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III.
LA MORAL DEL CRISTIANO
Decimos que los principios morales
rigen el comportamiento de las personas. Estos demuestran si sus acciones o
caracteres tienen un comportamiento humano, respetuoso, bondadoso, enemigo
de la maldad. Estas actitudes nacen en el espíritu del hombre, no en lo
material o en lo jurídico. Es así como la moral es un conjunto de valores
espirituales, únicos y capaces de hacernos saber si las normas de conducta
humana son buenas y aceptables y si no lo son.
Pero la mejor forma de saber que es
moral, es conocer a Jesucristo, el es hombre perfecto, por tanto si
imitamos a Jesús, estamos imitando su moralidad.
Ser un buen cristiano, es ser un hombre
apegado a los valores morales y la vida junto a Cristo entrega los valores
morales que se necesitan para serlo. En efecto solo gracias a El, se puede
encontrarle sentido a la vida recta que exige los principios de la
moralidad.
Creo que se equivocan, los que aseguran
que la moral es un conjunto de normas que se cumplen como mandatos, como si
fueran puntos de unas ciertas reglas que debe cumplirse porque los ha
establecido la razón de los hombres. Sin embargo creo que están en lo
cierto los que aseguran que la moral es la esencia, lo característico, y lo
más importante de todo lo que no enseño Jesucristo como modo de vida
temporal y en preparación para la vida eterna.
Es por tanto el seguimiento de
Jesucristo, la adhesión incondicional a El, vivir como El nos enseñó y
compartir todos nuestro hermanos el modo de vida que el nos instruyó, la
esencia de lo que debe entenderse por valores morales.
[Jn 14, 6] Jesús contestó: «Yo soy el
Camino, la Verdad
y la Vida. Nadie
va al Padre sino por mí. Estas palabra de Jesucristo ratifican lo expuesto,
en definitiva, la vida en Cristo, es la vida en la moral de todo cristiano.
Al reconocer que somos hijos de Dios,
aceptamos que todo lo que recibimos viene de El, por tanto las leyes
morales, son propias del hombre por que las recibimos constantemente de
Dios en nuestros corazones, el nos transmite su natural inclinación a ser
bondadoso y a buscar el bien, que es la forma de vida verdadera para llegar
a la vida eterna.
El hombre soberbio, se convence que la
moral es solo algo que compete a la razón, y que nace en el como hombre,
otros piensan que la moral es solo cuestión de fe y punto. Pero los hombres cristianos o creyentes
en Dios, reconocemos que le debemos la inteligencia, la luz y la sabiduría
a El como nuestro Padre y Creador. Tener la convicción de esto, es
fortalecer e iluminar la razón, y es ejercer la facultad de comprender,
conocer, razonar y vivir con
claridad su vida en Cristo, por tanto en la moral.
Durante años el hombre vagó por el
mundo sin cumplir las leyes santas de Dios, entonces El, como Padre
Bueno, nos envió a su único Hijo
para iluminarnos y liberarnos de la maldad y enseñarnos como debe ser el
modo de vida del hombre para llegar a tener la gracia y la oportunidad de
la vida eterna. Entonces Jesús, nos enseño el cuidado que debemos de tener
con los fariseos, posturas que hasta hoy se siguen repitiendo. En todo caso
Jesús nos enseño que las leyes de Dios, no solo se deben proclamar, además
se deben cumplir, y que son hipócritas los que las proclaman, pero no hacen
de ella su modo de vida.
Es así, como el hombre de valores
morales, es capaz de cumplir las leyes de Dios, de oír y de seguir su voz,
por tanto de entender sin confusión todo aquello que hizo Jesucristo, y su
dolor al redimir al hombre y liberarnos de la maldad.
El seguir a Cristo, no es privilegio de
unos pocos, es un llamado para todos los hombres del universo, por tanto el
cumplimiento de los valores morales es de toda la humanidad, porque todos
somos llamados a vivir santamente, todos estamos invitados a recorrer el
camino que nos lleva a la casa del Padre.
Las características propias que
distinguen al hombre bueno, lo que le hace libre de la maldad, lo que le
hacer ser un hombre digno del amor de Dios y merecedor de todas su gracia,
es hacer una vida asemejada a la de Cristo.
Nuestro modo de vida en Cristo, es de
cuerpo y alma, no se puede separar, por tanto nos corresponde hacer de
nuestro cuerpo un valor moral, un valor que no se puede transar, ni
menospreciar, y que debe ser digno hogar de Dios, porque el lugar favorito
para habitar de El, es el corazón de los hombres.
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