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Muchos artículos
escribió el Padre Alberto Hurtado, grande fue y es su obra, su trabajo fue
tan impresionante como su legado, pues lo que dejó y transmitió a sus sucesores
y a su pueblo, es una tarea de amor total, es así como me es difícil tomar
una decisión sobre que escrito mostrar para hacer ver como pensó este santo
de nuestro tiempo, porque cada cosa que leo, artículos, pensamientos, cada
hecho o suceso, cada instante de su vida y obra, es camino de santidad.
En uno de sus
tantos artículos escribió: “Sería peligroso sin embargo, bajo el pretexto
de guardar contacto con Dios, refugiarnos en una pereza soñolienta, en una
quietud inactiva. Entra en el plan de Dios el ser estrujado... La caridad
nos urge de tal manera que no podemos rechazar el trabajo; consolar un
triste, ayudar un pobre, un enfermo que visitar, un favor que agradecer,
una conferencia que dar; dar un aviso, hacer una diligencia, escribir un
artículo, organizar una obra, y todo esto añadido a las ocupaciones de cada
día, a los deberes cotidianos. Si alguien ha comenzado a vivir para Dios en
abnegación y amor a los demás, todas las miserias se darán cita en su
puerta. Si alguien ha tenido éxito en el apostolado, las ocasiones de
apostolado se multiplicarán para él. Si alguien ha llevado bien las
responsabilidades ordinarias, ha de estar preparado para aceptar las
mayores. Así nuestra vida y el celo por la gloria de Dios nos echan a una
marcha rápidamente acelerada, que nos desgasta, sobre todo porque no nos da
el tiempo para reparar nuestras fuerzas físicas o espirituales... y un día
llega en que la máquina se para o se rompe. ¡Y donde nosotros creíamos ser
indispensables se pone otro en nuestro lugar!”
“Con todo esto,
¿podríamos rehusar? ¿No era el amor de Cristo la que nos urgía? y darse a
los hermanos ¿no es acaso darse a Cristo?”
“Mientras más amor
hay, más se sufre: el deseo de hacer el bien, siempre el bien, de socorrer
a los desgraciados, de siempre enseñar y siempre adaptar la verdad eterna,
todo esto no se puede realizar sino en ínfima medida. Aun rehusándonos mil
ofrecimientos, imponiéndose una línea de frecuentes rechazos, queda uno
desbordado y no nos queda el tiempo de encontrarnos a nosotros mismos y de
encontrar a Dios. Doloroso conflicto de una doble búsqueda: la del plan de
Dios que hemos de realizar en nuestros hermanos y la búsqueda del mismo
Dios que deseamos contemplar y amar; conflicto doloroso que no puede
resolverse sino en el amor que es indivisible.”
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BIOGRAFIA
Valparaíso, ciudad
que mira hacia el Mar, es la segunda provincia en importancia de mi país,
esta larga y angosta faja de más de 5.000 kilómetros,
que nace por el oriente al pie de la cordillera de los Andes, la que en muchos
lugares llega hasta el mismo mar, Océano Pacifico, dejando algunos valles
entre mar y cordillera. Junto al mar, en la misma ciudad donde nací, Viña
del Mar, pero 49 años antes, nace Alberto Hurtado Cruchaga nació el 22 de
enero de 1901, hijo de Ana y
Alberto, luego hermano también de Miguel, otro de los hijo del matrimonio.
El padre de
Alberto murió cuatro años después que el hubo nacido, se dice que por
asuntos económicos, luego su madre vendió las propiedades familiares y
emigró a Santiago, la capital donde vivió como allegada, el espíritu
solidario de su familia y su madre fue una característica que llego a
marcar y formar a Alberto "Las manos juntas para orar, pero abiertas
para dar", quien de nacer en un hogar acomodado, hace luego una
infancia que lo acerca a la vida humilde y a la pobreza.
