Caminando con Jesús

Pedro Sergio Antonio Donoso Brant

 

TERESA NOS HABLA DE LA ORACION

PREPARADO POR PEDRO SERGIO ANTONIO DONOSO BRANT

TEXTO DE SANTA TERESA DE JESUS

COMENTARIOS DE JESUS MARTI BALLESTER

TERESA DE JESUS NOS HABLA HOY

SUMA ANTOLOGICA

 

 

PRIMERA PARTE:

TERESA NOS HABLA DE LA ORACION

119 SENTENCIA ESCOGIDAS DE LOS TEXTOS DE SANTA TERESA

SEGUNDA PARTE:

COMENTARIOS DE JESUS MARTI BALLESTER

1.     LA ORACION, ACTO ELICITO DE LA VIRTUD DE RELIGION

2.     LA ORACION EN EL ANTIGUO TESTAMENTO

3.     EL MAESTRO DE ORACIÓN POR EXCELENCIA ES JESÚS.

4.     LA VIRTUD DE LA JUSTICIA CON LA ORACIÓN

5.     CLASES DE ORACION

6.     LA PALABRA DE DIOS

7.     PODER Y DERECHO DE HABLAR CON DIOS

8.     SOMOS INDIGENTES

9.     UN DIOS A NUESTRA IMAGEN

10.                        CRISIS DE LA CULTURA

11.                        SIN DIOS NO HAY MANDAMIENTOS

12.                        SE FALLA DESDE LA PROPIA IGLESIA (CARDENAL ROUCO)

13.                        ¿SALVACIÓN DEL ALMA O DEL CUERPO?

14.                        DE LOS LABIOS DE SU MADRE

15.                        LA VOLUNTAD DEL PADRE    

16.                        JESUS ORANTE POR EXCELENCIA

17.                        ¡”ORAD”!

18.                        RAPTO, FUEGO, LLAMA         

19.                        LA LLAMA DE TERESITA

 

TERCERA PARTE:

TERESA NOS HABLA DE LA ORACION CONTEMPLATIVA O CON CARISMAS MISTICOS

16 SENTENCIA ESCOGIDAS DE LOS TEXTOS DE SANTA TERESA

 

CUARTA PARTE:

COMENTARIOS DE JESUS MARTI BALLESTER

ORACION CON CARISMAS MISTICOS           

SIGLAS

 

PRIMERA PARTE

TERESA NOS HABLA DE: LA ORACION

 

1.         Comenzó el Señor a concederme tantos regalos desde los principios de este camino, que ya al término de mi estancia en esta soledad de casi nueve meses, me concedía oración de quietud y alguna vez, hasta de unión, aunque yo ignoraba lo que era una y otra y lo muy preciosas que eran; haberlo entendido creo que me hubiera hecho un gran bien.

Duraba tan poco la oración de unión, que no se si llegaba al tiempo de una Avemaría; mas quedaba con unos efectos tan grandes que, aunque no tenía veinte años, me parece que traía el mundo bajo los pies, y recuerdo que tenía lástima a los que vivían para el mundo, aunque fuese en cosas lícitas (V 4, 7).

Procuraba todo lo que podía traer a Jesucristo, nuestro Bien y Señor, presente dentro de mí, y ésta era mi manera de oración.

Si pensaba en algún misterio de la Pasión, lo representaba en mi interior; aunque la mayor parte del tiempo lo empleaba en leer, lo que era mi mayor recreo; porque no me dio Dios talento para discurrir con el entendimiento, ni de aprovecharme de la imaginación, que la tengo tan torpe, que nunca conseguía representar en mí la Humanidad del Señor.

Y aunque no ejercitando la inteligencia se llega más pronto a contemplación si perseveran, es muy duro y penoso; porque si la voluntad no se ejercita en amar algo presente, se queda el alma sin arrimo y vacía y le dan grandísima guerra los pensamientos (V 4, 7).

2.         Las personas que tienen esta psicología necesitan mayor limpieza de conciencia que las que pueden discurrir con el entendimiento. Porque quien reflexiona lo que es el mundo y lo que debe a Dios y lo mucho que sufrió y lo poco que le sirve y lo poco que da el mundo a quien le ama, saca doctrina para defenderse de los pensamientos y de las ocasiones y peligros. Quien no se puede aprovechar de esto, tiene mayor peligro de distraerse y conviene que lea mucho, ya que él por si solo no puede reflexionar (V 4, 8).

3.         Es tan penosísima esta forma de orar, que si el maestro que le enseña le exige que no lea y le hace estar mucho rato en la oración sin la ayuda del libro, será imposible que persevere mucho tiempo en la oración y le dañará la salud si porfía, pues es cosa muy penosa (V 4, 8).

