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X. LA MENTIRA
Al decir o manifestar algo distinto de
lo que se sabe, se cree o se piensa, inducir a error, faltar a la verdad, decir algo de una manera engañosa
para que no parezca falso, crear alguna ilusión o falsa impresión, distraer
a alguien para que no se de cuenta de una realidad, falsear la calma,
obtener de la voluntad de alguien
mediante falsedades, la infidelidad
sentimental, hacer caer a alguien en la equivocación o falta de acierto,
todas son formas de mentiras.
“El comienzo del pecado y de la caída
del hombre fue una mentira del tentador que indujo a dudar de la palabra de
Dios, de su benevolencia y de su fidelidad. (Catecismo Católico 215)”
El diablo es "pecador desde el
principio" (1 Jn 3,8), "padre de la mentira" (Jn 8,44).
El hombre participa de la sabiduría y
la bondad del Creador que le confiere el dominio de sus actos y la
capacidad de gobernarse con miras a la verdad y al bien. La ley natural
expresa el sentido moral original que permite al hombre discernir mediante
la razón lo que son el bien y el mal, la verdad y la mentira (Catecismo
Católico1954)
La mentira en ningún caso nos deja
indiferente, es algo que a todos nos molesta mucho, nos enfada, nos
descompone, nos desanima. Ser victima de una mentira, vivir junto a la
mentira, convivir con gente mentirosa, descubrir una mentira, todo esto nos
puede causar una gran angustia y no nos permite vivir en paz.
Es así, como es necesario poner fin a
esta actitud perniciosa, que destruye la relación familiar en muchos casos.
En efecto, cuando este mal esta enquistado en el núcleo familiar, la
relación del matrimonio pasa por dramáticos momentos de tensión, dolor y
desesperanza.
Por todas parte surge la mentira, todos
los días nos enfrentamos a la mentira, en la calle, en el metro, en el bus,
en el trabajo, es algo cotidiano, que nos obliga a prepararnos para
enfrentarla.
Es importante reconocer la gravedad de
este hábito, sin lugar a dudas, cuando nos afecta lo hacemos, y la
enfrentamos, pero también debemos descubrir donde puede estar minando, en
el ambiente familiar reviste una gran su gravedad, porque le provoca mucho
mal y es allí en el seno de la familia donde se debe comenzar a atacar esta
costumbre que se aparta de lo honesto y lo licito.
Grandes sorpresas surgen en la mentira,
por una parte esta el acto deliberado de engañar, independiente si la causa
es menor o mayor, es mentira igual, el ocultar sucesos o hechos con el
argumento de que el que omite no miente, es una forma de mentir, es así,
como el habito de de retener una verdad, y no decir la verdad es mentir, y
mas grave es cuando se retiene la información real, y se presenta una falsa
para ocultar esta.
"La mentira consiste en decir
falsedad con intención de engañar" (S. Agustín, mend.
4,5). El Señor denuncia en la mentira una obra diabólica: "vuestro
padre es el diablo...porque no hay verdad en él; cuando dice la mentira,
dice lo que le sale de dentro, porque es mentiroso y padre de la
mentira" (Jn 8,44). Catecismo Católico-2482
Según los sicólogos Vladimir y Maria
Mercedes de Gessen, no es de extrañar, que el mentiroso utilice una
combinación de las diversas formas para mentir.
Esto es cuando un mentiroso está en
condiciones de mentir, por lo general prefiere ocultar y no falsear. En
primer lugar, porque resulta más fácil: no existen historias que inventar
ni posibilidades de ser descubierto. Por otra parte, el ocultamiento parece
menos censurable. Es pasivo, no activo y los mentirosos suelen sentirse
menos culpables cuando ocultan que cuando falsean, aún cuando sus víctimas
resulten igualmente perjudicadas.
Por otra parte, las mentiras por
ocultamiento son mucho más fáciles de disimular una vez descubiertas. El
mentiroso no se expone tanto y tiene muchas excusas a su alcance: su
ignorancia sobre el asunto, o su intención de revelarlo más adelante, o
simplemente "se le olvidó".
Existen mentiras que de entrada obligan
al falseamiento y para las cuales el ocultamiento simplemente no basta. Por
ejemplo, si alguien pretende obtener un empleo mintiendo acerca de su
experiencia laboral, con el ocultamiento sólo no le bastará: deberá ocultar
su falta de experiencia pero además, tendrá que elaborarse una historia de
experiencia laboral previa.
También se apela al falseamiento, por
más que la mentira no lo requiera en forma directa, cuando el mentiroso
quiere encubrir las pruebas de lo que oculta, necesario fundamentalmente
cuando lo que se quiere ocultar son emociones. Es muy difícil ocultar una
emoción actual, en especial si es intensa. El terror es menos ocultable que la preocupación. La furia menos que el
disgusto. Cuanto más fuerte sea una emoción más probable es que se filtre
alguna señal pese a los esfuerzos del mentiroso por ocultarla.