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Así fue, como a los ocho años de
edad, Alberto ingresa a estudiar en el colegio San Ignacio de Santiago como
alumno becado, donde se destaca por cumplir con sus obligaciones, reflejado
en sus calificaciones, su natural inclinación por hacer el bien, su
incondicional entrega a sus compañeros y amigos, sin dejar de ser un
muchacho muy alegre y juguetón, lo que atrae con admiración a sus compañero
de curso y sus maestros.
Por ser una
escuela católica el Colegio San Ignacio, Alberto recibió una educación
sólida y reforzada en la fe, es así
como con tan sólo 15 años él manifestó sus inquietudes por ingresar a la Compañía de Jesús,
siendo motivado a completar previamente su Bachillerato, del que egresó con
el premio en Apologética y mención honrosa en todas las materias
posteriormente, ya en 1918, ingresó a la Escuela de Derecho de la Universidad Católica.
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Por el año 1920, el país sufría
algunas crisis laborales en el área minera, principal fuente de riqueza
hasta el día de hoy, como así mismo la más importante fuente laboral, y no
habiendo otros recursos de trabajos Santiago, la capital, recibía gran
cantidad de emigrantes que quedaban marginados en la pobreza, habitando en
miserables albergues. En esa realidad, Alberto, quien se destacaba por su
espíritu solidario, siendo estudiante, luego de las clases universitarias,
visitaba asiduamente a los trabajadores desamparados a fin de ofrecer su
apoyo moral y espiritual, esta tarea la hacia motivando a otros amigos para
que lo acompañaran.
No descanses
mientras haya un dolor que mitigar, era un bello lema del Joven Alberto,
quien desde temprana edad adolescente fue inquieto luchador por los más
necesitados. Su labor inicial la hizo apoyada desde el Patronato de Andacollo, ubicado
en un sector marginal de Santiago, barrio de Mapocho. Allí su acción y su
entrega a favor de lucha contra la miseria, le permitió ejercer una loable
actividad, motivando su apostolado de carácter social.
Alberto siente un
natural impulso de aliviar el dolor de los demás, es así como este Joven de
profunda espiritualidad, y de gran servicio a su prójimo, comienza a
manifestar una bella actitud solidaria y samaritana en los pobres y
sufridos hombres, abandonados a su suerte experimentando una espiritualidad
muy profunda y de gran servicio. Es así, como en una ciudad fría, de
cemento, inclemente, con una sociedad donde la aristocracia no se la juega
por los pobres, y con grandes problemas de cesantía, Alberto, con un gesto
valiente, solidario, inspirado en el amor de Cristo, su amigo y líder,
vuelca todo su amor y muestra su adhesión y presta su apoyo a una causa
ajena, en situaciones difíciles, llevando palabras de aliento y el mensaje
de la Iglesia
en cada albergue que visita.
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El ejemplar comportamiento de
vida y el respeto por la vida institucional de Alberto, se muestra también
en el cumplimiento de su deber patriótico, y lo hace ingresado a cumplir
con sus obligaciones militares como cualquier estudiante responsable en
este deber.
Del mismo modo el
vio la necesidad de no dejar de participar en los debates contingentes de
la época en asuntos sociales a través de las organizaciones estudiantiles.
Dentro de toda su
actividad, Alberto no descuida la oración, no deja de lado el ejercicio
espiritual, participa en retiros, lo que indica que su buena enseñanza
católica del Colegio san Ignacio, su buena educación en la familia, su
grupo de amigos, es y sigue siendo algo muy importante en su fe cristiana,
adoptando como forma de vida, las enseñanzas de Cristo y su incondicional
amor por El, algo que refleja en sus actitud permanente con su prójimo y
consigo mismo.
De esta manera,
con esta actitud solidaria y comprometida con Cristo y sin entrar aún a la Compañía de Jesús,
Alberto Hurtado concluye sus estudios de Derecho, con distinción unánime en
la
Universidad Católica de Chile.
