo largo del camino proclamen: ¡El Reino de los
Cielos está ahora cerca! [8] Sanen enfermos, resuciten muertos, limpien
leprosos y echen los demonios. Ustedes lo recibieron sin pagar, denlo sin
cobrar. [9] No lleven oro, plata o monedas en el cinturón. [10] Nada de
provisiones para el viaje, o vestidos de repuesto; no lleven bastón ni
sandalias, porque el que trabaja se merece el alimento. [11] En todo pueblo o
aldea en que entren, busquen alguna persona que valga, y quédense en su casa
hasta que se vayan. [12] Al entrar en la casa, deséenle la paz. [13] Si esta
familia la merece, recibirá vuestra paz; y si no la merece, la bendición
volverá a ustedes. [14] Y si en algún lugar no los reciben ni escuchan sus
palabras, salgan de esa familia o de esa ciudad, sacudiendo el polvo de los
pies. [15] Yo les aseguro que esa ciudad, en el día del juicio, será tratada
con mayor rigor que Sodoma y Gomorra. [16] Miren
que los envío como ovejas en medio de lobos: sean, pues, precavidos como la
serpiente, pero sencillos como la paloma. LOS TESTIGOS DE JESÚS SERÁN PERSEGUIDOS (LC 12,11; MC
13,19; 4,22; 8,38) [17] ¡Cuídense de los hombres! A ustedes los
arrastrarán ante sus consejos, y los azotarán en sus sinagogas. [18] Ustedes
incluso serán llevados ante gobernantes y reyes por causa mía, y tendrán que
dar testimonio ante ellos y los pueblos paganos. [19] Cuando sean arrestados,
no se preocupen por lo que van a decir, ni cómo han de hablar. Llegado ese
momento, se les comunicará lo que tengan que decir. [20] Pues no serán
ustedes los que hablarán, sino el Espíritu de su Padre el que hablará en
ustedes. [21] Un hermano denunciará a su hermano para que lo maten, y el
padre a su hijo, y los hijos se sublevarán contra sus padres y los matarán.
[22] Ustedes serán odiados por todos por causa mía, pero el que se mantenga
firme hasta el fin, ése se salvará. [23] Cuando los persigan en una ciudad,
huyan a otra. En verdad les digo: no terminarán de recorrer todas las
ciudades de Israel antes de que venga el Hijo del Hombre. [24] El discípulo
no está por encima de su maestro, ni el sirviente por encima de su patrón.
[25] Ya es mucho si el discípulo llega a ser como su maestro y el sirviente
como su patrón. Si al dueño de casa lo han llamado demonio, ¡qué no dirán de
los demás de la familia! [26] Pero no les tengan miedo. Nada hay oculto que
no llegue a ser descubierto, ni nada secreto que no llegue a saberse. [27] Lo
que yo les digo en la oscuridad, repítanlo ustedes a la luz, y lo que les
digo en privado, proclámenlo desde las azoteas. [28] No teman a los que sólo
pueden matar el cuerpo, pero no el alma; teman más bien al que puede destruir
alma y cuerpo en el infierno. [29] ¿Acaso un par de pajaritos no se venden
por unos centavos? Pero ni uno de ellos cae en tierra sin que lo permita
vuestro Padre. [30] En cuanto a ustedes, hasta sus cabellos están todos
contados. [31] ¿No valen ustedes más que muchos pajaritos? Por lo tanto no
tengan miedo. [32] Al que se ponga de mi parte ante los hombres, yo me pondré
de su parte ante mi Padre de los Cielos. [33] Y al que me niegue ante los
hombres, yo también lo negaré ante mi Padre que está en los Cielos. [34] No
piensen que he venido a traer paz a la tierra; no he venido a traer paz, sino
espada. [35] Pues he venido a enfrentar al hombre contra su padre, a la hija
contra su madre, y a la nuera contra su suegra. [36] Cada cual verá a sus
familiares volverse enemigos. [37] El que ama a su padre o a su madre más que
a mí, no es digno de mí; y el que ama a su hijo o a su hija más que a mí, no
es digno de mí. [38] El que no carga con su cruz y viene detrás de mí, no es
digno de mí. [39] El que vive su vida para sí la perderá, y el que sacrifique
su vida por mi causa, la hallará. [40] El que los recibe a ustedes, a mí me
recibe, y el que me recibe a mí, recibe a Aquel que me ha enviado. El que
recibe a un profeta porque es profeta, recibirá recompensa digna de un
profeta. [41] El que recibe a un hombre justo por ser justo, recibirá la
recompensa que corresponde a un justo. [42] Asimismo, el que dé un vaso de
agua fresca a uno de estos pequeños, porque es discípulo, no quedará sin
recompensa: soy yo quien se lo digo». JESÚS Y JUAN BAUTISTA (LC 7,18; 16,16; 10,13) [1] Cuando Jesús terminó de dar estas instrucciones a
sus doce discípulos, se fue de allí para predicar y enseñar en las ciudades
judías. [2] Juan, que estaba en la cárcel, oyó hablar de las obras de Cristo,
por lo que envió a sus discípulos [3] a preguntarle: «¿Eres
tú el que ha de venir, o tenemos que esperar a otro?» [4] Jesús les contestó:
«Vayan y cuéntenle a Juan lo que ustedes están oyendo y viendo: [5] los
ciegos ven, los cojos andan, los leprosos quedan limpios, los sordos oyen,
los muertos resucitan, y una Buena Nueva llega a los pobres. [6] ¡Y dichoso
aquél para quien yo no sea motivo de escándalo!» [7] Una vez que se fueron
los mensajeros, Jesús comenzó a hablar de Juan a la gente: «Cuando ustedes
fueron al desierto, ¿qué iban a ver? ¿Una caña agitada por el viento? [8]
¿Qué iban ustedes a ver? ¿Un hombre con ropas finas? Los que visten ropas
finas viven en palacios. [9] Entonces, ¿qué fueron a ver? ¿A un profeta? Eso
sí y, créanme, más que un profeta. [10] Este es el hombre de quien la
escritura dice: Yo voy a enviar mi mensajero delante de ti, para que te
preceda abriéndote el camino. [11] Yo se lo digo: de entre los hijos de mujer
no se ha manifestado uno más grande que Juan Bautista, y sin embargo el más
pequeño en el Reino de los Cielos es más que él. [12] Desde los días de Juan
Bautista hasta ahora el Reino de Dios es cosa que se conquista, y los más decididos
son los que se adueñan de él. [13] Hasta Juan, todos los profetas y CARGUEN CON MI YUGO (LC 10,21) [25] En aquella ocasión Jesús exclamó: «Yo te alabo,
Padre, Señor del Cielo y de la tierra, porque has mantenido ocultas estas
cosas a los sabios y entendidos y las has revelado a la gente sencilla. Sí,
Padre, pues así fue de tu agrado. [26] Mi Padre ha puesto todas las cosas en
mis manos. [27] Nadie conoce al Hijo sino el Padre, y nadie conoce al Padre
sino el Hijo y aquellos a quienes el Hijo se lo quiera dar a conocer. [28]
Vengan a mí los que van cansados, llevando pesadas cargas, y yo los aliviaré.
[29] Carguen con mi yugo y aprendan de mí, que soy paciente y humilde de
corazón, y sus almas encontrarán descanso. [30] Pues mi yugo es suave y mi
carga liviana». JESÚS, SEÑOR DEL SÁBADO (MC 2,23; 3,1; LC 6,1; 14,1) [1] En cierta ocasión pasaba Jesús por unos campos de
trigo, y era un día sábado. Sus discípulos, que tenían hambre, comenzaron a
desgranar espigas y a comerse el grano. [2] Al advertirlo unos fariseos,
dijeron a Jesús: «Tus discípulos están haciendo lo que está prohibido hacer
en día sábado». [3] Jesús les contestó: «¿No han
leído ustedes lo que hizo David un día que tenía hambre, él y su gente? [4]
Pues entró en la casa de Dios y comieron el pan ofrecido a Dios, que les
estaba prohibido tanto a él como a sus compañeros, pues estaba reservado a
los sacerdotes. [5] ¿No han leído en [9] Saliendo de aquel lugar, Jesús entró en una
sinagoga de los judíos. [10] Se encontraba allí un hombre que tenía una mano
paralizada. Le preguntaron a Jesús, con intención de acusarlo después: «¿Está permitido hacer curaciones en día sábado?» [11]
Jesús les dijo: «Si alguno de ustedes tiene una sola oveja y se le cae a un
barranco en día sábado, ¿no irá a sacarla? [12] ¡Pues un ser humano vale
mucho más que una oveja! Por lo tanto, está permitido hacer el bien en día
sábado». [13] Dijo entonces al enfermo: «Extiende tu mano». La extendió y le
quedó tan sana como la otra. [14] Al salir, los fariseos planearon la manera
de acabar con él. [15] Jesús lo supo y se alejó de allí, pero muchas personas
lo siguieron, y él sanó a cuantos estaban enfermos. [16] Pero les pedía
insistentemente que no hablaran de él. [17] Así debían cumplirse las palabras
del profeta Isaías: [18] Viene mi siervo, mi elegido, el Amado, en quien me
he complacido. Pondré mi Espíritu sobre él, para que anuncie mis juicios a
las naciones. [19] No discutirá, ni gritará, ni se oirá su voz en las plazas.
[20] No quebrará la caña resquebrajada ni apagará la mecha que todavía humea,
hasta que haga triunfar la justicia. [21] Las naciones pondrán su esperanza
en su Nombre. EL PECADO QUE NO SERÁ PERDONADO (MC 3,22; LC 11,15) [22] Algunos le trajeron un endemoniado que era ciego y
mudo. Jesús lo sanó, de modo que pudo ver y hablar. [23] Ante esto, toda la
gente quedó asombrada y preguntaban: «¿No será éste
el hijo de David?» [24] Lo oyeron los fariseos y respondieron: «¡Este expulsa los demonios por obra de Beelzebú, príncipe de los demonios!» [25] Jesús sabía lo
que estaban pensando, y les dijo: «Todo reino que se divide, corre a la
ruina; no hay ciudad o familia que pueda durar con luchas internas. [26] Si
Satanás expulsa a Satanás, está dividido; ¿cómo podrá mantenerse su reino? [27]
Y si Beelzebú me ayuda a echar los demonios, ¿quién
ayuda a la gente de ustedes cuando los echan? Ellos mismos les darán la
respuesta. [28] Pero si el Espíritu de Dios es el que me permite echar a los
demonios, entiendan que el Reino de Dios ha llegado a ustedes. [29] ¿Quién
entrará en la casa del Fuerte y le robará sus cosas, sino el que pueda
amarrar al Fuerte? Sólo entonces le saqueará la casa. [30] El que no está
conmigo, está contra mí, y el que no recoge conmigo, desparrama. [31] Por eso
yo les digo: Se perdonará a los hombres cualquier pecado y cualquier insulto
contra Dios. Pero calumniar al Espíritu Santo es cosa que no tendrá perdón.