Otra forma de mentir, es la que los
expertos en el arte del engaño llaman "medias verdades" o
"verdades retorcidas", de tal modo que la víctima no la crea. En
la primera, cuando la persona engañada emplaza al mentiroso acerca de un
asunto, éste no lo niega, por el contrario le da la razón a su víctima,
pero hasta cierta parte de la historia. La otra parte es mentira. De esta
manera, la persona engañada cree en la verdad de las palabras del
mentiroso.
En el caso de las verdades retorcidas,
el mentiroso dice la verdad de tal modo que la víctima no lo crea, es
decir, dice la verdad falsamente. Es el caso del esposo que llega tarde a
la casa y cuando su mujer le pregunta en dónde estaba, éste le contesta:
"con mi amante, como me acuesto con ella todos los días, tenemos que
estar en permanente contacto". Esta exageración de la verdad pone en
ridículo a la esposa y le dificulta proseguir con sus sospechas. También
servirá para el mismo propósito un tono de voz o una expresión de burla.
Se puede hablar de tres tipos de
mentiras: la racional, la emocional y la conductual.
En la mentira racional, lo básico es
que lo que se dice, se siente o se hace, se contrapone con la verdad
racional. Se falsea la verdad por algún interés. Es más profunda, mucho más
malvada, es la mentira hecha para dañar a los demás. Es el caso de una
amiga envidiosa que le dice a otra que su marido la engaña con el propósito
deliberado de causar daños en su matrimonio.
La mentira emocional, en la que lo
básico es que, lo que se dice, se siente o se hace no concuerda con la
situación emocional del mundo afectivo. Un ejemplo de esto podría ser el
caso de los esposos que cuando llegan a la casa tratan de parecer enojados,
por alguna mala situación en el trabajo, el tráfico pesado o cualquier otra
circunstancia, cuando en realidad estaban en una fiesta jugando dominó con
sus amigos, o simplemente pasándola bien con su amante. Tratar de parecer
enojado, no es fácil, pero ayuda mucho si además se frunce el ceño.
Y el tercer tipo de mentira, que es
mucho más elaborada, es la mentira conductual en la que se trata de actuar
o dejar actuar de forma deliberada para decir que somos lo que no somos. Es
el caso del galán vanidoso de mediana edad, que la oculta ante su novia o
amante, tiñéndose las canas y afirmando tener siete años menos.
En ocasiones se descubren más rápido de
lo que pensamos. Las mentiras fallan por muchas razones. A veces, la
víctima del engaño descubre accidentalmente la verdad al encontrar una
carta de amor escondida, una mancha de pintura de labios o al escuchar una
conversación íntima por el teléfono auxiliar que levantó al mismo tiempo
que su pareja.
También puede ocurrir que otra persona
delate al mentiroso: un colega envidioso, una esposa abandonada, un
informante que ha sido pagado, son algunas de las fuentes básicas para
descubrir un engaño.
Sin embargo, la persona mentirosa
también se delata por múltiples pistas como un cambio en la expresión
facial, un movimiento del cuerpo, la inflexión de la voz, el hecho de
tragar saliva, un ritmo respiratorio excesivamente profundo o superficial,
largas pausas entre las palabras, un desliz verbal, una
micro expresión facial o un ademán que no corresponde.
Ahora bien, ¿Por qué los mentirosos no
pueden evitar estas conductas que los delatan? Las razones son dos: una de
ellas ligada a los pensamientos y otra a los sentimientos.
El hecho de no haber pensado de antemano,
programado minuciosamente y ensayado el plan falso es sólo uno de los
motivos por los cuales se cometen deslices que ofrecen pistas sobre el
engaño.
Los errores se deben a la dificultad de
ocultar las emociones o de inventar emociones falsas. No toda mentira lleva
consigo una emoción, pero las que sí, causan al mentiroso graves problemas.
Cuando se despiertan emociones, los
cambios sobrevienen casi al instante sin dar cabida a la deliberación. El
pánico que siente el mentiroso de ser descubierto produce señales visibles
y audibles, pues es algo que está más allá de su control.
Las personas no escogen deliberadamente
el momento en que sentirán una emoción. Ocultar una emoción no es fácil,
pero tampoco lo es inventar una no sentida, aunque no haya otra emoción que
disimular con ésta. En este caso, el falseamiento se hace tanto más arduo
cuanto mayor es la necesidad que existe de él, especialmente si éste
contribuye a ocultar otra emoción.
