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Biografía Heredero espiritual de San Francisco de Asís, el Padre Pío de Pietrelcina
ha sido el primer sacerdote en llevar impreso sobre su cuerpo las señales de
la crucifixión. Él ya fue conocido en el mundo como el "Fraile" estigmatizado.
El Padre Pío, al que Dios donó
particulares carismas, se empeñó con todas sus uerzas
por la salvación de las almas. Los muchos testimonios sobre su gran
santidad de Fraile, llegan hasta nuestros días, acompañados por sentimientos
de gratitud. Sus intercesiones providenciales cerca de Dios fueron para
muchos hombres causa de sanación en el cuerpo y motivo de renacimiento en el
Espíritu. El Padre Pío de Pietrelcina que se
llamó Francesco Forgione, nació en Pietrelcina,
en un pequeño pueblo de la provincia de Benevento,
el 25 de mayo de 1887. Nació en una familia humilde donde el papá Grazio
Forgione y la mamá Maria Giuseppa
Di Nunzio ya tenían otros hijos. Desde la tierna edad Francesco experimentó en sí el deseo de
consagrarse totalmente a Dios y este
deseo lo distinguiera de sus coetáneos. Tal "diversidad" fue
observada de sus parientes y de sus amigos. Mamá Peppa
contó - "no cometió nunca ninguna
falta, no hizo caprichos, siempre obedeció a mí y a su padre, cada mañana y cada tarde iba a
la iglesia a visitar a Jesús y a la Virgen. Durante el día no salió nunca
con los compañeros. A veces le dije: "Francì
sal un poco a jugar. Él se negó diciendo: no quiero ir porque ellos
blasfeman". Del diario del Padre Agostino de
San Marco in Lamis, quien fuè
uno de los directores espirituales del Padre Pío, se enteró de que el Padre Pío, desde el
1892, cuando apenas tenía cinco años,
ya vivió sus primeras experiencias carismáticas espirituales. Los Éxtasis y
las apariciones fueron tan frecuentes que al niño le pareció que eran
absolutamente normales. Con el pasar del tiempo, pudo realizarse para Francesco lo que fue el
más grande de sus sueños: consagrar
totalmente la vida a Dios. El 6 de enero de En este largo período el Padre Pío iniciaba sus días despertándose por la noche, muy
antes del alba, se dedicaba a la oración con gran fervor aprovechando la
soledad y silencio de la noche.
Visitaba diariamente por largas horas a Jesús Sacramentado,
preparándose para la Santa Misa, y de allí siempre sacó las fuerzas
necesarias, para su gran labor para con las almas, al acercarlas a Dios en el
Sacramento Santo de la Confesión, confesaba por largas horas, hasta 14 horas
diarias, y así salvó muchas almas. Uno de los acontecimientos que señaló intensamente la vida del Padre
Pío fuè lo
que se averiguó la mañana del 20 de septiembre de 1918, cuando, rogando
delante del Crucifijo del coro de la vieja iglesia pequeña, el Padre Pío tuvo
el maravilloso regalo de los estigmas. Los estigmas o las heridas fueron visibles y quedaron
abiertas, frescas y sangrantes, por
medio siglo. Este fenómeno extraordinario volvió a llamar, sobre el
Padre Pío la atención de los médicos, de los estudiosos, de los periodistas
pero sobre todo de la gente común que, en el curso de muchas décadas fueron a San Giovanni Rotondo
para encontrar al santo fraile. En una carta al Padre Benedetto, del 22 de
octubre de 1918, el Padre Pío cuenta
su "crucifixión": “¿Qué cosa
os puedo decir a los que me han preguntado como es que ha ocurrido mi crucifixión? ¡Mi Dios que
confusión y que humillación yo tengo el deber de manifestar lo que Tú has
obrado en esta tu mezquina criatura! Fue la mañana del 20 del pasado mes (septiembre) en coro, después de
la celebración de la Santa Misa, cuando fui sorprendido por el descanso en el
espíritu, parecido a un dulce sueño.
Todos los sentidos interiores y exteriores, además de las mismas facultades
del alma, se encontraron en una quietud indescriptible. En todo esto hubo un
total silencio alrededor de mí y dentro de mí; sentí enseguida una gran paz y un abandono en la
completa privación de todo y una disposición en la misma rutina. Todo esto ocurrió en un instante. Y mientras esto se desarrolló; yo vi delante de mí un misterioso personaje parecido a aquél
visto en la tarde del 5 de agosto. Éste era
diferente del primero, porque
tenía las manos, los pies y el costado
que emanaban sangre. La visión me aterrorizaba; lo que sentí en aquel
instante en mí; no sabría decirlo. Me sentí morir y habría muerto, si Dios no hubiera intervenido a sustentar mi
corazón, el que me lo sentí saltar del pecho. La vista del personaje desapareció, y
me percaté de que mis manos, pies y costado fueron horadados y
chorreaban sangre. Imagináis el suplicio que experimenté entonces y que voy
experimentando continuamente casi todos los días. La herida del corazón
asiduamente sangra, comienza el jueves por la tarde hasta al sábado. Mi
padre, yo muero de dolor por el suplicio y por la confusión que yo
experimento en lo más íntimo del alma.
