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MADRE TERESA DE CALCUTA, BUENA HIJA DE DIOS Preparado por: Pedro Sergio Antonio Donoso Brant |
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Agnes Gonxha
Bojaxhiu El
27 de agosto de 1910 nació Agnes Gonxha Bojaxhiu ,
en Skopje pueblo Albanés que había formado parte de Sus Padres, su familia y su infancia Sus padres fueron Nikola y Drane
Bojaxhiu, la bautizaron con el nombre de Agnes Gonxha, luego a los 5 años de
edad y seis meses, hizo su primera comunión,
y a los seis años, en noviembre de 1916, recibió Durante el período comunista,
Albania creó serios problemas familiares a Su juventud
Agnes no tenía mucho contacto con
religiosas, pero recibía noticias de algunos religiosos Yugoeslavos desde Viaje a
Madre Teresa El 24 de mayo de 1937, Fue entonces, el 10 de septiembre
de 1946, día que las Misioneras de Fundación de las Misioneras de Ese día, de una manera que nunca
explicaría, la sed de amor y de almas se apoderó de su corazón y el deseo de
saciar la sed de Jesús se convirtió en la fuerza motriz de toda su vida.
Durante las sucesivas semanas y meses, mediante locuciones interiores y
visiones, Jesús le reveló el deseo de su corazón de encontrar "víctimas
de amor" que "irradiasen a las almas su amor". "Ven y sé
mi luz", Jesús le suplicó. "No puedo ir solo". Le reveló su
dolor por el olvido de los pobres, su pena por la ignorancia que tenían de El
y el deseo de ser amado por ellos. Le pidió a La primera persona a quien Se trataba de que Pasaron casi dos años de pruebas y
discernimiento antes de que Madre Teresa recibiese el permiso para comenzar.
El 17 de agosto de 1948 se vistió por primera vez con el sari blanco orlado
de azul, que se convertiría en hábito característico de las futuras
Misioneras de Su vida junto a los pobres
Después de un breve curso con las
Hermanas Médicas Misioneras en Patna, Madre Teresa
volvió a Calcuta, donde encontró alojamiento temporal con las Hermanitas de
los Pobres. El 21 de diciembre va por vez primera a los barrios pobres.
Visitó a las familias, lavó las heridas de algunos niños, se ocupó de un
anciano enfermo que estaba extendido en la calle y cuidó a una mujer que se
estaba muriendo de hambre y de tuberculosis. Comenzaba cada día entrando en
comunión con Jesús en El 7 de octubre de 1950 fue
establecida oficialmente en Nuevas fundaciones Para responder mejor a las
necesidades físicas y espirituales de los pobres, Madre Teresa fundó los
Hermanos Misioneros de El mundo mira a
Durante estos años de rápido
desarrollo, el mundo comenzó a fijarse en Madre Teresa y en la obra que ella
había iniciado. Numerosos premios, comenzando por el Premio Indio Padmashri en 1962 y de modo mucho más notorio el Premio
Nóbel de Ella recibió, tanto los premios
como la creciente atención "para gloria de Dios y en nombre de los
pobres". Toda la vida y el trabajo de Madre Teresa fue un testimonio de
la alegría de amar, de la grandeza y de la dignidad de cada persona humana,
del valor de las cosas pequeñas hechas con fidelidad y amor, y del valor
incomparable de la amistad con Dios. Pero, existía otro lado heroico de esta
mujer que salió a la luz solo después de su muerte. Oculta a todas las
miradas, oculta incluso a los más cercanos a ella, su vida interior estuvo
marcada por la experiencia de un profundo, doloroso y constante sentimiento
de separación de Dios, incluso de sentirse rechazada por El, unido a un deseo
cada vez mayor de su amor. Ella misma llamó "oscuridad" a su
experiencia interior. La "dolorosa noche" de su alma, que comenzó
más o menos cuando dio inicio a su trabajo con los pobres y continuó hasta el
final de su vida, condujo a Madre Teresa a unión con Dios cada vez más
profunda. Mediante la oscuridad, ella participó de la sed de Jesús (el