4.         Ahora me parece que fue providencial que yo no encontrase quien me enseñase, porque si me hubiera exigido hacer oración sin libro, no hubiera podido perseverar dieciocho años que sufrí este tormento con grandes sequedades por no poder discurrir (V 4, 9).

5.         En todo este tiempo, sólo después de comulgar me atrevía a ir a la oración sin libro. Tanto temía mi alma estar sin libro en la oración, como si con mucha gente fuese a pelear. Con este remedio, que era como una compañía o escudo donde había de recibir los golpes de los muchos pensamientos, andaba consolada (V 4, 9).

6.         La sequedad no era constante, mas siempre me sobrevenía cuando no tenía libro, pues mi alma se inquietaba y me asaltaban los pensamientos desbocados; con el libro los comenzaba a recoger y como por halago conducía el alma. Muchas veces leía un poco, otras, mucho, según la gracia que el Señor que concedía (V 4, 9).

7.         Cuando comencé este camino me parecía que teniendo libros y pudiendo estar sola, no tenía peligro de dejar tanto bien como es la oración (V 4, 9).

8.         Como quería tanto a mi padre, le deseaba el bien que yo tenía con hacer oración, que me parecía que en esta vida no podía ser mayor. Con rodeos y como pude comencé a procurar con él que hiciese. Le dí libros para que la hiciera. Como era tan virtuoso, se cimentó tan bien en él este ejercicio, que en cinco o seis años adelantó tanto, que yo alababa mucho al Señor y me daba grandísimo consuelo (V 7, 10).

9.         Ya después que yo andaba tan distraída y sin hacer oración, como veía que él pensaba que yo era la que solía, no lo pude sufrir sin desengañarle; porque estuve un año y más sin tener oración, pareciéndome más humildad. Y ésta, como después diré, fue la mayor tentación que tuve, que por ella me iba a acabar de perder; pues con la oración, un día ofendía a Dios y tornaba después a recogerme y a apartarme más de la ocasión (V 7, 11).

10.     En la misma enfermedad y en las ocasiones se hace la verdadera oración, cuando es alma que ama, ofreciendo aquello y acordándose del Señor por quien lo sufre, y conformándose con ello, y mil cosas que se ofrecen. Aquí ejercita el amor, que no es indispensable tener tiempo de soledad para que se haga oración (V 7, 12).

11.    Con un poquito de cuidado grandes bienes se encuentran cuando con trabajos el Señor nos quita el tiempo de la oración V 7, 12).

12.    No sólo procuré que hiciese oración mi padre sino también algunas otras personas. Aun metida yo en estas vanidades, como las veía amigas de rezar, les decía el modo de hacer meditación y les ayudaba y les daba libros; porque tenía deseo de que otros sirviesen a Dios desde que comencé a hacer oración (V 7, 13).

13.    Este padre dominico con quien me confesé me hizo harto provecho y se empeñó en hacer bien a mi alma con tacto y haciéndome ver la perdición que traía. Hacíame comulgar de quince en quince días; y poco a poco, comenzándole a tratar, le hablé de mi oración. Me dijo que no la dejase, que de ninguna manera me podía hacer más que provecho. Comencé a tornar a ella, aunque no a apartarme de las ocasiones, y nunca más la dejé (V 7, 17).

14.    Pasaba una vida trabajosísima, porque en la oración entendía más mis faltas: Por una parte me llamaba Dios; por otra yo seguía al mundo. Dábanme gran contento todas las cosas de Dios; teníanme atada las del mundo (V 7, 17).

15.    En la oración pasaba gran trabajo, porque no andaba el espíritu señor, sino esclavo;  y así no me podía encerrar dentro de mí...sin encerrar conmigo mil vanidades (V 7, 17).

16.    Pasé muchos años... Bien se que dejar la oración no estaba ya en mi mano, porque me tenía con las suyas el que quería para hacerme mayores mercedes (V 7, 17).

17.    Por estar arrimada a esta fuerte columna de la oración pasé este mar tempestuoso casi veinte años con estas caídas. Y con levantarme y mal, pues tornaba a caer, y en vida tan baja de perfección, que casi no hacía caso de los pecados veniales y, aunque temía los mortales, no como debía, pues no me apartaba de los peligros, sé que es una de las vidas penosas que me parece se puede imaginar; pues ni yo gozaba de Dios ni me llenaba el mundo. Cuando estaba en los contentos del mundo y me acordaba de Dios, tenía pena; cuando estaba con Dios, las aficiones del mundo me desasosegaban. Ello es una guerra tan penosa, que no sé cómo un mes la pude sufrir, cuánto más tantos años (V 8, 2).