Temo morir desangrado, si Dios no escucha los gemidos de mi pobre
corazón, y tenga piedad para retirar de mí esta situación....” Por años, de cada parte del mundo, los fieles fueron a este sacerdote estigmatizado, para
conseguir su potente intercesión cerca de Dios. Cincuenta años experimentados
en la oración, en la humildad, en el sufrimiento y en el sacrificio, dónde
para actuar su amor, el Padre Pío realizó dos iniciativas en dos direcciones:
un vertical hacia Dios, con la fundación de los "Grupos de ruego",
hoy llamados “grupos de oración” y la otra horizontal hacia los hermanos, con
la construcción de un moderno hospital: "Casa Alivio del
Sufrimiento." En septiembre los 1968 millares de devotos e hijos
espirituales del Padre Pío se reunieron en un congreso en San Giovanni Rotondo para conmemorar juntos el 50° aniversario de los
estigmas aparecidos en el Padre Pío y para celebrar el cuarto congreso
internacional de los Grupos de Oración. Nadie habría imaginado que a las 2.30 de la madrugada del 23 de septiembre de 1968, sería el doloroso final de la vida terrena del
Padre Pío de Pietrelcina. De este maravilloso
fraile, escogido por Dios para derramar su Divina Misericordia de una manera
tan especial.
LOS MILAGROS DEL
PADRE PÍO Es muy difícil establecer una definición para la palabra
"milagro". Los Milagros son considerados expresiones de lo
sobrenatural. También nosotros podemos decir que un milagro es un fenómeno
que ocurre distinto de las leyes naturales y obedecen a una fuerza más avanzada: ¡la voluntad de
Dios! Toda la vida del Padre Pío estaba llena de milagros, pero nosotros
tenemos que prestar atención a la
naturaleza del milagro que siempre es divino. De esta manera, el Padre Pío
siempre convidó a las personas a darle gracias a Dios, verdadero autor de
todo milagro. Un milagro que se ha atribuido como el primero del Padre Pío ocurrió en 1908. En ese
momento él vivía en el convento de Montefusco. Un día
en que él fuè al bosque a coleccionar los alazanes
en una bolsa; Él quiso enviársela en Pietrelcina a
su tía Daría. Ella siempre había sido muy afectuosa con él. La mujer recibió
y comió los alazanes y guardó la bolsa de recuerdo. Tía Daría días después, estaba buscando algo en un cajón dónde su
marido normalmente tenía polvo. Era de
noche, y ella se alumbraba con una vela, cuando de repente; el cajón se incendió. Tía Daría fuè alcanzada por el fuego. En un instante, ella agarró
la bolsa que contuvo los alazanes del padre Pío y se la puso en la cara. Inmediatamente, su dolor
desapareció y ninguna herida o marca de la quemadura permanecían en su cara. Durante la segunda guerra mundial, en Italia, el pan se racionó. En el
convento del Padre Pío había siempre muchos invitados más los pobres que
siempre iban allí pidiendo comida. Un día los Frailes se encontraron con que
apenas tenían dos libras aproximadamente de pan. Todos los hermanos oraron
antes de sentarse a comer. El Padre
Pío entró en la Iglesia, y rato
después regresó con muchísimo pan en
sus manos. El Superior le preguntó al Padre Pío: "¿Dónde usted ha
encontrado pan?” El Padre Pío contestó: “me los dìó
un peregrino en la puerta". Nadie habló,
pero todos pensábamos que sólo el
Padre Pío podía encontrar a ese
peregrino. Una vez en el convento del Padre Pío, un fraile se olvidó de
organizar el personal para la Sagrada
Comunión. Por esta razón habían
solamente unas pocas personas
disponibles. Pero después que terminó de confesar; el Padre Pío
organizó a las personas para impartir la Sagrada Comunión; y
permaneciendo en el servicio, fueron
mucho más de las que anteriormente habían. Una hija espiritual del Padre Pío estaba leyendo una carta del Padre
Pío en el borde del camino. El viento se llevó la carta, hasta el declive de
un prado. La carta ya estaba lejos, cuando de pronto se detuvo, debajo de una piedra. De esta
manera la mujer pudo recuperar su carta. El día, en que después ella encontró al Padre Pío
éste le dijo: "Usted tiene que
prestar más atención al viento la próxima vez. Si yo no hubiera puesto mi pie
en la carta, ésta se hubiera perdido."
La señora Cleonice, hija espiritual del
Padre Pío dijo: - "Durante la segunda guerra mundial mi sobrino estaba prisionero.
Nosotros no habíamos recibido noticias durante un año; y creíamos que él
estaba muerto. Sus padres pensaban lo
mismo. Su madre fue un día a ver al Padre Pío y se arrodillaba delante del
fraile que estaba en el confesionario.
"Por favor Padre, dígame si mi hijo está vivo. Yo no me marcharé,
hasta que UD no me conteste". El
Padre Pío simpatizó con ella y
teniendo piedad de sus lágrimas le dijo: "Levántese, y quédese
tranquila”. “Días después yo no resistía el dolor que los
padres estaban sufriendo, por lo que yo decidí pedirle un milagro, al Padre
Pío. Yo dije fielmente: "voy a escribir una carta a mi sobrino Giovannino. Solamente escribiré su nombre en el sobre,
porque nosotros no sabemos donde está. Usted y su Ángel Guardián llevarán le
llevarán la carta. “El Padre Pío no contestó, yo escribí la carta, y la dejé
en mi mesa de noche, para por la mañana siguiente entregarla al Padre
Pío. Para mi gran sorpresa, asombro y miedo; la carta se desapareció.
Inmediatamente le dì gracias al Padre Pío y él me
dijo: "Dé sus gracias a Nuestra Señora". Casi quince días después
nuestro sobrino contestó la
carta. Entonces todos en nuestra
familia estábamos contentos; y dando gracias a Dios y al Padre Pío." Durante la segunda guerra
mundial, el hijo de la señora
Luisa; Oficial de la Marina Real Británica, era motivo de angustia para su
madre; pues ésta oraba todos los días por la conversión y la salvación de su hijo. Un día llegó un
peregrino inglés a San Giovanni Rotondo, y trajo
algunos periódicos ingleses. Luisa quiso leerlos. Ella leyó la noticia del
hundimiento del barco en que su hijo viajaba Llorando va a ver al Padre Pío
quien la consoló inmediatamente: ¿Quién le ha dicho que su hijo está muerto?