doloroso y ardiente deseo de amor de Jesús) y compartió la desolación
interior de los pobres. Los Papas y Madre Teresa
A dos días de su partida a "Misionera de "Misionera de "Ella sabía por experiencia
que la vida adquiere todo su valor cuando encuentra el amor y siguiendo el
Evangelio fue el buen samaritano de las personas que encontró, de toda
existencia en crisis y despreciada". Sus últimos años Durante los últimos años de su
vida, a pesar de los problemas de salud cada vez más graves, Madre Teresa
continuó dirigiendo su Instituto y respondiendo a las necesidades de los
pobres y de Después de encontrarse por última
vez con el Papa Juan Pablo II, volvió a Calcuta donde transcurrió las últimas
semanas de su vida recibiendo a las personas que acudían a visitarla e
instruyendo a sus Hermanas. El 5 de septiembre, la vida terrena de Madre
Teresa llegó a su fin. El Gobierno de India le concedió el honor de celebrar
un funeral de estado y su cuerpo fue enterrado en Su Biografía narrada por ella. Nací -en Albania en 1910- como
Agnes Gonxha Bojaxhiu, pero "realmente nací el día en que un leproso
abandonado en la calle murió en mis brazos y me dijo: <<Viví como un
perro, pero me voy de este mundo como un ángel>>, contó muchas veces.
Tenía 17 años cuando le pidió a la madre superiora de la congregación de las
Hermanas de Loreto que la mandara "a misionar entre los pobres de África
y oyó esta respuesta: "Eres demasiado frágil para ese trabajo Partió a "Día de su subida al cielo". Falleció el 5 de septiembre de
1997 de un ataque al corazón en la sede central de la congregación, dejando a
"PERTENEZCO ENTERAMENTE AL CORAZÓN DE
JESÚS"
El domingo, 19 de octubre, Jornada
Misionera Mundial, Juan Pablo II celebrará "De sangre soy albanesa. De ciudadanía, India. En lo
referente a la fe, soy una monja Católica. Por mi vocación, pertenezco al
mundo. En lo que se refiere a mi corazón, pertenezco totalmente al Corazón de
Jesús". De pequeña estatura, firme como una roca en su fe, a Madre
Teresa de Calcuta le fue confiada la misión de proclamar la sed de amor de
Dios por la humanidad, especialmente por los más pobres entre los pobres.
"Dios ama todavía al mundo y nos envía a ti y a mí para que seamos su
amor y su compasión por los pobres". Fue un alma llena de la luz de
Cristo, inflamada de amor por El y ardiendo con un único deseo: "saciar
su sed de amor y de almas".
Esta mensajera luminosa del amor
de Dios nació el 26 de agosto de 1910 en Skopje, una ciudad situada en el
cruce de la historia de los Balcanes. Era la menor de los hijos de Nikola y
Drane Bojaxhiu. Recibió en el bautismo el nombre de Gonxha Agnes, hizo su
Primera Comunión a la edad de cinco años y medio y recibió Cuando tenía dieciocho años, animada
por el deseo de hacerse misionera, Gonxha dejó su casa en septiembre de 1928
para ingresar en el Instituto de Caracterizada por su caridad, altruismo y coraje, por su
capacidad para el trabajo duro y por un talento natural de organizadora,
vivió su consagración a Jesús entre sus compañeras con fidelidad y alegría. El 10 de septiembre de 1946, durante un viaje de Calcuta a
Darjeeling para realizar su retiro anual, Madre
Teresa recibió su "inspiración", su "llamada dentro de la
llamada". Ese día, de una manera que nunca explicaría, la sed de amor y
de almas se apoderó de su corazón y el deseo de saciar la sed de Jesús se
convirtió en la fuerza motriz de toda su vida. Durante las sucesivas semanas
y meses, mediante locuciones interiores y visiones, Jesús le reveló el deseo
de su corazón de encontrar "víctimas de amor" que "irradiasen
a las almas su amor". "Ven y sé mi luz", Jesús le suplicó.
"No puedo ir solo". Le reveló su dolor por el olvido de los pobres,
su pena por la ignorancia que tenían de El y el deseo de ser amado por ellos.
