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MEDITACIONES SOBRE JESUS Pedro Sergio Antonio Donoso Brant |
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Jesús nos enseñas a través de narraciones de
sucesos sencillos, “ Los ejemplos que nos pone Jesús, están siempre
vivos en nosotros, especialmente porque nos exige a nosotros mismos tomar
conciencia de lo que ser cristiano, es así como no solo debemos tener oídos
atentos a las parábolas, además debemos tener preparado el corazón para
comprender la sensibilidad de la enseñanza y alejar toda soberbia en nosotros
para aceptarla. La sutileza de la parábola, y me refiero a la
delicada, suave e interesante forma
que utiliza Jesús para penetrar en nuestro corazón, nos invita a rechazar los
estilos de vida conducentes al pecado, especialmente a aquellos que son
productos de la soberbia, la envidia, la ira, la vanidad, el egoísmo,
sentimientos que nutren la forma mas desvergonzada de vida del hombre. Es entonces en consecuencia, la parábola, una
perfecta enseñanza de moral cristiana, sepamos descubrir en ella el llamado
de salvación y conversión a Dios. En el Evangelio según san Mateo 13, 1-53, Jesús a
través de sencillas parábolas, utiliza el mismo lenguaje de las actividades
laborales y rutinarias de los hombres, es así como lo hace con ejemplos de
las tareas del campo, de la vida hogareña, del mercader y de los pescadores,
de esta forma Jesús hacia comparaciones para hacerlas fácilmente inteligibles
las verdades espirituales. Mateo 13, 1-9 Jesús salió de la casa y se sentó a orillas del
mar. Una gran multitud se reunió junto a él, de manera que debió subir a una
barca y sentarse en ella, mientras la multitud permanecía en la costa.
Entonces él les habló extensamente por medio de parábolas. Les decía:
"El sembrador salió a sembrar. Al esparcir las semillas, algunas cayeron
al borde del camino y los pájaros las comieron. Otras cayeron en terreno
pedregoso, donde no había mucha tierra, y brotaron en seguida, porque la
tierra era poco profunda; pero cuando salió el sol, se quemaron y, por falta
de raíz, se secaron. Otras cayeron entre espinas, y éstas, al crecer, las
ahogaron. Otras cayeron en tierra buena y dieron fruto: unas cien, otras
sesenta, otras treinta. ¡El que tenga oídos, que oiga!" Con la parábola del sembrador, tenemos que
preguntarnos como somos nosotros en cuanto a tierra de cultivo, la semilla es
de primera calidad, y germinará según se comporte el suelo que la reciba. Puede que la semilla no llegue a nosotros; “Al
esparcir las semillas, algunas cayeron al borde del camino y los pájaros las
comieron”, nuestro caminar materialista, inspirado en la soberbia, vanidad,
avaricia o envidia y el nulo interés en oír lo bueno, nos incapacita para
recibir la semilla de “Otras cayeron en terreno pedregoso, donde no
había mucha tierra, y brotaron en seguida, porque la tierra era poco
profunda; pero cuando salió el sol, se quemaron y, por falta de raíz, se
secaron”, ¿Cuál es nuestra disposición al oír la palabra del Señor?, si somos
como una roca, la semilla no echará raíces, si nuestro suelo no se riega no
germinará la semilla, y este se riega con lo esencial, el amor, por que el
amor es contrario a la muerte, es vida, y este habita en nuestro corazón, por
tanto si la semilla que es “Otras cayeron entre espinas, y éstas, al crecer,
las ahogaron”; en efecto, en un corazón rencoroso “Otras cayeron en tierra buena y dieron fruto:
unas cien, otras sesenta, otras treinta”; Jesús, nos aclara que depende de la
disposición que tengamos, es como da frutos la semilla, es así como, siempre
dependerá de cómo sea aceptada, de cómo sea oída, de cómo están nuestros
sentimientos. Entonces se hace necesario que nuestro terreno de cultivo este
bien preparado, para que la siembra sea eficaz en nosotros, esto es, sensible
en el espíritu a esa semilla, a esa Palabra. ¡El que tenga oídos, que oiga!" El que tenga disposición, esto es voluntad de oír,
el que este dispuesto a recibir lo que el Señor nos ofrece, el que sea limpio
de corazón, el que viva de acuerdo a las enseñanzas de Cristo, el que cumpla
con su compromiso con nuestra fe cristiana, el que haga meritos para recibir
el Espíritu de Dios, ése, entenderá Mateo 13, 10-17 "En aquel tiempo, se acercaron a Jesús los
discípulos y le preguntaron: -¿Por qué les hablas en parábolas? Él les