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Pero no era su carrera como
abogado lo que el deseaba en su corazón, y es así como el 14 de agosto de
1923, ingresa a la
Compañía de Jesús, con sus estudios en el Noviciado de
Chillán, distante a poco mas de 400 Km. de su casa al sur de Chile, en ese
lugar estaría dos años, después viaja a Argentina, ciudad de Córdoba, lugar
donde continua con su etapa inicial preparatoria. En su caminar continua
trasladándose por el año 1927 al
Colegio Máximo de Sarriá de Barcelona, en España, hasta el año 1931, para cursar por tres años filosofía y
teología y a continuación como consecuencia de la realidad política
española de la época con la instauración de la República, se ve
obligado a viajar a Bélgica, donde continua estudiando en la Universidad de
Lovaina, allí cursa otras materia relacionadas con la pedagogía y psicología.
Por que así Dios
lo quiso, así fue en el Plan de Vida de Alberto, es ordenado sacerdote en
Lovaina, el 24 de agosto de 1933, luego continuando con su brillante
formación recibe el grado de doctor en Pedagogía de la Universidad de
Lovaina, finalizando su etapa de
estudios jesuitas.
Así es, como en
una de sus cartas escrita en le año 1933, refleja su inmensa alegría de ser
sacerdote, expresándose así "¡Ya me tiene de sacerdote del Señor! Bien
comprenderá mi felicidad y con toda sinceridad puedo decirte que soy
plenamente feliz”, luego, tres años mas tarde, regresa a su país natal que
es Chile a ejercer su tarea encomendada divinamente. Sus primeras tareas,
como educador y formador, la hace impartiendo clase en la misma escuela que
lo formó, el Colegio san Ignacio, en la misma Universidad Católica de Chile
y en el Seminario Pontificio Mayor.
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Sin embargo, el país no había experimentado grandes
cambios y los problemas sociales continuaban, como país subdesarrollado,
pobre, marginal, clasista y racista, donde los que tenía buena situación
económica se autoproclamaban aristócratas, formando una clase separatista
en categoría Alta, que se mostraba indiferente a los afligido. En esa
realidad, el Padre Alberto Hurtado, siente la enorme necesidad de acudir a los
desamparados, viendo en cada pobre el rostro sufriente de Jesús.
Pero como el Plan
de Dios en los hombres ha de cumplirse, en el año 1937, la gran formadora
de este Jesuita, doña Ana Cruchaga, madre de Alberto, se encamina al
encuentro con el Señor, cuando ella muere, Alberto estaba en esos momento
en sus Ejercicios Espirituales, y a pesar del dolor por la partida de su
madre, se siente reconfortado porque su convicción de la vida eterna en la
manos de Dios es dueña de su corazón.
El Padre Alberto,
hombre de gran carisma, atrae a personas de toda edad, es feliz trabajando
con los jóvenes, es feliz oyendo a cada necesitado, y con mucho entusiasmo
invita a enloquecerse por Cristo, lo que el llamada con alegría motivadora
el "chiflarse" por Cristo.
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Entonces observando y sintiendo la triste realidad
social del país, se empeña en llevar a cada rincón del territorio una
palabra de aliento y esperanza, es así, como en este ambiente el ve la
necesidad permanente de la
Iglesia de aumentar las vocaciones sacerdotales, entonces
esta la oportunidad de captar nuevos servidores y los exhorta a seguir el
bello camino del servicio, con su ejemplo de vida la motivación siempre
estaba en buenas manos. Es así como impartió Ejercicios Espirituales y
dirigió espiritualmente a un grupo de jóvenes, que mas tarde dio como
resultado a buenos hombres de fe y servicio social.
Por el año 1941,
es nombrado asesor de la
Juventud de la Acción Católica, que a partir de ese instante
y a través de su conducción, el movimiento cobra gran auge, debiendo viajar
constantemente por distintos lugares del país. El además se caracteriza por
ser buen escritor, excelente crítico social, buen observador de las cosas
cotidianas, buen analista de la realidad social de país, todo inspirado en
su gran amor a Cristo, su irrenunciable fe, su amor al prójimo, su espíritu
de servicio, su gran preocupación por la comunidad y principalmente los
pobres.
