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Caminando con Jesús Pedro Sergio Antonio Donoso Brant |
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CARTAS 1. A Catalina de Jesús, Carmelita Descalza Jesús sea en su alma, mi hija
Catalina. Aunque no sé dónde está, la quiero
escribir estos renglones, confiando se los enviará nuestra Madre, si no anda
con ella; y, si es así que no anda, consuélese conmigo, que más desterrado
estoy yo y solo por acá; que después que me tragó aquella ballena y me vomitó
en este extraño puerto, nunca más merecí verla ni a los santos de por allá.
Dios lo hizo bien; pues, en fin, es lima el desamparo, y para gran luz el
padecer tinieblas. ¡Oh, qué de cosas quisiera decir!
Mas escribo muy a oscuras, no pensando la ha de recibir; y por eso, ceso sin
acabar. Encomiéndeme a Dios. Yo no la quiero decir de por acá porque no tengo
gana. De Baeza y julio 6 de 1581. Su siervo en Cristo, Fray Juan de Sobrescrito. Es para 2. A María de Soto, en Baeza Granada, fines de marzo 1582 Jesús sea en su alma, mi hija en
Cristo. Mucha caridad recibí con su carta y
quisiera yo harto cumplir lo que en ella me dice y darla mucho contento y a
sus hermanas; mas como Dios manda de otra manera que pensamos, habrémonos de conformar con su voluntad. Ya me han hecho prior en esta casa
de Granada, y es tierra harto acomodada para servir a Dios. Su Majestad lo
hace todo por mejor. ¡Ojalá vuestra merced con sus
hermanas moraran en ella!, porque las pudiera yo en algo dar contento. Yo
espero en Dios se le ha de dar harto grande. Mire que no deje sus
confesiones, y a sus hermanas diga lo mismo. Y me encomienden todas a Dios,
que yo nunca me tengo de olvidar. No deje de acudir al padre fray
Juan, aunque más cansado ande. Y quédese con Dios y déla Su Majestad su santo
espíritu. Amén. De los Santos Mártires de Granada, y
de marzo 1582. Siervo de vuestra merced en Cristo Fray Juan de 3. A Granada, 1582 ... Pues ella no me dice, yo le digo
que no sea boba ni ande con temores que acobardan
el alma. Déle a Dios lo que le ha dado y le da cada día; que parece quiere
ella medir a Dios a la medida de su capacidad; pues no ha de ser así.
Aparéjese, que la quiere Dios hacer una gran merced. 4. A ... ¿Hasta cuándo piensa, hija, que
ha de andar en brazos ajenos? Ya deseo verla con una gran desnudez de
espíritu y tan sin arrimo de criaturas que todo el infierno no baste a
turbarla. ¿Qué lágrimas tan impertinentes son esas que derrama estos días?
¿Cuánto tiempo bueno piensa que ha perdido con esos escrúpulos? Si desea
comunicar conmigo sus trabajos, váyase a aquel espejo sin mancilla (Sab. 7, 26) del Eterno Padre (que es su Hijo), que allí
miro yo su alma cada día, y sin duda saldrá consolada y no tendrá necesidad
de mendigar a puertas de gente pobre. 5. A Sevilla, junio 1586 Jesús sea en su alma. Al tiempo que me partía de Granada a
la fundación de Córdoba, la dejé escrito de priesa;
y después acá, estando en Córdoba, recibí las cartas suyas y de esos señores
que iban a Madrid, que debieron pensar me cogerían en Ya estoy en Sevilla en la traslación
de nuestras monjas, que han comprado unas casas principalísimas, que, aunque
costaron casi catorce mil ducados, valen más de 20 mil. Ya están en ellas, y
el día de san Bernabé pone el cardenal el Santísimo Sacramento con mucha
solemnidad. Y entiendo dejar aquí otro convento de frailes antes que me vaya,
y habrá dos en Sevilla de frailes. Y de aquí a san Juan me parto a Ecija, donde con el favor de Dios fundaremos otro, y
luego a Málaga, y de allí a ¡Ojalá tuviera yo comisión para esa
fundación como la tengo para éstas, que no esperara yo muchas andulencias, mas espero en Dios que se hará y en Pesádome ha de que no se hizo luego la
escritura con los Padres de El librico
de las Canciones de Mucho se dilata esta Junta, y pésame
por amor de la entrada de doña Catalina, porque deseo dar... De Sevilla y junio año de 1586. Carísima hija en Cristo. Su siervo Fray Juan de Mire que me dé un gran recaudo al
señor Gonzalo Muñoz, que, por no cansar a Su Merced, no le escribo, y porque
Vuestra Reverencia le dirá lo que ahí digo. Sobrescrito. Para 6. A una Carmelita Descalza En viaje de Granada a Madrid, agosto
1586 ... Hija, en el vacío y sequedad de
todas las cosas ha Dios de probar los que son soldados fuertes para vencer su
batalla; que saben beber el agua en el aire sin pegar el pecho a la tierra,
como los soldados de Gedeón (Jc.