18.    El bien que tiene quien se ejercita en la oración, hay muchos santos y personas que lo han escrito; me refiero a la oración mental, ¡gloria a Dios por ello! Y aunque así no fuera, aunque soy poco humilde, no tan soberbia que osara hablar de esto (V 8, 5).

19.    Por muchos pecados que haga quien ha comenzado a hacer oración, no la deje, pues la oración es el remedio para tornarse a remediar y sin oración será mucho más difícil. Y no se deje tentar por el demonio como a mí me tentó, para dejarla por humildad (V 8, 5).

20.    Crea que no pueden fallar las palabras de Dios que, en cuanto nos arrepentimos de veras y nos determinamos a no ofenderle, se reanuda la amistad con él y hace las mercedes que antes hacía, y a veces muchas más, si el arrepentimiento lo merce. Y quien no la ha comenzado, por amor del Señor le ruego yo que no carezca de tanto bien (V 8, 5).

21.    No es otra cosa oración mental, a mi parecer, sino tratar de amistad estando muchas veces tratando a solas con quien sabemos nos ama (V 8, 5).

22.    Para que el amor sea verdadero y dure la amistad, se han de encontrar las condiciones: las del Señor, ya se sabe que no pueden tener falta; la nuestra es viciosa, sensual, ingrata. Si tú aún no le amas, no puedes conseguir amarle porque no es de tu manera de ser. Mas viendo lo mucho que te va en tener su amistad y lo mucho que te ama, pasarás por esta pena de estar mucho con  quien es tan diferente de tí (V 8, 5).

23.    ¡Cuán cierto es que sufrís Vos a quien soporta que estéis con él! ¡Oh, qué buen amigo hacéis, Señor mío! ¡Cómo le vais regalando y sufriendo, y esperáis a que se haga de vuestro estilo, y mientras tanto le sufrís el suyo! ¡Tomáis en cuenta, mi Señor, los ratos que os quiere, y con un punto de arrepentimiento olvidáis lo que os ha ofendido!

24.    He visto esto claro en mí misma y no entiendo, Creador mío, por qué todo el mundo no se decide a acercarse a Vos mediante esta particular amistad: los malos, que no son como Vos, para que los hagáis buenos, con tal de que sufran que estéis con ellos al menos dos horas cada día, aunque ellos no estén con Vos sino con mil revueltas y cuidados y pensamientos de mundo, como yo hacía (V 8, 6).

25.    No entiendo lo que temen los que temen comenzar a hacer oración mental ni sé de qué tienen miedo (V 8, 7).

26.    Esta fue toda mi oración y ha sido cuando anduve en estos peligros, y aquí era el pensar cuando podía; y muchas veces, algunos años, tenía más cuenta y deseaba que se acabase la hora y escuchar cuando sonaba el reloj, que en pensar en otras cosas buenas; y hartas veces no sé qué penitencia grave hubiera hecho de mejor gana que recogerme a hacer oración (V 8, 7).

27.    Pues si a cosa tan ruín como yo tanto tiempo sufrió el Señor y por aquí se remediaron todos mis males, ¿qué persona, por mala que sea, podrá temer?... ¿Ni quién podrá desconfiar, pues a mí tanto me sufrió, sólo porque deseaba y procuraba algún lugar y tiempo para que estuviese conmigo, y esto muchas veces sin ganas, a fuerza de vencerme o de forzarme el mismo Señor?

Si, pues a los que no le sirven, sino que le ofenden, les va tan bien la oración y les es tan necesaria, y nadie puede de ella esperar daño que no sea mayor el no hacerla, los que sirven a Dios y le quieren servir, ¿por qué la ha de dejar? (V 8, 8).

28.    Por cierto, si no es para pasar con más trabajo los trabajos de la vida, yo no lo puedo entender, y para cerrar a Dios la puerta para que no les de alegría en la oración.

29.    Cierto, les tengo lástima, porque a su costa sirven a Dios; porque a los que hacen oración el mismo Señor corre con el gasto de los trabajos, pues por un poco de trabajo, les da gusto para que con él se pasen los trabajos (V 8, 8).

30.    Para las mercedes tan grandes que me ha hecho a mí es la puerta la oración; cerrada ésta, no sé cómo las hará; porque aunque quiera entrar a regalarse con un alma y regalarla no hay por dónde, que la quiere sola y limpia y con gana de recibir los regalos. Si le ponemos muchos tropiezos y no ponemos nada para quitarlos, ¿cómo ha de venir a nosotros? ¡Y queremos que nos haga Dios grandes mercedes! (V 8, 9).