De hecho, el Padre Pío; le pudo explicar exactamente el nombre y la dirección
del hotel en dónde estaba su hijo, después de que él escapó del naufragio en
el Atlántico. Él se acomodó en ese Hotel, mientras esperaba un nuevo cargo.
Inmediatamente Luisa le envió una carta; y a los 15 días, su hijo le respondió. Había una mujer tan noble y buena en San Giovanni Rotondo
que el Padre Pío dijo que era imposible, de encontrar cualquier falta en su
alma, para perdonar. En otros términos; ella vivió para ir al cielo. Al final
de la Cuaresma, Paolina, estaba tremendamente
enferma. Los doctores no daban esperanzas. Su marido y sus cinco niños fueron
al convento a orar al Padre Pío y
pedirle ayuda. Dos de los cinco niños
tiraron del hábito del Padre Pío y lloraron. ¡Pío Padre se perturbó; e
intentó consolarlos y prometió orar por ellos, nada más! Algunos días después, al principio de la
Séptima hora, las cosas cambiaron. De
hecho él pidió por Paulina, para que
sanara y dijo a todos: "Ella se
recuperará el Día de Pascua. Pero durante el viernes santo, Paolina perdió la conciencia, y el sábado entró en estado
de coma; finalmente, después de algunas horas Paolina
murió. Algunos de sus parientes tomaron su traje de novia para ponérselo
según una vieja tradición. Otros parientes corrieron al convento para pedirle
un milagro al Padre Pío. Él les contestó: "Ella resucitará” y fuè al altar para
dar la Santa Misa. Cuando el Padre Pío
empezó a cantar el Gloria y el sonido de las
campanillas que anuncian la resurrección de Cristo, la voz del Padre Pío
rompió en llanto y sus ojos estaban llenos de lágrimas. En el mismo momento Paolina resucitó y sin ninguna ayuda ella bajó de la
cama, ella se arrodilló y oró tres
veces el Credo. Luego se levantó y sonrió. "Ella resucitó". De
hecho el Padre Pío no había dicho,
"ella se recuperará" sino "ella resucitará". Cuando le
preguntaron, que le pasó durante el tiempo que ella estaba muerta; contestó:
"Yo subí, subí, subí; hasta que entré en una gran luz, y de pronto regresé. Testimonio de una madre: “Mi primera hija, nació en 1953; el Padre Pío, le salvó la vida en forma
repentina y milagrosa, hacen 18 meses. En la mañana del 6 de enero de Los campesinos de San Giovanni Rotondo
recuerdan con gran alegría el evento siguiente. Era en primavera, florecieron
los árboles de almendras prometiendo una buena cosecha. Pero desgraciadamente
millones de orugas voraces llegaron y devoraron las hojas y
las flores. No dejaron ni
siquiera la cáscara. Después de dos días y después de intentar detener esa
invasión, los campesinos estaban muy
preocupados, ya que para muchos de ellos las almendras eran el único recurso
económico - decidieron contarle al Padre Pío el problema. El Padre Pío tenía
una hermosa vista de los árboles a través de su ventana en el convento y decidió bendecirlos. Se puso las sagradas vestiduras y empezó a
orar. Cuando terminó, tomó el agua
bendita e hizo la señal de la Cruz en el aire, en dirección a los árboles. De inmediato
desaparecieron las orugas, y al día siguiente de que las orugas habían
desaparecido, los árboles de almendras,
parecían nuevamente tener los retoños. Era un desastre; la
cosecha estaba perdida. ¡Lo que pasó luego es realmente
increíble! Teníamos de repente la
cosecha más abundante; ¿Cómo es posible que tuviéramos una cosecha más
abundante que las que normalmente teníamos? Antes nunca, en tiempos normales
habíamos tenido una cosecha así. Los científicos nunca han podido dar una
explicación a éste fenómeno. En el jardín del convento habían varios tipos de árboles; los cipreses, algunos de fruta y
algún pino. Sobre todo por las tardes de verano, el Padre Pío disfrutaba del
clima, en la sombra, junto con sus amigos, y algún invitado, Una vez cuando
el Padre Pío estaba hablando con algunas personas, repentinamente muchísimos
pájaros comenzaron a cantar y a hacer
ruido a la sombra de los árboles. Los pájaros habían compuesto una
sinfonía allí; Mirlos, gorriones, y otras especies. El Padre Pío se molestó
por la sinfonía, y mirando a los
pájaros les dijo: “silencio " En
ese mismo instante, los pájaros, los grillos y las cigarras se quedaron
callados. ¡Las personas que estaban en
el jardín, se encontraban profundamente sorprendidas! De hecho el Padre Pío
había hablado a los pájaros, al igual que
San Francisco. Otro testimonio, de un señor que contó: “Mi madre vino de Foggia y era una de las primeras hijas espirituales del
Padre Pío. Ella le había pedido al Padre Pío la conversión y protección de mi padre"; cuando en abril de 1945
lo iban a fusilar. Él se encontraba delante del pelotón de fusilamiento;
cuando de pronto viô al padre Pío delante de
él para protegerlo. El comandante del
pelotón dìó
la orden de disparar; pero ningún tiro se disparó de los rifles que lo
apuntaban Los siete miembros del pelotón y su comandante, sorprendidos,
verificaron sus rifles y no encontraron ningún problema. Así que el pelotón;
apuntó de nuevo a mi padre, y el
comandante pidió a sus soldados; disparar de nuevo, Y nuevamente ocurre lo
mismo. Los rifles no funcionaron. Esta realidad misteriosa e inexplicable
interrumpió la ejecución. Mi padre regresó a
casa y se convirtió, recibió
los santos sacramentos en San Giovanni Rotondo
cuando fuè a agradecer al Padre Pío. De esta manera
mi madre obtuvo los milagros que ella siempre había pedido al Padre Pío: ¡la
conversión de su marido! Testimonio del Padre Honorato: “Yo fui a San Giovanni Rotondo con un amigo
en motocicleta. Llegué al convento algunos minutos antes del mediodía.