7, 57, 1623), que vencieron con barro seco y candelas encendidas dentro,
que significa la sequedad del sentido, y dentro, el espíritu bueno y
encendido. 7. A las Carmelitas Descalzas de Beas Málaga, 18 noviembre 1586 Jesús sea en sus almas, hijas mías. ¿Piensan que, aunque me ven tan
mudo, que las pierdo de vista y dejo andar echando de ver cómo con gran
facilidad pueden ser santas, y con mucho deleite y amparo seguro andar en
deleite del amado Esposo? Pues yo iré allá y verán cómo no me olvidaba, y
veremos las riquezas ganadas en el amor puro y sendas de la vida eterna y los
pasos hermosos que dan en Cristo, cuyos deleites y corona son sus esposas:
cosa digna de no andar por el suelo rodando, sino de ser tomada en las manos
de los serafines, y con reverencia y aprecio la pongan el la cabeza de su
Señor. Cuando el corazón anda en bajezas,
por el suelo rueda la corona, y cada bajeza la da con el pie; mas cuando el
hombre se allega al corazón alto que dice David (Sal. 63, 7), entonces es
Dios ensalzado con la corona de aquel corazón alto de su Esposa, con que le
coronan el día de la alegría de su corazón (Ct. 3,
11), en que tiene sus deleites cuando está con los hijos de los hombres (Pv. 8, 31). Estas aguas de deleites interiores no nacen
en la tierra; hacia el cielo se ha de abrir la boca del deseo, vacía de
cualquier otra llenura, y para que así la boca del apetito, no abreviada ni
apretada con ningún bocado de otro gusto, la tenga bien vacía y abierta hacia
aquel que dice: Abre y dilata tu boca, y yo te la henchiré (Sal. 80, 11). De manera que el que busca gusto en
alguna cosa, ya no se guarda vacío para que Dios le llene de su inefable
deleite; y así como va Dios, así se sale, porque lleva las manos embarazadas
y no puede tomar lo que Dios le daba. ¡Dios nos libre de tan malos embarazos,
que tan dulces y sabrosas libertades estorban! Sirvan a Dios, mis amadas hijas en
Cristo, siguiendo sus pisadas de mortificación en toda paciencia, en todo
silencio y en todas ganas de padecer, hechas verdugos de los contentos,
mortificándose si por ventura algo ha quedado por morir que estorbe la
resurrección interior del Espíritu, el cual more en sus almas. Amén. De Málaga y noviembre de 1586. Su siervo, Fray Juan de 8. A las Carmelitas Descalzas de Beas Granada, 22 Noviembre 1587 Jesús María sean en sus almas, hijas
mías en Cristo. Mucho me consolé con su carta;
págueselo Nuestro Señor. El no haber escrito no ha sido falta de voluntad,
porque de veras deseo su gran bien, sino parecerme que harto esta ya dicho y
escrito para obrar lo que importa; y que lo que falta, si algo falta, no es
el escribir o el hablar, que esto antes ordinariamente sobra, sino el callar
y obrar. Porque, demás de esto, el hablar distrae, y el callar y obrar recoge
y da fuerza al espíritu. Y así, luego que la persona sabe lo que le han dicho
para su aprovechamiento, ya no ha menester oír ni hablar más, sino obrarlo de
veras con silencio y cuidado, en humildad y caridad y desprecio de sí; y no
andar luego a buscar nuevas cosas, que no sirve sino de satisfacer el apetito
en lo de fuera, y aún sin poderle satisfacer, y dejar el espíritu flaco y
vacío sin virtud interior. Y de aquí es que ni lo primero ni lo postrero
aprovecha, como el que come sobre lo indigesto, que, porque el calor natural
se reparte en lo uno y en lo otro, no tiene fuerza para todo convertirlo en
sustancia, y engéndrase enfermedad. Mucho es menester, hijas mías, saber
hurtar el cuerpo del espíritu al demonio y a nuestra sensualidad, porque si
no, sin entendernos, nos hallaremos muy desaprovechados y muy ajenos de las
virtudes de Cristo, y después amaneceremos con nuestro trabajo y obra hecho
del revés, y pensando que llevábamos la lámpara encendida, parecerá muerta; porque
los soplos que a nuestro parecer dábamos para encenderla, quizá eran más para
apagarla. Digo, pues, que para que esto no sea, y para guardar al espíritu,
como he dicho, no hay mejor remedio que padecer y hacer y callar, y cerrar
los sentidos con uso e inclinación de soledad y olvido de toda criatura y de
todos los acaecimientos, aunque se hunda el mundo. Nunca por bueno ni malo
dejar de quietar su corazón con entrañas de amor, para padecer en todas las
cosas que se ofrecieren. Porque la perfección es de tan alto momento, y el
deleite del espíritu de tan rico precio, que aun todo esto quiera Dios que
baste. Porque es imposible ir aprovechando sino haciendo y padeciendo
virtuosamente, todo envuelto en silencio. Esto entendido, hijas: que el alma
que presto advierte en hablar y tratar, muy poco advertida está en Dios.
Porque, cuando lo está, luego con fuerza la tiran de dentro a callar y huir
de cualquiera conversación; porque más quiere Dios que el alma se goce con él
que con otra alguna criatura, por más aventajada que sea y por más al caso
que le haga. En las oraciones de Vuestras
Caridades me encomiendo; y tengan por cierto que, con ser mi caridad tan
poca, está tan recogida hacia allá, que no me olvido de a quien tanto debo en
el Señor. El cual sea con todos nosotros. Amén. De Granada a 22 de noviembre de
1587. Fray Juan de La mayor necesidad que tenemos es de
callar a este gran Dios con el apetito y con la lengua, cuyo lenguaje, que él
oye, sólo es el callado amor. Sobrescrito. A Ana de Jesús y las
demás Hermanas Carmelitas Descalzas del convento de Beas. 9. A Granada, 8 febrero 1588 Jesús sea en Vuestra Reverencia. No piense, hija en Cristo, que me he
dejado de doler de sus trabajos y de las que son participantes; pero
acordándome que así como Dios la llamó para que hiciese vida apostólica, que
es vida de desprecio, la lleva por el camino de ella, me consuelo. En fin, el
religioso de tal manera quiere Dios que sea religioso, que haya acabado con
todo y que todo se haya acabado para él; porque él mismo es el que quiere ser
su riqueza, consuelo y gloria deleitable. Harta merced la ha Dios hecho a
Vuestra Reverencia, porque ahora, bien olvidada de todas las cosas, podrá a
sus solas gozar bien de Dios, no se le dando nada que hagan de ella lo que
quisieren por amor de Dios, pues que no es suya, sino de Dios. Hágame saber si es cierta su partida
a Madrid y si viene De Granada, a 8 de febrero de 88. Fray Juan de 10. Al P. Ambrosio Mariano, OCD,
Prior de Madrid Segovia, 9 de noviembre 1588 Jesús sea en Vuestra Reverencia. La necesidad que hay de religiosos,
como Vuestra Reverencia sabe, según la multitud de fundaciones que hay, es
muy grande; por eso es menester que Vuestra Reverencia tenga paciencia en que
vaya de ahí el padre fray Miguel a esperar en Pastrana al P. Provincial, porque
tiene luego de acabar de fundar aquel convento de Molina. También les pareció a los Padres
convenir dar luego a Vuestra Reverencia Suprior; y así, le dieron al padre
fray Angel, por entender se conformará bien con su Prior, que es lo que más
conviene en un convento, y déles Vuestra Reverencia a cada uno sus patentes.
