LA LITURGIA, CELEBRACION DE LA PALABRA

Autor: Pedro Sergio Antonio Donoso Brant

 

EL PRIMER AMBON PARA LEER LA PALABRA DE DIOS

Nehemías 8, Esdras, lee al pueblo el libro de la ley

“todo el pueblo se congregó como un solo hombre en la plaza que está delante de la puerta del Agua. Dijeron al escriba Esdras que trajera el libro de la Ley de Moisés que Yahvé había prescrito a Israel. Trajo el sacerdote Esdras la Ley ante la asamblea, integrada por hombres, mujeres y todos los que tenían uso de razón. Era el día uno del mes séptimo. Leyó una parte en la plaza que está delante de la puerta del Agua, desde el alba hasta el mediodía, en presencia de los hombres, las mujeres y todos los que tenían uso de razón; y los oídos del pueblo estaban atentos al libro de la Ley. El escriba Esdras estaba de pie sobre un estrado de madera levantado para esta ocasión; junto a él estaban: a su derecha, Matitías, Semá, Anaías, Urías, Jilquías y Maaseías, y a su izquierda, Pedaías, Misael, Malkías, Jasum, Jasbaddaná, Zacarías y Mesullam. Esdras abrió el libro a los ojos de todo el pueblo - pues estaba más alto que todo el pueblo - y al abrirlo, el pueblo entero se puso en pie. Esdras bendijo a Yahvé, el Dios grande; y todo el pueblo, alzando las manos, respondió: “¡Amén! ¡Amén!”; E inclinándose se postraron ante Yahvé, rostro en tierra. (Josué, Baní, Serebías, Yamín, Aqcub, Sabtay, Hodiyías, Maaseías, Quelitá, Azarías, Yozabad, Janán, Pelaías, que eran levitas, explicaban la Ley al pueblo que seguía en pie.)  Y Esdras leyó en el libro de la Ley de Dios, aclarando e interpretando el sentido, para que comprendieran la lectura.” (Nehemías  8)

En este relato del Libro de Nehemías, se describe un acto inaugural de la comunidad de Israel, tras la vuelta del Exilio. Es el comienzo de una nueva etapa, una fase con una presencia mas destacada de Dios en medio de su pueblo a través de la Palabra. El relato nos cuenta que todos fueron convocados, “asamblea, integrada por hombres, mujeres y todos los que tenían uso de razón”, importante y profético día.

Se destaca en esta lectura, “El escriba Esdras estaba de pie sobre un estrado de madera levantado para esta ocasión”, que se construyó un estrado, es decir, un púlpito, un Ambón, para leer la Palabra de Dios.  Escena grandiosa que describe en sus rasgos esenciales y que redondean los versos siguientes. Delante de la puerta se extendía una plaza, en la cual se apiñaron hombres, mujeres y jóvenes para escuchar la lectura de la Ley de Moisés. Desde el ambón dominaba Esdras a la multitud. A su derecha e izquierda se sentaron trece hombres, probablemente sacerdotes, que garantizaban con su presencia la verdad de cuanto leía Esdras.

La lectura duraba unas seis horas, desde el amanecer hasta el mediodía. Dice el relato: “Y Esdras leyó en el libro de la Ley de Dios, aclarando e interpretando el sentido, para que comprendieran la lectura” Es una lectura continua, traduciendo varios rollos en hebraico, ya que el pueblo solo sabía solamente el arameo. El texto sugiere que se leían secciones particulares, puntos aislados, predominantemente legislativos; no se excluye, sin embargo, la lectura continua de los pasajes históricos. Esdras, de pie, tomó el rollo de la Ley y, desenvolviéndolo para empezar la lectura, vio cómo toda la multitud se ponía de pie en señal de respeto. Se empieza el acto con una oración de alabanza a Yahvé. Durante la misma alzó el pueblo las manos en señal de aprobación, respondiendo: “Amén,” postrándose en tierra para adorar a Yahvé.

Imaginemos la escena por un instante, los hombres están frente a la Palabra de Dios, Esdras bendijo a Dios grande y todo el pueblo, alzando las manos, respondió: ¡Amén! ¡Amén!; e inclinándose se postraron ante Dios, rostro en tierra. Siempre que el hombre entra en contacto con la Palabra de Dios y al sentir que EL se hace presente, le toca y le penetra. Es el perfume de la Santidad de Dios que se hace presente para hincharnos el corazón y motivarnos a inclinarnos ante EL.

Este relato, nos muestra un ejemplo de celebración de la Palabra de Dios, donde todo el pueblo esta participando del culto y así es, como si este acto es repetido siempre, como en aquel tiempo que se hacia los sábados, la gente puede gozar de la continuidad de la fe, en grandes pueblo, en pequeñas aldeas o agrupados bajo algún techo o en el exterior.

JESUCRISTO ENSEÑA Y LEE EN LA SINAGOGAS

Nuestro Señor Jesucristo, practicó esta forma de lectura y enseñanza: “Esto lo dijo enseñando en la sinagoga, en Cafarnaúm.” (Jn 6, 59),   “Bajó a Cafarnaúm, ciudad de Galilea, y los sábados les enseñaba. Quedaban asombrados de su doctrina, porque hablaba con autoridad.” (Lc 4,32), “Llegan a Cafarnaúm. Al llegar el sábado entró en la sinagoga y se puso a enseñar.”  (Mc 1,21),

Jesus iba enseñando en sus sinagogas, alabado por todos. Vino a Nazará, donde se había criado y, según su costumbre, entró en la sinagoga el día de sábado, y se levantó para hacer la lectura. Le entregaron el volumen del profeta Isaías y desenrollando el volumen, halló el pasaje donde estaba escrito: “El Espíritu del Señor sobre mí, porque me ha ungido para anunciar a los pobres la Buena Nueva,  (Lc 4, 15-18). Jesus, se esta refiriendo en ese momento al “hoy se cumple”, y a pesar de que la lectura de Isaías tenia muchos años, El Señor las proclamaba con mucha actualidad y la gente se quedo asombrada, esto es algo que debiera ocurrirnos a nosotros siempre al oír la Palabra.