[32] Al que calumnie al Hijo del Hombre se le perdonará; pero al que calumnie
al Espíritu Santo, no se le perdonará, ni en este mundo, ni en el otro. [33]
Planten ustedes un árbol bueno, y su fruto será bueno; planten un árbol
dañado, y su fruto será malo. Porque el árbol se conoce por sus frutos. [34]
Raza de víboras, si ustedes son tan malos, ¿cómo pueden decir algo bueno? La
boca siempre habla de lo que está lleno el corazón. [35] El hombre bueno saca
cosas buenas del bien que guarda dentro, y el que es malo, de su mal
acumulado saca cosas malas. [36] Yo les digo que, en el día del juicio, los
hombres tendrán que dar cuenta hasta de lo dicho que no podían justificar.
[37] Tus propias palabras te justificarán, y son tus palabras también las que
te harán condenar». JESÚS CRITICA A LOS DE SU GENERACIÓN (MC 8,11; LC
11,16) [38] Entonces algunos maestros de [1] Ese día Jesús salió de casa y fue a sentarse a
orillas del lago. [2] Pero la gente vino a él en tal cantidad, que subió a
una barca y se sentó en ella, mientras toda la gente se quedó en la orilla.
[3] Jesús les habló de muchas cosas, usando comparaciones o parábolas. Les
decía: «El sembrador salió a sembrar. [4] Y mientras sembraba, unos granos
cayeron a lo largo del camino: vinieron las aves y se los comieron. [5] Otros
cayeron en terreno pedregoso, con muy poca tierra, y brotaron en seguida,
pues no había profundidad. [6] Pero apenas salió el sol, los quemó y, por
falta de raíces, se secaron. [7] Otros cayeron en medio de cardos: éstos
crecieron y los ahogaron. [8] Otros granos, finalmente, cayeron en buena
tierra y produjeron cosecha, unos el ciento, otros el sesenta y otros el
treinta por uno. [9] El que tenga oídos, que escuche». [10] Los discípulos se
acercaron y preguntaron a Jesús: «¿Por qué les
hablas en parábolas?» [11] Jesús les respondió: «A ustedes se les ha
concedido conocer los misterios del Reino de los Cielos, pero a ellos, no.
[12] Porque al que tiene se le dará más y tendrá en abundancia, pero al que
no tiene, se le quitará aun lo que tiene. [13] Por eso les hablo en
parábolas, porque miran, y no ven; oyen, pero no escuchan ni entienden. [14]
En ellos se verifica la profecía de Isaías: Por más que oigan, no entenderán,
y por más que miren, no verán. [15] Este es un pueblo de conciencia endurecida.
Sus oídos no saben escuchar, sus ojos están cerrados. No quieren ver con sus
ojos, ni oír con sus oídos y comprender con su corazón. Pero con eso habría
conversión y yo los sanaría. [16] ¡Dichosos los ojos de ustedes, que ven!;
¡dichosos los oídos de ustedes, que oyen! [17] Yo se lo digo: muchos profetas
y muchas personas santas ansiaron ver lo que ustedes están viendo, y no lo
vieron; desearon oír lo que ustedes están oyendo, y no lo oyeron. [18]
Escuchen ahora la parábola del sembrador: [19] Cuando uno oye la palabra del
Reino y no la interioriza, viene el Maligno y le arrebata lo que fue sembrado
en su corazón. Ahí tienen lo que cayó a lo largo del camino. [20] La semilla
que cayó en terreno pedregoso, es aquel que oye EL TRIGO Y [24] Jesús les propuso otra parábola: «Aquí tienen una
figura del Reino de los Cielos. Un hombre sembró buena semilla en su campo,
[25] pero mientras la gente estaba durmiendo, vino su enemigo, sembró malas
hierbas en medio del trigo, y se fue. [26] Cuando el trigo creció y empezó a
echar espigas, apareció también la maleza. [27] Entonces los trabajadores
fueron a decirle al patrón: «Señor, ¿no sembraste buena semilla en tu campo?
¿De dónde, pues, viene esa maleza?» [28] Respondió el patrón: «Eso es obra de
un enemigo». Los obreros le preguntaron: «¿Quieres
que arranquemos la maleza?» [29] «No, dijo el patrón, pues al quitar la
maleza, podrían arrancar también el trigo. [30] Déjenlos crecer juntos hasta
la hora de la cosecha. Entonces diré a los segadores: Corten primero las
malas hierbas, hagan fardos y arrójenlos al fuego. Después cosechen el trigo
y guárdenlo en mis bodegas». EL GRANO DE MOSTAZA (MC 4,30; LC 13,18) [31] Jesús les propuso otra parábola: «Aquí tienen una
figura del Reino de los Cielos: el grano de mostaza que un hombre tomó y
sembró en su campo. [32] Es la más pequeña de las semillas, pero cuando
crece, se hace más grande que las plantas de huerto. Es como un árbol, de
modo que las aves vienen a posarse en sus ramas». [33] Jesús les contó otra
parábola: «Aquí tienen otra figura del Reino de los Cielos: la levadura que
toma una mujer y la introduce en tres medidas de harina. Al final, toda la
masa fermenta». [34] Todo esto lo contó Jesús al pueblo en parábolas. No les
decía nada sin usar parábolas, [35] de manera que se cumplía lo dicho por el
Profeta: Hablaré en parábolas, daré a conocer cosas que estaban ocultas desde
la creación del mundo. [36] Después Jesús despidió a la gente y se fue a
casa. Los discípulos se le acercaron y le dijeron: «Explícanos la parábola de
las malas hierbas sembradas en el campo». [37] Jesús les dijo: «El que
siembra la semilla buena es el Hijo del Hombre. [38] El campo es el mundo. La
buena semilla es la gente del Reino. La maleza es la gente del Maligno. [39]
El enemigo que la siembra es el diablo; la cosecha es el fin del mundo, y los
segadores son los ángeles. [40] Vean cómo se recoge la maleza y se quema: así
sucederá al fin del mundo. [41] El Hijo del Hombre enviará a sus ángeles;
éstos recogerán de su Reino todos los escándalos y también los que obraban el
mal, [42] y los arrojarán en el horno ardiente. Allí no habrá más que llanto
y rechinar de dientes. [43] Entonces los justos brillarán como el sol en el
Reino de su Padre. Quien tenga oídos, que entienda. EL TESORO, [44] El Reino de los Cielos es como un tesoro escondido
en un campo. El hombre que lo descubre, lo vuelve a esconder; su alegría es
tal, que va a vender todo lo que tiene y compra ese campo. [45] Aquí tienen
otra figura del Reino de los Cielos: un comerciante que busca perlas finas.
[46] Si llega a sus manos una perla de gran valor, se va, vende cuanto tiene,
y la compra. [47] Aquí tienen otra figura del Reino de los Cielos: una red
que se ha echado al mar y que recoge peces de todas clases. [48] Cuando está
llena, los pescadores la sacan a la orilla, se sientan, escogen los peces
buenos y los echan en canastos, y tiran los que no sirven. [49] Así pasará al
final de los tiempos: vendrán los ángeles y separarán a los malos de entre
los buenos, [50] y los arrojarán al horno ardiente. Allí será el llorar y el
rechinar de dientes». [51] Preguntó Jesús: «¿Han
entendido ustedes todas estas cosas?» Ellos le respondieron: «Sí». [52]
Entonces Jesús dijo: «Está bien: cuando un maestro en religión ha sido
instruido sobre el Reino de los Cielos, se parece a un padre de familia que
siempre saca de sus armarios cosas nuevas y viejas». [53] Cuando Jesús
terminó de decir estas parábolas, se fue de allí. [54] Un día se fue a su
pueblo y enseñó a la gente en su sinagoga. Todos quedaban maravillados y se
preguntaban: «¿De dónde le viene esa sabiduría? ¿Y
de dónde esos milagros? [55] ¿No es éste el hijo del carpintero? ¡Pero si su
madre es María,
y sus hermanos son Santiago, y José, y Simón, y Judas! [56] Sus hermanas
también están todas entre nosotros, ¿no es cierto? ¿De dónde, entonces, le
viene todo eso?» Ellos se escandalizaban y no lo reconocían. [57] Entonces
Jesús les dijo: «Si hay un lugar donde un profeta es despreciado, es en su
patria y en su propia familia». [58] Y como no creían en él, no hizo allí
muchos milagros. [1] Por aquel tiempo, la fama de Jesús había llegado
hasta el virrey Herodes. [2] Y dijo a sus servidores: «Éste es Juan Bautista;
Juan ha resucitado de entre los muertos y por eso actúan en él poderes
milagrosos». [3] En efecto, Herodes había ordenado detener a Juan, lo había
hecho encadenar y encerrar en la cárcel, a causa de Herodías, esposa de su
hermano Filipo. [4] Porque Juan le decía: « PRIMERA MULTIPLICACIÓN DE LOS PANES (MC 6,32; JN 6) [13] Al conocer esa noticia, Jesús se alejó
discretamente de allí en una barca y fue a un lugar despoblado. Pero la gente
lo supo y en seguida lo siguieron por tierra desde sus pueblos. [14] Al
desembarcar Jesús y encontrarse con tan gran gentío, sintió compasión de
ellos y sanó a sus enfermos. [15] Cuando ya caía la tarde, sus discípulos se
le acercaron, diciendo: «Estamos en un lugar despoblado, y ya ha pasado la
hora. Despide a esta gente para que se vayan a las aldeas y se compren algo
de comer». [16] Pero Jesús les dijo: «No tienen por qué irse; denles ustedes
de comer». [17] Ellos respondieron: Aquí sólo tenemos cinco panes y dos
pescados. [18] Jesús les dijo: «Tráiganmelos para acá». [19] Y mandó a la
gente que se sentara en el pasto. Tomó los cinco panes y los dos pescados,
levantó los ojos al cielo, pronunció la bendición, partió los panes y los
entregó a los discípulos. Y los discípulos los daban a la gente. [20] Todos
comieron y se saciaron, y se recogieron los pedazos que sobraron: ¡doce
canastos llenos! [21] Los que habían comido eran unos cinco mil hombres, sin
contar mujeres y niños. JESÚS CAMINA SOBRE LAS AGUAS (MC 6,45; JN 6,16) [22] Inmediatamente después Jesús obligó a sus
discípulos a que se embarcaran; debían llegar antes que él a la otra orilla,
mientras él despedía a la gente. [23] Jesús, pues, despidió a la gente, y
luego subió al cerro para orar a solas. Cayó la noche, y él seguía allí solo.