contestó: -A ustedes se les ha concedido conocer los secretos del Reino de
los Cielos y a ellos no. Porque al que tiene se le dará de sobra, y al que no
tiene, se le quitará hasta lo que tiene. Por eso les hablo en parábolas,
porque miran sin ver y escuchan sin oír ni entender. Así se cumplirá en ellos
la profecía de Isaías: “Oiréis con los oídos sin entender; miraréis con los
ojos sin ver; porque está embotado el corazón de este pueblo, son duros de
oído, han cerrado los ojos; para no ver con los ojos, ni oír con los oídos,
ni entender con el corazón, ni convertirse para que yo los cure”. Dichosos
vuestros ojos porque ven y vuestros oídos porque oyen. Os aseguro que muchos
profetas y justos desearon ver lo que veis vosotros y no lo vieron, y oír lo
que oís y no lo oyeron". De todos los que oyen “A ustedes se les ha concedido conocer los
secretos del Reino” esto es porque se han dispuesto a recibir los secretos
del Reino, pero no por sus meritos, es porque fueron elegidos por la bondad
infinita del Señor. Si somos sinceros con nosotros mismos, podremos
descubrir en que momento parece que no estamos muy dispuestos a sentir o recibir las influencias de la gracia,
talvez sea por falta de humildad o por falta de sinceridad con Dios. Entonces
es bueno que sepamos que la luz que nos hace falta para ver con claridad
viene de Dios y que la conseguiremos por medio de la oración, siempre nos
hará bien el diálogo con Dios. “Dichosos vuestros ojos porque ven y vuestros
oídos porque oyen”. No es Dios quien endurece el corazón de los
hombres, y si el nuestro no esta endurecido, sentirá las cosas de Dios y
sabremos oír su Palabra. Esto nos hará feliz y la gracia del Señor hará cosas
maravillosas en nosotros, por tanto debemos responder con mucha generosidad a
sus requerimientos. No olvidemos que somos sus hijos predilectos. Pero
también consideremos que muchos podrían haber dado una mejor respuesta si
hubieran recibido la misma gracia que se nos ha dado, nosotros no tenemos que
considerarnos mejor que otros, no podemos saber como hubieran respondido los
demás, solo nos consta nuestra propia respuesta. Mateo 13, 18-23 Jesús dijo a sus discípulos: Escuchen lo que
significa la parábola del sembrador. Cuando alguien oye El mejor lugar para recibir Pero tampoco se trata de tener una disposición
aparente, superficial y con una actitud inconstante, porque con esa actitud, Las atenciones y cuidados excesivos por lo
material, las preocupaciones e intereses por la riqueza materiales, la
ambiciones y el amor al placer, opuestas a las inquietudes del espíritu no
dejan que aparezca Sin embargo cuando el corazón es bueno, limpio,
sencillo y bien dispuesto, es cuando se comprende bien Para que la semilla produzca muchos frutos, la
tierra tiene que tener vitalidad para superar todos los inconvenientes que se
dejaran caer en ella, es así como nosotros debemos estar bien preparados para
que Mateo 13, 24-30 Jesús propuso a la gente esta parábola: El Reino
de los Cielos se parece a un hombre que sembró buena semilla en su campo;
pero mientras todos dormían vino su enemigo, sembró cizaña en medio del trigo
y se fue. Cuando creció el trigo y aparecieron las espigas, también apareció
la cizaña. Los peones fueron a ver entonces al propietario y le dijeron:
"Señor, ¿no habías sembrado buena semilla en tu campo? ¿Cómo es que
ahora hay cizaña en él?". Él les respondió: "Esto lo ha hecho algún
enemigo". Los peones replicaron: "¿Quieres que vayamos a
arrancarla?" "No, les dijo el dueño, porque al arrancar la cizaña,
corren el peligro de arrancar también el trigo. Dejen que crezcan juntos
hasta la cosecha, y entonces diré a los cosechadores: Arranquen primero la
cizaña y átenla en manojos para quemarla, y luego recojan el trigo en mi
granero". Si nos preguntamos porque algunas veces nacen de
nosotros hermosos sentimientos de amor, y algunas veces sin darnos cuentas
nos surgen sentimientos de odios, es porque los dos están habitando en
nuestro corazón. En efecto, en el mismo lugar que siembra Dios, también
siembra el Maligno en nosotros. En la luz de Jesús, hemos recibido la buena
semilla y en la oscuridad de la noche el maligno sembró la mala a fin de
crear confusión. En efecto, lo bueno siempre vine con Sin embargo el producto de las semillas es
infinitamente distinto, pues la semilla de amor produce frutos de amor y la
semilla del mal produce maldad. Verdadero o falso es una pregunta que siempre