Y convendrá que no pierda Vuestra Reverencia cuidado en que ningún sacerdote,
ni no sacerdote, se le entremeta en tratar con los novicios; pues, como sabe
Vuestra Reverencia, no hay cosa más perniciosa que pasar por muchas manos y
que otros anden traqueando a los novicios; y, pues tiene tantos, es razón
ayudar y aliviar al padre fray Angel, y aun darle autoridad, como ahora se le
ha dado, de Suprior, para que en casa le tengan más respeto. El Padre fray Miguel parece no era
ahí mucho menester ahora, y que podrá más servir a Acerca del Padre Gracián
no se ofrece cosa de nuevo, sino que el Padre fray Antonio, está ya aquí. De Segovia y noviembre 9 de 88. Fray Juan de 11. A doña Juana de Pedraza, en
Granada Segovia, 28 enero 1589 Jesús sea en su alma. Pocos días ha la escribí por vía del
padre fray Juan en respuesta de esta suya postrera, que, según se había
esperado, fue bien estimada. Allí la respondí cómo, a mi ver, todas sus
cartas tengo recibidas, y sus lástimas y males y soledades sentidas, las
cuales me dan a mí siempre tantas voces callando, que la pluma no me declara
tanto. Todo es aldabadas y golpes en el alma para más amar, que causan más oración
y suspiros espirituales a Dios, para que él cumpla lo que el alma pide para
él. Ya le dije que no había para qué inquietarse por aquellas cosillas, sino
que haga lo que le tienen mandado, y, cuando se lo impidieren, obediencia y
avisarme, que Dios proveerá lo mejor. Los que quieren bien a Dios, él se
tiene cuidado de sus cosas, sin que ellos se soliciten por ellas. En lo del alma, lo mejor que tiene
para estar segura es no tener asidero a nada, ni apetito de nada; y tenerle
muy verdadero y entero a quien la guía conviene, porque si no ya sería no
querer guía. Y cuando basta una, y es la que conviene, todas las demás o no
hacen al caso o estorban. No se asga el alma, que, como no falte oración,
Dios tendrá cuidado de su hacienda, pues no es de otro dueño, ni lo ha de
ser. Esto por mí lo veo, que, cuanto las cosas más son mías, más tengo al
alma y corazón en ellas y mi cuidado, porque la cosa amada se hace una con el
amante; y así hace Dios con quien le ama. De donde no se puede olvidar
aquello sin olvidarse de la propia alma; y aun de la propia se olvida por la
amada, porque más vive en la amada que en sí. ¡Oh gran Dios de amor, y Señor, y
qué de riquezas vuestras ponéis en el que no ama ni gusta sino de Vos, pues a
Vos mismo le dais y hacéis una cosa por amor, y en eso le dais a gustar y
amar lo que más el alma quiere en Vos y le aprovecha! Mas,
porque conviene que no nos falte cruz como a nuestro Amado, hasta la muerte
de amor, él ordena nuestras pasiones en el amor de lo que más queremos, para
que mayores sacrificios hagamos y más valgamos. Mas
todo es breve, que todo es hasta alzar el cuchillo y luego se queda Isaac
vivo, con promesa del hijo multiplicado (Gn. 22, 118). Paciencia es menester, hija mía, en
esta pobreza, que salir bien de nuestra tierra aprovecha, y para entrar en la
vida a gozarlo bien todo, la cual es (privación) de vida. Ahora no sé cuándo será mi ida.
Bueno estoy, aunque el alma muy atrás. Encomendadme a Dios, y las cartas dé a
fray Juan o a las monjas más a menudo, cuando se pueda; y, si no fuesen tan corticas, sería mejor. De enero y Segovia, 28 de 1589. Fray Juan de 12. A una doncella de Narros del Castillo (Avila) Segovia, febrero 1589
? Jesús sea en su alma. El mensajero me
ha tomado en tiempo que no podía responder cuando él pasaba de camino, y aún
ahora está esperando. Déle Dios, hija mía, siempre su santa gracia, para que
toda en todo se emplee en su santo amor, como tiene la obligación, pues sólo
para (esto la crió y redimió). Los tres puntos que me pregunta
había mucho que decir en ellos, más que la presente brevedad y carta pide;
pero diréle otros tres, con que podrá algo
aprovechar en ellos. Acerca de los pecados, que Dios
tanto aborrece, que le obligaron a muerte, le conviene, para bien llorarlos y
no caer en ellos, tener el menos trato que pudiere con gentes, huyendo de
ellas, y nunca hablar más de lo necesario en cada cosa; porque de tratar con
las gentes más de lo que puramente es necesario y la razón pide, nunca a
ninguno, por santo que fuese, le fue bien; y con esto, guardar la ley de Dios
con grande puntualidad y amor. Acerca de la pasión del Señor,
procure el rigor de su cuerpo con discreción, el aborrecimiento de sí misma y
mortificación y no querer hacer su voluntad y gusto en nada, pues ella fue la
causa de su muerte y pasión; y lo que hiciere, todo sea por consejo de su
madre. Lo tercero, que es la gloria, para
bien pensar en ella y amarla, tenga toda la riqueza del mundo y los deleites
de ella por lodo y vanidad y cansancio, como de verdad lo es, y no estime en
nada cosa alguna, por grande y preciosa que sea, sino estar bien con Dios,
pues que todo lo mejor de acá, comparado con aquellos bienes eternos para que
somos criados, es feo y amargo y, aunque breve su amargura y fealdad, durará
para siempre en el alma del que los estimare. De su negocio yo no me olvido; mas
ahora no se puede más, que harta voluntad tengo. Encomiéndelo mucho a Dios, y
tome por abogada a nuestra Señora y San José en ello. A su madre me encomiende mucho, y
que haya ésta por suya, y entrambas me encomienden
a Dios, y a sus amigas pidan lo hagan por caridad. Dios la dé su espíritu. De Segovia y febrero 1589. Fray Juan de 13. A un religioso carmelita descalzo Segovia, 14 abril 1589
? La paz de Jesucristo sea, hijo,
siempre en su alma. La carta de Vuestra Reverencia
recibí, en que me dice los grandes deseos que le da Nuestro Señor de ocupar
su voluntad en solo él, amándole sobre todas las cosas, y pídeme que en orden
a conseguir aquesto le dé algunos avisos. Huélgome de que Dios le haya dado tan santos
deseos, y mucho más me holgaré que los ponga en ejecución. Para lo cual le
conviene advertir cómo todos los gustos, gozos y aficiones se causan siempre