Dando mis respetos al superior, me dirigí al confesionario a saludar al Padre Pío y besar su mano. Debe tenerse en cuenta que
mi modelo de motocicleta se
llamaba "avispa". Al verme
el Padre Pío me dijo: “Muchacho, ¿la "avispa" lo pinchó? " Yo
estaba bastante sorprendido: de hecho el Padre Pío no me había visto cuando llegué al convento, pero él sabía qué tipo
de transporte yo usaba. La mañana siguiente
de que nosotros dejamos a San Giovanni Rotondo
con mi "avispa" y partimos a
San Miguel, el pueblo cercano a San Giovanni Rotondo.
El tanque de gasolina iba vacío, por lo que
nosotros decidimos llenarlo en Monte San Angelo.
Pero en cuanto nosotros alcanzáramos ese pueblo pequeño se nos presentó un
problema: todas las bombas de gasolina estaban cerradas. De manera que
decidimos regresar a San Giovanni Rotondo.
Realmente nosotros esperamos encontrar a alguien en el camino que pudiera
darnos un poco de gasolina. En primer lugar yo estaba angustiado por mis
hermanos del convento, porque iba a llegar tarde a la hora del almuerzo; cosa
que no es gentil... Pero sin la gasolina, a
los pocos kilómetros, la moto empezó a hacer ruido y se detuvo. Verificamos el tanque, y
estaba vacío. Con tristeza le dije a mi amigo, que teníamos sólo diez
minutos para llegar al convento y almorzar con nuestros hermanos. No
encontrábamos ninguna solución, y por esta razón, mi amigo, dìó un puntapié al pedal. ¡Increíble! ¡La motocicleta
arrancó de nuevo! Emprendimos inmediatamente el viaje a San Giovanni Rotondo sin preguntarnos
la razón de porque la
motocicleta había arrancado sin
gasolina. Cuando llegamos a mitad del convento la motocicleta paró de nuevo. Destapamos el
tanque y vimos que todavía estaba seco. Asombramos miramos nuestros relojes:
era diez minutos antes de la hora del almuerzo. Significaba que nosotros,
habíamos cubierto quince kilómetros en un promedio de En mayo de 1925. María tenía su
bebé enfermo de nacimiento. María estaba muy angustiada por su bebé. De
hecho, después de una visita médica, le dijeron que su niño tenía una
enfermedad muy complicada. No había esperanzas para él: jamás se podría recuperar. María decidió ir en tren a San Giovanni Rotondo. Ella vivía en un pueblo pequeño al sur de Puglia, pero escuchando los milagros del Padre Pío, del
fraile que tenía los estigmas de Jesús y que hacía milagros, a los enfermos y daba esperanza a los desgraciados; surgió en
ella una gran fe e inmediatamente se fuè de viaje, pero durante el trayecto el bebé se murió. Ella había vigilado su
cuerpecito toda la noche, y lo puso en la maleta y la cerró...
Al día siguiente de ver morir a su hijo, estaba en el convento de San
Giovanni Rotondo.
¡Ya no había ninguna esperanza!
El niño estaba muerto. Pero Maria no había perdido su fe. Por la tarde estaba delante del Padre Pío. Se encontraba
en la fila de la confesión y tenía en
sus manos la maleta que contenía el cadáver de su hijo. Se había muerto
veinticuatro horas antes. Se arrodilló delante del Padre Pío y lloró desesperadamente suplicándole ayuda.
Él la miró profundamente. La madre abrió la maleta, y le mostró el cadáver de
su hijo al Padre Pío. El pobre Padre
se condolió hasta las entrañas por el dolor de ésta madre. Tomó el pequeño
cuerpo y puso sus manos estigmatizadas en su cabeza, y entonces oró mirando al cielo. Después de un rato,
la pobre criatura estaba viva de nuevo. Un gesto, un
movimiento de los pies, los brazos... parecía dormido y simplemente se
despertó después de un sueño largo. Hablando a la madre le dijo: "¿Mima,
por qué usted está llorando? Su hijo está durmiendo " La madre y los
gritos de la muchedumbre llenaron la
iglesia. ¡Todos hablaban sobre el gran milagro! Un ingeniero decidió quedarse hasta tarde en el convento, pero cuando
decide irse comenzó a llover... Así que él le dijo al Padre Pío: "Yo no
tengo ningún paraguas " "¿Podría quedarme aquí hasta por la mañana?
Si no, me mojaré." - "Yo lo
siento mi estimado, no es posible. ¡Pero no se preocupe! ¡Yo lo acompañaré!