debemos considerar, verdadero es el buen trigo, falsa es la cizaña, y debemos
saber distinguir cual es cual. Siempre se esta intentando convencernos de
ideas religiosas, conceptos u pensamientos que intentan justificarse con
mensajes y frases sacadas de su verdadero contexto. Para ser más preciso me
refiero a esas doctrinas revestidas de una apariencia evangélica y en el
fondo no lo son. Es así, como tenemos que saber distinguir la mentira de la
verdad, el verdadero evangelio es enseñanza de amor y produce el mismo fruto,
y el falso siempre se presenta con conceptos que buscan producir la desunión,
la confusión, la duda y el fruto es el odio. “Dejen que crezcan juntos hasta la cosecha” En nuestro mundo convivimos buenos y malos, Dios
permite esto para que los que van por mal camino tengan la oportunidad de
arrepentirse aprendiendo de las bondades de las vidas ejemplares y de esta
manera caminar por la senda del bien. Dios es paciente, “lento en el castigo
y rico en misericordia”, pero el arrepentimiento y la reconciliación debe
hacerse a tiempo, pues en el día en el cual se haga la cosecha la cizaña será
consumida por el fuego y el trigo maduro, las mies,
se almacenaran en el granero. Mateo 13, 31-35 Jesús propuso a la gente esta parábola: "El Reino
de los Cielos se parece a un grano de mostaza que un hombre sembró en su
campo”. En realidad, ésta es la más pequeña de las semillas, pero cuando
crece es la más grande de las hortalizas y se convierte en un arbusto, de tal
manera que los pájaros del cielo van a cobijarse en sus ramas". Después
les dijo esta otra parábola: "El Reino de los Cielos se parece a un poco
de levadura que una mujer mezcla con gran cantidad de harina, hasta que
fermenta toda la masa". Todo esto lo decía Jesús a la muchedumbre por
medio de parábolas, y no les hablaba sin ellas, para que se cumpliera lo
anunciado por el Profeta: "Hablaré en parábolas, anunciaré cosas que
estaban ocultas desde la creación del mundo". “El Reino de los Cielos se parece a un grano de
mostaza”, Jesús emplea este término que era usual en los judíos para comparar
las cosas pequeñas, y lo hace así, para decir que el Reino de Dios comenzó
modestamente y luego se expandió con gran vigor, igual que la semilla de
mostaza o la levadura. En las cosas sencillas y humildes siempre Dios
pone la esperanza en sus hijos, y emplea medios sencillos para llegar hasta
él, así fue también como eligió a una humilde y sencilla mujer para encarnar
a su Hijo, y en un humilde pesebre fue a nacer, así también se nos hace presente
Cristo en Sin embargo a los hombres nos gustan las cosas
grandiosas, con exigentes preparativos, especialmente cuando no conocen bien
a Dios. Sin embargo Dios no esta interesado en que emprendamos grandes obras
para demostrarle nuestro amor, pero nos acoge con cariño con tan solo serle
fiel en todo momento. Una buena enseñanza es nuestra Iglesia, que nació
modestamente, con hombres de condición humilde, que habían sido pescadores, y
hoy esta por todo el mundo, y pueblos de diferentes costumbres, idiomas y
razas la acogen y la engrandecen. Luego Jesús nos enseña a través de un parábola
hogareña, “la levadura fermento todo”, para que nosotros podamos ser como
ella, corrompiendo lo que nos hace cómodo, lo que no nos hace crecer, y para
que comprobemos la eficacia de los Evangelios, del mismo modo como la
levadura fermenta la masa, el mensaje del Evangelio nos fermenta a nosotros,
del mismo modo como la levadura penetra en la masa, lo hace el Evangelio en
los hombres. Del mismo modo como se transforma la semilla,
también Mateo 13, 36-43 Dejando a la multitud, Jesús regresó a la casa;
sus discípulos se acercaron y le dijeron: "Explícanos la parábola de la
cizaña en el campo". Él les respondió: "El que siembra la buena
semilla es el Hijo del hombre; el campo es el mundo; la buena semilla son los
que pertenecen al Reino; la cizaña son los que pertenecen al Maligno, y el
enemigo que la siembra es el demonio; la cosecha es el fin del mundo y los
cosechadores son los ángeles. Así como se arranca la cizaña y se la quema en
el fuego, de la misma manera sucederá al fin del mundo. El Hijo del hombre
enviará a sus ángeles, y éstos quitarán de su Reino todos los escándalos y a
los que hicieron el mal, y los arrojarán en el horno ardiente: allí habrá
llanto y rechinar de dientes. Entonces los justos resplandecerán como el sol