Le pidió a
Después de un breve curso con las Hermanas Médicas
Misioneras en Patna, Madre Teresa volvió a Calcuta,
donde encontró alojamiento temporal con las Hermanitas de los Pobres. El 21
de diciembre va por vez primera a los barrios pobres. Visitó a las familias,
lavó las heridas de algunos niños, se ocupó de un anciano enfermo que estaba
extendido en la calle y cuidó a una mujer que se estaba muriendo de hambre y
de tuberculosis. Comenzaba cada día entrando en comunión con Jesús en El 7 de octubre de 1950 fue establecida oficialmente en
Para responder mejor a las necesidades físicas y
espirituales de los pobres, Madre Teresa fundó los Hermanos Misioneros de Durante estos años de rápido desarrollo, el mundo comenzó
a fijarse en Madre Teresa y en la obra que ella había iniciado. Numerosos
premios, comenzando por el Premio Indio Padmashri
en 1962 y de modo mucho más notorio el Premio Nobel
de Ella recibió, tanto los premios como la creciente atención
"para gloria de Dios y en nombre de los pobres". Toda la vida y el
trabajo de Madre Teresa fue un testimonio de la alegría de amar, de la
grandeza y de la dignidad de cada persona humana, del valor de las cosas
pequeñas hechas con fidelidad y amor, y del valor incomparable de la amistad
con Dios. Pero, existía otro lado heroico de esta mujer quesalió
a la luz solo después de su muerte. Oculta a todas las miradas, ocultaincluso a los más cercanos a ella, su vida interior
estuvo marcada por la experiencia de un profundo, doloroso y constante
sentimiento de separaciónde Dios, incluso de
sentirse rechazada por El, unido a un deseo cada vezmayor
de su amor. Ella misma llamó "oscuridad" a su experiencia interior.
La"dolorosa noche" de su alma, que
comenzó más o menos cuando dio inicio a su trabajo con los pobres y continuó
hasta el final de su vida, condujo a Madre Teresa a unión con Dios cada vez
más profunda. Mediante la oscuridad, ella participó de la sed de Jesús (el
doloroso y ardiente deseo de amor de Jesús) y compartió la desolación
interior de los pobres.
Durante los últimos años de su
vida, a pesar de los problemas de salud cada vez más graves, Madre Teresa
continuó dirigiendo su Instituto y respondiendo a las necesidades de los
pobres y de
Menos de dos años después de su muerte, a causa de la
extendida fama de santidad de Madre Teresa y de los favores que se le
atribuían, el Papa Juan Pablo II permitió la apertura de su Causa de
Canonización. El 20 de diciembre de 2002 el mismo Papa aprobó los decretos
sobre la heroicidad de las virtudes y sobre el milagro obtenido por
intercesión de Madre Teresa. PENSAMIENTOS DE El
amor, para que sea auténtico, debe costarnos. Ama
hasta que te duela. Si te duele es buena señal. Para
hacer que una lámpara esté siempre encendida, no debemos de dejar de ponerle
aceite. Hay
una cosa muy bonita: compartir la alegría de amar. Amarnos los unos a los
otros. Amar hasta el dolor. EL
AMOR AL PRÓJIMO Preferiría
cometer errores con gentileza y compasión antes que obrar milagros con
descortesía y dureza. Darle
a alguien todo tu amor nunca es seguro de que te amarán de regreso, pero no
esperes que te amen de regreso; solo espera que el amor crezca en el corazón
de la otra persona, pero si no crece, sé feliz porque creció en el
tuyo. Hay cosas que te encantaría oír, que nunca escucharás de la
persona que te gustaría que te las dijera, pero no seas tan sordo para no
oírlas de aquel que las dice desde su corazón. EL
SILENCIO Resulta
muy difícil predicar cuando no se sabe cómo hacerlo, pero debemos animarnos a
predicar. Para ello, el primer medio
que debemos emplear es el silencio. El
silencio de la boca nos enseñará muchísimas cosas: a hablar con Cristo; a
estar alegres en los momentos de desolación; a descubrir muchas cosas
prácticas para decir. Guardemos,
entonces, el silencio de los ojos, el cual nos ayudará siempre a ver a Dios. Los
ojos son como dos ventanas a través de las cuales Cristo y el mundo penetran
en nuestro corazón. El
silencio de la mente y del corazón: El
silencio nos proporciona una visión nueva de todas las cosas. Las
palabras que no procuran la luz de Cristo no hacen mas
que aumentar en nosotros la confusión. La
oración ensancha el corazón, hasta hacerlo capaz de contener el don de Dios.