en el alma mediante la voluntad y querer de las cosas que se le ofrecen como
buenas y convenientes y deleitables, por ser ellas a su parecer gustosas y
preciosas; y según las aficiones y gozos de las cosas, está el alma alterada
e inquieta. Pues para aniquilar y mortificar
estas aficiones de gustos acerca de todo lo que no es Dios, debe Vuestra
Reverencia notar que todo aquello de que se puede la voluntad gozar
distintamente es lo que es suave y deleitable, por ser ello a su parecer
gustoso; y ninguna cosa deleitable y suave en que ella pueda gozar y
deleitarse es Dios, porque, como Dios no puede caer debajo de las
aprehensiones de las demás potencias, tampoco puede caer debajo de los
apetitos y gustos de la voluntad; porque en esta vida, así como el alma no
puede gustar a Dios esencialmente, así toda la suavidad y deleite que
gustare, por subido que sea, no puede ser Dios; porque también todo lo que la
voluntad puede gustar y apetecer distintamente es cuanto lo conoce por tal o
tal objeto. Pues, como la voluntad nunca haya
gustado a Dios como es, ni conocídolo debajo de
alguna aprehensión de apetito, y, por el consiguiente, no sabe cuál sea Dios,
no lo puede saber su gusto cuál sea, ni puede su ser y apetito y gusto llegar
a saber apetecer a Dios, pues es sobre toda su capacidad; y así, está claro
que ninguna cosa distinta de cuantas puede gozar la voluntad es Dios. Y por
eso, para unirse con él se ha de vaciar y despegar de cualquier afecto
desordenado de apetito y gusto de todo lo que distintamente puede gozarse, así
de arriba como de abajo, temporal o espiritual, para que, purgada y limpia de
cualesquiera gustos, gozos y apetitos desordenados, todo ella con sus afectos
se empleen en amar a Dios. Porque, si en alguna manera la
voluntad puede comprehender a Dios y unirse con él,
no es por algún medio aprehensivo del apetito, sino por el amor; y, como el
deleite y suavidad y cualquier gusto que puede caer en la voluntad no sea
amor, síguese que ninguno de los sentimientos
sabrosos puede ser medio proporcionado para que la voluntad se una con Dios,
sino la operación de la voluntad, porque es muy distinta la operación de la
voluntad de su sentimiento: por la operación se une con Dios y se termina en
él, que es amor, y no por el sentimiento y aprehensión de su apetito, que se
asienta en el alma como fin y remate. Sólo pueden servir los sentimientos de
motivos para amar, si la voluntad quiere pasar adelante, y no más; y así, los
sentimientos sabrosos de suyo no encaminan al alma a Dios, antes la hacen
asentar en sí mismos; pero la operación de la voluntad, que es amar a Dios,
sólo en él pone el alma su aficción, gozo, gusto, y
contento y amor, dejadas atrás todas las cosas y amándole sobre todas ellas. De donde, si alguno se mueve a amar
a Dios no por la suavidad que siente, ya deja atrás esta suavidad, y pone el
amor en Dios, a quien no siente; porque, si le pusiese en la suavidad y gusto
que siente, reparando y deteniéndose en él, eso ya sería ponerle en criatura
o cosa de ella, y hacer del motivo fin y término, y, por consiguiente, la
obra de la voluntad sería viciosa; que, pues Dios es incomprehensible
e inaccesible, la voluntad no ha de poner su operación de amor, para ponerla
en Dios, en lo que ella puede tocar y aprehender en el apetito, sino en lo
que no puede comprehender ni llegar con él. Y de
esta manera queda la voluntad amando a lo cierto y de veras al gusto de la
fe, también en vacío y a oscuras de sus sentimientos sobre todos los que ella
puede sentir con el entendimiento de su inteligencia, creyendo y amando sobre
todo lo que puede entender. Y así muy insipiente sería el que,
faltándole la suavidad y deleite espiritual, pensase que por eso le falta
Dios, y, cuando le tuviese, se gozase y deleitase, pensando que por eso tenía
a Dios. Y más insipiente sería si anduviese a buscar esta suavidad en Dios y
se gozase y detuviese en ella; porque de esa manera ya no andaría a buscar a
Dios con la voluntad fundada en vacío de fe y caridad, sino el gusto y
suavidad espiritual, que es criatura, siguiendo su gusto y apetito; y así, ya
no amaría a Dios puramente sobre todas las cosas, lo cual es poner toda la
fuerza de la voluntad en él, porque, asiéndose y arrimándose en aquella
criatura con el apetito, no sube la voluntad sobre ella a Dios, que es
inaccesible; porque es cosa imposible que la voluntad pueda llegar a la
suavidad y deleite de la divina unión, ni abrazar ni sentir los dulces y
amorosos abrazos de Dios, si no es que sea en desnudez y vacío de apetito en
todo gusto particular, así de arriba como de abajo; porque esto quiso decir
David cuando dijo: Dilata os tuum, et implebo illud (Sal. 80, 11). Conviene, pues, saber, que el
apetito es la boca de la voluntad, la cual se dilata cuando con algún bocado
de algún gusto no se embaraza ni se ocupa; porque cuando el apetito se pone
en alguna cosa, en eso mismo se estrecha, pues fuera de Dios todo es
estrecho. Y así, para acertar el alma a ir a Dios y juntarse con él, ha de
tener la boca de la voluntad abierta solamente al mismo Dios, vacía y
desapropiada de todo bocado de apetito para que Dios la hincha y llene de su
amor y dulzura, y estarse con esa hambre y sed de solo Dios, sin quererse
satisfacer de otra cosa, pues a Dios aquí no le puede gustar como es; y lo
que se puede gustar (si hay apetito, digo), también lo impide. Esto enseñó
Isaías (55,1) cuando dijo: Todos los que tenéis sed, venid a las aguas, etc.;
donde convida a los que de solo Dios tienen sed a la hartura de las aguas
divinas de la unión de Dios, y no tienen plata de apetito. Mucho, pues, le conviene e importa a
Vuestra Reverencia, si quiere gozar de grande paz en su alma y llegar a la
perfección, entregar toda su voluntad a Dios, para que así se una con él, y
no ocupársela con las cosas viles y bajas de la tierra. Su Majestad le haga tan espiritual y
santo como yo deseo. De Segovia y 14 de abril. Fray Juan de 14. A Jesús sea en Vuestra Reverencia y la
