MEDITACIONES SOBRE JESUS

Pedro Sergio Antonio Donoso Brant

JESUS, UN GRAN MAESTRO, GRANDES SON SUS ENSEÑANZAS

Mateo 18

¿Quién es el más grande en el Reino de los Cielos?

[1] En aquel momento los discípulos se acercaron a Jesús y le preguntaron: «¿Quién es el más grande en el Reino de los Cielos?» [2] Jesús llamó a un niñito, lo colocó en medio de los discípulos, [3] y declaró: «En verdad les digo: si no cambian y no llegan a ser como niños, nunca entrarán en el Reino de los Cielos. [4] El que se haga pequeño como este niño, ése será el más grande en el Reino de los Cielos.

La respuesta de Jesús es nuevamente desconcertante en aquel tiempo para los discípulos y hoy para muchos adultos, talvez los apóstoles debieron quedar desilusionados, para Jesús, el hacerse niño no es sólo condición para alcanzar la mayor grandeza en el Reino, sino incluso el “si ustedes no cambian y no se hacen”, expresa que es requisito indispensable para ser admitido en el Reino.

¿Porque ser como un niño y hacerse pequeño? El niño es un ser débil y humilde, que no posee nada, no tiene ambición, no conoce la envidia, no busca puesto privilegiados,  no tiene nada que decir en la avidez de los adultos, el niño tiene conocimiento de su pequeñez y su debilidad. Es así como nos hace saber Jesús, que el mas humilde será el más grande ante el Padre, de nada importa el nivel, la jerarquía o el rango y papel que se desempeñe en la sociedad.

El niño al igual que el pobre recibe con alegría lo que se le entrega cuando su necesidad depende de los demás. Ese es el sentido  de ese “hacerse como los niños”, hacerse humilde y sencillo de corazón, empequeñecido en la sociedad respecto a los puestos de jerarquía, esa es condición de Jesús para seguirlo, “El que no renuncie a si mismo, no puede ser mi discípulo”

Tenemos claridad que esa es nuestra situación ante Dios, es así como Jesús quiere que sus discípulos, sus apóstoles, nosotros seamos receptivos, sencillos y humildes, con capacidad o disposición favorable para recibir y aceptar y la grandeza espiritual en el servicio que El nos pide, esta es la conversión nos hará distintos y nos transformará en niños, pero al igual que ellos, entendiendo que la que la niñez espiritual es una actitud  interior de dependencia y confianza en el Señor y  todo esto, debemos hacerlo con gestos concretos en el servicio a los más humildes, porque en cada pobre esta Cristo y el que acoge a uno acoge a Jesús.

En efecto, no olvidemos, que el que acoge al indefenso, al humillado, al marginado, esto es, todo lo que hacemos por un hermano los hacemos también por Cristo.

Ser como niños, es suprimir en el corazón la ambición y muchas veces esa envidia por querer un puesto mayor, pero la humildad no resulta fácil para la muchos de nosotros, porque ello implica renunciar a ciertos deseos de poder, de dominar lo que erráticamente creemos necesitar, por tanto el ejemplo que nos dio Jesús en el niño,  es esa humildad como manifestación pura que tiene la infancia al estar exento de poder, pero si necesitados de un cuidado amoroso, confiemos esta protección a Dios. Recordemos que por mucha edad que tengamos, jamás dejamos de ser niños para nuestra madre, confiemos en María, Madre de Dios y Madre Nuestra, pidámosle a ella, ser como los niños que espera Jesús de nosotros.  

¡Ay del que causa el escándalo!

[5] Y el que recibe en mi nombre a un niño como éste, a mí me recibe. [6] El que hiciera caer a uno de estos pequeños que creen en mí, mejor le sería que le amarraran al cuello una gran piedra de moler y que lo hundieran en lo más profundo del mar. [7] ¡Ay del mundo a causa de los escándalos! Tiene que haber escándalos, pero, ¡ay del que causa el escándalo!