Sin Él, no podemos nada. Orar
a Cristo es amarlo y amarlo significa cumplir sus palabras. La oración
significa para mí la posibilidad de unirme a Cristo las 24 horas del día para
vivir con Él, en Él y para Él. Si oramos, creemos. Si creemos, amaremos. Si
amamos, serviremos. Es
imposible comprometerse en un apostolado directo, si no es desde una
auténtica oración. Debemos tratar de ser uno con el Padre. Nuestra actividad
no será verdaderamente apostólica si no le permitimos obrar en nosotros, a
través de nosotros, gracias a su poder, a sus planes y a su amor. Para
que la oración sea realmente fructuosa, ha de brotar del corazón y debe ser
capaz de tocar el corazón de Dios. Yo
estoy perfectamente convencida de que cuantas veces decimos Padre nuestro,
Dios mira sus manos, que nos han plasmado... “Te he esculpido en la palma de
mi mano”... mira Sus manos y nos ve en ellas. ¡Qué maravillosos son la
ternura y el amor de Dios omnipotente! Orad
sencillamente, como los niños, movidos por un fuerte deseo de amar mucho y de
convertir en objeto de propio amor a aquellos que no son amados. Debemos
ser conscientes de nuestra unión y de convertir con Cristo, así como El tenía
clara conciencia de su unión con el Padre. La
plegaria perfecta no consiste en una palabrería, sino en el fervor del deseo
que eleva los corazones hasta Jesús. Nuestras
acciones sólo pueden producir frutos, cuando son expresión verdadera de una
plegaria sincera. Frecuentemente
nuestra oración no produce efecto por no haber fijado nuestra mente y nuestro
corazón en Jesús, por medio de quien únicamente nuestra oración puede ir
directamente a Dios. “Yo
lo miro y El me mira” constituye la perfecta oración. Nunca
debiéramos ceder a la costumbre de aplazar nuestra oración, sino
hacerla con la comunidad. El
fracaso o la perdida de la vocación proviene también
de la desidia en la oración. La
oración ensancha el corazón delicado hasta el punto de estar en condiciones
de acoger el don del propio Dios. Dios
se compadece de la debilidad pero no quiere el desánimo. “En
El vivimos, nos movemos y existimos”. No
basta orar generosamente, hemos de orar con fervor y devoción. El
conocimiento que comunicamos debe ser el de Jesús crucificado y, como dice
san Agustín: “Antes de dejar de hablar a la boca, el apóstol ha de elevar su
propia alma sedienta a Dios para luego poder entregar cuanto ha bebido,
vertiendo en los demás aquello de lo cual estamos colmados”, o como nos
enseña santo Tomás: “Aquellos que son llamados a la labor de una vida activa,
cometen una grave equivocación si piensan que su compromiso les dispensa de
la vida contemplativa. Tal obligación se añade a aquélla y no la hace menos
indispensable”. La
oración que brota de nuestra mente y de nuestro corazón y que recitamos sin
necesidad de leer en ningún libro se llama oración mental. Sólo
por medio de la oración mental y la lectura espiritual, podemos cultivar el
don de Los
mejores medios para alcanzar un franco progreso espiritual son la oración y
la lectura espiritual. Si
a ustedes les resulta difícil orar, rueguen insistentemente: “¡Jesús ven a mi corazón, ora dentro de mí y conmigo, hazme
aprender de Ti cómo orar”. La
cosa más importante no es lo que decimos nosotros, sino lo que Dios nos dice
a nosotros. Jesús está siempre allí, esperándonos. En el silencio nosotros
escuchamos su voz. Debemos
amar El
silencio es lo más importante para orar. Las almas de oración son almas de
profundo silencio. Y lo necesitamos para poder ponernos verdaderamente en
presencia de Dios y escuchar lo que nos quiere decir. Este
silencio debe ser tanto exterior como interior, dejando de lado nuestras
preocupaciones. Debemos acostumbrarnos al silencio del corazón, de los ojos y