haga tan santa y pobre de espíritu como tiene el deseo, y me lo alcance a mí
de Su Majestad. Ve ahí la licencia para las cuatro
novicias; mire que sean buenas para Dios. Ahora quiero responder a todas sus
dudas brevemente, que tengo poco tiempo, habiéndolas tratado primero con
estos Padres, porque el nuestro no está aquí, que anda por allá. Dios le
traiga. 1. Que no hay ya disciplina de
varillas aunque se reza de feria, porque aquesto
expiró con el rezo carmelitano, que sólo era en ciertos tiempos y tenía pocas
ferias. 2. Lo segundo, que no dé en general
licencia a todas ni a ninguna para que en recompensa de eso ni de otra cosa,
se discipline tres días en la semana. Sus particularidades, como suele, allá
se las verá. Guárdese lo común. 3. Que no se levanten comúnmente más
de mañana que manda la constitución, esto es, la comunidad. 4. Que las licencias expiran
expirando el prelado, y así ahora por ésta se la envío de nuevo para que
pueda entrar en el convento en caso de necesidad confesor, médico, barbero y
oficiales. 5. Lo quinto, que pues ahora tiene
hartos lugares vacíos, que cuando fuese necesario lo que dice se puede tratar
la duda de la hermana Aldonza. Encomiéndemela, y a
mí a Dios. Y quédese con él, que no me puedo alargar más. De Segovia y junio 7 de 1589. Fray Juan de 15. A Jesús sea en su alma, mi hija en
Cristo. Agradézcola su letra, y a Dios el haberse
querido aprovechar de ella en esa fundación, pues lo ha Su Majestad hecho
para aprovecharla más; porque, cuanto más quiere dar, tanto más hace desear,
hasta dejarnos vacíos para llenarnos de bienes. Bien pagados irán los que
ahora deja en Sevilla del amor de las Hermanas, que, por cuanto los bienes
inmensos de Dios no caben ni caen sino en corazón vacío y solitario, por eso
la quiere el Señor, porque la quiere bien, bien sola,
con gana de hacerle él toda compañía. Y será menester que Vuestra Reverencia
advierta en poner ánimo en contestarse sólo con ella, para que en ella halle
todo contento; porque, aunque el alma esté en el cielo, si no acomoda la
voluntad a quererlo, no estará contenta; y así nos acaece con Dios, aunque
siempre está Dios con nosotros, si tenemos el corazón aficionado a otra cosa,
y no solo. Bien creo sentirán las de Sevilla
allí soledad sin Vuestra Reverencia; mas por ventura había ya Vuestra
Reverencia aprovechado allí lo que esa fundación ha de ser principal; y así
Vuestra Reverencia procure ayudar mucho a A De Segovia y julio 8 de 89. Fray Juan de Sobrescrito. A 16. A Segovia, 18 julio 1589 Jesús sea en su alma. Obligadas están a responder al Señor
conforme al aplauso con que ahí las han recibido, que cierto me ha consolado
de ver la relación. Y que hayan entrado en casas tan pobres y con tantos
calores ha sido ordenación de Dios, porque hagan alguna edificación y den a
entender lo que profesan, que es Cristo desnudamente, para que las que se
movieren sepan con qué espíritu han de venir. Ahí le envío todas licencias; miren
mucho lo que reciben al principio, porque conforme a eso será lo demás. Y
miren que conserven el espíritu de pobreza y desprecio de todo, si no, sepan
que caerán en mil necesidades espirituales y temporales queriéndose
contentar con solo Dios. Y sepan que no tendrán ni sentirán más necesidades
que a las que quisieren sujetar el corazón; porque el pobre espíritu en las
menguas está más constante y alegre porque ha puesto su todo en nonada en
nada, y así halla en todo anchura de corazón.
Dichosa nada y dichoso escondrijo de corazón, que tiene tanto valor que lo
sujeta todo, no queriendo sujetar nada para sí y perdiendo cuidados por poder
arder más en amor. A todas las Hermanas de mi parte
salude en el Señor, y dígales que, pues Nuestro Señor las ha tomado por primeras
piedras, que miren cuáles deben ser, pues como en más fuertes han de fundarse
las otras; que se aprovechen de este primero espíritu que da Dios en estos
principios para tomar muy de nuevo el camino de perfección en toda humildad y
desasimiento de dentro y de fuera, no con ánimo aniñado, mas con voluntad
robusta; sigan la mortificación y penitencia, queriendo que les cueste algo
este Cristo, y no siendo como los que buscan su acomodamiento y consuelo, o
en Dios o fuera de él; sino el padecer en Dios, y fuera de él por él en
silencio y esperanza y amorosa memoria. Diga a Gabriela esto y a las suyas de
Málaga, que a las demás escribo, y déle Dios su espíritu. Amén. De Segovia y julio 18 de 1589. Fray Juan de El Padre fray Antonio y los Padres
se le encomiendan. Al Padre Prior de Guadalcázar dé
Vuestra Reverencia mis saludes. Sobrescrito. Para la madre María de
Jesús, Priora del convento de Santa Ana de Córdoba, de Descalzas Carmelitas. 17. A Segovia, 28 julio 1589 Jesús sea en su alma, mi hija en
Cristo. Holgado me he de ver sus buenas
determinaciones que muestra por su carta. Alabo a Dios que provee en todas
las cosas, porque bien las habrá menester en estos principios de fundaciones para
calores, estrechuras, pobrezas y trabajar en todo, de manera que no se
advierta si duele o no duele. Mire que en estos principios quiere Dios almas
no haraganas ni delicadas, ni menos amigas de sí; y para esto ayuda Su
Majestad más en estos principios; de manera que, con un poco de diligencia,
pueden ir adelante en toda virtud. Y ha sido grande dicha y signo de Dios
dejar otras y traerla a ella. Y, aunque más le costara lo que deja, no es
nada, que eso presto se había de dejar, así como así. Y para tener a Dios en
todo, conviene no tener en todo nada; porque el corazón, que es de uno, ¿cómo
puede ser todo de otro? A la hermana Juana, que digo lo
mismo, y que me encomiende a Dios, el cual sea en su alma. Amén. De Segovia y julio 28 de 1589. Fray Juan de 18. Al P. Nicolás de Jesús María
(Doria), Vicario General de los Carmelitas Descalzos Segovia, 21 septiembre 1589 Jesús María sean
con Vuestra Reverencia. Harto nos habemos holgado que llegase
Vuestra Reverencia bueno y que allá esté todo tan bien y el Sr. Nuncio.