Mucho hechos o dichos considerados contrarios a la moral social y que producen indignación, desprecio o habladurías maliciosas, son los conocido escándalos, más Jesús emplea en este fragmento esta palabra escándalo, para señalar otras situaciones producidas por estos hechos, como los golpes que se da en un obstáculo al ir andando por malos caminos, esos errores que puede hacernos caer y no hacer el bien produciendo además la caída de los niños, tropiezos y desaciertos en nuestro proceder, e incluso los fallos o indiscreción involuntaria, porque cuando se es joven hay que tener mucho cuidado con los tropiezos, pero cuando ya somos adultos, advirtamos a los niños de los obstáculos y las dificultades que les pueden crear los adultos que no son ejemplos de nada.

Cuídense, no desprecien a ninguno de estos pequeños

[8] Si tu mano o tu pie te está haciendo caer, córtatelo y tíralo lejos. Pues es mejor para ti entrar en la vida sin una mano o sin un pie que ser echado al fuego eterno con las dos manos y los dos pies. [9] Y si tu ojo te está haciendo caer, arráncalo y tíralo lejos. Pues es mejor para ti entrar tuerto en la vida que ser arrojado con los dos ojos al fuego del infierno. [10] Cuídense, no desprecien a ninguno de estos pequeños. Pues yo se lo digo: sus ángeles en el Cielo contemplan sin cesar la cara de mi Padre del Cielo. [11]

Jesús no es tibio con la desidia, es así, como no podemos hacer la vista gorda con nuestras obligaciones, una de ellas es educar a los niños, pero una buena educación porque esto es decisivo en toda la vida del niños, es así como Jesús nos dice que todo lo que hagamos por los niños será tomado muy en cuenta por El, y por nuestro Padre Dios, pero aún más, expresamente no advierte de la gravedad de nuestro proceder si descuidamos la formación de los niños, y si no les entregamos aprecio.

Allá (en le Cielo) no quieren que se pierda ni tan sólo uno de estos pequeñitos.

 [12] ¿Qué pasará, según ustedes, si un hombre tiene cien ovejas y una de ellas se extravía? ¿No dejará las noventa y nueve en los cerros para ir a buscar la extraviada?  [13] Y si logra encontrarla, yo les digo que ésta le dará más alegría que las noventa y nueve que no se extraviaron. [14] Pasa lo mismo donde el Padre de ustedes, el Padre del Cielo: allá no quieren que se pierda ni tan sólo uno de estos pequeñitos.

En esta parábola de la oveja perdida y vuelta a encontrar, Jesús nos indica nuestra actitud frente a los pecadores, y nos pone una frase para aumentar nuestra satisfacción al resultado “le dará más alegría”, podemos decir que es una expresión hiperbólica, en efecto, Dios, se nos revela como Amor, entonces es lógico que su alegría sea mayor cuando un pecador vuelve a El, y no quiere que se pierda quien crea en su misericordia, como también no quiere que se pierda ninguno de sus pequeños hijos, que en su inocencia, sencillez y pureza de corazón, se ven hoy expuestos a la contaminación indigna que ofrece el adulto descarriado.

Si en la tierra dos de ustedes se ponen de acuerdo para pedir alguna cosa, mi Padre Celestial se lo concederá

[15] Si tu hermano ha pecado, vete a hablar con él a solas para reprochárselo. Si te escucha, has ganado a tu hermano. [16] Si no te escucha, toma contigo una o dos personas más, de modo que el caso se decida por la palabra de dos o tres testigos. [17] Si se niega a escucharlos, informa a la asamblea. Si tampoco escucha a la iglesia, considéralo como un pagano o un publicano. [18] Yo les digo: «Todo lo que aten en la tierra, lo mantendrá atado el Cielo, y todo lo que desaten en la tierra, lo mantendrá desatado el Cielo. [19] Asimismo yo les digo: si en la tierra dos de ustedes se ponen de acuerdo para pedir alguna cosa, mi Padre Celestial se lo concederá. [20] Pues donde están dos o tres reunidos en mi Nombre, allí estoy yo en medio de ellos».

Muchas veces oímos y expresamos la palabra caridad, esto nos invita a reflexionar en profundidad el significado de esta a fin de no olvidar su sentido, es una palabra muy bella, con mucho sentimiento, caridad es la actitud solidaria con el sufrimiento ajeno, es así como damos una limosna por caridad, porque queremos ir en auxilio de quien lo necesita y lo hacemos por amor a Dios. Caridad es la virtud sobrenatural infusa (gracias y dones que Dios infunde en el alma) por la que la persona ama a Dios sobre todas las cosas por si mismo (no por interés) y ama al prójimo por Dios.