Hacía la oración de esto modo: como no podía discurrir con el entendimiento, intentaba representarme a Cristo dentro de mí y me encontraba mejor, creo, en los lugares donde le veía más solo. Me parecía que estando solo y afligido, como persona necesitada de compañía, me admitiría a mí. De estas simplicidades tenía muchas.

31.    En especial me hallaba muy bien en la oración del Huerto; allí era mi acompañarle; si podía pensaba en aquel sudor y aflicción que allí había tenido; deseaba limpiarle aquel tan penoso sudor, mas recuerdo que jamás osaba determinarme a hacerlo, porque se me representaban mis pecados tan graves; estaba allí con él todo el tiempo que me dejaban los pensamientos, porque eran muchos los que me atormentaban (V 9, 4).

32.    Parece que lo que otros con gran trabajo procuran adquirir, granjeaba el Señor conmigo que yo lo quisiese recibir, que era darme ya, en estos últimos años, gustos y regalos. Jamás me atreví yo a suplicarle me los diese, ni ternura de devoción; sólo le pedía que me diese gracia para que no le ofendiese y me perdonase mis grandes pecados. Como los veía grandes, nunca osaba desear, dándome cuenta, ni gustos ni regalos. Harto me parece hacía su piedad, y en verdad hacía mucha misericordia conmigo, consintiendo que estuviera con él y atrayéndome a su presencia, que yo veía que, si tanto él no la procurara, yo no viniera (V 9, 9).

33.    Si el que comienza, se esfuerza con el favor de Dios a llegar a la cumbre de la perfección, creo que jamás va solo al cielo; siempre lleva mucha gente consigo y, como a buen capitán, le da Dios quien vaya en su compañía (V 11, 4; CN 1).

34.    El que comienza a hacer oración, ha de pensar que comienza a hacer un huerto para que se deleite el Señor, en tierra muy infructuosa, que tiene muy malas hierbas. Su Majestad arranca las malas hierbas y ha de plantar las buenas.

Pues hagamos cuenta que el huerto ya está hecho cuando un alma se determina a hacer oración. Y con la ayuda de Dios hemos de procurar, como buenos hortelanos, que crezcan estas plantas y hemos de tener cuidado de regarlas para que no se sequen, sino que lleguen a dar flores que den de sí gran olor para dar recreación a este Señor nuestro, y así venga a deleitarse muchas veces a esta huerta y a gozar entre estas virtudes (V 11, 6; CN 1).

35.    Creo que se puede regar el huerto de cuatro maneras: sacando agua de un pozo que supone un gran trabajo de nuestra parte; con noria y arcaduces, que se saca con un torno;...es menor trabajo que el anterior y se saca más agua; de un río o arroyo; así se riega mejor, pues queda más harta la tierra de agua y no es menester regar tan a menudo, y exige menor esfuerzo del hortelano;  lloviendo mucho, que lo riega el Señor sin ningún trabajo nuestro; este modo es mejor que todos los anteriores (V 11, 7; CN 1).

36.    Los que comienzan a hacer oración son los que sacan el agua del pozo, que lo hacen con mucho trabajo de su parte, pues se han de cansar en recoger los sentidos, y como están acostumbrados a ir dispersos, les cuesta mucho recogerse. Es necesario que se vayan acostumbrando a que no les importe ver ni oir... durante las horas de la oración, buscando la soledad para en ella pensar en su vida pasada...

Al principio les aflige pensar en los pecados de su vida porque no acaban de entender que se arrepienten de ellos; y sí lo hacen, pues se determinan a servir a Dios tan de veras. Han de meditar la vida de Cristo y el entendimiento se cansa de esto. Esto lo podemos hacer nosotros...

Esto es comenzar a sacar agua del pozo, y quiera Dios que tenga agua. Por lo menos no queda por nosotros, que ya vamos a sacarla y hacemos lo que podemos para regar estas flores (V11, 910; CN 1).

37.    ¿Qué hará en la sequedad el hortelano? Alegrarse y consolarse y tener por grandísima merced poder trabajar en el huerto de tan gran Emperador. Y pues sabe que le contenta en aquello y su intención no ha de ser contentarse a sí sino a él, alábele mucho por la confianza que tiene en él, pues ve que sin pagarle nada, tiene tan gran cuidado de lo que le encomendó. Tiempo vendrá en que se lo pague todo junto. No tenga miedo de perder el trabajo. A buen amo sirve. Mirándole está (V 11, 11; CN 1).

