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IX. LA IRA PASIÓN
DESTRUCTORA
La ira, es el enfado, el enojo, el
disgusto, la cólera, todos sentimientos de indignación violentos, es la
furia contra algo o alguien, es la peor de las molestias, es el trastorno
del enojo.
La ira, no solo produce molestias y
heridas a quien la recibe, también mucha pena y es alimento del rencor, por
tanto es un estado vergonzoso del hombre, esto es la ira es una pasión
indigna.
¿Es posible no sentir ira?, ¿es posible
no enojarse?, talvez no, ya que esta es una emoción de la naturaleza del
hombre, pero no tener control sobre la ira, es algo no solo peligroso, es
malo, porque este descontrol da lugar al pecado, a la destrucción de las
relaciones entre los hombres, la ira descontrolada da origen a la agresión
física y verbal, la ira atenta contra el respeto a nuestro prójimo y contra
nosotros mismos.
La ira siempre esta acompañada de un
lenguaje ofensivo e hiriente, y esta puede producir sentimientos de
venganzas, por tanto bajo el estado de cólera puedes ser presa fácil del
demonio.
La ira es un sentimiento del hombre,
que depende del temperamento de la persona y en muchos caso de los patrones
de conducta aprendidos en el seno familiar, esta muy influenciado por las
experiencias de injusticia, es herencia de asuntos doloroso nunca
resueltos, que llevan implícitas
situaciones de pesar y sus consecuencias es la incapacidad de
perdonar al prójimo, de perdonarnos a nosotros mismos, es así como produce
incapacidad de aceptar la voluntad de Dios.
La falta de tranquilidad en el corazón
de los hombres, la impaciencia, el descontrol sobre si mismo, la negativa a
aceptar el punto de vista de los demás, alimenta la ira, por tanto es
necesario tener conciencia que cada persona tiene derecho a tener diferentes
opiniones, y no dejarse llevar por la ira, especialmente si nuestras
opiniones no son consideradas.
La ira atenta contra nuestro prójimo, y
si decimos que tenemos que respetar a nuestro prójimo, entonces recordemos
que los mas cercano están en nuestra propia familia con quien convivimos y
ellos no pueden ser consecuencia de nuestra ira, pero tenemos un prójimo
aún mas intimo, y ese habita en nuestro corazón y ese es Jesús, y no
podemos descargar nuestra ira sobre nuestro propio cuerpo. Es así como reconozcamos
con humildad al Señor que tenemos sentimientos de ira, y solicitemos su
ayuda para controlarla, pero no para reprimirla y amargarnos porque no
podemos desahogarnos, sino para apartarla o liberarla de forma tal que no
les provoquemos daño a otras personas.
No confundamos el control sobre este
mal sentimiento con reprimir, porque podríamos acumular resentimientos y
esto nos va a impedir que tengamos paz interior, es así como en esta
situación, pidamos un buen consejo, acudamos a quien nos pueda ayudar a la paz espiritual, y
no dejemos de acudir a nuestro Señor, con humildad y disposición, el nos
comprenderá y nos dará la fuerza que necesitamos para ganarle a esta
negativa emoción.
La Ira es uno de los
siete pecados capitales. Los vicios pueden ser catalogados según las
virtudes a que se oponen, o también pueden ser comprendidos en los pecados
capitales que la experiencia cristiana ha distinguido siguiendo a S. Juan
Casiano y a S. Gregorio Magno (mor. 31,45). Son llamados capitales porque
generan otros pecados, otros vicios. Entre ellos soberbia, avaricia,
envidia, ira, lujuria, gula, pereza. (CC 1866)
De acuerdo a Santo Tomás (II-II:153:4) “un vicio capital es aquel que tiene un fin
excesivamente deseable de manera tal que en su deseo, un hombre comete
muchos pecados todos los cuales se dice son originados en aquel vicio como
su fuente principal”. Entonces, no es la gravedad del vicio en sí mismo que
lo torna en capital sino el hecho que da origen a muchos otros pecados.