Las mentiras relacionadas con
pensamientos no involucran emociones. Son las mentiras acerca de planes,
ideas, acciones, intenciones, hechos o fantasías. Defender la verdad es
mucho más complicado que decir una mentira en este caso. Por ejemplo, el
que plagia oculta que ha tomado una obra ajena presentándola como propia,
mintiendo sin sentirse culpable.
Los seres humanos decimos, sentimos y
hacemos mentiras en muchas épocas de nuestras vidas. (Roberto De Vries,
médico psiquiatra)
"Así, el niño es mentiroso en la
misma medida en que sus fantasías se hagan presentes para confundirlas con
realidades. El adolescente es un mentiroso en la medida en que su encuentro
con el mundo real, cause frustraciones. El joven es mentiroso, en tanto y
en cuanto no se sienta capaz de confrontar las verdades que le adversan. El
adulto es mentiroso cuando no ha logrado superar los obstáculos que le ha
puesto la vida y por lo tanto para sentirse el triunfador que nunca ha
sido, engaña. Por último, el anciano es mentiroso cuando no se perdona los
errores que ha cometido en su vida.
De acuerdo con esto, en la misma
proporción en que el niño aprenda a diferenciar el mundo real de sus
fantasías, que sepa enfrentar sus diferencias con los demás para irlas
comprendiendo y confrontando en la juventud y la adultez y en la misma
medida en que los ancianos se hayan sentido valiosos, triunfadores en la
vida, se podrá confrontar la posibilidad de la mentira como una traición
destructiva.
Considera De Vries que un escritor
tiene que hacer creíble la historia que cuenta a través de conocimiento
racional, del manejo emocional y de la credibilidad accional.
Un político tiene que hacer creíble su
mensaje emocional de trabajo por el grupo, a través de mensajes racionales,
honestos y de acciones acordes con lo que dice sentir.
Un actor tiene que hacer creíble -a
través de sus acciones- una realidad que le es ajena a su personalidad, a
través de una gran honestidad y de una gran sinceridad.
"Por otra parte, todos los que
trabajen con las ciencias y la tecnología tienen que ser fundamentalmente
honestos".
Existen muchas clases de mentiras,
entre las que se cuentan los chismes, los rumores, las murmuraciones y las
tan nombradas "mentiras blancas o altruistas" que se dicen en
casos extremos, como el del niño que pierde sus padres en un accidente y
cuando recobra la conciencia, al preguntar por ellos, sus médicos le dicen
que están bien, pese a que habían muerto. Pero en líneas generales, la
mentira daña la relación de confianza en la familia, en la pareja, el
trabajo y en general, en todos los aspectos de nuestra vida.
La mentira puede hacer daño a quien la
recibe, pero a quien más perjudica es al mentiroso, pues se convierte en
una persona poco seria, digna de poca confianza y credibilidad. Muestra de
ello es que políticos y empresarios, entre otros, han sido víctimas de su
falsa forma de llevar la vida y su trabajo. Recordemos aquel famoso refrán
que dice "en la persona mentirosa, la verdad se vuelve dudosa". A
eso nos lleva la mentira.
Julián Marías Aguilera 1914, filósofo
católico español discípulo de José Ortega y Gasset,
dice que “el uso sistemático, organizado y frío de la mentira es, el factor
capital de corrupción de las sociedades actuales. Los calificativos están
cuidadosamente elegidos. La mentira es vieja como el mundo, pero no se
habían dado en otros tiempos las condiciones de su ejercicio, aplicación y
eficacia que caracterizan la época presente. Los refinamientos técnicos, la
inmensa capacidad de organización, la difusión mediante la propaganda, los
recursos que parecen inagotables, todo ello ha alterado profundamente la
significación y la importancia de la mentira como instrumento de acción
colectiva”.
“Las sociedades actuales parecen
extrañamente inermes frente a este fenómeno, cuya gravedad es excepcional.
La mentira introduce la perversión en las relaciones humanas, perturba la
visión de lo real, confiere una circulación fraudulenta a tesis que nada
tienen que ver con la realidad, que quedan invalidadas por la mera visión
de ésta”
El tratamiento de la mentira debe
consistir primariamente en privar de la visión fraudulenta del que miente;
se trataría de dejar a los que falsean la realidad sin el apoyo envolvente
de los que favorecen sistemáticamente la suplantación. La realidad misma es
la que puede asumir la función de la afirmación de sus derechos
irrenunciables.
Bibliografía
Sicologia para todos
www.psicologiaparatodos.com, Vladimir y Maria Mercedes de Gessen; Mentira y
personalidad. Roberto De Vries, médico psiquiatra
Julián Marías Aguilera, El Tratamiento
de la Mentira,
ABC (26-7-2001)
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