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V. LA AMISTAD
La amistad es una relación personal
desinteresada, que nace y se fortalece con el trato y está basada en un
sentimiento recíproco de cariño y simpatía.
Respondiendo a la interrogante sobre
que es la amistad, tengo la convicción que es un tipo de alianza y unión de
afectos que se funda y luego se soporta en sentimientos recibidos en la
misma medida que se dan, en la comunicación, el apoyo mutuo, la
comprensión, el cariño y la absoluta armonía entre dos personas, con lo
cual somos capaces de respetar y de ser tolerante al extremo con los demás.
La relación de amistad, afecto y
confianza con otra persona nos sirve de refugio, porque en ella podemos
tener amparo, ayuda y afectuosa protección.
En la amistad podemos encontrar consuelo y auxilio sin
tener que dar nada a cambio.
La amistad verdadera, no tiene
desarrollado el sentido de la posesión y no es absorbente en su trato con
los demás, no hay en ella
exigencias, ni pretensión caprichosa o desmedida, ni obligaciones, al contrario es libertad
y apoyo mutuo.
Un día leí un mensaje en una pared que
decía “La amistad da salud”, y no puede ser menos, en efecto, un buen amigo
le previene de un daño o de un mal ante la más pequeña amenaza, porque él,
no quiere que nos ocurra algo malo. Además, la amistad anima el alma y
estimula el corazón. Algunos especialistas reconocen sus efectos
beneficiosos para la salud, es así como se dice que activa nuevas áreas del
cerebro y libera sustancias hormonales que favorecen la relajación y el bienestar.
Además, es como un espejo que refleja nuestra imagen ampliada. Nos hace
crecer y madurar, ayudando a forjar nuestra personalidad y nuestras
relaciones sociales con quienes nos rodean.
Un informe de un facultativo dice:
“Cuando existe un profundo sentimiento de amistad, este activa áreas muy
particulares, generalmente infrautilizadas en el cerebro, que secretan una
mezcla especial de sustancias bioquímicas. La colaboración, el intercambio,
el reconocimiento del otro, cierran el paso a la agresividad, la
desconfianza o la defensa del territorio. El apoyo emocional que conlleva
toda amistad y la alegría compartida activan el sistema inmunológico.”
Los sentimientos de afecto, cariño y
solidaridad que una persona siente hacia otra y que se manifiesta generalmente
en desear su compañía, alegrarse con lo que considera bueno para ella y
sufrir con lo que considera malo, es la amistad amorosa de los hombres, y
es lo que todos necesitamos dar y recibir, ya que una existencia sin
amistad y sin amor, es una vida con un gran vacío.
En efecto la amistad es una relación
íntima de personas que dan y reciben, y responde a las necesidades de los
hombres, nos otorga confianza en los seres humanos, nos hace vivir en paz,
nos da seguridad, nos hace estar acompañado y sentirnos comprendidos y
queridos. Con todo esto, la amistad
es una forma de enriquecimiento personal, en la que aprendemos a dar y
recibir cariño, a ser más generosos, pero además podemos aprender de las
experiencias del otro, de sus conocimientos y vivencias.
Durante toda nuestra vida, desde la
infancia misma, vamos estableciendo las bases de la amistad. En un
comienzo, nos relacionamos con nuestra familia, con nuestros hermanos,
nuestros primos, luego con nuestros vecinos y acto seguido en las escuelas
iniciamos lazos afectivos fuera del ambiente familiar.
Es así, como desde siempre vamos
descubriendo a otras personas, diferentes a nosotros, con características
que pueden ser distintas o similares a las nuestras. Entonces aprendemos a
compartir, a confiar, a respetar y a querer a otras personas. Es de esta forma
como en numerosas relaciones interpersonales volcamos nuestro afecto, el
que puede ser más o menos intenso, dependiendo de la afinidad que sentimos
por esas personas, de la intensidad y frecuencia de la relación y de la
reciprocidad afectiva que advertimos en ellos. De forma más o menos
inconsciente, damos cariño esperando que éste obtenga cierta resonancia en
la persona querida, de tal modo que esta persona también nos dé cariño a
nosotros, lo que supone un reconocimiento, una reciprocidad y el establecimiento
de un vínculo afectivo como es la amistad.
Tienen mucha razón los que dicen que la
amistad ni se conquista ni se impone, porque ésta nace del corazón, como
los que piensan que la amistad no se agradece, se corresponde. El que sabe
corresponder la amistad, sabe lo que es el amor de amigos.
Pero a los amigos hay que serles muy
fiel, empezando por no mentirles nunca, porque el amigo de verdad jamás te
miente. A este amigo, se les respeta, se le honra cuando esta con nosotros,
y si no esta debemos ser capaces de valorar su ausencia, sintiendo el vacío
que nos provoca, del mismo modo cuando él nos necesite, le daremos todo
nuestro apoyo.
Es un bueno amigo, aquel que trae la
luz para alumbrarnos en nuestra oscuridad, para que veamos con claridad
cual es el rumbo que llevamos, y si vamos por uno equivocado, nos ayuda
para corregirlo, aún más el camina junto a nosotros una parte de él, casi
siempre, la más difícil.
Todos tenemos algún defecto, entonces
no busquemos amigos que no los tengan, ni busquemos los defectos que ellos
tienen. Cuando nuestros amigos cambian, no cambiemos nosotros, perseveremos
en la amistad y busquemos comprender que le sucede. Y no olvidemos, que los
amigos se distinguen en la adversidad. Tampoco olvidemos que la amistad se engrandece
y se fortalece justamente cuando estamos dispuestos a perdonar los
defectos.
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