El Padre Hurtado,
conciente de lo que llamaba la
“injusticia social trae más males que los que puede reparar la
caridad", se transforma en un buen obrero luchador por la
transformación de una sociedad más justa, las tristes y pobres condiciones
en las cuales viven los marginados socialmente en chile, la situación de
los obreros, le causa un gran dolor, y una gran motivación para dedicarse a
ellos, es tan vehemente, que busca, piensa y expresa todo los que puede ser
de ayuda a los sufridos trabajadores, bajo el único concepto de justicia y
amor que habita en su corazón, que es el espíritu de Cristo. Es así como él
se hace presente en muchos sectores laborales, pala en mano se hace
presente en las minas salitreras o de carbón en Chile.
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En su incansable preocupación por los asuntos sociales,
este notable solidario con sus hermanos, viaja a otros lugares como Paris
en busca de elementos de juicio que aporten a su causa, llega a
entrevistarse hasta con el Papa S.S.Pío XII, en
Roma, a quien expone y presenta la
realidad religiosa, social y política de su país Chile, haciéndole notar
temas tan urgentes como llevar la doctrina social de la Iglesia al mundo
sindical y hacer presente el espíritu cristiano en los trabajadores.
También pasa por Bélgica, donde se ordeno sacerdote, para estudiar la liga
de los campesinos católicos y los sindicatos cristianos.
En el año 1944 se
involucra en lo que sería su proyecto más importante y de gran
reconocimiento hoy en todo el País. Este comienza en una noche fría y lluviosa en una fecha
que no es tradicional para la estación primaveral, en el mes de octubre, cuando
es interceptado por un hombre de
condición económica pobre que le solicita ayuda porque no tiene un lugar en
donde dormir. Alberto con su gran corazón, se estremece, al verlo,
desamparado y enfermo, y ve en aquel hombre pobre al mismo Cristo desolado.
Absolutamente
conmovido, mas tarde cuenta su experiencia
a un grupo de señoras de la congregación del Apostolado Popular que
se encontraba en un retiro, con una gran respuesta, porque ellas también se
conmovieron y sintieron el llamado de Cristo y decidieron entregar sus
joyas y bienes que tenían a mano para dar impulso a una gran obra de
caridad, así el 21 de diciembre de ese mismo año, el Padre Alberto Hurtado
coloca la primera piedra del Hogar de Cristo.
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El Hogar de Cristo es una de las obras de caridad mas
grande y talvez la de mayor reconocimiento en el país, en ella el chileno
expresa su solidaridad, en ella se refugian los pobres de Chile, en ella
encuentran paz, descanso, comida y la presencia espiritual del Padre
Alberto Hurtado. Esta obra surge de la espiritualidad del Padre Alberto, y
de su gran concepto de lo que es ser solidario en Cristo, viéndolo a El en
el rostro del desolado, el desamparado, el marginado y el hambriento hombre
en busca de refugio.
“Dar al que lo
necesita hasta que duela”, es una expresión acuñada en el corazón de muchos
chilenos por el Padre Alberto Hurtado. También fue la invitación que ha
sido acogida por sacerdotes y laicos que han estado dispuestos a trabajar
por los más pobres, en un hogar que mucho amor, respeto y consideración se
respira un aroma de autentica caridad para niños, adulto y ancianos,
enfermos y sanos, chicos vagabundos, que habían hecho su hogar junto al
Río, debajo de un puente, en una humilde choza de cartón, quienes en
principio fueron recogidos por una típica camioneta de los años cincuenta
que aún se conserva en excelentes condiciones.
