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I. LAS BIENAVENTURANZAS
Y EL PREMIO DEL REINO DE LOS CIELOS
Del Evangelio
de Nuestro Señor Jesucristo según San Mateo: 1-12a
Jesús, al ver toda
aquella muchedumbre, subió al monte. Se sentó y sus discípulos se reunieron
a su alrededor. Entonces comenzó a hablar y les enseñaba diciendo:
«Felices los que tienen el espíritu del
pobre, porque de ellos es el Reino de los Cielos.
Este término
“Pobre”, designa a los hombres que no poseen tierras u otros bienes en el
sentido material. Como sabemos, no porque alguien nos cuente, sino porque
somos sensibles y vemos, es gente sin apoyo ni influencia social. Ahí en
esa calificación están por lo general las gentes explotadas y humilladas.
Aunque no es éste el exclusivo aspecto que tiene aquí esta palabra. La
frase del evangelio dice “espíritu del pobre”. Pero por esta afinidad de conceptos se
hacen sinónimos en el paralelismo poético, y se interpretan indistintamente
también, por las palabras correspondientes al “pobre” o al “humillado”.
Pero también es
cierto, que a la gente pobre, se le reconoce como la persona que confía en
Dios, Ellos son los que se aproximan primero, ellos además conocen muy de
cerca el concepto de la piedad. De este modo, el pobre, humilde y muchas
veces humillado por su pobreza, se enriquece en su pobreza con la fe en
Dios y su constante necesidad de pedir auxilio.
Dios siempre ha
visto con mucho afecto y agrado al que ha vivido en la pobreza material,
aceptada libremente y no considerada como un castigo. Así es como Jesús, a
los pobres no les promete un simple premio, sino que el mejor de todos, un
premio que no es un bien temporal, esto es el Reino de los Cielos.
Se equivocan
los que creen que el Reino ya les pertenece, más aún, se equivocan los que
piensan que es patrimonio exclusivo del rico, del que se auto considera
sabio, poderoso, influyente o cercano materialmente a alguna institución
religiosa, mucha veces considerado por ellos como algo bueno, nadie entra
en el reino por derecho propio, en otras palabras, solo Dios sabe quien
tiene meritos para entrar. Si la pobreza esta situada, está en el plan de
Dios, El prepara, meritoria y agradadamente
el ingreso de los pobres en el Reino.
El premio que
tendrán los que tienen “el espíritu del pobre” es que de ellos “es” el
Reino. “Porque a ellos les pertenece”
“Felices los que lloran, porque
recibirán consuelo.”
Lloramos porque
nos invade una amargura muy
profunda. Es el “llanto” de la vida, producto de las tristezas, desgracias y dolores. Este es el llanto que hacemos
ante Dios Padre e Hijo. Jesús abre al “dolor” una perspectiva distinta,
este nos es considerado como castigo a los
pecados, es un dolor que
tiene una misión de purificación y mérito. El que llora ante Dios, no esta
abandonado y tiene como premio la
“consolación.”
Los que lloran
recibirán un gran consuelo. Todos buscamos y deseamos ser consolados, pero
no todos encontramos consuelo en esta vida, pero Jesús nos da esperanza y
nos promete con seguridad que lo tendremos, ¿Cuándo? En el momento que nos
acercamos íntimamente al Señor, por que en El encontramos la verdadera
esperanza, que es la confiada espera que Dios concede de los bienes
prometidos. Jesús vino a consolar a los tristes y vino a enseñarnos un
norma de vida, quien siga el camino por El trazado, a pesar de su tristeza
que podemos llevar por las distintitas situaciones de esta vida que mucha
veces no es fácil para nosotros, recibirá finalmente el consuelo de su amor
abriéndole las Puertas del Reino de los Cielos, allí donde no habrá mas
llantos.
Felices los que
lloran porque recibirán consuelo, esta es una esperanza, virtud que
capacita al hombre para tener confianza y plena certeza de que va a
conseguir la vida eterna apoyada en el auxilio omnipotente de Dios
“Felices los pacientes, porque
recibirán la tierra en herencia.”