La caridad no es indecorosa, ni busca lo suyo propio. No se irrita, ni lleva cuentas del mal. (Cor.1- 13,5)

Jesús dijo a sus discípulos: “Si tu hermano peca contra ti, ve y corrígelo en privado”, este es acto de caridad, por amor a tu hermano, manifiestas tu corrección fraterna, porque estas buscando su bien y lo haces en privado y no divulgas lo conversado.

Toda nuestra vida y la de todo los hijos del Padre Dios, hemos intentado vivir de la mejor forma con y por la caridad, en ella se expresa fielmente el amor fraterno, es así como Jesús siempre nos enseña que hemos de dar y buscar el amor al prójimo. En esta hermandad, Jesús nos invita a orar juntos, “si dos de ustedes se unen en la tierra para pedir algo, mi Padre que está en el cielo se lo concederá”. Nos están pidiendo unidad, acuerdo, sin embargo debemos preguntarnos ¿Por qué nos cuesta tanto ponernos de acuerdo? Estar de acuerdo es lo que mas nos hace falta, especialmente si estamos comprometidos con trabajar por el Reino de Dios.

Ponernos de acuerdo para orar, significa que hay unidad espiritual, por amor de un mismo Espíritu, motivados por la misma caridad, con hermandad para alabar a Dios Padre, y mucho provecho para el prójimo.

También nos dice Jesús, “donde hay dos o tres reunidos en mi Nombre, yo estoy presente en medio de ellos”. Dos condicionantes no pone el Señor, primero que estemos reunidos, y para esto hace falta unidad, y segundo que nos reunamos en su nombre, y no lo hacemos por temas materiales, ni por que es simpático juntarse, lo hacemos por hemos sido convocados por su palabra y animados por su Espíritu.

Es así como estará siempre presente Jesús entre nosotros, cuando impulsados por el amor de sus enseñanzas y unidos en un mismo espíritu nos unimos en oración, entonces entre nosotros se ubica Jesús, presente como verdadero Dios, y con esta presencia todo lo bueno se puede esperar, porque aunque la oración privada y personal es buena y necesaria, la oración colectiva tiene una fuerza inmedible, pero orar bien para que sea escuchada, y para que se haga bien, la unidad, el acuerdo entre nosotros y la caridad debe esta presente.

¿Cuántas veces tengo que perdonar las ofensas de mi hermano?

[21] Entonces Pedro se acercó con esta pregunta: «Señor, ¿cuántas veces tengo que perdonar las ofensas de mi hermano? ¿Hasta siete veces?» [22] Jesús le contestó: «No te digo siete, sino setenta y siete veces».

¿Por qué poner límites?, la caridad, el amor no tiene limites, siete es un número indefinido, Jesús le respondió: "No te digo hasta siete veces, sino hasta setenta veces siete”, esto es, un rechazo de plano a la limitación agregándole un número simbólico aún más indefinido.

Pablo nos recuerda: “Sean mutuamente buenos y compasivos, perdonándose los unos a los otros, como Dios los perdonó en Cristo” (Ef 4,32). Esto es los cristianos debemos perdonarnos siempre, no algunas veces, y ser buenos, es saber emplear bien esta palabra, porque cuando queremos decir que aprobamos algo y estamos conforme decimos esta bueno, y cuando queremos indicar que algo que ya es suficiente y debe terminar, como el rencor, decimos bueno, ya esta bien, aún mas cuando recibimos una agradable noticia decimos que bueno, y cuando pecamos o ofendemos y nos arrepentimos o vemos a alguien arrepentido hay sentimientos de pena y lástima por la desgracia o por el sufrimiento ajeno, por eso debemos ser buenos y compasivos. Es así como perdonamos siempre, como Dios nos perdona a nosotros.