“le contestó el Padre Pío. Pero el
ingeniero pensó que habría sido mucho mejor no hacer esa penitencia, sin
embargo, podría ser menos riguroso con la ayuda del Padre Pío. Se puso su
sombrero, y empezó a caminar dos millas entre el convento y el pueblo. Pero
en cuanto él salió viô
con sorpresa que ya no estaba lloviendo. Simplemente había un pequeño rocío
cuando llegó a su casa. "Mi Dios", la mujer exclamó, cuando abrió
la puerta "Usted también debe estar
mojado hasta los huesos” “en absoluto" el ingeniero contestó -
"no está lloviendo". Los campesinos que estaban enmudecen:
"¿Qué! ya no está lloviendo? ¡Está vertiendo! ¡Escuche! “ellos abrieron
la puerta de nuevo y estaba lloviendo demasiado fuerte Y le contaron que
había estado lloviendo durante una hora sin
interrupción. "¿Cómo usted pudo venir sin mojarse? Ellos le
preguntaron. El ingeniero contestó: "El Padre Pío me dijo, que me
acompañaría"; entonces, los campesinos comprendieron que había sido un
milagro más del Padre Pío. "Ahora
todo está claro, y se encontraron en la cocina para cenar cuando la mujer
dijo: "Con seguridad la compañía del Padre Pío es mucho mejor que un
paraguas " Un señor de Ascoli Piceno
(una ciudad italiana) dijo: "Hacia el fin de los años 1950, yo fuì a San Giovanni Rotondo con
mi esposa, a la confesión, y antes de que yo recibiera la absolución, después
del consejo del Padre Pío y efectuada
la penitencia. Por la tarde estaba
todavía en el convento y el Padre Pío me viô de
nuevo y me dijo: ¿Usted todavía está aquí?
"Mi ratón no arrancó" le contesté: ¿Qué es exactamente el
ratón? el Padre Pío preguntó "Es mi automóvil" contesté. “Vamos y
démosle una mirada" me dijo. Él me invitó a dejar el monasterio,
cosa que nosotros hicimos sin ningún
problema. Nosotros viajamos toda la noche y por la mañana siguiente, lo llevé
al mecánico. Quién me dijo, después
del chequeo; que el sistema eléctrico del automóvil estaba descompuesto. Y él
no me creyó cuando le dije que yo
había viajado con el automóvil toda la noche. De hecho era imposible cubrir doscientas millas, entre San
Giovanni Rotondo y Ascoli
Piceno, con el carro en aquél estado, entonces yo
comprendí que el Padre Pío me había ayudado, yo le agradecí en mi mente, y
estoy seguro que me ha escuchado. Testimonio de una buena mujer pero algo tímida. Nunca era necesario
repetir la misma frase al Padre Pío. Bastaba con pedírselo mentalmente. El
esposo de esta buena mujer se encontraba muy enfermo. Ella corre al convento
en busca de ayuda. Pero no sabía como localizar al Padre Pío, pues para una
confesión, había que esperar hasta 3 días. Así durante la Santa Misa ella estuvo todo el tiempo de
pie y caminaba de un lado al otro de la Iglesia. Finalmente decidió decirle su problema, y pidió en ese instante la
ayuda del Padre Pío a Nuestra Señora. Así, al final de la Santa Misa, cruzó
nuevamente la iglesia para hablar con él... Finalmente ella logró alcanzar el corredor por donde el pasaría.
En cuanto el padre Pío la miró, le dijo: "mujer que poca fe, ¿cuándo
usted pedirá mi ayuda finalmente? ¿Usted piensa que yo soy sordo? Usted ya me
lo ha dicho cinco veces, cuando usted estaba delante de mí, detrás de mí,
a mi derecha y a mi izquierda. ¡Yo
entendí! ¡Yo entendí! ¡Vaya a su casa! Todo està
bien. Cuando llegó a su casa; su esposo estaba completamente sanado.
TESTIMONIOS DE RECUPERACIONES Un señor de Foggia
(Italia), tenía 62 años en 1919 y caminaba sosteniéndose con dos muletas;
pues en un accidente se fracturó las dos piernas; cuando se calló se su
carruaje. Los doctores no habían podido ayudarlo. Después de confesarse con
el Padre Pío, el fraile le dijo: "¡Póngase de pie y camine!” “Usted
tiene que botarlas muletas”. Ese hombre llevó a cabo la orden y empezó a
caminar solo de nuevo. Todos los que
dan el testimonio estaban sorprendidos. Otro suceso extraordinario pasó en 1919 en San Giovanni Rotondo. Un señor tenía 14 años deforme, desde que
contrajo el tifo. Tenía dos grandes jorobas. En una oportunidad en que se
confesó con el Padre Pío, el santo fraile lo tocó con sus manos estigmatizadas, y De repente el muchacho se puso de pie y sus
jorobas desaparecieron. Gracia era una campesina de veintinueve años, ciega de nacimiento; en
una oportunidad en que conversara con el Padre Pío, éste le preguntó si
quería ver, a lo que ella respondió: “claro, que quiero ver”, "Bien,
usted recuperará la vista”; le dijo el
Padre Pío y la envió a Bari
(Italia). Allí fuè examinada por un competente
especialista, oftalmólogo, quien después de evaluarla le comentó a su esposa,
la cual era amiga del fraile: ¡No hay esperanza para esta muchacha! el Padre
Pío puede sanarla únicamente por un milagro; pero yo debo regresarla a su
casa sin operarla. Su esposa insistió y le dijo a su marido: "Pero si
el Padre Pío, te la envió, intenta operarla”. El doctor
estuvo de acuerdo, y al operarla se recuperó
en los dos ojos. ¡Los ojos de Gracia fueron sanados! Ella podía ver
perfectamente. Al regresar a San
Giovanni Rotondo, ella corrió al convento; y arrojándose a los pies del fraile, éste le
ordenó se levantara inmediatamente, mientras ella le
suplicaba..."Bendígame Padre..., Bendígame! Por
lo que el fraile marcó la señal de la cruz en el aire; mientras tanto Gracia
continuaba esperando la bendición, pues cuando era ciega la bendecía tocando
su cabeza; Así que el Padre Pío le dijo: "¿Es que acaso usted necesita
la bendición a cada rato? Testimonio de una señora:"En 1947 yo tenía treinta y ocho años
y había estado sufriendo debido a un
cáncer del intestino, diagnosticado en una
radiografía por lo que fuè necesario operar. Antes de ir al hospital yo quise ir
a San Giovanni Rotondo para suplicar ayuda al Padre
Pío. Mi marido, mi hija y un amigo,
me llevaron; desde hacía algún tiempo yo deseaba confesarme y contarle lo de
mi enfermedad; pero no era fácil entrevistarse con él. Por lo que mi esposo,
le contó todo a un fraile, para que éste se lo refiriera al Padre Pío Ese
fraile era muy cercano a él, y me
prometió informar de todo al Padre Pío, con detalle. Para abreviar tiempo me
pidieron que entrara en el corredor del convento por dónde pasaría el Padre Pío. Atravesó a la muchedumbre, pero
él sólo estaba interesado en mí. Él me preguntó la razón de mi angustia. y me dijo que yo pensaba correctamente acerca del cirujano. Posteriormente me
animó y me dijo que oraría a Dios por mí.