Pero también,
preocupado por la suerte del obrero chileno y sus paupérrimas condiciones,
el Padre Alberto, se introdujo en el mundo del trabajo creando además la Acción Sindical
y Económica Chilena (ASICH) en 1947, ocupando el cargo de Capellán. Allí en
la (ASICH), formó dirigentes cristianos y organizó los servicios jurídicos
y sociales para defender sus derechos. Cabe destacar el reconocimiento y la
afiliación de esta organización a la Confederación
Internacional de Sindicatos Cristianos e integrada a
organismos internacionales como la
ONU, UNESCO y la Organización
Internacional del Trabajo.
También es el
creador de la revista Mensaje, que público su primer número en octubre de
1951, revista con la cual se hicieron presente los valores de solidaridad,
el servicio, la justicia social, y el Evangelio.
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A
TODOS MIS HERMANOS DE HUMANIDAD
Sufrir con sus fracasos, con sus miserias, con la
opresión de que son víctima. Alegrarme de sus alegrías. Comenzar por traer
de nuevo a mi espíritu todos aquellos a quienes he encontrado en mi camino:
Aquellos de quienes he recibido la vida, quienes me han dado la luz y el
pan. Aquellos con los cuales he compartido techo y pan. Los que he conocido
en mi barrio, en mi colegio, en la Universidad, en el cuartel, en mis años de
estudio, en mi apostolado... Aquellos a quienes he combatido, a quienes he
causado dolor, amargura, daño... A todos aquellos a quienes he socorrido,
ayudado, sacado de un apuro... Los que me han contrastado, me han
despreciado, me han hecho daño. Aquellos que he visto en los conventillos,
en los ranchos, debajo de los puentes. Todos esos cuya desgracia he podido
adivinar, vislumbrar su inquietud. Todos esos niños pálidos, de caritas
hundidas... Esos tísicos de San José, los leprosos de Fontilles...
Todos los jóvenes que he encontrado en un círculo de estudios... Aquellos
que me han enseñado con los libros que han escrito, con la palabra que me
han dirigido. Todos los de mi ciudad, los de mi país, los que he encontrado
en Europa, en América... Todos los del mundo: son mis hermanos.
Encerrarlos en mi
corazón, todos a la vez. Cada uno en su sitio, porque, naturalmente, hay sitios
diferentes en el corazón del hombre. Ser plenamente consciente de mi
inmenso tesoro, y con un ofrecimiento vigoroso y generoso, ofrecerlos a
Dios. Hacer en Cristo la unidad de mis amores. Todo esto en mí como una
ofrenda, como un don que revienta el pecho; un movimiento de Cristo en mi
interior que despierta y aviva mi caridad; un movimiento de la humanidad,
por mí, hacia Cristo. ¡Eso es ser sacerdote!
Mi alma jamás se
había sentido más rica, jamás había sido arrastrada por un viento tan
fuerte, y que partía de lo más profundo de ella misma; jamás había reunido
en sí misma tantos valores para elevarse con ellos hacia el Padre.
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URGIDO POR LA JUSTICIA Y ANIMADO
POR EL AMOR
Atacar, no tanto los efectos, cuanto sus causas. ¿Qué
sacamos con gemir y lamentarnos? Luchar contra el mal cuerpo a cuerpo.
Meditar y volver a meditar el evangelio del camino de Jericó (cf. Lc
10,30-32). El agonizante del camino, es el desgraciado que encuentro cada
día, pero es también el proletariado oprimido, el rico materializado, el
hombre sin grandeza, el poderoso sin horizonte, toda la humanidad de
nuestro tiempo, en todos sus sectores.
Tomar en primer
lugar la miseria del pueblo. Es la menos merecida, la más tenaz, la que más
oprime, la más fatal. Y el pueblo no tiene a nadie para que lo preserve,
para que lo saque de su estado. Algunos se compadecen de él, otros lamentan
sus males, pero, ¿quién se consagra en cuerpo y alma a atacar las causas
profundas de sus males? De aquí la ineficacia de la filantropía, de la mera
asistencia, que es un parche a la herida, pero no el remedio profundo. La
miseria del pueblo es de cuerpo y alma a la vez.