Para que la caridad siempre este viva y reine entre nosotros, es indispensable el perdón de las injurias, es así como Jesús rechaza las limitaciones que quiso poner Pedro, para destacar aún más la necesidad de perdonar y sin límites, además que hay que perdonar y siempre hacerlo de corazón, a igual que el amor, cuando uno ama, ama de verdad, de todo corazón, sin límite y siempre. Así es nuestro Dios Padre con nosotros, así nos ha enseñado, y así debemos ser y actuar, perdonar a nuestro prójimo de corazón, rogar por él, desearle todo bien y hacer que llegue la paz, por sobre cualquier dificultad.

Aprendan algo sobre el Reino de los Cielos

Jesús no enseña luego una parábola muy hermosa, de aquel servidor que debía diez mil talentos y que se arroja a los pies de su rey diciéndole: "Dame un plazo y te pagaré todo". El rey se compadece y lo deja ir le perdona la deuda, sin embargo a salir, este servidor encontró a uno de sus compañeros que le debía cien denarios y, tomándolo del cuello hasta ahogarlo, le dijo: "Págame lo que me debes". El otro se arrojó a sus pies y le suplicó: "Dame un plazo y te pagaré la deuda". Pero él no quiso y se comporta si ninguna misericordia, al contrario lo encarceló hasta que pagara lo que debía. A nosotros no llega al corazón esta parábola, porque nos damos cuenta de la falta de generosidad de aquel que había recibido la benevolencia y la comprensión y luego el se la niega a un hermano.

Un rey había decidido arreglar cuentas con sus empleados, [24] y para empezar, le trajeron a uno que le debía diez mil monedas de oro. [25] Como el hombre no tenía con qué pagar, el rey ordenó que fuera vendido como esclavo, junto con su mujer, sus hijos y todo cuanto poseía, para así recobrar algo. [26] El empleado, pues, se arrojó a los pies del rey, suplicándole: «Dame un poco de tiempo, y yo te lo pagaré todo». [27] El rey se compadeció y lo dejó libre; más todavía, le perdonó la deuda. [28] Pero apenas salió el empleado de la presencia del rey, se encontró con uno de sus compañeros que le debía cien monedas. Lo agarró del cuello y casi lo ahogaba, gritándole: «Págame lo que me debes». [29] El compañero se echó a sus pies y le rogaba: «Dame un poco de tiempo, y yo te lo pagaré todo». [30] Pero el otro no aceptó, sino que lo mandó a la cárcel hasta que le pagara toda la deuda. [31] Los compañeros, testigos de esta escena, quedaron muy molestos y fueron a contárselo todo a su señor.

Es así como luego al enterarse el rey lo mandó llamar y le dijo: "¡Miserable!" e indignado, lo entregó en manos de los verdugos hasta que pagara todo lo que debía. Esa es la gran diferencia que quiere destacar Jesús y nos pone en contrastes la generosidad de Dios, que nos perdona grandes deudas, contra la mezquindad de los hombres, el cual muchas veces ni siquiera quiere perdonar pequeñísimas cosas, y no deja de se cierto la gran diferencia de nuestros pecados contra Dios y la de algunos contra nosotros que comete nuestro prójimo o nosotros contra ellos, por eso Jesús destaca que el servidor debía diez mil y a el tan solo cien.

[32] Entonces el señor lo hizo llamar y le dijo: «Siervo miserable, yo te perdoné toda la deuda cuando me lo suplicaste. [33] ¿No debías también tú tener compasión de tu compañero como yo tuve compasión de ti?» [34] Y hasta tal punto se enojó el señor, que lo puso en manos de los verdugos, hasta que pagara toda la deuda. [35] Y Jesús añadió: «Lo mismo hará mi Padre Celestial con ustedes, a no ser que cada uno perdone de corazón a su hermano».

Pero debemos tener muy en cuenta, que al final de este Evangelio, Jesús no dice “Lo mismo hará también mi Padre celestial con ustedes, si no perdonan de corazón a sus hermanos". Esta deducción es muy clara, Dios no nos perdonará, si nosotros no perdonamos. ¿Es justo esto?, lo que no es justo es que nosotros pidamos perdón, Dios nos conceda misericordia (..perdona nuestras deudas…), y nosotros no seamos capaces de perdonar (..asi como nosotros perdonamos a los que nos ofenden..)

Mateo 19

¿No han leído que el Creador al principio los hizo hombre y mujer?