La paciencia,
es la mansedumbre, es la capacidad para sufrir o soportar las penas y los
infortunios sin perturbarse, es también la capacidad para hacer trabajos
minuciosos o pesados, es calma y tranquilidad cuando se espera algo que se
desea. Ser manso, es ser también dulce de corazón, es el que sabe llevar su
suerte con resignación y paz, es decir con
“mansedumbre.”
La “mansedumbre”
es la carencia de violencia, resignación, es también benevolencia y
compasión. Pero, además, es esencialmente
modestia, teniendo una afinidad particular con la humildad, de una
parte, y con la benignidad o compasión, de otra. El paciente es bueno y
enemigo de la ira vengativa, como del orgullo extremo.
Para los
pacientes, los mansos, también Dios les tiene el gran premio, es así como
si sabemos ser pacientes y benevolente hacia los demás, el premio será la
“tierra en herencia”, esta retribución, es la tierra prometida, la tierra
ideal, esa está en el Reino de los Cielos. Lo más bello, es que esta
herencia prometida, no hace coherederos con Jesucristo, es decir estaremos
reunidos y en su compañía.
Felices los
pacientes, felices los mansos de corazón, felices los suaves y dócil en el
trato con los demás, feliz el que es tranquilo y apacible con su hermano,
porque recibirán la herencia de Dios.
“Felices los que tienen hambre y sed de
justicia, porque serán saciados.”
Jesús se refiere
al hambre como el deseo intenso y a la sed como esa necesidad de satisfacer
ese deseo de Justicia. Hablamos de justicia, cuando nos inclinamos a dar y
reconocer a cada uno lo que le corresponde, sin dejarse llevar de
favoritismos, es decir tratar a las personas como les corresponde por sus
propios méritos y condiciones.
Su sentido
entonces, es felices los que ansían grandemente la justicia. Nada está más
cerca de esta bienaventuranza que lo que dice Jesucristo en este mismo
sermón: “Buscad el reino y su justicia” (Mt 6:33). Esta justicia
yuxtapuesta al concepto del Reino es todo lo que hace al hombre justo,
porque es el cumplimiento de la voluntad divina. Es aquella de la que dijo
Jesús: “Si vuestra justicia no supera a la de los escribas y fariseos, no
entraréis en el reino de los cielos” (Mt 5:20). Es la justicia que dispone
a incorporarse al reino, o, dentro de él, progresar en el mismo. “El tema
evocado por la expresión y el contexto del sermón no nos orienta hacia la
idea de una justicia que Dios hace, sino más bien hacia aquella justicia
que se esfuerza uno en adquirir a los ojos de Dios, cumpliendo su
voluntad.” Por tanto el sentido de la justicia, es del tipo moral hecha del
conjunto de obras cristianas y el premio no es la de un el cumplimiento
material de la Ley.
La metáfora del
hambre, no desvirtúa su contenido, en efecto, no es el “hambre” material. La palabra
hambre, hecha metáfora, es espiritualizada, es desear el cumplimiento de la
voluntad, ”justicia” de Dios en
nosotros, en la que, como parte, queda incluida esa primitiva formulación
escueta del “hambriento,” que lleva, religiosamente, su situación. El
premio asignado es ser saciados, es
decir completamente satisfechos por el Señor.
“Felices los compasivos, porque
obtendrán misericordia.”
El compasivo,
es aquel que se muestra comprensivo ante la miseria y sufrimiento ajeno o
de su prójimo, es aquel que de verdad tiene sentimiento de pena y lástima
por la desgracia o por el sufrimiento de sus hermanos, la misericordia, es
el atributo de Dios por el cual perdona y remedia los pecados y miserias de
las personas.