[24] La barca en tanto estaba ya muy lejos de tierra, y las olas le pegaban
duramente, pues soplaba el viento en contra. [25] Antes del amanecer, Jesús
vino hacia ellos caminando sobre el mar. [26] Al verlo caminando sobre el
mar, se asustaron y exclamaron: «¡Es un fantasma!» Y
por el miedo se pusieron a gritar. [27] En seguida Jesús les dijo: «Animo, no
teman, que soy yo». [28] Pedro contestó: «Señor, si eres tú, manda que yo
vaya a ti caminando sobre el agua». [29] Jesús le dijo: «Ven». Pedro bajó de
la barca y empezó a caminar sobre las aguas en dirección a Jesús. [30] Pero
el viento seguía muy fuerte, tuvo miedo y comenzó a hundirse. Entonces gritó:
«¡Señor, sálvame!» [31] Al instante Jesús extendió
la mano y lo agarró, diciendo: «Hombre de poca fe, ¿por qué has vacilado?»
[32] Subieron a la barca y cesó el viento, [33] y los que estaban en la barca
se postraron ante él, diciendo: «¡Verdaderamente tú
eres el Hijo de Dios!» [34] Terminada la travesía, desembarcaron en
Genesaret. [35] Los hombres de aquel lugar reconocieron a Jesús y comunicaron
la noticia por toda la región, así que le trajeron todos los enfermos. [36]
Le rogaban que los dejara tocar al menos el fleco de su manto, y todos los
que lo tocaron quedaron totalmente sanos. MANDATOS DE DIOS Y ENSEÑANZAS DE HOMBRES (MC 7,1) [1] Unos fariseos y maestros de MANCHA AL HOMBRE LO QUE SALE DE ÉL (MC 7,14; LC 6,39) [10] Luego Jesús mandó acercarse a la gente y les dijo:
«Escuchen y entiendan: [11] Lo que entra por la boca no hace impura a la
persona, pero sí mancha a la persona lo que sale de su boca». [12] Poco
después los discípulos se acercaron y le dijeron: «¿Sabes
que los fariseos se han escandalizado de tu declaración?» [13] Jesús
respondió: «Toda planta que no haya plantado mi Padre celestial, será
arrancada de raíz. [14] ¡No les hagan caso! Son ciegos que guían a otros
ciegos. Y si un ciego guía a otro ciego, los dos caerán en el hoyo». [15]
Entonces Pedro tomó la palabra: «Explícanos esta sentencia». [16] Jesús le
respondió: «¿También ustedes están todavía cerrados?
[17] ¿No comprenden que todo lo que entra por la boca va al estómago y
después termina en el basural? [18] En cambio lo que sale de la boca procede
del corazón, y eso es lo que hace impura a la persona. [19] Del corazón
proceden los malos deseos, asesinatos, adulterios, inmoralidad sexual, robos,
mentiras, chismes. [20] Estas son las cosas que hacen impuro al hombre; pero
el comer sin lavarse las manos, no hace impuro al hombre». JESÚS SANA A [21] Jesús marchó de allí y se fue en dirección a las
tierras de Tiro y Sidón. [22] Una mujer cananea, que llegaba de ese territorio,
empezó a gritar: «¡Señor, hijo de David, ten
compasión de mí! Mi hija está atormentada por un demonio». [23] Pero Jesús no
le contestó ni una palabra. Entonces sus discípulos se acercaron y le
dijeron: «Atiéndela, mira cómo grita detrás de nosotros». [24] Jesús
contestó: «No he sido enviado sino a las ovejas perdidas del pueblo de
Israel». [25] Pero la mujer se acercó a Jesús; y, puesta de rodillas, le
decía: «¡Señor, ayúdame!» [26] Jesús le dijo: «No se
debe echar a los perros el pan de los hijos». [27] La mujer contestó: «Es
verdad, Señor, pero también los perritos comen las migajas que caen de la
mesa de sus amos». [28] Entonces Jesús le dijo: «Mujer, ¡qué grande es tu fe!
Que se cumpla tu deseo». Y en aquel momento quedó sana su hija. SEGUNDA MULTIPLICACIÓN DEL PAN (MC 7,31) [29] De allí Jesús volvió a la orilla del mar de
Galilea y, subiendo al cerro, se sentó en ese lugar. [30] Un gentío muy
numeroso se acercó a él trayendo mudos, ciegos, cojos, mancos y personas con
muchas otras enfermedades. Los colocaron a los pies de Jesús y él los sanó.
[31] La gente quedó maravillada al ver que hablaban los mudos y caminaban los
cojos, que los lisiados quedaban sanos y que los ciegos recuperaban la vista;
todos glorificaban al Dios de Israel. [32] Jesús llamó a sus discípulos y les
dijo: «Siento compasión de esta gente, pues hace ya tres días que me siguen y
no tienen comida. Y no quiero despedirlos en ayunas, porque temo que se
desmayen en el camino». [33] Sus discípulos le respondieron: «Estamos en un
desierto, ¿dónde vamos a encontrar suficiente pan como para alimentar a tanta
gente?» [34] Jesús les dijo: «¿Cuántos panes tienen
ustedes?» Respondieron: «Siete, y algunos pescaditos». [35] Entonces Jesús
mandó a la gente que se sentara en el suelo. [36] Tomó luego los siete panes
y los pescaditos, dio gracias y los partió. Iba entregándolos a los
discípulos, y éstos los repartían a la gente. [37] Todos comieron hasta
saciarse y llenaron siete cestos con los pedazos que sobraron. [38] Los que
habían comido eran cuatro mil hombres, sin contar mujeres y niños. [39]
Después Jesús despidió a la muchedumbre, subió a la barca y fue al territorio
de Magadán. LOS FARISEOS PIDEN UNA SEÑAL (MC 8,11; LC 11,16; 12,54) [1] Los fariseos y los saduceos se acercaron a Jesús.
Querían ponerlo en apuros, y le pidieron una señal milagrosa que viniera del
Cielo. [2] Jesús respondió: «Al atardecer ustedes dicen: Hará buen tiempo,
pues el cielo está rojo y encendido. [3] Y por la mañana: Con este cielo rojo
obscuro, hoy habrá tormenta. Ustedes, pues, conocen
e interpretan los aspectos del cielo, ¿y no tienen capacidad para las señales
de los tiempos? [4] ¡Generación mala y adúltera! Ustedes piden una señal,
pero señal no tendrán, sino la señal de Jonás». Jesús, pues, los dejó y se
marchó. [5] Los discípulos, al pasar a la otra orilla, se
habían olvidado de llevar pan. [6] Jesús les dijo: «Tengan cuidado y
desconfíen de la levadura de los fariseos y de los saduceos». [7] Ellos
empezaron a comentar entre sí: «¡Caramba!, no
trajimos pan». [8] Jesús se dio cuenta y les dijo: «¿Por
qué se preocupan, hombres de poca fe? ¿Porque no tienen pan? [9] ¿Es que aún
no comprenden? ¿No se acuerdan de los cinco panes para los cinco mil hombres,
y cuántas canastas recogieron? [10] ¿Ni de los siete panes para los cuatro
mil hombres, y cuántos cestos llenaron con lo que sobró? [11] Yo no me
refería al pan cuando les dije: Cuídense de la levadura de los fariseos y de
los saduceos. ¿Cómo puede ser que no me hayan comprendido?» [12] Entonces
entendieron a lo que Jesús se refería: que debían tener los ojos abiertos, no
para cosas de levadura, sino para las enseñanzas de los fariseos y saduceos. [13] Jesús se fue a la región de Cesarea
de Filipo. Estando allí, preguntó a sus discípulos: «Según el parecer de la
gente, ¿quién soy yo? ¿Quién es el Hijo del Hombre?» [14] Respondieron: «Unos
dicen que eres Juan el Bautista; otros que eres Elías, o bien Jeremías o
alguno de los profetas». [15] Jesús les preguntó: «Y ustedes, ¿quién dicen
que soy yo?» [16] Pedro contestó: «Tú eres el Mesías, el Hijo del Dios vivo».
[17] Jesús le replicó: «Feliz eres, Simón Barjona,
porque esto no te lo ha revelado la carne ni la sangre, sino mi Padre que
está en los Cielos. [18] Y ahora yo te digo: Tú eres Pedro (o sea Piedra), y
sobre esta piedra edificaré mi Iglesia; los poderes de la muerte jamás la
podrán vencer. [19] Yo te daré las llaves del Reino de los Cielos: lo que
ates en la tierra quedará atado en el Cielo, y lo que desates en la tierra
quedará desatado en el Cielo». [20] Entonces Jesús les ordenó a sus
discípulos que no dijeran a nadie que él era el Mesías. JESÚS ANUNCIA SU PASIÓN (MC 8,31; LC 9,22; 12,9; 14,27) [21] A partir de ese día, Jesucristo comenzó a
manifestar a sus discípulos que él debía ir a Jerusalén y que las autoridades
judías, los sumos sacerdotes y los maestros de [1] Seis días después, Jesús tomó consigo a Pedro, a
Santiago y a su hermano Juan, y los llevó aparte a un monte alto. [2] A la
vista de ellos su aspecto cambió completamente: su cara brillaba como el sol
y su ropa se volvió blanca como la luz. [3] En seguida vieron a Moisés y
Elías hablando con Jesús. [4] Pedro tomó la palabra y dijo a Jesús: «Señor,
¡qué bueno es que estemos aquí! Si quieres, levantaré aquí tres tiendas: una
para ti, otra para Moisés y otra para Elías». [5] Estaba Pedro todavía
hablando cuando una nube luminosa los cubrió con su sombra y una voz que
salía de la nube dijo: «¡Este es mi Hijo, el Amado;
éste es mi Elegido, escúchenlo!» [6] Al oír la voz, los discípulos se echaron
al suelo, llenos de miedo. [7] Pero Jesús se acercó, los tocó y les dijo:
«Levántense, no tengan miedo». [8] Ellos levantaron los ojos, pero ya no
vieron a nadie más que a Jesús. [9] Mientras bajaban del monte, Jesús les
ordenó: «No hablen a nadie de esta visión hasta que el Hijo del Hombre haya
resucitado de entre los muertos». [10] Los discípulos le preguntaron: «¿Por qué dicen los maestros de JESÚS SANA A UN EPILÉPTICO (MC 9,14; LC 9,37) [14] Cuando volvieron donde estaba la gente, se acercó
un hombre a Jesús y se arrodilló ante él. Le dijo: [15] «Señor, ten piedad de
mi hijo, que es epiléptico y su estado es lastimoso. A menudo se nos cae al
fuego, y otras veces al agua. [16] Lo he llevado a tus discípulos, pero no
han podido curarlo». [17] Jesús respondió: «¡Qué
generación tan incrédula y malvada! ¿Hasta cuándo estaré entre ustedes?