[1] Después de terminar este discurso, Jesús partió de Galilea y llegó a las fronteras de Judea por la otra orilla del Jordán. [2] También allí mucha gente vino a él y los sanó. [3] Se le acercaron unos fariseos, y lo pusieron a prueba con esta pregunta: «¿Está permitido a un hombre divorciarse de su mujer por cualquier motivo?» [4] Jesús respondió: «¿No han leído que el Creador al principio los hizo hombre y mujer [5] y dijo: El hombre dejará a su padre y a su madre y se unirá con su mujer, y serán los dos una sola carne? [6] De manera que ya no son dos, sino una sola carne. Pues bien, lo que Dios ha unido, no lo separe el hombre».  

Los fariseos, que se caracterizaban por su rigor y austeridad en el cumplimiento de la letra de la ley y en la atención a los aspectos externos de los preceptos religiosos se acercaron a Jesús para ponerlo a prueba, entonces le preguntaron:"¿Es lícito al hombre divorciarse de su mujer por cualquier motivo?". Cuando hablamos de algo lícito, es porque esta permitido por la ley, pero aquí esta pregunta la orientación es, si es justo desde el punto de vista de la razón o de la moral, la pregunta es hecha de manera que no se refiera al divorcio simplemente, sino al divorcio “por cualquier causa”, queriendo obligar a Jesús a que opine sobre la disputa entre lo permitía el divorcio literalmente por cualquier razón o causa, o sólo por causa de adulterio.

Pero Jesús afirma categóricamente sobre lo indisoluble del vínculo matrimonial, revalidando la dignidad del matrimonio, rechazando la teoría del repudio, y restaura el derecho en su sentido original, sin dejar de recordar que Moisés les permitió divorciarse de su mujer, debido a la dureza del corazón, pero al principio no era así.

[7] Los fariseos le preguntaron: «Entonces, ¿por qué Moisés ordenó que se firme un certificado en el caso de divorciarse?» [8] Jesús contestó: «Moisés vio lo tercos que eran ustedes, y por eso les permitió despedir a sus mujeres, pero al principio no fue así.

El amor que nos prometemos al casarnos, es un amor para siempre, de lo contrario no estaríamos siendo honestos y sinceros, por tanto el amor tampoco seria verdadero. Como humanos, por lo general somos inconstantes, y tenemos facilidad para el cambio, en especial con el carácter de persona, y esta forma de ser voluble, es una amenaza para la permanencia del amor. Entonces la intervención de Dios en nuestra unión como esposos, es garantía de indisolubilidad de este sacramento. Esta es una obra de la creación, es obra de Dios, en la que los hombres no podemos intervenir.

Sin embargo, muchas veces concientes que la unidad y la indisolubilidad del matrimonio son dos cualidades establecidas por Dios, se le exige intervención a la Iglesia e incluso se le hace ver que es demasiado terca, firme, perseverante o excesivamente tenaz en este propósito, pero con lo que nos dice Jesús, significa que ni la misma Iglesia puede intervenir, por tanto, lo que debemos comprender que lo que esta haciendo es ser fiel a lo mandado por Dios.

Jesús quiere devolver a la ley divina, su primitivo vigor, y dice:

[9]el que se divorcia de su mujer, fuera del caso de infidelidad, y se casa con otra, comete adulterio». [10] Los discípulos le dijeron: «Si ésa es la condición del hombre que tiene mujer, es mejor no casarse».

Es cierto que muchas veces el matrimonio no es algo fácil, en otras palabras tiene su cruz y en ocasiones muy pesada, más aún si se mira como algo del cuerpo y de sus instintos, o relacionado con ellos, esto es carnal, pero si al contrario, si lo miramos con algo más de espíritu, y tomamos conciencia de que es un gran sacramento, descubriremos la riqueza del matrimonio.

Y así Jesús no aprobó la conclusión de “..no conviene casarse”, y alaba la castidad consagrada, entonces responde:"No todos entienden este lenguaje, sino sólo aquellos a quienes se les ha concedido

[11] Jesús les contestó: «No todos pueden captar lo que acaban de decir, sino aquellos que han recibido este don. [12] Hay hombres que han nacido incapacitados para el sexo. Hay otros incapacitados, que fueron mutilados por los hombres. Hay otros todavía, que se hicieron tales por el Reino de los Cielos. ¡Entienda el que pueda!»