38.    A los que pueden discurrir, no se les vaya el tiempo en esto; porque aunque es muy meritorio, les parece que como es oración sabrosa, no ha de haber día de domingo, ni rato que no sea trabajar; les parece que pierden el tiempo si no razonan, y tengo yo por muy ganada esta pérdida.

En vez de discurrir tanto, represéntense delante de Cristo y sin cansancio del entendimiento, se estén hablando y regalando con él, sin cansarse en componer razones, sino presentándole necesidades y la razón que tiene para no soportarnos allí: una cosa durante un tiempo y la otra en otro, para que no se canse el alma de comer siempre el mismo manjar. Estos son muy gustosos y provechosos si el paladar se acostumbra a comerlos; traen consigo gran alimento para dar vida al alma y muchas ganancias (V 13, 11; CN 3).

39.    Ocupe el entendimiento en que mire que le mira, y acompáñele y háblele y pídale y humíllese y regálese con él y recuerde que no merece estar allí. Cuando pueda hacer esto, aunque sea al principio de la oración, hallará grande provecho, y causa muchos provechos este modo de oración; al menos los halló mi alma (V 13, 22; CN 3).

40.    Digamos el segundo modo de sacar el agua con un torno y arcaduces para que el hortelano saque con menos trabajo más agua y, sin necesidad de trabajar continuamente, pueda descansar. Este grado se llama oración de quietud (V 14, 1; CN 4).

41.    Aquí se comienza a recoger el alma, toca ya aquí cosa sobrenatural que, por muchos esfuerzos que haga el alma, no puede conseguir.

Es verdad que durante algún tiempo se ha cansado dándole al torno y trabajando con el entendimiento y que se han llenado los arcaduces; mas aquí el agua está más alta y por eso se trabaja mucho menos que sacándola del pozo. Digo que el agua está más cerca porque la gracia se da más claramente a conocer al alma (V 14, 2; CN 4).

42.    La oración de quietud es un recogerse las potencias dentro de sí para gozar de aquel contento con más gusto; mas no quedan suspendidas ni absortas; sola la voluntad está ocupada de tal manera que, sin saber cómo, queda cautivada consintiendo que la encarcele Dios, como quien sabe que es cautiva de quien ama (V 14, 2; CN 4).

43.    Las otras dos potencias, memoria y entendimiento, ayudan a la voluntad para que se vaya haciendo capaz de gozar tanto bien, aunque algunas veces, aún estando unida la voluntad con Dios, las potencias pueden estorbarla un poco; mas entonces no hay que hacer caso de ellas, sino quedarse en su gozo y quietud; porque si las quiere recoger, el alma y las potencias perderán, pues entonces son como palomas que no se contentan con el cebo que les da el dueño del palomar sin trabajo de ellas y van a buscar de comer por otros lugares, y lo hallan tan malo que se vuelven; y así la memoria y el entendimiento van y vienen a ver si la voluntad les participa algo de lo que ella goza en su Dios. (V 14, 3; CN 4).

44.    Todo lo que pasa aquí es con grandísimo consuelo y con tan poco trabajo que no cansa la oración, aunque dure mucho rato; porque el entendimiento obra aquí muy lentamente y saca mucha más agua que la que sacaba del pozo; las lágrimas que aquí Dios da ya van con gozo; aunque se sienten, no se provocan.

Esta agua de grandes bienes y mercedes que el Señor da aquí, hace crecer las virtudes muchísimo más sin comparación que en la oración anterior (V 14, 4; CN 4).

La tercera agua con que se riega esta huerta es agua corriente de río o de fuente. Se riega con mucho menos trabajo, sólo el de encaminar el agua.

Quiere aquí el Señor ayudar al hortelano tanto que casi él es el hortelano y el que lo hace todo. Es un sueño de potencias en el que ni del todo se pierden ni entienden cómo obran. El gusto, suavidad y deleite es mayor sin comparación que el de la oración anterior, porque llega el agua de la gracia a la garganta de esta alma, y ni puede seguir adelante, ni sabe cómo, ni puede volver atrás; quisiera gozar de grandísima gloria.

45.    Es como uno que está, con la candela en la mano, que le falta poco para morir muerte que la desea, gozando en aquella agonía con el mayor deleite que se puede decir. Es un morir casi total a todas las cosas del mundo y gozar de Dios (V 16, 1; CN 6).

46.    En la cuarta agua ya no actúan los sentidos, sino que se nada en gozo sin entender lo que se goza. Se da cuenta el hombre de que está gozando de un bien que abarca todos los bienes, mas no comprende este bien. Todos los sentidos se gozan en este gozo, de modo que ninguno puede actuar en otra cosa exterior ni interior.