Espero en Dios ha de mirar por su familia; acá están los pobres buenos y bien
avenidos; procuraré despachar presto como Vuestra Reverencia deja mandado,
aunque hasta ahora no han llegado los avenidos. Acerca del recibir en Génova sin
saber Gramática, dicen los Padres que poco importa no la saber, como ellos
entiendan el latín con la suficiencia que manda el Concilio, de manera que
sepan bien construir; y que si con sólo eso se ordenan allá, que parece los
podrán recibir. Pero que, si los Ordinarios de allá no se contentan con eso,
que no parece tienen la bastante suficiencia que manda el Concilio; y que
sería trabajo haber de traer por acá a ordenar o enseñar. Y, a la verdad, no
querrían que pasasen por acá muchos italianos. Las cartas irán al padre fray
Nicolás, como Vuestra Reverencia dice, al cual nos guarde nuestro Señor como
ve que es menester. De Segovia y septiembre 21 de 89. Fray Juan de 19. A doña Juana de Pedraza, en
Granada Segovia, 12 octubre 1589 Jesús sea en su alma y gracias a él
que me la ha dado para que, como ella dice, no me olvide de los pobres y no
como a la sombra, como ella dice, que harto me hace rabiar pensar si, como lo
dice, lo cree; harto malo sería a cabo de tantas muestras, aun cuando menos
lo merecía. No me faltaba ahora más sino olvidarla; mira cómo puede ser lo
que está en el alma, como ella está. Como ella anda en esas tinieblas y
vacíos de pobreza espiritual, piensa que todos le faltan, y todo; mas no es
maravilla, pues en eso también (le parece le falta Dios. Mas no le hace falta
nada, ni tiene ninguna necesidad de tratar nada, ni) tiene qué, ni lo sabe ni
lo hallará, que todo es sospecha sin causa. Quien no quiere otra cosa sino a
Dios, no anda en tinieblas, aunque más oscuro y pobre se vea; y quien no anda
en presunciones ni gustos propios, ni de Dios ni de las criaturas, ni hace su
voluntad propia en eso ni esotro, no tiene en qué tropezar ni qué tratar.
Buena va, déjese y huélguese. ¿Quién es ella para tener cuidado de sí? ¡Buena
se pararía! Nunca mejor estuvo que ahora, porque
nunca estuvo tan humilde ni tan sujeta, ni teniéndose en tan poco, y a todas
cosas las cosas del mundo; ni se conocía por tan mala, ni a Dios por tan bueno,
ni servía a Dios tan pura y desinteresadamente como ahora, ni se va tras las
imperfecciones de su voluntad y enterez, como quizá
solía. ¿Qué quiere? ¿Qué vida o modo de proceder se pinta ella en esta vida?
¿Qué piensa que es servir a Dios, sino no hacer males, guardando sus
mandamientos, y andar en sus cosas como pudiéremos? Como esto haya, ¿qué
necesidad hay de otras aprehensiones ni otras luces ni jugos de acá o de
allá, en que ordinariamente nunca faltan tropiezos y peligros al alma, que
con sus entenderes y apetitos se engaña y se
embelesa y sus (mismas potencias la hacen errar. Y) así es gran merced de
Dios cuando las oscurece, y empobrece al alma de manera que no pueda errar
con ellas; y como no se yerre, ¿qué hay que acertar sino ir por el camino llano
de la ley de Dios y de Alégrese y fíese de Dios, que
muestras le tiene dadas que puede muy bien, y aún lo debe hacer; y si no, no
será mucho que se enoje viéndola andar tan boba,
llevándola él por donde más la conviene, y habiéndola puesto en puesto tan
seguro. No quiera nada sino ese modo, y allane el alma, que buena está, y
comulgue como suele. El confesar, cuando hubiere cosa clara. Y no tiene que
tratar. Cuando tuviere algo, a mí me lo escribirá, y escríbame presto, y más
veces, que por vía de doña Ana podrá, cuando no pudiere por las monjas. Algo malo he estado; ya estoy bueno;
mas fray Juan Evangelista está malo. Encomiéndele a Dios y a mí, hija mía en
el Señor. De Segovia y octubre 12 de 1589. Fray Juan de Sobrescrito. A doña Juana de Pedraza,
en casa del arcediano de Granada, frontero del Colegio de los Abades. 20. A una Carmelita Descalza
escrupulosa Por Pentecostés de 1590 Jesús María. Estos días traiga empleado el
interior en deseo de la venida del Espíritu Santo, y en Si pudiere acabar con sus
escrúpulos, no confesarse estos días entiendo sería mejor para su quietud;
mas cuando lo hiciere será de esta manera: acerca de las advertencias y
pensamientos, ahora sean de juicios, ahora de objetos, o representaciones
desordenadas y otros cualesquier movimientos que acaecen, sin quererlo, ni
admitirlo el alma, y sin querer parar con advertencia de ellos, no los
confiese, ni haga caso ni cuidado de ellos, que mejor es olvidarlos, aunque
más pena den al alma; cuando mucho, podrá decir en general la omisión o
remisión que por ventura haya tenido acerca de la pureza y perfección que
debe tener en las potencias interiores: memoria, entendimiento y voluntad.