En efecto, algunos no se casan, porque nacieron impotentes del seno de su madre; otros, porque fueron castrados por los hombres; y hay otros que decidieron no casarse a causa del Reino de los Cielos. ¡El que pueda entender, que entienda!".

Esta es una invitación a la continencia perpetua a los que quieran consagrase exclusivamente al Reino de Dios, pero este ideal no es válido para todos, sino para aquellos a los Dios llama a tal estado y que tienen una firme voluntad de guardarla. Entonces nosotros tenemos que saber cual es el estado de vida que Dios nos ha señalado en el puesto que hemos de servir, sea este el camino del matrimonio cristianos, o la soltería o la virginidad consagrada.

"Dejen a los niños, y no les impidan que vengan a mí”

[13] Entonces trajeron a Jesús algunos niños para que les impusiera las manos y rezara por ellos. Pero los discípulos los recibían muy mal. [14] Jesús les dijo: «Dejen a esos niños y no les impidan que vengan a mí: el Reino de los Cielos pertenece a los que son como ellos». [15] Jesús les impuso las manos y continuó su camino."Dejen a los niños, y no les impidan que vengan a mí, porque el Reino de los Cielos pertenece a los que son como ellos" Mt 19, 13-15

Los Judío tenían por costumbre presentar sus hijos a los rabinos, de ellos los niños recibían la bendición con imposición de las manos. Así fue, como la gente trajo sus hijos para que Jesús les impusiera las manos, pues veían en Jesús la facultad de realizar milagros o actos extraordinarios. En ese momento Jesús estaba enseñando, y los apóstoles no miraron con buenos ojos este proceder de los padres y los niños, entonces ellos reprendieron a los muchachos, quizás pensaron que molestarían al Maestro, también los niños deben haber actuado como son hasta hoy, donde ellos ven cariño, se acercan con mucha confianza.

Cuando veamos a los niños acercarse al presbiterio, dejémoslo, esa confianza que a ellos les inquieta se les confirma en el corazón, la presencia de Cristo en el altar, allí está su cuerpo y sangre en cada eucaristía, aún más invitemos a los niños al sagrario, digámosle que es el tabernáculo, enseñemos a nuestros muchachos a orar, a hacer sus plegarias frente al santísimo, acostumbremos a nuestros niños a ofrecer sus oraciones por ellos y por sus familia al Señor Sacramentado, es justo eso lo que Jesús no esta pidiendo, "Dejen a los niños, y no les impidan que vengan a mí, porque el Reino de los Cielos pertenece a los que son como ellos".

Jesús no solo quiere demostrarnos su gran amor por nuestros chicos, en los Evangelios la sencillez de corazón es reclamada con insistencia, la limpieza y la humildad e espíritu es un requisito indispensable para llegar al Reino de los Cielos y Jesús quiere que todos lleguemos, por esa razón nos invita a ser como niños, por que en ellos las virtudes no están contaminadas, siempre esta presente la docilidad, y la buena disposición.

Cuando un niño asiste a una catequesis, oye, presta atención, pregunta y lleva a su corazón lo aprendido y lo hace con sencillez, es así, como Jesús ve en los niños el prototipo de sus discípulos, igual como los niños abren sus corazón, sin contradicciones al espíritu, sin juzgar el plan Salvador de Dios, así quiere nuestra disposición a oír los Evangelios.

Fomentemos en nosotros y nuestros niños las virtudes de los infantes, inocencia, sencillez de corazón, sinceridad, credibilidad, docilidad y buena disposición, especialmente para descubrir en los Evangelios el camino para participar en la pertenencia del Reino de los Cielos.

El Joven rico

[16] Un hombre joven se le acercó y le dijo: «Maestro, ¿qué es lo bueno que debo hacer para conseguir la vida eterna?»

No podemos tratar de sorprender a Jesús con ninguna pregunta, jamás lo podemos hallar desprevenido, me refiero a algo imprevisto, incomprensible y que le cause sorpresa, por mucho que nos acerquemos con algo oculto o disimulado, o como en este caso, que parece un joven con buena intención, al menos en lo que refleja decir, pero ¿que hay en su interior?, ¿tiene fuerza lo que dice?, Jesús nada tarda en descubrirlo, en todo caso ante esta pregunta Jesús le contesta:

[17¿Por qué me preguntas sobre lo que es bueno?