en el Reino de su Padre. ¡El que tenga oídos, que oiga!" "Explícanos la parábola de la cizaña en el
campo". Jesús le explica solamente a sus amigos más íntimos, como una
instrucción especial, ya que estos se la piden expresamente. ¿No habían
entendido con claridad lo que les manifestaba Jesús?, nos ocurre a veces que
no entendemos las cosas de Dios. En efecto, sucede que muchas veces no nos damos
cuenta que Dios nos manifiesta algo, esto es porque no dejamos hacer en
nosotros y porque no le prestamos la debida atención y además no nos
acercamos lo suficiente a El. Hemos lamentado muchas veces que si nos hubiéramos
acercado al Señor, hubiéramos penetrado en su Espíritu, entonces nos hemos
privado de muchos bienes por la falta de espiritualidad, los hemos perdido
por ser superficiales. El mayor trato e intimo con el Señor, nos hará
comprender de mejor forma lo que El quiere decirnos, busquémosle en la
oración y hagamos de esta algo constante. El acercamiento al Dios, el amor a
El, permitirá que nos haga confidentes de sus cosas. Jesús nos aclara al responder que;"El que
siembra la buena semilla es el Hijo del hombre”, que todo lo bueno viene de
Dios, todo lo bueno de nosotros viene de El, es así, es El quien siembra en
nuestros corazones, y cuando necesitemos algo bueno es a El a quien debemos
pedir, pero estemos atentos, porque en nuestro campo, en nuestro corazón, del
mismo modo como se siembra el trigo, que es el bien, se siembra la cizaña que
es el mal, unas esparcidas con una mano amorosa y las otras con astucia para
buscar lograr su oscuros propósitos. Luego Jesús prosigue; “el campo es el mundo”,
precisamente porque sus enseñanzas no son exclusivas de algunos pocos, es
para todos, es universal. También no dice que; “la buena semilla son los que
pertenecen al Reino; la cizaña son los que pertenecen al Maligno”. Es así
como nos hace saber que algunos somos partidario del Reino, y otros
seguidores de Maligno. Nosotros estamos llamados a ser la buena semilla,
entonces trabajemos por la construcción de un mundo nuevo y por apartarnos y
oponernos a los que buscan el mal. Es importante comprender como nos explica Jesús,
especialmente cuando nos enseña que quien siembra la cizaña es el demonio,
enemigo de Dios y de los hombres, enemigo del bien, de la verdad, del amor,
de la bondad y de la misericordia, por tanto del Reino. Mateo 13, 44-46 Jesús dijo a la multitud: El Reino de los Cielos
se parece a un tesoro escondido en un campo; un hombre lo encuentra, lo vuelve
a esconder, y lleno de alegría, vende todo lo que posee y compra el campo. El
Reino de los Cielos se parece también a un negociante que se dedicaba a
buscar perlas finas; y al encontrar una de gran valor, fue a vender todo lo
que tenía y la compró. “El Reino de los Cielos se parece a un tesoro
escondido en un campo”; un hombre lo encuentra, lo vuelve a esconder, y lleno
de alegría, vende todo lo que posee y compra el campo. ¿Qué tesoro es tan
valioso para vender todo lo que se tiene?, ¿Qué merece desprenderse de cuanto
se posee para conseguir otro bien?, ¿Que hallazgo puede producir inmensa
alegría?, no cabe la menos duda que lo que encontró el hombre tiene un valor
inestimable, inmedible, y lo más grande en valor, es el Reino de Dios, y por el se puede
renunciar a todo, y esta sería la mejor decisión tomada. En efecto el que encuentra un tesoro como este, el
Reino de los Cielos, debe dejarlo todo por él, y renunciar con alegría a lo
que tiene terrenalmente, es indudable, que no podemos comparar los bienes
terrestres con la posesión de Dios, “Ustedes no pueden servir al mismo tiempo
a Dios y al Dinero” (Mt 6-24). Jesús también nos agrega esta parábola; El Reino
de los Cielos se parece también a un negociante que se dedicaba a buscar
perlas finas; y al encontrar una de gran valor, fue a vender todo lo que
tenía y la compró. Ambas parábolas nos muestran que merece mucho la
pena hacer un gran esfuerzo por conseguir algo muy valioso, como el
Evangelio, como el amor de Cristo, como el Reino de Dios, con fe, veremos que
la valoración de la posesión de Dios, que es el tesoro que nos habla Jesús,
no puede tener ninguna comparación. Pero para poseer a Dios, debemos despojarnos de
todo, especialmente de lo que no somos, y de mucho de lo que somos y de
cuanto aprisiona nuestro corazón. Es así como nuestros afectos, o
inclinaciones, pasiones e instintos, esto es, todo cuanto nos impida la