¿Hasta cuándo tendré que soportarlos? Tráiganmelo acá». [18] En seguida Jesús
dio una orden al demonio, que salió, y desde ese momento el niño quedó sano.
[19] Entonces los discípulos se acercaron a Jesús y le preguntaron en
privado: «¿Por qué nosotros no pudimos echar a ese
demonio?» [20] Jesús les dijo: «Porque ustedes tienen poca fe. En verdad les
digo: si tuvieran fe, del tamaño de un granito de mostaza, le dirían a este
cerro: Quítate de ahí y ponte más allá, y el cerro obedecería. Nada sería
imposible para ustedes. [21] (Esta clase de demonios sólo se puede expulsar
con la oración y el ayuno)». [22] Un día, estando Jesús en Galilea con los
apóstoles, les dijo: «El Hijo del Hombre va a ser entregado en manos de los
hombres, [23] y le matarán. Pero resucitará al tercer día». Ellos se pusieron
muy tristes. EL IMPUESTO PARA EL TEMPLO [24] Al volver a Cafarnaún, se acercaron a Pedro los
que cobran el impuesto para el Templo. Le preguntaron: «El maestro de ustedes,
¿no paga el impuesto?» [25] Pedro respondió: «Claro que sí». Y se fue a casa.
Cuando entraba, se anticipó Jesús y le dijo: «Dame tu parecer, Simón.
¿Quiénes son los que pagan impuestos o tributos a los reyes de la tierra: sus
hijos o los que no son de la familia?» [26] Pedro contestó: «Los que no son
de la familia». Y Jesús le dijo: «Entonces los hijos no pagan. [27] Sin
embargo, para no escandalizar a esta gente, vete a la playa y echa el
anzuelo. Al primer pez que pesques ábrele la boca, y hallarás en ella una
moneda de plata. Tómala y paga por mí y por ti». ¿QUIÉN ES EL MÁS GRANDE? LOS ESCÁNDALOS [1] En aquel momento los discípulos se acercaron a
Jesús y le preguntaron: «¿Quién es el más grande en
el Reino de los Cielos?» [2] Jesús llamó a un niñito, lo colocó en medio de
los discípulos, [3] y declaró: «En verdad les digo: si no cambian y no llegan
a ser como niños, nunca entrarán en el Reino de los Cielos. [4] El que se
haga pequeño como este niño, ése será el más grande en el Reino de los
Cielos. [5] Y el que recibe en mi nombre a un niño como éste, a mí me recibe.
[6] El que hiciera caer a uno de estos pequeños que creen en mí, mejor le
sería que le amarraran al cuello una gran piedra de moler y que lo hundieran
en lo más profundo del mar. [7] ¡Ay del mundo a causa de los escándalos!
Tiene que haber escándalos, pero, ¡ay del que causa el escándalo! [8] Si tu
mano o tu pie te está haciendo caer, córtatelo y tíralo lejos. Pues es mejor
para ti entrar en la vida sin una mano o sin un pie que ser echado al fuego
eterno con las dos manos y los dos pies. [9] Y si tu ojo te está haciendo
caer, arráncalo y tíralo lejos. Pues es mejor para ti entrar tuerto en la
vida que ser arrojado con los dos ojos al fuego del infierno. [10] Cuídense,
no desprecien a ninguno de estos pequeños. Pues yo se lo digo: sus ángeles en
el Cielo contemplan sin cesar la cara de mi Padre del Cielo. [11] [12] ¿Qué pasará, según ustedes, si un
hombre tiene cien ovejas y una de ellas se extravía? ¿No dejará las noventa y
nueve en los cerros para ir a buscar la extraviada? [13] Y si logra
encontrarla, yo les digo que ésta le dará más alegría que las noventa y nueve
que no se extraviaron. [14] Pasa lo mismo donde el Padre de ustedes, el Padre
del Cielo: allá no quieren que se pierda ni tan sólo uno de estos pequeñitos. CÓMO CONVIVEN LOS HERMANOS EN [15] Si tu hermano ha pecado, vete a hablar con él a
solas para reprochárselo. Si te escucha, has ganado a tu hermano. [16] Si no
te escucha, toma contigo una o dos personas más, de modo que el caso se
decida por la palabra de dos o tres testigos. [17] Si se niega a escucharlos,
informa a la asamblea. Si tampoco escucha a la iglesia, considéralo como un
pagano o un publicano. [18] Yo les digo: «Todo lo que aten en la tierra, lo
mantendrá atado el Cielo, y todo lo que desaten en la tierra, lo mantendrá
desatado el Cielo. [19] Asimismo yo les digo: si en la tierra dos de ustedes
se ponen de acuerdo para pedir alguna cosa, mi Padre Celestial se lo
concederá. [20] Pues donde están dos o tres reunidos en mi Nombre, allí estoy
yo en medio de ellos». [21] Entonces Pedro se acercó con esta pregunta:
«Señor, ¿cuántas veces tengo que perdonar las ofensas de mi hermano? ¿Hasta
siete veces?» [22] Jesús le contestó: «No te digo siete, sino setenta y siete
veces». EL QUE NO PERDONÓ A SU COMPAÑERO [23] «Aprendan algo sobre el Reino de los Cielos. Un
rey había decidido arreglar cuentas con sus empleados, [24] y para empezar,
le trajeron a uno que le debía diez mil monedas de oro. [25] Como el hombre
no tenía con qué pagar, el rey ordenó que fuera vendido como esclavo, junto
con su mujer, sus hijos y todo cuanto poseía, para así recobrar algo. [26] El
empleado, pues, se arrojó a los pies del rey, suplicándole: «Dame un poco de
tiempo, y yo te lo pagaré todo». [27] El rey se compadeció y lo dejó libre;
más todavía, le perdonó la deuda. [28] Pero apenas salió el empleado de la
presencia del rey, se encontró con uno de sus compañeros que le debía cien
monedas. Lo agarró del cuello y casi lo ahogaba, gritándole: «Págame lo que
me debes». [29] El compañero se echó a sus pies y le rogaba: «Dame un poco de
tiempo, y yo te lo pagaré todo». [30] Pero el otro no aceptó, sino que lo
mandó a la cárcel hasta que le pagara toda la deuda. [31] Los compañeros,
testigos de esta escena, quedaron muy molestos y fueron a contárselo todo a
su señor. [32] Entonces el señor lo hizo llamar y le dijo: «Siervo miserable,
yo te perdoné toda la deuda cuando me lo suplicaste. [33] ¿No debías también
tú tener compasión de tu compañero como yo tuve compasión de ti?» [34] Y
hasta tal punto se enojó el señor, que lo puso en manos de los verdugos,
hasta que pagara toda la deuda. [35] Y Jesús añadió: «Lo mismo hará mi Padre
Celestial con ustedes, a no ser que cada uno perdone de corazón a su
hermano». MATRIMONIO, DIVORCIO Y CONTINENCIA «POR EL REINO» (MC 10,2; MT 5,31; LC 16,18) [1] Después de terminar este discurso, Jesús partió de
Galilea y llegó a las fronteras de Judea por la otra orilla del Jordán. [2] También
allí mucha gente vino a él y los sanó. [3] Se le acercaron unos fariseos, y
lo pusieron a prueba con esta pregunta: «¿Está
permitido a un hombre divorciarse de su mujer por cualquier motivo?» [4]
Jesús respondió: «¿No han leído que el Creador al principio
los hizo hombre y mujer [5] y dijo: El hombre dejará a su padre y a su madre
y se unirá con su mujer, y serán los dos una sola carne? [6] De manera que ya
no son dos, sino una sola carne. Pues bien, lo que Dios ha unido, no lo
separe el hombre». [7] Los fariseos le preguntaron: «Entonces, ¿por qué
Moisés ordenó que se firme un certificado en el caso de divorciarse?» [8]
Jesús contestó: «Moisés vio lo tercos que eran ustedes, y por eso les
permitió despedir a sus mujeres, pero al principio no fue así. [9] Yo les
digo: el que se divorcia de su mujer, fuera del caso de infidelidad, y se
casa con otra, comete adulterio». [10] Los discípulos le dijeron: «Si ésa es
la condición del hombre que tiene mujer, es mejor no casarse». [11] Jesús les
contestó: «No todos pueden captar lo que acaban de decir, sino aquellos que
han recibido este don. [12] Hay hombres que han nacido incapacitados para el
sexo. Hay otros incapacitados, que fueron mutilados por los hombres. Hay
otros todavía, que se hicieron tales por el Reino de los Cielos. ¡Entienda el
que pueda!» JESÚS Y LOS NIÑOS (MC 10,13; LC 18,15) [13] Entonces trajeron a Jesús algunos niños para que
les impusiera las manos y rezara por ellos. Pero los discípulos los recibían
muy mal. [14] Jesús les dijo: «Dejen a esos niños y no les impidan que vengan
a mí: el Reino de los Cielos pertenece a los que son como ellos». [15] Jesús
les impuso las manos y continuó su camino. EL JOVEN RICO (MC 10,17; LC 18,18; 12,33; 22,29) [16] Un hombre joven se le acercó y le dijo: «Maestro,
¿qué es lo bueno que debo hacer para conseguir la vida eterna?» [17] Jesús
contestó: «¿Por qué me preguntas sobre lo que es
bueno? Uno solo es el Bueno. Pero si quieres entrar en la vida, cumple los
mandamientos». [18] El joven dijo: «¿Cuáles?» Jesús
respondió: «No matar, no cometer adulterio, no hurtar, no levantar falso
testimonio, [19] honrar al padre y a la madre y amar al prójimo como a sí
mismo». [20] El joven le dijo: «Todo esto lo he guardado, ¿qué más me falta?»
[21] Jesús le dijo: «Si quieres ser perfecto, vende todo lo que posees y
reparte el dinero entre los pobres, para que tengas un tesoro en el Cielo.
Después ven y sígueme». [22] Cuando el joven oyó esta respuesta, se marchó
triste, porque era un gran terrateniente. [23] Entonces Jesús dijo a sus
discípulos: «En verdad les digo: el que es rico entrará muy difícilmente en
el Reino de los Cielos. [24] Les aseguro: es más fácil para un camello pasar
por el ojo de una aguja que para un rico entrar en el Reino de los cielos».