Estos son enumerados por Santo Tomás (I-II:84:4)
como vanagloria (orgullo), avaricia, glotonería, lujuria, pereza, envidia,
ira.
"El necio da rienda suelta a toda
su ira, más el sabio al fin la sosiega" (proverbios 29:11).
Cuando alguien recibe ofensa o insultos
muy graves contra la honra o dignidad, se enfrenta a una situación difícil
de controlarse. Lo peor es que si no ha dado una respuesta, pierde la
tranquilidad hasta el desagravio.
La Ira, provoca una
pasión destructora y es la causante de grandes tragedias. En efecto, son
irreparables los males que ha provocado un instante de descontrol y cólera.
Son muchas las familias, amigos,
vecinos y compañeros de trabajo, que no han sabido controlar la pasión de
la ira y hoy se sienten como verdaderos enemigos.
También son mucho los graves errores
que se ha cometido en el mundo, motivado por los impulsos de cólera. Muchos
llantos y lágrimas han sido provocados por arrebatos incontrolados. Es así,
como la ira tiene una gran fuerza destructora.
Nosotros mismo, sabemos en conciencia,
como hemos sido arrastrados por el impulso de la cólera, la rabia o la ira.
Y luego también hemos sentido en nuestro corazón indignación por no haber
sabido dominar esta pasión. Peor no hemos sentido cuando sabiendo lo mala
que es, volvemos a ser dominado por ella.
La ira, no solo nos produce
enemistarnos con los demás, también nos produce grandes males a nosotros
mismo. El pesar de haber experimentado pasiones de ira, no solo nos produce
vergüenza, también dolor.
A todos nos sucede, que al observar a
dos personas dominada por la pasión de la ira y enceguecida por los
arrebatos, nos decimos que incomprensible una obcecación así. Sin embargo,
no siempre somos capaces de ayudar a quien la razón no le deja pensar en la
torpeza que esta cometiendo.
En el Catecismo Católico, encontramos
los párrafos siguientes:
1765 Las
pasiones son numerosas. La más fundamental es el amor que la atracción del
bien despierta. El amor causa el deseo del bien ausente y la esperanza de
obtenerlo. Este movimiento culmina en el placer y el gozo del bien poseído.
La aprehensión del mal causa el odio, la aversión y el temor ante el mal
que puede venir. Este movimiento culmina en la tristeza del mal presente o
la ira que se opone a él.
1772 Ejemplos
eminentes de pasiones son el amor y el odio, el deseo y el temor, la
alegría, la tristeza y la ira
1866 Los
vicios pueden ser catalogados según las virtudes a que se oponen, o también
pueden ser comprendidos en los pecados capitales que la experiencia
cristiana ha distinguido siguiendo a S. Juan Casiano y a S. Gregorio Magno
(mor. 31,45). Son llamados capitales porque generan otros pecados, otros
vicios. Entre ellos soberbia, avaricia, envidia, ira, lujuria, gula,
pereza. 2539
2259 La Escritura, en el
relato de la muerte de Abel a manos de su hermano Caín (cf Gn 4,8-12),
revela, desde los comienzos de la historia humana, la presencia en el
hombre de la ira y la codicia, consecuencias del pecado original. El hombre
se convirtió en el enemigo de sus semejantes. Dios manifiesta la maldad de
este fratricidio: "¿Qué has hecho? Se oye la sangre de tu hermano
clamar a mí desde el suelo. Pues bien: maldito seas, lejos de este suelo
que abrió su boca para recibir de tu mano la sangre de tu hermano" (Gn
4,10-11). 401
2262 En el Sermón de la Montaña, el Señor
recuerda el precepto: "No matarás" (Mt 5,21), y añade el rechazo
absoluto de la ira, del odio y de la venganza. Más aún, Cristo exige a sus
discípulos presentar la otra mejilla (cf Mt 5,22–39), amar a los enemigos
(cf Mt 5,44). El mismo no se defendió y dijo a Pedro que guardase la espada
en la vaina (cf Mt 26,52).