posesión de Dios. Si vaciamos el corazón de nosotros mismos, este podrá ser
ocupado por Dios. Un muy buen negocio nos propone Jesús, el mejor de
los trueques, un intercambio o entrega de cosas de poco precio, por otras valiosísimas, es así, como nos
pone el ejemplo de un negociante, para indicarnos que es un hombre que conoce
el valor de las cosas, y se desprende de todo por una perla fina. Es así,
como nos invita, pero también nos condiciona, que para la adquisición
del Reino de los Cielos, tenemos que renunciar con alegría a todo, porque la
renuncia a lo material tiene el mejor de los premios, como es la posesión de
Dios. Y nos alegramos, porque Jesús nos motiva a
desprendernos de bienes transitorios e inferiores, también estamos contentos
porque esta es una invitación que nos
permite una reflexión, no sobrevalorar bienes que en nada aportan para
hacernos de esa perla preciosa, que es la palabra de Jesús, que es Mateo 13, 47-53 Jesús dijo a la multitud: "El Reino de los
Cielos se parece a una red que se echa al mar y recoge toda clase de peces. Cuando
está llena, los pescadores la sacan a la orilla y, sentándose, recogen lo
bueno en canastas y tiran lo que no sirve. Así sucederá al fin del mundo:
vendrán los ángeles y separarán a los malos de entre los justos, para
arrojarlos en el horno ardiente. Allí habrá llanto y rechinar de dientes.
¿Comprendieron todo esto?" "Sí", le respondieron. Entonces
agregó: "Todo escriba convertido en discípulo del Reino de los Cielos se
parece a un dueño de casa que saca de sus reservas lo nuevo y lo viejo". Jesús, estando en medio de los pescadores, a la
orilla de lago y entre redes y barcas, les habla de algo que es sumamente
familiar. En efecto, Jesús les habla con el mismo lenguaje de la diaria
actividad de los pescadores, es así como las enseñanzas del Maestro no solo
entran al corazón por los oídos, también por los ojos. "El Reino de los Cielos se parece a una red
que se echa al mar y recoge toda clase de peces”. Es como en nuestra Iglesia,
somos muchos los que por el bautismos le pertenecemos, pero no todos viven
con fidelidad a ella, es así como tiene muchos fieles que participan, algunos
los hacen activamente, otros según como les acomode, otros resultan
perjudicial, y muchos bautizados nunca se han sentido sus miembros. La expresión “toda clase de peces”, nos enseña que
nadie esta excluido, ni por origen, cultura o raza, tampoco por su nivel de
bondad, compasión o maldad, ni por su clase, condición económica o educación,
esto es, se alude a la universalidad del Reino. Jesús continua enseñando: “Cuando está llena, los
pescadores la sacan a la orilla y, sentándose, recogen lo bueno en canastas y
tiran lo que no sirve”. Nosotros somos los peces, y no nos corresponderá
decir quienes son los buenos y los malos o quien debe entrar o no al Reino,
conviviremos unos con otros, a fin de que los buenos, busquen la santidad
entre los malos, y los malos viendo la actitud de los buenos, encuentren un
estímulo para cambiar de vida, es así como, no solo con las palabras debemos
demostrar que somos buenos cristianos, además todas nuestras actitudes,
conductas y modo de vida, deben ser cristianas. Jesús nos dice además; “Así sucederá al fin del
mundo: vendrán los ángeles y separarán a los malos de entre los justos, para
arrojarlos en el horno ardiente. Allí habrá llanto y rechinar de dientes.”
Así es, la separación de los buenos y los malos no se hace en este mundo y
tendrá lugar en el día del juicio, en ese minuto quedará sellada
definitivamente la suerte de cada uno. Nuestra tarea es ahora para llegar a
ser seleccionado de entre los buenos y ayudar a los demás a ser considerado
dentro de los justos, Jesús se ha reservado para sí, la elección de quien
cumple el calificativo de bueno. La parábola termina con la pregunta de Jesús:
¿Comprendieron todo esto?" "Sí", le respondieron. Entonces
agregó: "Todo escriba convertido en discípulo del Reino de los Cielos se
parece a un dueño de casa que saca de sus reservas lo nuevo y lo viejo".
Ante de responder nosotros ahora, examinemos nuestra fe, pues no basta
pertenecer a La pedagogía, la habilidad para educar y enseñar,
el método para instruir y, aleccionar de Jesús, maravilla y causa admiración
por lo extraordinario. Por comprender esto,
“Gracias Señor” |
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