de la lengua. El
silencio de la lengua nos ayuda a hablarle a Dios. El de los ojos, a ver a
Dios. Y el silencio del corazón, como el de Dios
es amigo del silencio, que nos da una visión nueva de las cosas. No es
esencial lo que nosotros decimos, sino lo que Dios nos dice y dice a través
de nosotros. El fruto del silencio es La
confesión fortalece el alma, pues una confesión realmente bien hecha –la
confesión de un hijo que reconoce su pecado y retorna al Padre- produce
siempre humildad y la humildad es fuerza. Ustedes
pongan en primer lugar la confesión y sólo después pidan una dirección
espiritual, cuando lo crean necesario. Para
muchos de nosotros existe el peligro cierto de olvidar que somos pecadores y
que como tales hemos de recurrir al confesionario. Hemos de sentir necesidad
de hacer que la sangre de Cristo lave nuestros pecados. Cuando,
entre Cristo y yo, se produce un vacío, cuando mi amor está dividido, nada
puede llenar tal vacío. En
la noche, al momento de acostarse, pregúntense: “¿Qué he hecho yo hoy a Jesús?
¿Qué he hecho yo hoy a Jesús? ¿Qué he hecho hoy con Jesús?”. Les bastará
simplemente mirar sus manos. Este es el mejor examen de conciencia. El
que tiene a Dios en su corazón, desborda de alegría. La tristeza, el
abatimiento, conducen a la pereza, al desgano. Nuestra
alegría es el mejor modo de predicar el cristianismo. Al ver la felicidad en
nuestros ojos, tomarán conciencia de su condición de hijos de Dios. Pero para
eso debemos estar convencidos de eso. Superemos
siempre el desaliento... nada de esto tiene sentido si hemos comprendido la
ternura del amor de Dios. La
alegría del Señor es nuestra fuerza. Todos nosotros, si tenemos a Jesús
dentro nuestro, debemos llevar la alegría como
novedad al mundo. La
alegría es oración, la señal de nuestra generosidad, de nuestro
desprendimiento y de nuestra unión interior con Dios.
María
debe ser la fuente de nuestra alegría; ella, que fue la maestra en el
servicio gozoso a los demás. La alegría era su fuerza, ya que sólo la alegría
de saber que tenía a Jesús en su seno podía hacerla ir a las montañas para
hacer el trabajo de una sierva en casa de su prima Isabel. De
la misma manera nosotros, con Jesús en nuestro corazón, debemos servir a los
demás con alegría. Si
no se vive para los demás, la vida carece de sentido. ¿Qué
descuido podremos tener en el amor? tal vez en nuestra propia familia haya
alguien que se sienta solo, alguien que este viviendo una pesadilla, alguien que
se muerde de angustia, y estos son indudablemente momentos bien difíciles
para cualquiera. Cuando
nos ocupamos del enfermo y del necesitado, estamos tocando el cuerpo
sufriente de Cristo y este contacto se torna heroico; nos olvidamos de la
repugnancia y de las tendencias naturales que hay en todos nosotros. El
que no sirve para servir, no sirve para vivir. El
amor no puede permanecer en sí mismo. No tiene sentido. El amor tiene que
ponerse en acción. Esa actividad nos llevará al servicio. Muchas
veces basta una palabra, una mirada, un gesto para llenar el corazón del que
amamos. No
es lo importante lo que uno hace, sino cómo lo hace, cuánto amor, sinceridad
y fe ponemos en lo que realizamos. Cada trabajo es importante, y lo que yo hago,
no lo puedes hacer tú, de la misma manera que yo no puedo hacer lo que tú
haces. Pero cada uno de nosotros hace lo que Dios le encomendó. Sólo
siendo sinceros y trabajando con Dios, poniendo en ello toda nuestra alma,
podremos llevar la salvación a los demás. Pero para ello es necesario que no
perdamos nuestro tiempo mirando y deseando hacer lo que hacen los demás. No
es tanto lo que hacemos cuanto el amor que ponemos en lo que hacemos lo que
