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MEDITACIONES SOBRE JESUS Pedro Sergio Antonio Donoso Brant |
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En Libro Levíticos (20,10) se lee la siguiente
condena "Si un hombre comete adulterio con una mujer casada, si comete
adulterio con la mujer de su Prójimo, el Adúltero y La justicia aplicada en aquel entonces era muy
distinta para los hombres respecto a las mujeres, en la cual los varones
gozaban de mayores privilegios en faltas similares, sin embargo según el
texto anterior, aquí la condena era igual para los dos. Esta era la situación cuando un grupo de judíos
llamados fariseos que se
caracterizaban por su rigor y austeridad en el cumplimiento de la
letra de la ley y en la atención a los aspectos externos de los preceptos
religiosos se presenta a Jesús con una mujer retenida que había según ellos
sido sorprendida en adulterio. Juntos con los fariseos estaban los escribas, así
se les llamaba en algunos pueblos de Entonces llama la atención, que por una parte los
fariseos que eran muy severos y rígidos con la ley, que buscaban la
interpretación según ellos minuciosamente exacta vinieran a preguntarle el
parecer a Jesús, y los escribas que las copiaban la habían leído tal vez en
incontables ocasiones vinieran en complicidad. Un engaño organizado con astucia, una verdadera
confabulación estaba a la vista de Jesús, hoy diríamos un descaro, una
insolencia y absoluta falta de vergüenza, de recato o de respeto. Santo Evangelio según san Juan (8, 1-11) En aquel tiempo, Jesús se retiró al monte de los
Olivos. Al amanecer se presentó de nuevo en el templo, y todo el pueblo
acudía a él, y, sentándose, les enseñaba. Los escribas y los fariseos le traen una mujer
sorprendida en adulterio, y, colocándola en medio, le dijeron: «Maestro, esta
mujer ha sido sorprendida en flagrante adulterio. La ley de Moisés nos manda
apedrear a las adúlteras; tú, ¿qué dices?» Le
preguntaban esto para comprometerlo y poder acusarlo. Pero
Jesús, inclinándose, escribía con el dedo en el suelo. Como insistían en preguntarle, se incorporó y les dijo:
— «El que esté sin pecado, que le tire la primera piedra.» E inclinándose
otra vez, siguió escribiendo. Ellos, al oírlo, se fueron escabullendo uno a uno,
empezando por los más viejos. Y quedó solo Jesús, con la mujer, en medio, que
seguía allí delante. Jesús se incorporó y le preguntó: — «Mujer, ¿dónde
están tus acusadores?; ¿ninguno te ha condenado?» Ella contestó: — «Ninguno, Señor.» Jesús dijo: — «Tampoco yo te condeno. Anda, y en
adelante no peques más.» Cuando decimos “flagrante”, estamos entendiendo
fue sorprendida cuando estaba sucediendo o se estaba ejecutando, por tanto no
es necesario por lo claro y evidente aportar pruebas, quizás con esta
expresión se quería avalar la acusación y de aceptarla Jesús, le daba crédito
a los acusadores, o talvez para que no se preguntara ¿y el causante o la otra
parte donde esta?. En efecto, se necesitan mas de dos para esta
falta, y la ley dice “Adúltero y Quizás debiéramos suponer que entre los acusadores
estaba el causante, y talvez ya tenía en su mano unas cuantas piedras, algo frecuente
en muchos aquellos que siempre ven las faltas de otros, sin ver las propias. Etimológicamente hipócrita viene del latín hypocrita, y este del griego hypokrités,
y el significado es actor, el que finge cualidades, ideas o sentimientos que
no son verdaderos. Jesús tiene al frente a un pelotón de hipócritas,
confiados en que tienen un plan perfecto para hacerlo caer en una trampa y a una mujer humillada que no tiene
ninguna posibilidad de arrepentirse y/o de salvarse de un muerte brutal. Quizás los fariseos pensaron que era una trampa
sin salida, si Jesús perdonaba, actuaba en contra de la ley de Moisés y si
aprobaba, se ponía en contra de la ley romana ya que estos les prohibían a
los judíos las ejecuciones de muerte. Un gran nerviosismo debe haber consumido a los
fariseos, inquietos por oír la sentencia de Jesús, talvez mojando con sudor
las piedras, pero Jesús esta sereno, apacible, manso, y no pierde su forma
dulce y agradable en el trato, debe haber mirado a los ojos de la mujer y
haber sentido una gran pena por la vejación, el maltrato, los padecimientos
causados por las humillaciones. La misericordia en Jesús es algo natural de El, la
inclinación a compadecerse y mostrarse comprensivo ante las miserias y
sufrimientos ajenos es muy propio de Jesús, pero al
parecer los fariseos no entienden de esto. Pero Jesús, inclinándose, escribía con el dedo en
el suelo, y como insistían en preguntarle, se incorporó y les dijo: — «El que
esté sin pecado, que le tire la primera piedra.» E inclinándose otra vez, siguió
escribiendo. A escondidas, procurando no ser visto u
ocultándose detrás de otros, quizás a pasos ligeros, se van retirando uno a
uno, empezando por los más viejos, talvez porque su mochila de faltas es
mayor, hasta que dejaron solo a Jesús y la acusada. Jesús se incorporó y le preguntó: «Mujer, ¿dónde
están tus acusadores?; el silencio parece absoluto en el ambiente, solo el
ulular del viento, Jesús mira a la mujer y le pregunta, ¿ninguno te ha
condenado?», Ella contestó: — «Ninguno, Señor.», y así Jesús dijo: «Tampoco
yo te condeno. Anda, y en adelante no peques más.» “Tampoco yo te condeno”, “No peques más”, esto no
significa que Jesús no considera que se haya pecado, al contrario, se da
cuenta lo sucia que es la conciencia de los acusadores, y entonces les remite
a ellos la iniciativa, es así como se retiraron. El Señor Jesús no condena a la mujer, acusada de
un pecado castigado según la ley Mosaica con la muerte, un cambio absoluto en
la aplicación de la ley, el que peca no esta condenado automáticamente a
muerte, el que peca puede arrepentirse y salvarse. Cristo no ha venido a
condenar, El ha venido a salvar, a sanar, a bendecir, a enseñar lo que es la
verdadera misericordia, y su perdón es verdadero. Jesús ha venido a establecer y a instituir la gracia,
el sabe de misericordia, ha venido a reconciliarnos con el Padre, el Señor
Jesús perdona de corazón, a todo aquel que se arrepiente, a todo aquel que no
peca mas. Por comprender esto,
“Gracias Señor” |
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