En los otros grados de oración se les permite a los sentidos dar muestras del gran gozo que sienten; en el cuarto grado goza más el alma sin comparación y no se puede manifestar porque ni queda poder en el cuerpo ni el alma lo puede comunicar (V 18, 1; CN 8).

47.    Esta agua que viene del cielo para empapar y hartar con su abundancia todo este huerto de agua, si el Señor la diera siempre que fuera necesaria, ya se ve el descanso que tendría el hortelano. Y si no hubiera invierno y el tiempo fuera siempre templado, nunca faltarían flores y frutos; ya se ve qué deleite tendría el hortelano; mas, mientras vivimos eso es imposible; siempre ha de haber cuidado de procurar un agua cuando falte otra (V 18, 9; CN 9).

48.    Esta agua del cielo viene muchas veces cuando más descuidado está el hortelano. Es verdad que al principio casi siempre llueve después de larga oración mental. Cumplidos los tres grados de oración, viene el Señor a tomar esta avecita y ponerla en el nido para que descanse.... ¡Y qué gran premio, que basta un momento para que queden pagados todos los trabajos pasados! (V 18, 9; CN 8)

49.    Que no desmaye nadie de los que han comenzado a hacer oración diciendo: "Si vuelvo a caer, es peor seguir haciendo oración". Yo así lo creo si se deja la oración y no se corrige; mas si no la deja, crea que el Señor la sacará a puerto de luz (V 19, 4; CN 9).

50.    Me dio mucha guerra el demonio con esto, y sufrí tanto, porque me parecía poca humildad hacer oración siendo tan ruín, y la dejé año y medio, lo que fue ni más ni menos, meterme yo misma en el infierno, sin necesidad de demonios que me empujasen (V 19, 5; CN 9).

51.    Prefiero oración joven con efectos muy grandes (pues no se puede dejar todo sin un amor muy fuerte), que oración de muchos años que nunca consiguió decisión radical por Dios ni el primer año ni el último. Sólo consiguió unas cositas menudas como sal sin peso ni entidad, que un pájaro puede llevarse en el pico... (V 39, 13).

52.    Dice nuestra primera regla que oremos sin cesar. Si se hace esto con todo el cuidado que podemos, no se dejarán de cumplir los ayunos y disciplinas y silencio que manda la Orden; porque ya sabéis que para que la oración sea verdadera se ha de fortalecer con esto, pues regalo y oración no se compadece (C 4, 2).

53.    Yo aconsejo a todos que hagan meditación aunque no tengan virtudes porque es principio para alcanzar todas las virtudes y cosa en que nos va la vida comenzarla a todos los cristianos, y ninguno por perdido que esté debía de dejar de hacer (C 16, 3).

54.    Yo estuve más de catorce años sin poder hacer ni siquiera meditación, si no la hacía apoyándome en la lectura. Habrá muchas personas que les ocurrirá lo mismo, y otras que aunque hagan lectura no podrán meditar, sino sólo rezar vocalmente y en esto se detendrán más (C 17, 3).

55.    Por eso, hermanas, oración mental, y la que no pueda mental, oración vocal y lectura y diálogo con Dios. No deje de hacer la oración como todas; no sabe cuándo llamará el Esposo, no os suceda como a las vírgenes necias (C 18, 4).

56.    A quien Dios quiere dar contemplación, Su Majestad lo hará fuerte (C 18, 10).

57.    Y siempre es bueno fundamentar vuestra oración sobre las oraciones pronunciadas por la boca del Señor. En eso tienen razón, que si no estuviera ya nuestra flaqueza tan flaca y nuestra devoción tan tibia, no sería necesaria otra clase de oraciones, ni serían necesarios otros libros (C 21, 3).

58.    Yo no digo ahora que la oración haya de ser mental o vocal para todos; a vosotras os digo que una y otra vais a necesitar: este es el oficio de los religiosos. A quien os diga que en la oración hay peligro, tenedle a él por el mismo peligro y huid de él (C 21, 7)

59.    Peligro será no tener humildad y las otras virtudes; pero que el camino de la oración sea camino peligroso, nunca permita Dios que lo sea. El demonio parece que ha inventado meter estos miedos, y ha sido muy ladino haciendo caer a algunos que parecía que hacían oración (C 21, 7).

60.    Y mirad en qué ceguedad vive el mundo, que no miran los muchos millares que han caído en herejías sin tener oración, sino distracción y si el demonio, para hacer mejor su negocio, entre la multitud de los herejes ha hecho caer a algunos, bien contados, que hacían oración, ha utilizado esto para infundir en algunos un miedo enorme hacia la práctica de la virtud (C 21, 8).