Estaba asombrada; él no conocía al cirujano que iba a operarme; y
nadie le dijo que yo era la persona correcta para hablarle entre la muchedumbre. Enfrenté mi cirugía con esperanza
y con serenidad. El cirujano fue el
primero en hablar del milagro. Solamente me tenía que operar de apendicitis;
a pesar de las radiografías anteriores que evidenciaban el tumor maligno.
Para éste medico, que no creía en
Dios, era difícil admitir que el tumor había desaparecido; desde ese momento
su conversión fuè tan notoria como repentina, él puso el Crucifijo en
cada cuarto del hospital. No había
ninguna evidencia del cáncer ya. Al
poco tiempo nos trasladamos a San Giovanni Rotondo
para dar el testimonio al Padre Pío.
El Santo Fraile se dirigía a la sacristía cuando de repente se detuvo
sonrió y dijo: "¿Qué sabe
usted, que ha regresado aquí?”... y él
me extendió su mano para besarla, la cual yo contuve afectuosamente entre las
mías. Testimonio de un señor: "Mi rodilla izquierda se había inflamado
ocasionándome un gran dolor, por varios días. El doctor me había comentado
que la situación era muy seria; y me ordenó muchas inyecciones. Antes de
comenzar el tratamiento, quise ir a ver al santo Padre Pío. Después de mi confesión le hablé sobre mi rodilla y le pedí que orara para mí. Cuando ya estaba
saliendo de San Giovanni Rotondo, ya casi de noche,
el dolor desapareció. ¡Yo miré mi rodilla y noté que ya no estaba con la hinchazón Así que corrí inmediatamente a
donde el Padre Pío para agradecerle. Él
me dijo: "¡Usted no tiene nada
que agradecerme, pero usted tiene que dar gracias a Dios”! Pregúntele a su doctor
que si él puede hacer lo mismo con las inyecciones. Una señora cuenta: "Yo había tenido un embarazo normal en 1952,
pero durante el nacimiento del niño ocurrieron algunos problemas. Mi hijo
nació con ayuda, luego se me practicó
una transfusión de sangre. Pero debido
a la emergencia, erraron el tipo de
sangre que yo necesitaba. Las consecuencias siguientes eran muy serias: la
fiebre alta, las convulsiones y un encogimiento pulmonar, con otros problemas
de salud. Incluso un sacerdote fue llamado para darme el santo viático, pero
me lo tenía que dar con agua porque yo estaba en muy mala condición. Cuando mis parientes llamaron al
sacerdote, y yo me quedé sola, en ese momento, el Padre Pío se me apareció mostrándome sus manos estigmatizadas, y
me dijo: "¡Yo soy el Padre Pío,
usted no se morirá! Ore conmigo un " Padre Nuestro " y en el futuro
usted vendrá a San Giovanni Rotondo para
encontrarse conmigo". El resultado de esta aparición era lo siguiente:
"Yo iba a morirme algunos minutos antes y yo me ponía de pie y me
sentaba algunos minutos después. Cuando mis parientes regresaron a mi
cuarto, ellos me encontraron orando.
Yo los invité a orar junto conmigo y
les dije sobre la visión. Nosotros oramos y mi salud mejoró. Todos los
doctores comprendieron que había ocurrido
un milagro. Meses después Fuì a San Giovanni
Rotondo para agradecer al Padre Pío. Al verlo él me extendió su mano para besarla. Y al besarla, agradeciéndole yo sentí
el famoso perfume del Padre Pío. Él me
dijo: "Usted consiguió un milagro; pero usted no tiene que agradecerme.