“Hoy se cumple”, la profecía se hace realidad en Jesucristo, y en la Iglesia siempre hay un hoy, como pueblo sacerdotal y misionera que se constituye en un lugar diario para proclamar la Palabra, actualizada y enseñada. Esto porque tiene el Espíritu que la motiva, a Jesucristo presente en la Palabra y la Eucaristía. En efecto, en cuanto un texto es leído, inmediatamente está Jesús explicando su sentido allí en nuestro corazón.

COMO LEER LA PALABRA

¿Y como leer la Palabra?, orándola, acogiéndola, preparado técnicamente, para que sea bien leída y entendida,  y espiritualmente para que se haga con el corazón, y si es así, Jesucristo se hace presente. El comentario, es importante, pero menos que la oración, la disposición y la acogida, porque con la presencia de Cristo, El la anuncia, y la explica.

Si la Palabra, se lee o se recibe si preparación, como si se acoge sin fe, sin amor, no conforta, ni anima ni se vivifica, al contrario, es como palabra muerta.

La Liturgia, ocupa un lugar de privilegio para recibir la Palabra, en especial porque allí las Escrituras se transforman en Palabra, haciéndose viva y eficaz,  porque Cristo esta presente. En la asamblea Litúrgica, el Señor se hacer oír.  Un buen ejemplo de espiritualidad en la Lectura, esta la costumbre de la Iglesia Ortodoxa, que al proclamar el santo Evangelio, levanta el libro y exclama: “Estad atentos a la sabiduría de Dios”.

LOS MENSAJEROS DE LA PALABRA

San Pablo nos dice que es a los apóstoles, a quienes Dios revela de modo particular sus secretos para que los anuncien a los fieles: “Y nosotros no hemos recibido el espíritu del mundo, sino el Espíritu que viene de Dios, para conocer las gracias que Dios nos ha otorgado, de las cuales también hablamos, no con palabras aprendidas de sabiduría humana, sino aprendidas del Espíritu, expresando realidades espirituales”. (1 Corintios  2,13). Parece que San Pablo cuando habla de la “sabiduría humana”, se refiere al modo de sentir propio de los mundanos, en contraposición al modo de sentir que tienen los que reciben el “Espíritu que viene de Dios

También San Pablo, se detiene a considerar la hermosa obra de los mensajeros del Evangelio, que son los que hacen llegar hasta nosotros la palabra de Cristo y ponen la base a nuestra fe. Estos mensajeros del Evangelio han cumplido su oficio, pero desgraciadamente no todos han aceptado su predicación.

“Por tanto, la fe viene de la predicación, y la predicación, por la Palabra de Cristo. Y pregunto yo: ¿Es que no han oído? ¡Cierto que sí! Por toda la tierra se ha difundido su voz y hasta los confines de la tierra sus palabras.”  (Romanos 10, 17-18)

San Pablo, aunque sigue hablando en general, está pensando evidentemente en la incredulidad judía hacia un Mesías paciente y humilde, para volver a insistir en la importancia de la predicación en orden a la fe, predicación que, en el caso presente, tiene su origen o punto de partida en la palabra misma o mensaje revelado por Cristo

Dice San Pablo: “Finalmente, hermanos, orad por nosotros para que la Palabra del Señor siga propagándose y adquiriendo gloria, como entre vosotros, y para que nos veamos libres de los hombres perversos y malignos; porque la fe no es de todos. (2 Tesalonicenses 3)

APRENDER A CONOCER Y OIR LA PALABRA

En todo caso, debe conocerse la Palabra para comprenderla mejor, y conocerla en profundidad, leída y orada una y otra vez. Y los que están a cargo de predicar la Palabra, debe procurara educar a los fieles que escuchan, debe familiarizar a los que oyen con las Sagradas Escrituras.

Y los que escuchamos la Palabra, tenemos que aprender cada vez más a oírla continuamente,  y hacerle espacio al corazón para atesorarla y luego meditarla o permitir su contemplación. De este modo, podemos hacer una vida espiritual fortalecida, ya que seria débil o inexistente si no nos alimentamos a diario de la Palabra.

Y como comenta Juan Crisóstomo, al regresar de la Liturgia, a la casa, junto con toda la familia, repetir nuevamente juntos la Palabra oída en la Misa, y ser capaces de preparar dos platos, el de la comida y el de la Palabra, y al repetir lo oído en la Iglesia, es decir: “Haced de vuestra casa una Iglesia”

Cuando escuchamos la Palabra, le oímos a EL, y cuado oramos, le hablamos a EL

El Señor les Bendiga

Pedro Sergio Antonio Donoso Brant

 

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Fuentes de inspiración de esta reflexión: Reflexión Nehemías 8 y 9- Sagrada Biblia de Jerusalén,  Biblia de Nacar-Colunga,  Orar la Palabra de E. Bianchi (Edit. Monte Carmelo)

 

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