61.    Los que dejan la oración para librarse de los peligros, tengan cuidado; porque huyen del bien para librarse del mal. Nunca he visto tan mala invención; claramente se ve que es del demonio. ¡Oh, Señor mío!, defendeos...(C 21, 8).

62.    Sabed, hijas, que la oración mental no consiste en tener la boca cerrada. Si mientras estoy hablando me estoy dando perfecta cuenta y viendo que hablo con Dios con mayor atención que pongo en las palabras que digo, eso es a la vez oración vocal y mental (C 22, 1).

63.    ¿Qué es esto, cristianos? Los que decís que no es necesaria la oración mental, os entendéis? Yo quisiera dar voces y disputar, siendo la que soy, con los que dicen que no es necesaria la oración mental. Ciertamente, creo que no os entendéis, y por eso queréis que desatinemos todos: ni sabéis lo que es oración mental, ni cómo se ha de hacer la vocal, ni lo que es contemplación, porque si lo supierais, no condenaríais por un lado lo que alabáis por otro (C 22, 2).

64.    Yo siempre que me de cuenta, escribiré juntas oración mental y vocal, para que no os espanten, hijas; que yo se en qué paran estas cosas, pues he tenido que sufrir no poco por esta causa y por eso no quisiera que nadie os desasosegara, porque es muy perjudicial ir con miedo por este camino.

65.    Es muy importante que sepáis que vais bien, porque cuando a un caminante le dicen que va errado, le hacen ir de un cabo a otro, y todo lo que anda buscando por dónde ha de ir, se cansa y pierde el tiempo y llega más tarde (C 22, 3).

66.    ¿Quién puede decir que es malo que cuando comenzamos a rezar la Liturgia de las Horas o el rosario, se piense con quién vamos a hablar y quiénes somos los que hablamos, para acertar en el modo de tratar a Dios o a la Virgen o a los santos? Pues si hiciéramos bien lo que hay que hacer, que es tomar conciencia de estos dos datos, dedicarías mucho tiempo a la oración mental, antes de comenzar a rezar la oración vocal (C 22, 3).

67.    Para rezar vocalmente como es debido, ya sabéis que enseña Su Majestad que sea a solas; pues así lo hacía él siempre que oraba... Esto bien sabido es, pues no es compatible hablar con Dios y con el mundo a la vez, que eso es lo que se pretende cuando se reza mientras se está escuchando lo que están hablando, o cuando se reza dejando que el pensamiento divague en lo que se le va ocurriendo, sin cortar los pensamientos (C 24, 4).

68.    Hay temporadas de mal humor, cuando se está deprimido o se tiene debilidad cerebral en las que queriendo pensar no se puede; y hay días en los que Dios permite grandes tempestades para mayor bien de sus siervos; entonces, aunque se afligen e intentan relajarse, no pueden ni están en lo que dicen por mucho que se esfuercen ni pueden mantener la atención y están alterados y nerviosos como si tuvieran frenesí (C 24, 4).

69.    En la pena que les producen estas situaciones, comprenderán que no es culpa de ellos, no se fatiguen pues, que es peor, ni se cansen queriendo que discurra el entendimiento cuando no puede razonar, sino rece entonces como pueda, o incluso no rece, sino como una persona enferma, procure dar alivio a su alma y dedíquese a otra obra de virtud (C 24, 5).

70.    Lo que nosotros podemos hacer es procurar estar solos..., a fin de que nos demos cuenta de con quién estamos y de lo que responde el Señor a nuestras peticiones. ¿Pensáis que está callado? Aunque no le oímos, bien que habla al corazón cuando le pedimos de corazón (C 24, 5).

71.    Y bueno será que consideremos que esta oración nos la enseñó a cada una de nosotras y que nos la está enseñando, pues nunca está el Maestro tan lejos del discípulo que sea necesario gritar, sino que está muy cerca. Esto... es lo que os conviene para rezar bien el Padrenuestro; que no os separéis de junto al Maestro que os lo enseñó (C 24, 5).

72.    Diréis que esto ya es meditación y que vosotras no podéis meditar, y que tan sólo queréis rezar vocalmente; porque también hay personas poco pacientes y amigas de no hacer ningún esfuerzo que, como no tienen costumbre, les cuesta al principio recoger el pensamiento; y por no cansarse un poco, dicen que no pueden más y que no lo saben hacer y sólo quieren rezar vocalmente.

Tenéis razón cuando decís que eso ya es oración mental; mas yo os digo con seguridad que yo no se separar la oración mental de la vocal...