Acerca de las palabras, la demasía y poco recato que hubiese tenido en hablar
con verdad y rectitud, y necesidad y pureza de intención. Acerca del obrar,
la falta que puede haber del recto y solitario fin, sin respeto alguno, que
es solo Dios. Y confesando de esta manera, puede
quedar satisfecha, sin confesar nada de esotro en particular, aunque más
guerra la haga. Comulgará esta Pascua, demás de los días que suele. Cuando se le ofreciere algún
sinsabor y disgusto, acuérdese de Cristo crucificado, y calle. Viva en fe y esperanza, aunque sea a
oscuras, que en esas tinieblas ampara Dios al alma. Arroje el cuidado suyo en Dios, que
él le tiene; ni la olvidará. No piense que la deja sola, que sería hacerle
agravio. Lea, ore, alégrese en Dios, su bien
y salud, El cual se lo dé y conserve todo hasta el día de la eternidad. Amén. Amén. Fray Juan de 21. A Madrid, 20 junio 1590 Jesús sea en su alma, mi hija en
Cristo. La causa de no haber escrito en todo
ese tiempo que dice, más es haber estado tan a trasmano, como es Segovia, que
poca voluntad, porque ésta siempre se es una misma, y espero en Dios lo será.
De sus males me he compadecido. De lo temporal de esa casa no querría
que tuviese tanto cuidado, porque se irá Dios olvidando de ella y vendrán a
tener mucha necesidad temporal y espiritualmente, porque nuestra solicitud es
la que nos necesita. Arroje, hija, en Dios su cuidado, y él la criará (Sal.
54, 23); que el que da y quiere dar lo más, no puede faltar en lo menos. Cate
que no la falte el deseo de que le falte y ser pobre, porque en esa misma
hora le faltará el espíritu e irá aflojando en las virtudes. Y, si antes
deseaba pobreza, ahora que es prelada la ha de desear y amar mucho más;
porque la casa más la ha de gobernar y proveer con virtudes y deseos vivos
del cielo que con cuidados y trazas de lo temporal y de tierra; pues nos dice
el Señor que ni de comida ni vestido del día de mañana nos acordemos (Mt. 6,
3134). Lo que ha de hacer es procurar traer
su alma y las de sus monjas en toda perfección y religión unidas con Dios,
olvidadas de toda criatura y respecto de ella, hechas todas en Dios y alegres
con solo él, que yo le aseguro todo lo demás; que pensar que ahora ya las
casas la darán algo, estando en un tan buen lugar como ése y recibiendo tan
buenas monjas, téngolo por dificultoso; aunque, si
viere algún portillo por dónde, no dejaré de hacer lo que pudiere. A De Madrid y junio 20 de 1590. Fray Juan de Presto me volveré a Segovia, a lo
que creo. 22. A Madrid, junio/julio 1590 Jesús sea en su alma, mi hija en
Cristo. Con su carta me compadecí de su pena
y pésame la tenga por el daño que le pueda hacer al espíritu y aun a la
salud; pues sepa que no me parece a mí tiene tanta causa para tenerla como
ésa, porque a nuestro Padre yo no le veo con ningún género de desgracia con
ella, ni aun memoria de tal cosa; y aunque la haya tenido, ya con su
arrepentimiento se le habrá mitigado, y si todavía tuviese algo, yo tendré
cuidado de hablar bien; ninguna pena tenga ni haga caso, que no hay de qué. Y
así, yo entiendo cierto que es tentación traérselo el demonio a la memoria,
para que lo que ha de ocupar en Dios ocupe en eso. Tenga ánimo, mi hija, y dése mucho a la oración, olvidando eso y esotro, que, al
fin, no tenemos otro bien ni arraigo ni consuelo sino éste, que después que
lo habemos dejado todo por Dios, es justo que no anhelemos arrimo ni consuelo
en cosa sino de él, y aún es gran misericordia... nos le tener, porque nos qu... con él y no se le dé nada qu...
del alma, todo se lo bu... suelo; y pensando ella qu... su Majestad estará sa...
como no estemos en desg... por más que sea no es.. lo haré. De Madrid y ju. Sobrescrito. A la madre Leonor de
San Gabriel, Supriora en las carmelitas descalzas de Córdoba. 23. A una dirigida espiritual Ha visto, hija, qué bueno es no
tener dineros que nos hurten y alboroten, y que los tesoros del alma también
estén escondidos y en paz, que aún no lo sepamos ni alcancemos de vista por
nosotros mismos, porque no hay peor ladrón que el de dentro de casa. Dios nos libre de nosotros. Dénos lo
que él se agradare y nunca nos lo muestre hasta que él quiera. Y, en fin, el
que atesora por amor, para otro atesora, y es bueno que él se lo guarde y
goce, pues todo es para él; y nosotros, ni verlo de los ojos, ni gozarlo,
porque no desfloremos a Dios el gusto que tiene en la humildad y desnudez de
nuestro corazón y desprecio de las cosas del siglo por él. Harto descubierto tesoro es y de
gran gozo ver que el alma ande a darle gusto al descubierto, no haciendo caso
de los bobos del mundo, que no saben guardar nada
para después. Las misas se dirán, y yo iré de
buena gana, si no me avisaren. Dios la guarde. Fray Juan de 24. Al P. Luis de san Angelo, OCD, en Andalucía Segovia, 15891590
? ... Si en algún tiempo alguno le
persuadiere, sea prelado u otro cualquiera, alguna doctrina de anchura,
aunque la confirme con milagros, no la crea ni abrace; sino más penitencia y
más desasimiento de todas las cosas; y no busque a Cristo sin Cruz. Fray Juan de 25. A Madrid 6 Julio 1591 Jesús sea en su alma. El haberme escrito la agradezco
mucho, y me obliga a mucho más de lo que yo me estaba. De no haber sucedido
las cosas como ella deseaba, antes debe consolarse y dar muchas gracias a
Dios, pues, habiendo Su Majestad ordenádolo así, es
lo que a todos más nos conviene; sólo resta aplicar a ello la voluntad, para
que, así como es verdad, nos lo parezca; porque las cosas que no dan gusto,