2302 Recordando
el precepto: "no matarás" (Mt 5,21), nuestro Señor exige la paz
del corazón y denuncia la inmoralidad de la cólera homicida y del
odio:
La cólera no nos permite saber lo que
hacemos y menos aún lo que decimos, porque cuando un hombre esta dominado
por la ira, esta abandonado a la razón.
La Sagradas Escrituras no dicen:
Y extranjeros edificarán tus muros, y
sus reyes te servirán; porque en mi ira te castigué, mas en mi buena
voluntad tendré de ti misericordia. Isaías 60:10
"Deja la ira y abandona el furor,
no te irrites, solo harías lo malo" (Salmo 37:8).
"El que quiere amar la vida y ver
días buenos, refrene su lengua del mal, y sus labios no hablen engaño.
Apártese del mal y haga el bien; busque la paz y síguela. Porque los ojos
del Señor están sobre los justos, y sus oídos atentos a sus oraciones; pero
el rostro del Señor está contra los que hacen el mal"(I Pedro 3:10-12).
"Enojados, pero no pequéis; no se
ponga el sol sobre vuestro enojo, ni deis oportunidad al diablo"
(Efesios 4:26,27)
"Humillaos bajo la poderosa mano
de Dios para que Él os exalte a su debido tiempo, echando toda ansiedad
sobre Él, porque Él tiene cuidado de vosotros" (I Pedro 5: 6,7).
"Porque no nos ha dado Dos
espíritu de cobardía, sino de poder, amor y dominio propio" (2 Timoteo
1:7). "No te apresures en tu espíritu a enojarte, porque el enojo se
anida al seno de los necios"(Eclesiastés 7:9)
"Sed de un mismo sentir,
compasivos, fraternales, misericordiosos y de espíritu de humildad, no
devolver mal por mal, o insulto por insulto, sino más bien bendiciendo,
porque fuisteis llamados con el propósito de heredar bendición" (1
Pedro 3:8,9).
"Por tanto, como escogidos de
Dios, santos y amados, vestíos de profunda compasión, de benignidad, de
humildad, de mansedumbre y de paciencia" (Colosenses 3: 12).
"Andad en el espíritu y no
satisfagáis los deseos de la carne" (Gálatas 5: 16). "El fruto
del espíritu es: amor, gozo, paz, paciencia, benignidad, bondad, fe,
mansedumbre y dominio propio, contra tales cosas no hay ley" (Gálatas
5: 22,23).
De las pasiones y emociones del hombre,
esto es el placer, el amor, el miedo y la ira, la última una de las más perniciosas para el
ser humano.
La ira
impide actuar de forma serena y produce alteraciones de la conducta
que llegan a ser extremas.
La ira está muy relacionada con los
fracasos, frustraciones y conflictos del hombre. Lo peor es que la ira crea
situaciones de violencia en muchos casos y en los que no, lleva a los
individuos a alimentar odios y resentimientos.
Por supuesto, que el odio es el
sentimiento contrario al amor, pero lo peor, es quien lo padece no conoce
la palabra perdón.
Es así, como cristianos, no podemos ser
dominados por esta pasión, que nos aleja del principal precepto que tenemos
de amar a Dios y a nuestro prójimo, por tanto, debemos hacer un esfuerzo
para lidiar con la rabia, la ira y el odio. Este esfuerzo, nos traerá mucha
paz a nuestro corazón.
Si bien es cierto que es necesario
descargar nuestras rabias, aprendamos a hacerlo de una forma lejos de toda violencia
y odiosidad. La reflexión, la meditación y la oración siempre será un buen
método, pues esta nos reconforta y nos lleva a la calma.
A pesar de que vivimos en un mundo
agresivo, recordemos que nuestra misión es la paz entre los hombres, la paz
de Cristo. Busquemos y motivemos la paz anímica y espiritual, haciendo todo
el esfuerzo posible para desterrar la ira, hagámoslo por Cristo nuestro
Señor.
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