Yo lo he probado algunas veces, y no encuentro medio mejor que poner el pensamiento en aquél a quien dirijo las palabras. Por eso, tened paciencia y acostumbraos a cosa tan necesaria. Porque esto es necesario para ser monjas, y aun para rezar como buenos cristianos (C 24, 6).

73.    Y para que no creáis que se saca poca ganancia de rezar vocalmente con perfección, os digo que es muy posible que mientras rezáis el Padrenuestro u otra oración vocal, os ponga el Señor en contemplación perfecta; que así es cómo demuestra Su Majestad que oye al que habla y le habla su grandeza, suspendiéndole el entendimiento y cogiéndole la imaginación y quitándole la palabra de la boca, de modo que le cueste mucho esfuerzo hablar (C 25, 1).

74.     Entiende que sin ruído de palabras le está enseñando el Maestro divino, suspendiendo la actividad de las potencias que si actuaran, más que ayudar, dañarían; entonces gozan sin entender cómo gozan; está el alma abrasándose en amor, y no sabe cómo ama; conoce que goza porque está amando, y no sabe cómo goza; bien que se da cuenta de que es un gozo que el entendimiento no alcanza a desearlo; mas lo goza la voluntad sin saber cómo, y cuando puede comprender un poco, ve que este bien no se puede merecer con todos los trabajos de la tierra juntos. Es don gratuito del Señor de cielos y tierra, que, en fin, da como quien es. Esta es contemplación perfecta (C 25, 2).

75.    Ahora entenderéis la diferencia que hay de la contemplación a la oración mental, que consiste en pensar y entender lo que decimos y con quién hablamos, y quiénes somos los que osamos hablar con tan gran Señor. Pensar esto y otras cosas semejantes sobre lo poco que hemos hecho por él y lo mucho que le debemos, es oración mental; no penséis que es otra algarabía, ni os espante el nombre de oración mental (C 25, 3).

76.    Rezar el Padrenuestro y el Avemaría y otras oraciones es oración vocal. Pues mirad qué mala música hará la oración vocal sin la mental (C 25, 3).

77.    En la oración vocal y la mental o meditación, podemos hacer algo nosotros, con el favor de Dios; en la contemplación no podemos nada: es Su Majestad el que lo hace todo, pues es obra suya sobrenatural (C 25, 3).

78.    Representaos al mismo Señor junto a vos y mirad con cuánto amor y humildad os está enseñando; y mientras podáis no estéis sin tan buen amigo. Si os acostumbráis a traerle junto a vos y él ve que lo hacéis con amor y que andáis procurando contentarle, no podréis apartarlo de vos; lo tendréis con vos en todas partes: ¿pensáis que es gracia pequeña tener tal amigo al lado? (C 26, 1).

79.    Las que no podéis discurrir con el entendimiento ni podéis pensar sin distraeros; ¡acostumbraos, acostumbraos! Mirad que yo se que esto lo podéis hacer, porque yo he pasado durante muchos años este trabajo de no poder sosegar el pensamiento y se que es muy duro; mas se que no nos deja el Señor tan desiertos sin acompañarnos, si se lo pedimos con humildad; y si no podemos adquirir esta costumbre en un año, que nos cueste más: no nos duela gastar el tiempo en una trabajo en que tan bien se emplea. ¿Quién nos acosa? Yo os aseguro que se puede adquirir esta costumbre y que se puede trabajar a fin de caminar al lado de este Maestro verdadero (C 26, 2).

80.    Sólo os pido que le miréis. Pues ¡quién os impide volver los ojos del alma, aunque sea rápidamente si no podéis deteneros más, a este gran Señor? podéis mirar cosas muy feas, ¿y no vais a poder mirar la cosa más hermosa que se puede imaginar? Pues nunca aparta vuestro Esposo sus ojos de vosotras..., ¿es mucho pediros que apartando los ojos de las cosas exteriores, le miréis algunas veces a él? Mirad que no está esperando otra cosa, como dice a la esposa en los Cantares, más que le miremos. Cuando queráis le encontraréis. Desea tanto que le miremos que no quedará por él (C 26, 3).

81.    Este modo de rezar aunque sea vocalmente recoge la mente más pronto y es oración que trae muchos bienes. Se llama oración de recogimiento porque el alma recoge todas sus potencias y entra dentro de sí con su Dios, y su divino Maestro viene a enseñarla y a darle oración de quietud más pronto que por otros métodos. Porque metida allí consigo misma puede pensar en la Pasión e imaginar allí al Hijo y ofrecerlo al Padre sin necesidad de cansar el entendimiento buscándole en el monte Calvario y en el Huerto y atado a la Columna (C 28, 4).

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