El Sagrado Corazón de Jesús me envió que la rescatara, porque usted se
consagró a Su Corazón y usted ha hecho los Nueve Primero viernes de cada
mes." Cuenta una señora: "En 1953 me efectuaron un chequeo médico
debido a los dolores en el abdomen. La
situación era muy seria: Yo necesitaba
un transplante urgente. Un amigo a quien yo confié mi problema, me
sugirió que escribiera una carta al
Padre Pío para pedirle sus oraciones y
ayuda. Yo pensaba, que su respuesta
sería que fuera al hospital, y que él oraría allí para mí. Así que yo fui al
hospital y nuevamente me realicé un reconocimiento médico con nuevas
radiografías. Pero los mismos doctores que me dijeron que yo estaba tremendamente enfermo estaban
sorprendidos y comprobaron que la
enfermedad seria ya no estaba. Después de cuarenta años, yo todavía estoy
agradeciendo al Padre Pío su ayuda. De hecho él no niega su ayuda poderosa a
quien quiera que se la pida. Una señora dijo: "En Un señor que vivía al sur de Italia en Puglia,
era un ateo famoso en esa región. Él era bien conocido por la fortaleza con
que él luchó contra la Religión católica. Su esposa era una mujer católica
pero su marido le había prohibido estrictamente ir a la iglesia y hablar
sobre Dios a sus niños. En 1950 ese hombre
cayó enfermo. Los doctores hicieron un diagnóstico serio: él tenía dos
cánceres, el primero en el cerebro, y
el segundo detrás de la oreja. ¡No había esperanza para él! Aquí
su informe: "Yo fuì al hospital de
Bari, muy asustado por el dolor y el pensamiento de muerte. El miedo me
obligó a orar a Dios. Yo no había
orado desde que era un niño. Me
recomendaron ir de Bari a Milán para operarme y salvar mi vida. El
doctor me dijo que la cirugía era muy
difícil y había muchas dudas en su resultado. Por la noche, cuando yo estaba
en Milán, soñé con el Padre Pío. Él vino,
tocó mi cabeza, y me dijo: "¡No se
preocupe, usted se recuperará en el
futuro". ¡La mañana después yo me
sentía bien! Los doctores estaban bastante sorprendidos, debido a mi mejoría,
sin embargo ellos pensaron que era necesario operarme. Por mi parte, yo
estaba muy aterrado, me escapé del
hospital, faltando muy poco tiempo para la cirugía, me escondí en la casa de
mi pariente en Milán dónde mi esposa también estaba. Tiempo después yo tenía
nuevamente el dolor y regresé al hospital. Al hacerme los nuevos exámenes los
médicos se sorprendieron al constatar que ambos tumores desaparecieron. Yo
también me sorprendí, porque cuando me hacían los chequeos, pude sentir un
profundo perfume de violetas; que claramente me indicaba de la presencia del
Padre Pío. Cuando pedí la factura al doctor antes de dejar el hospital, este
me dijo: "Yo no he hecho nada para sanarlo, por lo que usted no tiene que pagarme".
Cuando yo regresé a casa, quise ir a San Giovanni Rotondo
para agradecer al Padre Pío. Estaba
seguro que él me había sanado. Pero cuando yo llegué al convento, yo empecé a
tener el dolor de nuevo. ¡Era tan doloroso que me desmayé! Dos hombres me llevaron al confesionario del Padre Pío. En
cuanto lo vì
dije: "Yo tengo cinco niños y
estoy muy enfermo, por piedad Padre salve mi vida." - Él
contestó: "Yo no soy Dios, ni Jesucristo, yo soy simplemente un
sacerdote, como cualquier otro sacerdote, no más, quizá menos. ¡Yo no puedo hacer milagros!
"Por favor, imploré a
gritos,” el Padre Pío elevó sus ojos al cielo y yo vi
su labios orando. En ese mismo momento sentí el mismo perfume de violetas que en el hospital. El
Padre Pío me dijo: "¡Vaya a casa
y ore! ¡Yo oraré por usted! ¡Usted se recuperará!” Posteriormente, después de
orar el dolor no volvió nunca más. Cuenta un señor: "En Otra curación, por intercesión de Padre Pío, la que fue considerada un prodigio
permanente. La curación concierne a un
ex empleado del ferrocarril toscano, muerto en el
año
LA BILOCACIÓN La Bilocación puede ser definida como la presencia simultánea de una
persona en dos lugares diferentes. Numerosos testimonios unidos a la
tradición religiosa cristiana cuentan varios sucesos de bilocación atribuidos
al Padre Pío. Éstos son algunos testimonios: La Señora Maria, hija espiritual del Padre Pío, contó que su hermano,
una tarde, mientras oraba, se durmió. De repente fuè
golpeado con una bofetada sobre la mejilla derecha y él tuvo la sensación de
sentir que la mano que lo golpeó fuera cubierta por un medio guante. Pensó
enseguida en el Padre Pío y al otro día después de la misa se fue a saludarlo: "¿Es lícito dormirse cuándo se ruega"?,
contestó el Padre Pío. Fue el Padre Pío quien lo "despertó". Un ex oficial del ejército, un día entró a la Sacristía y mirando al Padre Pío le dijo
"Es justo él, no se equivoca". se acercó,
cayó de rodillas y llorando repitió - Padre gracias por salvarme la vida en el campo de batalla.
Sucesivamente el hombre contó a los presentes: "fui un Capitán de
infantería y un día, sobre el campo de batalla, en una hora terrible de
fuego, algo lejos de mí vi a un fraile, pálido y
de ojos expresivos, me dijo: "Sr.
Capitán, alèjese
de ese sitio" - Inmediatamente corrì
y antes de que llegara, al sitio dónde antes me encontraba, estalló una
granada enorme que abrió un remolino. Me volví hacia el monje para
agradecerle pero ya habìa desaparecido". El Padre Pío en bilocación le salvó la
vida. El Padre Alberto, a quien el
Padre Pío conoció en 1917, contó:
"Vi hablar al Padre Pío mientras se encontraba
de piè cerca de la ventana con la mirada fija sobre
la montaña. Me acerqué a èl para besarle la mano pero él no se dió cuenta de mi presencia y tuve la sensación de que su mano estaba entumecida. En aquel
entonces lo escuchè que con voz muy clara, en el
momento en que dió la absolución a alguien. Después
de un instante el padre se sacudió como si se se
despertara. Volteàndose hacia mí, me dijo: -
¿Estáis aquí?, no me enteré de ello -. Algún día después llegó de Turín un
telegrama de agradecimiento al Padre Superior por haber mandado al Padre Pío
a asistir a un moribundo. Del telegrama se pudo intuir que el moribundo
estaba muriendo en el momento en que el Padre Pìo
en San Giovanni Rotondo, pronunció las palabras de
absolución. Obviamente el Superior no envió al Padre Pío al moribundo, sino
que el Padre Pío lo visitó en bilocación.