En ese instante el Joven recibe un sorpresa, porque espera que Jesús le indique alguna regla, entonces Jesús le responde:

Uno solo es el Bueno. Pero si quieres entrar en la vida, cumple los mandamientos».

Pero el joven, quizás  con poca humildad frente al maestro, y quizá con algún aire de soberbia, esto porque no acepto la sabiduría de la respuesta, pregunta

[18] «¿Cuáles?»

Pero Jesús mantiene su paz en su natural forma de ser y le responde:

«No matar, no cometer adulterio, no hurtar, no levantar falso testimonio, [19] honrar al padre y a la madre y amar al prójimo como a sí mismo».

[20] El joven le dijo: «Todo esto lo he guardado, ¿qué más me falta?»

El joven dijo: "Todo esto lo he cumplido: ¿qué me queda por hacer?". Aunque parezca una respuesta sencilla e inocente de alguien que busca ser mejor, no puedo imaginarme que no halla una cierta altanería en una respuesta como esta, es algo típico de alguien orgulloso o que se cree superior o autosuficiente, y esto es porque responde casi en de forma despectiva ¿Qué me queda por hacer?, es así como Jesús que un instante puede haber puesto la mirada en un joven como un futuro discípulo, entonces le responde con algo que descoloca al Joven.

[21] Jesús le dijo: «Si quieres ser perfecto, vende todo lo que posees y reparte el dinero entre los pobres, para que tengas un tesoro en el Cielo. Después ven y sígueme». [22] Cuando el joven oyó esta respuesta, se marchó triste, porque era un gran terrateniente.

Pero pensemos también que el Joven se sintió atraído por las enseñanzas de Jesús, y buscaba la perfección al buscar algo mas que cumplir la Ley, y entonces Jesús le recuerda primeramente los mandamientos y para mejor perfección le abre el camino al desprendimiento y si lo hace, lo invita a seguirlo, en ese instante el joven no reconoce el gran beneficio de seguir a Jesús y prefiere mantener su bienes y se retira entristecido. Jesús debe haber quedado desilusionado del joven.

Cuantas veces nosotros le preguntamos al Señor, ¿Qué debo hacer?, ¿Señor, que quieres que haga?, e incluso nos atrevemos a decir, Señor, hágase tu voluntad, pero tenemos que conocer a quien nos llama y a quien nos ofrecemos, y lo conocemos abriéndole nuestro mejor espacio en el corazón, con la oración y la contemplación, porque El nos tiene ya una misión clara y especifica, ahora nos corresponde a nosotros tener claridad en nuestra respuesta y esta no puede ser causa de desilusión, es así, como para dar nuestro primer o siguiente paso, tenemos que saber que nuestras intenciones son sinceras y de corazón, y con mucho deseo de mejoramiento y perfección.

Jesús necesita muchos colaboradores, que estén dispuestos a desprenderse de de todo aquello que el nos pida, la renuncia debe ser radical, y llama a muchos jóvenes a tomar una buena decisión, Dios hace un llamado personal al hombre, y los hombres somos libres de aceptar o no ese llamado.

No hacemos una pregunta, ¿Estamos satisfecho de nosotros mismos?, ¿estamos contento con la vida que llevamos?, ¿podemos hacer algo mas?, ¿Qué estamos dispuesto hacer si Jesús nos pide algo?

Dios tiene un plan para nosotros, y espera de nosotros. Cuando nos acerquemos a Jesús, hagámoslo con sencillez, con actitud humilde, sin responderle con una pregunta y sin tratar de justificarnos, para El solo valen los resultados y la honestidad de sentimiento, las excusas, no sirven.