Lo primero,
amarlos: Amar el bien que se encuentra en ellos, su simplicidad, su rudeza,
su audacia, su fuerza, su franqueza, sus cualidades de luchador, sus
cualidades humanas, su alegría, la misión que realizan ante sus familias...
Amarlos hasta no poder soportar sus desgracias... Prevenir las causas de
sus desastres, alejar de sus hogares el alcoholismo, las enfermedades
venéreas, la tuberculosis. Mi misión no puede ser solamente consolarlos con
hermosas palabras y dejarlos en su miseria, mientras yo almuerzo
tranquilamente, y mientras nada me falta. Su dolor debe hacerme mal: la
falta de higiene de sus casas, su alimentación deficiente, la falta de
educación de sus hijos, la tragedia de sus hijas: que todo lo que los
disminuye, que me desgarre a mí también.
Amarlos para
hacerlos vivir, para que la vida humana se desarrolle en ellos, para que se
abra su inteligencia y no queden retrasados. Que
los errores anclados en su corazón me pinchen continuamente. Que las
mentiras o las ilusiones con que los embriagan, me atormenten; que los
periódicos materialistas con que los ilustran, me irriten; que sus
prejuicios me estimulen a mostrarles la verdad.
Y esto no es más
que la traducción de la palabra «amor». Los he puesto en mi corazón para
que vivan como hombres en la luz, y la luz no es sino Cristo, verdadera luz
que alumbra a todo hombre que viene a este mundo (Jn 1,9). Toda luz de la
razón natural es luz de Cristo; todo conocimiento, toda ciencia humana.
Cristo es la ciencia suprema.
Pero Cristo les
trae otra luz, una luz que orienta sus vidas hacia lo esencial, que les
ofrece una respuesta a sus preguntas más angustiosas. ¿Por qué viven? ¿A
qué destino han sido llamados? Sabemos que hay un gran llamamiento de Dios
sobre cada uno de ellos, para hacerlos felices en la visión de Él mismo,
cara a cara (1Cor 13,12). Sabemos que han sido llamados a ensanchar su
mirada hasta saciarse del mismo Dios. Y este llamamiento es para cada uno
de ellos, para los más miserables, para los más ignorantes, para los más
descuidados, para los más depravados de entre ellos. La luz de Cristo
brilla entre las tinieblas para todos ellos (cf. Jn 1,5). Necesitan de esta
luz. Sin esta luz serán profundamente desgraciados.
Amarlos
apasionadamente en Cristo, para que la semejanza divina progrese en ellos,
para que se rectifiquen en su interior, para que tengan horror de
destruirse o de disminuirse, para que tengan respeto de su propia grandeza
y de la grandeza de toda creatura humana, para que respeten el derecho y la
verdad, para que todo su ser espiritual se desarrolle en Dios, para que
encuentren a Cristo como la coronación de su actividad y de su amor, para
que el sufrimiento de Cristo les sea útil, para que su sufrimiento complete
el sufrimiento de Cristo (cf. Col 1,24).
Si los amamos,
sabremos lo que tendremos que hacer por ellos. ¿Responderán ellos? Sí, en
parte. Dios quiere sobre todo mi esfuerzo, y nada se pierde de lo que se
hace en el amor.
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LA MISERICORDIA DE JESÚS
«¡Éste recibe a los pecadores!»
era la acusación que lanzaban contra Jesucristo hipócritamente
escandalizados los fariseos (Lc 15,2). «¡Éste recibe
a los pecadores!» Y ¡es verdad! Esas palabras son como el distintivo
exclusivo de Jesucristo. ¡Ahí pueden escribirse sobre esa cruz, en la
puerta de ese Sagrario!