Una familia americana vino de Filadelfia a San Giovanni Rotondo, en el 1946, para agradecer al Padre Pío. El hijo
piloto de un avión de bombardeo, en la II Guerra Mundial, fuè
salvado por el Padre Pío en el cielo en el Océano Pacífico. El avión cerca de
aterrizar en el aeropuerto, después de
haber efectuado un bombardeo, fue golpeado por los cazatorpederos japoneses.
"El avión" - contó el hijo, "Se precipitó y estalló apenas que
la tripulación pudiera tirarse en paracaídas. Solamente yo, no sé como, logrè salir a tiempo del avión. Traté de abrir el paracaídas
pero no se abrió; me habría estrellado, por tanto, al suelo si de repente no
hubiera comparecido un fraile con la barba que tomándome entre los brazos me
depuso dulcemente delante de la entrada del mando de la base. Imagináis el estupor que provocó mi cuento.
Fue increíble pero mi presencia "obligó" a todos a creerme. Reconocí al fraile que me
salvó la vida cuando, un día, mandado con permiso, llegué a casa y mi madre me enseñó la fotografía del Padre
Pío, el fraile a cuya protección en sus oraciones y lagrimas
de madre me había encomendado. ¡Que grande e importante es la oración de una
madre! Una señora, mujer de un empresario naval, era huésped de su hija en
Bolonia. Tenìa un tumor maligno en un brazo y la señora con la ayuda de su
hija decidió hacerse operar. El cirujano aconsejó tener paciencia y esperar, por lo tanto posteriormente fijarìa
la fecha para la intervención quirúrgica. En la espera el marido de la hija
mandó un telegrama al Padre Pío; suplicando por la salud de su suegra. A la
hora en que el telegrama llegó a manos del Padre Pío, la señora, que estuvo
sola en el cuarto de estar de la casa de la hija, vio abrir la puerta y
entrar a un fraile capuchino.
"Soy el Padre Pío de Pietrelcina" le dijo. Después de preguntarle
algunas cosas del cirujano, la
exhortó a tener confianza en la Virgen, el Padre Pìo le hizo una señal de la cruz en el brazo, por lo tanto,
saludándola, salió. La señora llamó a la camarera, la hija y el yerno.
Preguntó porque hicieron entrar al Padre Pío sin anunciarlo, pero le contestaron que no lo vieron y que, en todo caso, no abrieron
la puerta a nadie. Al día siguiente el cirujano visitó a la señora para
prepararla para la operación, pero no encontró ningún tumor. El tumor se
desapareció apenas el Padre Pìo le dió la bendición. El obispo que el 10 de agosto de 1910, en la catedral de Benevento, fuè preparado para
la muerte por el Padre Pío que, en bilocación, fue a hacerle una visita. Hasta el beato don Orión declaró
lo siguiente sobre la bilocación del Padre Pío: "En El Padre Pío en bilocación celebró una Misa en la Capilla de un
monasterio de monjas en Checoslovaquia, en
1951. Después de la celebración de la Misa las monjas fueron a la Sacristía para ofrecerle al Padre una
tacita de café y darle las gracias por la Misa y la inesperada visita, pero
en la Sacristía no había nadie. Las monjas pudieron constatar así que; el Padre Pío fuè
a efectuar la Santa Misa en bilocación. El Padre Pío, en bilocación, dìó la Misa al
primado de Hungría, en la cárcel, en
Budapest, en 1956. Alguien, que
conocía del episodio preguntó: "Padre Pío, UD le ha dado la Misa y le ha hablado, pero
entonces, si UD ha estado en cárcel, y
lo ha visto" - "Cierto, si le he hablado también lo he
visto"... contestó el Padre Pío. La Madre Esperanza, fundadora de las Criadas del amor Misericordioso,
contó de haber visto al Padre Pío, por un año entero, todos los días en Roma.
Sabemos muy bien que el Padre no ha estado nunca en Roma, si no una vez para
acompañar a la hermana que decidió entrar al monasterio de clausura en el
año 1917. Estuvo en bilocación todos
los días. El General Cadorna, después de la derrota de
Caporetto cayó en un estado de depresión severa y decidió
suicidarse. Una tarde se
encerró en su habitación y dìó orden a su
ordenanza de no dejar pasar a nadie. Entrado en su habitación, extrajo de un
cajón una pistola y mientras se estaba apuntando a la sien oyó una voz que le
dijo: "General, ¿no querréis cumplir en absoluto esta tontería"?
Aquella voz y la presencia de un Fraile apartaron el General de su propósito,
dejándolo petrificado. ¿Pero, como fue que pudo entrar este personaje en su
habitación? Pidió explicaciones al ordenanza pero le contestó
no haber visto pasar a nadie. Años después, el general, se enteró por
la prensa, que un Fraile que vivía sobre el Gargano
hacia milagros. Se fuè de incógnito a San Giovanni Rotondo y con gran asombro al fraile capuchino aquella tarde reconoció. “Ha corrido un
riesgo enorme aquella tarde, ¿eh
general?”, le dijo el Padre Pío. | ||