El compasivo es
un hombre sensible, afectivo, comprensivo, así como pide perdón a Dios por
ofender, sabe perdonar las ofensas. Jesús, se nos mostró todo en
misericordia, en el sentido mas amplio de la palabra, el hizo la
misericordia en la curación de muchos males. Por misericordia, curo a los
ciegos, y a los que le pidieron curación sus hijos, amigos o servidores.
Jesús, le dio a la misericordia un amplio sentido de hacer el bien a todo
el necesitado y, nos enseña a los hombres que en la medida en que se ha de
practicar la misericordia, se ha de optar al premio a ellos prometido. Ya
se leía en el Antiguo Testamento,
“El que tiene compasión, encontrará misericordia” (Proverbios 17:5).
Y en el Talmud: “De quien tiene misericordia de los hombres, se tiene
misericordia en el Cielo.”
El pensamiento,
pues, de esta bienaventuranza es sólo afirmar la excelencia y necesidad de
la misericordia en los hombres para que sepan que entonces Dios la tendrá
con ellos. Pero esto, por parte de Dios, siempre será un exceso y un
secreto sobre la que el nombre hace.
“La
bienaventuranza de los misericordiosos es una exigencia moral. San Mateo se
para especialmente a considerar el aspecto moral de la enseñanza de Jesús;
Las bienaventuranzas de este evangelio, no se contentan con anunciar la Buena Nueva de la
venida del Reino; presentan el Reino como la recompensa prometida a
aquellos que practicasen en su vida las exigencias de la nueva enseñanza.
La gran novedad de estas bienaventuranzas de Jesucristo, está en prometer
su ingreso — en la fase que sea — a los que practiquen la misericordia con
todos los hombres, sin excluir a nadie, ni por su condición social,
económica, ni por raza o pueblo de origen.
“Felices los de corazón limpio, porque
verán a Dios”
Los “puros de
corazón” evocan a los que tienen en el culto la “pureza” en el conjunto de
ritos o ceremonias litúrgicas con los que se expresa este homenaje. El
salmista dice que al Templo subirá el “de limpias manos y puro corazón”
(Sal 24:2.4). Corazón y espíritu son usados indistintamente como los
principios responsables de la actividad moral. Pero no se quiere indicar
con esto, a solo el que practica este rito, o de que solo basta esta
práctica, sino que se supone y exige la autenticidad moral de esta
conducta. Pues “si vuestra justicia no supera a la de los escribas y
fariseos, no entraréis en el reino de los cielos” (Mt 5:20).
Limpio es aquel
que no tiene mancha o suciedad moral, no esta contaminado de la maldad, ha
cuidado su rectitud, es aquel que no hace daño y no perjudica, honrado y
decente. Libre y exento de imperfecciones morales. Puro es el casto,
honesto y respetuoso con los principios morales que se consideran propios
de las buenas costumbres
“Porque verán a
Dios”. Para ser dignos de estar presente donde El mora, como para levantar
la cabeza en nuestras solemnidades
litúrgicas y ver con emoción cuando se nos presenta el cuerpo y la sangre
de Jesús, debemos presentarnos
puros, para que Dios nos muestre su rostro, por que los “Los rectos verán
su benigna faz (de Dios)” (Sal 11:7b).
Los que sirven
a Dios, con su templo limpio y puro, es decir con el corazón puro, le
rendirán culto y verán su rostro en el templo del cielo.
“Felices los que trabajan por la paz,
porque serán reconocidos como hijos de Dios.”
Los que
trabajan por la paz, no son los de temperamento pacifico pasivos y
estáticos, al contrario son preocupados y dinámicos en esta virtud de ser
“hacedores de paz”. El Señor busca aquí reconocer, a todo el que buscase
difundir y trabajar por la paz.
A los
cristianos, nos corresponde trabajar por vivir en la ausencia de guerra, no
debemos escatimar esfuerzos por conseguir hacer efectivo los tratados o
convenio por el que las partes enfrentadas en una guerra ponen fin a la
misma, es decir: firmar la paz. La paz es estado de tranquilidad y de
entendimiento entre las personas: La
Paz es sosiego, calma o ausencia de agitaciones. La paz
permite la reconciliación, salda las deudas, da por terminado los
conflictos, nos hace más hermanos y más amistosos.