agrada a Dios. Mientras
el trabajo sea más repugnante, mayor ha de ser nuestra fe y más alegre
nuestra devoción. No
puedo parar de trabajar. Tendré toda la eternidad para descansar. A
veces sentimos que lo que hacemos es tan solo una gota en el mar, pero el mar
sería menos si le faltara una gota. Tu
vocación consiste en pertenecer a Jesús. Tu servicio a los leprosos es
sólo tu forma concreta de expresar tu amor a Jesús. Por ello, no interesa
demasiado determinar a quiénes dedicas tu labor, a condición de que la
realices por El, de que lo hagas con El. Esta es, en realidad, la forma de
cumplir tu vocación, tu penitencia a Cristo. Nuestra
vocación consiste en pertenecer a Jesús. Jesús
nos ha elegido para Sí; le pertenecemos. Tenemos que estar, pues, tan
convencidos de dicha presencia, que no permitamos que nada, ni lo más
insignificante, nos aparte de su posesión... de su amor. Los
pobres son la esperanza del mundo porque nos proporcionan la ocasión de amar
a Dios a través de ellos. Son el don de Dios a la humanidad, para que nos
enseñen una manera diferente de amarlo, buscando siempre la manera de
dignificarlos y rescatarlos. Ellos
son el signo de la presencia de Dios entre nosotros, ya que en cada uno de
ellos es Cristo quien se hace presente. Por
eso, Él no nos preguntará cuántas cosas hicimos, sino cuánto amor pusimos en
ellas. Seamos
los servidores del pobre. Hemos de brindar al pobre un servicio generoso,
sincero. En el mundo, a la gente se le paga por su trabajo. Sintámonos
pagados por Dios. ¿Acaso
tratan ustedes a los pobres como basurero, dándoles aquello que ya no pueden
ustedes usar o comer? Como esto no puedo ya comérmelo, se lo voy a dar al
pobre. La
grandeza de María proviene justamente de su humildad. Y era humilde porque
pertenecía a Dios por completo, estaba en disponibilidad para lo que Él
quisiera pedirle. Ella,
que estaba colmada de gracias, siguió siendo la esclava del Señor. Se mantuvo
con firmeza junto a la cruz de su Hijo, y ni siquiera viéndolo morir dejó de
confiar en Dios. Pidámosle
a Hay
que cuidarse del orgullo, porque el orgullo envilece cualquier cosa. Dios
no va a preguntarle a aquella hermana cuántos libros ha leído, cuántos
milagros ha realizado; lo que le preguntará es si ha hecho de lo suyo lo
mejor por amor del mismo Dios. “Hice
lo mío de la mejor forma”. Aunque aquello que he podido hacer, no sea más que
un fracaso, eso deberá ser lo mejor que hemos podido y sabido hacer; debe
tener nuestro máximo empeño. Ningún
fracaso las desanimará, mientras tengan clara conciencia de haber hecho
aquello que estaba a su alcance. Hablando humanamente, si una hermana tuviera
un fracaso en su tarea, procuremos atribuirlo a cualquier factor de debilidad
humana, que no fue inteligente, o no supo hacer mejor las cosas, etc. A pesar
de todo, a los ojos de Dios no ha fallado si ha hecho todo lo que era capaz
de hacer. Y ella debiera sentirse, pese a todo, colaboradora suya. Nunca
debemos creernos indispensables Dios tiene sus caminos y sus maneras... El
puede permitir que todo marche al revés aun en manos de la hermana más bien
dotada. Dios no mira más que su amor. Bien ustedes pueden trabajar hasta el
agotamiento, incluso matarse trabajando, pero si su trabajo no está tejido
por el amor resulta inútil. ¡Dios no tiene ninguna necesidad de sus obras! Si
todo lo he recibido, ¿qué mérito nos cabe? Si estamos bien convencidos de
esto, nunca alzaremos altaneramente la cabeza. Debes
entonces decirle: “ Señor, soy tuyo. Puedes hacer
conmigo lo que quieras”. Esta es, hermano, nuestra fuerza y ésta es la
alegría del Señor. El
abandono total en Dios consiste en darse a Dios en forma plena, porque Él se