Distintivo
exclusivo, porque si no es Jesucristo, ¿quién recibe misericordiosamente a los
pecadores? ¿Acaso el mundo?... ¿El mundo?... ¡por Dios!, si se nos asomara
a la frente toda la lepra moral de injusticias que quizás ocultamos en los
repliegues de la conciencia, ¿qué haría el mundo sino huir de nosotros
gritando escandalizado: ¡Fuera el leproso!? Rechazarnos brutalmente
diciéndonos, como el fariseo, ¡apártate que manchas con tu contacto!
El mundo hace
pecadores a los hombres, pero luego que los hace pecadores, los condena,
los injuria, y añade al fango de sus pecados el fango del desprecio. Fango
sobre fango es el mundo: el mundo no recibe a los pecadores. A los
pecadores no los recibe más que Jesucristo.
San Juan
Crisóstomo: ¡Dios mío, ten misericordia de mí! ¿Misericordia pides? ¡Pues
nada temas! Donde hay misericordia no hay investigaciones judiciales sobre
la culpa, ni aparato de tribunales, ni necesidad de alegar razonadas
excusas. ¡Grande es la tormenta de mis pecados, Dios mío! Pero, ¡mayor es
la bonanza de tu misericordia!
Jesucristo, luego
que apareció en el mundo, ¿a quién llama? ¡A los magos! ¿Y después de los
magos? ¡Al publicano! Y después del publicano a la prostituta, ¿y después
de la prostituta? ¡Al salteador! ¿Y después del salteador? Al perseguidor
impío.
¿Vives como un
infiel? Infieles eran los magos. ¿Eres usurero? Usurero era el publicano.
¿Eres impuro? Impura era la prostituta. ¿Eres homicida? Homicida era el
salteador. ¿Eres impío? Impío era Pablo, porque primero fue blasfemo y
luego apóstol; primero perseguidor, luego evangelista... No me digas: «soy
blasfemo, soy sacrílego, soy impuro». Pues, ¿no tienes ejemplo de todos los
pecados perdonados por Dios?
¿Has pecado? Haz
penitencia. ¿Has pecado mil veces? Haz penitencia mil veces. A tu lado se
pondrá Satanás para desesperarte. No lo sigas, más bien recuerda estas cinco
palabras: «Jesús recibe a los pecadores», palabras que son un grito
inefable del amor, una efusión inagotable de misericordia, y una promesa
inquebrantable de perdón.
Cuán hermoso es
tornando a tus huellas
De nuevo por ellas
seguro correr
No es tan dulce
tras noche sombría
la lumbre del día
que empieza a nacer.
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Así fue, como el
18 de agosto de 1952, a
los cincuenta y dos años de edad, y estando enfermo de cáncer, fue llamado
por Dios, del cual tenemos la convicción total, que fue recibido amorosamente,
como uno de sus predilectos hijos, que se entregó por entero a vivir y
trabajar en el espíritu del amor de Cristo como uno mas de sus apóstoles.
El Padre Alberto
Hurtado Cruchaga, fue beatificado en Roma en 1994 y es el segundo de los
chilenos, después de la carmelita Teresita de los Andes, y muy pronto
también la joven Laurita Vicuña, que tiene un puesto de honor junto a todos
los santos de Dios. Será canonizado el 23 de octubre de 2005, por el Santo
Padre, Papa Benedicto XVI.
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www.Caminando-con-Jesus.org
Pedro Sergio Antonio Donoso Brant
p.s.donoso@vtr.net
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Para más información, el enlace siguiente
se enlaza con la pagina WEB, dedicada al Padre
Hurtado, de la Pontificia
Universidad Catolica de Chile, con mucho material,
textos, fotos, frases y música.
http://www.puc.cl/hurtado/
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SE PERMITE LA COPIA,
DIFUSION, PUBLICACION Y RE-ENVIO,
SOLO HAY QUE INDICAR
LAS FUENTES.
GRATIS NOS HA DADO,
GRATIS LOS DAMOS
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