La paz esta
pedida en los pasajes bíblicos, en el que este término tiene sentido de
reconciliación con los enemigos. El que busca la paz es
misericordioso, compasivo y ama a su
prójimo y es reconocido como hijo de Dios. El premio es que “serán llamados
hijos de Dios.” “Ser llamados,” significa ser reconocido por tal, ser
verdad lo que se dice de uno. Dios es Dios de paz; los “hacedores de paz”
tendrán una relación especial con Dios, por eso serán reconocidos por el
Padre como “hijos de Dios”.
Jesús, nos esta
enseñando, que el modo de establecer el Reino, no es por el ruido de armas,
sino espiritualmente: “haciendo la paz” del reino entre los seres humanos.
Jesús nos trajo y nos dejo la paz, para que podamos convivir y vivir en
armonía, pero el nos pide que no seamos pasivos ni permisivos con los que
atentan contra ella, es decir debemos trabajar en forma permanente por la
paz, así podremos caminar al encuentro con el Padre, con la confianza de
ser reconocidos como sus hijos.
“Felices los que son perseguidos por
causa del bien, porque de ellos es el Reino de los Cielos”
Jesús no se
refiere a los que huyen por que son seguidos por cualquier causa, es preciso,
es por causa del bien. Perseguido es aquel que es molestado, aquel que se
le hace sufrir, al que se le busca hacerle daño por el solo hecho de ser
hombre de bien.
Cuando Jesús
dice por causa, esta considerando el origen o el motivo incluso el fundamento
por el cual se es perseguido. Y el fundamento no es otra cosa que hacer el
bien, buscar lo bueno para si y los demás en el sentido moral y espiritual.
El perseguido por trabajar por la paz, por el amor de los hombres, por los
valores morales enseñados por Jesucristo, por vivir en armonía, por estar
al lado de los que sufren, por hacer que el hombre sea bueno, posee el
Reino de los Cielo.
Durante la
historia del hombre, mucho han sido perseguidos por causa del bien, muchos
han sido martirizados, encarcelados, y han entregado la vida por una buena causa. Del mismo modo otros
han sido perseguido por una causa religiosa, por esto, ellos deben estar
felices, porque de ellos es el Reino de los Cielos
“Felices ustedes, cuando por causa mía
los insulten, los persigan y les levanten toda clase de calumnias”
Bienaventurados
son los injuriados, ofendidos, insultados, acusados dañados y menoscabados
a causa de promover y motivar las enseñanzas de Jesús y por defender su
amor hacia El. Jesús nuevamente es preciso, se refiere “a causa de mí”,
“por causa mía”, es decir “por amor del Hijo del hombre”. Esto supone la lealtad absoluta a
Jesucristo, a la fe, por que fe es estar incondicionalmente adherido a
Jesús.
Jesús nos
invita a estar felices si por el nos acosan, nos persiguen y nos hacen
sufrir. Así lo experimentaron primeramente los apóstoles. Así fue como
también fueron leales servidores de Cristo, con la esperanza cierta de que
así recibirían la recompensa del Cielo.
Jesús, nos
promete la felicidad y nos da seguridad de llegar a ella, solo necesitamos,
seguir el camino que a ella conduce, esto es, siendo leales con sus
enseñanzas, viviendo conforme a como nos instruyo, a esto nos esta
animando, el nos ha dado una pauta de vida y por si vivir de esta forma, si
por cumplir ineludiblemente el camino trazado por El, tengamos que pasar
por grandes dificultades, nos insulten, nos persigan, nos calumnien,
seremos bienaventurados porque hemos llevado fuertemente en nuestro corazón
la proclamación de su mensaje y que por nada dejaremos de cumplir.
Por todas estas
bienaventuranzas, alegremos el corazón, mostremos el espíritu contento,
porque será grande la recompensa,
esta es recibir el cielo.
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