[25] Los discípulos, al escucharlo, se quedaron asombrados. Dijeron:
«Entonces, ¿quién puede salvarse?» [26] Fijando en ellos su mirada, Jesús les
dijo: «Para los hombres es imposible, pero para Dios todo es posible». [27]
Entonces Pedro tomó la palabra y dijo: «Ya ves que nosotros lo hemos dejado
todo para seguirte. ¿Qué recibiremos?» [28] Jesús contestó: «A ustedes que me
han seguido, yo les digo: cuando todo comience nuevamente, y el Hijo del
Hombre se siente en su trono de gloria, ustedes también se sentarán en doce tronos,
para juzgar a las doce tribus de Israel. [29] Y todo el que haya dejado
casas, hermanos, hermanas, padre, madre, hijos o propiedades por causa de mi
Nombre, recibirá cien veces más y tendrá por herencia la vida eterna. [30]
Muchos que ahora son primeros serán últimos, y otros que ahora son últimos,
serán primeros». LOS TRABAJADORES DE [1] Aprendan algo del Reino de los Cielos. Un
propietario salió de madrugada a contratar trabajadores para su viña. [2] Se
puso de acuerdo con ellos para pagarles una moneda de plata al día, y los
envió a su viña. [3] Salió de nuevo hacia las nueve de la mañana, y al ver en
la plaza a otros que estaban desocupados, [4] les dijo: «Vayan ustedes
también a mi viña y les pagaré lo que sea justo». Y fueron a trabajar. [5]
Salió otra vez al mediodía, y luego a las tres de la tarde, e hizo lo mismo.
[6] Ya era la última hora del día, la undécima, cuando salió otra vez y vio a
otros que estaban allí parados. Les preguntó: «¿Por
qué se han quedado todo el día sin hacer nada?» [7] Contestaron ellos:
«Porque nadie nos ha contratado». Y les dijo: «Vayan también ustedes a
trabajar en mi viña». [8] Al anochecer, dijo el dueño de la viña a su
mayordomo: «Llama a los trabajadores y págales su jornal, empezando por los
últimos y terminando por los primeros». [9] Vinieron los que habían ido a
trabajar a última hora, y cada uno recibió un denario (una moneda de plata).
[10] Cuando llegó el turno a los primeros, pensaron que iban a recibir más,
pero también recibieron cada uno un denario. [11] Por eso, mientras se les
pagaba, protestaban contra el propietario. [12] Decían: «Estos últimos apenas
trabajaron una hora, y los consideras igual que a nosotros, que hemos
aguantado el día entero y soportado lo más pesado del calor». [13] El dueño
contestó a uno de ellos: «Amigo, yo no he sido injusto contigo. ¿No acordamos
en un denario al día? [14] Toma lo que te corresponde y márchate. Yo quiero
dar al último lo mismo que a ti. [15] ¿No tengo derecho a llevar mis cosas de
la manera que quiero? ¿O será porque soy generoso, y tú envidioso?» [16] Así
sucederá: los últimos serán primeros, y los primeros serán últimos». TERCER ANUNCIO DE [17] Mientras iban subiendo a Jerusalén, Jesús tomó
aparte a los Doce y les dijo por el camino: [18] «Ya estamos subiendo a
Jerusalén; el Hijo del Hombre va a ser entregado a los jefes de los
sacerdotes y a los maestros de [20] Entonces la madre de Santiago y Juan se acercó con
sus hijos a Jesús y se arrodilló para pedirle un favor. [21] Jesús le dijo: «¿Qué quieres?» Y ella respondió: «Aquí tienes a mis dos
hijos. Asegúrame que, cuando estés en tu reino, se sentarán uno a tu derecha
y otro a tu izquierda». [22] Jesús dijo a los hermanos: «No saben lo que
piden. ¿Pueden ustedes beber la copa que yo tengo que beber?» Ellos
respondieron: «Podemos». [23] Jesús replicó: «Ustedes sí beberán mi copa,
pero no me corresponde a mí el concederles que se sienten a mi derecha y a mi
izquierda. Eso será para quienes el Padre lo haya dispuesto». [24] Los otros diez
se enojaron con los dos hermanos al oír esto. [25] Jesús los llamó y les
dijo: «Ustedes saben que los gobernantes de las naciones actúan como
dictadores y los que ocupan cargos abusan de su autoridad. [26] Pero no será
así entre ustedes. Al contrario, el de ustedes que quiera ser grande, que se
haga el servidor de ustedes, [27] y si alguno de ustedes quiere ser el
primero entre ustedes, que se haga el esclavo de todos; [28] hagan como el
Hijo del Hombre, que no vino a ser servido, sino a servir y dar su vida como
rescate por una muchedumbre». [29] Al salir de Jericó, les iba siguiendo una
gran multitud de gente. [30] En algún momento, dos ciegos estaban sentados a
la orilla del camino, y al enterarse de que pasaba Jesús, comenzaron a
gritar: «¡Señor, hijo de David, ten compasión de
nosotros!» [31] La gente les decía que se callaran, pero ellos gritaban aun
más fuerte: «¡Señor, hijo de David, ten compasión de
nosotros!» [32] Jesús se detuvo, los llamó y les preguntó: «¿Qué
quieren que haga por ustedes?» [33] Ellos dijeron: «Señor, que se abran
nuestros ojos». [34] Jesús sintió compasión y les tocó los ojos. Y al momento
recobraron la vista y lo siguieron. JESÚS ENTRA EN JERUSALÉN (MC 11,1; JN 12,12; LC 19,12) [1] Estaban ya cerca de Jerusalén. Cuando llegaron a Betfagé, junto al monte de los Olivos, [2] Jesús envió a
dos discípulos con esta misión: «Vayan al pueblecito que está al frente, y
allí encontrarán una burra atada con su burrito al lado. Desátenla y
tráiganmela. [3] Si alguien les dice algo, contéstenle: El Señor los
necesita, y los devolverá cuanto antes». [4] Esto sucedió para que se
cumpliera lo dicho por el profeta: [5] Digan a la hija de Sión: «Mira que tu
rey viene a ti con toda sencillez, montado en una burra, un animal de carga».
[6] Los discípulos se fueron e hicieron como Jesús les había mandado. [7] Le
trajeron la burra con su cría, le colocaron sus mantos sobre el lomo y él se
sentó encima. [8] Había muchísima gente; extendían sus mantos en el camino, o
bien cortaban ramas de árboles, con las que cubrían el suelo. [9] Y el gentío
que iba delante de Jesús, así como los que le seguían, empezaron a gritar: «¡Hosanna al hijo de David! ¡Bendito sea el que viene en
el nombre del Señor! ¡Hosanna en lo más alto de los cielos!» [10] Cuando
Jesús entró en Jerusalén, toda la ciudad se alborotó y preguntaban: «¿Quién es éste?» [11] Y la muchedumbre respondía: «¡Este es el profeta Jesús, de Nazaret de Galilea!» JESÚS EXPULSA A LOS VENDEDORES (MC 11,11; LC 19,45; JN
2,14) [12] Jesús entró en el Templo y echó fuera a todos los
que vendían y compraban en el Templo. Derribó las mesas de los que cambiaban
monedas y los puestos de los vendedores de palomas. Les dijo: [13] «Está
escrito: Mi casa será llamada Casa de Oración. Pero ustedes la han convertido
en una cueva de ladrones». [14] También en el Templo se le acercaron algunos
ciegos y cojos, y Jesús los sanó. [15] Los sacerdotes principales y los
maestros de MALDICIÓN DE [18] Al regresar a la ciudad, muy de mañana, Jesús
sintió hambre. [19] Divisando una higuera cerca del camino, se acercó, pero
no encontró más que hojas. Entonces dijo a la higuera: «¡Nunca
jamás volverás a dar fruto!» Y al instante la higuera se secó. [20] Al ver
esto, los discípulos se maravillaron: «¿Cómo pudo
secarse la higuera, y tan rápido?» [21] Jesús les declaró: «En verdad les
digo: si tienen tanta fe como para no vacilar, ustedes harán mucho más que
secar una higuera. Ustedes dirán a ese cerro: [22] ¡Quítate de ahí y échate
al mar!, y así sucederá. Todo lo que pidan en la oración, con tal de que
crean, lo recibirán». Jesús responde a las autoridades (Mc 11,27; Lc 20,1) [23] Jesús había entrado al Templo y estaba enseñando,
cuando los sumos sacerdotes y las autoridades judías fueron a su encuentro
para preguntarle: «¿Con qué derecho haces todas
estas cosas? ¿Quién te lo ha encargado?» [24] Jesús les contestó: «Yo también
les voy a hacer a ustedes una pregunta. Si me la contestan, yo también les
diré con qué autoridad hago todo esto. [25] Háblenme del bautismo que daba
Juan: este asunto ¿de dónde venía, de Dios, o de los hombres?» Ellos
reflexionaron: «Si decimos que este asunto venía de Dios, él nos replicará:
Pues ¿por qué no le creyeron? [26] Y si decimos que era cosa de hombres,
¡cuidado con el pueblo!, pues todos consideran a Juan como un profeta». [27]
Entonces contestaron a Jesús: «No lo sabemos». Y Jesús les replicó: «Pues yo
tampoco les diré con qué autoridad hago estas cosas». [28] Jesús agregó: «Pero, díganme su parecer: Un hombre
tenía dos hijos. Se acercó al primero para decirle: "Hijo, hoy tienes
que ir a trabajar en la viña." [29] Y él le respondió: "No
quiero". Pero después se arrepintió y fue. [30] Luego el padre se acercó
al segundo y le mandó lo mismo. Este respondió: "Ya voy, señor."
Pero no fue. [31] Ahora bien, ¿cuál de los dos hizo lo que quería el padre?»