dio a nosotros primero. Y debemos entregarnos de manera absoluta si queremos
responder a la magnitud de su entrega hacia nosotros. Sólo si renuncio a mí
misma puedo llevar a Dios a vivir en mí. Cuando
renuncio ofrezco mi libre voluntad, mi razón, mi propia vida. Y todo por
amor, ya que cuanto más renunciamos a nosotros mismos, más podemos amar a
Dios y a los hombres. La
santidad es hacer siempre, con alegría, la voluntad de Dios. Para eso es
necesaria la fidelidad a sus deseos, y es esta fidelidad la que hace a los
santos. A
través de la vida espiritual nos unimos con Jesús: lo humano y lo divino se
ofrecen uno al otro. El
primer paso hacia la santidad es querer serlo. ¿Qué es un santo sino un alma
resuelta, que hace uso de su fortaleza para actuar? Ser
santo no significa realizar cosas extraordinarias, descifrar misterios, sino
únicamente un aceptar incondicional, dado que me he entregado por completo a
Dios, porque le pertenezco por entero. Entréguense
eternamente a Jesús... y Él se servirá de ustedes para hacer grandes cosas, a
fin de que crean mucho más en su amor que en su debilidad. Crean en Él...
confíen en Él con una fe ciega y absoluta, seguros de que Él es el Señor.
Convénzanse de que únicamente Jesús es el secreto de la vida y que la
santidad no es otra cosa que el propio Jesús que vive en su interior
por su gracia. Ustedes
deben permitir que el Padre sea un jardinero, que corta y poda. Si sienten
que son podados no se preocupen. Él tiene sus motivos para hacerlo. Ustedes
deben dejar que lo haga. Si
con toda conciencia y diligencia aspiramos a la santidad, después de nuestra
oración ha de penetrarnos un sentimiento de autorrenuncia. La forma más
elemental de renuncia del propio yo es el control de nuestros sentidos. “Seré
santo” quiere decir: me despojaré de todo cuanto no es Dios. Despojaré mi
corazón y lo vaciaré de toda cosa creada; viviré en la pobreza y en el
desprendimiento. Renunciaré a mi voluntad, a mis inclinaciones, a mis sueños
y a mis fantasías y me convertiré en un esclavo voluntario de Dios. Nuestro
ideal no puede ser nada distinto de Jesús. Debemos pensar como Él piensa,
amar como Ël ama, desear como Él desea. Debemos
permitirle que disponga y se sirva totalmente de nosotros. Jesús
quiere que seamos santos como su Padre. Podemos llegar a ser grandísimos
santos con sólo quererlo. La santidad no es un lujo para unos pocos, sino una
sencilla obligación también para ti y para mi. La
revolución del amor comienza con una sonrisa. Sonríe cinco veces al día a
quien en realidad no quisieras sonreír. Debes hacerlo por la paz. Cuando
recibimos aunque sólo sea una pequeña observación poco caritativa, o cuando nos
sentimos víctimas de una falta de consideración, con qué facilidad nos
olvidamos de que ¡éste es justamente el momento de compartir con Él la ofensa
y el sufrimiento! Recuerden
que Nuestros
sufrimientos son caricias bondadosas de Dios, llamándonos para que nos
volvamos a Él, y para hacernos reconocer que no somos nosotros los que
controlamos nuestras vidas, sino que es Dios quien tiene el control, y
podemos confiar plenamente en Él. Nunca
digas adiós, si todavía quieres tratar. Nunca te des por vencido si
sientes que puedes seguir luchando. Nunca le digas a una persona que ya
no la amas, si no puedes dejarla ir. El amor llega a aquel que
espera, aunque lo hallan decepcionado; a aquel que aun cree, aunque
haya sido traicionado: a aquel que todavía necesite amar, aunque antes haya
sido lastimado y aquel que tiene coraje y la fe para construir la confianza
de nuevo. Hemos
de amar a Dios, haciéndonos cargo de las ofensas que le hemos provocado. A
lo largo del día, repitamos con frecuencia: “Lávame, Señor, de mis pecados y
límpiame de toda iniquidad”. |