por buenas y convenientes que sean, parecen malas y adversas, y ésta vese bien que no lo es, ni para mí ni para ninguno: pues
que para mí es muy próspera, por cuanto con la libertad y descargo de almas
puedo, si quiero, mediante el divino favor, gozar de la paz, de la soledad y
del fruto deleitable del olvido de sí, y de todas las cosas; y a los demás
también les está bien tenerme aparte, pues así estarán libres de las faltas
que habían de hacer a cuenta de mi miseria. Lo que la ruego, hija, es que ruegue
al Señor que de todas maneras me lleve esta merced adelante, porque todavía
temo si me han de hacer ir ahí a Segovia y no dejarme tan libre del todo,
aunque yo haré lo que pudiere por librarme también de esto. Mas, si no
pudiere ser, tampoco se habrá librado Ahora entre tanto que Dios nos le da
en el cielo, entreténgase ejercitando las virtudes de mortificación y
paciencia, deseando hacerse en el padecer algo semejante a este gran Dios
nuestro, humillado y crucificado; pues que esta vida, si no es para imitarle,
no es buena. Su Majestad la conserve y aumente en
su amor, amén, como santa amada suya. De Madrid y julio 6 de 1591. Fray Juan de Sobrescrito. A la madre Ana de
Jesús, Carmelita descalza en Segovia. 26. A Madrid, 6 julio 1591 ... De lo que a mí toca, hija, no le
dé pena, que ninguna a mí me da. De lo que la tengo muy grande es de que se eche culpa a quien no la tiene; porque estas
cosas no las hacen los hombres, sino Dios, que sabe lo que nos conviene y las
ordena para nuestro bien. No piense otra cosa sino que todo lo ordena Dios. Y
adonde no hay amor, ponga amor, y sacará amor... 27. A Segovia, mediados de 1591 Jesús sea en su alma, hija mía en
Cristo. Yo le agradezco que me envía a llamar determinada y claramente, porque así no
tendrán lugar para hacérmelo dilatar mis perplejidades; y así hacerlo he
cierto mañana, aunque no estuviera tan bueno. Y por eso, no más de que me
pesa de las enfermas y me da contento el buen ánimo de Vuestra Reverencia, a
la cual Nuestro Señor haga morar en sí, porque no le hagan impresión las
boberías que siempre nacen. Fray Juan de Sobrescrito. A 28. A doña Ana del Mercado y
Peñalosa, en Granada Jesús sea en su alma. Aunque tengo escrito por vía de
Baeza del suceso de mi camino, me he holgado que pasen estos dos criados del
señor don Francisco por escribir estos renglones, que serán más ciertos. Allí decía cómo me había querido
quedar en este desierto de Esta mañana habemos ya venido de
coger nuestros garbanzos, y así, las mañanas. Otro día los trillaremos. Es
lindo manosear estas criaturas mudas, mejor que no ser manoseadas de las
vivas. Dios me lo lleve adelante. Ruégeselo, mi
hija. Mas, con darme tanto contento, no dejaré de ir cuando ella quisiere. Tenga cuidado del alma, y no ande
confesando escrúpulos, ni primeros movimientos, ni advertencias de cosas
cuando el alma no quiere detenerse en ellas; y mire por la salud corporal, y
no falte a la oración cuando se pudiere tener. Ya dije en la otra (aunque primero
llegará esta), que por la vía de Baeza me puede escribir, porque hay correo,
encaminando las cartas a los Padres Descalzos de allí; que ya tengo allí
avisado me las envíen. Al señor don Luis y a mi hija Doña
Inés mis recados. Déla Dios su espíritu, amén, como yo deseo. De Fray Juan de 29. A una dirigida espiritual Dios nos dé recta intención en todas
las cosas y no admitir pecado a sabiendas, que, siendo así, aunque la batería
sea grande y de muchas maneras, segura irá, y todo se volverá en corona. Dé mis saludes a su hermana, y a
Isabel de Soria un gran recaudo en el Señor, y que me he maravillado cómo no
está en Jaén, habiendo allá monasterio. El Señor sea en su alma, hija en
Cristo. De Fray Juan de 30. A ... Ya sabe, hija, los trabajos que
ahora se padecen. Dios lo permite para prueba de sus escogidos. En silencio y
esperanza será nuestra fortaleza (Is. 30, 15). Dios la guarde y haga santa. Encomiéndeme a Dios. 31. A doña Ana del Mercado y Peñalosa,
en Granada Jesús sea en su alma, mi hija en
Cristo. Yo recibí aquí en Heme holgado mucho que el señor don
Luis sea ya sacerdote del señor. Ello sea por muchos años, y su Majestad le
cumpla los deseos de su alma. ¡Oh, qué buen estado era ése para dejar ya
cuidados y enriquecer apriesa el alma con él! Déle
el parabién de mi parte, que no me atrevo a pedirle que algún día, cuando
esté en el sacrificio, se acuerde de mí; que yo, como el deudor, lo haré
siempre; porque, aunque yo sea desacordado, por ser él tan conjunto a su hermana,
a quien yo siempre tengo en mi memoria, no me podré dejar de acordar de él. A mi hija Doña Inés dé mis muchas
saludes en el Señor y entrambas le ruegen que sea servido de disponerme para llevarme
consigo. Ahora no me acuerdo más que
escribir, y por amor de la calentura también lo dejo, que bien me quisiera
alargar. De Fray Juan de No me escribe nada del pleito, si
anda o está. 32. Al P. Juan de santa Ana, OCD, en
Málaga Ubeda, finales de 1591 ... Hijo, no le dé pena eso, porque
el hábito no me lo pueden quitar sino por incorregible o inobediente, y yo
estoy muy aparejado para enmendarme de todo lo que hubiere herrado y para
obedecer en cualquiera penitencia que me dieren. 33. A una religiosa Carmelita
Descalza, en Segovia Ubeda, finales de 1591 ... Ame mucho a los que la
contradicen y no la aman, porque en eso se engendra amor en el pecho donde no
le hay; como hace Dios con nosotros, que nos ama para que le amemos mediante
el amor que nos tiene. |
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