Ellos contestaron: «El primero». Entonces Jesús les dijo: «En verdad se lo
digo: en el camino al Reino de los Cielos, los publicanos y las prostitutas
andan mejor que ustedes. [32] Porque Juan vino a abrirles el camino derecho,
y ustedes no le creyeron, mientras que los publicanos y las prostitutas le
creyeron. Ustedes fueron testigos, pero ni con esto se arrepintieron y le
creyeron. LOS VIÑADORES ASESINOS (MC 12.1; LC 20) [33] Escuchen este otro ejemplo: Había un propietario
que plantó una viña. La rodeó con una cerca, cavó en ella un lagar y levantó
una torre para vigilarla. Después la alquiló a unos labradores y se marchó a
un país lejano. [34] Cuando llegó el tiempo de la vendimia, el dueño mandó a
sus sirvientes que fueran donde aquellos labradores y cobraran su parte de la
cosecha. [35] Pero los labradores tomaron a los enviados, apalearon a uno,
mataron a otro y a otro lo apedrearon. [36] El propietario volvió a enviar a
otros servidores más numerosos que la primera vez, pero los trataron de la
misma manera. [37] Por último envió a su hijo, pensando: A mi hijo lo
respetarán. [38] Pero los trabajadores, al ver al hijo, se dijeron: Ese es el
heredero. Lo matamos y así nos quedamos con su herencia. [39] Lo tomaron,
pues, lo echaron fuera de la viña y lo mataron. [40] Ahora bien, cuando venga
el dueño de la viña, ¿qué hará con esos labradores?» [41] Le contestaron:
«Hará morir sin compasión a esa gente tan mala, y arrendará la viña a otros
labradores que le paguen a su debido tiempo». [42] Jesús agregó: «¿No han leído cierta Escritura? Dice así: La piedra que
los constructores desecharon llegó a ser la piedra principal del edificio;
ésa fue la obra del Señor y nos dejó maravillados. [43] Ahora yo les digo a
ustedes: Se les quitará el Reino de los Cielos, y será entregado a un pueblo
que le hará producir sus frutos». (44), [45] Al oír estos ejemplos, los jefes
de los sacerdotes y los fariseos comprendieron que Jesús se refería a ellos.
[46] Hubieran deseado arrestarlo, pero tuvieron miedo del pueblo que lo
consideraba como un profeta. EL BANQUETE DE BODAS (LC 14,15) [1] Jesús siguió hablándoles por medio de parábolas: [2]
«Aprendan algo del Reino de los Cielos. Un rey preparaba las bodas de su
hijo, [3] por lo que mandó a sus servidores a llamar a los invitados a la
fiesta. Pero éstos no quisieron venir. [4] De nuevo envió a otros servidores,
con orden de decir a los invitados: He preparado un banquete, ya hice matar
terneras y otros animales gordos y todo está a punto. Vengan, pues, a la
fiesta de la boda. [5] Pero ellos no hicieron caso, sino que se fueron, unos
a sus campos y otros a sus negocios. [6] Los demás tomaron a los servidores
del rey, los maltrataron y los mataron. [7] El rey se enojó y envió a sus
tropas, que dieron muerte a aquellos asesinos e incendiaron su ciudad. [8]
Después dijo a sus servidores: El banquete de bodas sigue esperando, pero los
que habían sido invitados no eran dignos. [9] Vayan, pues, a las esquinas de
las calles e inviten a la fiesta a todos los que encuentren. [10] Los
servidores salieron inmediatamente a los caminos y reunieron a todos los que
encontraron, malos y buenos, de modo que la sala se llenó de invitados. [11]
Después entró el rey para conocer a los que estaban sentados a la mesa, y vio
un hombre que no se había puesto el traje de fiesta. [12] Le dijo: Amigo,
¿cómo es que has entrado sin traje de bodas? El hombre se quedó callado. [13]
Entonces el rey dijo a sus servidores: Atenlo de pies y manos y échenlo a las
tinieblas de fuera. Allí será el llorar y el rechinar de dientes. [14] Sepan
que muchos son llamados, pero pocos son elegidos». EL IMPUESTO DEBIDO AL CÉSAR (MC 12,13; LC 20,20) [15] Los fariseos se movieron para ver juntos el modo
de atrapar a Jesús en sus propias palabras. [16] Le enviaron, pues,
discípulos suyos junto con algunos partidarios de Herodes a decirle:
«Maestro, sabemos que eres honrado, y que enseñas con sinceridad el camino de
Dios. No te preocupas por quién te escucha, ni te dejas influenciar por
nadie. [17] Danos, pues, tu parecer: ¿Está contra [23] Ese mismo día vinieron a él algunos saduceos.
Según ellos, no hay resurrección de los muertos, y por eso mismo le
propusieron este caso: [24] «Maestro, Moisés dijo que si alguno muere sin
tener hijos, el hermano del difunto debe casarse con la viuda para darle un
hijo, que será considerado descendiente del difunto. [25] Sucedió que había
entre nosotros siete hermanos. Se casó el mayor y murió, y al no tener hijos,
dejó su mujer a su hermano. [26] Lo mismo pasó con el segundo y el tercero,
hasta el séptimo. [27] Después de todos ellos murió también la mujer. [28]
Ahora bien, cuando venga la resurrección de los muertos, ¿cuál de los siete
se quedará con esta mujer, si todos la tuvieron?» [29] Jesús contestó:
«Ustedes andan muy equivocados. Ustedes no entienden ni las Escrituras ni el
poder de Dios. [30] Primeramente, en la resurrección no se toma mujer ni
esposo, sino que son como ángeles en el Cielo. [31] Y en cuanto a saber si
hay resurrección de los muertos, ¿no han leído lo que Dios les dijo: [32] Yo
soy el Dios de Abraham, el Dios de Isaac y el Dios de Jacob? Él no es un Dios
de muertos, sino de vivos». [33] Era mucha la gente que escuchaba a Jesús, y
estaba asombrada de sus enseñanzas. [34] Cuando los fariseos supieron que
Jesús había hecho callar a los saduceos, se juntaron en torno a él. [35] Uno
de ellos, que era maestro de EL MESÍAS, HIJO Y SEÑOR DE DAVID (MC 12,35; LC 20,41) [41] Aprovechando que los fariseos estaban allí
reunidos, [42] Jesús les preguntó: «¿Qué piensan
ustedes del Mesías? ¿De quién tiene que ser hijo?» Contestaron: «De David».
[43] Jesús entonces añadió: «¿Cómo es que David
llama al Mesías su Señor en un texto inspirado? [44] En un salmo dice: El
Señor ha dicho a mi Señor: Siéntate a mi derecha hasta que ponga a tus
enemigos bajo tus pies. [45] Si David lo llama su Señor, ¿cómo puede ser hijo
suyo?» [46] Y nadie supo qué contestarle. Desde ese día nadie se atrevió a
hacerle más preguntas. NO IMITEN A LOS MAESTROS DE [1] Entonces Jesús habló tanto para el pueblo como para
sus discípulos: [2] «Los maestros de SIETE MALDICIONES CONTRA LOS FARISEOS (LC 11,39) [13] Por lo tanto, ¡ay de ustedes, maestros de (MC 13; LC 21; 17,23; 12,36) [1] Jesús salió del Templo, y mientras caminaba, sus
discípulos le hacían notar las imponentes construcciones del Templo. [2]
Jesús les dijo: «¿Ven todo eso? En verdad les digo:
no quedará ahí piedra sobre piedra. Todo será destruido». [3] Como Jesús
después se sentara en el monte de los Olivos, los discípulos se acercaron y
le preguntaron en privado: «Dinos cuándo ocurrirá todo eso. ¿Qué señales
anunciarán tu venida y el fin de la historia?» [4] Jesús les contestó: «No se
dejen engañar [5] cuando varios usurpen mi nombre y digan: Yo soy el Mesías.
Pues engañarán a mucha gente. [6] Ustedes oirán hablar de guerras y de
rumores de guerra. Pero no se alarmen; todo eso tiene que pasar, pero no será
todavía el fin. [7] Unas naciones lucharán contra otras y se levantará un
reino contra otro reino; habrá hambre y terremotos en diversos lugares. [8]
Esos serán los primeros dolores del parto. [9] Entonces los denunciarán a
ustedes, y serán torturados y asesinados. Todas las naciones los odiarán por
mi causa. [10] En esos días muchos tropezarán y caerán; de repente se odiarán
y se traicionarán unos a otros. [11] Aparecerán falsos profetas, que
engañarán a mucha gente, [12] y tanta será la maldad, que el amor se enfriará
en muchos. [13] Pero el que se mantenga firme hasta el fin, ése se salvará.
[14] Esta Buena Nueva del Reino será proclamada en el mundo entero, y todas
las naciones oirán el mensaje; después vendrá el fin. [15] Cuando ustedes
vean lo anunciado por el profeta Daniel: el ídolo del invasor instalado en el
Templo (que el lector sepa entender), [16] entonces los que estén en Judea
huyan a los montes. [17] Si estás en la azotea de tu casa, no te demores ni
vayas dentro a buscar tus cosas. [18] Si te hallas en el campo, no vuelvas a
buscar tu manto. [19] ¡Pobres de las que, en esos días, se hallen embarazadas
o estén criando! [20] Rueguen para que no les toque huir en invierno o en día
sábado. [21] Porque será una prueba tan enorme como no ha habido igual desde
el principio del mundo hasta ahora, ni jamás la volverá a haber. [22] Y si
ese tiempo no fuera acortado, nadie saldría con vida. Pero Dios lo acortará
en consideración a sus elegidos. [23] Entonces, si alguien les dice: Miren,
el Mesías está aquí o está allá, no le crean. [24] Porque se presentarán
falsos mesías y falsos profetas, que harán cosas
maravillosas y prodigios capaces de engañar, si fuera posible, aun a los
elegidos de Dios. [25] Miren que yo se lo he advertido de antemano. [26] Por
tanto, si alguien les dice: ¡Está en el desierto!, no vayan. Si dicen: ¡Está
en tal lugar retirado!, no lo crean. [27] Pues así como refulge el relámpago
desde el oriente e inflama el cielo hasta el poniente, así será la venida del
Hijo del Hombre. [28] En otras palabras: «Donde hay un cadáver, allí se
juntan los buitres». [29] Después de esos días de angustia, el sol se
oscurecerá, la luna perderá su brillo, caerán las estrellas del cielo y se
bambolearán los mecanismos del universo. [30] Entonces aparecerá en el cielo
la señal del Hijo del Hombre. Mientras todas las razas de la tierra se
golpearán el pecho, verán al Hijo del Hombre viniendo sobre las nubes del
cielo con el poder divino y la plenitud de la gloria. [31] Enviará a sus
ángeles, que tocarán la trompeta y reunirán a los elegidos de los cuatro
puntos cardinales, de un extremo al otro del mundo. [32] Aprendan esta lección
de la higuera: Cuando están ya tiernas sus ramas y empiezan a brotar las
hojas, ustedes saben que se acerca el verano. [33] Asimismo, cuando ustedes
noten todas estas cosas que les he dicho, sepan que el tiempo ya está cerca,
a las puertas. [34] En verdad les digo: No pasará esta generación, hasta que
sucedan todas estas cosas. [35] Pasarán el cielo y la tierra, pero mis
palabras no pasarán. [36] Por lo que se refiere a ese Día y cuándo vendrá,
nadie lo sabe, ni siquiera los ángeles de Dios, ni aun el Hijo, sino
solamente el Padre. [37] La venida del Hijo del Hombre recordará los tiempos
de Noé. [38] Unos pocos días antes del diluvio, la gente seguía comiendo y
bebiendo, y se casaban hombres y mujeres, hasta el día en que Noé entró en el
arca. [39] No se dieron cuenta de nada hasta que vino el diluvio y se los
llevó a todos. Lo mismo sucederá con la venida del Hijo del Hombre: [40] de
dos hombres que estén juntos en el campo, uno será tomado, y el otro no; [41]
de dos mujeres que estén juntas moliendo trigo, una será tomada, y la otra
no. ESTÉN ALERTA [42] Por eso estén despiertos, porque no saben en qué
día vendrá su Señor. [43] Fíjense en esto: si un dueño de casa supiera a qué
hora de la noche lo va a asaltar un ladrón, seguramente permanecería
despierto para impedir el asalto a su casa. [44] Por eso, estén también
ustedes preparados, porque el Hijo del Hombre vendrá a la hora que menos
esperan. [45] Imagínense un administrador digno de confianza y capaz. Su
señor lo ha puesto al frente de su familia, y es él quien les reparte el
alimento a su debido tiempo. [46] Afortunado será este servidor si, al venir
su señor, lo encuentra cumpliendo su deber. [47] En verdad les digo: su señor
lo pondrá al cuidado de todo lo que tiene. [48] No será así con el servidor malo
que piensa: «Mi señor se ha retrasado», [49] y empieza a maltratar a sus
compañeros y a comer y a beber con borrachos. [50] El patrón de ese servidor
vendrá en el día que no lo espera y a la hora que menos piensa. [51] Le
quitará el puesto y lo mandará donde los hipócritas: allí será el llorar y el
rechinar de dientes. PARÁBOLA DE LAS DIEZ JÓVENES (MC 13,35; LC 13,25) [1] Escuchen, pues, lo que pasará entonces en el Reino
de los Cielos. Diez jóvenes salieron con sus lámparas para salir al encuentro
del novio. [2] Cinco de ellas eran descuidadas y las otras cinco precavidas.