Es más fácil para un camello pasar por el ojo de una aguja que para un rico entrar en el Reino de los cielos

[23] Entonces Jesús dijo a sus discípulos: «En verdad les digo: el que es rico entrará muy difícilmente en el Reino de los Cielos. [24] Les aseguro: es más fácil para un camello pasar por el ojo de una aguja que para un rico entrar en el Reino de los cielos». [25] Los discípulos, al escucharlo, se quedaron asombrados. Dijeron: «Entonces, ¿quién puede salvarse?» [26] Fijando en ellos su mirada, Jesús les dijo: «Para los hombres es imposible, pero para Dios todo es posible». [27] Entonces Pedro tomó la palabra y dijo: «Ya ves que nosotros lo hemos dejado todo para seguirte. ¿Qué recibiremos?» [28] Jesús contestó: «A ustedes que me han seguido, yo les digo: cuando todo comience nuevamente, y el Hijo del Hombre se siente en su trono de gloria, ustedes también se sentarán en doce tronos, para juzgar a las doce tribus de Israel. [29] Y todo el que haya dejado casas, hermanos, hermanas, padre, madre, hijos o propiedades por causa de mi Nombre, recibirá cien veces más y tendrá por herencia la vida eterna. [30] Muchos que ahora son primeros serán últimos, y otros que ahora son últimos, serán primeros».

Si recordamos la lectura anterior de aquel joven rico que prefiere mantener sus bienes y se retira entristecido frente a la propuesta del Maestro, y por tanto decíamos que Jesús debe haber quedado desilusionado del joven, en este capitulo del Evangelio, Jesús sorprende a sus discípulos, diciéndoles "Les aseguro que difícilmente un rico entrará en el Reino de los Cielos. Sí, les repito, es más fácil que un camello pase por el ojo de una aguja, que un rico entre en el Reino de los Cielos"., y es así como le preguntan "Entonces, ¿quién podrá salvarse?"

Es bueno para nosotros hacerse esta pregunta, ¿somos capaces de renunciar a los bienes y a la familia por seguir a Cristo?. Jesús mantiene sus radicales exigencias, pero también mantiene su promesa, pero igual vemos hombres que ven como imposible desprenderse de sus riquezas, y también vemos otros que tocados por la Gracia de Dios, están dispuestos al desprendimiento.

Así es como Jesús después de la triste retirada del joven rico, aprovecha las circunstancias para dar una lección a sus discípulos y a todos nosotros. Sabemos que no se puede servir a Dios y a las Riquezas, y el poder hacerlo es un don más que un esfuerzo basado en una buena intención. En efecto en el contexto de fe, de confianza puesta en Dios, se puede dejarlo todo y seguir a Jesús. Es así, como la renuncia a los bienes y capacidad de compartirlos con los necesitados, y tener la disposición al seguimiento de Jesús, es un don de Dios, para el que todo es posible.

No significa que los ricos no puedan salvarse, sino aquellos que ponen su confianza en el dinero, difícilmente se salvarán. Peor es para aquellos que lo han obtenido a través de una vida desordenada, cometiendo injusticias, aferrados a su egoísmo, o con cualquier actitud contraria a los principios de salvación.

Pero dejar las riquezas, es una de las condiciones para seguir a Cristo, la perfección es seguirlo.

Al oír las enseñanzas de su Maestro, sobre las riquezas, los apóstoles que eran pobres y lo poco que tenían ya lo habían dejado para seguir a Jesús, le hacen ver esto y le hacen una pregunta; "Tú sabes que nosotros lo hemos dejado todo y te hemos seguido. ¿Qué nos tocará a nosotros?". Jesús, ha sido claro con respuesta, y debemos meditar sobre ella y apreciar que la recompensa es grandiosa para nosotros, “el que a causa de mi Nombre deje…”, recibirá cien veces más y obtendrá como herencia la vida eterna.

También es importante considerar que aún estamos a tiempo para tomar nuestra decisión, es así como el nos dice; “Muchos de los primeros serán los últimos, y muchos de los últimos serán los primeros". Esto es no porque hayan sido llamados antes van a merecer más que los llamados a última hora, no es el tiempo lo que vale, sino que la generosidad de la respuesta la que nos va acercar más a El, pero no basta solo comenzar, se debe perseverar, y no basta decir sí, es preciso hacerlo con generosidad.

Despeguemos el corazón de las riquezas terrenales, y acerquemos más nuestro interés en Dios, y nos aseguraremos de llegar primero al Reino.

Por comprender esto, “Gracias Señor”

p.s.donoso@vtr.net