[3] Las descuidadas tomaron sus lámparas como estaban, sin llevar más aceite
consigo. [4] Las precavidas, en cambio, junto con las lámparas, llevaron sus
botellas de aceite. [5] Como el novio se demoraba en llegar, se adormecieron
todas y al fin se quedaron dormidas. [6] Al llegar la medianoche, se oyó un
gritó: «¡Viene el novio, salgan a su encuentro!» [7]
Todas las jóvenes se despertaron y prepararon sus lámparas. [8] Entonces las
descuidadas dijeron a las precavidas: «Dennos un poco de su aceite, porque
nuestras lámparas se están apagando». [9] Las precavidas dijeron: «No habría
bastante para ustedes y para nosotras; vayan mejor a donde lo venden, y
compren para ustedes». [10] Mientras fueron a comprar el aceite, llegó el
novio; las que estaban listas entraron con él a la fiesta de las bodas, y se
cerró la puerta. [11] Más tarde llegaron las otras jóvenes y llamaron:
«Señor, Señor, ábrenos». [12] Pero él respondió: «En verdad, se lo digo: no
las conozco». [13] Por tanto, estén despiertos, porque no saben el día ni la
hora. PARÁBOLA DE LOS TALENTOS (LC 19,12; MC 4,25; 13,34) [14] Escuchen también esto. Un hombre estaba a punto de
partir a tierras lejanas, y reunió a sus servidores para confiarles todas sus
pertenencias. [15] Al primero le dio cinco talentos de oro, a otro le dio
dos, y al tercero solamente uno, a cada cual según su capacidad. Después se
marchó. [16] El que recibió cinco talentos negoció en seguida con el dinero y
ganó otros cinco. [17] El que recibió dos hizo otro tanto, y ganó otros dos.
[18] Pero el que recibió uno cavó un hoyo en la tierra y escondió el dinero
de su patrón. [19] Después de mucho tiempo, vino el señor de esos servidores,
y les pidió cuentas. [20] El que había recibido cinco talentos le presentó
otros cinco más, diciéndole: «Señor, tú me entregaste cinco talentos, pero
aquí están otros cinco más que gané con ellos». [21] El patrón le contestó:
«Muy bien, servidor bueno y honrado; ya que has sido fiel en lo poco, yo te
voy a confiar mucho más. Ven a compartir la alegría de tu patrón». [22] Vino
después el que recibió dos, y dijo: «Señor, tú me entregaste dos talentos,
pero aquí tienes otros dos más que gané con ellos». [23] El patrón le dijo: «Muy
bien, servidor bueno y honrado; ya que has sido fiel en lo poco, yo te
confiaré mucho más. Ven a compartir la alegría de tu patrón». [24] Por último
vino el que había recibido un solo talento y dijo: «Señor, yo sabía que eres
un hombre exigente, que cosechas donde no has sembrado y recoges donde no has
invertido. [25] Por eso yo tuve miedo y escondí en la tierra tu dinero. Aquí
tienes lo que es tuyo». [26] Pero su patrón le contestó: «¡Servidor
malo y perezoso! Si sabías que cosecho donde no he sembrado y recojo donde no
he invertido, [27] debías haber colocado mi dinero en el banco. A mi regreso
yo lo habría recuperado con los intereses. [28] Quítenle, pues, el talento y
entréguenselo al que tiene diez. [29] Porque al que produce se le dará y
tendrá en abundancia, pero al que no produce se le quitará hasta lo que
tiene. [30] Y a ese servidor inútil, échenlo a la oscuridad de afuera: allí
será el llorar y el rechinar de dientes». EL JUICIO FINAL (LC 9,26) [31] Cuando el Hijo del Hombre venga en su gloria
rodeado de todos sus ángeles, se sentará en el trono de Gloria, que es suyo.
[32] Todas las naciones serán llevadas a su presencia, y separará a unos de
otros, al igual que el pastor separa las ovejas de los chivos. [33] Colocará
a las ovejas a su derecha y a los chivos a su izquierda. [34] Entonces el Rey
dirá a los que están a su derecha: «Vengan, benditos de mi Padre, y tomen
posesión del reino que ha sido preparado para ustedes desde el principio del
mundo. [35] Porque tuve hambre y ustedes me dieron de comer; tuve sed y
ustedes me dieron de beber. Fui forastero y ustedes me recibieron en su casa.
[36] Anduve sin ropas y me vistieron. Estuve enfermo y fueron a visitarme.
Estuve en la cárcel y me fueron a ver». [37] Entonces los justos dirán:
«Señor, ¿cuándo te vimos hambriento y te dimos de comer, o sediento y te
dimos de beber? [38] ¿Cuándo te vimos forastero y te recibimos, o sin ropa y
te vestimos? [39] ¿Cuándo te vimos enfermo o en la cárcel, y te fuimos a ver?
[40] El Rey responderá: «En verdad les digo que, cuando lo hicieron con
alguno de los más pequeños de estos mis hermanos, me lo hicieron a mí». [41]
Dirá después a los que estén a la izquierda: «¡Malditos,
aléjense de mí y vayan al fuego eterno, que ha sido preparado para el diablo
y para sus ángeles! [42] Porque tuve hambre y ustedes no me dieron de comer;
tuve sed y no me dieron de beber; [43] era forastero y no me recibieron en su
casa; estaba sin ropa y no me vistieron; estuve enfermo y encarcelado y no me
visitaron». [44] Estos preguntarán también: «Señor, ¿cuándo te vimos
hambriento o sediento, desnudo o forastero, enfermo o encarcelado, y no te
ayudamos?» [45] El Rey les responderá: «En verdad les digo: siempre que no lo
hicieron con alguno de estos más pequeños, ustedes dejaron de hacérmelo a
mí». [46] Y éstos irán a un suplicio eterno, y los buenos a la vida eterna». [1] Cuando Jesús terminó todos estos discursos, dijo a
sus discípulos: [2] «Ustedes saben que [6] Jesús se encontraba en Betania, en casa de Simón el
leproso. [7] Se acercó a él una mujer mientras estaba a la mesa, con un
frasco de mármol precioso lleno de un perfume muy caro, y se lo derramó en la
cabeza. [8] Al ver esto, los discípulos protestaban: «¿Para
qué tanto derroche? [9] Este perfume se podía haber vendido muy caro, para
ayudar a los pobres». [10] Jesús se dio cuenta y les dijo: «¿Por
qué molestan a esta mujer? Lo que ha hecho conmigo es realmente una buena
obra. [11] Siempre tienen a los pobres con ustedes, pero a mí no me tendrán
siempre. [12] Al derramar este perfume sobre mi cuerpo, ella preparaba mi
entierro. [13] En verdad les digo: dondequiera que se proclame el Evangelio,
en todo el mundo, se contará también su gesto, y será su gloria». [14]
Entonces uno de los Doce, que se llamaba Judas Iscariote, se presentó a los
jefes de los sacerdotes [15] y les dijo: «¿Cuánto me
darán si se lo entrego?» Ellos prometieron darle treinta monedas de plata.
[16] Y a partir de ese momento, Judas andaba buscando una oportunidad para
entregárselo. [17] El primer día de EN EL HUERTO DE GETSEMANÍ (MC 14,26; LC 22,39) [36] Llegó Jesús con ellos a un lugar llamado Getsemaní
y dijo a sus discípulos: «Siéntense aquí, mientras yo voy más allá a orar». [37]
Tomó consigo a Pedro y a los dos hijos de Zebedeo y comenzó a sentir tristeza
y angustia. [38] Y les dijo: «Siento una tristeza de muerte. Quédense aquí
conmigo y permanezcan despiertos». [39] Fue un poco más adelante y,
postrándose hasta tocar la tierra con su cara, oró así: «Padre, si es
posible, que esta copa se aleje de mí. Pero no se haga lo que yo quiero, sino
lo que quieres tú». [40] Volvió donde sus discípulos, y los halló dormidos; y
dijo a Pedro: «¿De modo que no pudieron permanecer
despiertos ni una hora conmigo? [41] Estén despiertos y recen para que no
caigan en la tentación. El espíritu es animoso, pero la carne es débil». [42]
De nuevo se apartó por segunda vez a orar: «Padre, si esta copa no puede ser
apartada de mí sin que yo la beba, que se haga tu voluntad». [43] Volvió otra
vez donde los discípulos y los encontró dormidos, pues se les cerraban los
ojos de sueño. [44] Los dejó, pues, y fue de nuevo a orar por tercera vez
repitiendo las mismas palabras. [45] Entonces volvió donde los discípulos y
les dijo: «¡Ahora pueden dormir y descansar! Ha
llegado la hora y el Hijo del Hombre es entregado en manos de pecadores. [46]
¡Levántense, vamos! El traidor ya está por llegar». TOMAN PRESO A JESÚS [47] Estaba todavía hablando, cuando llegó Judas, uno
de los Doce. Iba acompañado de una chusma armada con espadas y garrotes,
enviada por los jefes de los sacerdotes y por las autoridades judías. [48] El
traidor les había dado esta señal: «Al que yo dé un beso, ése es;
arréstenlo». [49] Se fue directamente donde Jesús y le dijo: «Buenas noches,
Maestro». Y le dio un beso. [50] Jesús le dijo: «Amigo, haz lo que vienes a
hacer». Entonces se acercaron a Jesús y lo arrestaron. [51] Uno de los que
estaban con Jesús sacó la espada e hirió al sirviente del sumo sacerdote,
cortándole una oreja. [52] Entonces Jesús le dijo: «Vuelve la espada a su
sitio, pues quien usa la espada, perecerá por la espada. [53] ¿No sabes que
podría invocar a mi Padre y él, al momento, me mandaría más de doce ejércitos
de ángeles? [54] Pero así había de suceder, y tienen que cumplirse las
Escrituras». [55] En ese momento, Jesús dijo a la gente: «A lo mejor buscan
un ladrón y por eso salieron a detenerme con espadas y palos. Yo sin embargo
me sentaba diariamente entre ustedes en el Templo para enseñar, y no me
detuvieron. [56] Pero todo ha pasado para que así se cumpliera lo escrito en
los Profetas». Entonces todos los discípulos abandonaron a Jesús y huyeron. JESÚS COMPARECE ANTE EL CONSEJO JUDÍO (MC 14,53; LC
22,54) [57] Los que tomaron preso a Jesús lo llevaron a casa
del sumo sacerdote Caifás, donde se habían reunido los maestros de LAS NEGACIONES DE PEDRO (MC 14,66; LC 22,56) [69] Mientras Pedro estaba sentado fuera, en el patio,
se le acercó una sirvienta de la casa y le dijo: «Tú también estabas con
Jesús de Galilea». [70] Pero él lo negó delante de todos, diciendo: «No sé de
qué estás hablando». [71] Y como Pedro se dirigiera hacia la salida, lo vio
otra sirvienta, que dijo a los presentes: «Este hombre andaba con Jesús de
Nazaret». [72] Pedro lo negó por segunda vez, jurando: «Yo no conozco a ese hombre».
[73] Un poco después se acercaron los que estaban allí y dijeron a Pedro:
«Sin duda que eres uno de los galileos: se nota por tu modo de hablar». [74]
Entonces Pedro empezó a proferir maldiciones y a afirmar con juramento que no
conocía a aquel hombre. Y en aquel mismo momento cantó un gallo. [75]
Entonces Pedro se acordó de las palabras que Jesús le había dicho: «Antes de
que cante el gallo me negarás tres veces». Y saliendo fuera, lloró
amargamente. [1] Al amanecer, todos los jefes de los sacerdotes y
las autoridades judías celebraron una reunión para decidir la manera de hacer
morir a Jesús. [2] Luego lo ataron y lo llevaron para entregárselo a Pilato,
el gobernador. [3] Cuando Judas, el traidor, supo que Jesús había sido
condenado, se llenó de remordimientos y devolvió las treinta monedas de plata
a los jefes de los sacerdotes y a los jefes judíos. [4] Les dijo: «He pecado:
he entregado a la muerte a un inocente». Ellos le contestaron: «¿Qué nos importa eso a nosotros? Es asunto tuyo». [5]
Entonces él, arrojando las monedas en el Templo, se marchó y fue a ahorcarse.
[6] Los jefes de los sacerdotes recogieron las monedas, pero dijeron: «No se
puede echar este dinero en el tesoro del Templo, porque es precio de sangre».
[7] Entonces se pusieron de acuerdo para comprar con aquel dinero el Campo
del Alfarero y lo destinaron para cementerio de extranjeros. [8] Por eso ese
lugar es llamado Campo de Sangre hasta el día de hoy. [9] Así se cumplió lo
que había dicho el profeta Jeremías: Tomaron las treinta monedas de plata,
que fue el precio en que lo tasaron los hijos de Israel, [10] y las dieron
por el Campo del Alfarero, tal como el Señor me lo ordenó. JESÚS COMPARECE ANTE PILATO (MC 15,1; LC 23,2; JN
18,29) [11] Jesús compareció ante el gobernador, y éste
comenzó a interrogarlo. Le preguntó: «¿Eres tú el
rey de los judíos?» Jesús contestó: «Tú eres el que lo dice». [12] Los jefes
de los sacerdotes y las autoridades judías lo acusaban, pero Jesús no
contestó nada. [13] Pilato le dijo: «¿No oyes todos
los cargos que presentan contra ti?» [14] Pero Jesús no dijo ni una palabra,
de modo que el gobernador se sorprendió mucho. [15] Con ocasión de EL CAMINO DE [27] Los soldados romanos llevaron a Jesús al patio del
palacio y reunieron a toda la tropa en torno a él. [28] Le quitaron sus
vestidos y le pusieron una capa de soldado de color rojo. [29] Después le
colocaron en la cabeza una corona que habían trenzado con espinos y en la
mano derecha le pusieron una caña. Doblaban la rodilla ante Jesús y se
burlaban de él, diciendo: «¡Viva el rey de los
judíos!» [30] Le escupían en la cara, y con la caña le golpeaban en la
cabeza. [31] Cuando terminaron de burlarse de él, le quitaron la capa de
soldado, le pusieron de nuevo sus ropas y lo llevaron a crucificar. [32] Por
el camino se encontraron con un hombre de Cirene,
llamado Simón, y le obligaron a que cargara con la cruz de Jesús. [33] Cuando
llegaron al lugar que se llama Gólgota (o Calvario), o sea, «calavera», [34]
le dieron a beber vino mezclado con hiel. Jesús lo probó, pero no lo quiso
beber. [35] Allí lo crucificaron y después se repartieron entre ellos la ropa
de Jesús, echándola a suertes. [36] Luego se sentaron a vigilarlo. [37]
Encima de su cabeza habían puesto un letrero con el motivo de su condena, en
el que se leía: «Este es Jesús, el rey de los judíos». [38] También
crucificaron con él a dos ladrones, uno a su derecha y el otro a su
izquierda. [39] Los que pasaban por allí lo insultaban; movían la cabeza [40]
y decían: «¡Vaya! ¡Tú que destruyes el Templo y lo
levantas de nuevo en tres días! Si eres el Hijo de Dios, líbrate del suplicio
y baja de la cruz». [41] Los jefes de los sacerdotes, los jefes de los judíos
y los maestros de DESPUÉS DE [51] En ese mismo instante la cortina del Santuario se
rasgó de arriba abajo, en dos partes. [52] La tierra tembló, las rocas se
partieron, los sepulcros se abrieron y resucitaron varias personas santas que
habían llegado ya al descanso. [53] Estas salieron de las sepulturas después
de la resurrección de Jesús, fueron a SEPULTAN A JESÚS (MC 15,42; LC 23,50; JN 19,38) [57] Siendo ya tarde, llegó un hombre rico de Arimatea,
llamado José, que también se había hecho discípulo de Jesús. [58] Se presentó
a Pilato y le pidió el cuerpo de Jesús, y el gobernador ordenó que se lo
entregaran. [59] José tomó entonces el cuerpo de Jesús, lo envolvió en una
sábana limpia [60] y lo colocó en el sepulcro nuevo que se había hecho
excavar en la roca. Después hizo rodar una gran piedra sobre la entrada del
sepulcro y se fue. [61] Mientras tanto, María Magdalena y la otra María estaban allí, sentadas frente al
sepulcro. ASEGURAN EL SEPULCRO [62] Al día siguiente (el día después de JESÚS RESUCITADO SE APARECE A LAS MUJERES (MC 16,1; LC
24,1; JN 20,1) [1] Pasado el sábado, al aclarar el primer día de la
semana, fueron María
Magdalena y la otra María a
visitar el sepulcro. [2] De repente se produjo un violento temblor: el Angel
del Señor bajó del cielo, se dirigió al sepulcro, hizo rodar la piedra de la
entrada y se sentó sobre ella. [3] Su aspecto era como el relámpago y sus
ropas blancas como la nieve. [4] Al ver al Angel, los guardias temblaron de
miedo y se quedaron como muertos. [5] El Angel dijo a las mujeres: «Ustedes
no tienen por qué temer. Yo sé que buscan a Jesús, que fue crucificado. [6]
No está aquí, pues ha resucitado, tal como lo había anunciado. Vengan a ver
el lugar donde lo habían puesto, [7] pero vuelvan en seguida y digan a sus
discípulos: Ha resucitado de entre los muertos y ya se les adelanta camino a
Galilea. Allí lo verán ustedes. Con esto ya se lo dije todo». [8] Ellas se
fueron al instante del sepulcro, con temor, pero con una alegría inmensa a la
vez, y corrieron a llevar la noticia a los discípulos. [9] En eso Jesús les
salió al encuentro en el camino y les dijo: «Paz a ustedes». Las mujeres se
acercaron, se abrazaron a sus pies y lo adoraron. [10] Jesús les dijo en
seguida: «No tengan miedo. Vayan ahora y digan a mis hermanos que se dirijan
a Galilea. Allí me verán». [11] Mientras las mujeres iban, unos guardias
corrieron a la ciudad y contaron a los jefes de los sacerdotes todo lo que
había pasado. [12] Estos se reunieron con las autoridades judías y acordaron
dar a los soldados una buena cantidad de dinero [13] para que dijeran: «Los
discípulos de Jesús vinieron de noche y, como estábamos dormidos, se robaron
el cuerpo. [14] Si esto llega a oídos de Pilato, nosotros lo arreglaremos
para que no tengan problemas». Los soldados recibieron el dinero e hicieron
como les habían dicho. [15] De ahí salió la mentira que ha corrido entre los
judíos hasta el día de hoy. JESÚS ENVÍA A SUS APÓSTOLES [16] Por su parte, los Once discípulos partieron para
Galilea, al monte que Jesús les había indicado. [17] Cuando vieron a Jesús,
se postraron ante él, aunque algunos todavía dudaban. [18] Jesús se acercó y
les habló así: «Me ha sido dada toda autoridad en el Cielo y en la tierra.
[19] Vayan, pues, y hagan que todos los pueblos sean mis discípulos.
Bautícenlos en el Nombre del Padre y del Hijo y del Espíritu Santo, [20] y
enséñenles a cumplir todo lo que yo les he encomendado a ustedes. Yo estoy
con ustedes todos los días hasta el fin de la historia». |
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